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sábado, 6 de enero de 2024

Mc 1,9-11: El bautismo de Jesús

Mc 1,9-11 

9 En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.
10 Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él 
     como una paloma;
11 y una voz desde el cielo dijo: 
     "Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección".

lunes, 12 de diciembre de 2022

Lucas 1,26-38: Anunciación del Señor

Lucas 1,26-38
22 de agosto: María Reina
8 de diciembre: Inmaculada Concepción
12 de diciembre: Ntra. Sra. de Guadalupe


A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo." Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: "No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin." Y María dijo al ángel: "¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?" El ángel le contestó: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible." María contestó: "Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra." Y la dejó el ángel.

SOBRE EL MISMO TEMA:

viernes, 9 de diciembre de 2022

Sobre la Santa Casa de Loreto


La Santa Casa de Loreto es la misma casa de Nazaret que visitó el Arcángel Gabriel en la Anunciación a la Santísima Virgen María. Es allí donde el Verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros. Allí también vivió la Sagrada Familia a su regreso de Egipto y donde Jesús pasó 30 de sus 33 años junto a La Virgen y San José.

Pronto La Santa Casa se convirtió en lugar de reunión para la celebración de la Santa Misa de los primeros Cristianos. Podemos imaginarnos con qué amor y veneración cuidaban este Santo Lugar.

Actualmente la Santa Casa está situada dentro de la Basílica que para ella se construyó en Loreto, Italia. Dentro de la casa de Loreto se venera la pequeña estatua de La Virgen de Loreto. La Santa Casa en Nazaret tenía dos partes: una parte era una pequeña gruta y la segunda parte una pequeña estructura de ladrillos que se extendía desde la entrada de la gruta. La estructura de ladrillos no tenía sino tres paredes, ya que un lado pegaba con la pared de la gruta.

¿Cómo llegó la casa de Nazaret a Loreto, Italia? Hay varias tradiciones. Una de ellas habla de ángeles que transportaron la casa por los aires. Pero hay documentos que parecen indicar que el responsable del traslado es un comerciante llamado Nicéforo Angelo del siglo XIII. Quizás su apellido inspiró la idea del traslado por medio de ángeles. En todo caso, tan extraordinaria empresa, sin duda, tuvo la protección y guía del cielo. Ya lo había dicho el ángel a la Virgen en esa misma casa: «Para Dios nada es imposible».

Tratan de destruir la Santa Casa

La casa de Loreto es sagrada en virtud de quienes en ella habitaron. Muchos consideran la Santa Casa de Loreto como uno de los lugares más sagrados del mundo y Dios no quiso que esta casa fuese profanada o destruida, sino preservada para siempre. En 1291, los Sarracenos conquistaban la Tierra Santa. Quisieron acabar con toda la historia del cristianismo y la mejor forma para ellos era destruyendo todos los lugares sagrados.

Fueron en busca de cada lugar venerado por su asociación con la vida de Cristo. Cuando llegaron a las proximidades de Nazaret, La Santa Casa no tenía defensa humana. Esta era bien conocida, porque los cristianos desde el tiempo de los Apóstoles la tenían con gran reverencia y celebraban allí la Santa Misa. Los enemigos se decían: «Nunca más los cristianos celebrarán aquí la Anunciación»

La Basílica construida sobre la Santa Casa ya había sido destruida dos veces antes. La primera vez fue en el 1090. Sin embargo, la casa quedaba intacta. Los cruzados reconstruyeron la Basílica, pero en 1263 fue destruida de nuevo. Una vez más la Santa Casa fue protegida. Esta vez los cruzados no pudieron reconstruir la Basílica y la Santa Casa se quedó sin protección.

La tradición del traslado Angelical

Según esta tradición, en 1291, cuando los cruzados perdían control sobre la Tierra Santa, Nuestro Señor decidió enviar a los ángeles a proteger su Santa Casa y les dio el mandato de que movieran la casa a un lugar seguro. 

El 12 de mayo de 1291 los ángeles trasladaron la casa hasta un pequeño poblado llamado Tersatto, en Croacia. Muy temprano en la mañana la descubrieron los vecinos y se asombraron al ver esta Casa sin cimiento y no se explicaban cómo llegó ahí. Se adentraron y vieron un altar de piedra. En el altar había una estatua de cedro de la Virgen María, que tenía al niño Jesús en sus brazos. El niño Jesús tenía sus dos dedos de la mano derecha extendido como bendiciendo. Con su mano izquierda sostenía una esfera de oro representando al mundo. Ambos estaban vestidos como con unas batas y tenían coronas de oro.

Unos días más tarde, la Virgen María se le apareció a un sacerdote de ese lugar y le explicó de dónde venía la casa. Ella dijo: «Debes saber que la casa que recientemente fue traída a tu tierra es la misma casa en la cual yo nací y crecí. Aquí, en la Anunciación del Arcángel Gabriel, yo concebí al Creador de todas las cosas. Aquí, el Verbo se hizo carne. El altar que fue trasladado con la casa fue consagrado por Pedro, el Príncipe de los Apóstoles. Esta casa ha venido de Nazaret a tu tierra por el poder de Dios, para el cual nada es imposible. Ahora, para que tú puedas dar testimonio de todo esto, sé sanado. Tu curación inesperada y repentina confirmará la verdad que yo te he declarado hoy.»

El sacerdote, que había estado enfermo por mucho tiempo, se sanó inmediatamente y anunció al pueblo el milagro que había ocurrido. Comenzaron las peregrinaciones a la Santa Casa. Los residentes de este pequeño pueblo construyeron sobre la Santa Casa un edificio sencillo para protegerla de los elementos de la naturaleza. Pero la alegría de los croatas duró poco tiempo. Después de tres años y cinco meses de estar la casa en este poblado, en la noche del 10 de diciembre, de 1294, la casa desapareció de Tersatto para nunca más volver.

Un residente devoto de Tersatto construyó una pequeña iglesia en el lugar donde estuvo la casa, una réplica de esta. Y puso la siguiente inscripción: ¨La Santa Casa de la Virgen María vino de Nazaret el 10 de diciembre de 1291 y estuvo hasta el 10 de diciembre de 1294.¨La gente de Croacia continuó venerando a Nuestra Señora en la réplica de la Santa Casa. Fue tanta su devoción, que el Papa Urbano V envió a la gente de Tersatto una imagen de Nuestra Señora en 1367.

La Santa Casa es llevada a Italia

El 10 de diciembre de 1294, unos pastores de la región de Loreto en Italia reportaron que habían visto una casa volando sobre el mar, sostenida por ángeles. Había un ángel vestido con una capa roja (san Miguel) que dirigía a los otros y la Virgen María con el Niño Jesús estaban sentados sobre la casa. Los ángeles bajaron la casa en un lugar llamado Banderuola.

Muchos llegaban a visitar esta santa casa, pero también habían algunos que llegaban para asaltar a los peregrinos. Por esta razón las personas dejaron de llegar y la casa nuevamente fue trasladada por los ángeles a un cerro en medio de una finca. La Santa Casa no se quedaría aquí por mucho tiempo. La finca era de dos hermanos que comenzaron a discutir sobre quién era el dueño de la casa. Por tercera vez la casa es trasladada a otro cerro y la colocaron en el medio del camino. Ese es el lugar que ha ocupado ya por 700 años.

Los habitantes de Recanati y Loreto verdaderamente no sabían la historia de la Santa Casa, solo sabían de los milagros que se acontecían ahí. Dos años más tarde, la Virgen María se le apareció a un ermitaño llamado Pablo y le contó el origen y la historia de la Santa Casa: “Se mantuvo en la ciudad de Nazaret hasta que por el permiso de Dios, aquellos que honraban esta casa fueron expulsados por los enemigos. Ya que no se le honraba y estaba en peligro de ser profanada, mi Hijo quiso trasladarla de Nazaret a Yugoslavia y de ahí hasta tu tierra”. Pablo entonces se lo contó a las personas del pueblo y comenzaron a hacer gestiones para verificar la autenticidad de la casa. Fueron primero a Tersatto y luego a Nazaret.

Investigaciones de los expertos

Los expertos asignados a este proyecto fueron a Tersatto. Ahí les verificaron que las paredes eran de color rojizo y cerca de 16¨ de ancho. Descubrieron también que la replica medía exactamente igual que la de Loreto, 31 ¼ pies de largo por 13 pies y 4 pulgadas de ancho por 28 pies de alto. Tenía una sola puerta de 7 pies de alto y 4 1/2 de ancho. Tenía también una ventana. Todas las descripciones, incluso las de los elementos interiores y las estatuas, coincidían.

En Nazaret: descubrieron que de verdad era la casa de la Virgen. Las medidas de la fundación eran exactas a las de Loreto y la maqueta construida en Tersatto. Después de 6 meses regresaron a Loreto y declararon la autenticidad de la Santa Casa. Años más tarde, encontraron monedas debajo de la casa, no solo del área de Nazaret, sino que del período en que la casa estuvo en Nazaret. Las piedras y la tierra utilizada para el relleno de la casa era idéntica a las que se usaban en Nazaret en ese tiempo y civilización. La casa no tiene cimientos, ya que estos se quedaron en Nazaret.

Anécdotas de la Santa Casa de Loreto

Llegó un tiempo en que muchos peregrinos iban a este santuario y el Papa Clemente VII mandó que se cerrara la puerta original y se construyeran tres puertas, ya que solo había un puerta y las personas se peleaban para entrar y salir. Solo había un problema y era que nadie le había pedido permiso a la Virgen María para las alteraciones. Cuando el arquitecto cogió su martillo para comenzar, su mano se marchitó y comenzó a temblar. Enseguida se fue de Loreto y nadie más quiso hacer el trabajo. Tiempo después un clérigo llamado Ventura Barino aceptó hacer el trabajo, pero primero se arrodilló y rezó a la Virgen. Este le dijo que no era su culpa, sino la orden del Papa, que si ella estaba enojada que lo tomara contra el Papa y no contra él¨. El clérigo pudo completar el trabajo. Las personas de Loreto también decidieron proteger la Santa Casa poniéndole una pared de ladrillo, pero después que terminaron con la pared, la pared se separó de la casa. Por eso hay un espacio entre la Santa Casa y la pared que fue construida.

Un Lugar Sagrado

La Santa Casa es considerada entre los lugares más sagrados del mundo. Antes de que la Santa Casa fuese trasladada, San Francisco de Asís había profetizado que un día Loreto se iba a llamar el lugar más sagrado del mundo y que por ello debían abrir una casa allí.

Muchos santos, beatos y Papas han visitado esta casa. Entre ellos, San Francisco de Sales, hizo sus votos de celibato en la Santa Casa; Santa Teresa de Lisieux, antes de ir a pedir permiso al Papa para entrar al Carmelo a la edad de 15 años, visitó la Santa Casa; San Maximiliano Kolbe, en su regreso a la ciudad de la Inmaculada, poco antes de ser llevado al campo de concentración; y muchísimos otros santos.

El Papa Juan XXIII fue el día antes de convocar el Concilio Vaticano II y pidió a la Virgen de Loreto la protección del Concilio. Juan Pablo II ha visitado muchas veces la Casa de Loreto y ha tenido allí convenciones de jóvenes y familias.

Muchos peregrinos van cada año a visitar a la Santa Casa. A visitar el lugar donde la Sagrada Familia vivió y a recibir las gracias que Dios les quiere dar. Es una tradición rezar de rodillas el Santo Rosario alrededor de la Casa. Es un rosario penitencial pidiendo la intercesión poderosa de la Stma. Virgen. Procesiones con velas del Santísimo Sacramento forman parte de las celebraciones en la Basílica de la Santa Casa de Loreto.

La imagen de Nuestra Sra. de Loreto, se encuentra en el interior de la Casa, tiene una la túnica tradicional decorativa. El color oscuro de la imagen representa a la estatua original de madera, que con los siglos se oscureció con el hollín de las lámparas del aceite que se usaba en la capilla. En 1921 se destruyó la estatua original en un incendio, y otra similar fue colocada en el lugar.
Publicado en Catholic.net

APÉNDICE

Para la Santa Casa de Loreto, o la Casa de la Virgen María, donde recibió la Anunciación del Ángel, en las últimas décadas se ha dicho que habría llegado a Italia no milagrosamente, sino desmantelada por algunos cruzados y un noble, una familia llamada de Angelis, se los habría comprado.

En realidad, esta teoría es falsa porque hay cuatro pruebas inequívocas que demuestran la traducción milagrosa de la Santa Casa. Tomamos del precioso libro: Miracolosa Traslazione a Loreto de la residencia de la Santissima Annunziata de Giuseppe M.Pace.

Primera prueba:

La limpieza de las paredes de la Casa Santa hizo posible ver cincuenta graffiti en ellas y de una manera claramente interpretable. Según especialistas, como el padre Bellarmino Bagatti y padre Emmanuele Testa, algunos representan símbolos religiosos judeocristianos de los siglos II y III, similares a los que se ven en las paredes rocosas de la Gruta de la Anunciación en Nazaret. 

Dado que la Casa Santa habría sido reconstruida en Loreto como lo fue en Nazaret con piedras sueltas, no está claro cómo los albañiles de la época podrían recomponer perfectamente estos graffiti. De hecho, estos graffiti atestiguan que no llegaron a Loreto dispersos dentro de una piedra suelta, sino en paredes intactas y compactas.

Segunda prueba:

La investigación sobre la historicidad de la Santa Casa de Loreto, venerada durante siglos como el hogar de María de Nazaret, se enriquece con una nueva e importante documentación con los estudios publicados en el libro La Santa casa di Loreto – La Santa casa de Nazaret, para la serie de estudios Lauretan dirigida por el padre Giuseppe Santarelli. El ingeniero Monelli comparó piedras, planos y técnicas de construcción entre la Casa de Loreto y la de Nazaret, llegando a conclusiones convincentes: existen muchas anomalías en la Casa de Loreto que contrastan con el estilo y las técnicas de construcción utilizadas y pertenecen en cambio a la tradición palestina. El mismo procesamiento y acabado de las piedras (cuyo uso era desconocido en la región de Loreto) es típico de la cultura nabatea que también tuvo influencia en Galilea. Finalmente, Monelli demuestra que estas anomalías desaparecen si la Casa Lauretana se transporta idealmente frente a la Gruta de Nazaret que, según la tradición, era una sola vivienda.

Tercera prueba:

La Casa Santa fue construida en completa violación de la sensibilidad urbana medieval. Basta recordar la forma de construir casas, comprender cómo una construcción en una carretera es estridente, además conocida por sus orígenes muy antiguos, como lo atestiguan los hallazgos arqueológicos. Toda la planificación urbana y la arquitectura de la región de Marche hacen de este lugar una verdadera excepción, un caso anormal y, como tal, fuera de la práctica urbana común. Si no hubiera habido una traslación milagrosa, la autoridad competente, antes de permitir la reconstrucción de la Santa Casa en el camino, obstruyéndolo, hubiera tenido que abrir al tráfico la nueva sección del camino que reemplazaría la sección obstruida.

Cuarta prueba:

Tampoco debe olvidarse que la Casa Santa se coloca en la calle sin sus propios cimientos. Solo cuando las paredes de la Santa Casa se consideraron inseguras debido a la baja consistencia se insertaron cimientos y, luego, la Casa fue rodeada por un gran muro. Es contra el sentido común más elemental que la autoridad competente permite la construcción de un edificio en una vía pública importante, a costa de rehacer una sección considerable de la misma y remediando esta supuesta omisión con trabajos de sub-fundaciones mucho más exigentes y costosos que las fundaciones comunes.

Conclusión:

Para concluir, bastaría con hacer esta reflexión. En la Casa Santa se realizó el evento más inimaginable humanamente de la historia: la Encarnación de la Palabra. Ahora, si Dios realmente se ha hecho hombre, todo se hace posible; También la de los ángeles, para evitar que la Casa Santa fuera profanada por musulmanes, volaron a Italia.


miércoles, 30 de noviembre de 2022

Mateo 4,12-23: Comienzo de la predicación de Jesús. Primeros discípulos

Mateo 4,12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que habla dicho el profeta Isaías: "País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló." Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos."
Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: "Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres." Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

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lunes, 3 de septiembre de 2018

Lucas 4,16-30: Enseñanza de Jesús en Nazaret

Lucas 4,16-30 
(Cf. Mt 13,54-58; Mc 6,1-6)

Lunes de la 22 Semana del Tiempo Ordinario I y II,

En aquel tiempo fue Jesús a Nazaret, donde se había criado; entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desarrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor". Y, enrollando el libro, lo devolvió al que lo ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír". Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: "¿No es éste el hijo de José?" Y les dijo: "Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo"; haz también aquí, en tu tierra, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm". Y añadió: "Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio". Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.


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viernes, 24 de agosto de 2018

Juan 1,45-51: Primeros discípulos de Jesús

Juan 1,45-51
5 de enero: feria de Navidad


En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice:
— Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.
Natanael le replicó:
— ¿De Nazaret puede salir algo bueno?
Felipe le contestó:
— Ven y verás.
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
— Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.
Natanael le contesta:
— ¿De qué me conoces?
Jesús le responde:
— Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
Natanael respondió:
— Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.
Jesús le contestó:
— ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has ver cosas mayores.
Y le añadió:
— Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

SOBRE EL MISMO TEMA

Juan 1,45-51: Comentario exegético

Juan 1,45-51

Al día siguiente, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.» Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.» Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel.» Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Reflexión por la Orden Carmelita

• Jesús volvió para Galilea. Encontró a Felipe y le llamó: ¡Sígueme! El objetivo del llamado es siempre el mismo: "Seguir a Jesús” Los primeros cristianos insistieron en conservar los nombres de los primeros discípulos. De algunos conservaron hasta los apellidos y el nombre del lugar de origen. Felipe, Andrés y Pedro eran de Betsaida (Jn 1,44). Natanael era de Caná. Hoy, muchos olvidan los nombres de las personas que están en el origen de su comunidad. Recordar los nombres es una forma de conservar la identidad.

• Felipe encuentra Natanael y habla con él sobre Jesús: "Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la Ley y también los profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret". Jesús es aquel hacia quien apuntaba la historia del Antiguo Testamento.

• Natanael pregunta: "Pero, ¿puede salir algo bueno de Nazaret?” Posiblemente en su pregunta emerge la rivalidad que acostumbraba existir entre las pequeñas aldeas de una misma región: Caná y Nazaret.

Además de esto, según la enseñanza oficial de los escribas, el Mesías vendría de Belén en Judea. No podía venir de Nazaret en Galilea (Jn 7,41-42). Andrés da la misma respuesta que Jesús había dado a los otros dos discípulos: “¡Ven y verás!" No es imponiendo sino viendo que las personas se convencen. De nuevo, ¡el mismo proceso: encontrar, experimentar, compartir, testimoniar, llevar a Jesús!

• Jesús ve a Natanael y dice: "¡Ahí viene un verdadero israelita, sin falsedad!" Y afirma que ya le conocía, cuando estaba debajo de la higuera. ¿Cómo es que Natanael podía ser un "auténtico israelita” si no aceptaba a Jesús como Mesías? Natanael "estaba debajo de la higuera".

La higuera era el símbolo de Israel (cf. Mi 4,4; Zc 3,10; 1Re 5,5). Israelita auténtico es aquel que sabe deshacerse de sus propias ideas cuando percibe que no concuerdan con el proyecto de Dios. El israelita que no está dispuesto a esta conversión no es ni auténtico, ni honesto. Él esperaba al Mesías según la enseñanza oficial de la época (Jn 7,41-42.52); por esto, inicialmente, no aceptaba a un mesías venido de Nazaret. Pero el encuentro con Jesús le ayudó a percibir que el proyecto de Dios no siempre es como la gente se lo imagina o desea que sea. El reconoce su engaño, cambia idea, acepta a Jesús como mesías y confiesa: "¡Maestro, tu eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel!"

“Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”: Quien será fiel, verá el cielo abierto y los ángeles que suben y bajan sobre el Hijo del Hombre. Experimentará que Jesús es la nueva alianza entre Dios y nosotros, los seres humanos. Es la realización del sueño de Jacob (Gén 28,10-22).

martes, 14 de agosto de 2018

Lucas 2,1-7: El nacimiento de Jesús

El nacimiento de Jesús


1 En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, 
   ordenando que se realizara un censo en todo el mundo.
2 Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria.
3 Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.
4 José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, 
   y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David,
5 para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.
6 Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre;
7 y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, 
   porque no había lugar para ellos en el albergue.

sábado, 30 de diciembre de 2017

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA, Ciclo B, Comentario bíblico de Fray Miguel de Burgos Núñez, OP


La tradición litúrgica reserva este primer domingo después de Navidad a la Sagrada Familia de Nazaret. El tiempo de Nazaret es un tiempo de silencio, oculto, que deja en lo recóndito de esa ciudad de Galilea, desconocida hasta que ese nombre aparece por primera vez en el relato de la Anunciación de Lucas y en el evangelio de hoy, una carga muy peculiar de intimidades profundas. Es ahí donde Jesús se hace hombre también, donde su personalidad psicológica se cincela en las tradiciones de su pueblo, y donde madura un proyecto que un día debe llevar a cabo.

Sabemos que históricamente quedan muchas cosas por explicar; es un secreto que guarda Nazaret como los vigilantes (Nazaret viene del verbo nasar, que significa vigilar o florecer; el nombre de Nazaret sería flor o vigilante). En todo caso, Nazaret, hoy y siempre, es una sorpresa, porque es una llamada eterna a escuchar la voz de Dios y a responder como lo hizo María.

• Iª Lectura: Eclesiástico (3,3-7;14-17):
El misterio creador de ser padres


La primera lectura de este domingo está tomada del Ben Sirá  o Eclesiástico. Tener un padre y una madre es como un tesoro, decía la sabiduría antigua, porque sin padre y sin madre no se puede ser persona. Por eso Dios, a pesar de que lo confesamos como Omnipotente y Poderoso, no se encarnó, no se acercó a nosotros sin ser hijo de una madre. Y también aprendió a tener un padre.

La familia está formada por unos padres y unos hijos y nadie está en el mundo sin ese proceso que no puede reducirse a lo biológico. No tenemos otra manera de venir al mundo, de crecer, de madurar y ello forma parte del misterio de la creación de Dios. Por eso el misterio de ser padres no puede quedar reducido solamente a lo biológico. Eso es lo más fácil y a veces irracional del mundo. Ser padres, porque se tienen hijos, es un misterio de vida que los creyentes sabemos que está en las manos de Dios.

Como el relato de Lucas estará centrado en la respuesta de Jesús a “las cosas de mi Padre”, se ha tenido en cuenta el elogio del padre humano de Jesús, que no es otro que José, tal como se le conocía perfectamente en Nazaret. Aunque Jesús, o Lucas más bien, ha querido decir que el “Padre” de Jesús es otro, no se quiere pasar por alto el papel del “padre humano” que tuvo Jesús en Nazaret.

La arqueología nos muestra esa casa de José dónde se llevó a María; donde Jesús vivió con ellos hasta que, contando como con unos treinta años, abandonó su hogar para dedicarse a la predicación del Reino de Dios; donde posteriormente se reúne una comunidad judeo-cristiana para vivir sus experiencia religiosas.

• IIª Lectura: Colosenses (3,12-21):
Los valores de una familia cristiana


La lectura de este domingo es de Colosenses y está identificada en gran parte como un “código ético y doméstico”, porque nos habla del comportamiento de los cristianos entre sí, en la comunidad.

Lo que se pide para la comunidad cristiana -misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia-, para los que forman el “Cuerpo de Cristo”, son valores que, sin mayor trascendencia, deben ser la constante de los que han sido llamados a ser cristianos. Son valores de una ética que tampoco se pueda decir que se quede en lo humano. No es eso lo que se puede pedir a nivel social.

Aquí hay algo más que los cristianos deben saber aportar desde esa vocación radical de su vida. La misericordia no es propio de la ética humana, sino religiosa. Es posible que en algunas escuelas filosóficas se hayan pedido cosas como estas pero el autor de Colosenses está hablando a cristianos y trata de modificar o radicalizar lo que los cristianos deben vivir entre sí; de ello se deben “revestir”.

El segundo momento es, propiamente hablando, el “código doméstico” que hoy nos resulta estrecho de miras ya que las mujeres no pueden estar “sometidas” a sus maridos. Sus imágenes son propias de una época que actualmente se quedan muy cortas y no siempre son significativas.

Todos somos iguales ante el Señor y ante todo el mundo, de esto no puede caber la menor duda. El código familiar cristiano no puede estar contra la liberación o emancipación de la mujer o de los hijos. Por ser cristianos, no podemos construir una ética familiar que esté en contra de la dignidad humana.

Pero es verdad que el código familiar cristiano debe tener un perfil que asuma los valores que se han pedido para “revestirse” y construir el  “cuerpo de Cristo”, la Iglesia. Por tanto, la misericordia, la bondad, la humildad, la mansedumbre y la paciencia, que son necesarias para toda familia, lo deben ser más para una familia que se sienta cristiana.

Si los hijos deben obedecer a sus padres, tampoco es por razones irracionales, sino porque sin unos padres que amen y protejan, la vida sería muy dura para ellos.

• Evangelio (Lucas 2,22-40):
El Salvador ha crecido en familia


El evangelio de hoy, en su conjunto, es toda una historia familiar con la que Lucas cierra lo que se conoce como el "evangelio de la infancia" (aunque queda el último episodio en Jerusalén).

La intencionalidad de esta lectura para la liturgia de hoy es manifiesta; quizás por lo que se afirma de que cumplieron "lo que prescribe la ley del Señor". Es una familia que quiere ser fiel a Dios y en aquella mentalidad la fidelidad a Dios se manifestaba precisamente en el cumplimiento de todo aquello que exigía la ley del Señor.

De hecho, el texto podría reducirse a los primeros versículos y al final de este conjunto (vv. 22-23"39-40). Entonces quedarían descartados, a todos los efectos, el episodio de Simeón y de Ana, en el momento de la purificación de la madre y de la presentación de Jesús al Señor en el templo.
Por lo tanto habría que incidir en el sentido de la vida familiar, de una familia judía, piadosa, probablemente de educación farisea, que era lo común, que no se sale de la norma tradicional y religiosa. No es este un matiz a olvidar porque deberíamos aproximarnos siempre a la figura de Jesús desde la normalidad de una vida en el judaísmo de la época, en la normalidad de trabajo y de la vivencia familiar.

Bien es verdad que Lucas concluye su relato con una expresión que va más allá de lo que es vivir normalmente: "el niño crecía en sabiduría (sofía) y gracia (járis) de Dios" (y. 40; cf. 2,52).

Hay mucha intencionalidad en esto por parte del redactor del evangelio. Porque si bien quería presentar el marco normal de una vida de crecimiento de un niño en una familia religiosa, por otra está apuntando a que este niño está llamado a otra cosa bien distinta de los demás.

No obstante Lucas ha relatado esta historia de familia con unos pormenores que la hacen especial. En la presentación del niño se debía rescatar al primogénito (cf Nm 8,15-18;18,16) mediante el pago de una pequeña cantidad, cosa que no se nos describe, ya que no lo entiende él como "rescate".

Por otra parte, no era necesario en la presentación del primogénito, ni a la purificación de la madre, hacerlo necesariamente en el templo. Pero el evangelista lo quiere así para darle más sentido y para que los episodios de Simeón y Ana (absolutamente proféticos y originales) tengan el marco adecuado. No vamos a incidir a este aspecto, ya que requeriría más explicaciones que las necesarias para la liturgia de hoy.

Pero en la semiótica de todo esto vemos que el "relato de familia se convierte en una propuesta de fidelidad y cumplimiento, aunque con voces proféticas detrás, como la de Simeón y Ana, que están poniendo de manifiesto que este niño está destinado a algo más que ser un judío cumplidor de la ley.
Este viejo-visionario vive de la esperanza de algo más que todo eso, y así logra lo que su esperanza le dictan: ver la luz que alumbrará a todas las naciones. El canto de Simeón, el famoso "Nunc dimittis", no deja lugar a dudas, ya que los cantos en estos capítulos de Lucas desempeñan un papel primordial (así es el caso también del Magnificat y el Benedictus).

Y de la misma manera la profetisa Ana – cuando la profecía estaba muerta en Israel desde hacía siglos, y una mujer además, no lo olvidemos—, anuncia cosas nuevas de este niño, en una familia, que no se pueden reducir solamente en ser fieles a la ley del Señor, sino a la voluntad salvadora de Dios. Aquí se está anunciando algo inaudito que, sin embargo, crece y se experimenta en la normalidad de una familia religiosa y fiel a Dios.

AUTOR: Fray Miguel de Burgos Núñez, OP
Maestro y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura

Lucas 2,22-40: Presentación de Jesús en el Templo

Lucas 2,22-40 
15 de septiembre: Ntra. Sra. de los Dolores (2,33-35)


Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: "Todo primogénito varón será consagrado al Señor", y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: "un par de tórtolas o dos pichones."

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel." Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: "Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma."

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

SOBRE EL MISMO TEMA:

jueves, 21 de septiembre de 2017

Mateo 21,1-11: La entrada mesiánica en Jerusalén

Mateo 21,1-11: La entrada mesiánica en Jerusalén
Mc 11,1-11; Lc 19,29-40; Jn 12,12-19

21:1 Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos,
21:2 diciéndoles: "Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos.
21:3 Y si alguien les dice algo, respondan: "El Señor los necesita y los va a devolver en seguida"".
21:4 Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:
21:5 Digan a la hija de Sión:
Mira que tu rey viene hacia ti,
humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga.
21:6 Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado;
21:7 trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó.
21:8 Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas.
21:9 La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba:
"¡Hosana al Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosana en las alturas!"
21:10 Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: "¿Quién es este?"
21:11 Y la gente respondía: "Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea".

lunes, 4 de septiembre de 2017

LUNES DE LA 22 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

I Tesalonicenses 4,13-18
Salmo 95: El Señor llega a regir la tierra
Lucas 4,16-30

I Tesalonicenses 4,13-18

Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él. Esto es lo que os decimos como palabra del Señor: Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los difuntos. Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Salmo 95: El Señor llega a regir la tierra

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones.
R. El Señor llega a regir la tierra

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo.
R. El Señor llega a regir la tierra

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos.
R. El Señor llega a regir la tierra

Aclamen los árboles del bosque,
delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad.
R. El Señor llega a regir la tierra

Lucas 4,16-30

En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desarrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor." Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él.Y él se puso a decirles: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír." Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: "¿No es éste el hijo de José?" Y Jesús les dijo: "Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo"; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún." Y añadió: "Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio". Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

lunes, 14 de agosto de 2017

Las veintidós ciudades mencionadas en el Evangelio, por Luis Antequera

Exactamente veintidós, ni una más ni una menos, las cuáles vamos a intentar enumerar y describir aquí, sucintamente, para Vds..

Para comenzar no está de más especificar que cuando Jesús nace, toda Palestina es una única realidad política bajo el gobierno de Herodes el Grande. Pero cuando éste muere en el año 4 a.C., su reino se divide en tres grandes unidades:

Judea, en la que va a reinar su hijo Arquelao hasta que en el año 6 es depuesto por los propios romanos y la región pasa al gobierno directo de un gobernador romano, puesto que cuando Jesús es crucificado ocupa precisamente Poncio Pilatos;

Galilea, donde va a reinar Herodes Antipas hasta el año 36,es decir, la práctica totalidad de la vida de Jesús;

Herodes Filipo, que gobierna un pequeño reino al norte formado por las regiones de Iturea y Traconítida, con escasa importancia en el relato evangélico.

Dicho esto, las ciudades evangélicas son las siguientes.

BELÉN:

En la que nace Jesús. Sita en Judea, a una decena de kilómetros de Jerusalén. Sólo es citada en dos evangelios, los dos de la infancia, es decir, el de Mateo y el de Lucas. En el de Mateo, Belén parece ser la ciudad originaria de José y María. En el de Lucas, en cambio, sólo es la ciudad a la que la Sagrada Familia tiene que acudir a censarse de acuerdo con las instrucciones emanadas del Emperador, por ser la originaria no de ellos mismos, sino de los ancestros de José.

NAZARET:

Ciudad en la que se desarrolla la infancia de Jesús, sita en Galilea, unos kilómetros al este de Séforis, la capital galilea. En Lucas se presenta como la ciudad originaria de José y María. En Mateo es la ciudad en la que José decide establecerse cuando vuelve de Egipto, para no tener que vivir en las tierras de Judea sobre las que reina el déspota Arquelao, que luego será depuesto por el poder romano. La ciudad de Nazaret es citada en los cuatro evangelios.

BETHABARA:

La ciudad en la que Juan el Bautista hace aquello que le da nombre, esto es, bautizar, y en la que, en consecuencia, Jesús recibe el bautismo de manos de Juan. Cercana a la desembocadura del río Jordán, al norte del Mar Muerto, en el actual territorio, por lo tanto, de Jordania, sólo la cita Juan. Al referirse al bautismo de Jesús los Sinópticos simplemente lo sitúan “en el Jordán”.

CANÁ DE GALILEA:

Ciudad galilea en la que, según el Evangelio de Juan, Jesús se manifiesta por primera vez, incluso antes de lo que tenía previsto, realizando el milagro de la multiplicación del vino. Sólo la cita Juan. Los Sinópticos no citan ni la ciudad ni el episodio. Siempre según Juan, Jesús volverá a Caná en una segunda ocasión, en la que cura al hijo de un funcionario del rey Herodes.

CAFARNAÚM:

Ciudad galilea a orillas del llamado indistintamente “Mar de Galilea" y “Lago Genesaret” en la que se establece Jesús cuando vuelve de ser bautizado y de su retiro de 40 días en el desierto, y una vez que, como describe Lucas, es expulsado de Nazaret por sus convecinos. Se convierte por lo tanto en el cuartel general de Jesús. En ella cura al criado del centurión o a la suegra de Pedro, enrola a sus principales discípulos, etc.. Cafarnaúm es citada en los cuatro evangelios.

AINÓN:

Ciudad en la que Jesús bautiza él mismo. El evangelista Juan, único que la cita, la sitúa cerca de Salim y en la orilla opuesta del Jordán en la que el Bautista extendía su campo de acción.

SICAR:

Ciudad en Samaria en la que Jesús permanece dos días y en la que tiene lugar el episodio conocido como de “la Samaritana”. Tanto la ciudad como el episodio sólo son recogidos por Juan.

CORAZÍN:

No se cita ningún episodio ocurrido en él, pero el propio Jesús menciona su paso por ella cuando la maldice por no apreciar los milagros y prodigios que allí realiza. Como Belén, aparece en los evangelios de Mateo y de Lucas, no así en los de Marcos o Juan.

BETSAIDA:

Es maldita por Jesús en el mismo episodio en el que maldice a Corazín, según recogen tanto Mateo como Lucas. Pero contrariamente a lo sucedido con ésta, Betsaida sí es mencionada en muchos otros sucesos. Así, Marcos sitúa en Betsaida el episodio en el que Jesús camina sobre las aguas y la curación de un ciego. Lucas una de las multiplicaciones de los panes, la profesión de fe de Pedro y el primer anuncio de la Pasión. Juan la ignora por completo.

NAÍN:

Ciudad que sólo cita Lucas, en la que Jesús resucita al hijo de una viuda y recibe a los emisarios del Bautista, que le preguntan si es él “el que ha de venir o deben esperar a otro”. En ella parece situar también el episodio en el que Jesús es ungido por una pecadora en casa de un fariseo.

MAGDALA:

Ciudad a orillas del lago Tiberíades que en realidad no es mencionada en el Evangelio salvo por su toponímico, “magdalena”, habitante de Magdala, el cual, a su vez, da nombre a María, la primera persona que según Mateo, Marcos y Juan (no así Lucas) ve a Cristo una vez que ha resucitado.

TIRO y SIDÓN:

Dos ciudades en el actual territorio del Líbano. Citadas las dos juntas por Mateo, Marcos nos cuenta que en Tiro cura Jesús a la sirofenicia y que luego vuelve a Galilea por Sidón. Ni Lucas ni Juan las mencionan.

DALMANUTÁ:

Sólo la cita Marcos. Es el lugar en el que unos fariseos piden a Jesús que realice un signo, y donde éste previene de la levadura de fariseos y herodianos.

MAGADÁN:

Sólo la cita Mateo, pero los episodios que emplaza en ella son los mismos que Marcos sitúa en Dalmanutá.

CEAREA DE FILIPO:

Ciudad en el actual territorio de Siria en la que se produce el episodio conocido como “profesión de fe de Pedro”, una escena que según Lucas, se produce, sin embargo, en Betsaida, y que en Mateo, y sólo en Mateo, se amplía hasta convertir a Pedro en cabeza de la Iglesia “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”.

EFRAÍN:

Ciudad en el Desierto de Judea, a la que Jesús, según Juan y sólo según él, se retira a descansar pocos días antes de ser crucificado. Cabe preguntarse por la relación entre este Naín y el “desierto” que citan los tres sinópticos en el que Jesús se retira durante cuarenta días, sólo que no al final de su ministerio, como en Juan, sino a su inicio.

JERICÓ:

En Judea. Citada por Marcos, que sitúa en ella la curación del ciego Bartimeo -en la versión de Mateo los ciegos son dos y no tienen nombre-, y por Lucas, que sitúa allí a Zaqueo, el recaudador que invita a Jesús a comer en su casa.

BETFAGÉ:

En Judea también, junto al Monte de los Olivos. La citan los tres Sinópticos, no Juan, aunque de pasada.

BETANIA:

Ciudad en Judea, “a unos quince estadios de Jerusalén” como explica el evangelista Juan. Según Mateo y Marcos, en Betania es donde un fariseo invita a Jesús a comer y una pecadora le unge con perfumes. Según Marcos, en ella Jesús maldice a la higuera. En Betania vive, según Juan, el gran amigo de Jesús, Lázaro, al que resucita tres días después de muerto. Y según Lucas, desde Betania es que Jesús asciende a los cielos.

JERUSALÉN:

La ciudad santa de los judíos, la sede del Templo, la capital de Judea y del Gran Israel, la ciudad de los profetas, la que constituye el verdadero destino de la misión de Jesús y en la que éste es crucificado. Aparece citada en el Evangelio 68 veces. Los cuatro evangelistas mencionan Jerusalén como lugar en el que tienen lugar los últimos días de Jesús antes de ser crucificado, y donde tienen lugar episodios como la Purificación del Templo, la Ultima Cena, la traición de Judas, el prendimiento juicio y condena de Jesús. Mateo la menciona en su Evangelio de la Infancia con motivo del nacimiento de Jesús y de la visita de los reyes en su Evangelio de la Infancia. Lucas también en su Evangelio de la Infancia, situando en ella episodios como la circuncisión de Jesús, su presentación en el Templo con el cántico de Simeón, la profecía de Ana y también la Pascua que celebra rodeado de los sabios del Templo a los doce años de edad. Juan que, como se sabe, realiza un enfoque muy original del ministerio de Jesús, presentándolo a lo largo de tres años y no de uno como los Sinópticos, nos presenta a Jerusalén en cuatro ocasiones inéditas: la primera Pascua, una visita en la que cura al paralítico de la piscina de Betzatá, una fiesta de las Tiendas y una fiesta de la Dedicación.

EMAÚS:

Ciudad a “sesenta estadios de Jerusalén”, donde tiene lugar la que Lucas presenta como primera aparición de Jesús una vez resucitado.

Amén de todas estas ciudades, son citados en los evangelios algunas regiones y países como, por ejemplo, Egipto, mencionado en el Evangelio de Mateo y sólo en el de Mateo como lugar en el que se oculta la Sagrada Familia huyendo de la matanza de infantes ordenada por Herodes.

“La región de los gerasenos”, “frente a Galilea”, que mencionan Marcos y Lucas, no así Mateo ni Juan.

La Decápolis e Idumea, que sólo menciona Marcos.

Siria, que se menciona como tal en dos ocasiones, una por Lucas y otra por Mateo.

Galilea, que se nombra en más de sesenta ocasiones en los cuatro evangelios.

Judea, mencionada en más de treinta ocasiones también en los cuatro evangelios.

Y bien amigos, este es el repaso de las localizaciones geográficas presentes en el Evangelio. Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

lunes, 7 de agosto de 2017

De la tormentosa relación de Jesús con Nazaret, por Luis Antequera

Si se pregunta en la calle por la ciudad de Nazaret, la respuesta generalizada de los que más o menos conocen el relato evangélico será algo así como “la ciudad en la que vivió Jesús después de nacer en Belén”. Ahora bien, pocos son los que se hallarán en situación de exponer las muchas y por veces tormentosa relación que unió a Jesús con la ciudad en la que se crió.

Para poner las cosas en su contexto histórico-geográfico, dentro de lo que es el Gran Israel, Nazaret pertenecía a la región de Galilea, en la que en la época de Jesús reina Herodes Antipas. Y no a la de Judea, -en la que se hallan tanto Belén como Jerusalén-, convertida en provincia romana una vez depuesto el caótico rey judío Arquelao en el año 6, y por ello directamente gobernada desde Roma por un procurador. Procurador que cuando se produzcan los acontecimientos que desencadenarán la crucifixión de Jesús, no será otro que, precisamente, Poncio Pilatos.

En los Evangelios, la ciudad de Nazaret, sea como tal ciudad, sea a través del gentilicio que le corresponde, es mencionada en hasta 23 ocasiones: 5 en el de Mateo; 5 en el de Marcos; 8 en el de Lucas, y 5 en el de Juan.

Sobre esas menciones se pueden aún añadir algunas particularidades. De las 5 veces que la menciona Mateo, 3 de ellas lo son para dar apellido a Jesús, “Jesús de Nazaret”, incluso “Jesús el Nazoreo”. De las 5 que lo hace Marcos, 4 lo son con la misma finalidad. Lucas menciona Nazaret con dicha finalidad vocativa en 3 ocasiones de las 8 que lo hace, 2, de hecho, como “Jesús el Nazoreo”. Y Juan, en 3 de las 4.

Y todavía otra particularidad: tanto Mateo como Lucas denominan a la ciudad “Nazaret” cuando la refieren a la infancia de Jesús, y "Nazará" cuando, ya durante su ministerio, la vinculan a su procedencia geográfica. Lo que, curiosamente, se constituye en una bonita prueba (una más) de que Lucas no sólo conocía el Evangelio de Mateo (que se ha de considerar anterior), sino de que lo utiliza concienzudamente como fuente del suyo.

Dicho todo lo cual la pregunta es: si Jesús no nace en Nazaret sino en Belén, ¿cómo llega entonces a Nazaret?

Al tema sólo se refieren dos de los evangelistas, Mateo y Lucas, es decir, los dos que escriben un evangelio de la infancia, y no lo hacen ni Marcos ni Juan. Pero curiosamente, para cada uno de ellos, las circunstancias en las que el evento ocurre son diferentes, muy diferentes.

Para Mateo, ello sucede una vez que la Sagrada Familia, que parece residir originariamente en el Belén en el que nace Jesús, vuelve del “exilio egipcio” al que se había retirado huyendo de la matanza de infantes ordenada por Herodes el Grande (Mt 2,16-18)

“Al enterarse [José al volver de Egipto] de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y, avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea, y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret” (Mt 1,22-23).

Para Lucas en cambio, la Sagrada Familia reside originariamente en Nazaret, y la razón de hallarse en Belén cuando nace el niño es circunstancial y está relacionada con el hecho de que José tenía que empadronarse en Belén, de la que su familia era originaria. Una vez ocurrido el nacimiento, la familia vuelve con toda naturalidad a Nazaret (sin pasar, por cierto, por Egipto).

Si curiosa es la razón por la que Jesús, nacido en Belén, viene a parar a Nazaret, no menos curiosas son las circunstancias en las que lo abandonará, estrechamente relacionadas, como vamos a ver, con el inicio de su ministerio.

Los tres evangelistas sinópticos están de acuerdo en que el ministerio de Jesús comienza con el bautismo de manos de Juan el Bautista:

“Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan” (Mc 1, 9)
“Entonces se presenta Jesús, que viene de Galilea al Jordán, a donde Juan, para ser bautizado por él” (Mt. 3, 13).
“Todo el pueblo se estaba bautizando. Jesús, ya bautizado, se hallaba en oración” (Lc 4,21).

Están también de acuerdo los tres en que a continuación se retira al desierto durante cuarenta días (Mt 4,1-11; Mc 1,12-13; Lc 4,1-13) . Pero y después, ¿qué pasa después?

Marcos simplemente nos dice que Jesús "marcha a Galilea" (Mc 1,14) y "llega a Cafarnaúm" (Mc 1,21). Mateo, aunque algo más explícito que su colega cuando nos dice que “dejando Nazará, vino a residir en Cafarnaún junto al mar” (Mt 4,13), tampoco nos da mayor explicación.

Ahora bien, ¿cómo y por qué no regresa a Nazaret como habría sido lo lógico siendo de él que provenía, y se establece, en cambio, en Cafarnaúm? En realidad, sólo Lucas nos lo explica, en el episodio que justo detrás de aquél en el que describe el retiro en el desierto, se convierte en su Evangelio en el acto iniciático del ministerio de Jesús.

“Vino a Nazará [sic], donde se había criado; entró, según su costumbre, en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías, desenrolló el volumen y halló el pasaje donde estaba escrito: ‘El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido, para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor’. Enrolló el volumen, lo devolvió al ministro y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó, pues, a decirles: ‘Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy’” (Lc 4,16-21).

Las consecuencias de su sermón van a ser terribles:

“Al oír estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira y levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad para despeñarle. Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó” (Lc 4,28-30).

Es decir, que por poco lo finiquitan sin darle tiempo ni a empezar su misión. Cabe preguntarse por ese “pero él, pesando por medio de ellos, se marchó”, que hace pensar en un Jesús etéreo, capaz de abstraer su alma y su cuerpo a los eventos que ocurren a su alrededor y salir incólume mientras el vulgo grita enfurecido; o, en todo caso, en una turba paralizada, incapaz de retener al reo al que hace sólo un momento pretendía lanzar al vacío.

Existe todavía una curiosa referencia evangélica a la ciudad en la que se cría Jesús que no me resisto a incluir aquí. Aquélla en la que el interlocutor se pregunta: “¿De Nazaret puede haber cosa buena?”, que el evangelista Juan pone en boca del apóstol Natanael (Bartolomé en las versiones sinópticas) cuando Felipe le asegura:

“Aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, el hijo de José, el de Nazaret” (Jn 1,45)

Dicho todo lo cual, no cabe sin embargo negar que, a pesar de todo, la vinculación de Jesús con Nazaret es profunda. Tan profunda que, de hecho, será conocido entre sus contemporáneos como Jesús de Nazaret, Jesús el Nazareno o Jesús el Nazoreo, según demuestran las hasta trece veces en que aparece mencionado así a lo largo de las páginas evangélicas, algo que no cambia en modo alguno ni las circunstancias en las que tiene lugar su nacimiento, ni aquéllas en las que se produce su abrupto abandono de la ciudad.

Y sin más por hoy, queridos amigos, sino desearles que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

lunes, 4 de abril de 2016

Lucas 1,26-38: Clave de lectura

Lucas 1,26-38

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo." Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: "No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin." Y María dijo al ángel: "¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?" El ángel le contestó: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible." María contestó: "Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra." Y la dejó el ángel.

— Comentario por la Orden Carmelitana

El pasaje de la anunciación nos conduce del templo, espacio sagrado por excelencia, a la casa, a la intimidad del encuentro personal de Dios con su criatura.

El anuncio del nacimiento de Juan el Bautista había abierto el seno estéril de Isabel, deshaciendo la impotencia del hombre y transformándola en capacidad de obrar junto con Dios. El anuncio del nacimiento de Jesús, por el contrario, llama a la puerta del seno fructífero de la “Llena de Gracia” y espera respuesta: es Dios que espera nuestro sí, para poder obrar todo.

Aproximación al texto:

vv.26-27: Estamos en el sexto mes de la concepción de Juan Bautista, en Nazaret, ciudad de Galilea, territorio de los alejados e impuros. Aquí ha bajado Dios para hablarle a una virgen. Nos vienen presentados los personajes de este acontecimiento maravilloso: Gabriel, el enviado de Dios, una joven de nombre María y su esposo José, de la casa real de David. También nosotros somos acogidos a esta presencia, estamos llamados a entrar en el misterio.

vv.28-29: Palabras que turban el corazón, que ponen profundamente en discusión los planes, las esperanzas humanas. El ángel anuncia el gozo, la gracia y la presencia de Dios; María queda turbada y se pregunta de dónde le pueda venir a ella todo esto. ¿De dónde un gozo tal? ¿Cómo una gracia tan grande que puede cambiar incluso el ser?

vv.30-33: Versículos centrales del pasaje y la explosión del anuncio, la manifestación del don de Dios. Gabriel. el fuerte, habla de Jesús: el Salvador, el Dios hecho niño. Habla de María, de su seno, de su vida que ha sido elegida para dar entrada a Dios en este mundo. Dios comienza, ya aquí, a hacerse vecino, a llamar.

v.34: María se deja manejar por una completa disposición; revela su corazón, sus deseos. Sabe que para Dios lo imposible es realizable, no endurece su corazón ni su mente, no hace cálculos; quiere disponerse plenamente, abrirse, dejarse alcanzar de aquel toque humanamente imposible. Pone delante de Él, con un gesto de purísima pobreza, su virginidad, su no conocer varón; es una entrega plena, absoluta, desbordante de fe y abandono. Es la premisa del sí.

vv. 35-37: Dios, humildísimo responde; la omnipotencia se inclina sobre la fragilidad de esta mujer. El diálogo continúa, la alianza crece y se refuerza. Dios revela el cómo, habla del Espíritu Santo, de su sombra fecundante, que no viola, no rompe, sino conserva intacta. Habla de la experiencia humana de Isabel, revela otro imposible convertido en posible. Y después, la última palabra, ante la cual es necesario escoger: decir sí o decir no; creer o dudar, entregarse o endurecerse, abrir la puerta o cerrarla. “Nada es imposible para Dios”

v.38: María dice su “He aquí” se abre, se ofrece a Dios y se realiza el encuentro, la unión por siempre. Dios entra en el hombre y el hombre se convierte en lugar de Dios: son las Bodas más sublimes que se puedan jamás realizar en esta tierra. Y sin embargo el evangelio se cierra con una palabra casi triste, dura: María queda sola, el ángel se va. Queda, sin embargo, el sí pronunciado por María a Dios y su Presencia; queda la verdadera Vida.

Clave de lectura:

• ¡Alégrate!

Es extraño este saludo de Dios a su criatura; parece inexplicable y quizás sin sentido. Y sin embargo, ya desde siglos resonaba en las páginas de las Escrituras y, por consiguiente, en los labios del pueblo hebreo. ¡Gózate, alégrate, exulta!

Lo leo en Joel: “No temas, tierra, sino goza y alégrate, porque el Señor ha hecho cosas grandes….” (2,21-23);

en Sofonías: “Gózate, hija de Sion, exulta, Israel, y alégrate con todo el corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha revocado tu condena” (3,4);

en Zacarías: “Gózate, exulta hija de Sion porque, he aquí, que yo vengo a morar en medio de ti, oráculo del Señor” (2,14).

Lo leo y lo vuelvo a escuchar, hoy, pronunciado también sobre mi corazón, sobre mi vida; también a mí se me anuncia un gozo, una felicidad nueva. Descubro las grandes cosas que el Señor ha hecho por mí; experimento la liberación que viene de su perdón, yo no estoy ya condenado, sino agraciado, para siempre; vivo la experiencia de la presencia del Señor junto a mí, en mí. Sí, Él ha venido a habitar entre nosotros; Él está de nuevo plantando su tienda en la tierra de mi corazón, de mi existencia. Señor, como dice el salmo, Tú te gozas con tus criaturas (Sal 104, 31) y también yo me gozo en ti; mi gozo está en ti (Sal 104, 34).

• El Señor está contigo

Estas palabras encierran una fuerza omnipotente; me doy cuenta que bastarían para salvarme la vida, para levantarme de cualquier caída o fallo, de cualquier error. El hecho de que Él, mi Señor, está conmigo, me sostiene en vida, me da confianza para continuar existiendo. Si yo existo, es porque Él está conmigo.

La Escritura cuenta de Isaac que le sucedió la cosa más bella que se puede desear un hombre que cree en Dios y lo ama; un día se le acerca a él Abimelech con sus hombres, diciéndole; “Hemos visto que el Señor está contigo” (Gén 26,28) y pidió que se hicieran amigos.

Quisiera que también de mí se dijera la misma cosa; quisiera poder manifestar que el Señor está en mí, dentro de mi vida, en mis deseos, mis afectos, mis gustos y acciones; quisiera que otros pudieran encontrarlo por mi mediación. Quizás, por esto, es necesario que yo absorba su presencia, que lo coma y lo beba. Él me va cambiando, me siento más habitado:

”Permanece en este país y yo estaré contigo y te bendeciré” (Gén 26,3).
“Después el Señor comunicó sus órdenes a Josué: “Sé fuerte y ten ánimo, porque tu introducirás a los Israelitas en el país que he jurado darles, y yo estaré contigo” (Dt 31,23).
“Lucharán contra ti pero no prevalecerán, porque yo estaré contigo” (Jer 15,20).
“El ángel del Señor aparece a Gedeón y le dice: “¡El Señor es contigo, hombre fuerte y valeroso!” (Jue 6,12).
“Yo soy el Dios de Abrahán tu padre, no temas porque yo estoy contigo” (Gén 26,24).
“He aquí que yo estoy contigo y te protegeré a donde quieras que vayas” (Gén 28,15)
“No temas porque yo estoy contigo; no te descarríes, porque yo soy tu Dios” (Is 41,10)

• No temas

El Padre repite a sus hijos que no tengan miedo, porque Él está con ellos, no los abandona, no los olvida. Es como si fuese una declaración de amor, de corazón a corazón, y llega hasta nosotros. Abrahán ha oído esta palabra y después de él su hijo Isaac, después los patriarcas, Moisés, Josué, David, Salomón y con ellos, Jeremías y todos los profetas.

Nadie está excluido de este abrazo de salvación que el Padre ofrece a sus hijos, también a los más alejados, los más rebeldes. María sabe escuchar esta palabra y se la cree con fe plena, con absoluto abandono; Ella escucha y cree, acoge y vive también para nosotros. Ella es la mujer fuerte y animosa que se abre a la llegada del Señor, dejando caer todos los miedos, las incredulidades, las negativas.

• Has encontrado gracia

“Señor, si he encontrado gracia a tus ojos…” Esta es la plegaria que sale más veces del corazón de hombres y mujeres que buscan refugio en el Señor; de ellos habla la Escritura, los encontramos en las encrucijadas de nuestras calles, cuando no sabemos bien a donde ir, cuando nos sentimos golpeados por la soledad o la tentación, cuando vivimos los abandonos, las traiciones, las desconfianzas que pesan sobre nuestra existencia.

“Señor, si he encontrado gracias a tus ojos…” ¡Cuantas veces quizás las hemos repetido, también solo, en silencio! Pero hoy aquí, en este pasaje evangélico tan sencillo, se nos adelantaron, hemos estado escuchando con anterioridad; ya no necesitamos suplicar, porque ya hemos encontrado todo aquello que estábamos siempre buscando y mucho más.

• Para Dios nada hay imposible

Lo que el ángel afirma ante de María había sido ya proclamado muchas veces en el Antiguo Testamento; ahora alcanza la plenitud: Dios se hace hombre; el lejano está muy cerca. Y yo, también pequeño y pobre, me hago partícipe de esta inmensidad de gracia; se me dice que también en mi vida lo imposible se convierte en posible. Sólo debo creer, sólo dar mi consentimiento. Pero esto significa dejarse sacudir por la potencia de Dios; entregarme a Él: que me cambia, me libera, me renueva. Nada de esto es imposible. Génesis 18,14; Job 42,2; Jeremías 32, 17; Jeremías 32, 27; Zacarías 8,6; Mateo 19,26; Lucas 18,27.

• Heme aquí

Permanezco aturdido por la riqueza de presencia que siento en este ¡“Heme aquí”!; no debo esforzarme mucho para recordar las innumerables veces que Dios mismo la ha pronunciado primero, la ha repetido. Él es el “Heme aquí” hecho persona, hecho fidelidad absoluta, insustituible.

Debería ponerme solamente bajo su onda; debería sólo acoger su amor infinito que no ha cesado jamás de buscarme, de estar junto a mi, de caminar conmigo. El “Heme aquí” está ya dicho y vivido, es ya verdad. ¡Cuántos, antes que yo y cuántos también hoy, junto a mi! No, no estoy solo. Hago una vez más silencio, me coloco una vez más a la escucha, antes de responder… “¡Heme aquí, heme aquí!” (Is 65,1) repite Dios; “Heme aquí, soy la sierva del Señor”, responde María; “Heme aquí, que yo vengo para hacer tu voluntad” (Sal 39,8) dice Cristo.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Marcos 6,1-6: La Curación de la Fe, por Fray James Sullivan, O. P. y Fray Hermelindo Fernández Rodríguez, O.P.

Marcos 6,1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: "¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?" Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: "No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa." No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

— Comentario por Fray James Sullivan, O. P. y Fray Hermelindo Fernández Rodríguez, O.P.
“Y se extrañó de su falta de fe”

Justo antes de entrar en su «lugar de nacimiento», Jesús había resucitado de entre los muertos a la hija del jefe de la sinagoga (Marcos 5:35-43). Le había dicho al padre de la niña: «No temas, cree solamente».

Justo después de esta visita a «su propio pueblo», envía a los Doce, de dos en dos, sin provisiones a excepción de la predicación del Evangelio. «Echaban fuera muchos demonios y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban» (6:13).

La "curación de la fe" es algo que no experimentaron en el pueblo natal de Jesús. Es cierto que «muchos de los que le oían quedaban asombrados», pero no pasaban más allá de ese asombro. No podían ir más allá de sus propios prejuicios frente a su paisano o de sus propias conclusiones. Él era, simplemente, el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y Simón. Parecían saber todo sobre él, excepto lo que era más verdadero.

Debido a esta recepción, Jesús no fue capaz de «realizar allí ningún hecho poderoso». En este contexto bíblico, la fe se revela no sólo como capaz de presenciar hechos maravillosos sino, más aún, de liberarnos del miedo y de la preocupación. Al igual que el jefe de la sinagoga, ya no tememos cuando vemos quién es Jesús; y al igual que los Doce, nos desprendemos incluso de lo necesario por razón de aquel que nos envía.

Jesús se extrañó y nosotros nos extrañamos también. ¿Cómo es posible que, por más “normal” que apareciera Jesús ante ellos, no se le notara algo? ¿Y María? ¿Y José? ¿Tampoco se les notó nada? Jesús se extrañó de su falta de fe; nosotros nos extrañamos de su falta de clarividencia y discernimiento.

Sólo creyeron en él la gente sencilla, los enfermos, los maltratados por la vida y la sociedad, los que le oyeron –por cierto, mucho menos que sus paisanos- y los que vieron sus gestos y milagros. De tal forma creyeron en él que le siguieron, haciéndose discípulos suyos. De tal forma estaba unida la fe y el milagro que Jesús condiciona sus curaciones a creer en él. Jesús en Nazaret se sintió despreciado.

 “No pudo hacer allí ningún milagro; 
sólo algunas curaciones”

Jesús quiere hacer hincapié en la importancia de la fe para que él pueda actuar en nuestro favor; y en cómo sus paisanos “desconfiaban de él”.

La clave estuvo en que no quisieron dejarse sorprender por Jesús, sin darse cuenta de que se trataba de la sorpresa de Dios. Creían conocer a Dios de tal forma que no admitían sorpresas. Y Dios es siempre sorprendente. Esta es la lección para nosotros: que sus planes nunca son nuestros planes y sus caminos los nuestros. Tenemos que estar abiertos a él y a lo suyo, por más que nos desconcierte y descoloque de momento. Lo único positivo aquel día en Nazaret fue que, a pesar de todo, pudo curar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y, con seguridad, aquel gesto no lo olvidarían nunca.

Nosotros que, como los nazaretanos, creemos conocer a Jesús, ¿nos dejamos sorprender por él y por sus expectativas hacia nosotros? Los buscadores hoy de Jesús, ¿reconocerían sus actitudes y valores en la vida de sus seguidores?

Marcos 6,1-6: Visita de Jesús a Nazaret, por la Orden Carmelita

Marcos 6,1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: "¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?" Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: "No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa." No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

— Comentario por la Orden Carmelita

El evangelio de hoy habla de Jesús de visita a Nazaret y de como la gente de Nazaret se encierra en si misma y no lo acepta. El evangelio de mañana describe como Jesús se abrió al pueblo de Galilea enviando a sus discípulos en misión (Mc 6,7-13).

• Marcos 6,1-2ª: Jesús vuelve a Nazaret

Es bueno siempre volver a la propia patria y volver a encontrar a amigos y amigas. Después de una larga ausencia, Jesús vuelve y, como de costumbre, en el día de sábado se fue a la sinagoga para tomar parte en la reunión de la comunidad. Jesús no era el coordinador de la comunidad, sin embargo toma la palabra y empieza a enseñar. Señal de que las personas pueden participar y expresar su opinión.

• Marcos 6,2b-3: Reacción de la gente de Nazaret

La gente de Cafarnaún había aceptado la enseñanza de Jesús (Mc 1,22), pero a la gente de Nazaret no le gustaron las palabras de Jesús y quedó escandalizada. ¿Por qué? Jesús, el chico al que conocían desde su infancia, ¿cómo es que ahora es tan diferente?

Ellos no aceptan el misterio de Dios presente en Jesús, un ser humano como todos los demás, conocido por todos. Como se ve, no todo le fue bien a Jesús. Las personas que hubieran tenido que ser las primeras en aceptar la Buena Nueva, son las que más dificultad tienen en aceptarla.

El conflicto no era sólo con los de fuera sino que también con sus parientes y con la gente de Nazaret. Tienen dificultad en creer en Jesús porque no consiguen entender el misterio de Dios que envuelve a la persona de Jesús: “¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?” ¡No llegan a creer en Jesús!

Los hermanos y las hermanas de Jesús: 

La expresión “hermanos de Jesús” es motivo de mucha polémica entre católicos y protestantes. Basándose en éste y en otros textos, los protestantes dicen que Jesús tuvo más hermanos y hermanas y que María ¡tuvo más hijos!

Los católicos dicen que María no tuvo más hijos. ¿Qué pensar de esto? En primer lugar, las dos posiciones, tanto de los católicos como de los protestantes, tienen argumentos sacados de la Biblia y de la Tradición de sus respectivas Iglesias. Por esto, no conviene pelear sobre esta cuestión ya que se trata de convicciones profundas, que tienen que ver con la fe y con los sentimientos de ambos grupos.

El argumento que se limita a la cabeza no consigue deshacer una convicción del corazón. ¡Irrita y aleja! Lo mismo, cuando no concuerdo con la opinión del otro, debo siempre respetarla.

En segundo lugar, en vez de pelear alrededor de los textos, todos nosotros, católicos y protestantes deberíamos unirnos para luchar en defensa de la vida, creada por Dios, vida tan desfigurada por la pobreza, por la injusticia y por la falta de fe. Deberíamos recordar otras frases de Jesús: “He venido para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). “Que todos sean uno, para que el mundo crea que tú, Padre, me has enviado” (Jn 17,21). “Quien no está en contra, está a favor nuestro” (Mc 10,39.40).

• Marcos 6,4-6: Reacción de Jesús

Jesús sabe muy bien que “nadie es profeta en su patria”, y lo dice: “Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio”. De hecho, donde no existe aceptación ni fe, la gente no puede hacer nada. Las ideas preconcebidas lo impiden. Aún queriendo, Jesús no pudo hacer nada y queda extrañado ante su falta de fe.

La experiencia de rechazo lleva Jesús a cambiar de práctica. Se dirige a otros poblados y, como veremos en el evangelio de mañana, implica a los discípulos en la misión dando instrucciones de cómo deben dar continuidad a la misión.

sábado, 30 de enero de 2016

Lucas 4,16-30: Comentario de texto, por la Orden Carmelitana

Lucas 4,16-30

En aquel tiempo fue Jesús a Nazaret, donde se había criado; entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desarrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor". Y, enrollando el libro, lo devolvió al que lo ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír". Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: "¿No es éste el hijo de José?" Y les dijo: "Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo"; haz también aquí, en tu tierra, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm". Y añadió: "Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio". Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

 — Clave de lectura:

La liturgia de este domingo nos pone delante el conflicto surgido entre Jesús y la gente de Nazaret.

Sucedió un sábado, durante la celebración de la Palabra en la sala de la comunidad, tras la lectura que Jesús hizo de un texto del profeta Isaías. Jesús cita al profeta Isaías para presentar su plan de acción e, inmediatamente, añade un brevísimo comentario.

En un primer momento, todos quedaron admirados y contentos. Pero, cuando se dieron cuenta del alcance y del significado del programa de Jesús respecto a sus vidas, se rebelan y quieren matarlo.

Conflictos de este tipo se dan, incluso, hoy. Aceptamos al otro en la medida en que se comporta de acuerdo con nuestras ideas, pero, cuando el otro decide admitir en comunidad a personas que nosotros excluimos, surge el conflicto. Es lo que sucedió en Nazaret.

