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martes, 5 de julio de 2022

Isaías 59,1-15: El pecado, obstáculo a la salvación

El pecado, obstáculo a la salvación

1 Mira, la mano del Señor no se queda corta para salvar ni es duro de oído para oír; 
2 son las culpas de ustedes las que se interponen entre ustedes y su Dios; 
   son sus pecados los que les ocultan su rostro, e impiden que los oiga; 
3 pues las manos de ustedes están manchadas de sangre, sus dedos, de crímenes; 
   sus labios dicen mentiras, sus lenguas susurran maldades. 
4 No hay quien invoque la justicia ni quien vaya a juicio con sinceridad; 
   se apoyan en la mentira, afirman la falsedad, conciben el crimen y dan a luz la maldad. 
5 Incuban huevos de serpiente y tejen telarañas: quien coma esos huevos morirá; 
   si se rompen, salen víboras. 
6 Sus telas no sirven para vestidos; son tejidos que no pueden cubrir. 
   Sus obras son obras criminales, sus manos ejecutan la violencia. 
7 Sus pies corren hacia el mal, tienen prisa por derramar sangre inocente; 
   sus planes son planes criminales, destrozos y ruinas dejan a su paso. 
8 No conocen el camino de la paz, no existe el derecho en sus senderos, se abren sendas torcidas; 
   quien las sigue, no conoce la paz. 
9 Por eso está lejos de nosotros el derecho y no nos alcanza la justicia: 
   esperamos la luz, y vienen tinieblas; claridad, y caminamos a oscuras. 
10 Como ciegos vamos palpando la pared, andamos a tientas como gente sin vista; 
     en pleno día tropezamos como al anochecer, en pleno vigor estamos como los muertos.
11 Gruñimos todos igual que osos y nos quejamos como palomas. 
     Esperamos en el derecho, pero nada; en la salvación, y está lejos de nosotros. 
12 Porque nuestros crímenes contra ti son muchos, y nuestros pecados nos acusan; 
     tenemos presentes nuestros crímenes y reconocemos nuestras culpas: 
13 rebelarnos y negar al Señor, volver la espalda a nuestro Dios, hablar de opresión y revuelta, 
     planear por dentro engaños; 
14 y así se tuerce el derecho y la justicia se queda lejos, porque en la plaza tropieza la honradez, 
     y a la sinceridad no la dejan entrar; 
15 la lealtad está ausente, y despojan a quien evita el mal.

miércoles, 15 de junio de 2022

2 Corintios 11,1-15: El celo de Pablo

11,1-15: El celo de Pablo
Jueves de la 11 Semana del Tiempo Ordinario, I

1 ¡Ojalá pudierais soportar un poco mi necedad! ¡Sí que me la soportáis!
2 Celoso estoy de vosotros con celos de Dios. Pues os tengo desposados con un solo esposo 
   para presentaros cual casta virgen a Cristo.
3 Pero temo que, al igual que la serpiente engañó a Eva con su astucia, 
   se perviertan vuestras mentes apartándose de la sinceridad con Cristo.
4 Pues, cualquiera que se presenta predicando otro Jesús del que os prediqué, 
   y os proponga recibir un Espíritu diferente del que recibisteis, 
   y un Evangelio diferente del que abrazasteis ¡lo toleráis tan bien!
5 Sin embargo, no me juzgo en nada inferior a esos «superapóstoles».
6 Pues si carezco de elocuencia, no así de ciencia; que en todo 
   y en presencia de todos os lo hemos demostrado.
7 ¿Acaso tendré yo culpa porque me abajé a mí mismo para ensalzaros 
   a vosotros anunciándoos gratuitamente el Evangelio de Dios?
8 A otras Iglesias despojé, recibiendo de ellas con qué vivir para serviros.
9 Y estando entre vosotros y necesitado, no fui gravoso a nadie; fueron los hermanos llegados 
   de Macedonia los que remediaron mi necesidad. En todo evité el seros gravoso, 
   y lo seguiré evitando.
10 ¡Por la verdad de Cristo que está en mí!, que esta gloria no me será arrebatada 
     en las regiones de Acaya.
11 ¿Por qué? ¿Porque no os amo? ¡Dios lo sabe!
12 Y lo que hago, continuaré haciéndolo para quitar todo pretexto a los que lo buscan con el fin de ser 
     iguales a nosotros en lo que se glorían.
13 Porque esos tales son unos falsos apóstoles, unos trabajadores engañosos, 
     que se disfrazan de apóstoles de Cristo.
14 Y nada tiene de extraño: que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz.
15 Por tanto, no es mucho que sus ministros se disfracen también de ministros de justicia. 
     Pero su fin será conforme a sus obras.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Pasión, discernimiento y denuncia

sábado, 12 de mayo de 2018

Marcos 16,15-20: Misión universal de los apóstoles

Marcos 16,15-20
25 de enero: Fiesta de la Conversión de San Pablo (16,15-28)
25 de abril: Fiesta de San Marcos
Ascensión del Señor, Año B

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: "Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos." Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Señales que acompañan el anuncio de la Buena Nueva  

viernes, 21 de julio de 2017

Exodo 7,8-13: El bastón maravilloso

Exodo 7,8-13: El bastón maravilloso 
Cf. Nehemías 9,10; Salmo 78, 12 

7:8 Habló Yahveh a Moisés y Aarón, y dijo:
7:9 "Cuando Faraón os diga: Haced algún prodigio, dirás a Aarón: "Toma tu cayado y échalo delante de Faraón, y que se convierta en serpiente.""
7:10 Presentáronse, pues, Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron lo que Yahveh había ordenado: Aarón echó su cayado delante de Faraón y de sus servidores, y se convirtió en serpiente.
7:11 También Faraón llamó a los sabios y a los hechiceros, y también ellos, los sabios egipcios, hicieron con sus encantamientos las mismas cosas.
7:12 Echó cada cual su vara, y se trocaron en serpientes; pero el cayado de Aarón devoró sus varas.
7:13 Sin embargo el corazón de Faraón se endureció, y no les escuchó, conforme había predicho Yahveh. 

miércoles, 19 de julio de 2017

Exodo 4,1-31: Moisés regresa a Egipto

Exodo 4,1-31  

4:1 Respondió Moisés y dijo: "No van a creerme, ni escucharán mi voz; pues dirán: "No se te ha aparecido Yahveh.""
4:2 Díjole Yahveh: "¿Qué tienes en tu mano?" "Un cayado", respondió él.
4:3 Yahveh le dijo: "Échalo a tierra." Lo echó a tierra y se convirtió en serpiente; y Moisés huyó de ella.
4:4 Dijo Yahveh a Moisés: "Extiende tu mano y agárrala por la cola." Extendió la mano, la agarró, y volvió a ser cayado en su mano...
4:5 "Para que crean que se te ha aparecido Yahveh, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob."
4:6 Y añadió Yahveh: "Mete tu mano en el pecho." Metió él la mano en su pecho y cuando la volvió a sacar estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve.
4:7 Y le dijo: "Vuelve a meter la mano en tu pecho." La volvió a meter y, cuando la sacó de nuevo, estaba ya como el resto de su carne.
4:8 "Así pues, si no te creen ni escuchan la voz por la primera señal, creerán por la segunda.
4:9 Y si no creen tampoco por estas dos señales y no escuchan tu voz, tomarás agua del río y la derramarás en el suelo; y el agua que saques del Río se convertirá en sangre sobre el suelo."
4:10 Dijo Moisés a Yahveh: "¡Por favor, Señor! Yo no he sido nunca hombre de palabra fácil, ni aun después de haber hablado tú con tu siervo; sino que soy torpe de boca y de lengua."
4:11 Le respondió Yahveh: "¿Quién ha dado al hombre la boca? ¿? Quién hace al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo, Yahveh?
4:12 Así pues, vete, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes decir."
4:13 El replicó: "Por favor, envía a quien quieras."
4:14 Entonces se encendió la ira de Yahveh contra Moisés, y le dijo: "¿No tienes a tu hermano Aarón el levita? Sé que él habla bien; he aquí que justamente ahora sale a tu encuentro, y al verte se alegrará su corazón.
4:15 Tu le hablarás y pondrás las palabras en su boca; yo estaré en tu boca y en la suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer.
4:16 El hablará por ti al pueblo, él será tu boca y tú serás su dios.
4:17 Toma también en tu mano este cayado, porque con él has de hacer las señales."

Moisés regresa a Egipto

4:18 Moisés volvió y regresó a casa de Jetró, su suegro, y le dijo: "Con tu permiso, me vuelvo a ver a mis hermanos de Egipto para saber si viven todavía." Dijo Jetró a Moisés: "Vete en paz."
4:19 Yahveh dijo a Moisés en Madián: "Anda, vuelve a Egipto ; pues han muerto todos los que buscaban tu muerte."
4:20 Tomó, pues, Moisés a su mujer y a su hijo y, montándolos sobre un asno, volvió a la tierra de Egipto. Tomó también Moisés el cayado de Dios en su mano.
4:21 Y dijo Yahveh a Moisés: "Cuando vuelvas a Egipto, harás delante de Faraón todos los prodigios que yo he puesto en tu mano; yo, por mi parte, endureceré su corazón, y no dejará salir al pueblo.
4:22 Y dirás a Faraón: Así dice Yahveh: Israel es mi hijo, mi primogénito.
4:23 Yo te he dicho: "Deja ir a mi hijo para que me dé culto," pero como tú no quieres dejarle partir, mira que yo voy a matar a tu hijo, a tu primogénito."
4:24 Y sucedió que en el camino le salió al encuentro Yahveh en el lugar donde pasaba la noche y quiso darle muerte.
4:25 Tomó entonces Seforá un cuchillo de pedernal y, cortando el prepucio de su hijo, tocó los pies de Moisés, diciendo: "Tú eres para mí esposo de sangre."
4:26 Y Yahveh le soltó; ella había dicho: "esposo de sangre", por la circuncisión.
4:27 Dijo Yahveh a Aarón: "Vete al desierto al encuentro de Moisés." Partió, pues, y le encontró en el monte de Dios y le besó.
4:28 Moisés contó a Aarón todas las palabras que Yahveh le había encomendado y todas las señales que le había mandado hacer.
4:29 Fueron, pues, Moisés y Aarón y reunieron a todos los ancianos de los israelitas.
4:30 Aarón refirió todas las palabras que Yahveh había dicho a Moisés, el cual hizo las señales delante del pueblo.
4:31 El pueblo creyó, y al oír que Yahveh había visitado a los israelitas y había visto su aflicción, se postraron y adoraron.

domingo, 5 de marzo de 2017

Génesis 3,1-8: Pecado de Adán y Eva

Génesis 3,1-8
Viernes de la 5 Semana del Tiempo Ordinario, Año I
Domingo de la 1 Semana de Cuaresma, A (Gn 2,7-9; 3,1-7)

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer:
— ¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?
La mujer respondió a la serpiente:
— Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: "No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte."
La serpiente replicó a la mujer:
— No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.
La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se le abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron. Oyeron al señor que pasaba por el jardín a la hora de la brisa; el hombre y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Responsabilidad del hombre y de la mujer

Biblia en imágenes:  

sábado, 11 de febrero de 2017

Génesis 3,9-24: Castigo

Génesis 3,9-24

EL Señor Dios llamó al hombre y le dijo:
— Dónde estás?
Él contestó:
— Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.
El Señor Dios le replicó:
— Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?
Adán respondió:
— La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí.
El Señor Dios dijo a la mujer:
— ¿Qué has hecho?
La mujer respondió:
— La serpiente me sedujo y comí.
El Señor Dios dijo a la serpiente:
— Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón.
A la mujer le dijo:
— Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará.
A Adán le dijo:
— Por haber hecho caso a tu mujer y haber comido del árbol del que te prohibí, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Comerás el pan con sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste sacado; pues eres polvo y al polvo volverás.
Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven. El Señor Dios hizo túnicas de piel para Adán y su mujer, y los vistió. Y el Señor Dios dijo:
— He aquí que el hombre se ha hecho como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal; no vaya ahora a alargar su mano y tome también del árbol de la vida, coma de él y viva para siempre.
El Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde había sido tomado. Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y una espada llameante que brillaba, para cerrar el camino del árbol de la vida.

viernes, 10 de febrero de 2017

Génesis 3,1-8: Responsabilidad del hombre y de la mujer

Génesis 3,1-8

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer:
— ¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?
La mujer respondió a la serpiente:
— Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: "No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte."
La serpiente replicó a la mujer:
— No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.
La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se le abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron. Oyeron al señor que pasaba por el jardín a la hora de la brisa; el hombre y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín.

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Responsabilidad del hombre y de la mujer"

En este relato interviene, por vez primera, un personaje astuto e inquietante: la serpiente. Esta, en la tradición posterior —tanto en la judía como en la cristiana—, se convertirá en una figura del diablo, del Maligno. Sin embargo, la serpiente era más bien, en el Antiguo Oriente, un símbolo de fertilidad sexual y de salud. Todavía hoy la serpiente sigue siendo el emblema de los farmacéuticos.

Hemos de señalar que, en el relato bíblico, se presenta a la serpiente como un «animal del campo» (v. 1), ni más ni menos que los otros: su figura está completamente desmitificada.

La serpiente, en realidad, no puede hacer ni el bien ni el mal: los únicos responsables del pecado, si nos fijamos bien, los únicos que pueden cometerlo, son el hombre y la mujer, no la serpiente. De ahí que la presencia de la serpiente en el huerto no sirva para explicar el origen del mal en el mundo: es poco más que un recurso narrativo (el animal que habla) destinado a introducir la dinámica seductora que figura en el origen del pecado humano. Son el hombre y la mujer los que pecan, y eso es lo que interesa al narrador.

El animal que habla (en la Biblia, además de la serpiente, encontramos a la burra de Balaán) es un recurso conocido por todas las literaturas para describir lo que pasa en la mente de los protagonistas del relato. En la mente de la mujer adquiere la forma de un diálogo consigo misma sobre el alcance exacto de la prohibición divina y su verdadera motivación (vv. 2ss). El autor bíblico, haciendo gala de una gran penetración psicológica, nos advierte que el pecado, antes aún de consumarse en un gesto, en un acto, tiene lugar en la conciencia, en una duda que se insinúa poco a poco y que versa, a fin de cuentas, sobre la bondad del Creador.

Gn 3 no quiere explicar, por tanto, el origen del mal en el mundo, que sigue siendo un hecho misterioso, sino el origen y la dinámica del pecado humano como un proceso sutil y progresivo de desobediencia a la Palabra de Dios.

A buen seguro, en este proceso pueden intervenir también factores externos, causas sobrehumanas, pero el acento del relato bíblico cae sobre la responsabilidad del hombre-mujer. Por eso hablamos de un “pecado original”: porque nos describe el origen de todo pecado. 

viernes, 8 de julio de 2016

Mateo 10,16-23: "Os odiarán por mi nombre"

Mateo 10,16-23
Viernes de la 14 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. Porque os aseguro que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre.»

SOBRE EL MISMO TEMA:
por Adsis  

martes, 15 de marzo de 2016

Juan 8,21-30: La cátedra de la cruz

Juan 8,21-30  

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
— Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros.
Y los judíos comentaban:
— ¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: Donde yo voy no podéis venir vosotros?
Y él continuaba:
— Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados.
Ellos le decían:
— ¿Quién eres tú?
Jesús les contestó:
— Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él.
Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús:
— Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.
Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

— Comentario por Reflexiones Católicas

La narración legendaria de la serpiente de bronce ha sido elaborada con el fin de justificar la presencia de este emblema en el templo de Jerusalén, en el que se conservó durante mucho tiempo, hasta que el rey Ezequías la hizo triturar con otras reliquias de los cultos paganos, con ocasión de la reforma religiosa (2 R 18), ya que se habían convertido en objetos de culto idolátrico.

La serpiente de bronce muestra los vestigios del culto idolátrico al dios de la salud, muy extendido en todo el Oriente Medio desde tiempos muy remotos. También los griegos daban culto al dios de la medicina, Esculapio o Asclepios, cuyo emblema era el caduceo o vara rodeada de dos serpientes.

Lo más importante en esta tradición bíblica es el significado simbólico que el mismo Jesús le da: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna” (Jn 3,14-15).

Ciertamente, quien mire fijamente al Crucificado se curará de las mordeduras de tanta serpiente tentadora. Jesús crucificado y glorificado en su muerte es el resumen de todos los misterios, la clave de nuestra fe. Desde la cátedra de la cruz el gran Maestro nos da las grandes lecciones, no teóricas, sino prácticas. Por eso decía Pablo: “No conozco sino a Cristo, y a este crucificado” (1 Co 2,2).

Francisco de Asís mirando al Señor crucificado, se curó de la fiebre de sus pasiones mundanas y carnales. Teresa de Jesús, lo mismo que Pedro, no pudo sostener la mirada de Jesús en vivo o en un “ecce homo”. La contemplación de Jesús, remachado en la cruz, nos curará de nuestras tibiezas, de nuestro cristianismo convencional y formalista.

El Hijo crucificado es la prueba suprema del amor del Padre: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único” (Jn 3,16). “El que entregó a su Hijo por todos nosotros, ¿cómo es posible que con él no nos lo regale todo?” (Rm 8,32). Mirarle fijamente nos curará definitivamente de nuestras dudas sobre el amor del Padre a cada uno de nosotros. Nos convencerá de una vez para siempre de que “Dios es amor” (1 Jn 4,16), un amor que va más allá de solemnes declaraciones.

El Dios de Jesús no se manifiesta como un ser poderoso que aplasta, sino como un Dios cercano que, en la cruz, se deja aplastar (Rm 8,31-33). Su pasión y muerte es también un grito de amor del Hijo Jesús: “No hay mayor prueba de amor que dar la vida” (Jn 15,13). Pablo ha tenido la experiencia de que Jesús ha muerto por él (Gá 2,20-21). Provocado por este amor, exclama: “¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?”... Nadie ni nada podrá separarnos de ese amor (Rm 8,35-39).

Jesús, hecho jirones en la cruz, constituye la prueba suprema del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu. Las llagas del Crucificado son bocas que gritan su amor. Con esto está todo dicho. Jesús se hace entrega total; no se reserva ni una sola gota de su sangre.

Es preciso pedir con toda el alma la experiencia de la anchura, hondura y altura de su amor (Ef. 3,14-16). “Habiendo amado a los suyos (nosotros), los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). Esta generosidad es una llamada a superar la mediocridad. No bastan pequeños gestos tranquilizadores que ocultan a veces grandes egoísmos. Jesús ama también a los que se carcajean de haberle remachado, por fin, en la cruz. Desde ella da una lección magistral de amor a los enemigos. No sólo los perdona, sino que los disculpa: “No saben lo que hacen” (Lc 23,34). Quien clave los ojos en él y recuerde su incansable perdón, se curará de las picaduras del odio, de los rencores y malquerencias: “Amad a vuestros enemigos” (Mt 5,44). 

Jesús, desde su cátedra de la cruz, nos enseña que los sufrimientos vividos desde el amor y la paciencia cristiana son redentores, “completan su pasión” (Col 1,24). De este modo se convierten en dolores de parto que alumbran algo nuevo; ayudan a madurar, a ser comprensivos, purificados. Pablo recuerda: “Todo contribuye al bien de los que aman a Dios” (Rm 8,28). Sería insensato dejar que ese río fecundo se perdiera inútilmente en el mar cuando podría fecundar la tierra; y peor sería que se convirtiera en un torrente arrasador.

¿Cómo soporto mis cruces? Jesús crucificado da también una lección magistral de esperanza. La cruz no es lo definitivo. Es sólo un trampolín: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,43). Él mismo exclama con absoluta confianza: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” (Lc 23,46).

Jesús revela que el sufrimiento no es, ni mucho menos, signo del abandono del Padre. También él tuvo esta sensación (Mt 27,46), pero la esperanza pudo mucho más en él. Por eso se arroja en las manos del Padre. Lo mismo podemos repetir nosotros, porque “si morimos con él, también reinaremos con él” (2 Tm 2,11). 

Números 21,4-9: La serpiente de bronce

Números 21,4-9
Martes de la 5 Semana de Cuaresma

En aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo, rodeando el territorio de Edom. El pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés: "¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo." El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: "Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes." Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: "Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla." Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.

SOBRE ELMISMO TEMA:  
La misericordia de Dios  

sábado, 26 de octubre de 2013

Los árboles del paraíso y el bautismo cristiano, por Martín Gelabert, O.P.


Según el libro del Génesis, en el paraíso en el que se encontraban los primeros humanos, había dos árboles extraordinarios: el de la vida y el del conocimiento del bien y del mal.

Como su mismo nombre indica, se trata de dos árboles simbólicos. El árbol de la vida se encuentra en la mitología antigua. Quien come de él, obtiene la inmortalidad. El relato afirma que el hombre, mortal por naturaleza (sacado del barro), ha sido creado a imagen de Dios. Es como un “hijo de Dios”, al que se le ofrece, como un regalo, la vida inmortal. Es un regalo, no un derecho, porque sin el regalo el hombre es mortal. Sin embargo, este humano es una criatura. No tiene el conocimiento divino ni el poder absoluto de decretar lo que es bueno y lo que es malo. Este límite de la condición humana está simbolizado por el otro árbol, el árbol prohibido, el del conocimiento del bien y del mal. Por esta razón la astuta serpiente tienta a Eva, diciéndole que es posible conocer y decidir sobre el bien y el mal y, así, ir más allá del límite: “si coméis de este árbol, seréis como dioses” (Gen 3,5).

Según el Génesis, los dos árboles, contrarios e incompatibles, están en “el centro del jardín” (Gen 2,9). En el centro de la existencia. Esta dualidad es perfectamente coherente y hay que tenerla muy en cuenta si queremos entender el mensaje que el texto transmite.

Del primer árbol se puede comer; pero está prohibido, bajo pena de muerte, comer del segundo. Los dos arboles son el signo de una oposición fundamental y universal: la Vida y la Muerte. El humano debe escoger uno u otro camino. Porque el humano no es un animal como los otros. No es un autómata. Es libre, más aún, es el interlocutor de Dios. Puede convertirse en amigo de Dios, y cumplir su voluntad; es lo propio de los amigos, que buscan complacer al amigo; o separarse de Dios y seguir su propio camino. En adelante este será el dilema de Israel y, por extensión de toda la humanidad: “Yo os propongo el camino de la vida y el camino de la muerte” (Jr 21,8). Pero la voluntad de Dios es clara: “Escoge la vida” (Dt 30,19).

La elección fundamental entre vida y muerte, bien y mal, sigue siendo totalmente válida. Para el cristiano, el simbolismo del primer jardín se encuentra en el simbolismo sacramental del bautismo. El doble rito de la renuncia a Satanás y de la adhesión a Cristo es el lugar sacramental de esta elección decisiva. El creyente renuncia a la vía del mal y se compromete a seguir la vía de Cristo que conduce a la vida eterna. El catecúmeno hace así lo contrario de lo que hizo el primer hombre. Adán hizo una mala elección. Siguiendo a Cristo, Camino, Verdad y Vida, el catecúmeno encuentra abierto el camino que conduce al árbol de la vida.