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sábado, 11 de junio de 2022

Hechos 26,24-32: Reacción del auditorio

Hechos 26,24-32: Reacción del auditorio

24 Mientras estaba él diciendo esto en su defensa, Festo le interrumpió gritándole: 
     «Estás loco, Pablo; las muchas letras te hacen perder la cabeza.»
25 Pablo contestó: «No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo cosas verdaderas y sensatas.
26 Bien enterado está de estas cosas el rey, ante quien hablo con confianza; 
     no creo que se le oculte nada, pues no han pasado en un rincón.
27 ¿Crees, rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees.»
28 Agripa contestó a Pablo: «Por poco, con tus argumentos, haces de mí un cristiano.»
29 Y Pablo replicó: «Quiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, 
     sino todos los que me escuchan hoy, llegaran a ser tales como yo soy, a excepción de estas cadenas.»
30 El rey, el procurador, Berenice y los que con ellos estaban sentados se levantaron,
31 y mientras se retiraban iban diciéndose unos a otros: «Este hombre no ha hecho nada digno de muerte 
     o de prisión.»
32 Agripa dijo a Festo: «Podía ser puesto en libertad este hombre si no hubiera apelado al César.»

Hechos 26,1-23: Discurso de Pablo ante el rey Agripa

Hechos 26,1-23: Discurso de Pablo ante el rey Agripa

1 Agripa dijo a Pablo: «Se te permite hablar en tu favor.» 
   Entonces Pablo extendió su mano y empezó su defensa:
2 «Me considero feliz, rey Agripa, al tener que defenderme hoy ante ti de todas las cosas de que me 
   acusan los judíos,
3 principalmente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones de los judíos. 
   Por eso te pido que me escuches pacientemente.
4 «Todos los judíos conocen mi vida desde mi juventud, desde cuando estuve en el seno de mi nación, 
   en Jerusalén.
5 Ellos me conocen de mucho tiempo atrás y si quieren pueden testificar que yo he vivido 
   como fariseo conforme a la secta más estricta de nuestra religión.
6 Y si ahora estoy aquí procesado es por la esperanza que tengo en la Promesa hecha por Dios a 
   nuestros padres,
7 cuyo cumplimiento están esperando nuestras doce tribus en el culto que asiduamente, noche y día, 
   rinden a Dios. Por esta esperanza, oh rey, soy acusado por los judíos.
8 ¿Por qué tenéis vosotros por increíble que Dios resucite a los muertos?
9 «Yo, pues, me había creído obligado a combatir con todos los medios el nombre de Jesús, el Nazoreo.
10 Así lo hice en Jerusalén y, con poderes recibidos de los sumos sacerdotes, yo mismo encerré a 
     muchos santos en las cárceles; y cuando se les condenaba a muerte, yo contribuía con mi voto.
11 Frecuentemente recorría todas las sinagogas y a fuerza de castigos les obligaba a blasfemar y, 
     rebosando furor contra ellos, los perseguía hasta en las ciudades extranjeras.
12 «En este empeño iba hacia Damasco con plenos poderes y comisión de los sumos sacerdotes;
13 y al medio día, yendo de camino vi, oh rey, una luz venida del cielo, más resplandeciente que el sol, 
     que me envolvió a mí y a mis compañeros en su resplandor.
14 Caímos todos a tierra y yo oí una voz que me decía en lengua hebrea: 
     “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? Te es duro dar coces contra el aguijón.”
15 Yo respondí: “¿Quién eres, Señor?” Y me dijo el Señor: “Yo soy Jesús a quien tú persigues.
16 Pero levántate, y ponte en pie; pues me he aparecido a ti para constituirte servidor 
     y testigo tanto de las cosas que de mí has visto como de las que te manifestaré.
17 Yo te libraré de tu pueblo y de los gentiles, a los cuales yo te envío,
18 para que les abras los ojos; para que se conviertan de las tinieblas a la luz, 
     y del poder de Satanás a Dios; y para que reciban el perdón de los pecados 
     y una parte en la herencia entre los santificados, mediante la fe en mí.”
19 «Así pues, rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial,
20 sino que primero a los habitantes de Damasco, después a los de Jerusalén 
     y por todo el país de Judea y también a los gentiles he predicado que se convirtieran 
     y que se volvieran a Dios haciendo obras dignas de conversión.
21 Por esto los judíos, habiéndome prendido en el Templo, intentaban darme muerte.
22 Con el auxilio de Dios hasta el presente me he mantenido firme dando testimonio a pequeños 
     y grandes sin decir cosa que esté fuera de lo que los profetas y el mismo Moisés dijeron 
     que había de suceder:
23 que el Cristo había de padecer y que, después de resucitar el primero de entre los muertos, 
     anunciaría la luz al pueblo y a los gentiles.»

Hechos 25,23-27: Pablo ante el rey Agripa

25,23-27: Pablo ante el rey Agripa

23 Al día siguiente vinieron Agripa y Berenice con gran ostentación y entraron en la sala de audiencia, 
     junto con los tribunos y los personajes de más categoría de la ciudad. A una orden de  Festo, 
     trajeron a Pablo.
24 Festo dijo: «Rey Agripa y todos los aquí presentes; aquí veis a este hombre, contra quien toda la
     multitud de los judíos vinieron donde mí tanto en Jerusalén como aquí, gritando que no debía vivir 
     ya más.
25 Yo comprendí que no había hecho nada digno de muerte; pero como él ha apelado al Augusto, 
     he decidido enviarle.
26 No sé en concreto qué escribir al Señor sobre él; por eso le he presentado ante vosotros, 
     y sobre todo ante ti, rey Agripa, para saber, después del interrogatorio, lo que he de escribir.
27 Pues me parece absurdo enviar un preso sin indicar las acusaciones formuladas contra él.»

Hechos 25,13-22: Encuentro de Festo y Agripa

25,13-22: Encuentro de Festo y Agripa
Viernes de la 7 Semana de Pascua

13 Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea y fueron a saludar a Festo.
14 Como pasaran allí bastantes días, Festo expuso al rey el caso de Pablo: «Hay aquí un hombre, 
     le dijo, que Félix dejó prisionero.
15 Estando yo en Jerusalén presentaron contra él acusación los sumos sacerdotes y los ancianos 
     de los judíos, pidiendo contra él sentencia condenatoria.
16 Yo les respondí que no es costumbre de los romanos entregar a un hombre antes de que el acusado 
     tenga ante sí a los acusadores y se le dé la posibilidad de defenderse de la acusación.
17 Ellos vinieron aquí juntamente conmigo, y sin dilación me senté al día siguiente en el tribunal 
     y mandé traer al hombre.
18 Los acusadores comparecieron ante él, pero no presentaron ninguna acusación de los crímenes 
     que yo sospechaba;
19 solamente tenían contra él unas discusiones sobre su propia religión y sobre un tal Jesús, ya muerto, 
     de quien Pablo afirma que vive.
20 Yo estaba perplejo sobre estas cuestiones y le propuse si quería ir a Jerusalén 
     y ser allí juzgado de estas cosas.
21 Pero como Pablo interpuso apelación de que su caso se reservase a la decisión del Augusto, 
     mandé que se le custodiara hasta remitirle al César.»
22 Agripa dijo a Festo: «Querría yo también oír a ese hombre.» - «Mañana, dijo, le oirás.»