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miércoles, 21 de agosto de 2024

Libro de Josué 18,1-28: La tribu de Benjamín

Libro de Josué
Capítulo 18

DESCRIPCIÓN DE LAS OTRAS SIETE TRIBUS
Descripción del territorio

1 La asamblea israelita en pleno se reunió en Siló e instalaron allí la tienda del encuentro. 
   El país les estaba sometido. 
2 Pero quedaban siete tribus israelitas que no habían recibido aún su heredad. 
3 Josué les dijo: 
   –¿Hasta cuándo van a estar con los brazos cruzados, 
   sin ir a tomar posesión de la tierra que les ha dado el Señor, Dios de sus padres? 
4 Elijan tres hombres de cada tribu; 
   yo los mandaré a recorrer el país para que hagan un plano dividido por herencias, 
   y después volverán a mí. 
5 Dividirán el país en siete lotes. 
   Judá seguirá en su territorio, al sur, y la casa de José en el suyo, al norte. 
6 Hagan el plano del país dividiéndolo en siete lotes y tráiganme el proyecto. 
   Después lo echaré a suertes aquí, ante el Señor, nuestro Dios. 
7 A los levitas no les tocará ninguna parte porque lo que les toca a ellos es el sacerdocio del Señor. 
   Por su parte, Gad, Rubén y media tribu de Manasés ya recibieron en Transjordania 
   la herencia que les asignó Moisés, siervo del Señor. 
8 Cuando aquellos hombres emprendían el camino para hacer el mapa del país, 
   Josué les ordenó: 
   –Vayan a recorrer el país y hagan un mapa; 
   cuando vuelvan, yo lo echaré a suertes ante el Señor, aquí en Siló. 
9 Ellos marcharon y atravesaron el país, registrando por escrito las ciudades en siete lotes, 
   y se lo llevaron a Josué al campamento de Siló. 
10 Josué echó las suertes entre los israelitas, ante el Señor 
     y distribuyó la tierra a cada una de las tribus de Israel. 

La tribu de Benjamín
Gn 49,27; Dt 33,12

11 Salió la suerte de Benjamín, por clanes. 
     El territorio que le tocó está entre Judá y José. 
12 Su límite norte partía del Jordán, subía por la vertiente norte de Jericó, 
     luego el monte hacia el oeste y terminaba en el desierto de Bet-Avén. 
13 De allí pasaba a Luz –es decir, Betel– por su vertiente sur, bajando después a Atarot Adar 
     por el monte que hay al sur de Bet-Jorón de Abajo. 
14 Después torcía, dando la vuelta por la parte oeste, hacia el sur, 
     desde el monte que está frente a Bet-Jorón, al sur, y terminaba en Quiriat-Baal 
     –o sea, Quiriat Yearim–, ciudad que pertenecía a Judá. Ése era el límite occidental. 
15 Por el sur, desde el término de Quiriat Yearim, iba hacia la fuente del arroyo de Neftoj. 
16 Después, por la punta del monte que hay frente al valle de Hinnón, al norte del valle de Refaim, 
     bajaba al valle de Hinnón por la vertiente sur de los jebuseos, hasta En-Roguel; 
17 después torcía hacia el norte, llegaba a En Semes y a los cerros que hay frente a Maalé Adumim, 
     bajaba a la Piedra de Bohán, hijo de Rubén, 
18 pasaba por la vertiente norte frente a Bet-Arabá, bajaba hacia la estepa, 
19 pasaba por la vertiente norte de Bet-Joglá, terminando en el cabo del Mar Muerto, el cabo norte, 
     en la desembocadura del Jordán. Ésta era la frontera sur. 
20 Por el este, el Jordán le servía de límite. 
     Ésa fue la herencia de Benjamín, por clanes, siguiendo el trazado de sus límites. 

Ciudades de Benjamín

21 Ciudades de la tribu de Benjamín, por clanes: Jericó, Bet-Joglá, Valle Quesís, 
22 Bet-Arabá, Semaraym, Betel, 
23 Avim, Zaca, Ofrá, 
24 Villar del Amonita, Ofní, Guibeá. Doce ciudades con sus poblados. 
25 Gabaón, Haramá, Beerot, 
26 Mispá, Quefirá, Mosá, 
27 Requen, Yirfel, Tarela, 
28 Sela Haelep, Jebús –o sea, Jerusalén–, Guibeá, Quiriat Yearim. 
     Catorce ciudades con sus poblados. 
     Ésa fue la herencia que recibieron los clanes de la tribu de Benjamín. 

martes, 20 de agosto de 2024

Libro de Josué 10,1-43: Conquista del sur de Palestina

Libro de Josué
Capítulo 10

COALICIÓN DE LOS CINCO REYES AMORREOS
CONSQUISTA DEL SUR DE PALESTINA
Jc 1,1-8

Cinco Reyes hacen la guerra contra Gabaón

1 Cuando Adoni-Sedec, rey de Jerusalén, oyó que Josué había tomado Ay y la había arrasado 
   y que había hecho con ella y con su rey lo mismo que con Jericó y su rey y que los de Gabaón 
   habían hecho las paces con Israel y vivían con los israelitas, 
2 se asustó enormemente. Porque Gabaón era toda una ciudad, como una de las capitales reales, 
   mayor que Ay, y todos sus hombres eran valientes. 
3 Entonces envió este mensaje a Ohán, rey de Hebrón; 
   a Pirán, rey de Yarmut; a Yafía, rey de Laquis, y a Debir, rey de Eglón: 
4 –Vengan con refuerzos para derrotar a Gabaón, que ha hecho las paces con Josué y los israelitas. 
5 Entonces se aliaron los cinco reyes amorreos –el de Jerusalén, el de Hebrón, el de Yarmut, 
   el de Laquis y el de Eglón– subieron con sus ejércitos, acamparon frente a Gabaón y la atacaron. 

Josué socorre a Gabaón

6 Los de Gabaón despacharon emisarios a Josué, al campamento de Guilgal, con este ruego: 
   –No dejes solos a tus vasallos. Ven en seguida a salvarnos. 
   Ayúdanos, porque se han aliado contra nosotros los reyes amorreos de la montaña. 
7 Entonces Josué subió desde Guilgal con todo su ejército, todos sus guerreros, 
8 y el Señor le dijo: –No les tengas miedo, que yo te los entrego; ni uno de ellos podrá resistirte. 
9 Josué caminó toda la noche desde Guilgal y cayó sobre ellos de repente; 

El socorro de lo alto

10 el Señor los desbarató ante Israel, que les infligió una gran derrota junto a Gabaón, 
     y los persiguió por la Cuesta de Bet-Jorón, destrozándolos hasta Azecá y Maqueda. 
11 Y cuando iban huyendo de los israelitas por la cuesta de Bet-Jorón, 
     el Señor les lanzó desde el cielo un pedrisco fuerte y mortífero en el camino hasta Azecá; 
     murieron más por la granizada que por la espada de los israelitas. 
12 Cuando el Señor puso en manos de los israelitas a los amorreos, 
     Josué habló al Señor y gritó en presencia de Israel: 
     –¡Sol, quieto en Gabaón! ¡Y tú, luna, en el valle de Ayalón! 
13 Y el sol quedó quieto y la luna inmóvil, hasta que se vengó el pueblo de sus enemigos. 
     Así consta en el libro de Yasar: 
     El sol se detuvo en medio del cielo y tardó un día entero en ponerse. 
14 Ni antes ni después ha habido un día como aquél, 
     cuando el Señor obedeció a la voz de un hombre, porque el Señor luchaba por Israel. 
15 Josué y los israelitas se volvieron al campamento de Guilgal. 

