sábado, 21 de agosto de 2021

21 de agosto: SAN PÍO X

Pío X y el veto del emperador


Hoy, la Iglesia celebra a san Pío X, Papa número 257 en la historia del catolicismo. Elegido sucesor de Pedro en 1903, con 68 años, Giuseppe Sarto, que así se llamaba antes de elegir el nombre de Pío, murió 11 años después, el 20 de agosto de 1914, poco después de que comenzara la Primera Guerra Mundial.

El pontificado de Pío X ha pasado a la historia por el combate contra el modernismo y la codificación del Derecho Canónico, entre otras cosas; sin embargo, hoy nos gustaría ahondar en el cónclave de 1903, el que, tras la muerte de León XIII, le llevó a la silla de Pedro.

En su elección, hace 118 años, tuvo una importancia inesperada alguien ajeno al Colegio cardenalicio, el emperador del Imperio Austrohúngaro Francisco José. 30 Giorni nos trae la interesante historia que se vivió en el citado cónclave.


Emperador Francisco José de Austria


Del siguiente episodio, que se remonta a la época de su episcopado en Mantua, emerge la gran libertad interior del Papa Sarto. Un día, paseando por la ciudad con el rector del seminario, pasó delante del cementerio judío. Le preguntó a su acompañante si rezaría el De profundis por los muertos que allí reposaban. El monseñor le respondió que no. Entonces el obispo Sarto se quitó el sombrero y rezó el salmo entero, diciéndole al joven sacerdote: «Mire, ahora nosotros hemos hecho nuestra parte. El Señor hará la suya. Porque en ninguna parte está escrito que la teología del Señor es como la que enseñan los padres jesuitas de la Universidad Gregoriana».

León XIII, fallecido a la edad de 93 años después de un cuarto de siglo de pontificado, dejaba una herencia nada fácil. Muchos cardenales querían un cambio “pastoral”, un papa “no político” ni “diplomático”. El candidato que contaba con más posibilidades según los observadores era, sin embargo, un cardenal que encarnaba una continuidad directa con León XIII. El todopoderoso Secretario de Estado Mariano Rampolla del Tíndaro, un purpurado siciliano. La mayor parte de los cardenales franceses apoyaba su elección, pero Austria se oponía por su política de apoyo a las aspiraciones de los eslavos en los Balcanes.



El emperador de Austria decide valerse de un antiguo derecho de veto concedido a las grandes monarquías católicas para impedir la elección de Rampolla. El obispo de Cracovia -un predecesor de Karol Wojtyla-, Jan Puzyna de Kozielsko, fue informado del veto. Según algunos, la iniciativa nació del mismo cardenal, que la defendió ante el anciano Francisco José, que era reacio a usar ese derecho.

Informados de la “exclusión”, los cardenales austrohúngaros deciden indicar dos nombres de cardenales: Serafino Vannutelli y Girolamo Maria Gotti, este último carmelita prefecto de Propaganda Fide, la actual Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Había algunos purpurados, entre ellos el entonces arzobispo de Milán, Andrea Carlo Ferrari, que deseaban una candidatura con un perfil claramente pastoral y vieron en el patriarca de Venecia, Giuseppe Sarto, al hombre ideal. Su nombre, sin embargo, no aparecía en las previsiones de la víspera. Es interesante señalar que, antes del comienzo del cónclave, los periódicos dieron por fracasada la candidatura de Rampolla del Tíndaro.

La tarde del 31 de julio entraron en el cónclave 62 cardenales. La mañana del 1 de agosto comenzaron los escrutinios, dos al día, uno por la mañana y otro por la tarde. Para ser elegido hacía falta lograr la mayoría de los dos tercios, es decir, 42 votos. En el primer escrutinio, Rampolla obtuvo 24 votos; Gotti, 12; Sarto, 5; y Vannutelli, 4. Por la tarde, Rampolla llega a 29 y Sarto a 10, mientras Gotti obtiene 16.


Cardenal Girolamo Maria Gotti


Si se examina con atención, esta situación parecía poco favorable a Rampolla: de los 38 electores que por la mañana habían votado a otros candidatos, sólo 5 se decidieron a darle el voto. El cónclave se presentaba estancado antes de que se pronunciara el famoso veto. El patriarca de Venecia, que había obtenido 10 votos, comentó: «Volunt iocari supra nomen meum» ―“quieren divertirse con mi nombre”. No se consideraba un candidato. La mañana del 2 de agosto, después de haber informado a Rampolla, Puzyna leyó en latín el texto de la “exclusión” con la que le dijo al camarlengo «tenga a bien saber para su información y notificar y declarar de manera oficiosa, en nombre y con la autoridad de su majestad apostólica Francisco José, emperador de Austria y rey de Hungría, que deseando su majestad usar un antiguo derecho y privilegio, pronuncia el veto de exclusión contra el eminentísimo señor cardenal Mariano Rampolla del Tíndaro».

Rampolla y el cardenal camarlengo protestaron inmediatamente. Todos se asociaron, considerando absurda e inoportuna la injerencia. Pese a ello, esa mañana, durante la votación, el ex Secretario de Estado de León XIII no ganó ni siquiera un voto con respecto a los 29 de la tarde anterior. Sarto, en cambio, consiguió 21, mientras desapareció la candidatura de Gotti, que obtuvo 9 votos. Por la tarde, los cardenales franceses, irritados por la derrota de Rampolla, decidieron pronunciar una protesta contra el veto. Inmediatamente después tomó la palabra el cardenal Sarto: «Es seguro que no aceptaré nunca el papado, para el que no me siento digno. Pido que los eminentísimos olviden mi nombre». En el siguiente escrutinio Rampolla ganó sólo un voto; Sarto pasó de 21 a 24 y Gotti bajó a 3.

El cardenal Ferrari, frente al estancamiento, intentó convencer a Sarto, que se resistió: «No me siento idóneo para tanto peso. No es posible que yo cargue con él… Mis primeros enemigos serán los más cercanos a mí; los mismos que me apoyan, los conozco bien, no pueden ser benévolos…». Ferrari insistió: «Un rechazo podría costarle muy caro y ser muy duro para toda su vida… Piense en las responsabilidades y en los daños que le derivarían a la santa Iglesia de una elección que sería mal vista en Italia y fuera de Italia, o de una prolongación del cónclave que no se puede decir (y en esto todos están de acuerdo) si sería de días, semanas, o incluso meses».

El cardenal Ferrari insistió de nuevo, aunque en vano, la mañana del 3 de agosto de 1903. En el primer escrutinio, Sarto logró 27 votos, mientras que Rampolla comenzó a perder y obtuvo sólo 24. El patriarca de Venecia pidió nuevamente la palabra: «Insisto para que olvidéis mi nombre. Ante mi conciencia y ante Dios no puedo aceptar vuestros votos». Mientras tanto, los cardenales franceses le plantearon a Rampolla la posibilidad de concentrar sus votos en otro candidato de su agrado. El ex Secretario de Estado se resistió: «Hay que sostener y defender la independencia del Sagrado Colegio y la libertad de la elección del papa. Por eso considero que es mi deber no retirarme de la lucha».

Fue decisiva en aquellas horas la intervención del cardenal Francesco Satolli, que, encontrándose con Sarto mientras salía de su celda, le reprochó: «Su eminencia quiere resistirse a la voluntad de Dios manifestada tan abiertamente por el Sagrado Colegio…». Sarto se rindió y afirmó: «Hágase la voluntad de Dios». La noticia corrió de boca en boca en el cónclave. En la votación de la tarde el patriarca de Venecia consiguió 35 votos y Rampolla 16. Comentará el cardenal americano James Gibbons: «Tras cada escrutinio en el que veía aumentar los votos a su favor, el cardenal Sarto tomaba la palabra para suplicarle al Sagrado Colegio que abandonara la idea de elegirle: todas las veces le temblaba la voz, se le encendía la cara y se le saltaban las lágrimas. Trataba de documentar cada vez más detalladamente los títulos que parecían faltarle para el papado. Y, en cambio, ¿lo cree?, fueron estos discursos, tan llenos de humildad y sabiduría, los que hicieron cada vez más vanas sus súplicas».

La mañana del día siguiente los cardenales franceses, irritados por la resistencia de Rampolla, apoyaron la elección de Sarto, que gracias a ellos obtuvo 50 votos; Rampolla, por su parte, obtuvo 10; Gotti, 2. El elegido respondió así a la pregunta ritual: «Quonianm calix non potest transire, fiat voluntas Dei [Puesto que el cáliz no puede pasar, hágase la voluntad de Dios]. Lleno de confianza en la protección divina y de los santos apóstoles Pedro y Pablo y de los santos pontífices que se han llamado con el nombre de Pío, sobre todo de los que extremadamente combatieron contra las sectas y los errores del siglo pasado, asumo el nombre de Pío X».

Fuente: 30 Giorni

lunes, 5 de julio de 2021

2 Corintios 3,12-18: La libertad apostólica

12 Animados con esta esperanza, nos comportamos con absoluta franqueza, 
13 y no como Moisés, que se cubría el rostro con un velo para impedir que los israelitas vieran 
     el fin de un esplendor pasajero. 
14 Pero se les oscureció el entendimiento, y ese mismo velo permanece hasta el día de hoy 
     en la lectura del Antiguo Testamento, porque es Cristo el que lo hace desaparecer. 
15 Sí, hasta el día de hoy aquel velo les cubre la inteligencia siempre que leen a Moisés. 
16 Pero al que se convierte al Señor, se le cae el velo. 
17 Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad. 
18 Nosotros, en cambio, con el rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, 
     y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción 
     del Señor, que es Espíritu.

2 Corintios 3,4-11: La superioridad de la Nueva Alianza

4 Es Cristo el que nos da esta seguridad delante de Dios, 
5 no porque podamos atribuirnos algo que venga de nosotros mismos, ya que toda nuestra capacidad 
   viene de Dios. 
6 Él nos ha capacitado para que seamos los ministros de una Nueva Alianza, que no reside en la letra, 
   sino en el Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida. 
7 Ahora bien, si el ministerio que lleva a la muerte –grabado sobre piedras– fue inaugurado con tanta 
   gloria que los israelitas no podían fijar sus ojos en el rostro de Moisés, por el resplandor –aunque 
   pasajero– de ese rostro, 
8 ¡cuánto más glorioso será el ministerio del Espíritu! 
9 Y si el ministerio que llevaba a la condenación fue tan glorioso, ¡cuál no será la gloria del ministerio 
   que conduce a la justicia! 
10 En realidad, aquello que fue glorioso bajo cierto aspecto ya no lo es más en comparación con esta 
     gloria extraordinaria. 
11 Porque si lo que era transitorio se ha manifestado con tanta gloria, ¡cuánto más glorioso será lo que 
     es permanente!

2 Corintios 3,1-3: Las credenciales de Pablo

1 ¿Comenzamos nuevamente a recomendarnos a nosotros mismos? ¿Acaso tenemos que presentarles 
   o recibir de ustedes cartas de recomendación, como hacen algunos? 
2 Ustedes mismos son nuestra carta, una carta escrita en nuestros corazones, conocida y leída 
   por todos los hombres. 
3 Evidentemente ustedes son una carta que Cristo escribió por intermedio nuestro, no con tinta, 
   sino con el Espíritu del Dios viviente, no en tablas de piedra, sino de carne, es decir, en los 
   corazones.

2 Corintios 2,12-17: Los frutos del ministerio apostólico

12 Cuando llegué a Tróade para anunciar la Buena Noticia de Jesús, aunque el Señor abrió una puerta 
     para mi predicación, 
13 estaba muy preocupado porque no encontré a mi hermano Tito; por eso, me despedí de ellos y partí 
     para Macedonia.
14 Demos gracias a Dios, que siempre nos hace triunfar en Cristo, y por intermedio nuestro propaga en 
     todas partes la fragancia de su conocimiento. 
15 Porque nosotros somos la fragancia de Cristo al servicio de Dios, tanto entre los que se salvan, 
     como entre los que se pierden: 
16 para estos, aroma de muerte, que conduce a la muerte; para aquellos, aroma de vida, 
     que conduce a la Vida. ¿Y quién es capaz de cumplir semejante tarea? 
17 Pero nosotros no somos como muchos que trafican con la Palabra de Dios, sino que hablamos con 
     sinceridad en nombre de Cristo, como enviados de Dios y en presencia del mismo Dios.

2 Corintios 2,5-11: El perdón al ofensor

5 Si alguien me entristeció, no me entristeció a mí solamente sino también, en cierta medida 
    –lo digo sin exagerar– a todos ustedes.
6 Pienso que es suficiente el castigo que la mayoría ha impuesto al ofensor. 
7 Conviene ahora perdonarlo y animarlo para que el pobre no quede agobiado por una pena excesiva. 
8 Por eso, les ruego que en este caso hagan prevalecer el amor. 
9 Antes les escribí para ponerlos a prueba y ver si son capaces de obedecer en todo. 
10 Pero ahora, yo también perdono al que ustedes perdonaron, y lo hago en la presencia de Cristo 
     por amor de ustedes, 
11 para que Satanás no saque ventaja de nosotros, ya que conocemos bien 
     sus intenciones.

2 Corintios 1,23-2,1-4: Razones de Pablo para no volver a Corinto

23 Pongo a Dios por testigo, y lo juro por mi propia vida, que si no volví a Corinto fue por 
     consideración hacia ustedes. 
24 Porque no pretendemos imponer nuestro dominio sobre la fe de ustedes, ya que ustedes 
     permanecen firmes en la fe: lo que queremos es aumentarles el gozo.

2 1 Estoy decidido a no hacerles otra visita que sea para ustedes motivo de tristeza.
2 Porque si yo los entristezco, ¿quién me podrá alegrar, sino el mismo a quien yo entristecí? 
3 Y si les he escrito lo que ustedes ya saben, fue para no apenarme al llegar, a causa de aquellos que 
   debían alegrarme, porque estoy convencido de que mi alegría es también la de ustedes. 
4 Verdaderamente les escribí con gran aflicción y angustia, y con muchas lágrimas, no para 
   entristecerlos, sino para demostrarles el profundo afecto que les tengo.

2 Corintios 1,12-22: La sinceridad de Pablo

12 Este es para nosotros un motivo de orgullo: el testimonio que nos da nuestra conciencia de que 
     siempre, y particularmente en relación con ustedes, nos hemos comportado con la santidad y la 
     sinceridad que proceden de Dios, movidos, no por una sabiduría puramente humana, sino por la 
     gracia de Dios. 
13 En efecto, nuestras cartas no son ambiguas: no hay en ellas más de lo que ustedes pueden leer y 
     entender. Y espero que comprenderán plenamente 
14 –como ya lo han comprendido en parte– que en el Día de nuestro Señor Jesús, podrán sentirse 
     orgullosos de nosotros, como nosotros de ustedes.
15 Convencido de esto, me propuse visitarlos primero a ustedes, para darles una nueva alegría, 
16 y de allí pasar a Macedonia. Después, a mi regreso de Macedonia, ustedes me ayudarían a 
     proseguir mi viaje a Judea. 
17 Al proponerme esto, ¿obré precipitadamente?, ¿o bien mis proyectos estaban fundados en motivos 
     puramente humanos, de manera que yo digo al mismo tiempo "sí" y "no"? 
18 Les aseguro, por la fidelidad de Dios, que nuestro lenguaje con ustedes no es hoy "sí", y mañana "no". 
19 Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, el que nosotros hemos anunciado entre ustedes –tanto Silvano y 
     Timoteo, como yo mismo– no fue "sí" y "no", sino solamente "sí". 
20 En efecto, todas las promesas de Dios encuentran su "sí" en Jesús, de manera que por él decimos 
     "Amén" a Dios, para gloria suya. 
21 Y es Dios el que nos reconforta en Cristo, a nosotros y a ustedes; el que nos ha ungido, 
22 el que también nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las primicias del 
     Espíritu.

2 Corintios 1,1-2: Saludo inicial y acción de gracias

1 Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, saludan a la Iglesia de Dios 
   que reside en Corinto, junto con todos los santos que viven en la provincia de Acaya. 
2 Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
3 Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo 
   consuelo, 
4 que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el 
   mismo consuelo que recibimos de Dios. 
5 Porque así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de 
   Cristo abunda nuestro consuelo. 
6 Si sufrimos, es para consuelo y salvación de ustedes; si somos consolados, también es para consuelo 
   de ustedes, y esto les permite soportar con constancia los mismos sufrimientos que nosotros 
   padecemos. 
7 Por eso, tenemos una esperanza bien fundada con respecto a ustedes, sabiendo que si comparten 
   nuestras tribulaciones, también compartirán nuestro consuelo.
8 Queremos, hermanos, que ustedes conozcan la tribulación que debimos sufrir en la provincia de Asia: la 
   carga fue tan grande que no podíamos sobrellevarla, al extremo de pensar que estábamos a punto de 
   perder la vida. 
9 Soportamos en nuestra propia carne una sentencia de muerte, y así aprendimos a no poner nuestra 
   confianza en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos. 
10 Él nos libró y nos librará de ese peligro mortal. Sí, esperamos que también nos librará en el futuro. 
11 Ustedes también nos ayudarán con su oración, y de esa manera, siendo muchos los que interceden por 
     nosotros, también serán muchos los que darán gracias por el beneficio recibido.

domingo, 4 de julio de 2021

Gálatas 6,11-16: La verdadera gloria del cristiano

11 ¿Ven estas letras grandes? ¡Les estoy escribiendo con mi propia mano! 
12 Los que quieren imponerles la circuncisión sólo buscan quedar bien exteriormente, 
     y evitar ser perseguidos a causa de la cruz de Cristo. 
13 Porque tampoco aquellos que se hacen circuncidar observan la Ley; 
     sólo pretenden que ustedes se circunciden para gloriarse de eso. 
14 Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, 
     por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. 
15 Estar circuncidado o no estarlo, no tiene ninguna importancia: 
     lo que importa es ser una nueva criatura. 
16 Que todos los que practican esta norma tengan paz y misericordia, lo mismo que el Israel de Dios.

Despedida

17 Que nadie me moleste en adelante: yo llevo en mi cuerpo las cicatrices de Jesús.
18 Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con ustedes. Amén.

