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sábado, 23 de julio de 2022

Números 25,1-19: Idolatría de Israel en Peor

Números 25,1-19:
Idolatría de Israel en Peor

1 Mientras Israel estaba en Sitím, el pueblo comenzó a prostituirse con las mujeres moabitas,
2 que lo invitaron a participar de los sacrificios en honor de su dios. 
   El pueblo comió de ellos y adoró a ese dios.
3 Así Israel se sometió al Baal de Peor, y por eso el Señor se indignó contra él.
4 El Señor dijo a Moisés: «Toma a todos los jefes del pueblo y cuélgalos públicamente delante del Señor, 
   para que se aplaque la indignación del Señor contra Israel».
5 Entonces Moisés dijo a los jueces de Israel: 
   «Cada uno de ustedes matará a aquellos de sus hombres que se sometieron al Baal de Peor».
6 Precisamente entonces, llegó un israelita trayendo una mujer madianita adonde estaban sus hermanos, 
   a la vista de Moisés y de todos los israelitas, que lloraban a la entrada de la Carpa del Encuentro.
7 Al ver esto, Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, se apartó de la comunidad y, 
   tomando una lanza,
8 siguió al israelita hasta la alcoba y allí los traspasó a los dos, al israelita y a la mujer, en pleno vientre. 
   Entonces cesó la plaga que asolaba a los israelitas.
9 Los que habían muerto a causa de la plaga fueron veinticuatro mil.
10 Y el Señor dijo a Moisés:
11 «Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha apartado mi ira de los israelitas, 
     porque ha demostrado en medio de ellos un celo igual al mío. 
     Por eso yo no acabé con los israelitas, dejándome llevar por mi celos.
12 Y ahora declaro: Yo le concedo mi alianza de paz.
13 En favor de él y de su descendencia habrá una alianza que le asegurará al sacerdocio para siempre, 
     porque se mostró celoso por su Dios, e hizo expiación por los israelitas».
14 El israelita que fue muerto junto con la mujer madianita se llamaba Zimrí, hijo de Salú, 
     jefe de una familia patriarcal de Simeón.
15 Y la mujer que fue muerta se llamaba Cozbí, hija de Sur, 
     el cual era jefe de un clan en una tribu madianita.
16 Luego el Señor dijo a Moisés:
17 «Acomete contra los madianitas y derrótalos,
18 porque ellos acometieron contra ustedes con sus malas artes, 
     en el incidente de Peor y en el de Cozbí –la hija del jefe madianita y hermana de ellos– 
     que fue herida de muerte de la plaga motivada por el incidente de Peor».
19 Cuando cesó la plaga,

martes, 7 de junio de 2022

1 Reyes 18,20-40: El juicio de Dios en el monte Carmelo

1 Reyes 18,20-40
Miércoles de la 10 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo II

20 Ajab mandó buscar a todos los israelitas y reunió a los profetas sobre el monte Carmelo.
21 Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: "¿Hasta cuándo van a andar rengueando de las dos piernas? 
     Si el Señor es Dios, síganlo; si es Baal, síganlo a él". Pero el pueblo no le respondió ni una palabra.
22 Luego Elías dijo al pueblo: "Como profeta del Señor, he quedado yo solo, 
     mientras que los profetas de Baal son cuatrocientos cincuenta.
23 Traigamos dos novillos; que ellos se elijan uno, que lo despedacen y lo pongan sobre la leña, 
     pero sin prender fuego. Yo haré lo mismo con el otro novillo: lo pondré sobre la leña 
     y tampoco prenderé fuego.
24 Ustedes invocarán el nombre de su dios y yo invocaré el nombre del Señor: el dios que responda 
     enviando fuego, ese es Dios". Todo el pueblo respondió diciendo: "¡Está bien!"
25 Elías dijo a los profetas de Baal: "Elíjanse un novillo y prepárenlo ustedes primero, 
     ya que son los más numerosos; luego invoquen el nombre de su dios, pero no prendan fuego".
26 Ellos tomaron el novillo que se les había dado, lo prepararon e invocaron el nombre de Baal 
     desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: "¡Respóndenos, Baal!". Pero no se oyó ninguna voz 
     ni nadie que respondiera. Mientras tanto, danzaban junto al altar que habían hecho.
27 Al mediodía, Elías empezó a burlarse de ellos, diciendo: "¡Griten bien fuerte, porque es un dios! 
     Pero estará ocupado, o ausente, o se habrá ido de viaje. A lo mejor está dormido y se despierta".
28 Ellos gritaron a voz en cuello y, según su costumbre, se hacían incisiones con cuchillos y punzones, 
     hasta chorrear sangre.
29 Y una vez pasado el mediodía, se entregaron al delirio profético hasta la hora en que se ofrece 
     la oblación. Pero no se oyó ninguna voz, ni hubo nadie que respondiera o prestara atención.
30 Entonces Elías dijo a todo el pueblo: "¡Acérquense a mí!". Todo el pueblo se acercó a él, 
     y él restauró el altar del Señor que había sido demolido:
31 tomó doce piedras, conforme al número de los hijos de Jacob, a quien el Señor había dirigido 
     su palabra, diciéndole: "Te llamarás Israel",
32 y con esas piedras erigió un altar al nombre del Señor. Alrededor del altar hizo una zanja, 
     como un surco para dos medidas de semilla.
33 Luego dispuso la leña, despedazó el novillo y lo colocó sobre la leña.
34 Después dijo: "Llenen de agua cuatro cántaros y derrámenla sobre el holocausto y sobre la leña". 
     Así lo hicieron. Él añadió: "Otra vez". Lo hicieron por segunda vez, y él insistió: "Una vez más". 
     Lo hicieron por tercera vez.
35 El agua corrió alrededor del altar, y hasta la zanja se llenó de agua.
36 A la hora en que se ofrece la oblación, el profeta Elías se adelantó y dijo: "¡Señor, Dios de Abraham, 
     de Isaac y de Israel! Que hoy se sepa que tú eres Dios en Israel, que yo soy tu servidor y que por 
     orden tuya hice todas estas cosas.
37 Respóndeme, Señor, respóndeme, para que este pueblo reconozca que tú, Señor, eres Dios, 
     y que eres tú el que les ha cambiado el corazón".
38 Entonces cayó el fuego del Señor: Abrazó el holocausto, la leña, las piedras y la tierra, 
     y secó el agua de la zanja.
39 Al ver esto, todo el pueblo cayó con el rostro en tierra y dijo: "¡El Señor es Dios! 
     ¡El Señor es Dios!".
40 Elías les dijo: "¡Agarren a los profetas de Baal! ¡Que no escape ninguno!". Ellos los agarraron: 
     Elías los hizo bajar al torrente Quisón y allí los degolló.

sábado, 12 de agosto de 2017

1 Reyes 19,9-18: El encuentro de Elías con Dios

Domingo de la 19 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo A

9 Allí, entró en la gruta y pasó la noche. Entonces le fue dirigida la palabra del Señor.
10 El Señor le dijo: "¿Qué haces aquí, Elías?". Él respondió: "Me consumo de celo por el Señor, 
     el Dios de los ejércitos, porque los israelitas abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron 
     a tus profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme la vida".
11 El Señor le dijo: "Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor". Y en ese momento el Señor 
     pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del 
     Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor 
     no estaba en el terremoto.
12 Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, 
     se oyó el rumor de una brisa suave.
13 Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. 
     Entonces le llegó una voz, que decía: "¿Qué haces aquí, Elías?"
14 Él respondió: "Me consumo de celo por el Señor, el Dios de los ejércitos, porque los israelitas 
     abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron a tus profetas con la espada. He quedado yo 
     solo y tratan de quitarme la vida".
15 El Señor le dijo: "Vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco. Cuando llegues, 
     ungirás a Jazael como rey de Arám.
16 A Jehú, hijo de Nimsí, lo ungirás rey de Israel, y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás 
     profeta en lugar de ti.
17 Al que escape de la espada de Jazael, lo hará morir Jehú; al que escape de la espada de Jehú, 
     lo hará morir Eliseo.
18 Pero yo preservaré en Israel un resto de siete mil hombres: todas las rodillas que no se doblaron ante 
     Baal y todas las bocas que no lo besaron".

SOBRE EL MISMO TEMA:  
El silencio que rodea la venida de Dios  

1 Reyes 19,9-18: El silencio que rodea la venida de Dios

1 Reyes 19,9-18

19:9 Allí, entró en la gruta y pasó la noche. Entonces le fue dirigida la palabra del Señor.
19:10 El Señor le dijo: "¿Qué haces aquí, Elías?". Él respondió: "Me consumo de celo por el Señor, el Dios de los ejércitos, porque los israelitas abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron a tus profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme la vida".
19:11 El Señor le dijo: "Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor". Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto.
19:12 Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave.
19:13 Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. Entonces le llegó una voz, que decía: "¿Qué haces aquí, Elías?"
19:14 Él respondió: "Me consumo de celo por el Señor, el Dios de los ejércitos, porque los israelitas abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron a tus profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme la vida".
19:15 El Señor le dijo: "Vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco. Cuando llegues, ungirás a Jazael como rey de Arám.
19:16 A Jehú, hijo de Nimsí, lo ungirás rey de Israel, y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás profeta en lugar de ti.
19:17 Al que escape de la espada de Jazael, lo hará morir Jehú; al que escape de la espada de Jehú, lo hará morir Eliseo.
19:18 Pero yo preservaré en Israel un resto de siete mil hombres: todas las rodillas que no se doblaron ante Baal y todas las bocas que no lo besaron".

— Comentario por Reflexiones Católicas  
“El silencio que rodea la venida de Dios” 

En tiempos de crisis religiosa y de persecución, Elías rehace el camino de Moisés y peregrina al lugar de la gran experiencia religiosa. Allí experimenta la presencia de Dios y escucha su palabra, que le confirma su misión: Elías no puede abandonar la lucha, debe continuar.

El fragmento que leemos nos invita a discernir, también a nosotros, la presencia del Señor en el "susurro": no tenemos que esperar el golpetazo de un viento huracanado, un terremoto o un fuego caído del cielo.

Con toda naturalidad, imperceptiblemente, Jesús se nos acerca en el esfuerzo diario, en medio de la oscuridad (3a lectura). No tengamos miedo, no dejemos que la duda corroa el gozo escondido de su presencia.

¡El misterio de la presencia de Dios en nuestras vidas! No debemos esperar grandes manifestaciones esplendorosas e imponentes: Elías la experimenta como un susurro y no como un viento huracanado (Dios cuesta de discernir y nos puede pasar de largo). Tan cerca que lo tenemos: como un susurro que penetra imperceptiblemente toda nuestra vida y el mundo entero.

Pero debemos salir de la cueva de nuestras seguridades y nuestros temores, y quién sabe si tenemos que emprender, como Elías, un peregrinaje largo y difícil. ¿Hacia dónde? No, no consiste en ir de acá para allá, ya que Dios es accesible en todas partes: "Se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad" (Jn 4,21-23). Se trata de una peregrinación interior.

Amenazado de muerte por la impía Jezabel, Elías huye del país y se dirige al monte Horeb o Sinaí. Su marcha dura cuarenta días a través del desierto, durante los cuales revive la experiencia del éxodo de Israel. Dios le proporciona el agua y el pan que necesita y, al llegar al Sinaí, se refugia en la misma cueva en la que se escondió Moisés esperando el "paso del Señor" (cf. Ex 32,22).

Elías, representante de los profetas, vuelve a las raíces del pueblo de Israel y a los orígenes de su historia. Con ello significa que su reforma religiosa, por cuya causa es perseguido, entronca directamente con la obra de Moisés: toda reforma autentica de Israel es una restauración de la alianza con Yahvé.

Si el huracán, el terremoto y el fuego abrasador fueron señales de la presencia de Yahvé en el Sinaí cuando la promulgación de la ley (Ex 19) ahora Yahvé se revela al profeta Elías en el susurro de una brisa. La teofanía es diferente y se acomoda a los nuevos tiempos que inaugura Yahvé por medio de los profetas. La brisa es el símbolo del espíritu de Dios y de la fuerza renovadora que ejerce por medio de los profetas.

El ciclo de Elías (caps. 17-22) pone de relieve la figura de este gran profeta comparable a Moisés. Así como Samuel patrocinó de mala gana un cambio de régimen, Natán sancionó la promesa dinástica a David, y Ajías fue el que anunció la desgracia del desgarrón en dos reinos, a Elías le toca un problema más hondo y más delicado: el pueblo abandona a Dios, quiere cambiar de Dios, la tarea demoledora de Jezabel, mujer del rey, en estrecha colaboración con los cultos cananeos y con los sacerdotes de los baales es la causa inmediata del desastre.

Elías lucha con denuedo: será el que retenga la lluvia (cap. 17) y el que la dé (cap. 18), poder que pretendían usar a su antojo los sacerdotes de Baal, dios de la fecundidad. Estos mismos sacerdotes perecerán a sus manos (cap. 18). Esto le ha valido la persecución de la impía reina Jezabel. En su huida fuerte y dura (19,4) llega a una cueva del Horeb donde Dios se le va a manifestar en la sencillez y en la pobreza.

Los vientos que en Palestina vienen del Oeste llegan a constituir auténticos y temibles torbellinos que provocan fuertes tempestades (3a.lectura). Por eso, en el Antiguo Testamento uno de los símbolos más comunes para designar la fuerza y la presencia de Dios es el viento, el huracán. Sin embargo, Dios abandona este camino espectacular y se va a manifestar en una señal de sencillez. El carácter impetuoso de Elías tendría que hacer un esfuerzo para situarse en este óptica de despojo.

Palestina ha sufrido en su historia violentos terremotos (cf. Am 1,1; Za 14,5). La Biblia ve en ellos una manifestación de la potencia del Creador que viene a ayudar o a juzgar a un pueblo (cf. Ex 19,18; Jc 5,4). También Dios va a abandonar este camino de conmoción por algo más interior al hombre mismo.

"Susurro"=literalmente "el silbido de un silencio tenue". Para Elías este silencio debía ser tan inquietante y estar tan cargado de significación como el viento, el terremoto y el fuego. Pero si aquellos anunciaban una acción destructora y negativa (cf. vv. 15-17), "el silbido de un silencio tenue" hay que ponerlo en relación con la acción positiva, creadora y salvífica del Señor que ha mantenido en su pueblo un resto que vive y cree, los siete mil de los que se hablará en el v. 18.

El silencio que rodea la venida del Señor es tal vez una nota antibaalista, siendo Baal el dios de la tormenta. Este es el momento capital de la revelación del Señor a Elías. Descubrir a Dios en la sencillez y en lo pequeño es una tarea a la que el creyente de hoy debe darse con entereza. Le va mucho en ello. 

1 Reyes 22,52-54: El reinado de Ocozías en Israel (853-852)

1 Reyes 22,52-54 

22:52 Ocozías, hijo de Ajab, comenzó a reinar sobre Israel, en Samaría, el decimoséptimo año de Josafat, rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel.
22:53 Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor, y siguió el camino de su padre y de su madre, y el camino de Jeroboám, hijo de Nebat, que hizo pecar a Israel.
22:54 Sirvió a Baal y se postró ante él, provocando así la indignación del Señor, tal como lo había hecho su padre.

sábado, 5 de agosto de 2017

1 Reyes 18,16-19: El encuentro de Elías con Ajab

1 Reyes 18,16-19  

18:16 Abdías fue al encuentro de Ajab; le comunicó el mensaje, y Ajab fue a encontrarse con Elías.
18:17 Apenas vio a Elías, Ajab le dijo: "¿Así que eres tú, el que trae la desgracia a Israel?"
18:18 Elías respondió: "No soy yo el que traigo la desgracia a Israel, sino tú y la casa de tu padre, porque han abandonado al Señor y te has ido detrás de los Baales.
18:19 Y ahora, manda que todo Israel se reúna junto a mí en el monte Carmelo, con los cuatrocientos profetas de Baal y los cuatrocientos profetas de Aserá que comen a la mesa de Jezabel".

1 Reyes 16,29-34: El reinado de Ajab en Israel (875-853)

1 Reyes 16,29-34  

16:29 Ajab, hijo de Omrí, comenzó a reinar sobre Israel el trigésimo octavo año de Asá, rey de Judá, y reinó sobre Israel, en Samaría, durante veintidós años.
16:30 Ajab, hijo de Omrí, hizo lo que es malo a los ojos del Señor, más que todos sus predecesores.
16:31 Y como si no le hubiera bastado persistir en los pecados de Jeroboám, hijo de Nebat, tomó por esposa a Jezabel, hija de Etbaal, rey de los sidonios, y fue a servir a Baal y se postró delante de él.
16:32 Erigió además un altar a Baal en el templo que le había construido en Samaría.
16:33 Ajab hizo también el Poste sagrado, y continuó provocando la indignación del Señor, el Dios de Israel, más que todos los reyes que lo habían precedido.
16:34 En su tiempo, Jiel de Betel reconstruyó Jericó: poner los cimientos le costó la vida de Abirám, su primogénito, y asentar las puertas le costó la vida de Segub, su hijo menor, conforme a la palabra que había pronunciado el Señor por medio de Josué, hijo de Nun.