Mostrando entradas con la etiqueta Adorar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adorar. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de febrero de 2023

Mateo 4,1-11: Las tentaciones de Jesús en el desierto

Mateo 4,1-11 (Cf. Mc 1,12-15; Lc 4,1-13)

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo:
— Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
Pero él le contestó, diciendo:
— Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:
— Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.
Jesús le dijo:
— También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:
— Todo esto te daré, si te postras y me adoras.
Entonces le dijo Jesús:
— Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.


SOBRE EL MISMO TEMA:

sábado, 23 de julio de 2022

Números 22,22-35: El encuentro de Balaam con el Ángel del Señor

Números 22,22-35:
El encuentro de Balaam con el Ángel del Señor

22 Pero su partida encendió la ira de Dios, y el Angel del Señor se interpuso en el camino 
     para cerrarle el paso. Balaam iba montado en su asna y lo acompañaban dos muchachos.
23 Cuando el asna vio al Angel del Señor parado en el camino, con la espada desenvainada en su mano, 
     se apartó y se fue por el campo. Pero Balaam la castigó para hacerla volver al camino.
24 El Angel del Señor se paró entonces en un sendero angosto, que pasaba por los viñedos 
     y estaba rodeado de los dos lados por un cerco.
25 Al verlo, el asna se fue contra el cerco y apretó el pie de Balaam que la castigó nuevamente.
26 Una vez más, el Angel del Señor se adelantó y fue a colocarse en un lugar tan estrecho, 
     que imposible desviarse a la derecha o a la izquierda.
27 Cuando el asna lo vio, se echó al suelo debajo de Balaam, y este, enfurecido, la golpeó con su bastón.
28 Entonces el Señor abrió la boca del asna, y ella, dijo a Balaam: 
     «¿Qué te hice para que me golpearas así tres veces?».
29 «¡Te estás burlando de mí!, respondió Balaam. 
     Si tuviera una espada en mi mano, te mataría ahora mismo».
30 El asna le respondió: «¿Acaso yo no soy tu asna, la que siempre has montado hasta el día de hoy? 
     ¿Acostumbro yo a tratarte de ese modo?». El respondió: «No».
31 El Señor abrió los ojos de Balaam, y este vio al Angel del Señor parado en la camino, 
     con la espada desenvainada en su mano; se inclinó y lo adoró con el rostro en tierra.
32 El Angel del Señor le dijo: «¿Por qué le has pegado tres veces a tu asna? 
     Era yo el que te cerraba el paso, porque tu viaje me disgusta.
33 Ella me vio y se apartó de mí tres veces. Hizo muy bien en apartarse, 
     porque de los contrario yo te hubiera matado, mientras que a ella la hubiera dejado con vida».
34 Balaam dijo al Angel del Señor: «He pecado, porque no sabía que tú estabas apostado 
     delante de mí en el camino. Si esto te desagrada, ahora mismo regreso».
35 El Angel del Señor respondió a Balaam: 
     «Ve con estos hombres, pero dirás solamente lo que yo te indique». 
     Y Balaam se fue con los jefes que le había enviado Balac.

viernes, 17 de junio de 2022

Hebreos 1,5-14: El Hijo, superior a los ángeles

El Hijo, superior a los ángeles

5 En efecto, ¿a qué ángel dijo alguna vez: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy; y también: 
   Yo seré para él Padre, y él será para mi Hijo?
6 Y nuevamente al introducir a su Primogénito en el mundo dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios.
7 Y de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles vientos, y a sus servidores llamas de fuego.
8 Pero del Hijo: Tu trono, ¡oh Dios!, por los siglos de los siglos; y: El cetro de tu realeza, 
   cetro de equidad.
9 Amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por eso te ungió, ¡oh Dios!, 
   tu Dios con óleo de alegría con preferencia a tus compañeros.
10 Y también: Tú al comienzo, ¡oh Señor!, pusiste los cimientos de la tierra, 
     y obras de tu mano son los cielos.
11 Ellos perecerán, mas tú permaneces; todos como un vestido envejecerán;
12 como un manto los enrollarás, como un vestido, y serán cambiados. 
     Pero tú eres el mismo y tus años no tendrán fin.
13 Y ¿a qué ángel dijo alguna vez: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos 
     por escabel de tus pies?
14 ¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar 
     la salvación?

viernes, 30 de marzo de 2018

VIERNES SANTO: Historia y mística de la adoración de la Cruz


Después de que las oraciones generales han concluido con la súplica dirigida a Dios por la conversión de los paganos; la Iglesia ha terminado su recomendación universal y solicitado para todos los habitantes de la tierra la efusión de la sangre divina que brota, en este momento, de las venas del Hombre-Dios.

Volviéndose ahora a los cristianos sus hijos, conmovida ante las humillaciones del Señor, los invita a disminuir el peso, dirigiendo sus homenajes hacia esa Cruz hasta ahora infame y en adelante sagrada, bajo la cual camina Jesús hacia el Calvario y de cuyos brazos penderá hoy.

Para Israel, la cruz es un objeto de escándalo; ¡para los gentiles un monumento de locura!; nosotros, cristianos, veneramos en ella el trofeo de la victoria de Cristo y el instrumento augusto de la salvación de los hombres.

Ha llegado, pues, el momento en que debe recibir nuestras adoraciones por el honor que el Hijo de Dios se ha dignado hacerla, regándola con su sangre y asociándola así a la obra de nuestra Redención. No hay día ni hora más indicada en el año para rendirla nuestros homenajes.

La adoración de la cruz comenzó en Jerusalén en el siglo IV. La emperatriz Santa Elena había hallado recientemente la verdadera cruz; y el pueblo fiel deseaba contemplar, de cuando en cuando, este árbol de vida cuya milagrosa invención había colmado de gozo a la Iglesia entera. Se determinó que se expusiese a la veneración de los cristianos una vez al año, el viernes Santo.

El deseo de contemplarla llevaba todos los años una multitud inmensa de peregrinos a Jerusalén para la Semana Santa. La fama llevó por todas partes los relatos de este ceremonial, pero todas no podían aspirar a verla ni una vez siquiera en la vida. La piedad católica quiso gozar al menos por imitación, de una ceremonia que muchos no podían gozar en su realidad; y, hacia el siglo VII, se pensó repetir en todas las iglesias, el Viernes Santo, la Ostensión y Adoración de la Cruz que tenía lugar en Jerusalén. No se poseía, es verdad, sino la figura de la Cruz verdadera; pero, puesto que los honores rendidos a este madero sagrado iban dirigidos al mismo Cristo, los fieles podían ofrecerle honores semejantes, aun cuando no viesen ante sus ojos el madero mismo que el Redentor había regado con su sangre. Tal fue el motivo de la institución de este rito, que ahora va a tener lugar, y en el cual la Iglesia nos invita a participar.

En el altar el celebrante se quita la capa pluvial y permanece en pie junto a su asiento . El diácono con los acólitos va a la sacristía para traer a la iglesia la cruz en procesión. Cuando llegan al presbiterio, el celebrante recibe de manos del diácono la santa Cruz y se pone al lado de la Epístola y allí, de pie, en el plano, vuelto hacia el pueblo, descubre un poco la parte alta de la cruz y canta en un tono de voz moderado: “He aquí el madero de la santa Cruz.”

Después prosigue ayudado de sus ministros que cantan con él:
“En el cual ha estado suspendida la salud del mundo.”

Entonces, toda la asamblea se pone de rodillas, y adora la cruz mientras el coro canta:
“Venid: adorémosla.’

Esta primera ostensión representa la primera predicación de la cruz, la que los Apóstoles se hicieron entre sí , cuando, no habiendo recibido todavía al Espíritu Santo, no podían hablar del misterio de la Redención sino con los discípulos de Jesús y temían llamar la atención de los judíos. Por eso el Sacerdote no eleva la Cruz sino un poco. Este primer homenaje es ofrecido en reparación de los ultrajes que el Salvador recibió en casa de Caifás.

El sacerdote se dirige luego a la parte delantera de la grada, siempre en el lado de la Epístola, y se coloca de cara al pueblo. Sus ministros le ayudan a descubrir el lado derecho de la Cruz, y después de haber descubierto esta parte del instrumento sagrado, la muestra nuevamente al pueblo, levantándola, esta vez, un poco más que la primera y cantando en un tono superior: “He aquí el madero de la Cruz.”

El diácono y el subdiácono continúan con él:
“En el cual ha estado suspendida la salud del mundo.”

La asamblea se pone de rodillas, adora la Cruz mientras el coro canta:
“Venid: adorémosla.”

Esta segunda manifestación más gloriosa que la primera representa la predicación del misterio de la Cruz a los judíos , cuando los Apóstoles, después de la venida del Espíritu Santo echan los fundamentos de la Iglesia en el seno mismo de la Sinagoga y conducen las primicias de Israel a los pies del Redentor. La Iglesia lo ofrece en reparación de los ultrajes que recibió en casa de Pilatos.

El Sacerdote se coloca después en medio de la grada, vuelto siempre hacia el pueblo. Ayudado por el diácono y subdiácono descubre todo lo restante del Crucifijo, y elevándole algo más que las veces anteriores canta con triunfo y a plena voz: “He aquí el madero de la Cruz.”

Los ministros continúan con él:
“En el cual ha estado suspendida la salud del mundo.”

Los fieles vuelven a arrodillarse y a adorar la Cruz mientras el coro canta:
“Venid: adorémosla.”

Esta última manifestación representa la predicación del misterio de la Cruz en el mundo entero, cuando los Apóstoles, rechazados por la masa de la nación judaica, se vuelven hacia los gentiles, y van a anunciar al Dios crucificado hasta más allá de los límites del imperio romano. Este tercer homenaje rendido a la Cruz es una reparación de los ultrajes que el Salvador recibió en el Calvario.

La Iglesia, al presentarnos la Cruz cubierta con el velo, que después desaparece para dejar llegar nuestras miradas hasta ese divino trofeo de nuestra Redención , quiere también expresarnos la obcecación de los judíos que no ven sino un instrumento de ignominia en ese madero adorable, y la luz resplandeciente de que goza el pueblo cristiano, a quien la fe revela que el Hijo de Dios crucificado, lejos de ser un objeto de escándalo, es, por el contrario, como dice el Apóstol, el monumento eterno “del poder y de la sabiduría de Dios".

En adelante la Cruz que acaba de ser tan solemnemente enarbolada permanecerá descubierta; y aguardará sobre el altar, la hora de la gloriosa Resurrección del Mesías. Todas las demás cruces colocadas en los diversos altares, se descubrirán también, a imitación de esa que ocupará pronto su puesto de honor en el altar mayor.

Pero la Iglesia no se limita a exponer, en este momento, a las miradas de los fieles la Cruz que les ha salvado; les invita a que vengan a poner sus labios sobre ese leño sagrado. El celebrante irá el primero y todos tras él. Despojado de su casulla, se quita también el calzado, y haciendo, a convenientes distancias, tres veces genuflexión sencilla, se acerca a adorar la Cruz, colocada en las gradas delante el altar. Detrás de él vienen los ministros, el clero, y por último los fieles.

Los cantos que acompañan a la adoración de la Cruz son de una belleza incomparable. Los primeros son Improperios, o reproches amargos que el Mesías dirige a los judíos. Las tres primeras estrofas están intercaladas con el canto del Trisagio u oración a Dios tres veces Santo, cuya Inmortalidad justo es que glorifiquemos en este momento en que Él se digna, como hombre, sufrir la muerte por nosotros. Esta triple glorificación usada en Constantinopla desde el siglo V, pasó a la Iglesia romana que la ha conservado en la lengua primitiva, contentándose con alternar la traducción latina de las palabras. El resto de este hermoso canto tiene grandísimo interés dramático. Cristo recuerda todas las afrentas de que ha sido objeto por parte de los judíos y pone de manifiesto los beneficios de que ha colmado a esta nación ingrata.

Fuente: Del Año Litúrgico de Dom Prosper Guéranger
Dom Prosper Guéranger (Sablé, 1805-Solesmes, 1875), fue liturgista y restaurador de la orden benedictina en Francia. Ordenado en 1827, recuperó el antiguo priorato de Solesmes, del que tomó posesión en 1833, y en el que llevó adelante el proyecto de restauración de la orden benedictina. Obtuvo el ascenso de Solesmes a abadía. Primer abad de Solesmes (1837) y superior de la Congregación de Francia, se convirtió en el alma del movimiento de restauración litúrgica. Entre sus principales obras cabe recordar las Instituciones litúrgicas (1840-1851) y el Año litúrgico (1841-1866).

domingo, 18 de febrero de 2018

Lucas 4,1-15: Tentaciones de Jesús en el desierto y comienzo de la predicación de Jesús

Lucas 4,1-15 (Cf. Mateo 4,1-11; Marcos 1,12-13)
Domingo de la 1 Semana de Cuaresma, ciclo C

1 Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán 
   y fue conducido por el Espíritu al desierto,
2 donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. 
   No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre.
3 El demonio le dijo entonces: 
   "Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan".
4 Pero Jesús le respondió: "Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan".
5 Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, 
   le mostró en un instante todos los reinos de la tierra
6 y le dijo: "Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, 
   porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero.
7 Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá".
8 Pero Jesús le respondió: 
   "Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto".
9 Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: 
   "Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo,
10 porque está escrito: 
     Él dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden.
11 Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".
12 Pero Jesús le respondió: 
     "Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".
13 Una vez agotadas todas las formas de tentación, 
     el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.

Comienzo de la predicación de Jesús
Cf. Mt 4,12-17; Mc 1,14-15  

4:14 Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región.
4:15 Enseñaba en sus sinagogas y todos lo alababan.


SOBRE EL MISMO TEMA:

viernes, 21 de julio de 2017

Exodo 12,21-28: Sacrificio del cordero

Exodo 12,21-28  

12:21 Llamó Moisés a todos los ancianos de Israel y les dijo: "Id en busca de reses menores para vuestras familias e inmolad la pascua.
12:22 Tomaréis un manojo de hisopo, lo mojaréis en la sangre que está en la vasija y untaréis el dintel y las dos jambas con la sangre de la vasija; y ninguno de vosotros saldrá de la puerta de su casa hasta la mañana.
12:23 Yahveh pasará y herirá a los egipcios, pero al ver la sangre en el dintel y en las dos jambas, Yahveh pasará de largo por aquella puerta y no permitirá que el Exterminador entre en vuestras casas para herir.
12:24 Guardad este mandato como decreto perpetuo para vosotros y vuestros hijos.
12:25 También guardaréis este rito cuando entréis en la tierra que os dará Yahveh, según su promesa.
12:26 Y cuando os pregunten vuestros hijos: "¿Qué significa para vosotros este rito?",
12:27 responderéis: "Este es el sacrificio de la Pascua de Yahveh, que pasó de largo por las casas de los israelitas en Egipto cuando hirió a los egipcios y salvó nuestras casas."" Entonces el pueblo se postró para adorar.
12:28 Fueron los israelitas e hicieron lo que había mandado Yahveh a Moisés y a Aarón; así lo hicieron. 

viernes, 1 de abril de 2016

Sobre la Adoración y la Veneración: ¿Idolatría Católica?, por el P. Cristian Hernan Andrade

Una de las mejores formas de identificar a un católico o a un protestante, es observando su actitud con respecto al culto religioso. La presencia de un cuadro, estampa o medallita con una Cruz, una imagen de la Virgen María o de algún santo, identifican a un católico. La ausencia de imágenes no identifica de inmediato a  un protestante, pero si una persona parece fuertemente opuesta al uso de imágenes, hay mucha probabilidad de que sea protestante.

Intentaré dar algunas opiniones y orientaciones sobre el culto católico, apegándome a la doctrina oficial de la Iglesia Católica.

— ¿Qué es el culto? 

El concepto de culto, en general, es una actitud de mantener a una cosa –objeto o persona– en un grado más alto al que tenemos los dadores del culto. El hecho de “dar culto”, significa que consideramos al receptor del culto por encima de nosotros en ciertos aspectos y digno de recibir honra, admiración y devoción popular.

— ¿Cómo es el Culto Católico?

Los católicos tenemos cinco tipos de culto:

1.– Latria absoluta: Es el culto dado solamente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
2.– Latría relativa: Es el culto dado a imágenes y/o reliquias de Dios (Padre, Hijo, Espíritu Santo, Santísima Trinidad y Especies de la Eucaristía)
3.– Hiperdulía: Es el culto a la Santísima Virgen María.
4.– Dulía absoluta: Es el culto reservado a los ángeles y a los santos.
5.– Dulía relativa: Es el culto a las imágenes y a las reliquias de santos.

Cuando uno trata estos temas con evangélicos se topa con una inquietante cuestión: la idolatría.

— ¿Qué es la Idolatría?

La idolatría es el culto de latria que damos a alguien (o algo) que no es Dios. Como el culto de latria está reservado únicamente a Dios, si damos dicho culto a otro y otra que no sea Dios, estamos cometiendo el pecado de idolatría.

La idolatría implica negar el carácter único de Dios para atribuírselo a personas o cosas creadas. Dios condena la idolatría en numerosos pasajes de la escritura: Deuteronomio 13,2-19; Números 25,1-5; Éxodo 20,3-5; 1Reyes 16,32-33; Jueces 2,11-15; Jueces 10,6-7; 1Juan 5,21; Apocalipsis 13,4-9, etc.

— ¿Hay idolatría en la Iglesia Católica?

En la doctrina oficial de la Iglesia Católica no hay enseñanzas idolátricas, es decir, no hay a nivel doctrinal idolatría ninguna; la Iglesia hace énfasis en las distinciones de culto:

Catecismo de la Iglesia Católica:

Desviaciones de culto (2111, 2113, 2581)
Adoración a Dios (347, 1121, 1123, 2083, 2135)
Culto a María (971)
Culto a las imágenes (2131, 2132, 2141)
Culto a los santos (61, 956, 957, 2683)

Existen cantos y oraciones católicas que aparentemente contienen idolatría; sin embargo no son más que una expresión de devoción porque la idolatría no está en las simples palabras sino en la actitud.

Por ejemplo, imaginemos que en un templo católico está expuesto el Santísimo (El mismo Cristo) y a los lados del templo hay una imagen de un san Antonio de Padua. Ahora imaginemos que llega un católico y, en vez de arrodillarse ante el Santísimo y adorar a Cristo, pasa de largo, va derecho al santito, e inclina su cabeza y le da un beso con los dedos, reza devotamente al santo durante diez minutos, luego se persigna y se va… ¡Sin voltear a ver al Santísimo! ¡Eso sí es Idolatría!

Es importante que los fieles católicos no caigan en dichas actitudes porque precisamente esto es lo que motiva la crítica de las sectas.

— ¿Por qué hacer la Señal de la Cruz al pasar frente a un Templo?

Al pasar frente a un templo, recordamos que ahí está Cristo, es un templo suyo, para Él, y donde viene Él en cada Misa. Ahí están el altar y las imágenes que lo representan y nos recuerdan su presencia continua en el mundo (Mateo 28,20). Es un lugar sagrado y, por lo tanto, le hacemos el saludo, tanto frente a las Iglesias como en los nichos donde se suelen colocar imágenes de la Virgen, de Santos, o cruces en el camino, cruces en la cima de las montañas, ¡Vemos las manifestaciones de la fe cristiana!, y las saludamos con respeto, dedicando el honor del saludo a Dios nuestro Señor.

Del mismo modo en que al saludar a la bandera dedicamos el honor a la Patria y no a la telita en sí de que está hecha la bandera, del mismo modo, al saludar a una Cruz, un templo, una imagen, dedicamos el saludo a Dios, no a la piedra del templo, al metal de la cruz o al barro de la imagen.

— Concepto del culto de Latría

El culto de latría está reservado exclusivamente a Dios, es decir, rendimos Latría a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo, lo cual incluye a la hostia consagrada porque es el mismo Cristo en las especies de Pan y Vino en la Eucaristía. La palabra que distingue al culto de latría, es “adoración”. La adoración incluye:

1.– Reconocer a Dios como único Dios y Salvador
2.– Reconocer a Dios como único Perfecto
3.– Reconocer a Dios como Camino, Verdad y Vida
4.– Reconocer a Dios como único Omnisciente y Omnipresente
5.– Reconocer a Dios como el único a quien debemos amor por encima de todas las cosas
6.– Reconocer a Dios como el único que merece nuestra confianza absoluta
7.– Reconocer que todo poder tiene su origen en Dios

— ¿Qué actitud identifica al culto de Latría?

Debemos fijarnos en Dios antes que en todo lo demás. Debemos nombrar a Dios primero que a nadie. En la Misa se saluda en nombre de Dios y luego se hacen alusiones a María y a la comunión de los santos.

Si tenemos que celebrar un onomástico, un cumpleaños, una graduación, pensar antes que nada en darle gracias a Dios y ofrecerle la satisfacción y dicha de nuestra celebración.

No es malo hacer procesiones por la Virgen o por un santo pero antes y después debemos tener presente a Cristo y pedirle bendiga nuestro festejo.

Cuando asistamos a un Rosario o a una Misa Patronal siempre tener en mente a Cristo antes que a nadie. En pocas palabras, ponerlo al principio de la fila para obedecer lo que Él dijo sobre sí mismo: “Yo soy el primero y el último”.

Después de un accidente o susto grave y ya recuperados, agradecer primero a Dios y después a la Virgen o al santo bajo cuya devoción le pedimos intercediera ante Dios por nosotros.

En pocas palabras, agradecer primero al Señor, y luego al mensajero. Sólo poniendo a Dios antes que nadie en nuestras vidas estaremos cumpliendo el primer mandamiento: “Amarás a Dios por sobre todas las cosas”, según el cual, podemos amar a otras personas, otras cosas, otros ideales, pero Dios debe estar por encima de todo esto.

— La Latría en la Biblia y la Tradición

El Padre (Yahvé), reclama adoración en Éxodo 7, 8 y 9. Observemos que antes de cada plaga, Dios manda a Moisés a que conmine al Faraón a dejar salir al pueblo (de Israel), a rendirle culto a Él. El Padre es quien reclama adoración en Lucas 4, 8, en Deuteronomio 12, 4-31, y en general, en el libro de los Jueces, donde Yahvé castiga a los israelitas por el pecado de idolatría.

El Hijo (Cristo) aceptó las adoraciones que se le hacían en Mateo 28, 9 y 17. En Juan 5, 23, reclama para sí una adoración debida a Dios en señal de que por su divinidad la merece: “Para que todos honren al Hijo como honran al Padre”. Pablo lo refuerza en Filipenses 2,10: “Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra y en los abismos”, y en Hebreos 1,6.

Al Espíritu Santo no se le adora directamente en la Biblia porque no habla ni toma cuerpo, como el Padre, que habla, y Cristo, que se hace cuerpo. Pero como Tercera Persona de la Santísima Trinidad merece la misma adoración que el Padre y el Hijo.

En el Martyrium Policarpi (156), se hace precisamente distinción entre la adoración (a Cristo=Dios) y la veneración a los mártires, y especifica que se trata de cultos diferentes.

Los apolinaristas sostuvieron que adorar a Cristo era sarcolatría (adoración de la carne), y antropolatría (adoración del hombre), pero los Santos Padres explican que la carne está inseparablemente unida al Logos Divino y por eso se le tributa la adoración.

— ¿Qué es la Latría Relativa?

Se llama así al culto a las imágenes y reliquias de Cristo como el sudario de Turín. Es un culto que incluye cuidado de la imagen o reliquia, respeto y devoción. La imagen o reliquia no merece el culto por sí misma y, por eso, el culto es relativo. Merece el culto por Cristo, quien sí merece y recibe culto absoluto.

— Concepto del culto de Dulía

El culto de dulía (absoluta) está reservado a los ángeles, arcángeles, querubines, serafines, etc., a los santos canonizados por la Iglesia, entre ellos los apóstoles, papas, reyes, a los beatos, beatificados por la Iglesia. Aunque existe un culto de dulía privado (a personas que conocimos y que nos fueron muy queridas), el culto oficial es el público, a todos los que la Iglesia reconoce formalmente como santos y beatos.

La palabra que distingue el culto (absoluto y relativo) de dulía, es veneración. La veneración incluye:

1.– Respeto y amor profundo (sin confrontar el primer mandamiento)
2.– Considerar al santo como una persona de grandes cualidades humanas
3.– Considerar al santo como seguidor y amigo de Dios
4.– Pedirles intercedan ante Dios por nosotros
5.– Deseo de seguir el ejemplo del santo
6.– Festejar en una fecha determinada a un santo o santa

A la respuesta de qué es el culto de dulía, respondemos: es el culto de veneración debido a los ángeles y a los santos.

— ¿Qué actitud identifica al culto de Dulía?

El culto de dulía a los santos, a diferencia del culto látrico, no es obligatorio en la práctica; sólo es obligatorio en la doctrina. Un católico no está obligado a venerar a los santos pero sí está obligado a reconocer como válida la veneración a los mismos.

La actitud consiste en tener a un santo o santa, o varios, de nuestra devoción, es decir, “el santo de nuestra devoción”, como popularmente se le llama y pedir a ese santo que interceda ante Dios por nosotros, admirarlo y seguir su ejemplo, poniendo en práctica virtudes como la obediencia, la paciencia, la piedad, el estudio, que vimos en aquel santo o santa.

 — La Dulía en la Biblia y la Tradición

La Biblia, al ser anterior a la existencia de santos cristianos, no menciona específicamente culto a humanos, sin embargo, sí da testimonio del culto dado específicamente a los ángeles y de la intercesión de los amigos de Dios ya muertos.

En Josué 5, 14, aparece Josué “adorando” al “jefe del ejército de Yahvé”, es decir, adorando a un ángel. El culto, al no ser reprobado por el mismo ángel, era veneración en la actitud porque de lo contrario, el ángel hubiera reprendido a Josué.

En una ocasión, un ángel reprendió a Juan Evangelista, quien quiso adorarlo, y le explicó que sólo a Dios se debe de adorar (Apocalipsis 22,8-9).

En Daniel 8,17, el profeta se inclina ante un ángel y este no lo reprende por esto (porque la actitud era venerar, no adorar).

En Tobías 12,16, Tobías y su padre se postran ante el arcángel Rafael y éste no los reprende, sólo los tranquiliza. Esto denota que la actitud de Tobías y su padre no fue de adoración, sino de veneración.

Cuando se es algo ignorante en la fe, se siente una sola actitud de adoración al postrarse de rodillas, por eso san Pedro se opone a dicha adoración por parte del centurión Cornelio (Hechos 10, 26)

La veneración a los ángeles se debe por sus privilegios de ver a Dios en persona, y puesto que los santos también ven a Dios cara a cara (1Juan 3, 2; Colosenses 3, 4), merecen también dicha veneración.

Los primeros cristianos veneraban como santos a los mártires, muchos de ellos canonizados oficialmente después. El testimonio más antiguo del culto a los santos está en el Martyrium Polycarpi, (hacia el 156), donde el autor dice: “A este (Cristo), lo adoramos por ser el Hijo de Dios; y a los mártires los amamos con razón como discípulos e imitadores del Señor, por su adhesión eximia a su rey y maestro”.

Testimonios de la celebración del aniversario del mártir, lo dan Tertuliano (De corona mil.3), y San Cipriano (Ep. 39, 3), y hacen énfasis en que en el aniversario de la muerte del mártir se celebraba el sacrificio eucarístico.

San Jerónimo defiende contra Vigilancio el culto e invocación a los santos (Ep. 109, 1 y Contra Vigil. 6).

San Agustín refuta las objeciones de idolatría, proponiendo como fin de dicho culto el imitar el ejemplo de los mártires, aprovecharse de sus méritos y valerse de su intercesión (Contra Faustum XX 21).

San Hipólito de Roma se dirige a los tres compañeros de Daniel diciendo: “Os suplico que os acordéis de mí, para que también yo consiga con vosotros la suerte del martirio” (In Dan. II 30),

Orígenes enseña que “a los que oran como conviene, no sólo les acompaña en su oración el Sumo Sacerdote (Jesucristo), sino también los ángeles, y las almas de los que durmieron en el Señor”. Se basa en 2 Macabeos 11,15-16 para probarlo (De orat. II; cif. Exhort. Ad mart.20 y 38; In lib. Iesu Nave hom. 16, 5; In Num.hom.26); cf. San Cipriano, Ep 60, 5.

En las inscripciones sepulcrales paleocristianas se invoca a menudo a los mártires y a otros fieles difuntos que se suponía en la gloria, para que intercedan por los vivos y por los difuntos (almas del santo purgatorio).

— La intercesión de los que ya murieron

Aquí sí vamos a detenernos a reflexionar un poco. Los no-católicos atacan la doctrina de intercesión de los santos, reconociendo la intercesión de los vivos, quienes ruegan ante Dios por otros, pero sí impugnan la intercesión de quienes ya no están vivos, e impugnan los pasajes bíblicos que sostienen la Comunión de los Santos, porque dichos muertos “estaban muertos”, hasta ser reconciliados con Dios por la Pasión de Cristo.

Al respecto se necesita citar a la Biblia, demos algunos textos: en Lucas 9,30 se ve a Moisés y Elías conversando con Jesús, y resulta que este episodio; la Transfiguración, es anterior a la Pasión de Cristo. Por lo tanto, Moisés y Elías no estaban muertos sino que sus almas ya estaban en un estado que la Iglesia admite como inferior al cielo, llamándolo “seno de Abraham”, lugar al que fueron los justos antes de la Redención en la Cruz. Esto lo asegura el mismo Dios en Jeremías 15,1 donde Dios habla de castigar a los malvados y menciona que “aunque se le pusieran por delante Moisés y Samuel”, no tendría piedad de ese pueblo. Es decir, queda claro que Moisés (intercesor en Éxodo 32,11), y Samuel (intercesor según Salmo 99,6 y 1Samuel 12,18-19), tenían la posibilidad de interceder ante Dios en tiempos de Jeremías y en un futuro, puesto que el libro es profético.

Pero dejándonos de “posibilidades”, hay aparte episodios donde realmente se da la intercesión de los santos: En 2Macabeos 15,11-16, vemos como Judas Macabeo tiene un sueño “digno de toda fe”, donde se ve al sacerdote Ozías y al profeta Jeremías, ya muertos, intercediendo ante Dios por los judíos, y la intercesión de los ángeles y los santos la respaldan Tobías 12, 12 y Apocalipsis 5, 8; y 8, 3. Dicha intercesión por nosotros demuestra que es lícito invocarlos.

— Concepto del culto de Hiperdulía

El culto de hiperdulía es el culto especial que se tributa a la Santísima Virgen María y, básicamente, la definición es la misma que la del culto de dulía absoluta. Sin embargo, se diferencia en que a la Virgen debemos amarla más, respetarla más, y confiar más en ella por su especial gracia ante Dios. En pocas palabras, la hiperdulía no es mas que dulía “en mayor grado”. Las palabras simples que identifican el culto de hiperdulía son veneración especial.

Dicha veneración especial tiene razón de ser por las creencias católicas sobre la Virgen María, tales como son:

1.– Ser Madre de Dios
2.– Haber sido concebida sin pecado original
3.– Haber sido Virgen toda su vida
4.– Haber sido asunta al cielo en cuerpo y alma

— ¿Qué actitud identifica al culto de Hiperdulía?

Al igual que en el caso de los santos, respetándola y amándola en nuestras obras, palabras y pensamientos. Debemos pedirle con mucha fe que interceda ante Dios por nosotros. Recemos el Rosario, esa hermosa oración mariana que vivifica la comunión de los santos y, por ende, la de María con nosotros, como nuestra Madre.

A María se le cantan las mañanitas, se le da el pésame en el Viernes Santo, se le rezan el Rosario, el Salve y el Ángelus, recordando que por ella vino nuestro Salvador Jesucristo, y por esto no es malo (como enseñan los protestantes), tenerla en alta estima y venerarla y honrarla, como honramos cada uno a nuestra madre terrenal.

— La Hiperdulía en la Biblia y la Tradición

El culto de veneración a María lo enseña el ángel Gabriel en Lucas 1, 28: “Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo”, del mismo modo que lo confirma Isabel (Lucas 1,42-43): “Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre, ¿y de dónde a mí viene a verme la madre de mi Señor?”.

María profetizó que se le daría culto en Lucas 1,48: “Porque a puesto los ojos en la pequeñez de su esclava, por eso desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones”, e igualmente, una mujer del pueblo empezó con el cumplimiento de esta profecía, en Lucas 11,27: “Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron” (texto impugnado debido a las posteriores palabras de Cristo: "dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan"). Tiene sus puntos débiles, pues Cristo nunca niega la bienaventuranza de María -proclamada por Santa Isabel llena del Espíritu Santo, pero su respuesta evita la desviación del tema, es más necesario aprender a seguir la Palabra de Dios que venerar a María.

En los tres primeros siglos de la religión cristiana, el culto a María estaba íntimamente unido al de Cristo, en alusiones a la Sagrada Familia, principalmente. En el Siglo IV los himnos de San Efrén son himnos de alabanza a María.

San Gregorio Nacianceno da testimonio de la invocación a María cuando la virgen cristiana Justina “imploró a María que la ayudase en el peligro que corría su virginidad” (Or. 24, 11).

San Epifanio (403), enseña contra la secta coliridiana, quienes idolatraban a María: “A María hay que venerarla. Mientras al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo se les debe tributar adoración, a María no hay que adorarla” (Haer. 79, 7).

San Ambrosio y San Jerónimo ponen a María como modelo de virginidad e invitan a imitarla (veneración) (Ambr, De virginibus II, 2, 6-17, Jerónimo en Ep. 22, 38; 107, 7)

Tomó auge en la Cristiandad el culto a María por ser solemnemente reconocida en el concilio de Éfeso (431), la maternidad divina de María que defendiera San Cirilo de Alejandría. En lo sucesivo se ensalzó a María en sermones y en himnos; se levantaron iglesias, y se introdujeron festividades en su honor, la Anunciación, la Purificación, la Asunción y el Nacimiento de María. El pleno desarrollo del culto mariano llegó en la Edad Media, hasta ser impugnado por los reformadores.

— Concepto del culto de Dulía Relativa

El culto de dulía relativa está reservado a las sagradas imágenes y reliquias religiosas, es decir, representaciones pictóricas de Dios, de la Virgen, de los ángeles y los santos, a las reliquias, principalmente de los santos, como cuerpos incorruptos, ropas, cabellos, objetos personales, o reliquias de Cristo, como el famoso Sudario de Turín.

La palabra simple que identifica el culto de dulía relativa es veneración. Dicha veneración, conceptualmente incluye:

1.– Cuidado especial de la imagen o reliquia, no permitir que se maltrate.
2.– En el caso de las imágenes, restaurarlas si se van deteriorando.
3.– Exposición pública, esto es opcional, sobre todo para los templos o capillas que tienen la advocación de algún santo o santa.
4.– Saludos por parte de los fieles, ya sea persignándose o besando la imagen o reliquia.

— ¿Qué actitud identifica al culto de Dulía Relativa?

Según los puntos antes mencionados, debemos cuidar y estimar a las imágenes y reliquias; al rendirles un culto simplemente respetuoso y relativo, podemos inclinarnos ante las imágenes, pero teniendo en mente que a quien veneramos finalmente no es a la imagen, sino al santo representado por la misma. Podemos besar las imágenes y las reliquias, dedicando nuestra actitud al santo, representado ya sea en reliquia o en imagen.

— La Dulía Relativa en la Biblia y la Tradición Antiguamente

El culto a las imágenes era pagano y látrico y, por lo tanto, era realmente idolatría, de modo que Yahvé condenó dicho culto idolátrico a las imágenes en Éxodo 20,4; pero por otro lado, aprueba la construcción y culto normal (dulía), a imágenes en Éxodo 25, 18, donde se menciona que en el Arca de la Alianza se construyeron dos querubines de oro.

En Números 21, 8; vemos como Yahvé manda a Moisés fabricar una serpiente de bronce, para que, viéndola, se curaran quienes eran mordidos por víboras. En 1Reyes 6,23-30 y 1Reyes 7,23-26, vemos como Salomón, construyendo su templo, erige imágenes, sin violar el mandamiento dado en el Decálogo del Éxodo.

La Biblia no enseña culto como tal, hacia las reliquias, pero sí enseña la importancia de las mismas y su valor religioso. Los israelitas, durante el éxodo de Egipto, se llevaron consigo los huesos de José (Éxodo 13,19); Eliseo obró un milagro usando el manto de Elías (2Reyes 2, 13); un muerto resucitó al entrar en contacto físico con los huesos de Eliseo (2Reyes 33, 21); en Hechos 19, 11-12, dice que Dios obraba milagros no comunes por medio de Pablo, cuyos mandiles y pañuelos usaban los cristianos de Éfeso para alejar las enfermedades y los malos espíritus.

El culto cristiano sólo reconoció la veneración a las imágenes una vez vencido el paganismo, antes de esto, los primeros cristianos daban un uso didáctico a las imágenes, la veneración en sí, con velas, incienso y reverencias, se desarrolló en las iglesias griegas desde el siglo V al siglo VII.

Los iconoclastas de los dos siglos posteriores lo consideraron como un retorno al paganismo, pero contra ellos defienden san Juan Damasceno (749), los patriarcas de Constantinopla Germán (733) y Nicéforo (829), y el abad Teodoro de Estudión (826). Todos ellos insisten en el carácter relativo del culto y hacen notar el valor pedagógico de las imágenes sagradas. El alto aprecio que sentían los cristianos primitivos hacia los mártires, trajo consigo la veneración a las reliquias de los mismos.

El Martyrium Polycarpi refiere que los cristianos de Esmirna “recogieron los huesos del obispo mártir, más valiosos que las piedras preciosas y más estimables que el oro, y los depositaron en un lugar conveniente” (18,2). El autor menciona que allí se reunirán en el natalicio del martirio.

San Jerónimo defiende contra Vigilancio el culto las reliquias. Considera las diferencias entre cultos de latría y de dulía, e identifica como relativo el culto dado a las reliquias. (Ep. 109, I; C. Vigil. 4 s) Teodoreto de Ciro (Graec. Affect. Curatio 8); San Juan Damasceno, De fide orth. IV 15; S.th. III 25, 6)

Como cristianos es nuestro deber amar a Dios por encima de todas las cosas y limitar cada culto a lo que corresponde; es cierto que se llegan a dar excesos en cuanto al culto, aunque se requiere de manifiesta confesión para saber si una persona está "idolatrando" o simplemente venerando.

Fuente: P. Cristian Hernan Andrade. Soy sacerdote Católico de Buenos Aires y publico todos los días el Santo Evangelio con alguna reflexión, el Santoral del día, alguna meditación del Oficio de Lecturas y algo de actualidad de nuestra Madre la Iglesia Católica en el mundo.