viernes, 9 de septiembre de 2022

Las enseñanzas del mandeísmo



Las enseñanzas del mandeísmo apenas permiten una exposición sistemática, porque sus doctrinas se entremezclan de manera desordenada e, incluso contradictoria, con otras tradiciones y doctrinas judías, cristianas, gnósticas, etc. En general, podemos afirmar que el mandeísmo es una religión gnóstica con una cosmología dualista

Los mandeístas, veneran a Adán, Abel, Set, Enós, Noé, Sem, Aram y, especialmente, a Juan el Bautista. 

La literatura mandea abarca temas como escatología, el conocimiento de Dios y la vida después de la muerte, pero de una manera no sistemática, de ahí que la teología de los mandeos evita cualquier intento de generalización, y está disponible solamente para la clase sacerdotal y para algunos laicos.

Los orígenes de la comunidad religiosa mandea están poblados de mitos y leyendas, familiar para los judíos, cristianos y musulmanes. Según sus tradición, la fe mandea fue revelada a Adán, el primer hombre, y preservada por un grupo de sus descendientes, que fueron protegidos de destrucciones periódicas como el diluvio. Noé (Nuh) y su familia fueron los únicos supervivientes humanos del diluvio (así se recoge también en la Biblia y el Corán). 

Los mandeos contemporáneos se consideran descendientes de Sem (Shum, hijo de Noé), mientras que las demás razas derivan de los otros hijos de Noé. Curiosamente, los mandeos también cuentan a los egipcios entre sus ancestros. Por medio de una extraordinaria inversión hermenéutica, son los israelitas, y no los egipcios, los villanos en la narración mandea del éxodo de Egipto.

El origen de todo según el mandeísmo

La teología mandea no es sistemática. No existe un único relato acreditado de la creación del cosmos, sino varias versiones.

En contraste con los textos religiosos de las sectas gnósticas occidentales hallados en Siria y Egipto, los textos religiosos mandeos más antiguos sugieren una teología dualista, típica de otras religiones iraníes como el zoroastrismo, el zurvanismo, el maniqueismo y las enseñanzas de Mazdak. En estos textos, en vez de un amplio pléroma, hay una división entre luz y oscuridad. 

El Dios mandeo es conocido como Hayyi Rabbi (=El Gran Dios Viviente). Otros nombres usados son Mare d'Rabuta (=Señor de Grandeza) y Melka d'Nhura (=Rey de Luz).

Al Gran Dios Viviente, con sus seres luminosos (Uhtras), se opone el mundo de las tinieblas (agua negra o turbia), que está dominado por demonios como Ur y Krun y por el demonio femenino Rühä

La decadencia del reino de la luz o del Gran Dios Viviente comienza con la primera emanación, que origina la «segunda vida» y que prosigue, pasando por la «tercera vida» o emanación, hasta llegar a Ptahil, la tercera emanación, que es el creador del mundo material.

Yushamin o Joshamin es la primera emanación, y Abatur, la segunda emanación. El papel demiúrgico de Abatur consiste en emitir juicio sobre las almas de los mortales. El papel de Yushamin es más oscuro: creyendo crear un mundo él mismo, fue castigado por oponerse al Rey de Luz. El nombre puede derivarse de Iao haš-šammayim (en hebreo: Yahweh de los cielos).

Los mandeos están de acuerdo con otros gnósticos en que el mundo es una prisión gobernada por los arcontes (entidades demoniacas) planetarios, pero no comprenden el mundo como cruel e inhóspito.

EL Salvador para los mandeos

Figuras de redentores y mensajeros, particularmente Mandil d'Haijé («gnosis de la vida») y Hibil-Ziwa («Abel del resplandor»), así como Sitil (Seth) y Anos-Uthtra (Enof), revelan a los hombres la gnosis salvadora y los ritos necesarios para la salvación. 

Pero Rúhá y sus demonios están empeñados en mantener al ser humano en el error y la ignorancia. Ellos hacen que nazcan las falsas religiones (judaísmo, zoroastrismo, cristianismo e islam), las cuales persiguen a la comunidad mandea. 

Al aceptar la gnosis, observando los rigurosos preceptos de la ética mandea y ejecutando los ritos prescritos, el alma sube después de la muerte hasta el Juez de las almas, Abathur, que pesa sus acciones, y vuelve al reino de la luz. 

Llegará un día el «fin del mundo» (y de los mundos), y el juicio final («el gran día del fin») caerá sobre los poderes demoníacos y sobre las almas que no se hayan purificado en los purgatorios de las esferas planetarias. Los seres luminosos caídos (Jófamin, Abathur y Ptahil) serán rehabilitados y volverán al reino de la luz.

Profetas principales

Los mandeos reconocen varios profetas. A Yahia-Yohanna, conocido en el cristianismo como Juan el Bautista, tiene un rol especial, mayor que en el cristianismo y el islam. Los mandeos no consideran a Juan como el fundador de su religión, pero le veneran como unos de sus más grandes maestros, remontando sus creencias hasta Adán.

Los mandeos no creen en Abraham, Moisés o Jesús, pero reconocen otras figuras proféticas de las religiones abrahámicas como Adán, su hijo Set y su nieto Anush (Enós), así como Nuh (Noé), sus descendientes Sam (Sem) y Ram (Aram). Consideran a los últimos tres como sus ancestros directos.

Los mandeos tampoco reconocen al Espíritu Santo del Talmud y la Biblia, a quien conocen en mandeo como Ruha, Ruha d-Qudsha, o Ruha Mas anita. En vez de verlo como un espíritu santo, lo ven como la personificación de las emociones más bajas de la psique humana.

Principios generales fundamentales del Mandeísmo

De acuerdo con la antropóloga E. S. Drower (1960), la Gnosis Mandea se caracteriza por nueve rasgos:

1. Una Entidad suprema sin forma, cuya expresión en el tiempo y en el espacio es la creación de los mundos y seres espirituales, etéricos y materiales. Esta entidad suprema delega a seres que ha creado la creación de los mundos materiales y espirituales. El cosmos es creado por el Hombre Arquetípico, quien lo produce en semejanza a su propia forma.

2. Dualismo, manifestado en oposiciones binarias como un Padre y Madre cósmicos, Luz y Oscuridad, Derecha e Izquierda, sizigia en forma cósmica y microcósmica, material y espiritual.

3. Como un rasgo de este dualismo, un mundo de ideas, contra-tipos.

4. El alma está exiliada o cautiva, prisionera en el mundo material. Su hogar y origen son la Entidad suprema a la que eventualmente regresa.

5. Los planetas y estrellas influyen en el destino y en los seres humanos. Son también lugares de detención después de la muerte.

6. Un espíritu(s) salvador(es) que asisten al alma en su viaje a través de la vida y, después de ella, a los "mundos de luz”.

7. Un lenguaje-culto de símbolos y metáforas. Las ideas y cualidades son personificadas.

8. los Misterios, es decir, sacramentos que ayudan y purifican el alma, para asegurar el renacimiento en un cuerpo espiritual y su ascensión desde el mundo material. Son con frecuencia adaptaciones de ritos estacionales y tradicionales a los que se añaden interpretaciones esotéricas. En el caso de los nasoreanos, esta interpretación se basa en la historia de la creación, especialmente el Hombre Divino, Adán, en tanto coronado y ungido Rey-sacerdote.

9. Confidencialidad y secreto entre los iniciados. La explicación completa de los puntos 1, 2 y 8 está reservada a aquellos considerados capaces de entender y preserva la gnosis.

Conclusión

El Mandeísmo es una religión sincrética en donde aparece un dualismo de tradición mazdeísta que presenta el mundo de la luz y el de las tinieblas y otros elementos de las tradiciones mesopotámicas también presentes en los relatos bíblicos.

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