Desideria es el nombre de uno de los personajes creados por San Jose Manyanet (1833-1901) para ilustrar su espiritualidad y su pensamiento. Desideria puede ser un hombre o una mujer, una persona joven o adulta. Pero Desideria es, ante todo, un espiritu ingenuo, inquieto e infantil, cuyo deseo de aprender y ser feliz parece no tener limites.
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martes, 16 de diciembre de 2025
viernes, 16 de diciembre de 2022
San Josep Manyanet i Vives: "La familia es el pilar de la sociedad y la paternidad es como un sacerdocio", por Isabel Orellana Vilches
«Profeta de la Sagrada Familia. Fue un incansable apóstol que extendió en España, puntos diversos de Europa y de América el amor que le profesó. Es impulsor del templo expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona, obra de Gaudí»
El «evangelio de la familia» tuvo en él a su más insigne difusor. Hoy continúa alumbrando con sus enseñanzas a una sociedad que necesita modelos para caminar, y especialmente a quienes se han comprometido con un proyecto de vida en común.
Es posible que haber nacido en el seno de una familia numerosa y creyente influyese en su acontecer marcándole con un amor singular a la Sagrada Familia. Nació el 7 de enero de 1833 en Tremp, Lleida, España. Su madre, artífice de su amor a María, siguió la bellísima tradición de consagrarle a la Virgen bajo la advocación de Valldeflors, a la que se honraba en la localidad porque era su patrona.
Sintiendo la llamada al sacerdocio recibió formación en Barbastro primeramente, y luego en seminarios de Lleida y Urgell costeándose él mismo los estudios con su trabajo. Virtuoso hombre de oración, devoto de la Eucaristía, prudente y sensible, con encomiable espíritu de servicio, después de ser ordenado sacerdote el 9 de abril de 1859 fue de impagable ayuda para el prelado de Urgell que lo tuvo a su lado durante doce años. Fue su secretario particular, mayordomo, vicesecretario de cámara, secretario de visita pastoral y también se ocupó de la biblioteca del seminario.
En esos años de ejercicio pastoral en la Seu d’Urgell acrecentó su convicción de que la familia es el pilar de la sociedad. Porque ciertamente los valores que se aprenden en ella en gran medida condicionan el resto de la vida; es clave en la educación y enseña el modo de afrontar las vicisitudes y contingencias que se van presentando. «Los primeros y principales educadores de la tierna juventud deben ser los propios padres». La paternidad tenía para él tal valor que no dudaba en calificarla «como un sacerdocio». Y «el principal cuidado de los padres de familia es aprender y saber gobernar su casa en el servicio de Dios»[…]. «La casa y la familia fundadas sin la bendición de Dios no pueden vivir en buena paz y armonía cristianas».Si el devenir de un hogar está anclado en el modelo que ofrece la Sagrada Familia los frutos no se hacen esperar. Josep fue consciente de que la sociedad precisaba este referente inequívoco. «La Sagrada Familia debe ser el modelo de todas las demás familias, si desean paz en la tierra y aspiran a la eterna felicidad». Decía también que «el mundo es como una familia cuyo Padre es Dios».
Tomó conciencia de la importancia de tutelar de forma exquisita la educación dirigida a niños y a jóvenes; sería un semillero de gracias vertidas en la sociedad a través de ellos. De modo que, con este objetivo evangelizador, puso en marcha en 1864 los Hijos de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Y diez años más tarde fundó las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret.
Al emprender su obra, pensaba, sobre todo, en ese colectivo infantil y juvenil que no tenía recursos económicos: «Los ricos tienen colegios para educar a sus hijos; hagamos colegios para educar e instruir a los hijos de los obreros». Estaba convencido de que «los padres prefieren más dejar al hijo sabio que rico de bienes temporales».
En medio de conflictos políticos sufrió persecución y clausura de uno de sus centros, pero continuó su labor sin arredrarse. Durante cuatro décadas, marcadas por intensa actividad, se mantuvo al frente de sus hijos e hijas. Bajo su amparo y tutela se multiplicaron escuelas, colegios, talleres y vías diversas de apostolado en distintos puntos de España, que luego se extendieron a parte de Europa y América. Viéndole trabajar con tanto ahínco, lleno de fe y esperanza, escribiendo textos dirigidos a difundir la devoción por la Sagrada Familia, era difícil adivinar que todo ello procedía de un hombre de frágil salud que, además, debía hacer frente a numerosos contratiempos que le salían al paso. Pero así era. En su costado tenía lo que él solía denominar «las misericordias del Señor», unas llagas abiertas que es fácil imaginar lo que debieron suponer de padecimientos durante los últimos 16 años de su vida.
Fue un ejemplo de fortaleza y fidelidad. Se distinguió también por su predicación. Mantuvo viva hasta el fin la urgencia por difundir lo que Juan Pablo II denominó «evangelio de la familia», diseminado en numerosas obras dirigidas a sus hijos, a los escolares que se formaban en los centros regidos por ellos y a las familias.
Entre otras, fue autor de La Escuela de Nazaret, Casa de la Sagrada Familia (de carácter autobiográfico), Preciosa joya de familia y El espíritu de la Sagrada Familia. Impulsó la revista Sagrada Familia y la construcción del templo expiatorio dedicado a ella en Barcelona, obra monumental del genial arquitecto y siervo de Dios, Antoni Gaudí.
Viendo su quehacer en conjunto, se aprecia el afán de Josep por llevar a todos el amor a Jesús, María y José mostrándolos al mundo como ejemplo a imitar. Y el nombre de los tres fue el que brotó de sus labios cuando le llegó la suprema hora el 17 de diciembre de 1901. Quienes le rodeaban le oyeron decir por última vez lo que tantas veces había expresado: «Jesús, José y María, recibid cuando yo muera el alma mía», jaculatoria que incontables familias han enseñado a recitar a sus hijos desde niños para que la rezaran poco antes de conciliar el sueño. Juan Pablo II lo beatificó el 25 de noviembre de 1984 y él mismo lo canonizó el 16 de mayo de 2004.
Fuente: Isabel Orellana Vilches, Zenit
San Josep Manyanet y Vives (1833-1901), Apóstol de la Sagrada Familia
Josep Manyanet nació el 7 de enero de 1833 en Tremp (Lleida, España), en el seno de una familia numerosa y cristiana. Fue bautizado el mismo día y, a la edad de 5 años, fue ofrecido por su madre a la Virgen de Valldeflors, patrona de la ciudad. Tuvo que trabajar para completar los estudios secundarios en la Escuela Pía de Barbastro y los eclesiásticos en los seminarios diocesanos de Lleida y Urgell. Fue ordenado sacerdote el 9 de abril de 1859.
Tras doce años de intenso trabajo en la diócesis de Urgell al servicio del obispo, en calidad de paje y secretario particular, mayordomo de palacio, bibliotecario del seminario, vicesecretario de cámara y secretario de visita pastoral, se sintió llamado por Dios para hacerse religioso y fundar dos congregaciones religiosas.
Contando con la aprobación del obispo, en 1864, fundó los Hijos de la Sagrada Familia Jesús, María y José, y en 1874, las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret, con la misión de imitar, honrar y propagar el culto a la Sagrada Familia de Nazaret y procurar la formación cristiana de las familias, principalmente por medio de la educación e instrucción católica de la niñez y juventud y el ministerio sacerdotal.
Con oración y trabajo constantes, guió e impulsó a lo largo de casi cuarenta años la formación y expansión de los institutos, abriendo escuelas, colegios y talleres y otros centros de apostolado en varias poblaciones de España. Hoy, los dos institutos están presentes en países de Europa, las dos Américas y África.
Especialmente llamado por Dios para presentar al mundo el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret, escribió varias obras y opúsculos para propagar la devoción a la Familia de Jesús, María y José, fundó la revista La Sagrada Familia y promovió la erección, en Barcelona, del templo expiatorio de la Sagrada Familia, obra del arquitecto siervo de Dios, Antonio Gaudí, destinado a perpetuar las virtudes y ejemplos de la Familia de Nazaret y ser el hogar universal de las familias.
San Josep Manyanet predicó abundantemente la Palabra de Dios y escribió también muchas cartas y otros libros y opúsculos para la formación de los religiosos y religiosas, de las familias y de los niños, y para la dirección de los colegios y escuelas/talleres. Sobresale La Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia (Barcelona 1895), su autobiografía espiritual, en la cual, mediante unos diálogos del alma, personificada en Desideria, con Jesús, María y José, traza todo un proceso de perfección cristiana y religiosa inspirada en la espiritualidad de la casa y escuela de Nazaret.
También Preciosa joya de familia (Barcelona 1899), una guía para los matrimonios y familias, que les recuerda la dignidad del matrimonio como vocación y la importante tarea de la educación cristiana de los hijos.
Para la formación de los religiosos escribió un libro de meditaciones titulado El Espíritu de la Sagrada Familia, en donde describe la identidad de la vocación y misión de las religiosas y religiosos Hijos de la Sagrada Familia en la sociedad y en la Iglesia.
Existe una edición de sus Obras Selectas (Madrid 1991) y está en fase de impresión el primer volumen de sus Obras Completas.
Las obras del Padre Manyanet crecieron entre muchas dificultades: ni le faltaron varias dolorosas enfermedades corporales que le atormentaron durante toda su vida. Pero su constancia y fortaleza, nutridas con una profunda adhesión y obediencia a la voluntad de Dios, le ayudaron a superar todas las dificultades.
Minada su salud por unas llagas abiertas en el costado durante 16 años —que llamaba «las misericordias del Señor»—, el 17 de diciembre de 1901, esclarecido en virtudes y buenas obras, volvió a la casa del Padre, en Barcelona, en el colegio Jesús, María y José, con la misma sencillez que caracterizó toda su existencia. Sus últimas palabras fueron la jaculatoria que había repetido tantas veces: Jesús, José y María, recibid cuando yo muera el alma mía.
Sus restos mortales descansan en la capilla/panteón del mismo colegio Jesús, María y José, continuamente acompañados por la oración y el agradecimiento de sus hijos e hijas espirituales y de innumerables jóvenes, niños y familias que se han acercado a Dios, atraídos por su ejemplo y sus enseñanzas.
La fama de santidad que le distinguió en vida, se extendió por muchas partes. Por lo que, introducida la Causa de Canonización en 1956, reconocida la heroicidad de sus virtudes en 1982 y aprobado un milagro debido a su intercesión, fue declarado Beato por Juan Pablo II en 1984. Ahora, con la aprobación de un nuevo milagro obrado por su intercesión, está prevista su canonización para el día 16 de mayo de 2004.
La santidad de Josep Manyanet, como afirmó Juan Pablo II, tiene su origen en la Sagrada Familia. Fue llamado por Dios «para que en su nombre sean bendecidas todas las familias del mundo». El Espíritu forjó su personalidad para que anunciara con valentía el «Evangelio de la familia». Su gran aspiración era que «todas las familias imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret»; por ello, quiso hacer un Nazaret en cada hogar, una «Santa Familia» de cada familia.
La canonización del Beato Josep Manyanet sanciona ahora no sólo la santidad, sino también la actualidad de su mensaje nazareno familiar. Es, por eso, el profeta de la familia, el protector de nuestras familias.
Tras doce años de intenso trabajo en la diócesis de Urgell al servicio del obispo, en calidad de paje y secretario particular, mayordomo de palacio, bibliotecario del seminario, vicesecretario de cámara y secretario de visita pastoral, se sintió llamado por Dios para hacerse religioso y fundar dos congregaciones religiosas.
Fundador y apóstol de la Sagrada Familia
Contando con la aprobación del obispo, en 1864, fundó los Hijos de la Sagrada Familia Jesús, María y José, y en 1874, las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret, con la misión de imitar, honrar y propagar el culto a la Sagrada Familia de Nazaret y procurar la formación cristiana de las familias, principalmente por medio de la educación e instrucción católica de la niñez y juventud y el ministerio sacerdotal.
Con oración y trabajo constantes, guió e impulsó a lo largo de casi cuarenta años la formación y expansión de los institutos, abriendo escuelas, colegios y talleres y otros centros de apostolado en varias poblaciones de España. Hoy, los dos institutos están presentes en países de Europa, las dos Américas y África.
Especialmente llamado por Dios para presentar al mundo el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret, escribió varias obras y opúsculos para propagar la devoción a la Familia de Jesús, María y José, fundó la revista La Sagrada Familia y promovió la erección, en Barcelona, del templo expiatorio de la Sagrada Familia, obra del arquitecto siervo de Dios, Antonio Gaudí, destinado a perpetuar las virtudes y ejemplos de la Familia de Nazaret y ser el hogar universal de las familias.
Su pensamiento
San Josep Manyanet predicó abundantemente la Palabra de Dios y escribió también muchas cartas y otros libros y opúsculos para la formación de los religiosos y religiosas, de las familias y de los niños, y para la dirección de los colegios y escuelas/talleres. Sobresale La Escuela de Nazaret y Casa de la Sagrada Familia (Barcelona 1895), su autobiografía espiritual, en la cual, mediante unos diálogos del alma, personificada en Desideria, con Jesús, María y José, traza todo un proceso de perfección cristiana y religiosa inspirada en la espiritualidad de la casa y escuela de Nazaret.
También Preciosa joya de familia (Barcelona 1899), una guía para los matrimonios y familias, que les recuerda la dignidad del matrimonio como vocación y la importante tarea de la educación cristiana de los hijos.
Para la formación de los religiosos escribió un libro de meditaciones titulado El Espíritu de la Sagrada Familia, en donde describe la identidad de la vocación y misión de las religiosas y religiosos Hijos de la Sagrada Familia en la sociedad y en la Iglesia.
Existe una edición de sus Obras Selectas (Madrid 1991) y está en fase de impresión el primer volumen de sus Obras Completas.
Enfermedades y muerte
Las obras del Padre Manyanet crecieron entre muchas dificultades: ni le faltaron varias dolorosas enfermedades corporales que le atormentaron durante toda su vida. Pero su constancia y fortaleza, nutridas con una profunda adhesión y obediencia a la voluntad de Dios, le ayudaron a superar todas las dificultades.
Minada su salud por unas llagas abiertas en el costado durante 16 años —que llamaba «las misericordias del Señor»—, el 17 de diciembre de 1901, esclarecido en virtudes y buenas obras, volvió a la casa del Padre, en Barcelona, en el colegio Jesús, María y José, con la misma sencillez que caracterizó toda su existencia. Sus últimas palabras fueron la jaculatoria que había repetido tantas veces: Jesús, José y María, recibid cuando yo muera el alma mía.
Sus restos mortales descansan en la capilla/panteón del mismo colegio Jesús, María y José, continuamente acompañados por la oración y el agradecimiento de sus hijos e hijas espirituales y de innumerables jóvenes, niños y familias que se han acercado a Dios, atraídos por su ejemplo y sus enseñanzas.
El testimonio de su santidad
La fama de santidad que le distinguió en vida, se extendió por muchas partes. Por lo que, introducida la Causa de Canonización en 1956, reconocida la heroicidad de sus virtudes en 1982 y aprobado un milagro debido a su intercesión, fue declarado Beato por Juan Pablo II en 1984. Ahora, con la aprobación de un nuevo milagro obrado por su intercesión, está prevista su canonización para el día 16 de mayo de 2004.
La santidad de Josep Manyanet, como afirmó Juan Pablo II, tiene su origen en la Sagrada Familia. Fue llamado por Dios «para que en su nombre sean bendecidas todas las familias del mundo». El Espíritu forjó su personalidad para que anunciara con valentía el «Evangelio de la familia». Su gran aspiración era que «todas las familias imiten y bendigan a la Sagrada Familia de Nazaret»; por ello, quiso hacer un Nazaret en cada hogar, una «Santa Familia» de cada familia.
La canonización del Beato Josep Manyanet sanciona ahora no sólo la santidad, sino también la actualidad de su mensaje nazareno familiar. Es, por eso, el profeta de la familia, el protector de nuestras familias.
jueves, 6 de enero de 2022
lunes, 7 de enero de 2019
lunes, 17 de diciembre de 2018
16 de Diciembre: San José Mañanet, por Celestino Hueso, SF
Hoy celebramos a un santo muy especial, San José Mañanet. Nuestro santo de cabecera. El Apóstol de la familia y la juventud, fundador de las Congregaciones de Hijas e Hijos de la Sagrada Familia.
Se hizo cura, sin becas de ningún tipo. Se pagó los estudios con su propio trabajo, primero como educador de los niños en casa de la familia Morlius y después cómo sirviente en el obispado de Urgell.
Le tocó vivir una época muy complicada con la estructura familiar desmoronada, el ochenta por ciento de la población totalmente analfabeta y la pobreza y la intolerancia campando por sus respetos.
Pensó que las cosas no podían seguir así de ninguna manera y fundó las dos Congregaciones que se habían de dedicar a la reconstrucción de la familia a través de la educación cristiana de los niños y jóvenes, tomando como modelo a la Sagrada Familia.
San José Mañanet sabía perfectamente que la única fuerza capaz de cambiar el mundo es el amor. Por eso “se pasó a vivir con la Sagrada Familia a su casa de Nazaret” y nos la dio como modelo a imitar.
Se le ocurrió, además, la idea de edificar un templo expiatorio en su honor en la ciudad de Barcelona. Idea que llevaría a la práctica el arquitecto Gaudí.
Apóstol incansable de la familia fundó escuelas y colegios hasta en una corbeta (barquito).
Hoy su obra se extiende por Europa, las dos Américas y África.
Pasó definitivamente a la casa de la Sagrada Familia en el cielo el 17 de Diciembre de 1901.
Sus restos reposan en el Santuario que lleva su nombre en el Barrio de San Andrés de Palomar en Barcelona. Si queréis visitarlo las puertas están abiertas para todos.
¡Ah! Recuerdo que hoy empieza la Novena de Navidad
Felicidades a todas las familias en el día de su Apóstol y también a los Josés.
Buen día del Señor para todos.
lunes, 9 de abril de 2018
domingo, 7 de enero de 2018
sábado, 16 de diciembre de 2017
lunes, 20 de marzo de 2017
lunes, 27 de junio de 2016
jueves, 7 de enero de 2016
jueves, 7 de mayo de 2015
sábado, 2 de noviembre de 2013
Lucas 19,1-10, por M. Dolors Gaja MN
Lucas 19,1-10
31 Domingo del Tiempo Ordinario, C
Entró en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»
— Comentario por M. Dolors Gaja, MN
La escena de Zaqueo me ha fascinado siempre. Tiene tal dinamismo, puesto que una conversión es esencialmente dinámica, motor en marcha, que todos los verbos y adverbios del relato parecen implicar prisa. La prisa del “flechazo”, del “amor a primera vista”.
PLANES QUE CAMBIAN
Jesús va acompañado de los suyos y pasa por Jericó. Era ruta habitual. Parece que sólo piensa cruzar la ciudad y seguir su camino pero el Amor lo retendrá. Un hombre cambiará sus planes. ¿Nos hemos fijado alguna vez en que Jesús cambia mucho de planes? No quiere hacer un milagro en Caná y lo hace; no quiere atender a la cananea y le regala el milagro; no quiere quedarse en Emaús y entra a cenar…y no pensaba quedarse en Jericó y se queda.
San Agustín decía que la oración es la impotencia de Dios y la omnipotencia de la persona. Dios, que no se aferró a su dignidad, no se aferra a sus intenciones. Deberíamos aprender que la Voluntad de Dios no es algo estático, delineado desde el principio…una carretera que hay que encontrar procurando luego no salirse de ella. La Voluntad de Dios se parece más al Viento que hay que saber leer y aprovechar para volar al máximo… libremente. Es lo que hace Jesús, que escucha, atiende y se conmueve.
ZAQUEO
Lucas subraya que era “jefe de publicanos y rico”. Los publicanos llevaban una vida acomodada. La riqueza de Zaqueo debía ser ostentosa para que se subraye. Casi me gusta pensar que debía tener algo de “compensación” pues Zaqueo era odiado. Si la gente del pueblo llano se veía obligada a bajar la cabeza y humillarse ante él, da la sensación, en este pasaje, de que hay una sutil venganza. Esa gente, resguardada en el anonimato, le impide ver a Jesús. Zaqueo es bajo y nadie le ayuda, nadie le cede el paso. Es la pequeña venganza del “fastídiate, eres rico pero bajo”. La única que se podían permitir.
Y SUS DIFICULTADES
El evangelio subraya la decisión e Zaqueo: quiere ver a Jesús. Pero también señala dos dificultades: la externa es esa multitud que le cierra el paso; la interna es su baja estatura.
Me recuerdan estas dificultades el precioso capítulo 7 de la primera parte de Escuela de Nazaret cuando San José Manyanet habla de los defectos que impiden alcanzar la santidad. Él cita cinco obstáculos interiores: pusilanimidad, cobardía, inconstancia, indiscreción y falsa compasión respecto a la salud corporal. Los obstáculos exteriores son querer hacer la propia voluntad, temor al qué dirán y deseo de agradar, falta de orden y, también, inconstancia.
Zaqueo es el gran vencedor de estos obstáculos. Es constante en buscar el encuentro con Jesús y desde luego no le importa qué dirá la gente al verlo, canijo él, subido a un árbol. Y es como dice también Manyanet, “el amor allana todas las dificultades”.
Es un consuelo saber que amor y perfección no van unidos. Que puedo amar a Jesús con sinceridad sin tener que ser por ello perfecto. Jesús sólo nos exige no pactar, estar siempre en búsqueda…
Y JESÚS SE DA HASTA EL EXTREMO
Me gusta ver a Jesús como “El Gran Reciclador”. Él pasa por la vida de personas heridas y les devuelve la dignidad. Para Jesús nadie es nulo, ineficaz en el reino, no apto. Al frente de su Iglesia pone un amigo traidor y mantiene preciosa amistad con prostitutas y publicanos. Un requisito; dejarse reciclar, dejar que Él me guíe hasta mi rincón incontaminado de Inocencia Original.
Jesús levanta la mirada. Recuerda el gesto de bendición, de oración. Jesús mira a Zaqueo y esa mirada lo bendice. Pero le pide abajarse, ser quien es. No disimular su poca estatura. El encuentro con Jesús se realiza siempre cuando somos capaces de dejar todas nuestras caretas y disfraces y mostrarnos al desnudo ante quien ya nos conoce. Soy bajo, Señor, soy testarudo, soy egoísta, soy comodón, soy envidioso…pero quiero estar contigo.
Quiero quedarme en tu casa. Cada día nos lo dice Jesús, cada día me pide que le abra mi corazón. Los de Jericó criticaron a Jesús. Había gente “normal”, gente bien vista, buena gente…y fue a escoger la casa de un pecador público.
Posiblemente Zaqueo no pensaba, cuando se movió para ver a Jesús, en dar sus bienes y restituir lo robado. Pero acaba de entrar en la espiral del amor y el amor, por definición, no calcula.
Hoy ha entrado la Salvación en esta casa, dice Jesús. Un buen examen de conciencia sería preguntarnos cada día si hoy “me he dejado salvar”. Porque aquel que nos hizo sin nosotros, no nos salvará sin nosotros.
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