Los cinco reyes en la cueva de Maqueda

16 Los cinco reyes lograron huir y se escondieron en la cueva de Maqueda. 
17 Avisaron a Josué: –Los cinco reyes están escondidos en la cueva de Maqueda. 
18 Josué ordenó: –Hagan rodar piedras grandes hasta la entrada de la cueva 
     y dejen allí apostados algunos centinelas para que los vigilen. 
19 Ustedes no dejen de perseguir al enemigo, córtenles la retirada; 
     no los dejen llegar a sus poblados, porque el Señor, su Dios, se los entrega. 
20 Cuando Josué y los israelitas los derrotaron hasta acabar con ellos –fue una gran derrota–, 
     los que lograron salvarse huyendo se refugiaron en las ciudades fortificadas. 
21 Todo el ejército volvió victorioso al campamento de Josué, en Maqueda. 
     Nadie se atrevió a hablar mal de los israelitas. 
22 Josué ordenó: –Destapen la entrada de la cueva y saquen a esos cinco reyes. 
23 Cumpliendo sus órdenes, sacaron de la cueva a los cinco reyes: 
     el de Jerusalén, el de Hebrón, el de Yarmut, el de Laquis y el de Eglón. 
24 Cuando se los presentaron, Josué convocó a todos los israelitas y dijo a sus oficiales:
     –Acérquense y pisen la nuca a esos reyes. 
     Ellos se acercaron y pusieron el pie en la nuca de los reyes. 
25 Josué les dijo: –No teman ni se acobarden. ¡Sean fuertes y valientes!, 
     que así tratará el Señor a todos los enemigos con los que van a luchar. 
26 Dicho esto, los ajustició y los colgó de cinco árboles; allí estuvieron colgados hasta la tarde. 
27 A la puesta del sol mandó bajarlos de los árboles y tirarlos a la cueva donde se habían escondido; después colocaron grandes piedras a la entrada de la cueva, y allí están todavía hoy. 

Conquista de las ciudades meridionales de Canaán

28 Aquel día Josué tomó Maqueda. La pasó a cuchillo, consagrando al exterminio a su rey 
     y a todos sus habitantes. No quedó un superviviente; trató al rey de Maqueda como al de Jericó. 
29 Desde Maqueda Josué y los israelitas pasaron a Libná y la atacaron. 
30 El Señor les entregó también Libna y a su rey, y pasaron a cuchillo a todos los habitantes. 
     No quedó en ella un superviviente; a su rey lo trató Josué como al de Jericó. 
31 Desde Libna Josué y los israelitas pasaron a Laquis, acamparon frente a ella y la atacaron. 
32 El Señor se la entregó: tomaron Laquis al segundo día y pasaron a cuchillo a todos los habitantes, 
     lo mismo que habían hecho en Libna. 
33 Horán, rey de Guézer, subió en auxilio de Laquis, pero Josué lo derrotó a él y a su ejército, 
     sin dejarle un superviviente. 
34 Desde Laquis Josué y los israelitas pasaron a Eglón; acamparon frente a ella y la atacaron. 
35 La tomaron aquel mismo día y la pasaron a cuchillo, consagrando al exterminio a todos sus 
     habitantes, lo mismo que habían hecho con Laquis. 
36 Desde Eglón, Josué y los israelitas con él, pasaron a Hebrón y la atacaron. 
37 La tomaron y pasaron a cuchillo a su rey y a toda la población. 
     No quedó un superviviente, lo mismo que habían hecho en Eglón; 
     la consagraron al exterminio con todos sus habitantes. 
38 Después Josué y los israelitas con él se volvieron contra Debir y la atacaron. 
39 Se apoderaron de ella, del rey y sus poblados y los pasaron a cuchillo, 
     consagrando al exterminio a todos sus habitantes. 
     No quedó un superviviente; trataron a Debir y a su rey lo mismo que a Hebrón y a su rey, 
     a Libna y a su rey. 

Recapitulación de las conquistas del sur

40 Así fue como conquistó Josué toda la montaña, el Negueb y la Sefela 
     y las estribaciones de la sierra, con sus reyes. No quedó un superviviente. 
     Consagraron al exterminio a todo ser viviente, como había mandado el Señor, Dios de Israel. 
41 Josué conquistó desde Cades Barnea hasta Gaza, y todo el país de Gosén hasta Gabaón. 
42 En una sola ofensiva se apoderó de todos aquellos reyes y sus tierras, porque el Señor, 
     Dios de Israel, combatía por Israel. 
43 Josué y los israelitas que iban con él se volvieron después al campamento de Guilgal. 


lunes, 20 de marzo de 2023

Juan 5,1-3.5-16: Curación de un enfermo en la piscina de Betesda

Juan 5,1-3.5-16

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: "¿Quieres quedar sano?" El enfermo le contestó: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado." Jesús le dice: "Levántate, toma tu camilla y echa a andar." Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: "Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla." El les contestó: "El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar." Ellos le preguntaron: "¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?" Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: "Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor." Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

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miércoles, 16 de noviembre de 2022

Lucas 19,41-44: Lamentación de Jesús sobre Jerusalén

Lucas 19,41-44
Jueves de la 33 Semana del Tiempo Ordinario I y II

En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: "¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida".


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miércoles, 26 de octubre de 2022

Lucas 13,31-35: "Márchate porque Herodes quiere matarte"

Lucas 13,31-35
Jueves de la 30 Semana del Tiempo Ordinario I y II

En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: "Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte." Él contestó: "Id a decirle a ese zorro: "Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios: pasado mañana llego a mi término." Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: "Bendito el que viene en nombre del Señor."


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Marcos 11,11-26: Expulsión de los mercaderes del templo

Marcos 11,11-26
Viernes de la 8 Semana del Tiempo Ordinario, año I y II

Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo:
— Nunca jamás coma nadie de ti.
Los discípulos lo oyeron. Llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. Y los instruía, diciendo:
— ¿No está escrito: "Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos." Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos.
Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su doctrina, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús:
— Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
Jesús contestó:
— Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate de ahí y tirate al mar", no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis. Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.


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Juan 2:13-25: Expulsión de los vendedores del templo

Juan 2:13-25 (Cf. Mt 21,12-17; Mc 11,15-19; Lc 19,45-46)


13 Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén
14 y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, 
     ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.
15 Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; 
     desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas
16 y dijo a los vendedores de palomas: 
     "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio".
17 Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: 
     El celo por tu Casa me consumirá.

Anuncio de la resurrección de Jesús

18 Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?"
19 Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar".   
20 Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, 
     ¿y tú lo vas a levantar en tres días?"
21 Pero él se refería al templo de su cuerpo.
22 Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, 
     y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.
23 Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, 
     muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba.
24 Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos
25 y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.


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martes, 27 de septiembre de 2022

Lucas 9,57-62: El Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza

Lucas 9,57-62
Miércoles de la 26 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

Mientras iban de camino, le dijo uno:
– Te seguiré adonde vayas.
Jesús le respondió:
– Las zorras tienen madriguera y los pájaros nido, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.
A otro le dijo:
– Sígueme.
Él respondió:
– Déjame primero ir a enterrar a mi padre.
Le contestó:
– Deja que los muertos entierren a tus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.
Otro le dijo:
– Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.
Jesús le contestó:
– El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios.

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martes, 12 de julio de 2022

Isaías 52,7-12: El mensajero de paz

El mensajero de paz

7 ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, 
   que trae la buena nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: Ya reina tu Dios! 
8 Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. 
9 Estallen en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén.
10 El Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, 
     y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.
11 ¡Fuera, fuera! Salgan de allí, no toquen nada impuro. ¡Salgan de ella!
     ¡Purifíquense, los que llevan los vasos del Señor! 
12 No saldrán apresurados ni se irán huyendo, porque al frente de ustedes marcha el Señor, 
     y en la retaguardia, el Dios de Israel.

Isaías 52,1-6: Despierta, Sión

Despierta, Sión

1 ¡Despierta, despierta, vístete de tu fuerza, Sión; vístete el traje de gala, Jerusalén, Santa Ciudad!, 
   porque no volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros. 
2 Sacúdete el polvo, ponte de pie, Jerusalén cautiva; desátate las correas del cuello, 
3 porque así dice el Señor: por nada fueron vendidos y sin pagar los rescataré. 
4 Porque así dice el Señor: Al principio mi pueblo bajó a Egipto, para residir allí como extranjero; 
   al final, Asur lo oprimió. 
5 Pero ahora, ¿qué hago yo aquí? –oráculo del Señor–. 
   A mi pueblo se lo llevan por nada, sus dominadores lanzan aullidos –oráculo del Señor– 
   y todo el día sin cesar desprecian mi Nombre. 
6 Por eso mi pueblo reconocerá mi Nombre, comprenderá aquel día que era yo el que hablaba, 
   y aquí estoy.

Isaías 51,1-23: Palabras de consuelo a Jerusalén

Palabras de consuelo a Jerusalén

1 Escúchenme, los que van tras la justicia, los que buscan al Señor: 
   Miren la roca de la que fueron tallados, la cantera de donde los extrajeron; 
2 miren a Abrahán, su padre; a Sara, que los dio a luz: cuando lo llamé, 
   era uno, pero lo bendije y lo multipliqué. 
3 El Señor consuela a Sión, consuela a sus ruinas: convertirá su desierto en un edén, 
   su arenal en paraíso del Señor; allí habrá gozo y alegría,
   con acción de gracias al son de instrumentos.
4 Hazme caso, pueblo mío; nación mía, dame oído; porque de mí sale la ley, 
   mi mandato es la luz de los pueblos. 
5 En un momento haré llegar mi victoria, amanecerá como el día mi salvación, 
   mi brazo gobernará los pueblos: me están aguardando las islas, ponen su esperanza en mi brazo. 
6 Levanten los ojos al cielo, Miren abajo, a la tierra: el cielo se disipa como humo, 
   la tierra se gasta como ropa, sus habitantes mueren como mosquitos; 
   pero mi salvación dura por siempre, mi victoria no tendrá fin.
7 Escúchenme los entendidos en derecho, el pueblo que lleva mi ley en el corazón: 
   no teman la afrenta de los hombres, no desmayen por sus ultrajes: 
8 Porque la polilla los roerá como a la ropa, como los gusanos roen la lana; 
   pero mi victoria dura por siempre, mi salvación de edad en edad.
9 ¡Despierta, despierta; revístete de fuerza, brazo del Señor; despierta como en los días antiguos, 
   como en las generaciones pasadas! ¿No eres tú quien destrozó al monstruo y traspasó al dragón? 
10 ¿No eres tú quien secó el mar y las aguas del Gran Océano; 
     el que hizo un camino por el fondo del mar para que pasaran los redimidos? 
11 Los rescatados del Señor volverán: vendrán a Sión con cánticos, en cabeza alegría perpetua, 
     siguiéndolos gozo y alegría, pena y aflicción se alejarán. 
12 Yo, yo soy tu consolador. ¿Quién eres tú para temer a un mortal, 
     a un hombre que será como hierba? 
13 Olvidaste al Señor que te hizo, que desplegó el cielo y cimentó la tierra. 
     Y temías sin cesar, todo el día, la furia del opresor, cuando se disponía a destruir. 
     ¿Dónde ha quedado la furia del opresor? 
14 Se suelta a toda prisa el preso encorvado, no morirá en el calabozo ni le faltará el pan.
15 Yo, el Señor, tu Dios, agito el mar, y rugen sus olas: mi Nombre es Señor Todopoderoso. 
16 Puse en tu boca mi Palabra, te cubrí con la sombra de mi mano; extiendo el cielo, cimento la tierra, 
     y digo a Sión: Mi pueblo eres tú. 
17 ¡Despiértate, despiértate, levántate, Jerusalén!, que bebiste de la mano del Señor la copa de su ira, 
     y bebiste hasta el fondo una copa, un cáliz embriagador. 
18 Entre los hijos que engendró, no hay quien la guíe; entre los hijos que crió, 
     no hay quien la lleve de la mano:
19 esos dos males te han sucedido, ¿quién te compadece?; ruina y destrucción, hambre y espada, 
     ¿quién te consuela? 
20 Tus hijos yacen desfallecidos en las encrucijadas, como antílope en la red, 
     repletos de la ira del Señor, del reproche de tu Dios.
21 Por tanto, escúchalo, desgraciada; borracha y no de vino. 
22 Así dice el Señor, tu Dios, defensor de su pueblo: Mira, yo quito de tu mano la copa del vértigo, 
     no volverás a beber del cuenco de mi ira; 
23 lo pondré en la mano de tus verdugos, que te decían: Dobla el cuello, que pasemos encima; 
     y presentaste la espalda como suelo, como calle para los transeúntes.

lunes, 11 de julio de 2022

Isaías 7,1-9: Primer aviso a Acaz

 Isaías 7,1-9
LIBRO DE EMANUEL

1 Reinaba en Judá Acaz, hijo de Yotán, hijo de Ozías. Rasín, rey de Damasco, y Pécaj, 
   hijo de Romelías, rey de Israel, subieron a Jerusalén para atacarla; pero no lograron conquistarla. 
2 Llegó la noticia al heredero de David: –Los sirios acampan en Efraín. Y se agitó su corazón 
   y el del pueblo como se agitan los árboles del bosque con el viento.
3 Entonces el Señor dijo a Isaías: –Ve al encuentro de Acaz, con tu hijo Sear Yasub, 
   hacia el extremo del canal del Estanque de Arriba, junto al camino del campo del Tintorero, 
4 y le dirás: ¡Vigilancia y calma! No temas, no te acobardes, ante esos dos cabos de tizones humeantes.
5 Aunque Siria trame tu ruina diciendo:
6 Subamos contra Judá, sitiémosla, abramos brecha en ella y nombraremos en ella rey al hijo de Tabeel. 
7 Así dice el Señor: No se cumplirá ni sucederá: 
8a Damasco es capital de Siria, y Rasín, capitán de Damasco; 
9b Samaría es capital de Efraín, y el hijo de Romelías, capitán de Samaría. 
8b Dentro de sesenta y cinco años, Efraín, destruido, dejará de ser pueblo. 
9b Si ustedes no creen, no subsistirán.

Isaías 44,24-28: Yo soy el Señor

Yo soy el Señor

24 Así dice el Señor, tu redentor, que te formó en el vientre: Yo soy el Señor, creador de todo; 
     Yo solo desplegué el cielo, yo afiancé la tierra. Y, ¿quién me ayudaba? 
25 Yo soy el que frustra los presagios de los magos y muestra la necedad de los adivinos; 
     el que echa atrás a los sabios y muestra que su saber es ignorancia; 
26 pero realiza la palabra de sus siervos, cumple el proyecto de sus mensajeros; el que dice: 
     ¡Jerusalén, serás habitada; ciudades de Judá, serán reconstruidas; ruinas, las levantaré!; 
27 el que dice: Océano, aridece, secaré tus corrientes; 
28 el que dice: Ciro, tú eres mi pastor y cumplirás todo mi designio; el que dice: 
     Jerusalén, serás reconstruida; templo, serás cimentado.

Isaías 41,21-29: Pleito con los dioses

Pleito con los dioses

21 Expongan su caso, dice el Señor; presenten sus pruebas, dice el Rey de Jacob; 
22 que se adelanten y nos anuncien lo que va a suceder. 
     Nárrennos sus predicciones pasadas y prestaremos atención; 
     anúnciennos el futuro, y comprobaremos el desenlace; 
23 narren los sucesos futuros, y sabremos que son dioses. 
     Hagan algo, bueno o malo, que nos demos cuenta y lo veamos todo. 
24 Miren, ustedes son nada; sus obras, vacío; es despreciable elegirlos. 
25 Yo lo hice aparecer en el norte, y ha venido; en oriente lo llamo por su nombre; 
     pisará gobernantes como barro, como pisa el alfarero la arcilla. 
26 ¿Quién lo anunció de antemano para que lo supiéramos, por adelantado para que dijéramos: 
     Tiene razón? Ninguno lo narra, ninguno lo anuncia, nadie oye el discurso de ustedes. 
27 Lo anuncié yo el primero en Sión y envié un mensajero a Jerusalén. 
28 Busqué; pero entre ellos no había nadie, ningún consejero a quien preguntarle para que me informara. 
29 Todos juntos eran nada; sus obras, vacío; aire y nulidad sus estatuas.

sábado, 9 de julio de 2022

Lucas 10,25-37: "¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?"

Lucas 10,25-37
Lunes de la 27 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" Él le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?" Él contestó: "Amarás al Señor, tu, Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo." Él le dijo: "Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida." 

Pero el maestro de la Ley queriendo justificarse, preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?" Jesús le dijo: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó en una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?" Él contestó: "El que practicó la misericordia con él." Díjole Jesús: "Anda, haz tu lo mismo."

SOBRE EL MISMO TEMA:

lunes, 4 de julio de 2022

62,1-9: La nueva Jerusalén


1 Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, 
   hasta que irrumpa la aurora de su justicia y su salvación brille como antorcha. 
2 Los pueblos verán tu justicia, y los reyes, tu gloria; 
   te pondrán un nombre nuevo impuesto por la boca del Señor. 
3 Serás corona espléndida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios. 
4 Ya no te llamarán la Abandonada ni a tu tierra la Devastada, a ti te llamarán mi Preferida 
   y a tu tierra la Desposada, porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá esposo. 
5 Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; 
   la alegría que encuentra el esposo con su esposa la encontrará tu Dios contigo. 
6 Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas: nunca callan, ni de día ni de noche, 
   los que invocan al Señor no se den descanso; 
7 no le den descanso hasta que la establezca, hasta que haga de Jerusalén la admiración de la tierra. 
8 El Señor lo ha jurado por su diestra y por su brazo poderoso: 
   ya no entregará tu trigo para que se lo coman tus enemigos; 
   ya no se beberán extranjeros tu vino, por el que tú trabajaste. 
9 Los que lo cosechan lo comerán y alabarán al Señor; 
   los que lo vendimian lo beberán en mis atrios sagrados.

SOBRE EL MISMO TEMA:

Isaías 64,1-11: El pueblo pide una teofanía. Confesión de pecado y súplica

 El pueblo pide una teofanía

¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes

Capítulo 64,1-11

1 con tu presencia, como fuego que prende en los sarmientos o hace hervir el agua! 
   Para mostrar a tus enemigos quién eres, para que tiemblen ante ti las naciones, 
2 cuando hagas maravillas que no esperábamos. 
3 Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios fuera de ti que hiciera tanto por el que espera en él.
4 Sales al encuentro del que practica gozosamente la justicia y tiene presentes tus caminos.

Confesión del pecado y súplica

   Estabas enojado, y nosotros fracasamos: aparta nuestras culpas, y seremos salvos. 
5 Todos estábamos contaminados, nuestra justicia era un trapo sucio; 
   todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento.
6 Nadie invocaba tu Nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; 
   porque nos ocultabas tu rostro y nos entregabas en poder de nuestra culpa. 
7 Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre,
   nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.
8 No te irrites tanto, Señor, no recuerdes siempre nuestra culpa: mira que somos tu pueblo. 
9 Tus santas ciudades son un desierto, Sión se ha vuelto un desierto, Jerusalén una desolación. 
10 Nuestro templo, nuestro orgullo, donde te alabaron nuestros padres, ha sido incendiado, 
     y lo que más queríamos está reducido a escombros.
11¿Te quedas insensible a todo esto, Señor, te callas y nos afliges sin medida?

Isaías 65,17-25: Nueva Creación

17 Miren, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva; 
     de lo pasado no quedará recuerdo ni se lo traerá a la memoria, 
18 más bien gócense y alégrense siempre por lo que voy a crear; 
     miren, voy a transformar a Jerusalén en alegría y a su población en gozo; 
19 me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos; 
20 ya no habrá allí niños que mueran al nacer ni adultos que no completen sus años, 
     pues será joven el que muera a los cien años, y el que no los alcance se tendrá por maldito. 
21 Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos, 
22 no construirán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; 
     porque los años de mi pueblo serán los de un árbol y mis elegidos podrán gastar 
     lo que sus manos fabriquen. 
23 No se fatigarán en vano, no engendrarán hijos para la catástrofe; 
     porque serán la descendencia de los benditos del Señor, y como ellos, sus retoños. 
24 Antes de que me llamen yo les responderé, aún estarán hablando y los habré escuchado. 
25 El lobo y el cordero pastarán juntos, el león como el buey comerá paja. 
     No harán daño ni estrago por todo mi Monte Santo –dice el Señor–.

domingo, 3 de julio de 2022

Isaías 66,18-24: Reunión de todos los pueblos

Reunión de todos los pueblos

18 Pero yo vendré para reunir  a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria; 
19 les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, 
     Libia, Masac, Tubal y Grecia; a las costas lejanas, que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria, 
     y anunciarán mi gloria a las naciones.
20 Y de todas las naciones, como ofrenda al Señor, traerán a todos sus hermanos a caballo y en carros 
     y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi Monte Santo de Jerusalén –dice el Señor–, 
     como los israelitas traen la ofrenda en una vasija pura al templo del Señor. 
21 De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas –dice el Señor–. 
22 Como el cielo nuevo y la tierra nueva, que voy a hacer, durarán ante mí –oráculo del Señor–, 
     así durará su descendencia y el nombre de ustedes. 
23 Cada luna nueva y cada sábado vendrá todo mortal a postrarse ante mí –dice el Señor–. 
24 Y al salir verán los cadáveres de los que se rebelaron contra mí: su gusano no muere, 
     su fuego no se apaga, y serán el horror de todos los mortales

Isaías 66,7-14: Un pueblo renace

Un pueblo renace
(54,1-10)

7 Antes de las contracciones dio a luz, antes que le llegaran los dolores ha dado vida a un varón: 
8 ¿Quién ha oído tal cosa o quién ha visto algo semejante? ¿Se engendra todo un país en un solo día,
   se da luz a un pueblo de una sola vez? Apenas sintió los dolores, Sión dio a luz a sus hijos. 
9 Abro yo la matriz, ¿y no haré que dé a luz? –dice el Señor–. 
   Yo, que hago dar a luz, ¿la voy a cerrar? –dice tu Dios–. 
10 Festejen a Jerusalén, gocen con ella, todos los que la aman; 
     alégrense de su alegría los que por ella estaban de duelo; 
11 mamarán de sus pechos y se saciarán de sus consuelos, 
     y saborearán las delicias de sus pechos abundantes. 
12 Porque así dice el Señor: Yo haré correr hacia ella, como un río, la paz; 
     como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. 
     Ella los amamantará  y los llevará en brazos, y sobre las rodillas los acariciará; 
13 como a un niño  a quien su madre consuela, así los consolaré yo. 
14 Al verlo se alegrará su corazón y sus huesos  florecerán como un prado; 
     la mano del Señor se manifestará a sus siervos, y su cólera, a sus enemigos.