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domingo, 9 de octubre de 2022

Lucas 11,29-32: El síndrome de Jonás, por el papa Francisco


Comentario por el papa Francisco
"El síndrome de Jonás" 

El papa alerta sobre el 'síndrome de Jonás'. Jesús los llama hipócritas, porque ellos no quieren la salvación de la pobre gente, de los ignorantes y pecadores.

Se tiene que luchar contra el "síndrome de Jonás" que nos lleva a la hipocresía de pensar que para salvarnos son suficientes nuestras obras. Así lo explicó el papa Francisco la mañana del lunes durante la misa celebrada en la Casa Santa Marta. El santo padre advirtió acerca de "una actitud de perfecta piedad", que atiende a la doctrina pero no se ocupa de la salvación de la "pobre gente".

El síndrome de Jonás 
y la señal de Jonás

El papa Francisco centró su homilía en este binomio. Jesús, explicó, en el evangelio de hoy habla de "generación perversa". Es muy fuerte con su palabra. Pero, advirtió el papa, no se refiere a las personas "que lo seguían con mucho amor", sino a los "doctores de la ley" que "trataban de probarlo y hacerlo caer en una trampa".

Estas personas "le pedían signos" y Jesús les responde que solo se les dará "la señal de Jonás”. Existe sin embargo, advirtió el papa, el "síndrome de Jonás". El Señor le pidió que fuera a Nínive, y él huye a España. Jonás, dijo, "tenía las cosas claras": "la doctrina es ésta", "se debe hacer esto" y los pecadores "que se las arreglen, yo me voy”. Los que "viven de acuerdo con este síndrome de Jonás", añadió Francisco, Jesús "los llama hipócritas , porque ellos no quieren la salvación" de la "pobre gente", de los "ignorantes " y "pecadores":

"El 'síndrome de Jonás’ no tiene el celo por la conversión del pueblo, busca una santidad –me permito la palabra--, una santidad de ‘tintorería’, toda hermosa, bien hecha, pero sin aquel celo de ir a predicar al Señor. Pero el Señor con esta generación que sufre del "síndrome de Jonás' promete la señal de Jonás.

La otra versión, la de Mateo, dice: Jonás estuvo dentro de la ballena tres días y tres noches, una referencia a Jesús en la tumba --a su muerte y a su resurrección-- y aquel es el signo que Jesús promete, contra la hipocresía, contra esta actitud de religiosidad perfecta, en contra de esta actitud de un grupo de fariseos".

Hay una parábola en el Evangelio, agregó el pontífice, que pinta muy bien este aspecto: aquella del fariseo y del publicano que oran en el templo. El fariseo, "tan seguro de sí mismo", ante el altar da gracias a Dios por no ser como el publicano que en cambio solo pide la misericordia del Señor, reconociéndose pecador.

He aquí, entonces, que "el signo que Jesús promete por su perdón, a través de su muerte y su resurrección", dijo el papa, "es su misericordia": "Misericordia quiero y no sacrificio":

"El signo de Jonás, el verdadero, es lo que nos da la confianza para ser salvados por la sangre de Cristo. ¿Cuántos cristianos, cuántos son los que piensan que van a ser salvados solo por lo que hacen, por sus obras. Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta al amor misericordioso que nos salva. Sin embargo, las mismas obras, sin este amor misericordioso no sirven. En cambio, el 'síndrome de Jonás’ tiene confianza solo en su justicia personal, en sus obras".

Jesús habla entonces de "generación malvada" y "a la pagana, a la reina de Saba, casi la nombra jueza: que se levantará contra los hombres de esta generación". Y esto, señaló, "porque era una mujer inquieta, una mujer que buscaba la sabiduría de Dios":

"Es así que el ‘Síndrome de Jonás' nos lleva a la hipocresía, a aquella suficiencia, a ser cristianos limpios, perfectos, ‘porque hacemos estas obras: cumplimos los mandamientos, todo’. Es una gran enfermedad.

Y está la señal de Jonás, que es la misericordia de Dios en Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros, por nuestra salvación. Son dos palabras en la primera lectura que se conectan con esto.

Pablo dice de sí mismo que es un apóstol no porque ha estudiado esto, no: (sino) apóstol por llamada. Y a los cristianos les dice: 'Ustedes son llamados por Jesucristo’. El signo de Jonás nos llama: seguir al Señor, pecadores, somos todos, con humildad, con mansedumbre. Hay una llamada, incluso una elección".

"Aprovechemos hoy de esta liturgia --concluyó el papa--, para preguntarnos y tomar una decisión: ¿Qué prefiero? ¿El síndrome de Jonás o la señal de Jonás?"

lunes, 27 de agosto de 2018

1 Carta a Timoteo 6,3-10: Desinterés personal

Desinterés pastoral
 6:3 Si alguien enseña otra cosa y no se atiene a los preceptos saludables de nuestro Señor Jesucristo, ni a la doctrina que es conforme a la piedad,
6:4 es un ignorante y un orgulloso, ávido de discusiones y de vanas polémicas. De allí nacen la envidia, la discordia, los insultos, las sospechas malignas
6:5 y los conflictos interminables, propios de hombres mentalmente corrompidos y apartados de la verdad, que pretenden hacer de la piedad una fuente de ganancias.
6:6 Sí, es verdad que la piedad reporta grandes ganancias, pero solamente si va unida al desinterés.
6:7 Porque nada trajimos cuando vinimos al mundo, y al irnos, nada podremos llevar.
6:8 Contentémonos con el alimento y el abrigo.
6:9 Los que desean ser ricos se exponen a la tentación, caen en la trampa de innumerables ambiciones, y cometen desatinos funestos que los precipitan a la ruina y a la perdición.
6:10 Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos.

1 Carta a Timoteo 4,6-11: Exhortación a la piedad

Exhortación a la piedad
4:6 Si explicas todo esto a los hermanos, serás un buen servidor de Cristo Jesús, alimentado por las enseñanzas de la fe y de la buena doctrina que siempre seguiste fielmente.
4:7 Rechaza esos mitos ridículos, esos cuentos de viejas, y ejercítate en la piedad.
4:8 Los ejercicios físicos son de poca utilidad; la piedad, en cambio, es útil para todo, porque encierra una promesa de Vida para el presente y para el futuro.
4:9 Esta es doctrina cierta y absolutamente digna de fe.
4:10 Nosotros nos fatigamos y luchamos porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los que creen.
4:11 Predica esto y enséñalo.

1 Carta a Timoteo 2,8-15: El modo de orar

El modo de orar
2:8 Por lo tanto, quiero que los hombres oren constantemente, levantando las manos al cielo con recta intención, sin arrebatos ni discusiones.
2:9 Que las mujeres, por su parte, se arreglen decentemente, con recato y modestia, sin usar peinados rebuscados, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos.
2:10 Que se adornen más bien con buenas obras, como conviene a personas que practican la piedad.
2:11 Que las mujeres escuchen la instrucción en silencio, con todo respeto.
2:12 No permito que ellas enseñen, ni que pretendan imponer su autoridad sobre el marido: al contrario, que permanezcan calladas.
2:13 Porque primero fue creado Adán,
2:14 Y no fue Adán el que se dejó seducir, sino que Eva fue engañada y cayó en el pecado.
2:15 Pero la mujer se salvará, cumpliendo sus deberes de madre, a condición de que persevere en la fe, en el amor y en la santidad, con la debida discreción.

martes, 23 de septiembre de 2014

Proverbios 21,1-6.10-13: "El corazón del rey es una acequia en manos de Dios, la dirige adonde quiere (...) Practicar el derecho y la justicia Dios lo prefiere a los sacrificios (...) Ojos altivos, mente ambiciosa, el pecado es el distintivo de los malvados (...) Afán del malvado es buscar el mal, no mira con piedad a su prójimo"

Proverbios 21,1-6.10-13
Martes de la Semana 25 del Tiempo Ordinario II,

El corazón del rey es una acequia en manos de Dios, la dirige adonde quiere. Al hombre le parece siempre recto su camino, pero es Dios quien pesa los corazones. Practicar el derecho y la justicia Dios lo prefiere a los sacrificios. Ojos altivos, mente ambiciosa, el pecado es el distintivo de los malvados. Los planes del diligente traen ganancia, los del atolondrado traen indigencia. Tesoros ganados por boca embustera son humo que se disipa y lazos mortales. Afán del malvado es buscar el mal, no mira con piedad a su prójimo. Cuando el cínico la paga, aprende el inexperto, pero el sensato aprende con la experiencia. El honrado observa cómo la casa del malvado precipita al malvado en la ruina. Quien cierra los oídos al clamor del necesitado no será escuchado cuando grite.

miércoles, 4 de junio de 2014

Francisco explica el don de piedad: “no es poner cara de estampita, sino relación filial con Dios”

En la catequesis de esta mañana del miércoles, el Papa ha continuado con la serie sobre los dones del Espíritu Santo. Hoy se ha centrado en la piedad. En el resumen de la catequesis hecho por Francisco en español, ha dicho:

"Queridos hermanos y hermanas: En la catequesis de hoy mencioné el don de la piedad. Esta palabra, piedad, no tiene aquí el sentido superficial con que a veces la utilizamos: tener lástima de alguien. No, no tiene ese sentido.  La piedad, como don del Espíritu Santo, se refiere más bien a nuestra relación con Dios, al auténtico espíritu religioso de confianza filial, que nos permite rezar y darle culto con amor y sencillez, como un hijo que habla con su padre. Es sinónimo de amistad con Dios, esa amistad en la que nos introdujo Jesús, y que cambia nuestra vida y nos llena el alma de alegría y de paz. Este es el don del Espíritu Santo, que nos lleva a vivir como verdaderos hijos de Dios, nos lleva también a amar al prójimo y a reconocer en él a un hermano. En este sentido, la piedad incluye la capacidad de alegrarnos con los que están alegres y de llorar con quien llora, de acercarnos a quien se encuentra solo o angustiado, de corregir al que yerra, de consolar al afligido, de atender y socorrer a quien pasa necesidad. Pidamos al Señor que este don de su Espíritu venza nuestros miedos y nuestras dudas, y nos convierta en testigos valerosos del Evangelio".

— Catequesis completa del santo Padre sobre el don de piedad

Queridos hermanos y hermanas, ¡buen día! Hoy queremos detenernos sobre un don del Espíritu Santo que tantas veces es entendido mal o considerado de manera superficial, y que en cambio toca el corazón de nuestra identidad y de nuestra vida cristiana: se trata del don de la piedad.

Es necesario aclarar enseguida que este don no se identifica con tener compasión de alguien, o tener piedad del prójimo, pero indica nuestra pertenencia a Dios y nuestra relación profunda con Él, una relación que da sentido a toda nuestra vida y que nos mantiene firmes, en comunión con Él, también en los momentos más difíciles y complicados.

Esta relación con el Señor no se debe entender como un deber o una imposición, es una relación que viene desde adentro. Se trata en de una relación vivida con el corazón: es nuestra amistad con Dios, que nos la dona Jesús, una amistad que cambia nuestra vida y nos llena de entusiasmo y de alegría. Por este motivo, el don de la piedad despierta en nosotros sobre todo la gratitud y la alabanza.

Este es de hecho el sentido más auténtico de nuestro culto y de nuestra adoración. Cuando el Espíritu Santo nos hace percibir la presencia del Señor y todo su amor por nosotros, nos calienta el corazón y nos mueve casi naturalmente a la oración y a la celebración. Piedad, por lo tanto es sinónimo de auténtico espíritu religioso, de confianza filial con Dios, de aquella capacidad de rezarle con amor y simplicidad que es propio de las personas humildes de corazón.

Si el don de la piedad nos hace crecer en la relación y en la comunión con Dios y nos lleva a vivir como hijos suyos, al mismo tiempo nos ayuda a derramar este amor también sobre los otros y a reconocerlos como hermanos. Y entonces sí, que seremos movidos por sentimientos no de 'piadosidad' -no de falsa piedad- hacia quienes tenemos a nuestro lado y a quienes encontramos cada día.

Y digo no de 'piadosidad', porque algunos piensan que tener piedad es cerrar los ojos poner cara de imagencita, hacer teatro de ser como un santo, como lo dice un refrán en piamontés: (...)

Seremos capaces de alegrarnos con quien está en la alegría, de llorar con quien llora, de estar cerca de quien está solo y angustiado, de corregir a quien está en el error, de consolar a quien está afligido, de acoger y socorrer a quien está en la necesidad.

Hay una relación entre el don de la piedad y la mitezza, el don de la piedad que nos da el Espíritu Santo, hace mansos.

Queridos amigos, en la carta a los Romanos el apóstol Pablo afirma: “Todos aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para caer en el miedo, pero han recibido el Espíritu que les vuelve hijos adoptivos, por medio de quien gritamos: “¡Abbá, Padre!”.

Pidamos al Señor que el don de su Espíritu puede vencer nuestro temor y nuestras incertezas, y también a nuestro espíritu inquieto e impaciente. Y pueda volvernos testimonios alegres de Dios y de su amor. Adorando al señor en la verdad y en el servicio al prójimo, con la mansedumbre que el Espíritu Santo nos da en la alegría.

Fuente: Rocio Lancho, Zenit.org

martes, 17 de septiembre de 2013

VIERNES DE LA 24 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar (Lecturas)

I Timoteo 6,2c-12
Salmo 48: Dichosos los pobres en el espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos
Lucas 8,1-3

I Timoteo 6,2c-12

Querido hermano: Esto es lo que tienes que enseñar y recomendar. Si alguno enseña otra cosa distinta, sin atenerse a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que armoniza con la piedad, es un orgulloso y un ignorante, que padece la enfermedad de plantear cuestiones inútiles y discutir atendiendo sólo a las palabras. Esto provoca envidias, polémicas, difamaciones, sospechas maliciosas, controversias propias de personas tocadas de la cabeza, sin el sentido de la verdad, que se han creído que la piedad es un medio de lucro. Es verdad que la piedad es una ganancia, cuando uno se contenta con poco. Sin nada venimos al mundo, y sin nada nos iremos de él. Teniendo qué comer y qué vestir nos basta. En cambio, los que buscan riquezas caen en tentaciones, trampas y mil afanes absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la perdición y la ruina. Porque la codicia es la raíz de todos los males, y muchos, arrastrados por ella, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos. Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de todo esto; practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos.

Salmo 48: Dichosos los pobres en el espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas?
¿Si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?
R. Dichosos los pobres en el espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos

Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.
R. Dichosos los pobres en el espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.
R. Dichosos los pobres en el espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos

Aunque en vida se felicitaba:
"Ponderan lo bien que lo pasas",
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.
R. Dichosos los pobres en el espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos

Lucas 8,1-3

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.