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miércoles, 21 de agosto de 2024

Libro de Josué 24,1-33: El pacto de Siquem

Libro de Josué
Capítulo 24

LA GRAN ASAMBLEA DE SIQUEM
Recuerdo de la vocación de Israel

1 Josué reunió a las tribus de Israel en Siquén. 
   Convocó a los ancianos de Israel, a los jefes de familia, a los jueces y escribas, 
   y se presentaron ante el Señor. 
2 Josué habló al pueblo: 
   –Así dice el Señor, Dios de Israel: Al otro lado del río Éufrates vivieron antiguamente sus padres, 
   Téraj, padre de Abrahán y de Najor, sirviendo a otros dioses. 
3 Pero yo tomé a Abrahán, su padre, del otro lado del río, 
   lo conduje por todo el país de Canaán y multipliqué su descendencia dándole a Isaac. 
4 A Isaac le di Jacob y Esaú. A Esaú le di en propiedad la montaña de Seír, 
   mientras que Jacob y sus hijos bajaron a Egipto. 
5 Envié a Moisés y a Aarón para castigar a Egipto con los portentos que hice, 
   y después los saqué de allí. 
6 Saqué de Egipto a sus padres, y llegaron al mar. 
   Los egipcios persiguieron a sus padres con caballería y carros hasta el Mar Rojo; 
7 pero gritaron al Señor, y él puso una nube oscura entre ustedes y los egipcios; 
   después desplomó sobre ellos el mar, cubriéndolos. 
   Sus ojos vieron lo que hice en Egipto. Después vivieron en el desierto muchos años. 
8 Los llevé al país de los amorreos, que vivían en Transjordania; 
   los atacaron y se los entregué; ustedes se apoderaron de sus territorios; 
    y yo se los quité de delante. 
9 Entonces Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, atacó a Israel; 
   mandó llamar a Balaán, hijo de Beor, para que los maldijera; 
10 pero yo no quise oír a Balaán, que no tuvo más remedio que bendecirlos, 
     y los libré de sus manos. 
11 Pasaron el Jordán y llegaron a Jericó. Los jefes de Jericó los atacaron: 
     los amorreos, fereceos, cananeos, hititas, guirgaseos, heveos y jebuseos, pero yo se los entregué; 
12 sembré el pánico ante ustedes, y expulsaron a los dos reyes amorreos 
     no con tu espada ni con tu arco; 
13 y les di una tierra por la que no habían sudado, ciudades que no habían construido 
     y en las que ahora viven; viñedos y olivares que no habían plantado y de los que ahora comen.

Israel elige a Yahvé
 
14 Por lo tanto, teman al Señor y sírvanlo con toda sinceridad; 
     dejen de lado a los dioses que sirvieron sus padres al otro lado del río y en Egipto, 
     y sirvan al Señor. 
15 Y si no están dispuestos a servir al Señor, elijan hoy a quién quieren servir: 
     a los dioses que sirvieron sus padres al otro lado del río 
     o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitan, que yo y mi familia serviremos al Señor. 
16 El pueblo respondió: 
     –¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para ir a servir a otros dioses! 
17 Porque el Señor, nuestro Dios, es quien nos sacó a nosotros 
     y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto, quien hizo ante nuestros ojos 
     aquellos grandes prodigios, nos guardó en todo nuestro peregrinar 
     y entre todos los pueblos que atravesamos. 
18 El Señor expulsó ante nosotros a los pueblos amorreos que habitaban el país. 
     Por eso también nosotros serviremos al Señor: ¡él es nuestro Dios! 
19 Josué dijo al pueblo: 
     –No podrán servir al Señor, porque es un Dios santo, un Dios celoso. 
     No perdonará sus delitos ni sus pecados. 
20 Si abandonan al Señor y sirven a dioses extranjeros, se volverá contra ustedes, 
     y después de haberlos tratado bien, los maltratará y aniquilará. 
21 El pueblo respondió: –¡No! Serviremos al Señor. 
22 Josué insistió: 
     –Son testigos contra ustedes mismos de que han elegido servir al Señor. 
     Respondieron: 
     –¡Somos testigos! 
23 –Entonces dejen de lado los dioses extranjeros que conservan 
     y pónganse de parte del Señor, Dios de Israel. 
24 El pueblo respondió: 
     –Nosotros serviremos al Señor, nuestro Dios, y le obedeceremos. 

El pacto de Siquén

25 Aquel día Josué selló una alianza con el pueblo y les dio leyes y mandatos en Siquén. 
26 Escribió las cláusulas en el libro de la ley de Dios, agarró una gran piedra y la erigió allí, 
     bajo la encina del santuario del Señor, 
27 y dijo a todo el pueblo: 
    –Miren esta piedra, que será testigo contra nosotros, 
    porque ha oído todo lo que el Señor nos ha dicho. 
    Será testigo contra ustedes para que no renieguen de su Dios. 
28 Luego despidió al pueblo, cada cual a su herencia. 

Muerte de Josué
Jc 2,6-10

29 Algún tiempo después murió Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, a la edad de ciento diez años. 
30 Lo enterraron en el territorio de su herencia, en Timná Séraj, en la serranía de Efraín, 
     al norte del monte Gaas. 
31 Israel sirvió al Señor mientras vivió Josué y durante toda la vida de los ancianos 
     que le sobrevivieron y que habían visto las hazañas del Señor en favor de Israel. 

