Mostrando entradas con la etiqueta Mártir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mártir. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de enero de 2024

9 de enero: San Eulogio de Córdoba, Arzobispo (800- †859)



Eulogio significa: el que habla bien (Eu = bien, logios = hablar).

Dicen que San Eulogio es la mayor gloria de España en el siglo noveno. Vivió en la ciudad de Córdoba, que estaba ocupada por los musulmanes o mahometanos, los cuales solamente permitían ir a misa a los que pagaban un impuesto especial por cada vez que fueran al templo, y castigaban con pena de muerte al que hablara en público de Jesucristo, fuera del templo.

— Infancia

Nació en el año 800 de una familia senatorial que se conservaba fervientemente católica en medio de la apostasía general cuando la mayoría de los católicos había abandonado la fe por miedo al gobierno musulmán. Eulogio será el que logrará renovar el fervor por la religión católica en su ciudad y los alrededores.

Su abuelo, que se llamaba también Eulogio, lo enseñó desde pequeño a que cada vez que el reloj de la torre daba las horas, dijera una pequeña oración, por ejemplo: "Dios mío, ven en mi auxilio, Señor, ven a prisa a socorrerme".

— Juventud

Recibió su primera formación en el colegio sacerdotal de la basílica de San Zoilo, situada en el barrio de los Tiraceros. Después se integró en la escuela del abad Speraindeo, el maestro santo y sabio que lo formó muy bien en filosofía y otras ciencias. Aquí coincidió con Paulo Álvaro, más conocido como Álvaro de Córdoba, perteneciente a una de las familias más distinguidas de Colonia Patricia, con quien le unirá una amistad que durará hasta la muerte. Álvaro fue el primer biógrafo de San Eulogio, con la: Vita vel passio Divi Eulogii (860). En ella habla del linaje senatorial de su amigo, del encanto de su trato, de la gracia de su mirada, de la suave claridad de su ambiente y de la bondad e inocencia que se escondían en su cuerpo menudo.

Su biógrafo lo describe así en su juventud:

"Era muy piadoso y muy mortificado. Sobresalía en todas las ciencias, pero especialmente en el conocimiento de la Sagrada Escritura. Su rostro se conservaba siempre amable y alegre. Era tan humilde que casi nunca discutía y siempre se mostraba muy respetuoso con las opiniones de los otros, y lo que no fuera contra la Ley de Dios o la moral, no lo contradecía jamás. Su trato era tan agradable que se ganaba la simpatía de todos los que charlaban con él. Su descanso preferido era ir a visitar templos, casas de religiosos y hospitales. Los monjes le tenían tan grande estima que lo llamaban como consultor cuando tenían que redactar los Reglamentos de sus conventos. Esto le dio ocasión de visitar y conocer muy bien un gran número de casas religiosas en España".

— Servicio sacerdotal

Ordenado sacerdote, repartió su vida entre la contemplación dentro de los monasterios próximos a la ciudad y la cura pastoral. Empezó a sobresalir por su gran elocuencia el predicar y por el buen ejemplo de su santa conducta. Su celo era tal que, como dice su biógrafo, "tenía gracia para sacar a los hombres de su miseria y sublimarlos al reino de la luz" y "su mayor afán era tratar de agradar cada día más y más a Dios y dominar las pasiones de su cuerpo".

Eulogio era un gran lector y por todas partes iba buscando y consiguiendo nuevos libros para leer y prestar a sus amigos. Nunca se guardaba para él solo los conocimientos que adquiría. Trataba de hacerlos llegar al mayor número posible de amigos y discípulos. Todos los creyentes de Córdoba, especialmente sacerdotes y religiosos se fueron reuniendo alrededor de Eulogio.

— 848, un viaje de descubrimientos

En 848 emprendió un viaje hacia Francia, pero al atravesar por la Marca Hispánica encontró dificultades debido a la rebelión de Guillermo de Septimania contra el rey de Francia Occidental Carlos el Calvo. Intentó entonces pasar a Aquitania a través de Pamplona, pero allí también se estaba produciendo el levantamiento del conde García Ennecones o Íñiguez.

Acogido por el obispo de Pamplona Gilesindo, visitó los monasterios pirenaicos para más tarde difundir entre las autoridades eclesiásticas mozárabes de Al-Ándalus importantes obras de la cultura cristiana y occidental.

