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jueves, 8 de diciembre de 2022

¿Estaban los padres de la Iglesia en contra del dogma de la Inmaculada Concepción? por Alex Grandet y José Miguel Arráiz



Pregunta: Un amigo protestante me ha mostrado un artículo donde se muestran citas de los padres de la Iglesia donde ellos negaban que la Virgen María hubiera sido concebida sin pecado. Se las anexo en espera de que me puedan aclarar si esto es cierto y las razones que tenían para hacerlo.

Respuesta: Estimado hermano, antes de comentar las citas que nos envías, te sugiero leer estos dos artículos donde se analiza de manera detallada la historia del dogma de la inmaculada concepción y lo que han dicho los padres de la Iglesia al respecto: Historia del dogma de la inmaculada concepción, por Pascual Rambla, La inmaculada concepción, Enciclopedia Católica

En ellos se explica a detalle cómo fue avanzando la Iglesia en la comprensión de esta verdad de fe, las dificultades que encontró al tratar de conciliar esta doctrina con la universalidad del pecado original y como estas dificultades fueron posteriormente superadas. Ahora entremos a analizar las citas patrísticas que tu amigo protestante te ha suministrado.

San Agustín (354-430)

San Agustín (354-430),obispo de Hipona y doctor de la iglesia combatió la idea de que María hubiera nacido sin mancha del pecado original, en Psalm 34, sermón 3, dice: “María murió por causa del pecado original transmitido desde Adán a todos sus descendientes”. Y en su escrito De Peccatorum Meritis, declara que la carne de María era «carne de pecado» y que María que descendía de Adán, murió a consecuencia del pecado.

Esta cita es falsa. Puede consultarse la exposición del Salmo 34 de san Agustín en Exposition on Psalm 34; y el otro texto citado aquí en De Peccatorum Meritis.

La primera cita que al principio pensamos había sido literalmente inventada, posteriormente comprobamos (gracias al intento que hizo el autor del sitio Web cristianismo-primitivo para reivindicarla) que no es más que una manipulación de otra bastante distinta, que es esta: «Maria ex Adam mortua propter peccatum, Adam mortuus propter».

Si se compara con la cita fraudulenta y manipulada, ni se menciona el pecado original ni se dice que se transmitió a María. Han necesitado aumentar y deformar la frase para adaptarla. Adicionalmente a esto el autor omite que cuando san Agustín disputando con Juliano (un hereje partidario del pelagianismo), es acusado por este de atribuir a María la condición pecadora en virtud de su defensa de la universalidad del pecado original. Juliano rechazaba la doctrina del pecado original mientras que san Agustín la defendía. Juliano argumentaba que san Agustín al defender la doctrina del pecado original estaba afirmando que María era una pecadora.

Decía Juliano: “«Tú entregas a María al diablo por razón del nacimiento», es decir, si afirmas que el pecado original se trasmite por generación natural, María fue súbdita del diablo, porque de esta manera descendió y de este modo fue concebida por sus padres”, a esto san Agustín no concedió que María hubiera sido concebida en pecado sino que respondió: “No consignamos a María al diablo por la condición de su nacimiento –ésta era la acusación-, sino que –esta era la respuesta- la condición del nacimiento fue eliminada por la gracia de la regeneración”, (San Agustín, C. Iul. O. i. 4,122).

También escribió: “Excepción hecha de la santa Virgen María, de la que, por el honor debido al Señor, no tolero en absoluto que se haga mención cuando se habla de pecado…” (San Agustín. De nat. et. gr. 36,42)

Lo más curioso es que a pesar de que la cita es fraudulenta ha sido copiada sin verificar por numerosos sitios protestantes que no se han molestado en verificar la fuente.

Nota: Luego de que se iniciara un debate en Catholic.net sobre esta controversial cita, un apologeta protestante tuvo que reconocer que san Agustín creía que María nunca había cometido pecado en toda su vida, defendiendo solo que él creía que ella había contraido el pecado original. Evidentemente esta confesión ya de por sí dice mucho del pensamiento de Agustín, siglos distante al pensamiento protestante que afirma que María era una «pecadora». Es importante notar que también han sido incapaces de verificar la segunda cita atribuida a san Agustín, donde se dice que María era «carne de pecado» contraria a las mismas palabras de Agustín de que la carne de María era la misma que la de Jesús.

San Ambrosio (340-397)

Ambrosio, doctor de la iglesia y obispo de Milán dice: “Jesús es El solo a quien los brazos del pecado no vencieron; ninguna creatura concebida por el contacto del hombre y la mujer, ha sido exceptuada del pecado original; solo ha sido exceptuado Aquel que fue concebido sin aquel contacto y de una virgen, por obra del Espíritu Santo” (Comentario al Salmo 118). Luego del comentario del Salmo 118 de San Ambrosio nos encontramos que no solo no dice eso, sino todo lo contrario:

“Venid, pues, descubrid a vuestras ovejas, no a través de vuestros sirvientes o empleados, hacedlo por vosotros mismos. Alzadme corporalmente y en la carne, la cual ha caído por Adán. Levantadme no de Sara, sino de María, la Virgen no únicamente incorrupta sino la Virgen a quien la gracia ha hecho intacta, libre de cualquier mancha de pecado”. (Comentario al Salmo 118:22-30).

Eusebio de Cesárea (265-340)

“Ninguno está exento de la mancha del pecado original, ni aun la madre del redentor del mundo. Solo Jesús se hallo exento de la ley del pecado aun cuando halla nacido de una mujer sujeta al pecado”, (Emiss,en Orat.2 de Nativ.). La obra de Harnack «Altchrist. Lit.», en las páginas 554 y siguientes, nos menciona la obra total de Eusebio de Cesárea:

(1) La vida de Pánfilo, (2) Un antiguo Martirologio, (3) Sobre los Mártires de Palestina, (4) La Crónica, (5) Historia Eclesiástica, (6) Vida de Constantino, IV Libros., (7) Contra Hierocles, (8 ) Contra Porfirio, (9) «Præparatio Evangelica», en XV Libros., (10) «Demonstratio Evangelica», (11) «Præparatio Ecclesiastica», (12) «Demonstratio Ecclesiastica», (13) Objeciones y defensa, en II Libros, (14) La Teofanía, (15) Sobre la genealogía de los antiguos, (16) Eusebio narra en la «Vida de Constantino» (IV, 36, 37), como fue comisionado por el emperador a preparar quinces copias de la Biblia para uso de las Iglesias de Constantinopla., (17) Sesiones y Cánones., (18 ) Una edición de la Septuaginta, (19) (a) Interpretación etimológica de vocablos hebreos de las Escrituras; (b) Cronografía de los Patriarcas de Judea; (c) A plan of Jerusalem and the Temple; (d) Sobre los nombres y lugares de las Escrituras., (20) Nomenclatura sobre los nombres de los libros de los Profetas, (21) Comentarios sobre los Salmos, (22) Comentario sobre Isaías., (23 al 28 ) Comentarios sobre diferentes libros de las Escrituras (perdidos), (29) Comentario de San Lucas (perdido), (30) Comentario de la I de Corintios (perdido), (31) Comentario a los hebreos (perdido),(32) Sobre las Discrepancias de los Evangelios, II Libros, (33) Introducción a la teología (Perdido), (34) Apología para Orígenes, (35) «Contra Marcelo, Obispo de Ancira», (36) «Sobre la Teología de la Iglesia» (Solo existen fragmentos) , (37) «Sobre la Fiesta de la Pascua» (perdido), (38 ) Contra los maniqueos (perdido), (39) Dedicación a la Iglesia de Tiro, (40) Carta a Constantino, (41) Sobre la sepultura del Salvador, (42) «De Laudibus Constantini», (43) Plegaria de los Mártires, (44) Tres cartas: (a) A Alejandro de Alejandría (b) A Eufrasio (c) A la Emperatriz Constancia, (45) A la Iglesia de Cesárea,

Como vemos, del largo catálogo de obras de este historiador, no existe nada que pueda abreviarse como «Emiss,en Orat.2 de Nativ.».

Sus obras exegéticas se han perdido en su mayor parte, y ninguna de ellas aluden a una «orat. de Nativ»…en otras palabras, no existe en la obra de Eusebio de Cesárea ni un solo comentario a la Navidad, que imagino es lo que alude la cita, por lo que no podemos asumir que la cita es verdadera.

Tertuliano

Tertuliano, una de las autoridades máximas de la Iglesia Cristiana primitiva, advirtió en contra de esta suposición del nacimiento de María y además sostuvo que después del nacimiento de Cristo, José y María llevaron una vida matrimonial como la de cualquier otra pareja unida ante Dios en santo matrimonio.

Tertuliano es reconocido como un notable escritor eclesiástico muy leído en la Iglesia Católica antes de abrazar la herejía del montanismo y terminar luego fundando su propia secta (los tertulianitas). Llamarlo una de las máximas autoridades de la Iglesia cristiana primitiva es bastante exagerado.
Ahora bien, la cita en cuestión no tiene la fuente, y tampoco hemos encontramos ningún texto donde haga referencia a la inmaculada concepción en ninguna de sus obras. En sus obras rechaza más bien la virginidad de María en y después del parto. Escribe “aunque era virgen cuando concibió, fue mujer cuando dio a luz” (De Carne Christi 23) y por hermanos de Jesús entiende a los hijos de María según la carne. 

Posteriormente otro hereje (Helvidio) le citaría para apoyar su rechazo a la virginidad de María, a lo que san Jerónimo respondió: “Por lo que se refiere a Tertuliano no tengo más que decir que no era hombre de la Iglesia”. Sin embargo no se analiza ahora la posición de los padres de la Iglesia respecto a la virginidad de María, sino sobre la inmaculada concepción y no encontramos que en ese sentido la cita sea verdadera.

Papa Inocencio III

El papa Inocencio III, en el año 1226, dice: “Eva fue formada sin la culpa, y engendro en la culpa; María fue formada en la culpa, y engendro sin la culpa» (De Festo Assump.,Sermón 2).

No he encontrado ni una sola obra de Inocencio III llamada «De Festo Assump» que posea un sermón 2.

El papa Gelasio, en el año 492, escribia: “Corresponde sólo al Cordero Inmaculado el no tener pecado alguno” (Gelassii papae Dicta, Tomo 4,Colosenses). Otra cita bastante sospechosa, porque no existe ni un solo recurso que pruebe tal cita. “Gelasii” no es el nombre de ningún papa y ni siquiera existe esa palabra de forma latinizada.

Tampoco “dicta” existe en algún Diccionario de Latín-español. Lo más parecido a una obra similar es la Dictatus Papae atribuida al Papa Gregorio VII (no al Papa Gelasio) y demás está decir que no dice nada remotamente parecido a lo que la cita afirma.

Anselmo (1033-1109)

Anselmo, arzobispo y doctor de la iglesia escribió (OP.,P.92): “Si bien la concepción de Cristo ha sido inmaculada, no obstante , la misma Virgen de la cual El nació ha sido concebida en la iniquidad y nació con el pecado original, porque ella peco en Adán, así como por el todos pecaron”.

Lo más aproximado a la abreviación «OP. P» de san Anselmo es la obra Opuscula Patrum que es un compendio de Patrología que hizo la ed. Hurter de alemania en 1886 y que en él contiene la obra de san Anselmo llamada Monologium. En dicha obra no aparece en ningún lado lo que se cita en el párrafo anterior.

Papa Sixto IV

El papa Sixto IV, perteneciente a la orden de Scoto, prefirió guardar una prudente distancia en la disputa, e insistir en que «nada ha sido decidido todavía por la Iglesia romana y la sede apostólica». En otras palabras, a casi milenio y medio del nacimiento de María no existía ninguna certeza de que su concepción hubiera sido inmaculada.

Hay que objetar que esta afirmación oculta muchos acontecimientos que de haberlos mencionado mostrarían que ciertamente el papa Sixto IV estaba de acuerdo con la doctrina de la inmaculada concepción de la Virgen, simplemente no quiso hacer una declaración dogmática a este respecto.
El autor de esta cita por ejemplo, no dice que fue precisamente el papa Sixto IV quien emitió un Decreto de 28 de Febrero de 1476 donde adopta la fiesta de la inmaculada concepción para toda la Iglesia Latina y otorgó una indulgencia a todos cuantos asistieran a los Oficios Divinos de la solemnidad (Denzinger, 734). Esto ciertamente era un reconocimiento implícito de su apoyo a la doctrina.

Sixto IV en la Constitución Cum praeexcelsa, el 28 de febrero de 1476:

Cuando indagando con devota consideración, escudriñamos las excelsas prerrogativas de los méritos con que la reina de los cielos, la gloriosa Virgen Madre de Dios, levantada a los eternos tronos, brilla como estrella de la mañana entre los astros…: Cosa digna, o más bien cosa debida reputamos, invitar a todos los fieles de Cristo con indulgencia y perdón de los pecados, a que den gracias al Dios omnipotente (cuya providencia, mirando ab æterno la humildad de la misma Virgen, con preparación del Espíritu Santo, la constituyó habitación de su Unigénito, para reconciliar con su Autor la naturaleza humana, sujeta por la caída del primer hombre a la muerte eterna, tomando de ella la carne de nuestra mortalidad para la redención del pueblo y permaneciendo ella, no obstante, después del parto, virgen sin mancilla), den gracias, decimos, y alabanzas por la maravillosa concepción de la misma Virgen inmaculada y digan, por tanto, las misas y otros divinos oficios instituidos en la Iglesia y a ellos asistan, fin de que con ello, por los méritos e, intercesión de la misma Virgen, se hagan más aptos para la divina gracia.» (Magisterio de Sixto IV)

Sin embargo esto no calmó totalmente las disputas en este tema y entonces publicó en 1483 una constitución en la que penaba con la excomunión a todo aquel cuya opinión fuese acusada de herejía (Grave nimis, 4 de Septiembre de 1483; Denzinger, 735). Reprendía así a quienes predicaban que quienes creían que María había sido concebida sin mancha pecaban gravenente, y también reprendía a quienes acusaran de herejía a los maculinistas siendo que no había pronunciación dogmática a este respecto:

Sixto IV en De la Constitución Grave nimis, de 4 de septiembre de 1483:

A la verdad, no obstante celebrar la Iglesia Romana solemnemente pública fiesta de la concepción de la inmaculada y siempre Virgen María y haber ordenado para ello un oficio especial y propio, hemos sabido que algunos predicadores de diversas órdenes no se han avergonzado de afirmar hasta ahora públicamente en sus sermones al pueblo por diversas ciudades y tierras, y cada día no cesan de predicarlo, que todos aquellos que creen y afirman que la inmaculada Madre de Dios fue concebida sin mancha de pecado original, cometen pecado mortal, o que son herejes celebrando el oficio de la misma inmaculada concepción, y que oyendo los sermones de los que afirman que fue concebida sin esa mancha, pecan gravemente… Nos, por autoridad apostólica, a tenor de las presentes, reprobamos y condenamos tales afirmaciones como falsas, erróneas y totalmente ajenas a la verdad e igualmente, en ese punto, los libros publicados sobre la materia… [pero se reprende también a los que] se atrevieren a afirmar que quienes mantienen la opinión contraria, a saber, que la gloriosa Virgen María fue concebida con pecado original, incurren en crimen de herejía o pecado mortal, como quiera que no está aún decidido por la Iglesia Romana y la Sede Apostólica…

Así, como podrás ver las cosas no son como el autor de la cita intenta dar a entender.

Papa León I

El papa León I, en el año 440,afirmaba: “Sólo el Señor Jesucristo entre los hijos de los hombres nació inmaculado, porque El solo ha sido concebido sin la suciedad y la concupiscencia de la carne” (Sermón 24 de Nativ.Dom.). En el sermón 24 León I no dice lo que se le atribuye, puede verificarlo aquí: Sermón XXIV de la Fiesta de la Natividad.

Allí lo que realmente dice es: “En este Hijo de la Bienaventurada Virgen únicamente produjo una simiente que fue bendita y libre de la culpa de su linaje. Y cada uno participa de este origen espiritual en la regeneración; y cada uno, cuando renace, las aguas del bautismo son como el vientre de la Virgen; por que el mismo Espíritu Santo que llena la fuente, llenó a la Virgen, que el pecado que esta sagrada concepción ha derrocado, puede ser removido por esta agua mística”.

En este texto San León consideraba a María como totalmente llena del Espíritu Santo, y que pone similitud entre el agua del bautismo, liberador del pecado y el vientre de María. La cita que da el autor del artículo realidad corresponde al sermón 25 la cual hemos podido conseguir desde el latín:

Agnoscat igitur catholica fides in humilitate Domini gloriam suam, et de salutis suae sacramentis gaudeat Ecclesia, quae corpus est Christi: quia nisi Verbum Dei caro fieret et habitaret in nobis, nisi in communionem creaturae Creator ipse descenderet, et vetustatem humanam ad novum principium sua nativitate revocaret, regnaret mors ab Adam (Rom. V, 14) usque in finem, et super omnes homines condemnatio insolubilis permaneret, cum de sola conditione nascendi, una cunctis esset causa pereundi. Solus itaque inter filios hominum Dominus Jesus innocens natus est, quia solus sine carnalis concupiscentiae pollutione conceptus. Factus est homo nostri generis, ut nos divinae naturae possimus esse consortes. Originem quam sumpsit in utero virginis, posuit in fonte baptismatis; dedit aquae, quod dedit matri; virtus enim Altissimi et obumbratio Spiritus sancti (Luc. I, 35), quae fecit ut Maria pareret Salvatorem, eadem facit ut regeneret unda credentem. Quid autem sanandis aegris, illuminandis caecis, vivificandis mortuis aptius fuit, quam ut superbiae vulnera humilitatis remediis curarentur? Adam praecepta Dei negligens, peccati induxit damnationem; Jesus factus sub lege reddidit justitiae libertatem. Ille diabolo obtemperans usque ad praevaricationem, meruit ut in ipso omnes morerentur; hic Patri obediens usque ad crucem, fecit ut in ipso omnes vivificarentur. Ille cupidus honoris angelici, naturae suae perdidit dignitatem; hic infirmitatis nostrae suscipiens conditionem, propter quos ad inferna descendit, eo dem in coelestibus collocavit. Postremo illi per elationem lapso dictum est: Terra es, et in terram ibis (Genes. III, 19); huic per subjectionem exaltato dictum est: Sede a dextris meis, donec ponam inimicos tuos scabellum pedum tuorum (Ps. CIX, 1).

La cita en cuestión corresponde a esto:

«Solus itaque inter filios hominum Dominus Jesus innocens natus est, quia solus sine carnalis concupiscentiae pollutione conceptus.»

Sin embargo, san León escribe su homilía, no poniendo su mirada en María, sino atacando la herejía pelagiana. Porque, a pesar de esas palabras, hay una distinción entre «los hijos de los hombres» que el papa menciona, y la Virgen María.

Recordemos también, que en Occidente, la mariología no avanzó en esa época debido a las invasiones bárbaras, por lo que se constriñe a aplicarse en la conservación y difusión de los logros ya obtenidos, entre los pueblos invasores, no en el avance de la teología. Por eso, si leemos a los Padres de esa época, vemos que hay una ambivalencia: por un lado hablan de la universalidad del pecado original de la cual solo Cristo es excluido (para que los bárbaros no cayeron en la herejía de Pelagio), y por otro lado, alaban la singular santidad y pureza de María.

Por ejemplo, Fulgencio, en De ceritate praedest et gratiae Dei, lib 2, cap 2, nos dice prácticamente lo mismo que san León Magno en su Sermón XXV, 5. Pero en otra obra, en Sermo 2, De duplici Nativ Christi, No. 6, no toma reparos en admitir la absoluta santidad de María. En un comentario sobre el Saludo del Ángel a María, él explica con extremada precisión el significado de «llena de gracia», haciéndola prácticamente a lo que hoy se entiende como su inmunidad al pecado original. (Sermo 36, De laudibus Mariae ex partu Salvatoris; PL 65:899C).

Papa Gregorio el Grande (540-604)

El papa Gregorio el Grande, comentando Job 14:4 expresa que Jesucristo es el único que no ha sido concebido de sangre impura y verdaderamente puro en su carne.

La «New Advent Encyclopedia» nos da el siguiente listado de las obras de San Gregorio Grande: «Moralium Libri XXXV»; «Regulae Pastoralis Liber»; «Dialogorum Libri IV»; «Homiliarum in Ezechielem Prophetam Libri II»; «Homiliarum in Evangelia Libri II»; «Epistolarum Libri XIV»; «In Librum Primum Regum Variarum Expositionum Libri VI»; «expositio super Cantica Canticorum»; «Expositio in VII Psalmos Poenitentiales»; «Concordia Quorundam Testimoniorum S. Scripturae»

De todas estas él comenta el libro de Job en Moralium Libri XXXV. Lo que más se aproxima a la cita en cuestión es este texto de dicha obra:

Ver. 4. ¿Quién podrá sacar pureza de lo impuro? Nadie.
70. Él, que solo es puro por Sí mismo, es el que puede limpiar las cosas impuras. El hombre que vive en la carne corruptible, tiene la inmundicia de la tentación impresa en sí, la cual carga desde su nacimiento. Por su concepción, al ser por satisfacción carnal, es impuro. Por eso, el salmista dijo «He aquí que en maldad fui formado y en pecado me concibió mi madre» [Salmo 51, 7]. Tal es la razón por la que es frecuentemente tentado hasta en contra de sus deseos. Por eso es que él está sujeto a las impurezas en su mente, aún cuando se esfuerce contra ellas, porque siendo concebido en impureza, aún incluso después de su purificación, continúa esforzándose por lograr ser mejor de lo que es. Pero quien ha vencido los acechos de las tentaciones ocultas y ha dominado las impurezas del pensamiento, nunca debe atribuir esa pureza a sí mismo, ya que nadie puede purificar algo concebido en simiente impura, salvo Aquel quien Solo es puro por sí mismo. Puesto que según su juicio ya ha alcanzado la pureza, debe poner su mirada hacia el origen de su concepción, y por consiguiente se convenza a sí mismo que por su propia fuerza no tiene ninguna pureza de vida, ya que el comienzo de su existencia fue de forma impura. Pero el significado aquí, puede que el bienaventurado Job se refiriera a la Encarnación del Redentor, ya que este Hombre único en el mundo no fue concebido de semilla impura, Él que entró en el mundo desde el seno de la Virgen, que en nada ha provenido de una concepción impura. Él no procede del hombre y la mujer, sino del Espíritu Santo y de la Virgen María. Solo Él ha resultado ser verdaderamente puro en su carne, Él que fue incapaz de ser afectado por la satisfacción de la carne, siendo que no fue por la satisfacción de la carne que Él vino.

Sin embargo este texto en particular no podría ser utilizado para probar que el papa Gregorio el Grande estaba en contra de la perfecta santidad de María. En primer lugar porque en el texto en cuestión no afirma que ella fuera concebida de semilla impura, sino que Cristo no lo fue. Ni siquiera afirma que solamente él no lo fue. Si nos fijamos también la cita protestante ha sido alterada y se ha cortado lo que sigue, pues habla de la Virgen más adelante:

«Pero el significado aquí, puede que el bienaventurado Job se refiriera a la Encarnación del Redentor, ya que este Hombre único en el mundo no fue concebido de semilla impura, Él que entró en el mundo desde el seno de la Virgen, que en nada ha provenido de una concepción impura. Él no procede del hombre y la mujer, sino del Espíritu Santo y de la Virgen María. Solo Él ha resultado ser verdaderamente puro en su carne, Él que fue incapaz de ser afectado por la satisfacción de la carne, siendo que no fue por la satisfacción de la carne que Él vino.»

Es muy interesante que al hablar de la Concepción de Cristo, san Gregorio menciona juntos al Espíritu Santo y a María. La Concepción de Jesús fue pura…por que procede del Espíritu santo y….de María. Si san Gregorio pensara que María era impura, entonces no la colocaría junto al Espíritu santo ni haría la distinción entre María y las demás mujeres.

Conclusión

Con esto no pretendemos negar que a lo largo de la historia hubiera algunos padres de la Iglesia y escritores eclesiásticos que mostraron sus dudas respecto a la perfecta santidad de María (por ejemplo Santo Tomás de Aquino o San Juan Crisóstomo), ciertamente hubieron disputas en cuanto a este tema tal como lo explica en detalle los dos primeros enlaces que presentamos. Hay que tener en cuenta las dificultades que presentaba armonizar la universalidad del pecado original con la santidad perfecta de María y mientras la Iglesia no se hubiera pronunciado de forma definitiva en este punto el juicio privado en esta materia era permitido.

Sin embargo esperamos que el análisis de estas citas sirva para ser más precavidos, después de todo en internet pulula mucha información falsa, adulterada y muchas veces descontextualizada, y se comete frecuentemente el error de asumir que por estar publicada en la Web es verdadera. El problema se suele incrementar cuando otras personas toman dichas citas y las incorporan en nuevos estudios sin previamente verificarlas, generando así un círculo vicioso distorsionando la historia.

Las citas que nos has enviado aparecen en multitud de páginas de apologética protestante y son frecuentemente utilizadas por foristas protestantes en debates en Internet.

Autor: Alex Grandet
Colaborador: José Miguel Arráiz

Inmaculada Madre y Fuente de la Divina Misericordia, por el Dr. Juan Antonio Mateo García, Pbro. Sociedad Mariológica Española



Hace ya varios años fui invitado, en Roma, a un encuentro de profesores de teología con el gran teólogo Leo Scheffczyk. El tema que trató no fue otro que el del pecado original. Recuerdo una cita de san Agustín que comentó para nosotros el maestro alemán: “Nada tan oscuro para comprender, nada tan necesario de predicar”.

Ayudarnos a comprendernos

El pecado original, a pesar de su gran dificultad para ser comprendido, es imprescindible no sólo para la comprensión de la fe católica por lo que respecta a la realización del designio divino de salvación, sino también para la comprensión misma del ser y del actuar del hombre.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que “aunque propio de cada uno, el pecado original no tiene, en ningún descendiente de Adán, un carácter de falta personal. Es la privación de la santidad y de la justicia originales, pero la naturaleza humana no está totalmente corrompida: está herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado” (CIC, 405).

Miseria y misericordia

Es la situación de miseria en que se encuentra la naturaleza humana y, como decía bien san Juan de la Cruz, no puede entenderse la misericordia sin hablar de la miseria. El olvido de esta miseria comporta una falta de realismo que es fatal, en el significado más profundo del término, como también enseña la Iglesia:

“La doctrina sobre el pecado original, vinculada a la de la Redención de Cristo, proporciona una mirada de discernimiento lúcido sobre la situación del hombre y de su obrar en el mundo. Por el pecado de los primeros padres, el diablo adquirió un cierto dominio sobre el hombre, aunque éste permanezca libre. Ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educación, de la política, de la acción social y de las costumbres” (CIC, 407).

La Inmaculada Concepción de María

Todo esto es imprescindible para comprender que es y que significa la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Y es imprescindible para saber qué significa la misericordia de Dios.

Hay que recordar a muchos contemporáneos que “misericordia” viene de “miseria” y “corazón” y que no hay peor falsificación de la misericordia que aquella actitud que minimiza y justifica el pecado por una falsa indulgencia. Pasar por alto una situación de pecado, tranquilizar de manera engañosa al pecador, es la mayor falta de caridad posible. Nada más erróneo aquello de “humano es pecar”. Es lo más inhumano. Si no, Cristo y María no serían humanos.

Estos días he disfrutado mucho leyendo un excelente texto de Leo Scheffczyk. La obra se titula “El mundo de la fe católica. Verdad y forma” y la introducción corre a  cargo de Benedicto XVI. En esta obra se dedican páginas luminosas a la consideración de la Virgen María en la historia de la salvación. Cito el siguiente párrafo a propósito del tema sobre el que estamos reflexionando:

“La posición de María en la teología y en la religiosidad no puede compararse con la de ningún otro santo o apóstol, ya que ningún santo o apóstol tiene como persona individual una posición o un significado en el orden salvífico. Tal significado es un privilegio exclusivo de María debido a su relación singular con Cristo y con el misterio de la encarnación redentora a cuya expansión, crecimiento e integración ha contribuido, justo desde el lado humano”.

Leo Scheffczyk advierte que esta consideración de María como privilegiada no debe entenderse en el sentido de una realización arbitraria de Dios, como una excepción singular centrada en si misma desvinculada del designio universal de salvación de Dios. En una concepción semejante “la figura de María corre el riesgo del aislamiento y de constituirse únicamente como objeto de la admiración humana”. Olvidaríamos entonces algo esencial: que Dios nos eligió en Cristo para que fuéramos santos, inmaculados en su presencia.

La consideración de María en el conjunto y propósito de la historia de la salvación, según Scheffczyk, “nos hace comprensible cómo su ser pleno de gracia, su radical libertad respecto al pecado (“inmaculada concepción”)… no representan adornos arbitrarios, sino que corresponden a esa tarea que debía cumplir como mediadora en el evento redentor de Cristo”.

La inmaculada Concepción está en función de la dispensación de la misericordia de Dios que no abandona el hombre bajo el dominio del demonio, del pecado y de la muerte y que quiere reconducirlo a su designio original. María, en definitiva, por su inmaculada Concepción, se convierte así en Madre y fuente de la Misericordia.

María es la única persona humana objeto del amor de Dios en su expresión más primigenia. En Ella el Mal nunca halló nada suyo. Podríamos decir que Ella fue perfectamente amada y nunca “misericordeada”, utilizando un neologismo muy querido por el Papa Francisco. Expliquémoslo algo más.

Amor y misericordia

San Juan Pablo II, en su encíclica “Dives in misericordia” explica muy bien la diferencia entre “amor” y “misericordia”. Antes del pecado original,  la benevolencia de Dios hacia el hombre es sólo “amor”. No puede haber misericordia porque todavía no hay miseria y no olvidemos que la miseria mayor y fuente de todas las demás es el pecado. Cuando el hombre peca, pierde la gracia divina, se encuentra en una situación de extrema miseria, pero Dios le sigue amando, a pesar de su pecado e infidelidad.

En el famoso fragmento de Gn 3,15, el llamado proto-evangelio o primer anuncio de la salvación, y donde la Iglesia siempre ha reconocido la figura de la Virgen Inmaculada en la mujer que aplasta la cabeza de la serpiente, podemos decir que se inaugura el tiempo de la Divina Misericordia, tiempo que perdurará hasta la consumación de los siglos. En la comunidad celeste y definitiva de los bienaventurados ya no habrá misericordia, sino sólo amor puro pues ya nos habrá miseria.

La Virgen Inmaculada aparece así asociada a la irrupción definitiva en el mundo de la Divina Misericordia y a la dispensación de la misma a lo largo de todo el tiempo de la Iglesia. María es Madre Inmaculada de la Divina Misericordia pues Cristo sólo podía ser recibido en el mundo por alguien limpio de todo pecado.

Un año santo extraordinario de la Misericordia, por lo que hemos visto, sólo puede vivirse desde una perspectiva mariana. Eso sí, María siempre unida a Cristo. Es significativo el famoso sueño que tuvo Don Bosco sobre el combate arduo de la Iglesia y donde la victoria se sustenta en dos poderosas columnas unidas: La Eucaristía y la Inmaculada.

Que la Virgen Inmaculada nos ayude a vivir haciéndonos acoger la Misericordia de Dios en nuestras vidas y convirtiéndonos en apóstoles de esta Misericordia que el mundo necesita. Una vivencia auténtica y, por tanto, mariana de la Misericordia nos debe conducir a la permanente conversión de vida hacia la santidad.

8 cosas que necesitas saber sobre la Inmaculada Concepción



Este 8 de diciembre la Iglesia celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, doctrina de origen apostólico que fue proclamada dogma por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 con la bula "Ineffabilis Deus". Para entenderlo mejor y saber cómo celebrarlo, te presentamos a continuación ocho cosas que necesitas saber:

¿A quién se refiere la Inmaculada Concepción?

Hay una idea popular que se refiere a la concepción de Jesús por la Virgen María pero no es a este hecho al que se refiere esta solemnidad, sino a la manera especial en la cual fue concebida María. Esta concepción no fue virginal (es decir, que María tuvo un padre humano y una madre humana), pero fue especial y única de otra manera…

¿Qué es la Inmaculada Concepción?

La explicación está en el mismo Catecismo de la Iglesia Católica:

490 Para ser la Madre del Salvador, María fue «dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante». El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como «llena de gracia». En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios.

491 A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María «llena de gracia» por Dios (Lc 1,28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:

‘... la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano’.

¿Significa esto que María nunca pecó?

Sí. Debido a la forma de redención que se aplicó a María en el momento de su concepción, ella no solo fue protegida del pecado original, sino también del pecado personal. El Catecismo lo explica:

493 Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios «la Toda Santa» (Panaghia), la celebran «como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo». Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

¿Significa que María no necesitaba que Jesús muriera por ella en la cruz?

No. Lo que hemos citado es que María fue concebida inmaculadamente como parte de su ser «llena de gracia» y así «redimida desde el momento de su concepción» por «una singular gracia y privilegio de Dios Todopoderoso y por virtud de los méritos de Jesucristo, salvador de la raza humana». El Catecismo afirma:

492 Esta «resplandeciente santidad del todo singular» de la que ella fue «enriquecida desde el primer instante de su concepción», le viene toda entera de Cristo: ella es «redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo». El Padre la ha «bendecido [...] con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo» más que a ninguna otra persona creada. Él la ha «elegido en él antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor».

508 De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, «llena de gracia», es «el fruto más excelente de la redención»; desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

María y Eva

Adán y Eva fueron creados inmaculados –sin pecado original o su mancha. Ambos cayeron en desgracia y a través de ellos la humanidad estaba destinada a pecar. Cristo y María fueron también concebidos inmaculados. Ambos permanecieron fieles y a través de ellos la humanidad fue redimida del pecado. Jesús es por tanto el Nuevo Adán y María la Nueva Eva.

El Catecismo señala:

494 … «Ella, en efecto, como dice san Ireneo, ‘por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género humano’. Por eso, no pocos Padres antiguos, en su predicación, coincidieron con él en afirmar ‘el nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe lo desató la Virgen María por su fe’. Comparándola con Eva, llaman a María ‘Madre de los vivientes’ y afirman con mayor frecuencia: ‘la muerte vino por Eva, la vida por María’».

¿Cómo se hace María un ícono de nuestro destino?

Aquellos que mueren en la amistad con Dios y así para ir al Cielo serán liberados de todo pecado y mancha de pecado. Seremos así todos vueltos «inmaculados» (Latin, immaculatus = «intachable») si permanecemos fieles a Dios.

Incluso en esta vida, Dios nos purifica y prepara en santidad y, si morimos en su amistad pero imperfectamente purificados, él nos purificará en el purgatorio y nos volverá inmaculados. Al dar a María esta gracia desde el primer momento de su concepción, Dios nos muestra una imagen de nuestro propio destino. Él nos muestra que esto es posible para los seres humanos a través de su gracia. San Juan Pablo II señaló:

En contemplación de este misterio en una perspectiva mariana, podemos decir que «María, al lado de su Hijo, es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos. La Iglesia debe mirar hacia ella, Madre y Modelo, para comprender en su integridad el sentido de su misión».

«Fijemos, por tanto, nuestra mirada en María, icono de la Iglesia peregrina en el desierto de la historia, pero orientada a la meta gloriosa de la Jerusalén celestial, donde resplandecerá como Esposa del Cordero, Cristo Señor».

¿Era necesario para Dios que María fuera inmaculada en su concepción 
para que pudiera ser Madre de Jesús?

No. La Iglesia sólo habla de la Inmaculada Concepción como algo que era «apropiado», algo que hizo que hizo de María una «morada apropiada» (es decir, una vivienda adecuada) para el Hijo de Dios, no algo que era necesario. Así, en preparación para definir el dogma, el papa Pío IX declaró:

«…y por eso afirmaron (los Padres de la Iglesia) que la misma santísima Virgen fue por gracia limpia de toda mancha de pecado y libre de toda mácula de cuerpo, alma y entendimiento, y que siempre estuvo con Dios, y unida con Él con eterna alianza, y que nunca estuvo en las tinieblas, sino en la luz, y, de consiguiente, que fue aptísima morada para Cristo, no por disposición corporal, sino por la gracia original».

«Pues no caía bien que aquel objeto de elección fuese atacado, de la universal miseria, pues, diferenciándose inmensamente de los demás, participó de la naturaleza, no de la culpa; más aún, muy mucho convenía que como el unigénito tuvo Padre en el cielo, a quien los serafines ensalzan por Santísimo, tuviese también en la tierra Madre que no hubiera jamás sufrido mengua en el brillo de su santidad».

¿Cómo celebramos la Inmaculada Concepción hoy?

En el rito latino de la Iglesia Católica la Solemnidad de la Inmaculada Concepción es el 8 de diciembre y en muchos países es una fiesta de guardar; por tanto el fiel católico debe asistir a Misa.

Bula Ineffabilis Deus, Pío IX (1854): Sobre la Inmaculada Concepción de María

 



Bula Ineffabilis Deus
Pío IX, 8 de diciembre de 1854

sábado, 13 de agosto de 2022

¿Por qué los católicos creemos en la Asunción de la Virgen María?


La fiesta de la “Asunción de María” es una fecha importante para los católicos y esto nos debe mover a explicar este dogma: el último de los dogmas marianos declarados infaliblemente por un Papa.

En 1950 el Papa Pio XII en su encíclica “Munificentissimus Deus” declara:

“Virgen es presentada por los Santos Padres como nueva Eva, estrechamente unida al nuevo Adán, si bien subordinada a Él, en aquella lucha contra el enemigo infernal, que, como fue preanunciado en el Protoevangelio (Gen 3,15), habría terminado con la plenísima victoria sobre el pecado y sobre la muerte, siempre unidos en los escritos del Apóstol de las Gentes (cf. Rom, ce. 5 y 6; 1 Cor 15, 21-26; 54-57). Por lo cual, como la gloriosa resurrección de Cristo fue parte esencial y signo final de esta victoria, así también para María la común lucha debía concluir con la glorificación de su cuerpo virginal, porque, como dice el mismo Apóstol: Cuando... este cuerpo mortal sea revestido de inmortalidad, entonces sucederá lo que está escrito: la muerte fue absorbida en la victoria (1 Cor 15,54)".

Es importante indicar que no es lo mismo “Asunción” que “Ascensión”. La segunda acción se hace por propio poder, y solamente lo hizo Cristo, mientras que la primera consiste en que alguien más te lleve, como fue en el caso de María pues fue llevada por Dios a los cielos. Muchas veces, nuestros hermanos protestantes y de las sectas confunden estos dos conceptos tan diferentes entre si.

También critican este dogma afirmando que no viene en las Escrituras y es un invento de la Iglesia, por lo tanto, no debemos creer en él. Lo cierto es que este dogma es consecuencia directa de los 3 anteriores (maternidad divina, virginidad perpetua e inmaculada concepción); por ello, es ineludible no llegar a este dogma una vez habiendo formulado los otros tres.

¿Cuáles son las evidencias bíblicas 
para la asunción de María?

Hemos de decir, que las evidencias que voy a presentar no son explícitas, pero si de manera implícita y teniendo un poco de conocimiento bíblico de otros pasajes se puede ver claramente alusiones a la asunción de la Santísima Virgen María. Todo este tema pueden leerlo mas ampliamente en mi reciente libro: Fundamentos Bíblicos del Catolicismo II: Maria Virgen y Madre

¿Quién es ésta que sube del desierto,
recostada sobre su amado? (Cant 8,5)

Una mujer sube del desierto con su amado, nos dice el libro de los Cantares. Pero la pregunta es ¿podríamos aplicar esto a María Santísima?

San Pedro Damiano decía: “Aquella reina a quien viendo las hijas de Sión llamaron dichosísima. Mas sube hoy del desierto, esto es, del mundo, elevada a la grandeza del trono regio". En Cantares 8,5 se usa la palabra hebrea עָלָה que se traduce como ascender, misma palabra usada en 2Reyes 2:11 para la ascensión de Elías a los cielos. Por lo tanto, este es un precedente bíblico más para ver en Cantares 8:5 a María como asunta al cielo.

San Pedro Damiano entiende el mundo como el desierto, esto es cierto a la luz de la Biblia, por ejemplo: Elías huye al desierto en 1 Reyes 19:4-16 que para él es un lugar de protección y refugio en el mundo.

También lo vemos como lugar de encuentro con Dios en Mateo 4:1-11. En Apocalipsis 12:6 vemos como la mujer huye al desierto donde tiene un lugar preparado por Dios, de encuentro y protección.

En Apoc 12:14 vemos como Dios da “alas” a la mujer para que huya del demonio al Desierto. Si la mujer quedó en el desierto, y luego el libro de Cantares nos dice sube recostada en su amado, es evidente sube del mundo a la Gloria de Dios.

Es interesante tener en cuenta que en Apoc 12,6 se usa el verbo ἑτοιμάζω (preparado) que es un verbo muy usado en los textos que nos hablan de realidades escatológicas que Dios prepara para sus fieles: "Pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado" (Mc 10,40)

Está la reina, Hijas de reyes hay entre tus escogidas, a tu derecha entre oro de Ofir (Sal 45,10)

En el antiguo testamento la madre del Rey era a quien se conocía como Reina Madre o Gebirah.
Tenemos el caso de Betsabé en (1Re 2,19) y de la madre de Jeconías en (Jer 13,18) y Jeremias 29,2), la madre de Ocozias en (2Reyes 10,13) . Si las madres de los Reyes del AT fueron Reinas, ¿Por qué María no puede serlo? Evidentemente ella con más motivo aún es la Reina, por ser madre del Rey de Reyes y Señor de Señores. Ahora bien, el Salmo 45, es un Salmo mesiánico que se aplica a Cristo.

Veamos algunos versículos:

Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; Cetro de justicia es el cetro de tu reino. (Sal 45,6)
Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos; Desde palacios de marfil te recrean. (Sal 45,8)
Si este Salmo se le aplica a Cristo (versículos 6 y 7) entonces la reina evidentemente es su madre y está a la diestra de Cristo. Como Cristo está en el cielo, el trono de la Virgen debe estar en el cielo, a la diestra de su Hijo, teniendo una posición privilegiada con respecto al resto de la mies “o los que son de Cristo”.

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. (Ap 12,1). En este versículo se describe la visión que tuvo el apóstol Juan, la cual ve una mujer que tiene pies y cabeza, o sea el apóstol describe un cuerpo físico y por eso lo detalló. Si realmente no hubiera sido un cuerpo físico lo que vio ¿qué necesidad tendría de haber hablado de cabeza y pies? Otra señal de que realmente se apareció una estructura corporal es que el texto dice: “cubierta de sol”, el verbo περιβάλλω puede traducirse como cubierta, pero, también como vestida, revestida, recubierta, etc. Esto nos recuerda a los siguientes pasajes bíblicos:
Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga. (Mateo 13,43)
Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. (Fil 3,20-21)

Este resplandecer entonces se refiere a tener un cuerpo glorioso en los cielos, brillante y luminoso. El resplandecer simbolizará la gracia divina derramada sobre los justos, y en el caso de María, recordemos ella es llena de Gracia, por eso, “resplandecía como el Sol”.

Si leemos Apoc 11,19 “Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo”

Nos habla del Arca de Dios en el cielo y luego inmediatamente en Apoc 12,1 se nos presenta a la mujer.  Estos dos pasajes van conectados por un “y” ( kai en griego), el y sirve para unir ideas,  luego eso significa que esa mujer, es el Arca vista en el cielo. Ahora bien, recordemos que ese Arca no es la del AT:

Y acontecerá que cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra, en esos días, dice Yahvé, no se dirá más: Arca del pacto de Yahvé; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella, ni la echarán de menos, ni se hará otra. En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Yahvé, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Yahvé en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón. (Jer 3,16-17)

Aquí el texto del profeta Jeremías es muy claro, nadie recordará el Arca del pacto, ni se la nombrará, ni se la echará de menos, esto significa que habrá perdido el protagonismo que tuvo en los tiempos antiguos Y la razón es muy sencilla, ese pacto ya quedará caduco y habrá un nuevo pacto (Jeremías 31,31) en el cual habrá un nuevo arca de la alianza. Recordemos el Arca, el objeto más sagrado de Israel, pues contenía el maná y la vara de Arón (Heb 9,4), en el nuevo pacto, el pan del cielo, y el Sumo Sacerdote será Cristo (Juan 6,51 y Hebreos 5,1-10). Pues bien este Cristo habitó 9 meses en el nuevo arca que es María su madre (Lucas 1,28-33). Luego entonces debe ser a ella a la cual se está refiriendo San Juan en esta visión.

Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.

Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.

Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. (1 Cor 15, 21-23)

Aquí se nos habla de dos categorías que son: Cristo y los que son de Cristo.

Como primicias de la resurrección Cristo hubo de resucitar primero luego de su muerte, los que son de Cristo, han de resucitar en el advenimiento de Cristo o sea, al final de los siglos. Según esto los que son de Cristo son la cosecha o la mies, es decir, los que están incorporados en virtud de la comunión a Cristo, la solidaridad con él, pues son miembros de su Cuerpo místico.

Por tanto, para Pablo las dos categorías son: las primicias y los restantes o mies (los que son de Cristo). Si somos capaces de demostrar que la Santísima Virgen María pertenece a la categoría de primicias, habremos demostrado bíblicamente el dogma de la Asunción de María. A las primicias según San Pablo, corresponde la prioridad en la resurrección. María es la primera cristiana (Lucas 1,37.47) , la primera en recibir el Espiritu Santo (Lucas 1,30.35), la primera en ser llamada Santa y Bendita (Lucas 1,42.48) ; la primera dispensadora de gracia (Lucas 1,39-41); la primera fiel (Lucas 1,38); la primera evangelizadora (Juan 2:5); la primera que le pide a Cristo que manifieste su poder (Juan 2:1-5). Por todo ello podemos decir que María forma las primicias, y por tanto debía ser vivificada antes que “la mies” o “los que son de Cristo”, antes de la segunda venida, María debía ser vivificada, y lo fue, al ser Asunta al cielo.

¿Qué enseñan los Santos Padres sobre la Asunción?

Si bien es cierto que la doctrina de la asunción no es ajena al sentir unánime de los santos padres, no podemos negar que tardó en manifestarse al menos por escrito, los documentos más antiguos que tenemos de los santos padres, sin contar el “Transitus Mariae” del siglo II se remontan a finales del siglo III y principios del siglo IV.

Es lógico pensar que se haya tardado en poner por escrito esto pues en los primeros siglos de mucha persecución y de mucha herejía cristológica lo que importaba era corregir estos errores, y alentar a las Iglesias en las persecuciones, una vez la Iglesia ya dejo de ser perseguida y se fue asentando en el mundo, tuvo tiempo para meditar, profundizar y explicar claramente este dogma, desarrollándolo claramente a partir del siglo IV y V.

SAN EFREN EL SIRIO:
Se tratan de testimonios indirectos, en sentido asuncionista, pero no explicitos: “ Entre todos los descendientes de David, escogistes una humilde doncella, hija de la Tierra, y la introdujiste en cielo, tú que del cielo vienes” ( Ed. Assem syr 2,415)

SAN GREGORIO NACIENANCENO:
También tenemos testimonios indirectos en sentido asuncionista: “Augusta venerada, felicísima Virgen, tu moras en el cielo, región de los bienaventurados tú que trocaste la pesantez mortal, y te has revestido del manto de la inmortalidad, dotada de eterna juventud….atiende benévola desde lo alto a mis plegarias”  (MG 38,336).

TIMOTEO DE JERUSALEN:
Quizás aquí tengamos el primer testimonio explícito de la asunción de la Virgen de un Santo Padre de la Iglesia: Y tu misma alma traspasada con una espada de aquí algunos opinaron que la Madre del Señor, muerta a espada acabó con fin martirial por decir Simeón: tú misma alma traspasara una espada , mas no es así, porque la espada de bronce traspasa el cuerpo, no separa el alma, por donde también la Virgen es hasta el presente inmortal habiéndola el Señor que moro en ella trasladado a los parajes celestiales (MG 86,245)

THEOTEKNOS DE LIVIAS:
Otro testimonio explicito de la asunción de María es el de Theoteknos de Livias nacido aprox.  en el 550 d.C y muerto en el 650 d.C: " Era conveniente que su cuerpo santísimo, que había llevado y contenido dentro de sí a Dios, cuerpo divinizado, incorruptible, iluminado por la luz divina y lleno de gloria, fuese transportado por los apóstoles en compañía de los ángeles, y puesto por poco tiempo en la tierra, fuese alzado gloriosamente al cielo, junto con su alma agradable a Dios".  (Theoteknos de Livias, Homilía en la Asunción),

¿Qué han dicho los doctores de la Iglesia?

Vamos a dar un breve listado de doctores y Santos de la Iglesia, que han defendido esta doctrina antes de su proclamación dogmatica:

SAN BERNARDO DE CLARAVAL (Homilia en la Asuncion de la B.Virgen Maria ,1):
Subió al cielo nuestra Abogada, para que, como Madre del Juez y Madre de Misericordia, tratara los negocios de nuestra salvación …. Un precioso regalo envió al cielo nuestra tierra hoy . . . . Subiendo a lo alto, la Virgen bienaventurada otorgará copiosos dones a los hombres. ¿Y cómo no dará? Ni le falta poder ni voluntad. Reina de los cielos es, misericordiosa es; finalmente, Madre es del Unigénito de Dios  .

SANTO TOMAS (EXPOS SALUT ANGELICAE). 
"Tres maldiciones fueron lanzadas sobre los hombres por el pecado....la tercera fue común a los hombres y a las mujeres, a saber que se convertiran en polvo. Y de esta estuvo libre la bienaventurada virgen porque subió corporalmente al cielo".

SAN PEDRO DAMIAN (SERMON 40 IN ASSUMPT):
"Esta es dice  (Cantares 8,5) aquella reina a quien viendo las hijas de sión llamarón dichosísima. Mas sube hoy del desierto, esto es del mundo, elevada a la grandeza del trono regio"

SAN ROBERTO BELARMINO (Conciones habitae Lovanii, concio 40: De Assumptione B. Mariae Virginis. )
¿Y quién, pregunto, podría creer que el arca de la santidad, el domicilio del Verbo, el templo del Espíritu Santo, haya caído? Mi alma aborrece el solo pensamiento de que aquella carne virginal que engendró a Dios, le dio a luz, le alimentó, le llevó, haya sido reducida a cenizas o haya sido dada por pasto a los gusanos».

SAN ALFONSO MARIA DE LIGORIO (As glórias de Maria, parte II, disc. 1.)
Jesús preservó el cuerpo de María de la corrupción, porque redundaba en deshonor suyo que fuese comida de la podredumbre aquella carne virginal de la que Él se había vestido
Todas estas evidencias, confirman que la doctrina era firmemente creída en la Iglesia católica mucho antes de la proclamación del dogma. También nos enseña lo maravilloso que es cuando los santos y doctores de la Iglesia meditando sobre las sagradas Escrituras, expresan por escrito los misterios de Dios, este es sin duda, el misterio de Amor, de un Hijo, llamado Jesús, con su madre, llamada María.

YASMIN ORÉ Y JESÚS URONES: Somos un matrimonio que se dedica a la formación apologética contra las sectas y el fenómeno de la Nueva Era. Nuestra experiencia y misiones en Latinoamérica sobre esta problemática nos motivó a realizar este apostolado dirigido a los laicos. Ambos actualmente estudiamos Ciencias Religiosas en la Universidad de Navarra para dar un mejor servicio evangelizador.


sábado, 11 de junio de 2022

El misterio de la Santísima Trinidad



“La fe católica quiere que adoremos la Trinidad en la unidad y la unidad en la Trinidad, sin confundir a las personas y sin separar la substancia divina” San Atanasio de Alejandría (296-373 d.C.)

LA SANTISIMA TRINIDAD: ORIGEN E HISTORIA

En el año 215 d.C. el escritor y líder religioso Tertuliano, fue el primero en usar el término Trinitas o Trinidad. Anteriormente, Teófilo de Antioquía ya había usado la palabra griega ‘trias’, que equivale a triada, en su obra “A Autolico” (180 d.C.) para referirse a Dios, su Verbo (Logos) y su Sabiduría (Sophia). Tertuliano dice en “Adversus Praxeam II” que los tres son uno, por el hecho de que los tres proceden de Uno por unidad de substancia.

La formulación un solo Dios en tres personas no quedó firmemente establecida, como tampoco fue asimilada por completo en la vida cristiana ni en su confesión de fe, con anterioridad al siglo IV d.C. Pero es precisamente esta formulación la que originalmente reclama el título de dogma trinitario. Entre los Padres Apostólicos no había existido nada que se acercara a tal perspectiva.

La definición del Concilio de Nicea fue la de afirmar que el Hijo es consustancial con el Padre. Esta formulación fue cuestionada, y la Iglesia pasó por una generación de debates y conflictos, hasta que la fe de Nicea fue reafirmada en el Concilio de Constantinopla en el 381 d.C.

En Nicea toda la atención fue centrada en la relación entre el Padre y el Hijo, y no se hizo ninguna afirmación similar acerca del Espíritu Santo. Pero en el 381 d.C. en Constantinopla se indicó que el Espíritu Santo es adorado y glorificado junto con el Padre y el Hijo, sugiriendo también que era consustancial a ellos. Esta doctrina fue posteriormente ratificada en el Concilio de Calcedonia en el 451 d.C., sin alterar la doctrina aprobada en Nicea en el 325 d.C.

La antigua Iglesia hispánica de los siglos IV al VII d.C. enseñó y desarrolló la fe trinitaria, sobre todo en los diferentes Concilios de Toledo que se celebraron en dicha época. De su liturgia procede el prefacio propio de esta solemnidad. Es consolador saber que Dios es uno solo, pero no solitario, amor puro que solo busca darse forma creadora y llevarnos a participar en su unidad vital eterna (VI Concilio de Toledo, 638 d.C.). Sin embargo, la devoción a la Santísima Trinidad se inició en el siglo X d.C. y, a partir de esa época, se fue también difundiendo su celebración litúrgica, entrando en el calendario romano en el año 1331 d.C.

Si bien desde el comienzo del cristianismo la oración litúrgica se ha dirigido al Padre, por mediación del Hijo y en el Espíritu Santo, lo importante de esta celebración es el hecho de honrar a Dios sin tener como motivo para ello un acontecimiento salvífico ni la memoria de un santo. Se trata de profesar la fe en la eterna Trinidad, y adorar su unidad todopoderosa.

EXPOSICION GENERAL

La escritura y la doctrina cristiana descansan en el monoteísmo, o sea, en un solo Dios. Los teólogos de los primeros siglos del cristianismo elaboraron explicaciones que generaron varias corrientes de pensamiento y, por ello, una intensa polémica, la cual se acentuó durante el reinado del emperador Constantino I, cuando los dirigentes de la Iglesia comenzaron a contar con el apoyo imperial y tuvieron que precisar cual debía ser la doctrina compartida por diversas comunidades cristianas.

Por ello, algunos teólogos llegaron a la conclusión de que si estas tres personas compartían diferentes cualidades y características divinas, exclusivas de Dios, la formula matemática con mayor exactitud definitoria sería la de la multiplicación de unidades, o sea, 1x1x1=1, en lugar de la suma de unidades, o sea, 1+1+1=3, ya que ésta rompe el monoteísmo de Dios y se convertiría en politeísmo.

Además de la polémica sobre la naturaleza de Jesús acerca de si era humana, divina o ambas a la vez, así como de su origen eterno o temporal, y de similares cuestiones relativas al Espíritu Santo, el problema central del dogma trinitario es el de justificar la división entre sustancia única y triple personalidad.

La mayoría de las Iglesias protestantes, así como las ortodoxas y la Iglesia Católica, sostienen que se trata de un misterio inaccesible para la inteligencia humana; o sea, un misterio de fe. Seguidamente detallamos de forma somera la creencia de la mayoría de las Iglesias en cuanto al dogma de la Santísima Trinidad:

La Iglesia Católica Romana dice que la Trinidad es el término con que se designa la doctrina central de la religión cristiana. El símbolo Qicumque (la profesión de fe atribuida a Anastasio de Alejandría en el siglo VII d.C.), dice que el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios y, sin embargo, no hay tres Dioses sino un solo Dios, ya que en esta Trinidad las Personas que la componen son increadas y omnipotentes.

La Iglesia Ortodoxa Griega dice de la Trinidad que Dios es trino y uno. El Padre es totalmente Dios, el Hijo es totalmente Dios, y el Espíritu Santo es totalmente Dios.

La Iglesia Cristiana Evangélica define que dentro de la unidad de un único Dios, existen tres distintas personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Los tres comparten los mismos atributos y la misma naturaleza, por lo cual estos tres constituyen un único Dios.

Los Testigos de Jehová consideran que la Trinidad en sí misma procede de fuentes paganas de Babilonia.

Los mormones afirman creer en la Trinidad, pero tienen una interpretación específica y radicalmente diferente del dogma mayoritariamente aceptado.

Algunas confesiones minoritarias, tales como las iglesias unitarias o los pentecostales unicitarios o apostólicos, rechazan esta creencia.

DOGMA  DE FE

Según el dogma católico, la Santísima Trinidad es una. No confesamos tres dioses, sino un solo Dios en tres personas: la Trinidad consubstancial. Las personas divinas no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios. Cada una de las tres personas es la substancia, la esencia o la naturaleza divina.

Las personas divinas son realmente distintas entre sí. Dios es único, pero no solitario. Padre, Hijo, Espíritu Santo, no son simplemente nombres que designan modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre sí: el que es el Hijo no es el Padre, y el que es el Padre no es el Hijo, ni el Espíritu Santo es el Padre ni el Hijo. Son distintos entre sí por sus relaciones de origen: el Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado, y el Espíritu Santo es quien procede. La Unidad divina es Trina.

Las personas divinas son relativas unas a otras. La distinción real de las personas entre sí, puesto que no divide la unidad divina, reside únicamente en las relaciones que las refieren unas a otras: en los nombres relativos de las personas, el Padre es referido al Hijo, el Hijo lo es al Padre, el Espíritu Santo lo es a los dos; sin embargo, cuando se habla de estas tres personas considerando las relaciones, se cree en una sola naturaleza o substancia. En efecto, en ellos todo es uno, donde no existe oposición de relación. A causa de esta unidad, el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el Padre, todo en el Hijo (numeral 255).

A modo de resumen, podemos definir el dogma de fe del misterio de la Santísima Trinidad como el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Sólo Dios puede dárnoslo a conocer revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

NATURALEZA Y REVELACION DEL MISTERIO

El esfuerzo racional de algunos teólogos, principalmente Santo Tomás de Aquino, han tratado de ilustrarlo a partir de los datos revelados, cuyo resumen se indica a continuación:

Las tres Personas divinas no se distinguen ni por su Naturaleza, ni por sus perfecciones, ni por sus obras exteriores. Únicamente se distinguen por su origen.

a. No se distinguen por su Naturaleza porque tienen una Naturaleza común; la divina. Por ello no son tres dioses, sino un solo Dios.

b. No se distinguen por sus perfecciones porque estas se identifican con la Naturaleza divina. Así, ninguna de las tres Personas es mas sabia y poderosa, sino que las tres tienen infinita sabiduría y poder. Tampoco la una es anterior a las otras, sino que todas son igualmente eternas.

c. Tampoco se distinguen por sus obras exteriores, porque teniendo las tres la misma omnipotencia, lo que obre una lo obran las otras dos.

Solamente se distinguen por su origen, porque el Padre no proviene de ninguna persona; el Hijo es engendrado por el Padre, y el Espíritu Santo procede a la vez del Padre y del Hijo. Esto es lo que impide que una persona se confunda con las otras.

Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen la misma naturaleza, la misma divinidad, la misma eternidad, el mismo poder, la misma perfección; son un solo Dios. Además, cada una de las Personas de la Santísima Trinidad está totalmente contenida en las otras dos, puesto que hay una comunión perfecta entre ellas.
Hay quien manifiesta que jamás podremos entender el misterio de la Santísima Trinidad a través de la razón, lo cual es cierto ya que necesitamos de la fe, ya que precisamente se trata de un misterio. 

CITAS BIBLICAS

En el Nuevo Testamento de la Biblia se encuentran alusiones tanto al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, principalmente en el Evangelio de Juan, lo cual se presenta como menciones implícitas a la naturaleza trinitaria divina.

• “Tomás le contestó: Señor mío y Dios mío” (Juan 20:28).

• “Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has 
  salido de Dios. Jesús les respondió: Ahora creéis? (Juan 16:30-31).

• “Le dice Felipe: Señor, muéstranos al Padre y esto nos basta. Le dice Jesús: Tanto tiempo hace que 
   estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Cómo dices 
   tú ‘muéstranos al Padre’? No crees que yo estoy en el Padre y el Padre esta en mi? (Juan 14:8).

• “Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede 
   del Padre, él dará testimonio de mí” (Juan 15:26).

• “Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido 
   justificados en el nombre del Señor Jesucristo, y en el Espíritu de vuestro Dios” (1ª. Corintios 6:11).

• “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos 
   vosotros” (2ª. Corintios 13:13).

• “Según el previo conocimiento de Dios Padre, con la acción santificadora del Espíritu, para obedecer 
   a Jesucristo y ser rociados con su Sangre” (1ª. Pedro 1:2).

• “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y 
   del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

SIMBOLOGIA

Para explicar este gran misterio de la Santísima Trinidad existen ciertos símbolos que son entendibles a nuestra razón:

Triángulo:

Cada uno de los vértices es parte del mismo triangulo y, sin embargo, cada uno es distinto.
Vela encendida: La vela, en sí misma, simboliza al Padre. La cera que escurre es el Hijo, que procede del Padre. La llama encendida es el Espíritu Santo. Los tres forman parte de la vela, pero son distintos entre sí.

Trébol:

Cada una de las hojas del trébol son distintas entre sí, pero las tres hojas forman parte de la misma flor.

Señal de la Cruz:

Cada vez que hacemos la señal de la Cruz sobre nuestro cuerpo, recordamos el misterio de la Santísima Trinidad al mencionar el nombre de las tres divinas Personas.

En el nombre del Padre: Ponemos la mano sobre la frente señalando el cerebro, que controla todo nuestro cuerpo, recordando con ello en forma simbólica que Dios es la fuente de nuestra vida.

… Y del Hijo: Colocamos la mano en el pecho, donde esta el corazón, que simboliza al amor. Recordamos con ello que por amor a los hombres, Jesucristo se encarnó, murió y resucitó para librarnos del pecado y llevarnos a la vida eterna.

… Y del Espíritu Santo: Ponemos la mano en el hombro izquierdo y luego en el derecho, recordando que el Espíritu Santo nos ayuda a cargar con el peso de nuestra vida, ya que el Espíritu nos ilumina y nos da la gracia necesaria para vivir de acuerdo a los mandatos divinos.

Santo Tomás de Aquino usaba la siguiente descripción para ilustrar el misterio de la Trinidad: Todo ungido presupone por lo menos tres elementos: el que unge, el ungido y la unción. Siendo Jesús el Mesías, el Cristo, es decir, el ungido de Dios, podemos hacer referencia a tres personas: El que unge es Dios Padre, el ungido es Dios Hijo, la unción es Dios Espíritu Santo.

Fuente: Agustín Fabra, religionenlibertad.com


miércoles, 1 de enero de 2020

¿Cómo puede Dios ser hijo de una mujer?

La Maternidad divina es el don más grande de María; es también aquel al cual se ordenan y del cual nacen los demás dones marianos. La expresión “Madre de Dios” es fácilmente comprensible: es la relación que surge en la mujer que ha dado a luz a un hijo; sin embargo, no puede menos de suscitar asombro y maravilla: ¿cómo puede Dios ser hijo de una mujer?

El dogma católico afirma que la Virgen María es verdadera Madre de Dios por haber engendrado y dado a luz a Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Este dogma, lo mismo que el dogma de la Encarnación, entra en la categoría del misterio; la teología católica, al intentar penetrarlo, no pretende que desaparezca el velo que lo encubre.

La Maternidad divina
en las Sagradas Escrituras


Si el Mesías, que anuncia el Antiguo Testamento., aparece con cualidades divinas, la mujer que le acompaña en muchos textos, como «madre», habría que reconocerla como madre de un Mesías que es Dios. La literatura veterotestamentaria, sin embargo, no explícita esa conclusión.

No es extraño que en los textos del Antiguo Testamento no se encuentre la declaración explícita sobre la maternidad divina. Ésta será posible con la plenitud de la Revelación, es decir, en el Nuevo Testamento. Aquí es necesario reconocer que la expresión “Madre de Dios” no es bíblica (luego veremos su origen), pero su contenido sí.

Más aún, hay expresiones que son equivalentes, “Mater Domini” (Lc 1,43), ya que aunque “Señor” indica sólo un título mesiánico, en el contexto lucano en que aparece, y, sobre todo, en el ambiente de las tradiciones neotestamentarias, significa y se aplica al Cristo precisamente como Dios. Esa expresión, en boca de Isabel —“Mater Domini”— es el modo hebreo de decir Madre de Dios.

Santo Tomás se planteaba la objeción de que en la Sagrada Escritura no se encuentra el título “Madre de Dios”; y sí sólo los de “Madre del Señor” y “Madre del niño”, y respondía:

«… ésa fue la objeción de Nestorio: que se resuelve porque, aunque no se encuentre expresamente en la Escritura que María sea Madre de Dios, sí que se encuentra expresamente que Jesucristo es verdadero Dios… y que María es madre de Jesucristo… De donde se sigue necesariamente, de las palabras de la Escritura, que sea Madre de Dios» (Sum. Th. 3, q35 a4).

La tradición patrística y el Magisterio
de los primeros Concilios ecuménicos


«Nuestro Dios, Jesucristo, fue llevado en el seno por María», dice san Ignacio de Antioquía a principio del s. II (Ad Ephesios, 18,2). Y una fórmula primitiva del Símbolo Apostólico ya contiene la siguiente declaración: «Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que nació de María Virgen por obra del Espíritu Santo» (Denz.Sch. 3).

Los textos y las declaraciones sobre la Maternidad divina, es decir, sobre Cristo Dios y hombre en cuanto hijo de María, son innumerables en la Patrística anterior al Concilio de Éfeso (431), por eso, más interesante es la aparición del vocablo griego “Theotokos” que ese Concilio definió. Nestorio rechazó ese término por haber sido utilizado por los herejes antitrinitarios: Apolinar, Arrio y Eunomio; y en su obra El libro de Heráclides de Damasco desafía a san Cirilo a presentar un solo lugar de los Padres o de los Concilios ortodoxos que lo utilizaran.

Nestorio no tiene razón ni siquiera desde el punto de vista historiográfico. La crítica ha establecido que el título “Theotokos” existía por lo menos un siglo antes de Éfeso. Así la oración “Sub tuum praesidium”, que hay que datar de finales del s. III, dice:

«Bajo tu amparo nos acogemos, Theotokos…». Teodoreto, en su Historia Eclesiástica, nos ha trasmitido un texto de Alejandro de Alejandría, del año 325, en que se dice: «Nuestro Señor Jesucristo llevó verdaderamente, y no en apariencia, un cuerpo tomado de la Theotokos» (I,3: PG 82,908A).

Utilizan también el título san Atanasio (m. 373), Dídimo el Ciego (m. 398), Eusebio de Cesarea (m. 340), san Cirilo de Jerusalén (m. 396), san Basilio (m. 379), san Gregorio Nacianceno (m. 389), san Gregorio de Nisa (m. 394), etc.

Entre los latinos, san Ambrosio (m. 397) es el primero que utiliza la correspondiente traducción latina Mater Dei: «Quid nobilius Mater Dei» (De Virg. 1,2,7: PL 16,22013). El uso de la expresión no estaba, sin embargo, aún consagrado a Occidente; san Jerónimo (m. 420) nunca emplea las expresiones Mater Dei, ni Deipara, y lo mismo sucede con san Agustín.

En las discusiones en torno al Concilio de Éfeso, que trapasarón las barreras arquitectónicas del templo donde tenían lugar las reuniones, se advierte en seguida que los títulos Christotokos, Anthropotokos, Theotokos, están vinculados a las más graves cuestiones de Cristología. El vocablo Theotokos (=Deipara, Deigenitrix) se convierte en una tessera lidei.

El Concilio de Éfeso concluye con una condenación de Nestorio como hereje y una aprobación de la Carta de san Cirilo a Nestorio, en la que se dice:

«… Porque no nació primeramente un hombre vulgar, de la Santa Virgen, y luego descendió sobre él el Verbo; sino que, unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de la propia carne… De esta manera (los Santos Padres) no tuvieron inconveniente en llamar Theotokos a la santa Virgen» (Acta Conciliorum oecumenicorum, 1,1,1,25 ss.).

Con ello el dogma de la Maternidad divina quedaba fijado y el mismo Concilio podía establecer que el título no tiene un sentido meramente figurado sino real y propio (Denz.Sch. 427). Más tarde el error adopcionista  renovará un nestorianismo suavizado; pero ya en nada afectará a un dogma, que, bien establecido en Éfeso, se ha conservado inalterable en toda la tradición católica y también en otras confesiones cristianas.

Implicaciones de la Maternidad divina de María

De la Maternidad divina surgen unas relaciones únicas entre María y las Personas de la Santísima Trinidad. En la gracia propia de la Maternidad divina, las tres divinas Personas llenan el ser de María: el Padre se dona, el Hijo es enviado por el Padre, y el Espíritu Santo por los dos. Pero no se produce ni una filiación natural que es exclusiva de Cristo; ni una filiación adoptiva, porque la misión del Espíritu Santo en María no es la de conformar a María con el Hijo. Lo que se realiza, en verdad, es una maternidad divina: el Hijo y, a través del Hijo, el Espíritu Santo, configuran a María con el Padre; donándose éste en su propia nocionalidad de tal.

Autor: Joaquín M. Alonso

+  SOBRE MARÍA, MADRE DE DIOS

jueves, 15 de agosto de 2019

¿Creían los padres de la Iglesia en la Asunción de la Virgen?

Estamos en la  fiesta de la Asunción en cuerpo  y alma a los cielos de la Santísima Virgen María. Este dogma católico, del cuál ya hemos hablado en otras ocasiones y hemos proporcionado las evidencias bíblicas al respecto, también tiene apoyo en la Tradición de la Iglesia.

Veamos entonces algunos textos que nos hablan sobre la asunción:

¿Cuales son los textos más antiguos?                     

El primer testimonio de la fe en la Asunción de la Virgen aparece en los relatos apócrifos, titulados «Transitus Mariae», cuyo núcleo originario se remonta a los siglos II-III. Se trata de representaciones populares, a veces noveladas, pero que en este caso reflejan una intuición de fe del pueblo de Dios. Después de este testimonio podemos citar otros en orden claro está a su antigüedad:

A finales del siglo III y principios del siglo IV tenemos un carta que escribió Dionisio el Egipcio, al Obispo de Creta, llamado Tito, su fecha de composición puede ser el año 363 d. C. Es un documento histórico importantísimo para conocer que pensaba la Iglesia de Jerusalén y de Creta sobre la Asunción de la Santa Madre de Dios:

“Debes saber, ¡oh noble Tito!, según tus sentimientos fraternales, que al tiempo en que María debía pasar de este mundo al otro, es a saber a la Jerusalén Celestial, para no volver jamás, conforme a los deseos y vivas aspiraciones del hombre interior, y entrar en las tiendas de la Jerusalén superior, entonces, según el aviso recibido de las alturas de la gran luz, en conformidad con la santa voluntad del orden divino, las turbas de los santos Apóstoles se juntaron en un abrir y cerrar de ojos, de todos los puntos en que tenían la misión de predicar el Evangelio. Súbitamente se encontraron reunidos alrededor del cuerpo todo glorioso y virginal. Allí figuraron como doce rayos luminosos del Colegio Apostólico. Y mientras los fieles permanecían alrededor, Ella se despidió de todos, la augusta (Virgen) que, arrastrada por el ardor de sus deseos, elevó a la vez que sus plegarias, sus manos todas santas y puras hacia Dios, dirigiendo sus miradas, acompañadas de vehementes suspiros y aspiraciones a la luz, hacia Aquél que nació de su seno, Nuestro Señor, su Hijo. Ella entregó su alma toda santa, semejante a las esencias de buen olor y la encomendó en las manos del Señor. Así es como, adornada de gracias, fue elevada a la región de los Ángeles, y enviada a la vida inmutable del mundo sobrenatural.

“Al punto, en medio de gemidos mezclados de llantos y lágrimas, en medio de la alegría inefable y llena de esperanza que se apoderó de los Apóstoles y de todos los fieles presentes, se dispuso piadosamente, tal y como convenía hacerlo con la difunta, el cuerpo que en vida fue elevado sobre toda ley de la naturaleza, el cuerpo que recibió a Dios, el cuerpo espiritualizado, y se le adornó con flores en medio de cantos instructivos y de discursos brillantes y piadosos, como las circunstancias lo exigían. Los Apóstoles inflamados enteramente en amor de Dios, y en cierto modo, arrebatados en éxtasis, lo cargaron cuidadosamente sobre sus brazos, como a la Madre de la Luz, según la orden de las alturas del Salvador de todos. Lo depositaron en el lugar destinado para la sepultura, en el lugar llamado Getsemaní.

“Durante tres días seguidos, ellos oyeron sobre aquel lugar los aires armoniosos de la salmodia, ejecutada por voces angélicas, que extasiaban a los que las escuchaban; después nada más.

“Eso supuesto para confirmación de lo que había sucedido, ocurrió que faltaba uno de los santos Apóstoles al tiempo de su reunión. Este llegó más tarde y obligó a los Apóstoles que le enseñasen de una manera palpable y al descubierto el precioso tesoro, es decir, el mismo cuerpo que encerró al Señor. Ellos se vieron, por consiguiente, obligados a satisfacer el ardiente deseo de su hermano. Pero cuando abrieron el sepulcro que había contenido el cuerpo sagrado, lo encontraron vacío y sin los restos mortales. Aunque tristes y desconsolados, pudieron comprender que, después de terminados los cantos celestiales, había sido arrebatado el santo cuerpo por las potestades etéreas, después de estar preparado sobrenaturalmente para la mansión celestial de la luz y de la gloria oculto a este mundo visible y carnal, en Jesucristo Nuestro Señor, a quien sea gloria y honor por los siglos de los siglos. Amén”.

¿Qué enseñaron los padres de la Iglesia sobre la asunción?

SAN EFREN EL SIRIO:

Se tratan de testimonios indirectos, en sentido asuncionista, pero no explicitos:

“ Entre todos los descendientes de David, escogistes una humilde doncella, hija de la Tierra, y la introdujiste en cielo, tú que del cielo vienes” ( Ed. Assem syr 2,415)

“El haberle engendrado me hermoseó, sobre cuantos sobresalieron en la santidad. Entro ahora en las verdes arboledas del paraíso, y alabo a Dios allí donde Eva cayo miserablemente “ (Ed assem sir 3,600).

TIMOTEO DE JERUSALEN:

Quizás aquí tengamos el primer testimonio explícito de la asunción de la Virgen:

Y tu misma alma traspasada con una espada de aquí algunos opinaron que la Madre del Señor, muerta a espada acabó con fin martirial por decir Simeón: tú misma alma traspasara una espada , mas no es así, porque la espada de bronce traspasa el cuerpo, no separa el alma, por donde también la Virgen es hasta el presente inmortal habiéndola el Señor que moro en ella trasladado a los parajes celestiales (MG 86,245)

HESIQUIO DE JERUSALEN:

“Levántate Señor a tu reposo, tú y el arca de tu santidad, la Virgen, Madre de Dios evidentemente. Pues si tú eres perla, lógicamente ella es arca o concha, si tú eres sol, cielo necesariamente será llamada la virgen, pues si tú eres flor inmarchitable, luego la Virgen será árbol de incorrupción, huerto de inmortalidad “ (MG 93,1464-1465)

SAN GREGORIO DE TOURS:

"Los apóstoles se repartieron por diferentes países  para predicar la palabra de Dios. Más tarde, la bienaventurada  María llegó al fin de su vida y fue llamada a salir  de este mundo. Entonces, todos los apóstoles vinieron a  reunirse en la casa de María y, al saber que debía salir de  este mundo, permanecieron todos juntos velando. De repente,  el Señor apareció con sus ángeles, cogió su alma, se  la entregó a Miguel, el arcángel, y desapareció. Al amanecer,  los apóstoles tomaron el cuerpo, lo pusieron sobre una  camilla y lo colocaron en una tumba, velándolo mientras  esperaban la venida del Señor. Y, de nuevo, se presentó el  Señor, de repente, y mandó que el santo cuerpo fuera levantado y llevado al paraíso sobre una nube. Allí, reunido con su alma, se llena de gozo con los elegidos de Dios y disfruta de las bendiciones de la eternidad, que nunca terminarán." (Gregorio de Tours, ocho libros de los Milagros, 1:4 (entre 575-593 dC), en JUR, III: 306 )

SAN MODESTO DE JERUSALEM:

 "Como la Madre más gloriosa de Cristo, nuestro Salvador y Dios y el dador de la vida y la inmortalidad, se ha dotado a la vida por él, que ha recibido una incorruptibilidad eterna del cuerpo, junto con él que ha levantaron de la tumba y la ha llevado hasta a sí mismo de un modo conocido sólo por él ".

(Modesto de Jerusalem, Encomium in dormitionnem Sanctissimae Dominae nostrae Deiparae semperque Virginis Mariae PG 86-II,3306)

THEOTEKNOS DE LIVIAS:

" Era conveniente que su cuerpo santísimo, que había llevado y contenido dentro de sí a Dios, cuerpo divinizado, incorruptible, iluminado por la luz divina y lleno de gloria, fuese transportado por los apóstoles en compañía de los ángeles, y puesto por poco tiempo en la tierra, fuese alzado gloriosamente al cielo, junto con su alma agradable a Dios".

Theoteknos de Livias, Homilía en la Asunción (ante AD 650),

SAN GERMAN DE CONSTANTINOPLA:

“Tú eres bella y tu cuerpo virginal es totalmente santo, casto, morada de Dios. Por este motivo está exento de la disolución en el polvo. Como cuerpo humano fue transformado hasta la vida excelsa de la incorruptibilidad. Está vivo; es superglorioso, lleno de vida e inmortal”  (German de Constantinopla, Moma. In dormí. I: PG 98; 345.)

San Germán utilizaba un argumento teológico muy poderoso, basado en el principio de conveniencia. Bajo este principio habría sido imposible que la morada de Dios, el templo vivo de la santísima divinidad del Unigénito fuera presa de la muerte en la tumba.

Autores: Yasmín Oré y Jesús Urones