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sábado, 13 de mayo de 2023

DOMINGO DE LA 6 SEMANA DE PASCUA, AÑO A


"Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. 
Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, 
que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad."


DOMINGO DE LA 6 SEMANA DE PASCUA, Año A (Lecturas)

Hechos 8,5-8.14-17
Salmo 66 (65),1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20: 
Aclamad al Señor, tierra entera
1 Pedro 3,15-18
Juan 14,15-21


En aquellos días, Felipe bajo a la ciudad de Samaría y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacia, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se lleno de alegría. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Aclamad al Señor, tierra entera

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: "¡Qué temibles son tus obras!"
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente.
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi suplica
ni me retiró su favor.
R. Aclamad al Señor, tierra entera



Queridos hermanos: Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.



En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él."

viernes, 5 de mayo de 2023

DOMINGO DE LA 5 SEMANA DE PASCUA, ciclo A (Lecturas)

Hechos 6,1-7
Salmo 32: Que tu misericordia, Señor, 
venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
1 Pedro 2,4-9
Juan 14,1-12


En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron: "No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra." La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos, incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Salmo 32: Que tu misericordia, Señor, 
venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.
R. Que tu misericordia, Señor, 
venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
R. Que tu misericordia, Señor, 
venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
R. Que tu misericordia, Señor, 
venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti


1 Pedro 2,4-9

Queridos hermanos: Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Dice la Escritura: "Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado." Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la "piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular", en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino. Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.



En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino." Tomás le dice: "Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús le responde: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto." Felipe le dice: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta." Jesús le replica: "Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre."

sábado, 29 de abril de 2023

Sobre el Domingo del Buen Pastor


El 4 Domingo de Pascua, llamado también del “Buen Pastor”, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, instituida por el papa san Pablo VI, y la Jornada de vocaciones nativas.

• La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, de carácter universal, llama a suscitar en todos los jóvenes la pregunta por su vocación, y que la comunidad cristiana promueva las vocaciones cristianas con la oración y el acompañamiento.

• La Jornada de Vocaciones Nativas busca sostener las vocaciones de especial consagración que surgen en los territorios de Misión, para que ninguna de ellas se quede frustrada por falta de recursos. Para ello, además de la oración, promueve la colaboración económica.

Domingo del Buen Pastor: ¿qué es la fiesta de Jesús, el Buen Pastor?

Tres semanas después de la Resurrección del Señor, el cuarto domingo de Pascua, la Iglesia Católica celebra el Domingo de Jesús, el Buen Pastor. Esta expresión hace referencia varios pasajes evangélicos, entre ellos: a san Juan (10,1-39):

“Os aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que se mete por otro lado, es ladrón y bandido. Pero el que entra por la puerta es el pastor que cuida a las ovejas. El portero le abre la puerta y el pastor llama a cada oveja por su nombre y las ovejas reconocen su voz. Él las saca del redil, y cuando ya han salido todas, camina delante de ellas y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz. En cambio, no siguen a un desconocido, sino que huyen de él. Porque no conocen la voz de los desconocidos… yo soy la puerta por donde pasan las ovejas, el que por mi entre será salvo… Yo soy el Buen Pastor”.

Todos los bautizados participamos de la triple misión de Jesús: Sacerdote, Profeta y Rey. Jesús es rey de una forma que no pueden igualar los reyes humanos. Y no me refiero aquí tan sólo a los que tienen el poder civil, sino a todos los que de alguna manera tenemos autoridad, incluyendo al padre o madre de familia, al hermano mayor... Todos tenemos en Cristo un modelo que nos dice que nuestra autoridad viene de Dios y consiste en servir a nuestros hermanos, lo cual no es un privilegio, sino un deber.

En el campo de la realeza de Cristo está su ser Buen Pastor. Es una misión de servicio para conducirnos a nosotros, las ovejas, hasta el dueño del rebaño: nuestro Padre Dios.

Pastores con el Buen Pastor

Participamos, pues, del ser Pastor de Cristo no sólo aquellos a los que llamamos pastores, como el Papa y los obispos, que llevan el báculo como signo de su oficio, ni sólo los presbíteros y diáconos que colaboran con el obispo, sino que incluyo a los religiosos y los laicos por participar también de ser Cristo, Buen Pastor.

Los religiosos, entre ellos las hermanas religiosas, ejercen su pastoral específica en hospitales, colegios, asilos, orfanatos y misiones.

El párroco tiene como misión organizar la Pastoral Parroquial con la ayuda de los laicos a los que trata de capacitar doctrinal y técnicamente para ejercer su misión de pastores unidos al Buen Pastor. La Pastoral Parroquial responde a las necesidades más importantes de la feligresía: la juventud, los niños, los ancianos, las familias, los pobres, los emigrantes, los presos y demás, según la parroquia. El laico o fiel cristiano que participa en esta pastoral debe hacerlo con el convencimiento de que no está solamente ayudando al párroco, sino que está ejerciendo una misión propia que le corresponde por el bautismo y que le hace participar de la misión de Cristo.

Pastoreo en la familia

Los padres de familia, por derecho propio, son los pastores de la familia, cargo que ejercen movido por el amor natural que sienten por sus hijos y por su cónyuge. Ellos mismos van haciendo a sus hijos mayores partícipes de esa misión de pastores de tal modo que la familia toda es una imagen de la Iglesia Universal unida al Buen Pastor. Los papás entienden muy bien que su autoridad es servicio u no privilegio, ya que, literalmente, se desviven por el bien de sus hijos. Que el Buen Pastor los ilumine y fortalezca en tan bella labor.

+ SOBRE EL DOMINGO DEL BUEN PASTOR

viernes, 28 de abril de 2023

Domingo de la 4 Semana de Pascua, Año A (Lecturas)

Hechos 2,14a.36-41
Salmo 22: El Señor es mi pastor, nada me falta
1Pedro 2,20b-25
Juan 10,1-10



El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: "Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías." Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: "¿Qué tenemos que hacer, hermanos?" Pedro les contestó: "Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos." Con estas y otras muchas razones les urgía, y los exhortaba diciendo: "Escapad de esta generación perversa." Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.

Salmo 22: El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
R.  El Señor es mi pastor, nada me falta

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
R.  El Señor es mi pastor, nada me falta

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
R.  El Señor es mi pastor, nada me falta

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
R.  El Señor es mi pastor, nada me falta


1 Pedro 2,20b-25

Queridos hermanos: Si, obrando el bien, soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios. Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado. Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.



En aquel tiempo, dijo Jesús "Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a sus voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños." Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: "Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante."

viernes, 21 de abril de 2023

Domingo de la 3 Semana de Pascua, por Mons. Francisco Gonzalez

Comentario por Mons. Francisco González SF


Estamos en el Tercer Domingo de Pascua. Tanto en los días entre semana como los domingos una de las lecturas se toma siempre de los Hechos de los Apóstoles. Este librito, que a algunos les gusta llamar “el evangelio del Espíritu”, nos va relatando la experiencia de la Iglesia primitiva. Hoy vemos al apóstol Pedro (2,14.22-33) en su primer discurso misionero. Este primer Papa hace un discurso duro, enfrenta a su auditorio con la realidad que hacía poco había sucedido en medio de ellos, y como se suele decir, llamó las cosas por su nombre.

¿Cómo recibirían aquella gente estas palabras de Pedro? Posiblemente habría de todo, pero eso no importaba a Pedro, su deber era proclamar, anunciar a Jesús de Nazaret: sus obras, su muerte y su resurrección. Esta última verdad era importantísima, porque aunque “los malvados le dieron muerte”, Dios no le abandonó entre los muertos, ni permitió que su carne fuera corrompida, sino “que lo resucitó”.

La segunda lectura está tomada de la primera carta del apóstol San Pedro (1, 17-21). Nos habla del Padre y de Cristo. Cristo es el Cordero sin mancha, cuyo sacrificio fue para pagar nuestra deuda, un rescate más costoso que si lo hubiera conseguido con oro o plata. Al haber recibido tanto, nos dice que tomemos en serio estos años que vivimos fuera de la patria. El Padre va a juzgar a cada uno por sus obras, “no hace diferencias”, no acepta “influencias”, ni cae ante “las mordidas”, sino que “juzga a cada uno según sus obras”. Por eso nosotros tenemos una urgente necesidad de aceptar al Jesús Resucitado, y eso implica un cambio radical de nuestras vidas, para que sean vidas nuevas, al estilo de Nuestro Salvador.

¿Dónde encontramos al Señor?

El evangelio de hoy (Lc. 24, 13-35) nos da una ayuda muy grande. Aquí leemos el pasaje en el que San Lucas nos narra la historia de dos discípulos que abandonan Jerusalén, tal vez porque se creían que “todo había terminado” y en el camino a Emaus se encuentra con un extraño, que resulta ser Jesús mismo y que ellos lo reconocen “al partir el pan”.

¿Dónde encontramos al Señor Resucitado? En las Sagradas Escrituras: Jesús nos lleva, como de la mano, dando un paseo por las Escrituras y, “comenzando por Moisés y recorriendo todos los profetas, les interpretó todo lo que las Escrituras decían sobre él”.

¿Dónde encontramos al Señor Resucitado? En la Eucaristía: “contaron lo sucedido en el camino y como lo habían reconocido al partir el pan”.

¿Dónde encontramos al Señor Resucitado? En la Comunidad. Jesús es comunitario. No acaba de salir del desierto y enseguida forma una comunidad. Por tres años de vida pública, de caminar por Judea y Galilea, va siempre acompañado de ese grupito de discípulos que le siguen día y noche, pues él los ha llamado primero al discipulado, después a la amistad y por último a la fraternidad consigo mismo.

El Papa Juan Pablo II dijo que Dios es familia. Nosotros, imagen de Dios, heridos por el pecado pero sanados por el Señor, estamos llamados a constituir familia, la familia de los hijos de Dios, siempre con Jesús, nuestro Hermano Mayor, a la cabeza.

Domingo de la 3 Semana de Pascua, Año A, por Mons. Francisco González, S.F.

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

En estos momentos de la historia estamos viviendo tiempos difíciles, lo cual no quiere decir que no haya habido en el pasado situaciones semejantes. La gran pena de estos tiempos difíciles, además del dolor y sufrimiento, es que hoy tenemos tantos medios para evitar el caos y la desesperación de mucha gente. La ciencia y la tecnología que pueden ser usadas para el bien de la humanidad, parece que tienen otro uso y la gente sigue siendo aguijoneada por el mal uso de las mismas, y como consecuencia muchos entran en ese estado de ánimo que llamamos desesperación, depresión, estrés.

La página evangélica que hoy nos ofrece la sagrada liturgia nos debe hacer pensar y mucho. Nos relata ese primer día de Jesús Resucitado. Dos de sus discípulos dejan la ciudad de Jerusalén y se van camino de un pueblo llamado Emaús. Si les miramos las caras, reflejan lo que sienten: desánimo, desilusión, fracaso. Habían seguido a Jesús, le creían el Mesías, habían aguantado tres días sin Él, pero ya era demasiado, las promesas que les había hecho no se habían cumplido. Sí es verdad que algunas mujeres les habían contado que Jesús ya no estaba en la tumba, que unos ángeles les habían asegurado que Jesús estaba vivo, pero…ellos no lo habían visto, y por eso se iban, y se iban desilusionados, con el ánimo por los suelos.

Es muy posible que algunos, tal vez muchos de nosotros, nos hallamos visto en una situación semejante por todas esas cosas que nos pasan, por no avanzar en nuestra vida espiritual, porque mirando a nuestro futuro no lo vemos muy claro, porque la enfermedad nos ha visitado, porque la familia no resulta como la habíamos soñado, etcétera.

Esos dos discípulos, se alejaron no solamente de lo que habían vivido, sino también de lo que habían soñado. Y aquí viene lo mejor, Jesús que se coloca al lado de ellos y les empieza a hablar, primero con un suave reproche, y después con una explicación de que todo lo acontecido en esos días había sido anunciado, insistiendo en la necesidad de lo sucedido.

Nosotros a veces nos alejamos, pero Jesús siempre nos busca, se nos acerca, nos llama la atención y se queda con nosotros. Esta es la oración que debemos decir siempre, especialmente, cuando estamos desorientados y nos sentimos desconsolados: “Quédate con nosotros”.

¿Cuáles son los beneficios? Estar junto a Jesús que para eso hemos sido llamados (Mc 3,13). Cuando estamos cerca de Él y especialmente cuando le escuchamos, nuestros desánimos desaparecen, y como los dos discípulos confiesan que sus “corazones ardían escuchando su palabra”, y es que Jesús verdaderamente tiene “palabras de vida eterna”.

Al escuchar la Palabra se nos disipan las dudas, comprendemos el mensaje, hay un profundo cambio en nuestro corazón, y nuestro abatimiento se convierte en esperanza, las nubes desaparecen y brilla un sol que nos ilumina, y hace que ardamos en el fuego del amor de Cristo.

Hay otro punto que creo nos debe hacer pensar. Cuando Jesús se sienta a la mesa con ellos, nos dice el evangelio: “Tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se los dio. A ellos se les abrieron los ojos y le reconocieron”.

Por unos momentos los dos discípulos estaban encantados con este buen hombre que se les había acercado. Era todo un sabio pues conocía las Escrituras, hablaba con convicción, lo aceptaron como compañero con gusto, hasta al punto que cuando hizo el intento de seguir adelante cuando ellos dos habían llegado a su destino, le invitaron a quedarse, y no solamente porque se hacía de noche y viajar de noche por aquellos caminos podía ser peligroso. Le invitaron porque se sentían muy a gusto con Él. Sin embargo solamente lo reconocen “al partir el pan”, al partir ese pan bendecido, esa Eucaristía, ese Cuerpo del Señor.

¿Por qué hoy en día, a pesar de todo lo bueno que hay en la comunidad de fe, en esa comunidad de seguidores de Jesús, hay mucha gente que se marcha, hay mucha gente que se desilusiona, hay mucha gente que se seculariza, hay mucha gente que se mofa, hay mucha gente que critica? Es posible que nosotros no hayamos decidido partirnos por los demás, tal vez no sepamos o no queramos lavar los pies de algunos que no nos gustan, es posible que sigamos adorando ese diosito que yo me creo ser.