Los huesos de José
Muerte de Eleazar

32 Los huesos de José, traídos por los israelitas de Egipto, los enterraron en Siquén, 
     en el campo que había comprado Jacob a los hijos de Jamor, padre de Siquén, por cien pesos, 
     y que pertenecía a los hijos de José. 
33 También murió Eleazar, hijo de Aarón. Lo enterraron en Guibeá, población de su hijo Fineés, 
     que la había recibido en propiedad en la serranía de Efraín.


martes, 20 de agosto de 2024

Libro de Josue 9,1-27: Tratado entre Israel y los gabonitas

Libro de Josué
Capítulo 9
EL TRATADO ENTRE ISRAEL Y LOS GABAONITAS

Coalición contra Israel

1 Cuando se enteraron los reyes de Cisjordania, de la montaña, de la Sefela 
   y de toda la costa mediterránea hasta el Líbano –hititas, amorreos, cananeos, fereceos, heveos 
   y jebuseos– 
2 se aliaron para luchar contra Josué e Israel bajo un mando único. 
3 Los de Gabaón se enteraron de lo que había hecho Josué con Jericó y con Ay

Engaño de los gabaonitas
 
4 y actuaron por su parte astutamente; fueron y tomaron provisiones, 
   cargaron los burros con alforjas viejas y odres de vino viejos, rotos y recosidos; 
5 se pusieron sandalias viejas y remendadas y se echaron encima unos mantos viejos; 
   todo el pan que llevaban de comida era pan duro y desmigajado. 
6 Fueron al campamento de Guilgal y dijeron a Josué y a los israelitas: 
   –Venimos de un país lejano. Hagan un tratado de paz con nosotros. 
7 Los israelitas respondieron a aquellos heveos: 
   –A lo mejor viven aquí cerca. ¿Cómo vamos a hacer un tratado de paz con ustedes? 
8 Ellos contestaron a Josué: 
   –Somos vasallos tuyos. Él insistió: 
   –¿Quiénes son ustedes y de dónde vienen? 
9 Le respondieron: –Venimos de un país muy lejano, atraídos por la fama del Señor, tu Dios; 
   porque hemos oído hablar de él, de todo lo que hizo en Egipto, 
10 y de la manera cómo trató a los dos reyes amorreos de Transjordania: 
     Sijón, rey de Jesbón, y Og, rey de Basán, en Astarot. 
11 Nuestros ancianos y la gente de nuestro país nos encargaron: 
     Tomen provisiones para el viaje y marchen a su encuentro a ofrecerse como vasallos suyos. 
     Hagan por tanto una alianza con nosotros. 
12 Miren nuestro pan: lo tomamos caliente en casa el día que emprendimos el viaje hasta aquí, 
     y ya lo ven, está duro y convertido en migajas. 
13 Éstos son los odres de vino: los llenamos nuevos, y ahora están rotos. 
     Éstos son nuestros mantos y las sandalias, gastados por el largo camino.
14 Entonces los israelitas probaron de las provisiones de los viajeros, sin consultar al Señor. 
15 Y Josué les firmó un tratado de paz, comprometiéndose a respetar sus vidas; 
     así se lo juraron también los representantes de la asamblea. 
16 Pero tres días después de haber pactado con ellos se enteraron de que eran vecinos, 
     que vivían allí cerca; 
17 porque los israelitas levantaron el campamento 
     y al tercer día de marcha llegaron a sus poblados: Gabaón, Quefira, Beerot y Quiriat Yearim. 
18 No los atacaron, porque los representantes de la asamblea les habían hecho un juramento 
     por el Señor, Dios de Israel; pero toda la asamblea murmuró contra sus representantes.

Estatuto de los gabaonitas

19 Entonces los representantes dieron explicaciones a la asamblea: 
     –Nosotros les hicimos un juramento por el Señor, Dios de Israel; 
     así que ahora no podemos atacarlos. 
20 Pero vamos a hacer lo siguiente: respetaremos sus vidas, 
     y así no nos vendrá un castigo por quebrar el juramento que les hicimos. 
21 Los representantes les dijeron: Que queden con vida, 
     pero que sean leñadores y aguateros de todo el pueblo.
     Se acordó lo que habían propuesto los representantes. 
22 Josué mandó llamar a los gabaonitas y les dijo: 
     –¿Por qué nos engañaron, diciendo que eran de muy lejos, 
     siendo así que viven cerca de nosotros? 
23 Ahora pesa sobre ustedes una maldición, 
     serán para siempre leñadores y aguateros del templo de mi Dios. 
24 Le contestaron: –Nosotros, servidores tuyos, estábamos informados de lo que el Señor, 
     tu Dios, había dicho a su siervo Moisés: que les daría todo el país, 
     y a todos sus habitantes los aniquilaría ante ustedes; 
     entonces, temblando por nuestra vida, discurrimos aquello. 
25 Ahora estamos en tus manos: haz de nosotros lo que te parezca bien y justo. 
26 Josué los trató como había dicho: los protegió de los israelitas para que no los mataran, 
27 pero aquel día los hizo leñadores y aguateros de la asamblea y del altar del Señor, 
     hasta el día de hoy, donde el Señor quisiera. 


lunes, 19 de agosto de 2024

Libro de Josué 2,1-24: los espías

Los espías de Josué en Jericó

1 Josué, hijo de Nun, mandó en secreto dos espías desde Sittim 
   con el encargo de examinar el país diciéndoles: 
   –Vayan a inspeccionar el país. 
   Ellos se fueron, llegaron a Jericó, entraron en casa de una prostituta llamada Rajab 
   y se hospedaron allí.
2 Pero alguien dio aviso al rey de Jericó diciéndole: 
   –¡Cuidado! Esta tarde han llegado aquí unos israelitas y vienen a reconocer el país.
3 El rey de Jericó mandó a decir a Rajab: 
   –Saca a los hombres que han entrado en tu casa, 
   porque son espías y han venido a reconocer todo el país.
4 Ella, que había metido a los dos hombres en un escondite, respondió: 
   –Es cierto, vinieron aquí; pero yo no sabía de dónde eran.
5 Se fueron al caer la noche cuando se iban a cerrar las puertas de la ciudad 
   y no sé adónde habrán ido. Salgan enseguida tras ellos, porque todavía pueden alcanzarlos.
6 Rajab había hecho subir a los espías a la azotea, 
   y los había escondido entre los haces de lino que tenía apilados allí.
7 Los guardias salieron a perseguirlos por el camino del Jordán, hacia los vados; 
   en cuanto salieron, se cerraron las puertas de la ciudad.

El pacto entre Rajab y los espías

8 Antes de que los espías se durmieran, Rajab subió a la azotea,
9 y les dijo: –Sé que el Señor les ha entregado el país, 
   porque el terror que ustedes inspiran se ha apoderado de nosotros 
   y todos los habitantes han quedado espantados a la vista de ustedes;
10 porque hemos oído que el Señor cuando los sacó de Egipto 
     secó el agua del Mar Rojo ante ustedes 
     y también lo que hicieron con los dos reyes amorreos de Transjordania, 
     a quienes ustedes exterminaron;
11 al enterarnos de eso nuestro corazón desfalleció, ´
     y todos se han quedado sin aliento para enfrentarse con ustedes; 
     porque el Señor, su Dios, es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra.
12 Ahora, júrenme por el Señor, que así como yo los he protegido, 
     ustedes tendrán compasión de mi familia. Denme una señal segura
13 de que dejarán con vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y hermanas 
      y a todos los suyos y que nos librarán de la matanza.
14 Los hombres le dijeron: –¡Nuestra vida a cambio de la vida de ustedes, 
     con tal que no nos denuncies! Cuando el Señor nos entregue el país, 
     seremos buenos y leales contigo.
15 Entonces ella se puso a descolgarlos con una soga por la ventana, 
     porque la casa donde vivía estaba pegando a la muralla,
16 y les dijo: –Vayan al monte, para que no los encuentren los que andan buscándolos, 
     y quédense allí escondidos tres días, hasta que ellos regresen; 
     luego ustedes, podrán seguir su camino.
17 Ellos le contestaron: –Nosotros respondemos de ese juramento que nos has exigido, 
      con esta condición:
18 cuando nosotros entremos en el país, tú atarás esta cinta roja a la ventana 
     por la que nos descuelgas, y reunirás contigo, dentro de la casa a tu padre y tu madre, 
     a tus hermanos y toda tu familia.
19 El que salga a la calle, será responsable de su muerte, no nosotros; 
     en cambio nosotros seremos responsables de la muerte de cualquiera que esté contigo 
     en tu casa si alguien lo toca.
20 Pero si nos denuncias, no respondemos del juramento que nos has exigido.
21 Ella contestó: –De acuerdo. Y los despidió. Se marcharon, y ella ató a la ventana la cinta roja.

Vuelta de los espías

22 Se marcharon al monte, y estuvieron allí tres días, 
     hasta que regresaron los perseguidores; quienes por más que los buscaron por todo el camino, 
     no los encontraron.
23 Los dos hombres se volvieron monte abajo, cruzaron el río, 
     llegaron hasta Josué y le contaron todo lo que les había pasado
24 y le dijeron: –El Señor nos entrega todo el país. Toda la gente tiembla ante nosotros.

sábado, 24 de junio de 2023

Hechos 13,13-41: En Antioquía de Pisidia: discurso de Pablo

En Antioquía de Pisidia: discurso de Pablo

13 Navegando desde Pafos, Pablo y sus compañeros llegaron a Perge de Panfilia. 
     Juan se separó de ellos y se volvió a Jerusalén. 
14 Ellos continuaron desde Perge hasta Antioquía de Pisidia, 
     y entrando un sábado en la sinagoga, tomaron asiento. 
15 Terminada la lectura de la ley y los profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: 
     —Hermanos, si tienen alguna palabra de aliento para el pueblo, pueden decirla. 
16 Pablo se levantó y, pidiendo silencio con la mano, dijo: 
     —Israelitas y todos los que temen a Dios, escúchenme: 
17 El Dios de este pueblo, el Dios de Israel eligió a nuestros padres y engrandeció al pueblo 
     mientras residía en Egipto. Más tarde, con brazo poderoso los sacó de allí 
18 y durante cuarenta años los condujo por el desierto. 
19 Aniquiló a siete pueblos paganos de Canaán y entregó su territorio en heredad a Israel, 
20 por cuatrocientos cincuenta años; les dio jueces hasta el profeta Samuel. 
21 Entonces pidieron un rey y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, 
     que reinó cuarenta años. 
22 Lo depuso y nombró rey a David, de quien dio testimonio: Encontré a David, el de Jesé, 
     un hombre a mi gusto, que cumplirá todos mis deseos.
23 De la descendencia de David, según la promesa, sacó Dios a Jesús como salvador de Israel. 
24 Antes de su llegada Juan predicó un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel.
25 Hacia el fin de su carrera mortal Juan dijo: Yo no soy el que ustedes creen; 
     detrás de mí viene uno al que no tengo derecho a quitarle las sandalias de los pies. 


26 Hermanos, descendientes de Abrahán, y todos los que temen a Dios: 
     A ustedes se les envía este mensaje de salvación. 
27 Los vecinos de Jerusalén y sus jefes no acogieron a Jesús ni entendieron las palabras 
     de los profetas que se leen cada sábado. Pero, al juzgarlo, las cumplieron. 
28 Pidieron a Pilato que lo condenara, aunque no encontraron causa para una sentencia de muerte.
29 Cuando se cumplió todo lo escrito de él lo descolgaron del madero y le dieron sepultura. 
30 Pero Dios lo resucitó de la muerte 
31 y se apareció durante muchos días a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén. 
     Ellos son hoy sus testigos ante el pueblo. 
32 Y nosotros, les anunciamos a ustedes esta Buena Noticia: 
     la promesa que Dios hizo a nuestros padres 
33 fue cumplida por él a sus descendientes, que somos nosotros, resucitando a Jesús, 
     como está escrito en el salmo segundo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. 

34 Y que lo ha resucitado para que nunca se someta a la corrupción está anunciado así: 
     Cumpliré las santas promesas hechas a David, aquellas que no pueden fallar. 
35 Y en otro lugar dice: No permitirás que tu fiel sufra la corrupción. 
36 Ahora bien, David, después de haber cumplido la voluntad de Dios durante su propia generación, 
     murió, fue sepultado y sufrió la corrupción. 
37 En cambio, el que Dios resucitó no sufrió la corrupción.
38 Sépanlo, hermanos, se les anuncia el perdón de los pecados por medio de él, 
39 y todo el que crea será perdonado de todo lo que no pudo perdonar la ley de Moisés. 
40 ¡Tengan cuidado! Que no les suceda lo anunciado por los profetas: 
41 Ustedes, los que desprecian, llénense de estupor y ocúltense: Porque en estos días voy a realizar 
     algo que si alguien lo contara no lo podrían creer.

jueves, 6 de abril de 2023

Exodo 12,1-14: El Cordero Pascual

Exodo 12,1-14: El cordero pascual 
Cf. Esdras 6,19-22 Mateo 26,2; Marcos 14,1; Lucas 2,41; 1 Corintios 5, 7 


1 Dijo Yahveh a Moisés y Aarón en el país de Egipto:
2 "Este mes será para vosotros el comienzo de los meses; será el primero de los meses del año.
3 Hablad a toda la comunidad de Israel y decid: 
   El día diez de este mes tomará cada uno para sí una res de ganado menor por familia, 
   una res de ganado menor por casa.
4 Y si la familia fuese demasiado reducida para una res de ganado menor, 
   traerá al vecino más cercano a su casa, según el número de personas y conforme 
   a lo que cada cual pueda comer.
5 El animal será sin defecto, macho, de un año. Lo escogeréis entre los corderos o los cabritos.
6 Lo guardaréis hasta el día catorce de este mes; 
   y toda la asamblea de la comunidad de los israelitas lo inmolará entre dos luces.
7 Luego tomarán la sangre y untarán las dos jambas y el dintel de las casas donde lo coman.
8 En aquella misma noche comerán la carne. 
   La comerán asada al fuego, con ázimos y con hierbas amargas.
9 Nada de él comeréis crudo ni cocido, sino asado, con su cabeza, sus patas y sus entrañas.
10 Y no dejaréis nada de él para la mañana; lo que sobre al amanecer lo quemaréis.
11 Así lo habéis de comer: ceñidas vuestras cinturas, calzados vuestros pies, 
     y el bastón en vuestra mano; y lo comeréis de prisa. Es Pascua de Yahveh.
12 Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, 
     desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. 
     Yo, Yahveh.
13 La sangre será vuestra señal en las casas donde moráis. 
     Cuando yo vea la sangre pasaré de largo ante vosotros, 
     y no habrá entre vosotros plaga exterminadora cuando yo hiera el país de Egipto.
14 Este será un día memorable para vosotros, 
     y lo celebraréis como fiesta en honor de Yahveh de generación en generación. 
     Decretaréis que sea fiesta para siempre".

sábado, 23 de julio de 2022

Números 33,1-4: Las etapas del Éxodo: la salida de Egipto

Números 33,1-4:
Las etapas del Éxodo: la salida de Egipto

1 Estas son las etapas que recorrieron los israelitas cuando salieron de Egipto, 
   agrupados por regimientos, bajo la conducción de Moisés y Aarón.
2 Moisés consignó por escrito el punto inicial de cada etapa, por orden del Señor. 
   Los puntos iniciales de cada etapa fueron los siguientes:
3 El día quince del primer mes –el día siguiente a la Pascua– 
   los israelitas partieron de Ramsés. Salieron triunfalmente, a la vista de todo Egipto,
4 mientras los egipcios enterraban a sus primogénitos, que el Señor había herido de muerte, 
   dando así un justo escarmiento a sus dioses.

Números 23,16-30: El segundo oráculo de Balaam

Números 23,16-30:
El segundo oráculo de Balaam

16 El Señor se reveló a Balaam y se puso una palabra en su boca. 
     Luego le dijo: «Regresa adonde está Balac y háblale de esta manera».
17 Al llegar, lo encontró de pie junto a su holocausto, acompañado de los jefes de Moab. 
     Balac le preguntó: «¿Qué ha dicho el Señor?».
18 Entonces Balaam pronunció su poema, diciendo: 
     «¡Levántate, Balac, y escucha, préstame atención, hijo de Sipor!
19 Dios no es un hombre, para mentir; ni es un mortal, para desdecirse: 
     ¿Acaso él dice y no hace, promete una cosa y no cumple?
20 Yo recibí la misión de bendecir: él ha bendecido y no lo puedo contradecir.
21 No se ve ningún mal en Jacob ni se percibe ninguna desgracia en Israel. 
     El Señor, su Dios, está con él, y entre ellos se oye proclamar a un rey.
22 Dios, que lo hace salir de Egipto, es para él como los cuernos de un búfalo.
23 No hay magia en Jacob ni adivinación en Israel: 
     a su debido tiempo se le dirá a Jacob y a Israel lo que hace Dios.
24 Un pueblo se alza como una leona, se yergue como un león: 
     no se recuesta hasta devorar la presa y beber la sangre de sus víctimas».
25 Balac dijo entonces a Balaam: «Si no lo maldices, ¡por lo menos no lo bendigas!».
26 Pero Balaam respondió a Balac: «Ya te advertí que haría todo lo que el Señor me dijera».
27 Luego Balac dijo a Balaam: 
     «Ven, te llevaré a otro lugar. Tal vez Dios vea con buenos ojos que me los maldigas desde allí».
28 En seguida lo llevó a la cima del Peor, que domina la región desértica,
29 y Balaam dijo a Balac: «Constrúyeme aquí siete altares y prepárame siete novillos y siete carneros».
30 Balac hizo lo que Balaam le había indicado, y ofreció un novillo y un carnero en cada altar.

Números 22,1-14: El primer llamado de Balac a Balaam

Números 22,1-14:
El primer llamado de Balac a Balaam

1 Luego los israelitas reanudaron la marcha y fueron a acampar en las estepas de Moab, 
   el otro lado del Jordán, a la altura de Jericó.
2 Balac, hijo de Sipor, vio todo lo que los israelitas habían hecho a los amorreos,
3 y los moabitas sintieron un gran temor a la vista de ese pueblo tan numeroso. 
   Atemorizados por la presencia de los israelitas,
4 los moabitas dijeron a los ancianos de Madián: 
   «Ahora esta turba va a devorarlo todo a nuestro alrededor como un buey devora la hierba del campo». 
   Entonces Balac, hijo de Sipor, que era rey de Moab en aquel tiempo,
5 envió unos mensajeros a Balaam, hijo de Beor –que vivía en Petor, junto al Eufrates, 
   en el país en Petor, junto al Eufrates, en el país de los descendientes de Amav– 
   para que le hicieran esta invitación: «Un pueblo que salió de Egipto y cubrió toda la tierra se ha 
   establecido frente a mí.
6 Ven, por favor, y maldíceme a este pueblo, porque es más fuerte que yo. 
   Tal vez así podré derrotarlo y expulsarlo del país. Porque yo sé que el que tú bendices, 
   queda bendecido, y el que maldices, queda maldecido».
7 Los ancianos de Moab y de Madián partieron, llevando la retribución para el adivino. 
   Cuando se presentaron a Balaam y le transmitieron el mensaje de Balac,
8 Balaam les respondió: «Pasen aquí la noche, y yo les daré la respuesta que el Señor me inspire». 
   Entonces los jefes de Moab se quedaron con Balaam.
9 Pero Dios se manifestó a Balaam y le dijo: «¿Quiénes son esos hombres que están contigo?».
10 Balaam respondió a Dios: «Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, me envió este mensaje:
11 «Aquí hay un pueblo que salió de Egipto y cubrió toda la tierra. 
     Por eso, ven a maldecírmelo. Tal vez así podré combatir contra él y expulsarlo».
12 Dios dijo a Balaam: «No vayas con ellos ni maldigas a ese pueblo, porque está bendecido».
13 A la mañana siguiente, Balaam se levantó y dijo a los jefes enviados por Balac: 
     «Vuélvanse a su país, porque el Señor me prohíbe acompañarlos».
14 Entonces los jefes de Moab partieron, y cuando estuvieron de regreso dijeron a Balac: 
     «Balaam se niega a venir con nosotros».

jueves, 21 de julio de 2022

Números 20,14-21: El conflicto entre Israel y Edóm

Números 20,14-21:
El conflicto entre Israel y Edóm

14 Moisés envió desde Cades unos mensajeros al rey de Edom, con esta propuesta: 
     «Así habla tu hermano Israel: «Tú conoces todas las dificultades con que hemos tropezado.
15 Nuestros antepasados bajaron a Egipto, y allí estuvimos durante mucho tiempo. 
     Los egipcios nos trataron duramente, a nosotros y a nuestros antepasados.
16 Pero pedimos auxilio al Señor, y él escuchó nuestra voz y nos envió un Angel 
     que nos sacó de Egipto. Ahora estamos en Cades, la población que está al borde de tu territorio.
17 Déjanos pasar por tu país. No cruzaremos por los campos ni por los viñedos, 
     ni beberemos agua de los pozos. Iremos solamente por el camino principal, 
     sin desviarnos ni a la derecha ni a la izquierda, hasta que hayamos atravesado tu territorio».
18 Pero Edom les respondió: 
     «Ustedes no pasarán por aquí. Si lo hacen, saldré contra ustedes, espada en mano».
19 Los israelitas les respondieron: 
     «Iremos por la ruta, y si nosotros o nuestro ganado llegamos a beber agua, te la pagaremos. 
     Sólo queremos pasar a pie: es una cosa insignificante».
20 Pero ellos respondieron: «No pasarán».
      Y Edom salió a atacarlos con una tropa numerosa y bien armada.
21 Y Edom impidió que los israelitas pasaran por su territorio, ellos dieron un rodeo.

Números 20,1-13: La muerte de Miriam. El agua brotada de la roca

Números 20,1-13:
La muerte de Miriam. El agua brotada de la roca

1 En el primer mes, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, 
   y el pueblo se estableció en Cades. Allí murió y fue enterrada Miriam.
2 Como la comunidad no tenía agua, se produjo un amotinamiento contra Moisés y Aarón.
3 El pueblo promovió una querella contra Moisés diciendo: 
   «¡Ojalá hubiéramos muerto cuando murieron nuestros hermanos delante del Señor!
4 ¿Por qué trajeron a este desierto a la asamblea del Señor, para que muriéramos aquí, 
   nosotros y nuestro ganado?
5 ¿Por qué nos hicieron salir de Egipto, para traernos a este lugar miserable, donde no hay sembrados, 
   ni higueras, ni viñas, ni granados, y donde ni siquiera hay agua para beber?
6 Moisés y Aarón, apartándose de la asamblea, fueron a la entrada de la Carpa del Encuentro 
   y cayeron con el rostro en tierra. Entonces se les apareció la gloria del Señor,
7 y el Señor dijo a Moisés:
8 «Toma el bastón y convoca a la comunidad, junto con tu hermano Aarón. 
   Después, a la vista de todos, manden a la roca que dé sus aguas. 
   Así harás para ellos agua de la roca y darás de beber a la comunidad y a su ganado».
9 Moisés tomó el bastón que estaba delante del Señor, como él se lo había mandado.
10 Luego Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés lees dijo: 
     «¡Escuchen, rebeldes! ¿Podemos hacer que brote agua de esta roca para ustedes?».
11 Y alzando su mano, golpeó la roca dos veces con el bastón. 
     El agua brotó abundantemente, y bebieron la comunidad y el ganado.
12 Pero el Señor dijo a Moisés y a Aarón: 
     «Por no haber confiado lo bastante en mí para que yo manifestara mi santidad ante los israelitas, 
     les aseguro que no llevarán a este pueblo hasta la tierra que les he dado».
13 Estas son las aguas de Meribá –que significa «Querella»– donde los israelitas promovieron una 
     querella contra el Señor y con las que él manifestó contra el Señor y con las que él manifestó su 
     santidad.

martes, 19 de julio de 2022

Números 14,10-19: La indignación del Señor

Números 14,10-19:
La indignación del Señor

10 Toda la comunidad amenazaba con matarlos a pedradas, 
     cuando la gloria del Señor se manifestó a todos los israelitas en la Carpa del Encuentro.
11 Y el Señor dijo a Moisés: «¿Hasta cuándo este pueblo me seguirá despreciando? 
     ¿Hasta cuándo no creerán en mí, a pesar de los signos que realicé en medio de ellos?
12 Los voy a castigar con una peste y los voy a desheredar. 
     De ti, en cambio, suscitaré una nación mucho más fuerte que ellos».
13 Pero Moisés respondió al Señor: 
     «Cuando oigan la noticia los egipcios –de cuyo país sacaste a este pueblo gracias a tu poder–
14 se la pasarán a los habitantes de esa tierra. Ellos han oído que tú, Señor, 
     estás en medio de este pueblo; 
     que te dejas ver claramente cuando tu nube se detiene sobre ellos; 
     y que avanzas delante de ellos, de día en la columna de nube, y de noche en la columna de fuego.
15 Si haces morir a este pueblo como si fuera un solo hombre, las naciones que conocen tu fama, dirán:
16 «El Señor era impotente para llevar a ese pueblo hasta la tierra que le había prometido con un 
     juramento, y los mató en el desierto».
17 Por eso, Señor, manifiesta la grandeza de tu poder, como tú lo has declarado, cuando dijiste:
18 «El Señor es lento para enojarse y está lleno de misericordia. 
     El tolera la maldad y la rebeldía, pero no las deja impunes, 
     sino que castiga la culpa de los padres en los hijos y en los nietos hasta la cuarta generación».
19 Perdona, por favor, la culpa de este pueblo según tu gran misericordia 
     y como lo has venido tolerando desde Egipto hasta aquí».

Números 14,1-9: La rebelión de Israel

Números 14,1-9:
La rebelión de Israel

1 Entonces la comunidad en pleno prorrumpió en fuertes gritos, y el pueblo lloró toda aquella noche.
2 Los israelitas protestaban contra Moisés y Aarón, y toda la comunidad les decía: 
   ¡Ojalá hubiéramos muerto en Egipto! ¡Ojalá muriéramos en este desierto!
3 ¿Por qué el Señor nos quiere hacer entrar en esa tierra donde caeremos bajo la espada? 
   ¡Nuestras mujeres y nuestros hijos serán llevados como botín! ¡Más nos valdría regresar a Egipto!
4 Y se decían unos a otros: «¡Elijamos un jefe y volvamos a Egipto!».
5 Moisés y Aarón cayeron con el rostro en tierra delante de toda la comunidad de los israelitas 
   reunidos en asamblea.
6 Pero Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Iefuné –que estaban entre los que habían explorado el país– 
   rasgaron su ropa
7 y dijeron a toda la comunidad de los israelitas: 
   «La tierra que hemos recorrido y explorado es extraordinariamente buena.
8 Si el Señor nos favorece, nos hará entrar en esa tierra que mana leche y miel, y nos la dará.
9 Pero no se rebelen contra el Señor, ni le tengan miedo a la gente del país, 
   porque los venceremos fácilmente. 
   Su sombra protectora se ha apartado de ellos; 
   con nosotros, en cambio, está el Señor. ¡No les tengan miedo!».

Números 11,16-23: La respuesta del Señor

Números 11,16-23:
La respuesta del Señor

16 El Señor respondió a Moisés: «Reúneme a setenta de los ancianos de Israel 
     –deberás estar seguro de que son realmente ancianos y escribas del pueblo– 
     llévalos a la Carpa del Encuentro, y que permanezcan allí junto contigo.
17 Yo bajaré hasta allí, te hablaré, y tomaré algo del espíritu que tú posees, para comunicárselo a ellos. 
     Así podrán compartir contigo el peso de este pueblo, y no tendrás que soportarlo tú solo.
18 También dirás al pueblo: Purifíquense para mañana y comerán carne. 
     Ya que ustedes han llorado delante del Señor, diciendo: 
     «¡Si al menos tuviéramos carne para comer! 
     ¡Qué bien estábamos en Egipto!», el Señor les dará de comer carne.
19 Y no la comerán un día, ni dos, ni diez, ni veinte,
20 sino un mes entero, hasta que se les salga por las narices y les provoque repugnancia. 
     Porque han despreciado al Señor que está en medio de ustedes, y han llorado en su presencia, 
     diciendo: «¿Para qué habremos salido de Egipto?».
21 Moisés dijo entonces: «El pueblo que me rodea está formado por seiscientos mil hombres de a pie, 
     ¿y tú dices que le darás carne para comer un mes entero?
22 Si se degollaran ovejas y vacas, ¿alcanzarían para todos? 
     Y si se reunieran todos los peces del mar, ¿tendrían bastante?».
23 Pero el Señor respondió a Moisés: «¿Acaso hay límite para el poder del Señor? 
     En seguida verás si lo que acabo de decirte se cumple o no».

Números 11,4-9: Las quejas del pueblo en el desierto

Números 11,4-9:
Las quejas del pueblo en el desierto

4 La turba de los advenedizos que se habían mezclado con el pueblo se dejó llevar de la gula, 
   y los israelitas se sentaron a llorar a gritos, diciendo: «¡Si al menos tuviéramos carne para comer!
5 ¡Cómo recordamos los pescados que comíamos gratis en Egipto, 
    y los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos!
6 ¡Ahora nuestras gargantas están resecas! 
   ¡Estamos privados de todo, y nuestros ojos no ven nada más que el maná!».
7 El maná se parecía a la semilla de cilantro y su color era semejante al del bedelio.
8 El pueblo tenía que ir a buscarlo; una vez recogido, lo trituraban con piedras de moler 
   o lo machacaban en un mortero, lo cocían en una olla, y lo preparaban en forma de galletas. 
   Su sabor era como el de un pastel apetitoso.
9 De noche, cuando el rocío caía sobre el campamento, también caía el maná.

Números 9,1-14: Nuevas prescripciones sobre la Pascua

Números 9,1-14:
Nuevas prescripciones sobre la Pascua

1 En el primer mes del segundo año después de la salida de Egipto, 
   el Señor dijo a Moisés en el desierto del Sinaí:
2 «Que los israelitas celebren la Pascua en el tiempo establecido.
3 La celebrarán el día catorce de este mes, a la hora del crepúsculo, en el tiempo establecido, 
   ateniéndose estrictamente a las prescripciones del ritual».
4 Entonces Moisés mandó a los israelitas que celebraran la Pascua,
5 y el día catorce del primer mes, a la hora del crepúsculo, ellos la celebraron en el desierto del Sinaí. 
   Los israelitas lo hicieron exactamente como el Señor lo había ordenado a Moisés.
6 Sin embargo, había algunas personas que se encontraban en estado de impureza a causa 
   de un cadáver y no pudieron celebrar la Pascua ese día. Por eso se presentaron a Moisés y a Aarón 
   aquel mismo día
7 y les dijeron: «Aunque somos impuros a causa de un cadáver, ¿por qué nos vamos a ver excluidos de 
   presentar la ofrenda del Señor a su debido tiempo, como los demás israelitas?».
8 Moisés les respondió: 
   «Quédense aquí, mientras yo voy a oír las instrucciones que me da el Señor respecto de ustedes».
9 Entonces el Señor dijo a Moisés:
10 Habla en estos términos a los israelitas: 
     Si alguno de ustedes o alguno de sus descendientes cae en impureza a casa de un cadáver, 
     o está de viaje en un lugar lejano, también podrá celebrar la Pascua del Señor.
11 Pero lo harán en el segundo mes, el día catorce, a la hora del crepúsculo. 
     Comerán la víctima pascual con pan sin levadura y con hierbas amargas,
12 y no dejarán nada para la mañana siguiente. 
     No le quebrarán ningún hueso y celebrarán la Pascua ateniéndose estrictamente al ritual.
13 Pero si una persona que es pura y no está de viaje, deja de celebrar la Pascua, 
     será excluida de su pueblo, por no haber presentado la ofrenda del Señor en el tiempo establecido: 
     ese hombre cargará con su pecado.
14 Y si algún extranjero reside entre ustedes podrá celebrar la Pascua del Señor; 
     lo hará conforme a las prescripciones del ritual. 
     Las mismas prescripciones valdrán para todos ustedes, sean extranjeros o nativos del país.

miércoles, 13 de julio de 2022

Números 3,11-13: La elección de los levitas

La elección de los levitas

11 El Señor dijo a Moisés:
12 Entre todos los israelitas, en lugar de los primogénitos –de aquellos que abren el seno materno– 
     yo elijo a los descendientes de Leví. Los levitas me pertenecen,
13 porque todo primogénito me pertenece. Cuando exterminé a todos los primogénitos de Egipto, 
     consagré para mí a todos los primogénitos de Israel, hombres y animales, a fin de que fueran míos. 
     Yo soy el Señor.

martes, 12 de julio de 2022

Números 1,1-4: El censo de las doce tribus

El censo de las doce tribus

1 En el segundo año después de la salida de Egipto, el primer día del segundo mes, 
   el Señor dijo a Moisés en el desierto del Sinaí, en la Carpa del Encuentro:
2 Hagan un censo de toda la comunidad de los israelitas, por clanes y por familias, 
   anotando uno por uno los nombres de todos los varones,
3 Tú y Aarón registrarán a todos los hombres de Israel que son aptos para la guerra, es decir, 
   a los que tienen más de veinte años, agrupados por regimientos.
4 Para ello contarán con la ayuda de un jefe de familia por cada tribu.

