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domingo, 27 de agosto de 2017

Éxodo 33,1-6: El ángel, compañero del viaje

Éxodo 33,1-6: El ángel, compañero del viaje

33:1 Dijo Yahveh a Moisés: "Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de Egipto, a la tierra que yo prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: "A tu posteridad se la daré."
33:2 Enviaré delante de ti un ángel y expulsaré al cananeo, al amorreo, al hitita, al perizita, al jivita y al jebuseo.
33:3 Sube a una tierra que mana leche y miel; que yo no subiré contigo, pues eres un pueblo de dura cerviz; no sea que te destruya en el camino."
33:4 Al oír el pueblo estas duras palabras, hizo duelo y nadie se vistió sus galas.
33:5 Dijo entonces Yahveh a Moisés: "Di a los israelitas: Vosotros sois un pueblo de dura cerviz. Si yo saliera contigo, aunque fuera un solo momento, te destruiría. Ahora, pues, quítate tus galas, para que yo sepa qué he de hacer contigo."
33:6 Y los israelitas se despojaron de sus galas a partir del monte Horeb. 

sábado, 12 de agosto de 2017

1 Reyes 19,9-18: El silencio que rodea la venida de Dios

1 Reyes 19,9-18

19:9 Allí, entró en la gruta y pasó la noche. Entonces le fue dirigida la palabra del Señor.
19:10 El Señor le dijo: "¿Qué haces aquí, Elías?". Él respondió: "Me consumo de celo por el Señor, el Dios de los ejércitos, porque los israelitas abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron a tus profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme la vida".
19:11 El Señor le dijo: "Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor". Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto.
19:12 Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave.
19:13 Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. Entonces le llegó una voz, que decía: "¿Qué haces aquí, Elías?"
19:14 Él respondió: "Me consumo de celo por el Señor, el Dios de los ejércitos, porque los israelitas abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron a tus profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme la vida".
19:15 El Señor le dijo: "Vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco. Cuando llegues, ungirás a Jazael como rey de Arám.
19:16 A Jehú, hijo de Nimsí, lo ungirás rey de Israel, y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás profeta en lugar de ti.
19:17 Al que escape de la espada de Jazael, lo hará morir Jehú; al que escape de la espada de Jehú, lo hará morir Eliseo.
19:18 Pero yo preservaré en Israel un resto de siete mil hombres: todas las rodillas que no se doblaron ante Baal y todas las bocas que no lo besaron".

— Comentario por Reflexiones Católicas  
“El silencio que rodea la venida de Dios” 

En tiempos de crisis religiosa y de persecución, Elías rehace el camino de Moisés y peregrina al lugar de la gran experiencia religiosa. Allí experimenta la presencia de Dios y escucha su palabra, que le confirma su misión: Elías no puede abandonar la lucha, debe continuar.

El fragmento que leemos nos invita a discernir, también a nosotros, la presencia del Señor en el "susurro": no tenemos que esperar el golpetazo de un viento huracanado, un terremoto o un fuego caído del cielo.

Con toda naturalidad, imperceptiblemente, Jesús se nos acerca en el esfuerzo diario, en medio de la oscuridad (3a lectura). No tengamos miedo, no dejemos que la duda corroa el gozo escondido de su presencia.

¡El misterio de la presencia de Dios en nuestras vidas! No debemos esperar grandes manifestaciones esplendorosas e imponentes: Elías la experimenta como un susurro y no como un viento huracanado (Dios cuesta de discernir y nos puede pasar de largo). Tan cerca que lo tenemos: como un susurro que penetra imperceptiblemente toda nuestra vida y el mundo entero.

Pero debemos salir de la cueva de nuestras seguridades y nuestros temores, y quién sabe si tenemos que emprender, como Elías, un peregrinaje largo y difícil. ¿Hacia dónde? No, no consiste en ir de acá para allá, ya que Dios es accesible en todas partes: "Se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad" (Jn 4,21-23). Se trata de una peregrinación interior.

Amenazado de muerte por la impía Jezabel, Elías huye del país y se dirige al monte Horeb o Sinaí. Su marcha dura cuarenta días a través del desierto, durante los cuales revive la experiencia del éxodo de Israel. Dios le proporciona el agua y el pan que necesita y, al llegar al Sinaí, se refugia en la misma cueva en la que se escondió Moisés esperando el "paso del Señor" (cf. Ex 32,22).

Elías, representante de los profetas, vuelve a las raíces del pueblo de Israel y a los orígenes de su historia. Con ello significa que su reforma religiosa, por cuya causa es perseguido, entronca directamente con la obra de Moisés: toda reforma autentica de Israel es una restauración de la alianza con Yahvé.

Si el huracán, el terremoto y el fuego abrasador fueron señales de la presencia de Yahvé en el Sinaí cuando la promulgación de la ley (Ex 19) ahora Yahvé se revela al profeta Elías en el susurro de una brisa. La teofanía es diferente y se acomoda a los nuevos tiempos que inaugura Yahvé por medio de los profetas. La brisa es el símbolo del espíritu de Dios y de la fuerza renovadora que ejerce por medio de los profetas.

El ciclo de Elías (caps. 17-22) pone de relieve la figura de este gran profeta comparable a Moisés. Así como Samuel patrocinó de mala gana un cambio de régimen, Natán sancionó la promesa dinástica a David, y Ajías fue el que anunció la desgracia del desgarrón en dos reinos, a Elías le toca un problema más hondo y más delicado: el pueblo abandona a Dios, quiere cambiar de Dios, la tarea demoledora de Jezabel, mujer del rey, en estrecha colaboración con los cultos cananeos y con los sacerdotes de los baales es la causa inmediata del desastre.

Elías lucha con denuedo: será el que retenga la lluvia (cap. 17) y el que la dé (cap. 18), poder que pretendían usar a su antojo los sacerdotes de Baal, dios de la fecundidad. Estos mismos sacerdotes perecerán a sus manos (cap. 18). Esto le ha valido la persecución de la impía reina Jezabel. En su huida fuerte y dura (19,4) llega a una cueva del Horeb donde Dios se le va a manifestar en la sencillez y en la pobreza.

Los vientos que en Palestina vienen del Oeste llegan a constituir auténticos y temibles torbellinos que provocan fuertes tempestades (3a.lectura). Por eso, en el Antiguo Testamento uno de los símbolos más comunes para designar la fuerza y la presencia de Dios es el viento, el huracán. Sin embargo, Dios abandona este camino espectacular y se va a manifestar en una señal de sencillez. El carácter impetuoso de Elías tendría que hacer un esfuerzo para situarse en este óptica de despojo.

Palestina ha sufrido en su historia violentos terremotos (cf. Am 1,1; Za 14,5). La Biblia ve en ellos una manifestación de la potencia del Creador que viene a ayudar o a juzgar a un pueblo (cf. Ex 19,18; Jc 5,4). También Dios va a abandonar este camino de conmoción por algo más interior al hombre mismo.

"Susurro"=literalmente "el silbido de un silencio tenue". Para Elías este silencio debía ser tan inquietante y estar tan cargado de significación como el viento, el terremoto y el fuego. Pero si aquellos anunciaban una acción destructora y negativa (cf. vv. 15-17), "el silbido de un silencio tenue" hay que ponerlo en relación con la acción positiva, creadora y salvífica del Señor que ha mantenido en su pueblo un resto que vive y cree, los siete mil de los que se hablará en el v. 18.

El silencio que rodea la venida del Señor es tal vez una nota antibaalista, siendo Baal el dios de la tormenta. Este es el momento capital de la revelación del Señor a Elías. Descubrir a Dios en la sencillez y en lo pequeño es una tarea a la que el creyente de hoy debe darse con entereza. Le va mucho en ello. 

sábado, 5 de agosto de 2017

1 Reyes 19,1-8: El viaje de Elías al monte Horeb

1 Reyes 19,1-8

19:1 Ajab contó a Jezabel todo lo que había hecho Elías y cómo había pasado a todos los profetas al filo de la espada.
19:2 Jezabel envió entonces un mensajero a Elías para decirle: "Que los dioses me castiguen si mañana, a la misma hora, yo no hago con tu vida lo que tú hiciste con la de ellos".
19:3 Él tuvo miedo, y partió en seguida para salvar su vida. Llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su sirviente.
19:4 Luego caminó un día entero por el desierto, y al final se sentó bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamó: "¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!"
19:5 Se acostó y se quedó dormido bajo la retama. Pero un ángel lo tocó y le dijo: ¡Levántate, come!"
19:6 Él miró y vio que había a su cabecera una galleta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y se acostó de nuevo.
19:7 Pero el Ángel del Señor volvió otra vez, lo tocó y le dijo: "¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho por caminar!"
19:8 Elías se levantó, comió y bebió, y fortalecido por ese alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el Horeb.

jueves, 3 de agosto de 2017

1 Reyes 8,1-13: Dedicación del Templo y traslado del Arca

1 Reyes 8,1-13: Dedicación del Templo y traslado del Arca
   8,1-7.9-13
   Lunes de la 5 Semana del Tiempo Ordinario, Año II

1 Reyes 8,1-9: Dedicación del Templo y traslado del Arca
Cf. 2 Crónicas 5,2-10

8:1 Entonces Salomón reunió junto a él en Jerusalén, a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los príncipes de las casas paternas de los israelitas, para subir el Arca de la Alianza del Señor desde la Ciudad de David, o sea, desde Sión.
8:2 Todos los hombres de Israel se reunieron junto al rey Salomón en el mes de Etaním —el séptimo mes— durante la Fiesta.
8:3 Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los sacerdotes levantaron el Arca,
8:4 y subieron el Arca del Señor, con la Carpa del Encuentro y todos los objetos sagrados que había en la Carpa. Los que trasladaron todo eso fueron los sacerdotes y los levitas.
8:5 Mientras tanto, el rey Salomón y toda la comunidad de Israel reunida junto a él delante del Arca, sacrificaban carneros y toros, en tal cantidad que no se los podía contar ni calcular.
8:6 Los sacerdotes introdujeron el Arca de la Alianza en su sitio, en el lugar santísimo de la Casa —el Santo de los santos— bajo las alas de los querubines.
8:7 Porque los querubines desplegaban sus alas sobre el sitio destinado al Arca, y resguardaban por encima el Arca y sus andas.
8:8 Las andas eran tan largas que sus extremos se veían desde el Santo, por delante del lugar santísimo, aunque no se las veía desde afuera. Allí han estado hasta el día de hoy.
8:9 En el Arca se encontraban únicamente las dos tablas de piedra que Moisés, en el Horeb, había depositado allí: las tablas de la Alianza que el Señor había hecho con los israelitas a su salida de Egipto.

1 Reyes 8,10–13: La Gloria del Señor en el Templo
Cf. 2 Crónicas 5,11—6, 2

8:10 Mientras los sacerdotes salían del Santo, la nube llenó la Casa del Señor,
8:11 de manera que los sacerdotes no pudieron continuar sus servicios a causa de la nube, porque la gloria del Señor llenaba la Casa.
8:12 Entonces Salomón dijo: "El Señor ha decidido habitar en la nube oscura.
8:13 Sí, yo te he construido la Casa de tu señorío,
un lugar donde habitarás para siempre".

SOBRE EL MISMO TEMA:
Por Vivian Boland, O.P.

viernes, 28 de julio de 2017

Exodo 17,1-7: ¿Nos has hecho salir de Egipto para morir de sed?

Exodo 17,1-7  

17:1 Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin, a la orden de Yahveh, para continuar sus jornadas; y acamparon en Refidim, donde el pueblo no encontró agua para beber.
17:2 El pueblo entonces se querelló contra Moisés, diciendo: "Danos agua para beber." Respondióles Moisés: "¿Por qué os querelláis conmigo? ¿Por qué tentáis a Yahveh?"
17:3 Pero el pueblo, torturado por la sed, siguió murmurando contra Moisés: "¿Nos has hecho salir de Egipto para hacerme morir de sed, a mí, a mis hijos y a mis ganados?"
17:4 Clamó Moisés a Yahveh y dijo: "¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen."
17:5 Respondió Yahveh a Moisés: "Pasa delante del pueblo, llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río y vete,
17:6 que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo." Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel.
17:7 Aquel lugar se llamó Massá a causa de la querella de los israelitas, y por haber tentado a Yahveh, diciendo: "¿Está Yahveh entre nosotros o no?"

jueves, 20 de julio de 2017

Exodo 3,1-22: Vocación de Moisés

Ex 3,1-22      
Ex 3,1-8a.13-15
   Domingo de la 3 Semana de Cuaresma, ciclo C
Ex 3,1-6.9-12
   Miércoles de la 15 Semana del Tiempo Ordinario, Año I
Ex 3,13-30
   Jueves de la 15 Semana del Tiempo Ordinario, Año I  

3:1 Moisés era pastor del rebaño de Jetró su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas más allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la montaña de Dios.
3:2 El ángel de Yahveh se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía.
3:3 Dijo, pues, Moisés: "Voy a acercarme para ver este extraño caso: por qué no se consume la zarza."
3:4 Cuando vio Yahveh que Moisés se acercaba para mirar, le llamó de en medio de la zarza, diciendo: "¡Moisés, Moisés!" El respondió: "Heme aquí."
3:5 Le dijo: "No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada."
3:6 Y añadió: "Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob." Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios.
3:7 Dijo Yahveh: "Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus sufrimientos.
3:8 He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jivitas y de los jebuseos.
3:9 Así pues, el clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto además la opresión con que los egipcios los oprimen.
3:10 Ahora, pues, ve; yo te envío a Faraón, para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto."
3:11 Dijo Moisés a Dios: ¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto a los israelitas?"
3:12 Respondió: "Yo estaré contigo y esta será para ti la señal de que yo te envío: Cuando hayas sacado al pueblo de Egipto daréis culto a Dios en este monte."
3:13 Contestó Moisés a Dios: "Si voy a los israelitas y les digo: "El Dios de los padres de ustedes me ha enviado a vosotros"; cuando me pregunten: "¿Cuál es su nombre?", ¿qué les responderé?"
3:14 Dijo Dios a Moisés: "Yo soy el que soy." Y añadió: "Así dirás a los israelitas: "Yo soy" me ha enviado a vosotros."
3:15 Siguió Dios diciendo a Moisés: "Así dirás a los israelitas: Yahveh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación."
3:16 "Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: "Yahveh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: Yo os he visitado y he visto lo que os han hecho en Egipto.
3:17 Y he decidido sacaros de la tribulación de Egipto al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, perizitas, jivitas y jebuseos, a una tierra que mana leche y miel."
3:18 Ellos escucharán tu voz, y tú irás con los ancianos de Israel donde el rey de Egipto; y le diréis: "Yahveh, el Dios de los hebreos, se nos ha aparecido. Permite, pues, que vayamos camino de tres días al desierto, para ofrecer sacrificios a Yahveh, nuestro Dios."
3:19 Ya sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino forzado por mano poderosa.
3:20 Pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con toda suerte de prodigios que obraré en medio de ellos y después os dejará salir."
3:21 "Yo haré que este pueblo halle gracia a los ojos de los egipcios, de modo que cuando partáis, no saldréis con las manos vacías,
3:22 sino que cada mujer pedirá a su vecina y a la que mora en su casa objetos de plata, objetos de oro y vestidos, que pondréis a vuestros hijos y a vuestras hijas, y así despojaréis a los egipcios."

SOBRE EL MISMO TEMA:
por Reflexiones Católicas  
¿Quién es Jetró, Raguel, Jobab?   

jueves, 10 de marzo de 2016

Salmo 105: Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo


Salmo 105: Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo

En Horeb se hicieron un becerro,
adoraron un ídolo de fundición;
cambiaron su gloria por la imagen
de un toro que come hierba.
R. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo

Se olvidaron de Dios, su salvador,
que había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en el país de Cam,
portentos junto al mar Rojo.
R. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo

Dios hablaba ya de aniquilarlos;
pero Moisés, su elegido,
se puso en la brecha frente a él,
para apartar su cólera del exterminio.
R. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo