Desideria es el nombre de uno de los personajes creados por San Jose Manyanet (1833-1901) para ilustrar su espiritualidad y su pensamiento. Desideria puede ser un hombre o una mujer, una persona joven o adulta. Pero Desideria es, ante todo, un espiritu ingenuo, inquieto e infantil, cuyo deseo de aprender y ser feliz parece no tener limites.
lunes, 19 de agosto de 2024
Libro de Josué 2,1-24: los espías
martes, 12 de julio de 2022
Isaías 54,1-17: Fecundidad de la estéril y reconstrucción de Jerusalén
1 Canta de gozo, la estéril que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores;
2 Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo tus lonas, alarga tus cuerdas,
3 porque te extenderás a derecha e izquierda, tu descendencia heredará naciones
4 No temas, no tendrás que avergonzarte, no te sonrojes, no te afrentarán;
6 Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor; como a esposa de juventud,
7 Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te recogeré.
8 En un arrebato de ira te escondí un instante mi rostro, pero con lealtad eterna te quiero
9 Me sucede como en tiempo de Noé: juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra;
10 Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas,
12 te pongo almenas de rubí, y puertas de esmeralda, y muralla de piedras preciosas.
13 Tus hijos serán discípulos del Señor, tendrán gran paz tus hijos.
14 Tendrás firme asiento en la justicia; quedará lejos la opresión, y no tendrás que temer, y el terror,
15 Si alguno te asedia, no es de parte mía; si lucha contigo, caerá frente a ti.
16 Yo he creado al herrero que aviva las brasas y saca una herramienta,
17 ningún arma forjada contra ti dará resultado; y a la lengua que te acuse en juicio le probarás
Isaías 51,1-23: Palabras de consuelo a Jerusalén
1 Escúchenme, los que van tras la justicia, los que buscan al Señor:
2 miren a Abrahán, su padre; a Sara, que los dio a luz: cuando lo llamé,
3 El Señor consuela a Sión, consuela a sus ruinas: convertirá su desierto en un edén,
4 Hazme caso, pueblo mío; nación mía, dame oído; porque de mí sale la ley,
5 En un momento haré llegar mi victoria, amanecerá como el día mi salvación,
6 Levanten los ojos al cielo, Miren abajo, a la tierra: el cielo se disipa como humo,
7 Escúchenme los entendidos en derecho, el pueblo que lleva mi ley en el corazón:
8 Porque la polilla los roerá como a la ropa, como los gusanos roen la lana;
9 ¡Despierta, despierta; revístete de fuerza, brazo del Señor; despierta como en los días antiguos,
10 ¿No eres tú quien secó el mar y las aguas del Gran Océano;
11 Los rescatados del Señor volverán: vendrán a Sión con cánticos, en cabeza alegría perpetua,
12 Yo, yo soy tu consolador. ¿Quién eres tú para temer a un mortal,
13 Olvidaste al Señor que te hizo, que desplegó el cielo y cimentó la tierra.
14 Se suelta a toda prisa el preso encorvado, no morirá en el calabozo ni le faltará el pan.
15 Yo, el Señor, tu Dios, agito el mar, y rugen sus olas: mi Nombre es Señor Todopoderoso.
16 Puse en tu boca mi Palabra, te cubrí con la sombra de mi mano; extiendo el cielo, cimento la tierra,
17 ¡Despiértate, despiértate, levántate, Jerusalén!, que bebiste de la mano del Señor la copa de su ira,
18 Entre los hijos que engendró, no hay quien la guíe; entre los hijos que crió,
19 esos dos males te han sucedido, ¿quién te compadece?; ruina y destrucción, hambre y espada,
20 Tus hijos yacen desfallecidos en las encrucijadas, como antílope en la red,
21 Por tanto, escúchalo, desgraciada; borracha y no de vino.
22 Así dice el Señor, tu Dios, defensor de su pueblo: Mira, yo quito de tu mano la copa del vértigo,
23 lo pondré en la mano de tus verdugos, que te decían: Dobla el cuello, que pasemos encima;
lunes, 11 de julio de 2022
Isaías 43,1-7: Rescate del pueblo
1 Y ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob; el que te formó, Israel:
2 Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo, la corriente no te anegará;
3 Porque yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador.
4 porque te aprecio y eres valioso y yo te quiero, entregaré hombres a cambio de ti,
5 no temas, que contigo estoy yo; desde oriente traeré a tu descendencia, desde occidente te reuniré.
6 Diré al Norte: Entrégalo; al Sur: No lo retengas;
7 a todos los que llevan mi Nombre, a los que creé para mi gloria, a los que hice y formé.
lunes, 25 de octubre de 2021
Romanos 8,12-17 Sufrimos con él para ser también con él glorificados
Lunes de la 30 Semana del Tiempo Ordinario, Año I
Estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis. Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.