Isaías 52,1-6: Despierta, Sión

Despierta, Sión

1 ¡Despierta, despierta, vístete de tu fuerza, Sión; vístete el traje de gala, Jerusalén, Santa Ciudad!, 
   porque no volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros. 
2 Sacúdete el polvo, ponte de pie, Jerusalén cautiva; desátate las correas del cuello, 
3 porque así dice el Señor: por nada fueron vendidos y sin pagar los rescataré. 
4 Porque así dice el Señor: Al principio mi pueblo bajó a Egipto, para residir allí como extranjero; 
   al final, Asur lo oprimió. 
5 Pero ahora, ¿qué hago yo aquí? –oráculo del Señor–. 
   A mi pueblo se lo llevan por nada, sus dominadores lanzan aullidos –oráculo del Señor– 
   y todo el día sin cesar desprecian mi Nombre. 
6 Por eso mi pueblo reconocerá mi Nombre, comprenderá aquel día que era yo el que hablaba, 
   y aquí estoy.

lunes, 11 de julio de 2022

Isaías 45.1-25: Investidura de Ciro

Investidura de Ciro

1 Así dice el Señor a su ungido, Ciro, a quien lleva de la mano: 
   Doblegaré ante él naciones, desarmaré a los reyes, abriré ante él las puertas, 
   los batientes no se le cerrarán.
2 Yo iré delante de ti allanándote cerros; haré trizas las puertas de bronce, 
   arrancaré los cerrojos de hierro, 
3 te daré tesoros ocultos, caudales escondidos. 
   Así sabrás que yo soy el Señor, que te llamo por tu nombre, el Dios de Israel.
4 Por mi siervo, Jacob; por Israel, mi elegido. 
   Te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. 
5 Yo soy el Señor, y no hay otro; fuera de mí no hay dios. 
   Te pongo la insignia, aunque no me conoces, 
6 para que sepan de oriente a occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro: 
7 artífice de la luz, creador de las tinieblas, autor de la paz, creador de la desgracia; 
   yo, el Señor, hago todo esto.  
8 Cielos, destilen el rocío; nubes, derramen la victoria; 
   ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia: yo, el Señor, lo he creado. 
9 ¡Ay del que pleitea con su artífice, vasija contra el alfarero! 
   ¿Acaso dice la arcilla al artesano: Qué estás haciendo, tu vasija no tiene asas? 
10 ¡Ay del que le dice al padre: ¿Qué engendras?, o a la mujer: ¿Por qué te retuerces? 
11 Así dice el Señor, el Santo de Israel, su artífice: Y ustedes, ¿van a pedirme cuentas de mis hijos? 
    ¿Me van a dar instrucciones sobre la obra de mis manos?
12 Yo hice la tierra y creé sobre ella al hombre; mis propias manos desplegaron el cielo, 
     y doy órdenes a su entero ejército. 
13 Yo lo he suscitado para la victoria y allanaré todos sus caminos: 
     él reconstruirá mi ciudad, libertará a mis deportados sin precio ni soborno 
     –dice el Señor Todopoderoso–. 
14 Así dice el Señor: Los obreros de Egipto, los mercaderes de Nubia 
     y los sabeos de alta estatura a ti pasarán, tuyos serán, tras de ti marcharán, 
     desfilarán en cadenas; se postrarán ante ti y te suplicarán: 
     Sólo en ti está Dios, y no hay más dioses.
15 Es verdad: Tú eres el Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador. 
16 Derrotados, fracasados todos juntos, se marchan con su fracaso los fabricantes de ídolos, 
17 mientras el Señor salva a Israel con una salvación perpetua, 
     y no serán derrotados ni fracasarán nunca jamás. 
18 Así dice el Señor, creador del cielo –él es Dios–, el que modeló la tierra, la fabricó y la afianzó; 
     no la creó vacía, sino que la formó habitable: Yo soy el Señor y no hay otro. 
19 No hablé a escondidas, en un país tenebroso; no dije a la estirpe de Jacob: 
     Búsquenme en el vacío. Yo soy el Señor que pronuncia sentencia y declara lo que es justo. 
20 Reúnanse, vengan, acérquense juntos, supervivientes de las naciones: 
     No discurren los que llevan su ídolo de madera y rezan a un dios que no puede salvar. 
21 Declaren, expongan las pruebas, que deliberen juntos: 
     ¿quién anunció esto desde antiguo, quién lo predijo desde entonces? 
     ¿No fui yo, el Señor? No hay otro Dios fuera de mí. 
     Yo soy un Dios justo y salvador, y no hay ninguno más. 
22 Vengan a mí para ser salvados, confines de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay otro. 
23 Lo juro por mi Nombre, de mi boca sale una sentencia, una palabra irrevocable: 
     Ante mí se doblará toda rodilla, por mí jurará toda lengua. 
24 Dirán: Sólo el Señor tiene la justicia y el poder. 
     A él vendrán derrotados los que se enfurecían contra él, 
25 por el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.

Isaías 43,1-7: Rescate del pueblo

Rescate del pueblo

1 Y ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob; el que te formó, Israel: 
   No temas, que te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú eres mío.
2 Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo, la corriente no te anegará; 
   cuando pases por el fuego, no te quemarás, la llama no te abrasará.
3 Porque yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador. 
   Como rescate tuyo entregué a Egipto, a Etiopía y Sabá a cambio de ti; 
4 porque te aprecio y eres valioso y yo te quiero, entregaré hombres a cambio de ti, 
   pueblos a cambio de tu vida: 
5 no temas, que contigo estoy yo; desde oriente traeré a tu descendencia, desde occidente te reuniré.
6 Diré al Norte: Entrégalo; al Sur: No lo retengas; 
   tráeme a mis hijos de lejos y a mis hijas del confín de la tierra; 
7 a todos los que llevan mi Nombre, a los que creé para mi gloria, a los que hice y formé.