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sábado, 3 de junio de 2023

LA SANTÍSIMA TRINIDAD, Año A (Lecturas)

Exodo 34,4b-6.8-9
Interleccional: Daniel 3, A ti gloria y alabanza por los siglos.
2 Corintios 13,11-13
Juan 3,16-18


En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él, proclamando: "Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad". Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: "Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya."


Interleccional:
Daniel 3, A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre santo y glorioso.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que, sentado sobre querubines,
sondeas los abismos.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.



Hermanos: Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso ritual. Os saludan todos los santos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.


Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

domingo, 14 de mayo de 2023

LUNES DE LA SEXTA SEMANA DE PASCUA (Lecturas)

Hechos 16,11-15
Salmo 149: El Señor ama a su pueblo
Juan 15,26-16,4a


En aquellos días, zarpamos de Troas rumbo a Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis y de allí para Filipos, colonia romana, capital del distrito de Macedonia. Allí nos detuvimos unos días. El sábado salimos de la ciudad y fuimos por la orilla del río a un sitio donde pensábamos que se reunían para orar; nos sentamos y trabamos conversación con las mujeres que habían acudido. Una de ellas, que se llamaba Lidia, natural de Tiatira, vendedora de púrpura, que adoraba al verdadero Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo. Se bautizó con toda su familia y nos invitó: "Si estáis convencidos de que creo en el Señor, venid a hospedaros en mi casa." Y nos obligó a aceptar.


El Señor ama a su pueblo

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
R. El Señor ama a su pueblo

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
R. El Señor ama a su pueblo

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas,
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles.
R. El Señor ama a su pueblo



En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho."


SOBRE LAS LECTURAS DE HOY:

sábado, 11 de junio de 2022

Santísima Trinidad, Peter Paul Rubens 1617

 


Santísima Trinidad, 1617
Peter Paul Rubens

La Trinidad, El Greco

 


La Trinidad (1577-1579) 
Óleo sobre lienzo. 300 x 179 cm. 
Autor: El Greco (1541-1614) 
Museo del Prado. Madrid


En 1577 el Greco se trasladó a Toledo para realizar el encargo que le había encomendado don Diego de Castilla, dean del cabildo catedralicio: un cuadro con destino a la sacristía de la catedral, y el diseño y las pinturas del retablo mayor y de dos retablos laterales para la iglesia del convento de Santo Domingo El Antiguo, que se estaba reconstruyendo por entonces. 

El proyecto de la restauración y decoración de esta iglesia se debía doña María de Silva, quien antes de morir en 1575, había dejado dispuesto en su testamento que sus bienes fueran empleados para tal finalidad y había nombrado como albacea al citado don Diego de Castilla. 

Se conserva una memoria del primer acuerdo entre el deán y el pintor, redactada en 1577, en la que se especificaba la configuración de los retablos y el número de las pinturas que deberían adornarlos. 

Culminando el retablo mayor -por encima de La Asunción, hoy en el Art Institute de Chicago-, se hallaba La Trinidad, una de las más soberbias pinturas realizadas por El Greco en su primera etapa en España. Para su composición, se inspiró en una estampa de Alberto Durero, fechada en 1511, que mostraba, sobre nubes, al Padre Eterno sosteniendo en su regazo el cuerpo muerto de Cristo, con la paloma del Espíritu Santo revoloteando sobre sus cabezas y rodeados de ángeles con los instrumentos de la Pasión. 

Pese a las similitudes entre ambas obras, El Greco introdujo algunas novedades que modificaron tanto su aspecto formal como su significado iconográfico. Eliminó los instrumentos de la Pasión, sustituyó la tiara pontificia del Padre por la mitra de los Sumos sacerdotes hebreos y cambió la posición de su cabeza, que aquí mira al Hijo. 

Se percibe también en esta pintura la huella de su educación italiana. Es visible influencia de Miguel Ángel en la figura de Cristo, que recuerda la estatua de la tumba de Lorenzo de Medicis, y La Piedad, hoy en la catedral de Santa María dei Fiori. Aunque El Greco criticó duramente en Roma a Miguel Angel como pintor, le admiró mucho como escultor, viéndose influido por sus estudios anatómicos. Son de origen veneciano los intensos colores entonados en rojos, amarillos, verdes ácidos, azules, malvas y grises que remiten a Tintoretto.

El cuadro fue vendido por las monjas del convento, hacia 1827, al escultor Valeriano Salvatierra y adquirido a éste por Fernando VII en 15.000 reales en 1832. 

El misterio de la Santísima Trinidad



“La fe católica quiere que adoremos la Trinidad en la unidad y la unidad en la Trinidad, sin confundir a las personas y sin separar la substancia divina” San Atanasio de Alejandría (296-373 d.C.)

LA SANTISIMA TRINIDAD: ORIGEN E HISTORIA

En el año 215 d.C. el escritor y líder religioso Tertuliano, fue el primero en usar el término Trinitas o Trinidad. Anteriormente, Teófilo de Antioquía ya había usado la palabra griega ‘trias’, que equivale a triada, en su obra “A Autolico” (180 d.C.) para referirse a Dios, su Verbo (Logos) y su Sabiduría (Sophia). Tertuliano dice en “Adversus Praxeam II” que los tres son uno, por el hecho de que los tres proceden de Uno por unidad de substancia.

La formulación un solo Dios en tres personas no quedó firmemente establecida, como tampoco fue asimilada por completo en la vida cristiana ni en su confesión de fe, con anterioridad al siglo IV d.C. Pero es precisamente esta formulación la que originalmente reclama el título de dogma trinitario. Entre los Padres Apostólicos no había existido nada que se acercara a tal perspectiva.

La definición del Concilio de Nicea fue la de afirmar que el Hijo es consustancial con el Padre. Esta formulación fue cuestionada, y la Iglesia pasó por una generación de debates y conflictos, hasta que la fe de Nicea fue reafirmada en el Concilio de Constantinopla en el 381 d.C.

En Nicea toda la atención fue centrada en la relación entre el Padre y el Hijo, y no se hizo ninguna afirmación similar acerca del Espíritu Santo. Pero en el 381 d.C. en Constantinopla se indicó que el Espíritu Santo es adorado y glorificado junto con el Padre y el Hijo, sugiriendo también que era consustancial a ellos. Esta doctrina fue posteriormente ratificada en el Concilio de Calcedonia en el 451 d.C., sin alterar la doctrina aprobada en Nicea en el 325 d.C.

La antigua Iglesia hispánica de los siglos IV al VII d.C. enseñó y desarrolló la fe trinitaria, sobre todo en los diferentes Concilios de Toledo que se celebraron en dicha época. De su liturgia procede el prefacio propio de esta solemnidad. Es consolador saber que Dios es uno solo, pero no solitario, amor puro que solo busca darse forma creadora y llevarnos a participar en su unidad vital eterna (VI Concilio de Toledo, 638 d.C.). Sin embargo, la devoción a la Santísima Trinidad se inició en el siglo X d.C. y, a partir de esa época, se fue también difundiendo su celebración litúrgica, entrando en el calendario romano en el año 1331 d.C.

Si bien desde el comienzo del cristianismo la oración litúrgica se ha dirigido al Padre, por mediación del Hijo y en el Espíritu Santo, lo importante de esta celebración es el hecho de honrar a Dios sin tener como motivo para ello un acontecimiento salvífico ni la memoria de un santo. Se trata de profesar la fe en la eterna Trinidad, y adorar su unidad todopoderosa.

EXPOSICION GENERAL

La escritura y la doctrina cristiana descansan en el monoteísmo, o sea, en un solo Dios. Los teólogos de los primeros siglos del cristianismo elaboraron explicaciones que generaron varias corrientes de pensamiento y, por ello, una intensa polémica, la cual se acentuó durante el reinado del emperador Constantino I, cuando los dirigentes de la Iglesia comenzaron a contar con el apoyo imperial y tuvieron que precisar cual debía ser la doctrina compartida por diversas comunidades cristianas.

Por ello, algunos teólogos llegaron a la conclusión de que si estas tres personas compartían diferentes cualidades y características divinas, exclusivas de Dios, la formula matemática con mayor exactitud definitoria sería la de la multiplicación de unidades, o sea, 1x1x1=1, en lugar de la suma de unidades, o sea, 1+1+1=3, ya que ésta rompe el monoteísmo de Dios y se convertiría en politeísmo.

Además de la polémica sobre la naturaleza de Jesús acerca de si era humana, divina o ambas a la vez, así como de su origen eterno o temporal, y de similares cuestiones relativas al Espíritu Santo, el problema central del dogma trinitario es el de justificar la división entre sustancia única y triple personalidad.

La mayoría de las Iglesias protestantes, así como las ortodoxas y la Iglesia Católica, sostienen que se trata de un misterio inaccesible para la inteligencia humana; o sea, un misterio de fe. Seguidamente detallamos de forma somera la creencia de la mayoría de las Iglesias en cuanto al dogma de la Santísima Trinidad:

La Iglesia Católica Romana dice que la Trinidad es el término con que se designa la doctrina central de la religión cristiana. El símbolo Qicumque (la profesión de fe atribuida a Anastasio de Alejandría en el siglo VII d.C.), dice que el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios y, sin embargo, no hay tres Dioses sino un solo Dios, ya que en esta Trinidad las Personas que la componen son increadas y omnipotentes.

La Iglesia Ortodoxa Griega dice de la Trinidad que Dios es trino y uno. El Padre es totalmente Dios, el Hijo es totalmente Dios, y el Espíritu Santo es totalmente Dios.

La Iglesia Cristiana Evangélica define que dentro de la unidad de un único Dios, existen tres distintas personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Los tres comparten los mismos atributos y la misma naturaleza, por lo cual estos tres constituyen un único Dios.

Los Testigos de Jehová consideran que la Trinidad en sí misma procede de fuentes paganas de Babilonia.

Los mormones afirman creer en la Trinidad, pero tienen una interpretación específica y radicalmente diferente del dogma mayoritariamente aceptado.

Algunas confesiones minoritarias, tales como las iglesias unitarias o los pentecostales unicitarios o apostólicos, rechazan esta creencia.

DOGMA  DE FE

Según el dogma católico, la Santísima Trinidad es una. No confesamos tres dioses, sino un solo Dios en tres personas: la Trinidad consubstancial. Las personas divinas no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios. Cada una de las tres personas es la substancia, la esencia o la naturaleza divina.

Las personas divinas son realmente distintas entre sí. Dios es único, pero no solitario. Padre, Hijo, Espíritu Santo, no son simplemente nombres que designan modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre sí: el que es el Hijo no es el Padre, y el que es el Padre no es el Hijo, ni el Espíritu Santo es el Padre ni el Hijo. Son distintos entre sí por sus relaciones de origen: el Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado, y el Espíritu Santo es quien procede. La Unidad divina es Trina.

Las personas divinas son relativas unas a otras. La distinción real de las personas entre sí, puesto que no divide la unidad divina, reside únicamente en las relaciones que las refieren unas a otras: en los nombres relativos de las personas, el Padre es referido al Hijo, el Hijo lo es al Padre, el Espíritu Santo lo es a los dos; sin embargo, cuando se habla de estas tres personas considerando las relaciones, se cree en una sola naturaleza o substancia. En efecto, en ellos todo es uno, donde no existe oposición de relación. A causa de esta unidad, el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el Padre, todo en el Hijo (numeral 255).

A modo de resumen, podemos definir el dogma de fe del misterio de la Santísima Trinidad como el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Sólo Dios puede dárnoslo a conocer revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

NATURALEZA Y REVELACION DEL MISTERIO

El esfuerzo racional de algunos teólogos, principalmente Santo Tomás de Aquino, han tratado de ilustrarlo a partir de los datos revelados, cuyo resumen se indica a continuación:

Las tres Personas divinas no se distinguen ni por su Naturaleza, ni por sus perfecciones, ni por sus obras exteriores. Únicamente se distinguen por su origen.

a. No se distinguen por su Naturaleza porque tienen una Naturaleza común; la divina. Por ello no son tres dioses, sino un solo Dios.

b. No se distinguen por sus perfecciones porque estas se identifican con la Naturaleza divina. Así, ninguna de las tres Personas es mas sabia y poderosa, sino que las tres tienen infinita sabiduría y poder. Tampoco la una es anterior a las otras, sino que todas son igualmente eternas.

c. Tampoco se distinguen por sus obras exteriores, porque teniendo las tres la misma omnipotencia, lo que obre una lo obran las otras dos.

Solamente se distinguen por su origen, porque el Padre no proviene de ninguna persona; el Hijo es engendrado por el Padre, y el Espíritu Santo procede a la vez del Padre y del Hijo. Esto es lo que impide que una persona se confunda con las otras.

Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen la misma naturaleza, la misma divinidad, la misma eternidad, el mismo poder, la misma perfección; son un solo Dios. Además, cada una de las Personas de la Santísima Trinidad está totalmente contenida en las otras dos, puesto que hay una comunión perfecta entre ellas.
Hay quien manifiesta que jamás podremos entender el misterio de la Santísima Trinidad a través de la razón, lo cual es cierto ya que necesitamos de la fe, ya que precisamente se trata de un misterio. 

CITAS BIBLICAS

En el Nuevo Testamento de la Biblia se encuentran alusiones tanto al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, principalmente en el Evangelio de Juan, lo cual se presenta como menciones implícitas a la naturaleza trinitaria divina.

• “Tomás le contestó: Señor mío y Dios mío” (Juan 20:28).

• “Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has 
  salido de Dios. Jesús les respondió: Ahora creéis? (Juan 16:30-31).

• “Le dice Felipe: Señor, muéstranos al Padre y esto nos basta. Le dice Jesús: Tanto tiempo hace que 
   estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Cómo dices 
   tú ‘muéstranos al Padre’? No crees que yo estoy en el Padre y el Padre esta en mi? (Juan 14:8).

• “Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede 
   del Padre, él dará testimonio de mí” (Juan 15:26).

• “Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido 
   justificados en el nombre del Señor Jesucristo, y en el Espíritu de vuestro Dios” (1ª. Corintios 6:11).

• “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos 
   vosotros” (2ª. Corintios 13:13).

• “Según el previo conocimiento de Dios Padre, con la acción santificadora del Espíritu, para obedecer 
   a Jesucristo y ser rociados con su Sangre” (1ª. Pedro 1:2).

• “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y 
   del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

SIMBOLOGIA

Para explicar este gran misterio de la Santísima Trinidad existen ciertos símbolos que son entendibles a nuestra razón:

Triángulo:

Cada uno de los vértices es parte del mismo triangulo y, sin embargo, cada uno es distinto.
Vela encendida: La vela, en sí misma, simboliza al Padre. La cera que escurre es el Hijo, que procede del Padre. La llama encendida es el Espíritu Santo. Los tres forman parte de la vela, pero son distintos entre sí.