Gálatas 6,1-10: Las exigencias del amor

1 Hermanos, si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes, los que están animados 
   por el Espíritu, corríjanlo con dulzura. Piensa que también tú puedes ser tentado.
2 Ayúdense mutuamente a llevar las cargas, y así cumplirán la Ley de Cristo. 
3 Si alguien se imagina ser algo, se engaña, porque en realidad no es nada. 
4 Que cada uno examine su propia conducta, y así podrá encontrar en sí mismo y no en los demás, 
   un motivo de satisfacción. 
5 Porque cada uno tiene que llevar su propia carga.
6 El que recibe la enseñanza de la Palabra, que haga participar de todos sus bienes al que lo instruye.
7 No se engañen: nadie se burla de Dios. Se recoge lo que se siembra: 
8 el que siembra para satisfacer su carne, de la carne recogerá sólo la corrupción; 
   y el que siembra según el Espíritu, del Espíritu recogerá la Vida eterna. 
9 No nos cansemos de hacer el bien, porque la cosecha llegará a su tiempo si no desfallecemos. 
10 Por lo tanto, mientras estamos a tiempo hagamos el bien a todos, 
     pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.

Gálatas 5,16-26: El Espíritu y la carne

16 Yo los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios, 
     y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. 
17 Porque la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. 
     Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no pueden hacer todo el bien que quieren. 
18 Pero si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley. 
19 Se sabe muy bien cuáles son las obras de la carne: fornicación, impureza y libertinaje, 
20 idolatría y superstición, enemistades y peleas, rivalidades y violencias, ambiciones y discordias,  
     sectarismos, disensiones 
21 y envidias, ebriedades y orgías, y todos los excesos de esta naturaleza. 
     Les vuelvo a repetir que los que hacen estas cosas no poseerán el Reino de Dios. 
22 Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, 
     bondad y confianza, 
23 mansedumbre y temperancia. Frente a estas cosas, la Ley está de más, 
24 porque los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones 
     y sus malos deseos. 
25 Si vivimos animados por el Espíritu, dejémonos conducir también por él. 
26 No busquemos la vanagloria, provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente.

Gálatas 5,13-15: La libertad y el amor

13 Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad 
     no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales: háganse más bien servidores 
     los unos de los otros, por medio del amor. 
14 Porque toda la Ley está resumida plenamente en este precepto: 
     Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 
15 Pero si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, 
     tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los unos a los otros.

Gálatas 5,7-12: El escándalo de la cruz

7 ¡Ustedes andaban tan bien! ¿Quién les impidió mantenerse fieles a la verdad? 
8 ¡No habrá sido a instancias de aquel que los llama! 
9 «Un poco de levadura hace fermentar toda la masa». 
10 Yo espero en el Señor que ustedes no cambiarán de parecer. 
     En cuanto a aquel que los está perturbando, será castigado, sea quien sea. 
11 Hermanos, si yo predicara todavía la circuncisión, no me perseguirían. 
     ¡Pero entonces, habría terminado el escándalo de la cruz! 
12 En cuanto a los agitadores, ojalá que llegaran hasta la mutilación total.

Gálatas 5,1-6: Exhortación a mantenerse en la libertad de la fe

1 Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo 
   bajo el yugo de la esclavitud. 
2 Yo mismo, Pablo, les digo: si ustedes se hacen circuncidar, Cristo no les servirá de nada. 
3 Les vuelvo a insistir: todos los que se circuncidan, están obligados a observar íntegramente la Ley. 
4 Si ustedes buscan la justicia por medio de la Ley, han roto con Cristo y quedan fuera del dominio 
   de la gracia. 
5 Porque a nosotros, el Espíritu nos hace esperar por la fe los bienes de la justicia. 
6 En efecto, en Cristo Jesús, ya no cuenta la circuncisión ni la incircuncisión, 
   sino la fe que obra por medio del amor.

Gálatas 4,21-31: Las dos Alianzas

21 Ustedes que quieren someterse a la Ley, díganme: ¿No entienden lo que dice la Ley? 
22 Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de su esclava y otro de su mujer, 
     que era libre. 
23 El hijo de la esclava nació según la carne; en cambio, el hijo de la mujer libre, 
     nació en virtud de la promesa. 
24 Hay en todo esto un simbolismo: estas dos mujeres representan las dos Alianzas. 
     La primera Alianza, la del monte Sinaí, que engendró un pueblo para la esclavitud, 
     está representada por Agar, 
25 porque el monte Sinaí está en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, 
     ya que ella con sus hijos viven en la esclavitud. 
26 Pero hay otra Jerusalén, la celestial, que es libre, y ella es nuestra madre. 
27 Porque dice la Escritura: ¡Alégrate, tú que eres estéril y no das a luz; 
     prorrumpe en gritos de alegría, tú que no conoces los dolores del parto! 
     Porque serán más numerosos los hijos de la mujer abandonada que los hijos de la que tiene 
     marido. 
28 Nosotros, hermanos, somos como Isaac, hijos de la promesa. 
29 Y así como entonces el hijo nacido según la carne perseguía al hijo nacido por obra del Espíritu, 
     así también sucede ahora. 
30 Pero dice la Escritura: Echa a la esclava y a su hijo, porque el hijo de la esclava no va a compartir 
     la herencia con el hijo de la mujer libre. 
31 Por lo tanto, hermanos, no somos hijos de una esclava, sino de la mujer libre.

Gálatas 4,12-20: Reconvención afectuosa

12 Les ruego, hermanos, que se hagan semejantes a mí, como yo me hice semejante a ustedes. 
     En realidad, no me han ofendido en nada. 
13 Ya saben que fue en ocasión de una enfermedad cuando les prediqué por primera vez 
     la Buena Noticia. 
14 A pesar de que mi aspecto físico era una prueba para ustedes, no me desdeñaron 
     ni me despreciaron; todo lo contrario, me recibieron como a un ángel de Dios, 
     como a Cristo Jesús. 
15 ¿Dónde está la alegría que sintieron entonces? Yo mismo puedo atestiguar que, de ser posible, 
     se habrían arrancado los ojos para dármelos. 
16 ¿Y ahora me he convertido en enemigo de ustedes por decirles la verdad? 
17 El interés que los otros demuestran por ustedes no es bueno: lo que quieren es separarlos de mí, 
     para que se interesen por ellos. 
18 Está bien interesarse por los demás, con tal que ese interés sea verdadero y para siempre, 
     y no sólo cuando yo estoy entre ustedes. 
19 ¡Hijos míos, por quienes estoy sufriendo nuevamente los dolores del parto hasta que Cristo 
     sea formado en ustedes! 
20 Ahora mismo desearía estar allí para hablarles de otra manera, 
     porque ya no sé cómo proceder con ustedes.

Gálatas 4,8-11: El peligro de recaer en la esclavitud de la Ley

8 Antes, cuando ustedes no conocían a Dios, estaban al servicio de dioses que no lo son realmente. 
9 Pero ahora, que conocen a Dios  o mejor dicho, que son conocidos por él  
   ¿cómo es posible que se vuelvan otra vez a esos elementos sin fuerza ni valor, 
   para someterse nuevamente a ellos? 
10 ¡Observar los días, los meses, las estaciones y los años! 
11 Francamente, temo haber trabajado inútilmente por ustedes.

Gálatas 4,1-7: La filiación divina

1 Voy a ser más explícito: el heredero, mientras es menor de edad, 
   aunque sea propietario de todos sus bienes, en nada se diferencia de un esclavo. 
2 En efecto, hasta la edad fijada por su padre, está bajo la dependencia de sus tutores 
   y administradores. 
3 Así también nosotros, cuando éramos menores de edad, 
   estábamos sometidos a los elementos del mundo. 
4 Pero cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, 
   nacido de una mujer y sujeto a la Ley, 
5 para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos. 
6 Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, 
   que clama a Dios llamándolo: ¡Abba!, es decir, ¡Padre! 
7 Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios.

jueves, 24 de junio de 2021

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,23-29: El tiempo de la fe

3,23-29: El tiempo de la fe

23 Antes que llegara la fe, estábamos cautivos bajo la custodia de la Ley, 
     en espera de la fe que debía ser revelada. 
24 Así, la Ley fue nuestro preceptor hasta la llegada de Cristo, 
     para que fuéramos justificados por la fe. 
25 Y ahora que ha llegado la fe, ya no estamos sometidos a un preceptor. 
26 Porque todos ustedes, por la fe, son hijos de Dios en Cristo Jesús, 
27 ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo. 
28 Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, 
     porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús. 
29 Y si ustedes pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, 
     herederos en virtud de la promesa.

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,19-22: El papel de la ley

3,19-22: El papel de la Ley

19 Entonces, ¿para qué sirve la Ley? Ella fue añadida para multiplicar las transgresiones, 
     hasta que llegara el descendiente de Abraham, a quien estaba destinada la promesa; 
     y fue promulgada por ángeles, a través de un mediador. 
20 Pero no existe mediador cuando hay una sola parte, y Dios es uno solo. 
21 ¿Eso quiere decir que la Ley se opone a las promesas de Dios? ¡De ninguna manera! 
     Porque si hubiéramos recibido una Ley capaz de comunicar la Vida, 
     ciertamente la justicia provendría de la Ley. 
22 Pero, de hecho, la Ley escrita sometió todo al pecado, para que la promesa se cumpla 
     en aquellos que creen, gracias a la fe en Jesucristo.

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,15-18: La ley y la promesa

3,15-18: La Ley y la promesa

15 Hermanos, quiero ponerles un ejemplo de la vida cotidiana: 
     cuando un hombre hace un testamento en debida forma, nadie puede anularlo o agregarle nada. 
16 Las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. La Escritura no dice: 
     «y a los descendientes», como si se tratara de muchos, sino en singular: y a tu descendencia, 
     es decir, a Cristo. 
17 Ahora bien, les digo esto: la Ley promulgada cuatrocientos treinta años después, 
     no puede anular un testamento formalmente establecido por Dios, 
     dejando así sin efecto la promesa. 
18 Porque si la herencia se recibe en virtud de la Ley, ya no es en virtud de la promesa. 
     Y en realidad, Dios concedió su gracia a Abraham mediante una promesa.

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,10-14: La ley, fuente de maldición

3,10-14: La Ley, fuente de maldición

10 En efecto, todos los que confían en las obras de la Ley están bajo una maldición, 
     porque dice la Escritura: Maldito sea el que no cumple fielmente todo lo que está escrito 
     en el libro de la Ley. 
11 Es evidente que delante de Dios nadie es justificado por la Ley, ya que el justo vivirá por la fe. 
12 La Ley no depende de la fe, antes bien, el que observa sus preceptos vivirá por ellos. 
13 Cristo nos liberó de esta maldición de la Ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, 
     porque también está escrito: Maldito el que está colgado en el patíbulo. 
14 Y esto, para que la bendición de Abraham alcanzara a todos los paganos en Cristo Jesús, 
     y nosotros recibiéramos por la fe el Espíritu prometido.

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,6-9: Los verdaderos hijos de Abraham

3,6-9: Los verdaderos hijos de Abraham

6 Es el caso de Abraham, que creyó en Dios, y esto le fue tenido en cuenta para su justificación. 
7 Reconozcan, entonces, que los verdaderos hijos de Abraham son los que tienen fe. 
8 La Escritura, previendo que Dios justificaría a los paganos por la fe, 
   anticipó esta buena noticia a Abraham, prometiéndole: En ti serán bendecidas todas las naciones. 
9 De esa manera, los que creen son los que participan de la bendición de Abraham, el creyente.

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,1-5: Llamado de atención a los gálatas

3,1-5: Llamado de atención a los gálatas

1 Gálatas insensatos, ¿quién los ha seducido a ustedes, 
   ante quienes fue presentada la imagen de Jesucristo crucificado? 
2 Una sola cosa quiero saber: ¿ustedes recibieron el Espíritu por las obras de la Ley 
   o por haber creído en la predicación? 
3 ¿Han sido tan insensatos que llegaron al extremo de comenzar por el Espíritu, 
   para acabar ahora en la carne? 
4 ¿Habrá sido en vano que recibieron tantos favores? ¡Ojalá no haya sido en vano! 
5 Aquel que les prodiga el Espíritu y está obrando milagros entre ustedes,    
   ¿lo hace por las obras de la Ley o porque han creído en la predicación?

Carta de San Pablo a los Gálatas 2,15-21: El Evangelio de Pablo

2,15-21: El Evangelio de Pablo

15 Nosotros somos judíos de nacimiento y no pecadores venidos del paganismo. 
16 Pero como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, 
     sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe en Cristo 
     y no por las obras de la Ley: en efecto, nadie será justificado en virtud de las obras de la Ley. 
17 Ahora bien, si al buscar nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos 
     pecadores, entonces Cristo está al servicio del pecado. Esto no puede ser, 
18 porque si me pongo a reconstruir lo que he destruido, 
     me declaro a mí mismo transgresor de la Ley. 
19 Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. 
     Yo estoy crucificado con Cristo, 
20 y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, 
     la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí. 
21 Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto inútilmente.

Carta de San Pablo a los Gálatas 2,11-14: El incidente de Antioquía

2,11-14: El incidente de Antioquía

11 Pero cuando Cefas llegó a Antioquía, yo le hice frente porque su conducta era reprensible. 
12 En efecto, antes que llegaran algunos enviados de Santiago, él comía con los paganos, 
     pero cuando estos llegaron, se alejó de ellos y permanecía apartado, 
     por temor a los partidarios de la circuncisión. 
13 Los demás judíos lo imitaron, y hasta el mismo Bernabé se dejó arrastrar por su simulación. 
14 Cuando yo vi que no procedían rectamente, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas delante 
     de todos: «Si tú, que eres judío, vives como los paganos y no como los judíos, ¿por qué obligas 
     a los paganos a que vivan como los judíos?».

Carta de San Pablo a los Gálatas 2,6-10: La decisión de los Apóstoles

2,6-10: La decisión de los Apóstoles

6 En cuanto a los dirigentes no me interesa lo que hayan sido antes, porque Dios no hace acepción 
   de personas no me impusieron nada más. 
7 Al contrario, aceptaron que me había sido confiado el anuncio del Evangelio a los paganos, así 
   como fue confiado a Pedro el anuncio a los judíos. 
8 Porque el que constituyó a Pedro Apóstol de los judíos, 
   me hizo también a mí Apóstol de los paganos. 
9 Por eso, Santiago, Cefas y Juan considerados como columnas de la Iglesia reconociendo el don que 
    me había sido acordado, nos estrecharon la mano a mí y a Bernabé, en señal de comunión, 
    para que nosotros nos encargáramos de los paganos y ellos de los judíos. 
10 Solamente nos recomendaron que nos acordáramos de los pobres,
     lo que siempre he tratado de hacer.

Carta de San Pablo a los Gálatas 2,1-5: La asamblea de Jerusalén

2,1-5: La asamblea de Jerusalén

1 Al cabo de catorce años, subí nuevamente a Jerusalén con Bernabé, llevando conmigo a Tito.
2 Lo hice en virtud de una revelación divina, y les expuse el Evangelio que predico entre 
   los paganos, en particular a los dirigentes, para asegurarme que no corría o no había corrido en 
   vano. 
3 Pero ni siquiera Tito, que estaba conmigo y era de origen pagano, fue obligado a circuncidarse, 
4 a pesar de los falsos hermanos que se habían infiltrado para coartar la libertad que tenemos 
   en Cristo Jesús y reducirnos a la esclavitud. 
5 Con todo, ni por un momento les hicimos concesiones, a fin de salvaguardar para ustedes 
   la verdad del Evangelio.

Carta de San Pablo a los Gálatas 1,18-24: Pablo en Jerusalén

1,18-24: Pablo en Jerusalén

18 Tres años más tarde, fui desde allí a Jerusalén para visitar a Pedro, y estuve con él quince días. 
19 No vi a ningún otro Apóstol, sino solamente a Santiago, el hermano del Señor. 
20 En esto que les escribo, Dios es testigo de que no miento. 
21 Después pasé a las regiones de Siria y Cilicia. 
22 Las Iglesias de Judea que creen en Cristo no me conocían personalmente, 
23 sino sólo por lo que habían oído decir de mí: «El que en otro tiempo nos perseguía, 
     ahora anuncia la fe que antes quería destruir». 
24 Y glorificaban a Dios a causa de mí.

Carta de San Pablo a los Gálatas 1,10-17: La elección de Pablo

1,10-17: La elección de Pablo

10 ¿Acaso yo busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Piensan que quiero congraciarme 
     con los hombres? Si quisiera quedar bien con los hombres, no sería servidor de Cristo. 
11 Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, 
     porque 
12 yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. 
13 Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: 
     cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba, 
14 y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, 
     en mi exceso de celo por las tradiciones paternas. 
15 Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, 
     se complació 
16 en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, 
     sin consultar a ningún hombre 
17 y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después 
     regresé a Damasco.

Carta de San Pablo a los Gálatas: 1,1-9: Saludo inicial, el único Evangelio de Cristo

1,1-6: Saludo inicial

1 Pablo, Apóstol  no de parte de hombres ni por la mediación de un hombre, 
   sino por Jesucristo y por Dios Padre que lo resucitó de entre los muertos  
2 y todos los hermanos que están conmigo, saludamos a las Iglesias de Galacia. 
3 Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, 
4 que se entregó por nuestros pecados para librarnos de este mundo perverso, 
   conforme a la voluntad de Dios, nuestro Padre, 
5 a quien sea la gloria para siempre. Amén.

1,6-9: El único Evangelio de Cristo

6 Me sorprende que ustedes abandonen tan pronto al que los llamó por la gracia de Cristo, 
   para seguir otro evangelio. 
7 No es que haya otro, sino que hay gente que los está perturbando 
   y quiere alterar el Evangelio de Cristo. 
8 Pero si nosotros mismos o un ángel del cielo les anuncia un evangelio distinto 
   del que les hemos anunciado, ¡que sea expulsado! 
9 Ya se lo dijimos antes, y ahora les vuelvo a repetir: el que les predique un evangelio distinto 
   del que ustedes han recibido, ¡que sea expulsado!