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domingo, 6 de enero de 2019

Actitudes muy diferentes, por José Antonio Pagola


Ante Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos paganos que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro.

Los magos no pertenecen al pueblo elegido. No conocen al Dios vivo de Israel. Nada sabemos de su religión ni de su pueblo de origen. Solo que viven atentos al misterio que se encierra en el cosmos. Su corazón busca verdad.

En algún momento creen ver una pequeña luz que apunta hacia un Salvador. Necesitan saber quién es y dónde está. Rápidamente se ponen en camino. No conocen el itinerario preciso que han de seguir, pero en su interior arde la esperanza de encontrar una Luz para el mundo.

Su llegada a la ciudad santa de Jerusalén provoca el sobresalto general. Convocado por Herodes, se reúne el gran Consejo de "los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo". Su actuación es decepcionante. Son los guardianes de la verdadera religión, pero no buscan la verdad. Representan al Dios del Templo, pero viven sordos a su llamada.

Su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde ha de nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su Misterio es más grande que todas las religiones, y que tiene sus caminos para encontrarse con sus hijos e hijas. Nunca reconocerán a Jesús.

El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible por eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede "crucificar" a quien trae liberación.

Mientras tanto, los magos prosiguen su búsqueda. No caen de rodillas ante Herodes: no encuentran en él nada digno de adoración. No entran en el Templo grandioso de Jerusalén: tienen prohibido el acceso: La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder.

Al llegar, lo único que ven es al "niño con María, su madre". Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración.

El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida.

+ SOBRE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR  

"Cuando alguien encuentra a Jesús, cambia de camino, como hicieron los Reyes Magos"


La solemnidad de la Epifanía del Señor "es la fiesta de la manifestación de Jesús, simbolizada por la luz", dijo el Papa antes de rezar el Angelus de este domingo 6 de enero en la Plaza de San Pedro, en Roma.

La promesa de la luz que hace Isaías (60,1) al pueblo elegido justo tras pasar sus momentos más difíciles se nos aplica también a nosotros en el tiempo de Navidad, que "nos anima a dejarnos alcanzar por la luz de Belén" y así "recorrer con una nueva vida nuestro camino de hombres y de creyentes". Porque esa luz anunciada por el profeta "se encuentra en el Evangelio", pues Jesús "a venido a traer la salvación a próximos y alejados, a todos".

Recordó Francisco que también las Escrituras muestran, como es el caso de Herodes o de los escribas de Jerusalén, a personas "que tienen un corazón duro que se obceca y rechaza la visita de aquel Niño". "Es una posibilidad, cerrarse a la luz", añadió, como en nuestros días todos aquellos que "tienen miedo de la venida de Jesús y cierran su corazón a los hermanos que tienen necesidad de ayuda".

Todo lo contrario que los Reyes Magos, que afrontan "un viaje largo y arriesgado para llegar a la meta y conocer la verdad sobre el Mesías", "la mayor y más sorprendente novedad de la historia: Dios hecho hombre".

Porque "buscar al Señor", dijo el Papa, "implica no solamente perseverar en el camino, sino también generosidad del corazón". Como cuentan los Evangelios, los Reyes Magos regresaron a su casa "por otro camino", y esto también es una lección: "Queridos hermanos, cada vez que un hombre o una mujer encuentra a Jesús, cambia de camino, vuelve a la vida de modo diferente, regresa renovado, 'por otro camino'". Como aquellos sabios de Oriente, "llevando dentro de sí el misterio de aquel Rey humilde y pobre; podemos imaginar que contaron a todos la experiencia vivida: la salvación ofrecida por Dios en Cristo es para todos los hombres cercanos o lejanos. No es posible 'apropiarse' de ese Niño: Él es un don para todos".

Francisco concluyó pidiendo que "hagamos un poco de silencio en nuestro corazón" y "no permitamos que nuestros miedos cierren nuestro corazón", sino que, al contrario, "tengamos el coraje de abrirnos a esta luz suave y discreta".

+ SOBRE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR  

sábado, 5 de enero de 2019

EPIFANÍA DEL SEÑOR (Lecturas)

Misa de la Solemnidad (blanco)
Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.

Isaias 60,1-6
Salmo 71 “Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los reyes de la tierra”
Efesios 3,2-3,5-6
Mateo 2,1-12

Isaias 60,1-6

¡Levántate y resplandece, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Es verdad que la tierra está cubierta de tinieblas y los pueblos de oscuridad, pero sobre ti amanece el Señor y se manifiesta su gloria. A tu luz caminarán los pueblos, y los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta los ojos y mira a tu alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Al ver esto te pondrás radiante, palpitará y se emocionará tu corazón, porque derramarán sobre ti los tesoros del mar y te traerán las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos y dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.

Salmo 71: Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra

Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra


Efesios 3,2-6

Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este misterio, que no fue manifestado a los hombres de otras generaciones y que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: un plan que consiste en que todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros del mismo cuerpo y participan de la misma promesa en Jesucristo, por medio del Evangelio.



Jesús nació en Belén de Judá en tiempo del rey Herodes. Por entonces, Magos de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo». Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y todo Jerusalén con él; entonces convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel». Entonces, Herodes llamó en secreto a los Magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén con este encargo: «Vayan y averigüen cuidadosamente sobre ese niño; y, cuando lo encuentren, avísenme para ir yo también a adorarlo». Después de oír al rey, los Magos se pusieron en camino, y la estrella que habían visto en oriente los guió hasta que llegó y se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra. Y advertidos en sueños de que no volvieran donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

martes, 5 de enero de 2016

Mateo 2,1-12: "¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer?"

Mateo 2,1-12
6 de enero: Epifania del Señor

Jesús nació en Belén de Judá en tiempo del rey Herodes. Por entonces, Magos de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo».Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y todo Jerusalén con él; entonces convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel».Entonces, Herodes llamó en secreto a los Magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén con este encargo: «Vayan y averigüen cuidadosamente sobre ese niño; y, cuando lo encuentren, avísenme para ir yo también a adorarlo».Después de oír al rey, los Magos se pusieron en camino, y la estrella que habían visto en oriente los guió hasta que llegó y se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra. Y advertidos en sueños de que no volvieran donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Lecturas

lunes, 6 de enero de 2014

De las reliquias de los Reyes Magos en la Catedral de Colonia, por Luis Antequera

RETABLO DE LA ADORACIÓN DE LOS REYES
Stefan Lochner
Catedral de Colonia, Alemania

La historia comienza en la famosa expedición a Tierra Santa de Santa Elena, la madre cristiana del Emperador Constantino, en busca de las primeras reliquias del cristianismo. No se conocen bien los pormenores, pero el hecho es que las de los Magos de Oriente que visitaron a Jesús en Belén, se dan por aparecidas en la ciudad de Saba, desde donde se trasladan a la capital imperial, entonces Constantinopla. Allí permanecerán unos tres siglos, hasta que el obispo San Eustorgio las traslada a Milán, emplazándolas en la iglesia que será conocida como de San Eustorgio.

E1 1164, el Emperador Federico Barbarroja, después de saquear la gran ciudad del norte de Italia, accede a la petición de Reinaldo de Dassel, obispo de Colonia, y envía las reliquias a la ciudad de su diócesis.

Hacia 1181, el orfebre Nicolás de Verdún empieza a trabajar en la que será la gran obra de su vida, el Dreikönigsschrein o Relicario de los Tres Reyes, una pieza de orfebrería realizada en oro macizo, esmaltes y joyas, de incalculable valor, decorada con escenas bíblicas, tanto vetero como neotestamentarias, entre las cuales, naturalmente, la adoración de los Magos de Oriente que, como se sabe (pinche aquí si le interesa el tema), recoge Mateo y sólo Mateo (ver Mt. 2, 1-12), y de proporciones gigantescas: 2,20 metros de largo, 1,10 de ancho, 1,50 de alto y 350 kilos de peso. Nicolás trabaja en él más de veinticinco años, hasta su muerte en 1205, aunque aún han de pasar otros veinte años hasta estar completamente finalizado.

Dreikönigsschrein o Relicario de los Tres Reyes
Nicolás dde Verdún
Catedral de Colonia, Alemania

En 1199, el también emperador Otón IV dona las tres coronas de oro que destinadas a los Magos de Oriente figuran hoy en el escudo de armas de la ciudad, y en 1248 comienzan las obras de la magnífica Catedral de Colonia, una de las más excelsas manifestaciones del gótico, para albergar las reliquias, que quedan emplazadas detrás del altar. No ha de ser el único tributo que rinda la catedral a los entrañables Reyes Magos, cuya presencia rezuma por todos sus rincones: así la maravillosa vidriera y el increíble retablo de “La adoración de los Reyes”, de Stephan Lochner.

Fuente: Religionenlibertad.com

domingo, 5 de enero de 2014

¿Quiénes son los Reyes Magos?, por Emilio Chuvieco Salinero


Un amigo me envió hace unos meses una explicación bastante razonable de quiénes son los Reyes Magos, que espero sea útil para algunos padres que tienen que contar a sus hijos el significado último de estos amables personajes:

Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle  como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el  colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
– ¿Papa?
– Sí, hija, cuéntame
– Oye, quiero... que me digas la verdad
– Claro, hija. Siempre te la digo – respondió el padre un poco sorprendido  
– Es que... – titubeó Cristina
– Dime, hija, dime.
– Papá, ¿existen los Reyes Magos? – El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido  como el suyo que le miraba igualmente.
– Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?– La  nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y  tragando saliva le dijo:
– ¿Y tú qué crees, hija?
– Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
– Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos  pero....
– ¿Entonces es verdad? – cortó la niña con los ojos humedecidos–. ¡Me habéis  engañado!
– No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen – respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina.
– Entonces no lo entiendo, papá.
– Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla – dijo el padre, mientras  señalaba con la mano el asiento a su lado.    Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:   – Cuando  el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan  feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
– ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos  los niños del mundo y ver lo felices que serían.
– ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar–. Es una buena idea, pero es muy difícil de  hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo. Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
– Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el  mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los  tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su  deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
– Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
– ¡Oh, Señor! – dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener  tantos pajes, no existen tantos.
– No os preocupéis por eso – dijo Dios–. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
– ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? –dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.
– Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? – preguntó Dios.
– Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.  
– Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?  
– Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje –respondieron cada vez más  entusiasmados los tres.
– Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando  la voz de nuevo se volvió a oír:
– Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en  vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus  hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus  padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se  levantó y dando un beso a sus padres dijo:
– Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado. Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano  mientras decía:
– No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero. Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.

Fuente: Religionenlibertad.com

sábado, 4 de enero de 2014

EPIFANÍA DEL SEÑOR, por Mons. Francisco González, S.F.

Isaias 60,1-6
Salmo 71 “Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los reyes de la tierra”
Efesios 3,2-3,5-6
Mateo 2,1-12

Isaias 60,1-6

¡Levántate y resplandece, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Es verdad que la tierra está cubierta de tinieblas y los pueblos de oscuridad, pero sobre ti amanece el Señor y se manifiesta su gloria. A tu luz caminarán los pueblos, y los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta los ojos y mira a tu alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Al ver esto te pondrás radiante, palpitará y se emocionará tu corazón, porque derramarán sobre ti los tesoros del mar y te traerán las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos y dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.

Salmo 7: Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra

Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra

Efesios 3,2-6

Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este misterio, que no fue manifestado a los hombres de otras generaciones y que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: un plan que consiste en que todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros del mismo cuerpo y participan de la misma promesa en Jesucristo, por medio del Evangelio.

Mateo 2,1-12

Jesús nació en Belén de Judá en tiempo del rey Herodes. Por entonces, Magos de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo».Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y todo Jerusalén con él; entonces convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel».Entonces, Herodes llamó en secreto a los Magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén con este encargo: «Vayan y averigüen cuidadosamente sobre ese niño; y, cuando lo encuentren, avísenme para ir yo también a adorarlo».Después de oír al rey, los Magos se pusieron en camino, y la estrella que habían visto en oriente los guió hasta que llegó y se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra. Y advertidos en sueños de que no volvieran donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

— Comentario de Mons. Francisco González, SF.

En Estados Unidos este domingo es la fiesta de los Reyes Magos, como decimos en muchos de nuestros países. Los libros litúrgicos la llaman por otro nombre: La Epifanía del Señor.

Epifanía o manifestación, cualquiera de las dos se pueden aplicar a esta celebración del primer domingo del año después del primero de enero. Esta es una de esas fiestas bonitas cuando el corazón humano nos reclama obrar de una forma generosa, compartiendo lo que uno tiene, e incluso, de lo que nos hace falta, para que otros puedan disfrutar un poco.

El gran regalo de Dios a la humanidad es su Hijo Jesucristo. Este Jesucristo, recién nacido, fue el objeto de la búsqueda de unos sabios de Oriente, Reyes Magos, que habiendo visto una luz extraordinaria, la estrella, y emprendieron viaje para ver a dónde les conduciría. Tal vez sus corazones no estaban satisfechos con las riquezas que les daban sus reinos, ni la seguridad que les proporcionaban sus soldados, ni la alegría de las fiestas de palacio. Sus almas, sus espíritus, buscaban algo más y, por eso, emprendieron “el camino”. Tal vez fue un camino largo, posiblemente difícil, y sin duda, peligroso.

Ellos caminaban y seguían buscando porque anhelaban algo que valía más que los tesoros que llevaban. Ellos tenían ilusión por algo más.

La “ilusión” parece ser una virtud en peligro de extinción. Lo sabemos todo, o creemos saberlo todo. Lo controlamos todo, o por lo menos, nos gustaría controlar todo. No nos gustan las sorpresas. La abundancia de regalos que damos a los niños les quita la ilusión. Cuando terminan de abrir todos esos paquetes dan la impresión de estar más cansados que ilusionados. Hay gente que se olvida que la vida es algo más que todo eso que se puede comprar y controlar. La vida es bastante más que lo que nos entra por los sentidos. Cuando buscamos la felicidad en lo que se puede ver y palpar, no vamos a quedar muy satisfechos y, peor aún, si con eso ya quedamos satisfechos.

Los Reyes Magos buscaban ilusionados, andaban tras la sorpresa, no decrecían los ánimos ante “el casi ya” y “el todavía no”.

Su entrevista con Herodes causó conmoción en todo Jerusalén. Tanto el rey como su cuadrilla no aceptaban sorpresas, eran de los que preferían el control, mientras ellos, claro está, fueran los controladores. Incluso piden a esos santos peregrinos que cuando hayan encontrado al niño vuelvan a Jerusalén y les informen de todo. Pero Dios, que Él si lo sabe todo, les indica otro camino, el camino de vida.

Dios sigue dando señales de vida, Dios sigue indicando el camino, Dios sigue iluminando nuestro peregrinar, Dios sigue invitándonos al cambio, Dios sigue inspirando nuestros anhelos, Dios sigue llamándonos a la ilusión de la sorpresa que “ni ojo vió, ni oído oyó”.

Hoy hay mucha gente que, como los Magos de Oriente, van en busca de una estrella que les guíe en medio de las tinieblas en que vivimos, de una paz incluso en medio del ruido de las bombas que siguen cayendo, de una hermandad en medio del abuso de los herodes y sátrapas que luchan por destruir todo indicio de fraternidad, de un entendimiento entre las múltiples culturas de una planeta que insiste en levantar fronteras.

Ojalá sigamos buscando la estrella que nos lleve al lugar donde el niño Enmanuel se encuentra junto a María, su madre.

Mateo 2,1-12: "Magos de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer? (...) Herodes se sobresaltó y todo Jerusalén con él; entonces convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta.

Mateo 2,1-12
Epifanía del Señor,

Jesús nació en Belén de Judá en tiempo del rey Herodes. Por entonces, Magos de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo».Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y todo Jerusalén con él; entonces convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel». Entonces, Herodes llamó en secreto a los Magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén con este encargo: «Vayan y averigüen cuidadosamente sobre ese niño; y, cuando lo encuentren, avísenme para ir yo también a adorarlo». Después de oír al rey, los Magos se pusieron en camino, y la estrella que habían visto en oriente los guió hasta que llegó y se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra. Y advertidos en sueños de que no volvieran donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

viernes, 3 de enero de 2014

De los Reyes Magos: un poquito de historia (y 2), por Luis Antequera

ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS
Sandro Botticelli

Por más que tienda a pensarse lo contrario, ni del texto de Mateo, ni tampoco en este caso de los relatos isaíicos, cabe obtener conclusión alguna en lo relativo al número de personas que componen el real cortejo que acude a adorar al niño Dios nacido en Belén... ¿O sí? ¿Acaso no nos dice Mateo que aquellos reales personajes portan tres presentes diferentes, a saber, oro, incienso y mirra?

Pues bien, nada más fácil que, a partir del dato en cuestión, establecer que a cada regalo corresponde un oferente, y que así como tres son los presentes, tres son también sus portadores. Y aunque no siempre estuvo claro que los magos de los que habla Mateo fueran tres -una pintura en el cementerio de San Pedro y San Marcelino en Roma nos muestra a dos; otra en el cementerio de Domitila igualmente en Roma a cuatro; un jarrón en el Museo Kircher (Florencia), hasta ocho- lo cierto es que el número trino cuadra bien con otros relatos veterotestamentarios.

El primero, uno procedente del Génesis (cf. Gn. 9, 18 y ss.) irrelevante a los efectos en principio, pero no tanto, como veremos: aquél que se refiere a otro trío famoso de los textos sagrados, el que forman los hijos de Noé, a saber, Sem, Cam y Jafet. Pues bien, ocurre que según la Biblia, estos tres hijos de Noé, al repoblar una tierra totalmente deshabitada por causa del diluvio, se convierten en los patriarcas de todos los pueblos del mundo: Sem de los pueblos semitas (judíos y árabes), Cam de los camitas (negros africanos en dos palabras), y Jafet, de los jafetitas (blancos europeos). Así las cosas, ¿qué mejor que asociar un rey mago a cada uno de los hijos de Noé, un rey mago de cada raza en suma, atestiguando con su presencia en el portal el reconocimiento de todas las naciones del orbe hacia el rey nacido en Belén?

Con estos argumentos y otros parecidos, parece que es Orígenes (n.185-m.254) el primero en afirmar el tres como el número de magos que visitan a Jesús. Como quiera que sea, la tradición aparece muy consolidada en tiempos de San Máximo de Turín (s. V) y de San Léon I Papa (n.h. 390-m.461), personajes importantes en lo relativo a la tradición de los Reyes Magos.

En cuanto a los dones “oro, incienso y mirra”, la hermenéutica cristiana ha desarrollado la teoría de su identificación con la triple condición que se da en Jesús: oro para el rey, incienso para el Dios, y mirra para el hombre, idea tras la cual se nos aparece un padre tan temprano como San Ireneo (n.130-m.208), quien en su obra Adversus haereses deja escrito:

“Por medio de sus dones mostraban [los magos de Oriente] quien era aquél a quien se debía adorar: le ofrecieron mirra porque tenía que morir por el género humano; oro porque es rey y su reino no tendría fin; incienso porque es Dios” (3, 9).

Determinado que son tres, ¿cómo conocemos sus nombres? Pues bien, aunque son muchas las ternas que se han propuesto a lo largo de la historia, -verbi gratia la del Libro de la Caverna de los Tesoros, escrito sirio del s. V circa que nos habla de Makhodzi, Jazdegerd y Peroz- una prevalece sobre todas las demás. La encontramos por primera vez en el Evangelio armenio de la infancia al que ya hemos tenido ocasión de referirnos más arriba:

“Melkon el primero, que reinaba sobre los persas; después Baltasar, que reinaba sobre los indios, y el tercero Gaspar, que tenía en posesión el país de los árabes” (EvArm. 5, 10).

La descripción la completa la obra Excerptiones patrum, collectanea et flores, apócrifamente atribuida a Beda el Venerable (n.672-m.735), -razón por la que se la conoce también como el Pseudo-Beda-, de datación incierta entre los siglos VIII y XII. Pues bien, refiriéndose al aspecto físico de nuestros magos, atribuye la citada obra aspecto anciano y barba larga a Melchor (el semita); aspecto juvenil e imberbe y tez clara a Gaspar (el europeo); y aspecto maduro, y lo que es más importante, tez oscura, a Baltasar (el africano).

La iconografía tarda no obstante largo tiempo en hacerse eco de los nuevos “descubrimientos” y así, no conocemos representaciones pictóricas o escultóricas de un Baltasar negro hasta mucho más adelante, en pleno s. XIV. Y no unánimes en cualquier caso. A modo de ejemplo y sin ánimo de ser exhaustivos, mientras en 1380 Altuchiero Da Zevio retrata ya a uno de los magos “tostado” más que negro, y en 1437 Hans Multscher lo representa manifiestamente negro, las representaciones de Fra Angelico de 1433 y 1445 todavía nos presentan a todos los componentes del real cortejo como blancos, y en 1500 aún los representa de tan pálida color uno de los grandes retratistas del mágico trío, Sandro Boticelli. Por no aparecer de color negro, Baltasar ni siquiera lo hace en las representaciones que le conciernen en la catedral de Colonia, tan vinculada como veremos a la tradición de los magos de Oriente. No menos curioso se presenta el fenómeno del “retintamiento” de las figuras baltasarianas una vez que el recuestionamiento racial del tercero de los mágicos monarcas se impone a partir del s. XVI, de lo cual sería excelso ejemplo la representación de los Reyes sita en el claustro de la Catedral de Pamplona.

El periplo de los Reyes Magos no termina en el Evangelio de San Mateo. Y es que entre las más celebradas reliquias de la cristiandad se hallan, precisamente, las de los mágicos personajes, las cuales se veneran en la catedral de Colonia, en Alemania. Dichas reliquias habrían sido descubiertas en Persia, de donde habrían sido llevadas a Constantinopla por Santa Elena, la madre del Emperador Constantino, en 326; transportadas luego a Milán por un legendario Obispo Eustorgio en el siglo V; y desde allí, en 1164, en tiempos del Emperador Federico I Barbarroja y con ocasión de una sublevación en Milán, a Colonia, donde en su honor, se habría construído la magnífica catedral gótica que conocemos y en la que reposan hasta el día de hoy.

Fuente: religionenlibertad.com

De los Reyes Magos: un poquito de historia, por Luis Antequera

ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS
Fra Angelico

Entre los más entrañables personajes de cuantos pululan por el Nuevo Testamento se hallan, sin lugar a dudas, los que todos conocemos hoy día como los tres Reyes Magos, a saber, Melchor, Gaspar y Baltasar, los encargados de convertir en realidad muchos de los más insólitos sueños de nuestros pequeños. La pregunta es, ¿cuáles son las fuentes en las que bebe el conocimiento que hoy día tenemos de tan enigmáticos monarcas?

Pues bien, lo primero que se ha de decir sobre nuestros personajes es que de los cuatro textos evangélicos, uno de ellos, y sólo uno, ojo, recala en su figura: se trata del de Mateo. La reseña que Mateo nos ofrece de los personajes en cuestión es, por lo demás, sumamente escueta:

“Unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén”. (Mt. 2, 1).

Lo que sigue es un relato de apenas dos párrafos, poco más de doscientas palabras, en los que se narran las circunstancias que envolvieron su visita a la capital de Judea, -su entrevista con Herodes, su presentación ante Jesús, la matanza de inocentes que siguió a dicha visita, su regreso a casa eludiendo al rey judío por expresa indicación de un ángel-, pero nada más que pueda aportar pista alguna en lo relativo a sus personas.

¿Quién dijo pues que eran tres, quien dijo que eran reyes, quien nos informó de sus nombres, quien de que uno de ellos era negro, y de tantas y tantas cosas como forman parte hoy día del imaginario cristiano en lo que a los reales personajes concierne?

Desde luego, eran magos (del persa “magù”, y de éste el griego “magos”), porque de eso -y sólo de eso- sí nos informa taxativamente Mateo, unos magos del tipo de los que menciona el historiador griego Herodoto (n.484-m.425 a.C.), a saber, sacerdotes de las religiones pertenecientes a la familia del mazdeísmo y zoroastrismo practicados en Persia desde el s.V a.C. y todavía en los tiempos en los que nace Jesús.

Para incorporar a esta condición sacerdotal originaria la de una estirpe real que los convierta en magos-reyes, no nos basta pues el texto de Mateo, y no tenemos otro remedio que sumergirnos en las procelosas aguas del Antiguo Testamento, más concretamente en el colosal cuerpo profético construido por Isaías, esencial para entender los aditamentos de los que vendría revestida la figura del mesías que esperaban los judíos. Pues bien, en el antiquísimo Libro de Isaías leemos:

“Reyes serán sus tutores [los del mesías, debemos entender] y sus princesas nodrizas tuyas. Rostro en tierra se postrarán ante ti, y el polvo de tus pies lamerán” (Is. 49, 23).

Texto que los exégetas cristianos tienen poca dificultad en hacer corresponder con los personajes que nos ocupan aquí, añadiendo a la sacerdotal una condición regia cuya creencia consta en la comunidad cristiana desde tiempos muy remotos, como atestigua el temprano autor Tertuliano (n.h.155-m.h.222), quien en su obra Contra Marción (3,13), denomina reyes (fere reges, de estirpe real) a los personajes en cuestión.

Más significativo se antoja aún otro texto isaíico llamativo por las semejanzas que refleja con las circunstancias en las que se produce el nacimiento de Jesús que nos relatan los Evangelios:

“Tú entonces al verlo, te pondrás radiante, se estremecerá y se ensanchará tu corazón, porque vendrán a ti los tesoros del mar, las riquezas de las naciones vendrán a ti. Un sin fin de camellos te cubrirá, jóvenes dromedarios de Madián y Efá”. (Is. 60,5-6)

Pasaje que si por un lado aporta una nueva figura inexistente en el relato de Mateo a la iconografía de los magos convertidos ya en reyes, la de los camellos y dromedarios que sirven a sus desplazamientos, refleja por otro una nueva coincidencia con el pasaje evangélico cuando nos explica en qué consisten los presentes que aquellos magos dejan a los pies del infante Jesús:

“Todos ellos de Saba vienen portadores de oro e incienso y pregonando alabanzas a Yahveh” (Is. 60, 6).

Tan similar a lo que nos relata Mateo:

“Abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra” (Mt. 2, 11).

Tenemos ya a unos magos convertidos en reyes, que viajan en camellos y dromedarios y que portan unos presentes a Jesús, a saber, oro, incienso y mirra. Ahora bien, ¿cuántos son los magos en cuestión?, ¿de qué raza son?, ¿por qué hacen los regalos que hacen?, ¿cuáles son sus nombres?, ¿qué aspecto tienen?, ¿se conoce el paradero de sus restos?

A todas estas preguntas responderé gustoso al lector interesado, pero para no cansarles más por hoy, lo dejaré para mañana. Entretanto permítame, lector amigo, desearle que tenga una muy feliz noche de Reyes, con mucho roscón y sobre todo, llena de grandes presentes, los que haga Vd. y los que reciba, materiales sí, pero inmateriales también.

Fuente: religionenlibertad.com

Oro, incienso y mirra, por Hipólito Sanchiz, profesor de Historia de Oriente

ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS
Templo de la Sagrada Familia
Barcelona, España

El oro, el incienso y la mirra con los que los Reyes Magos obsequiaron al niño Jesús en Belén no fueron cualquier regalo.

En la antigüedad, estos tres elementos estaban asociados a ciertos conceptos y rituales, por lo que cabría pensar que su elección no fue casual, más allá de que los tres puedan ser equiparados a lo que hoy consideramos productos “caros” y de “lujo”, como apunta el Profesor de Historia del Oriente Próximo de la Universidad CEU San Pablo de Madrid, Hipólito Sanchiz.

El oro: para un Rey

Respecto del oro, este profesor considera que puede ser interpretado “como regalo regio, destinado a un rey”. En este sentido, recuerda que en Mateo 2,2 se hace referencia a que los Reyes Magos llegaron a Belén en búsqueda del nacimiento del “Rey de los Judíos”, por lo que la faceta regia del acontecimiento estaba presente.

El incienso: para un Dios

La simbología del incienso es “muy clara” a ojos Sanchiz, y emparenta con el carácter divino de Cristo.

“Tanto en la religión judía como en las paganas se quemaba delante de los dioses, muchas veces como sacrificio. De hecho las iglesias católica y ortodoxa lo siguen empleando en su liturgia”, subraya el historiador.

Sí admite cierta diversidad de criterio determinar qué tipo de incienso se trataba, pues, mientras que en la Vulgata aparece el término ‘thus’, “que signfica incienso”, en la versión griega de San Mateo se emplea la palabra ‘olívano’ “que es un tipo de incienso, una sustancia gomosa compuesta de diversas resinas que al quemarse da un buen olor”, distingue el profesor.

La mirra: para el que sufre y muere

La mirra es “una sustancia aromática también gomosa, resultado de recoger la resina del árbol de la mirra”, describe Sanchiz, que ve dos posibles explicaciones en la presencia de este objeto en el lote de presentes de los Reyes Magos.

“La primera, teniendo en cuenta que la mirra se utilizaba como anestésico -normalmente mezclada con vino-, se puede interpretar como que Nuestro Señor venía a quitar el dolor al mundo. Pero hay otra interpretación que dice que, teniendo en cuenta que también se empleaba para embalsamar a los muertos, es un anuncio de su pasión, y una alegoría de que Jesús, como hombre está sujeto a la muerte”.

“En definitiva el oro es un regalo a Jesús como Rey, el incienso como Dios, y la mirra como Hombre”, concluye este historiador del Oriente Próximo.

Fuente: religionenlibertad.com

domingo, 6 de enero de 2013

Celebración de la Epifanía del Señor en la parroquia


Hemos celebrado la fiesta de la Epifanía del Señor en nuestra parroquia de la Sagrada Familia, en Chimayo, New Mexico (USA), y os presentamos a nuestros tres sabios o reyes magos, que son tres voluntarios (Márquez, John y Christopher) del grupo de jóvenes que se están preparando para recibir el sacramento de la confirmación en mayo 2013.

Los tres han participado en la procesión de entrada y, durante el ofertorio de la misa, han traído las ofrendas al altar. Los trajes fueron diseñados por madres y abuelitas que colaboran habitualmente en la parroquia y las coronas se compraron a través de internet.

Durante la catequesis de este domingo hemos hecho hincapié en la universalidad de la fe cristiana, en la hospitalidad, en las señales y signos que nos acercan a Dios y a las personas, en la familia de los hijos e hijas de Dios, en el episodio bíblico de la epifanía o manifestación de Dios como una catequesis para conocer mejor la identidad y misión de Jesús.

sábado, 5 de enero de 2013

Epifanía del Señor (Lecturas)

Isaías 60,1-6
Salmo 71 “Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los reyes de la tierra”
Efesios 3,2-3,5-6
Mateo 2,1-12

Isaias 60,1-6

¡Levántate y resplandece, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Es verdad que la tierra está cubierta de tinieblas y los pueblos de oscuridad, pero sobre ti amanece el Señor y se manifiesta su gloria. A tu luz caminarán los pueblos, y los reyes al resplandor de tu aurora.Levanta los ojos y mira a tu alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Al ver esto te pondrás radiante, palpitará y se emocionará tu corazón, porque derramarán sobre ti los tesoros del mar y te traerán las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos y dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.

Salmo 7: Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra. 

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra.

Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra. 

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra. 

Efesios 3,2-6

Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este misterio, que no fue manifestado a los hombres de otras generaciones y que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: un plan que consiste en que todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros del mismo cuerpo y participan de la misma promesa en Jesucristo, por medio del Evangelio.

Mateo 2,1-12

Jesús nació en Belén de Judá en tiempo del rey Herodes. Por entonces, Magos de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo».Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y todo Jerusalén con él; entonces convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel».Entonces, Herodes llamó en secreto a los Magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén con este encargo: «Vayan y averigüen cuidadosamente sobre ese niño; y, cuando lo encuentren, avísenme para ir yo también a adorarlo».Después de oír al rey, los Magos se pusieron en camino, y la estrella que habían visto en oriente los guió hasta que llegó y se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra. Y advertidos en sueños de que no volvieran donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

EPIFANÍA DEL SEÑOR, por Mons. Francisco González, SF.

Isaías 60,1-6
Salmo 71 “Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los reyes de la tierra”
Efesios 3,2-3,5-6
Mateo 2,1-12

Isaias 60,1-6

¡Levántate y resplandece, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Es verdad que la tierra está cubierta de tinieblas y los pueblos de oscuridad, pero sobre ti amanece el Señor y se manifiesta su gloria. A tu luz caminarán los pueblos, y los reyes al resplandor de tu aurora.Levanta los ojos y mira a tu alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Al ver esto te pondrás radiante, palpitará y se emocionará tu corazón, porque derramarán sobre ti los tesoros del mar y te traerán las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos y dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.

Salmo 7: Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra. 

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra.

Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra. 

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.
R. Se postrarán ante ti, Señor, 
todos los pueblos de la tierra. 

Efesios 3,2-6

Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este misterio, que no fue manifestado a los hombres de otras generaciones y que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: un plan que consiste en que todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros del mismo cuerpo y participan de la misma promesa en Jesucristo, por medio del Evangelio.

Mateo 2,1-12

Jesús nació en Belén de Judá en tiempo del rey Herodes. Por entonces, Magos de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo».Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y todo Jerusalén con él; entonces convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel».Entonces, Herodes llamó en secreto a los Magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén con este encargo: «Vayan y averigüen cuidadosamente sobre ese niño; y, cuando lo encuentren, avísenme para ir yo también a adorarlo».Después de oír al rey, los Magos se pusieron en camino, y la estrella que habían visto en oriente los guió hasta que llegó y se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra. Y advertidos en sueños de que no volvieran donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Comentario por Mons. Francisco González, S.F.
Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

En este primer domingo del Nuevo año celebramos la fiesta de la Epifanía del Señor. La primera lectura, que está tomada del profeta Isaías, nos presenta Jerusalén como el centro del mundo.

La Epifanía del Señor, es decir, su manifestación ante el mundo entero, está señalada por la lectura que tiene un sentido universalista pues todos los pueblos con sus reyes, que estaban en tinieblas, caminan ahora hacia Jerusalén. La luz del Señor ilumina a todos. Esa luz es Cristo.

El santo evangelio de esta fiesta nos viene de san Mateo y nos cuenta lo que conocemos como la "Adoración de los Magos", un pasaje que gusta mucho, de donde han salido varias tradiciones, especialmente esa de dar o intercambiar regalos, especialmente para los niños. La televisión nos ha estado hablando ya por un tiempo de que este año la gente no va a gastar tanto, que habrá menos regalos, que estos regalos se van a inclinar por cosas útiles. Sin embargo, casi todos los que han hablado concluían diciendo: Ahorrar sí, pero sin negar la ilusión a los niños.

Los Magos, reyes, sabios o como se les quiera llamar, han visto algo extraordinario, una estrella muy luminosa, que les indica el nacimiento de un rey. A través de sus estudios concluyen que es el Rey de los Judíos. Sin embargo, este Rey no es el Emperador de Roma, ni tampoco Herodes. Después de un largo viaje llegan a Jerusalén y preguntan: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?

Esta pregunta no cae bien en los oídos de Herodes, ni siquiera de los líderes religiosos, que aunque aciertan en la interpretación de las profecías y nombran el lugar, no dan un paso para buscar la verdad.

Los Reyes Magos buscan al Rey para adorarlo y la autoridad política y religiosa lo busca para exterminarlo. Todo lo cual nos enseña cómo va a ser la vida de Jesús entre los suyos: negación, indiferencia, rechazo y muerte.

Oyendo hablar a algunas gentes acerca de lo que les gusta, lo que les hace felices, o por lo que sacrifican su vida, a uno le viene la pregunta: ¿ante qué dioses se hincan estas personas, cuales son los dioses o diositos que adoran? Para saberlo sería bueno dedicar un poco de tiempo a examinar cómo se ha empleado el día: lo que se ha hecho, lo que se ha deseado y lo que se ha tratado de conseguir, ¿se ha dedicado tiempo al Dios con mayúscula?

La crisis económica nos está afectando profundamente y, sin embargo, cabe preguntarse: la abundancia de dinero ¿nos enriquece o nos empobrece?

Lo mismo hoy que entonces, hay en nuestro horizonte estrellas muy luminosas que nos guían hacia ese Belén eterno donde encontraremos a nuestro Rey, al Dios en medio de nosotros, a quien le ofrecemos oro pues es Rey; incienso pues es Dios, y la mirra del que sufre, pues por nosotros se rebajó y empobreció.

Esas estrellas, aunque parezcan pequeñas son muy poderosas. Sus nombres son: justicia, solidaridad, paz, perdón, esperanza, humildad y amor. Justicia para el oprimido, solidaridad con el que sufre, paz y tolerancia para con los inmigrantes, perdón para los que nos ofenden, esperanza para los desahuciados, humildad en nosotros mismos y amor para todos.

Se suele decir que todos los caminos llevan a Roma. Hoy podemos cambiar el dicho: todos los caminos llevan a Belén, allí está el que ha venido a salvarnos, y para encontrarlo necesitamos creer en el misterio, buscar la verdad, dejarnos llevar por la estrella/s, y creer en la esperanza que nos trae la verdadera fe.