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sábado, 13 de julio de 2024

Mc 6,7-13: Les envió de dos en dos, por el P. Raniero Cantalamessa, OFM


«Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón; ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino “Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas”...».

Los estudiosos de la Biblia nos explican que, como de costumbre, el evangelista Marcos, al referir los hechos y las palabras de Cristo, tiene en cuenta la situación y necesidades de la Iglesia en el momento en el que escribe el Evangelio, esto es, después de la resurrección de Cristo. Pero el hecho central y las instrucciones que en este pasaje da Cristo a los apóstoles se refieren al Jesús terreno.

Es el inicio y como las pruebas generales de la misión apostólica. Por el momento se trata de una misión limitada a los pueblos vecinos, esto es, a los compatriotas judíos. Tras la Pascua esta misión será extendida a todo el mundo, también a los paganos: «Id por todo el mundo y predicad la Buena Nueva a toda la creación» [Mc 16,15. Ndt.].

Este hecho tiene una importancia decisiva para entender la vida y la misión de Cristo. Él no vino para realizar una proeza personal; no quiso ser un meteorito que atraviesa el cielo para después desaparecer en la nada. No vino, en otras palabras, sólo para aquellos pocos miles de personas que tuvieron la posibilidad de verle y escucharle en persona durante su vida. Pensó que su misión tenía que continuar, ser permanente, de manera que cada persona, en todo tiempo y lugar de la historia, tuviera la posibilidad de escuchar la Buena Nueva del amor de Dios y ser salvado.

Por esto eligió colaboradores y comenzó a enviarles por delante a predicar el Reino y curar a los enfermos. Hizo con sus discípulos lo que hace hoy con sus seminaristas un buen rector de seminario, quien, los fines de semana, envía a sus muchachos a las parroquias para que empiecen a tener experiencia pastoral, o les manda a instituciones caritativas a que ayuden a cuantos se ocupan de los pobres para que se preparen a la que un día será su misión.

La invitación de Jesús «¡Id!» se dirige en primer lugar a los apóstoles, y hoy a sus sucesores: el Papa, los obispos, los sacerdotes. Pero no sólo a ellos. Éstos deben ser las guías, los animadores de los demás, en la misión común. Pensar de otro modo sería como decir que se puede hacer una guerra sólo con los generales y los capitanes, sin soldados; o que se puede poner en pie un equipo de fútbol sólo con un entrenador y un árbitro, sin jugadores.

Tras este envío de los apóstoles, Jesús, se lee en el Evangelio de Lucas, «designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir» (Lc 10,1). Estos setenta y dos discípulos eran probablemente todos los que Él había reunido hasta ese momento, o al menos todos los que le seguían con cierta continuidad. Jesús, por lo tanto, envía a todos sus discípulos, también a los laicos.

La Iglesia del post-Concilio ha asistido a un florecimiento de esta conciencia. Los laicos de los movimientos eclesiales son los sucesores de esos 72 discípulos... La vigilia de Pentecostés brindó una imagen de las dimensiones de este fenómeno con esos cientos de miles de jóvenes llegados a la Plaza de San Pedro para celebrar con el Papa las Vísperas de la Solemnidad. Lo que más impresionaba era el gozo y el entusiasmo de los presentes. Claramente para esos jóvenes vivir y anunciar el Evangelio no era un peso aceptado sólo por deber, sino una alegría, un privilegio, algo que hace la vida más bella de vivir.

El Evangelio emplea sólo una palabra para decir qué debían predicar los apóstoles a la gente («que se convirtieran»), mientras que describe largamente cómo debían predicar. Al respecto, una enseñanza importante se contiene en el hecho de que Jesús les envía de dos en dos. Eso de ir de dos en dos era habitual en aquellos tiempos, pero con Jesús asume un significado nuevo, ya no sólo práctico. Jesús les envía de dos en dos –explicaba San Gregorio Magno— para inculcar la caridad, porque menos que entre dos personas no puede haber ahí caridad. El primer testimonio que dar de Jesús es el del amor recíproco: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13, 35).

Hay que estar atentos para no interpretar mal la frase de Jesús sobre el marcharse sacudiéndose también el polvo de los pies cuando no son recibidos. Éste, en la intención de Cristo, debía ser un testimonio «para» ellos, no contra ellos. Debía servir para hacerles entender que los misioneros no habían ido por interés, para sacarles dinero u otras cosas; que, más aún, no querían llevarse ni siquiera su polvo. Habían acudido por su salvación y, rechazándoles, se privaban a sí mismos del mayor bien del mundo.

Es algo que también hay que recalcar hoy. La Iglesia no anuncia el Evangelio para aumentar su poder o el número de sus miembros. Si actuara así, traicionaría la primera el Evangelio. Lo hace porque quiere compartir el don recibido, porque ha recibido de Cristo el mandato: «Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis».

viernes, 3 de mayo de 2024

3 de mayo: FIESTA DE SAN FELIPE Y SANTIAGO, Apóstoles, por el papa Francisco

I Corintios 15,1-8
Salmo 18: A toda la tierra alcanza su pregón
Juan 14,6-14

I Corintios 15,1-8

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mí.

Salmo 18: A toda la tierra alcanza su pregón

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.
R. A toda la tierra alcanza su pregón

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón,
y hasta los límites del orbe su lenguaje.
R. A toda la tierra alcanza su pregón

Juan 14,6-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a Tomás: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto." Felipe le dice: "Señor, muéstranos a] Padre y nos basta." Jesús le replica: "Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí.. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré."

ENSEÑAR LA FE CON VALENTIA
Comentario del papa Francisco (3 de mayo del 2013)

Todos los cristianos tienen el deber de transmitir la fe con valentía. Fue la exhortación del papa Francisco a los fieles presentes en la misa diaria celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, donde reside desde su elección al solio de Pedro.

Según informa Radio Vaticana, el santo padre indicó que es Jesús el que nos invita a tener coraje, incluso en la oración, e instó a los cristianos a no ser "tibios".

Todos nosotros los cristianos, que hemos recibido la fe, tenemos que transmitirla, proclamarla con nuestra vida, con nuestra palabra.

¿Pero cuál es esta fe fundamental?, se preguntó Francisco. “Es la fe en Jesús resucitado, en Jesús que ha perdonado nuestros pecados con su muerte y nos ha reconciliado con el Padre".

"Y transmitir esto –-prosiguió--, nos exige ser valientes: el valor de transmitir la fe. Una valentía, a veces, simple. Recuerdo una historia personal: desde niño, mi abuela nos llevaba cada Viernes Santo a la procesión de las Velas y al final de la procesión llegaba el Cristo yacente y la abuela nos hacía arrodillarnos y nos decía a los niños: “Miren, está muerto, pero mañana habrá resucitado”. La fe se introduce así: la fe en Cristo crucificado y resucitado. En la historia de la Iglesia fueron muchas, muchas las personas que han querido, un poco, desaparecer esta certeza firme y hablan de una resurrección espiritual. No, ¡Cristo está vivo!".

"Cristo está vivo" y está "¡vivo también entre nosotros!", reiteró Francisco, quien a la vez exhortó a los cristianos a tener el valor de proclamar su resurrección, la Buena Nueva.

Pero también hay otro valor que Jesús nos pide: "Jesús --por decirlo un poco fuerte--, nos desafía a la oración y dice así: "Todo lo que pidan en mi nombre, yo lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo". Si piden algo en mi nombre, yo lo haré... ¡Esto es fuerte! Nos atrevemos a ir donde Jesús y pedirle así: "Pero tú has dicho esto, ¡hazlo! Haz que la fe crezca, haz a que la evangelización siga adelante, haz que este problema que tengo se resuelva. ¿Tenemos este valor en la oración? ¿O rezamos un poco no más, así, como se pueda, pasando poco tiempo en la oración? Si no con valor, con franqueza incluso en la oración..."

El papa recordó que, como leemos en la Biblia, Abraham y Moisés tuvieron el valor de "negociar con el Señor". Una valentía “en favor de los otros, a favor de la Iglesia", que sirve también hoy:

"Cuando la Iglesia pierde la valentía, entra en la Iglesia la atmósfera de la tibieza. Los tibios, los cristianos tibios, sin valor... Eso le hace tanto mal a la Iglesia, porque la tibieza te encierra, empiezan los problemas entre nosotros; no tenemos horizontes, no tenemos valor, ni el valor de la oración hacia el cielo, ni el valor para anunciar el evangelio. Somos tibios... Pero tenemos el coraje de encerrarnos en nuestras pequeñas cosas, en nuestros celos, en nuestras envidias, en el arribismo, en avanzar de manera egoísta..."

Y finalizó diciendo: "Todas estas cosas no son buenas para la Iglesia: ¡la Iglesia tiene que ser valiente! Todos tenemos que ser valientes en la oración, desafiando a Jesús".

sábado, 23 de marzo de 2024

Mc 14,53-65: Jesús ante el Consejo

Jesús ante el Consejo
Cf. Mt 26,57s; Lc 22,54s; cfr. Jn 18,12-16 

53 Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, 
     y se reunieron todos los sumos sacerdotes con los ancianos y los letrados. 
54 Pedro le fue siguiendo a distancia hasta entrar en el palacio del sumo sacerdote. 
     Se quedó sentado con los empleados, calentándose junto al fuego. 

Cf. Mt 26,59-63a

55 El sumo sacerdote y el Consejo en pleno buscaban un testimonio contra Jesús 
     que permitiera condenarlo a muerte, y no lo encontraban, 
56 ya que aunque muchos testimoniaban en falso contra él, sus testimonios no concordaban. 
57 Algunos se levantaron y declararon en falso contra él: 
58 —Le hemos oído decir: Yo he de destruir este santuario, construido por manos humanas, 
     y en tres días construiré otro, no edificado con manos humanas. 
59 Pero tampoco en este punto concordaba el testimonio de ellos. 
60 Entonces el sumo sacerdote se puso de pie en medio y preguntó a Jesús: 
     —¿No respondes nada a lo que éstos declaran contra ti? 
61a Él callaba y no respondía nada. 

Cf. Mt 26,63b-66; Lc 22,66-71; cfr. Jn 18,19-21

61b De nuevo le preguntó el sumo sacerdote: —¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito? 
62 Jesús respondió: —Yo soy. Verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Todopoderoso 
     y llegando entre las nubes del cielo. 
63 El sumo sacerdote, rasgándose sus vestiduras, dijo: —¿Qué falta nos hacen los testigos? 
64 Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece? Todos sentenciaron que era reo de muerte. 

Cf. Mt 26,67; Lc 22,63-65; cfr. Jn 18,22s

 65 Algunos se pusieron a escupirle, a taparle los ojos y darle bofetadas diciendo: 
      —¡Adivina quién fue! También los empleados le daban bofetadas.

viernes, 26 de mayo de 2023

SÁBADO DE LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA (Lecturas)

Hechos 28,16-20.30-31
Salmo 10,5.5.7:: Los buenos verán tu rostro, Señor
Juan 21,20-25



Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con un soldado que lo vigilase. Tres días después, convocó a los judíos principales; cuando se reunieron, les dijo: "Hermanos, estoy aquí preso sin haber hecho nada contra el pueblo ni las tradiciones de nuestros padres; en Jerusalén me entregaron a los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, tuve que apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo he querido veros y hablar con vosotros; pues por la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas." Vivió allí dos años enteros a su propia costa, recibiendo a todos los que acudían, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos.

Salmo 10,5.5.7: Los buenos verán tu rostro, Señor

El Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres.
R. Los buenos verán tu rostro, Señor

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro.
R. Los buenos verán tu rostro, Señor



En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: "Señor, ¿quién es el que te va a entregar?" Al verlo, Pedro dice a Jesús: "Señor, y éste ¿qué?" Jesús le contesta: "Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme." Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: "Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?" Éste es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

domingo, 14 de mayo de 2023

Juan 15,26-16,4a: Os excomulgarán de la sinagoga

Juan 15,26-16,4a


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho."

lunes, 17 de abril de 2023

Hechos 4,32-37: Comunión fraterna de bienes

Hechos 4,32-37

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno. José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa Consolado, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.

SOBRE EL MISMO TEMA:

Juan 3,5a.7b-15: "De lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio"

Juan 3,5a.7b-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: "Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu." Nicodemo le preguntó: "¿Cómo puede suceder eso?" Le contestó Jesús: "Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna."

miércoles, 22 de marzo de 2023

Juan 5,31-47: Testimonio del Padre en favor de Jesús

Juan 5,31-47


En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése sí lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?"

sábado, 12 de noviembre de 2022

Lucas 21,5-19: "En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo"

Lucas 21,5-19
Martes de la 34 Semana del Tiempo Ordinario I y II (21,5-11)
Miércoles de la 34 Semana del Tiempo Ordinario I y II (21,12-19)

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: "Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido. "Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? "Él contesto: "Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "El momento está cerca; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida. "Luego les dijo: "Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas."


SOBRE EL MISMO TEMA:

sábado, 1 de octubre de 2022

La fe crece arriesgando. No hay fe si no hay riesgo.


Comentario por Julio González, S.F.

Santa Teresa de Ávila le decía a Jesús: "Señor, no me extraña que tengas tan pocos amigos si les tratas como a mí." En la primera lectura escuchamos la súplica de un creyente que lucha con su fe y, a fin de cuentas, con Dios:

"Hasta cuando, Señor, 
he de pedirte ayuda sin que tu me escuches? 
Hasta cuando he de quejarme de la violencia 
sin que tu nos salves? 
¿Por qué me haces presenciar calamidades? 
¿Por qué debo contemplar el sufrimiento?"

Algunas veces oramos diciendo "Señor, aumenta mi fe", cuando lo que queremos decir es "Señor, aumenta mi felicidad, mi comodidad, mi salud, mis seguridades...", pues esto lo que en realidad queremos. Pero la fe es otra cosa.

El cristiano que dice "Señor, aumenta mi fe" no le pide a Dios un cambio de planes, sino "esperanza, fortaleza, sabiduría, para enfrentarse a sus inseguridades y debilidades, a sus desafíos y conflictos".

La fe nos sostiene cuando nuestra paz, comodidad y seguridades, están en peligro. Por eso, oramos diciendo "aumenta mi fe". La fe no nos da la seguridad de que tendremos éxito, pero el miedo al fracaso no nos paraliza porque la misión del cristiano no consiste en asegurar la salud, la vida, las propiedades, sino en compartirlas, perderlas por algo o, mejor, por Alguien mas importante y querido que uno mismo.

Por eso, la fe es un don. No podemos inventarnos esa llamada, esa misión que da sentido a nuestra vida y a nuestra muerte. Esto es algo que se nos propone poco a poco, crece desde lo pequeño, sin prisas, sin embargo, una vez que se hace presente en la oración y vida del creyente, entonces, ya sólo tenemos dos opciones: o lo damos todo o abandonamos.

Cuando un amigo de Martin Luther King, Jr., le dijo: "Si continuas luchando por los derechos de nuestros hermanos, te van a matar", King respondió: "Si abandono ahora, mi vida sería mucho más tranquila y mi familia dejaría de preocuparse por mí, pero entonces viviría sin un propósito, sin un motivo, sin una causa por la que dar mi vida".

¿Qué es mejor: una vida llena de sentido, con entrega y sacrificio, o una vida sin entrega y sacrificio, pero sin sentido? Algunos aspiran a vivir una vida llena de sentido sin preocuparse y sin sacrificarse. ¿Es esto posible? No será que la entrega y el sacrificio son también necesarios en nuestra realización y crecimiento personal?

La entrega y el sacrificio no son malos, algo que hay que debemos evitar a toda costa. A veces este es el único camino para no vivir instalado en la mediocridad, pero para eso hace falta tener fe.

DOMINGO DE LA 27 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO C (Lecturas)

Habacuc 1:2-3; 2:2-4
Salmo 95 “Ojalá escuchen hoy la voz del Señor, 
no endurezcan el corazón”
2 Timoteo 1:6-8,13-14
Lucas 17:5-10


Habacuc 1,2-3; 2, 2-4

¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches?¿Te gritaré: "Violencia", sin que me salves?¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas?El Señor me respondió así: "Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe."


Salmo 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres
me pusieron a prueba y me tentaron,
aunque habían visto mis obras."
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón


2 Timoteo 1,6-8.13-14

Querido hermano: Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas y vive con fe y amor en Cristo Jesús. Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.


En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: "Auméntanos la fe." El Señor contestó: "Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: 'Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.""

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jueves, 16 de junio de 2022

2 Timoteo 1,1-18: No te avergüences del testimonio que has de dar

Salutación

1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios para anunciar la Promesa de vida 
   que está en Cristo Jesús,
2 a Timoteo, hijo querido. Gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre 
   y de Cristo Jesús Señor nuestro.

Testificando de Cristo

3 Doy gracias a Dios, a quien, como mis antepasados, rindo culto con una conciencia pura, 
   cuando continuamente, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones.
4 Tengo vivos deseos de verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de alegría.
5 Pues evoco el recuerdo de la fe sincera que tú tienes, fe que arraigó primero en tu abuela Loida 
   y en tu madre Eunice, y sé que también ha arraigado en ti.
6 Por esto te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.
7 Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad 
   y de templanza.
8 No te avergüences, pues, ni del testimonio que has de dar de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; 
   sino, al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios,
9 que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia 
   determinación y por su gracia que nos dio desde toda la eternidad en Cristo Jesús,
10 y que se ha manifestado ahora con la Manifestación de nuestro Salvador Cristo Jesús, 
     quien ha destruido la muerte y ha hecho irradiar vida e inmortalidad por medio del Evangelio
11 para cuyo servicio he sido yo constituido heraldo, apóstol y maestro.
12 Por este motivo estoy soportando estos sufrimientos; pero no me avergüenzo, 
     porque yo sé bien en quién tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso 
     para guardar mi depósito hasta aquel Día.
13 Ten por norma las palabras sanas que oíste de mí en la fe y en la caridad de Cristo Jesús.
14 Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros.
15 Ya sabes tú que todos los de Asia me han abandonado, y entre ellos Figelo y Hermógenes.
16 Que el Señor conceda misericordia a la familia de Onesíforo, pues me alivió muchas veces 
     y no se avergonzó de mis cadenas,
17 sino que, en cuanto llegó a Roma, me buscó solícitamente y me encontró.
18 Concédale el Señor encontrar misericordia ante el Señor aquel Día. 
     Además, cuántos buenos servicios me prestó en Éfeso, tú lo sabes mejor.

sábado, 11 de junio de 2022

Hechos 26,1-23: Discurso de Pablo ante el rey Agripa

Hechos 26,1-23: Discurso de Pablo ante el rey Agripa

1 Agripa dijo a Pablo: «Se te permite hablar en tu favor.» 
   Entonces Pablo extendió su mano y empezó su defensa:
2 «Me considero feliz, rey Agripa, al tener que defenderme hoy ante ti de todas las cosas de que me 
   acusan los judíos,
3 principalmente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones de los judíos. 
   Por eso te pido que me escuches pacientemente.
4 «Todos los judíos conocen mi vida desde mi juventud, desde cuando estuve en el seno de mi nación, 
   en Jerusalén.
5 Ellos me conocen de mucho tiempo atrás y si quieren pueden testificar que yo he vivido 
   como fariseo conforme a la secta más estricta de nuestra religión.
6 Y si ahora estoy aquí procesado es por la esperanza que tengo en la Promesa hecha por Dios a 
   nuestros padres,
7 cuyo cumplimiento están esperando nuestras doce tribus en el culto que asiduamente, noche y día, 
   rinden a Dios. Por esta esperanza, oh rey, soy acusado por los judíos.
8 ¿Por qué tenéis vosotros por increíble que Dios resucite a los muertos?
9 «Yo, pues, me había creído obligado a combatir con todos los medios el nombre de Jesús, el Nazoreo.
10 Así lo hice en Jerusalén y, con poderes recibidos de los sumos sacerdotes, yo mismo encerré a 
     muchos santos en las cárceles; y cuando se les condenaba a muerte, yo contribuía con mi voto.
11 Frecuentemente recorría todas las sinagogas y a fuerza de castigos les obligaba a blasfemar y, 
     rebosando furor contra ellos, los perseguía hasta en las ciudades extranjeras.
12 «En este empeño iba hacia Damasco con plenos poderes y comisión de los sumos sacerdotes;
13 y al medio día, yendo de camino vi, oh rey, una luz venida del cielo, más resplandeciente que el sol, 
     que me envolvió a mí y a mis compañeros en su resplandor.
14 Caímos todos a tierra y yo oí una voz que me decía en lengua hebrea: 
     “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? Te es duro dar coces contra el aguijón.”
15 Yo respondí: “¿Quién eres, Señor?” Y me dijo el Señor: “Yo soy Jesús a quien tú persigues.
16 Pero levántate, y ponte en pie; pues me he aparecido a ti para constituirte servidor 
     y testigo tanto de las cosas que de mí has visto como de las que te manifestaré.
17 Yo te libraré de tu pueblo y de los gentiles, a los cuales yo te envío,
18 para que les abras los ojos; para que se conviertan de las tinieblas a la luz, 
     y del poder de Satanás a Dios; y para que reciban el perdón de los pecados 
     y una parte en la herencia entre los santificados, mediante la fe en mí.”
19 «Así pues, rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial,
20 sino que primero a los habitantes de Damasco, después a los de Jerusalén 
     y por todo el país de Judea y también a los gentiles he predicado que se convirtieran 
     y que se volvieran a Dios haciendo obras dignas de conversión.
21 Por esto los judíos, habiéndome prendido en el Templo, intentaban darme muerte.
22 Con el auxilio de Dios hasta el presente me he mantenido firme dando testimonio a pequeños 
     y grandes sin decir cosa que esté fuera de lo que los profetas y el mismo Moisés dijeron 
     que había de suceder:
23 que el Cristo había de padecer y que, después de resucitar el primero de entre los muertos, 
     anunciaría la luz al pueblo y a los gentiles.»

lunes, 5 de julio de 2021

2 Corintios 3,1-3: Las credenciales de Pablo

1 ¿Comenzamos nuevamente a recomendarnos a nosotros mismos? ¿Acaso tenemos que presentarles 
   o recibir de ustedes cartas de recomendación, como hacen algunos? 
2 Ustedes mismos son nuestra carta, una carta escrita en nuestros corazones, conocida y leída 
   por todos los hombres. 
3 Evidentemente ustedes son una carta que Cristo escribió por intermedio nuestro, no con tinta, 
   sino con el Espíritu del Dios viviente, no en tablas de piedra, sino de carne, es decir, en los 
   corazones.

jueves, 30 de agosto de 2018

1 Corintios 1:1-9: Saludo inicial

1 Corintios 1:1-9
Domingo de la 2 Semana del Tiempo Ordinario, A: 1 Cor 1:1-3
Jueves de la 21 Semana del Tiempo Ordinario, II

1:1 Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes,
1:2 saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro.
1:3 Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
1:4 No dejo de dar gracias a Dios por ustedes, por la gracia que él les ha concedido en Cristo Jesús.
1:5 En efecto, ustedes han sido colmados en él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento,
1:6 en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en ustedes.
1:7 Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia.
1:8 ´Él los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo.
1:9 Porque Dios es fiel, y él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

lunes, 27 de agosto de 2018

1 Carta a Timoteo 5,1-16: Sobre los ancianos, jóvenes y viudas

1 No reprendas a un anciano, sino exhórtalo como a un padre. 
   Trata a los jóvenes como a hermanos,
2 a las ancianas como a madres, y a las jóvenes como a hermanas, con toda pureza.
3 Honra y atiende a las viudas que realmente están necesitadas.
4 Pero si alguna viuda tiene hijos o nietos, éstos deben aprender primero a cumplir 
   con sus deberes familiares y a ser agradecidos con sus padres, 
   porque eso es lo que agrada a Dios.
5 Hay viudas que lo son realmente, 
   porque se han quedado solas y tienen puesta su confianza en Dios, 
   consagrando sus días y sus noches a la súplica y a la oración.
6 Pero la que lleva una vida disipada, aunque viva, está muerta.
7 Incúlcales esto para que sean irreprochables:
8 el que no se ocupa de los suyos, sobre todo si conviven con él, 
   ha renegado de su fe y es peor que un infiel.
9 Para estar inscrita en el grupo de las viudas, 
   una mujer debe tener por lo menos sesenta años y haberse casado una sola vez.
10 Que sus buenas obras den testimonio de ella; 
     tiene que haber educado a sus hijos, 
     ejercitado la hospitalidad, 
     haber lavado los pies a los hermanos, 
     socorrido a los necesitados y practicado el bien en todas sus formas.
11 No inscribas, en cambio, a las viudas más jóvenes, 
     porque cuando los deseos puramente humanos prevalecen sobre su entrega a Cristo, 
     quieren casarse otra vez,
12 y se hacen culpables por faltar a su compromiso.
13 Además, si no tienen nada que hacer, 
     acaban yendo de casa en casa 
     y se dedican a charlar y a curiosear, 
     ocupándose en lo que no les importa.
14 Por eso quiero que las viudas jóvenes se casen, 
     que tengan hijos y atiendan a sus obligaciones domésticas, 
     para no dar lugar a la maledicencia de los enemigos.
15 Algunas de ellas ya han abandonado el buen camino y siguen a Satanás.
16 Si una mujer creyente tiene viudas en la familia, que se ocupe de ellas. 
     De esta manera, la Iglesia no las tendrá a su cargo 
     y quedará libre para atender a las que están realmente necesitadas.

1 Timoteo 2,1-7: La oración litúrgica

La oración litúrgica
2:1 Ante todo, te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres,
2:2 por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna.
2:3 Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador,
2:4 porque él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
2:5 Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo, hombre él también,
2:6 que se entregó a sí mismo para rescatar a todos. Este es el testimonio que él dio a su debido tiempo,
2:7 y del cual fui constituido heraldo y Apóstol para enseñar a los paganos la verdadera fe. Digo la verdad, y no miento.

martes, 14 de agosto de 2018

Juan 1,19-29: Jesús, el Cordero de Dios

Jesús, el Cordero de Dios


19 Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén,
     para preguntarle: "¿Quién eres tú?"
20 Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías".
21 "¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?" Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?" 
     "Tampoco", respondió.
22 Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? 
     ¿Qué dices de ti mismo?"
23 Y él les dijo: "Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, 
     como dijo el profeta Isaías".
24 Algunos de los enviados eran fariseos,
25 y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, 
     ni Elías, ni el Profeta?"
26 Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes 
     no conocen:
27 él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia".
28 Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

lunes, 13 de agosto de 2018

Mc 13,5-13: El comienzo de las tribulaciones

El comienzo de las tribulaciones
Cf. Mt 24,4-14; Lc 21,8-19

13:5 Entonces Jesús comenzó a decirles: "Tengan cuidado de que no los engañen,
13:6 porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: "Soy yo", y engañarán a mucha gente.
13:7 No se alarmen cuando oigan hablar de guerras y de rumores de guerras: es necesario que esto ocurra, pero todavía no será el fin.
13:8 Se levantará nación contra nación y reino contra reino. En muchas partes, habrá terremotos y hambre. Este será el comienzo de los dolores del parto.
13:9 Estén atentos: los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas, y por mi causa serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos.
13:10 Pero antes, la Buena Noticia será proclamada a todas las naciones.
13:11 Cuando los entreguen, no se preocupen por lo que van a decir: digan lo que se les enseñe en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu Santo.
13:12 El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los matarán.
13:13 Serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero el que persevere hasta el fin, se salvará.

domingo, 12 de agosto de 2018

Mateo 26,57-68: Jesús ante el Sanedrín

Jesús ante el Sanedrín
Cf. Mc 14,53-65; Lc 22,66-71; Jn 18,12-14

26:57 Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.
26:58 Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con los servidores, para ver cómo terminaba todo.
26:59 Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte;
26:60 pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos
26:61 que declararon: "Este hombre dijo: "Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días".
26:62 El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús: "¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?"
26:63 Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió: "Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios".
26:64 Jesús le respondió: "Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo".
26:65 Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: "Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia.
26:66 ¿Qué les parece?" Ellos respondieron: "Merece la muerte".
26:67 Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban,
26:68 diciéndole: "Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó".