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sábado, 25 de noviembre de 2023

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY, Año A (Lecturas)

Ezequiel 34:11-12,15-17
Salmo 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.
1Corintios 15:20-26,28;
Mateo 25:31-46

Ezequiel 34,11-12.15-17

Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear –oráculo del Señor Dios–. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré como es debido. Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrio.»


Salmo 22,1-2a.2b-3.5.6:
El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta

Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta


1 Corintios 15,20-26.28

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos.


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis." Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo." Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

sábado, 19 de noviembre de 2022

Imágenes de Cristo Rey

Monumentos a Cristo Rey

Monumento a Cristo Rey
Sunland Park, New Mexico (USA)


Monumento a Cristo Rey
Santuario de Cristo Rey
Cerro del Cubilete, Guanajuato (México)


Monumento a Cristo Rey
Pachuca de Soto, México


Monumento a Cristo Rey
Almada, Portugal


Monumento a Cristo Rey
Cali, Colombia


Monumento a Cristo Rey
Sahuayo de Morelos, Michoacán (México)


Monumento a Cristo Rey
Swiebodzin, Polonia


Monumento a Cristo Rey
Veganzones, Segovia (España)


Cristo Rey en la liturgia y el arte cristianos, por Helena Faccia Serrano y VV.AA

En 1925, como coronación del Año Santo en que se conmemoraba el XVI centenario del Concilio de Nicea (325) –que declaró que el Hijo es "consubstancial" al Padre y que "su reino no tendrá fin", verdades ambas que pasarían a formar parte desde entonces del símbolo de la fe o Credo– el papa Pío XI introdujo en la liturgia católica una nueva fiesta: la de Cristo Rey.

La encíclica Quas primas del papa Pío XI

En la encíclica Quas primas Pío XI explicaba el sentido de esta nueva fiesta. Pensemos en los acontecimientos mundiales que ya se habían producido o que se estaban preparando en 1925:

"Los amarguísimos frutos que este alejarse de Cristo por parte de los individuos y de las naciones ha producido con tanta frecuencia y durante tanto tiempo (...) los volvemos hoy a lamentar, al ver el germen de la discordia sembrado por todas partes; encendidos entre los pueblos los odios y rivalidades que tanto retardan, todavía, el restablecimiento de la paz; las codicias desenfrenadas, que con frecuencia se esconden bajo las apariencias del bien público y del amor patrio; y, brotando de todo esto, las discordias civiles, junto con un ciego y desatado egoísmo, sólo atento a sus particulares provechos y comodidades y midiéndolo todo por ellas; destruida de raíz la paz doméstica por el olvido y la relajación de los deberes familiares; rota la unión y la estabilidad de las familias; y, en fin, sacudida y empujada a la muerte la humana sociedad".

Como respuesta a estos hechos Pío XI quiso proponer de nuevo con esta fiesta el reinado de Cristo en la historia de los hombres y en las almas: "Nos anima, sin embargo, la dulce esperanza de que la fiesta anual de Cristo Rey, que se celebrará en seguida, impulse felizmente a la sociedad a volverse a nuestro amadísimo Salvador".

Tras recordar los fundamentos bíblicos de la realeza de Jesucristo, el Papa señalaba que la liturgia entera de la Iglesia es una "perpetua alabanza a Cristo Rey".

Por unir en él –de manera hipostática– lo divino y lo humano, Cristo tiene soberanía real sobre todo ser humano, pero además:

"¿Qué cosa habrá para nosotros más dulce y suave que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista, adquirido a costa de la redención? Ojalá que todos los hombres, harto olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador. Fuisteis rescatados no con oro o plata, que son cosas perecederas, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero Inmaculado y sin tacha. No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo nos ha comprado por precio grande; hasta nuestros mismos cuerpos son miembros de Jesucristo".

Cristo, Rey del Universo

Pío XI estableció que la nueva fiesta se celebrase el último domingo de octubre, de modo que precediera a la Solemnidad de Todos los Santos. Pero en 1970, tras el Concilio Vaticano II, la fiesta fue trasladada al último domingo del año litúrgico, subrayándose de este modo su dimensión cósmica y escatológica. La fiesta se llamaría desde entonces, de Cristo Rey del Universo.

Ahora bien, Jesús rechazó ser coronado como rey, por cuanto este deseo del pueblo tenía un sentido claramente político. Sin embargo, en su diálogo con Pilatos, Jesús reconoce: "Sí, como dices soy rey" (Jn 18,37). Aunque poco antes había declarado: "Mi reino no es de este mundo" (Jn 18,36).

Benedicto XVI se preguntaba en uno de sus comentarios a la liturgia de este domingo:

"Pero, ¿en qué consiste el ´poder´ de Jesucristo Rey? No es el poder de los reyes y de los grandes de este mundo; es el poder divino de dar la vida eterna, de librar del mal, de vencer el dominio de la muerte. Es el poder del Amor, que sabe sacar el bien del mal, ablandar un corazón endurecido, llevar la paz al conflicto más violento, encender la esperanza en la oscuridad más densa. Este Reino de la gracia nunca se impone y siempre respeta nuestra libertad. Cristo vino ´para dar testimonio de la verdad´ (Jn 18,37) –como declaró ante Pilato–: quien acoge su testimonio se pone bajo su ´bandera´, según la imagen que gustaba a san Ignacio de Loyola. Por lo tanto, es necesario –esto sí– que cada conciencia elija: ¿a quién quiero seguir? ¿A Dios o al maligno? ¿La verdad o la mentira? Elegir a Cristo no garantiza el éxito según los criterios del mundo, pero asegura la paz y la alegría que sólo él puede dar. Lo demuestra, en todas las épocas, la experiencia de muchos hombres y mujeres que, en nombre de Cristo, en nombre de la verdad y de la justicia, han sabido oponerse a los halagos de los poderes terrenos con sus diversas máscaras, hasta sellar su fidelidad con el martirio".

Cristo, coronado de espinas, reina desde la Cruz

El trono de Cristo Rey es la Cruz. Él reina desde la Cruz. Como dice Benedicto XVI: "Será precisamente en la cruz donde Jesús esté a la altura de Dios, que es Amor. Allí se le puede conocer".




En el comentario antes citado, Benedicto XVI alude a la representación de Cristo en los templos cristianos:

"Queridos amigos, el camino del amor, que el Señor nos revela y nos invita a recorrer, se puede contemplar incluso en el arte cristiano. De hecho, antiguamente, ´en la configuración de los edificios sagrados [...] se hizo habitual representar en el lado oriental al Señor que regresa como rey –imagen de la esperanza–, mientras en el lado occidental estaba el Juicio final, como imagen de la responsabilidad respecto a nuestra vida" (Spe Salvi, 41): esperanza en el amor infinito de Dios y compromiso para ordenar nuestra vida según el amor de Dios".

En efecto, basta recordar un par de imágenes para entender la reflexión de Benedicto XVI. Pensemos en el célebre Pantocrátor de Tahull, situado en el ábside del templo.




De Oriente vino Jesús y desde allí ha de volver. Este es el sentido de la "orientación" de los templos cristianos. Rezar mirando a Oriente es mantener viva la esperanza en la segunda venida de Cristo.

Pero junto a esta esperanza, el arte cristiano ha colocado en el lado occidental de los templos, tanto en el interior como en el exterior, el Juicio Final, la imagen de la responsabilidad de nuestra vida, que habrá de dar cuenta a Dios: "... porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, estuve desnudo y no me vestisteis..."



 Pórtico de la Catedral de Nôtre-Dame de París

Son sólo unos pocos ejemplos, pero muy significativos, de la inestimable ayuda que el arte cristiano ha prestado y puede prestar a la fe.



 María, Reina del Cielo a la derecha de Cristo Rey


Concluyo con una última imagen. Escuchemos de nuevo a Benedicto XVI:

"Cuando el ángel Gabriel llevó el anuncio a María, le predijo que su Hijo heredaría el trono de David y reinaría para siempre. Y la Virgen santísima creyó antes de darlo al mundo. Sin duda se preguntó qué nuevo tipo de realeza sería la de Jesús, y lo comprendió escuchando sus palabras y sobre todo participando íntimamente en el misterio de su muerte en la cruz y de su resurrección. Pidamos a María, que está sentada, como Reina, a la derecha de Cristo Rey, que nos ayude también a nosotros a seguir a Jesús, nuestro Rey, como hizo ella, y a dar testimonio de él con toda nuestra existencia. Amén".

Fuente: religionenlibertad.com

La fiesta de Cristo, Rey del Universo



La celebración de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, cierra el año litúrgico en el que se ha meditado sobre todo el misterio de su vida, su predicación y anuncio del Reino de Dios.

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el papa Pío XI el 11 de diciembre de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.

Cristo Rey anuncia la Verdad como luz que ilumina el camino amoroso del Vía Crucis hacia el Reino de Dios: "Sí, como dices, soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz" (Jn 18,37).

Esta fiesta celebra a Cristo como el rey bondadoso y sencillo que como pastor guía a su Iglesia hacia el Reino Celestial y le otorga la comunión con este Reino para que pueda transformar el mundo. La posibilidad de alcanzar el Reino de Dios fue establecida por Jesucristo al dejarnos el Espíritu Santo que nos ofrece las gracias necesarias para ser santos como nuestro Padre Celestial es santo. Ésa es la misión que le dejó Jesús a la Iglesia: establecer un reino de santidad.

Se puede pensar que solo se llegará al Reino de Dios después de pasar por la muerte pero el Reino ya está presente en el mundo a través de la Iglesia en conversión constante. Con la obra de Jesucristo, las dos realidades de la Iglesia —peregrina y celestial— forman una sola comunidad y así se fortalece el peregrinaje con la oración de los peregrinos y la gracia que reciben por medio de los sacramentos.

Jesucristo es el rey y el pastor del reino de Dios, que sacándonos de las tinieblas, nos guía y cuida en nuestro camino hacia la comunión plena con Dios Amor.



Lucas 23,35-43, por M. Dolors Gaja, MN



Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo:
— Ha salvado a otros; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido.
También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre  y le decían:
— Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate!»
Había encima de él una inscripción: Este es el rey de los judíos. Uno de los malhechores colgados le insultaba:
— ¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!
Pero el otro le increpó:
— ¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio éste nada malo ha hecho.
Y decía:
— Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.
Jesús le dijo:
— Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Comentario de M. Dolors Gaja, MN

Termina el año litúrgico. No sabemos lo qué es el tiempo aunque vivamos supeditados e inmersos en él pero toda civilización ha sentido la necesidad de “organizar” su tiempo, fechar los acontecimientos y situarse, aunque sea arbitrariamente, en el espacio temporal que vive. Por eso tenemos varios calendarios: existe el calendario civil, que en Occidente fue instaurado por Julio César y ajustado por el papa Gregorio XIII en 1582: por él sabemos que estamos en 2013. Existe también el calendario escolar, que suele ir de septiembre a junio en Europa. Y puede haber muchos más. Pero estas divisiones de tiempo son arbitrarias y, sobre todo, vacías de contenido. En cambio el calendario litúrgico que va de Adviento a la fiesta de Cristo Rey es un calendario para la reflexión y catequesis, para la vivencia de la fe. Que yo sepa, el único calendario con un sentido interno: seguir en nuestro día a día, la vida de Cristo.

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por Pío XI el 11 de diciembre de 1925. Es una fiesta nueva, por tanto. No creo que hoy, en plena decadencia las monarquías europeas y desconocidas en gran parte del mundo, se diera a esta fiesta el mismo nombre. Lo que el papa quiso hacer es invitar a todos los cristianos a reconocer la soberanía de Cristo. Él es centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin.

Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía.

El texto

En esas paradojas a las que los cristianos nos hemos acostumbrado, para hablar de Cristo Rey leemos el texto de Cristo Crucificado. Y aunque cierre el año, se me ocurre que sería bueno imaginar que es el principio y que Cristo en la Cruz recuerda, como en un flash back de película, toda su vida; cómo lo anunciaron los profetas, cómo su madre recibió el anuncio, su nacimiento, la huida a Egipto, su vida en Nazaret, el milagro en Caná…la elección de amigos, las multitudes que le seguían, las parábolas, los primeros enfrentamientos…la traición…y la cruz. Y en ese camino, que vuelve a empezar, te pide compañía. No te promete una realeza de gloria y pompa humana sino una realeza oculta que pasa por la cruz, que tiene en la cruz su trono.

Fijémonos en las distintas posturas: el pueblo mira. Las autoridades se burlan. Un malhechor se rebela; otro ora con la más bella y simple oración: "Jesús, acuérdate de mí".

¿Qué actitud tengo yo en ese camino de la fe? “Miro”, asisto pasivamente a las celebraciones que el calendario va marcando, ¿“miro” sin conmoverme por dentro ni cambiar?; ¿sonrío con escepticismo cuando la Iglesia me invita a pedir perdón, me río de sus propuestas?  ¿Rechazo abiertamente lo que me dice, me rebelo con Dios? O sé orar desde mis pobres palabras como el “buen ladrón”?

El hoy

A Lucas le gusta subrayar el “hoy” en muchos textos. Porque la Gracia es hoy, no mañana, la Salvación es hoy, no ayer. Y hoy, desde mi cocina, mi oficina, mi cama de enfermo, mi soledad de anciano, mi monasterio, mi clase, mi taller…hoy puedo estrenar Paraíso.

Creo que deberíamos recuperar el término “paraíso” porque no entraña, como cielo, un lugar por encima de nuestras cabezas. En su origen Paraíso significa jardín. Pero Paraíso es estar con Jesús. Paraíso puede ser hoy.

Para ello hay que atreverse a vivir la realeza oculta de Jesús: una realeza de servicio y entrega, una realeza de amor donde el “Rey” se pone delantal para lavar los pies.

Quedémonos con la oración del llamado “Dimas” y digámosle a Jesús: acuérdate de mí.

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY, C (Lecturas)

II Samuel 5, 1-3
Salmo 121:Vamos alegres a la casa del Señor
Colosenses 1,12-20
Lucas 23, 35-43

II Samuel 5,1-3

En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron: "Hueso tuyo y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: "Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel." "Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.


Salmo 121: Vamos alegres a la casa del Señor

¡Qué alegría cuando me dijeron:
"Vamos a la casa del Señor"!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
R. Vamos alegres a la casa del Señor

Allá suben las tribus, las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.
R. Vamos alegres a la casa del Señor


Colosenses 1,12-20

Hermanos: Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él.Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.



En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: "A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido." Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: "Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo." Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: "Éste es el rey de los judíos." Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros." Pero el otro lo increpaba: "¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada." Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino." Jesús le respondió: "Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso."



Jesucristo, Rey del Universo, Ciclo C

domingo, 29 de julio de 2018

Juan 6,1-15: La multiplicación de los panes

Juan 6,1-15
Viernes de la 2 Semana de Pascua
Domingo de la 17 Semana del Tiempo Ordinario, Año B

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: "¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?" Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: "Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo." Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?" Jesús dijo: "Decid a la gente que se siente en el suelo." Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: "Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie." Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: "Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo." Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

COMENTARIOS:
Recoged los trozos sobrantes 
Adsis
José Antonio Pagola
Julio César Rioja CMF
Orden Carmelita
Imágenes del Evangelio

sábado, 21 de octubre de 2017

Pertenencia al Reino de Dios y obediencia a las autoridades civiles, por Julio César Rioja, cmf


Tema complicado, ¿es compatible la pertenencia al Reino y tener a Dios como soberano absoluto y la obediencia a las autoridades civiles y el ser ciudadanos?

Desde siempre las relaciones entre lo religioso y lo político estuvieron saturadas de confusión y esto llega hasta hoy, (recordemos la Constitución, el Concordato, la asignatura de religión, el pago de la entrada a las Catedrales, el patrimonio, la cruz en la declaración de la renta…; pero éste es tema de unas charlas, no de una homilía).

Ya los primeros cristianos tenían el dilema de ser fieles al Dios de Jesucristo y al Emperador, la solución parece darla el texto de hoy: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

El problema se planteará también más tarde ante Pilatos que le preguntará: “¿Eres Rey?” y por lo tanto si dice sí, atenta contra el César; conocemos la respuesta: “Soy Rey, pero mi reino no es de este mundo”, no corresponde al esquema político que tenemos en la cabeza.

Lo original de su Reino, es la soberanía absoluta de Dios sobre el mundo, la primera lectura de Isaías afirma: “Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios”.

Solemos caer en el error de pensar en un Dios que reina al estilo nuestro, con un esquema político, burocrático y en ocasiones militar, (¿Qué significa sino que el Papa sea jefe de Estado?). El reinado de Dios se ejerce en el interior de los corazones y mediante el ejercicio de la justicia es salvaguarda de los derechos del hombre.

En este tema tan complicado es necesario tener algunas ideas claras:

  • el Reino de Dios es más amplio que la Iglesia, pero esto no quiere decir que no haya una relación querida por Jesús entre la comunidad cristiana y el Reino. 
  • La Iglesia debe caracterizarse por la defensa de los derechos absolutamente inalienables del hombre, lo que llamamos los valores del Reino, (por ejemplo el derecho a la vida). En este sentido la Iglesia no está en contraposición con el Estado o la política, los dos buscan el bien de las personas. Esto exige, desde la honestidad y la sinceridad de corazón una actitud de constante búsqueda y autocrítica, mirar los “signos de los tiempos”: tanto a la Iglesia como al Estado o la política. 
  • Con el ejemplo anterior, defender la vida: es preocuparse por las leyes abortistas, por el 0,7% y el tercer mundo, apoyar económicamente a las familias, estar en contra de la pena de muerte…

Por mucho que lo digan ciertos voceros, nosotros somos ciudadanos y la fe no es algo de las sacristías o íntimo y privado, la Iglesia y los cristianos, desde la humildad, tienen derecho a decir en público lo que piensan sobre la organización y marcha de la vida. No tenemos todas las soluciones e incluso tantos defectos como otras instituciones, pero aportamos nuestro grano de arena, (Últimamente un buen ejemplo de ello es la Exhortación del Papa Francisco “La Alegría del Evangelio”).

La Iglesia puede prestar una gran contribución a la sociedad, nos lo recuerda el DOMUND, que se celebra en este domingo con el lema: “Renace la alegría” y tantos y tantos misioneros. No hay contraposición afirmamos que Dios y Jesús es el Señor y también nuestra pertenencia a un pueblo del que somos parte activa. Si le damos a la comunidad humana todo lo que le podemos dar, estamos seguros de que también se lo damos a Dios. Todo lo que se hace a favor de la justicia, es tarea a favor del Reino de Dios.

Fuente: ciudadredonda.org

martes, 24 de noviembre de 2015

Cristo Rey, por Hilari Raguer


Leían a Carlomagno el relato de la Pasión del Señor, y el emperador interrumpió la lectura diciendo: “¡Si hubiera estado yo allí con mis valientes soldados francos, Jesús no habría muerto!” El clérigo lector le contestó: “Entonces no estaríamos aún redimidos…”. Jesús recibió una doble sentencia de muerte: un tribunal judío lo condenó por considerarse Hijo de Dios y un tribunal romano por proclamarse rey.

Si ante los judíos se hubiese proclamado rey, no solo lo habrían absuelto sino que lo habrían reconocido como Mesías, tal como más de una vez habían intentado hacerlo. Si ante el tribunal romano se hubiese declarado Hijo de Dios, lo habrían absuelto por loco. Pero Jesús lo hizo todo al revés, se proclamó Hijo de Dios en el proceso judío y rey en el proceso político, y así ambos le condenaron a muerte.

El diálogo de Jesús ante Pilato según san Juan es de una gran riqueza doctrinal. Parece, a primera vista, que Jesús da una respuesta evasiva a la pregunta de si es el rey de los judíos: “¿Sale de ti, lo que me preguntas, o son otros los que te lo han dicho de mí?”. Pero es que la pregunta tenía un alcance muy distinto según de quien viniera.

En boca de los judíos, había que entenderla en el sentido religioso que tenían las profecías mesiánicas; en boca de Pilato, preguntaba por una soberanía política y militar, y en este sentido Jesús no era rey, y por esto precisa: “Mi realeza no es de este mundo”; si lo fuera, tendría un ejército que lo defendería. Ya en Getsemaní, cuando fue detenido, Jesús había dicho a Pedro, que trataba de defenderle con la espada: “¿Crees acaso que no podría yo pedir ayuda a mi Padre? Ahora mismo me enviaría más de doce legiones de ángeles”.

En cambio, en el sentido religioso sí que era rey. Por eso cuando Pilato insiste en preguntarle si es rey, Jesús responde que, en efecto, lo es, pero que su reino no es de este mundo y no consiste en conquistar pueblos por las armas e imponerles tributos, sino en dar testimonio de la verdad, y que sus súbditos no son tales por derecho de conquista, sino porque los que son de la verdad escuchan su voz. Su reino se extenderá por la fuerza de la verdad, no por la fuerza de legiones armadas. Jesús triunfa no matando sino muriendo, y sus apóstoles esparcen el evangelio por todo el mundo del mismo modo, dando testimonio de la verdad hasta la muerte.

Más de una vez ha caído la Iglesia (sobre todo en siglos pasados) en la tentación en entender el reino de Dios en aquella forma que Jesús rechazó expresamente ante Pilato y ha apelado a la fuerza de las armas para imponer el cristianismo. En tiempos más recientes, sin llegar a una contradicción tan flagrante, se ha caído en una tentación más sutil: confiar en el poder político y servirse del aparato del Estado y de sus recursos, en vez de poner la confianza en la fuerza del evangelio. El Vaticano II tuvo que recordar, tal como ya afirmaba la teología clásica, que la fe no puede ser auténtica si no es libre, y que por tanto no hay fe auténtica si no se respeta la libertad religiosa; no solo la nuestra, sino también la de los creyentes de otras religiones. El Papa Francisco, en Bolivia, pidió perdón por los crímenes de la conquista, aunque ésta fuera instrumento de la evangelización.

León XIII promulgó en 1882 la encíclica Cum multa tratando (sin éxito) de poner fin a las luchas entre los católicos españoles integristas y los liberales. Aquel Papa (el primero que afrontó valientemente el mundo contemporáneo salido de la Revolución francesa y repudió la secular alianza del trono y el altar) condenaba dos errores opuestos sobe el modo de entender la relación entre religión y política: el de los liberales, que las separaban totalmente, y el de los integristas, que las confundían. Dijo que así como hay que evitar el “impío error” de querer gobernar una nación sin tener en cuenta a Dios, “así también hay que huir de la equivocada opinión de los que mezclan y casi identifican la religión con un determinado partido político, hasta el punto de tener por separados del catolicismo a los que pertenecen a otro partido” (por eso los integristas llamaban “mestizos” a los católicos liberales).

Que el reino de Cristo no sea de este mundo no significa que no tenga nada que ver con él. Contra una espiritualidad desencarnada, el Magisterio de la Iglesia enseña que el cristianismo, además de transformar las personas, ha de redundar en la sociedad humana y en sus estructuras e instituciones. Tal es el sentido específico de la solemnidad de Cristo Rey, instituida por Pío XI (el Papa de la Acción Católica) en 1925.

Sin recaer en la tentación medieval de pretender un poder político directo o indirecto (las tres coronas de la tiara pontificia querían simbolizar su potestad espiritual directa sobre la Iglesia, la también directa sobre los estados pontificios y la indirecta sobre todos los reinos y estados), Pío XI proclamaba con esta fiesta que los cristianos no se han de encerrar en una concepción individualista y meramente espiritualista de la religión, sino que tienen el deber de contribuir a reformar la sociedad a fin de que se vuelva más justa, fraterna y solidaria, tal como ha explicado el Magisterio más reciente en encíclicas y otros documentos. Es lo que se ha llamado el “reinado social” de Cristo.

El magnífico prefacio de esta fiesta precisa muy bien a qué nivel se sitúa el Reino de Cristo: “Reino de verdad y de vida, Reino de santidad y de gracia, Reino de justicia, de amor y de paz”. He aquí los cuatro grandes valores que Juan XXIII, en su inmortal encíclica Pacem in terris, propuso a los cristianos, y también “a todos los hombres de buena voluntad”, como condición para alcanzar la verdadera paz: verdad, justicia, libertad y (sobre todo) amor.



SOBRE EL AUTOR: Hilari Raguer nació en Madrid en 1928 de padres catalanes que regresaron a Barcelona en 1929. Licenciado en Derecho en la Universidad de Barcelona el 1950. Siendo estudiante perteneció al Grup Torras i Bages, de universitarios católicos, nacionalistas y antifranquistas, al que pertenecieron los que más tarde serían líderes políticos Jordi Pujol y Joan Reventós. Fue detenido en la huelga de tranvías de 1951 y estuvo preso en el castillo de Montjuïc siete meses y medio. En 1954 ingresó en el monasterio de Montserrat, donde fue ordenado sacerdote en 1960. En Montserrat ha sido profesor de Sagrada Escritura, Historia contemporánea de la Iglesia y otras materias. Estuvo en el monasterio benedictino de Envigado-Medellín (Colombia) en 1962-1964 y allí fue maestro de novicios, profesor de Sagrada Escritura y de Liturgia en el Seminario Mayor, en la Facultad de Teología de la Universidad Bolivariana y en el Instituto de Liturgia Pastoral del CELAM, así como encargado del Secretariado Nacional de Liturgia de Colombia. Es miembro del equipo internacional , dirigido por Giuseppe Alberigo, que ha editado una historia monumental del Concilio Vaticano II en cinco volúmenes.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Juan 18,28-40: Jesús ante Pilato

Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Año B (Jn 18,33b-37)

Jesús ante Pilato
Mt 27,1-2.11-14; Mc 15,1-5; Lc 23,1-7

18:28 Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de Pascua.
18:29 Pilato salió a donde estaban ellos y les preguntó: "¿Qué acusación traen contra este hombre?" Ellos respondieron:
18:30 "Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado".
18:31 Pilato les dijo: "Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la Ley que tienen". Los judíos le dijeron: "A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie".
18:32 Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir.
18:33 Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?"

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús:
— ¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le contestó:
— ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
Pilato replicó:
— ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?
Jesús le contestó:
— Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Pilato le dijo:
— Conque, ¿tú eres rey?
Jesús le contestó:
— Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.

18:38 Pilato le preguntó: "¿Qué es la verdad?" Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo: "Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo.
18:39 Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?"
18:40 Ellos comenzaron a gritar, diciendo: "¡A él no, a Barrabás!" Barrabás era un bandido.

COMENTARIOS:

Claves de lectura
Cristo Rey en la liturgia y el arte cristianos
Francisco González, SF.
Imágenes de Cristo Rey 
José Antonio Pagola
Julio César Rioja
Monumentos a Cristo Rey   

Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, Año B, por Julio César Rioja

Daniel 7,13-14
Salmo 92,1-2.5
Apocalipsis 1,5-8
Juan 18,33b-37

Daniel 7,13-14

Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Salmo 92,1-2.5: El Señor reina, vestido de majestad

El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Apocalipsis 1,5-8

Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Mirad: Él viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa. Sí. Amén. Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso.»

Juan 18,33b-37

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús:
— ¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le contestó:
— ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
Pilato replicó:
— ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?
Jesús le contestó:
— Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Pilato le dijo:
— Conque, ¿tú eres rey?
Jesús le contestó:
— Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.

— Comentario por  Julio César Rioja, cmf

Acabamos el año litúrgico y la Iglesia nos invita a hacer un resumen de todo este tiempo, proclamando a Jesucristo como Rey, el centro de nuestra fe. Es verdad que en Viernes Santo, en la Pascua, en la Ascensión y sobre todo en cada Eucaristía, sentimos a Jesús como el Señor de nuestra vida. Pero hoy queremos evidenciar que él es el que da sentido a la historia, el universo, la comunidad y nuestra propia existencia.

Jesús no es un rey, ni tiene poder político, no es un escriba, ni un sacerdote. Lo suyo no es enseñar una doctrina religiosa, ni explicar la ley de Dios, ni asegurar el culto de Israel. Es un profeta itinerante de Galilea, que anuncia un acontecimiento, algo que está ocurriendo y que pide ser escuchado y atendido, pues lo puede cambiar todo. Él lo está experimentando e invita a todos a compartir esta experiencia.

Dios está tratando de introducirse en la historia humana. Hay que cambiar y vivirlo todo de manera diferente: “El Reino está cerca. Cambiad de manera de pensar y creed en esa Buena Noticia”. A esto Jesús lo llamó el Reino de Dios y es el corazón de su mensaje y la pasión que animó toda su vida. Este es el sentido del Reino.

Pero esto no lo entiende Pilato, ni nosotros aún hoy, el se resistió siempre a ser proclamado rey por sus partidarios y les exigirá a los apóstoles que no sean como los reyes y gobernantes, que hacen sentir su autoridad, sino que se comporten como los servidores de todos. El cartel de la cruz INRI (Jesús Nazareno, rey de los judíos), es una ironía. Podemos decir que su reino es la vida tal como la quiere construir Dios. Y a nosotros nos parece más importante, saber que hemos de pensar de Dios, cómo cumplir sus mandatos, cómo ofrecerle un culto agradable. Jesús, por su parte, sólo buscaba una cosa: que hubiera en la tierra hombres y mujeres, que comenzaran a actuar como actúa Dios. ¿Cómo sería la vida, si la gente, el mundo, el universo, la historia se pareciera más a como Dios la imagino y creo?

Jesús le confirma a Pilato que su reinado es de otro estilo: “Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos”. Por lo tanto, Jesús es rey, pues: “Para esto he nacido y para esto he venido al mundo”. Pero la palabra “rey” tiene en sus labios un significado completamente distinto. En efecto, para él ser rey significa: “Dar testimonio de la verdad”. Y sus súbditos son quienes escuchan su palabra de verdad, la Verdad del Padre.

A partir de este rey coronado de espinas, burlado por los soldados y asesinado en una cruz de esclavos. No nos avergoncemos de un Cristo perseguido y muerto por ser testigo de la Verdad: “la Verdad nos hará libres”. “Todo el que es de la Verdad, escucha mi voz”, el que con corazón sincero mira a este rey tan singular y acepta su camino de humildad y renuncia, pertenece a su reino. “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura”, cuanto entretenimiento en las añadiduras, en pensar que el reino lo acaparamos nosotros, o la Iglesia. El reino es universal, consiste en la soberanía del amor y engendra una nueva raza de hombres basada en la misericordia y la compasión.

Este es también el resumen, de todas las homilías que os he ido transmitiendo durante todo este ciclo litúrgico, algunos han podido pensar que recurrir al reino es escaparse, pero si lo miráis bien es mucho más exigente.

Celebremos este domingo con sencillez, sabiendo que el amor vencerá sobre el odio, la paz a la guerra, la humildad sobre el orgullo, el servicio fraterno sobre el individualismo. Y recemos con la segunda lectura del Apocalipsis: “A Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. A aquel que nos amó, nos ha liberado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre, a Él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén”.

Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, Año B, por José Antonio Pagola

Daniel 7,13-14
Salmo 92,1-2.5
Apocalipsis 1,5-8
Juan 18,33b-37

Daniel 7,13-14

Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Salmo 92,1-2.5: El Señor reina, vestido de majestad

El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Apocalipsis 1,5-8

Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Mirad: Él viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa. Sí. Amén. Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso.»

Juan 18,33b-37

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús:
— ¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le contestó:
— ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
Pilato replicó:
— ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?
Jesús le contestó:
— Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Pilato le dijo:
— Conque, ¿tú eres rey?
Jesús le contestó:
— Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.

Comentario por por José Antonio Pagola:
Examen ante el testigo de la verdad

Dentro del proceso en el que se va a decidir la ejecución de Jesús, el evangelio de Juan ofrece un sorprendente diálogo privado entre Pilato, representante del imperio más poderoso de la Tierra y Jesús, un reo maniatado que se presenta como testigo de la verdad.

Precisamente Pilato quiere, al parecer, saber la verdad que se encierra en aquel extraño personaje que tiene ante su trono: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús va a responder exponiendo su verdad en dos afirmaciones fundamentales, muy queridas al evangelista Juan.

«Mi reino no es de este mundo». Jesús no es rey al estilo que Pilato puede imaginar. No pretende ocupar el trono de Israel ni disputar a Tiberio su poder imperial. Jesús no pertenece a ese sistema en el que se mueve el prefecto de Roma, sostenido por la injusticia y la mentira. No se apoya en la fuerza de las armas. Tiene un fundamento completamente diferente. Su realeza proviene del amor de Dios al mundo.

Pero añade a continuación algo muy importante: «Soy rey... y he venido al mundo para ser testigo de la verdad». Es en este mundo donde quiere ejercer su realeza, pero de una forma sorprendente. No viene a gobernar como Tiberio sino a ser «testigo de la verdad» introduciendo el amor y la justicia de Dios en la historia humana.

Esta verdad que Jesús trae consigo no es una doctrina teórica. Es una llamada que puede transformar la vida de las personas. Lo había dicho Jesús: «Si os mantenéis fieles a mi Palabra... conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ser fieles al Evangelio de Jesús es una experiencia única pues lleva a conocer una verdad liberadora, capaz de hacer nuestra vida más humana.

Jesucristo es la única verdad de la que nos está permitido vivir a los cristianos.

¿No necesitamos en la Iglesia de Jesús hacer un examen de conciencia colectivo ante el «Testigo de la Verdad»?
¿Atrevernos a discernir con humildad qué hay de verdad y qué hay de mentira en nuestro seguimiento a Jesús?
¿Dónde hay verdad liberadora y dónde mentira que nos esclaviza?
¿No necesitamos dar pasos hacia mayores niveles de verdad humana y evangélica en nuestras vidas, nuestras comunidades y nuestras instituciones?

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY DEL UNIVERSO, B, por Mons. Francisco González, SF.

Daniel 7,13-14
Salmo 92,1-2.5
Apocalipsis 1,5-8
Juan 18,33b-37

Daniel 7,13-14

Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Salmo 92,1-2.5: El Señor reina, vestido de majestad

El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Apocalipsis 1,5-8

Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Mirad: Él viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa. Sí. Amén. Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso.»

Juan 18,33b-37

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús:
— ¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le contestó:
— ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
Pilato replicó:
— ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?
Jesús le contestó:
— Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Pilato le dijo:
— Conque, ¿tú eres rey?
Jesús le contestó:
— Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.

Celebramos este domingo la fiesta de "Jesucristo, Rey del universo". Con esta celebración damos por terminado el año litúrgico. El próximo domingo daremos comienzo al Adviento como preparación para la Fiesta de Navidad.

Jesús, Rey del universo. Si aceptamos que Cristo es Rey, será porque tiene un reino, a no ser, que esté en el exilio y su Reino ya no lo acepta como jefe. Hermano/a creo que debemos hacernos unas preguntas, aunque sólo sea por curiosidad: ¿Es Jesús un Rey en el exilio? y si está exilado, ¿por qué lo echaron?

En la primera lectura leemos sobre la visión que el profeta Daniel ha tenido: "...a éste, como un hijo de hombre, se acerca al anciano, y recibe poder, honor y reino. Su poder nunca pasará y su reino jamás será destruido" (Dn 7,13-14).

Jesús en el evangelio, al final del diálogo que tiene con Pilato dice: "Tú lo has dicho: Yo soy rey", pero Rey muy diferente de lo que Pilato creía. En vista a lo que podemos ofrecer en este corto espacio, me gustaría recordarte hermano/a ese rey, cuyo trono es una cruz, sus púrpuras son la sangre que lo cubre y los morados que tiene en todo su cuerpo. Su diadema real, que como rey tiene derecho a llevar, es en su caso muy distinta de la que otros reyes se colocan.

Verdaderamente ese "reino que jamás será destruido" y "ese poder que nunca pasará" cuando miramos a nuestra sociedad, con una superabundancia de cristianos, da la impresión que el "poder del Rey del Universo no es tan aparente como se pensaba y el reino no está tan fuerte como se decía".

¿Por qué me atrevo a decir semejante cosa? Porque mientras los seguidores de Cristo sigamos oprimiendo a otros, mientras sigamos defendiendo sistemas que no trabajan por la paz y la dignidad del ser humano, mientras los discípulos del Maestro no se comprometan con la fraternidad entre los pueblos, mientras permitamos la existencia de "judas modernos" que siguen vendiendo al hermano, parece como si quisiéramos mantener a nuestro Rey en el exilio.

Sin embargo, no hay por qué tener miedo. El Reino está muy bien asegurado, pero nosotros deberíamos hacerlo más visible aceptando ser verdaderos ciudadanos del mismo, evitando todo lo que sea pecado, para que todo ese torrente de gracia que nos consiguió Jesús en la cruz, haga de nosotros "un Reino y Sacerdotes de Dios, su Padre" y así todos al unísono, proclamemos: "A él la Gloria y el Poder por los siglos de los siglos". (2º lectura).

La Iglesia, nosotros, no puede callar ante la injusticia, ocurra donde ocurra. Alguien tiene que hablar del Reino de Dios, y no debemos tener miedo ante la oposición y la burla. Cristo se enfrentó a Pilato, el hombre del poder. Nuestro miedo y vergüenza será cuando nuestro discurso y nuestra vida no vayan de acuerdo.

El Reino de Dios tiene una ley: la del amor. El Reino de Dios tiene un signo: la Cruz. El Reino de Dios tiene un estilo de vida: servir a los demás. El Reino de Dios tiene un programa: las bienaventuranzas. El Reino de Dios tiene un sistema de trabajo: en comunidad. El Reino de Dios tiene un Rey: Jesús, nuestro hermano y Señor. El Reino de Dios tiene una fiesta: La Eucaristía.

Solemnidad de Cristo Rey del Universo, B (Lecturas)

Daniel 7,13-14
Salmo 92,1-2.5
Apocalipsis 1,5-8
Juan 18,33b-37

Daniel 7,13-14

Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Salmo 92,1-2.5: El Señor reina, vestido de majestad

El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.
R. El Señor reina, vestido de majestad

Apocalipsis 1,5-8

Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Mirad: Él viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa. Sí. Amén. Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso.»

Juan 18,33b-37   

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús:
— ¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le contestó:
— ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
Pilato replicó:
— ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?
Jesús le contestó:
— Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Pilato le dijo:
— Conque, ¿tú eres rey?
Jesús le contestó:
— Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Solemnidad de Cristo Rey: La manera de reinar de Jesús (Mt 25:31-46), por Jesús Rafael Ruz Villamil, SM


Uno de los problemas que se plantean al leer y reflexionar sobre algunos textos del Nuevo Testamento en general, y de los Evangelios en particular, es su carácter escatológico. Y dado que, grosso modo, por escatología se entiende todo aquello que se refiere a la vida de después de la muerte, cuando los textos de índole escatológica se toman de manera literal y restrictiva, pierden algo de la potencia propia del Evangelio para inspirar una praxis cristiana actual.

Jesús de Nazaret participa del pensamiento escatológico propio de su tiempo —teñido de rasgos apocalípticos, esto es, de una visión de futuro que supone la destrucción del orden actual—, y habla en clave escatológica, tal y como lo recuerdan los Evangelios.

En tanto que hombre de su tiempo y su cultura, Jesús vive junto con sus contemporáneos la tensión de la expectativa de futuro del Reino de Dios que él mismo anuncia, aunque la escatología no se limita tanto al futuro como porvenir, cuanto a lo definitivo, a la realidad definitiva que hace el futuro, de alguna manera ya presente (cf. E. Schillebeeckx, Jesús. Historia de un viviente, Madrid 1981).

Tomando en cuenta lo anterior el texto que me ocupa, conocido como el "Juicio final", cobra una dimensión particularmente interesante.

Para remitir a un juicio, el texto abre con una imagen tomada de la vida rural propia de la Palestina del siglo I donde los rebaños mixtos —de ovejas y cabras— son separados durante la noche por el pastor pues las cabras necesitan más abrigo que la ovejas, que por cierto y de color blanco son animales más valiosos que las cabras de color negro (cf. J. Jeremias, Las parábolas de Jesús, Estella 1997).

Ahora bien, el pastor que juzga es caracterizado —de manera insólita— como Hijo del hombre, como Rey, como Señor e, implícitamente, como Juez.

La primera referencia —Hijo de hombre— es una cuestión harto discutida por los exegetas: algunos consideran que por hijo de hombre hay que entender meramente un pronombre personal, tal como viene en Ezequiel (2,1-8), aunque otros piensan en una referencia mesiánica derivada del libro de Daniel: "… vi venir sobre las nubes del cielo alguien parecido a hijo de hombre […] Le dieron poder, honor y reino y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su reino no será destruido." (Dn 7,13-14). Al menos en el texto en cuestión, hay que pensar en ésta última referencia (cf. H. Balz, G. Schneider, Diccionario exegético del Nuevo Testamento, Salamanca 1998).

En el Antiguo Testamento el término Rey corresponde de forma privilegiada a Yahvé en cuanto que Israel, a diferencia de las demás naciones, es propiedad de Dios, y, sí bien en un momento de su historia surge la institución monárquica, el rey es considerado como un mero lugarteniente de Yahvé.

En cuanto a Jesús de Nazaret, en el arco de su historia, fuera de la intentona de proclamarlo rey —según recuerda el Cuarto Evangelio (Jn 6,14-15)—, es solamente en el contexto de la pasión donde es relacionado con tal título. A la condición real, tanto en su acepción teológica como sociológica, viene asociada la calidad de juez: corresponde al Rey la potestad suprema de juzgar. Por último y en el mismo rango, el término Señor designa a "una persona que tiene control o dominio sobre otra persona o sobre una cosa, y además tiene autoridad para decidir" (así H. Balz, G. Schneider, op. cit.).

Pues bien, sobra apuntar que tanto Hijo de hombre como Rey, Señor y Juez son conceptos que, tanto en el contexto de la Escritura como en el texto en cuestión, conllevan gloria de por sí, entendida ésta como esplendor de poder pero, también y sobre todo, como reputación y honor manifestado en público.

Resulta, entonces, sorprendente que el elemento central y decisivo del juicio venga a ser la identificación del juez revestido de atributos de honor en grado sumo con aquéllos que, por su condición, resultan ser paradigmas de vergüenza: hambrientos y sedientos, deslocalizados sin casa, desharrapados, enfermos abandonados y encarcelados olvidados.

Que ésta identificación resulta inusitada se desprende del asombro de los comparecientes que —ya hayan auxiliado a los desgraciados con los que el juzgador se identifica, ya hayan omitido cualquier atención para con ellos— se muestran sorprendidos de encontrar su destino definitivo por la fraternidad ejercida o negada con quienes la sociedad de entonces y de ahora considera, en el mejor de los casos, objetos de buenas obras. Y nada más.

Es así que, más que invertir el código de honor-vergüenza vigente en su tiempo, Jesús de Nazaret propone una genuina subversión de las categorías socioeconómicas que van más allá de la igualdad y que tienen pretensión de universalidad: ante Jesucristo Rey se presentan "todas las naciones", esto es, todos los hombres de todos los tiempos.

Esta es, pues, la manera de reinar de Jesús de Nazaret que, por cierto, no ha de resultar extraña a sus discípulos: "Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado". (Mt 10,40).

Esta es la forma que Jesús de Nazaret entiende la praxis relacionada con el Reino de Dios: en contraste con las obras espectaculares —"Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?' Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’" (7,22)—, la fraternidad universal e igualitaria ejercida en la discreción de la cotidianidad.

Fuente: www.jesusdenazaret.info

viernes, 18 de noviembre de 2011

Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, por Mons. Francisco Gonzalez, S.F.

Ezequiel 34,11-12.15-17
Salmo 22,1-6
1 Corintios 15,20-26a.28
Mateo 25,31-46


Celebramos este domingo la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Con esta celebración cerramos el calendario litúrgico. El próximo domingo daremos comienzo al nuevo año con el primer domingo de Adviento.

En la primera lectura el profeta Ezequiel nos habla de los pastores. Su ministerio parece estar dividido en dos etapas. En la primera vemos que el pueblo se siente autosuficiente, ha puesto su confianza en los seres humanos y por eso el profeta les critica duramente. En la segunda parte de su ministerio, el pueblo en pleno destierro está en lo más bajo de su estado anímico y el profeta les habla que Dios, el verdadero pastor les salvará.

En este capítulo 34, que conviene leerlo completo para entender mejor el corto pasaje que hoy nos presenta la liturgia, encontramos las quejas de Dios contra los pastores. El profeta les recuerda que han abusado de las ovejas, que "no las fortalecen, no curan a las enfermas, ni vendan a las heridas, ni recogen a las descarriadas, ni buscan a las perdidas y maltratan brutalmente a las fuertes". Pero ahora (lectura primera) el Señor va a hacer todo lo contrario a lo que hicieron los pastores del pueblo, él "buscará a las perdidas, las librará de los nubarrones y pedregales, las apacentará, vendará sus heridas y las curará de las enfermedades".

Hoy, cuando tanto pastores como líderes seglares en la Iglesia estamos tratando de "desarrollar pastorales para la nueva evangelización", tal vez sería bueno no tratar de inventar de nuevo la rueda, y pasar a la acción. La última frase de la primera lectura de hoy dice: "He aquí que yo (Dios es el que habla) voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío".

Una verdad muy clara: Seremos juzgados. El Rey del Universo nos juzgará (evangelio de hoy), y nos juzgará de acuerdo a nuestras acciones hacia las ovejas (los demás): ¿Hemos compartido nuestras posesiones con los necesitados? ¿Nos hemos dado a los necesitados?

La fórmula bien clara para entrar en el Reino de Dios es la práctica del amor. Jesús proclama el señorío del amor al prójimo, principalmente al prójimo marginado. Nuestra proximidad al Rey del Universo depende de nuestro amor a los hambrientos, sedientos, desnudos, forasteros, enfermos, encarcelados y todos esos hermanos y hermanas que no son admitidos en nuestra sociedad por causa del color de su piel, por su acento, por su pasaporte, por padecer del SIDA, por su orientación sexual, por tantas y tantas otras razones que no nos dejan ser familia.

Desde hace unos años estamos repitiendo una frase que suena muy bonita: "Opción preferencial por los pobres". ¿Qué hemos hecho con esa frase? ¿Le quitamos el polvo para usarla con brillantez en sermones, documentos y discursos o está dando vida a nuestra vida cristiana?

Hace muchos años un cardenal, ya retirado, en su autobiografía publicó que se describe a sí mismo como "el pecador de pecadores" pues, según contaba él mismo: "Como sacerdote, yo deseaba vivir entre los pobres…pero mi posición como obispo estaba muy lejos de ellos".

"Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección" (2º lectura), y Cristo es el que nos llevará a la vida eterna. Él es el Juez, pero también la Gracia que nos reta, guía y ayuda a ser hermano del más necesitado.

"El Señor es mi pastor, nada me falta". (Sal. 22)