En Leyre halló una Vida de Mahoma que contenía debates teológicos cristianos; en San Pedro de Siresa, Aragón, descubrió obras de tradición grecolatina que no habían sido conservadas en la Córdoba del Califato, como la Eneida, poesía de Horacio y Juvenal, fábulas de Aviano o La ciudad de Dios de San Agustín, que a partir de ese momento formaron parte de la cultura hispánica andalusí.

Regresó siguiendo el camino de Zaragoza, Bílbilis (Calatayud), Arcóbriga, Sigüenza y Compluto (Alcalá de Henares), deteniéndose en el Toledo del obispo Wistremiro. Este viaje fue sumamente útil al sacerdote cordobés. Recogió experiencias, descubrió la mentalidad de los cristianos independientes del poder musulmán y pudo enriquecer las escuelas de Córdoba con libros latinos que no se encontraban en la España musulmana.

— Persecución y cárcel

En el año 850 estalló la persecución contra los católicos de Córdoba. El gobierno musulmán mandó asesinar a un sacerdote y luego a un comerciante católico. Los creyentes más fervorosos se presentaron ante el alcalde de la ciudad para protestar por estas injusticias y declarar que reconocían como jefe de su religión a Jesucristo y no a Mahoma. Enseguida los mandaron torturar y los hicieron degollar. Murieron jóvenes y viejos, en gran número. Algunos católicos que en otro tiempo habían renegado de la fe por temor, se presentaron ante los perseguidores y murieron mártires.

“Memorial de los Santos”

A causa de su defensa del movimiento martirial, también Eulogio fue a prisión junto con el obispo Saulo. En la cárcel desde el comienzo del otoño, escribió mucho: el Memorial de los Santos, dedicado a los más flojos que decían que no había que proclamar en público las creecias; una larga carta al obispo de Pamplona fechada el 15 de noviembre, y el Documento martirial.

“Documento Martirial”

Dedicado a las santas Flora y María, también en prisión como él. Estas dos jóvenes estaban muy desanimadas. Lo supo San Eulogio y compuso para ellas este librito asegurándoles que el Espíritu Santo les concedería un valor que ellas nunca habían imaginado tener y que no les permitiría perder su honor. Las dos jóvenes proclamaron valientemente su fe en Jesucristo y le escribieron al santo que en el cielo rogarían por él y por los católicos de Córdoba para que no desmayaran de su fe. Fueron martirizadas y pasaron gloriosamente de esta vida a la eternidad feliz.

“Memorial de los Mártires”

El 29 de noviembre de 851 Eulogio fue liberado de la cárcel. Fuera se encontró con la destrucción de templos cristianos y de la escuela donde enseñaba. El trono omeya de Muhammad I endurece las medidas contra los cristianos. Eulogio pasa diez años huyendo por la ciudad y los campos. Va recogiendo los datos de los cristianos que son martirizados y los publica en su Memorial de los mártires.

— Elegido arzobispo por los hombres y mártir por Dios

En el año 858 murió el Arzobispo de Toledo y los sacerdotes y los fieles eligieron a Eulogio para ser el nuevo Arzobispo. Pero el gobierno musulmán se opuso. Algo más glorioso le esperaba: el martirio.

A principios del 859, Eulogio es detenido por haber ayudado a ocultarse a una joven llamada Leocricia, hija de padres musulmanes, que había sido convertida por la monja Liliosa. Lucrecia y Eulogio fueron llevados ante el juez.

El prestigio personal de Eulogio y su dignidad de obispo electo de Toledo hicieron que el juicio se desarrollara ante el emir, el cual tuvo que oír de sus labios una defensa ardiente del cristianismo. Se intentó conseguir del santo un simulacro de retractación para dejarlo libre: "Pronuncia una sola palabra y después sigue la religión que te plazca", le dijo uno de los que rodeaban al emir, pero él siguió disertando acerca de las promesas del Evangelio. En vista de esto fue condenado a decapitación. "Este -dice Álvaro- fue el combate hermosísimo del doctor Eulogio, éste su glorioso fin, éste su tránsito admirable. Eran las tres de la tarde de un sábado, 11 de marzo de 859". Su cuerpo fue sepultado en la basílica de San Zoilo.

En diciembre del 883, Alfonso III el Magno obtuvo del emir Muhammad I las reliquias de Eulogio y las de Santa Leocricia. El encargado de la petición y del traslado fue el presbítero toledano Dulcidio. Colocadas en la Cripta de Santa Leocadia en la catedral de Oviedo en enero del 884, fueron trasladadas a la Cámara Santa en 1303, y allí se veneran.



martes, 26 de diciembre de 2023

26 de diciembre: San Esteban. mártir

26 DE DICIEMBRE: Martirio de San Estaban (lecturas)

Hechos de los apóstoles 6,8-10;7,54-60
Salmo 30,3cd-4.6 y Sab 16bc-17: 
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu
Mateo 10,17-22


Hechos de los apóstoles 6,8-10;7,54-60

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.» Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, expiró.

Salmo 30,3cd-4.6 y Sab 16bc-17
R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirigeme y guíame.
R/. A tus manos, Señor, 
encomiendo mi espíritu

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción.
R/. A tus manos, Señor, 
encomiendo mi espíritu

Líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
R/. A tus manos, Señor, 
encomiendo mi espíritu


Mateo 10,17-22

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

miércoles, 17 de mayo de 2023

18 de mayo: SAN JUAN I, Papa y mártir



Nació en Toscana, y en el año 523 fue elegido Sumo Pontífice. En Italia gobernaba el rey Teodorico que apoyaba la herejía de los arrianos. Asimismo, el emperador Justino de Constantinopla decretó cerrar todos los templos de los arrianos de esa ciudad y prohibió que los que pertenecían a la herejía arriana ocuparan empleos públicos. El rey Teodorico obligó entonces al Papa a que fuera a Constantinopla a convencer al emperador de derogar las últimas leyes, pero el papa Juan I se negó rotundamente.

El Sumo Pontífice realizó una visita pastoral a Constantinopla donde fue recibido por más de 15,000 fieles con velas encendidas en las manos, y estandartes. El Papa presidió las fiestas de Navidad, y luego exhortó a los feligreses a mantenerse firmes en la fe, evitando caer en las herejías.

Paralelamente, el emperador Justino se mantuvo firme en su decisión, lo cual enfureció al rey italiano quien mandó a llamar al papa Juan y lo encerró en un calabozo. Los constantes maltratos y suplicios sufridos por el santo Papa en la cárcel, junto con otros mártires más, provocó su muerte a los pocos meses de haber sido tomado prisionero.

viernes, 20 de enero de 2023

20 de enero: SANTOS FRUCTUOSO obispo y mártir, EULOGIO Y AUGURIO diáconos y mártires

Mural románico en la Iglesia de San Fructuoso, Huesca


San Fructuoso de Tarragona fue un clérigo cristiano hispanorromano que llegó a ser obispo de Tarragona. Es el primero de los “testigos” que nos ofrece la historia de la Iglesia española. Las Actas de su martirio están reconocidas por los estudiosos como de las pocas que pueden ser consideradas fieles, hasta el punto de considerar a Fructuoso como "el protomártir hispano justificado ante la historia" por su autenticidad.

Fue martirizado junto con los diáconos Eulogio y Augurio. Murió quemado vivo en el anfiteatro de Tarraco el 20 de enero del 258, durante la persecución decretada por los emperadores romanos Valeriano y Galieno contra los cristianos.

San Agustín sentía gran admiración por estos tres mártires hispanos y escribió uno de sus sermones para la misa de su festividad.

Martirio

En 257 se promulgaba un edicto por el cual los jefes de las iglesias eran obligados a ofrecer sacrificios a las divinidades del Imperio. En los primeros días del año siguiente, la policía imperial arrestaba a Fructuoso en Tarragona y le encerraba en la cárcel con dos de sus diáconos, Eulogio y Augurio.

En la prisión, el obispo seguía predicando y catequizando. Incluso bautizó a un convertido. Siete días más tarde, Fructuoso, Eulogio y Augurio comparecieron ante el tribunal. Como el obispo y los dos diáconos se negaron a adorar a los dioses romanos, el juez Emiliano ordenó que los tres fuesen quemados vivos. Los esbirros los llevaron al anfiteatro de Tarraco, lugar designado para el suplicio.

En el trayecto, varios «hermanos» se acercaron a los reos ofreciendo una copa de vino. Fructuoso la rehusó diciendo: «Aún no es hora de romper el ayuno». Era miércoles, día de ayuno para los primeros cristianos, ayuno que duraba hasta las tres de la tarde. En realidad, con esta excusa iba unida la más noble modestia: el brebaje ofrecido no era un vino puro, sino una bebida que mezclaba infusiones de plantas aromáticas y que daban al cuerpo un vigor momentáneo y le hacían menos sensible a los dolores.

Tertuliano, el Africano, se reía de los mártires a quienes había que ayudar con tales artificios. Pero Fructuoso tenía un sentido demasiado alto del honor cristiano para permitir que le confundiesen con aquellos «mártires ambiguos» de que hablaba el africano. Imitando al Salvador, apartó los labios de la copa que debía adormecer su agonía y prefirió beber hasta las heces el cáliz del martirio.

La hoguera ardía y alguien se acercó para desatarle las sandalias. También ahora rehusó el mártir, prefiriendo descalzarse él mismo. Ya avanzaba, cuando un cristiano llamado Félix se le acercó, le cogió de la mano y le rogó que se acordara de él. Entonces Fructuoso, extendiendo a lo lejos la mirada, dijo: «Es preciso que tenga en mi pensamiento a la Iglesia Católica, derramada de Oriente hasta Occidente».

Estas fueron sus últimas palabras. Inmediatamente, sin la menor señal de turbación, penetró en la hoguera. Sus diáconos le siguieron. Rotas por el fuego las cuerdas que sujetaban sus manos, los tres mártires cayeron de rodillas con los brazos extendidos. Al verlos así, en medio de las llamas, dice Prudencio, todos recordaban a los tres jóvenes hebreos en el horno de Babilonia, «Dos de nuestros hermanos, pertenecientes a la casa del prefecto—dicen las actas—, vieron a los tres elegidos subir al cielo», y la hija del gobernador fue también testigo de la maravilla.

Los fieles, cuando el fuego consumió los cuerpos, se precipitaron en el anfiteatro, rociaron los huesos con vino, en recuerdo de las libaciones que hacían los antiguos en la ceremonia de la cremación, y, habiendo cogido cada cual lo que pudo de las reliquias, se las llevaron a sus casas. Comprendiendo luego que aquello era un celo mal entendido, depositaron las cenizas en un mismo sarcófago «para que recibiesen juntos la corona los que juntos habían alcanzado la victoria».

Tal fue la muerte con que el gran obispo dio testimonio de su fe. Aquella serenidad impresionó a todos sus conciudadanos y uno de ellos, testigo de vista, nos ha conservado la emoción en un relato. Es uno de los documentos más venerables de la antigua Iglesia de España.

Fueron las posteriores apariciones de estos tres mártires las que facilitaron que en las ruinas del antiguo anfiteatro se construyera una iglesia paleocristiana dedicada a San Fructuoso. La Iglesia celebra la memoria de estos tres mártires el 20 de enero.

Fuente:
primeroscristianos.com
santopedia.com

martes, 1 de noviembre de 2022

Fiesta vinculada a los primeros mártires



La Solemnidad de Todos los Santos es una de las fiestas más antiguas de la Iglesia y está vinculada al testimonio de los primeros mártires. Aunque la instauración de la forma y fecha actual provenga del siglo VIII, los cristianos del mundo, en especial los de los diversos territorios del Imperio Romano, celebraban, un día a la año, una liturgia especial en la que se pedía por la intercesión de todos los santos anónimos, cuyos nombres no conocían, pero que tenían constancia de que habían sufrido el martirio.

Desde sus inicios, la celebración tuvo una vinculación especial a los mártires, en gran parte debido a la cercanía en la memoria de las muchas persecuciones emprendidas por los emperadores romanos en contra de los cristianos, destacando la persecución de Diocleciano entre las que más impacto ocasionó en la memoria de los fieles de la época.

No hubo de pasar mucho tiempo para que los seguidores de Jesús de Nazaret comenzaran a recordar a los mártires que habían muerto en algún pueblo o acompañados de algún miembro destacado de la Iglesia naciente. En esas ocasiones, se solía recordar a los «santos mártires» de tal o cual lugar, o se mencionaba el nombre del más conocido, seguido por alguna referencia a sus acompañantes, que hoy en día se sigue escuchando en la forma de «y compañeros mártires».

Referencias alusivas a las costumbres litúrgicas de los primeros cristianos, testifican que ya en el siglo IV existía la costumbre de recordar a los mártires en alguna fecha específica del año. Estas fechas se fueron eligiendo de distintas maneras, algunas aludiendo al día del martirio del santo, otras a su nacimiento, y otras referidas a algún hito importante en su vida o de la comunidad a la que pertenecía. Debido a las constantes persecuciones, en especial la emprendida por el emperador Diocleciano en el siglo IV, el común de los mártires comenzó a tener una relevancia singular.

En el siglo VII, el Papa Bonifacio IV consagró el Panteón de Roma a «la Santísima Virgen y todos los Mártires», en referencia a la fiesta ya establecida de Sanctae Mariae ad Martyres, celebrada por ese entonces el día 13 de mayo, el mismo de la consagración del Panteón.

Del 13 de mayo al 1 de noviembre

Cuando el Papa Gregorio III decidió dedicar la Basílica de San Pedro a las reliquias «de los santos apóstoles y de todos los santos, mártires y confesores, y de todos los justos hechos perfectos que reposan en paz en todo el mundo«, la celebración de Todos los Santos fue cambiada al día primero de noviembre, aniversario de la dedicación de la sede petrina. Desde entonces, la fiesta se viene celebrando en esta fecha, aunque la lista de los santos recordados haya sido enormemente aumentada desde entonces.

¿Qué celebramos?

El día de Todos los Santos, los católicos aprovechamos para rememorar a todos aquellos hombres y mujeres ejemplares cuyos nombres no suelen aparecer en el santoral. 

Este día, es la ocasión propicia para traer a la memoria que hay más creyentes que han alcanzado la santidad que aquellos que los días del año nos permiten evocar. La esperanza de saber que hay tantos y tantos hombres de carne y hueso, igual que nosotros, que han conseguido, a través de luchas y momentos difíciles, seguir las enseñanzas y los pasos de Nuestro Señor hasta la perfección, debe de ser un señuelo para todos para buscar la santidad. La memoria de Todos los Santos, nos debe animar y convencer de que, con la Gracia de Dios, la santidad sí es posible.

domingo, 16 de octubre de 2022

17 de Octubre: San Ignacio de Antioquía, por Celestino Hueso SF



Ser católico hoy resulta complicado porque es nadar contra corriente. El mundo de hoy tiene otros dioses que arrastran por los caminos del desenfreno, la violencia y la barbarie. El Dios de la paz, la misericordia, el perdón, el diálogo y la verdadera libertad que tumba muros y rompe todas las fronteras, el Dios cristiano no interesa.

El dios de hoy es la tableta y el celular. La gente vive pendiente de ellos. Ser católico es ir contra corriente.

En los primeros siglos fue mas dificil aún. A San Ignacio lo hicieron obispo de Antioquía a finales del siglo I; enseguida llegó la persecución de Trajano y a Ignacio se lo llevaron para el circo romano como uno de los invitados especiales. Iba a participar en la función como alimento de los leones. Y todo por ser cristiano.

Ignacio era un valiente. En el viaje desde Antioquía escribió siete bellas cartas, aceptando el martirio. Entre otras cosas nos dijo: “Soy trigo de Cristo y necesito ser molido por los dientes de las fieras”. ¡Eso es valentía y lo demás son cuentos chinos! Lo tenemos en el Reino de Dios.

También se celebra hoy a San Oseas, un profeta como la copa de un pino que, para echar en cara al pueblo su falta de fe y su infidelidad para con Dios, se casó con una prostituta que lo abandonó, como era de esperar. Y para mostrar el amor y la fidelidad de Dios, volvió a recibirla dándole todo su amor, cuando ella volvió a él pobre y arrepentida.

Exactamente lo mismo que hace Cristo con su pueblo.



Temas principales en los escritos de San Ignacio de Antioquia



La vuelta del emperador Trajano a Roma, tras la conquista de la Dacia —la actual Rumanía—, fue celebrada con ciento veintitrés días de espectáculos. Diez mil gladiadores perecieron en los juegos circenses. También fueron devorados por las fieras muchos condenados, por el mero hecho de ser cristianos. Entre ellos el obispo de Antioquía, Ignacio. Detenido y juzgado, el prisionero abandonó la gran metrópoli de Siria hacia Roma, encadenado y escoltado por un pelotón de diez soldados de la cohorte Lepidania. Corría probablemente el año 106, o principios del 107.

Ignacio era el segundo o tercer sucesor del apóstol San Pedro en la sede de Antioquía, pues los testimonios no son unánimes. Según un documento del s. IV/V fue discípulo del apóstol Juan. Ante todo era un pastor de almas, enamorado de Cristo y preocupado de custodiar el rebaño que le había sido confiado.

Su mejor retrato nos lo proporciona él mismo en las siete cartas que escribió a varias comunidades cristianas mientras era llevado a Roma. Cuatro fueron escritas desde Esmirna a las Iglesias de Éfeso, Magnesia, Tralles y Roma; las otras tres las escribió desde Tróade: a la Iglesia de Filadelfia, a la de Esmirna y al obispo de ésta, Policarpo, en la que le da unos consejos sobre la manera de desempeñar sus deberes de obispo.

Por su contenido, estas cartas tienen un gran interés doctrinal, por el que San Ignacio es uno de los Padres de la Iglesia. Es en ellas donde encontramos por vez primera la expresión “Iglesia católica” para referirse al conjunto de los cristianos.

Sobre la divinidad y humanidad del Hijo de Dios

Bastantes de los temas que tratan vienen determinados por la polémica contra las herejías más difundidas, especialmente el docetismo, que negaba la realidad de la encarnación del Verbo. San Ignacio afirma con energía la verdadera divinidad y la verdadera humanidad del Hijo de Dios.

Iglesia, Cuerpo de Cristo

Otro punto importante es la doctrina sobre la Iglesia. San Ignacio considera que el ser de la Iglesia está profundamente anclado en la Trinidad y, a la vez, expone la doctrina de la Iglesia como Cuerpo de Cristo. Su unidad se hace visible en la estructura jerárquica, sin la cual no hay Iglesia y sin la que tampoco es posible celebrar la Eucaristía.

La jerarquía aparece constituida por obispos, presbíteros y diáconos. Se trata de un testimonio precioso, por su claridad y su antigüedad.

Toda la comunidad debe obedecer al obispo, que representa a Dios, el obispo invisible. Al obispo deben someterse el presbiterio y los diáconos hasta el punto de que, si alguien obra algo a margen de la jerarquía, dice, “no es puro en su conciencia”.

Sobre este mismo punto, refiriéndose a su martirio, llega a afirmar en una de las cartas: “Yo me ofrezco como rescate por quienes se someten al obispo, a los presbíteros y a los diáconos. ¡Y ojalá que con ellos se me concediera entrar a la parte de Dios!”.

Ignacio muestra ser un hombre de gran corazón. Agradece emocionado la finura de la fraternidad de los primeros cristianos, que —apenas conocer su cautiverio— se prodigan con él, le proporcionan lo necesario para el viaje, se ofrecen a acompañarle y a compartir su suerte. Corren a confortarle desde las ciudades vecinas, pero son ellos quienes tornan removidos y contagiados del amor a Dios.

Gracias a su intensa vida interior, San Ignacio intenta hacer el mayor bien posible en los lugares por donde pasa, abriendo a los demás el tesoro de los dones que el Espíritu Santo le ha concedido. Con una gran humildad afirma: “no os doy órdenes como si fuese alguien”, pero su caridad sabe usar tonos enérgicos cuando es necesario: no esquiva corregir aunque duela, ni denunciar la herejía o la desviación disciplinar.

Fuente: primeroscristianos.com

miércoles, 7 de septiembre de 2022

San Hipólito: presbítero de la iglesia de Roma, rigorista y antipapa




San Hipólito es uno de los personajes importantes y controvertidos de la antigüedad cristiana: fue presbítero, antipapa y mártir. 

Se desconoce el lugar y fecha de su nacimiento, solo que fue discípulo de san Ireneo de Lyon.Su gran conocimiento de la filosofía y los misterios griegos, su misma psicología, indican que procedía del Oriente, posiblemente de Alejandría. Hacia el año 212 era presbítero en Roma, donde Origenes —durante su viaje a la capital del Imperio— le oyó pronunciar un sermón.

Presbítero de la Iglesia de Roma

Debió llegar a Roma durante el pontificado de san Ceferino (199-217) y formó parte del presbítero de esta Iglesia. Focio afirma que Hipólito fue discípulo de san Ireneo, continuando la defensa de la Tradición Apóstolica con la misma pasión que su maestro, que había puesto en evidencia los errores y falsedad de las herejías.

Durante el pontificado del papa Ceferino entró en conflicto con él y con la mayoría de la Iglesia de Roma, principalmente debido a las opiniones cristológicas que habían creado controversias en Roma. Hipólito había combatido la herejía de Teodoción y el Alogi.

También se opuso a las falsas doctrinas de Noeto, Epígono, Cleómenes y Sabelio, quien explicaba la unidad de Dios de una manera desigual (monarquianos) y veía en los conceptos del Padre e Hijo meras manifestaciones de la Naturaleza Divina (Modalismo, Sabelianismo). Hipólito se mantuvo inflexible en la diferencia real entre el Hijo (Logos) y el Padre, representando al Hijo como una Persona Divina casi completamente separada de Dios (diteísmo) y, al mismo tiempo, completamente subordinado al Padre (subordinacionismo).

Rigorista, cismático y antipapa

Como la herejía de los modalistas al principio no era claramente manifiesta, el papa Ceferino se negó a excomunicarles. Hipólito censuró al Papa, considerándole incompetente e indigno de regir la Iglesia de Roma, acusándole de ser un títere del ambicioso diácono Calixto, cuya vida temprana describe maliciosamente en Philosophumena (IX, XI-XII). 

Cuando después de la muerte de Ceferino, Calixto fue elegido Papa (217-218), Hipólito abandonó la comunión de la Iglesia Romana y se hizo elegir antipapa por su pequeño grupo de seguidores, al que llamó Iglesia Católica, presentándose él mismo como "Sucesor de los Apóstoles", en oposición a la mayoría de los cristianos de Roma a los que llamaba la "Escuela de Calixto”. 

En ocasión de la controversia sobre la readmisión en la Iglesia de los que habían apostatado durante alguna persecución, Hipólito se opuso abiertamente al papa Calixto I, pues se mostraba rigorista en este asunto, aunque no negaba que la Iglesia tiene la potestad de perdonar los pecados. De acuerdo a la inscripción sobre la tumba de Hipólito compuesta más tarde por el papa san Dámaso I, Hipólito se adherió cisma novaciano siendo presbítero, pero antes de su muerte exhortó a sus seguidores a reconciliarse con la Iglesia Católica, como él mismo hizo.

El papa Calixto I  mantenía una postura equilibrada entre el modalismo sabeliano, que condenó, y el subordinacianismo de Hipólito. Pero Hipólito acusaba a Calixto de haber caído, primero en la herejía de Teodoto, luego en la de Sabelio; y de que, debido a su avaricia, había degradado la disciplina eclesiástica, sobre todo la penitencial, a una laxitud que no seguía la Tradición de los Apóstoles. 

Parece que Hipólito llegó a ser elegido obispo de Roma por un reducido círculo de simpatizantes, convirtiéndose en el primer antipapa. Hipólito se mantuvo en su actitud cismática durante los pontificados de Urbano I (222-230) y Ponciano (230-235).


sábado, 30 de julio de 2022

30 de julio: Martirio de los beatos Jaime Puig y Sebastián Llorens (1936)

P. Jaime Puig


Sebastián Llorens

Hoy, 30 de julio, los Hijos de la Sagrada Familia recuerdan el aniversario del martirio de los beatos Jaume Puig Mirosa (1908-1936) y Sebastián Llorens Telarroja (1909-1936) en Blanes (Girona). 

Lo recordamos con esta declaración de uno de los testigos que refiere una conversación mantenida con el Sr. Arturo Sánchez, chófer del coche de línea que venía de la Estación hacia Blanes y fue el primer testigo del hecho: "Los dos Siervos de Dios subían por la acera de la fábrica de tejidos, es decir, por la parte derecha, y al finalizar la pared de la misma y la acera, en la esquina estaban apostados los milicianos que dispararon primero contra el P. Puig. Sebastián se apresuró a abrazarle para sostenerle, pero entonces dispararon también contra él, cayendo encima del P. Puig. Cuando, viniendo de la estación, él vio los bultos en la carretera, paró el coche, reconoció el cadáver de Sebastián y debajo el del P. Puig. Con cuidado arrastró el cadáver de Sebastián y todavía oyó algún gemido. Después arrastró el cadáver del P. Puig. Los retiró del alquitranado para que otros coches no los pisaran. Los movió como un metro fuera de la carretera" (Summ. 1511).

Ellos inauguraban la lista de los mártires de la Congregación de los Hijos de la Sagrada Familia y de Blanes. Siguen vivos en el cielo e interceden eficazmente a favor de los que los invocan con fe y confianza.

Autor: José María Blanquet SF