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lunes, 8 de mayo de 2023

Hechos 14,21-28: De vuelta en Antioquía: fin de la misión de Pablo y Bernabé

14,21-28: De vuelta en Antioquía: fin de la misión de Pablo y Benabé


19 Pero unos judíos, venidos de Antioquía e Iconio, 
     convencieron a la gente para que apedrease a Pablo.
     Luego dándolo por muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad.
20 Los discípulos lo rodearon, él se levantó y entró en la ciudad.

21 Al día siguiente salió con Bernabé hacia Derbe. Después de anunciar la Buena Noticia 
     en aquella ciudad y de ganar bastantes discípulos, se volvieron a Listra, Iconio y Antioquía, 
22 donde animaron a los discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que tenían 
     que atravesar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios. 
23 En cada comunidad nombraban ancianos y con oraciones y ayunos los encomendaban al Señor 
     en quien habían creído. 
24 Después atravesaron Pisidia, llegaron a Panfilia, 
25 predicaron el mensaje en Perge, bajaron a Atalía 
26 y desde allí navegaron a Antioquía, desde donde habían partido encomendados a la gracia de Dios 
     para realizar la obra que ahora habían acabado. 
27 Al llegar, reunieron a la comunidad y les contaron lo que Dios había hecho por su medio 
     y cómo había abierto a los paganos la puerta de la fe. 
28 Y se quedaron una larga temporada con los discípulos.

lunes, 17 de abril de 2023

Hechos 4,32-37: Comunión fraterna de bienes

Hechos 4,32-37

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno. José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa Consolado, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.

SOBRE EL MISMO TEMA:

Hechos 2,42-47: La primera comunidad cristiana


42 Se reunían frecuentemente para escuchar la enseñanza de los apóstoles, 
     y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. 
43 Ante los prodigios y señales que hacían los apóstoles, 
     un sentido de reverencia se apoderó de todos.
44 Los creyentes estaban todos unidos y poseían todo en común. 
45 Vendían bienes y posesiones y las repartían según la necesidad de cada uno. 
46 A diario acudían fielmente e íntimamente unidos al templo; en sus casas partían el pan,
     compartían la comida con alegría y sencillez sincera. 
47 Alababan a Dios y todo el mundo los estimaba.
     El Señor iba incorporando a la comunidad a cuantos se iban salvando

martes, 12 de julio de 2022

Números 1,5-16: Los encargados del censo

Los encargados del censo

5 Los nombres de las personas que les ayudarán son los siguientes: 
   Por la tribu de Rubén, Elisur, hijo de Sedeur;
6 por la tribu de Simeón, Selumiel, hijo de Surisadai;
7 por la tribu de Judá, Najsón, hijo de Aminadab;
8 por la tribu de Isacar, Natanael, hijo de Suar;
9 por la tribu de Zabulón, Eliab, hijo de Jelón;
10 por las tribus de los hijos de José: Elisamá, hijo de Amihud, de la tribu de Efraím, 
     y Gamaliel, hijo de Padasur, de la tribu de Manasés;
11 por la tribu de Benjamín, Abidán, hijo de Gedeón;
12 por la tribu de Dan, Ajiézer, hijo de Amisaddai;
13 por la tribu de Aser, Paguiel, hijo de Ocrán;
14 por la tribu de Gad, Eliasaf, hijo de Deuel;
15 por la tribu de Neftalí, Ajirá, hijo de Enán.
16 Estos eran los representantes de la comunidad, los jefes de las tribus de sus antepasados, 
     los jefes de los clanes de Israel.

jueves, 16 de agosto de 2018

Hechos 2,42-47: La primera comunidad cristiana

La primera comunidad cristiana
2:42 Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.
2:43 Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos.
2:44 Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común:
2:45 vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno.
2:46 Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón;
2:47 ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse.

jueves, 30 de noviembre de 2017

¿Iglesia jerárquica o sinodal?

Me gustaría, por un momento, apelar a la conveniencia de una Iglesia sinodal a todos los niveles, una Iglesia en la que haya estructuras que permitan la participación de todos los creyentes en las decisiones que les conciernen.

Precisamente, la palabra “sínodo” expresa la idea de caminar juntos, buscar en común, compartir experiencias, escucharnos con simpatía unos a otros, saber ver en la opinión ajena una misma búsqueda de caminos evangélicos, aunque quizás expresados desde otras necesidades y otras experiencias.