Trébol:

Cada una de las hojas del trébol son distintas entre sí, pero las tres hojas forman parte de la misma flor.

Señal de la Cruz:

Cada vez que hacemos la señal de la Cruz sobre nuestro cuerpo, recordamos el misterio de la Santísima Trinidad al mencionar el nombre de las tres divinas Personas.

En el nombre del Padre: Ponemos la mano sobre la frente señalando el cerebro, que controla todo nuestro cuerpo, recordando con ello en forma simbólica que Dios es la fuente de nuestra vida.

… Y del Hijo: Colocamos la mano en el pecho, donde esta el corazón, que simboliza al amor. Recordamos con ello que por amor a los hombres, Jesucristo se encarnó, murió y resucitó para librarnos del pecado y llevarnos a la vida eterna.

… Y del Espíritu Santo: Ponemos la mano en el hombro izquierdo y luego en el derecho, recordando que el Espíritu Santo nos ayuda a cargar con el peso de nuestra vida, ya que el Espíritu nos ilumina y nos da la gracia necesaria para vivir de acuerdo a los mandatos divinos.

Santo Tomás de Aquino usaba la siguiente descripción para ilustrar el misterio de la Trinidad: Todo ungido presupone por lo menos tres elementos: el que unge, el ungido y la unción. Siendo Jesús el Mesías, el Cristo, es decir, el ungido de Dios, podemos hacer referencia a tres personas: El que unge es Dios Padre, el ungido es Dios Hijo, la unción es Dios Espíritu Santo.

Fuente: Agustín Fabra, religionenlibertad.com


domingo, 27 de mayo de 2018

SOLEMNIDAD DE LA SANTISIMA TRINIDAD, Año B

Deuteronomio 4,32-34.39-40
Salmo 32: Dichoso el pueblo escogido por Dios
Romanos 8,14-17
Mateo 28,18-20

Deuteronomio 4,32-34.39-40

En aquellos días, habló Moisés al pueblo y le dijo: “Pregunta a los tiempos pasados, investiga desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra. ¿Hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, una cosa tan grande como ésta? ¿Se oyó algo semejante? ¿Qué pueblo ha oído, sin perecer, que Dios le hable desde el fuego, como tú lo has oído? ¿Hubo algún dios que haya ido a buscarse un pueblo en medio de otro pueblo, a fuerza de pruebas, de milagros y de guerras, con mano fuerte y brazo poderoso? ¿Hubo acaso hechos tan grandes como los que, ante sus propios ojos, hizo por ustedes en Egipto el Señor su Dios? Reconoce, pues, y graba hoy en tu corazón que el Señor es el Dios del cielo y de la tierra y que no hay otro. Cumple sus leyes y mandamientos, que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tu descendencia, y para que vivas muchos años en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre”.

Salmo 32: Dichoso el pueblo escogido por Dios

Sincera es la palabra del Señor
y todas sus acciones son leales.
El ama la justicia y el derecho,
la tierra llena está de sus bondades.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios

La palabra del Señor hizo los cielos
y su aliento, los astros;
pues el Señor habló y fue hecho todo;
lo mandó con su voz y surgió el orbe.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios

Cuida el Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían;
los salva de la muerte
y en épocas de hambre les da vida.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios

En el Señor está nuestra esperanza,
pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo.
Muéstrate bondadoso con nosotros,
puesto que en ti,Señor, hemos confiado.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios

Romanos 8,14-17

Hermanos: Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. No han recibido ustedes un espíritu de esclavos, que los haga temer de nuevo, sino un espíritu de hijos, en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios. El mismo Espíritu Santo, a una con nuestro propio espíritu, da testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos de Dios y coherederos con Cristo, puesto que sufrimos con él para ser glorificados junto con él.

Mateo 28,18-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban. Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Lucas 11,1-13: El Padrenuestro es el resumen de todo el Evangelio, por M. Dolors Gaja, M.N.

Lucas 11,1-13

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
— Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.
Él les dijo:
— Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación."
Y les dijo:
— Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle." Y, desde dentro, el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos." Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

Comentario por M. Dolors Gaja, MN
"Resumen de todo el Evangelio"

El evangelio de este domingo forma una unidad con el del domingo pasado: en la escena de Marta y María se nos enseña a escuchar a Dios. Hoy se nos urge a hablar con Él. Escucharle y hablarle es orar. Y la oración es el centro nuclear del creyente. Si no hay oración no puede hablarse de fe.

En el trasfondo del fragmento de este domingo, la Trinidad. Jesús señala al Padre (nunca a sí mismo) y el Padre nos regala el Espíritu. La Iglesia debería mejorar su catequesis sobre la vida Trinitaria pues Jesús es el Camino que lleva a la Verdad (la Trinidad) que es la única que puede darnos Vida. Nos hemos enamorado del Camino (Jesús) pero hay que saber que conduce a una mayor plenitud.

Jesús, testimonio

Lo que se admira se imita. Si algo convence, atrae y llama es el testimonio. Y la oración de Jesús despierta en sus amigos la sed de orar. Estas líneas del evangelista sirven para subrayar la única metodología pastoral que Jesús avala: el ejemplo de vida. Lo demás es estéril.

La oración

Comentar el padrenuestro es como explicar una obra de arte: lo puedes intentar pero sabes que nada puede definir la belleza. Me amparo en Tertuliano: “El padrenuestro es el resumen de todo el Evangelio”. O si lo leemos del revés, para intuir el padrenuestro hay que recorrer una y otra vez todas y cada una de las páginas del evangelio, que son su glosa.

¿Y qué nos dice ese evangelio? Jesús nos da la buena noticia de que Dios es nuestro Abba, palabra que mal traducimos por el solemne “Padre” cuando en realidad es algo así como “papi, papito”.

En la primera parte de esta oración, que es señal de identidad del cristiano, se nos sumerge en el ámbito divino: la santificación del Nombre de Dios, su Reino, la Voluntad divina…¡Menos mal que, ante el misterio – pues nada entendemos de eso- vamos de la mano de “papito”! Y de la mano de todos los hermanos…

La segunda parte mira la condición humana. Y sabemos que debemos pedir el pan, fuerzas para perdonar y no caer en tentación y que Dios, que nos lleva de la mano, aparte con su mano poderosa, al Malo cuando se cruza en nuestro camino.

Rezar el padrenuestro implica tener corazón de hijo y hermano. Implica conocer nuestra pequeñez. Pero en definitiva, rezar el padrenuestro significa lanzar un ancla al cielo: voy rezando ahora, lo que ahora no entiendo y celebraré en esa Vida que se nos ha prometido.

Obviamente, Jesús no enseñó el padrenuestro como una fórmula (algo a lo que con frecuencia lo reducimos…) ni lo enseñó en un día. La “construcción” de esa oración es obra de los evangelistas. Jesús enseñó lentamente qué significa tener a Dios por Padre, qué implica saberse hermanos, qué debemos conocer de nosotros mismos…

Sólo si vivimos en verdad nuestra oración es auténtica.

Una parábola y una comparación

Además de enseñar la actitud precisa para orar, Jesús señala el poder de la oración “insistente”. Qué bien decía San Agustín que “la oración es la debilidad de Dios y la omnipotencia de la persona”.

Jesús enseña mediante parábolas y comparaciones. Aquí nos presenta la del amigo inoportuno pero tenaz y la del padre que, por serlo, es incapaz de dar a su hijo nada que no le sea bueno.

Fijémonos en la parábola que, tras los tres panes, esconde también tres personas: el que pide, el que duerme y el (invisible) que ha llegado a casa de quien no tiene panes. Todo un juego de relaciones en el que podemos ver al Espíritu en ese que clama al Abbá golpeando a la puerta, al padre, único Dador y Señor de la casa, y a Jesús pobre que nos pide ser acogido.  Una preciosa imagen de la Trinidad…

Con estas dos realidades humanas – de amistad y paternidad-Jesús nos enfrenta a la oración. Y por si no lo “pillamos” nos lanza varias “logion” o sentencias: Pedid, buscad, llamad. Tres imperativos de Jesús que nos señalan como seres necesitados. La referencia oculta a Dios (“se os dará” es una manera respetuosa del mundo hebreo de decir “Dios os dará”) nos prepara para el final de este fragmento.

La imagen del arquero


Cada vez que rezo el padrenuestro lanzo una flecha incendiada al cielo.  Es pequeño el fuego pero basta para inflamar la antorcha e inaugurar la fiesta del Reino.

Cada vez que rezo el padrenuestro intento que mi corazón acompañe la flecha para clavarme en el Misterio de Dios: quiero conocer su Nombre – aspiración siempre insatisfecha- participar en su reino, hacer su Voluntad…

Cada vez que rezo el padrenuestro miro mi propia fragilidad y suplico pan, perdón y protección. ¿Qué debe pedir mi fragilidad? ¿Qué debemos pedir a Dios? ¿Qué debemos buscar? ¿Un trabajo? ¿Salud? ¿La paz familiar? Todo eso se puede pedir pero es la “añadidura”, la propina que Dios nos regala a quienes buscan el Reino. Lo que realmente quiere dejarnos Dios es su Espíritu. Y ese es el fin último de la vida espiritual: la vida según el Espíritu.

La imagen del arquero me remite de nuevo a la Trinidad: persona, arco y flecha inflamada forman un todo. Que mi oración me ayude a vivir la Olimpiada del Espíritu.

domingo, 15 de junio de 2014

Del Domingo de la Santísima Trinidad: breve reseña histórica, por Luis Antequera


Una fiesta que, por cierto, celebramos por igual católicos y protestantes, que lo hacemos tal día como hoy, a saber, el primer domingo después de Pentecostés, y también los ortodoxos, bien que ellos lo hagan en otra fecha, el domingo de Pentecostés, trasladando ellos la fiesta del Espíritu Santo, que los católicos celebramos dicho domingo de Pentecostés, al lunes siguiente. En cualquiera de los casos, una más de las fiestas móviles de la Iglesia, que en este caso, puede caer, tal cual aconteció en 1818 y volverá a ocurrir en 2285, el 17 de mayo como pronto, y tal como aconteció en 1943 y volverá a ocurrir en 2038, el 20 de junio como tarde.

El objeto de la fiesta, como su propio nombre indica no es sino la celebración del dogma de la Santísima Trinidad, la que forman Dios Padre, Dios Hijo o Jesucristo, y el Espíritu Santo, “tres personas distintas y un solo Dios verdadero”. Y de hecho, marca la fecha de una fiesta que hoy día tiene mucha más tradición, el Corpus Christi, celebrado según establece la bula “Transiturus” que emite en 1264 el Papa Urbano IV, el jueves siguiente al domingo de Trinidad.

La fiesta hunde sus raíces en los albores del cristianismo, y está relacionada con la herejía arriana que, precisamente, niega la Santísima Trinidad. En el “Sacramentario” de San Gregorio Magno aparece ya una serie de oraciones y el llamado “Prefacio de la Trinidad”. Las “Micrologías” escritas durante el pontificado de Gregorio VII no marcan el domingo siguiente a Pentecostés como fiesta especial, pero sí indica expresamente que en algunos lugares se recita un oficio de la Santísima Trinidad compuesto por el obispo Esteban de Lieja (903-920).

Consta que Alejandro II (1061-1073) rechaza establecer la fiesta con carácter universal en la Iglesia, pero no prohíbe que se celebre allí donde sea consuetudinaria. De hecho, será Juan XXII el que la universalice, emplazándola en el primer domingo después de Pentecostés. Le otorga categoría de doble de segunda clase que San Pío X en 1911 eleva a doble de primera clase. El franciscano John Peckham, Arzobispo de Canterbury, elabora su oficio, y nada menos que Johan Sebastian Bach escribe tres cantatas a él dedicadas. El color litúrgico del día es el blanco, por lo que hoy verán Vds. al cura llevar casulla blanca en la misa.

sábado, 14 de junio de 2014

2 Corintios 13,11-13: "Alegraos (...) El Dios del amor y de la paz estará con vosotros...

2 Corintios 13,11-13
Santísima Trinidad A,

Hermanos: Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso ritual. Os saludan todos los santos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.

lunes, 27 de mayo de 2013

LA DISPUTA DEL SACRAMENTO (de la Eucaristía), de Rafael


La Disputa del Sacramento (de la Eucaristia) 1509-1510
Rafael Sanzio (1483-1520)
Fresco 
Renacimiento italiano
Museo Vaticano

Este fresco fue el primero realizado por Rafael a su llegada a Roma. El título de la obra no se corresponde exactamente con el tema, siendo más apropiado el Triunfo de la Eucaristía. El pintor ha organizado una composición protagonizada por la simetría y la perspectiva lineal, tomando como centro la Sagrada Forma ubicada sobre el altar. Hacia allí convergen las líneas de fuga del embaldosado suelo y las diferentes figuras del espacio terrenal. 

La composición se organiza en torno a dos hemiciclos poblados por multitud de personajes, haciendo una separación entre la superficie terrenal y la celestial, acentuada a través de las tonalidades empleadas en una y otra zona. El espacio superior está presidido por la Trinidad con Dios Padre, Cristo y el Espíritu Santo sobre la Sagrada Forma. A la derecha de Cristo encontramos a la Virgen, Jeremías, san Esteban, David, san Juan Evangelista, Adán y san Pedro mientras que a la izquierda aparecen san Juan Bautista, Judas Macabeo, san Lorenzo, Moisés, san Mateo, Abraham y san Pablo. 

En la zona terrestre han sido identificados algunos personajes como Bramante -apoyado en la balaustrada-, Francesco Maria della Rovere -el joven que se dirige al espectador-, san Gregorio Magno con el rostro de Julio II, san Jerónimo, san Ambrosio, san Agustín, san Buenaventura, Dante -coronado con laurel- o Savonarola -semioculto con un capuchón negro-. Las figuras se ubican alrededor del altar permitiendo su contemplación, creando una estructura ascendente gracias a las gradas. 

Tras ellos, en la zona de la derecha encontramos un enorme bloque de piedra que alude a la construcción de la basílica vaticana. Las influencias en Rafael son perceptibles mostrando ecos de Leonardo y Fra Bartolomeo aunque resulta personal en su deseo de dotar de vida y expresividad a cada uno de sus personajes, mostrando las diferentes actitudes humanas en un momento de cierta tensión. 

Sanzio va abandonando el estilo florentino para convertirse en un pintor romano dotando a sus personajes de elegancia clásica y un acentuado y brillante colorido resultando una obra de inolvidable belleza.

domingo, 26 de mayo de 2013

TRINIDAD MISERICORDIOSA, de Cáritas Muller



"La Trinidad Misericordiosa" de la hermana Cáritas Müller, nos remite al carácter trinitario de Dios en su relación con el ser humano: el Padre, en el círculo a la derecha, se vuelve hacia nosotros, nos acoge y abraza, oye nuestras súplicas y nos envía. 

En el círculo de la izquierda está el Hijo, que asumiendo nuestra frágil condición, viene a nosotros y nos manifiesta, en el servicio al prójimo, su inmenso amor; arriba: el Espíritu Santo, que nos alienta, abre nuestros ojos y nos muestra nuestra misión actual. 

En el centro, hay una figura humana que nos representa a todos que, con nuestras fragilidades y miserias, nuestros problemas y limitaciones, siempre somos amparados y abarcados por la misericordia divina

En el fondo de la escultura: un gran círculo, en cuyo interior se encuentra otro pequeño. El círculo grande simboliza la tierra, la creación en su conjunto; el más pequeño: la persona, el corazón del mundo. El ser humano ha recibido por vocación cuidar de la tierra, ser su guardián.

Los tres círculos exteriores, tocan, se empotran en los círculos centrales. Pero la mayor parte de los círculos se que da fuera. Dios es mayor que la creación. ¡Es un Misterio! “El reino de Dios está en medio de vosotros”. (Lc 16, 21).


TRINIDAD SAMARITANA, por M. Dolors Gaja, MN.


Cáritas Muller


De un tiempo a esta parte ha aparecido una representación de la Trinidad que me fascina. Porque, a veces, donde la teología balbucea, el arte hace diana. La llaman la “Trinidad de la Misericordia” pero ya he visto que, popularmente, ha recibido el nombre de “Trinidad samaritana”.

Normalmente convertimos  a Jesús, segunda persona de la Trinidad, en protagonista de la Redención. Él es quien se encarna, quien predica y muere en la cruz. Al Padre le reservamos la obra maravillosa de la Creación  y la misma resurrección de Cristo y al Espíritu, con un poco de suerte, le dejamos la Iglesia. Nos empeñamos así en parcelar la obra de Dios en un extraño reparto de responsabilidades, como si la Trinidad fuera, entre otras cosas, la promotora del trabajo cooperativo.

Por eso traigo a este blog, para el domingo de la Trinidad, esta obra de Caritas Müller. Preciosa en su realización lo es mucho más en su contenido teológico pues refleja la Trinidad volcada en la debilidad humana. Es la Trinidad quien salva y redime, quien nos levanta y sostiene. El rostro visible de este misterio invisible es Jesús…

La Trinidad samaritana representa al hombre herido que es recogido por los brazos del Padre, como en el hijo pródigo, mientras Jesús, como en la última cena, le lava y besa los pies. El Espíritu es quien infunde vida y aliento a la persona…¡Cuánta ternura expresa el arte que la teología no alcanza! Y sobre todo…¡qué bien expresa la comunión de Dios en la redención del género humano!

Ciertamente, el misterio de la Trinidad sigue siendo misterio. Y podemos decir con Catalina de Siena: “Tú, Trinidad Eterna, eres mar profundo en el que cuanto más penetro, más descubro, y cuanto más descubro más te busco”.

Creo sinceramente que a medida que la fe se hace más adulta se desemboca con naturalidad en el misterio trinitario. Y se descubre una Trinidad que me habita, una Trinidad que es lámpara encendida. Una Trinidad que es esa verdad plena que el Hijo nos viene a revelar, una Trinidad que me recuerda que Dios siempre se me escapa, siempre es “más allá”. Una Trinidad que sólo quiere ser amada y adorada. 

sábado, 25 de mayo de 2013

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, C, por Julio González, S.F.



Comentario por Julio González, S.F.

Volvemos a reunirnos este domingo para celebrar con gran solemnidad la fe de la Iglesia, nuestra fe. Y la fiesta que celebramos hoy nos presenta una fe que no se identifica con filosofías, cultos esotéricos, leyes y ritos.

El misterio de la Santísima Trinidad —el misterio de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo—, no fue recibido por los apóstoles como una "idea" sino como una "relación de amistad, de amor..., de familia".

Cuando Jesús nos habla del Padre y del Espíritu Santo, nos está hablando de Él mismo. Jesús nos dice que sus palabras y sus obras no le pertenecen: “Cuando me escucháis a mí, escucháis al Padre, porque yo no digo o hago nada por mi cuenta”.

Esta relación tan personal entre Jesús y el Padre llamó la atención de los apóstoles. Por eso, le dicen: “Enséñanos a escuchar al Padre como tú le escuchas, enséñanos a hablarle como tú le hablas, enséñanos a rezar como tú rezas”.

En su oración, Jesús nos acerca al Padre para que también nosotros participemos de esa relación, que no es la relación del Señor y el esclavo, sino la del Padre y el Hijo, la de los hermanos, la de una familia. Esta relación entre Jesús y el Padre se nos muestra con tal intensidad en los evangelios que no podemos conocer a Jesús si le separamos del Padre y sin el Espíritu Santo.

Cuando nosotros no participamos en esta relación de amistad, de amor y de familia, entonces, todos (obispos, sacerdotes, familias) corremos el peligro de convertirnos en una institución más donde las estructuras parecen ser más impotantes que las personas.

Cuando el amor, la pasión, el sacrificio de Jesús... no es sal o levadura en nuestras relaciones personales, entonces, son las normas, los preceptos y las leyes, lo que nos mantiene unidos. Pero la Iglesia no es una institución más, pues el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos llaman a ser familia, sintiendo y colaborando en esa relación de amor y entrega que les une a ellos.

viernes, 24 de mayo de 2013

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, C, por Mons. Francisco González, S.F.

Altar (detalle)
Centro de Espiritualidad San José Manyanet
Barcelona, España

Proverbios 8, 22-31
Salmo 8: Señor, dueño nuestro, 
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Romanos 5, 1-5
Juan 16, 12-15


Proverbios 8, 22-31

Así dice la sabiduría de Dios: "El Señor me estableció al principio de sus tareas, "al comienzo de sus obras antiquísimas. En un tiempo remotísimo fui formada, antes de comenzar la tierra. Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas. Todavía no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada. No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe. Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba el cielo en la altura, y fijaba las fuentes abismales. Cuando ponía un límite al mar, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres."

Salmo 8: Señor, dueño nuestro, 
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?
R. Señor, dueño nuestro, 
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
R. Señor, dueño nuestro, 
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.
R. Señor, dueño nuestro, 
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Romanos 5, 1-5

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará."

Comentario por Mons. Francisco González, S.F.

En todas las culturas se trata de facilitar al individuo a que entre a participar en su colectivo de acuerdo con unas normas que le guíen a tener una existencia digna y sin grandes sobresaltos. En los pueblos encontramos esos dichos, esa "sabiduría popular" que enseña al individuo, ya desde la infancia, a integrarse en su medioambiente.

Esos proverbios o refranes corresponden a una visión determinada del cosmos y de la vida. El Pueblo de Dios que también tiene su sabiduría popular, ha llegado a discernir también la Sabiduría con mayúscula, la que viene de Dios y que la primera lectura describe como procedente de Dios; posteriormente se declara estar junto a Él, y divirtiéndose en medio de la creación. La sabiduría, al proceder de Dios, imparte sensatez al hombre para que éste pueda integrarse sabiamente en la creación que Dios originó.

La fiesta de la Santísima Trinidad que hoy celebramos, es una de las mejores ocasiones para darnos cuenta, como muy bien se ha dicho, de que hablar de Dios y de su misterio equivale a balbucear. El balbucear, muy propio de los niños, es tal vez una de las mejores formas de acercarnos a Dios, de no tratar tanto de hablar de Él, sino más bien de contemplarlo, para dejarse envolver y penetrar por esa luz que viene de Él.

En la primera lectura se nos habla de la sabiduría; en el evangelio, parte todavía del "discurso de despedida" de Jesús, habla del "Espíritu de la Verdad que les revelará toda la verdad" podría uno pensar que este Espíritu va a facilitar simplemente una abundancia de conocimientos acerca de Dios, de hechos y verdades, sin embargo creo que hay algo más, mucho más, pues en la segunda lectura encontramos que San Pablo, al escribir a los Romanos hace una precisión muy importante: "…Porque el amor que Dios nos tiene se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que Él nos ha dado". En otras palabras, el Espíritu más que ha de llenarnos la cabeza de ideas, ha venido para inflamar nuestros corazones con el fuego del amor.

Tal vez la sabiduría popular, la devoción del pueblo nos puedan hacer reflexionar al haber desarrollado, aceptado y practicado la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Por la fe, nos dice San Pablo, conseguimos la salvación. ¿Qué quiere decir el apóstol en este pasaje que hoy leemos? El cristiano que por la fe tiene acceso a la salvación disfruta de paz, no solamente tranquilidad y serenidad de espíritu, sino más bien una positiva relación con Dios; adquiere la esperanza para no desesperar ante las dificultades presentes y está abierto a un futuro glorioso y por último señala Pablo el amor de Dios al hombre, el cristiano se sabe amado por Dios y como prueba de ello conoce muy bien el hecho de que Dios mandó a su Hijo para redimir a ese hombre y volverlo al círculo de amistad con Dios mismo.

En la fiesta de la Santísima Trinidad podemos muy bien proclamar ese tema también trinitario: fe, esperanza y amor.

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, C (lecturas)

Proverbios 8, 22-31
Salmo 8: Señor, dueño nuestro, 
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Romanos 5, 1-5
Juan 16, 12-15

Proverbios 8, 22-31

Así dice la sabiduría de Dios: "El Señor me estableció al principio de sus tareas, "al comienzo de sus obras antiquísimas. En un tiempo remotísimo fui formada, antes de comenzar la tierra. Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas. Todavía no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada. No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe. Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba el cielo en la altura, y fijaba las fuentes abismales. Cuando ponía un límite al mar, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres."

Salmo 8: Señor, dueño nuestro, 
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?
R. Señor, dueño nuestro, 
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
R. Señor, dueño nuestro, 
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.
R. Señor, dueño nuestro, 
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Romanos 5, 1-5

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará."