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domingo, 28 de julio de 2024

¿Somos personas espirituales?



¿Somos personas espirituales? Cuando haces esta pregunta a un grupo de personas creyentes la respuesta es SÍ. Entonces, la siguiente pregunta es: "¿Y cómo es una persona espiritual?"

Aquí algunas caras muestran sorpresa o dificultad. ¿Qué quiere decir que soy una persona espiritual? "Una persona espiritual es una persona que reza, que va a la iglesia..." Esta fue mi respuesta hace muchos años, cuando nos preparabamos para recibir el sacramento de la confirmación. Y el catequista me dijo: "Tal vez si o tal vez no. Yo voy muy a menudo a la cocina y me paso bastante tiempo cocinando, pero no soy cocinero".

Un compañero del grupo de Confirmación, dijo: "Una persona espiritual puede escribir un poema, leer y componer música"; entonces, el catequista respondió: "Tal vez si o tal vez no. Vosotros diríais que una persona que escribe un libro o compone una sinfonía para hacerse millonario es una persona espiritual?" Uau! Otra vez nos salía con una de las suyas y teníamos que darle la razón.

Pero entonces, ¿cómo es una persona espiritual?, preguntamos todos.

La persona espiritual ve mas allá de sí misma: de sus deseos, ansiedades, tristezas, éxitos, fracasos; de si es guapa o fea, alto o bajo, gordo o flaco. Cuando alguien sacrifica su orgullo, privilegios, comodidad, unos momentos de placer, para hacerse más accesible a los demás, es una persona espiritual.

Un persona espiritual es libre para decidir algo contrario a lo que sus impulsos y emociones le exigen. Por eso, cuando a una persona actúa bajo el influjo de la ira, la envidia, la lujuria..., está muy lejos de ser una persona espiritual. Una persona espiritual es capaz de perdonar incluso cuando esta herida.

Una persona espiritual es capaz decir no al chocolate, al tabaco, al alcohol, aunque su cuerpo se lo pida con vehemencia. Por eso, las personas espirituales practican la negación de sí mismas, y no les mueve el orgullo o la ambición, sino el querer darse más a los demás.

Espero que os hayáis dado cuenta de que hay personas que rezan pero no son espirituales. Y es que ser una persona espiritual no es fácil.

sábado, 27 de julio de 2024

Fe



Biblia:

Historia:

Año litúrgico:




Diferencia entre fe e ideología religiosa, por Abel de Jesús

+ Sobre fe

viernes, 3 de mayo de 2024

3 de mayo: FIESTA DE SAN FELIPE Y SANTIAGO, Apóstoles, por el papa Francisco

I Corintios 15,1-8
Salmo 18: A toda la tierra alcanza su pregón
Juan 14,6-14

I Corintios 15,1-8

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mí.

Salmo 18: A toda la tierra alcanza su pregón

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.
R. A toda la tierra alcanza su pregón

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón,
y hasta los límites del orbe su lenguaje.
R. A toda la tierra alcanza su pregón

Juan 14,6-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a Tomás: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto." Felipe le dice: "Señor, muéstranos a] Padre y nos basta." Jesús le replica: "Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí.. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre; y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré."

ENSEÑAR LA FE CON VALENTIA
Comentario del papa Francisco (3 de mayo del 2013)

Todos los cristianos tienen el deber de transmitir la fe con valentía. Fue la exhortación del papa Francisco a los fieles presentes en la misa diaria celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, donde reside desde su elección al solio de Pedro.

Según informa Radio Vaticana, el santo padre indicó que es Jesús el que nos invita a tener coraje, incluso en la oración, e instó a los cristianos a no ser "tibios".

Todos nosotros los cristianos, que hemos recibido la fe, tenemos que transmitirla, proclamarla con nuestra vida, con nuestra palabra.

¿Pero cuál es esta fe fundamental?, se preguntó Francisco. “Es la fe en Jesús resucitado, en Jesús que ha perdonado nuestros pecados con su muerte y nos ha reconciliado con el Padre".

"Y transmitir esto –-prosiguió--, nos exige ser valientes: el valor de transmitir la fe. Una valentía, a veces, simple. Recuerdo una historia personal: desde niño, mi abuela nos llevaba cada Viernes Santo a la procesión de las Velas y al final de la procesión llegaba el Cristo yacente y la abuela nos hacía arrodillarnos y nos decía a los niños: “Miren, está muerto, pero mañana habrá resucitado”. La fe se introduce así: la fe en Cristo crucificado y resucitado. En la historia de la Iglesia fueron muchas, muchas las personas que han querido, un poco, desaparecer esta certeza firme y hablan de una resurrección espiritual. No, ¡Cristo está vivo!".

"Cristo está vivo" y está "¡vivo también entre nosotros!", reiteró Francisco, quien a la vez exhortó a los cristianos a tener el valor de proclamar su resurrección, la Buena Nueva.

Pero también hay otro valor que Jesús nos pide: "Jesús --por decirlo un poco fuerte--, nos desafía a la oración y dice así: "Todo lo que pidan en mi nombre, yo lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo". Si piden algo en mi nombre, yo lo haré... ¡Esto es fuerte! Nos atrevemos a ir donde Jesús y pedirle así: "Pero tú has dicho esto, ¡hazlo! Haz que la fe crezca, haz a que la evangelización siga adelante, haz que este problema que tengo se resuelva. ¿Tenemos este valor en la oración? ¿O rezamos un poco no más, así, como se pueda, pasando poco tiempo en la oración? Si no con valor, con franqueza incluso en la oración..."

El papa recordó que, como leemos en la Biblia, Abraham y Moisés tuvieron el valor de "negociar con el Señor". Una valentía “en favor de los otros, a favor de la Iglesia", que sirve también hoy:

"Cuando la Iglesia pierde la valentía, entra en la Iglesia la atmósfera de la tibieza. Los tibios, los cristianos tibios, sin valor... Eso le hace tanto mal a la Iglesia, porque la tibieza te encierra, empiezan los problemas entre nosotros; no tenemos horizontes, no tenemos valor, ni el valor de la oración hacia el cielo, ni el valor para anunciar el evangelio. Somos tibios... Pero tenemos el coraje de encerrarnos en nuestras pequeñas cosas, en nuestros celos, en nuestras envidias, en el arribismo, en avanzar de manera egoísta..."

Y finalizó diciendo: "Todas estas cosas no son buenas para la Iglesia: ¡la Iglesia tiene que ser valiente! Todos tenemos que ser valientes en la oración, desafiando a Jesús".

sábado, 22 de julio de 2023

Mateo 13,36-43: Desconcertados por la resistencia y la oposición


En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: "Acláranos la parábola de la cizaña en el campo." Él les contestó: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga."

Comentario por Reflexiones Católicas
 "Desconcertados por la resistencia y la oposición"

Jesús explica por medio de parábolas la realidad del Reino, tan diferente de las expectativas de la muchedumbre y de los mismos discípulos, desconcertados y tal vez decepcionados por las resistencias y las oposiciones encontradas por el Maestro (capítulos 11s).

Las diversas corrientes espirituales contemporáneas a Jesús —fariseos, zelotas, esenios, qumranianos— tendían a formar una comunidad de justos separados de los malvados y de los infieles, a fin de preparar la venida del Reino de Dios. Jesús, en cambio, hace comprender que el Reino está presente y crece desde ahora, aunque su desarrollo esté obstaculizado por la cizaña, o sea, por la acción de aquellos que están sometidos al maligno (v. 38).

La eliminación definitiva de las fuerzas del mal no vendrá hasta el fin de los tiempos, de ahí que el momento actual deba caracterizarse por la paciencia y por la confianza: Dios mismo intervendrá para destruir el mal y para tutelar a los que le pertenecen, pero no corresponde al hombre proceder a una depuración que pueda comprometer el incremento del bien antes que favorecerlo.

Hay otra característica fundamental del Reino expresada con las imágenes del grano de mostaza y de la levadura: su prodigioso desarrollo acontece a partir de un comienzo insignificante. Sin embargo, este comienzo encierra una enorme potencialidad.

En el grano de mostaza y en la levadura podemos reconocer al mismo Jesús (cf. Jn 12,24) y su enseñanza, aunque también el testimonio eficaz de la comunidad cristiana, que no debe preocuparse por su propia «visibilidad». Por otra parte, esta comunidad no será nunca, aquí abajo, una comunidad de perfectos: deberá tolerar en su interior individuos turbulentos y ser capaz de superar las ocasiones de tropiezo. Sin embargo, el trabajo del tiempo presente desembocará en la gloria, cuando el Hijo del hombre —con quien se identifica Jesús— juzgará la historia y entregará el Reino al Padre, a fin de que Dios sea todo en todos (v 37-43; cf. 1 Cor 15,24-28).

A través de las parábolas se puede percibir, ya desde ahora, el proyecto divino sobre el cosmos —“lo que estaba oculto desde la creación del mundo”— que se realizará plenamente cuando este mundo llegue a su desenlace final.

Una semilla minúscula puede encerrar en sí un árbol majestuoso, una mies abundante: así sucede con el Reino, así sucede con Jesús. Ahora bien, la semilla debe morir para dar su fruto...

Un puñado de levadura fermenta toda una gran masa de harina y la transforma en pan. Sin embargo, la levadura debe desaparecer para ser eficaz... Jesús nos educa para contemplar la realidad con unos ojos nuevos, descubriendo en ella como en filigrana el designio del Padre, el rostro del Hijo, la acción del Espíritu.

A nosotros, discípulos constantemente tentados a desanimarnos, por la inutilidad de nuestros esfuerzos, nos ofrece el Señor su mirada, sus pensamientos, que distan de los nuestros como el cielo está por encima de la tierra.

Dios ha elegido lo que es débil, lo que es necio, insignificante a los ojos del mundo, para renovar el mundo desde sus fundamentos. Ha elegido la cruz —esto es, la aniquilación y la infamia— para salvar a la humanidad y redimir el cosmos. En consecuencia, no debe maravillarnos la presencia del mal que nos asedia y obstaculiza lo que hacemos. Este dato, de hecho, nos obliga a renovar cada día nuestra adhesión al Señor y, por eso mismo, a asumir nuestra cruz con perseverancia y amor. Sólo así podremos compartir la misión y la suerte del Hijo, que ha destruido el pecado y perdonado a los pecadores muriendo como semilla en el surco de nuestra historia para llevar al Padre, en «el tiempo de la siega», la abundante mies de los salvados.

Del fracaso de una hora ha germinado la gloria eterna, ofrecida a todos nosotros, «hijos del Reino», hijos en el Hijo por la misericordia del Padre.

domingo, 7 de mayo de 2023

Hechos 14,8-20: Curación de un paralítico en Listra

14,8-20: Curación de un paralítico en Listra


(vv. 5-7) En aquellos días, se produjeron en Iconio conatos de parte de los gentiles y de los judíos, a sabiendas de las autoridades, para maltratar y apedrear a Pablo y a Bernabé; ellos se dieron cuenta de la situación y se escaparon a Licaonia, a las ciudades de Listra y Derbe y alrededores, donde predicaron el Evangelio.

8 Había en Listra un hombre que tenía los pies paralizados, inválido de nacimiento, 
   que nunca había caminado. 
9 Escuchaba sentado lo que Pablo decía. Éste fijó en él la mirada y, viendo que tenía fe para salvarse, 
10 le dijo en voz alta: —Ponte derecho sobre los pies. Él dio un salto y se puso a caminar.
11 Al ver lo que había hecho Pablo, la gente empezó a gritar en lengua licaonia: 
     —¡Dioses en figura de hombres han bajado hasta nosotros! 
12 A Bernabé lo llamaban Zeus y a Pablo Hermes, porque era el portavoz. 
13 El sacerdote del templo de Zeus, que estaba a la entrada de la ciudad, trajo toros y guirnaldas 
     a las puertas de la ciudad e intentaba ofrecer un sacrificio con la multitud.
14 Al oírlo, los apóstoles Bernabé y Pablo se rasgaron los vestidos 
     y se lanzaron hacia la multitud gritando: 
15 —¡Amigos! ¿Qué están haciendo? Nosotros también somos hombres igual que ustedes 
     y les predicamos que deben abandonar los ídolos para convertirse al Dios vivo, que hizo el cielo, 
     la tierra, el mar y cuanto contienen. 
16 Aunque en otros tiempos, Él permitió a los paganos seguir sus caminos; 
17 nunca dejó de manifestarse como bienhechor, enviándoles lluvias desde el cielo, buenas cosechas, 
     alimentándolos y teniéndolos contentos. 
18 Con estas palabras apenas lograron impedir que la multitud les ofreciera sacrificios. 
19 Pero unos judíos, venidos de Antioquía e Iconio, convencieron a la gente para que apedrease a Pablo.
     Luego dándolo por muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad. 
20 Los discípulos lo rodearon, él se levantó y entró en la ciudad.

lunes, 20 de febrero de 2023

Marcos 9,14-29: Curación de un endemoniado epiléptico

Marcos 9,14-29 (Cf. Mt 17,14-20; Lc 9,37-43)
Lunes de la 7 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II


En aquel tiempo, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo. Él les preguntó: "¿De qué discutís?" Uno le contestó: "Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces."Él les contestó: "¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo." Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: "¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?" Contestó él: "Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos." Jesús replicó: "¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe." Entonces el padre del muchacho gritó: "Tengo fe, pero dudo; ayúdame." Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: "Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él." Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó, cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: "¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?" Él les respondió: "Esta especie sólo puede salir con oración."

SOBRE EL MISMO TEMA:

Imágenes del Evangelio:



Lunes de la 7 Semana del Tiempo Ordinario, Año I (lecturas)

Eclesiástico 1,1-10
Salmo 92,1ab.1c-2.5: 
El Señor reina, vestido de majestad
Marcos 9,14-29



Toda sabiduría viene del Señor y está con él eternamente. La arena de las playas, las gotas de la lluvia, los días de los siglos, ¿quién los contará? La altura del cielo, la anchura de la tierra, la hondura del abismo, ¿quién los rastreará? Antes que todo fue creada la sabiduría; la inteligencia y la prudencia, antes de los siglos. La raíz de la sabiduría, ¿a quién se reveló?; la destreza de sus obras, ¿quién la conoció? Uno solo es sabio, temible en extremo; está sentado en su trono. El Señor en persona la creó, la conoció y la midió, la derramó sobre todas sus obras; la repartió entre los vivientes, segun su generosidad se la regaló a los que lo temen.


El Señor reina, vestido de majestad

El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor vestido y ceñido de poder.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.
R. El Señor reina, vestido de majestad



En aquel tiempo, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas dicutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo. Él les preguntó: "¿De qué discutís?" Uno le contestó: "Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces." Él les contestó: "¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo." Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: "¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?" Contestó él: "Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos." Jesús replicó: "¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe." Entonces el padre del muchacho gritó: "Tengo fe, pero dudo; ayúdame." Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: "Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él." Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó, cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie. Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: "¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?" Él les respondió: "Esta especie sólo puede salir con oración."

jueves, 1 de diciembre de 2022

Mateo 9,27-31: "Se les abrieron los ojos"

Mateo 9,27-31

En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando: "Ten compasión de nosotros, hijo de David." Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: "¿Creéis que puedo hacerlo?" Contestaron: "Sí, Señor." Entonces les tocó los ojos, diciendo: "Que os suceda conforme a vuestra fe." Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: "¡Cuidado con que lo sepa alguien!" Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.

SOBRE EL MISMO TEMA:

domingo, 27 de noviembre de 2022

Mateo 8,5-17: "Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades"

Mateo 8,5-17

Mt 8,5-13: Curación del sirviente de un centurión

5 Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole:
6 "Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente".
7 Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo".
8 Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra     y mi sirviente se sanará.
9 Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a 
   mis órdenes: "Ve", él va, y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "Tienes que hacer 
   esto", él lo hace".
10 Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro que no he encontrado a nadie 
     en Israel que tenga tanta fe.
11 Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con 
     Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos;
12 en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y      
     rechinar de dientes". 
13 Y Jesús dijo al centurión: "Ve, y que suceda como has creído". Y el sirviente se curó en ese mismo 
     momento.

Mt 8,14-15: Curación de la suegra de Pedro
Cf. Marcos 1,29-31; Lucas 4,38-39

14 Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de éste en cama con fiebre.
15 Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo.

Mt 8,16-17: Diversas curaciones
Cf. Marcos 1,32-34; Lucas 4,40-41

16 Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a 
     todos los que estaban enfermos,
17 para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: Él tomó nuestras 
     debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades.

lunes, 14 de noviembre de 2022

Lucas 18,35-43: Curación del ciego de Jericó (clave de lectura)


En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello, y le explicaron: "Pasa Jesús Nazareno". Entonces gritó: "¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!" Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!" Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?" El dijo: "Señor, que vea otra vez". Jesús le contestó: "Recobra la vista, tu fe te ha curado". En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.


CLAVE DE LECTURA:

El evangelio de hoy describe la llegada de Jesús a Jericó. Es la última parada antes de la subida a Jerusalén, donde se realiza el “éxodo” de Jesús según había anunciado en su Transfiguración (Lc 9,31) y a lo largo de la caminada hasta Jerusalén (Lc 9,44; 18,31-33).

• Lucas 18,35-37:
El ciego sentado junto al camino

En el evangelio de Marcos, el ciego se llama Bartimeo (Mc 10,46). Al ser ciego, no podía participar en la procesión que acompañaba a Jesús. En aquel tiempo, había muchos ciegos en Palestina, pues el sol fuerte golpeando contra la tierra pedregosa emblanquecida hacía mucho daño a los ojos sin protección.

• Lucas 18,38-39:
El grito del ciego y la reacción de la gente

El catecismo de aquella época enseñaba que el mesías sería de la descendencia de David, “hijo de David”, mesías glorioso. A Jesús no le gustaba este título. Citando el salmo mesiánico, él llegó a preguntar: “¿Cómo es que el mesías puede ser hijo de David si hasta el mismo David le llama “mi Señor” (Lc 20,41-44)

El grito del ciego incomodaba a la gente que acompañaba a Jesús. Por esto, “Los que iban delante le increpaban para que se callara”. Ellos trataban de acallar el grito, pero él gritaba mucho más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!” Hoy también, el grito de los pobres incomoda la sociedad establecida: migrantes, enfermos, mendigos, refugiados, ¡tantos!

• Lucas 18,40-41:
La reacción de Jesús ante el grito del ciego

Los que querían acallar el grito del pobre, ahora, a petición de Jesús, se ven obligados a ayudar al pobre a que llegue hasta Jesús. El evangelio de Marcos añade que el ciego dejó todo y se fue hasta Jesús. No tenía mucho. Apenas un manto. Pero era lo que tenía para cubrir su cuerpo. Era su seguridad, ¡su tierra firme!

Hoy también Jesús escucha el grito de los pobres que a veces nosotros no queremos escuchar. Cuando se acercó, le preguntó: “¿Qué quieres que te haga?” No basta gritar. ¡Hay que saber porqué se grita! Él dijo: “¡Señor, que vea!”.

• Lucas 18,42-43:
“Recobra tu vista”

El ciego había invocado a Jesús con ideas no totalmente correctas, pues el título de “Hijo de David” no era muy exacto. Pero él tiene más fe en Jesús que en sus ideas sobre Jesús. No expresa exigencias como Pedro (Mc 8,32-33).

Curado, sigue a Jesús y sube con él a Jerusalén. De este modo, se vuelve discípulo, modelo para todos nosotros que queremos “seguir a Jesús por el camino” hacia Jerusalén: creer más en Jesús que en nuestras ideas sobre Jesús. En esta decisión de caminar con Jesús está la fuente de valor y la semilla de la victoria sobre la cruz. Pues la cruz no es una fatalidad, ni una exigencia de Dios. Es la consecuencia del compromiso de Jesús, en obediencia al Padre, de servir a los hermanos y no aceptar privilegios.

La fe es una fuerza que transforma a las personas:

La Buena Nueva del Reino estaba escondida entre la gente, escondida como el fuego bajo las cenizas de las observancias sin vida. Jesús sopla sobre las cenizas y el fuego se enciende, el Reino aparece y la gente se alegra. La condición es siempre la misma: creer en Jesús.

La curación del ciego aclara un aspecto muy importante de nuestra fe. A pesar de invocar a Jesús con ideas no del todo correctas, el ciego tuvo fe y fue curado. Se convirtió, lo dejó todo y siguió a Jesús por el camino del Calvario.

La comprensión total del seguimiento de Jesús no se obtiene por la instrucción teórica, sino por el compromiso práctico, caminando con él por el camino del servicio, desde Galilea hasta Jerusalén.

Aquel que insiste en mantener la idea de Pedro, esto es, del Mesías glorioso sin la cruz, no va a entender nada de Jesús y no llegará nunca a tomar la actitud del verdadero discípulo. Aquel que sabe creer en Jesús y se entrega (Lc 9,23-24), que acepta ser el último (Lc 22,26), beber el cáliz y cargar con su cruz (Mt 20,22; Mc 10,38), éste, al igual que el ciego, aún teniendo las ideas no enteramente justas, “seguirá a Jesús por el camino” (Lc 18,43). En esta certeza de caminar con Jesús está la fuente de la audacia y la semilla de la victoria sobre la cruz.

Lucas 18,35-43: Curación del ciego de Jericó

Lucas 18,35-43
Lunes de la 33 Semana del Tiempo Ordinario  I y II

En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello, y le explicaron: "Pasa Jesús Nazareno". Entonces gritó: "¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!" Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!" Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?" El dijo: "Señor, que vea otra vez". Jesús le contestó: "Recobra la vista, tu fe te ha curado". En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.


COMENTARIOS:

lunes, 7 de noviembre de 2022

Lucas 17,5-10: Sobre la fe. Parábola del siervo humilde

Lucas 17,5-10  
Martes de la 32 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II (17,7-10)

5 Los Apóstoles dijeron al Señor: "Auméntanos la fe".
6 Él respondió: "Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, 
   y dijeran a esa morera que está ahí: "Arráncate de raíz y plántate en el mar", ella les obedecería.
7 Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. 
   Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: "Ven pronto y siéntate a la mesa"?
8 ¿No le dirá más bien: "Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme 
   hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después"?
9 ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?
10 Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: 
     "Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber"".


SOBRE EL MISMO TEMA:

domingo, 6 de noviembre de 2022

Lucas 17:1-6: Tropezar es inevitable, por Julio González, SF


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: "Lo siento", lo perdonarás.» Los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.» El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería.»

Comentario de Julio González, SF:
"Tropezar es inevitable"

Los tropiezos, las caídas, las debilidades, la tentación, son inevitables, pero "¡ay del que los provoca!" Con una profunda sensibilidad espiritual y social, el Señor da pie a que distingamos entre el escándalo y el que lo provoca ("Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca!") Este detalle es importante porque muchos decimos que no hacemos nada malo y, sin embargo, alguien podría decirnos que nuestro estilo de vida no tiene en cuenta a millones de personas que quisieran vivir en "la normalidad" que vivimos nosotros; lo cual, también es motivo de escándalo.

Por otra parte, algunas veces esperamos a que sean los otros los que se equivoquen. El fracaso de los demás nos produce cierto alivio porque de esta manera podemos justificar nuestro silencio y pasividad. El silencio y la pasividad también tienen su lado oscuro.

La envidia, el orgullo, los complejos, están en el corazón de todas las personas. Estos sentimientos nos han de ayudar a reconocer nuestras infidelidades: nuestra incapacidad para amar y para dejarnos amar. Sin embargo, místicos y santos no sienten el pecado como algo absolutamente negativo sino como una oportunidad para conocerse mejor: "Béndito sea mi pecado, mis debilidades y caídas, si me ayudan a ver que no soy tan bueno como me creía".

Jesús presenta el pecado a sus discípulos como una ocasión para el arrepentimiento y el perdón, no para que nos condenemos unos a otros. Esto es debido a que sin pecar y sin arrepentirnos no podemos llegar a ser la persona, la familia, la comunidad y la Iglesia, que estamos llamados a ser; por eso, los discípulos de Jesús no deberíamos escandalizarnos del pecador sino del modo como reaccionamos ante el pecado, el nuestro y el de los demás.

Lucas 17,1-6: Escándalo, corrección fraterna y el poder de la fe

Lucas 17,1-6
Lunes de la 32 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

• La gravedad del escándalo
(Cf. Mateo 18,6-10; Marcos 9,42-48)

1 Después dijo a sus discípulos: "Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!
2 Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, 
   antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
3 Por lo tanto, ¡tengan cuidado!

• La corrección fraterna
Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.
4 Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: "Me arrepiento", perdónalo".

• El poder de la fe

5 Los Apóstoles dijeron al Señor: "Auméntanos la fe".
6 Él respondió: "Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, 
   y dijeran a esa morera que está ahí: "Arráncate de raíz y plántate en el mar", ella les obedecería.


SOBRE EL ESCÁNDALO Y EL PECADO:

miércoles, 26 de octubre de 2022

Marcos 11,11-26: Expulsión de los mercaderes del templo

Marcos 11,11-26
Viernes de la 8 Semana del Tiempo Ordinario, año I y II

Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo:
— Nunca jamás coma nadie de ti.
Los discípulos lo oyeron. Llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. Y los instruía, diciendo:
— ¿No está escrito: "Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos." Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos.
Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su doctrina, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús:
— Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
Jesús contestó:
— Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate de ahí y tirate al mar", no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis. Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.


SOBRE EL MISMO TEMA:

sábado, 1 de octubre de 2022

La fe crece arriesgando. No hay fe si no hay riesgo.


Comentario por Julio González, S.F.

Santa Teresa de Ávila le decía a Jesús: "Señor, no me extraña que tengas tan pocos amigos si les tratas como a mí." En la primera lectura escuchamos la súplica de un creyente que lucha con su fe y, a fin de cuentas, con Dios:

"Hasta cuando, Señor, 
he de pedirte ayuda sin que tu me escuches? 
Hasta cuando he de quejarme de la violencia 
sin que tu nos salves? 
¿Por qué me haces presenciar calamidades? 
¿Por qué debo contemplar el sufrimiento?"

Algunas veces oramos diciendo "Señor, aumenta mi fe", cuando lo que queremos decir es "Señor, aumenta mi felicidad, mi comodidad, mi salud, mis seguridades...", pues esto lo que en realidad queremos. Pero la fe es otra cosa.

El cristiano que dice "Señor, aumenta mi fe" no le pide a Dios un cambio de planes, sino "esperanza, fortaleza, sabiduría, para enfrentarse a sus inseguridades y debilidades, a sus desafíos y conflictos".

La fe nos sostiene cuando nuestra paz, comodidad y seguridades, están en peligro. Por eso, oramos diciendo "aumenta mi fe". La fe no nos da la seguridad de que tendremos éxito, pero el miedo al fracaso no nos paraliza porque la misión del cristiano no consiste en asegurar la salud, la vida, las propiedades, sino en compartirlas, perderlas por algo o, mejor, por Alguien mas importante y querido que uno mismo.

Por eso, la fe es un don. No podemos inventarnos esa llamada, esa misión que da sentido a nuestra vida y a nuestra muerte. Esto es algo que se nos propone poco a poco, crece desde lo pequeño, sin prisas, sin embargo, una vez que se hace presente en la oración y vida del creyente, entonces, ya sólo tenemos dos opciones: o lo damos todo o abandonamos.

Cuando un amigo de Martin Luther King, Jr., le dijo: "Si continuas luchando por los derechos de nuestros hermanos, te van a matar", King respondió: "Si abandono ahora, mi vida sería mucho más tranquila y mi familia dejaría de preocuparse por mí, pero entonces viviría sin un propósito, sin un motivo, sin una causa por la que dar mi vida".

¿Qué es mejor: una vida llena de sentido, con entrega y sacrificio, o una vida sin entrega y sacrificio, pero sin sentido? Algunos aspiran a vivir una vida llena de sentido sin preocuparse y sin sacrificarse. ¿Es esto posible? No será que la entrega y el sacrificio son también necesarios en nuestra realización y crecimiento personal?

La entrega y el sacrificio no son malos, algo que hay que debemos evitar a toda costa. A veces este es el único camino para no vivir instalado en la mediocridad, pero para eso hace falta tener fe.

DOMINGO DE LA 27 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO C (Lecturas)

Habacuc 1:2-3; 2:2-4
Salmo 95 “Ojalá escuchen hoy la voz del Señor, 
no endurezcan el corazón”
2 Timoteo 1:6-8,13-14
Lucas 17:5-10


Habacuc 1,2-3; 2, 2-4

¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches?¿Te gritaré: "Violencia", sin que me salves?¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas?El Señor me respondió así: "Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe."


Salmo 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres
me pusieron a prueba y me tentaron,
aunque habían visto mis obras."
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón


2 Timoteo 1,6-8.13-14

Querido hermano: Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas y vive con fe y amor en Cristo Jesús. Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.


En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: "Auméntanos la fe." El Señor contestó: "Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: 'Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.""

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jueves, 22 de septiembre de 2022

Lucas 9,7-9: "Herodes estaba perplejo (...) y procuraba verlo"





























Comentario de Julio González sf:

Herodes, que había mandado decapitar a Juan Bautista, nos muestra en este episodio del Evangelio de Lucas que Jesús de Nazaret no es un personaje como otros de su tiempo. Incluso entre quienes no sentían una especial atracción por la religión, las profecías o la política, podía suscitar el deseo o la curiosidad de encontrarse con él para mostrarle su admiración o criticarlo. 

Jesús llama la atención, derriba barreras, rompe moldes, acalla prejuicios, desvela misterios, desmonta mitos. Como profeta, maestro, rabino, hijo de David, Mesías, sacerdote, rey, Jesús de Nazaret es una novedad que dejaba perplejos tanto a judíos como a no judíos, a creyentes como a no creyentes. 

Sin ser un predicador polémico (su vida y enseñanzas eran demasiado simples para recibir el calificativo de persona "polémica"), levantaba pasiones y controversias allí por donde pasaba. Los cristianos no deberían escandalizarse por la relevancia de esas pasiones y controversias; al contrario, debería preocuparnos si el Nombre de Jesús, asociado a la Iglesia, sostiene los prejuicios de sus detractores o provoca indiferencia.

La novedad de Jesús debe ser recuperada por la Iglesia, por todos los bautizados seguidores de Jesus de Nazaret. Es un lástima cuando el cristianismo convierte el Nombre de Jesús en una "marca usada" (odres viejos). La Iglesia es para muchos demasiado predecible y previsible, todo lo contrario de lo que fue Jesús para quienes oyeron hablar de él y le conocieron. La proclamación del evangelio parece perder a veces uno de sus componentes principales: la novedad, la frescura, la perplejidad que producía a creyentes y no creyentes.

¿Cómo podemos hacer esto?, se preguntarán algunos. La respuesta es simple: no hagamos de la fe cristiana una ideología, o una ley, o una costumbre. El novedad de la fe rompe nuestros moldes, cuestiona nuestras ideas y nos saca de nuestro acomodamiento.

martes, 16 de agosto de 2022

Sobre los lapsi


“Lapsi” es el nombre que se da en el siglo III a los cristianos que recaían en el paganismo, especialmente durante las persecuciones, negando la fe y ofreciendo sacrificio a los dioses paganos, o mediante otros actos. 

Muchos de los lapsi no regresaron al paganismo por convicción. Simplemente no tenían la fortaleza para confesar la fe al ser amenazados con la pérdida de sus bienes y castigos severos (destierro, trabajos forzados, muerte). Su deseo era librarse de la persecución por un acto externo de apostasía, y salvar su propiedad, libertad y vida. 

Obligación de los cristianos a confesar la fe cristiana

La obligación de confesar la fe cristiana y evitar cualquier acto de negación se estableció en la Iglesia desde tiempos apostólicos. La Primera Epístola de San Pedro exhorta a los creyentes a permanecer firmes al ser visitados por la aflicción (1,6-7; 4,16-17). 

En su carta a Trajano, Plinio escribe que aquellos que son verdaderamente cristianos no ofrecerán sacrificios ni pronunciarán ningún ultraje contra Cristo. Sin embargo, tanto en El Pastor de Hermas, como en los relatos de las persecuciones y martirios, los cristianos mostraron debilidad después del siglo II, apostatando de la fe. 

El objetivo de los procesos civiles contra los cristianos era que apostataran, es decir, que renegaran de su fe cristiana. Eran absueltos aquellos cristianos que declaraban que ya no querían serlo y realizaban actos de culto paganos. Los que no apostataban eran castigados. 

En el Martirio de San Policarpo, leemos sobre un frigio, Quinto, quien inicialmente confesó la fe cristiana pero luego mostró debilidad al ver las bestias en el anfiteatro, siendo persuadido por el procónsul para ofrecer el sacrificio pagano. La Carta de los cristianos de Lyon durante la persecución en el 177, informa que diez cristianos mostraron debilidad y apostataron; sin embargo, una vez confinados y estimulados por el ejemplo y el trato fraternal de los cristianos que habían permanecido firmes en la fe, muchos de ellos se arrepintieron de su apostasía y en un segundo juicio, en el cual iban a ser absueltos, confesaron a Jesucristo y se ganaron la corona del martirio. (Eusebio, Historia de la Iglesia, V.2).

En general, la Iglesia del siglo II y comienzos del siglo III estableció que un apóstata, aún si hacia penitencia, no debía ser admitido de nuevo a la comunidad cristiana, o no se le permitía recibir la Santa Eucaristía. La idolatría era uno de los tres pecados capitales que conllevaban la exclusión de la Iglesia. 
Después de la mitad del siglo III, el asunto del lapsi ocasionó serias disputas en las comunidades cristianas, lo cual motivaría el desarrollo de la disciplina penitencial en la Iglesia. 

La persecución de Decio las diferentes maneras de apostatar

Durante la persecución de Decio (250-251), por primera vez, la debilidad de los lapsi ocasionó una gran controversia en la Iglesia y provocó un cisma. Un edicto imperial que buscaba exterminar el cristianismo, ordenó que todos los cristianos debía realizar un acto de idolatría. Quienes se negaran serían castigados. Los oficiales romanos fueron instruidos para buscar a los cristianos y obligarlos a sacrificar, procediendo contra los que se negaban con la mayor severidad. 

Las consecuencias de este primer edicto general fueron muy negativas para la Iglesia. Durante el largo período de paz que habían tenido, muchos cristianos habían relajado su estilo de vida en conformidad con valores mundanos: propiedades y riquezas, carrerismo y buena fama, comodidades... Una gran parte del laicado, y algunos miembros del clero, acudieron a los altares paganos para ofrecer sacrificios. Estamos bien informados de estos sucesos en África y en Roma por la correspondencia de san Cipriano, Obispo de Cartago, y por sus tratados, De catholicae ecclesiae unitate y De lapsis. 

Había varias clases de lapsi, según el acto por el cual negaban su fe en Jesucristo: 

(a) los sacrificati, que habían ofrecido sacrificio a los ídolos
(b) los thuruficati, que habían quemado incienso en el altar ante la estatua de los dioses 
(c) los libellatici, que habían redactado una certificación (libellus), o, sobornado a las autoridades 
      para conseguir que se la redactaran, haciendo ver que habían sacrificado, sin haberlo realizado.

Los sacrificati y los thurificati recibían un certificado por haber sacrificado a los ídolos. Los libellatici se hacían con un certificado (libellum) sin haber ofrecido el sacrificio.

Los nombres de los apostatas eran anotados en los registros de la corte. A partir de entonces, podían sentirse a salvo de futuras inquisiciones y persecuciones. 

La mayoría de los lapsi sucumbieron al edicto de Decio por debilidad. En su corazón deseaban seguir siendo cristianos. Sintiéndose a salvo de futuras persecuciones, querían asistir al culto cristiano otra vez y ser readmitidos a la comunión de la Iglesia. Este deseo era contrario a la disciplina penitencial existente. 

Intercesión de los confesores a favor de los lapsi

Los lapsi de Cartago lograron ganar para su causa a algunos cristianos que, sufriendo tortura y prisión, habían permanecido fieles. Estos confesores enviaron cartas de recomendación  (libella pacis) a nombre de los mártires muertos al obispo Cipriano. Presentando estas “cartas de paz”, los lapsi deseaban la admisión inmediata a la comunión con la Iglesia. Algunos clérigos hostiles al obispo san Cipriano los admitían sin ningún contratiempo. 

Desavenencias similares surgieron en Roma. Los oponentes cartagineses de san Cipriano buscaron apoyo en la capital. Cipriano, que había estado comunicándose con el clero romano durante la vacante de la Santa Sede después del martirio del papa Fabián, decidió que nada se podía hacer sobre el asunto de la reconciliación de los lapsi hasta que terminase la persecución y él pudiese regresar a Cartago. Sólo los apóstatas que habían demostrado ser penitentes y tenían una nota personal (libellus pacis) de un confesor o un mártir, podían obtener la absolución y admisión a la comunión con la Iglesia y a la Santa Eucaristía, en el caso de estar muy enfermos o próximos a morir. 

En Roma, se estableció la norma de que los apóstatas no debían ser rechazados sino que debían hacer penitencia, para que, en caso de ser citados nuevamente ante las autoridades, pudieran reparar su apostasía y confesar su fe. La comunión no se podía negar a aquéllos que estuviesen muy enfermos y desearan reparar su apostasía haciendo la penitencia.

Cuando, después de la elección de Cornelio a la silla de Pedro, el sacerdote romano Novaciano se postuló en Roma como el antipapa, reclamó ser el defensor de la disciplina estricta tradicional. Novaciano se negaba a readmitir a la comunión con la Iglesia a cualquiera que hubiese caído en apostasía.

Sínodos de Roma y África

Poco después que Cipriano regresó en la primavera del 251 a Cartago, su sede episcopal, se celebraron sínodos en Roma y África, llegándose a un acuerdo en la controversia de los lapsi. Se adoptó como principio que debían hacer penitencia pública (exomologesis) para ser, finalmente, readmitidos a la comunión. 

Al fijar la duración de la penitencia, los obispos debían considerar las circunstancias en las que se había producido la apostasía: por ejemplo, si el penitente había ofrecido sacrificio una vez o sólo después de la tortura; si había dejado a su familia en la apostasía o los había salvado de ella, después de haber obtenido para sí mismo un certificado de haber sacrificado. 

Quienes por su propia voluntad habían sacrificado (los sacrificati o thurificati), solamente serían reconciliados con la Iglesia a la hora de la muerte. Los libellatici podrían, después de hacer penitencia, ser readmitidos. 

En vistas de una nueva persecución, entonces inminente, se decidió que en un sínodo cartaginense posterior todos los lapsi que habían hecho penitencia pública debían ser readmitidos a la comunión con la Iglesia. El obispo Dionisio de Alejandría adoptó la misma actitud hacia el lapsi que el papa Cornelio, los obispos italianos, y Cipriano y los obispos africanos. 

El cisma de Novaciano

En Oriente, el rigorismo Novaciano al principio encontró una recepción favorable pero los esfuerzos de los que apoyaban al papa Cornelio hicieron que la mayoría de los obispos orientales reconocieran a Cornelio como el Pontífice romano legítimo. Sin embargo, el novacionismo arraigó en un pequeño grupo de cristianos decepcionados por la deriva de lo que consideraban nuevas disposiciones en la tradición de la Iglesia.

Durante la persecución de Diocleciano, la controversia de los lapsi volvió a repetirse. Muchos mostraron debilidad y realizaron actos de culto pagano, o trataron de evadir la persecución mediante artificios. Algunos sobornaban a  los oficiales y enviaban a sus esclavos a los sacrificios paganos en vez de ir ellos mismos. Otros sobornaban a los paganos para que asumieran sus nombres y realizaran los sacrificios requeridos (Petrus Alexandrinus, Liber de poenitentia en Routh, "Reliquiae Sacr.", IV, 2nd ed., 22 sqq). 

Traditores

Durante la persecución de Diocleciano apareció una nueva categoría de lapsi: los traditores, cristianos (en su mayoría clérigos) que, obedeciendo a un edicto, entregaban los libros sagrados a las autoridades romanas. El término traditores fue dado tanto a los que entregaban los libros sagrados, como a aquellos que entregaban obras seculares en su lugar. 

Los traditores intentaron obtener la readmisión a la comunión con la Iglesia sin hacer penitencia, pero los papas Marcelo y Eusebio se adhirieron a la disciplina penitencial tradicional. Las disputas entre los cristianos romanos sobre el trato que debía darse a los traditores hizo que Marco Aurelio Maxentio desterrase a Marcelo, luego a Eusebio y a Heraclio. En África, el cisma donatista surgió de las disputas sobre los lapsi, sobre todo debido a los traditores. 

Varios sínodos del siglo IV redactaron cánones sobre el tratamiento de los lapsi, por ejemplo el Sínodo de Elvira en 306 (can. I-IV, XLVI), o Arles en 314 (can. XIII), de Ancira en 314 (can. I-IX), y el Concilio General de Niza (can. XIII). Muchas de las decisiones de estos sínodos concernían sólo a miembros del clero que habían cometido actos de apostasía en tiempo de persecución.