Desideria es el nombre de uno de los personajes creados por San Jose Manyanet (1833-1901) para ilustrar su espiritualidad y su pensamiento. Desideria puede ser un hombre o una mujer, una persona joven o adulta. Pero Desideria es, ante todo, un espiritu ingenuo, inquieto e infantil, cuyo deseo de aprender y ser feliz parece no tener limites.
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lunes, 15 de septiembre de 2025
jueves, 28 de agosto de 2025
miércoles, 9 de agosto de 2023
jueves, 6 de julio de 2023
sábado, 18 de febrero de 2023
Sobre los santos y la santidad
Sobre la devoción a los santos:
Sobre la Comunión de los Santos:
Sobre los santos y la santidad:
Biblia:
Lev 19,2: Sed santos porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy Santo
Mt 5,48: Sed perfectos como perfecto es vuestro Padre celestial
1 Cor 3,17: El templo de Dios es sagrado, y ustedes son este templo.
Arte:
viernes, 3 de febrero de 2023
3 de febrero: San Blas, obispo de Sebaste y mártir (+316)
De san Blas se sabe poco. Un hagiógrafo escribe su vida cuatro siglos después de su martirio. Las Actas contienen relatos que el pueblo había ido repitiendo y que, finalmente, se recogieron en el siglo IX, realzando las vidas de unos santos muy invocados y venerados por las generaciones anteriores.
De las cuatro actas griegas catalogadas de san Blas, podemos extraer los siguientes datos con visos de autenticidad: fue médico, elegido por aclamación obispo de Sebaste (hoy Sivas, Armenia) por el clero y el pueblo. Vivió en la época de los emperadores Diocleciano y Licinio (307-323), aunque algunos autores lo hacen contemporáneo de Juliano el Apóstata (361-363).
Época de persecuciones
Diocleciano y sus sucesores persiguen a los cristianos, entre los que se encuentra el obispo Blas, como lo atestigua el martirio de Eustracio, o el de Carcerio, o el de los 40 mártires de Sebaste que dieron su vida por la fe.
Cuenta el relato de su vida que Blas se refugió en las montañas y mantenía contacto con sus fieles esporádicamente. Una vez interrumpió aquel autodestierro para visitar a Eustracio en la cárcel antes de su martirio. Pasó la noche confortándolo, dándole la Eucaristía y dialogando sobre el premio del cielo.
De vuelta al destierro apenas hay fieles a los que instruir y curar; entonces, vienen las fieras a darle compañía en su cueva y a recibir la bendición del santo que las libraba de sus males. Así lo encuentran los soldados del prefecto Agrícola cuando buscaban fieras en el monte Argeo para las fiestas de los romanos en el circo.
El paso del prisionero Blas por tierras y pueblos hasta Sebaste es descrito como un cortejo triunfal por las aclamaciones de los cristianos y paganos que se le acercan, le tocan, besan sus vestidos, piden su bendición. También cura al cerdo de una mujer y sana la garganta de una joven que la tenía atravesada por una mala espina.
Es juzgado ante el procurador por blasfemo. Le dan la oportunidad de ofrecer unos granos de incienso en la pira encendida a los dioses para evitar la muerte. El obispo Blas resiste con firmeza y, entonces, lo apalean, lo cuelgan de un madero y rastrean su cuerpo con garfios y peines de hierro sin hacerle desistir de su fe.
Unas mujeres piadosas, dice el relato que fueron siete, tuvieron la osadía de tomar algo de su sangre y untar con ella sus cuerpos. Por este gesto son encadenadas y condenadas a morir, incluidos los dos pequeños de una de ellas. Blas es decapitado con los dos niños. Era el año 316.
Iconografía
Sobre todo a partir del s. XIV, san Blas es presentado en la iconografía con un peine: instrumento con que le habían rasgado las carnes.
Culto popular:
protector para los males de garganta
La gran popularidad de san Blas se debe sobre todo a los milagros que le atribuyen las actas apócrifas. En algunos lugares se ha mantenido la costumbre de bendecir a las personas el día 3 de febrero con dos velas -la Candelaria es la víspera- con esta fórmula: «Por la intercesión y los méritos de S. Blas, obispo y mártir, Dios te libre de los dolores de garganta y de cualquier otro mal».
Se le invoca como abogado contra la peste del ganado, principalmente el de cerda. Con frecuencia también se le invoca como abogado contra la difteria. Patrono de cardadores y sombrereros.
Su culto se extendió por todo Oriente y, luego, por Occidente. Su fama de taumaturgo es muy relevante en el templo de Constantinopla consagrado a su nombre. En Armenia llegó a existir la Orden militar de San Blas.
"San Blas bendito, que se ahoga este angelito". Al tiempo que la experimentada abuela propinaba a la criatura un buen golpe seco en la espalda o le oprimía el pecho para facilitar la expulsión del cuerpo extraño, se estaba invocando a uno de los santos más populares, cercanos y amables de la antigüedad cuyo culto se extendió durante la Edad Media por toda la cristiandad y ha llegado a nuestra cultura como protector de los males de garganta.
Y no creas que sólo es por el interés de salir del paso por las molestias que acarrea un catarro, un enfriamiento, una infección o un cáncer. Como con las gargantas hacemos los hombres muchas cosas, también se recurre a él cuando hay peligro de renegar de la fe, o se pide su intercesión para los males que originaron las malas confesiones y hasta de las intemperancias en la bebida.
Fuentes:
archimadrid.es
primeroscristianos.com
archimadrid.es
primeroscristianos.com
viernes, 25 de noviembre de 2022
Martirio de San Clemente I Romano
Sabemos del martirio de Clemente I de Roma por las actas tardías (s. IV) que realzan la figura del santo. El emperador Trajano desterró a Clemente al Quersoneso, en Crimea (sur de Rusia), condenándole a trabajos forzados en una cantera, por negarse a dar culto a los ídolos.
Un día las autoridades le exigieron que adorara a Júpiter. Clemente dijo que solo adoraba al verdadero Dios. Entonces fue arrojado al mar y para que los cristianos no pudieran venerar su cadáver le fue atado al cuello un ancla. Un ángel enviado por Dios hizo en el fondo del mar un magnífico sepulcro de mármol. Los fieles podían visitar la tumba del santo porque la marea retrocede cada año dos millas, revelando un santuario que contiene los huesos del mártir. Esta narración no es anterior al siglo IV, y es conocida para san Gregorio de Tours en el siglo VI.
Algunos han encontrado en el ancla un símbolo de la iconografía cristiana que sugiere la firmeza de la fe y la seguridad de la unidad que Clemente defendió al mantener el principio de la autoridad primacial de la sede romana. En las persecuciones, el obispo de Roma es el indicutible y supremo representante del magisterio.
San Cirilo y san Metodio llevaron a Roma en el año 860 los restos de san Clemente, los cuales fueron recibidos con gran solemnidad. Adriano II las depositó junto con los de san Ignacio de Antioquía en el altar mayor de la basílica de San Clemente en Roma. El ancla parece ser la única evidencia de identidad pero no podemos deducir de la narración que perteneciera a los huesos dispersos (vea Acta SS., 9 marzo, II, 20).
El primero en mencionar a san Clemente como mártir es Rufino (c. 400). En el año 417, el papa san Zósimo relata el juicio y absolución parcial del hereje Celestio en la basílica de San Clemente. Zósimo había elegido esta iglesia porque Clemente había aprendido la fe de san Pedro, y había dado su vida por ella (Ep. II). También es llamado mártir por el escritor conocido como Predestinato (c. 430) y por el sínodo de Vaison en 442.
jueves, 24 de noviembre de 2022
25 de noviembre Santa Catalina de Alejandría
Santa Catalina, mártir, que, según la tradición, fue una virgen de Alejandría dotada tanto de agudo ingenio y sabiduría como de fortaleza de ánimo. Su cuerpo se venera piadosamente en el célebre monasterio del monte Sinaí.
Los datos históricos sobre esta santa, decapitada el 24 ó 25 de noviembre del año 305 por orden del emperador Maximino, son muy escasos. El episodio de su martirio inspiró una leyenda que tiene el siguiente desarrollo, común a las más antiguas redacciones griegas y a una árabe.
Habiendo el Emperador promulgado un edicto que ordenaba ofrecer sacrificios a los dioses, una joven cristiana de nombre Hecaterina, hija única de un noble de Alejandría, extraordinariamente bella, rica y docta, se trasladó al templo e interpeló en público al Emperador.
A tal interpelación siguió un debate religiosofilosófico entre ella y los mejores retóricos, convocados por el Emperador (que en la leyenda recibe el nombre de Majencio), los cuales al final se declararon vencidos: condenados a la hoguera, se convirtieron y pidieron a Catalina la señal de Cristo (en este episodio se basa la invocación de santa Catalina como patrona de los filósofos).
El Emperador ofreció en vano a Catalina la corona imperial; entonces la hizo golpear con nervios de buey y mandó que fuera encarcelada. Durante los 12 días de prisión recibió milagrosamente alimento de una paloma y llegó a convertir a la misma emperatriz Augusta y al tribuno Porfirio.
Condenada a sufrir el tormento de la rueda, se vio librada por un ángel. Por último el Emperador ordenó que fuera decapitada. De sus venas surgió leche en vez de sangre, mientras cuatro ángeles transportaron el cuerpo al Monte Sinaí.
El núcleo original de esta narración podría ser anterior al s.VII. En Occidente, la leyenda se enriqueció entre los s. XIII y XIV con el episodio de la conversión de Catalina a la fe cristiana. Amplia y diversa es la serie de redacciones latinas y romances que desarrollan en verso o en prosa los dos episodios, a veces separados y otras veces unidos.
Los episodios de la leyenda han sido abundantemente representados en la iconografía y en el arte. La traza más antigua de culto se nos da por una pintura del s.VIII descubierta en 1948 en la basílica romana de San Lorenzo.
De los elementos de la antigua leyenda, ha quedado sobre todo en el culto popular la rueda para caracterizar a la santa. Es considerada generalmente protectora de las muchachas y de las núbiles, cuya edad honró con su ciencia y su virtud.
Los datos históricos sobre esta santa, decapitada el 24 ó 25 de noviembre del año 305 por orden del emperador Maximino, son muy escasos. El episodio de su martirio inspiró una leyenda que tiene el siguiente desarrollo, común a las más antiguas redacciones griegas y a una árabe.
Habiendo el Emperador promulgado un edicto que ordenaba ofrecer sacrificios a los dioses, una joven cristiana de nombre Hecaterina, hija única de un noble de Alejandría, extraordinariamente bella, rica y docta, se trasladó al templo e interpeló en público al Emperador.
A tal interpelación siguió un debate religiosofilosófico entre ella y los mejores retóricos, convocados por el Emperador (que en la leyenda recibe el nombre de Majencio), los cuales al final se declararon vencidos: condenados a la hoguera, se convirtieron y pidieron a Catalina la señal de Cristo (en este episodio se basa la invocación de santa Catalina como patrona de los filósofos).
El Emperador ofreció en vano a Catalina la corona imperial; entonces la hizo golpear con nervios de buey y mandó que fuera encarcelada. Durante los 12 días de prisión recibió milagrosamente alimento de una paloma y llegó a convertir a la misma emperatriz Augusta y al tribuno Porfirio.
Condenada a sufrir el tormento de la rueda, se vio librada por un ángel. Por último el Emperador ordenó que fuera decapitada. De sus venas surgió leche en vez de sangre, mientras cuatro ángeles transportaron el cuerpo al Monte Sinaí.
El núcleo original de esta narración podría ser anterior al s.VII. En Occidente, la leyenda se enriqueció entre los s. XIII y XIV con el episodio de la conversión de Catalina a la fe cristiana. Amplia y diversa es la serie de redacciones latinas y romances que desarrollan en verso o en prosa los dos episodios, a veces separados y otras veces unidos.
Los episodios de la leyenda han sido abundantemente representados en la iconografía y en el arte. La traza más antigua de culto se nos da por una pintura del s.VIII descubierta en 1948 en la basílica romana de San Lorenzo.
De los elementos de la antigua leyenda, ha quedado sobre todo en el culto popular la rueda para caracterizar a la santa. Es considerada generalmente protectora de las muchachas y de las núbiles, cuya edad honró con su ciencia y su virtud.
viernes, 11 de noviembre de 2022
martes, 1 de noviembre de 2022
La devoción a los santos nace alrededor de las tumbas de los mártires
“Estos que visten estolas blancas,
¿quiénes son y de dónde han venido…?
Éstos son los que vienen de la gran tribulación
y han lavado sus estolas y las han blanqueado
en la sangre del Cordero.
Por eso están ante el trono de Dios,
y le adoran día y noche en su templo.”
(Apocalipsis 7,13-15)
HONOR Y RESPETO A LOS DIFUNTOS
La Iglesia Católica, ya desde la época de los primeros cristianos, ha rodeado a los muertos de una atmósfera de respeto sagrado. Esto y las honras fúnebres que siempre les ha tributado permiten hablar de un cierto culto a los difuntos: culto no en el sentido teológico estricto, sino entendido como un amplio honor y respeto sagrados hacia los difuntos por parte de quienes tienen fe en la resurrección de la carne y en la vida futura.
El cristianismo en sus primeros siglos no rechazó el culto para con los difuntos de las antiguas civilizaciones, sino que lo consolidó, previa purificación, dándole su verdadero sentido trascendente, a la luz del conocimiento de la inmortalidad del alma y del dogma de la resurrección; puesto que el cuerpo —que durante la vida es “templo del Espíritu Santo” y “miembro de Cristo” (1 Cor 6,15) y cuyo destino definitivo es la transformación espiritual en la resurrección— siempre ha sido, a los ojos de los cristianos, tan digno de respeto y veneración como las cosas más santas.
Este respeto se ha manifestado, en primer lugar, en el modo mismo de enterrar los cadáveres.
Vemos que a imitación de lo que hicieron con el Señor José de Arimatea, Nicodemo y las piadosas mujeres, los cadáveres eran con frecuencia lavados, ungidos, envueltos en vendas impregnadas en aromas, y así colocados cuidadosamente en el sepulcro.
En las actas del martirio de San Pancracio se dice que el santo mártir fue enterrado “después de ser ungido con perfumes y envuelto en riquísimos lienzos”; y el cuerpo de Santa Cecilia apareció en 1599, al ser abierta el arca de ciprés que lo encerraba, vestido con riquísimas ropas.
Pero no sólo esta esmerada preparación del cadáver es un signo de la piedad y culto profesados por los cristianos a los difuntos, también la sepultura material es una expresión elocuente de estos mismos sentimientos. Esto se ve claro especialmente en la veneración que desde la época de los primeros cristianos se profesó hacia los sepulcros: se esparcían flores sobre ellos y se hacían libaciones de perfumes sobre las tumbas de los seres queridos.
LAS CATACUMBAS
En la primera mitad del siglo segundo, después de tener algunas concesiones y donaciones, los cristianos empezaron a enterrar a sus muertos bajo tierra. Y así comenzaron las catacumbas. Muchas de ellas se excavaron y se ampliaron alrededor de los sepulcros de familias cuyos propietarios, recién convertidos, no los reservaron sólo para los suyos, sino que los abrieron a sus hermanos en la fe.
Andando el tiempo, las áreas funerarias se ensancharon, a veces por iniciativa de la misma Iglesia. Es típico el caso de las catacumbas de San Calixto: la Iglesia asumió directamente su administración y organización, con carácter comunitario.
Con el edicto de Milán, promulgado por los emperadores Constantino y Licinio en febrero del año 313, los cristianos dejaron de sufrir persecución. Podían profesar su fe libremente, construir lugares de culto e iglesias dentro y fuera de las murallas de la ciudad y comprar lotes de tierra sin peligro de que se les confiscasen.
Sin embargo, las catacumbas siguieron funcionando como cementerios regulares hasta el principio del siglo V, cuando la Iglesia volvió a enterrar exclusivamente en la superficie y en las basílicas dedicadas a mártires importantes.
Pero la veneración de los fieles se centró de modo particular en las tumbas de los mártires; en realidad fue en torno a ellas donde nació el culto a los santos. Sin embargo, este culto especialísimo a los mártires no suprimió la veneración profesada a los muertos en general. Más bien podría decirse que, de alguna manera, quedó realzada.
En la mente de los primeros cristianos, el mártir, víctima de su fidelidad inquebrantable a Cristo, formaba parte de las filas de los amigos de Dios, de cuya visión beatifica gozaba desde el momento mismo de su muerte: ¿qué mejores protectores que estos amigos de Dios? Los fieles así lo entendieron y tuvieron siempre como un altísimo honor el reposar después de su muerte cerca del cuerpo de algunos de estos mártires, hecho que recibió el nombre de sepultura ad sanctos.
Por su parte, los vivos estaban también convencidos de que ningún homenaje hacia sus difuntos podía equipararse al de enterrarlos al abrigo de la protección de los mártires. Consideraban que con ello quedaba asegurada no sólo la inviolabilidad del sepulcro y la garantía del reposo del difunto, sino también una mayor y más eficaz intercesión y ayuda del santo.
Así fue como las basílicas e iglesias, en general, llegaron a constituirse en verdaderos cementerios, lo que pronto obligó a las autoridades eclesiásticas a poner un límite a las sepulturas en las mismas.
FUNERALES Y SEPULTURA
Pero esto en nada afectó al sentimiento de profundo respeto y veneración que la Iglesia profesaba y siguió profesando a sus hijos difuntos. De ahí que a pesar de las prohibiciones a que se vio obligada para evitar abusos, permaneció firme en su voluntad de honrarlos. Y así se estableció que, antes de ser enterrado, el cadáver fuese llevado a la Iglesia y, colocado delante del altar, fuese celebrada la Santa Misa en sufragio suyo.
Esta práctica, ya casi común hacia finales del s. IV y de la que San Agustín nos da un testimonio claro al relatar los funerales de su madre Santa Mónica en sus Confesiones, se ha mantenido hasta nuestros días.
San Agustín también explicaba a los cristianos de sus días cómo los honores externos no reportarían ningún beneficio ni honra a los muertos si no iban acompañados de los honores espirituales de la oración: “Sin estas oraciones, inspiradas en la fe y la piedad hacia los difuntos, creo que de nada serviría a sus almas el que sus cuerpos privados de vida fuesen depositados en un lugar santo. Siendo así, convenzámonos de que sólo podemos favorecer a los difuntos si ofrecemos por ellos el sacrificio del altar, de la plegaria o de la limosna” (De cura pro mortuis gerenda, 3 y 4).
Comprendiéndolo así, la Iglesia, que siempre tuvo la preocupación de dar digna sepultura a los cadáveres de sus hijos, brindó para honrarlos lo mejor de sus depósitos espirituales. Depositaria de los méritos redentores de Cristo, quiso aplicárselos a sus difuntos, tomando por práctica ofrecer en determinados días sobre sus tumbas lo que tan hermosamente llamó San Agustín sacrificium pretii nostri, el sacrifico de nuestro rescate.
Ya en tiempos de San Ignacio de Antioquia y de San Policarpo se habla de esto como de algo fundado en la tradición. Pero también aquí el uso degeneró en abuso, y la autoridad eclesiástica hubo de intervenir para atajarlo y reducirlo. Así se determinó que la Misa sólo se celebrase sobre los sepulcros de los mártires.
LOS DIFUNTOS EN LA LITURGIA
Por otra parte, ya desde el s. III es cosa común a todas las liturgias la memoria de los difuntos. Es decir, que además de algunas Misas especiales que se ofrecían por ellos junto a las tumbas, en todas las demás sinaxis eucarísticas se hacía, como se sigue haciendo todavía, memoria —memento— de los difuntos. Este mismo espíritu de afecto y ternura alienta a todas las oraciones y ceremonias del maravilloso rito de las exequias.
La Iglesia hoy en día recuerda de manera especial a sus hijos difuntos durante el mes de noviembre, en el que destacan la “Conmemoración de todos los Fieles Difuntos”, el día 2 de noviembre, especialmente dedicada a su recuerdo y el sufragio por sus almas; y la “Festividad de todos los Santos”, el día 1 de ese mes, en que se celebra la llegada al cielo de todos aquellos santos que, sin haber adquirido fama por su santidad en esta vida, alcanzaron el premio eterno, entre los que se encuentran la inmensa mayoría de los primeros cristianos.
Fuente: primeroscristianos.com
martes, 18 de octubre de 2022
¿Quién es san Lucas evangelista?
San Lucas fue uno de los cuatro Evangelistas canónicos. La tradición dice que conoció al Virgen María, de quien recibió los relatos de la vida de Cristo.
¿Quién fue San Lucas apostol?
San Lucas nació en la ciudad sirio-romana de Antioquía, proveniente de una familia de origen griego. Perteneció a una de las primeras comunidades cristianas, dirigida por el apóstol san Pablo, de quien recibió la fe.
La tradición dice que san Lucas era médico, lo que explicaría su cultura, patente en la manera refinada y elegante en la que redactó el Evangelio en lengua griega, su lengua materna.
Su elaboración de sentimientos privados de la Virgen María (ej. «María, por su parte, guardaba con cuidado todas estas cosas, meditándolas en su corazón«), indican su contacto directo con la Madre del Señor, quien se cree que le pudo haber relatado ciertos hechos de la infancia de Jesús, así como de su vida privada, que solo Ella le pudo haber trasmitido.
«El médico amado»
Muchos han encontrado en el Evangelio de San Lucas una obra historiográfica, que narra una serie de hechos ocurridos, según los parámetros cultos de la época, más que un afán por desprender verdades teológicas o espirituales. Esto le ha conferido un especial interés de parte de los historiadores para analizar ciertos hechos.
Ciertas tradiciones atribuyen a san Lucas la realización de una serie de iconos de la Virgen María.
Icono Salus Populi Romani,
copia del que pudo pintar san Lucas.
Por las cartas de san Pablo, se sabe que Lucas estuvo con él en ciertos momentos claves, como lo son el viaje de Filipos a Tróade, así como a Jerusalén, donde san Pablo fue atacado por los judíos.
San Lucas también es mencionado entre los que estuvieron en el naufragio de san Pablo en la isla de Malta, y posterior traslado a Roma. En Roma, se cree que permaneció con san Pablo hasta su martirio durante la persecución de Nerón. Ya relataba san Pablo en la II Carta a Timoteo 4,9: «Procura venir pronto a verme, porque Dimas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio.»
Sufrió el martirio en Acaya
Según la tradición, san Lucas sufrió la gloria del martirio en Acaya, donde fue colgado de la rama de un árbol. Según recogen antiguas crónicas, el Evangelista pidió que le enterrasen junto a una talla de la Virgen que él mismo había realizado. Más tarde, sus restos fueron trasladados a Constantinopla, donde se le enterró en la Basílica de los Santos Apóstoles. En la actualidad, sus restos se encuentran en la Basílica de Santa Justina, en Padua, Italia.
Simbología
A san Lucas se le representa como un toro alado por las narraciones del Apocalipsis, en las que se encuentran cuatro vivientes delante del trono del Cordero, cada uno relacionados con un Evangelista.
viernes, 14 de octubre de 2022
Vida de San Calixto I, Papa y Mártir
Calixto I (Roma 155- 222) fue el 16° papa de la Iglesia católica, cuyo período abarcó de 217 a 222. Gobernó la iglesia durante los reinados de los emperadores romanos Heliogábalo y Alejandro Severo. Estuvo enfrentado con san Hipólito de Roma, quien además fue su biógrafo y responsable de algunos detalles dudosos en su vida. Desautorizó las primeras herejías contra el dogma cristiano, como el sabelianismo y el montanismo. Murió mártir y es considerado fue declarado santo por las iglesias católica y ortodoxa. Su memoria litúrgica se celebra el 14 de octubre.
Orígenes
Calixto nació esclavo en el seno de una familia pagana de origen griego en Roma, en el barrio Trasteveres, aproximadamente en el 155. Abrazó el cristianismo en edad adulta.
Encarcelamientos
De acuerdo con el Philosophumena (c. IX) de Hipólito, Calixto era un esclavo de Carpóforo, un alto funcionario del emperador Cómodo. Su amo le confió grandes cantidades de dinero con el que Calixto fundó un banco donde viudas y huérfanos cristianos depositaban su dinero. Pero Calixto lo perdió todo y huyó. Carpóforo lo siguió hasta Porto, donde Calixto se había embarcado. Viendo que su amo se acercaba en una barca, el esclavo se lanzó al mar pero impidieron que se ahogara y recibió el castigo reservado para los esclavos: el pistrinum, o molino que se mueve con la mano.
Pistrinum o molino de mano
Siempre según la versión de sus enemigos, Calixto fue puesto en libertad porque algunos pensaban que devolvería el dinero, pero Calixto no se había guardado nada para sí mismo.
Calixto también es atacado diciéndose que buscó la muerte atacando una sinagoga... pero está claro que pidió a los prestamistas judíos que le pagaran lo que le debían, con riesgo para sí mismo. La declaración de Carpóforo de que Calixto no era cristiano fue escandalosa y falsa.
Calixto fue enviado a las minas de Cerdeña donde permaneció tres años por ser cristiano (confesor de la fe), hasta que alrededor del 190 pudo ser liberado gracias a la intercesión de Marcia, una de las mujeres del emperador Cómodo. Ella mandó llamar al papa Víctor y le preguntó si había “confesores” en Cerdeña. Él le dio la lista y Marcia envió a un eunuco, Jacinto, el cual era sacerdote (o «anciano»), para que liberara a los prisioneros.
Si el papa Víctor I le concedió a una pensión mensual no hay por qué suponer que lamentara su liberación, como afirman sus enemigos. Ni es probable que Ceferino fuera tan ignorante como para confiar a Calixto responsabilidades en la iglesia de Roma. La actitud beligerante de Hipólito explica por qué el papa Ceferino puso su confianza en Calixto, en lugar de en san Ireneo, el sabio discípulo de Hipólito.
Carrera eclesiástica
En el año 199, el papa Ceferino nombró a Calixto superintendente del cementerio cristiano de la Vía Apia, que se llama actualmente cementerio de San Calixto. El santo ensanchó el cementerio y suprimió los terrenos privados; probablemente fue esa la primera propiedad que poseyó la Iglesia. San Calixto fue ordenado diácono por san Ceferino y llegó a ser su amigo y consejero.
Papado
San Calixto fue elegido por la mayoría del pueblo y el clero de Roma para suceder a Ceferino en el 217, a pesar de ser liberto, cuando contaba con 62 años. No fue hasta el siglo V que el papa León Magno dispuso que un liberto no podría acceder al papado.
Controversias con Hipólito y Tertuliano
Tanto Hipólito como Tertuliano se enfrentaron a la manera como el papa Calixto gobernó la Iglesia: por ejemplo, denunciando un edicto papal por el cual se permitía dar la comunión eucarística a quienes habían cometido el pecado de adulterio y fornicación si habían cumplido la penitencia impuesta. Calixto fundamentó su decreto en el poder de atar y desatar concedido a san Pedro, a sus sucesores y a todos los que se hallan en comunión con ellos.
«En cuanto a vuestra decisión” —exclamaba el Tertuliano—, “os pregunto: ¿de dónde usurpáis este derecho de la Iglesia? Si es porque el Señor le dijo a Pedro: “Sobre esta roca construiré mi Iglesia, te daré las llaves del reino de los cielos”, o “lo que atares o desatares sobre la tierra será atado o desatado en el cielo”; que ustedes presumen que esta potestad de atar y desatar ha sido dado a ustedes también, esto es, a toda Iglesia en comunión con la de Pedro, ¿quién sois que destruís y alteráis la manifiesta intención del Señor, quien le confirió esto sólo y personalmente a Pedro?” (On Pudicity 21).
El edicto fue una orden para toda la Iglesia: «Escucho que se ha publicado un edicto; el obispo de obispos, es decir, el Sumo Pontífice, proclama: Perdono los crímenes de adulterio y fornicación a los que han hecho penitencia».
Hipólito y Tertuliano defendían una costumbre de tiempos primitivos y creían que al decretar una relajación, el Papa promulgaba una nueva ley.
Los rigoristas encabezados por Hipólito, se quejaban de que Calixto hubiese determinado que:
• el hecho de cometer un pecado mortal no era razón suficiente para deponer a un obispo
• que hubiese admitido a las órdenes a quienes se habían casado dos o tres veces
• que hubiese reconocido las legitimidad de los matrimonios entres los esclavos y mujeres libres
• que hubiese admitido a las órdenes a quienes se habían casado dos o tres veces
• que hubiese reconocido las legitimidad de los matrimonios entres los esclavos y mujeres libres
(prohibido por la ley civil).
Prácticamente todo lo que se sabe de su pontificado procede de los escritos de Hipólito de Roma quien, en su obra Philosophumena, lo acusa de herético, ambicioso y corrupto. Estos calificativos deben considerarse como totalmente sesgados. Oponiéndose desde el primer momento a la elección del papa Calixto y apoyado por sus seguidores llegó a hacerse nombrar Pontífice, lo que le convierte en el primer antipapa de la historia de la Iglesia.
Hipólito acusó a Calixto de monarquiano y de admitir que fueran ordenados hombres con hasta tres matrimonios simultáneos. También fue motivo de enfrentamiento la negación de Hipólito a la validez de matrimonios entre personas libres y esclavas, y que Calixto permitiera el retorno a la Iglesia de los fornicarios si expresaban su arrepentimiento y cumplían la penitencia que se les había umpuesta, mediante un decreto que expidió en el 217.
Hipólito afirmó que el papa era propagador de la herejía del modalismo. En definitiva el enfrentamiento supuso la lucha entre el rigorismo de Hipólito y la visión pastoral del papa Calixto.
Calixto también tuvo que enfrentarse a Tertuliano, el teólogo que abrazó y difundió por el norte de África las doctrinas de Montano.
Murió asesinado en Roma, en el 222, con 67 años, probablemente en un levantamiento popular.
Legado
Calixto es el primer papa, después de san Pedro, que figura como mártir en el Martirologio romano más antiguo que se conoce. Su tumba en la Vía Aurelia, descubierta en 1960 y aparentemente construida bajo el pontificado de Julio I, contiene referencias a su martirio, el cual consistió en ser bastoneado hasta la muerte, para luego ser arrojado su cadáver a un pozo donde hoy se alza la basílica de Santa María en Trastévere, iglesia fundada por el mismo Calixto. Al parecer un sacerdote de nombre Asterio, recuperó su cadáver de las aguas del Tíber y le dio cristiana sepultura. Tiempo después el cementerio que Calixto administró en vida se convirtió en la última morada de los pontífices siguientes y se conoció como Catacumbas de San Calixto, a pesar de que Calixto no fue enterrado allí.
sábado, 17 de septiembre de 2022
San Roberto Belarmino: director espiritual de mártires y de san Luis Gonzaga
La influencia espiritual del P. Belarmino entre los alumnos es muy importante. Entre sus dirigidos espiritualmente están el beato Rodolfo Acquaviva, mártir de Salsette, en la India, y el misionero de China, el P. Mateo Ricci.
En presencia suya, los estudiantes ingleses, el 15 de abril de 1579, pronuncian el voto heroico de volver a la patria para trabajar por la fe católica y morir, si fuere necesario. Los primeros que extienden las manos sobre el Evangelio son los beatos Roberto Sherwin, Lucas Kirby y William Hart. También los santos Roberto Southwell y Enrique Walpole, de la Compañía de Jesús, y los beatos Edward Oldcorne, también jesuita, Cristóbal Buxton, Edward Jomes y John Ingram. Todos ellos darán la vida por la fe en Inglaterra. Roberto Belarmino jura con sus discípulos y pide ser destinado para enseñar la fe católica entre los ingleses.
Después de acompañar al cardenal Enrique Gaetani a París (1589) reanuda sus clases y la labor espiritual de los estudiantes del Colegio Romano. Se siente muy a gusto.
Entre tantos discípulos sobresale el joven jesuita Luis Gonzaga. Lo acompaña tres años, hasta la muerte de Luis en 1591. Roberto enseña y guía, Luis edifica al maestro. El recuerdo y la devoción por Luis Gonzaga los conservará hasta el final de sus días. En el testamento pide ser sepultado a los pies de san Luis Gonzaga. Belarmino tuvo el consuelo de promover con éxito la beatificación de su dirigido.
miércoles, 7 de septiembre de 2022
Persecución, destierro y muerte de san Hipólito de Roma
Maximino Tracio persiguió a los cristianos y desterró al Papa legítimo (Ponciano) y a Hipólito a las minas de Cerdeña, donde parece ser que se reconciliaron. Allí los dos renunciaron al pontificado, para facilitar la pacificación de la comunidad romana, que de este modo pudo elegir un nuevo Papa y dar por terminado el cisma.
Después de que los dos desterrados murieron en la isla de Cerdeña, sus restos mortales fueron traídos a Roma el mismo día, 13 de agosto (ya sea de 236 o en uno de los años siguientes).
El papa Fabián (236-250) hizo trasladar los cuerpos de Ponciano e Hipólito a Roma, enterrando al primero en la cripta papal de San Calixto, y a Hipólito en el cementerio de la vía Tiburtina, que aún lleva su nombre.
Ambos fueron reverenciados como mártires por la Iglesia Romana: prueba cierta de que Hipólito había hecho las paces con la Iglesia antes de morir.
La Iglesia celebra la fiesta de los dos mártires el 13 de agosto.
Martirio de san Hipolito. Obra de 1468.
Museum of Sint Salvador Kathedral, Brujas.
martes, 16 de agosto de 2022
20 de enero: San Fabián (Roma 200-250), papa y mártir
Fabián fue el vigésimo papa de la Iglesia católica, ejerciendo entre los años 236 y 250. Sabemos muy poco de este pontífice pero figura en el Catálogo Liberiano y en el Liber Pontificalis, y dan testimonio de él san Cipriano de Cartago, san Jerónimo y el historiador Eusebio de Cesarea.
Una elección poco común
Sobre su pontificado
Fabián impulsó la construcción edificios sobre los cementerios o catacumbas, aprovechando un período de tranquilidad que gozó la Iglesia después de la persecución de Maximino Tracio.
Organización del clero:
Debido al crecimiento de Roma, el papa Fabián dividió la ciudad en siete distritos poniendo al frente de a un diácono para su gobierno y administración. Consagró a varios obispos, entre ellos a san Dionisio de París al que envió a misionar las Galias. Según la tradición, Fabián instituyó las cuatro órdenes menores.
Instituyó también siete subdiáconos, para que recogiesen y archivasen las actas y gestas de los mártires, redactadas asimismo por siete notarios. En toda esa organización podemos ver un esquema oficial del clero, necesario para el ordenado ejercicio del culto y de la caridad cristiana.
Hizo cinco ordenaciones, todas en el mes de diciembre, en las cuales creó veintidós presbíteros, siete diáconos y once obispos para diversas diócesis.
El Santo Crisma:
Controversia teológica con Novaciano:
Fue el suyo un tiempo de controversias en Roma. Uno de los efectos que las ocasionaron fue el cisma de Novaciano, que estalló en el pontificado siguiente (el de san Cornelio), pero se había incubado durante el de Fabián.
Novaciano, de Roma, y Novato, de Cartago, íntimos amigos, defendieron un error de tipo puritanista, enfrentándose al criterio del papa Cornelio. Consistía el error en acusar de indulgente al Papa con respecto a los lapsos, es decir, a los que apostataban o cometión otro pecado enorme, y en afirmar que la Iglesia debía estar formada por personas puras (cátaros), no debiendo ser readmitidos en su seno los que pecaban después del Bautismo porque el poder de perdonar no pertenecía más que a Dios.
El cisma de Novaciano no obedecía a una razón estrictamente doctrinal sino a una razón moral y psíquica. Novaciano era un escritor brillante, que en tiempo de san Fabián había escrito un tratado sobre la Trinidad, con el que refutó heréjías gnósticas. El papa Fabián, admirando el ingenio de Novaciano, dejó que fuese ordenado presbítero sin darse cuenta de que sus defectos pudieran hacer de él un antipapa. La soberbia de Novaciano le convirtió en tal, cuando en 251, vio que Cornelio había sido elegido para suceder a san Fabián en la silla de san Pedro.
Fuera del ámbito de Roma, el papa Fabián intervino en la deposición del obispo africano Privato, y mantuvo correspondencia con Orígenes, el pensador y exegeta de Alejandría.
A Fabián se le atribuye el primer envío de misioneros a las Galias.
Persecución y muerte
San Fabián murió mártir el 20 de enero de 250, bajo la persecución de Decio y fue enterrado en la catacumba de San Calixto.
El culto de san Fabián ha estado siempre unido al de san Sebastián, ambos se celebran el 20 de enero, en la festividad de los Santos Mártires.
San Cornelio y el cisma de Novaciano
San Cornelio y el cisma de Novaciano
El papa Cornelio va asociado en la historia de la Iglesia al del cisma o herejía de los novacianos. Frente a la intransigencia de los novacionistas, Cornelio vio que el leño todavía humeaba... ¿Por qué, entonces, apagarlo? En la célebre cuestión de los lapsi (o caídos en la apostasía) el papa Cornelio representa la auténtica mentalidad de la Iglesia.
A la muerte, del papa Fabián, martirizado en el comienzo de la persecución de Decio (20 de enero del 250), la sede romana quedó vacante durante dieciséis meses. Durante este tiempo, gobernaron la Iglesia romana los sacerdotes de la ciudad, entre los cuales sobresalió Novaciano, autor de diversas obras y clérigo rigorista, Novaciano parecía ser el candidato mejor situado para ocupar la Cátedra de San Pedro, cuando, al amainar la persecución, se elegió al nuevo Papa. Sin embargo, la mayoría de los votos fueron para al sacerdote Cornelio (abril del 251), que fue elegido Romano Pontífice frente a un grupo de presbíteros que apoyaban a Novaciano. La actitud intransigente de Novaciano hizo que pronto surgiera un cisma en Roma.
Novaciano se hizo consagrar como obispo de Roma y envió cartas a las demás iglesias para que le reconocieran como Papa. Por su parte, Cornelio vio que su designación era aceptada como válida no sólo por la mayoría del clero de Roma sino también por los obispos más destacados de la época como Dionisio de Alejandría, Cipriano de Cartago, y el resto de la cristiandad.
La Iglesia ante el problema de los lapsi
La actividad del papa Cornelio se centró en la condenación del rigorismo de Novaciano. Desde muchos años atrás se venía discutiendo si los cristianos que apostataban podían volver a ser admitidos en la Iglesia, previa una sincera conversión, o se les debía excluir perpetuamente. Esta cuestión había agitado los pontificados de Ceferino (198-217) y de Calixto (217-222).
Los obispos de Oriente se inclinaban hacia el rigorismo de Novaciano aunque san Dionisio de Alejandría apoyó siempre al papa Cornelio. La controversia fue acrecentándose y amenazó durante años la unidad de la Iglesia. San Cipriano tuvo que hacer equilibrios entre el rigorismo excluyente y la indulgencia excesiva, inclinándose finalmente hacia la doctrina del papa Cornelio, como lo testimonia la correspondencia con el Pontífice Romano. Esta correspondencia es importante también para reconocer la primacía de la Iglesia de Roma sobre las otras iglesias de la cristiandad.
El Papa mártir que acogía en la Iglesia
a quienes apostaban por temor el martirio
San Cornelio, de espíritu recto pero flexible, supo demostrar que hay momentos en que no es posible ceder. Así le ocurrió a él, cuando selló su fe con el martirio en Centumcellae (actual Civitavecchia) en el año 252. La muerte del papa Cornelio tuvo lugar en el mes de junio; pero la traslación de sus restos a Roma desde la cercana ciudad a donde había sido desterrado y donde sufrió el martirio, se verificó el 14 de septiembre, fecha de la muerte de san Cipriano, cuya memoria va asociada a la de nuestro Santo en una fiesta común. Cornelio recibio sepultura en una cripta próxima al cementerio de San Calixto. Su epitafio no está escrito en griego, como el de los papas del siglo III; dice simplemente Cornelius martyr, E. P. Su sucesor fue el papa Lucio.
De la carta de san Cornelio a Fabián de Antioquía se desprenden unos datos interesantes para conocer el estado de la Iglesia de Roma, todavía no desarrollada por completo: los presbíteros eran cuarenta y seis, siete diáconos, siete subdiáconos, cuarenta y dos los acólitos y cincuenta y dos exorcistas, lectores y ostiarios. Cifras muy modestas para las que había de alcanzar con el correr del tiempo.
De la vida de san Cornelio podemos extraer la enseñanza de que hay que estar dispuestos a perseverar en la fe si fuera necesario aceptando el martirio, sin rechazar a quienes por miedo han renegado de ella y quieren volver a la Iglesia haciendo la correspondiente penitencia.
martes, 9 de agosto de 2022
lunes, 20 de enero de 2020
20 de enero: San Sebastián, mártir
Fuentes históricas y popularidad
La información histórica sobre San Sebastián es muy poca, pero la difusión de su culto ha perdurado, y está muy viva: tres municipios en Italia llevan su nombre y muchos otros lo veneran como santo patrón. También lo recuerda la ciudad española de San Sebastián, la isla de Sao Sebastiao en Brasil, frente a Sao Paolo.
La ‘Depositio martyrum’ que data del 354, lo recuerda el 20 de enero y el “Comentario sobre el Salmo 118” de S. Ambrosio (340-397). Las pocas noticias fueron ampliadas y adornadas, más tarde en ‘Passio’, probablemente escrito en el siglo V por el monje Arnobio el Joven.
¿Quién era Sebastián?
Sebastián era hijo de familia militar y noble. Nació en de Narbona (Francia), de donde era su padre, pero se había educado en Milán, de donde era su madre. Fue educado en la fe cristiana y en el 270 se trasladó a Roma donde inició la carrera militar hacia el 283.
Llegó a ser capitán de la primera corte de la guardia pretoriana. Era respetado por todos y apreciado por los emperadoradores Maximiano y Diocleciano, que desconocían su cualidad de cristiano. Cumplía con la disciplina militar, pero no participaba en los sacrificios idolátricos. Además, como buen cristiano, ejercitaba el apostolado entre sus compañeros, visitaba y alentaba a los cristianos encarcelados por causa de Cristo.
Obligado entre ser soldado o seguir a Cristo
Sebastián fue denunciado al emperador Maximiano quien lo obligó a escoger entre ser su soldado o seguir siendo cristiano. Sebastián escogió la milicia de Cristo y el desairado emperador lo amenazó de muerte. Sebastián se mantuvo firme en su fe.
Enfurecido Maximiano, lo condenó a morir asaeteado: los soldados del emperador lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de saetas, dándolo por muerto. Sin embargo, sus amigos que estaban al acecho, se acercaron, y al verlo todavía con vida, lo llevaron a casa de una noble cristiana romana, llamada Irene, que lo mantuvo escondido en su casa y le curó las heridas hasta que quedó restablecido.
Sus amigos le aconsejaron que se ausentara de Roma, pero Sebastián se negó y se presentó públicamente durante la celebración de unos juegos ante el emperador Diocleciano y su asociado Maximiano, a quienes el santo reprochó su conducta por perseguir a los cristianos con acusaciones falsas.
Diocleciano mandó que lo azotaran hasta morir, y los soldados cumplieron esta vez sin errores. La ejecución tuvo lugar en el hipódromo Palatino (año 304) y el cuerpo de Sebastián fue tirada a la cloaca Máxima para que no pudiera ser recuperado.
Enterrado junto a san Pedro y san Pablo
El mártir apareció en sueños a la matrona Lucina, indicando el lugar donde estaba el cadáver, y la comunidad cristiana de Roma lo enterró en el cementerio “ad Catacumbas” en la Via Appia. Hasta finales del siglo VI, los peregrinos iban allí atraídos por la “memoria” de san Pedro y de san Pablo, en la basílica de Constantiniano erigida en memoria de los dos apóstoles justo encima del cementerio, también visitaban la tumba del mártir, cuya figura se había vuelto muy popular y cuando en 680 se atribuyó a su intercesión, el final de una grave plaga en Roma.
El mártir san Sebastián fue elegido intercesor contra las epidemias y la iglesia comenzó a llamarse “Basílica Sancti Sebastiani”. Por su trabajo de asistencia a los cristianos, fue proclamado por el Papa San Cayo “defensor de la Iglesia”. El santo es venerado el 20 de enero y es considerado el tercer patrón de Roma, después de los dos apóstoles Pedro y Pablo.
Fuentes: Aciprensa, Primeros Cristianos
+ SOBRE SAN SEBASTIÁN
lunes, 5 de febrero de 2018
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