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lunes, 19 de agosto de 2024

Libro de Josué 5,1-15: Circuncisión y celebración de la pascua en Guilgal. Teofanía

Libro de Josué
Capítulo 5
Terror de las poblaciones del oeste del Jordán

1 Cuando los reyes amorreos de Cisjordania y los reyes cananeos de occidente oyeron 
   que el Señor había secado el agua del Jordán ante los israelitas hasta que ellos pasaron, 
   quedaron llenos de temor y no tuvieron ánimo para oponerles resistencia. 

La circuncisión de los hebreos en Guilgal
(Gn 17,23-27; Éx 12,44-49)

2 En aquella ocasión dijo el Señor a Josué: 
   –Hazte cuchillos de piedra, siéntate y vuelve a circuncidar a los israelitas. 
3 Josué hizo cuchillos de piedra y circuncidó a los israelitas en Guibat Haaralot.  
4 El motivo de esta circuncisión fue que todos los varones que habían salido de Egipto, 
   como todos los guerreros, habían muerto en el desierto, en el camino desde Egipto. 
5 Y aunque todos los que salieron de Egipto estaban circuncidados, 
   los nacidos en el desierto, en el camino desde Egipto, estaban sin circuncidar. 
6 Porque los israelitas anduvieron por el desierto cuarenta años, 
   hasta que la generación de guerreros que habían salido de Egipto y que no obedecieron al Señor 
   se acabó, conforme a su juramento de que no verían la tierra que el Señor 
   había jurado a sus padres que les daría, una tierra que mana leche y miel. 
7 Dios les suscitó descendientes; a éstos los circuncidó Josué, porque estaban sin circuncidar, 
   ya que no los habían circuncidado durante el viaje. 
8 Cuando todos acabaron de circuncidarse, se quedaron guardando reposo hasta que se sanaron. 
9 Entonces el Señor dijo a Josué: –Hoy les he quitado de encima la vergüenza de Egipto. 
   Y a aquel sitio le pusieron el nombre de Guilgal, y todavía se llama así.

La celebración de la Pascua
Ex 12; 16
 
10 Los israelitas estuvieron acampados en Guilgal y celebraron la Pascua el catorce del mismo mes, 
     por la tarde, en la llanura de Jericó. 
11 A partir del día siguiente a la Pascua comieron de los productos del país; 
     el día de Pascua comieron panes sin levadura y grano tostado. 
12 A partir del día siguiente que comieron de los productos del país, faltó el maná. 
     Los israelitas no volvieron a tener maná; aquel año comieron de los frutos del país de Canaán.

LA CONQUISTA DE JERICÓ
Preludio: Teofanía

13 Estando ya cerca de Jericó, Josué levantó la vista y vio a un hombre de pie frente a él 
     con la espada desenvainada en la mano. Josué fue hacia él y le preguntó: 
     –¿Eres de los nuestros o del enemigo? 
14 Contestó: –No. Soy el general del ejército del Señor, y acabo de llegar. 
     Josué cayó rostro a tierra, adorándolo. 
     Después le preguntó: –¿Qué orden trae mi señor a su siervo? 
15 El general del ejército del Señor le contestó: 
     –Descálzate, porque el sitio que pisas es sagrado. Josué se descalzó. 


sábado, 17 de febrero de 2024

CUARESMA: ¿Por qué los cuarenta días?



El significado teológico de la Cuaresma es muy rico. Su estructura de cuarentena conlleva un enfoque doctrinal peculiar. Cuando el ayuno se limitaba a dos días —o una semana a lo sumo—, esta praxis litúrgica podía justificarse simplemente por la tristeza de la Iglesia ante la ausencia del Esposo, o por el clima de ansiosa espera; mientras que el ayuno cuaresmal supone desde el principio unas connotaciones propias, impuestas por el significado simbólico del número cuarenta.

En primer lugar, no debe pasarse por alto que toda la tradición occidental inicia la Cuaresma con la lectura del evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto: el período cuaresmal constituye, pues, una experiencia de desierto, que al igual que en el caso del Señor, se prolonga durante cuarenta días.

En la Cuaresma, la Iglesia vive un combate espiritual intenso, como tiempo de ayuno y de prueba. Así lo manifiestan también los cuarenta años de peregrinación del pueblo de Israel por el Sinaí.

Otros simbolismos enriquecen el número cuarenta, como se advierte en el Antiguo y Nuevo Testamento. Así, la cuarentena evoca la idea de preparación, de conversión, de penitencia, etc.: 
   · 40 días de Moisés en oración a los pies del Sinaí (Ex 24,18; 43,28; Dt 9,9)
   · 40 años del éxodo (Nm 14,33; Dt 8,2; 29,4; Js 5,6)
   · 40 días del diluvio (Gn 7,4ss) 
   · 40 días Elías previos al encuentro de Yahveh en el Horeb (1Re 19,8)
   · 40 días de la predicción de la destrucción de Nínive, después de 3 días de predicación (Jo 3,4)
   · 40 días de Jesús en el desierto antes del comienzo de su ministerio público (Mc 1,13; Mt 4,2ss) 

La Cuaresma es un período de preparación para la celebración de las solemnidades pascuales: iniciación cristiana y reconciliación de los penitentes.

Por último, la tradición cristiana ha interpretado también el número cuarenta como expresión del tiempo de la vida presente, anticipo del mundo futuro. El Concilio Vaticano II(cfr. SC 109) ha señalado que la Cuaresma posee una doble dimensión, bautismal y penitencial, y ha subrayado su carácter de tiempo de preparación para la Pascua en un clima de atenta escucha a la Palabra de Dios y oración incesante.

El período cuaresmal concluye la mañana del Jueves Santo con la Misa crismal —Missa Chrismalis— que el obispo concelebra con sus presbíteros. Esta Misa manifiesta la comunión del obispo y sus presbíteros en el único e idéntico sacerdocio y ministerio de Cristo. Durante la celebración se bendicen, además, los santos óleos y se consagra el crisma.

El tiempo de Cuaresma se extiende desde el miércoles de Ceniza hasta la Misa de la cena del Señor exclusive. El miércoles de Ceniza es día de ayuno y abstinencia; los viernes de Cuaresma se observa la abstinencia de carne. El Viernes Santo también se viven el ayuno y la abstinencia.

Fuente: primeroscristianos.com

Marcos 1,12-15: Tentaciones en el desierto y comienzo de la predicación de Jesús

Marcos 1,12-15
Tentaciones de Jesús en desierto Cf. Mt 4,1-11; Lc 4,1-13
Comienza la predicación de Jesús Cf. Mt 4,12-17; Lc 4,14-15

En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían. Después de que, arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

SOBRE EL MISMO TEMA:

sábado, 24 de junio de 2023

Hechos 13,13-41: En Antioquía de Pisidia: discurso de Pablo

En Antioquía de Pisidia: discurso de Pablo

13 Navegando desde Pafos, Pablo y sus compañeros llegaron a Perge de Panfilia. 
     Juan se separó de ellos y se volvió a Jerusalén. 
14 Ellos continuaron desde Perge hasta Antioquía de Pisidia, 
     y entrando un sábado en la sinagoga, tomaron asiento. 
15 Terminada la lectura de la ley y los profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: 
     —Hermanos, si tienen alguna palabra de aliento para el pueblo, pueden decirla. 
16 Pablo se levantó y, pidiendo silencio con la mano, dijo: 
     —Israelitas y todos los que temen a Dios, escúchenme: 
17 El Dios de este pueblo, el Dios de Israel eligió a nuestros padres y engrandeció al pueblo 
     mientras residía en Egipto. Más tarde, con brazo poderoso los sacó de allí 
18 y durante cuarenta años los condujo por el desierto. 
19 Aniquiló a siete pueblos paganos de Canaán y entregó su territorio en heredad a Israel, 
20 por cuatrocientos cincuenta años; les dio jueces hasta el profeta Samuel. 
21 Entonces pidieron un rey y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, 
     que reinó cuarenta años. 
22 Lo depuso y nombró rey a David, de quien dio testimonio: Encontré a David, el de Jesé, 
     un hombre a mi gusto, que cumplirá todos mis deseos.
23 De la descendencia de David, según la promesa, sacó Dios a Jesús como salvador de Israel. 
24 Antes de su llegada Juan predicó un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel.
25 Hacia el fin de su carrera mortal Juan dijo: Yo no soy el que ustedes creen; 
     detrás de mí viene uno al que no tengo derecho a quitarle las sandalias de los pies. 


26 Hermanos, descendientes de Abrahán, y todos los que temen a Dios: 
     A ustedes se les envía este mensaje de salvación. 
27 Los vecinos de Jerusalén y sus jefes no acogieron a Jesús ni entendieron las palabras 
     de los profetas que se leen cada sábado. Pero, al juzgarlo, las cumplieron. 
28 Pidieron a Pilato que lo condenara, aunque no encontraron causa para una sentencia de muerte.
29 Cuando se cumplió todo lo escrito de él lo descolgaron del madero y le dieron sepultura. 
30 Pero Dios lo resucitó de la muerte 
31 y se apareció durante muchos días a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén. 
     Ellos son hoy sus testigos ante el pueblo. 
32 Y nosotros, les anunciamos a ustedes esta Buena Noticia: 
     la promesa que Dios hizo a nuestros padres 
33 fue cumplida por él a sus descendientes, que somos nosotros, resucitando a Jesús, 
     como está escrito en el salmo segundo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. 

34 Y que lo ha resucitado para que nunca se someta a la corrupción está anunciado así: 
     Cumpliré las santas promesas hechas a David, aquellas que no pueden fallar. 
35 Y en otro lugar dice: No permitirás que tu fiel sufra la corrupción. 
36 Ahora bien, David, después de haber cumplido la voluntad de Dios durante su propia generación, 
     murió, fue sepultado y sufrió la corrupción. 
37 En cambio, el que Dios resucitó no sufrió la corrupción.
38 Sépanlo, hermanos, se les anuncia el perdón de los pecados por medio de él, 
39 y todo el que crea será perdonado de todo lo que no pudo perdonar la ley de Moisés. 
40 ¡Tengan cuidado! Que no les suceda lo anunciado por los profetas: 
41 Ustedes, los que desprecian, llénense de estupor y ocúltense: Porque en estos días voy a realizar 
     algo que si alguien lo contara no lo podrían creer.

martes, 28 de febrero de 2023

PRIMER MIÉRCOLES DE CUARESMA (Lecturas)

Jonás 3,1-10
Salmo 50,3-4.12-13.18-19
Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias
Lucas 11,29-32


Jonás 3,1-10

Vino la palabra del Señor sobre Jonás: "Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo." Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: "¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!" Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Llegó el mensaje al rey de Nínive; se levantó del trono, dejó el manto, se cubrió de saco, se sentó en el polvo y mandó al heraldo a proclamar en su nombre a Nínive: "Hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, no pasten ni beban; vístanse de saco hombres y animales; invoquen fervientemente a Dios, que se convierta cada cual de su mala vida y de la violencia de sus manos; quizá se arrepienta, se compadezca Dios, quizá cese el incendio de su ira, y no pereceremos." Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.


Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
R. Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
R. Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.
R. Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias



En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: "Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás."

sábado, 25 de febrero de 2023

La Tentación, por Angel Moreno



En todos los ciclos litúrgicos, los domingos del Tiempo de Cuaresma se abren con en el relato de las tentaciones de Jesús, cuando el Espíritu lo condujo al desierto, según el texto evangélico, “para ser tentado”.

La imagen de Jesús en el desierto durante cuarenta días es significativa no solo por la duración concreta de la cuarentena, sino porque indica la extensión de la prueba durante todo el curso de la historia.

San Pedro nos advierte: “Sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidle, firmes en la fe” (1Pe 5,8).

El Maestro nos enseña a pedir: “No nos dejes caer en la tentación”, que es distinto a no tenerla o sufrirla.

La prueba es buena para consolidar la determinación de seguir a Jesús y para averiguar la pertenencia creyente. Dicen que una amistad se acrisola por las crisis que se superan. La tentación es un tiempo del Espíritu, un tiempo precioso que debes interpretar como prueba de crecimiento. Un tiempo único que te da ocasión de ofrenda. Es la hora de abrirte a la gracia y de acoger cada día su acompañamiento. No te ofendas si te digo que llegarás a agradecer la crisis.

La tentación no queda fuera del amor providente; es privilegio de los que son llevados al desierto por el Espíritu. Es tiempo de comunión y de apertura, de relativizar la circunstancia que corres el peligro de convertir en ídolo; es tiempo de llamada y de escucha sensible. Su paso deja conocimiento y sabiduría.

Ya desde los primeros textos bíblicos se nos enseña el riesgo de dar paso a la insinuación tentadora. Eva entró en conversación con el Tentador, se puso a considerar sus argumentos que la incitaron a mirar y a observar el fruto prohibido, ante el que comenzó a sentir gusto, que le abrió el deseo, le movió la voluntad y comió.

Jesús nos demuestra que no es irremediable la caída, y san Pablo nos asegura que no seremos probados más allá de nuestras fuerzas. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea de medida humana. Dios es fiel, y él no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que con la tentación hará que encontréis también el modo de poder soportarla” (1Co 10,12).

Un don del Espíritu Santo es el Temor de Dios, que significa pedirle al Abogado Defensor que nos libre de ser pretenciosos y temerarios, que nos defienda de nosotros mismos, y que nos haga avanzar por el camino de los mandatos del Señor sabiéndonos frágiles, débiles, necesitados de su fuerza para combatir las insinuaciones del Malo.

Mateo 4,1-11: Las tentaciones de Jesús en el desierto

Mateo 4,1-11 (Cf. Mc 1,12-15; Lc 4,1-13)

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo:
— Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
Pero él le contestó, diciendo:
— Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:
— Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.
Jesús le dijo:
— También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:
— Todo esto te daré, si te postras y me adoras.
Entonces le dijo Jesús:
— Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.


SOBRE EL MISMO TEMA:

sábado, 23 de julio de 2022

Números 33,37-49: De Cades a Moab

Números 33,37-49:
De Cades a Moab

37 Partieron de Cades y acamparon el monte Hor, en los límites de Edom.
38 El sacerdote Aarón, por orden del Señor, subió al monte Hor y allí murió, 
     el primer día del quinto mes, cuarenta años después que los israelitas salieron de Egipto.
39 Cuando murió en el monte Hor, Aarón tenía ciento veintitrés años.
40 El cananeo, rey de Arad, que habitaba en el Négueb, en el país de Canaán, 
     recibió entonces la noticia de la llegada de los israelitas.
41 Luego partieron del monte Hor y acamparon en Salmoná.
42 Partieron de Salmoná y acamparon en Punón.
43 Partieron de Punón y acamparon en Obot.
44 Partieron de Obot y acamparon sobre el territorio de Moab, en Iyé Ha Abarím.
45 Partieron de Iyím y acamparon en Dibón Gad.
46 Partieron de Dibón Gad y acamparon en Almón Diblataim.
47 Partieron de Almón Diblataim y acamparon en las montañas de Abarím, frente al Nebo.
48 Partieron de las montañas de Abarím y acamparon en las estepas de Moab, junto al Jordán, 
     a la altura de Jericó.
49 Acamparon junto al Jordán, desde Bet Ha Iesimot hasta Abel Sitím, en las estepas de Moab.

martes, 19 de julio de 2022

Números 14,20-38: El castigo de la infidelidad

Números 14,20-38:
El castigo de la infidelidad

20 El Señor respondió: «Lo perdono, como tú me lo has pedido.
21 Sin embargo –tan cierto como que yo vivo, y que la gloria del Señor llena toda la tierra–
22 ninguno de los hombres que vieron mi gloria y los prodigios que realicé en Egipto y en el desierto, 
     ninguno de los que ya me han puesto a prueba diez veces y no me han obedecido,
23 verá la tierra que prometí a sus padres con un juramento; 
     no la verá ninguno de los que me han despreciado.
24 En cuanto a mi servidor Caleb, por estar animado de otro espíritu y haberse mantenido fiel a mí, 
     lo llevaré a la tierra donde ya entró una vez, y sus descendientes la poseerán.
25 Pero como los amalecitas y los cananeos ocupan el valle, 
     den vuelta mañana y partan para el desierto por el camino del Mar Rojo».
26 Luego el Señor dijo a Moisés y a Aarón:
27 «¿Hasta cuándo esta comunidad perversa va a seguir protestando contra mí? 
     Ya escuché las incesantes protestas de los israelitas.
28 Por eso, diles: «Juro por mi vida, palabra del Señor, 
     que los voy a tratar conforme a las palabras que ustedes han pronunciado.
29 Por haber protestado contra mí, sus cadáveres quedarán tendidos en el desierto: 
     los cadáveres de todos los registrados en el censo, de todos los que tienen más de veinte años.
30 Ni uno solo entrará en la tierra donde juré establecerlos, 
     salvo Caleb hijo de Iefuné y Josué hijo de Nun.
31 A sus hijos, en cambio, a los que ustedes decían que iban a ser llevados como botín, 
     sí los haré entrar; ellos conocerán la tierra que ustedes han despreciado.
32 Pero los cadáveres de ustedes quedarán tendidos en este desierto.
33 Mientras tanto, sus hijos andarán vagando por el desierto durante cuarenta años, 
     sufriendo por las prostituciones de ustedes, hasta que el último cadáver quede tendido en el desierto.
34 Ustedes cargarán con su culpa durante cuarenta años, por los cuarenta días que emplearon 
     en explorar la tierra: a razón de un año por cada día. 
     Entonces conocerán lo que significa rebelarse contra mí.
35 Así lo he dispuesto yo, el Señor. De esa manera trataré a toda esta comunidad perversa que se ha 
     confabulado contra mí: hasta el último hombre morirá en este desierto».
36 Los hombres que Moisés envió a explorar el territorio –esos que al volver instigaron a toda la 
     comunidad a protestar contra él, difundiendo falsos rumores
37 y propagando malas noticias acerca de la tierra– cayeron muertos en las presencia del Señor.
38 De los que habían ido a explorar el territorio, solamente sobrevivieron Josué, hijo de Nun, y Caleb, 
     hijo de Iefuné.

Números 13,25-33: El informe de los exploradores

Números 13,25-33:
El informe de los exploradores

25 Al cabo de cuarenta días volvieron de explorar el país.
26 Entonces fueron a ver a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad de los israelitas en Cades, 
     en el desierto de Parán, y les presentaron su informe, 
     al mismo tiempo que les mostraban los frutos del país.
27 Les contaron lo siguiente: «Fuimos al país donde ustedes nos enviaron; 
     es realmente un país que mana leche y miel, y estos son sus frutos.
28 Pero, ¡qué poderosa es la gente que ocupa el país! 
     Sus ciudades están fortificadas y son muy grandes. Además, vimos allí a los anaquitas.
29 Los amalecitas habitan en la región del Négueb; 
     los hititas, los jebuseos y los amorreos ocupan la región montañosa; 
     y los cananeos viven junto al mar y a lo largo del Jordán».
30 Caleb trató de animar al pueblo que estaba junto a Moisés, diciéndole: 
     «Subamos en seguida y conquistemos el país, porque ciertamente podremos contra él».
31 Pero los hombres que habían subido con él replicaron: 
     «No podemos atacar a esa gente, porque es más fuerte que nosotros».
32 Y divulgaron entre los israelitas falsos rumores acerca del país que habían explorado, diciendo: 
     «La tierra que recorrimos y exploramos devora a sus propios habitantes. 
     Toda la gente que vimos allí es muy alta.
33 Vimos a los gigantes –los anaquitas son raza de gigantes–. 
     Nosotros nos sentíamos como langostas delante de ellos, y esa es la impresión que debimos darles».

jueves, 16 de agosto de 2018

Hechos 7,1-53: Discurso de Esteban

Discurso de Esteban
7:1 El Sumo Sacerdote preguntó a Esteban: "¿Es verdad lo que estos dicen?"
7:2 Él respondió: "Hermanos y padres, escuchen: El Dios de la gloria se apareció a nuestro padre Abraham, cuando aún estaba en la Mesopotamia, antes de establecerse en Jarán,
7:3 y le dijo: "Abandona tu tierra natal y la casa de tu padre y ve al país que yo te indicaré".
7:4 Abraham salió de Caldea para establecerse en Jarán. Después de la muerte de su padre, Dios le ordenó que se trasladara a este país, donde ustedes ahora están viviendo.
7:5 Él no le dio nada en propiedad, ni siquiera un palmo de tierra, pero prometió darle en posesión este país, a él, y después de él a sus descendientes, aunque todavía no tenía hijos.
7:6 Y Dios le anunció que sus descendientes emigrarían a una tierra extranjera, y serían esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años.
7:7 Pero yo juzgaré al pueblo que los esclavizará —dice el Señor— y después quedarán en libertad y me tributarán culto en este mismo lugar.
7:8 Le dio luego la alianza sellada con la circuncisión y así Abraham, cuando nació su hijo Isaac, lo circuncidó al octavo día; Isaac hizo lo mismo con Jacob, y Jacob con los doce patriarcas.
7:9 Los patriarcas, movidos por la envidia, vendieron a su hermano José para que fuera llevado a Pero Dios estaba con él
7:10 y lo salvó de todas sus tribulaciones, le dio sabiduría, y lo hizo grato al Faraón, rey de Egipto, el cual lo nombró gobernador de su país y lo puso al frente de su casa real.
7:11 Luego sobrevino una época de hambre y de extrema miseria en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y nuestros padres no tenían qué comer.
7:12 Jacob, al enterarse de que en Egipto había trigo, decidió enviar allí a nuestros padres. Esta fue la primera visita.
7:13 Cuando llegaron por segunda vez, José se dio a conocer a sus hermanos, y el mismo Faraón se enteró del origen de José.
7:14 Éste mandó llamar a su padre Jacob y a toda su familia, unas setenta y cinco personas.
7:15 Jacob se radicó entonces en Egipto, y allí murió, lo mismo que nuestros padres.
7:16 Sus restos fueron trasladados a Siquém y sepultados en la tumba que Abraham había comprado por una suma de dinero a los hijos de Emor, que habitaban en Siquém.
7:17 Al acercarse el tiempo en que debía cumplirse la promesa que Dios había hecho a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto,
7:18 hasta que vino un nuevo rey que no sabía nada acerca de José.
7:19 Este rey, empleando la astucia contra nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres y los obligó a que abandonaran a sus hijos recién nacidos para que no sobrevivieran.
7:20 En ese tiempo nació Moisés, que era muy hermoso delante de Dios. Durante tres meses fue criado en la casa de su padre,
7:21 y al ser abandonado, la hija del Faraón lo recogió y lo crió como a su propio hijo.
7:22 Así Moisés fue iniciado en toda la sabiduría de los egipcios y llegó a ser poderoso en palabras y obras.
7:23 Al cumplir cuarenta años, sintió un vivo deseo de visitar a sus hermanos, los israelitas.
7:24 Y como vio que maltrataban a uno de ellos salió en su defensa, y vengó al oprimido matando al egipcio.
7:25 Moisés pensaba que sus hermanos iban a comprender que Dios, por su intermedio, les daría la salvación. Pero ellos no lo entendieron así.
7:26 Al día siguiente sorprendió a dos israelitas que se estaban peleando y trató de reconciliarlos, diciéndoles: "Ustedes son hermanos, ¿por qué se hacen daño?"
7:27 Pero el que maltrataba a su compañero rechazó a Moisés y le dijo: "¿Quién te ha nombrado jefe o árbitro nuestro?
7:28 ¿Acaso piensas matarme como mataste ayer al egipcio?"
7:29 A oír esto, Moisés huyó y fue a vivir al país de Madián, donde tuvo dos hijos.
7:30 Al cabo de cuarenta años se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, en la llama de una zarza ardiente.
7:31 Moisés quedó maravillado ante tal aparición y, al acercarse para ver mejor, oyó la voz del Señor que le decía:
7:32 "Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob". Moisés, atemorizado, no se atrevía a mirar.
7:33 Entonces el Señor le dijo: "Quítate las sandalias porque estás pisando un lugar sagrado.
7:34 Yo he visto la opresión de mi Pueblo que está en Egipto, he oído sus gritos de dolor, y por eso he venido a librarlos. Ahora prepárate, porque he decidido enviarte a Egipto".
7:35 Y a este Moisés, a quien ellos rechazaron diciendo: ¿Quién te ha nombrado jefe o árbitro nuestro? Dios lo envió como jefe y libertador con la ayuda del ángel que se apareció en la zarza.
7:36 Él los liberó, obrando milagros y signos en Egipto, en el Mar Rojo y en el desierto, durante cuarenta años.
7:37 Y este mismo Moisés dijo a los israelitas: Dios suscitará de entre ustedes un profeta semejante a mí.
7:38 Y cuando el pueblo estaba congregado en el desierto, él hizo de intermediario en el monte Sinaí, entre el ángel que le habló y nuestros padres, y recibió las palabras de vida que luego nos comunicó.
7:39 Pero nuestros padres no sólo se negaron a obedecerle, sino que lo rechazaron y, sintiendo una gran nostalgia por Egipto,
7:40 dijeron a Aarón: "Fabrícanos dioses que vayan al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a ese Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto".
7:41 Entonces, fabricaron un ternero de oro, ofrecieron un sacrificio al ídolo y festejaron la obra de sus manos.
7:42 Pero Dios se apartó de ellos y los entregó al culto de los astros, como está escrito en el libro de los Profetas: Israelitas, ¿acaso ustedes me ofrecieron víctimas y sacrificios durante los cuarenta años que estuvieron en el desierto?
7:43 Por el contrario, llevaron consigo la carpa de Moloc y la estrella del Dios Refán, esos ídolos que ustedes fabricaron para adorarlos. Por eso yo los deportaré más allá de Babilonia.
7:44 En el desierto, nuestros padres tenían la Morada del Testimonio. Así lo había dispuesto Dios, cuando ordenó a Moisés que la hiciera conforme al modelo que había visto.
7:45 Nuestros padres recibieron como herencia esta Morada y, bajo la guía de Josué, la introdujeron en el país conquistado a los pueblos que Dios iba expulsando a su paso. Así fue hasta el tiempo de David.
7:46 David, que gozó del favor de Dios, le pidió la gracia de construir una Morada para el Dios de Jacob.
7:47 Pero fue Salomón el que le edificó una casa,
7:48 si bien es cierto que el Altísimo no habita en casas hechas por la mano del hombre. Así lo dice el Profeta:
7:49 El cielo es mi trono, y la tierra la tarima de mis pies. ¿Qué casa me edificarán ustedes,  dice el Señor, o dónde podrá estar mi lugar de reposo?
7:50 ¿No fueron acaso mis manos las que hicieron todas las cosas?
7:51 ¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres.
7:52 ¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y asesinado por ustedes,
7:53 los que recibieron la Ley por intermedio de los ángeles y no la cumplieron".

domingo, 18 de febrero de 2018

Lucas 4,1-15: Tentaciones de Jesús en el desierto y comienzo de la predicación de Jesús

Lucas 4,1-15 (Cf. Mateo 4,1-11; Marcos 1,12-13)
Domingo de la 1 Semana de Cuaresma, ciclo C

1 Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán 
   y fue conducido por el Espíritu al desierto,
2 donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. 
   No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre.
3 El demonio le dijo entonces: 
   "Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan".
4 Pero Jesús le respondió: "Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan".
5 Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, 
   le mostró en un instante todos los reinos de la tierra
6 y le dijo: "Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, 
   porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero.
7 Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá".
8 Pero Jesús le respondió: 
   "Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto".
9 Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: 
   "Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo,
10 porque está escrito: 
     Él dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden.
11 Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".
12 Pero Jesús le respondió: 
     "Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".
13 Una vez agotadas todas las formas de tentación, 
     el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.

Comienzo de la predicación de Jesús
Cf. Mt 4,12-17; Mc 1,14-15  

4:14 Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región.
4:15 Enseñaba en sus sinagogas y todos lo alababan.


SOBRE EL MISMO TEMA:

domingo, 27 de agosto de 2017

Éxodo 34,18-28: Fiestas

Éxodo 34,18-28: Fiestas
Cf. Éxodo 23,14.19; Deuteronomio 16,1-17 

34:18 Guardarás la fiesta de los Ázimos; siete días comerás ázimos como te he mandado, al tiempo señalado, esto es, en el mes de Abib, pues en el mes de Abib saliste de Egipto.
34:19 Todo lo que abre el seno es mío, todo primer nacido, macho, sea de vaca o de oveja, es mío.
34:20 El primer nacido de asno lo rescatarás con una oveja; y si no lo rescatas, lo desnucarás. Rescatarás todos los primogénitos de tus hijos, y nadie se presentará ante mí con las manos vacías.
34:21 Seis días trabajarás, mas en el séptimo descansarás; descansarás en tiempo de siembra y siega.
34:22 Celebrarás la fiesta de las Semanas: la de las primicias de la siega del trigo, y también la fiesta de la recolección al final del año.
34:23 Tres veces al año se presentarán todos tus varones ante Yahveh, el Señor, el Dios de Israel.
34:24 Pues cuando yo expulse a los pueblos delante de ti y ensanche tus fronteras, nadie codiciará tu tierra cuando tres veces al año subas a presentarte ante Yahveh, tu Dios.
34:25 No inmolarás con pan fermentado la sangre de mi sacrificio, ni quedará hasta el día siguiente la víctima de la fiesta de Pascua.
34:26 Llevarás a la casa de Yahveh, tu Dios, lo mejor de las primicias de los frutos de tu suelo. No cocerás el cabrito en la leche de su madre."
34:27 Dijo Yahveh a Moisés: "Consigna por escrito estas palabras, pues a tenor de ellas hago alianza contigo y con Israel."
34:28 Moisés estuvo allí con Yahveh cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua. Y escribió en las tablas las palabras de la alianza, las diez palabras.   

domingo, 13 de agosto de 2017

Génesis 50,1-21: Temor de los hermanos de José

Génesis 50,1-21

50:1 José cayó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y lo besó.
50:2 Luego encargó José a sus servidores médicos que embalsamaran a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel.
50:3 Emplearon en ellos cuarenta días, porque este es el tiempo que se emplea con los embalsamados. Y los egipcios le lloraron durante setenta días.
50:4 Transcurridos los días de luto por él, habló José a la casa de Faraón en estos términos: "Si he hallado gracia a vuestros ojos, por favor, haced llegar a oídos de Faraón esta palabra:
50:5 Mi padre me tomó juramento diciendo: "Yo me muero. En el sepulcro que yo me labré en el país de Canaán, allí me has de sepultar." Ahora, pues, permíteme que suba a sepultar a mi padre, y luego volveré."
50:6 Dijo Faraón: "Sube y sepulta a tu padre como él te hizo jurar."
50:7 Subió José a enterrar a su padre, y con él subieron todos los servidores de Faraón, los más viejos de palacio, y todos los ancianos de Egipto,
50:8 así como toda la familia de José, sus hermanos y la familia de su padre. Tan sólo a sus pequeñuelos, sus rebaños y vacadas, dejaron en el país de Gosen.
50:9 Subieron con él además carros y aurigas: un cortejo muy considerable.
50:10 Llegados a Goren Haatad, que está allende el Jordán, hicieron allí un duelo muy grande y solemne, y José lloró a su padre durante siete días.
50:11 Los cananeos, habitantes del país, vieron el duelo en Goren Haatad y dijeron: "Duelo de importancia es ése de los egipcios." Por eso se llamó el lugar Abel Misráyim, que está allende el Jordán.
50:12 Sus hijos, pues, hicieron por él como él se lo había mandado;
50:13 le llevaron sus hijos al país de Canaán, y le sepultaron en la cueva del campo de la Makpelá, el campo que había comprado Abraham en propiedad sepulcral a Efrón el hitita, enfrente de Mambré.
50:14 Regresó José a Egipto con sus hermanos, y todos cuantos habían subido con él a sepultar a su padre.
50:15 Vieron los hermanos de José que había muerto su padre y dijeron: "A ver si José nos guarda rencor y nos devuelve todo el daño que le hicimos."
50:16 Por eso mandaron a José este recado: "Tu padre encargó antes de su muerte:
50:17 "Así diréis a José: Por favor, perdona el crimen de tus hermanos y su pecado." Cierto que te hicieron daño, pero ahora tú perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre." Y José lloró mientras le hablaban.
50:18 Fueron entonces sus hermanos personalmente y cayendo delante de él dijeron: "Henos aquí, esclavos tuyos somos."
50:19 Replicóles José: "No temáis, ¿estoy yo acaso en vez de Dios?
50:20 Aunque vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien, para hacer sobrevivir, como hoy ocurre, a un pueblo numeroso.
50:21 Así que no temáis; yo os mantendré a vosotros y a vuestros pequeñuelos." Y les consoló y les habló con afecto. 

sábado, 12 de agosto de 2017

1 Reyes 19,9-18: El silencio que rodea la venida de Dios

1 Reyes 19,9-18

19:9 Allí, entró en la gruta y pasó la noche. Entonces le fue dirigida la palabra del Señor.
19:10 El Señor le dijo: "¿Qué haces aquí, Elías?". Él respondió: "Me consumo de celo por el Señor, el Dios de los ejércitos, porque los israelitas abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron a tus profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme la vida".
19:11 El Señor le dijo: "Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor". Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto.
19:12 Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave.
19:13 Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. Entonces le llegó una voz, que decía: "¿Qué haces aquí, Elías?"
19:14 Él respondió: "Me consumo de celo por el Señor, el Dios de los ejércitos, porque los israelitas abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron a tus profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme la vida".
19:15 El Señor le dijo: "Vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco. Cuando llegues, ungirás a Jazael como rey de Arám.
19:16 A Jehú, hijo de Nimsí, lo ungirás rey de Israel, y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás profeta en lugar de ti.
19:17 Al que escape de la espada de Jazael, lo hará morir Jehú; al que escape de la espada de Jehú, lo hará morir Eliseo.
19:18 Pero yo preservaré en Israel un resto de siete mil hombres: todas las rodillas que no se doblaron ante Baal y todas las bocas que no lo besaron".

— Comentario por Reflexiones Católicas  
“El silencio que rodea la venida de Dios” 

En tiempos de crisis religiosa y de persecución, Elías rehace el camino de Moisés y peregrina al lugar de la gran experiencia religiosa. Allí experimenta la presencia de Dios y escucha su palabra, que le confirma su misión: Elías no puede abandonar la lucha, debe continuar.

El fragmento que leemos nos invita a discernir, también a nosotros, la presencia del Señor en el "susurro": no tenemos que esperar el golpetazo de un viento huracanado, un terremoto o un fuego caído del cielo.

Con toda naturalidad, imperceptiblemente, Jesús se nos acerca en el esfuerzo diario, en medio de la oscuridad (3a lectura). No tengamos miedo, no dejemos que la duda corroa el gozo escondido de su presencia.

¡El misterio de la presencia de Dios en nuestras vidas! No debemos esperar grandes manifestaciones esplendorosas e imponentes: Elías la experimenta como un susurro y no como un viento huracanado (Dios cuesta de discernir y nos puede pasar de largo). Tan cerca que lo tenemos: como un susurro que penetra imperceptiblemente toda nuestra vida y el mundo entero.

Pero debemos salir de la cueva de nuestras seguridades y nuestros temores, y quién sabe si tenemos que emprender, como Elías, un peregrinaje largo y difícil. ¿Hacia dónde? No, no consiste en ir de acá para allá, ya que Dios es accesible en todas partes: "Se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad" (Jn 4,21-23). Se trata de una peregrinación interior.

Amenazado de muerte por la impía Jezabel, Elías huye del país y se dirige al monte Horeb o Sinaí. Su marcha dura cuarenta días a través del desierto, durante los cuales revive la experiencia del éxodo de Israel. Dios le proporciona el agua y el pan que necesita y, al llegar al Sinaí, se refugia en la misma cueva en la que se escondió Moisés esperando el "paso del Señor" (cf. Ex 32,22).

Elías, representante de los profetas, vuelve a las raíces del pueblo de Israel y a los orígenes de su historia. Con ello significa que su reforma religiosa, por cuya causa es perseguido, entronca directamente con la obra de Moisés: toda reforma autentica de Israel es una restauración de la alianza con Yahvé.

Si el huracán, el terremoto y el fuego abrasador fueron señales de la presencia de Yahvé en el Sinaí cuando la promulgación de la ley (Ex 19) ahora Yahvé se revela al profeta Elías en el susurro de una brisa. La teofanía es diferente y se acomoda a los nuevos tiempos que inaugura Yahvé por medio de los profetas. La brisa es el símbolo del espíritu de Dios y de la fuerza renovadora que ejerce por medio de los profetas.

El ciclo de Elías (caps. 17-22) pone de relieve la figura de este gran profeta comparable a Moisés. Así como Samuel patrocinó de mala gana un cambio de régimen, Natán sancionó la promesa dinástica a David, y Ajías fue el que anunció la desgracia del desgarrón en dos reinos, a Elías le toca un problema más hondo y más delicado: el pueblo abandona a Dios, quiere cambiar de Dios, la tarea demoledora de Jezabel, mujer del rey, en estrecha colaboración con los cultos cananeos y con los sacerdotes de los baales es la causa inmediata del desastre.

Elías lucha con denuedo: será el que retenga la lluvia (cap. 17) y el que la dé (cap. 18), poder que pretendían usar a su antojo los sacerdotes de Baal, dios de la fecundidad. Estos mismos sacerdotes perecerán a sus manos (cap. 18). Esto le ha valido la persecución de la impía reina Jezabel. En su huida fuerte y dura (19,4) llega a una cueva del Horeb donde Dios se le va a manifestar en la sencillez y en la pobreza.

Los vientos que en Palestina vienen del Oeste llegan a constituir auténticos y temibles torbellinos que provocan fuertes tempestades (3a.lectura). Por eso, en el Antiguo Testamento uno de los símbolos más comunes para designar la fuerza y la presencia de Dios es el viento, el huracán. Sin embargo, Dios abandona este camino espectacular y se va a manifestar en una señal de sencillez. El carácter impetuoso de Elías tendría que hacer un esfuerzo para situarse en este óptica de despojo.

Palestina ha sufrido en su historia violentos terremotos (cf. Am 1,1; Za 14,5). La Biblia ve en ellos una manifestación de la potencia del Creador que viene a ayudar o a juzgar a un pueblo (cf. Ex 19,18; Jc 5,4). También Dios va a abandonar este camino de conmoción por algo más interior al hombre mismo.

"Susurro"=literalmente "el silbido de un silencio tenue". Para Elías este silencio debía ser tan inquietante y estar tan cargado de significación como el viento, el terremoto y el fuego. Pero si aquellos anunciaban una acción destructora y negativa (cf. vv. 15-17), "el silbido de un silencio tenue" hay que ponerlo en relación con la acción positiva, creadora y salvífica del Señor que ha mantenido en su pueblo un resto que vive y cree, los siete mil de los que se hablará en el v. 18.

El silencio que rodea la venida del Señor es tal vez una nota antibaalista, siendo Baal el dios de la tormenta. Este es el momento capital de la revelación del Señor a Elías. Descubrir a Dios en la sencillez y en lo pequeño es una tarea a la que el creyente de hoy debe darse con entereza. Le va mucho en ello. 

miércoles, 9 de agosto de 2017

MIÉRCOLES DE LA 18 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Números 13,1-2.25;14,1.26-30.34-35
Salmo 105: Acuérdate de mí, Señor, 
por amor a tu pueblo
Mateo 15,21-28

Números 13,1-2.25;14,1.26-30.34-35

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés en el desierto de Farán:
— Envía gente a explorar el país de Canaán, que yo voy a entregar a los israelitas: envía uno de cada tribu, y que todos sean jefes.
Al cabo de cuarenta días volvieron de explorar el país; y se presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad israelita, en el desierto de Farán, en Cadés. Presentaron su informe a toda la comunidad y les enseñaron los frutos del país. Y les contaron:
— Hemos entrado en el país adonde nos enviaste; es una tierra que mana leche y miel; aquí tenéis sus frutos. Pero el pueblo que habita el país es poderoso, tienen grandes ciudades fortificadas (hemos visto allí hijos de Anac). Amalec vive en la región del desierto, los hititas, jebuseos y amorreos viven en la montaña, los cananeos junto al mar y junto al Jordán.
Caleb hizo callar al pueblo ante Moisés y dijo:
— Tenemos que subir y apoderarnos de esa tierra, porque podemos con ella.
Pero los que habían subido con él replicaron:
— No podemos atacar al pueblo, porque es más fuerte que nosotros.
Y desacreditaban la tierra que habían explorado delante de los israelitas:
— La tierra que hemos cruzado y explorado es una tierra que devora a sus habitantes; el pueblo que hemos visto en ella es de gran estatura. Hemos visto allí gigantes, hijos de Anac: parecíamos saltamontes a su lado, y así nos veían ellos.
Entonces toda la comunidad empezó a dar gritos, y el pueblo lloró toda la noche. El Señor dijo a Moisés y Aarón:
— ¿Hasta cuándo seguirá esta comunidad malvada protestando contra mí? He oído a los israelitas protestar de mí. Pues diles: Por mi vida -oráculo del Señor-, que os haré lo que me habéis dicho en la cara; en este desierto caerán vuestros cadáveres, y de todo vuestro censo, contando de veinte años para arriba, los que protestasteis contra mí no entraréis en la tierra donde juré que os establecería. Sólo exceptúo a Josué, hijo de Nun, y a Caleb, hijo de Jefoné. Contando los días que explorasteis la tierra, cuarenta días, cargaréis con vuestra culpa un año por cada día, cuarenta años. Para que sepáis lo que es desobedecerme. Yo, el Señor, juro que trataré así a esta comunidad perversa que se ha amotinado contra mí: en este desierto se consumirán y en él morirán.

Salmo 105: Acuérdate de mí, Señor, 
por amor a tu pueblo

Hemos pecado con nuestros padres,
hemos cometido maldades e iniquidades.
Nuestros padres en Egipto
no comprendieron tus maravillas.
R. Acuérdate de mí, Señor, 
por amor a tu pueblo

Bien pronto olvidaron sus obras,
y no se fiaron de sus planes:
ardían de avidez en el desierto
y tentaron a Dios en la estepa.
R. Acuérdate de mí, Señor, 
por amor a tu pueblo

Se olvidaron de Dios, su salvador,
que había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en el país de Cam,
portentos junto al mar Rojo.
R. Acuérdate de mí, Señor, 
por amor a tu pueblo

Dios hablaba ya de aniquilarlos;
pero Moisés, su elegido,
se puso en la brecha frente a él,
para apartar su cólera del exterminio.
R. Acuérdate de mí, Señor, 
por amor a tu pueblo

Mateo 15,21-28

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: "Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo." Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: "Atiéndela, que viene detrás gritando." Él les contestó: "Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel." Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: "Señor, socórreme." Él le contestó: "No está bien echar a los perros el pan de los hijos." Pero ella repuso: "Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos." Jesús le respondió: "Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas." En aquel momento quedó curada su hija.

sábado, 5 de agosto de 2017

1 Reyes 19,1-8: El viaje de Elías al monte Horeb

1 Reyes 19,1-8

19:1 Ajab contó a Jezabel todo lo que había hecho Elías y cómo había pasado a todos los profetas al filo de la espada.
19:2 Jezabel envió entonces un mensajero a Elías para decirle: "Que los dioses me castiguen si mañana, a la misma hora, yo no hago con tu vida lo que tú hiciste con la de ellos".
19:3 Él tuvo miedo, y partió en seguida para salvar su vida. Llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su sirviente.
19:4 Luego caminó un día entero por el desierto, y al final se sentó bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamó: "¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!"
19:5 Se acostó y se quedó dormido bajo la retama. Pero un ángel lo tocó y le dijo: ¡Levántate, come!"
19:6 Él miró y vio que había a su cabecera una galleta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y se acostó de nuevo.
19:7 Pero el Ángel del Señor volvió otra vez, lo tocó y le dijo: "¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho por caminar!"
19:8 Elías se levantó, comió y bebió, y fortalecido por ese alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el Horeb.

viernes, 4 de agosto de 2017

1 Reyes 11,41-43: Fin del reinado de Salomón

1 Reyes 11,41-43: Fin del reinado de Salomón
Cf. 2 Crónicas 9,29-31

11:41 El resto de los hechos de Salomón y todo lo que él hizo, lo mismo que su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los Anales de Salomón?
11:42 Salomón reinó sobre todo Israel durante cuarenta años.
11:43 Luego se fue a descansar con sus padres, y fue sepultado en la Ciudad de David, su padre. Su hijo Roboám reinó en lugar de él.

martes, 1 de agosto de 2017

MARTES DE LA 17 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Exodo 33,7-11;34,5b-9.28
Salmo 102: El Señor es compasivo y misericordioso
Mateo 13,36-43

Exodo 33,7-11;34,5b-9.28

En aquellos días, Moisés levantó la tienda de Dios y la plantó fuera, a distancia del campamento, y la llamó "tienda del encuentro". El que tenía que visitar al Señor salía fuera del campamento y se dirigía a la tienda del encuentro. Cuando Moisés salía en dirección a la tienda, todo el pueblo se levantaba y esperaba a la entrada de sus tiendas, mirando a Moisés hasta que éste entraba en la tienda; en cuanto él entraba, la columna de nube bajaba y se quedaba a la entrada de la tienda, mientras él hablaba con el Señor, y el Señor hablaba con Moisés. Cuando el pueblo veía la columna de nube a la puerta de la tienda, se levantaba y se prosternaba, cada uno a la entrada de su tienda. El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo. Después él volvía al campamento, mientras Josué, hijo de Nun, su joven ayudante, no se apartaba de la tienda. Y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él, proclamando: "Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad. Misericordioso hasta la milésima generación, que perdona culpa, delito y pecado, pero no deja impune y castiga la culpa de los padres en los hijos y nietos, hasta la tercera y cuarta generación." Moisés al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: "Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya." Moisés estuvo allí con el Señor cuarenta días con sus cuarenta noches: no comió pan ni bebió agua; y escribió en las tablas las cláusulas del pacto, los diez mandamientos

Salmo 102: El Señor es compasivo y misericordioso

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.
R. El Señor es compasivo y misericordioso

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo.
R. El Señor es compasivo y misericordioso

No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles.
R. El Señor es compasivo y misericordioso

Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles.
R. El Señor es compasivo y misericordioso

Mateo 13,36-43

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: "Acláranos la parábola de la cizaña en el campo." Él les contestó: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga."