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lunes, 20 de marzo de 2023

Ezequiel 47,1-9.12: La fuente del templo

Ezequiel 47,1-9.12


En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho. El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió mil codos y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! Midió otros mil y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta las rodillas! Midió otros mil y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura! Midió otros mil. Era un torrente que no pude cruzar, pues habían crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se podía vadear. Me dijo entonces: "¿Has visto, hijo de Adán?" A la vuelta me condujo por la orilla del torrente. Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes. Me dijo: "Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales." 


SOBRE EL MISMO TEMA:

jueves, 21 de julio de 2022

Números 20,1-13: La muerte de Miriam. El agua brotada de la roca

Números 20,1-13:
La muerte de Miriam. El agua brotada de la roca

1 En el primer mes, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, 
   y el pueblo se estableció en Cades. Allí murió y fue enterrada Miriam.
2 Como la comunidad no tenía agua, se produjo un amotinamiento contra Moisés y Aarón.
3 El pueblo promovió una querella contra Moisés diciendo: 
   «¡Ojalá hubiéramos muerto cuando murieron nuestros hermanos delante del Señor!
4 ¿Por qué trajeron a este desierto a la asamblea del Señor, para que muriéramos aquí, 
   nosotros y nuestro ganado?
5 ¿Por qué nos hicieron salir de Egipto, para traernos a este lugar miserable, donde no hay sembrados, 
   ni higueras, ni viñas, ni granados, y donde ni siquiera hay agua para beber?
6 Moisés y Aarón, apartándose de la asamblea, fueron a la entrada de la Carpa del Encuentro 
   y cayeron con el rostro en tierra. Entonces se les apareció la gloria del Señor,
7 y el Señor dijo a Moisés:
8 «Toma el bastón y convoca a la comunidad, junto con tu hermano Aarón. 
   Después, a la vista de todos, manden a la roca que dé sus aguas. 
   Así harás para ellos agua de la roca y darás de beber a la comunidad y a su ganado».
9 Moisés tomó el bastón que estaba delante del Señor, como él se lo había mandado.
10 Luego Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés lees dijo: 
     «¡Escuchen, rebeldes! ¿Podemos hacer que brote agua de esta roca para ustedes?».
11 Y alzando su mano, golpeó la roca dos veces con el bastón. 
     El agua brotó abundantemente, y bebieron la comunidad y el ganado.
12 Pero el Señor dijo a Moisés y a Aarón: 
     «Por no haber confiado lo bastante en mí para que yo manifestara mi santidad ante los israelitas, 
     les aseguro que no llevarán a este pueblo hasta la tierra que les he dado».
13 Estas son las aguas de Meribá –que significa «Querella»– donde los israelitas promovieron una 
     querella contra el Señor y con las que él manifestó contra el Señor y con las que él manifestó su 
     santidad.

Números 19,11-22: El uso del agua lustral

Números 19,11-22:
El uso del agua lustral

11 El que toque el cadáver de cualquier ser humano será impuro durante siete días.
12 El tercero y el séptimo día se purificará con el agua lustral, y será puro; 
     y si no se purifica el tercero y el séptimo día, no será puro.
13 Cualquiera que toque un cadáver –el cuerpo de un hombre que ha muerto– y no se purifique, 
     mancha la Morada del Señor y será excluido de Israel.
     Como no ha sido rociado con el agua lustral, permanece impuro: su impureza todavía está sobre él.
14 Esta es la ley que se aplicará cuando un hombre muera en una carpa: 
     todos los que entren en la carpa y todos los que se encuentren en ella, 
     serán impuros durante siete días.
15 También será impuro todo recipiente cuya abertura no haya sido cubierta con una tapa ajustada a él.
16 Y cualquiera que toque, en campo abierto, a una persona que fue asesinada o murió naturalmente, 
     o huesos humanos, o una tumba, será impuro durante siete días.
17 Para aquel que es impuro, se tomará un poco de ceniza de la víctima quemada para la purificación, 
     y se la mezclará con agua viva dentro de un recipiente.
18 Luego una persona pura tomará un ramillete de hisopo, lo sumergirá en el agua, y rociará la carpa, 
     las vasijas y las personas que estuvieron allí o que tocaron los huesos, la persona asesinada 
     o que murió de muerte natural, o la tumba.
19 La persona pura rociará a la impura el tercero y el séptimo día, y al séptimo la habrá purificado. 
     Esta última lavará su ropa y se bañará con agua, y al atardecer será pura.
20 Si alguien que ha incurrido en impureza deja de purificarse, será excluido de la asamblea, 
     porque ha manchado la Morada del Señor. El no ha sido rociado con el agua lustral, 
     y por eso es impuro.
21 Este será para ustedes un decreto válido para siempre. 
     Además, el que haga la aspersión con el agua lustral deberá lavar su ropa, 
     y cualquiera que toque el agua lustral, será impuro hasta la tarde.
22 Si toca a otra persona, esta también será impuro, y si alguien lo toca será impuro hasta la tarde.

Números 19,1-10: El rito para la preparación del agua lustral

Números 19,1-10: 
El rito para la preparación del agua lustral

1 El Señor dijo a Moisés y Aarón:
2 Esta es una prescripción de la ley que promulgó el señor: 
   Di a los israelitas que te traigan una vaca roja, sin ningún defecto ni imperfección, 
   y que nunca haya estado bajo el yugo.
3 Ustedes se la entregarán al sacerdote Eleazar. 
   Luego será sacada fuera del campamento y degollada en su presencia.
4 El sacerdote Eleazar recogerá con el dedo un poco de sangre y hará siete aspersiones 
   hacia la Carpa del Encuentro.
5 Después la vaca será quemada a la vista de él: 
   se deberá quemar el cuero, la carne, la sangre e incluso los excrementos,
6 Entonces el sacerdote tomará un trozo de madera de cedro, 
   un ramillete de hisopo y una cinta de púrpura roja y los arrojará en el fuego donde se queme la vaca.
7 En seguida lavará su ropa y se bañará con agua; 
   después podrá entrar de nuevo en el campamento, pero será impuro hasta la tarde.
8 El que haya quemado la vaca lavará su ropa, se bañará con agua y será impuro hasta la tarde.
9 Un hombre que no haya incurrido en impureza recogerá las cenizas de la vaca 
   y las depositará fuera del campamento, en un lugar puro. 
   Así la comunidad de los israelitas las tendrá reservadas para preparar el agua lustral, 
   que se usará en el rito de purificación.
10 El que recoja las cenizas de la vaca deberá lavar su ropa y será impuro hasta la tarde. 
     Este es un decreto irrevocable para los israelitas y para los extranjeros que vivan entre ellos.

martes, 19 de julio de 2022

Números 8,5-25: La dedicación de los levitas

Números 8,5-25:
La dedicación de los levitas

5 El Señor dijo a Moisés:
6 Separa a los descendientes de Leví de los demás israelitas, y purifícalos.
7 Para eso, deberás proceder de la siguiente manera: 
   los rociarás con agua lustral; ellos se pasarán la navaja por todo el cuerpo, 
   se lavarán la ropa y así quedarán purificados.
8 Luego tomarán un novillo, con su correspondiente oblación de harina de la mejor calidad, 
   amasada con aceite, y tú tomarás otro novillo para un sacrificio por el pecado.
9 Entonces harás acercar a los levas hasta la Carpa del Encuentro 
   y reunirás a toda la comunidad de los israelitas.
10 Una vez que hayas hechos acercar a los levitas hasta la presencia del Señor, 
    los israelitas impondrás las manos sobre ellos.
11 Luego Aarón, en nombre de todos, ofrecerá los levitas al Señor con el gesto de presentación. 
     Así quedarán destinados al servicio del Señor.
12 Los levitas impondrán sus manos sobre las cabezas de los novillos: 
     uno será ofrecido al Señor como sacrificio por el pecado, y el otro como holocausto, 
     a fin de practicar el rito de expiación en favor de los levitas.
13 Tú deberás poner a los levitas a disposición de Aarón y de sus hijos, 
     y los ofrecerás al Señor con el gesto de presentación.
14 Así pondrás aparte a los levitas para que me pertenezcas.
15 Y una vez que los hayas purificado y los hayas ofrecido con el gesto de presentación, 
     comenzarán a prestar servicios en la Carpa del Encuentro.
16 Porque ellos están dedicados a mí exclusivamente, entre todos los israelitas: 
     yo los tomé para mí en lugar de todos los que abren el seno materno, 
     o sea, de todos los primogénitos.
17 Porque todos los primogénitos de los israelitas –tanto hombres como animales– son míos: 
     yo me los consagré cuando exterminé a todos los primogénitos en Egipto.
18 Ahora tomo a los levitas en lugar de los primogénitos,
19 y se los doy a Aarón y a sus hijos, en calidad de dedicados, a fin de que presten servicios 
     para los israelitas en la Carpa del Encuentro y practiquen el rito de expiación en favor de ellos. 
     De esta manera, los israelitas no serán castigados por acercarse al Santuario.
20 Moisés, Aarón y toda la comunidad de Israel hicieron con los levitas 
     lo que el Señor había ordenado a Moisés.
21 Los levitas se purificaron de sus pecados y lavaron su ropa. 
     Luego Aarón los ofreció al Señor con el gesto de presentación 
     y practicó el rito de expiación en favor de ellos, a fin de purificarlos.
22 Después de esto, los levitas comenzaron a prestar servicios en la Carpa del Encuentro, 
     a las órdenes de Aarón y de sus hijos. 
     Ellos hicieron con los levitas lo que el Señor había ordenado a Moisés.
23 Luego el Señor dijo a Moisés:
24 Los levitas se atendrán a esto: a partir de los veinticinco años, 
     integrarán el grupo de servicio activo en la Carpa del Encuentro,
25 y a los cincuenta, cesarán en sus funciones y no prestarán más servicios.
26 Ayudarán a sus hermanos en la Carpa del Encuentro, realizando algunas tareas, 
     pero no prestarán servicios. Así procederás con los levitas en lo referente a sus funciones.

martes, 5 de julio de 2022

Isaías 55,1-13: Promesa de una nueva alianza



1 ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! 
   Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche.
2 ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? 
   Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares.
3 Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. 
   Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David.
4 Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones.
5 Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá hacia ti, 
   a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica.
6 ¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca!
7 Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, 
   y él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar.
8 Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, 
   ni los caminos de ustedes son mis caminos —oráculo del Señor—.
9 Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos 
   y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes.
10 Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, 
     sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come,
11 así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, 
     sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.

Epílogo: Salida de Babilonia

12 Saldrán con alegría, los llevarán seguros: montes y colinas romperán a cantar ante ustedes 
     y aplaudirán los árboles silvestres. 
13 En vez de espinos, crecerá el ciprés; en vez de ortigas, el arrayán: 
     serán el renombre del Señor y monumento perpetuo, indestructible.


SOBRE EL MISMO TEMA:

Isaías 58,1-12: el ayuno


1 Grita con fuerte voz, no te contengas, alza la voz como una trompeta, 
   denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados. 
2 Consultan mi oráculo a diario, muestran deseo de conocer mi camino 
   como si fueran un pueblo que practicara la justicia y no abandonase el mandato de su Dios. 
   Me piden sentencias justas, desean tener cerca a Dios.
3 ¿Para qué ayunar, si no haces caso? ¿Mortificarnos, si tú no te fijas? 
   Miren: el día de ayuno buscan su propio interés, y maltratan a sus servidores; 
4 miren: ayunan entre peleas y disputas, dando puñetazos sin piedad. 
   No ayunen como ahora, haciendo oír en el cielo sus voces.
5 ¿Es ése el ayuno que el Señor desea, el día en que el hombre se mortifica? 
   Doblar la cabeza como un junco, acostarse sobre estera y ceniza, 
   ¿a eso lo llaman ayuno, día agradable al Señor? 
6 El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, 
   dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; 
7 compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, 
   vestir al que ves desnudo y no despreocuparte de tu hermano. 
8 Entonces brillará tu luz como la aurora, tus heridas sanarán rápidamente; 
   tu justicia te abrirá camino, detrás irá la gloria del Señor. 
9 Entonces llamarás al Señor, y te responderá; pedirás auxilio, y te dirá: Aquí estoy. 
   Si destierras de ti toda opresión, y el señalar con el dedo, y la palabra maligna; 
10 si das tu pan al hambriento y sacias el estómago del necesitado, surgirá tu luz en las tinieblas, 
     tu oscuridad se volverá mediodía.
11 El Señor te guiará siempre, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, 
     serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuyas aguas nunca se agotan, 
12 reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre los cimientos antiguos; 
     te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas.

SOBRE EL MISMO TEMA:

jueves, 16 de agosto de 2018

Hechos 10,44-48: El bautismo de los primeros paganos

El bautismo de los primeros paganos
10:44 Mientras Pedro estaba hablando, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban la Palabra.
10:45 Los fieles de origen judío que habían venido con Pedro quedaron maravillados al ver que el Espíritu Santo era derramado también sobre los paganos.
10:46 En efecto, los oían hablar diversas lenguas y proclamar la grandeza de Dios. Pedro dijo:
10:47 "¿Acaso se puede negar el agua del bautismo a los que recibieron el Espíritu Santo como nosotros?"
10:48 Y ordenó que fueran bautizados en el nombre del Señor Jesucristo. Entonces le rogaron que se quedara con ellos algunos días.

martes, 14 de agosto de 2018

Juan 1,19-29: Jesús, el Cordero de Dios

Jesús, el Cordero de Dios


19 Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén,
     para preguntarle: "¿Quién eres tú?"
20 Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías".
21 "¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?" Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?" 
     "Tampoco", respondió.
22 Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? 
     ¿Qué dices de ti mismo?"
23 Y él les dijo: "Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, 
     como dijo el profeta Isaías".
24 Algunos de los enviados eran fariseos,
25 y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, 
     ni Elías, ni el Profeta?"
26 Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes 
     no conocen:
27 él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia".
28 Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

viernes, 8 de junio de 2018

Juan 19,31-37: La herida del costado

Juan 19,31-37
Sagrado Corazón de Jesús, Año B 

En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»

sábado, 31 de marzo de 2018

Ezequiel 36,17a.18-28: Renovación espiritual de Israel

Ezequiel 36,17a.18-28 
Vigilia Pascual 

La palabra del Señor me llegó en estos términos. Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su propio suelo, lo contaminó con su conducta y sus acciones. Entonces derramé mi furor sobre ellos, por la sangre que habían derramado sobre el país y por los ídolos con que lo habían contaminado. Los dispersé entre las naciones y ellos se diseminaron por los países. Los juzgué según su conducta y sus acciones. Y al llegar a las naciones adonde habían ido, profanaron mi santo Nombre, haciendo que se dijera de ellos: «Son el pueblo del Señor, pero han tenido que salir de su país.» Entonces yo tuve compasión de mi santo Nombre, que el pueblo de Israel profanaba entre las naciones adonde había ido. Por eso, di al pueblo de Israel: Así habla el Señor : Yo no obro por consideración a ustedes, casa de Israel, sino por el honor de mi santo Nombre, que ustedes han profanado entre las naciones adonde han ido. Yo santificaré mi gran Nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y las naciones sabrán que yo soy el Señor -oráculo del Señor- cuando manifieste mi santidad a la vista de ellas, por medio de ustedes. Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. Ustedes habitarán en la tierra que yo he dado a sus padres. Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Lv 8,1-36: Rito de consagración

Lv 8,1-36: Rito de consagración
Cf. Éxodo 29,1-37

8:1 Yahveh habló así a Moisés:
8:2 "Toma a Aarón y con él a sus hijos, y también las vestiduras, el óleo de la unción, el novillo para el sacrificio por el pecado, los dos carneros y el canastillo de los ázimos;
8:3 y congrega a toda la comunidad a la entrada de la Tienda del Encuentro."
8:4 Moisés hizo como Yahveh le había mandado, y se congregó la comunidad a la entrada de la Tienda del Encuentro.
8:5 Moisés dijo a la comunidad: "Esto es lo que Yahveh ha ordenado hacer."
8:6 Moisés mandó entonces que Aarón y sus hijos se acercaran y los lavó con agua.
8:7 Puso sobre Aarón la túnica y se la ciñó con la faja; lo vistió con el manto y poniéndole encima el efod, se lo ciñó atándoselo con la cinta del efod.
8:8 Luego, le impuso el pectoral en el que depositó el Urim y el Tummim.
8:9 Colocó también la tiara sobre su cabeza y puso en su parte delantera la lámina de oro, la diadema santa, como Yahveh había mandado a Moisés.
8:10 Después Moisés tomó el óleo de la unción y ungió la Morada con todas las cosas que contenía para consagrarlas.
8:11 Roció con él por siete veces el altar y ungió el altar con todos su utensilios, así como la pila con su base, para consagrarlos.
8:12 Y derramando óleo de la unción sobre la cabeza de Aarón, lo ungió para consagrarlo.
8:13 Luego Moisés mandó que se acercaran los hijos de Aarón; los vistió con las túnicas, les ciñó la faja y les puso las mitras, como Yahveh había mandado a Moisés.
8:14 Después hizo traer el novillo para el sacrificio por el pecado, y Aarón y sus hijos impusieron las manos sobre la cabeza del novillo, víctima por el pecado.
8:15 Moisés lo inmoló. Tomó la sangre y mojó con su dedo los cuernos del altar, todo en derredor, para purificarlo. Después derramó la sangre al pie del altar; de esta manera lo consagró haciendo por él la expiación.
8:16 Tomó luego todo el sebo que cubre las entrañas, el que queda junto al hígado, y los dos riñones con su sebo; y lo quemó Moisés sobre el altar.
8:17 Pero en cuanto a la piel, la carne y los excrementos del novillo, los quemó fuera del campamento, como Yahveh había mandado a Moisés.
8:18 Después hizo traer el carnero del holocausto, sobre cuya cabeza Aarón y sus hijos impusieron las manos.
8:19 Moisés lo inmoló y roció con la sangre todos los lados del altar.
8:20 El carnero fue partido en trozos y Moisés quemó la cabeza, los trozos y el sebo;
8:21 después de lavar en agua las entrañas y las patas, Moisés quemó todo el carnero en el altar, como holocausto de calmante aroma, manjar abrasado para Yahveh, como Yahveh había mandado a Moisés.
8:22 Hizo luego traer el segundo carnero, el carnero del sacrificio de la investidura, y Aarón y sus hijos impusieron las manos sobre la cabeza del carnero.
8:23 Moisés lo inmoló, y, tomando su sangre, mojó el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, el pulgar de su mano derecha de Aarón, el pulgar de su mano derecha y el de su pie derecho.
8:24 Después Moisés hizo que se acercaran los hijos de Aarón, les untó con la sangre el lóbulo de la oreja derecha, el pulgar de su mano derecha y el de su pie derecho; y derramó la sangre sobre el altar, todo en derredor.
8:25 Tomó luego el sebo: el rabo, todo el sebo que cubre las entrañas, el que queda junto al hígado, los dos riñones con su sebo y la pierna derecha.
8:26 Sacó del canastillo de los ázimos que estaba ante Yahveh un pan ázimo, una torta de pan amasada con aceite y otra torta untada, y las puso sobre el sebo y sobre la pierna derecha.
8:27 Entregó todo esto en manos de Aarón y en manos de sus hijos haciéndolo mecer como ofrenda mecida ante Yahveh.
8:28 Moisés lo recibió de sus manos y lo quemó en el altar, encima del holocausto. Era el sacrificio de investidura, calmante aroma, manjar abrasado en honor de Yahveh.
8:29 Moisés tomó entonces el pecho y lo meció como ofrenda mecida ante Yahveh; era ésta la porción del carnero de la investidura que pertenecía a Moisés, como Yahveh se lo había mandado.
8:30 Después Moisés tomó óleo de la unción y sangre de la que había encima del altar, roció a Aarón y sus vestiduras de sus hijos. Así consagró a Aarón y sus vestiduras, así como a sus hijos y las vestiduras de sus hijos.
8:31 Moisés dijo a Aarón y a sus hijos: "Coced la carne a la entrada de la Tienda del Encuentro y comedla allí mismo; comed también el pan del canastillo de la investidura tal como lo he mandado diciendo: Aarón y sus hijos lo comerán.
8:32 Quemaréis la carne sobrante y el pan.
8:33 Y no os apartaréis de la entrada de la Tienda del Encuentro por espacio de siete días, hasta el día en que se cumplan los días de vuestra investidura; porque siete días durará vuestra investidura.
8:34 Yahveh mandó que se procediera como se ha procedido hoy para hacer expiación por vosotros.
8:35 Así quedaréis siete días, día y noche, a la entrada de la Tienda del Encuentro, guardando la norma de Yahveh para no morir, pues así me fue ordenado."
8:36 Aarón y sus hijos hicieron cuanto Yahveh había mandado por medio de Moisés.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Éxodo 40,16-33: Ejecución del mandato divino

Éxodo 40,16-33: Ejecución del mandato divino

40:16 Moisés hizo todo conforme a lo que Yahveh le había mandado. Así lo hizo.
40:17 En el primer mes del año segundo, el día primero del mes, fue alzada la Morada.
40:18 Moisés alzó la Morada, asentó las basas, colocó sus tableros, metió sus travesaños y erigió sus postes.
40:19 Después desplegó la Tienda por encima de la Morada y puso además por encima el toldo de la Tienda, como Yahveh había mandado a Moisés.
40:20 Luego tomó el Testimonio y lo puso en el arca; puso al arca los varales y sobre ella colocó el propiciatorio en la parte superior.
40:21 Llevó entonces el arca a la Morada, colgó el velo de protección y cubrió así el arca del Testimonio, como Yahveh había mandado a Moisés.
40:22 Colocó también la mesa en la Tienda del Encuentro, al lado septentrional de la Morada, fuera del velo.
40:23 Dispuso sobre ella las filas de los panes de la Presencia delante de Yahveh, como Yahveh había ordenado a Moisés.
40:24 Luego instaló el candelabro en la Tienda del Encuentro, frente a la mesa, en el lado meridional de la Morada,
40:25 y colocó encima las lámparas delante de Yahveh, como Yahveh había mandado a Moisés.
40:26 Asimismo puso el altar de oro en la Tienda del Encuentro, delante del velo;
40:27 y quemó sobre él incienso aromático como Yahveh había mandado a Moisés.
40:28 A la entrada de la Morada colocó la cortina,
40:29 y en la misma entrada de la Morada de la Tienda del Encuentro colocó también el altar de los holocaustos, sobre el cual ofreció el holocausto y la oblación, como Yahveh había mandado a Moisés.
40:30 Situó la pila entre la Tienda del Encuentro y el altar, y echó en ella agua para las abluciones;
40:31 Moisés, Aarón y sus hijos se lavaron en ella las manos y los pies.
40:32 Siempre que entraban en la Tienda del Encuentro y siempre que se acercaban al altar, se lavaban, como Yahveh había mandado a Moisés.
40:33 Por fin alzó el atrio que rodeaba la Morada y el altar, y colgó el tapiz a la entrada del atrio. Así acabó Moisés los trabajos. 

Éxodo 40,1-15: Orden divina de consagrar la tienda de la presencia

Éxodo 40,1-15: Orden divina de consagrar la tienda de la presencia

40:1 Yahveh habló así a Moisés:
40:2 "El día primero del primer mes alzarás la Morada de la Tienda del Encuentro.
40:3 Allí pondrás el arca del Testimonio y cubrirás el arca con el velo.
40:4 Llevarás la mesa y colocarás lo que hay que ordenar sobre ella; llevarás también el candelabro y pondrás encima las lámparas.
40:5 Colocarás el altar de oro para el incienso delante del arca del Testimonio y colgarás la cortina a la entrada de la Morada.
40:6 Colocarás el altar de los holocaustos ante la entrada de la Morada de la Tienda del Encuentro.
40:7 Pondrás la pila entre la Tienda del Encuentro y el altar, y echarás agua en ella.
40:8 En derredor levantarás el atrio y tenderás el tapiz a la entrada del atrio.
40:9 Entonces tomarás el óleo de la unción y ungirás la Morada y todo lo que contiene. La consagrarás con todo su mobiliario y será cosa sagrada.
40:10 Ungirás además el altar de los holocaustos con todos sus utensilios. Consagrarás el altar, y el altar será cosa sacratísima.
40:11 Asimismo ungirás la pila y su base, y la consagrarás.
40:12 Después mandarás que Aarón y sus hijos se acerquen a la entrada de la Tienda del Encuentro y los lavarás con agua.
40:13 Vestirás a Aarón con las vestiduras sagradas, le ungirás, y le consagrarás para que ejerza mi sacerdocio.
40:14 Mandarás también que se acerquen sus hijos; los vestirás con túnicas,
40:15 los ungirás, como ungiste a su padre, para que ejerzan mi sacerdocio. Así se hará para que su unción les confiera un sacerdocio sempiterno de generación en generación." 

viernes, 28 de julio de 2017

Exodo 17,1-7: ¿Nos has hecho salir de Egipto para morir de sed?

Exodo 17,1-7  

17:1 Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin, a la orden de Yahveh, para continuar sus jornadas; y acamparon en Refidim, donde el pueblo no encontró agua para beber.
17:2 El pueblo entonces se querelló contra Moisés, diciendo: "Danos agua para beber." Respondióles Moisés: "¿Por qué os querelláis conmigo? ¿Por qué tentáis a Yahveh?"
17:3 Pero el pueblo, torturado por la sed, siguió murmurando contra Moisés: "¿Nos has hecho salir de Egipto para hacerme morir de sed, a mí, a mis hijos y a mis ganados?"
17:4 Clamó Moisés a Yahveh y dijo: "¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen."
17:5 Respondió Yahveh a Moisés: "Pasa delante del pueblo, llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río y vete,
17:6 que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo." Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel.
17:7 Aquel lugar se llamó Massá a causa de la querella de los israelitas, y por haber tentado a Yahveh, diciendo: "¿Está Yahveh entre nosotros o no?"

viernes, 21 de julio de 2017

Exodo 7,13-24: Primera plaga: el agua convertida en sangre

Exodo 7,13-24

7:14 Entonces dijo Yahveh a Moisés: "El corazón de Faraón es obstinado; se niega a dejar salir al pueblo.
7:15 Preséntate a Faraón por la mañana, cuando vaya a la ribera. Le saldrás al encuentro a la orilla del Río, llevando en tu mano el cayado que se convirtió en serpiente.
7:16 Y le dirás: Yahveh, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte: "Deja partir a mi pueblo, para que me den culto en el desierto"; pero hasta el presente no has escuchado.
7:17 Así dice Yahveh: En esto conocerás que yo soy Yahveh: Mira que voy a golpear con el cayado que tengo en la mano las aguas del Río, y se convertirán en sangre.
7:18 Los peces del Río morirán, y el Río quedará apestado de modo que los egipcios no podrán ya beber agua del Río."
7:19 Yahveh dijo a Moisés: "Di a Aarón: Toma tu cayado, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus canales, sobre sus ríos, sobre sus lagunas y sobre todos sus depósitos de agua. Se convertirán en sangre; y habrá sangre en toda la tierra de Egipto, hasta en los árboles y la piedras."
7:20 Moisés y Aarón hicieron lo que Yahveh les había mandado: alzó el cayado y golpeó las aguas que hay en el rio en presencia de Faraón y de sus servidores, y todas las aguas del rio se convirtieron en sangre.
7:21 Los peces del rio murieron, el rio quedó apestado de modo que los egipcios nos pudieron beber el agua del rio; hubo sangre en todo el país de Egipto.
7:22 Pero lo mismo hicieron con sus encantamientos los magos de Egipto; y el corazón de Faraón se endureció y no les escuchó, como había dicho Yahveh.
7:23 Se volvió Faraón y entró en su casa sin hacer caso de ello.
7:24 Y todos los egipcios tuvieron que cavar en los alrededores del rio en busca de agua potable, porque no podían beber las aguas del rio. 

miércoles, 19 de julio de 2017

Exodo 4,1-31: Moisés regresa a Egipto

Exodo 4,1-31  

4:1 Respondió Moisés y dijo: "No van a creerme, ni escucharán mi voz; pues dirán: "No se te ha aparecido Yahveh.""
4:2 Díjole Yahveh: "¿Qué tienes en tu mano?" "Un cayado", respondió él.
4:3 Yahveh le dijo: "Échalo a tierra." Lo echó a tierra y se convirtió en serpiente; y Moisés huyó de ella.
4:4 Dijo Yahveh a Moisés: "Extiende tu mano y agárrala por la cola." Extendió la mano, la agarró, y volvió a ser cayado en su mano...
4:5 "Para que crean que se te ha aparecido Yahveh, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob."
4:6 Y añadió Yahveh: "Mete tu mano en el pecho." Metió él la mano en su pecho y cuando la volvió a sacar estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve.
4:7 Y le dijo: "Vuelve a meter la mano en tu pecho." La volvió a meter y, cuando la sacó de nuevo, estaba ya como el resto de su carne.
4:8 "Así pues, si no te creen ni escuchan la voz por la primera señal, creerán por la segunda.
4:9 Y si no creen tampoco por estas dos señales y no escuchan tu voz, tomarás agua del río y la derramarás en el suelo; y el agua que saques del Río se convertirá en sangre sobre el suelo."
4:10 Dijo Moisés a Yahveh: "¡Por favor, Señor! Yo no he sido nunca hombre de palabra fácil, ni aun después de haber hablado tú con tu siervo; sino que soy torpe de boca y de lengua."
4:11 Le respondió Yahveh: "¿Quién ha dado al hombre la boca? ¿? Quién hace al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo, Yahveh?
4:12 Así pues, vete, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes decir."
4:13 El replicó: "Por favor, envía a quien quieras."
4:14 Entonces se encendió la ira de Yahveh contra Moisés, y le dijo: "¿No tienes a tu hermano Aarón el levita? Sé que él habla bien; he aquí que justamente ahora sale a tu encuentro, y al verte se alegrará su corazón.
4:15 Tu le hablarás y pondrás las palabras en su boca; yo estaré en tu boca y en la suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer.
4:16 El hablará por ti al pueblo, él será tu boca y tú serás su dios.
4:17 Toma también en tu mano este cayado, porque con él has de hacer las señales."

Moisés regresa a Egipto

4:18 Moisés volvió y regresó a casa de Jetró, su suegro, y le dijo: "Con tu permiso, me vuelvo a ver a mis hermanos de Egipto para saber si viven todavía." Dijo Jetró a Moisés: "Vete en paz."
4:19 Yahveh dijo a Moisés en Madián: "Anda, vuelve a Egipto ; pues han muerto todos los que buscaban tu muerte."
4:20 Tomó, pues, Moisés a su mujer y a su hijo y, montándolos sobre un asno, volvió a la tierra de Egipto. Tomó también Moisés el cayado de Dios en su mano.
4:21 Y dijo Yahveh a Moisés: "Cuando vuelvas a Egipto, harás delante de Faraón todos los prodigios que yo he puesto en tu mano; yo, por mi parte, endureceré su corazón, y no dejará salir al pueblo.
4:22 Y dirás a Faraón: Así dice Yahveh: Israel es mi hijo, mi primogénito.
4:23 Yo te he dicho: "Deja ir a mi hijo para que me dé culto," pero como tú no quieres dejarle partir, mira que yo voy a matar a tu hijo, a tu primogénito."
4:24 Y sucedió que en el camino le salió al encuentro Yahveh en el lugar donde pasaba la noche y quiso darle muerte.
4:25 Tomó entonces Seforá un cuchillo de pedernal y, cortando el prepucio de su hijo, tocó los pies de Moisés, diciendo: "Tú eres para mí esposo de sangre."
4:26 Y Yahveh le soltó; ella había dicho: "esposo de sangre", por la circuncisión.
4:27 Dijo Yahveh a Aarón: "Vete al desierto al encuentro de Moisés." Partió, pues, y le encontró en el monte de Dios y le besó.
4:28 Moisés contó a Aarón todas las palabras que Yahveh le había encomendado y todas las señales que le había mandado hacer.
4:29 Fueron, pues, Moisés y Aarón y reunieron a todos los ancianos de los israelitas.
4:30 Aarón refirió todas las palabras que Yahveh había dicho a Moisés, el cual hizo las señales delante del pueblo.
4:31 El pueblo creyó, y al oír que Yahveh había visitado a los israelitas y había visto su aflicción, se postraron y adoraron.

martes, 28 de marzo de 2017

Ezequiel 47,1-9.12: El agua que da la vida

Ezequiel 47,1-9.12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho. El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió mil codos y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! Midió otros mil y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta las rodillas! Midió otros mil y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura! Midió otros mil. Era un torrente que no pude cruzar, pues habían crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se podía vadear. Me dijo entonces: "¿Has visto, hijo de Adán?" A la vuelta me condujo por la orilla del torrente. Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes. Me dijo: "Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales."

— Comentario por Reflexiones Católicas

En el evangelio de hoy, Jesús cura a un paralítico, cerca de la piscina. Es el tema del agua viva, agua que da la Vida. Escuchemos también esa revelación en la visión del profeta Ezequiel.

“En el curso de una visión recibida del Señor.
He aquí que debajo del umbral del templo, salía agua...”

No hay que tomar todos los detalles en sentido material; son imágenes simbólicas. Dios anuncia unos tiempos maravillosos: del Templo sale una fuente, cuyo curso crece hasta llegar a ser un torrente caudaloso.

Me sirvo de esa imagen del río que va creciendo para evocar las gracias que cada día irrumpen en abundancia sobre la humanidad... sobre mí...

Sin cesar, Dios vierte la abundancia de su vida en mí.
¿Qué atención presto? ¿Cómo respondo a ese don?
Efectivamente, a menudo no veo.
Haz que vea, Señor.

“Mira, a la orilla del torrente, a ambos lados,
había gran cantidad de árboles...
toda clase de árboles frutales,
cuyo follaje no se marchitará.
Todos los meses producirán frutos nuevos.”

Visión maravillosa. Es el comenzar de nuevo del paraíso terrestre: el desierto de Judá, al sur de Jerusalén se cubre «de árboles de la vida». No dan solamente «una» cosecha, sino «doce» cosechas... ¡una por mes!

Por contraste, no puedo dejar de pensar en los que sufren, en los que no tienen agua, ni frutos, en los que pasan toda su vida en la miseria. Realiza, Señor, tu promesa.

Esta agua desemboca en el «Mar Muerto» cuyas aguas quedan saneadas... así como las tierras en las que penetra, y la vida aparece por dondequiera que pase el torrente. Hay que haber visto el «Mar Muerto» y su paisaje desolado para captar la metamorfosis prometida. Las aguas de este mar, verdaderamente «muerto», tienen tal cantidad de sales, que ningún pez tiene vida en ellas y en sus alrededores también reina la muerte.

He aquí pues un «agua nueva» que tiene como un poder de resurrección: suscita seres vivos. Es un agua que da vida. Su signo actual es el bautismo. En el fondo, ¿por qué no creeríamos en esa fuerza divina? ¿Acaso, no sería Dios capaz de transformar el desierto de nuestros corazones en jardines florecientes de vida?

El agua, como principio de vida, es una imagen que se encuentra con frecuencia en los libros sagrados (por ejemplo, Jl 4,18 Zac 14,8; Is 35, etc.). No es de extrañar que Ezequiel use esta imagen al hablar de los efectos vivificantes que produce la presencia de la gloria del Señor en el templo.

Dado que la imagen del agua es tan frecuente, esta visión puede tener diversos puntos de referencia: las aguas de los cuatro ríos del paraíso (Gn 2,10-14); o los ríos y canales de Palestina (Guijón, Cedrón, etc.); o, tal vez, los mismos famosos canales de Babilonia, tantas veces contemplados por los desterrados.

El agua que sale del templo (hacia el oriente, quizá es la zona más árida) y que comienza siendo una fuente y un riachuelo, luego se hace un río caudaloso a pocos kilómetros de su nacimiento. Es decir, el poder vivificante se ha ido desarrollando ganando en fecundidad y en calidad. Su salubridad llega hasta curar todo lo que toca, incluido el Mar Muerto (v. 8), a que broten gran cantidad de árboles que producen toda clase de frutos y hasta una cosecha por mes; y en ella viven gran cantidad y variedad de peces. Todo por el hecho de brotar del templo, donde está la presencia del Señor, que fecunda al pueblo en continua fidelidad a la alianza (7). En definitiva, dar fecundidad, crear vida, es trabajar por la justicia, por el bienestar por el bien; el egoísmo, en cambio, crea muerte, crea aridez.

El agua de Ez 47 es prototipo de la de los últimos tiempos abiertos por Cristo:

«Quien tenga sed, que se acerque a mí y beba.
Quien crea en mí, ríos de agua viva brotarán de su entraña»
(Jn 7,37-38).

En él se ha cumplido esta profecía de Ezequiel; de él nos viene la gran efusión del Espíritu que simbolizaba el agua. Únicamente de él nos puede venir la fecundidad, la vida, a nivel personal y a nivel colectivo. Todo ha de pasar forzosamente a través de él. La única salvación, la única solución se encuentra en Cristo, según indicó Pedro al pueblo de Jerusalén: «La salvación no está en ningún otro, es decir, que bajo el cielo no tenemos los hombres otro diferente de él al que debamos invocar para salvarnos» (Hch 4,12).

sábado, 18 de marzo de 2017

Juan 4,1-42: Encuentro de Jesús con la samaritana



4:1 Cuando Jesús se enteró de que los fariseos habían oído decir que él tenía más discípulos y bautizaba más que Juan
4:2 —en realidad él no bautizaba, sino sus discípulos—
4:3 dejó la Judea y volvió a Galilea.
4:4 Para eso tenía que atravesar Samaría.

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
— Dame de beber.
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
— ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?
Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó:
— Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
— Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contestó:
— El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice:
— Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.
Él le dice:
— Anda, llama a tu marido y vuelve.
La mujer le contesta:
— No tengo marido.
Jesús le dice:
— Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
La mujer le dice:
— Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dice:
— Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice:
— Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.
Jesús le dice:
— Soy yo, el que habla contigo.
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo:
— ¿Qué le preguntas o de qué le hablas?
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
— Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
— Maestro, come.
Él les dijo:
— Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.
Los discípulos comentaban entre ellos:
— ¿Le habrá traído alguien de comer?
Jesús les dice:
— Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho." Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
— Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

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domingo, 15 de enero de 2017

Juan 1,29-34: Juan presenta a Jesús

Juan 1,29-34
Domingo de la 2 Semana del Tiempo Ordinario, Año A

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: "Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.” Y Juan dio testimonio diciendo: "He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios."

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