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sábado, 6 de agosto de 2022

DOMINGO 19 DEL TIEMPO ORDINARIO, C (Lecturas)

Sabiduría 18,6-9
Salmo 32: Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad
Hebreos 11,1-2. 8-19
Lucas 12,32-48

Sabiduría 18,6-9

La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.


Salmo 32: Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
R. Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
R. Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
R. Dichoso el pueblo que el Señor 
se escogió como heredad


Hebreos 11,1-2. 8-19

Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe, son recordados los antiguos. Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba. Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa-, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía. Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos- como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas. Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad. Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: "Isaac continuará tu descendencia." Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos. Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.



En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. 

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre." 

Pedro le preguntó: "Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?" El Señor le respondió: "¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá."

domingo, 29 de julio de 2018

Recoged los trozos sobranes, por Raniero Cantalamessa, OFM


Durante varios domingos el Evangelio está tomado del discurso que pronunció Jesús sobre el pan de vida en la sinagoga de Cafarnaúm, y que refiere el evangelista Juan. El pasaje de este domingo viene del episodio de la multiplicación de los panes y los peces, que hace de introducción al discurso eucarístico.

No es casualidad que la presentación de la Eucaristía comience con el relato de la multiplicación de los panes. Con ello se viene a decir que no se puede separar, en el hombre, la dimensión religiosa de la material; no se puede proveer a sus necesidades espirituales y eternas, sin preocuparse, a la vez, de sus necesidades terrenas y materiales.

Fue precisamente ésta, por un momento, la tentación de los apóstoles. En otro pasaje del Evangelio se lee que ellos sugirieron a Jesús que despidiera a la multitud para que fuera a los pueblos vecinos a buscar qué comer. Pero Jesús respondió: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mateo 14,16). Con ello Jesús no pide a sus discípulos que hagan milagros. Pide que hagan lo que puedan. Poner en común y compartir lo que cada uno tiene. En aritmética, multiplicación y división son dos operaciones opuestas, pero en este caso son lo mismo. ¡No existe «multiplicación» sin «partición» (o compartir)!

Este vínculo entre el pan material y el espiritual era visible en la forma en que se celebraba la Eucaristía en los primeros tiempos de la Iglesia. La Cena del Señor, llamada entonces agape, acontecía en el marco de una comida fraterna, en la que se compartía tanto el pan común como el eucarístico. Ello hacía que se percibieran como escandalosas e intolerables las diferencias entre quien no tenía nada que comer y quien se «embriagaba» (1 Co 11,20-22). Hoy la Eucaristía ya no se celebra en el contexto de la comida común, pero el contraste entre quien tiene lo superfluo y quien carece de lo necesario no ha disminuido, es más, ha asumido dimensiones planetarias.

Sobre este punto tiene algo que decirnos también el final del relato. Cuando todos se saciaron, Jesús ordena: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda».

Nosotros vivimos en una sociedad donde el derroche es habitual. Hemos pasado, en cincuenta años, de una situación en la que se iba al colegio o a la Misa dominical llevando, hasta el umbral, los zapatos en la mano para no gastarlos, a una situación en la que se tira el calzado casi nuevo para adaptarse a la moda cambiante.

El derroche más escandaloso sucede en el sector de la alimentación. Una investigación del ministerio de Agricultura de los Estados Unidos revela que una cuarta parte de los productos alimentarios acaba cada día en la basura, por no hablar de lo que se destruye deliberadamente antes de que llegue al mercado. Jesús no dijo aquel día: «Destruid los trozos sobrantes para que el precio del pan y del pescado no baje en el mercado». Pero es lo que precisamente se hace hoy.

Bajo el efecto de una publicidad machacona, «gastar, no ahorrar» es actualmente la contraseña en la economía. Cierto: no basta con ahorrar. El ahorro debe permitir a los individuos y a las sociedades de los países ricos ser más generosos en la ayuda a los países pobres. Si no, es avaricia más que ahorro. 

miércoles, 21 de junio de 2017

MIÉRCOLES DE LA 11 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

II Corintios 9,6-11
Salmo 111: Dichoso quien teme al Señor
Mateo 6,1-6.16-18

II Corintios 9,6-11

Hermanos: El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; y el que siembra generosamente, generosamente cosechará. Cada uno dé como haya decidido su conciencia: no a disgusto ni por compromiso; porque al que da de buena gana lo ama Dios. Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores, de modo que, teniendo siempre lo suficiente, os sobre para obras buenas. Como dice la Escritura: "Reparte limosna a los pobres, su justicia es constante, sin falta." El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer os proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de vuestra justicia. Siempre seréis ricos para ser generosos, y así, por medio nuestro, se dará gracias a Dios.

Salmo 111: Dichoso quien teme al Señor

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.
R. Dichoso quien teme al Señor

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
R. Dichoso quien teme al Señor

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.
R. Dichoso quien teme al Señor

Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."

sábado, 25 de julio de 2015

Juan 6:1-15, por José Antonio Pagola

Juan 6:1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?» Lo decía para tentarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.» Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?» Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo.» Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.» Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.» Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

— Comentario por José Antonio Pagola

El episodio de la multiplicación de los panes gozó de gran popularidad entre los seguidores de Jesús. Todos los evangelistas lo recuerdan. Seguramente, les conmovía pensar que aquel hombre de Dios se había preocupado de alimentar a una muchedumbre que se había quedado sin lo necesario para comer.

Según la versión de Juan, el primero que piensa en el hambre de aquel gentío que ha acudido a escucharlo es Jesús. Esta gente necesita comer; hay que hacer algo por ellos. Así era Jesús. Vivía pensando en las necesidades básicas del ser humano.

Felipe le hace ver que no tienen dinero. Entre los discípulos, todos son pobres: no pueden comprar pan para tantos. Jesús lo sabe. Los que tienen dinero no resolverán nunca el problema del hambre en el mundo. Se necesita algo más que dinero.

Jesús les va a ayudar a vislumbrar un camino diferente. Antes que nada, es necesario que nadie acapare lo suyo para sí mismo si hay otros que pasan hambre. Sus discípulos tendrán que aprender a poner a disposición de los hambrientos lo que tengan, aunque solo sea «cinco panes de cebada y un par de peces».

La actitud de Jesús es la más sencilla y humana que podemos imaginar. Pero, ¿quién nos va enseñar a nosotros a compartir, si solo sabemos comprar? ¿Quién nos va a liberar de nuestra indiferencia ante los que mueren de hambre? ¿Hay algo que nos pueda hacer más humanos? ¿Se producirá algún día ese «milagro» de la solidaridad real entre todos?

Jesús piensa en Dios. No es posible creer en él como Padre de todos, y vivir dejando que sus hijos e hijas mueran de hambre. Por eso, toma los alimentos que han recogido en el grupo, «levanta los ojos al cielo y dice la acción de gracias». La Tierra y todo lo que nos alimenta lo hemos recibido de Dios. Es regalo del Padre destinado a todos sus hijos e hijas. Si vivimos privando a otros de lo que necesitan para vivir es que lo hemos olvidado. Es nuestro gran pecado aunque casi nunca lo confesemos.

Al compartir el pan de la eucaristía, los primeros cristianos se sentían alimentados por Cristo resucitado, pero, al mismo tiempo, recordaban el gesto de Jesús y compartían sus bienes con los más necesitados. Se sentían hermanos. No habían olvidado todavía el Espíritu de Jesús.

sábado, 14 de diciembre de 2013

SOLIDARIDAD: De vuelta al economato, por J. Contreras


  • Mil familias jerezanas se abastecen en la iniciativa de la Orden de San Juan de Dios
  • La iniciativa benéfica se sustenta gracias a 3.500 'bienhechores' y 37 voluntarios
  • 'Es una forma muy digna de recibir asistencia, pero yo lo que quiero es volver a trabajar'

La crisis aprieta, y mucho, en Jerez. Más de 30.000 personas reciben alimentos de entidades sociales, la mayoría abastecidas por el Banco de Alimentos de Cádiz, uno de los 54 existentes en España, que lleva a Jerez el 40% de lo recogido en la capital.

En este desolador panorama sobresale, desde hace tres años ya, el economato social del Hospital de San Juan de Dios, donde colaboran treinta y siete voluntarios que ayudan a 1.010 familias. Por cantidades mensuales que van de los 7 a los 10 euros, éstas adquieren alimentos y productos del hogar a precios impensables en cualquier gran superficie comercial o tienda.

Los religiosos han tenido que aprender cómo se lleva un supermercado, cuyo aprovisionamiento les supone invertir 15.000 euros mensuales. Daniel Craven, gerente del hospital, es optimista, pero la iniciativa les comienza a desbordar, porque las familias acuden una vez al mes, y dicen que es insuficiente. Necesitan más ayuda de proveedores, y mejores precios.

La otra característica de este economato solidario es que asume el espíritu del hermano Adrián del Cerro, un apreciado religioso jerezano que hoy está acogido en el propio hospital y que, de sus 91 años, más de 50 los ha pasado ejerciendo de limosnero por toda la comarca jerezana. Es, en gran parte, responsable de que se mantenga el colectivo de 3.500 "bienhechores" de la orden en Jerez, clave para la supervivencia de su obra social y del propio economato, que lleva su nombre.

El sustento de 70 familias diarias

Silvia Gutiérrez, maestra, es responsable de la obra social. Asegura que "la organización es sencilla, cada día acuden unas 70 familias, cada una con su carné. Los voluntarios les acompañan por el economato con una calculadora para ayudarles y van seleccionando los productos".

Las cantidades máximas van de 7 a 10 euros, según el tamaño de la familia. Guillermo García, hermano superior de la orden de San Juan de Dios en esta localidad gaditana, donde regentan un hospital concertado, afirma que "en Jerez hemos pasado el límite de la exclusión social y estamos ya en exclusión social. Tenemos que ser solidarios y la solidaridad tiene un precio, hay que compartir".

Cada persona acude con enorme dignidad a comprar a su economato: "A mí me pertenecen siete euros, compro la leche, detergente, batidos para mis niños chiquititos, alubias, lentejas, aceite y estoy muy contenta con todo esto. Un pack de batidos me cuesta 23 céntimos. Ojalá estos precios estuvieran en la calle, todo está muy caro. Pero lo que necesitamos es trabajo, yo soy auxiliar de enfermería, en geriatría. Nunca pensé que iba a quedarme parada". Habla una usuaria, de una familia de clase media, que no quiere dar su nombre: "Es una forma muy digna de recibir asistencia, pero yo quiero volver a estar como siempre, trabajando", añade.

Fuente: elmundo.com

sábado, 10 de agosto de 2013

DOMINGO 19 DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.


Comentario por Mons. Francisco González, S.F.

"No temas pequeño rebaño"


El libro de la Sabiduría nos recuerda la historia de la salvación y, ese pasaje que hoy se nos ofrece, se centra en esa noche feliz y terrible de la salida de Egipto, algo que se recuerda en la noche de la Pascua: el paso de la esclavitud a la liberación. Noche feliz para los inocentes, para el Pueblo de Dios, pero terrible para los egipcios que ven morir a sus primogénitos por no haber permitido salir al pueblo elegido como Dios se lo había pedido al faraón. Esto nos puede hacer pensar en el final de los finales, cuando el mismo evento, o sea el final, verá a unos entrar en la felicidad, en la salvación eterna, mientras otros, por haber rechazado la alianza con el Señor, sufrirán el dolor y rechazo eterno.

La lectura evangélica de este domingo nos presenta enseñanzas para los cercanos a Jesús y contiene tres parábolas que nos hablan de una forma muy particular sobre la vigilancia y el dinero.

Comienza recordando al pequeño rebaño, a los simples, a los inocentes, a todo el que quiera escuchar que no deben temer, sino más bien confiar en Dios, en el Dios de la promesa. Debemos tener fe, debemos tener confianza que Dios cumplirá con lo prometido. Él es el pastor que cuida el rebaño, Él es el que conoce por nombre a sus ovejas, él es quien está dispuesto a dar su vida por ellas.

Por eso, aconseja atesorar lo que no puede ser destruido, vender lo que uno tiene y compartirlo con los demás, pues eso sí que aumenta nuestro tesoro verdadero, pues como alguien ha dicho, solamente nos llevaremos de este mundo aquello que hayamos dado.

El mundo sigue viviendo una crisis económica extraordinaria, y todo el mundo busca ese "poderoso caballero que es don dinero", pues en él creen encontrar seguridad, y parece ser que cuanto más se acumula esa materia, más nos vamos alejando de Dios pues nos estamos centrando en nosotros mismos, y así vamos reduciendo el mundo a una cosa tan minúscula como soy yo, olvidándome del hermano, del vecino, del extranjero y entrando en una pasividad mortal, pues ya no damos vida, ya no participamos en la vida, y entramos en un letargo que nos impide ser lo que debemos ser.

No sé dónde llegaremos siguiendo los consejos de nuestro querido papa Francisco, de salir a la calle, de ir por los barrios pobres, de estar en medio de las ovejas hasta oler como ellas, pero de lo que sí debemos estar seguros es que de esa forma daremos señales de vida, dejaremos de lado esa religión, esa espiritualidad, esa iglesia dormida, y ya que hablamos de nueva evangelización hablemos también de nueva vida, y no solamente nos centremos en hablar y hablar de renovar la Curia Romana, sino también las Curias diocesanas y las parroquias con sus rectorías, para lo cual debemos estar vigilantes y evitar caer en la tentación de pensar que todo se ha de renovar, y yo me quedo fuera, como si no lo necesitara.

¿Cómo nos encontrará el Señor cuando venga? Y debemos tener presente que la pregunta no se refiere simplemente a ese momento cuando la muerte nos venga a visitar. El Señor está viniendo a nosotros constantemente, Él está llamando a la puerta día y noche. ¿Oímos su llamada? ¿Nos atrevemos a abrir la puerta? Si la abrimos: ¿con qué se va a encontrar?

San Ignacio de Loyola, cuya fiesta celebramos hace pocos días, tiene algo muy particular para ayudarnos en nuestra calidad de vida: el examen de conciencia, que se puede practicar a mediodía y al acabar la jornada: ¿qué clase de vida llevo? ¿se le puede llamar vida? ¿tiene sentido esa vida? Y todas esas cosas más que nos ayuden a salir del sueño en que hemos podido caer. Ojalá nos convirtamos en fuego que ilumine y purifique y escuchando la Palabra nos demos cuenta del verdadero mensaje, del consuelo que nos proporciona, y también, cómo no, del reto que nos ofrece y así aceptar su presencia en nuestras vidas.

jueves, 18 de julio de 2013

La doctrina social de la Iglesia y el capitalismo. Actitudes de los papas por Agustín Ortega , Centro Loyola e ISTIC (artículo resumido)


Ha causado revuelo el mensaje moral y social de la iglesia, en este caso, del papa Francisco sobre "el capitalismo salvaje como causante de la crisis"(21 de Mayo 2013, Roma).

No es la primera vez que un papa crítica el capitalismo. En 1931, en el contexto de la grave crisis de 1929, Pío XI decía sobre el capitalismo: "Hemos examinado la economía actual y la hemos encontrado plagada de vicios" (Quadragesimo Anno, n. 28). Esta enseñanza la profundizaría Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio, en el año 1967.

Como señalan estudiosos de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), la Iglesia ha criticado los sistemas injustos. Muchas veces se ha manipulado esta DSI. La iglesia se ha opuesto a los principios del comunismo y también del capitalismo.

En la encíclica social de Juan Pablo, en 1991, la Centesimus Annus (CA), se tergiversó un pasaje, (el n. 42), para decir que el papa justificaba el capitalismo. Nada más lejos de la realidad. Algunos mezclaron cosas como que la iglesia y el papa acepta la economía de libre mercado —que es cierto—, confundiendo esta libertad económica con el capitalismo, que es muy distinto.

Juan Pablo II, en el n. 42 de la CA, se resiste a identificar capitalismo con economía libre. Al final del n. 42, Juan Pablo II se opone al capitalismo y a su fanatismo de mercado. Aunque haya fracasado el comunismo, que según el papa es un capitalismo de estado, Juan Pablo II no acepta tampoco el capitalismo como alternativa (CA 35).

El capitalismo es inhumano porque da prioridad a las cosas sobre las personas y margina a los pobres (CA 34). El papa Juan Pablo II denuncia que la ideología liberal-burguesa antepone el individualismo a la dignidad del ser humano (CA 33, 35 y 42).

Benedicto XVI sigue el mismo camino y nos dice que "tanto el capitalismo como el marxismo prometieron encontrar el camino para crear de estructuras justas y afirmaron que éstas, una vez establecidas, funcionarían por sí mismas. Esta promesa ideológica se ha demostrado que es falsa" (Aparecida, 4).

En su último Mensaje de la Paz, Benedicto XVI denunciaba el descontrol del capitalismo, hoy sobre todo financiero, que causa "alarma por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista" (n. 1). El papa clamaba por "un nuevo modelo económico, ya que el que ha prevalecido en los últimos decenios valora a las personas sólo por su capacidad de responder a las exigencias de la competitividad" (n. 5). El Catecismo de la Iglesia rechaza el capitalismo ya que promueve "el individualismo y la primacía de la ley de mercado sobre el trabajo humano" (n. 2425).

Los principios y valores de la DSI van en contra del capitalismo. La DSI enseña que no se puede vivir en la codicia y en la riqueza. La solidaridad no es solo compartir y distribuir lo superfluo, lo que nos sobra, sino incluso lo que necesitamos para vivir, como nos recuerda el Vaticano II (GS 69) y Juan Pablo II (SRS 31).

El individualismo neo-liberal es una falsificación de la libertad cristiana, la cual consiste en comprometerse por la solidaridad con los pobres. La economía y el mercado se deben situar en el marco moral del bien común, la solidaridad y la justicia con los pobres (Catecismo, 2425).

El destino universal de los bienes está por encima de la propiedad privada, que es para todos y tiene un carácter social, como nos enseña el Vaticano II (GS 69) y Juan Pablo II (LE 14). De ahí una clave esencial de la DSI, como es el trabajo y un salario digno para las personas y sus familias (LE 19) porque el trabajo, la realización y dignidad del trabajador tiene prioridad sobre el capital (beneficio, medios de producción..., LE 13).

La economía financiera especulativa y usurera es inmoral, con sus créditos e intereses abusivos y nada éticos. Por eso, debe dejar paso a una economía que sirva al trabajo, al empleo y al desarrollo integral, como ya manifestaba León XIII (RN 1), Juan Pablo II (CA 43), el reciente compendio de DSI (369-72) y continuaría enseñando Benedicto XVI (CIV 65).

La DSI pertenece a la misión evangelizadora de la iglesia, a la enseñanza de la iglesia sobre el ser humano. La DSI no es solo una teoría o enseñanza sino un estimulo en el compromiso por el bien común y la justicia con los pobres. Los pobres son los principales protagonistas de la misión, tal como nos enseña la tradición de la iglesia, el Vaticano II (LG 8, AA 8) y los obispos españoles (IP 9 y 132). La vida y dignidad de toda persona se enraíza en el Dios Trinitario. La Trinidad es la fuente y modelo de solidaridad, de compromiso por el bien común, la paz y la justicia con los pobres.

Es posible otro mundo si creemos en la esperanza. Si los cristianos, tenemos fe en la Pascua y Resurrección de Jesús, en la vida eterna. Si seguimos a Jesús acogiendo el don de su salvación liberadora en el amor fraterno, en la paz y la justicia que se anticipa ya en la historia y que vencerá a toda injusticia, mal y muerte.

Como testimoniaron lo santos y testigos de la fe, como nos testificaron todos estos queridos Papas, sucesores de Pedro, hasta llegar al Papa Francisco, Pastor y Profeta del Pueblo de Dios.

jueves, 4 de julio de 2013

El papa Francisco invitó a cenar a 200 mendigos en el Vaticano


El pasado lunes, Francisco invitó a cenar a unos 200 mendigos que fueron recibidos y atendidos en su nombre, por el Presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, el Cardenal Giuseppe Bertello.

Según informó el 3 de julio el diario de la Santa Sede, L'Osservatore Romano, la autoridad vaticana acompañó durante la velada a los invitados, con quienes intercambió palabras, impresiones, y vivencias personales.

"Les doy la bienvenida en nombre del Papa. Como saben, ésta es su casa y se alegra porque nos acompañen aquí", dijo el Cardenal Bertello a los mendigos antes de servir la cena.

La velada se desarrolló en la plaza situada dentro de los jardines ante la réplica de la Gruta de la Virgen de Lourdes. La cena fue organizada por el Círculo de San Pedro, y es parte de una de las tantas que la organización vaticana gestiona durante todo el año en el centro de acogida nocturno que dirigen en la ciudad de Roma "como signo concreto de la caridad del Papa".

Los comensales llegaron a bordo de cuatro autobuses, y fueron asistidos por 122 socios de Círculo de San Pedro. Los mendigos que tomaron asiento son algunos de los muchos a los que el Círculo de San Pedro ayuda a vivir dignamente cada día mediante la provisión de un plato de comida, una cama, un techo bajo el que dormir, y ropas para vestirse.

El menú fue cocinado por un equipo de chefs llegados de Nápoles, conocidos en Italia por la calidad de su cocina, y los socios del Círculo hicieron de camareros y sirvieron las mesas ayudados por sus mujeres y sus hijos. Además, la Banda del Cuerpo de Gendarmería tocó un largo repertorio y la música también formó parte de esta singular noche.

Antes de concluir, los voluntarios entregaron a cada uno de los huéspedes un paquete con productos de pastelería, fruta fresca y un Rosario.

miércoles, 29 de mayo de 2013

"Queremos crear un empresariado revolucionario, que no tenga tanto en cuenta el beneficio para el empresario como los beneficios sociales", José Luis Sánchez, responsable de la Asociación de Empresarios Católicos de Valencia.


José Luis Sánchez es sacerdote de la diócesis de Valencia y responsable de las Asociaciones de Empresarios Católicos de Valencia, junto con el arzobispo Carlos Osoro. "Queremos crear un empresariado revolucionario, que no tenga tanto en cuenta el beneficio para el empresario como los beneficios sociales", explica, y recuerda que "la Doctrina Social de la Iglesia permite la propiedad privada siempre y cuando ésta esté al servicio de crear desarrollo para todos los hombres de la tierra".

— ¿Cómo surgió la idea de crear las Asociaciones de Empresarios Católicos?

Cuando llegó el arzobispo Osoro a la diócesis estaba muy preocupado porque el paro había empezado a tener mucha fuerza en la Comunidad Valenciana. Cáritas no daba abasto y se dio cuenta de que crear trabajo era importantísimo y que había que apoyar al empresario para que experimentara en un momento muy difícil también para las empresas que valía la pena no tirar la toalla.

— ¿Se puede ser empresario y católico en estos tiempos tan convulsos?

Hay muchos empresarios católicos y el crear riqueza y puestos de trabajo para que las personas puedan desarrollar su vida está en consonancia con la Doctrina Social de la Iglesia, que permite la propiedad privada siempre y cuando ésta esté al servicio de crear desarrollo para todos.

— ¿Hay ejemplos a seguir entre los empresarios actualmente? ¿Hay quienes están peleando porque las condiciones de sus trabajadores sean lo más dignas posible?

De las tres estructuras que se han creado en la archidiócesis de Valencia (España) una es un capítulo de empresarios, y otra es un consejo de empresarias católicas. Lo que están buscando ambas es una formación profunda que nos lleve a descubrir que el hombre está en el centro de todo. Crear trabajo es importante para crear riqueza pero la mayor riqueza es el propio hombre. En la medida en que las personas se realizan el capital de la empresa es mucho mayor ya que éstas adquieren sentido y alegría. Luego esto tiene una repercusión en sus vidas, en sus familias y en la sociedad, además de en el mundo empresarial.

— ¿Cuántos profesionales conforman las fundaciones de empresarios católicos?

Hay unas 800 empresas en torno a estas asociaciones. Vimos que era muy importante, junto con la formación ética del empresario, que se asociaran para crear un apoyo común social desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia, de la investigación y de la comunicación.

Cada dos meses hay una reunión de 50 empresarios que tratan de ver la problemática de la Comunidad Valenciana con el objetivo de analizar estos temas y ver dónde hay que incidir. Lo que esta comisión hace se lleva a la comisión de investigación, donde personas del mundo de la universidad se dedican a ver con qué concreciones tendríamos que seguir adelante.

Hay otra comisión de comunicación que informa tanto a la sociedad como al gobierno autonómico y al gobierno español, así como a todos los asociados. Los empresarios católicos buscan tener una espiritualidad, una fortaleza interior para que su fundamento no esté solo en ganar dinero sino también en la realización de las personas y descubrir todo el bien que pueden estar haciendo. Se busca la dimensión social para que haya ayudas a otras instituciones. Por ejemplo, con Cáritas se ha realizado lo de apadrinar a una familia, un apoyo muy concreto y determinado tan necesario en estos tiempos de crisis.

— ¿Tenemos que estar a la altura de lo que la situación social nos pide?

Sí. El Papa Francisco nos ha dicho que participemos del sufrimiento del mundo y eso ha sido lo que ha llevado a nuestro arzobispo, don Carlos Osoro, a estimularnos a fundar esta confederación empresarial en la tónica con la que se ha constituido en Valencia. Tanto el Papa como nuestro arzobispo, cuando ven el sufrimiento de las personas piensan que Jesús tiene que estar en medio de ese sufrimiento. Tiene que estar presente siendo bálsamo y siendo esperanza, Buena Noticia, novedad. Y la Buena Noticia es que, con la fuerza de la Palabra y de los sacramentos, es posible que todo sea transformado. Sobre todo el egoísmo en amor, la mentira en verdad y la desorientación en orientación.

— ¿Don Carlos Osoro es un pastor de los que huelen a oveja desde hace mucho tiempo?

Creo que la trayectoria de nuestro arzobispo en las diócesis de Orense, Oviedo y Valencia es conocida por todos. Tiene un don para con las personas y para comprometerse con los demás, y desde la vida de oración tan profunda que lleva hace posible la presencia de Cristo en medio de todos y nos moviliza. Él valora mucho la formación y por eso cuida mucho la universidad católica. Él busca que desde una formación intelectual y desde la vida interior sepamos iluminar las realidades de cada momento. No en vano estamos realizando atrios de los gentiles, exposiciones de arte, diálogos sobre la espiritualidad, con la política y con la economía... La Universidad Católica se hace presente en medio de la cultura, trabajamos con los jóvenes. Todo esto lo hacemos con mucha sencillez pero sabiendo que nos estamos jugando la felicidad de muchas personas. Lo que queremos es que la gente salga de la mayor de las pobrezas, que es no tener a Dios. Después están las otras pobrezas.

— ¿Cuál es el papel de la Iglesia en esta Europa en la que parece que el cristianismo está en retroceso?

Juan Pablo II le decía a Benedicto XVI cuando éste era cardenal que tenía ilusión porque veía que llegaba una nueva primavera para la Iglesia. Al parecer Benedicto XVI, en cambio, le decía que no veía ese rebrotar. Igual nos pasa a nosotros. Muchas veces tenemos la sensación de que en Occidente la fe católica ya no está en la estructura humana. Pero sí lo está. La religión católica ha dialogado con la razón como ninguna otra. No cree en el fundamentalismo (que quedó prohibido en el Vaticano II, porque nosotros tenemos que dar razón de nuestra esperanza a aquél que nos la pide).

Occidente es un lugar muy relativista donde el hombre piensa que no hay Verdad, donde la persona puede decidir por sí misma todo lo que quiere, incluso su cambio de sexualidad; donde el ser humano muchas veces piensa que cualquier opinión vale lo mismo, y donde nos encontramos con una increencia muy fuerte.

Lo que hay que valorar son los esfuerzos de tantas personas (incluso de los no creyentes) por acercarse a la Verdad, por acercarse al Bien, por promover la paz... Tenemos que dar gracias a Dios por todo el esfuerzo ecológico que se hace por salvar la naturaleza, porque de alguna manera desde ahí se puede engarzar una sacralidad de acercarse a la Verdad, que es Dios. Pero evidentemente también es cierto que tenemos que influir en que esta dictadura del relativismo para que las personas puedan encontrar la auténtica esperanza de ser peregrinos, no vagabundos. El peregrino sabe a dónde va, el vagabundo da vueltas sobre sí mismo.

Ojalá que nosotros podamos ayudar a la mayor riqueza del ser humano, siempre ofreciendo y nunca imponiendo, para poder ayudar a descubrir que sin Dios la vida no tiene sentido. El hombre que no tiene a Dios sólo espera la muerte, y necesitamos tener vida y esperanza.

Fuente: http://www.periodistadigital.com