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lunes, 20 de febrero de 2017

SALMO 37 (36)

SALMO 37 (36)

Los humildes heredarán la tierra
37:1 De David.
No te exasperes a causa de los malos,
ni envidies a los que cometen injusticias,
37:2 porque pronto se secarán como el pasto
y se marchitarán como la hierba verde.
37:3 Confía en el Señor y practica el bien;
habita en la tierra y vive tranquilo:
37:4 que el Señor sea tu único deleite,
y él colmará los deseos de tu corazón.
37:5 Encomienda tu suerte al Señor,
confía en él, y él hará su obra;
37:6 hará brillar tu justicia como el sol
y tu derecho, como la luz del mediodía.
37:7 Descansa en el Señor y espera en él;
no te exasperes por el hombre que triunfa,
ni por el que se vale de la astucia
para derribar al pobre y al humilde.
37:8 Domina tu enojo, reprime tu ira;
no te exasperes, no sea que obres mal:
37:9 porque los impíos serán aniquilados,
y los que esperan al Señor, poseerán la tierra.
37:10 Un poco más, y el impío ya no existirá;
si buscas su casa, ya no estará;
37:11 pero los humildes poseerán la tierra
y gozarán de una gran felicidad.
37:12 El malvado urde intrigas contra el justo,
y al verlo, rechinan sus dientes;
37:13 pero el Señor se burla de él,
sabiendo que se le acerca la hora.
37:14 Los impíos desenvainan la espada
y tienden sus arcos para matar al justo;
37:15 pero su espada les atravesará el corazón
y sus arcos quedarán destrozados.
37:16 Vale más la pobreza del justo
que las grandes riquezas del malvado:
37:17 porque los brazos del impío se quebrarán,
pero el Señor sostiene a los justos.
37:18 El Señor se preocupa de los buenos
y su herencia permanecerá para siempre;
37:19 no desfallecerán en los momentos de penuria,
y en tiempos de hambre quedarán saciados.
37:20 Pero los malvados irán a la ruina,
y los enemigos del Señor pasarán
como la hermosura de los prados,
se disiparán más pronto que el humo.
37:21 El impío pide prestado y no devuelve,
el justo, en cambio, da con generosidad;
37:22 los que el Señor bendice, poseerán la tierra,
y los que él maldice, serán exterminados.
37:23 El Señor asegura los pasos del hombre
en cuyo camino se complace:
37:24 aunque caiga no quedará postrado,
porque el Señor lo lleva de la mano.
37:25 Yo fui joven, ahora soy viejo,
y nunca vi a un justo abandonado,
ni a sus hijos mendigando el pan;
37:26 él presta siempre con generosidad
y su descendencia será bendecida.
37:27 Aléjate del mal, practica el bien,
y siempre tendrás una morada,
37:28 porque el Señor ama la justicia
y nunca abandona a sus fieles.
Los impíos serán aniquilados
y su descendencia quedará extirpada,
37:29 pero los justos poseerán la tierra
y habitarán en ella para siempre.
37:30 La boca del justo expresa sabiduría
y su lengua dice lo que es recto:
37:31 la ley de Dios está en su corazón
y sus pasos no vacilan.
37:32 El malvado está al acecho del justo
con la intención de matarlo,
37:33 pero el Señor no lo abandona en sus manos
ni deja que lo condenen en el juicio.
37:34 Espera en el Señor y sigue su camino:
él te librará de los impíos;
te honrará con la posesión de la tierra
y tú mismo verás la ruina de los malos.
37:35 Yo vi a un impío lleno de arrogancia,
que florecía como un cedro frondoso;
37:36 pasé otra vez, y ya no estaba,
lo busqué, y no se lo pudo encontrar.
37:37 Observa al inocente, fíjate en el bueno:
el que busca la paz tendrá una descendencia;
37:38 pero los pecadores serán aniquilados
y su descendencia quedará extirpada.
37:39 La salvación de los justos viene del Señor,
él es su refugio en el momento del peligro;
37:40 el Señor los ayuda y los libera,
los salva porque confiaron en él.

SOBRE EL SALMO 37 (36)
En la liturgia de la Iglesia:
36,3-4.18-19.27-28.39-40  
La Biblia en imágenes:  

miércoles, 8 de febrero de 2017

SALMO 128 (127)

SALMO 128 (127)

Que el Señor te bendiga desde Sión
128:1 Canto de peregrinación.
¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
128:2 Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.
128:3 Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa.
128:4 ¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!
128:5 ¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:
que contemples la paz de Jerusalén
128:6 y veas a los hijos de tus hijos!
¡Paz a Israel!

En la liturgia de la Iglesia:
Salmo 127,1-2.3.4-5 
Bendición y temor de Dios   

Biblia en imágenes:    

SALMO 128 (127): Bendición y temor de Dios, por Reflexiones Católicas

SALMO 128 (127)

Que el Señor te bendiga desde Sión
128:1 Canto de peregrinación.
¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
128:2 Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.
128:3 Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa.
128:4 ¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!
128:5 ¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:
que contemples la paz de Jerusalén
128:6 y veas a los hijos de tus hijos!
¡Paz a Israel!

— Comentario por Reflexiones Católicas
“Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida“

Se trata de un salmo sapiencial que ofrece una propuesta concreta de felicidad y de bendición («dichoso el que teme al Señor», «tranquilo y feliz»). Como el resto de salmos de este tipo pretende mostrar dónde se encuentra el sentido de la vida y en qué consiste la felicidad.

El cuerpo de este salmo, que carece de introducción y de conclusión, se compone de dos partes: 1b-3 y 4-6.

— Primera parte: 1b-3

La primera parte comienza con la proclamación de felicidad («Dichoso...»); la segunda (4-6) comienza con la bendición. Estos dos elementos, felicidad y bendición, están destinados a la misma persona, el hombre que teme al Señor (compárese 1b con 4).

Con toda probabilidad, se trata, en ambos casos, de realidades proclamadas por un sacerdote. Nos encontraríamos, por tanto, en el contexto del templo de Jerusalén.

Proclama dichoso al hombre que teme al Señor y que sigue sus caminos, es decir, que observa sus mandamientos (1b). El cumplimiento de los mandamientos tiene tres consecuencias que constituyen la felicidad.

En primer lugar: lo referido al trabajo, acompañado de tranquilidad y felicidad (2). Producir y poder disfrutar del fruto del propio trabajo es sinónimo de felicidad. Lo contrario es la maldición, la infelicidad. El que teme al Señor participa, en cierto modo, de su proyecto creador (cf Gén 2,15).

La segunda consecuencia se refiere a la comunión entre el esposo y la esposa. La fecundidad es un don de Dios (cf Sal 127). Aquí se compara a la esposa con una parra fecunda; esta es la característica más importante de una mujer en la concepción patriarcal de aquel tiempo. De hecho, la vida de la mujer se circunscribe a la «intimidad del hogar» y, desde la concepción patriarcal de este salmo, parece que su fecundidad depende de la fidelidad del esposo a los mandamientos.

La palabra «intimidad» es muy importante en este salmo. En su lengua original, el primer sentido de este término es «muslo», «genitales». En sentido figurado significa «intimidad», el lugar más reservado de la casa... Podemos descubrir aquí una atrevida alusión a la sexualidad, don de Dios. Podemos oír el eco de Gén 1,28. Siendo fecundos, los seres humanos imitan al Creador.

La tercera consecuencia deriva de la anterior (3b): la presencia de hijos numerosos, sobre todo varones. La escena recuerda las comidas, en las que el padre y los hijos varones se sentaban a la mesa (entre los nómadas se trataba de una alfombra en el suelo). Alrededor de la mesa, los hijos semejan unos lozanos brotes de olivo. Esta imagen resulta interesante porque el olivo con sus retoños representa la vida que se renueva a partir de un tronco envejecido pero lleno de vitalidad. Es la concreción del mandamiento de Dios que aparece en Gén 1,28. El trabajo, una mesa abundante, la intimidad con la esposa y la fecundidad, la convivencia con los hijos, esto es la felicidad.

— Segunda parte: 4-6

La segunda parte arranca con el tema de la bendición de la misma persona que teme al Señor. Pero ahora se pasa del trabajo y de la casas, a la ciudad, a la capital. Por medio del sacerdote el Señor bendice a Sión con una bendición de triple consecuencias.

En primer lugar, la prosperidad de Jerusalén durante todos los días de la vida del justo (5). «Ver la prosperidad» no significa sólo poder contemplarla, sino participar de ella. En segundo lugar; la bendición se refiere a una larga vida, es decir, poder llegar a conocer a los propios nietos (6a). En tercer lugar (6h), la bendición tiene una manifestación que envuelve a todo el pueblo con la paz: «Paz a Israel.

— Últimos escritos del Antiguo Testamento

Los salmos sapienciales son como esas frutas que se ven expuestas al calor del verano pero que no maduran hasta el otoño. Dicho de otro modo, se encuentran entre los últimos escritos del Antiguo Testamento, son los últimos textos en madurar.

Fueron cristalizando a lo largo de siglos. Eliminaron todo lo innecesario, quedándose con lo esencial para que el hombre sea feliz y bendito: el temor del Señor, que se expresa en el cumplimiento de sus mandamientos. Se supera la ambición, la explotación del otro, la violación de sus derechos. La imagen de sociedad que anhela este salmo carece totalmente de la explotación de unas personas por otras (cada uno disfruta tranquilo y feliz del trabajo de sus propias manos) y elimina por completo la dominación de un grupo sobre otro o de una nación sobre otra (la prosperidad de Jerusalén, la paz en Israel). Conviene fijarse en que, del bienestar personal (el disfrute del fruto del propio trabajo, la fecundidad, los hijos, una vida larga), se pasa al bienestar social, extendiendo la situación de shalom a todo el pueblo.

— Temor de Dios

Este salmo está basado en las bendiciones de Lev 26 y Dt 28. Está vinculado a la «teología de la retribución», que sostiene que la prosperidad y el bienestar son fruto del temor de Dios. El libro de Job ayuda a corregir esta visión.

En dos ocasiones se menciona el temor de Dios y en una se desea su bendición. Por tanto, se habla de él tres veces. Temer a Dios no significa tenerle miedo, sino respetarlo y respetar sus mandamientos como fuentes de felicidad y bendición.

Así pues, el Señor desea que el ser humano viva feliz y disfrute de su bendición, y esto está vinculado a los mandamientos, las condiciones que Israel, como aliado del Señor, acepta cumplir. Estamos, pues, ante el Dios de la alianza que quiere la vida de todo el pueblo y, en especial, de cada persona que lo teme y sigue sus caminos.

Además, este Dios es el aliado de todo el pueblo, el que bendice a cada uno desde Jerusalén, ciudad que alberga el templo. 

sábado, 19 de marzo de 2016

Romanos 4,9-25: Promesa de Dios y fe de Abraham

Romanos 4,9-25
Domingo de la 10 Semana del Tiempo Ordinario, Año A
   

9 Pero esta felicidad, ¿es únicamente para los que han sido circuncidados, 
   o también para los que no lo han sido? Consideremos lo que ya dijimos: 
   A Abraham le fue tenida en cuenta la fe para su justificación.
10 ¿Cuándo le fue tenida en cuenta? ¿Antes o después de la circuncisión? 
     Evidentemente antes y no después.
11 Y él recibió el signo de la circuncisión, como sello de la justicia que alcanzó por medio de la fe, 
     antes de ser circuncidado. Así llegó a ser padre de aquellos que, a pesar de no estar circuncidados, 
     tienen la fe que les es tenida en cuenta para su justificación.
12 Y es también padre de los que se circuncidan pero no se contentan con esto, 
     sino que siguen el mismo camino de la fe que tuvo nuestro padre Abraham, 
     antes de ser circuncidado.
13 En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, 
     no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe.
14 Porque si la herencia pertenece a los que están bajo la Ley, 
     la fe no tiene objeto y la promesa carece de valor,
15 ya que la Ley provoca la ira y donde no hay Ley tampoco hay transgresión.
16 Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita 
     y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, 
     no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. 
     Porque él es nuestro padre común,
17 como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. 
     Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: 
     el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.
18 Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, 
     como se le había anunciado: Así será tu descendencia.
19 Su fe no flaqueó, al considerar que su cuerpo estaba como muerto —era casi centenario— 
     y que también lo estaba el seno de Sara.
20 Él no dudó de la promesa de Dios, por falta de fe, sino al contrario, 
     fortalecido por esa fe, glorificó a Dios,
21 plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete.
22 Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.
23 Pero cuando dice la Escritura: Dios tuvo en cuenta su fe, no se refiere únicamente a Abraham, 
     sino también a nosotros,
24 que tenemos fe en aquel que resucitó a nuestro Señor Jesús,
25 el cual fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.

viernes, 17 de enero de 2014

Intervención del presidente de Uruguay, José Mujica en la Reunión de Río de Janeiro+20 (2012)

Reproduzco estas palabras del presidente Mujica porque su discurso trascendió y desafió la política a la que nos tienen acostumbrados nuestros representantes.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Mateo 5,1-12a: Programa de felicidad, por el Movimiento Adsis

Mateo 5,1-12a  

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: "Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo."

Comentario del Movimiento Adsis

En esta festividad de todos los santos, la Iglesia elige el evangelio de las Bienaventuranzas. En él Jesús nos propone el proyecto del Reino de Dios que configura el corazón de los hombres.

Las Bienaventuranzas son un programa de felicidad. La felicidad del hombre y de la mujer cristianos no se logra a través de satisfacciones pasajeras, sino de vivir conforme a los valores, actitudes y opciones que dan pleno sentido a la propia vida.

La pobreza que Dios quiere es liberación solidaria para vivir el amor con mayor libertad. La misericordia, la compasión y la solidaridad en el sufrimiento ajeno nos hacen más hijos y hermanos. La lucha por la justicia nos dignifica ante Dios y ante nuestros semejantes. Trabajar por la paz, afrontar la incomprensión son opciones que nacen de un corazón limpio y veraz.

Estas actitudes y opciones no solo son signos de verdadera santidad, sino que nos hacen profetas ante el mundo y nos llevan a gozar de la verdadera alegría. ¡Cuántas personas sencillas y honradas son para Dios verdaderos santos!