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miércoles, 21 de agosto de 2024

Libro de Josué 18,1-28: La tribu de Benjamín

Libro de Josué
Capítulo 18

DESCRIPCIÓN DE LAS OTRAS SIETE TRIBUS
Descripción del territorio

1 La asamblea israelita en pleno se reunió en Siló e instalaron allí la tienda del encuentro. 
   El país les estaba sometido. 
2 Pero quedaban siete tribus israelitas que no habían recibido aún su heredad. 
3 Josué les dijo: 
   –¿Hasta cuándo van a estar con los brazos cruzados, 
   sin ir a tomar posesión de la tierra que les ha dado el Señor, Dios de sus padres? 
4 Elijan tres hombres de cada tribu; 
   yo los mandaré a recorrer el país para que hagan un plano dividido por herencias, 
   y después volverán a mí. 
5 Dividirán el país en siete lotes. 
   Judá seguirá en su territorio, al sur, y la casa de José en el suyo, al norte. 
6 Hagan el plano del país dividiéndolo en siete lotes y tráiganme el proyecto. 
   Después lo echaré a suertes aquí, ante el Señor, nuestro Dios. 
7 A los levitas no les tocará ninguna parte porque lo que les toca a ellos es el sacerdocio del Señor. 
   Por su parte, Gad, Rubén y media tribu de Manasés ya recibieron en Transjordania 
   la herencia que les asignó Moisés, siervo del Señor. 
8 Cuando aquellos hombres emprendían el camino para hacer el mapa del país, 
   Josué les ordenó: 
   –Vayan a recorrer el país y hagan un mapa; 
   cuando vuelvan, yo lo echaré a suertes ante el Señor, aquí en Siló. 
9 Ellos marcharon y atravesaron el país, registrando por escrito las ciudades en siete lotes, 
   y se lo llevaron a Josué al campamento de Siló. 
10 Josué echó las suertes entre los israelitas, ante el Señor 
     y distribuyó la tierra a cada una de las tribus de Israel. 

La tribu de Benjamín
Gn 49,27; Dt 33,12

11 Salió la suerte de Benjamín, por clanes. 
     El territorio que le tocó está entre Judá y José. 
12 Su límite norte partía del Jordán, subía por la vertiente norte de Jericó, 
     luego el monte hacia el oeste y terminaba en el desierto de Bet-Avén. 
13 De allí pasaba a Luz –es decir, Betel– por su vertiente sur, bajando después a Atarot Adar 
     por el monte que hay al sur de Bet-Jorón de Abajo. 
14 Después torcía, dando la vuelta por la parte oeste, hacia el sur, 
     desde el monte que está frente a Bet-Jorón, al sur, y terminaba en Quiriat-Baal 
     –o sea, Quiriat Yearim–, ciudad que pertenecía a Judá. Ése era el límite occidental. 
15 Por el sur, desde el término de Quiriat Yearim, iba hacia la fuente del arroyo de Neftoj. 
16 Después, por la punta del monte que hay frente al valle de Hinnón, al norte del valle de Refaim, 
     bajaba al valle de Hinnón por la vertiente sur de los jebuseos, hasta En-Roguel; 
17 después torcía hacia el norte, llegaba a En Semes y a los cerros que hay frente a Maalé Adumim, 
     bajaba a la Piedra de Bohán, hijo de Rubén, 
18 pasaba por la vertiente norte frente a Bet-Arabá, bajaba hacia la estepa, 
19 pasaba por la vertiente norte de Bet-Joglá, terminando en el cabo del Mar Muerto, el cabo norte, 
     en la desembocadura del Jordán. Ésta era la frontera sur. 
20 Por el este, el Jordán le servía de límite. 
     Ésa fue la herencia de Benjamín, por clanes, siguiendo el trazado de sus límites. 

Ciudades de Benjamín

21 Ciudades de la tribu de Benjamín, por clanes: Jericó, Bet-Joglá, Valle Quesís, 
22 Bet-Arabá, Semaraym, Betel, 
23 Avim, Zaca, Ofrá, 
24 Villar del Amonita, Ofní, Guibeá. Doce ciudades con sus poblados. 
25 Gabaón, Haramá, Beerot, 
26 Mispá, Quefirá, Mosá, 
27 Requen, Yirfel, Tarela, 
28 Sela Haelep, Jebús –o sea, Jerusalén–, Guibeá, Quiriat Yearim. 
     Catorce ciudades con sus poblados. 
     Ésa fue la herencia que recibieron los clanes de la tribu de Benjamín. 

martes, 20 de agosto de 2024

Libro de Josué 10,1-43: Conquista del sur de Palestina

Libro de Josué
Capítulo 10

COALICIÓN DE LOS CINCO REYES AMORREOS
CONSQUISTA DEL SUR DE PALESTINA
Jc 1,1-8

Cinco Reyes hacen la guerra contra Gabaón

1 Cuando Adoni-Sedec, rey de Jerusalén, oyó que Josué había tomado Ay y la había arrasado 
   y que había hecho con ella y con su rey lo mismo que con Jericó y su rey y que los de Gabaón 
   habían hecho las paces con Israel y vivían con los israelitas, 
2 se asustó enormemente. Porque Gabaón era toda una ciudad, como una de las capitales reales, 
   mayor que Ay, y todos sus hombres eran valientes. 
3 Entonces envió este mensaje a Ohán, rey de Hebrón; 
   a Pirán, rey de Yarmut; a Yafía, rey de Laquis, y a Debir, rey de Eglón: 
4 –Vengan con refuerzos para derrotar a Gabaón, que ha hecho las paces con Josué y los israelitas. 
5 Entonces se aliaron los cinco reyes amorreos –el de Jerusalén, el de Hebrón, el de Yarmut, 
   el de Laquis y el de Eglón– subieron con sus ejércitos, acamparon frente a Gabaón y la atacaron. 

Josué socorre a Gabaón

6 Los de Gabaón despacharon emisarios a Josué, al campamento de Guilgal, con este ruego: 
   –No dejes solos a tus vasallos. Ven en seguida a salvarnos. 
   Ayúdanos, porque se han aliado contra nosotros los reyes amorreos de la montaña. 
7 Entonces Josué subió desde Guilgal con todo su ejército, todos sus guerreros, 
8 y el Señor le dijo: –No les tengas miedo, que yo te los entrego; ni uno de ellos podrá resistirte. 
9 Josué caminó toda la noche desde Guilgal y cayó sobre ellos de repente; 

El socorro de lo alto

10 el Señor los desbarató ante Israel, que les infligió una gran derrota junto a Gabaón, 
     y los persiguió por la Cuesta de Bet-Jorón, destrozándolos hasta Azecá y Maqueda. 
11 Y cuando iban huyendo de los israelitas por la cuesta de Bet-Jorón, 
     el Señor les lanzó desde el cielo un pedrisco fuerte y mortífero en el camino hasta Azecá; 
     murieron más por la granizada que por la espada de los israelitas. 
12 Cuando el Señor puso en manos de los israelitas a los amorreos, 
     Josué habló al Señor y gritó en presencia de Israel: 
     –¡Sol, quieto en Gabaón! ¡Y tú, luna, en el valle de Ayalón! 
13 Y el sol quedó quieto y la luna inmóvil, hasta que se vengó el pueblo de sus enemigos. 
     Así consta en el libro de Yasar: 
     El sol se detuvo en medio del cielo y tardó un día entero en ponerse. 
14 Ni antes ni después ha habido un día como aquél, 
     cuando el Señor obedeció a la voz de un hombre, porque el Señor luchaba por Israel. 
15 Josué y los israelitas se volvieron al campamento de Guilgal. 

Los cinco reyes en la cueva de Maqueda

16 Los cinco reyes lograron huir y se escondieron en la cueva de Maqueda. 
17 Avisaron a Josué: –Los cinco reyes están escondidos en la cueva de Maqueda. 
18 Josué ordenó: –Hagan rodar piedras grandes hasta la entrada de la cueva 
     y dejen allí apostados algunos centinelas para que los vigilen. 
19 Ustedes no dejen de perseguir al enemigo, córtenles la retirada; 
     no los dejen llegar a sus poblados, porque el Señor, su Dios, se los entrega. 
20 Cuando Josué y los israelitas los derrotaron hasta acabar con ellos –fue una gran derrota–, 
     los que lograron salvarse huyendo se refugiaron en las ciudades fortificadas. 
21 Todo el ejército volvió victorioso al campamento de Josué, en Maqueda. 
     Nadie se atrevió a hablar mal de los israelitas. 
22 Josué ordenó: –Destapen la entrada de la cueva y saquen a esos cinco reyes. 
23 Cumpliendo sus órdenes, sacaron de la cueva a los cinco reyes: 
     el de Jerusalén, el de Hebrón, el de Yarmut, el de Laquis y el de Eglón. 
24 Cuando se los presentaron, Josué convocó a todos los israelitas y dijo a sus oficiales:
     –Acérquense y pisen la nuca a esos reyes. 
     Ellos se acercaron y pusieron el pie en la nuca de los reyes. 
25 Josué les dijo: –No teman ni se acobarden. ¡Sean fuertes y valientes!, 
     que así tratará el Señor a todos los enemigos con los que van a luchar. 
26 Dicho esto, los ajustició y los colgó de cinco árboles; allí estuvieron colgados hasta la tarde. 
27 A la puesta del sol mandó bajarlos de los árboles y tirarlos a la cueva donde se habían escondido; después colocaron grandes piedras a la entrada de la cueva, y allí están todavía hoy. 

Conquista de las ciudades meridionales de Canaán

28 Aquel día Josué tomó Maqueda. La pasó a cuchillo, consagrando al exterminio a su rey 
     y a todos sus habitantes. No quedó un superviviente; trató al rey de Maqueda como al de Jericó. 
29 Desde Maqueda Josué y los israelitas pasaron a Libná y la atacaron. 
30 El Señor les entregó también Libna y a su rey, y pasaron a cuchillo a todos los habitantes. 
     No quedó en ella un superviviente; a su rey lo trató Josué como al de Jericó. 
31 Desde Libna Josué y los israelitas pasaron a Laquis, acamparon frente a ella y la atacaron. 
32 El Señor se la entregó: tomaron Laquis al segundo día y pasaron a cuchillo a todos los habitantes, 
     lo mismo que habían hecho en Libna. 
33 Horán, rey de Guézer, subió en auxilio de Laquis, pero Josué lo derrotó a él y a su ejército, 
     sin dejarle un superviviente. 
34 Desde Laquis Josué y los israelitas pasaron a Eglón; acamparon frente a ella y la atacaron. 
35 La tomaron aquel mismo día y la pasaron a cuchillo, consagrando al exterminio a todos sus 
     habitantes, lo mismo que habían hecho con Laquis. 
36 Desde Eglón, Josué y los israelitas con él, pasaron a Hebrón y la atacaron. 
37 La tomaron y pasaron a cuchillo a su rey y a toda la población. 
     No quedó un superviviente, lo mismo que habían hecho en Eglón; 
     la consagraron al exterminio con todos sus habitantes. 
38 Después Josué y los israelitas con él se volvieron contra Debir y la atacaron. 
39 Se apoderaron de ella, del rey y sus poblados y los pasaron a cuchillo, 
     consagrando al exterminio a todos sus habitantes. 
     No quedó un superviviente; trataron a Debir y a su rey lo mismo que a Hebrón y a su rey, 
     a Libna y a su rey. 

Recapitulación de las conquistas del sur

40 Así fue como conquistó Josué toda la montaña, el Negueb y la Sefela 
     y las estribaciones de la sierra, con sus reyes. No quedó un superviviente. 
     Consagraron al exterminio a todo ser viviente, como había mandado el Señor, Dios de Israel. 
41 Josué conquistó desde Cades Barnea hasta Gaza, y todo el país de Gosén hasta Gabaón. 
42 En una sola ofensiva se apoderó de todos aquellos reyes y sus tierras, porque el Señor, 
     Dios de Israel, combatía por Israel. 
43 Josué y los israelitas que iban con él se volvieron después al campamento de Guilgal. 


lunes, 19 de agosto de 2024

Libro de Josué 6,1-27: La conquista de Jericó

Libro de Josué 
Capítulo 6
La toma de Jericó
Nm 10,1-10; Ap 8

1 Jericó estaba cerrada a cal y canto ante los israelitas. Nadie salía ni entraba. 
2 El Señor dijo a Josué: –Mira, entrego en tu poder a Jericó y su rey. 
3 Todos los soldados den una vuelta diaria alrededor de la ciudad durante seis días. 
4 Siete sacerdotes llevarán siete trompetas delante del arca; 
   al séptimo día darán siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las trompetas, 
5 a la señal dada con el cuerno, cuando oigan el sonido de las trompetas, 
   todo el ejército lanzará el grito de guerra; entonces se desplomarán las murallas de la ciudad, 
   y cada uno la asaltará desde su puesto. 
6 Josué, hijo de Nun, llamó a los sacerdotes y les mandó: 
   –Lleven el arca de la alianza, y que siete sacerdotes lleven siete trompetas 
   delante del arca del Señor. 
7 Y luego dijo a la tropa:
    –Marchen a rodear la ciudad; los que lleven armas pasen delante del arca del Señor. 
8 Después que Josué dio estas órdenes a la tropa, siete sacerdotes, llevando siete trompetas, 
   se pusieron delante del Señor y empezaron a tocar. El arca del Señor los seguía; 
9 los soldados armados marchaban delante de los sacerdotes que tocaban las trompetas; 
    el resto del ejército marchaba detrás del arca. Las trompetas acompañaban la marcha. 
10 Josué había dado esta orden a la tropa: 
     –No lancen ningún grito de guerra, ni dejen oír su voz, no se les escape una palabra 
     hasta el momento en que yo les mande gritar; entonces gritarán. 
11 Dieron una vuelta a la ciudad con el arca del Señor 
     y se volvieron al campamento para pasar la noche. 
12 Josué se levantó de madrugada, y los sacerdotes tomaron el arca del Señor. 
13 Siete sacerdotes, llevando siete trompetas delante del arca del Señor, 
     acompañaban la marcha de los soldados con las trompetas. 
     Y la retaguardia marchaba tras el arca al son de las trompetas. 
14 Aquel segundo día dieron una vuelta a la ciudad y se volvieron al campamento. 
     Así hicieron seis días. 
15 El día séptimo, al despuntar el sol, madrugaron y dieron siete vueltas a la ciudad, 
     conforme al mismo ceremonial. 
     La única diferencia fue que el día séptimo dieron siete vueltas a la ciudad. 
16 A la séptima vuelta, los sacerdotes tocaron las trompetas y Josué ordenó a la tropa:
      –¡Griten, que el Señor les entrega la ciudad! 

Jericó consagrada al anatema

17 Esta ciudad, con todo lo que hay en ella, se consagra al exterminio en honor del Señor. 
     Sólo han de quedar con vida la prostituta Rajab y todos los que estén con ella en su casa, 
     porque escondió a nuestros emisarios. 
18 En cuanto a ustedes, tengan cuidado, no se les vayan los ojos 
     y recojan algo de lo consagrado al exterminio; 
     porque pondrán bajo maldición el campamento de Israel y le acarrearán la desgracia. 
19 Toda la plata y el oro y el ajuar de bronce y hierro se consagran al Señor: irán a parar a su tesoro. 
20 Sonaron las trompetas. Al oír el toque, lanzaron todos el grito de guerra. 
     Las murallas se desplomaron y el ejército dio el asalto a la ciudad, cada uno desde su puesto, 
     y la conquistaron. 
21 Consagraron al exterminio todo lo que había dentro: 
     hombres y mujeres, muchachos y ancianos, vacas, ovejas y burros, todo lo pasaron a cuchillo. 

La casa de Rajab preservada

22 Josué había encargado a los dos espías: 
     –Vayan a la casa de la prostituta y sáquenla de allí con todo lo que tenga, tal como le juraron. 
23 Los espías fueron y sacaron a Rajab, a su padre, madre y hermanos y todo lo que tenía, 
     y a todos los parientes, y los dejaron fuera del campamento israelita. 
24 Incendiaron la ciudad y cuanto había en ella. 
     Sólo la plata, el oro y el ajuar de bronce y hierro lo destinaron al tesoro del Templo del Señor. 
25 Josué perdonó la vida a Rajab, la prostituta, a su familia y a todo lo suyo. 
     Rajab vivió en medio de Israel hasta hoy, por haber escondido a los emisarios que envió Josué 
     a explorar Jericó. 

Maldición a quien reconstruya Jericó

26 En aquella ocasión juró Josué: –¡Maldito de Dios el que reedifique esta ciudad! 
     Pondrá los cimientos sobre su primogénito y colocará las puertas sobre su hijo menor. 
27 El Señor estuvo con Josué, y su fama se divulgó por toda la región. 


Libro de Josué 5,1-15: Circuncisión y celebración de la pascua en Guilgal. Teofanía

Libro de Josué
Capítulo 5
Terror de las poblaciones del oeste del Jordán

1 Cuando los reyes amorreos de Cisjordania y los reyes cananeos de occidente oyeron 
   que el Señor había secado el agua del Jordán ante los israelitas hasta que ellos pasaron, 
   quedaron llenos de temor y no tuvieron ánimo para oponerles resistencia. 

La circuncisión de los hebreos en Guilgal
(Gn 17,23-27; Éx 12,44-49)

2 En aquella ocasión dijo el Señor a Josué: 
   –Hazte cuchillos de piedra, siéntate y vuelve a circuncidar a los israelitas. 
3 Josué hizo cuchillos de piedra y circuncidó a los israelitas en Guibat Haaralot.  
4 El motivo de esta circuncisión fue que todos los varones que habían salido de Egipto, 
   como todos los guerreros, habían muerto en el desierto, en el camino desde Egipto. 
5 Y aunque todos los que salieron de Egipto estaban circuncidados, 
   los nacidos en el desierto, en el camino desde Egipto, estaban sin circuncidar. 
6 Porque los israelitas anduvieron por el desierto cuarenta años, 
   hasta que la generación de guerreros que habían salido de Egipto y que no obedecieron al Señor 
   se acabó, conforme a su juramento de que no verían la tierra que el Señor 
   había jurado a sus padres que les daría, una tierra que mana leche y miel. 
7 Dios les suscitó descendientes; a éstos los circuncidó Josué, porque estaban sin circuncidar, 
   ya que no los habían circuncidado durante el viaje. 
8 Cuando todos acabaron de circuncidarse, se quedaron guardando reposo hasta que se sanaron. 
9 Entonces el Señor dijo a Josué: –Hoy les he quitado de encima la vergüenza de Egipto. 
   Y a aquel sitio le pusieron el nombre de Guilgal, y todavía se llama así.

La celebración de la Pascua
Ex 12; 16
 
10 Los israelitas estuvieron acampados en Guilgal y celebraron la Pascua el catorce del mismo mes, 
     por la tarde, en la llanura de Jericó. 
11 A partir del día siguiente a la Pascua comieron de los productos del país; 
     el día de Pascua comieron panes sin levadura y grano tostado. 
12 A partir del día siguiente que comieron de los productos del país, faltó el maná. 
     Los israelitas no volvieron a tener maná; aquel año comieron de los frutos del país de Canaán.

LA CONQUISTA DE JERICÓ
Preludio: Teofanía

13 Estando ya cerca de Jericó, Josué levantó la vista y vio a un hombre de pie frente a él 
     con la espada desenvainada en la mano. Josué fue hacia él y le preguntó: 
     –¿Eres de los nuestros o del enemigo? 
14 Contestó: –No. Soy el general del ejército del Señor, y acabo de llegar. 
     Josué cayó rostro a tierra, adorándolo. 
     Después le preguntó: –¿Qué orden trae mi señor a su siervo? 
15 El general del ejército del Señor le contestó: 
     –Descálzate, porque el sitio que pisas es sagrado. Josué se descalzó. 


Libro de Josué 2,1-24: los espías

Los espías de Josué en Jericó

1 Josué, hijo de Nun, mandó en secreto dos espías desde Sittim 
   con el encargo de examinar el país diciéndoles: 
   –Vayan a inspeccionar el país. 
   Ellos se fueron, llegaron a Jericó, entraron en casa de una prostituta llamada Rajab 
   y se hospedaron allí.
2 Pero alguien dio aviso al rey de Jericó diciéndole: 
   –¡Cuidado! Esta tarde han llegado aquí unos israelitas y vienen a reconocer el país.
3 El rey de Jericó mandó a decir a Rajab: 
   –Saca a los hombres que han entrado en tu casa, 
   porque son espías y han venido a reconocer todo el país.
4 Ella, que había metido a los dos hombres en un escondite, respondió: 
   –Es cierto, vinieron aquí; pero yo no sabía de dónde eran.
5 Se fueron al caer la noche cuando se iban a cerrar las puertas de la ciudad 
   y no sé adónde habrán ido. Salgan enseguida tras ellos, porque todavía pueden alcanzarlos.
6 Rajab había hecho subir a los espías a la azotea, 
   y los había escondido entre los haces de lino que tenía apilados allí.
7 Los guardias salieron a perseguirlos por el camino del Jordán, hacia los vados; 
   en cuanto salieron, se cerraron las puertas de la ciudad.

El pacto entre Rajab y los espías

8 Antes de que los espías se durmieran, Rajab subió a la azotea,
9 y les dijo: –Sé que el Señor les ha entregado el país, 
   porque el terror que ustedes inspiran se ha apoderado de nosotros 
   y todos los habitantes han quedado espantados a la vista de ustedes;
10 porque hemos oído que el Señor cuando los sacó de Egipto 
     secó el agua del Mar Rojo ante ustedes 
     y también lo que hicieron con los dos reyes amorreos de Transjordania, 
     a quienes ustedes exterminaron;
11 al enterarnos de eso nuestro corazón desfalleció, ´
     y todos se han quedado sin aliento para enfrentarse con ustedes; 
     porque el Señor, su Dios, es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra.
12 Ahora, júrenme por el Señor, que así como yo los he protegido, 
     ustedes tendrán compasión de mi familia. Denme una señal segura
13 de que dejarán con vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y hermanas 
      y a todos los suyos y que nos librarán de la matanza.
14 Los hombres le dijeron: –¡Nuestra vida a cambio de la vida de ustedes, 
     con tal que no nos denuncies! Cuando el Señor nos entregue el país, 
     seremos buenos y leales contigo.
15 Entonces ella se puso a descolgarlos con una soga por la ventana, 
     porque la casa donde vivía estaba pegando a la muralla,
16 y les dijo: –Vayan al monte, para que no los encuentren los que andan buscándolos, 
     y quédense allí escondidos tres días, hasta que ellos regresen; 
     luego ustedes, podrán seguir su camino.
17 Ellos le contestaron: –Nosotros respondemos de ese juramento que nos has exigido, 
      con esta condición:
18 cuando nosotros entremos en el país, tú atarás esta cinta roja a la ventana 
     por la que nos descuelgas, y reunirás contigo, dentro de la casa a tu padre y tu madre, 
     a tus hermanos y toda tu familia.
19 El que salga a la calle, será responsable de su muerte, no nosotros; 
     en cambio nosotros seremos responsables de la muerte de cualquiera que esté contigo 
     en tu casa si alguien lo toca.
20 Pero si nos denuncias, no respondemos del juramento que nos has exigido.
21 Ella contestó: –De acuerdo. Y los despidió. Se marcharon, y ella ató a la ventana la cinta roja.

Vuelta de los espías

22 Se marcharon al monte, y estuvieron allí tres días, 
     hasta que regresaron los perseguidores; quienes por más que los buscaron por todo el camino, 
     no los encontraron.
23 Los dos hombres se volvieron monte abajo, cruzaron el río, 
     llegaron hasta Josué y le contaron todo lo que les había pasado
24 y le dijeron: –El Señor nos entrega todo el país. Toda la gente tiembla ante nosotros.

lunes, 14 de noviembre de 2022

Lucas 18,35-43: Curación del ciego de Jericó (clave de lectura)


En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello, y le explicaron: "Pasa Jesús Nazareno". Entonces gritó: "¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!" Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!" Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?" El dijo: "Señor, que vea otra vez". Jesús le contestó: "Recobra la vista, tu fe te ha curado". En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.


CLAVE DE LECTURA:

El evangelio de hoy describe la llegada de Jesús a Jericó. Es la última parada antes de la subida a Jerusalén, donde se realiza el “éxodo” de Jesús según había anunciado en su Transfiguración (Lc 9,31) y a lo largo de la caminada hasta Jerusalén (Lc 9,44; 18,31-33).

• Lucas 18,35-37:
El ciego sentado junto al camino

En el evangelio de Marcos, el ciego se llama Bartimeo (Mc 10,46). Al ser ciego, no podía participar en la procesión que acompañaba a Jesús. En aquel tiempo, había muchos ciegos en Palestina, pues el sol fuerte golpeando contra la tierra pedregosa emblanquecida hacía mucho daño a los ojos sin protección.

• Lucas 18,38-39:
El grito del ciego y la reacción de la gente

El catecismo de aquella época enseñaba que el mesías sería de la descendencia de David, “hijo de David”, mesías glorioso. A Jesús no le gustaba este título. Citando el salmo mesiánico, él llegó a preguntar: “¿Cómo es que el mesías puede ser hijo de David si hasta el mismo David le llama “mi Señor” (Lc 20,41-44)

El grito del ciego incomodaba a la gente que acompañaba a Jesús. Por esto, “Los que iban delante le increpaban para que se callara”. Ellos trataban de acallar el grito, pero él gritaba mucho más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!” Hoy también, el grito de los pobres incomoda la sociedad establecida: migrantes, enfermos, mendigos, refugiados, ¡tantos!

• Lucas 18,40-41:
La reacción de Jesús ante el grito del ciego

Los que querían acallar el grito del pobre, ahora, a petición de Jesús, se ven obligados a ayudar al pobre a que llegue hasta Jesús. El evangelio de Marcos añade que el ciego dejó todo y se fue hasta Jesús. No tenía mucho. Apenas un manto. Pero era lo que tenía para cubrir su cuerpo. Era su seguridad, ¡su tierra firme!

Hoy también Jesús escucha el grito de los pobres que a veces nosotros no queremos escuchar. Cuando se acercó, le preguntó: “¿Qué quieres que te haga?” No basta gritar. ¡Hay que saber porqué se grita! Él dijo: “¡Señor, que vea!”.

• Lucas 18,42-43:
“Recobra tu vista”

El ciego había invocado a Jesús con ideas no totalmente correctas, pues el título de “Hijo de David” no era muy exacto. Pero él tiene más fe en Jesús que en sus ideas sobre Jesús. No expresa exigencias como Pedro (Mc 8,32-33).

Curado, sigue a Jesús y sube con él a Jerusalén. De este modo, se vuelve discípulo, modelo para todos nosotros que queremos “seguir a Jesús por el camino” hacia Jerusalén: creer más en Jesús que en nuestras ideas sobre Jesús. En esta decisión de caminar con Jesús está la fuente de valor y la semilla de la victoria sobre la cruz. Pues la cruz no es una fatalidad, ni una exigencia de Dios. Es la consecuencia del compromiso de Jesús, en obediencia al Padre, de servir a los hermanos y no aceptar privilegios.

La fe es una fuerza que transforma a las personas:

La Buena Nueva del Reino estaba escondida entre la gente, escondida como el fuego bajo las cenizas de las observancias sin vida. Jesús sopla sobre las cenizas y el fuego se enciende, el Reino aparece y la gente se alegra. La condición es siempre la misma: creer en Jesús.

La curación del ciego aclara un aspecto muy importante de nuestra fe. A pesar de invocar a Jesús con ideas no del todo correctas, el ciego tuvo fe y fue curado. Se convirtió, lo dejó todo y siguió a Jesús por el camino del Calvario.

La comprensión total del seguimiento de Jesús no se obtiene por la instrucción teórica, sino por el compromiso práctico, caminando con él por el camino del servicio, desde Galilea hasta Jerusalén.

Aquel que insiste en mantener la idea de Pedro, esto es, del Mesías glorioso sin la cruz, no va a entender nada de Jesús y no llegará nunca a tomar la actitud del verdadero discípulo. Aquel que sabe creer en Jesús y se entrega (Lc 9,23-24), que acepta ser el último (Lc 22,26), beber el cáliz y cargar con su cruz (Mt 20,22; Mc 10,38), éste, al igual que el ciego, aún teniendo las ideas no enteramente justas, “seguirá a Jesús por el camino” (Lc 18,43). En esta certeza de caminar con Jesús está la fuente de la audacia y la semilla de la victoria sobre la cruz.

Lucas 18,35-43: Curación del ciego de Jericó

Lucas 18,35-43
Lunes de la 33 Semana del Tiempo Ordinario  I y II

En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello, y le explicaron: "Pasa Jesús Nazareno". Entonces gritó: "¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!" Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!" Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?" El dijo: "Señor, que vea otra vez". Jesús le contestó: "Recobra la vista, tu fe te ha curado". En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.


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sábado, 29 de octubre de 2022

Lucas 19,1-10: La conversión de Zaqueo

Lucas 19,1-10
Martes de la 33 Semana del Tiempo Ordinario, I y II

En aquel tiempo entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió en una higuera para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: "Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa". El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: "Ha entrado ha hospedarse en casa de un pecador". Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: "Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más". Jesús le contestó: "Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido".


SOBRE EL MISMO TEMA:

Lucas 19,1-10: La salvación de Zaqueo, por el papa Francisco


Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. Vivía en ella un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma. Quería conocer a Jesús, pero no conseguía verle, porque había mucha gente y Zaqueo era de baja estatura. Así que, echando a correr, se adelantó, y para alcanzar a verle se subió a un árbol junto al cual tenía que pasar Jesús.
Al llegar allí, Jesús miró hacia arriba y le dijo:
— Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa.
Zaqueo bajó aprisa, y con alegría recibió a Jesús. Al ver esto comenzaron todos a criticar a Jesús, diciendo que había ido a quedarse en casa de un pecador.  Pero Zaqueo, levantándose entonces, dijo al Señor:
— Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más.
Jesús le dijo:
— Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque este hombre también es descendiente de Abraham. Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.

Comentario por el papa Francisco
"La salvación de Zaqueo"

El papa Francisco, como cada domingo, se ha asomado a la ventana del estudio en el Palacio Apostólico del Vaticano, para rezar el ángelus con los fieles y los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro. Estas son las palabras del Santo Padre para introducir la oración mariana:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy nos presenta un hecho sucedido en Jericó, cuando Jesús llegó a la ciudad y fue acogido por la multitud (cfr Lc 19,1-10). En Jericó vivía Zaqueo, el jefe de los “publicanos”, es decir, de los recaudadores de impuestos.

Zaqueo era un colaborador rico de los odiados ocupantes romanos, un explotador de su pueblo. También él, por curiosidad, quería ver a Jesús, pero su condición de pecador público no le permitía acercarse al Maestro; aún más, era de baja estatura; por eso sube a un árbol, una higuera, en el camino por donde Jesús tenía que pasar.

Cuando llega cerca de ese árbol, Jesús levanta la mirada y le dice: Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa” (v. 5). ¡Podemos imaginar el estupor de Zaqueo!

¿Pero por qué Jesús dice ‘he de quedarme en tu casa’? ¿De qué deber se trata? Sabemos que su deber supremo es realizar el diseño del Padre sobre la humanidad, que se cumple en Jerusalén con su condena a muerte, la crucifixión y, al tercer día, la resurrección. Es el diseño de salvación de la misericordia del Padre. Y en este diseño está también la salvación de Zaqueo, un hombre deshonesto y despreciado por todos, y por eso necesitado de conversión. De hecho, el Evangelio dice que, cuando Jesús lo llamó, “comenzaron todos a criticar a Jesús, diciendo que había ido a quedarse en casa de un pecador” (v. 7).

El pueblo ve en él un villano, que se ha enriquecido a costa del prójimo. Y si Jesús hubiera dicho “baja tú, explotador, traidor del pueblo y ven a hablar conmigo para hacer cuentas’ seguro el pueblo hubiera aplaudido. Pero aquí comenzaron a murmurar (=escándalo). Jesús va a su casa, el pecador, el explotador.

Pero Jesús, guiado por la misericordia, le buscaba precisamente a él. Y cuando entra en casa de Zaqueo dice: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque este hombre también es descendiente de Abraham. Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido” (vv. 9-10).

La mirada de Jesús va más allá de los pecados y los prejuicios; y esto es importante  y debemos aprenderlo. Jesús ve a la persona con los ojos de Dios, que no se detiene en el mal pasado, sino que ve el bien futuro; no se detiene a las apariencias, sino que mira al corazón. Y aquí ha mirado el corazón herido de este hombre, herido del pecado, la avaricia, cosas feas que había hecho Zaqueo y mira este corazón herido y va ahí.

A veces tratamos corregir y convertir a un pecador reprochándole, echándole en cara sus errores y su comportamiento injusto. La actitud de Jesús con Zaqueo nos indica otro camino: el de mostrar a quien se equivoca su valor, ese valor que Dios continúa viendo a pesar de todo. A pesar de todos sus errores. Esto puede provocar una sorpresa positiva, que enternece el corazón y empuja a la persona a sacar lo bueno que tiene. Es el dar confianza a las personas que le hace crecer y cambiar.

Así se comporta Dios con todos nosotros: no está bloqueado por nuestro pecado, sino que lo supera con el amor y nos hace sentir la nostalgia del bien. Y esto, todos hemos sentido esta nostalgia del bien después de un error. Y así hace nuestro Padre Dios, así hace Jesús. No existe una persona que no tiene algo bueno. Esto mira Dios para sacarlo del mal.

DOMINGO DE LA 31 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año C (Lecturas)

Sabiduría 11:22-12:2
Salmo 144,1-2.8-9.10-11.13cd-14:
Bendecire tu nombre por siempre jamas, 
Dios mio, mi rey
2 Tesalonicenses 1:11-2:2
Lucas 19:1-10


Sabiduría 11,22–12,2

Tú de todos tienes compasión, porque lo puedes todo y no te fijas en los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. ¿Cómo podrían existir los seres, si tú no lo hubieras querido? ¿Cómo podrían conservarse, si tú no lo ordenaras? Tú tienes compasión de todos, porque todos, Señor, te pertenecen y amas todo lo que tiene vida, porque en todos los seres está tu espíritu inmortal. Por eso, a los que pecan los corriges y reprendes poco a poco, y les haces reconocer sus faltas, para que apartándose del mal crean en ti, Señor.


Salmo 144,1-2.8-9.10-11.13cd-14: 
Bendeciré tu nombre por siempre, 
Dios mío, mi rey

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey


Tesalonicenses 1,11–2,2

Con este fin oramos siempre por vosotros, pidiendo a nuestro Dios que os tenga por dignos de haber sido llamados por él, y que cumpla con su poder todos vuestros buenos deseos y los trabajos que realizáis impulsados por la fe. De esta manera el nombre de nuestro señor Jesús será honrado por vuestra causa, y él os honrará conforme a la bondad de nuestro Dios y del señor Jesucristo. Ahora, hermanos, en cuanto al regreso de nuestro señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos que no cambiéis fácilmente de manera de pensar ni os dejéis asustar por ningún mensaje espiritual, discurso o carta que recibáis, como si fuera nuestra, diciendo que el día del Señor ya ha llegado.


Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. Vivía en ella un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma. Quería conocer a Jesús, pero no conseguía verle, porque había mucha gente y Zaqueo era de baja estatura. Así que, echando a correr, se adelantó, y para alcanzar a verle se subió a un árbol junto al cual tenía que pasar Jesús.
Al llegar allí, Jesús miró hacia arriba y le dijo:
— Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa.
Zaqueo bajó aprisa, y con alegría recibió a Jesús. Al ver esto comenzaron todos a criticar a Jesús, diciendo que había ido a quedarse en casa de un pecador.  Pero Zaqueo, levantándose entonces, dijo al Señor:
— Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más.
Jesús le dijo:
— Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque este hombre también es descendiente de Abraham. Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.

SOBRE ESTE DOMINGO:

domingo, 24 de julio de 2022

Números 36,1-13: La herencia de la mujer casada

Números 36,1-13:
La herencia de la mujer casada

1 Los jefes de familia del clan de los descendientes de Galaad –hijo de Maquir, hijo de Manasés, 
    uno de los clanes de los descendientes de José– se presentaron delante de Moisés 
    y de los principales jefes de familia de Israel
2 y les dijeron: El Señor mandó a Moisés que repartiera el país entre los israelitas mediante un sorteo, 
   y Moisés también recibió del Señor la orden de entregar a sus hijas la herencia de nuestro hermano 
   Selofjad.
3 Ahora bien, si ellas se casan con un miembro de otra tribu de Israel, 
   su parte será sustraída de la herencia de la tribu a la que van a pertenecer. 
   De esa manera, disminuirá la herencia que nos ha tocado en suerte.
4 Y cuando los israelitas celebren el año del jubileo, 
   la herencia de ellas se sumará a la de la otra tribu y será sustraída del patrimonio de nuestra tribu.
5 Entonces Moisés, por orden del Señor, dio estas instrucciones a los israelitas: 
   La tribu de los descendientes de José tiene razón.
6 Esto es lo que el Señor ha ordenado respecto de las hijas de Selofjad: 
   Ellas pueden casarse con quien les parezca mejor, con tal que lo hagan dentro de un clan perteneciente 
   a la tribu de su padre.
7 La parte hereditaria de los israelitas no pasará de una tribu a otra, 
   sino que cada israelita deberá retener la herencia de su tribu paterna.
8 Por lo tanto, toda joven que posea una herencia en alguna tribu de los israelitas, 
   se casará dentro de un clan de su tribu paterna, 
   de manera que los israelitas conserven cada uno la herencia de sus padres.
9 Así, ninguna herencia pasará de una tribu a otra, 
   sino que cada una de las tribus de los israelitas retendrá su parte.
10 Las hijas de Selofjad procedieron como el Señor se lo había ordenado a Moisés.
11 Majlá, Tirsá, Joglá, Milcá y Noá, hijas de Selofjad, se casaron con hijos de sus tíos paternos.
12 Y como lo hicieron dentro de los clanes de los descendientes de Manasés, 
     la herencia de ellas quedó en la tribu del clan de su padre.

Conclusión

13 Estos son los mandamientos y las leyes que el Señor dio a los israelitas por medio de Moisés, 
     en las estepas de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó.

Números 35,1-8: La herencia de los levitas

Números 35,1-8:
La herencia de los levitas

1 El Señor dijo a Moisés en las estepas de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó:
2 Ordena a los israelitas que cedan a los levitas, de su patrimonio hereditario, ciudades para vivir 
   y campos de pastoreo alrededor de las mismas.
3 Las ciudades les servirán de morada, y los campos de pastoreo serán para su ganado 
   y sus otros animales.
4 Los campos de pastoreo de las ciudades que ustedes cederán a los levitas, 
   se extenderán hasta quinientos metros alrededor de la ciudad, a partir de las murallas.
5 Ustedes medirán fuera de la ciudad, mil metros hacia el este, mil hacia el sur, mil hacia el oeste, 
   y mil hacia el norte, tomando la ciudad como centro: estos serán los campos de pastoreo para las 
   ciudades.
6 Las ciudades que cederán a los levitas serán las seis ciudades de refugio que ustedes deben separar 
   para que los homicidas puedan huir a ellas, añadiendo además, otras cuarenta y dos.
7 Así darán a los levitas un total de cuarenta y ocho ciudades, todas ellas con sus campos de pastoreo.
8 Cuando cedan esas ciudades, tomándolas de lo que es propiedad de los israelitas, 
   exigirán más de los grupos numerosos, y menos de los grupos más pequeños, 
   y menos de los grupos más pequeños. De esta manera, cada uno cederá a los levitas 
   una cantidad de ciudades proporcionada a la herencia que haya recibido.

Números 34,1-15: Las fronteras de Canaán

Números 34,1-15:
Las fronteras de Canaán

1 El Señor dijo a Moisés:
2 Comunica esta orden a los israelitas: Cuando entren en la tierra de Canaán, 
   recibirán como herencia toda la extensión del territorio de Canaán, a saber:
3 La región meridional se extenderá desde el desierto de Sin, a lo largo de Edom. 
   Por el este, la frontera meridional comenzará en el extremo del mar de la Sal.
4 Luego dará una vuelta por el sur hasta el Paso de los Escorpiones, 
   y pasará por Sin, para ir a terminar al sur de Cades Barné. 
   Después continuará hasta Jasar Adar y pasará por Asmón.
5 Partiendo de Asmón, dará una vuelta hasta el Torrente de Egipto y terminará en el Mar.
6 Al oeste tendrán como límite la costa del Mar Grande: esta será para ustedes la frontera occidental.
7 La frontera norte la siguiente: trazarán una línea desde el Mar hasta el monte Hor;
8 desde el monte Hor trazarán una línea hasta la Entrada de Jamat, y la frontera terminará en Sedad.
9 Luego continuará hasta Sifrón, para ir a terminar en Jasar Enán. Esta será la frontera septentrional.
10 Para fijar el límite oriental, trazarán una línea desde Jasar Enán hasta Sefam.
11 Desde Sefam, la frontera bajará hasta Riblá, al este de Ain, y desde allí seguirá bajando 
     hasta tocar la costa oriental del mar de Genesaret.
12 Después bajará a lo largo del Jordán y terminará en el mar de la Sal. 
     Este será el territorio de ustedes, con las fronteras que lo circunscriben.
13 Además, Moisés dio esta orden a los israelitas: 
     Esta es la tierra que ustedes se repartirán como herencia por medio de un sorteo, 
     la que el Señor manó fuera entregada a las nueve tribus y media.
14 Porque las familias patriarcales de la tribu de los rubenitas, las familias de la tribu de los gaditas 
     y la mitad de la tribu de Manasés ya recibieron su herencia:
15 esas dos tribus y media recibieron su propiedad hereditaria al otro lado del Jordán, 
     al este de Jericó, en la parte oriental.

sábado, 23 de julio de 2022

Números 33,50-56: Instrucciones acerca del reparto de Canaán

Números 33,50-56:
Instrucciones acerca del reparto de Canaán

50 El Señor dijo a Moisés en las estepas de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó:
51 Habla en estos términos a los israelitas: Cuando crucen el Jordán en dirección al país de Canaán
52 y hayan desposeído de sus dominios a todos los habitantes del país, 
     ustedes harán desaparecer todas sus imágenes esculpidas y todas sus estatuas de metal fundido, 
     y demolerán todos sus lugares altos.
53 Tomarán posesión del país y habitarán en él, porque yo les di esa tierra para que la posean.
54 Además, se repartirán el país entre sus clanes por medio de un sorteo, 
     asignando una herencia mayor al grupo más numeroso, 
     y una herencia más pequeña al grupo más reducido: 
     cada uno tendrá lo que le toque en suerte, 
     y se repartirán la tierra entre las tribus patriarcales.
55 Pero si no despojan de sus dominios a los habitantes del país, 
     los que ustedes hayan dejado serán como espinas en sus ojos y como aguijones en su costado, 
     que los asediarán en la tierra donde habiten.
56 Y Yo los trataré a ustedes como había decidido tratarlos a ellos.

Números 33,37-49: De Cades a Moab

Números 33,37-49:
De Cades a Moab

37 Partieron de Cades y acamparon el monte Hor, en los límites de Edom.
38 El sacerdote Aarón, por orden del Señor, subió al monte Hor y allí murió, 
     el primer día del quinto mes, cuarenta años después que los israelitas salieron de Egipto.
39 Cuando murió en el monte Hor, Aarón tenía ciento veintitrés años.
40 El cananeo, rey de Arad, que habitaba en el Négueb, en el país de Canaán, 
     recibió entonces la noticia de la llegada de los israelitas.
41 Luego partieron del monte Hor y acamparon en Salmoná.
42 Partieron de Salmoná y acamparon en Punón.
43 Partieron de Punón y acamparon en Obot.
44 Partieron de Obot y acamparon sobre el territorio de Moab, en Iyé Ha Abarím.
45 Partieron de Iyím y acamparon en Dibón Gad.
46 Partieron de Dibón Gad y acamparon en Almón Diblataim.
47 Partieron de Almón Diblataim y acamparon en las montañas de Abarím, frente al Nebo.
48 Partieron de las montañas de Abarím y acamparon en las estepas de Moab, junto al Jordán, 
     a la altura de Jericó.
49 Acamparon junto al Jordán, desde Bet Ha Iesimot hasta Abel Sitím, en las estepas de Moab.

Números 31,1-12: La guerra contra Madián

Números 31,1-12:
La guerra contra Madián

1 El Señor dijo a Moisés:
2 «Tienes que vengar a Israel de los madianitas, después irás a reunirte con los tuyos».
3 Entonces Moisés dijo al pueblo: «Que algunos de ustedes se equipen para el combate 
   y ataquen a Madián, para ejecutar contra ellos la venganza del Señor.
4 Deberán enviar al combate mil hombres por cada una de las tribus de Israel».
5 Entre las divisiones de Israel se reclutaron doce mil hombres equipados para la guerra, 
   a razón de mil hombres por tribu,
6 y Moisés los envió al combate, junto con Pinjás, hijo del sacerdote Eleazar, 
   que llevaba consigo los vasos sagrados y las trompetas para lanzar el grito de guerra.
7 Ellos pelearon contra Madián, como el Señor lo había ordenado a Moisés, 
   y mataron a todos los varones.
8 Además de otras víctimas, mataron a los cinco reyes de Madián: 
   Eví, Réquem, Sur, Jur y Reba. También pasaron al filo de la espada a Balaam hijo de Beor.
9 Los israelitas tomaron cautivas a las mujeres y a los hijos de los madianitas, 
   y se llevaron como botín todos sus animales, sus rebaños y sus bienes.
10 Además incendiaron las ciudades donde ellos habitaban y sus campamentos.
11 Luego recogieron todo el botín –tanto hombres como animales–
12 y se lo llevaron a Moisés, al sacerdote Eleazar y a toda la comunidad de los israelitas, 
    que estaban acampados en las estepas de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó.

Números 26,63-65: Los registrados en el segundo censo

Números 26,63-65:
Los registrados en el segundo censo

63 Estas son las personas registradas por Moisés y el sacerdote Eleazar, 
     cuando hicieron el censo de los israelitas en las estepas de Moab, junto al Jordán, 
     a la altura de Jericó.
64 Entre estos no figuró ninguno de los que Moisés y el sacerdote Aarón 
     habían registrado en el desierto del Sinaí.
65 Porque el Señor había dicho acerca de ellos: 
     «Morirán en el desierto». Ninguno de ellos sobrevivió, 
     excepto Caleb, hijo de Iefuné, y Josué, hijo de Nun.

Números 26,1-51: El segundo censo

Números 26,1-51:
El segundo censo

1 el Señor dijo a Moisés y a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón:
2 «Hagan un censo de toda la comunidad de israelitas, anotando por familias 
   a todos los que tengan más de veinte años, a los aptos para la guerra en Israel».
3 Entonces Moisés y el sacerdote Eleazar dieron las instrucciones correspondientes, 
   en las estepas de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó,
4 acerca de los tenían más de veinte años, como el Señor se lo había ordenado a Moisés. 
   Los israelitas que salieron de Egipto fueron:
5 Los clanes de los descendientes de Rubén, el primogénito de Israel, fueron: 
   de Janoc, el clan de los janoquitas; de Palú, el clan de los paluitas;
6 de Jesrón, el clan de los carmitas.
7 Estos eran los clanes de los rubenitas, según el censo: 43.730 hombres.
8 El hijo de Palú fue Eliab.
9 Los hijos de Eliab fueron Nemuel, Datán y Abirón. Datán y Abirón 
   –representantes de la comunidad– son los mismos que se amotinaron contra Moisés y Aarón, 
   junto con los secuaces de Coré, cuando se produjo el amotinamiento contra el Señor.
10 Después de lo cual la tierra abrió sus fauces y los devoró junto con Coré, 
     cuando murió aquel grupo y el fuego devoró a los doscientos cincuenta hombres, 
     para que sirvieran de escarmiento.
11 Los hijos de Coré, sin embargo, no murieron.
12 Los clanes de los descendientes de Simeón fueron: de Nemuel, el clan de los nemuelitas; ´
     de Iamín, el clan de los iaminitas; de Iaquín, el clan de los iaquinitas;
13 de Zéraj, el clan de los zerajitas; de Saúl, el clan de los saulitas.
14 Estos eran los clanes de los simeonitas: 22.200 hombres.
15 Los clanes de los descendientes de Gad fueron: 
     de Sefón, el clan de los sefonitas; de Jaguí, el clan de los jaguitas; de Suní, el clan de los sunitas;
16 de Ozní, el clan de los oznitas; de Erí, el clan de los eritas;
17 de Arod, el clan de los aroditas; de Arelí, el clan de los arelitas.
18 Estos eran los clanes de los gaditas, según el censo: 40.500 hombres.
19 Los hijos de Judá fueron Er y Onán. Er y Onán murieron en la tierra de Canaán.
20 Los clanes de los descendientes de Judá fueron: de Selá, el clan de los selaítas; 
     de Péres, el clan de los peresitas; de Séraj, el clan de los serajitas.
21 Los descendientes de Péres fueron: de Jesrón, el clan de los jesronitas; 
     de Jamul, el clan de los jamulitas.
22 Estos eran los descendientes de Judá, según el censo: 76.500 hombres.
23 Los clanes de los hijos de Isacar fueron: de Tolá, el clan de los tolaítas; 
     de Puá, el clan de los puaítas;
24 de Iasub, el clan de los iasubitas; de Simrón, el clan de los simronitas.
25 Estos eran los clanes de Isacar, según el censo: 64.300 hombres.
26 Los clanes de los descendientes de Zabulón fueron: 
     de Séred, el clan de los sereditas; de Elón, el clan de los elonitas; de Iajlel, el clan de los iajlelitas.
27 Estos eran los clanes de los zabulonitas, según el censo: 60.500 hombres.
28 Los descendientes de José fueron Manasés y Efraím con sus clanes.
29 Los descendientes de Manasés fueron: de Maquir, el clan de los maquiritas 
     –Maquir fue padre de Galaad–. De Galaad, el clan de los galaaditas.
30 Los descendientes de Galaad fueron: 
     de Iézer, el clan de los iezeritas; de Jélec, el clan de los jelequitas;
31 de Asriel, el clan de los asrielitas; de Sequém, el clan de los sequemitas;
32 de Semidá, el clan de los semidaítas; de Jéfer, el clan de los jeferitas.
33 Selofjad, hijo de Jéfer, no tuvo hijos, sino solamente hijas.
34 Los nombres de estas fueron Majlá, Noá, Joglá, Milcá y Tirsá. 
     Estos eran los clanes de Manasés, según el censo: 52.700 hombres.
35 Los clanes de los descendientes de Efraím fueron los siguientes: 
     de Sutélaj, el clan de los sutelajitas; de Béquer, el clan de los bequeritas; 
     de Taján, el clan de los tajanitas.
36 Los descendientes de Sutélaj fueron los siguientes: de Erán, el clan de los eranitas.
37 Estos eran los clanes de Efraím, según el censo: 32.500 hombres. 
     Todos estos eran los clanes de los hijos de José.
38 Los clanes de los descendientes de Benjamín fueron los siguientes: 
     de Belá, el clan de los belaítas; de Asbel, el clan de los asbelitas; 
     de Ajiram, el clan de los ajiramitas;
39 de Sufam el clan de los sufamitas; de Jufam, el clan de los jufamitas.
40 Los hijos de Belá fueron Ard y Naamán, De Ard, el clan de los arditas; 
     de Naamán, el clan de los naamanitas.
41 Estos eran los clanes de los descendientes de Benjamín, según el censo: 45.600 hombres.
42 Los clanes de los descendientes de Dan fueron los siguientes: 
     de Sujam, el clan de los sujamitas. Estos eran los clanes de los descendientes de Dan.
43 Todos los clanes de los sujamitas, según el censo, comprendían 64.400 hombres.
44 Los clanes de los descendientes de Aser fueron: 
     de Imná, el clan de los imnanitas; de Isví, el clan de los isvitas; de Beriá, el clan de los beriaítas.
45 De los descendientes de Beriá: de Jéber, el clan de los jeberitas; 
     de Malquiel, el clan de los malquielitas.
46 La hija de Aser se llamaba Séraj.
47 Estos eran los clanes de Aser, según el censo: 53.400 hombres.
48 Los clanes de los descendientes de Neftalí fueron: 
     de Iajsel, el clan de los iajselitas; de Guní, el clan de los gunitas;
49 de Iéser, el clan de los ieseritas; de Silém, el clan de los silemitas.
50 Estos eran los clanes de Neftalí, según el censo: 45.400 hombres.
51 Los israelitas registrados en el censo eran en total 601.730 hombres.

Números 22,1-14: El primer llamado de Balac a Balaam

Números 22,1-14:
El primer llamado de Balac a Balaam

1 Luego los israelitas reanudaron la marcha y fueron a acampar en las estepas de Moab, 
   el otro lado del Jordán, a la altura de Jericó.
2 Balac, hijo de Sipor, vio todo lo que los israelitas habían hecho a los amorreos,
3 y los moabitas sintieron un gran temor a la vista de ese pueblo tan numeroso. 
   Atemorizados por la presencia de los israelitas,
4 los moabitas dijeron a los ancianos de Madián: 
   «Ahora esta turba va a devorarlo todo a nuestro alrededor como un buey devora la hierba del campo». 
   Entonces Balac, hijo de Sipor, que era rey de Moab en aquel tiempo,
5 envió unos mensajeros a Balaam, hijo de Beor –que vivía en Petor, junto al Eufrates, 
   en el país en Petor, junto al Eufrates, en el país de los descendientes de Amav– 
   para que le hicieran esta invitación: «Un pueblo que salió de Egipto y cubrió toda la tierra se ha 
   establecido frente a mí.
6 Ven, por favor, y maldíceme a este pueblo, porque es más fuerte que yo. 
   Tal vez así podré derrotarlo y expulsarlo del país. Porque yo sé que el que tú bendices, 
   queda bendecido, y el que maldices, queda maldecido».
7 Los ancianos de Moab y de Madián partieron, llevando la retribución para el adivino. 
   Cuando se presentaron a Balaam y le transmitieron el mensaje de Balac,
8 Balaam les respondió: «Pasen aquí la noche, y yo les daré la respuesta que el Señor me inspire». 
   Entonces los jefes de Moab se quedaron con Balaam.
9 Pero Dios se manifestó a Balaam y le dijo: «¿Quiénes son esos hombres que están contigo?».
10 Balaam respondió a Dios: «Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, me envió este mensaje:
11 «Aquí hay un pueblo que salió de Egipto y cubrió toda la tierra. 
     Por eso, ven a maldecírmelo. Tal vez así podré combatir contra él y expulsarlo».
12 Dios dijo a Balaam: «No vayas con ellos ni maldigas a ese pueblo, porque está bendecido».
13 A la mañana siguiente, Balaam se levantó y dijo a los jefes enviados por Balac: 
     «Vuélvanse a su país, porque el Señor me prohíbe acompañarlos».
14 Entonces los jefes de Moab partieron, y cuando estuvieron de regreso dijeron a Balac: 
     «Balaam se niega a venir con nosotros».

sábado, 9 de julio de 2022

Lucas 10,25-37: "¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?"

Lucas 10,25-37
Lunes de la 27 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" Él le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?" Él contestó: "Amarás al Señor, tu, Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo." Él le dijo: "Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida." 

Pero el maestro de la Ley queriendo justificarse, preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?" Jesús le dijo: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó en una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?" Él contestó: "El que practicó la misericordia con él." Díjole Jesús: "Anda, haz tu lo mismo."

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