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domingo, 27 de noviembre de 2022

Mateo 8,5-17: "Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades"

Mateo 8,5-17

Mt 8,5-13: Curación del sirviente de un centurión

5 Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole:
6 "Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente".
7 Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo".
8 Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra     y mi sirviente se sanará.
9 Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a 
   mis órdenes: "Ve", él va, y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "Tienes que hacer 
   esto", él lo hace".
10 Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro que no he encontrado a nadie 
     en Israel que tenga tanta fe.
11 Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con 
     Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos;
12 en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y      
     rechinar de dientes". 
13 Y Jesús dijo al centurión: "Ve, y que suceda como has creído". Y el sirviente se curó en ese mismo 
     momento.

Mt 8,14-15: Curación de la suegra de Pedro
Cf. Marcos 1,29-31; Lucas 4,38-39

14 Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de éste en cama con fiebre.
15 Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo.

Mt 8,16-17: Diversas curaciones
Cf. Marcos 1,32-34; Lucas 4,40-41

16 Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a 
     todos los que estaban enfermos,
17 para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: Él tomó nuestras 
     debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades.

martes, 20 de septiembre de 2022

Marcos 3,31-35: La locura de Jesús, por D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.


Llegan su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.» Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?» Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Marcos 3,31-35


Comentario de D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.
Fraternidad Fray Bartolomé de las Casas, Sevilla, España

“La locura de Jesús”

El concepto de “casa” hay que relacionarlo necesariamente con la del grupo de los que siguen a Jesús, con quien el Reino se está haciendo presente. Jesús ha ido por los caminos en busca de las personas, pero ahora son ellas los que quieren escucharle también en “la” casa, el punto de partida de la acción salvífica, porque buscan un ámbito nuevo y unas palabras nuevas.

También a esta casa vienen los de “su” casa, la familia, pero no para escucharle. Ellos no quieren escucharlo. Al contrario, su intención es hacerlo callar. Creen que ya lo conocen y lo consideran algo suyo, alguien a quien encajan dentro de sus intereses. Por eso no pueden aceptar la novedad del Reino, un Reino que está por encima de lazos familiares o de tribu y cuyos intereses son los de Dios. Para ellos, todo ya está dicho de Dios. La religión es como una rutina enraizada en sus costumbres, pero no en su vida. Piensan que Jesús no sabe ni lo que hace ni lo que dicen y quieren que vuelva con ellos a la rutina de la religión.

Pero Jesús no se deja encasillar en unos moldes tradicionales ni familiares. Su Palabra es libre y, desde esa libertad, comprometida con Dios y su Reino, anuncia un Reino abierto a todos los hombres, un Reino de esperanza, un Reino de Amor más allá de un concepto exclusivista.

El Evangelio de hoy es una llamada a todos los que, en este mundo teóricamente plural, buscan un sentido nuevo a todo lo que nos pasa. Jesús nos invita a ir a “la” casa del Reino, a hacer vida sus Palabras y seguirle en su bendita “locura”.

viernes, 17 de junio de 2022

Hebreos 3,1-6: Jesús es superior a Moisés

3,1-6: Jesús es superior a Moisés

1 Por tanto, hermanos santos, partícipes de una vocación celestial, considerad al apóstol 
   y Sumo Sacerdote de nuestra fe, a Jesús,
2 que es fiel al que le instituyó, como lo fue también Moisés en toda su casa.
3 Pues ha sido juzgado digno de una gloria en tanto superior a la de Moisés, 
   en cuanto la dignidad del constructor de la casa supera a la casa misma.
4 Porque toda casa tiene su constructor; mas el constructor del universo es Dios.
5 Ciertamente, Moisés fue fiel en toda su casa, como servidor,
   para atestiguar cuanto había de anunciarse,
6 pero Cristo lo fue como hijo, al frente de su propia casa, que somos nosotros, 
   si es que mantenemos la entereza y la gozosa satisfacción de la esperanza.

domingo, 12 de junio de 2022

2 Corintios 5,1-10: La morada incorruptible

5,1-10: La morada incorruptible

1 Nosotros sabemos, en efecto, que si esta tienda de campaña –nuestra morada terrenal– es destruida, 
   tenemos una casa permanente en el cielo, no construida por el hombre, sino por Dios. 
2 Por eso, ahora gemimos deseando ardientemente revestirnos de aquella morada celestial; 
3 porque una vez que nos hayamos revestido de ella, ya no nos encontraremos desnudos. 
4 Mientras estamos en esta tienda de campaña, gemimos angustiosamente, 
   porque no queremos ser desvestidos, sino revestirnos, a fin de que lo que es mortal 
   sea absorbido por la vida. 
5 Y aquel que nos destinó para esto es el mismo Dios que nos dio las primicias del Espíritu.
6 Por eso, nos sentimos plenamente seguros, sabiendo que habitar en este cuerpo es vivir en el exilio, 
   lejos del Señor;
7 porque nosotros caminamos en la fe y todavía no vemos claramente. 
8 Sí, nos sentimos plenamente seguros, y por eso, preferimos dejar este cuerpo para estar junto al Señor; 
9 en definitiva, sea que vivamos en este cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradarlo. 
10 Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba, 
     de acuerdo con sus obras buenas o malas, lo que mereció durante su vida mortal.

lunes, 27 de agosto de 2018

1 Carta a Timoteo 3,1-7: El jefe de la comunidad

El jefe de la comunidad
3:1 Es muy cierta esta afirmación: "El que aspira a presidir la comunidad, desea ejercer una noble función".
3:2 Por eso, el que preside debe ser un hombre irreprochable, que se haya casado una sola vez, sobrio, equilibrado, ordenado, hospitalario y apto para la enseñanza.
3:3 Que no sea afecto a la bebida ni pendenciero, sino indulgente, enemigo de las querellas y desinteresado.
3:4 Que sepa gobernar su propia casa y mantener a sus hijos en la obediencia con toda dignidad.
3:5 Porque si no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar la Iglesia de Dios?
3:6 Y no debe ser un hombre recientemente convertido, para que el orgullo no le haga perder la cabeza y no incurra en la misma condenación que el demonio.
3:7 También es necesario que goce de buena fama entre los no creyentes, para no exponerse a la maledicencia y a las redes del demonio. 

viernes, 20 de enero de 2017

Hebreos 8:6-13: Imperfección de la Antigua Alianza

Hebreos 8:6-13
Viernes de la 2 Semana del Tiempo Ordinario, Año I

Ahora bien, él ha obtenido un ministerio tanto mejor cuanto es mediador de una alianza mejor, como fundada en promesas mejores. Pues si aquella primera hubiera sido irreprochable, no habría lugar para una segunda. Porque les dice en tono de reproche: He aquí que vienen días, dice el Señor, en que yo concluiré con la casa de Israel y con la casa de Judá una nueva alianza, no como la alianza que hice con sus padres el día en que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto. Como ellos no permanecieron en mi alianza, también yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Esta es la alianza que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en su mente, en sus corazones las grabaré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y no habrá de instruir ni uno a su prójimo ni otro a su hermano diciendo: «¡Conoce al Señor!», pues todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque me apiadaré de sus iniquidades y de sus pecados no me acordaré ya. Al decir nueva, declaró antigua la primera; y lo antiguo y viejo está a punto de desaparecer.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Juan 14,1-14: Jesús, camino hacia el Padre

Juan 14,1-12

2 de noviembre: Conmemoración de los fieles difuntos (14,1-6)


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino." Tomás le dice: "Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús le responde: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto." Felipe le dice: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta." Jesús le replica: "Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré."


SOBRE EL MISMO TEMA:

jueves, 28 de enero de 2016

2 Samuel 7,18-19.24-29: Oración de David

2 Samuel 7,18-19.24-29
Jueves de la 3 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

Después que Natán habló a David, el rey fue a presentarse ante el Señor y dijo: "¿Quién soy yo, mi Señor, y qué es mi familia, para que me hayas hecho llegar hasta aquí? ¡Y, por si fuera poco para ti, mi Señor, has hecho a la casa de tu siervo una promesa para el futuro, mientras existan hombres, mi Señor! Has establecido a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios. Ahora, pues, Señor Dios, mantén siempre la promesa que has hecho a tu siervo y su familia, cumple tu palabra. Que tu nombre sea siempre famoso. Que digan: "¡El Señor de los ejércitos es Dios de Israel!" Y que la casa de tu siervo David permanezca en tu presencia. Tú, Señor de los ejércitos, Dios de Israel, has hecho a tu siervo esta revelación: "Te edificaré una casa"; por eso tu siervo se ha atrevido a dirigirte esta plegaria. Ahora, mi Señor, tú eres el Dios verdadero, tus palabras son de fiar, y has hecho esta promesa a tu siervo. Dígnate, pues, bendecir a la casa de tu siervo, para que esté siempre en tu presencia; ya que tú, mi Señor, lo has dicho, sea siempre bendita la casa de tu siervo."

SOBRE EL MISMO TEMA:
Acción de gracias de David    

martes, 5 de noviembre de 2013

Romanos 16,3-9.16.22-27: "Saludos a Prisca y Aquila, colaboradores míos en la obra de Cristo Jesús; por salvar mi vida expusieron su cabeza, y no soy yo sólo quien les está agradecido, también todas las Iglesias de los gentiles. Saludad a la Iglesia que se reúne en su casa".

Romanos 16,3-9.16.22-27

Hermanos: Saludos a Prisca y Aquila, colaboradores míos en la obra de Cristo Jesús; por salvar mi vida expusieron su cabeza, y no soy yo sólo quien les está agradecido, también todas las Iglesias de los gentiles. Saludad a la Iglesia que se reúne en su casa. Saludos a mi querido Epéneto, el primer convertido de Cristo en Asia. Saludos a María, que ha trabajado mucho por vosotros. Saludos a Andrónico y Junia, mis paisanos y compañeros de prisión, ilustres entre los apóstoles, que llegaron a Cristo antes que yo. Saludos a Ampliato, mi amigo en el Señor. Saludos a Urbano, colaborador mío en la obra de Cristo, y a mi querido Estaquis. Saludaos unos a otros con el beso ritual. Todas las Iglesias de Cristo os saludan. Yo, Tercio, que escribo la carta, os mando un saludo en el Señor. Os saluda Gayo, que me hospeda, y toda esta Iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y nuestro hermano Cuarto. Al que puede fortaleceros según el Evangelio que yo proclamo, predicando a Cristo Jesús, revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora en los escritos proféticos, dado a conocer por decreto del Dios eterno, para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe, al Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.