El Evangelio de este domingo comienza en el versículo 21, con un breve comentario de Jesús. Nos tomamos la libertad de incluir en el comentario los versículos precedentes, del 16 al 20. Esto nos permite tomar conciencia del texto de Isaías citado por Jesús y entender mejor el conflicto. Durante el curso de la lectura es bueno tener en cuenta dos cosas: “¿De qué modo actualiza Jesús el texto de Isaías? ¿Qué reacción produce entre la gente esta actualización del texto?”

— Una división del texto para ayudar en la lectura del mismo:

Lucas 4,16: Jesús llega a Nazaret y participa en la reunión de la comunidad
Lucas 4,17-19: Jesús hace la lectura del Profeta Isaías
Lucas 4,20-21: Ante un público atento, Jesús une la Biblia con la vida de la gente
Lucas 4,22: Reacción contradictoria del público
Lucas 4,23-24: Jesús critica la reacción de la gente
Lucas 4,25-27: Iluminación bíblica por parte de Jesús, citando a Elías y a Eliseo
Lucas 4,28-30: Reacción de la gente que quiere matar a Jesús

— Contexto de entonces para situar el texto:

En el antiguo Israel, la gran familia, o clan, o la comunidad, era la base de la convivencia social. La protección de la familia y de las personas era la garantía para poseer la tierra, el vehículo principal de la tradición y la defensa de la identidad de la gente. Era un modo concreto de encarnar el amor de Dios en el amor del prójimo. Defender el clan, la comunidad, era lo mismo que defender la Alianza con Dios.

En tiempo de Jesús, una doble esclavitud marcaba la vida de la gente y estaba contribuyendo a la desintegración del clan, de la comunidad:

(i) la esclavitud de la política del gobierno de Herodes Antipa (4 aC a 39 dC)
(ii) la esclavitud de la religión oficial

A causa del sistema de explotación y de represión de la política de Herodes Antipa, apoyada por el Imperio Romano, muchas personas no tenían morada fija, excluidas del resto y sin trabajo (Lc 14,21; Mt 20,3.5-6).

El clan, la comunidad, estaba debilitada por ello. Las familias y las personas estaban sin ayuda, sin defensa. La religión oficial, mantenida por las autoridades religiosas de la época, en vez de reforzar la comunidad, de modo que pudiera acoger a los excluidos, aumentaba aún más esta esclavitud.

La Ley de Dios se usaba para legitimar la exclusión y la marginación de muchas personas: mujeres, niños, samaritanos, extranjeros, leprosos, poseídos por el demonio, publícanos, enfermos, mutilados, parapléjicos. ¡Todo esto era lo contrario de la fraternidad que Dios soñó para todos! Así, ya fuera por la situación política y económica, como incluso por la ideología religiosa, todo conspiraba para debilitar la comunidad local e impedir la manifestación del Reino de Dios.

Jesús reacciona ante esta situación de su pueblo y presenta un programa para cambiar la situación. La experiencia que Jesús posee de Dios como Padre de amor, le da la posibilidad de valorar y de percibir lo que estaba equivocado en la vida de su pueblo.

—  Comentario del texto:

Lucas 4,16: Jesús participa en la reunión de la comunidad 

Impulsado por el Espíritu Santo, Jesús fue hasta Galilea y comienza a anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios (Lc 4,14). Andando por los pueblos y enseñando en las sinagogas, llega a Nazaret. Vuelve a la comunidad en la que, de pequeño, había participado durante treinta años en las reuniones semanales. El sábado siguiente a su llegada, según la costumbre, Jesús fue a la sinagoga para participar en la celebración y se levanta para leer.

Lucas 4,17-19: Jesús lee un pasaje del Profeta Isaías 

En aquel tiempo eran dos las lecturas en las celebraciones del sábado. La primera se tomaba de la Ley de Dios, del Pentateuco, y era fija. La segunda se tomaba de los libros históricos o profetas, y era elegida por el lector. El lector podía elegir.

Jesús eligió el texto del profeta Isaías que presenta un resumen de la misión del Siervo de Dios, y que reflejaba la situación del pueblo de Galilea en tiempo de Jesús. En nombre de Dios, Jesús toma posición para defender la vida de su pueblo, asume como suya la misión del Siervo de Dios, y usando las palabras de Isaías, declara, delante de todos: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar año de gracia del Señor” (Is 61,1-2).

Tomando de nuevo la antigua tradición de los profetas, proclama “un año de gracia del Señor”. Esta última expresión era lo mismo que proclamar un año jubilar. O sea, Jesús invita al pueblo de su ciudad a comenzar de nuevo, a rehacer la historia, desde las raíces (Dt 15,1-11; Lev 25,8-17).

Lucas 4,20-21: Jesús une la Biblia con la vida de la gente 

Terminada la lectura, Jesús devuelve el libro al servidor y se sienta. Jesús no es aún el coordinador de la comunidad, es laico, y como tal, participa en la celebración, como todos los demás.

Había estado ausente de la comunidad durante varias semanas, luego se había unido al movimiento de Juan Bautista y se había hecho bautizar por él en el Jordán (Lc 3,21-22). Además, transcurrió más de cuarenta días en el desierto reflexionando sobre su misión (Lc 4, 1-2).

Aquel sábado, tras su vuelta a la comunidad, Jesús es invitado a leer. Todos están atentos y curiosos: “¿Qué dirá?” El comentario de Jesús es muy breve, más aún, brevísimo. Actualiza el texto, lo une a la vida de la gente, diciendo: “Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy”.

Lucas 4,22: Reacción contradictoria del público 

Por parte de la gente la reacción es doble. En primer lugar, una actitud atenta de admiración y de aclamación. Luego, inmediatamente, una reacción de desconfianza. Dicen: “¿Acaso no es éste el hijo de José?” ¿Por qué están escandalizados? Jesús habla de acoger a los pobres, a los ciegos, a los prisioneros, a los oprimidos. Pero ellos no aceptan su propuesta. Y así, en el mismo momento en que Jesús presenta su proyecto: acoger a los excluidos, ¡él mismo es excluido!

Pero el motivo también es otro. Es importante notar los detalles en las citas que el Evangelio de Lucas hace del Antiguo Testamento. En el segundo domingo de Adviento, al comentar Lucas 3,4-6, Lucas presenta un cita más larga de Isaías para poder mostrar que las apertura a los paganos estaba ya prevista por los profetas.

Aquí sucede algo semejante. Jesús cita el texto de Isaías hasta donde dice: "y proclamar año de gracia del Señor", y corta el resto de la frase, que dice “y un día de venganza de nuestro Dios, para consolar a todos los afligidos" (Is 62,2b).

La gente de Nazaret contesta el hecho de que haya omitido la frase sobre la venganza contra los opresores del pueblo. Ellos querían que el Día de la venida del reino fuese un día de venganza contra los opresores del pueblo. Los afligidos habrían visto así restablecidos sus derechos. Pero en este caso, el advenimiento, la venida del Reino no habría traído una cambio real del sistema injusto.

Jesús no acepta este modo de pensar, no acepta la venganza. Su experiencia de Dios, Padre, le ayudaba mejor a entender el significado exacto de las profecías. Su reacción, contraria a la de la gente de Nazaret, nos hace ver que la antigua imagen de Dios, como juez severo y vengativo, era más fuerte que la Buena Noticia de Dios, Padre amoroso que acoge a los excluidos.

Lucas 4,23-24: Jesús critica la reacción de la gente 

Jesús interpreta la reacción de la gente y la considera una forma de envidia: “Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaún, ¡hazlo también aquí en tu patria!”

Jesús era conocido en toda la Galilea (Lc 4,14) y a la gente de Nazaret no le gustaba el hecho de que Jesús, un hijo de su tierra, hiciera cosas buenas en la tierra de los otros y no en su propia tierra. Pero, la reacción tiene una causa más profunda. Incluso si Jesús hubiera hecho las mismas cosas que en Cafarnaún, la gente no habría creído en él. Ellos conocían a Jesús: “¿Quién es éste para enseñarnos? ¿No es el hijo de José?” (Lc 4,22). “¿No es él el carpintero?” (cfr Mc 6,3-4) Marcos añade que Jesús quedó extrañado de la incredulidad de su pueblo (Mc 6,6).

Lucas 4,25-27: Jesús cita a Elías y a Eliseo

Para confirmar que su misión era verdaderamente la de acoger a los excluidos, Jesús se sirve de dos pasajes de la Biblia muy conocidos, la historia de Elías y la de Eliseo. Ambos ponen de relieve la cerrazón mental de la gente de Nazaret, y son una crítica de la misma.

En tiempos de Elías eran muchas las viudas en Israel, pero Elías fue enviado a una vida extranjera de Sarepta (1 Re 17,7-16). En tiempos de Eliseo eran muchos los leprosos en Israel, más Eliseo fue enviado a ocuparse de un extranjero de Siria (2 Re 5,14). De nuevo, he aquí que aparece en todo esto la preocupación de Lucas que desea mostrar que la apertura hacia los paganos viene de Jesús mismo. Jesús tuvo las mismas dificultades que tenían las comunidades en tiempos de Lucas.

Lucas 4,28-30: Reacción de la gente que quiere matar a Jesús

El uso de estos dos pasajes de la Biblia produce entre la gente todavía más rabia. La comunidad de Nazaret llega hasta el punto de querer matar a Jesús. Pero él mantiene la calma. La rabia de los otros no consigue desviarlo de su camino. Lucas indica cómo es difícil superar la mentalidad de privilegio y de cerrazón hacia los otros.

Hoy sucede lo mismo. Muchos de nosotros, católicos, crecemos con la mentalidad que nos impulsa a creer que somos mejores que los otros y que para alcanzar la salvación deben ser como nosotros. Jesús no pensaba así.