Una Iglesia sinodal sería así expresión concreta de fraternidad. La sinodalidad en la Iglesia no hay que confundirla con la democracia política, aunque en algunas ocasiones también la sinodalidad se exprese democráticamente.

No hay que confundir sinodalidad y democracia porque la sinodalidad no es exactamente la búsqueda de mayorías que deciden e imponen su opinión sobre el resto, sino la búsqueda de consensos, la capacidad de escucharnos unos a otros, para que, en el momento de decidir podamos hacerlo no buscando solo el propio interés, sino también el interés de los demás.

En las comunidades de Jesús todos deben sentirse contentos y a gusto, porque son comunidades fraternas. Los hermanos no votan para ver quién tiene mayoría; tampoco votan para que uno mande sobre los demás. Los hermanos se escuchan, se respetan, se valoran. Y toman decisiones buscando el bien de todos, tratando de integrar todos los puntos de vista en la decisión común, sin que nadie se sienta marginado con la decisión tomada.

Por otra parte, cuando hay que tomar una decisión sobre algún asunto o sobre personas, sobre responsables de la comunidad, la sinodalidad se expresa democráticamente. Espontáneamente muchos piensan que la Iglesia es esencialmente jerárquica, en la que se establece un orden de superioridad o de subordinación entre personas. Incluso algunos conciben esa jerarquía de modo militar, con una escala de mando: hay un jefe supremo (el Papa), que nombra a los jefes subalternos de segundo nivel (los Obispos), y estos jefes de segundo nivel nombran a los últimos jefes menores departamentales (los párrocos).

Concebir así la Iglesia es un error fatal. Porque en ella se parte de la común dignidad e igualdad de todos sus miembros, hechos hijos de Dios, hermanos de Cristo y templos del Espíritu por el bautismo. Si en la Iglesia hay funciones y ministerios, estos se conciben, no a la manera mundana (como bien advirtió Jesús: los jefes de las naciones funcionan con unos criterios; los vuestros son muy distintos), sino desde el servicio mutuo: el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro servidor. En la Iglesia hay muchos ministerios, sin duda. No olvidemos que ministro quiere decir “menor”, o sea, servidor.

Autor: P. Martín Gelabert Ballester, OP

sábado, 4 de febrero de 2017

Mateo 5,13-16: La misión de la comunidad

Mateo 5,13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo."

— Comentario por la Orden Carmelita
“La misión de la comunidad”

Las bienaventuranzas aparecen al principio del Sermón de la Montaña y describen las ocho puertas de entrada en el Reino de Dios para una vida en comunidad (Mt 5,1-12). Ahora meditamos la parte siguiente, que presenta dos parábolas muy conocidas, la de la luz y la de la sal, con las que Jesús describe la misión de la comunidad.

La comunidad debe ser sal de la tierra y luz del mundo. La sal no existe para sí, sino para dar sabor al alimento. La luz no existe para sí, sino para iluminar el camino. Nosotros, nuestra comunidad, no existimos para nosotros mismos, sino para los otros, para Dios.

Casi todas las veces que Jesús quiere comunicar un mensaje importante recurre a una parábola o comparación, sacado de la vida de cada día. En general, no explica las parábolas, porque tratan de cosas que todos conocen por experiencia. Una parábola es una provocación. Jesús provoca a los oyentes para que usen su propia experiencia personal para entender el mensaje que Él quiere comunicar.

Jesús quiere que analicemos la experiencia que se tiene de la sal y de la luz para entender la misión de nosotros los cristianos. ¿Habrá alguno en este mundo que no sepa qué cosa es la sal o la luz? Jesús parte de cosas muy comunes y universales para comunicar su mensaje.

• División del texto para ayudar en la lectura:

Mateo 5,13: La parábola de la sal
Mateo 5,14-15: La parábola de la luz
Mateo 5,16: Aplicación de la parábola de la luz

• Contexto literario: 

Los cuatro versículos del evangelio de este domingo (Mt 5,13-16) se encuentran entre las ocho bienaventuranzas (Mt 5,1-12) y la explicación de cómo hace falta entender la Ley transmitida por Moisés (Mt 5,17-19).

Después viene la nueva lectura que Jesús hace de los mandamientos de la Ley de Dios (Mt 5,20-48). Jesús pide considerar la finalidad de la ley que según Él se contiene en estas palabras: “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mt 5,48) ¡Jesús nos pide imitar a Dios!

A la raíz de esta nueva enseñanza de Jesús, se encuentra la nueva experiencia que Él tiene del Padre. Observando así la ley, seremos Sal de la tierra y Luz del mundo.

• Contexto histórico: 

Muchos judíos convertidos continuaban siendo fieles a la observancia de la ley como hacían desde la infancia. Pero ahora, habiendo aceptado a Jesús como Mesías y siendo fieles al mismo tiempo a las enseñanzas recibidas de sus padres y de los rabinos, ellos estaban colocándose fuera de su pasado hebreo, eran expulsados de las sinagogas por los antiguos maestros y hasta por sus padres (Mt 10,21-22).

En la comunidad cristiana, escuchaban decir a los paganos convertidos, que la Ley de Moisés estaba superada y que no era necesario observarla. Se encontraban entre dos fuegos. De un lado, los antiguos maestros y compañeros que los excomulgaban. Por otro lado, los nuevos compañeros que les criticaban. Todo esto causaba en ellos tensiones e inseguridades. La apertura de unos criticaba la cerrazón de los otros y viceversa.

Este conflicto generó una crisis que llevó a encerrarse cada uno en sus posiciones. Algunos querían seguir adelante, otros querían colocar la luz bajo la mesa. Y muchos se preguntaban: “Pero en definitiva ¿Cuál es nuestra misión?”. Las parábolas de la sal y de la luz nos ayudan a reflexionar sobre la misión.

• Comentario del texto:
– La parábola de la sal

Usando imágenes de la vida cotidiana, con palabras sencillas y directas, Jesús hace saber cuál es la misión y la razón de ser de la comunidad: ¡ser sal!

En aquel tiempo, con el caldo que se hacía, la gente y los animales tenían necesidad de tomar mucha sal. La sal se expendía por los vendedores en grandes bloques y estos bloques se colocaban en la plaza para poder ser consumidos por la gente. La sal que quedaba caía a tierra, no servía ya para nada y era pisada por todos. Jesús evoca este uso para aclarar a los discípulos la misión que deben realizar. Sin sal no se podía vivir, pero lo que restaba de la sal no servía para nada.

– La parábola de la luz

La comparación es obvia. Nadie enciende un candelabro para colocarlo bajo un celemín. Una ciudad puesta en lo alto de un monte no consigue permanecer oculta. La comunidad debe ser luz, debe iluminar. No debe tener miedo de mostrar el bien que hace. No lo hace para ser vista, pero lo que hace, puede y debe ser visto. La sal no existe para sí. La luz no existe para sí. Así debe ser una comunidad: no puede encerrase en sí misma.

• Ampliar la visión de las Bienaventuranzas:
I. Las Bienaventuranzas en el contexto de las comunidades de la época

Entre los judíos convertidos existían dos tendencias. Algunos pensaban que no era necesario observar las leyes del Antiguo Testamento, porque la fe en Jesús y no la observancia de la ley, es la que nos justifica (Rom 3,21-26). Otros pensaban que ellos, siendo judíos, debían seguir observando las leyes del Antiguo Testamento (Act 15,1-2).

En cada una de estas dos tendencias existían grupos radicales. Ante este conflicto, Mateo intenta un equilibrio para unir los dos extremos. La comunidad debe ser un espacio donde este equilibrio se pueda conseguir y pueda ser vivido. La comunidad debe mostrar a todos el verdadero significado y objetivo de la Ley de Dios.

La comunidad no quiere abolir la ley, sino que quiere llevarla a cumplimiento (Mt 5,17). Las comunidades no pueden andar contra las leyes, ni pueden encerrarse en sí mismas en la observancia de la ley. Como Jesús, deben dar un paso y mostrar en la práctica el objetivo que la ley quiere conseguir, o sea la práctica perfecta del amor. Viviendo así serán “Sal de la Tierra y Luz del Mundo”

II. Las varias tendencias en las comunidades de los primeros cristianos

* Los fariseos no reconocían en Jesús el Mesías y aceptaban sólo el Antiguo Testamento. En las comunidades existían personas que simpatizaban con la línea de los fariseos. (Act 15,5).

* Algunos judíos convertidos aceptaban a Jesús como Mesías, pero no aceptaban la libertad de Espíritu con el que las comunidades vivían la presencia de Jesús resucitado (Act 15,1).

