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miércoles, 16 de agosto de 2017

Éxodo 30,22-33: Aceite de la unción

Éxodo 30,22-33  

30:22 Habló Yahveh a Moisés, diciendo:
30:23 Toma tú aromas escogidos: de mirra pura, quinientos siclos; de cinamomo, la mitad, o sea, 250; de caña aromática, 250;
30:24 de casia, quinientos, en siclos del Santuario, y un sextario de aceite de oliva.
30:25 Prepararás con ello el óleo para la unción sagrada, perfume aromático como lo prepara el perfumista. Este será el óleo para la unción sagrada.
30:26 Con él ungirás la Tienda del Encuentro y el arca del Testimonio,
30:27 la mesa con todos sus utensilios, el candelabro con todos sus utensilios, el altar del incienso,
30:28 el altar del holocausto con todos sus utensilios y la pila con su base.
30:29 Así los consagrarás y serán cosa sacratísima. Todo cuanto los toque quedará santificado.
30:30 Ungirás también a Aarón y a sus hijos y los consagrarás para que ejerzan mi sacerdocio.
30:31 Hablarás a los israelitas, diciendo: Este será para vosotros el óleo de la unción sagrada de generación en generación.
30:32 No debe derramarse sobre el cuerpo de ningún hombre; no haréis ningún otro de composición parecida a la suya. Santo es y lo tendréis por cosa sagrada.
30:33 Cualquiera que prepare otro semejante, o derrame de él sobre un laico, será exterminado de su pueblo.

martes, 15 de agosto de 2017

Éxodo 29,10-37: Sacrificios en la consagración

Éxodo 29,10-37  

29:10 Presentarás el novillo ante la Tienda del Encuentro, y Aarón y sus hijos impondrán las manos sobre la cabeza del novillo.
29:11 Luego inmolarás el novillo delante de Yahveh, a la entrada de la Tienda del Encuentro.
29:12 Tomando sangre del novillo, untarás con tu dedo los cuernos del altar, y derramarás toda la sangre al pie del altar.
29:13 Saca todo el sebo que cubre las entrañas, el que queda junto al hígado, y los dos riñones con el sebo que los envuelve, para quemarlo en el altar.
29:14 Pero quemarás fuera del campamento la carne del novillo, con su piel y sus excrementos. Es sacrificio por el pecado.
29:15 Después tomarás uno de los carneros y Aarón y sus hijos impondrán las manos sobre la cabeza del carnero.
29:16 Una vez inmolado el carnero, tomarás su sangre y la derramarás en torno al altar.
29:17 Luego despedazarás el carnero, lavarás sus entrañas y sus patas; las pondrás sobre sus porciones y sobre su cabeza,
29:18 y quemarás todo el carnero en el altar. Es holocausto para Yahveh, calmante aroma de manjares abrasados en honor de Yahveh.
29:19 Tomarás también el segundo carnero, y Aarón y sus hijos impondrán las manos sobre la cabeza del carnero.
29:20 Una vez inmolado, tomarás su sangre y untarás con ella el lóbulo de la oreja derecha de Aarón y el lóbulo de la oreja derecha de sus hijos; el pulgar de su mano derecha y el pulgar de su pie derecho, y derramarás la sangre alrededor del altar.
29:21 Tomarás luego sangre de la que está sobre el altar, y óleo de la unción, para rociar a Aarón y sus vestiduras, a sus hijos y las vestiduras de sus hijos juntamente con él. Así quedará consagrado él y sus vestiduras y con él sus hijos y las vestiduras de sus hijos.
29:22 Toma después el sebo de este carnero: la cola, el sebo que cubre las entrañas, el que queda junto al hígado, los dos riñones con el sebo que lo envuelve y la pierna derecha, porque se trata del carnero de la investidura.
29:23 Toma del canastillo de los ázimos que está delante de Yahveh un pan redondo, una torta de pan de aceite y otra, untada de aceite.
29:24 Lo pondrás todo sobre las palmas de las manos de Aarón y de sus hijos; y lo mecerás como ofrenda mecida delante de Yahveh.
29:25 Después lo tomarás de sus manos y lo quemarás en el altar junto al holocausto como calmante aroma ante Yahveh. Es un manjar abrasado en honor de Yahveh.
29:26 Tomarás también el pecho del carnero inmolado por la investidura de Aarón, y lo mecerás como ofrenda mecida delante de Yahveh; esa será tu porción.
29:27 Así santificarás el pecho de la ofrenda mecida y la pierna de la ofrenda reservada, es decir, lo que ha sido mecido y reservado del carnero de la investidura de Aarón y de sus hijos;
29:28 según decreto perpetuo, pertenecerán a Aarón y a sus hijos, como porción recibida de los israelitas, porque es ofrenda reservada; será reservada de lo que ofrecen los israelitas, en sus sacrificios de comunión como ofrenda reservada a Yahveh.
29:29 Las vestiduras sagradas de Aarón serán, después de él, para sus hijos, de modo que, vestidos con ellas, sean ungidos e investidos.
29:30 Por siete días las vestirá aquel de sus hijos que le suceda como sacerdote y entre en la Tienda del Encuentro para oficiar en el Santuario.
29:31 Tomarás después el carnero de la investidura y cocerás su carne en lugar sagrado;
29:32 Aarón y sus hijos comerán a la entrada de la Tienda del Encuentro la carne del carnero y el pan del canastillo.
29:33 Comerán aquello que ha servido para su expiación al investirlos y consagrarlos; pero que ningún laico coma de ello, porque es cosa sagrada.
29:34 Si a la mañana siguiente sobra algo de la carne o del pan de la investidura, quemarás este resto; no ha de comerse, porque es cosa sagrada.
29:35 Harás, pues, con Aarón y con sus hijos de esta manera, según todo lo que te he mandado. Siete días invertirás en la investidura.
29:36 Cada día ofrecerás un novillo en expiación como sacrificio por el pecado; y purificarás, mediante tu expiación, el altar, que ungirás para consagrarlo.
29:37 Siete días harás la expiación por el altar, y lo santificarás; el altar será cosa sacratísima; todo cuanto toque al altar quedará consagrado.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Laicos en la vida pública, Iglesia y mundo


Laicos en la vida pública, Iglesia y mundo
Carta del Papa Francisco al Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina

En el documento -firmado el 19 de marzo de 2016, Solemnidad de San José-  el Santo Padre recuerda el encuentro que mantuvo (4 de marzo de 2016)  con los participantes en la Asamblea Plenaria de la CAL (Comisión para América Latina), sobre el tema: «Indispensable compromiso de los fieles laicos en la vida pública de los países latinoamericanos».

Con el anhelo de que «el espíritu de discernimiento y reflexión ‘no caigan en saco roto’» y «nos ayude y siga estimulando a servir al Santo Pueblo fiel de Dios», el papa Francisco hace hincapié en  que el «Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados a mirar, proteger, acompañar, sostener y servir».

«Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios», escribe Francisco. Y pone en guardia contra el clericalismo, animando la piedad popular y la pastoral popular y señalando asimismo que, ante los desafíos que la vida contemporánea presenta, los pastores deben estimular la inculturación, alentando a la gente a vivir, anunciar y celebrar su fe «en el aquí y ahora de la historia».

TEXTO COMPLETO DE LA CARTA DEL PAPA FRANCISCO

A Su Eminencia Cardenal
Marc Armand Ouellet, P.S.S.
Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina

Eminencia:

Al finalizar el encuentro de la Comisión para América Latina y el Caribe tuve la oportunidad de encontrarme con todos los participantes de la asamblea donde se intercambiaron ideas e impresiones sobre la participación pública del laicado en la vida de nuestros pueblos.

Quisiera recoger lo compartido en esa instancia y continuar por este medio la reflexión vivida en esos días para que el espíritu de discernimiento y reflexión "no caiga en saco roto"; nos ayude y siga estimulando a servir mejor al Santo Pueblo fiel de Dios.

Pastores con su Pueblo

Precisamente es desde esta imagen, desde donde me gustaría partir para nuestra reflexión sobre la actividad pública de los laicos en nuestro contexto latinoamericano. Evocar al Santo Pueblo fiel de Dios, es evocar el horizonte al que estamos invitados a mirar y desde donde reflexionar. El Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados a mirar, proteger, acompañar, sostener y servir. Un padre no se entiende a sí mismo sin sus hijos. Puede ser un muy buen trabajador, profesional, esposo, amigo pero lo que lo hace padre tiene rostro: son sus hijos.

Lo mismo sucede con nosotros, somos pastores. Un pastor no se concibe sin un rebaño al que está llamado a servir. El pastor, es pastor de un pueblo, y al pueblo se lo sirve desde dentro. Muchas veces se va adelante marcando el camino, otras detrás para que ninguno quede rezagado, y no pocas veces se está en el medio para sentir bien el palpitar de la gente.

Mirar al Santo Pueblo fiel de Dios y sentirnos parte integrante del mismo nos posiciona en la vida y, por lo tanto, en los temas que tratamos de una manera diferente. Esto nos ayuda a no caer en reflexiones que pueden, en sí mismas, ser muy buenas pero que terminan funcionalizando la vida de nuestra gente, o teorizando tanto que la especulación termina matando la acción. Mirar continuamente al Pueblo de Dios nos salva de ciertos nominalismos declaracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades. Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresión: "es la hora de los laicos" pero pareciera que el reloj se ha parado.

Somos Pueblo de Dios

Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción del Espíritu Santo, (los fieles) quedan consagradas como casa espiritual y sacerdocio santo (LG 10) Nuestra primera y fundamental consagración hunde sus raíces en nuestro bautismo. A nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizados laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podrá eliminar.

Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios. Olvidarnos de esto acarrea varios riesgos y/o deformaciones en nuestra propia vivencia personal como comunitaria del ministerio que la Iglesia nos ha confiado. Somos, como bien lo señala el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, cuya identidad es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo (LG 9). El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo, por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción.

Sobre el Clericalismo

A su vez, debo sumar otro elemento que considero fruto de una mala vivencia de la eclesiología planteada por el Vaticano II. No podemos reflexionar el tema del laicado ignorando una de las deformaciones más fuertes que América Latina tiene que enfrentar - y a las que les pido una especial atención - el clericalismo. Esta actitud no sólo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente.

El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como "mandaderos", coarta las distintas iniciativas, esfuerzos y hasta me animo a decir, osadías necesarios para poder llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los ámbitos del quehacer social y especialmente político. El clericalismo lejos de impulsar los distintos aportes, propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios (cfr. LG 9-14) Y no solo a unos pocos elegidos e iluminados.

La Pastoral Popular

Hay un fenómeno muy interesante que se ha producido en nuestra América Latina y me animo a decir, creo que es de los pocos espacios donde el pueblo de Dios fue soberano de la influencia del clericalismo: me refiero a la pastoral popular. Ha sido de los pocos espacios donde el pueblo (incluyendo a sus pastores) y el Espíritu Santo se han podido encontrar sin el clericalismo que busca controlar y frenar la unción de Dios sobre los suyos.

Sabemos que la pastoral popular como bien lo ha escrito Pablo VI en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, tiene ciertamente sus límites. Está expuesta frecuentemente a muchas deformaciones de la religión, pero prosigue, cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción. Teniendo en cuenta esos aspectos, la llamamos gustosamente "piedad popular", es decir, religión del pueblo, más bien que religiosidad ... Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo. (EN 48)

El Papa Pablo usa una expresión que considero es clave, la fe de nuestro pueblo, sus orientaciones, búsquedas, deseo, anhelos, cuando se logran escuchar y orientar nos terminan manifestando una genuina presencia del Espíritu. Confiemos en nuestro Pueblo, en su memoria y en su "olfato", confiemos que el Espíritu Santo actúa en y con ellos, y que este Espíritu no es solo "propiedad" de la jerarquía eclesial.

He tomado este ejemplo de la pastoral popular como clave hermenéutica que nos puede ayudar a comprender mejor la acción que se genera cuando el Santo Pueblo fiel de Dios reza y actúa. Una acción que no queda ligada a la esfera íntima de la persona sino por el contrario se transforma en cultura; una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y creyente, y posee una sabiduría peculiar que hay que saber reconocer con una mirada agradecida. (EG 68)

Laicos y Vida Pública

Entonces desde aquí podemos preguntarnos, ¿qué significa que los laicos estén trabajando en la vida pública?

Hoy en día muchas de nuestras ciudades se han convertidos en verdaderos lugares de supervivencia. Lugares donde la cultura del descarte parece haberse instalado y deja poco espacio para una aparente esperanza. Ahí encontramos a nuestros hermanos, inmersos en esas luchas, con sus familias, intentando no solo sobrevivir, sino que en medio de las contradicciones e injusticias, buscan al Señor y quieren testimoniar lo.

¿Qué significa para nosotros pastores que los laicos estén trabajando en la vida pública? 

Significa buscar la manera de poder alentar, acompañar y estimular los intentos, esfuerzos que ya hoy se hacen por mantener viva la esperanza y la fe en un mundo lleno de contradicciones especialmente para los más pobres, especialmente con los más pobres. Significa como pastores comprometernos en medio de nuestro pueblo y, con nuestro pueblo sostener la fe y su esperanza. Abriendo puertas, trabajando con ellos, soñando con ellos, reflexionando y especialmente rezando con ellos.

Necesitamos reconocer la ciudad -y por lo tanto todos los espacios donde se desarrolla la vida de nuestra gente- desde una mirada contemplativa, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas... Él vive entre los ciudadanos promoviendo la caridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia. Esa presencia no debe ser fabricada sino descubierta, develada. Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero. (EG 71) No es nunca el pastor el que le dice al laico lo que tiene que hacer o decir, ellos lo saben tanto o mejor que nosotros. No es el pastor el que tiene que determinar lo que tienen que decir en los distintos ámbitos los fieles. Como pastores, unidos a nuestro pueblo, nos hace bien preguntamos cómo estamos estimulando y promoviendo la caridad y la fraternidad, el deseo del bien, de la verdad y la justicia. Cómo hacemos para que la corrupción no anide en nuestros corazones.

Muchas veces hemos caído en la tentación de pensar que el laico comprometido es aquel que trabaja en las obras de la Iglesia y/o en las cosas de la parroquia o de la diócesis y poco hemos reflexionado como acompañar a un bautizado en su vida pública y cotidiana; cómo él, en su quehacer cotidiano, con las responsabilidades que tiene se compromete como cristiano en la vida pública.

Sin darnos cuenta, hemos generado una elite laical creyendo que son laicos comprometidos solo aquellos que trabajan en cosas "de los curas" y hemos olvidado, descuidado al creyente que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe. Estas son las situaciones que el clericalismo no puede ver, ya que está muy preocupado por dominar espacios más que por generar procesos. Por eso, debemos reconocer que el laico por su propia realidad, por su propia identidad, por estar inmerso en el corazón de la vida social, pública y política, por estar en medio de nuevas formas culturales que se gestan continuamente tiene exigencias de nuevas formas de organización y de celebración de la fe. ¡Los ritmos actuales son tan distintos (no digo mejor o peor) a los que se vivían 30 años atrás! Esto requiere imaginar espacios de oración y de comunión con características novedosas, más atractivas y significativas -especialmente-para los habitantes urbanos. (EG 73)

Es obvio, y hasta imposible, pensar que nosotros como pastores tendríamos que tener el monopolio de las soluciones para los múltiples desafíos que la vida contemporánea nos presenta. Al contrario, tenemos que estar al lado de nuestra gente, acompañándolos en sus búsquedas y estimulando esta imaginación capaz de responder a la problemática actual. Y esto discerniendo con nuestra gente y nunca por nuestra gente o sin nuestra gente. Como diría San Ignacio, "según los lugares, tiempos y personas". Es decir, no uniformizando.

Inculturación y Memoria

No se pueden dar directivas generales para una organización del pueblo de Dios al interno de su vida pública. La inculturación es un proceso que los pastores estamos llamados a estimular alentado a la gente a vivir su fe en donde está y con quién está. La inculturación es aprender a descubrir cómo una determinada porción del pueblo de hoy, en el aquí y ahora de la historia, vive, celebra y anuncia su fe. Con la idiosincrasia particular y de acuerdo a los problemas que tiene que enfrentar, así como todos los motivos que tiene para celebrar. La inculturación es un trabajo de artesanos y no una fábrica de producción en serie de procesos que se dedicarían a "fabricar mundos o espacios cristianos".

Dos memorias se nos pide cuidar en nuestro pueblo. La memoria de Jesucristo y la memoria de nuestros antepasados. La fe, la hemos recibido, ha sido un regalo que nos ha llegado en muchos casos de las manos de nuestras madres, de nuestras abuelas. Ellas han sido, la memoria viva de Jesucristo en el seno de nuestros hogares. Fue en el silencio de la vida familiar, donde la mayoría de nosotros aprendió a rezar, a amar, a vivir la fe. Fue al interno de una vida familiar, que después tomó forma de parroquia, colegio, comunidades que la fe fue llegando a nuestra vida y haciéndose carne. Ha sido también esa fe sencilla la que muchas veces nos ha acompañado en los distintos avatares del camino. Perder la memoria es desarraigarnos de donde venimos y por lo tanto, nos sabremos tampoco a donde vamos. Esto es clave, cuando desarraigamos a un laico de su fe, de la de sus orígenes; cuando lo desarraigamos del Santo Pueblo fiel de Dios, lo desarraigamos de su identidad bautismal y así le privamos la gracia del Espíritu Santo.

Lo mismo nos pasa a nosotros, cuando nos desarraigamos como pastores de nuestro pueblo, nos perdemos. Nuestro rol, nuestra alegría, la alegría del pastor está precisamente en ayudar y estimular, al igual que hicieron muchos antes que nosotros, sean las madres, las abuelas, los padres los verdaderos protagonistas de la historia. No por una concesión nuestra de buena voluntad, sino por propio derecho y estatuto. Los laicos son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo; a los que nosotros estamos llamados a servir y no de los cuales tenemos que servirnos.

En mi reciente viaje a la tierra de México tuve la oportunidad de estar a solas con la Madre, dejándome mirar por ella. En ese espacio de oración pude presentarle también mi corazón de hijo. En ese momento estuvieron también ustedes con sus comunidades. En ese momento de oración, le pedí a María que no dejara de sostener, como lo hizo con la primera comunidad, la fe de nuestro pueblo. Que la Virgen Santa interceda por ustedes, los cuide y acompañe siempre,

Vaticano, 19 de marzo de 2016

+Francisco

sábado, 20 de septiembre de 2014

¿Puede un laico bendecir?, por Jesús Luengo Mena

¿Puede un laico bendecir? La respuesta es sí. Ahora matizaremos.

En primer lugar, es evidente que hay bendiciones importantes, que afectan a la Iglesia local, que pertenecen al obispo. Son las bendiciones que afectan a la comunidad diocesana y se imparten con una solemnidad especial y gran concurrencia de pueblo (por ejemplo, bendición de iglesias).

A los presbíteros (y diáconos) les compete, sobre todo, aquellas bendiciones que afectan a la comunidad a la que prestan su servicio. Solo si el obispo está presente deben ceder la presidencia.

Los diáconos, en ausencia del obispo o del presbítero, también pueden bendecir en algunos casos.

Y ahora vamos con los laicos.

A los acólitos y lectores instituidos se les concede, con preferencia a cualquier otro laico, la facultad de impartir algunas bendiciones. También otros laicos, hombres o mujeres (religiosos, catequistas, padres) pueden impartir algunas bendiciones, eso sí, siempre en ausencia de un ministro ordenado.

Los laicos no bendicen a la manera de los ministros ordenados. Cuando "dirigen" o "guían" una celebración de la Palabra o una Asamblea dominical en ausencia del presbítero (o del diácono), no se dirigen a la Asamblea con el "vosotros", sino que se incluyen en la solicitud de bendición, ("sobre nosotros"), santiguándose y diciendo: "El Señor nos bendiga y nos guarde..." sin hacer al señal de la cruz sobre la asamblea.

Y así en las numerosas bendiciones del Bendicional sobre personas o sobre objetos. Tampoco utilizan la fórmula bíblica "El Señor esté con vosotros"., ya que la respuesta "Y con tu espíritu" alude a la imposición de las manos que ha constituido una persona en ministro ordenado.

La colaboración de los laicos en el ministerio de los sacerdotes precisa el vocabulario exacto que se debe utilizar, respondiendo a la necesidad de aclarar y distinguir las diversas acepciones que el término "ministerio" ha asumido en el lenguaje teológico y canónico.

Los ministerios que se confían como suplencia a los laicos no hacen de ellos "ministros ordinarios", ni confieren parte del ministerio de la Ordenación. Se trata de una delegación temporal para realizar servicios que no necesitan del sacramento del Orden, pero sí son una expresión -entre otras- del "sacerdocio bautismal".

En el libro del Bendicional figura, antes de cada bendición y su rito, los ministros que pueden impartirla.

Algunas generalidades sobre las bendiciones

* Como norma, las bendiciones no deben hacerse sin presencia de, al menos, algún fiel.

* Debe catequizarse con claridad el sentido de la bendición, para evitar caer en elementos de vana credulidad o superstición. La bendición de los objetos no les otorga ningún poder extraordinario ni les cambia su sustancia. Es mejor hablar de objetos bendecidos que benditos y distinguir entre objetos bendecidos (una casa o un rosario, por ejemplo) o sagrados (un cáliz o patena).

* Los signos que se emplean son: extensión, elevación o unión de las manos; imposición de las manos; señal de la cruz; aspersión de agua bendita e incensación.

* Las vestiduras litúrgicas a usar serán, para los ministros ordenado, alba y estola. En algún caso muy solemne, capa pluvial. El color será blanco o el del tiempo o fiesta litúrgica. Si es ministro instituido, alba.

¿Puede un laico bendecir a otra persona?

Los sacramentales son "signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida" -Catecismo #1667; Cf. Ley Canónica (Canon 1166).

La bendición es un sacramental, ocurre con frecuencia en la Biblia y tiene varios significados:

Significa alabar a Dios; desear el bien a una persona; dedicar una persona o cosa al servicio de Dios.

En la liturgia, la bendición es un ritual por el cual un ministro ordenado santifica a personas o cosas para el servicio divino o invoca el favor divino.

1. Como sinónimo de alabar. Cf. Salmo 33, 1
2. Expresa el deseo de bienestar espiritual. Cf. Salmo 127, 2.
3. La santificación o dedicación de persona o cosa. Cf. Mateo 26, 26.

El Génesis narra que Dios, al completar cada día de la creación, la bendijo (Cf. Gen 1-2). Cuando Noé salió del Arca, recibió la bendición de Dios (Cf. Gen 9,1). En el tiempo del los patriarcas, la cabeza de cada tribu y familia bendecía. Dios ordenaba a los sacerdotes a bendecir al pueblo (Num 6, 23-26). Jesucristo y los Apóstoles bendecían, por lo que la práctica pasó a la Iglesia como el mayor de los sacramentales.

- La Bendición en el Catecismo de la Iglesia Católica

1078. Bendecir es una acción divina que da la vida y cuya fuente es el Padre. Su bendición es a la vez palabra y don («bene-dictio», «eu-logia»). Aplicado al hombre, este término significa la adoración y la entrega a su Creador en la acción de gracias.

1079. Desde el comienzo y hasta la consumación de los tiempos, toda la obra de Dios es bendición. Desde el poema litúrgico de la primera creación hasta los cánticos de la Jerusalén celestial, los autores inspirados anuncian el designio de salvación como una inmensa bendición divina.

1669. Los sacramentales proceden del sacerdocio bautismal: todo bautizado es llamado a ser una «bendición» (cf Gn 12,2) y a bendecir (cf Lc 6,28; Rm 12,14; 1 P 3,9). Por eso los laicos pueden presidir ciertas bendiciones (cf SC 79; CIC can. 1168); la presidencia de una bendición se reserva al ministerio ordenado (obispos, presbíteros o diáconos, cf. De benedictionibus, 16,18), en la medida en que dicha bendición afecte más a la vida eclesial y sacramental. CIC 1168 Es ministro de los sacramentales el clérigo provisto de la debida potestad; pero, según lo establecido en los libros litúrgicos y a juicio del Ordinario, algunos sacramentales pueden ser administrados también por laicos que posean las debidas cualidades.

1671. Entre los sacramentales figuran en primer lugar las bendiciones (de personas, de la mesa, de objetos, de lugares). Toda bendición es alabanza de Dios y oración para obtener sus dones. En Cristo, los cristianos son bendecidos por Dios Padre "con toda clase de bendiciones espirituales" (Ef 1:3). Por eso la Iglesia da la bendición invocando el nombre de Jesús y haciendo habitualmente la señal santa de la cruz de Cristo.

En tu caso (y el mío, yo también soy laico) sólo podemos bendecir como el punto 2, "deseo de bienestar espiritual. ¿Cómo lo puedes hacer? Con palabras: "Que Dios te bendiga" como bien lo dice en Catecismo 1671.

¿Es adecuado para una persona no ordenada en el sacerdocio ministerial, bendecir en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en público y en voz alta? y suponiendo que no sea tan adecuado ¿le es lícito litúrgicamente?

Cualquier acción que confunda los roles de los laicos con aquellos de los sacerdotes (y/o diáconos) se debe evitar. Aunque es verdad que cualquiera puede pedir a Dios que bendiga a alguien, y los padres bendicen a sus hijos, los laicos no pueden bendecir al modo de los sacerdotes.

Eso me hace acordar de las ocasiones aquellas en que los fieles pasan a comulgar y a veces llevan niños pequeños, al momento de recibir la comunión de uno de los Ministros Extraordinarios de la Comunión (no de la Eucaristía), estos (los ministros) dan la bendición a los niños, cosa que no se puede hacer por lo anteriormente anotado. Al respecto recientemente la SCCDDS aclaró en Nov-22-2008 que esa práctica está explicitamente reprobada.

En lo que respecta a hacer bendiciones de lugares u objetos con la formula trinitaria, eso sí le está permitido a un laico siempre y cuando esté delegado por un parroco y en circunstancias especiales y no rutinariamente. por su cuenta propia no debería.

Incluso los laicos puedes hasta bendecir matrimonios en circunstancias muy particulares de ausencia de presbíteros y con licencia del obispo o de la conferencia. pero en lo que respecta a las bendiciones. el derecho canónico dice:

1168 Es ministro de los sacramentales el clérigo provisto de la debida potestad; pero, según lo establecido en los libros litúrgicos y a juicio del Ordinario, algunos sacramentales pueden ser administrados también por laicos que posean las debidas cualidades.

Las bendiciones son sacramentales y como dice la cita anterior, si los libros litúrgicos la permiten lo puede hacer un laico.

¿Cuáles serían las debidas cualidades para que un laico pueda pedir que Dios bendiga un objeto en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo? 

Las cualidades serían que sea un hombre de fe recta, de vida sacramental, comprometido en alguna labor en la iglesia y que esté bien formado.

¿Pueden los laicos bendecir? Por el P. Fabián Castro

El Bendicional trae muchos ritos de bendición, agrupados en cinco capítulos. Les pongo los títulos simplemente para que puedan observar la riqueza que tenemos:

1.  Bendiciones que se refieren directamente a las personas

2.  Bendiciones que atañen a las construcciones y a las diversas actividades de los cristianos

3.  Bendición de las cosas que en las Iglesias se destinan al uso litúrgico o a las prácticas de devoción

4.  Bendición de ciertos objetos de devoción del pueblo cristiano

5.  Bendiciones para diversas circunstancias

Detengámonos ahora en algunos tipos de bendiciones que pueden (¿y deben?) hacer los laicos.

- Bendición de los hijos (y ahijados): 

Yo los enseño a los padres/padrinos que pueden y deben bendecir a sus hijos/ahijados luego de que le hacen la señal de la cruz en la cabecita como signo de bienvenida a la comunidad cristiana. Aprovecho este signo para decirle que cada día lo pueden transformar en un gesto que llena de Dios a los niños simplemente con hacerles el gesto de la cruz deseando la presencia del Señor: y si se animan, que les digan “Dios te haga santo, hijo”.

Bendición de los alimentos: 

- Qué lindo es comer cada día como creyente, es decir, agradeciendo y bendiciendo los alimentos que tenemos en la mesa en ese momento.

- Bendición de los enfermos: 

Los laicos lo pueden hacer utilizando como signo la señal de la cruz en la frente del enfermo (312). Para que no piensen que es cosa mía, les transcribo lo que dice el Ritual:

“El rito que aquí se describe puede utilizarlo el sacerdote, el diácono y también el laico, con los ritos y preces previstos para el laico; todos estos, respetando la estructura y los principales elementos del rito, adaptarán la celebración a las circunstancias concretas de los enfermos y del lugar.” (295)

- Bendición de los instrumentos de trabajo: 

- También el laico lo puede hacer con una oración y el rocío del agua bendita sobre ellos. ¡Qué bueno sería que el trabajo sea santificado de esta manera concreta!

- Bendición de los animales: si. 

Para que veamos que es posible, les transcribo lo que dice el ritual:

“Puesto que muchos animales, según los designios de la divina providencia del Creador, comparten en cierto modo la vida del hombre, por cuanto le sirven de ayuda en su trabajo, o le proporcionan alimento y compañía, nada impide que, en determinadas ocasiones, por ejemplo en la fiesta de algún santo, se conserve la costumbre de invocar sobre ellos la bendición de Dios. Este rito pueden utilizarlo el sacerdote, el diácono, y también el laico, con los ritos y fórmulas previstos para él.” (802/3)

Fuente: http://padrefabian.com.ar/

jueves, 24 de julio de 2014

LAICOS NAZARET: III ENCUENTRO DE FAMILIAS, por M. Dolors Gaja, MN


Ya por tercer año consecutivo nos reunimos un día entero para disfrutar con las familias. En la foto parte del grupo escucha a otros exponer su tema. Pero vamos a ver qué representa para muchos pertenecer al Movimiento Laicos Nazaret:

Mi experiencia en el grupo ha sido positiva y enriquecedora a todos los niveles. A nivel religioso me ha permitido profundizar en temas que han fortalecido mi fe. Preparar un tema para todo el grupo y hacerlo con otro compañero te hace crecer en todos los sentidos. La complicidad y convivencia que hemos logrado crea un ambiente muy bueno. (Cande. Madre de alumna)

Nos contagiamos de la alegría de saber que hay otros que tienen los mismos criterios en la vida. Hemos comprendido que el Espíritu se derrama a través de personalidades e historias tan variadas y diferentes que supone una gran riqueza. En el grupo escuchamos, absorbemos, compartimos y nos sumergimos en la sensación de una fraternidad llamada a ser universal. Es una gozada. Intentemos ser ejemplo de “testigos de Nazaret”! (Merchi. P.A.S)

Mi experiencia en el grupo ha sido muy gratificante, creciendo y madurando en la fe, compartiendo momentos y situaciones de la vida. Nos ayudamos a quitar nuestros “miedos familiares” cuando compartimos esos mismos miedos. Y sobre todo, crecemos como familia de Nazaret. (Mª José. Madre de alumno. P.A.S)

Mi experiencia con el grupo ha sido muy positiva. Compartes inquietudes (sobre todo de familia) con personas que tienen tus mismas creencias y nos ayudamos. Aprendemos a ver muchos aspectos de la vida desde otra perspectiva. Se ha creado un grupo muy diferente entre sus personas pero muy homogéneo en el sentir. (Carmen. Exalumna y madre de exalumna)

Laicos Nazaret es formación en la fe desde y para el s. XXI. Pero además es alegría, amistad, escucha, apostolado, gratuidad, compartir, aprender, constancia, ilusión y empezar a tomar conciencia de lo que es ser laico, de nuestra responsabilidad en la Iglesia y en la sociedad, a la que tenemos que evangelizar, para que los alejados y no creyentes vuelvan a encontrarse con Cristo y el encuentro sea personal. La Sagrada Familia es nuestro modelo: José y María eran y son laicos… (Óscar. Padre de exalumno)

Al grupo tengo que agradecerle que siempre que me desvío o me voy del camino…ellos me encauzan y me acogen siempre. Gracias a él he conseguido abrirme, pese a los miedos, y he crecido en fortaleza. Aprendo mucho de religión y conozco cosas que ni sabía. Lo mejor es que me ha llevado a relacionarme directamente con Dios. Yo antes casi no me atrevía y le rezaba a María para que me llevara a Él. He descubierto lo que es hablar con Él y aunque voy pasito a pasito y tropiezo siempre está ahí el grupo para darme un toque. Aprendo mucho de todos y de los temas. (Rosi. P.A.S)

Recibimos la llamada a través de las Misioneras y en estos años hemos trabajado la amistad y el respeto pero sobre todo hemos profundizado en la fe y vivimos que esa fe es nuestro motor. En estos últimos años hemos tenido al lado personas excelentes con grandes carismas con las cuales hemos compartido nuestras preocupaciones familiares y hemos aprendido a crecer al estilo de Nazaret ( Rosa Mª. Exalumna y madre de exalumno)

Es una experiencia enriquecedora tanto personal como familiarmente. Nos necesitamos para salvar escollos entre todos y sabemos que sólo lo logramos desde la fe. Somos muy diferentes pero todos queremos que nuestra familia sea ese hogar, taller, escuela y templo que fue Nazaret  (Nuria. Madre de exalumna)

A nosotros el grupo de Laicos Nazaret nos ha enseñado a conocer, entender y querer vivir el carisma de Nazaret, nos ha acercado a San José Manyanet y a los valores que imprimen el carácter de nuestro hijo, que está en el colegio. El grupo nos ha permitido madurar como cristianos puesto que en las reuniones compartimos nuestra experiencia  y profundizamos en la fe. Otro aspecto que destacamos es el valor que se da a la familia como primer actor de la educación, la importancia de los padres para sembrar la fe en los hijos. Creemos que compartir con gente de distinta edad y circunstancias diferentes y con religiosas, que aportan su conocimiento y convicción de fe, forma un hermosos regalo del cual formamos parte. Estamos cada día más convencidos que la clave está en la familia para que mejore esta sociedad que no deja espacio a la familia. A veces los padres vamos a ciegas y grupos como laicos Nazaret te ayudan mucho. (Raúl y Lilia. Padres de alumno)

Empecé en Laicos Nazaret sin saber ni lo que era ser laico; hoy me siento orgullosa de ser del grupo. Soy ignorante en muchas cosas pero aprendo con ganas y la fe basta para esas ganas de crecer. He aprendido a tener a Dios en mi día a día, es mi apoyo. Además, la Sagrada familia se intercambia en mi tienda y yo soy la que más la tengo y le rezo…es una gran suerte. (Mary. Madre de exalumnos)

Nosotros, a nivel personal hemos crecido en la fe y hemos profundizado mucho más; también nos ha abierto a otras personas y nos ha planteado compartir más la fe como pareja. Amor, fe y convivencia definen el grupo Laicos Nazaret. (Jesús y Núria. Padres de alumna)

martes, 3 de junio de 2014

A falta de laicos, Sor Cristina, por Carlos J. Díaz Rodríguez


La participación de Sor Cristina en la versión italiana del programa “La voz” ha divido la opinión de los católicos en general. Unos la llaman -injustamente- apóstata y otros piensan que su presencia en el escenario forma parte de las periferias existenciales del Papa Francisco. El que esto escribe, tiene una tercera opinión. A falta de laicos católicos comprometidos en el medio artístico, Sor Cristina ha sido la única respuesta de calidad y eso es digno de un aplauso; sin embargo, no deja de ser alarmante el déficit de seglares en la vida pública. ¿La razón? El afán de clericalizarlos. Se les enseña a estar en la sacristía en vez de ayudarlos a ubicarse en los diferentes escenarios de la sociedad tales como la política, el deporte, la cultura, el comercio, la música contemporánea, etcétera.

Sor Cristina, con su hábito religioso y decencia al andar, ha venido a solventar un vacío que ha dejado la ausencia de laicos comprometidos. La principal tarea de una religiosa no es subirse a un escenario, pero si no hay nadie más, quizá es la única salida o punto de encuentro entre la postmodernidad y la fe de la Iglesia. Todo aquel que critique a Sor Cristina, tiene que preguntarse: ¿qué estoy haciendo yo como laico?, ¿evado o tengo un apostolado concreto? Pues ¡qué fácil es criticar! Queremos que los demás cambien, olvidando que el cambio verdadero empieza por la conversión de uno mismo.

Urge formar desde el punto de vista humano, espiritual e intelectual a los laicos. De otra manera, seguiremos dejando un espacio vacío. Es increíble que con tantas universidades católicas, todavía no seamos capaces de dar paso a una nueva generación de líderes que se involucren a nivel social, hombres y mujeres con talento. Profesionistas de la altura de San Giuseppe Moscati o Gaudí. Mientras la pastoral juvenil continúe siendo un espacio para dinámicas absurdas y reduccionistas, se echará en falta la presencia de uno o varios católicos en el rating musical del momento.

¿Hasta cuándo promoveremos sin miedo la figura del laico comprometido?, ¿qué acaso ya se nos olvidó el esfuerzo de Juan Pablo II por canonizar a seglares que sirvieran como una serie de modelos a seguir? Respondamos, mediante la educación formal e informal, al reto de la falta de bautizados influyentes en el buen sentido de la palabra.

Fuente: religionenlibertad.com

sábado, 7 de diciembre de 2013

Los curas excluidos de la Nueva Evangelización, por Jose Alberto Barrera Marchessi



En el libro Como la estela de una nave que recoge las homilías de adviento predicadas por el  capuchino Raniero Cantalamessa a la casa papal, se nos cuenta que cada momento de ola de evangelización en la historia de la Iglesia ha tenido sus protagonistas suscitados por Dios.

El padre Cantalamessa identifica cuatro momentos, en los que los obispos, los monjes, los frailes y finalmente los laicos son los que de alguna manera están en la punta de la ola para responder a la llamada de Dios en cada momento histórico.

Es ahora cuando toca la hora de los laicos iniciada por el Concilio Vaticano II y, ciertamente, la Christifideles Laici supone una culminación de lo empezado por el CVII cuando define la corresponsabilidad bautismal haciendo a los laicos copartícipes y corresponsables de lo que en otra época no tan lejana se conceptuaba como responsabilidad exclusiva de la jerarquía.

El tema de las olas de evangelización en la Iglesia es fascinante, y mi convicción personal de que estamos ante una nueva ola ya es una constatación cuando uno ve todo lo que se está moviendo en una Iglesia que en palabras del papa Francisco no asiste a una época de cambios, sino a un cambio de época.

Estoy convencido de que la Nueva Evangelización o es de los laicos o no será ni Nueva ni Evangelización. No se trata de buscar protagonismos, ni de hacer demérito a otras vocaciones de la Iglesia. Es más bien una intuición que va tomando forma a medida que avanza nuestro cambio de época.

Cuando me ha tocado presentar el historiograma de las olas de evangelización de Cantalamessa en diferentes diócesis, alguien ha señalado oportunamente que los curas no aparecen por ninguna parte en este planteamiento (por lo menos los diocesanos como tales).

Obviando el hecho de que tanto obispos como monjes y frailes ordenados son al fin y al cabo parte del Ordus sacerdotalis, lo cierto es que los curas diocesanos no están por lo que surge la pregunta: ¿acaso están excluidos de la Nueva Evangelización?

Por supuesto que no, de hecho sin ellos no es posible una Nueva Evangelización, pero cosa distinta es que la Nueva Evangelización pase por ellos como protagonistas exclusivos.

Venimos de una mentalidad ambiente iniciada en Trento en la que la jerarquía era la única competente para las labores de apostolado, y por mucho Vaticano II que hayamos vivido la realidad es que los sacerdotes hoy en día siguen cargando con demasiadas cosas que no les son propias, y más en una Iglesia decreciente donde cada vez hay más trabajo para menos gente.

Ya el solo hecho de preservar una pastoral de mantenimiento que les obliga a pasar el día dando sacramentos y administrando parroquias limita enormemente la capacidad de los sacerdotes para hacer más que lo que pueden, en tantas ocasiones con ingentes dosis de santidad y heroica perseverancia.

Pocas diócesis se pueden permitir el lujo de liberar sacerdotes para la predicación, y los religiosos que antaño cubrían este hueco con sus misiones populares y la disponibilidad que daba no tener parroquias cada vez son menos por lo que difícilmente podrán echar un capote.

Con estas condiciones todo apunta a que tiene que ser otra gente la que haga el trabajo de campo de la Nueva Evangelización, animados por supuesto por los sacerdotes que en su papel de pastores han de acompañar a los laicos y las comunidades.

Si profundizamos en las características de la Nueva Evangelización vemos que hay tres claves fundamentales que definen el trabajo de campo de la misma: primer anuncio, discipulado y comunidades celulares cristianas.

Un primer anuncio cristiano ha de ser continuado por una comunidad de cristianos que discipule a los nuevos creyentes como se nos pide en Mateo 28: “Id por todo el mundo, predicad, bautizar y haced discípulos”.

Discipular es mucho más que dirigir espiritualmente y santificar a una persona mediante los sacramentos. Es retomar los caminos del catecumenado de la Iglesia Primitiva donde los creyentes maduraban su experiencia de conversión recibiendo la catequesis a la medida que iban dando pasos de integración en la comunidad cristiana.

Esto sólo puede ocurrir si hay redes de cristianos, comunidades básicas y cercanas, donde las personas no sean un número sino que sean cuidadas. Para eso hacen falta pastores, pero los pastores no trabajan solos. La imagen de un pastor con un rebaño de ovejas sólo es posible cuando el rebaño es pequeño. Si este crece necesitará ayudantes, colaboradores y toda una estructura de apoyo.

Y ahí es donde entran los laicos, las comunidades celulares y todos sus derivados. No como meros ayudantes sino como verdaderos protagonistas de esta nueva realidad que la situación pide.

Allá donde haya cristianos habrá sacerdotes, porque su vocación está en función de la comunidad. Los sacerdotes participan de la labor del obispo, y si hablamos de protagonistas también hay que reivindicar la labor del obispo como pastor y cabeza de la comunidad cristiana. Es algo que se hace patente con el papa Francisco  que nos estimula haciéndonos soñar con un episcopado cercano y apasionadamente pastoral.

Si asimilamos todo esto, si los laicos abrazamos la responsabilidad que tenemos y los sacerdotes una vez más hacen de Juan el bautista para dejar que sean otros los que tomen la delantera, estoy seguro de que veremos un renacer de las vocaciones al ministerio sacerdotal que necesariamente dará un nuevo aire al sacerdocio tal cual lo conocemos.

Esto ya se intuye cuando uno conoce obispos salidos de comunidades como lo es Mons. Dominique Rey de Frejous-Toulon, que proviene del Emmanuelle. Lo mismo pasa con sacerdotes del Camino Neocatecumenal, y con muchos otros que viven su vocación de una manera que se intuye distinta.

Puestos a soñar, queremos que todos sean protagonistas de la Nueva Evangelización, que todas las vocaciones de la Iglesia pongan su granito de arena y juntas edifiquen al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

Queremos obispos nuevos, sacerdotes nuevos, diáconos nuevos, religiosos y religiosas nuevos, laicos nuevos… así como comunidades nuevas que inspiren y abran caminos practicables de Nueva Evangelización para que Jesucristo sea conocido y el mundo se salve.

Todos estamos llamados a la Nueva Evangelización, nadie está excluido, y todos nos necesitamos.

En última instancia el único camino practicable para que el mundo crea es la unidad (Juan 17,21) y a todos nos toca aunar fuerzas para remar, sabiendo que al final apuntamos a Jesucristo quien es el verdadero protagonista, objeto  y fundamento de todo lo que hacemos.

Fuente: religionenlibertad.com

miércoles, 30 de mayo de 2012

LAICOS/ III Congreso de Laicos agustinos en Roma


La Orden de San Agustín, ha organizado en Roma, del 11 al 17 de julio, el III Congreso de Laicos agustinos: los participantes vendrán de todas partes del mundo para reflexionar sobre el tema "En camino con San Agustín: ser el cuerpo de Cristo para el mundo de hoy".

Los Agustinos Seculares han existido desde los orígenes de la Orden. Un nombre que implica una espiritualidad común, un proceso de formación y una estructura jurídica común. Es parte de la tradición agustiniana compartir el nombre. Esto es una consecuencia de la Iglesia como comunión, como fue proclamado por San Agustín.

"En cuanto a los agustinos Laicos hay que distinguir dos grupos principales", explica el padre Alejandro Moral OSA, responsable de organizar la conferencia. "En primer lugar están las Fraternidades laicales (FAS), en algún momento se llamó la Tercera Orden: tienen reglas, sus fueron aprobados por el padre prior general. Las Fraternidades, por tanto, tienen una fuerte relación con la Orden, son parte de la Orden, como dicen nuestras Constituciones".

Junto a la Fraternidades laicales "Hay otras personas que tienen una relación muy profunda con nuestra Orden pero que no forman parte de estas Fraternidades y no tienen estatutos pero cooperan con nosotros en tantas partes del mundo". "Esta conferencia internacional es una oportunidad común para encontrarse y compartir".

Un Laico agustino es un cristiano que trata de tener una fe fuerte y fue educado en el pensamiento agustino siempre inmerso en la luz del Evangelio. Agustín a través de sus escritos ayuda a llegar a Dios, a meditar sobre el Evangelio.

"Los Laicos agustinos están colaborando con nosotros en las comunidades en las que también reciben formación: son personas de fe en la línea de San Agustín", dice el padre Moral. Los Laicos agustinos están presentes en más de quinientas cincuenta comunidades de Padres Agustinos repartidos por los cinco continentes: en el Congreso de Roma estarán representados por los ciento ochenta delegados.

Este Congreso, que se convoca cada seis años, ha alcanzado su tercera edición. "Durante estos años se ha realizado un buen camino pero todavía queda mucho por hacer, sobre todo ayudar a crecer a los varios grupos de laicos hacia una identidad común, un conocimiento recíproco y una estrecha red de colaboración".

En el Congreso se entregarán elementos para profundizar en la espiritualidad laical en su dimensión agustiniana siempre con una mirada dirigida hacia el mundo de hoy y a la necesidad de colaborar juntos al servicio del Evangelio.

No está en el último lugar también el deseo de hacer crecer las Fraternidades laicales (FAS) insertas pienamente en la Orden con una propuesta cada vez más clara y un servicio vivido junto a los religiosos y religiosas de la Familia Agustiniana.

Este año se ha invitado a participar a los Coordinadores de los grupos de laicos agustinos de todas las Circunscripciones de la Orden que, en comunión con los Superiores y las Superioras de las varias Circunscripciones, ya están trabajando o están dispuestos a crear una red de conocimiento y cada vez una más estrecha colaboración, ante todo en la realidad de la que provienen y en segundo lugar también entre las otras realidades de Laicos agustinos del mundo.

sábado, 22 de octubre de 2011

XIII Capitulo General de los Laicos fundados por San Francisco

El Capítulo General de la Orden Franciscana Seglar tendra lugar en Sao Paulo del 22 al 29 de octubre. La Orden Franciscana Seglar (OFS), fundada por san Francisco de Asís ha sido durante los últimos ochocientos años expresión del carisma franciscano en los diversos modos de vida secular en el mundo.
Cada tres años, celebra un Capítulo General que reune a representantes de los cinco continentes que animan la vida franciscana en sesenta y cinco países.

Su objetivo será examinar lo realizado por la Presidencia del Consejo Internacional (CIOFS) en relación a las conclusiones del Capítulo General 2008 que tuvo lugar en Hungría, particularmente en el ámbito de la formación, la comunicación, la Juventud Franciscana, la presencia y el testimonio de los franciscanos seglares en la sociedad y las acciones dirigidas a las nuevas presencias que emergen en más de cuarenta países alrededor del mundo.

Los participantes reflexionarán y deliberarán sobre el tema central Evangelizados para Evangelizar, y sobre cuestiones como Vocación específica para una misión particular y Construcción de un mundo fraterno y evangélico.

Habrá una mesa redonda con participación de seglares franciscanos de Guatemala, Haití, Ruanda, Brasil y Croacia, que ofrecerán su testimonio particular en los campos donde desarrollan su vivencia franciscana seglar.

Igualmente se tendrá la participación de franciscanos seglares que llevan a cabo la animación y guía de la Misión en China, que se realiza en ese país con el apoyo de la Presidencia del Consejo Internacional de la OFS.

Se escuchará igualmente la relación de una pareja canadiense que aportará su experiencia como matrimonio en el marco de la espiritualidad de la OFS.

En el Capítulo, se conocerá el resultado de la encuesta demográfica enviada a todos los países; el desarrollo de las Fraternidades Emergentes; se fijarán las líneas y los criterios para las finanzas del trienio sucesivo, y se dará a conocer el documento que ayudará a comprender el papel de los animadores fraternos de la OFS para la Juventud Franciscana (JuFra).

La Juventud Franciscana estará representada por seis consejeros internacionales que han sido elegidos para representar a las fraternidades de América Central, América del Sur, América del Norte, Europa, África, y Asia-Oceanía.

El 27 de octubre será una jornada en comunión con el Papa que, en Asís, se reunirá con los principales líderes religiosos del mundo, para seguir implorando por la paz, como veinticinco años atrás lo hiciera su predecesor el beato Juan Pablo II.

En la Casa Santa Fe, en São Paulo, todo está listo para recibir a los consejeros internacionales de este Capítulo, que junto a los colaboradores, traductores y algunos asistentes espirituales franciscanos, sumarán alrededor de 130 participantes.

Para seguir de cerca las novedades de este evento eclesial se puede visitar el portal del Consejo Internacional de Orden Franciscana Seglar en www.ciofs.org, donde las noticias estarán disponibles en castellano, francés, italiano e inglés o el de las diversas fraternidades nacionales.

lunes, 2 de mayo de 2011

Nueva pagina web del Consejo Pontificio para los Laicos

Desde el 30 de abril está en internet la página oficial del Consejo Pontificio para los Laicos. La fecha escogida para el lanzamiento no es casual. “Entrar en la red de modo nuevo en la vigilia de la beatificación de Juan Pablo II expresa un deseo de rendir homenaje al pontífice que dio inmenso impulso al apostolado de los laicos y a la nueva época asociativa de los fieles”.

La página, realizada por el Servicio Informático del Vaticano con tecnología web content management, será accesible en cuatro idiomas – español, italiano, inglés y francés – y ofrecerá imágenes, noticias y documentos para presentar las actividades del Consejo.

“Con esta nueva página el Consejo Pontificio para los Laicos quiere hacerse accesible en la red en diversos idiomas, con atractivo diseño gráfico, presentando todas las actividades que organiza con las cuales busca anunciar, en las áreas de su competencia, que Jesucristo es el Salvador del mundo, Aquel que camina junto al hombre en todo ámbito de la vida”.

La nueva página ofrecerá información relacionada “con el asociacionismo laical, los movimientos eclesiales y nuevas comunidades; la pastoral juvenil, con particular atención a las Jornadas Mundiales de la Juventud de las que el dicasterio es responsable; la vocación y misión de la mujer en la Iglesia y en el mundo; la relación de la Iglesia con el mundo del deporte, vasto campo de la cultura contemporánea y medio oportuno de crecimiento integral de la persona al servicio de la paz y la hermandad entre los pueblos”.

En las páginas de las secciones se podrán encontrar, en varios idiomas, textos de profundización sobre temas relativos a los fieles laicos y su compromiso en el mundo. También se informará a través de esta página sobre el reconocimiento y la aprobación de los estatutos de nuevas asociaciones.

Las páginas de http://www.laici.va/ ofrecen noticias tanto de eventos como de seminarios de estudio, congresos continentales de laicos católicos, forum de jóvenes y asambleas plenarias de miembros y consultores del dicasterio, con fotos, videos y textos de las relaciones, permitiendo así que quienes las visitan “participen” de todas estas iniciativas.

Puede verse en http://www.laici.va/  

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Comunidades de Vida Cristiana (CVX): laicos con una espiritualidad ignaciana

Las Comunidades de Vida Cristiana son una asociacion internacional de cristianos laicos cuya razon de ser y mision se inspira en la espiritualidad ignaciana (de san Ignacio de Loyola). No dependen juridicamente de la Compania de Jesus. Estas comunidades estan formadas de personas corrientes, hombres y mujeres de todas las edades y procedencia social. Comparten su opcion por seguir a Jesus de una manera concreta y por su compromiso, en la Iglesia y en la sociedad, en favor de los valores humanos y evangelicos esenciales para la dignidad de la persona, el bienestar de la familia y la integridad de la creacion.

La espiritualidad de las Comunidades de Vida Cristiana surge de los Ejercicios de San Ignacio. Seguir esta vocacion implica vivir la espiritualidad ignaciana todos los dias, practicando la oracion, el examen de conciencia diario ignaciano y las reuniones en grupos de vida. Los Ejercicion Espirituales son la fuente y el instrumento caracteristico del itinerario vital de la Comunidades de Vida Cristiana porque es lo que les permite afrontar los desafios del dia a dia de una manera diferente. Pasar por la experiencia de los ejercicios espirituales es ineludible para cualquier integrante de la comunidad.

Entrar a formar parte de esta asociacion ignaciana requiere de un proceso de maduracion personal y de discernimiento de la vocacion. Durante la primera etapa se da mas importancia a la formacion. Les une el compartir una misma vocacion y mision. Los miembros de cada comunidad cuentan con el apoyo comunitario a traves de los grupos de vida, reuniones periodicas en las que se ofrece un espacio para la formacion, para compartir experiencias y para la reflexion.

La opcion por los mas pobres y por la justicia es muy importante y, por ello, se muestran decididos a cambiar las estructuras que provocan desigualdades, ya sea a traves de la politica, la cultura o el sindicalismo.

La vida de las Comunidades Cristianas es apostolica y esta enfocada a la mision. No tiene limites, se extiende a la Iglesia y a la sociedad para hacer presente el evangelio a todos y para servirles. En Espana, estan centrados en tres campos: migraciones, jovenes y familia.

Abordan estas cuestiones desde un punto de vista integral. En el caso de la inmigracion, combinan la colaboracion en procesos de reflexion con la labor asistencial a traves de las instituciones de la Compania de Jesus o de otras.

A nivel organizativo, la Comunidad de cada pais cuenta con una Asamblea General y un Consejo Ejecutivo, cuyas funciones son las de asegurar las estructuras y programas de formacion necesarios para responder al desarrollo de toda la comunidad. Tambien determinan las politicas y las normas, y las hacen cumplir. Web:www.cvx-clc.net/

Fuente: http://www.vidanueva.es/



martes, 9 de noviembre de 2010

Familias que beben de la espiritualidad ignaciana. Entrevista con Alfonso Salgado, presidente de Comunidad de Vida Cristiana (CVX) en Espana.

La riqueza de la espiritualidad de San Ignacio de Loyola hace que hoy cientos de católicos beban de sus fuentes para encontrar allí la sabiduría y las enseñanzas para enfrentarse con los desafíos del tiempo presente. La Comunidad de Vida Cristiana CVX en España, tuvo recientemente un encuentro en Loyola, España. Denominado “Familia y espiritualidad ignaciana”, convocando a unas 60 familias (unas 200 personas entre adultos, jóvenes y niños).

El centro ha sido reflexionar y experimentar las ayudas y medios que ofrecen la espiritualidad y la pedagogía ignacianas vividas en familia, con el objetivo de ofrecerlas a la Iglesia y a la sociedad como ayuda para el desarrollo y crecimiento de todas las familias.

- ¿Cómo comienza la comunidad CVX?
Alfonso Salgado: Esta tuvo su origen más remoto en los primeros laicos que colaboraban con San Ignacio. De aquello fueron apareciendo las congregaciones marianas que fueron muy importantes en la historia de la Iglesia, y de las cuales provienen en el siglo XX las comunidades de vida cristiana. En los años 80 las comunidades de vida cristiana se fueron uniendo y 1990 comenzaron oficialmente a unirse en una sola.

Somos una asociación internacional pública de fieles cristianos, de diferentes condiciones, que queremos seguir más de cerca a Jesucristo y trabajar con Él en la construcción del Reino. Buscamos integrar pequeños grupos que forman parte de comunidades más amplias a nivel regional y nacional, constituyendo una Comunidad Mundial, y estamos presentes en los cinco continentes y en unos 60 países.

- ¿Qué relación tienen con la Compañía de Jesús?
Alfonso Salgado: El carisma de CVX y su espiritualidad es ignaciano. Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio constituyen su fuente específica y su instrumento característico. Tenemos una relación íntima con la Compañía de Jesús pero no somos parte de esta comunidad. Es un lazo de mucha hermandad y colaboración mutua. Muchos de nuestros asistentes son sacerdotes jesuitas.

- Frente al reciente encuentro que tuvieron en Loyola. ¿Cuáles fueron las principales líneas de reflexión?
Alfonso Salgado: Queríamos pensar en términos apostólicos. En cómo ofrecer esta espiritualidad ignaciana a las familias del mundo actual. Y buscamos herramientas que son exportables: la importancia del discernimiento en familia, el detenerse de vez en cuando a pensar cómo ha transcurrido la vida, qué motivos hay para dar gracias, para pedirnos perdón, por dónde parece que podríamos caminar, la importancia que tiene que esto es nuclear.

Es entender que somos herramientas e instrumentos puestos al servicio de Dios. Ofrecer a las familias un modo donde el hombre esté menos centrado en sí mismo y más comprometido con el mundo en que vive. Que las familias sean herramientas para dinamizar y hacer crecer.

Creo que también podemos llegar a familias que no son creyentes. Utilizar esas herramientas para disparar la pregunta por Dios. Queremos ofrecer la espiritualidad ignaciana en contextos próximos como las asociaciones de padres, cursos de preparación al matrimonio… entre otros ámbitos.

- ¿Cómo actualizar el contenido del mensaje del santo de Loyola y aplicarlo a la realidad de las familias de hoy?
Alfonso Salgado: La espiritualidad ignaciana, entre las muchas riquezas que tiene, se puede basar en dos pedales. Uno es una mirada agradecida y otro es el deseo de devolver tanto bien recibido. Miro hacia atrás y veo lo que el Señor ha hecho por mí y me motiva para ver cómo comprometerme con los demás.

Se trata de un discurso basado en el agradecimiento. Vivir la familia en clave creyente, de apostar con una mirada que no esté centrada en mí mismo ni en mis intereses. Sino más bien desde una posición basada en la gratitud, en lo bien y en lo feliz que soy. El discurso más moralista en un momento puede ayudar pero por desgracia no llega a todos los ámbitos.

Junto con eso debe ir el de promoción sobre cómo hacer para que sea mejor. Desde ahí es necesario recuperar modelos familiares y devolver una lectura más positiva de la familia. En el momento que la gente empieza a decir “desde que vivo estos valores en la familia estoy mejor, mi familia es mejor y somos todos más felices”.

En ese sentido porque lo hemos aprendido, más que entrar en debates, que son necesarios, lo que queremos es arremangarnos las mangas de la camisa y ponernos a trabajar.

- ¿Qué desafíos vieron como los más urgentes?
Alfonso Salgado: La base que se encuentra en algunos modelos actuales de construcción de familia es un modelo profundamente burgués, individualista, consumista. Detrás de eso hay una mentalidad que dice que el centro de la vida soy yo y todo lo demás es importante en tanto a mí me ayuda.

El modo de ayudar es transmitir el mensaje de que es posible que sin perder los intereses, el centro se ponga fuera de mí: la esencia familiar es estar unidos por unos vínculos naturales, con una familia que, además está inserta en el mundo y con las puertas abiertas a lo que pasa fuera de casa.

Es imposible que el secularismo no entre a nuestras familias y no deberíamos tenerle miedo pero debemos tener un discurso vivencial y no sólo teórico para poder dar respuestas.
No creo que los tiempos que vivimos ahora supongan otros retos que no tenían otros tiempos. La religión cristiana parte de la encarnación, de que el Señor se hace presente en la historia.

Por Carmen Elena Villa
Fuente: http://www.zenit.org/

lunes, 23 de agosto de 2010

"Les cierran a los demas el reino de los cielos, y ni entran ustedes ni dejan entrar a los que intentan hacerlo".














 Mateo 23:13-22

“¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Les cierran a los demás el reino de los cielos, y ni entran ustedes ni dejan entrar a los que intentan hacerlo. ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Recorren tierra y mar para ganar un solo adepto, y cuando lo han logrado lo hacen dos veces más merecedor del infierno que ustedes. ¡Ay de ustedes, guías ciegos!, que dicen: ‘Si alguien jura por el templo, no significa nada; pero si jura por el oro del templo, queda obligado por su juramento.’ ¡Ciegos insensatos! ¿Qué es más importante: el oro, o el templo que hace sagrado al oro? También dicen ustedes: ‘Si alguien jura por el altar, no significa nada; pero si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado por su juramento.’ ¡Ciegos! ¿Qué es más importante: la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Por tanto, el que jura por el altar, jura no sólo por el altar sino por todo lo que está sobre él. El que jura por el templo, jura no sólo por el templo sino por quien habita en él. Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que lo ocupa.”

Este discurso de Jesús contra los maestros de la ley y los fariseos nos debe servir para entender en lo que no debe hacer un lider, guía espiritual o maestro de la ley. Por dos veces, Jesús acusa a los maestros de la ley y fariseos de cerrar a los demás (se supone que a los pecadores) las puertas del cielo y de hacerlos merecedores del infierno. En efecto, los fariseos y maestros de la ley eran quienes tenian el conocimiento legal y la autoridad para juzgar el comportamiento moral de sus conciudadanos.

Nos debe llamar la atención que Jesus, que vive en una sociedad mucho más jerarquizada y clasista que la nuestra, no pertenece a la familia sacerdotal, ni se comporta como un lider religioso tradicional. Jesús es un laico, el hijo de María y José de Nazaret, con una visión espiritual de la vida, del universo, de la familia, del prójimo, del pecador y de los enemigos. La espiritualidad de Jesús no es la espiritualidad de la ley, del libro o del templo, sino la espiritualidad del hijo, del hermano, del peregrino, de la verdad y de la vida.
 
Por eso, Jesus no divide a las personas en dos categorias: sacerdote o laico. En la comunidad de Jesús todos han sido bautizados y han recibido los oleos del sacerdocio (pueblo sacerdotal). Todos están llamados a ser guías de sus hermanos, uniéndolos en una sola familia, cuya presencia muestra la existencia de un Dios generoso y compasivo. Por eso, el episodio de hoy es tan importante para los discípulos de Jesús.