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martes, 11 de octubre de 2022

El Humanismo Cristiano

1. Origen del cristianismo

La aceptación e incorporación del cristianismo como religión oficial del estado romano es un síntoma claro de la transformación radical de la ideología clásica del imperialismo romano: ideología que había sido la base de su grandeza y de su larga perduración. El cristianismo, que tenía como ideas capitales el universalismo y la salvación individual, se mostró radicalmente opuesto al culto al emperador.

La doctrina de Jesús de Nazaret, llamado Cristo, nacido por obra del Espíritu Santo (cf. Lc 1,1), recibe el nombre del Evangelio, Buena Nueva, Buena Noticia. Esta doctrina nacía apoyándose en la base dogmática del monoteísmo judío, pero suponía una superación y sustitución de su moral por unos nuevos principios de amor, igualdad y fraternidad; junto con la enseñanza del camino para la redención individual, con la promesa de la salvación eterna.

La doctrina de Cristo supuso una revolución al anunciar el reino de Dios (“Haced penitencia, pues el reino de Dios está cerca”) y al dirigir sus enseñanzas más allá del alcance de la política (“Mi reino no es este mundo”), intentando despertar en cada uno de sus seguidores la conciencia de su dormida espiritualidad interior. Para ello, tuvo que luchar contra el formalismo propagado por los fariseos, destruyendo el orgullo, la ambición y las pasiones terrenales.

2. La difusión del cristianismo

El carácter del cristianismo fue impuesto por Jesús a sus seguidores, los Apóstoles, en primer lugar. Éstos, encabezado por Pedro, se dedicaron a extender la nueva doctrina de salvación, incluso más allá de Israel. Comenzaron por las colonias de judíos por todo el mundo, ya que, por afinidad ideológica y cultural, eran los más próximos a la doctrina cristiana, y propensos, por ello, a la conversión.

Por esta razón y por haberse declarado públicamente Hijo de Dios, los judíos acusaron a Jesús ante sus autoridades y las romanas de impostor y de haber subvertido el orden romano. Fue, por ello, condenado a muerte y ejecutado en la cruz, el castigo propio de los ladrones y asesinos. Pero, Dios lo resucitó de entre los muertos al tercer día. Subió al cielo. A los cuarenta días, envió al Espíritu Santo. A partir de este momento, los apóstoles difundieron el mensaje de salvación de Jesús por todo el mundo.

Pedro, elegido por Jesús como cabeza de la Iglesia, marchó primero a Antioquia, donde por primera vez los paganos denominaron a los seguidores de Jesús (los santos) cristianos, y luego marchó a Roma, capital del imperio.

Junto al apóstol Pedro, fue Pablo la figura más importante en la difusión del cristianismo como religión universal. De perseguidor de los cristianos, tras una crisis religiosa, se convirtió al Cristianismo y pasó a ser un ferviente difusor de la nueva doctrina, no sólo entre judíos, sino también en los ambientes romanos (Apóstol de los gentiles). Como consecuencia de la labor proselitista de los fieles cristianos, la religión de los seguidores de Jesús, a quien solamente una minúscula parte de la población del Imperio había conocido, y que sufrió el castigo de Roma reservaba a los más indignos de súbditos, pasó a convertirse en la única religión oficial del estado.

3. Las persecuciones

El cristianismo fue objeto de numerosas persecuciones, que condujeron a muchos de sus fieles al martirio y a la muerte, por no abjurar de unas ideas consideradas peligrosas y revolucionarias, y no sólo por razones estrictamente religiosas. 

Desde el punto de vista político, negaban la divinidad del emperador y, por tanto, el culto a su figura, rechazando el cumplimiento de los obligados preceptos religiosos oficiales. Esta actitud de negar la autoridad del emperador minaba la unidad y la consistencia del Imperio, por lo que fueron oficialmente declarados enemigos del Estado.

4. El triunfo del cristianismo

A finales del siglo IV, el cristianismo experimentó el inicio de una etapa expansiva que no habría de interrumpirse a partir de entonces. Penetró en todos los grupos sociales de las ciudades, llegando hasta las capas más altas de la Administración del Estado. 

A partir de Constantino contó con la protección del emperador, quien intervendría en los conflictos internos de la Iglesia antes perseguida, la religión cristiana se había convertido en una religión de Estado, identificándose los intereses de éste con lo de aquél.

5. El Humanismo Cristiano

El humanismo cristiano puede definirse como concepción de la persona humana y de la sociedad que se fundamenta en los valores y principios del cristianismo, proyectando hacia la sociedad humana dichos valores y principios para inspirar las relaciones entre los seres humanos y orientarlos en su labor de construir un orden social justo, solidario y ético.

El humanismo cristiano cree en la providencia de Dios Padre, espera la salvación del mundo por medio de su Hijo unigénito, Jesucristo, y propugna la caridad en la verdad, es decir, el amor fraterno o fraternidad humana, como ley fundamental del Cristianismo, para el progreso y desarrollo integral del ser humano y de la humanidad, dando respuestas a los problemas que azotan al hombre: del hambre, miseria, pobreza, guerras, violencia, injusticia, desigualdad, analfabetismo y enfermedades endémicas que padece y sufre.

El humanismo cristiano tienen dos fuentes principales: la filosofía cristiana y la Doctrina social de la Iglesia, que trazan líneas de orientaciones a cerca de la concepción de la persona, los valores del orden social, la justicia en las relaciones humanas y entre los Estados, el bien común como finalidad de la acción política y la ética como sustento de ésta.

La caridad en la verdad es la principal fuerza impulsora del autentico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. Tiene su origen en Dios, Amor eterno y es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia. Además, ella da verdadera sustancia a la relación con Dios y con el prójimo.

5.1. La Filosofía Cristiana

Como hace la filosofía propia del hombre, el cristiano también se interroga sobre el verdadero ser del hombre. Éste es definido, desde diferentes ópticas que lo reducen, muchas veces, a concepciones quasi materialistas, prescindiendo de su dimensión trascendental. Sin embargo, la filosofía cristiana presenta la verdadera esencial del hombre.

A. Enmanuel Mounier (1905-1950)

Universitario, de familia cristiana, sensible a su mundo e inconformista ante todo aburguesamiento, Mounier, profundo creyente, lanzará, con su vida y con su obra, una llamada a la revolución y al compromiso que llevan a la salvación de la persona.

El personalismo:

Su filosofía se llama personalismo. Esta filosofía se sitúa entre el espiritualismo y el materialismo. Frente a la dulcida división cuerpo y alma, Mounier concibe al hombre como un todo entero cuerpo y todo entero espíritu. Dirá también que el fin de la alienación económica no es el fin de toda alienación. Además, la persona supera el individualismo burgués y el colectivismo marxista. 

Para Mounier, la persona no es objeto de definición, sino de descripción: su vida personal, sus modos, sus caminos. Lo contrario de la persona es el individuo que engloba todas las maneras de vivir de forma no personal. La persona sólo puede llegar a ser persona en la comunidad: “Una comunidad une a las personas por el corazón”. Un individuo, que percibe a los demás como “algo”, no puede constituirse en comunidad, Sólo puede brotar una auténtica comunidad de la comunión de personas que perciben a los demás como “alguien”.

B. Gabriel Marcel (1889-1973)

El pensamiento de Gabriel Marcel pertenece al existencialismo, al que imprimió un carácter cristiano. Para él, lo religioso constituye una categoría fundamental de la existencia, que se nos revela precisamente a través de la experiencia religiosa: existir es esencialmente participar en el Ser. En él estamos inmersos, y sin él la vida no tendría sentido.

Para Marcel, otra categoría fundamental de la existencia es la relación humana. Pero la relación humana, la apertura al tú, la relación con el “otro”, lleva necesariamente a la relación con Dios. El amor, la fidelidad y la esperanza son signos de la presencia del misterio de Dios en la vida.

“Misterio” es para el hombre la existencia, el “ser” y Dios. Para acercarnos a él no basta el pensamiento lógico, sino dimensiones espirituales como la fidelidad, la esperanza.

5.2. La Doctrina Social de la Iglesia

La Doctrina Social de la Iglesia, iniciada con la célebre encíclica Rerum Novarum (1891) que denunció los excesos e injusticias del capitalismo y del liberalismo, como luego otras lo hicieron respecto del socialismo y del comunismo y, también, del neoliberalismo, traza las grandes líneas de la acción de los cristianos en la vida social y política, promoviendo su participación para realizar el bien común, la justicia social, la solidaridad y la ética. 

La doctrina social de la Iglesia es la proyección del dogma y de la moral cristiana sobre el plan social. Esta doctrina, si bien inspirada en la palabra de Dios, no vale únicamente para cristianos; vale para todos los hombres, cristianos o no cristianos, porque ofrece criterios universales sobre la dignidad de la persona, sobre los valores, la paz, la justicia y la solidaridad.

Principios básicos del orden social: 

• la dignidad de la persona humana
• la sociedad y autoridad
• el bien común
• la justicia social y caridad

A. La dignidad de la persona humana

La dignidad de la persona humana es el principio y fundamento de toda la doctrina social de la Iglesia. Esta dignidad le viene por su origen creatural: Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Como ser digno, libre y social, que tiene un destino individual pero que sólo se desarrolla plenamente en sociedad, mediante la solidaridad con los demás. 

Actualmente, existe la cuestión de la bioética. La bioética es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral, y en el que está en juego la posibilidad de un desarrollo humano e integral. La biotecnología interviene en la vida del hombre. La trágica cuestión del aborto; los intentos de clonación a los humanos y de la eutanasia; exhumaciones de restos humanos y la extirpación de órganos para fines lucrativos y mágicos, ponen en peligro y minimiza la dignidad de la persona humana.

Tratándose de una persona, no faltan derechos y obligaciones. La persona goza de derechos, cuyas propiedades son: inalienabilidad, inviolabilidad, obligatoriedad, anterioridad y superioridad a las leyes, acuerdos y convenios de los hombres.

Detrás de estos escenarios, hay planteamientos culturales que niegan la dignidad humana, fomentando una concepción materialista y mecanicista de la vida humana.

El papa Juan XXIII, en la Pacem in Terris, sistematiza los derechos fundamentales del hombre en ocho categorías:

a. Derechos físicos:

    • La existencia
    • La integridad física
    • Los medios para un nivel de vida digno (alimentación, servicios sociales, habitación)
    • La seguridad social (enfermedad, vejez, etc.)

b. Derechos morales:

    • Debido respeto
    • Buena reputación
    • Libertado para defender sus ideas
    • Libertad para cultivar cualquier arte
    • Información objetiva

c. Derechos culturales:

    • Instrucción fundamental-Formación técnico-profesional
    • Educación intelectual superior

d. Derechos religiosos:

    • Honrar a Dios según el dictamen de la recta conciencia
    • Profesar la religión privada y públicamente

e. Derechos vocacionales:

    • Libertad de elección de estado
    • Fundación de la familia
    • Elección según vocación religiosa

f. Derechos económicos:

    • Libre iniciativa de la economía y en el trabajo
    • Trabajo en buenas condiciones físicas y morales
    • Justa retribución del trabajo
    • Propiedad privada

g. Derechos sociales:

    • Reunión y asociación
    • Emigración e inmigración

h. Derechos políticos:

    • Tomar parte activa en la vida pública
    • Tutela jurídica de los propios derechos

B. Sociedad y Autoridad

Aunque Juan Jacobo Rousseau dijo homo hominis lupus, la verdad es que no se puede ser hombre sin hacerse hombre, sin vivir entre hombres. Es decir, el hombre no puede hacer crecer en él su vida y su personalidad sin convivir con otros, ya que es la sociedad la que hace posible la perfección de la vida humana. En este sentido, un cristiano tiene sentido social cuando se siente solidario de lo que hacen y les pasa a los demás (se puede hablar de solidaridad y subsidiaridad= no asistencialismo). Sin embargo, no se puede concebir una sociedad de personas sin autoridad. Por eso, se puede decir que es absolutamente necesaria la autoridad en la sociedad, ya que ésta exige un mínimo de organización. Quien dice organización dice orden, y por consiguiente, bajo una forma u otra de autoridad. Ésta es el principio de unidad, al que competen dos funciones:

• La función primaria es coordinar, unir las actividades para un objetivo común.

• La función secundaria es vigilar y reprimir las tendencias antisociales y castigar sus indebidas 
   manifestaciones. Así, una sociedad no puede llegar a su madurez mientras la autoridad no promueve 
   debidamente el bien común. Cabe señalar también que autoridad y poder no son exactamente una 
   misma cosa. Mientras el poder es la capacidad de imponerse y obligar por la fuerza a que hagan lo 
   que él ha determinado, la autoridad se sitúa en el derecho moral de mandar y determinar la conducta 
   de los demás imponiéndoles un deber de conciencia y exigiendo, por tanto, una adhesión moral y 
   personal.

C. El Bien Común

El bien común es uno de los temas fundamentales de la doctrina social de la Iglesia y constituye el punto de partida para determinar la relación que existe entre el individuo y la comunidad. No se puede comprender el bien común si no se entiende cuál es el fin último de orden sobrenatural que consiste en alcanzar a Dios y la felicidad eterna y cuál es el fin de orden temporal: conseguir el pleno desarrollo de la propia personalidad entonos los aspectos: físicos, culturales, espirituales.

El bien común no es únicamente:

• una gran cantidad de riquezas donde cada miembro de la sociedad toma parte según sus necesidades 
  y deseos (concepción materialista y cuantitativa del bien común.

• una simple suma de bienes particulares.

• un orden establecido que hay que conservar. Es un estado en evolución constante, 
  que tiene que ir perfeccionándose sin cesar.

¿Qué es entonces el bien común? Según Pacem in Terram de Léon XIII, el bien común consiste y tiende a concretarse en el conjunto de aquellas condiciones sociales que consienten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de su propia persona. Alcanza a todo el hombre, tanto a las necesidades del cuerpo como a las del espíritu.

A tal efecto, cabe también enumerar los elementos esenciales constitutivos del bien común, desde los más ínfimos hasta los más elevados, abarcándolos en tres grupos:

a) Los bienes materiales, que tiene una función instrumental al servicio de fines más elevados: 
    la riqueza industrial, agrícola o comercial, la técnica, los servicios, las fuentes de energía, 
    los transportes, las carreteras, etc.

b) Los bienes culturales, con una categoría superior a los anteriores: lengua, cultura, tradiciones,
    instituciones, arte, literatura, etc.

c) Los bienes morales, la comunión de todos y cada uno en su adhesión a la verdad, la amistad, 
    la justicia, la paz, etc.

Para que se realice el bien común, es preciso que estos tres tipos de bienes se den en la cantidad o proporción exigidas por el tiempo y lugar y estén debidamente jerarquizados, de manera que los materiales estén subordinados a los culturales y unos y otros a los morales.

Hace falta también, para su justa distribución, que estos bienes estén de un modo permanente al alcance de todos los miembros de la sociedad para que cada uno pueda conseguir el pleno desarrollo de sus cualidades personales.

D. Justicia Social y Caridad

La justicia y la caridad son las virtudes que más directamente se refieren a la sociedad. Donde hay amor habrá justicia, y con la justicia y el amor surgirá la paz. 

La justicia se define como la virtud que inclina al hombre a dar a cada uno lo suyo. En realidad, la justicia es virtud por que es un hábito de obrar el bien; dar a cada uno lo suyo, objeto de la justicia, hace referencia a algo objetivo, algo a lo que se tiene derecho. El fundamento de la justicia es la naturaleza social del hombre. Por eso, la justicia no tiene sentido sin el hombre. La justicia conmutativa, distributiva, general o legal, considera a los hombres y los ordena en sus relaciones con los otros. 

Para que la justicia sea efectiva, interesa la caridad, es una virtud sobrenatural que inclina al hombre a amar a Dios y al prójimo; refiriéndose a la caridad social, la consciencia del cristiano de que vive en una sociedad.

Sin caridad la justicia puede limitarse a los derechos reconocidos por la ley. La justicia por sí sola no puede engendrar la convivencia en la tranquilidad y en la paz. En todo caso, la justicia y la caridad son los fundamentos del orden social.

domingo, 9 de octubre de 2022

El Renacimiento y el Humanismo

El Renacimiento se desarrolla en los siglos XV y XVI, hasta bien entrado el siglo XVII, lo que supone un margen de imprecisión importante. En ese tiempo surge el deseo de volver a las fuentes de la cultura occidental, en busca de la verdadera filosofía y de una piedad más sencilla y auténtica. Se trata, pues, del humanismo.

1. Las relaciones entre el Renacimiento y el Humanismo

Éstas se presentan bajo el aspecto de una polémica: mientras que el Humanismo se caracterizará por el retorno a la sabiduría clásica, en el marco de una preocupación fundamentalmente de signo filológico y teológico, el Renacimiento lo hará como impulsor del desarrollo de la ciencia. Así, el Renacimiento, sin renunciar a los temas básicos del humanismo, le superará, al desligar tales temas de la perspectiva teológica y enlazarlos con el pensamiento científico.

El ideal común de este período del renacimiento viene definido por la esperanza de un renacer del ser humano a una vida verdaderamente “humana”, mediante el recurso a las artes, las ciencias, la investigación, poniendo de manifiesto la consideración del ser humano como ser natural, en oposición a la consideración medieval del ser humano como ser-para-Dios. Aparecen nuevas actitudes fundamentales: nacionalismo, individualismo, espíritu laico, criticismo. 

En cuanto al nacionalismo, el renacimiento fue un movimiento nacional italiano, resultado de la aspiración a constituir una república italiana, fruto, pues, del particularismo nacional.

El retorno a los antiguos significa no sólo la recuperación de su obra, sino fundamentalmente el retorno al principio, a los orígenes de la vida humana, cultural, del ser humano. Volver al principio no significa volver a Dios, sino precisamente al terreno del hombre y del mundo humano. De ahí la valoración del pensamiento filosófico pre-cristiano. El retorno significa, además, una conquista. La vuelta a los orígenes, al principio, conlleva la conquista de la personalidad humana. El que este retorno se efectúa mediante las artes y las ciencias y no mediante experiencias místicas interiores, por ejemplo, significa una búsqueda de la objetividad. Sólo la objetividad puede poner en evidencia el status original del hombre frente a la naturaleza, es decir, manifestar su origen y su condición humana.

Fue también un retorno a la Antigüedad clásica romana. Esta cultura antigua era pagana. Por tanto, se intentaba leer los textos de manera pagana también. Pero, más allá de las formas paganas, no se puede olvidar los elementos cristianos del Renacimiento. 

El lema de la vuelta a las fuentes demostró fehaciente su eficacia en la recuperación de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia. Se desprecia de la Escolástica medieval.  

Surge un materialismo peculiar, que prescindía prácticamente de lo sobrenatural, una indiferencia frente a la teología y la Iglesia, el cristianismo se diluyó en una filosofía moral. En lugar de buscar respuestas a los problemas de la religión o de la formación de la vida en las fuentes de la revelación, se le busca en los clásicos paganos.

En vez del más allá y el reino de Dios, el más acá y su belleza y la perduración de la fama del propio nombre. Se fue descubriendo más y más le hermosura del mundo, buscándola en los viajes y en un nuevo modo de contemplar la naturaleza.

Otra novedad fue el estudiar los textos con los métodos de la crítica filológica, no sólo de los textos de los clásicos antiguos, sino también de los de los Padres de la Iglesia e incluso el de la Sagrada Escritura. Esta forma el humanismo encontró al hombre que había de convertirse en su más brillante representante, el holandés Desiderio Erasmo de Rotterdam (1466-1536). Descubrió Erasmo la importancia de las lenguas bíblicas. Con ello, estudió erudita y reverencialmente el Nuevo Testamento. Su ideal era el cristiano formado, no el hombre piadoso.




Erasmo de Rotterdam


El renacimiento fue esencialmente un movimiento laico. Un movimiento que implicó y desató tendencias conducentes a la secularización del mundo, que antes era fundamentalmente teocéntrico. Se pasa del teocentrismo al antropocentrismo.

El Renacimiento fue una cultura de expresión. En este sentido, tuvo fundamentalmente un carácter estético y artístico y poseyó la capacidad de expresarlo con impresionante plenitud. Surgió así un nuevo ideal de la vida. La idea de la libertad y de los derechos humanos tiene aquí claramente sus comienzos. La libertad fue sobrevalorada a costa de la fe. Exaltación de la libertad individual tanto en el orden teológico como el orden cultural y social. De este movimiento, surge el humanismo.

2. El Humanismo

Se llama así al cultivo de las ciencias humanas en el Renacimiento (lenguas clásicas y modernas, geografía, historia, derecho, arte) a que tan inclinado es el hombre renacentista. De modo general, el humanismo puede significar también glorificación, por lo menos, la valoración del hombre y de lo humano. 

En Edad Media predomina las ciencias divinas (teología, filosofía sometida a la fe, moral). El hombre tiene una visión más bien humilde sobre sí mismo, se consideraba pecador, y, a penas, tenía celo por su dignidad humana sino sólo y más en cuanto se consideraba hijo y criatura de Dios.

El Renacimiento dio lugar a un desarrollo de la ciencia. El progreso se notó en las ciencias del hombre. Andrés Vesalio fue el fundador de la anatomía como ciencia, ante el escándalo de sus contemporáneos por dedicarse a disecar cadáveres. El español Miguel Servet y el inglés Harvey descubrieron la circulación de la sangre.

Quizá los descubrimientos más importantes se operaron en el campo de la astronomía. Nicolás Copérnico (1473-1553), se dio cuenta de que la tierra gira alrededor del sol (heliocentrismo), suscitando fuertes polémicas.

Etapa latina y griega

En la formación del Humanismo se distinguen dos etapas. La primera es llamada latina y consiste en un proceso a través del cual se asimila todo lo clásico romano. Petrarca y Bocaccio hallan las historias de Tácito, Boggio los Discursos de Cicerón y Quintiliano, y más tarde los Anales de Tito Livio. 
La segunda etapa es denominada griega. 

El hombre medieval tenía un conocimiento muy impreciso de lo griego, a pesar de las traducciones árabes de obras clásicas helénicas y del contacto con Bizancio. La imprenta, pues, divulgó el humanismo y lo mismo hizo la Universidad.

Entre las tendencias, el humanismo petrarquizante se basa en la conjunción del clasicismo y cristianismo. En Nápoles, el humanismo tuvo un núcleo importante gracias al mecenazgo que ejerciera Alfonso V de Aragón. Sobresale Lorenzo Valla. Formado en Florencia en el rigor ciceroniano, pasó, después, al estudio de Quintiliano, abandonando las enseñanzas anteriores. Demostró, con su humanismo crítico, que no era posible conciliar lo clásico y lo cristiano. De ahí, pasó a la crítica de la Iglesia en sus principales aspectos.

En Roma, los Papas ejercieron un generoso mecenazgo, convirtiendo a la ciudad en el tercer gran foco del humanismo italiano. Se destacó en la labor de Nicolás de Cusa, protegido por Pío II, que trató de preparar el camino para conciliar neoplatonismo y cristianismo.

Aspectos muy interesantes toma el humanismo de Leonardo da Vinci, quien funde pensamiento y técnica. En Padua, florecía una brillante escuela de tendencia aristotélica a través de textos de Averroes. El máximo representante fue Pomponazzi, el cual no consideró posible unir cristianismo y aristotelismo, separando, pues, observación y fe, verdad científica y verdad religiosa. Pomponazzi y sus discípulos, por su parte, son el punto de partida de la ciencia secularizada.

El círculo humanista de gran interés fue el de Nüremberg, en el que brilló Reginamontano, impulsor de estudios cartográficos, astronómicos y matemáticos. El máximo representante del humanismo nortealpino es Erasmo de Rotterdam. Su obra supone la síntesis de las tendencias renovadoras. El ataque crítico de Erasmo a las estructuras de la Iglesia abre la brecha por donde penetrará el movimiento protestante.

III. Evolución del Humanismo

A partir del renacimiento, y rechazado el teocentrismo, el hombre pasó a ocupar el centro de toda actividad sin tener que recurrir necesariamente a Dios para fundamentar y justificar sus actividades. Esta tendencia (que pocos acertarán como Tomás Moro a integrar con su fe) se irá desarrollando a lo largo de la historia hasta presentarse como una disyuntiva: o el hombre o Dios.



Tomás Moro


Surgieron humanismos no religiosos, concepciones del hombre, del mundo y de la historia, que prescinden de Dios o niegan resueltamente a Dios como si fuera una pieza falsa de una correcta idea del hombre y de su vida. Entre otras respuestas, destacan por su importancia sociológica:

• El humanismo marxista: que espera todo del hombre y de su futuro paraíso en la tierra.
• El materialismo, que confía lograr la felicidad del hombre a través del progreso meramente material.
• El Nuevo positivismo, que presenta la técnica universalizada como forma dominante 
   de la dinámica humana.

Con el tiempo, al creyente se le negará una plaza en la tarea de hacer al hombre porque (se dirá, se dice) Dios es un rival para el hombre y la Iglesia un freno para el progreso.


sábado, 8 de octubre de 2022

Sobre el humanismo cristiano





Antecedentes históricos del humanismo cristiano

Durante el siglo XII, Europa conoció un nuevo renacimiento cultural. A través de Toledo y Sicilia, Europa entra en contacto con la filosofía y ciencia árabe y redescubre a Aristóteles, entre otros, junto con las aportaciones de pensadores como Averroes




Aristóles 384-322 a. C.


Pero, lo más significativo es el descubrimiento del hombre como centro de la creación y medida de todas las cosas, y cuya principal escuela de la época, la de Chartres (Francia), puso énfasis en la razón humana como medio para entender la naturaleza.

Entre las principales figuras intelectuales de este momento, hay que citar a Pedro Abelardo y san Anselmo, dentro del campo de la filosofía, y Pedro Lombardo, en el de la teología. Por estas mismas fechas, culmina el desarrollo de las lenguas y aparecen las primeras manifestaciones literarias en lengua vulgar. A finales del siglo XII, aparecen la Canción de Roldán (en francés), el Cantar del Mio Cid (en castellano).

Por otra parte, con el crecimiento demográfico y el desarrollo del comercio, surge también el renacimiento urbano. Nacen y surgen nuevos núcleos urbanos, cuyos habitantes necesitan, en un mundo dominado por señores feudales, libertad para organizar y desarrollar la actividad económica y capacidad de autogobierno. Son la artesanía y el mercado urbano los factores que explican, tanto más que el comercio, este renacimiento.

Hay también una serie de innovaciones técnicas en el arte de la navegación. Se perciben progresos en los conocimientos náuticos y difusión del uso de las cartas de la navegación, mayor solidez y capacidad de los navíos y la introducción de la brújula.

El Papado, por su parte, autónomo en teoría, había sido controlado por los emperadores hasta el extremo de que los Papas eran nombrados por el poder civil. Fue así en tiempo de Carlomagno. Esta dependencia de la Iglesia respecto a los poderes laicos se verificaba, en general en los territorios del imperio, y de allí nació la idea de la reforma. 

El primer paso era la reforma moral; después, se exigía acabar con la venta de cargos eclesiásticos o simonía y con la investidura. Sólo así la Iglesia podría alcanzar su libertad. Más tarde, los Papas pretendieron ejercer un poder temporal sobre los reyes y emperadores. Eran la cabeza de la Cristiandad y su poder se extendía a los asuntos temporales. El emperador quedaba relegado a un papel secundario de simple delegado del Papa. Pero, el triunfo del papado duró poco. A comienzos del siglo XIV, tras la muerte de Bonifacio VII, el papado cae bajo el control de Francia. Fue el fin de las épocas de poderes universales y el triunfo de las ideas nacionalistas.

A partir del siglo XIII, aparecen las universidades. En parte, su aparición es consecuencia del renacimiento del siglo XII y de la multiplicidad de los centros de enseñanza y escuelas. También hubo otros factores: el desarrollo urbano, el Papado, la monarquía y el nuevo sentido de la cultura, que deja de ser patrimonio de los clérigos para difundirse entre la sociedad laica. Asimismo, la especulación filosófica y teológica alcanzó un extraordinario desarrollo, gracias a la difusión de las ideas de Aristóteles. En este tiempo, el pensador más notable fue Tomás de Aquino.

Hasta el siglo XIII, la práctica religiosa se centraba en torno a ceremonias y ritos escrupulosos regulados por la liturgia, sin embargo, el descubrimiento del hombre, la elevación del nivel de vida de los europeos y una nueva sensibilidad religiosa hicieron ver la necesidad de un nuevo tipo de religiosidad, más intimista y satisfactoria: la nueva espiritualidad

En realidad, la gente no entendía una liturgia en latín, elaborada por y para clérigos y monjes. Así comienza la crítica a la Iglesia y su abandono de los primitivos ideales del Cristianismo. Surgen movimientos heréticos, como el de Pedro Valdo, que defendía la vuelta a los ideales de la pobreza voluntaria. En este ambiente surgieron nuevas órdenes religiosas. La Orden de los predicadores, fundada por santo domingo de Guzmán y la Orden de los Hermanos Menores, fundada por san Francisco de Asís., que tenía como rasgo inicial más importante la pobreza voluntaria. Luego, aparece una espiritualidad de tipo místico, intimista, muy poco dada a las ceremonias litúrgicas que preparaban camino a la reforma protestante.

Durante la Edad Media, se separan, en la educación, dos elementos: una formación de carácter religioso-sobrenatural y otra de tipo humano. De acuerdo con estos criterios, la formación se diversifica en función de la pertenencia a los distintos estamentos. Y así, la formación de los laicos es diferente de la de los clérigos; y la de estos últimos es distinta, según se trate de clérigos seculares, y los regulares (monjes y frailes). Existía, pues, una educación estamental específica, relativa a cada uno de los estratos sociales. En este sentido, había una formación propia del monarca, del noble, del clérigo, del comerciante, del artesano, del siervo y también de la mujer. 

Cada tipo de educación se imparte en un ámbito social concreto o una institución escolar determinada. Los clérigos se preparaban en las escuelas parroquiales, episcopales o catedralicias y en las universidades. Los monjes recibían la formación adecuada en los propios monasterios (escuelas monacales). Los frailes frecuentaban las escuelas conventuales y, también, las universidades.

La columna vertebral de la formación medieval la constituían las Siete Artes Liberales y las que constituyen la coronación: Sagrada Escritura, Sagrada Tradición, y Teología. Las Siete Artes Liberales (Trivium y Quadrivium), como siete columnas de la sabiduría y las siete virtudes teologales y cardinales. 

Las disciplinas del Trivium (gramática, retórica, dialéctica) se denominan artes triviales, racionales y también lógicas; las disciplinas del Quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música) se denominan artes quadriviales, reales, Physica y también matemáticas. El estudio de la Teología y otras disciplinas (Derecho y Medicina, fundamentalmente) constituyen el núcleo de la enseñanza superior, que era competencia de la universidad.

En definitiva, la decadencia de la sociedad medieval da lugar a una nueva cultura: el Renacimiento.


Tres grandes principios del humanismo cristiano

La Dignidad

Este sería el primer valor: la dignidad. El ser humano es hijo de Dios y está hecho a su imagen y semejanza. Y de este hecho, brota su dignidad y su inviolabilidad. Esto significa que el ser humano tiene una serie de derechos fundamentales adquiridos desde el momento de la concepción hasta la muerte.

La Libertad

El segundo valor del humanismo cristiano es la libertad. Las personas somos libres y, en ese sentido, podemos orientar nuestra vida como deseemos, pero conviene tener en cuenta que la libertad no es hacer lo que a uno le venga en gana; la libertad no es aséptica, tiene una orientación hacia el bien. Esta libertad de la que hablamos nos la da Dios y nos la damos también entre nosotros. Por eso estamos llamados a salvaguardar y a potenciar la libertad de los demás.

La Solidaridad

El tercer valor del humanismo cristiano es la solidaridad. No somos personas individualistas creadas para vivir solas y aisladas, sino en comunidad. Y esto significa que el límite de libertad propia es la libertad de los demás.

La fraternidad que el humanismo cristiano propone brota de un hecho: no hay hermanos sino hay padre. Nosotros somos hermanos porque consideramos que tenemos un mismo padre, Dios. Y eso es lo que nos hace dignos, libres y hermanos de los demás. “Caín, ¿dónde está tu hermano?” Es una pregunta fundamental para entender que no podemos desentendernos de los demás, pues somos responsables de ellos.

A grandes rasgos, estos son los tres valores del humanismo cristiano:

• Dignidad porque somos hijos de Dios
• Libertad para hacer el bien
• Solidaridad y fraternidad porque somos hijos del mismo Dios 
   y eso nos hace responsables unos de otros.

Todos caminamos en búsqueda de la felicidad, quizás si tomamos conciencia de que tenemos dignidad, de que somos libres y de que vivimos en comunidad, hallemos el camino.


Teoría y práctica del humanismo cristiano


Promoción humana y anuncio del Evangelio



¿Qué no es el humanismo cristiano?



Es habitual concebir el humanismo cristiano en un sentido demasiado amplio, de tal modo que se hace difícil captar su esencia y nos quedamos con algunos aspectos accidentales. Desde esta perspectiva que podemos llamar reduccionista, ser humanista cristiano se reduce al buen trato, al respeto por los demás, a la vocación de servicio a todos en lugar de a los intereses de un grupo, a actuar éticamente..., aspectos que son valiosos y que han de ser considerados, pero que, sin embargo, no reflejan la esencia del humanismo cristiano.  

El humanismo cristiano no es una doctrina religiosa. Un equívoco que es necesario despejar. Creer que el humanismo cristiano es una doctrina religiosa sería conditio sine qua non para adscribirlo a la religión cristiana con la asimilación de sus principios y valores. Es indudable que el humanismo cristiano recoge una fuente sobrenatural en relación con la persona de Jesucristo, sin embargo, el foco de su desarrollo no está en la reflexión teológica, sino en una corriente de pensamiento que proyecta hacia la sociedad humana sus valores y principios. El humanismo cristiano, por tanto, se identifica mejor con una corriente filosófica que asume el dato de la fe, como una luz que le permite conocer mejor, bajo la premisa de que la fe y la razón (fides et ratio).

Adherirse al humanismo cristiano no es una camisa de fuerza que impida la reflexión personal y el diálogo, que no monólogo, con los que no piensan como yo; menos aún, un catálogo de prohibiciones. Por el contrario, asume la diversidad y pluralidad, o mejor, asume la diversidad en la unidad, una unidad que remite a los valores que propone, y que son irrenunciables, pues ponen en el centro la preocupación por la persona. 

Podría parecer que adherirse a una determinada visión del hombre, del bien, o de la educación, nos sitúa en una especie de trinchera desde la cual nos parapetamos contra otras visiones del mundo. Por el contrario, para quien se declara humanista cristiano, ab initio supone una actitud de apertura y diálogo con los quienes han asumido otros postulados. El humanismo cristiano, por definición es dialogante.
 
Se debe evitar una suerte de escepticismo o pesimismo respecto de la posibilidad de vivir los principios del humanismo cristiano. Sus principios y valores no nos piden nada más allá de lo exigible a nuestra naturaleza humana. Esta aclaración se dirige a quienes valoran el humanismo cristiano pero lo ven como algo idealizado e irrealizable. En este sentido, el humanismo cristiano es siempre tarea, siempre en realización.

Ejes centrales del humanismo cristiano

• La comprensión de la persona humana, como ser digno, libre y social, que tiene un destino individual pero que sólo se desarrolla plenamente en sociedad, mediante la solidaridad con los demás.

• La idea de la sociedad como el fruto y, al mismo tiempo, el espacio natural para el desarrollo de la persona, que crea la condiciones para el progreso espiritual y material de todos sus miembros, dentro de un clima de solidaridad.

• El Estado, como una manifestación natural de la sociabilidad del ser humano, cuya finalidad es garantizar y promover el bien común y servir a la dignidad y libertad de las personas. La justicia social, que asegure la igualdad de oportunidades, elimine la discriminación y la exclusión social y promueva el bienestar, es la condición de eficacia en el logro del bien común por parte del Estado.

• La democracia como forma de existencia del Estado, que asegura a todos el respeto de su libertad, el pluralismo ideológico y político, la libre expresión de las ideas, el respeto de las minorías y la participación de todos en la vida política, con sentido de responsabilidad cívica.

• La política como vocación de servicio al bien común, orientada a la realización de éste y no de fines individuales, sectoriales o partidistas. La ética debe primar en la vida política, afirmando los valores de honestidad, verdad y tolerancia.

El humanismo cristiano, en tanto que doctrina o pensamiento general sobre la persona, la sociedad, el Estado y la política, no es patrimonio de ninguna ideología ni de un partido político. Su vocación es inspirar la acción social y política, porque aspira a realizarse en la vida concreta y cotidiana de la sociedad y ser, en tal sentido, fundamento para la acción política y social de los cristianos, pero no por ello se agota, se identifica ni avala determinadas conductas políticas específicas, ya que el eventual desarrollo de ideologías o programas políticos, encarnados en determinados partidos, es responsabilidad exclusiva de éstos y de su particular interpretación y aplicación del pensamiento humanista cristiano.

El humanismo cristiano, por su relevante exaltación de la dignidad de la persona humana, pone en primer lugar, la cuestión de los derechos fundamentales de ésta, haciendo de ellos el eje de cualquier política concreta de Estado, porque entiende y sostiene que el Estado está al servicio de la persona y no la persona al servicio del Estado.

viernes, 7 de octubre de 2022

¿Qué es el humanismo cristiano?




El humanismo cristiano es una concepción de la persona humana y de la sociedad que se basa en los valores y principios del cristianismo.

Constituye, en ese sentido, una corriente de pensamiento que proyecta hacia la sociedad humana dichos valores y principios, a fin de que estos inspiren las relaciones entre los seres humanos y los orienten en su labor de construir un orden social justo, solidario y ético.

Las fuentes del humanismo cristiano son, principalmente, la filosofía cristiana y la Doctrina Social de la Iglesia, las cuales establecen orientaciones fundamentales sobre la concepción de la persona, los valores del orden social, la justicia en las relaciones humanas y entre los Estados, el bien común como finalidad de la acción política y la ética como sustento de ésta.

Filosofía cristiana

Podemos definir el humanismo cristiano como la corriente filosófica que tiene como centro a la persona en el seno de la comunidad, donde ésta se humaniza plenamente y se realiza, haciendo suyas las propuestas de Jesucristo con su mensaje de amor como valor principal. En esta definición encontramos los elementos clave del humanismo cristiano, que serían:

• Una visión positiva de la persona, es una corriente que opta por la persona, que cree en la persona, 
   en sus capacidades, en la posibilidad de mejora, de aprender, de ir construyéndose a lo largo de la 
   vida. 

• Entiende a la persona como un ser digno, libre y social. Que tiene sentido en sí misma 
           y que crece en la sociedad mediante la solidaridad con los otros. 

• La felicidad de la persona se encuentra en desarrollar todas sus dimensiones, 
           por ello la educación es un elemento clave, para que cada uno pueda llegar a ser 
           plenamente uno mismo.

• Esta construcción/desarrollo de la persona a lo largo de la vida hace que no pueda ser comprendida, 
   etiquetada y, mucho menos, poseída en su totalidad.

"Tratar al prójimo como un sujeto es reconocer que no puedo definirlo, clasificarlo, que es inagotable, que está pleno de esperanzas, y que solo él dispone de ellas". (Emmanuel Mounier).

Doctrina Social de la Iglesia

• La comunidad/sociedad es el espacio donde la persona se desarrolla y encuentra las condiciones 
   necesarias para su progreso. Para que esto sea posible, la función que tiene el Estado es el de:

• Promover el bien común favoreciendo el desarrollo de la persona, haciendo que todo el mundo
tenga acceso a los bienes materiales, culturales y morales necesarios para su desarrollo.

• Asegurar con la justicia social y los derechos humanos, la igualdad de oportunidades,
la eliminación de la discriminación y exclusión social, y promover el bienestar.

Hablar de cristianismo es hablar de la persona de Jesús, que con sus hechos y palabras nos muestra la potencialidad de cada persona. Algunos aspectos a destacar de la vida de Jesús: 

• la acogida a todos 

• la capacidad de devolver la dignidad a los más vulnerables

• el anuncio del Reino como propuesta de una sociedad más justa y humana, 
   donde todos somos o seamos hermanos y hermanas y podamos vivir dignamente.

El amor es el valor principal para hacer un mundo más humano, este amor se concreta en la compasión y la solidaridad. Compasión como capacidad de percibir el sufrimiento del oltro y la solidaridad como la capacidad de actuar para cambiar el sufrimiento del otro, y hacerlo porque nos sentimos hermanos y hermanos.

Partiendo de los puntos centrales del humanismo cristiano lo que pretende es hacer posible la construcción de un mundo más humano. ¿Cómo estamos viviendo estos elementos en lo que hacemos? ¿Estamos construyendo un mundo justo y en paz? ¿Es la persona el centro? ¿Ayudamos a las personas a ser más libres y vivir en la verdad? ¿Lo hacemos todo desde el amor?

La Doctrina Social de la Iglesia, iniciada con la célebre Encíclica Rérum Novarum (1891) que denunció los excesos e injusticias del capitalismo y del liberalismo,- como luego otras lo hicieron respecto del socialismo y del comunismo y, también, del neoliberalismo -, traza las grandes líneas de la acción de los cristianos en la vida social y política, promoviendo su participación para realizar el bien común, la justicia social, la solidaridad y la ética.

El humanismo cristiano también se nutre del valioso aporte de filósofos y pensadores cristianos, que desde la laicidad y la experiencia social y política, han desarrollado importantes concepciones sobre diversos aspectos de la sociedad y del Estado, contribuyendo a conformar un pensamiento homogéneo, integrado y global sobre estas materias.


El Debate

 


El Debate, impulsado por la Asociación Católica de Propagandistas, es heredero del periódico del mismo nombre que se convirtió en uno de los grandes diarios españoles del primer tercio del siglo XX bajo la dirección de Ángel Herrera Oria. Nuestro periódico defiende los valores del humanismo cristiano, poniendo en el centro la libertad y dignidad de la persona y el derecho a la vida. El Debate apoya la unidad de España y su orden constitucional democrático y el idioma y la cultura españoles.