* Otros, lo mismo judíos que paganos convertidos, pensaban que con Jesús había llegado el final del Antiguo Testamento y que, por tanto, no era necesario conservar, ni leer los libros del Antiguo Testamento. De ahora en adelante, ¡sólo Jesús y la vida en el Espíritu! Santiago critica esta tendencia (Ac 15,21).

* Otros cristianos que vivían tan plenamente la vida en la comunidad en la libertad de Espíritu, que no tenían ya en cuenta ni la vida de Jesús de Nazaret, ni el Antiguo Testamento. Querían sólo el ¡Cristo del Espíritu! Decían: “¡Jesús es anatema!” (1Cor 12,3).

* La gran preocupación del evangelio de Mateo es demostrar que estas tres unidades: (1) Antiguo Testamento (2) Jesús de Nazaret y (3) la vida en el Espíritu, no pueden estar separadas. Las tres forman parte del mismo y único proyecto de Dios y nos comunican la certeza central de la fe: El Dios de Abrahán y de Sara está presente en las comunidades gracias a la fe en Jesús de Nazaret.

martes, 6 de septiembre de 2016

1 Corintios 14,26-35: El orden en las asambleas

El orden en las asambleas
14:26 Hermanos, ¿qué conclusión sacaremos de todo esto? Cuando se reúnen, uno puede cantar salmos, otro enseñar, o transmitir una revelación, o pronunciar un discurso en un lenguaje incomprensible, o bien, interpretarlo. Que todo sirva para la edificación común.
14:27 ¿Se tiene el don de lenguas? Que hablen dos, o a lo sumo tres, y por turno, y que alguien interprete.
14:28 Si no hay intérprete, que se callen y que cada uno hable consigo mismo y con Dios.
14:29 Con respecto a los profetas, que hablen dos o tres y que los demás juzguen lo que ellos dicen.
14:30 Si algún otro asistente recibe una revelación, que se calle el que está hablando.
14:31 Así todos tendrán oportunidad de profetizar, uno por uno, para que todos sean instruidos y animados.
14:32 Los que tienen el don de profecía deben ser capaces de controlar su inspiración,
14:33 porque Dios quiere la paz y no el desorden.
Como en todas las Iglesias de los santos,
14:34 que las mujeres permanezcan calladas durante las asambleas: a ellas no les está permitido hablar. Que se sometan, como lo manda la Ley.
14:35 Si necesitan alguna aclaración, que le pregunten al marido en su casa, porque no está bien que la mujer hable en las asambleas.

1 Corintios 14,6-25: Los carismas al servicio de la comunidad

Los carismas al servicio de la comunidad
14:6 Supongamos, hermanos, que yo fuera a verlos y les hablara en esa forma, ¿de qué les serviría si mi palabra no les aportara ni revelación, ni ciencia, ni profecía, ni enseñanza?
14:7 Sucedería lo mismo que con los instrumentos de música, por ejemplo, la flauta o la cítara. Si las notas no suenan distintamente, nadie reconoce lo que se está ejecutando.
14:8 Y si la trompeta emite un sonido confuso, ¿quién se lanzará al combate?
14:9 Así les pasa a ustedes: si no hablan de manera inteligible, ¿cómo se comprenderá lo que dicen? Estarían hablando en vano.
14:10 No sé cuántos idiomas diversos hay en el mundo, y cada uno tiene sus propias palabras.
14:11 Pero si ignoro el sentido de las palabras, seré como un extranjero para el que me habla y él lo será para mí.
14:12 Así, ya que ustedes ambicionan tanto los dones espirituales, procuren abundar en aquellos que sirven para edificación de la comunidad.
14:13 Por esta razón, el que habla un lenguaje incomprensible debe orar pidiendo el don de interpretarlo.
14:14 Porque si oro en un lenguaje incomprensible, mi espíritu ora, pero mi inteligencia no saca ningún provecho.
14:15 ¿Qué debo hacer entonces? Orar con el espíritu y también con la inteligencia, cantar himnos con el espíritu y también con la inteligencia.
14:16 Si bendices a Dios solamente con el espíritu, ¿cómo podrá el no iniciado decir "Amén" a tu acción de gracias, ya que no entiende lo que estás diciendo?
14:17 Sin duda, tu acción de gracias es excelente, pero eso no sirve de edificación para el otro.
14:18 Yo doy gracias a Dios porque tengo el don de lenguas más que todos ustedes.
14:19 Sin embargo, cuando estoy en la asamblea prefiero decir cinco palabras inteligibles, para instruir a los demás, que diez mil en un lenguaje incomprensible.
14:20 Hermanos, no sean como niños para juzgar; séanlo para la malicia, pero juzguen como personas maduras.
14:21 En la Ley está escrito: Yo hablaré a este pueblo en lenguas extrañas y por boca de extranjeros; con todo, ni aun así me escucharán, dice el Señor.
14:22 Esto quiere decir que el don de lenguas es un signo, no para los que creen, sino para los que se niegan a creer; la profecía, en cambio, es para los que tienen fe.
14:23 Por otra parte, si al reunirse la asamblea, todos se ponen a hablar en un lenguaje incomprensible y entran algunos que no están iniciados o no son creyentes, seguramente pensarán que ustedes están locos.
14:24 En cambio, si todos profetizan y entra alguno de esos hombres, todos podrán convencerlo y examinarlo.
14:25 Así quedarán manifiestos los secretos de su corazón, y él, cayendo de rodillas, adorará a Dios y proclamará que Dios está realmente entre ustedes.

lunes, 25 de enero de 2016

Marcos 16,15-18: Las señales que acompañan el anuncio de la Buena Nueva, por la Orden Carmelitana

Marcos 16,15-18

Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estos son los signos que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»

— Comentario por Orden Carmelitana
"Las señales que acompañan el anuncio de la Buena Nueva"

Al final Jesús aparece a los once discípulos y los reprende por no haber creído en las personas que decían haberle visto resucitado. De nuevo, Marcos se refiere a la resistencia de los discípulos en creer en el testimonio de quienes experimentaron la resurrección de Jesús. ¿Por qué será? Probablemente, para enseñar dos cosas. Primero, que la fe en Jesús pasa por la fe en las personas que dan testimonio de él. Segundo, que nadie debe desanimarse, cuando la falta de fe nace en el corazón. ¡Hasta los once discípulos tuvieron dudas!

Enseguida, Jesús les da la misión de anunciar la Buena Nueva a toda criatura. La exigencia que plantea es ésta: creer y ser bautizado. A los que tienen el valor de creer en la Buena Nueva y que son bautizados, Jesús promete las siguientes señales: echarán demonios, hablarán en nuevas lenguas, tomarán con sus manos serpientes y si beben algún veneno no les hará daño. Esto acontece hasta el día de hoy:

• Echar demonios: es combatir el poder del mal que daña la vida. La vida de mucha gente mejora por el hecho de haber entrado en la comunidad y por haber empezado a vivir la Buena Nueva de la presencia de Dios en su vida;

• Hablar en nuevas lenguas: es comenzar a comunicarse con los demás de una forma nueva. A veces encontramos a una persona que nunca vimos antes y que nos parece hemos conocido desde hace mucho tiempo. Es porque hablamos la misma lengua, la lengua del amor;

• El veneno no hace daño: hay mucha gente que envenena la convivencia. Mucho cotilleo que estropea la relación entre las personas. Quien vive en presencia de Dios sale adelante y consigue no ser molestado por este terrible veneno;

• Curar a los enfermos: en cualquier rincón del mundo, donde aparece una conciencia más clara y más viva de la presencia de Dios, aparece también un cuidado especial hacia las personas excluidas y marginadas, sobre todo hacia los enfermos. Aquello que más favorece la curación es que la personas se siente acogida y amada;

A través de la comunidad, Jesús continúa su misión. Jesús que vivió en Palestina y que allí acogió a los pobres de su tiempo, revelando el amor del Padre, es el mismo Jesús que continúa vivo en medio de nosotros, en nuestras comunidades. A través de nosotros, continúa su misión para revelar la Buena Nueva del Amor de Dios a los pobres. Hasta hoy, acontece la resurrección, que nos lleva a cantar: "¿Quién nos separará, quién nos separará del amor de Cristo, quién nos separará?" (cf. Rom 8,38-39). Ningún poder de este mundo es capaz de neutralizar la fuerza que viene de la fe en la resurrección (Rom 8,35-39).

Una comunidad que quiere ser testigo de la Resurrección tiene que ser signo de vida, tiene que luchar contra las fuerzas de la muerte, para que el mundo sea un lugar favorable a la vida, tiene que creer que otro mundo es posible. Sobre todo aquí en América Latina, donde la vida de la gente corre peligro a causa del sistema de muerte que nos fue impuesto, las comunidades deben ser una prueba viva de la esperanza que vence el mundo, ¡sin miedo a ser feliz!