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sábado, 23 de marzo de 2024

Mc 32-52: Oración en el huerto y arresto de Jesús

Oración en el huerto
(Cf. Mt 26,36-46; cfr. Lc 22,39-46) 

32 Llegados al lugar llamado Getsemaní, dijo a sus discípulos: 
     —Siéntense aquí mientras yo voy a orar. 
33 Llevó con él a Pedro, Santiago y Juan y empezó a sentir tristeza y angustia. 
34 Entonces les dijo: —Siento una tristeza de muerte; quédense aquí y permanezcan despiertos. 
35 Se adelantó un poco, se postró en tierra y oraba que, si era posible, se alejara de él aquella hora. 
36 Decía: Abba, Padre, tú lo puedes todo, aparta de mí esta copa. 
     Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. 
37 Volvió, y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: 
     —Simón, ¿duermes? ¿No has sido capaz de estar despierto una hora? 
38 Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación. 
     El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. 
39 Se retiró otra vez y oró repitiendo las mismas palabras. 
40 Al volver, los encontró otra vez dormidos, porque los ojos se les cerraban de sueño; 
     y no supieron qué contestar. 
41 Volvió por tercera vez y les dijo: —¡Todavía dormidos y descansando! 
     Basta, ha llegado la hora en que el Hijo del Hombre será entregado en poder de los pecadores. 
42 Vamos, levántense, se acerca el traidor. 

Arresto de Jesús
(Cf. Mt 26,47-56; Lc 22,47-53; cfr. Jn 18,1-11)

43 Todavía estaba hablando cuando se presentó Judas, uno de los Doce, 
     y con él gente armada de espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes, 
     los letrados y los ancianos. 
44 El traidor les había dado una contraseña: Al que yo bese, ése es; arréstenlo y llévenlo con cuidado. 
45 Enseguida, acercándose a Jesús, le dijo: ¡Maestro!, y le dio un beso. 
46 Los otros se le tiraron encima y lo arrestaron. 
47 Uno de los presentes desenvainó la espada y de un tajo cortó una oreja 
     al sirviente del sumo sacerdote. 
48 Jesús se dirigió a ellos: 
     —Como si se tratara de un asaltante, han salido armados de espadas y palos para capturarme. 
49 Diariamente estaba con ustedes enseñando en el templo y no me arrestaron. 
     Pero se ha de cumplir la Escritura. 
50 Y todos lo abandonaron y huyeron. 

Un joven anónimo

51 Le seguía, también, un muchacho cubierto sólo por una sábana. Lo agarraron; 
52 pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.


sábado, 17 de febrero de 2024

Marcos 1,12-15: Tentaciones en el desierto y comienzo de la predicación de Jesús

Marcos 1,12-15
Tentaciones de Jesús en desierto Cf. Mt 4,1-11; Lc 4,1-13
Comienza la predicación de Jesús Cf. Mt 4,12-17; Lc 4,14-15

En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivió allí entre animales salvajes, y los ángeles le servían. Después de que, arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

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sábado, 25 de febrero de 2023

Domingo de la 1 Semana de Cuaresma: CRISTO TENTADO POR EL DIABLO, por Julián López Martín


Primer Domingo de Cuaresma

El protagonismo que ocupa Cristo en todo el ciclo de los misterios del Señor que se van recordando a lo largo del año litúrgico tiene en este primer domingo de cuaresma una expresión ejemplar.

El episodio de las tentaciones no es sólo un momento decisivo en la vida de Jesús; es, sobre todo, el drama de:
  • Adán en el paraíso
  • Israel en el desierto
  • Cada cristiano en esta vida. 
«En Cristo estabas siendo tentado tú», dirá san Agustín, mientras el prefacio de la misa desvela el sentido de este primer domingo cuaresmal:

«Porque Cristo, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal, y, al rechazar las tentaciones del enemigo, nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado; de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos pasar un día a la Pascua que no acaba».

Jesús, en efecto, atravesó el mar Rojo de su bautismo en el Jordán (cf. Lc 4,1) y se adentra en el desierto, donde es tentado. En el bautismo ha sido investido para la misión, pero antes tiene que superar la prueba del desierto, donde el tentador tratará de impedir la realización de su plan divino, que desemboca en la cruz.

Esta es también la experiencia del catecúmeno y del cristiano en su itinerario prebautismal y penitencial de los sacramentos hasta llegar al banquete eucarístico, que sella, en el primero, la iniciación cristiana y, en el segundo, la conversión y la reconciliación con Dios.

En esto consiste «el misterio de esta Pascua», como dice el prefacio; es decir, nuestro paso a través del desierto cuaresmal para llegar cada año a la celebración de la resurrección y, al final de nuestra vida, «a la Pascua que no acaba».

Los restantes textos bíblicos y litúrgicos de este domingo no hacen sino dar vueltas en torno a este contenido fundamental.

Las lecturas del Antiguo Testamento nos presentan los primeros momentos del hombre y del pueblo de Dios, momentos de tentación y de caída.

Las segundas lecturas completan el mensaje haciéndonos reflexionar sobre el pecado, sobre el bautismo y sobre la fe.

El evangelio contiene el relato de las tentaciones, cada año según un evangelista. He aquí el cuadro completo de la liturgia de la Palabra:

Año A

Año B
Salm 24

Año C

El cristiano sólo vencerá la tentación si cumple el aviso-consigna para toda la Cuaresma y para toda su vida: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda la palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4 = Dt 8,3).

Palabra salida de la boca de Dios, alimento principal del creyente, es el propio Cristo, que se nos da en la mesa doble de la Palabra y del sacramento:

«Después de recibir el pan del cielo que alimenta la fe, consolida la esperanza y fortalece el amor, te rogamos, Dios nuestro, que nos hagas sentir hambre de Cristo, pan vivo y verdadero, y nos hagas vivir constantemente de toda palabra que sale de tu boca».

La Tentación, por Angel Moreno



En todos los ciclos litúrgicos, los domingos del Tiempo de Cuaresma se abren con en el relato de las tentaciones de Jesús, cuando el Espíritu lo condujo al desierto, según el texto evangélico, “para ser tentado”.

La imagen de Jesús en el desierto durante cuarenta días es significativa no solo por la duración concreta de la cuarentena, sino porque indica la extensión de la prueba durante todo el curso de la historia.

San Pedro nos advierte: “Sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidle, firmes en la fe” (1Pe 5,8).

El Maestro nos enseña a pedir: “No nos dejes caer en la tentación”, que es distinto a no tenerla o sufrirla.

La prueba es buena para consolidar la determinación de seguir a Jesús y para averiguar la pertenencia creyente. Dicen que una amistad se acrisola por las crisis que se superan. La tentación es un tiempo del Espíritu, un tiempo precioso que debes interpretar como prueba de crecimiento. Un tiempo único que te da ocasión de ofrenda. Es la hora de abrirte a la gracia y de acoger cada día su acompañamiento. No te ofendas si te digo que llegarás a agradecer la crisis.

La tentación no queda fuera del amor providente; es privilegio de los que son llevados al desierto por el Espíritu. Es tiempo de comunión y de apertura, de relativizar la circunstancia que corres el peligro de convertir en ídolo; es tiempo de llamada y de escucha sensible. Su paso deja conocimiento y sabiduría.

Ya desde los primeros textos bíblicos se nos enseña el riesgo de dar paso a la insinuación tentadora. Eva entró en conversación con el Tentador, se puso a considerar sus argumentos que la incitaron a mirar y a observar el fruto prohibido, ante el que comenzó a sentir gusto, que le abrió el deseo, le movió la voluntad y comió.

Jesús nos demuestra que no es irremediable la caída, y san Pablo nos asegura que no seremos probados más allá de nuestras fuerzas. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea de medida humana. Dios es fiel, y él no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que con la tentación hará que encontréis también el modo de poder soportarla” (1Co 10,12).

Un don del Espíritu Santo es el Temor de Dios, que significa pedirle al Abogado Defensor que nos libre de ser pretenciosos y temerarios, que nos defienda de nosotros mismos, y que nos haga avanzar por el camino de los mandatos del Señor sabiéndonos frágiles, débiles, necesitados de su fuerza para combatir las insinuaciones del Malo.

Mateo 4,1-11: Las tentaciones de Jesús en el desierto

Mateo 4,1-11 (Cf. Mc 1,12-15; Lc 4,1-13)

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo:
— Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
Pero él le contestó, diciendo:
— Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:
— Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.
Jesús le dijo:
— También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:
— Todo esto te daré, si te postras y me adoras.
Entonces le dijo Jesús:
— Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.


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sábado, 23 de julio de 2022

Lucas 11,1-13: El Padrenuestro. Parábola del amigo insistente

Lucas 11,1-13

El Padre nuestro
Miércoles de la 27 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II 

1 Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: 
   "Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos".
2 Él les dijo entonces: "Cuando oren, digan:
   Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino;
3 danos cada día nuestro pan cotidiano;
4 perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden;
   y no nos dejes caer en la tentación".


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Parábola del amigo insistente
Jueves de la 27 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

5 Jesús agregó: "Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, 
   para decirle: "Amigo, préstame tres panes,
6 porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle",
7 y desde adentro él le responde: "No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, 
   y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos".
8 Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, 
   se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
9 También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá.
10 Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.
11 ¿Hay algún padre entre ustedes que dé a su hijo una serpiente cuando le pide un pescado?
12 ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?
13 Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, 
     ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!"

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jueves, 2 de diciembre de 2021

Isaías 7,10-17: Segundo aviso: el signo de Emanuel

10 El Señor volvió a hablar a Acaz:
11 –Pide una señal al Señor, tu Dios; en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.
12 Respondió Acaz: –No la pido, no quiero tentar al Señor.
13 Entonces dijo Dios: –Escucha, heredero de David: 
     ¿No les basta cansar a los hombres, que cansan incluso a mi Dios? 
14 Por eso el Señor mismo les dará una señal: Miren: la joven está embarazada y dará a luz un hijo, 
     y le pondrá por nombre Emanuel. 
15 Comerá leche cuajada con miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.
16 Porque antes que aprenda el niño a rechazar el mal y escoger el bien, 
     quedará abandonada la tierra de los dos reyes que te hacen temer.
17 El Señor hará venir sobre ti, sobre tu pueblo, sobre tu dinastía días como no se conocieron 
     desde que Efraín se separó de Judá. 

domingo, 4 de julio de 2021

Gálatas 6,1-10: Las exigencias del amor

1 Hermanos, si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes, los que están animados 
   por el Espíritu, corríjanlo con dulzura. Piensa que también tú puedes ser tentado.
2 Ayúdense mutuamente a llevar las cargas, y así cumplirán la Ley de Cristo. 
3 Si alguien se imagina ser algo, se engaña, porque en realidad no es nada. 
4 Que cada uno examine su propia conducta, y así podrá encontrar en sí mismo y no en los demás, 
   un motivo de satisfacción. 
5 Porque cada uno tiene que llevar su propia carga.
6 El que recibe la enseñanza de la Palabra, que haga participar de todos sus bienes al que lo instruye.
7 No se engañen: nadie se burla de Dios. Se recoge lo que se siembra: 
8 el que siembra para satisfacer su carne, de la carne recogerá sólo la corrupción; 
   y el que siembra según el Espíritu, del Espíritu recogerá la Vida eterna. 
9 No nos cansemos de hacer el bien, porque la cosecha llegará a su tiempo si no desfallecemos. 
10 Por lo tanto, mientras estamos a tiempo hagamos el bien a todos, 
     pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.

lunes, 27 de agosto de 2018

1 Carta a Timoteo 6,3-10: Desinterés personal

Desinterés pastoral
 6:3 Si alguien enseña otra cosa y no se atiene a los preceptos saludables de nuestro Señor Jesucristo, ni a la doctrina que es conforme a la piedad,
6:4 es un ignorante y un orgulloso, ávido de discusiones y de vanas polémicas. De allí nacen la envidia, la discordia, los insultos, las sospechas malignas
6:5 y los conflictos interminables, propios de hombres mentalmente corrompidos y apartados de la verdad, que pretenden hacer de la piedad una fuente de ganancias.
6:6 Sí, es verdad que la piedad reporta grandes ganancias, pero solamente si va unida al desinterés.
6:7 Porque nada trajimos cuando vinimos al mundo, y al irnos, nada podremos llevar.
6:8 Contentémonos con el alimento y el abrigo.
6:9 Los que desean ser ricos se exponen a la tentación, caen en la trampa de innumerables ambiciones, y cometen desatinos funestos que los precipitan a la ruina y a la perdición.
6:10 Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos.

domingo, 12 de agosto de 2018

Mateo 26,36-46: La oración de Jesús en Getsemaní

Oración de Jesús en Getsemaní
Cf. Mc 14,32-42; Lc 22,39-46; Jn 18,1

36 Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní, les dijo: 
     "Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar".
37 Y llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse.
38 Entonces les dijo: "Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo".
39 Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así: 
     "Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya".
40 Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo. Jesús dijo a Pedro: 
     "¿Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora?
41 Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, 
     pero la carne es débil".
42 Se alejó por segunda vez y suplicó: 
     "Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad".
43 Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño.
44 Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
45 Luego volvió junto a sus discípulos y les dijo: 
     "Ahora pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo del hombre 
     va a ser entregado en manos de los pecadores.
46 ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar".

domingo, 18 de febrero de 2018

Lucas 4,1-15: Tentaciones de Jesús en el desierto y comienzo de la predicación de Jesús

Lucas 4,1-15 (Cf. Mateo 4,1-11; Marcos 1,12-13)
Domingo de la 1 Semana de Cuaresma, ciclo C

1 Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán 
   y fue conducido por el Espíritu al desierto,
2 donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. 
   No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre.
3 El demonio le dijo entonces: 
   "Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan".
4 Pero Jesús le respondió: "Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan".
5 Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, 
   le mostró en un instante todos los reinos de la tierra
6 y le dijo: "Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, 
   porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero.
7 Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá".
8 Pero Jesús le respondió: 
   "Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto".
9 Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: 
   "Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo,
10 porque está escrito: 
     Él dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden.
11 Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".
12 Pero Jesús le respondió: 
     "Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".
13 Una vez agotadas todas las formas de tentación, 
     el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.

Comienzo de la predicación de Jesús
Cf. Mt 4,12-17; Mc 1,14-15  

4:14 Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región.
4:15 Enseñaba en sus sinagogas y todos lo alababan.


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domingo, 22 de octubre de 2017

Mateo 22,15-21: El impuesto del César

Mateo 22,15-21
Domingo de la 29 Semana del Tiempo Ordinario A

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:
— Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?»
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
— Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.
Le presentaron un denario. Él les preguntó:
— ¿De quién son esta cara y esta inscripción?
Le respondieron:
— Del César.
Entonces les replicó:
— Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Al César lo que es del César 
¿Es lícito pagar impuestos al César o no? 
Los otros impuestos
Los pobres son de Dios
Pertenencia al Reino y obediencia a las autoridades civiles 

martes, 21 de febrero de 2017

La "santa vergüenza" ante la tentación de la ambición, por el papa Francisco

MARTES DE LA 7 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I
Comentario por el papa Francisco
“Santa vergüenza” ante la tentación de la ambición

La primera lectura indica que quien quiere servir al Señor, debe prepararse para hacer frente a “la tentación de no cumplir la misión. Y añadió que también Jesús fue tentado: tres veces por el diablo en el desierto y después por Pedro, cuando les reveló su muerte.

La otra tentación de la que habla el Evangelio del día es que los discípulos van discutiendo por el camino sobre quién de ellos es el más grande y cuando Jesús les pregunta de qué estaban hablando ellos callan, porque se avergüenzan.

“Era gente buena –señala Francisco– que quería seguir al Señor. Pero no sabían que el camino del servicio al Señor no era tan fácil, no era como entrar en una institución o una asociación de beneficencia para hacer el bien: no, es otra cosa”.

Además, señala Francisco, tenían “la tentación de la mundanidad: desde el momento en que la Iglesia es Iglesia hasta hoy, esto ha sucedido, sucede y sucederá”. Como en las parroquias cuando se discute: ‘Yo quiero ser presidente de esta asociación, subir un poco’, ‘¿Quién es el más grande, aquí? ¿Quién es el más grande en esta parroquia? No, yo soy más importante que aquel, y aquel otro no, porque ha hecho aquella cosa…’, y de ahí la cadena de los pecados”.

“Algunas veces nosotros los sacerdotes lo decimos con vergüenza en los presbiterios: ‘Yo querría aquella parroquia…’ – ‘Pero el Señor está aquí…’ – ‘pero yo querría aquella…’. Lo mismo. No es el camino del Señor, sino el camino de la vanidad, de la mundanidad”.

El Santo Padre invitó que se rece al Señor pidiendo “la gracia de avergonzarnos, cuando nos encontramos en estas situaciones”.

Jesús sentado junto a ellos –explica Francisco– les recuerda que “si uno quiere ser el primero, deberá ser el último y el servidor de todos”, lo dice tomando un niño que pone en medio de ellos.

“Que el Señor nos dé la gracia de la vergüenza, aquella santa vergüenza, cuando nos encontramos en aquella situación, bajo aquella tentación y avergonzarnos: ‘¿Pero yo soy capaz de pensar así? Cuando veo a mi Señor en la cruz, ¿quiero usar al Señor para subir?’”.

Que el Señor nos dé la gracia de la sencillez de un niño: comprender que sólo vale el camino del servicio… de poder decir de uno mismo: ‘Soy un siervo inútil’”.

jueves, 19 de enero de 2017

Marcos 3:7-12: Una vida cristiana sin tentaciones no es cristiana; la vida del cristiano es una lucha, por el papa Francisco

Marcos 3:7-12

Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

— Comentario del papa Francisco
"Una vida cristiana sin tentaciones es ideológica, es gnóstica, pero no es cristiana; la vida del cristiano es una lucha"

Una vida cristiana sin tentaciones es ideológica, es gnóstica, pero no es cristiana, afirma el Papa. El Papa ha recordado en la homilía que la vida del cristiano "es una lucha"

El Papa Francisco ha advertido sobre las tentaciones que nos llevan por el camino equivocado y ha recordado que Jesús vino a destruir la influencia del mal en nuestros corazones por lo que ha recordado que la vida cristiana “es un lucha”.

Francisco ha reflexionado sobre el pasaje del Evangelio que habla de la gran multitud que seguía a Jesús con entusiasmo y que venía de todas las partes. Al respecto, el Pontífice ha invitado a preguntarse: “¿por qué venía esta multitud?”. El Evangelio cuenta que eran “enfermos que buscaban sanarse”. Pero también había personas a las que les gustaba “escuchar a Jesús, porque hablaba no como sus doctores, sino que hablaba con autoridad” y “esto tocaba el corazón”.

Esta gente “iba porque sentía algo” al punto que Jesús tuvo que pedir una barca para ir un poco lejos de la orilla.

A esta multitud –ha añadido– le atraía el Padre: era el Padre que atraía la gente hacia Jesús. Y a este punto Jesús no permanecía indiferente, como un maestro estático que decía sus palabras y después se lavaba las manos, ha subrayado el Papa. Esta multitud, ha asegurado Francisco, tocaba el corazón de Jesús. El Pontífice ha revelado que no son las argumentaciones las que mueven a las personas, no son “los argumentos apologéticos”. Es necesario “que sea el Padre el que atrae hacia Jesús”.

Por otro lado, el Santo Padre ha observado que es “curioso” que en este pasaje del Evangelio de Marcos en el que “se habla de Jesús, se habla de la multitud, del entusiasmo” y del amor del Señor, termina con los espíritus impuros que cuando lo veían gritaban: “¡Tú eres el Hijo de Dios!”.

En esta línea, Francisco ha reconocido que una vida cristiana sin tentaciones no es cristiana: es ideológica, es gnóstica, pero no es cristiana. “¡Cuando el Padre atrae a la gente hacia Jesús, hay otro que atrae de forma contraria y te hace la guerra dentro!”, ha advertido. Un lucha “para vencer, para destruir el imperio de satanás, el imperio del mal”, ha proseguido Francisco.

Asimismo ha recordado que para esto vino Jesús para destruir “a Satanás”, “su influencia en nuestros corazones”. El Santo Padre ha invitado a interrogarse: ¿yo siento esta lucha en mi corazón? ¿Entre la comodidad o el servicio a los otros, entre divertirme un poco o hacer oración y adorar al Padre, entre una cosa y otra, siento la lucha? ¿Las ganas de hacer el bien o algo que me para, me vuelve escéptico? ¿Yo creo que mi vida conmueva el corazón de Jesús?

Finalmente, el Pontífice ha invitado a buscar en el corazón cómo va la situación allí. Y pidamos al Señor –ha exhortado– a ser cristianos que sepan discernir qué sucede en el propio corazón y elegir bien el camino sobre el cual el Padre nos atrae a Jesús.

martes, 19 de julio de 2016

Mateo 4,1-11: Las Tentaciones. Comentario de San Gregorio Magno, por Eudaldo Forment

Una de las reflexiones sobre el misterio de la tentaciones de Cristo, que tuvo principalmente en cuenta en su explicación teológica Santo Tomás de Aquino, fue la de del papa San Gregorio Magno (c. 540-604).

— San Gregorio Magno, el monje sencillo, Papa y Doctor de la Iglesia

Sobre San Gregorio Magno, Doctor de la Iglesia, uno de los cuatro primeros, junto con San Ambrosio, San Jerónimo y San Agustín, dijo Benedicto XVI que: «Era un hombre inmerso en Dios: el deseo de Dios estaba siempre vivo en el fondo de su alma y, precisamente por esto, estaba siempre muy atento al prójimo, a las necesidades de la gente de su época. En un tiempo desastroso, más aún, desesperado, supo crear paz y dar esperanza»[1].

El llamado «Papa de la razón» indica también que: «En su corazón, san Gregorio fue siempre un monje sencillo; por ello, era firmemente contrario a los grandes títulos. Él quería ser —es expresión suya— “servus servorum Dei”. Estas palabras, que acuñó él, no eran en sus labios una fórmula piadosa, sino la verdadera manifestación de su modo de vivir y actuar. Estaba profundamente impresionado por la humildad de Dios, que en Cristo se hizo nuestro servidor, nos lavó y nos lava los pies sucios. Por eso, estaba convencido de que, sobre todo un obispo, debería imitar esta humildad de Dios, siguiendo así a Cristo. Su mayor deseo fue vivir como monje, en permanente coloquio con la palabra de Dios, pero por amor a Dios se hizo servidor de todos en un tiempo lleno de tribulaciones y de sufrimientos, se hizo “siervo de los siervos". Precisamente porque lo fue, es grande y nos muestra también a nosotros la medida de su verdadera grandeza»[2].

— Comentario del primer domingo de Cuaresma

En sus Homilías sobre los Evangelios, que reúne sus predicaciones en las basílicas e iglesias de Roma al pueblo romano, dedicó una de ellas, a comentar el evangelio del primer domingo de Cuaresma (Mt 4,1-11), en la basílica de San Juan de Letrán. Empezó con esta confesión: «La mente se resiste a creer y los oídos humanos se asombran cuando oyen decir que Dios Hombre fue transportado por el diablo, ora a un monte muy encumbrado, ora a la ciudad santa. Cosas, no obstante, que conocemos no ser increíbles si reflexionamos sobre ello y sobre otros sucesos»[3].

Uno de estos, el primero, que se destaca desde este relato, es que: «El diablo es cabeza de todos los inicuos y que todos los inicuos son miembros de tal cabeza. Pues qué, ¿no fue miembro del diablo Pilatos? ¿No fueron miembros del diablo los judíos que persiguieron a Cristo y los soldados que lo crucificaron? ¿Qué extraño es, por tanto, que permitiera ser transportado al monte por aquel a cuyos miembros permitió también que le crucificaran?».

No es extraño, por consiguiente, y tampoco: «no es, pues indigno de nuestro Redentor, que había venido a que le dieran muerte, el querer ser tentado; antes bien, justo era que, como había venido a vencer nuestra muerte con la suya, así venciera con sus tentaciones las nuestras».

Señalada la conveniencia de la tentación, advierte, no obstante, que: «La tentación se produce de tres maneras:

• por sugestión,
• por delectación,
• por consentimiento.

Nosotros, cuando somos tentados, comúnmente nos deslizamos en la delectación y también hasta consentimiento, porque, engendrados en el pecado, llevamos además con nosotros el campo donde soportar los combates. Pero Dios, que, hecho carne en el seno de la Virgen, había venido al mundo sin pecado, nada contrario soportaba en sí mismo. Pudo, por tanto, ser tentado por sugestión, pero la delectación del pecado ni rozo siquiera su alma; y así, toda aquella tentación diabólica, fue exterior, no de dentro»[4].

El duelo con Satanás

Comenta seguidamente, San Gregorio, que: «Mirando atentos al orden en que procede en Él la tentación, debemos ponderar lo grande que es el salir nosotros ilesos de la tentación». A nosotros nos tienta no sólo lo externo, sino también una tentación interna, que procede del pecado original y que está en nuestro interior, en donde encuentra su complicidad. En Cristo, la tentación no podía partir de su interior, ni podía darse en Él ninguna connivencia interior con la tentación.

– Las tentaciones de Adán y las tentaciones de Jesús

Nota también el papa Gregorio I que el paralelismo entre las tentaciones y su orden, que sufrieron Adán y Eva, con las que sufrió Jesús, y también su correspondencia con nuestras debilidades actuales. El «altivo» y «antiguo enemigo» se dirigió a los primeros con las mismas tentaciones. «Pues le tentó con la gula, con la vanagloria y con la avaricia; y tentándole le venció, porque se sometió con el consentimiento. En efecto, le tentó con la gula, cuando le mostró el fruto del árbol prohibido y le aconsejó comerle. Le tentó con la vanagloria cuando dijo: “Seréis como dioses”. Y le tentó con la avaricia cuando dijo: “Sabedores del bien y del mal”; pues hay avaricia no sólo de dinero, sino también de grandeza; porque propiamente se llama avaricia cuando se apetece una excesiva grandeza; pues, si no perteneciere a la avaricia la usurpación del honor, no diría San Pablo refiriéndose al Hijo unigénito de Dios (Phil. 2, 6): “No tuvo por usurpación el ser igual a Dios”. Y con esto fue con lo que el diablo sedujo a nuestro padre a la soberbia, con estimularle a la avaricia de grandezas»[5].

Cristo tomó sobre sí, al igual que la muerte, el sufrir nuestras tentaciones para vencerlas y hacer posible que nosotros las venciéramos con su gracia que nos consiguió. Por ello: «Por los mismos modos por los que derrocó al primer hombre, por esos mismos modos quedó el tentador vencido por el segundo hombre. En efecto, le tienta por la gula, diciendo: “Di que esas piedras se conviertan en pan”; le tentó por la vanagloria cuando dijo: “ Si eres el Hijo de Dios, échate de aquí abajo”; y le tentó por la avaricia de la grandeza cuando, mostrándole todos los reinos del mundo, le dijo: “Todas estas cosas te daré si, postrándote delante de mí, me adorares”. Mas, por los mismos modos por los que se gloriaba de haber vencido al primer hombre, es él vencido por el segundo hombre, para que, por la misma puerta por la que se introdujo para dominarnos, por esa misma puerta saliera de nosotros aprisionado»[6].

– Paciencia, humildad, adoración

A Cristo, Satán se le había aparecido con forma humana. Entre ambos se había entablado un diálogo como un hombre a otro hombre, aunque la iniciativa, por marchando al desierto, la había tomado el vencedor. Le venció con la verdad y la justicia. «El Señor, tentado por el diablo, responde alegando los preceptos de la divina palabra, y Él, que con esa misma Palabra, que era El, el Verbo divino, podía sumergir al tentador en los abismos, no ostenta la fuerza de su poder, sino que sólo profirió los preceptos de la Divina Escritura para ofrecernos por delante el ejemplo de su paciencia, a fin de que, cuantas veces sufrimos algo de parte de los hombre malos, más bien que a la venganza, nos estimulemos a practicar la doctrina».

Además de la paciencia, se nos propone la humildad. «Cuán grande es la paciencia de Dios y cuán grande es nuestra impaciencia. Nosotros, cuando somos provocados con injurias o con algún daño, excitados por el furor, o nos vengamos cuanto podemos, o amenazamos lo que no podemos (…) El Señor soportó la contrariedad del diablo y nada le respondió sino palabras de mansedumbre: soporta lo que podía castigar, para que redundase en mayor alabanza suya el que vencía a su enemigo, sufriéndole por entonces y no aniquilándole»[7].

En tercer lugar, se nos invita a la adoración de Cristo, porque: «Habiéndose retirado el diablo, los ángeles le servían (a Jesús). ¿Qué otra cosa se declara aquí sino las dos naturalezas de una sola persona, puesto que simultáneamente es hombre, a quien el diablo tienta, y el mismo es Dios, a quien los ángeles sirven? Reconozcamos, pues, en Él nuestra naturaleza, puesto que, si el diablo no hubiera visto en Él al hombre no le tentara; y adoremos en El su divinidad, porque, si ante todo no fuera Dios, tampoco los ángeles en modo alguno le servirían»[8].

– Ayuno y penitencia

Por último, quedan explicados como deben vivirse los días de ayuno y penitencia de la cuaresma. «Hallamos que Moisés, para recibir la Ley la segunda vez, ayunó cuarenta días; Elías ayunó en el desierto cuarenta días; el mismo Creador de los hombres, cuando vino a los hombres, durante cuarenta días no tomó en absoluto alimento alguno. Procuremos también nosotros, en cuanto nos sea posible, mortificar nuestra carne por la abstinencia durante el tiempo cuaresma cada año»[9].

En conclusión, exhorta San Gregorio que: «Cada cual, conforme sus fuerzas lo consientan, atormente su carne y mortifique los apetitos de ella y dé muerte a las concupiscencias torpes para hacerse, como dice San Pablo, hostia viva. Porque la hostia se ofrece y esta viva cuando el hombre ha renunciado a las cosas de esta vida y, no obstante, se siente importunado por los deseos carnales. La carne nos llevó a la culpa; tornémosla, pues, afligida, al perdón. El autor de nuestra muerte, comiendo el fruto del árbol prohibido, traspasó los preceptos de la vida; por consiguiente, los que por la comida perdimos los gozos del paraíso levantémonos a ellos, en cuanto nos es posible, por la abstinencia»[10].

Notas:

[1] BENEDICTO XVI, San Gregorio Magno, Audiencia General, 28 de mayo de 2008.
[2] IDEM, La doctrina de San Gregorio Magno, Audiencia General, 4 de junio de 2008.
[3]SAN GREGORIO MAGNO, Cuarenta homilías sobre los Evangelios, en IDEM, Obras, Madrid, BAC, 2009, 2ª reimpr., pp. 533-780, Homilía XV, 1, p. 596-597.
[4] Ibíd., Hom. XVI, 1, p. 597.
[5] Ibíd., Hom. XVI, 2, p. 597.
[6] Ibíd., Hom. XVI, 3, pp. 597-598.
[7] Ibíd., Hom. XVI, 3, p. 598.
[8] Ibíd., Hom. XVI, 4, p. 598.
[9]Ibíd., Hom. XVI, 5, p. 598.
[10] Ibíd., Hom. XVI, 5, p. 599.

sábado, 13 de febrero de 2016

Lucas 4,1-13: Tentado en su condición de Hijo de Dios, por Julio González Carretti, O.C.D.

Lucas 4,1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: "Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan." Jesús le contestó: "Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre»". Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: "Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo." Jesús le contestó: "Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto»". Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras»". Jesús le contestó: "Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios»". Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

— Comentario por Julio Gonzalez Carretti O.C.D.

Vemos a Jesús, guiado por el Espíritu, ir el desierto donde ayuna y es tentado por Satanás. En la mentalidad de la época se pensaba que el mundo estaba  dominado por Satanás, mientras Dios permanece oculto en su trascendencia.

¿Tiene tanto poder Satanás y todos los poderes del mundo están a su servicio? El encuentro entre Jesús y el  Diablo es inevitable (cfr. Lc 2,22). Las tentaciones se presentan como esclavitudes a los poderes de este mundo al que está sometido el hombre.

El pan, el comer, era una garantía de prosperidad material y económica (vv. 3-4; cfr. Dt 8,3). Pareciera que el Padre se hubiese olvidado de su Hijo. Esa es la sutil tentación de Satanás. Un buen padre se preocupa de sus hijos. Pero Jesús prefiere pasar hambre antes que desobedecer al Padre.

La segunda tentación se refiere a la política, ambicionar el poder, mandar y ordenar las  estructuras de este mundo, teniendo como aliado los poderes de Satanás, fuente del poder opresor (vv. 5-8; cfr. Dt. 6,13). La adoración, consistiría en adelantar Jesús su Hora y convertirse en un Mesías con poder y ejércitos para luchar contra los enemigos de Israel. Todo un proyecto, pero distinto completamente de la voluntad del Padre. Sólo el Padre le señalará la Hora al Mesías, Mesías revelado a través del Siervo sufriente de Isaías: el Siervo que toma sobre sí las culpas de sus hermanos.

Finalmente, está la confianza radical en el  poder de los milagros que nos quisiera liberar del esfuerzo diario, humilde y  personal, fortalecido por la fe en Dios. No vivimos de milagros sino de fe pura y desnuda. La tercera tentación consiste en tentar a Dios, es decir, abusar de la  protección prometida, obligando a Yahvé a actuar.

El demonio usa la Palabra de Dios a su favor. No cree en ella, pero quiere saber si se cumple. El Padre debería recoger por medio de sus ángeles a su Hijo antes de golpearse contra las piedras en su caída.

En el trasfondo de todo el episodio hay una sola la tentación: su condición de Hijo de Dios le debería servir a Jesús para convertirse en un gran mesías al gusto de las gentes y del príncipe de este mundo, Satanás, enemigo de Dios y del hombre.

Jesús no se aparta del camino trazado por el Padre, obedece hasta el fin. El verdadero pan del hombre, es la palabra de Dios, más que la necesaria comida diaria. El poder del Evangelio de Jesús está en el servicio que presta a la humanidad, donde hay que conjugar la obediencia al Padre y el amor al prójimo.

Teresa de Jesús sufrió muchas tentaciones y, por eso, aconseja: “Tengo para mí que quiere el Señor dar muchas veces al principio, y otras a la postre, estos tormentos y otras muchas tentaciones que se ofrecen, para  probar a sus amadores, y saber si podrán beber el cáliz y ayudarle a llevar la cruz, antes que ponga en ellos grandes tesoros. Y para bien nuestro, creo nos quiere Su Majestad llevar por aquí para que entendamos bien lo poco que somos; porque son de tan gran dignidad las mercedes de después, que quiere por experiencia veamos antes nuestra miseria, primero que nos las dé, porque no nos acaezca lo que a Lucifer.” (Vida 11,11).

Lucas 4,1-13: Fue tentado por el diablo, por Raniero Cantalamessa

Lucas 4,1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: "Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan." Jesús le contestó: "Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre»". Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: "Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo." Jesús le contestó: "Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto»". Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras»". Jesús le contestó: "Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios»". Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

—  Fue tentado por el diablo, por Raniero Cantalamessa

El Evangelio de Lucas que leemos durante este año fue escrito, como dice él mismo en la introducción, para que el lector creyente se pudiera «dar cuenta de la solidez de las enseñanzas que había recibido». Esta intención es de extraordinaria actualidad. Frente a los ataques desde toda parte a la historicidad de los evangelios y a las manipulaciones sin límites de la figura de Cristo, es más importante que nunca que el cristiano y todo lector honesto del Evangelio se dé cuenta de la solidez de las enseñanzas y de los relatos en él referidos.

Partiendo del Evangelio ampliaremos la mirada a todo un sector o un aspecto de la persona y de la enseñanza de Cristo a él vinculado, para descubrir quién era verdaderamente Jesús: si un simple profeta y un gran hombre, o algo más y diferente. Desearíamos, en otras palabras, brindar un poco de cultura religiosa. Fenómenos como el del «Código da Vinci» de Dan Brown, con las imitaciones y las discusiones que ha suscitado, han puesto de manifiesto la alarmante ignorancia religiosa que reina entre la gente y que se convierte en el terreno ideal para toda desaprensiva operación comercial.

El evangelio del primer domingo de Cuaresma es el de las tentaciones de Jesús en el desierto. Según el plan anunciado, desearía partir de él para ampliar el tema al problema más general de la actitud de Jesús respecto a las potencias demoníacas y los poseídos por el demonio.

Es un hecho innegable y entre los más seguros, históricamente, que Jesús liberó a muchas personas del poder destructivo de Satanás. No tenemos tiempo de recordar todos los episodios. Limitémonos a evidenciar dos cosas: en primer lugar, la explicación que Jesús daba de su poder sobre el demonio; en segundo lugar, qué dice este poder de Él y de su persona.

Frente a la liberación clamorosa que Jesús había obrado en un endemoniado, sus enemigos, al no poder negar el hecho, dicen: «Expulsa a los demonios en nombre de Belcebú, el príncipe de los demonios» (Lc 11,15). Jesús demuestra que esta explicación es absurda (si Satanás estuviera dividido contra sí mismo, habría acabado desde hace tiempo su dominio; en cambio, prospera). La explicación es otra: Él expulsa los demonios con el dedo de Dios, esto es, con el Espíritu Santo, y esto demuestra que ha llegado a la tierra el Reino de Dios.

Satanás era «el hombre fuerte» que tenía bajo su poder a la humanidad; pero ahora ha venido uno «más fuerte que él» y le está despojando de su poder. Esto nos dice algo formidable sobre la persona de Cristo. Con su venida ha comenzado para la humanidad una nueva era, un cambio de régimen. Una cosa de este tipo no puede ser obra de un simple hombre; tampoco de un gran profeta.

Es importante observar el nombre o el poder en base al cual Jesús expulsa a los demonios. La fórmula habitual con la que el exorcista se dirige al demonio es: «Te conjuro por...», o «en nombre de... te ordeno que salgas de esta persona». Apela, por lo tanto, a una autoridad superior, que generalmente es la de Dios, y para los cristianos la de Jesús. No así Jesús: Él dirige al demonio un tajante «te ordeno». ¡Yo te ordeno! Jesús no necesita apelar a una autoridad superior; Él es la autoridad superior.

La derrota del poder del mal y del demonio era parte integrante de la salvación definitiva anunciada por los profetas. Jesús invita a sus adversarios a sacar la consecuencia de lo que ven con sus propios ojos: así que ya no hay más que esperar, que mirar adelante; el reino y la salvación está en medio de ellos.

El tan mencionado discurso sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo se explica a partir de esto. Atribuir al espíritu del mal, a Belcebú, o a magia, aquello que era manifiestamente obra del Espíritu Santo de Dios significaba cerrar obstinadamente los ojos ante la verdad, ponerse contra Dios mismo, y por lo tanto privarse solos de la posibilidad de perdón.

El corte histórico y formativo que intento dar a estos comentarios de Cuaresma no nos debe impedir recoger cada vez igualmente una sugerencia práctica del evangelio del día. El mal también es fuerte hoy a nuestro alrededor. Asistimos a formas de maldad que van más allá de nuestra capacidad de comprender; nos quedamos abatidos y sin palabras ante ciertos episodios de crónica. El mensaje consolador que brota de las reflexiones hasta aquí hechas es que existe en medio de nosotros uno que es «más fuerte» que el mal. La fe no nos sitúa a resguardo del mal y del sufrimiento, pero nos asegura que con Cristo podemos orientar al bien también el mal, hacerlo servir para la redención nuestra y del mundo.

Algunas personas experimentan en la propia vida o en la propia casa una presencia de mal que les parece de origen directamente diabólico. A veces ciertamente lo es (conocemos la difusión que tienen las sectas y los ritos satánicos en nuestra sociedad, especialmente entre los jóvenes), pero es difícil entender en casos individuales si se trata verdaderamente de Satanás o de perturbaciones de origen patológico. Afortunadamente no es necesario llegar a las certeza sobre las causas. Lo que hay que hacer es adherirse a Cristo con la fe, la invocación de su nombre, la práctica de los sacramentos.

El evangelio del domingo nos sugiere un medio con vistas a esta lucha, importante para cultivar sobre todo en tiempo de Cuaresma. Jesús no fue al desierto para ser tentado; su intención era retirarse en el desierto a orar y a escuchar la voz del Padre.

En la historia ha habido muchedumbres de hombres y mujeres que han elegido imitar a este Jesús que se retira al desierto. Pero la invitación a seguir a Jesús al desierto no se dirige sólo a monjes y ermitaños. De manera distinta, también se dirige a todos. Monjes y eremitas han elegido un espacio en el desierto; nosotros debemos elegir al menos un tiempo de desierto. Pasar un tiempo de desierto significa hacer un poco de vacío y de silencio entorno a nosotros; reencontrar el camino de nuestro corazón, sustraernos al bullicio y a los apremios externos, a fin de entrar en contacto con las fuentes más profundas de nuestro ser y de nuestro creer. 

sábado, 17 de enero de 2015

Las Tentaciones de San Antonio Abad, por El Bosco

Las Tentaciones de San Antonio
Hieronymus Bosch (1450-1516)
Museo del Prado, Madrid (ESP)

Según los  relatos de san Atanasio y de san Jerónimo, popularizados en el siglo XIII a través de La leyenda dorada, del dominico Santiago de la Vorágine, Antonio fue reiteradamente tentado por el demonio en el desierto. Las tentaciones de san Antonio fue un tema favorito de la iconografía cristiana, representado por pintores de gran importancia.

martes, 8 de octubre de 2013

MIÉRCOLES DE LA 27 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar (Lecturas)

Jonás 4,1-11
Salmo 85: Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad
Lucas 11,1-4

Jonás 4,1-11

Jonás sintió un disgusto enorme y estaba irritado. Oró al Señor en estos términos: "Señor, ¿no es esto lo que me temía yo en mi tierra? Por eso me adelanté a huir a Tarsis, porque sé que eres compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, que te arrepientes de las amenazas. Ahora, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir." Respondióle el Señor: "¿Y tienes tú derecho a irritarte?" Jonás había salido de la ciudad, y estaba sentado al oriente. Allí se había hecho una choza y se sentaba a la sombra, esperando el destino de la ciudad. Entonces hizo crecer el Señor un ricino, alzándose por encima de Jonás para darle sombra y resguardarle del ardor del sol. Jonás se alegró mucho de aquel ricino.Pero el Señor envió un gusano, cuando el sol salía al día siguiente, el cual dañó al ricino, que se secó. Y, cuando el sol apretaba, envió el Señor un viento solano bochornoso; el sol hería la cabeza de Jonás, haciéndole desfallecer. Deseó Jonás morir, y dijo: "Más me vale morir que vivir." Respondió el Señor a Jonás: "¿Crees que tienes derecho a irritarte por el ricino?" Contestó él: "Con razón siento un disgusto mortal?" Respondióle el Señor: "Tú te lamentas por el ricino, que no cultivaste con tu trabajo, y que brota una noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy ha sentir la suerte de Nínive, la gran ciudad, que habitan más de ciento veinte mil hombres, que no distinguen la derecha de la izquierda, y gran cantidad de ganado?"

Salmo 85: Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti.
R. Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende la voz de mi súplica.
R. Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
"Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios."
R. Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad

Lucas 11,1-4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos," Él les dijo: "Cuando oréis decid: "Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.""