El día que nos decidamos a dar la vida por el hermano/a, a partirnos por ellos/as, ese día muchos reconocerán a Cristo, muchos volverán, pues la sangre de mártires, incruentos incluidos, es semilla de cristianos.

¿No nos ardía nuestro corazón mientas nos hablaba por el camino? Quédate con nosotros Señor, sin ti la vida es un constante anochecer.

Domingo de la 3 Semana de Pascua, Año A (Lecturas)

Hechos 2,14.22-33
Salmo 15: Señor, me enseñarás el sendero de la vida
1 Pedro 1,17-21
Lucas 24,13-35



El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: "Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él: "Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia." Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que "no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción", hablaba previendo la resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo."

Salmo 15: Señor, me enseñarás el sendero de la vida

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: "Tú eres mi bien."
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte esta en tu mano.
R. Señor, me enseñarás el sendero de la vida

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
R. Señor, me enseñarás el sendero de la vida

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
R. Señor, me enseñarás el sendero de la vida

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha
R. Señor, me enseñarás el sendero de la vida


1 Pedro 1,17-21

Queridos hermanos: Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida. Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien. Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.



Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo:
— ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replico:
— ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?
Él les pregunto:
— ¿Qué?
Ellos le contestaron:
— Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.
Entonces Jesús les dijo:
— ¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:
— Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron:
— ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
— Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Lucas 24,13-35 por M. Dolors Gaja, M.N.



Comentario por M. Dolors Gaja, M.N.

CAMBIO DE PERSPECTIVA

Sabemos por el evangelista Juan que entre las mujeres seguidoras de Jesús estaba María, mujer de Cleofás, que era hermana (pariente) de  la Virgen. La esposa de Cleofás es de las pocas que se mantiene al pie de la cruz (Jn 19,25).

Si señalo esto es porque el texto que este domingo leemos  ha sido reinterpretado, de manera muy hermosa, desde que las mujeres biblistas se han acercado a él. Hasta hace muy poco la biblia ha sido interpretada y explicada sólo desde una óptica masculina. Y esta óptica ha visto siempre, en los dos de Emaús, dos “discípulos”, es decir dos varones. Porque durante muchos siglos la mujer no ha contado mucho en la Iglesia (y sigue contando poco, teniendo en cuenta el gran número de mujeres que nos llamamos cristianas)

La reciente interpretación, llegada de la mano de mujeres, no ve, en este par de discípulos, dos hombres que huyen sino un matrimonio. La lógica es aplastante: entre los seguidores de Jesús está la mujer de Cleofás. Cuando las cosas se ponen feas ¿huiría Cleofás con un amigo, dejando a su mujer en Jerusalén? Lo normal es pensar que huyen los dos a una propiedad común que tienen en Emaús. Otro dato es el silencio del segundo – de la segunda – pues una mujer nunca hablaba en público con un hombre desconocido.

Debería variar el arte y pintar en esta maravillosa escena la aparición de Cristo resucitado a una familia: la de Cleofás y su mujer.

EL DIÁLOGO DE LOS ESPOSOS

Huyen de Jerusalén pero huyen hablando de Él. Es importante que en el diálogo entre esposos la fe desempeñe un papel primordial. ¿De qué hablan los esposos? De los hijos, el trabajo, el dinero, los proyectos…La escena de hoy nos habla de un matrimonio en el que hay un Tercero muy importante y, sobre todo, un Tercero al que los dos aman. Lo añoran, lo extrañan, lloran por Él…hablan de Él.

La fe (y no sólo el amor ) es el vínculo que debería unir a todos aquellos que deciden “casarse por la Iglesia”. Estas parejas se comprometen a hacer el camino de la vida hablando de Jesús, teniendo a Jesús entre ellos…Sólo así puede formarse una familia cristiana. Imaginen que Jesús pregunta a su matrimonio: «¿De qué discutís por el camino?» Si recordamos que “de la abundancia del corazón habla la boca” tenemos un buen examen de conciencia matrimonial: ¿qué tema es central con mi pareja?

JESÚS, EL FORASTERO

Los esposos se detienen cuando Jesús se une a ellos y les pregunta de qué hablan. Y Cleofás, que no reconoce a Jesús, le dice: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe las cosas que han pasado allí éstos días?

Jesús, el Amigo, ha pasado a ser forastero. Estaría bien preguntarse quién es en realidad Jesús para mí. Los creyentes damos por sentado que es “alguien importantísimo” pero…también es importante el alcalde de mi ciudad y apenas sé nada de él. ¿Qué adjetivo o sustantivo define a Jesús en su relación conmigo? ¿Es amigo ocasional, vecino, conocido, esposo, maestro, amor, rival, fastidio, exigencia…? No pases de largo de estas líneas sin respondértelo.

JESÚS VIENE DISTINTO A CÓMO LO ESPERAMOS

El matrimonio de Emaús afirma: “nosotros esperábamos…” Tenían de Jesús una idea, la del Mesías libertador, que no ha sido cumplida. En lugar de triunfo han visto fracaso y humillación. María, la esposa, ha sido más capaz de amar incondicionalmente puesto que, aunque Jesús no respondió a su esperanza, ha permanecido al pie de la cruz. Para ella ya sólo contaba Jesús no la idea que tenía de Él.

Cleofás no. Cleofás ha desaparecido del calvario. Y ahora Jesús aparece como caminante, cuando ya no lo esperan. Y como no lo esperan, no lo reconocen. Algo parecido nos pasa a nosotros porque Dios nos habla “constantemente” y muchas veces no lo entendemos sencillamente porque no esperamos que nos hable. O que nos hable en cosas pequeñas…

CATEQUESIS EUCARÍSTICA

Lucas, maestro de la palabra, monta una perfecta catequesis de la misa en este relato. La parte de la Liturgia de la Palabra corresponde al camino en que, de la mano de Jesús, se repasan las Escrituras para ver, lentamente, como todo se ha cumplido. La explicación de la Palabra enardece el corazón del matrimonio que luego se preguntará: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

Ojalá nuestra eucaristías hicieran arder nuestro corazón…Y ojalá los católicos diéramos centralidad a la Palabra en nuestra vida de fe. Da pena ver el desconocimiento que muchos tienen de la Palabra. El papa lo ha dicho recientemente. Es más: ha regalado a miles y miles de fieles un pequeño evangelio. ¡Para que se lea!

EL EVANGELIO, junto con la eucaristía, son  las dos alas que nos permiten volar. No dejan de tener valor las devociones (procesiones, novenas y santos particulares) pero sólo son eso: devociones. La fe se alimenta del Pan y la Palabra. Si al día sólo tengo unos minutos para rezar…llénalos con la Palabra. Cada vez que voy a Roma y visito las tiendas religiosas me sorprende la cantidad de rosarios que se venden. Millones. Se diría que todo el mundo lo reza. Pero en esas tiendas no hay un solo librito de los evangelios. ¿Qué nos está pasando? En nuestros círculos creyentes hay gente que te dice: yo no dejo pasar un día sin rezar el rosario. Pero no le crea inquietud alguna que pasen semanas sin leer el evangelio…

LA FRACCIÓN DEL PAN

Qué bonita la petición de los esposos: “Quédate con nosotros…”

Quédate en nuestro amor, en nuestras dificultades. Quédate en nuestros sueños, en nuestras discusiones. Quédate Señor en nuestro desencanto, en ese camino cansado que a veces es nuestro matrimonio. Quédate cuando se oscurece el amor, cuando cae la noche y pensamos que habíamos esperado otra cosa. Quédate en nuestra alegre mesa, comparte con nosotros y ábrenos los ojos para que en todo te veamos. Quédate en medio de nuestra familia y conviértete en su centro. Enséñanos a hablarles a nuestros hijos de Ti de manera que su corazón vibre por Ti.

Quédate en todas las familias, Señor.

LA FRACCIÓN DEL PAN Y LA VUELTA A JERUSALÉN

Sentados a la mesa, los esposos reconocen, finalmente a Jesús. En esta catequesis de la misa Lucas deja claro que la Eucaristía nos da el conocimiento íntimo de Dios. Habrá que recuperar la misa frecuente y la visita al Santísimo si queremos crecer en la fe.

Cuando se les abren los ojos el Señor desaparece de su vista. Y levantándose regresan a la comunidad de la que se habían ido. También las familias cristianas deben formar parte de la comunidad eclesial. Alimentar su vida de fe y su amor en la parroquia, con la Palabra y los Sacramentos.

DIOS ES FAMILIA

Cuando Dios se encarna, se encarna en una familia. Y Cristo resucitado se aparece a una familia. Cuidemos nuestra familia pues sólo en ella puede crecer Jesús y también en ella se manifiesta Glorioso. Seguir a Cristo “en familia” es lo que hoy nos pide el evangelio.

lunes, 17 de abril de 2023

Domingo de la Divina Misericordia: Segundo Domingo de Pascua, Año A (Lecturas)

Hechos 2,42-47
Salmo 117: Dad gracias al Señor porque es bueno, 
porque es eterna su misericordia.
1 Pedro 1,3-9
Juan 20,19-31



Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén. Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.

Salmo 117: Dad gracias al Señor porque es bueno, 
porque es eterna su misericordia

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.
R. Dad gracias al Señor porque es bueno, 
porque es eterna su misericordia

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos.
R. Dad gracias al Señor porque es bueno, 
porque es eterna su misericordia

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
R. Dad gracias al Señor porque es bueno, 
porque es eterna su misericordia


1 Pedro 1,3-9

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego- llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.


Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
— Paz a vosotros.
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
— Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
— Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
— Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó:
— Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomas con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
— Paz a vosotros.
Luego dijo a Tomás:
— Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
— ¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo:
— ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

domingo, 9 de abril de 2023

DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCION (Misa del día)

Hechos 10,34-43 
Salmo 117,1-2.16-17.22-23 
Colosenses 3,1-4 
Juan 20,1-9



En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.»

Salmo 117,1-2.16-17.22-23: 
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
R. Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
R. Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
R. Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo



Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

Secuencia

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádatede la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.



El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

sábado, 18 de abril de 2020

Sobre el Domingo de la Divina Misericordia


La Fiesta de la Divina Misericordia se celebra el domingo siguiente a la Pascua de Resurrección.

Sor M. Faustina Kowalska (1905-1938), recibió el mensaje de la misericordia de Dios, que pide por la confianza en Dios y la actitud de misericordia hacia el prójimo. Llama a proclamar y orar por la Divina Misericordia para el mundo, incluyendo la práctica de nuevas formas del culto.

La devoción a la Divina Misericordia creció muy rápidamente después de la beatificación (18 de abril de 1993) y canonización (30 de abril de 2000) de Sor Faustina y también debido a las peregrinaciones del papa Juan Pablo II a Lagiewniki (1997 y 2002).

En el año 2000 el Papa Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina y durante la ceremonia declaró:

“Así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de ‘Domingo de la Divina Misericordia’”. (Homilía, 30 de Abril, 2000). Tanto Benedicto XVI como el Papa Francisco han recomendado esta devoción.

La historia

En el año 1935, Faustina le escribió a su director espiritual: “Llegará un momento en que esta obra que Dios tanto recomienda parecerá como [si fuera] en ruina completa, y entonces, la acción de Dios seguirá con gran poder, que dará testimonio de la verdad. Ella [la obra] será un nuevo esplendor para la Iglesia, aunque haya reposado en Ella desde hace mucho tiempo” (Diario 378).

De hecho, esto sí sucedió. El 6 de marzo de 1959, la Santa Sede, por información errónea que le fue presentada, prohibió “la divulgación de imagines y escritos que propagan la devoción a La Misericordia Divina en la manera propuesta por Santa Faustina”. Como resultado, pasaron casi veinte años de silencio total.

Entonces, el 15 de abril de 1978, la Santa Sede, tras un examen cuidadoso de algunos de los documentos originales previamente indisponibles, cambió totalmente su decisión y de nuevo permitió la práctica de la devoción. El hombre primariamente responsable por la revocación de esta decisión fue el Cardenal Karol Wojtyla, el Arzobispo de Cracovia, diócesis en la que nació Faustina. El 16 de octubre de 1978, el mismo Cardenal Wojtyla fue elevado a la Sede de San Pedro bajo el título de “papa Juan Pablo II”.

El 7 de marzo de 1992, se declararon “heroicas” las virtudes de Sor Faustina; el 21 de diciembre de 1992, una curación por medio de su intercesión fue declarada “milagrosa”; y el 18 de abril de 1993, el papa Juan Pablo II tuvo el honor de declarar a la Venerable Sierva de Dios, Sor Faustina Kowalska, “Beata”.

En 1997 el papa Juan Pablo II hizo una peregrinación a la tumba de la Beata Faustina en Polonia, le llamó “gran apóstol de la Misericordia en nuestros días”. El Papa dijo en su tumba “El mensaje de la Divina Misericordia siempre ha estado cerca de mi como algo muy querido…, en cierto sentido forma una imagen de mi pontificado.”

El 10 de marzo del 2000, se anunció la fecha para la canonización después de ser aceptado el segundo milagro obtenido por su intercesión. El milagro fue la curación del Padre Pytel de una condición congénita del corazón, después de las oraciones hechas por miembros de la congregación de su parroquia el día del aniversario de la muerte de Santa Faustina, en Octubre 5 de 1995.

La santa de la misericordia de Dios fue elevada a los altares por el Santo Padre el 30 de abril del año 2000, el Domingo de la Divina Misericordia. Es la primera santa que fue canonizada en el año jubilar 2000 y en el milenio.

La biografía de santa Faustina nos narra que el Señor le recordaba frecuentemente Su deseo de que se estableciera la Fiesta de la Divina Misericordia. Ella ofreció una novena por esta intención y el 23 de marzo de 1937, martes de Semana Santa, el séptimo día de la novena santa Faustina tuvo la siguiente visión:

“De pronto la presencia de Dios me invadió e inmediatamente me vi en Roma, en la capilla del Santo Padre y al mismo tiempo estaba en nuestra capilla…Yo tomé parte en la solemne celebración, simultáneamente aquí y en Roma…Vi al Señor Jesús en nuestra capilla, expuesto en el sacramento de la Eucaristía en el altar mayor. La capilla estaba adornada como para una fiesta, y ese día todo el que quisiera, podía entrar. La multitud era tan grande que la vista no podía alcanzarla toda. Todos estaban participando en las celebraciones con gran júbilo, y muchos de ellos obtuvieron lo que deseaban. La misma celebración tuvo lugar en Roma, en una hermosa Iglesia, y el Santo Padre, con todo el clero, estaban celebrando esta fiesta, y entonces súbitamente yo vi a san Pedro, que estaba de pie entre el altar y el Santo Padre…Entonces de repente vi como los dos rayos, como están pintados en la imagen, brotaron de la hostia y se extendieron sobre todo el mundo. Esto duró sólo un momento, pero pareció como si hubiese durado todo el día, y nuestra capilla estuvo repleta todo el día, y todo el día abundó en júbilo. Luego, vi en nuestro altar, al Señor Jesús vivo, tal como luce en la imagen. Luego, en un instante me encontré de pie cerca de Jesús, y me paré en el altar junto al Señor Jesús, y mi espíritu estuvo lleno de una felicidad tan grande…Jesús se inclinó hacia mí y dijo con gran bondad, ‘¿Cuál es tu deseo Hija mía’ Y yo contesté, ‘Deseo que toda adoración y gloria sean dadas a Tu Misericordia’. ‘Yo ya estoy recibiendo adoración y gloria por la congregación y la celebración de esta Fiesta: ¿Qué más deseas?’ Entonces yo miré a la inmensa multitud que adoraba la Divina Misericordia y le dije a Jesús, ‘Jesús, bendice a todos aquellos que están reunidos para darte gloria y venerar Tu infinita misericordia’. Jesús hizo la señal de la cruz con su mano y esta bendición fue reflejada en las almas como un rayo de luz” (1044-1049).

Muchos ven esta visión en respecto a la canonización de santa Faustina. Jesús le mostraba a su apóstol los frutos de su trabajo y sufrimientos. Al final de la Canonización de Santa Maria Faustina el Santo Padre declaró el segundo domingo de Pascua como el “Domingo de la Misericordia Divina”, estableciendo la Fiesta de la Divina Misericordia que Jesús tanto pedía a santa Faustina.

El Santo Padre dijo:

“En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de Domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros”.

Y después de su visita a Polonia en junio del 2002, “para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria para que los fieles reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo, y cultiven así una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y, una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos.”

Podemos encontrar un paralelo entre los poderosos mensajes que Jesús revela a Santa Faustina: sobre la Divina Misericordia y a Santa Margarita: sobre la devoción al Sagrado Corazón. A través de ellas Dios nos manifestó y nos dio a conocer Su Misericordia encerrada en Su Sagrado Corazón.

Santa Faustina Kowaslka

sábado, 28 de abril de 2018

DOMINGO DE LA 5 SEMANA DE PASCUA, Año B (Lecturas)

Hechos 9,26-31
Salmo 21: El Señor es mi alabanza en la gran asamblea
1 Juan 3,18-24
Juan 15,1-8

Hechos 9,26-31

Cuando Pablo regresó a Jerusalén, trató de unirse a los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no creían que se hubiera convertido en discípulo. Entonces, Bernabé lo presentó a los apóstoles y les refirió cómo Saulo había visto al Señor en el camino, cómo el Señor le había hablado y cómo él había predicado, en Damasco, con valentía, en el nombre de Jesús. Desde entonces, vivió con ellos en Jerusalén, iba y venía, predicando abiertamente en el nombre del Señor, hablaba y discutía con los judíos de habla griega y éstos intentaban matarlo. Al enterarse de esto, los hermanos condujeron a Pablo a Cesarea y lo despacharon a Tarso. En aquellos días, las comunidades cristianas gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria, con lo cual se iban consolidando, progresaban en la fidelidad a Dios y se multiplicaban, animadas por el Espíritu Santo.

Salmo 21: El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Le cumpliré mis promesas al Señor
delante de sus fieles.
Los pobres comerán hasta saciarse
y alabarán al Señor los que lo buscan:
su corazón ha de vivir para siempre.
R. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Recordarán al Señor y volverán a él
desde los últimos lugares del mundo;
en su presencia se postrarán
todas las familias de los pueblos.
Sólo ante él se postrarán todos los que mueren.
R. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Mi descendencia lo servirá
y le contará a la siguiente generación,
al pueblo que ha de nacer,
la justicia del Señor y todo lo que él ha hecho.
R. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

1 Juan 3,18-24

Hijos míos: No amemos solamente de palabra; amemos de verdad y con las obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y delante de Dios tranquilizaremos nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y todo lo conoce. Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total. Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de él todo lo que le pidamos. Ahora bien, éste es su mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio. Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece en nosotros.

Juan 15,1-8

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto. Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes,si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”.

sábado, 20 de mayo de 2017

DOMINGO DE LA 6 SEMANA DE PASCUA, Año A, por Mons. Francisco González, S.F.


— Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

Estamos en el sexto domingo de Pascua. Hoy nos encontramos en la primera lectura la narración de cómo el evangelio salió de los confines de Jerusalén y empieza a cumplirse el deseo de Jesucristo de que su mensaje se proclame hasta "los confines de la tierra". Felipe, no el apóstol sino "el diácono", fue a Samaria y como resultado de su predicación ocurrieron cosas maravillosas: tanto endemoniados como paralíticos reciben sanación y todo esto produce gran alegría. Todo ello no es ni más ni menos lo que significa la salvación que había sido profetizada y prometida: curación, expulsión de espíritus malos y alegría.

La comunidad cristiana primitiva, como vemos en esta lectura, tiene un profundo espíritu misionero que con su predicación produce una liberación llena de alegría.

¿En qué se parece mi comunidad, mi parroquia a esa comunidad primitiva? ¿Hasta qué punto sanamos? ¿Hasta qué punto estamos liberados? ¿Vivimos nuestra fe en alegría?

En la segunda lectura vemos a San Pedro aconsejando la conducta que deben seguir ante las pruebas a las que serán sometidos: adorar interiormente al Señor, dar razón si es necesario pero siempre con sencillez y respeto. Tal vez nos está hablando un poco en contra del fanatismo religioso, ese celo excesivo e irracional que no debe tener cabida entre cristianos. También creo que nos quiere recordar que el templo donde debemos dar adoración al Señor es en nuestro interior. En ocasiones estamos dispuestos a ir muy lejos buscando algo, que si lo pensáramos bien lo tenemos muy cerca: "Sigan adorando interiormente al Señor". Para algunos resulta menos complicado gastarse varios centenares de dólares, viajar miles de kilómetros, soportar comidas que no les gustan y aguantar viajes y personas que no les caen bien, y todo para "adorar" a Dios en algún santuario famoso, en vez de "adorarle en el propio interior". Es menos exigente mezclarse entre la gente que enfrentarse consigo mismo. Dicho lo cual, debo aclarar que no estoy en contra de las peregrinaciones o visitas a lugares santos, especialmente cuando se hacen con verdadero espíritu peregrino.

La liturgia de hoy nos ha presentado a una Iglesia misionera y a una comunidad llamada al "culto interior", a una comunidad que no va por ahí blandiendo orgullosamente su fe, pero que tampoco la oculta, simplemente la presenta con serenidad y convicción, aunque esto le traiga al individuo sufrimiento por "hacer el bien". No hay que preocuparse, pues lo mismo le pasó a Cristo, quien en el evangelio de hoy, según nos cuenta San Juan (14, 15-21) nos habla de la razón de ser de nuestra existencia: el amor.

Muchas veces nuestro comportamiento religioso se basa en el miedo, en el que dirán, en la costumbre, en la obligación. Nada de eso tiene valor. La verdadera razón para nuestro comportamiento para con Dios y nuestros hermanos es simplemente el amor. El cumplimiento de la ley por obligación es un simple cumplo-y-miento.

Estamos en pleno capítulo 14, el "Discurso de Despedida de Cristo". Él está sentado a la mesa con sus más íntimos amigos y trata de consolarles pues ya les ha dicho que se va. Jesús les promete un Defensor, les asegura que no quedarán huérfanos, que se les mostrará y estará con ellos.

¡De lo que es capaz el amor!

sábado, 7 de mayo de 2016

ASCENSIÓN DEL SEÑOR, ciclo C (Lecturas)

Hechos 1,1-11
Salmo 46: Dios asciende entre aclamaciones; 
el Señor, al son de trompetas
Efesios 1,17-23
Lucas 24,46-53

Hechos 1,1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios. Una vez que comían juntos, les recomendó: "No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo." Ellos lo rodearon preguntándole: "Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?" Jesús contestó: "No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo." Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: "Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse."

Salmo 46,2-3.6-7.8-9:
Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas

Pueblos todos batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.
R. Dios asciende entre aclamaciones; 
el Señor, al son de trompetas

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas;
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad.
R. Dios asciende entre aclamaciones; 
el Señor, al son de trompetas

Porque Dios es el rey del mundo;
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.
R. Dios asciende entre aclamaciones; 
el Señor, al son de trompetas.

Efesios 1,17-23

Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Lucas 24,46-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto." Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

SOBRE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR