Desideria es el nombre de uno de los personajes creados por San Jose Manyanet (1833-1901) para ilustrar su espiritualidad y su pensamiento. Desideria puede ser un hombre o una mujer, una persona joven o adulta. Pero Desideria es, ante todo, un espiritu ingenuo, inquieto e infantil, cuyo deseo de aprender y ser feliz parece no tener limites.
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sábado, 22 de julio de 2023
The Magdalen with the Smoking Flame, 1640. por Georges de La Tour (1593-1652)
Georges de La Tour (1593-1652)
The Magdalen with the Smoking Flame, 1640
Los Angeles County Museum of Art, USA
¿Qué fue de la Magdalena una vez acabado el Evangelio?, por Luis Antequera
Del importantísimo personaje que fue María Magdalena queda una gran tradición en la vida del cristianismo ajena a su papel estrictamente evangélico. Una tradición que sin embargo y como ocurre con tantos otros eventos y personajes, no es uniforme sino que adquiere muchas versiones. Así, en las iglesias orientales vinculadas hoy a la ortodoxia, prevalece la tradición según la cual, la Magdalena se habría retirado a la ciudad griega de Éfeso (hoy en Turquía) con la Virgen María, ciudad en la que habría muerto y de la cual, sus reliquias habrían sido transferidas a Constantinopla a finales del s. IX.
A este respecto habría que señalar que dicha tradición, fundada en el testimonio de san Gregorio de Tours en su obra De miraculis (op. cit. 1,30), iría anexa a una segunda, el retiro de la Virgen María a Éfeso acompañando al apóstol y evangelista Juan cuya tradición éfesa sí está muy consolidada. Una tradición, ésta de la estancia de María en Éfeso, que es sólo es una de las dos tradiciones existentes sobre el final de la vida de la Virgen María, ya que la otra tradición sitúa a la madre de Jesús desde el momento en que su hijo asciende al cielo y hasta el momento de su muerte en Jerusalén.
Existe una segunda tradición muy consolidada en las iglesias occidentales que es la que llamaríamos “tradición francesa”. Según ella, María Magdalena habría dado con sus huesos en Marsella acompañando a otro personaje evangélico, el Lázaro al que Jesús resucita en el Evangelio de Juan (los demás evangelios no citan el episodio).
Sobre esta tradición se ha de señalar que se halla relacionada con otra según la cual, María Magdalena sería la misma María que cita el evangelista Juan como hermana de Lázaro y de Marta. Una asociación que aunque muy consolidada en la tradición cristiana, no soporta excesivamente bien un riguroso análisis exegético, que más bien parece deducir que la María Magdalena que citan los cuatro evangelistas, no es la María hermana de Lázaro que cita sólo Juan.
Como quiera que sea, según esta segunda tradición, como decimos muy consolidada en las iglesias occidentales, Magdalena, junto con sus hermanos Lázaro y Marta, habría sido la evangelizadora de la Provenza francesa. Se habría retirado a un cerro, el Sainte-Baume, en el que se habría entregado a una vida de mortificación y penitencia durante unos treinta años. Desde allí, al llegar el momento de su muerte habría sido llevada por ángeles al oratorio de San Máximo en Aix en Provence.
Según el cronista Sigebert, en 745, por temor a los sarracenos (corren los tiempos de los hechos previos a los que canta la Chanson de Roland), sus reliquias habrían sido transferidas a Vézelay, situada en Borgoña, en la otra punta de Francia por lo tanto, donde aún hoy persiste un inveterado culto de la Magadalena. Para luego volver en algún momento a la Sainte Baume en Provenza.
De hecho en el año 1279 se hallan allí los restos de la santa en un sepulcro intacto, con una inscripción en la que se explicaban las razones de la ocultación, ocasión que sirve al Príncipe de Salerno, futuro rey Carlos II de Nápoles, para levantar un convento dominico en el lugar.
En el año 1600 las reliquias se colocan en un sarcófago enviado por el Papa Clemente VIII, con la cabeza colocada en vasija separada, lo que resultará providencial, porque aunque durante la Revolución Francesa el convento es destruido y las reliquias de la santa son profanadas y desaparecen, no corre igual suerte la cabeza, que aun hoy se venera en la gruta de Sainte Baume.
Fuente: religionenlibertad.com
A este respecto habría que señalar que dicha tradición, fundada en el testimonio de san Gregorio de Tours en su obra De miraculis (op. cit. 1,30), iría anexa a una segunda, el retiro de la Virgen María a Éfeso acompañando al apóstol y evangelista Juan cuya tradición éfesa sí está muy consolidada. Una tradición, ésta de la estancia de María en Éfeso, que es sólo es una de las dos tradiciones existentes sobre el final de la vida de la Virgen María, ya que la otra tradición sitúa a la madre de Jesús desde el momento en que su hijo asciende al cielo y hasta el momento de su muerte en Jerusalén.
Existe una segunda tradición muy consolidada en las iglesias occidentales que es la que llamaríamos “tradición francesa”. Según ella, María Magdalena habría dado con sus huesos en Marsella acompañando a otro personaje evangélico, el Lázaro al que Jesús resucita en el Evangelio de Juan (los demás evangelios no citan el episodio).
Sobre esta tradición se ha de señalar que se halla relacionada con otra según la cual, María Magdalena sería la misma María que cita el evangelista Juan como hermana de Lázaro y de Marta. Una asociación que aunque muy consolidada en la tradición cristiana, no soporta excesivamente bien un riguroso análisis exegético, que más bien parece deducir que la María Magdalena que citan los cuatro evangelistas, no es la María hermana de Lázaro que cita sólo Juan.
Como quiera que sea, según esta segunda tradición, como decimos muy consolidada en las iglesias occidentales, Magdalena, junto con sus hermanos Lázaro y Marta, habría sido la evangelizadora de la Provenza francesa. Se habría retirado a un cerro, el Sainte-Baume, en el que se habría entregado a una vida de mortificación y penitencia durante unos treinta años. Desde allí, al llegar el momento de su muerte habría sido llevada por ángeles al oratorio de San Máximo en Aix en Provence.
Según el cronista Sigebert, en 745, por temor a los sarracenos (corren los tiempos de los hechos previos a los que canta la Chanson de Roland), sus reliquias habrían sido transferidas a Vézelay, situada en Borgoña, en la otra punta de Francia por lo tanto, donde aún hoy persiste un inveterado culto de la Magadalena. Para luego volver en algún momento a la Sainte Baume en Provenza.
De hecho en el año 1279 se hallan allí los restos de la santa en un sepulcro intacto, con una inscripción en la que se explicaban las razones de la ocultación, ocasión que sirve al Príncipe de Salerno, futuro rey Carlos II de Nápoles, para levantar un convento dominico en el lugar.
En el año 1600 las reliquias se colocan en un sarcófago enviado por el Papa Clemente VIII, con la cabeza colocada en vasija separada, lo que resultará providencial, porque aunque durante la Revolución Francesa el convento es destruido y las reliquias de la santa son profanadas y desaparecen, no corre igual suerte la cabeza, que aun hoy se venera en la gruta de Sainte Baume.
Fuente: religionenlibertad.com
¿Qué relación tuvo Jesús con María Magdalena?, por el P. Juan García Inza
De los evangelios se desprende que María Magdalena sentía un gran amor por Jesús. Había sido librada por él de siete demonios, le seguía como discípula, le asistía con sus bienes (Lc 8,2-3) y estuvo con María, la Madre de Jesús, y las otras mujeres cuando Jesús fue crucificado (Mc 15,40-41 y par.).
Fue, según los evangelios, la primera a la que se le apareció Jesús después de la resurrección (Jn 20,11-18). De ahí la veneración que ha tenido en la Iglesia como testigo del resucitado. De estos pasajes no se puede deducir ni que fue una pecadora, ni mucho menos que fue la mujer de Jesús. Los que sostienen esto último acuden al testimonio de algunos evangelios apócrifos. Todos ellos, quizá con la excepción de un núcleo del Evangelio de Tomás, son posteriores a los evangelios canónicos y no tienen carácter histórico, sino que son un instrumento para trasmitir enseñanzas gnósticas. Según estas obras, que aunque lleven el nombre de evangelios no son propiamente tales sino escritos con revelaciones secretas de Jesús a sus discípulos después de la resurrección, Mariam (o Mariamne o Mariham; no aparece el nombre de Magdalena salvo en unos pocos libros) es la que entiende mejor esas revelaciones. Por eso es la preferida de Jesús y la que recibe una revelación especial.
La oposición que en algunos de estos textos (Evangelio de Tomás, Diálogos del Salvador, Pistis Sophía, Evangelio de María) muestran los apóstoles hacia ella por ser mujer refleja la consideración negativa que algunos gnósticos tenían de lo femenino y la condición de María como discípula importante.
Sin embargo, algunos quieren ver en esta oposición un reflejo de la postura de la Iglesia oficial de entonces, que estaría en contra del liderazgo espiritual de la mujer que proponían estos grupos. Nada de esto es demostrable. Esa oposición más bien puede entenderse como un conflicto de doctrinas: las de Pedro y otros apóstoles frente a las que estos grupos gnósticos exponían en nombre de Mariam. En cualquier caso, el hecho de que se recurra a María es una forma de justificar sus planteamientos gnósticos.
En otros evangelios apócrifos, especialmente en el Evangelio de Felipe, Mariam (esta vez citada también con el nombre de origen, Magdalena) es modelo de gnóstico, precisamente por su feminidad. Ella es símbolo espiritual de seguimiento de Cristo y de unión perfecta con él. En este contexto se habla de un beso de Jesús con María (si es que el texto hay que entenderlo realmente así), simbolizando esa unión, ya que mediante ese beso, una especie de sacramento superior al bautismo y la eucaristía, el gnóstico se engendraba a sí mismo como gnóstico.
El tono de estos escritos está absolutamente alejado de implicaciones sexuales. Por eso, ningún estudioso serio entiende estos textos como un testimonio histórico de una relación sexual entre Jesús y María Magdalena. Esta afirmación, que no tiene ningún fundamento histórico, ya que ni siquiera los cristianos de la época se vieron obligados a polemizar para defenderse de ella, resurge cada cierto tiempo como una gran novedad.
Sobre el autor: Fue ordenado sacerdote en 1965 y ha publicado una quincena de títulos. Es doctor en Derecho canónico y ha ejercido como consiliario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad y de la Renovación Carismática. Es asesor espiritual de la Asociación María Reina de la Paz de Medjugorje.
Fue, según los evangelios, la primera a la que se le apareció Jesús después de la resurrección (Jn 20,11-18). De ahí la veneración que ha tenido en la Iglesia como testigo del resucitado. De estos pasajes no se puede deducir ni que fue una pecadora, ni mucho menos que fue la mujer de Jesús. Los que sostienen esto último acuden al testimonio de algunos evangelios apócrifos. Todos ellos, quizá con la excepción de un núcleo del Evangelio de Tomás, son posteriores a los evangelios canónicos y no tienen carácter histórico, sino que son un instrumento para trasmitir enseñanzas gnósticas. Según estas obras, que aunque lleven el nombre de evangelios no son propiamente tales sino escritos con revelaciones secretas de Jesús a sus discípulos después de la resurrección, Mariam (o Mariamne o Mariham; no aparece el nombre de Magdalena salvo en unos pocos libros) es la que entiende mejor esas revelaciones. Por eso es la preferida de Jesús y la que recibe una revelación especial.
La oposición que en algunos de estos textos (Evangelio de Tomás, Diálogos del Salvador, Pistis Sophía, Evangelio de María) muestran los apóstoles hacia ella por ser mujer refleja la consideración negativa que algunos gnósticos tenían de lo femenino y la condición de María como discípula importante.
Sin embargo, algunos quieren ver en esta oposición un reflejo de la postura de la Iglesia oficial de entonces, que estaría en contra del liderazgo espiritual de la mujer que proponían estos grupos. Nada de esto es demostrable. Esa oposición más bien puede entenderse como un conflicto de doctrinas: las de Pedro y otros apóstoles frente a las que estos grupos gnósticos exponían en nombre de Mariam. En cualquier caso, el hecho de que se recurra a María es una forma de justificar sus planteamientos gnósticos.
En otros evangelios apócrifos, especialmente en el Evangelio de Felipe, Mariam (esta vez citada también con el nombre de origen, Magdalena) es modelo de gnóstico, precisamente por su feminidad. Ella es símbolo espiritual de seguimiento de Cristo y de unión perfecta con él. En este contexto se habla de un beso de Jesús con María (si es que el texto hay que entenderlo realmente así), simbolizando esa unión, ya que mediante ese beso, una especie de sacramento superior al bautismo y la eucaristía, el gnóstico se engendraba a sí mismo como gnóstico.
El tono de estos escritos está absolutamente alejado de implicaciones sexuales. Por eso, ningún estudioso serio entiende estos textos como un testimonio histórico de una relación sexual entre Jesús y María Magdalena. Esta afirmación, que no tiene ningún fundamento histórico, ya que ni siquiera los cristianos de la época se vieron obligados a polemizar para defenderse de ella, resurge cada cierto tiempo como una gran novedad.
Sobre el autor: Fue ordenado sacerdote en 1965 y ha publicado una quincena de títulos. Es doctor en Derecho canónico y ha ejercido como consiliario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad y de la Renovación Carismática. Es asesor espiritual de la Asociación María Reina de la Paz de Medjugorje.
María Magdalena, "apóstol de los apóstoles" (L´Osservatore Romano)
María Magdalena es una de las figuras femeninas más intrigantes para quien lee las Escrituras. Lo escribe Enzo Bianchi añadiendo que está presente en todos los evangelios junto a las otras discípulas de Jesús, mujeres de Galilea, es san Juan quien subraya su papel como mujer cercana al Señor y primer testigo de su resurrección.
Es significativo que en el cuarto evangelio aparezca junto a la cruz con la madre de Jesús, la hermana de la madre, María de Cleofás, y el discípulo amado del Señor. En la hora de Jesús, en la hora de la elevación del Hijo del hombre (cf. Jn 3,14;8,28) y su glorificación (cf. Jn 12,23), bajo la cruz se hallan presentes los amigos del Señor, los que están unidos a él por el amor y ahora han sido llamados para ser la comunidad de Jesús, con la escandalosa ausencia de todos los discípulos, menos uno.
Ahora María Magdalena está ahí, bajo la cruz, en la hora extrema de la vida de Jesús (cf. Jn 19,25), mientras los demás discípulos han huido, abandonándolo. Precisamente ella y el discípulo amado son los únicos testigos de la muerte de Jesús y su resurrección.
En la cruz no dice nada y no hace nada, pero el tercer día después de la muerte, es decir, el primer día de la semana judía, de madrugada, cuando aún estaba oscuro, María va al sepulcro (cf. Jn 20,1-2.11-18). Según el cuarto evangelista, la suya es una iniciativa personal, pero en realidad el hecho de ir a la tumba, como figura típica y ejemplar, también representa a las demás mujeres que, según los evangelios sinópticos, también fueron con ella; por eso habla en plural, también en su nombre: «No sabemos dónde le han puesto».
Sin embargo hay que reconocer que, si es verdad que María Magdalena se ha ganado en Oriente el título de «isapóstolos», es decir, «igual que un apóstol», y en Occidente el de «apóstol de los apóstoles», en realidad nunca se le ha reconocido ningún valor eclesial, ni ninguna calidad ministerial.
Nos hallamos muy lejos de habernos tomado en serio las palabras de Rabano Mauro, un monje y obispo que vivió entre los siglos VIII y IX, el cual, en su biografía de María de Magdala (Vida de santa María Magdalena, 26-27), comenta la aparición a María de Jesús resucitado, subrayando que este hecho le confiere a esta mujer discípula una función decisiva en la Iglesia:
«María cree en el Cristo, encontrando su fe en él al escuchar la deseada voz del Señor, y con su presencia tan deseada (...) Creyó firmemente que el Cristo, hijo de Dios, que ella vio resucitado, era el verdadero Dios, aquel que ella había amado cuando estaba vivo; que verdaderamente había resucitado de entre los muertos, aquel al que había visto morir (...) El Salvador, convencido de que el de María era un purísimo amor, (...) la eligió apóstol de su ascensión (...) como poco antes la había erigido en evangelista de la resurrección (...) Ella, elevada a tan alta dignidad de honor y de gracia por el mismo hijo de Dios y salvador nuestro, (...) no dudó en ejercer el ministerio de apóstol con el cual había sido honrada (...) María, con sus co-apóstoles, anunció el Evangelio de la resurrección de Cristo con las palabras: «He visto al Señor» (Jn, 20, 18), y profetizó su ascensión con las palabras: «Subo a mi Padre y vuestro Padre» (Jn, 20, 17)».
Es significativo que en el cuarto evangelio aparezca junto a la cruz con la madre de Jesús, la hermana de la madre, María de Cleofás, y el discípulo amado del Señor. En la hora de Jesús, en la hora de la elevación del Hijo del hombre (cf. Jn 3,14;8,28) y su glorificación (cf. Jn 12,23), bajo la cruz se hallan presentes los amigos del Señor, los que están unidos a él por el amor y ahora han sido llamados para ser la comunidad de Jesús, con la escandalosa ausencia de todos los discípulos, menos uno.
Ahora María Magdalena está ahí, bajo la cruz, en la hora extrema de la vida de Jesús (cf. Jn 19,25), mientras los demás discípulos han huido, abandonándolo. Precisamente ella y el discípulo amado son los únicos testigos de la muerte de Jesús y su resurrección.
En la cruz no dice nada y no hace nada, pero el tercer día después de la muerte, es decir, el primer día de la semana judía, de madrugada, cuando aún estaba oscuro, María va al sepulcro (cf. Jn 20,1-2.11-18). Según el cuarto evangelista, la suya es una iniciativa personal, pero en realidad el hecho de ir a la tumba, como figura típica y ejemplar, también representa a las demás mujeres que, según los evangelios sinópticos, también fueron con ella; por eso habla en plural, también en su nombre: «No sabemos dónde le han puesto».
Sin embargo hay que reconocer que, si es verdad que María Magdalena se ha ganado en Oriente el título de «isapóstolos», es decir, «igual que un apóstol», y en Occidente el de «apóstol de los apóstoles», en realidad nunca se le ha reconocido ningún valor eclesial, ni ninguna calidad ministerial.
Nos hallamos muy lejos de habernos tomado en serio las palabras de Rabano Mauro, un monje y obispo que vivió entre los siglos VIII y IX, el cual, en su biografía de María de Magdala (Vida de santa María Magdalena, 26-27), comenta la aparición a María de Jesús resucitado, subrayando que este hecho le confiere a esta mujer discípula una función decisiva en la Iglesia:
«María cree en el Cristo, encontrando su fe en él al escuchar la deseada voz del Señor, y con su presencia tan deseada (...) Creyó firmemente que el Cristo, hijo de Dios, que ella vio resucitado, era el verdadero Dios, aquel que ella había amado cuando estaba vivo; que verdaderamente había resucitado de entre los muertos, aquel al que había visto morir (...) El Salvador, convencido de que el de María era un purísimo amor, (...) la eligió apóstol de su ascensión (...) como poco antes la había erigido en evangelista de la resurrección (...) Ella, elevada a tan alta dignidad de honor y de gracia por el mismo hijo de Dios y salvador nuestro, (...) no dudó en ejercer el ministerio de apóstol con el cual había sido honrada (...) María, con sus co-apóstoles, anunció el Evangelio de la resurrección de Cristo con las palabras: «He visto al Señor» (Jn, 20, 18), y profetizó su ascensión con las palabras: «Subo a mi Padre y vuestro Padre» (Jn, 20, 17)».
De la mujer que vio resucitar a Jesús, por Luis Antequera
Muchos son los enfoques que cabe realizar sobre el hecho de que quien ve por primera vez a Jesús resucitado sea María Magdalena. Dos de los instrumentos que esos exegetas del Jesús histórico aplican a los pasajes de los textos evangélicos son los que se dan en llamar “el criterio del testimonio múltiple”, y “el criterio de la dificultad” (también llamado “lectio difficilior”). Veamos lo que significa cada uno de ellos y cómo se aplican al episodio evangélico que llamaré, en adelante, el Descubrimiento de la Magdalena.
Primero, el criterio del testimonio múltiple, a saber, cuanto más sean los textos que aporten un dato y cuanto más diferentes sean esos textos, más probable es que el dato en cuestión sea históricamente cierto.
Pues bien, el descubrimiento de la Magdalena se registra en tres Evangelios, Marcos, Mateo y Juan, separados cronológicamente por más de cuarenta años (años 60 el de Marcos, años 70 el de Mateo, cercano al año 100 el de Juan), de los cuales uno, Juan, es muy diferente a los otros dos. Y el cuarto Evangelio, el de Lucas, aunque no recoja propiamente la aparición (en el relato de Lucas la primera aparición de Jesús parece ser para los discípulos de Emaús), hace un relato de los hechos en el que reconoce un protagonismo indiscutible al personaje que los otros tres textos convierten en protagonista central.
Versiones del suceso se recogen también en textos no canónicos, así el Evangelio de Pedro, apócrifo datable en el s. II, y de gran importancia en algún momento de la vida de la Iglesia, según sabemos por el testimonio de Serapión, obispo de Antioquía entre los años 190 y 200. Cuatro textos “y medio” (el medio es Lucas) pues, absolutamente diversos los unos de los otros: muchos textos, se lo aseguro, en términos de testimonio múltiple.
Segundo, el criterio de la dificultad o lectio difficilior: según él, no es razonable que un autor incluya en su texto datos que se muestran incómodos para el propósito de su trabajo, y si lo hace, es que son necesariamente reales. Veamos pues como ajusta este criterio al episodio del descubrimiento de la Magdalena.
En el pensamiento y en la práctica judicial de los judíos, el testimonio de una mujer es menos valioso que el de un hombre. Se acostumbra a decir que la mitad. Que ello es así cabe extraerlo de varios pasajes del Antiguo Testamento, como aquél en el que el Levítico realiza la valoración de un hombre y de una mujer a efectos de un voto:
“Si alguien quiere cumplir ante Yahvé un voto relativo a una persona, la estimación de su valor será la siguiente: si se trata de un varón entre veinte y sesenta años, se estimará su valor en cincuenta siclos de plata, en siclos del santuario. Mas si se trata de una mujer, el valor será de treinta siclos. Entre los cinco y los veinte años el valor será: si es chico, veinte siclos; si es chica, diez siclos” (Lv 27,2-5).
El judeo español Maimónides (n.1135-m.1204), uno de los grandes exégetas judíos del Antiguo Testamento, asegura que la palabra “testigo” citada en el Deuteronomio (Dt 17,6; Dt 19,15-21) está escrita en masculino, algo que, según él, no es así por casualidad.
El propio Corán, que aunque no es propiamente un texto judío sí refleja bien el acerbo semítico de pensamiento, acude en respaldo de la tesis cuando dice: “Llamad para que sirvan de testigos a dos de vuestros hombres. Si no los hay, elegid a un hombre y dos mujeres” (C. 2, 282).
Pues bien, esta importante dificultad, la escasa validez del testimonio femenino, apunta con el criterio de la dificultad a la franqueza y sinceridad de la percepción que los narradores tuvieron de que efectivamente Jesús había resucitado, pues de haberse tratado de una pantomima cabal e intencionadamente pergeñada y de no haber creído sinceramente en ella los que la relataban, sus autores judíos jamás habrían convertido a una mujer, menos aún en solitario, en la primera y principal avalista de dicha resurrección.
Para que nos entendamos: es como si hoy día alguien pretendiera sostener la presencia de un OVNI en un determinado lugar sobre el testimonio de un niño de cuatro años: aunque él mismo tuviera por válido dicho testimonio, teniendo otros que considerara más presentables, se abstendría de utilizar el primero.
Fuente: religionenlibertad.com
Primero, el criterio del testimonio múltiple, a saber, cuanto más sean los textos que aporten un dato y cuanto más diferentes sean esos textos, más probable es que el dato en cuestión sea históricamente cierto.
Pues bien, el descubrimiento de la Magdalena se registra en tres Evangelios, Marcos, Mateo y Juan, separados cronológicamente por más de cuarenta años (años 60 el de Marcos, años 70 el de Mateo, cercano al año 100 el de Juan), de los cuales uno, Juan, es muy diferente a los otros dos. Y el cuarto Evangelio, el de Lucas, aunque no recoja propiamente la aparición (en el relato de Lucas la primera aparición de Jesús parece ser para los discípulos de Emaús), hace un relato de los hechos en el que reconoce un protagonismo indiscutible al personaje que los otros tres textos convierten en protagonista central.
Versiones del suceso se recogen también en textos no canónicos, así el Evangelio de Pedro, apócrifo datable en el s. II, y de gran importancia en algún momento de la vida de la Iglesia, según sabemos por el testimonio de Serapión, obispo de Antioquía entre los años 190 y 200. Cuatro textos “y medio” (el medio es Lucas) pues, absolutamente diversos los unos de los otros: muchos textos, se lo aseguro, en términos de testimonio múltiple.
Segundo, el criterio de la dificultad o lectio difficilior: según él, no es razonable que un autor incluya en su texto datos que se muestran incómodos para el propósito de su trabajo, y si lo hace, es que son necesariamente reales. Veamos pues como ajusta este criterio al episodio del descubrimiento de la Magdalena.
En el pensamiento y en la práctica judicial de los judíos, el testimonio de una mujer es menos valioso que el de un hombre. Se acostumbra a decir que la mitad. Que ello es así cabe extraerlo de varios pasajes del Antiguo Testamento, como aquél en el que el Levítico realiza la valoración de un hombre y de una mujer a efectos de un voto:
“Si alguien quiere cumplir ante Yahvé un voto relativo a una persona, la estimación de su valor será la siguiente: si se trata de un varón entre veinte y sesenta años, se estimará su valor en cincuenta siclos de plata, en siclos del santuario. Mas si se trata de una mujer, el valor será de treinta siclos. Entre los cinco y los veinte años el valor será: si es chico, veinte siclos; si es chica, diez siclos” (Lv 27,2-5).
El judeo español Maimónides (n.1135-m.1204), uno de los grandes exégetas judíos del Antiguo Testamento, asegura que la palabra “testigo” citada en el Deuteronomio (Dt 17,6; Dt 19,15-21) está escrita en masculino, algo que, según él, no es así por casualidad.
El propio Corán, que aunque no es propiamente un texto judío sí refleja bien el acerbo semítico de pensamiento, acude en respaldo de la tesis cuando dice: “Llamad para que sirvan de testigos a dos de vuestros hombres. Si no los hay, elegid a un hombre y dos mujeres” (C. 2, 282).
Pues bien, esta importante dificultad, la escasa validez del testimonio femenino, apunta con el criterio de la dificultad a la franqueza y sinceridad de la percepción que los narradores tuvieron de que efectivamente Jesús había resucitado, pues de haberse tratado de una pantomima cabal e intencionadamente pergeñada y de no haber creído sinceramente en ella los que la relataban, sus autores judíos jamás habrían convertido a una mujer, menos aún en solitario, en la primera y principal avalista de dicha resurrección.
Para que nos entendamos: es como si hoy día alguien pretendiera sostener la presencia de un OVNI en un determinado lugar sobre el testimonio de un niño de cuatro años: aunque él mismo tuviera por válido dicho testimonio, teniendo otros que considerara más presentables, se abstendría de utilizar el primero.
Fuente: religionenlibertad.com
¿Fue María Magdalena una prostituta?, por Luis Antequera
En la catequesis realizada por Benedicto XVI tras asistir a la presentación de la película “María de Nazareth” sobre la vida de María, un filme que presta atención a otras dos figuras femeninas, Herodías y María Magdalena, al comentar la lección que cabe extraer de la vivencia de ésta última dice de ella que “después de experimentar el encanto de una vida fácil” encuentra a Jesús “que le abre el corazón y cambia su existencia”.
Y bien, ¿cuál es esa “vida fácil” a la que se refiere el Papa cuando de María Magdalena habla? O dicho de manera mucho más amplia, ¿qué es lo que sobre María Magdalena sabe el lector de los evangelios?
Lo único incontrovertible que conocemos sobre su persona es que de su cuerpo sacó Jesús “siete demonios” (Lc 8,2). Su nombre apunta a pensar que fuera originaria de la ciudad galilea de Magdala, que podría estar unos kilómetros al nordeste de Nazareth, al borde del lago Genesaret, también llamado Mar de Galilea, lago Kineret o de Tiberíades, que de las cuatro maneras es conocido.
A partir de ahí, la tradición ha realizado algunas identificaciones de su persona y entre ellas ésta que es quizás la más conocida y que la asimila a la pecadora perdonada por Jesús:
“Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.» Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» Él dijo: «Di, maestro.» «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.» Él le dijo: «Has juzgado bien.» Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.» Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»”. (Lc 7,36-50)
La razón de tan precipitada asociación tal vez tenga que ver con la cercanía del pasaje en cuestión con aquél en el que Lucas presenta expresamente a la Magdalena, justo en el siguiente párrafo (aunque en distinto capítulo ya):
“Recorrió a continuación ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes” (Lc. 8,1-3)
Todo ello convertiría a nuestra Magdalena en lo más parecido a una prostituta, y lo cierto es que como tal, la ha venido representando la numerosa iconografía existente sobre ella. Una iconografía que la ha dotado generalmente de extraordinaria belleza y de indudable voluptuosidad, permitiéndose sus iconógrafos unas liberalidades que no se han permitido con ningún otro personaje evangélico.
Todo parece indicar que dicha asociación, bastante forzada, admitámoslo, es debida a la Homilía 33 del papa san Gregorio I Magno, pronunciado en el año 591, según la cual: “La que Lucas llama pecadora y Juan, María, creemos que es la María de la que según Marcos fueron echados siete demonios. ¿Y qué si no todos los vicios significan esos siete demonios?”
La lectura detenida del texto de Lucas desaconseja, sin embargo, tal asociación, e invita más bien a realizar otra según la cual, María Magdalena sería cercana a la figura de Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes, lo que la convertiría, bien al contrario de lo que ha venido sosteniéndose tradicionalmente, en mujer de una cierta posición social, posiblemente incluso rica en cuanto que era una de esas mujeres de las “que servían con sus bienes” a Jesús y a sus numerosos acompañantes.
Quizás es en este contexto en el que mejor cabe entender las palabras de Benedicto XVI al hablar de “la vida fácil” que llevaba a cabo Magdalena antes de conocer a Jesús… Un vida fácil que no es tanto la de las prostitutas con las que acostumbra a asociar el imaginario común a la Magdalena (¡como si la de las prostitutas fuera en verdad una vida fácil, las pobres!), como la de la mujer rica que da todo lo que tiene para seguir a quien no le promete sino una vida de privaciones para la salvación de su alma.
Dicho todo lo cual, la Magdalena no vuelve a aparecer en los evangelios hasta el final, donde se convierte en protagonista indiscutible tanto en la pasión como en la resurrección de Jesús. Pero este tema ya lo hemos tratado en otra ocasión, por lo que no es cosa de volver a tratarlo aquí y les dejo el enlace por si aún tienen ganas de seguir con el tema.
Fuente: religionenlinertad.com
Y bien, ¿cuál es esa “vida fácil” a la que se refiere el Papa cuando de María Magdalena habla? O dicho de manera mucho más amplia, ¿qué es lo que sobre María Magdalena sabe el lector de los evangelios?
Lo único incontrovertible que conocemos sobre su persona es que de su cuerpo sacó Jesús “siete demonios” (Lc 8,2). Su nombre apunta a pensar que fuera originaria de la ciudad galilea de Magdala, que podría estar unos kilómetros al nordeste de Nazareth, al borde del lago Genesaret, también llamado Mar de Galilea, lago Kineret o de Tiberíades, que de las cuatro maneras es conocido.
A partir de ahí, la tradición ha realizado algunas identificaciones de su persona y entre ellas ésta que es quizás la más conocida y que la asimila a la pecadora perdonada por Jesús:
“Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.» Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» Él dijo: «Di, maestro.» «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.» Él le dijo: «Has juzgado bien.» Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.» Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»”. (Lc 7,36-50)
La razón de tan precipitada asociación tal vez tenga que ver con la cercanía del pasaje en cuestión con aquél en el que Lucas presenta expresamente a la Magdalena, justo en el siguiente párrafo (aunque en distinto capítulo ya):
“Recorrió a continuación ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes” (Lc. 8,1-3)
Todo ello convertiría a nuestra Magdalena en lo más parecido a una prostituta, y lo cierto es que como tal, la ha venido representando la numerosa iconografía existente sobre ella. Una iconografía que la ha dotado generalmente de extraordinaria belleza y de indudable voluptuosidad, permitiéndose sus iconógrafos unas liberalidades que no se han permitido con ningún otro personaje evangélico.
Todo parece indicar que dicha asociación, bastante forzada, admitámoslo, es debida a la Homilía 33 del papa san Gregorio I Magno, pronunciado en el año 591, según la cual: “La que Lucas llama pecadora y Juan, María, creemos que es la María de la que según Marcos fueron echados siete demonios. ¿Y qué si no todos los vicios significan esos siete demonios?”
La lectura detenida del texto de Lucas desaconseja, sin embargo, tal asociación, e invita más bien a realizar otra según la cual, María Magdalena sería cercana a la figura de Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes, lo que la convertiría, bien al contrario de lo que ha venido sosteniéndose tradicionalmente, en mujer de una cierta posición social, posiblemente incluso rica en cuanto que era una de esas mujeres de las “que servían con sus bienes” a Jesús y a sus numerosos acompañantes.
Quizás es en este contexto en el que mejor cabe entender las palabras de Benedicto XVI al hablar de “la vida fácil” que llevaba a cabo Magdalena antes de conocer a Jesús… Un vida fácil que no es tanto la de las prostitutas con las que acostumbra a asociar el imaginario común a la Magdalena (¡como si la de las prostitutas fuera en verdad una vida fácil, las pobres!), como la de la mujer rica que da todo lo que tiene para seguir a quien no le promete sino una vida de privaciones para la salvación de su alma.
Dicho todo lo cual, la Magdalena no vuelve a aparecer en los evangelios hasta el final, donde se convierte en protagonista indiscutible tanto en la pasión como en la resurrección de Jesús. Pero este tema ya lo hemos tratado en otra ocasión, por lo que no es cosa de volver a tratarlo aquí y les dejo el enlace por si aún tienen ganas de seguir con el tema.
Fuente: religionenlinertad.com
Por "expreso deseo del Papa" se instituye la fiesta de María Magdalena
El papa Francisco ha elevado de categoría en el calendario romano la celebración de Santa María Magdalena, que será una fiesta litúrgica el 22 de julio, a través de un decreto promulgado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos que busca ensalzar la importancia de "esta mujer que mostró un gran amor a Cristo y que fue tan amada por Cristo".
Según ha informado la Santa Sede, esta decisión, que se enmarca en el Jubileo de la Misericordia (8 de diciembre del 2015 al 20 de noviembre del 2016), se ha puesto en práctica bajo el "expreso deseo del Santo Padre Francisco". Así, explica que Santa María Magdalena es "un ejemplo de verdadera y auténtica evangelizadora" porque fue "mensajera y anunció la buena noticia de la resurrección del Señor".
Según ha informado la Santa Sede, esta decisión, que se enmarca en el Jubileo de la Misericordia (8 de diciembre del 2015 al 20 de noviembre del 2016), se ha puesto en práctica bajo el "expreso deseo del Santo Padre Francisco". Así, explica que Santa María Magdalena es "un ejemplo de verdadera y auténtica evangelizadora" porque fue "mensajera y anunció la buena noticia de la resurrección del Señor".
"El Santo Padre Francisco ha tomado esta decisión en el marco del Jubileo de la Misericordia para señalar la relevancia de esta mujer que mostró un gran amor a Cristo y que fue tan amada por Cristo", ha afirmado la Santa Sede.
En dicho Decreto se indica que el día de la celebración seguirá siendo el 22 de julio, excepto en los lugares en los que, por concesión particular, ya se celebra otro día o con otro grado. Además, se presenta la versión latina del Prefacio, de cuya traducción se ocuparán las Conferencias Episcopales.
En un Artículo publicado en L'Osservatore Romano, titulado «Apostolorum Apostola», Mons. Arthur Roche, Arzobispo Secretario de la Congregación para el Culto Divino, señala que la decisión se inscribe en el actual contexto eclesial que pide reflexionar más profundamente sobre la dignidad de la mujer, la nueva evangelización y la grandeza de la misericordia divina.
El Papa Francisco, resalta Mons. Roche, ha tomado esta decisión en el Jubileo de la Misericordia para resaltar la relevancia de esta mujer que mostró un gran amor por Cristo y Cristo por ella. María de Magdala es la primera en ver el sepulcro abierto y la primera en escuchar la verdad de la Resurrección del Señor.
Finalmente, señala el Arzobispo Secretario, «es justo que la celebración litúrgica de esta mujer tenga el mismo grado de fiesta dado a la celebración de los apóstoles en el Calendario Romano General y que resalte la especial misión de esta mujer, que es ejemplo y modelo para toda mujer en la Iglesia».
22 de julio: SANTA MARÍA MAGDALENA (Lecturas)
Cantar de los Cantares 3,1-4
Salmo 62: Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Juan 20,1-2.11-18
Cantar de los Cantares 3,1-4
Así dice la esposa: “En mi cama, por la noche, buscaba el amor de mi lama: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando el amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: “¿Visteis al amor de mi alma?”. Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma."
Salmo 62: Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
R. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
¡Como te contemplaba en el santuario
Viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
R. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
Y mis labios te alabarán jubilosos.
R. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con jubilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
R. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: "Mujer, ¿por qué lloras?" Ella les contesta: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto." Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: "Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: "Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré." Jesús le dice: "¡María!" Ella se vuelve y le dice: "¡Rabboni!", que significa: "¡Maestro!" Jesús le dice: "Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."" María Magdalena fue y anunció a los discípulos: "He visto al Señor y ha dicho esto."
martes, 11 de abril de 2023
Juan 20,11-18: "Junto al sepulcro estaba María (Magdalena) llorando"
Juan 20,11-18
lunes, 13 de agosto de 2018
Mc 15,42-47: La sepultura de Jesús
La sepultura de Jesús
Mt 27,57-66; Lc 23,50-56; Jn 19,38-42
15:42 Era día de Preparación, es decir, víspera de sábado. Por eso, al atardecer,
15:43 José de Arimatea —miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios— tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.
15:44 Pilato se asombró de que ya hubiera muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto.
15:45 Informado por el centurión, entregó el cadáver a José.
15:46 Este compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en ella y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca. Después, hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.
15:47 María Magdalena y María, la madre de José, miraban dónde lo habían puesto.
Mt 27,57-66; Lc 23,50-56; Jn 19,38-42
15:42 Era día de Preparación, es decir, víspera de sábado. Por eso, al atardecer,
15:43 José de Arimatea —miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios— tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.
15:44 Pilato se asombró de que ya hubiera muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto.
15:45 Informado por el centurión, entregó el cadáver a José.
15:46 Este compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en ella y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca. Después, hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.
15:47 María Magdalena y María, la madre de José, miraban dónde lo habían puesto.
Mateo 27,57-66: La sepultura de Jesús
La sepultura de Jesús
Cf. Mc 15,42-47; Lucas 23,50-56; Jn 19,38-42
27:57 Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús,
27:58 y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran.
27:59 Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia
27:60 y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue.
27:61 María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro.
27:62 A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato,
27:63 diciéndole: "Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando aún vivía, dijo: "A los tres días resucitaré".
27:64 Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: "¡Ha resucitado!" Este último engaño sería peor que el primero".
27:65 Pilato les respondió: "Ahí tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente".
27:66 Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y dejando allí la guardia.
Cf. Mc 15,42-47; Lucas 23,50-56; Jn 19,38-42
27:57 Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús,
27:58 y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran.
27:59 Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia
27:60 y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue.
27:61 María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro.
27:62 A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato,
27:63 diciéndole: "Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando aún vivía, dijo: "A los tres días resucitaré".
27:64 Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: "¡Ha resucitado!" Este último engaño sería peor que el primero".
27:65 Pilato les respondió: "Ahí tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente".
27:66 Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y dejando allí la guardia.
Mateo 27,55-56: Las mujeres que siguieron a Jesús
Las mujeres que siguieron a Jesús
Cf. Mc 15,40-41; Lc 23,49; Jn 19,25
27:55 Había allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo.
27:56 Entre ellas estaban María Magdalena, María —la madre de Santiago y de José— y la madre de los hijos de Zebedeo.
Cf. Mc 15,40-41; Lc 23,49; Jn 19,25
27:55 Había allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo.
27:56 Entre ellas estaban María Magdalena, María —la madre de Santiago y de José— y la madre de los hijos de Zebedeo.
domingo, 26 de noviembre de 2017
Mateo 28,1-9: El anuncio de la resurrección
Mateo 28,1-9
(Cf. Mc 16,1-8; Lc 24,1-12; Jn 20,1-18)
28:1 Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro.
28:2 De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella.
28:3 Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve.
28:4 Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.
28:5 El Ángel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
28:6 No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba,
28:7 y vayan en seguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán". Esto es lo que tenía que decirles".
28:8 Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos.
(Cf. Mc 16,1-8; Lc 24,1-12; Jn 20,1-18)
28:1 Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro.
28:2 De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella.
28:3 Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve.
28:4 Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.
28:5 El Ángel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
28:6 No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba,
28:7 y vayan en seguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán". Esto es lo que tenía que decirles".
28:8 Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos.
jueves, 21 de septiembre de 2017
Lucas 8,1-3: Las mujeres que acompañaban a Jesús
Lucas 8,1-3
Domingo de la 11 Semana del Tiempo Ordinario, ciclo C
Viernes de la 24 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.
SOBRE EL MISMO TEMA:
Evangelio de las mujeres
Las mujeres de Jesús
Asistentes de su ministerio público
Domingo de la 11 Semana del Tiempo Ordinario, ciclo C
Viernes de la 24 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.
SOBRE EL MISMO TEMA:
Evangelio de las mujeres
Las mujeres de Jesús
Asistentes de su ministerio público
viernes, 16 de septiembre de 2016
Lucas 8,1-3: Evangelio de las mujeres, por la Orden Carmelitana
Lucas 8,1-3
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.
— Comentario por la Orden Carmelitana
El evangelio de hoy continúa el episodio de ayer, que hablaba de la actitud sorprendente de Jesús para con las mujeres, cuando defendió a una mujer, conocida en la ciudad como pecadora, contra las críticas de un fariseo. Ahora, en el comienzo del capítulo VIII, Lucas describe como Jesús iba por los poblados y por las ciudades de Galilea, y la novedad es que iba acompañado no sólo por los discípulos, sino que también por las discípulas.
• Lucas 8,1: Los Doce que siguen a Jesús
En una única frase Lucas describe la situación: Jesús anda por todas partes, por los poblados y ciudades de Galilea, anunciando la Buena Nueva de Dios y los doce están con él. La expresión “seguir a Jesús” (cf. Mc 1,18;15,41) indica la condición del discípulo que sigue al Maestro, veinte y cuatro horas por día, procurando imitar su ejemplo y participar de su destino.
• Lucas 8,2-3: Las mujeres siguen a Jesús
Lo sorprendente es que, al lado de los hombres, hay también mujeres “junto a Jesús”. Lucas coloca a los discípulos y a las discípulas en pie de igualdad, pues ambos siguen a Jesús. Lucas también conservó los nombres de algunas de estas discípulas: María Magdalena, nacida en la ciudad de Mágdala. Había sido curada de siete demonios. Juana, mujer de Cuza, procurador de Herodes Antipas, que era gobernador de Galilea. Susana y varias otras.
De ellas se afirma que “sirven a Jesús con sus bienes”. Jesús permitía que un grupo de mujeres le “siguiera” (Lc 8,2-3; 23,49; Mc 15,41). El evangelio de Marcos, hablando de las mujeres en el momento de la muerte de Jesús, informa: “Unas mujeres miraban de lejos. Entre ellas, María Magdalena, María, madre de Santiago, el menor, y de José, y Salomé. Ellas habían seguido y servido a Jesús, desde cuando él estaba en Galilea. Junto con ellas había otras más, que habían subido con Jesús a Jerusalén” (Mc 15,40-41).
Marcos define su actitud con tres palabras: seguir, servir, subir hasta Jerusalén. Los primeros cristianos no llegaron a elaborar una lista de estas discípulas que seguían a Jesús como hicieron los doce discípulos. Pero en las páginas del evangelio de Lucas aparecen los nombres de siete discípulas: Maria Magdalena, Juana, mujer de Cuza, Susana (Lc 8,3), Marta y Maria (Lc 10,38), María, madre de Santiago (Lc 24,10) y Ana, la profetisa (Lc 2,36), de ochenta y cuatro de edad. El número de ochenta y cuatro es doce veces siete. ¡La edad perfecta!
La tradición eclesiástica posterior no valoró este dado del discipulado de las mujeres con el mismo peso con que valoró el seguimiento de Jesús por parte de los hombres. ¡Es una lástima!
• Evangelio de las mujeres
El Evangelio de Lucas fue considerado siempre el evangelio de las mujeres. De hecho, Lucas trae el mayor número de episodios en que se destaca la relación de Jesús con las mujeres. La novedad no está sólo en la presencia de las mujeres alrededor de Jesús, pero también y sobre todo en la actitud de de Jesús con las mujeres.
Jesús las toca y se deja tocar por las mujeres, sin miedo a contaminarse (Lc 7,39;8,44-45.54). A diferencia de los maestros de la época, Jesús acepta a las mujeres como seguidoras y discípulas (Lc 8,2-3; 10,39).
La fuerza libertadora de Dios, actuante en Jesús, hace que la mujer se levante y asuma su dignidad (Lc 13,13). Jesús es sensible al sufrimiento de la viuda y se solidariza con su dolor (Lc 7,13).
El trabajo de la mujer preparando alimento está considerado por Jesús como señal del Reino (Lc 13,20-21).
La viuda persistente que lucha por sus derechos es colocada como modelo de oración (Lc 18,1-8), y la viuda pobre que comparte sus pocos bienes con los demás como modelo de entrega y de don (Lc 21,1-4).
En una época en que el testimonio de las mujeres no era considerado como válido, Jesús acoge a las mujeres como testigos de su muerte (Lc 23,49), sepultura (Lc 23,55-56) y resurrección (Lc 24,1-11.22-24)
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.
— Comentario por la Orden Carmelitana
El evangelio de hoy continúa el episodio de ayer, que hablaba de la actitud sorprendente de Jesús para con las mujeres, cuando defendió a una mujer, conocida en la ciudad como pecadora, contra las críticas de un fariseo. Ahora, en el comienzo del capítulo VIII, Lucas describe como Jesús iba por los poblados y por las ciudades de Galilea, y la novedad es que iba acompañado no sólo por los discípulos, sino que también por las discípulas.
• Lucas 8,1: Los Doce que siguen a Jesús
En una única frase Lucas describe la situación: Jesús anda por todas partes, por los poblados y ciudades de Galilea, anunciando la Buena Nueva de Dios y los doce están con él. La expresión “seguir a Jesús” (cf. Mc 1,18;15,41) indica la condición del discípulo que sigue al Maestro, veinte y cuatro horas por día, procurando imitar su ejemplo y participar de su destino.
• Lucas 8,2-3: Las mujeres siguen a Jesús
Lo sorprendente es que, al lado de los hombres, hay también mujeres “junto a Jesús”. Lucas coloca a los discípulos y a las discípulas en pie de igualdad, pues ambos siguen a Jesús. Lucas también conservó los nombres de algunas de estas discípulas: María Magdalena, nacida en la ciudad de Mágdala. Había sido curada de siete demonios. Juana, mujer de Cuza, procurador de Herodes Antipas, que era gobernador de Galilea. Susana y varias otras.
De ellas se afirma que “sirven a Jesús con sus bienes”. Jesús permitía que un grupo de mujeres le “siguiera” (Lc 8,2-3; 23,49; Mc 15,41). El evangelio de Marcos, hablando de las mujeres en el momento de la muerte de Jesús, informa: “Unas mujeres miraban de lejos. Entre ellas, María Magdalena, María, madre de Santiago, el menor, y de José, y Salomé. Ellas habían seguido y servido a Jesús, desde cuando él estaba en Galilea. Junto con ellas había otras más, que habían subido con Jesús a Jerusalén” (Mc 15,40-41).
Marcos define su actitud con tres palabras: seguir, servir, subir hasta Jerusalén. Los primeros cristianos no llegaron a elaborar una lista de estas discípulas que seguían a Jesús como hicieron los doce discípulos. Pero en las páginas del evangelio de Lucas aparecen los nombres de siete discípulas: Maria Magdalena, Juana, mujer de Cuza, Susana (Lc 8,3), Marta y Maria (Lc 10,38), María, madre de Santiago (Lc 24,10) y Ana, la profetisa (Lc 2,36), de ochenta y cuatro de edad. El número de ochenta y cuatro es doce veces siete. ¡La edad perfecta!
La tradición eclesiástica posterior no valoró este dado del discipulado de las mujeres con el mismo peso con que valoró el seguimiento de Jesús por parte de los hombres. ¡Es una lástima!
• Evangelio de las mujeres
El Evangelio de Lucas fue considerado siempre el evangelio de las mujeres. De hecho, Lucas trae el mayor número de episodios en que se destaca la relación de Jesús con las mujeres. La novedad no está sólo en la presencia de las mujeres alrededor de Jesús, pero también y sobre todo en la actitud de de Jesús con las mujeres.
Jesús las toca y se deja tocar por las mujeres, sin miedo a contaminarse (Lc 7,39;8,44-45.54). A diferencia de los maestros de la época, Jesús acepta a las mujeres como seguidoras y discípulas (Lc 8,2-3; 10,39).
La fuerza libertadora de Dios, actuante en Jesús, hace que la mujer se levante y asuma su dignidad (Lc 13,13). Jesús es sensible al sufrimiento de la viuda y se solidariza con su dolor (Lc 7,13).
El trabajo de la mujer preparando alimento está considerado por Jesús como señal del Reino (Lc 13,20-21).
La viuda persistente que lucha por sus derechos es colocada como modelo de oración (Lc 18,1-8), y la viuda pobre que comparte sus pocos bienes con los demás como modelo de entrega y de don (Lc 21,1-4).
En una época en que el testimonio de las mujeres no era considerado como válido, Jesús acoge a las mujeres como testigos de su muerte (Lc 23,49), sepultura (Lc 23,55-56) y resurrección (Lc 24,1-11.22-24)
jueves, 15 de septiembre de 2016
Juan 19,25-27: Jesús y su madre
Juan 19,25-27
María, Madre de la Iglesia
María, Madre de la Iglesia
15 de septiembre: Ntra. Sra. de los Dolores
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: "Mujer, ahí está tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Ahí está tu madre". Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.
Imágenes del Evangelio
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: "Mujer, ahí está tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Ahí está tu madre". Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.
Imágenes del Evangelio
viernes, 22 de julio de 2016
Juan 20,11-18: Aparición a María Magdalena
Juan 20,11-18
Martes de la Octava de Pascua
22 de julio: Memoria de Santa María Magdalena (20:1-2.11-18)
En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» Jesús le dice: «¡María!» Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!» Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."» María Magdalena fue y anunció a los discípulos: "He visto al Señor y ha dicho esto".
SOBRE EL MISMO TEMA:
"Apóstol de los apóstoles"
Se instituye la fiesta de María Magdalena
por José de Ribera
por Georges de La Tour y 2
por Tiziano
Martes de la Octava de Pascua
22 de julio: Memoria de Santa María Magdalena (20:1-2.11-18)
En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» Jesús le dice: «¡María!» Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!» Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."» María Magdalena fue y anunció a los discípulos: "He visto al Señor y ha dicho esto".
SOBRE EL MISMO TEMA:
"Apóstol de los apóstoles"
Se instituye la fiesta de María Magdalena
por José de Ribera
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Juan 20,11-18: "Junto al sepulcro estaba María (Magdalena) llorando"
Juan 20,11-18
Martes de la Octava de Pascua
22 de julio: Memoria de Santa María Magdalena (20:1-2.11-18)
En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» Jesús le dice: «¡María!» Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!» Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."» María Magdalena fue y anunció a los discípulos: "He visto al Señor y ha dicho esto".
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En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» Jesús le dice: «¡María!» Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!» Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."» María Magdalena fue y anunció a los discípulos: "He visto al Señor y ha dicho esto".
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