martes, 21 de enero de 2020

MIERCOLES DE LA 2 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año II (Lecturas)

1 Samuel 17, 32--51
Salmo 143: Bendito el Señor, mi Roca
Marcos 3, 1-6

1 Samuel 17,32-51

En aquellos días, Saúl mandó llamar a David, y éste le dijo:
— Majestad, no os desaniméis. Este servidor tuyo irá a luchar con ese filisteo" Pero Saúl le contestó:
— No podrás acercarte a ese filisteo para luchar con él, porque eres un muchacho, y él es un guerrero desde mozo.
David replicó:
— El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras oso, me librará de las manos de este filisteo.
Entonces Saúl le dijo:
— Anda con Dios.
Agarró la cayada, escogió cinco cantos de arroyo, se los echó al zurrón, empuñó la honda y se acercó al filisteo. Este, precedido de su escudero, iba avanzando, acercándose a David; lo miró de arriba abajo y lo despreció, porque era un muchacho de buen color y guapo, y le gritó:
— ¿Soy yo un perro, para que vengas a mi con un palo?
Luego maldijo a David, invocando a sus dioses, y le dijo:
— Ven acá, y echaré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo.
Pero David le contestó:
— Tú vienes hacia mí armado de espada, lanza y jabalina; yo voy hacia ti en nombre del Señor de los ejércitos, Dios de las huestes de Israel, a las que has desafiado. Hoy te entregará el Señor en mis manos, te venceré, te arrancaré la cabeza de los hombros y echaré tu cadáver y los cadáveres del campamento filisteo a las aves del cielo y las fieras de la tierra; y todo el mundo reconocerá que hay un Dios en Israel; y todos los aquí reunidos reconocerán que el Señor da la victoria sin necesidad de espadas ni lanzas, porque ésta es una guerra del Señor y él os entregará en nuestro poder.
Cuando el filisteo se puso en marcha y se acercaba en dirección a David, éste salió de la formación y corrió velozmente en dirección al filisteo; echó mano al zurrón, sacó una piedra, disparó la honda y le pegó al filisteo en la frente: la piedra se le clavó en la frente, y cayó de bruces en tierra. Así venció David al filisteo, con la honda y una piedra; lo mató de un golpe, sin empuñar espada. David corrió y se paró junto al filisteo, le agarró la espada, la desenvainó y lo remató, cortándole la cabeza.

Salmo 143: Bendito el Señor, mi Roca

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea.
R. Bendito el Señor, mi Roca

Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.
R. Bendito el Señor, mi Roca

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas;
para ti, que das la victoria a los reyes
y salvas a David, tu siervo.
Defiéndeme de la espada cruel.
R. Bendito el Señor, mi Roca

Marcos 3,1-6

En aquel tiempo entró Jesús otra vez en la sinagoga y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis:
— Levántate y ponte ahí en medio.
Y a ellos les preguntó:
— ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?
Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira y dolido de su obstinación, le dijo al hombre:
— Extiende el brazo. Lo extendió y quedó restablecido.
En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

22 de enero: San Vicente

lunes, 20 de enero de 2020

21 de enero: Santa Inés

20 de enero: San Sebastián

20 de enero: San Sebastián, mártir


Fuentes históricas y popularidad

La información histórica sobre San Sebastián es muy poca, pero la difusión de su culto ha perdurado, y está muy viva: tres municipios en Italia llevan su nombre y muchos otros lo veneran como santo patrón. También lo recuerda la ciudad española de San Sebastián, la isla de Sao Sebastiao en Brasil, frente a Sao Paolo.

La ‘Depositio martyrum’ que data del 354, lo recuerda el 20 de enero y el “Comentario sobre el Salmo 118” de S. Ambrosio (340-397). Las pocas noticias fueron ampliadas y adornadas, más tarde en ‘Passio’, probablemente escrito en el siglo V por el monje Arnobio el Joven.

¿Quién era Sebastián?

Sebastián era hijo de familia militar y noble. Nació en de Narbona (Francia), de donde era su padre, pero se había educado en Milán, de donde era su madre. Fue educado en la fe cristiana y en el 270 se trasladó a Roma donde inició la carrera militar hacia el 283.

Llegó a ser capitán de la primera corte de la guardia pretoriana. Era respetado por todos y apreciado por los emperadoradores Maximiano y Diocleciano, que desconocían su cualidad de cristiano. Cumplía con la disciplina militar, pero no participaba en los sacrificios idolátricos. Además, como buen cristiano, ejercitaba el apostolado entre sus compañeros, visitaba y alentaba a los cristianos encarcelados por causa de Cristo.

Obligado entre ser soldado o seguir a Cristo

Sebastián fue denunciado al emperador Maximiano quien lo obligó a escoger entre ser su soldado o seguir siendo cristiano. Sebastián escogió la milicia de Cristo y el desairado emperador lo amenazó de muerte. Sebastián se mantuvo firme en su fe.

Enfurecido Maximiano, lo condenó a morir asaeteado: los soldados del emperador lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de saetas, dándolo por muerto. Sin embargo, sus amigos que estaban al acecho, se acercaron, y al verlo todavía con vida, lo llevaron a casa de una noble cristiana romana, llamada Irene, que lo mantuvo escondido en su casa y le curó las heridas hasta que quedó restablecido.

Sus amigos le aconsejaron que se ausentara de Roma, pero Sebastián se negó y se presentó públicamente durante la celebración de unos juegos ante el emperador Diocleciano y su asociado Maximiano, a quienes el santo reprochó su conducta por perseguir a los cristianos con acusaciones falsas.

Diocleciano mandó que lo azotaran hasta morir, y los soldados cumplieron esta vez sin errores. La ejecución tuvo lugar en el hipódromo Palatino (año 304) y el cuerpo de Sebastián fue tirada a la cloaca Máxima para que no pudiera ser recuperado.

Enterrado junto a san Pedro y san Pablo

El mártir apareció en sueños a la matrona Lucina, indicando el lugar donde estaba el cadáver, y la comunidad cristiana de Roma lo enterró en el cementerio “ad Catacumbas” en la Via Appia. Hasta finales del siglo VI, los peregrinos iban allí atraídos por la “memoria” de san Pedro y de san Pablo, en la basílica de Constantiniano erigida en memoria de los dos apóstoles justo encima del cementerio, también visitaban la tumba del mártir, cuya figura se había vuelto muy popular y cuando en 680 se atribuyó a su intercesión, el final de una grave plaga en Roma.

El mártir san Sebastián fue elegido intercesor contra las epidemias y la iglesia comenzó a llamarse “Basílica Sancti Sebastiani”. Por su trabajo de asistencia a los cristianos, fue proclamado por el Papa San Cayo “defensor de la Iglesia”. El santo es venerado el 20 de enero y es considerado el tercer patrón de Roma, después de los dos apóstoles Pedro y Pablo.

Fuentes:
Aciprensa
Primeros Cristianos

+ SOBRE SAN SEBASTIÁN

LUNES DE LA 2 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año II (Lecturas)

I Samuel 15, 16-23
Salmo 49: Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios
Marcos 2,18-22

1 Samuel 15,16-23

En aquellos días, Samuel dijo a Saúl:
— Déjame que te cuente lo que el Señor me ha dicho esta noche.
Contestó Saúl:
— Dímelo.
Samuel dijo:
— Aunque te creías pequeño, eres la cabeza de las tribus de Israel, porque el Señor te ha nombrado rey de Israel. El Señor te envió a esta campaña con orden de exterminar a esos pecadores amalecitas, combatiendo hasta acabar con ellos. ¿Por qué no has obedecido al Señor? ¿Por qué has echado mano a los despojos, haciendo lo que el Señor reprueba?
Saúl replicó:
— ¡Pero si he obedecido al Señor! He hecho la campaña a la que me envió, he traído a Agag, rey de Amalec, y he exterminado a los amalecitas. Si la tropa tomó del botín ovejas y vacas, lo mejor de lo destinado al exterminio, lo hizo para ofrecérselas en sacrificio al Señor tu Dios en Guilgal".
Samuel contestó:
— ¿Quiere el Señor sacrificios y holocaustos o quiere que obedezcan al Señor? Obedecer vale más que un sacrificio; ser dócil, más que grasa de carneros. Pecado de adivinos es la rebeldía, crimen de idolatría es la obstinación. Por haber rechazado al Señor, el Señor te rechaza hoy como rey".

Salmo 49: Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa
ni un cabrito de tus rebaños.
R. Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandamientos?
R. Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
El que me ofrece acción de gracias, ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.
R. Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

Marcos 2,18-22

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: "Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?" Jesús les contestó: "¿Es que pueden ayunar los amigos del novio mientras está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán". Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado, porque la pieza tira del manto -lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos".

HOMILÍAS DE ESTE DÍA:
Abrid el corazón a la novedad el Espíritu Santo  

20 de enero: SANTOS FRUCTUOSO obispo y mártir, EULOGIO Y AUGURIO diáconos y mártires

Mural románico en la Iglesia de San Fructuoso, Huesca

San Fructuoso de Tarragona fue un clérigo cristiano hispanorromano que llegó a ser obispo de Tarragona.

Es el primero de los “testigos” que nos ofrece la historia de la Iglesia española. Las Actas de su martirio están reconocidas por los estudiosos como de las pocas que pueden ser consideradas fieles, hasta el punto de considerar a Fructuoso como "el protomártir hispano justificado ante la historia" por su autenticidad.

Fue martirizado junto con los diáconos Eulogio y Augurio. Murió quemado vivo en el anfiteatro de Tarraco el 20 de enero del 258, durante la persecución decretada por los emperadores romanos Valeriano y Galieno contra los cristianos.

San Agustín sentía gran admiración por estos tres mártires hispanos y escribió uno de sus sermones para la misa de su festividad.

— Martirio

En 257 se promulgaba un edicto por el cual los jefes de las iglesias eran obligados a ofrecer sacrificios a las divinidades del Imperio. En los primeros días del año siguiente, la policía imperial arrestaba a Fructuoso en Tarragona y le encerraba en la cárcel con dos de sus diáconos, Eulogio y Augurio.

En la prisión, el obispo seguía predicando y catequizando. Incluso bautizó a un convertido. Siete días más tarde, Fructuoso, Eulogio y Augurio comparecieron ante el tribunal. Como el obispo y los dos diáconos se negaron a adorar a los dioses romanos, el juez Emiliano ordenó que los tres fuesen quemados vivos. Los esbirros los llevaron al anfiteatro de Tarraco, lugar designado para el suplicio.

En el trayecto, varios «hermanos» se acercaron a los reos ofreciendo una copa de vino. Fructuoso la rehusó diciendo: «Aún no es hora de romper el ayuno». Era miércoles, día de ayuno para los primeros cristianos, ayuno que duraba hasta las tres de la tarde. En realidad, con esta excusa iba unida la más noble modestia: el brebaje ofrecido no era un vino puro, sino una bebida que mezclaba infusiones de plantas aromáticas y que daban al cuerpo un vigor momentáneo y le hacían menos sensible a los dolores.

Tertuliano, el Africano, se reía de los mártires a quienes había que ayudar con tales artificios. Pero Fructuoso tenía un sentido demasiado alto del honor cristiano para permitir que le confundiesen con aquellos «mártires ambiguos» de que hablaba el africano. Imitando al Salvador, apartó los labios de la copa que debía adormecer su agonía y prefirió beber hasta las heces el cáliz del martirio.

La hoguera ardía y alguien se acercó para desatarle las sandalias. También ahora rehusó el mártir, prefiriendo descalzarse él mismo. Ya avanzaba, cuando un cristiano llamado Félix se le acercó, le cogió de la mano y le rogó que se acordara de él. Entonces Fructuoso, extendiendo a lo lejos la mirada, dijo: «Es preciso que tenga en mi pensamiento a la Iglesia Católica, derramada de Oriente hasta Occidente».

Estas fueron sus últimas palabras. Inmediatamente, sin la menor señal de turbación, penetró en la hoguera. Sus diáconos le siguieron. Rotas por el fuego las cuerdas que sujetaban sus manos, los tres mártires cayeron de rodillas con los brazos extendidos. Al verlos así, en medio de las llamas, dice Prudencio, todos recordaban a los tres jóvenes hebreos en el horno de Babilonia, «Dos de nuestros hermanos, pertenecientes a la casa del prefecto—dicen las actas—, vieron a los tres elegidos subir al cielo», y la hija del gobernador fue también testigo de la maravilla.

Los fieles, cuando el fuego consumió los cuerpos, se precipitaron en el anfiteatro, rociaron los huesos con vino, en recuerdo de las libaciones que hacían los antiguos en la ceremonia de la cremación, y, habiendo cogido cada cual lo que pudo de las reliquias, se las llevaron a sus casas. Comprendiendo luego que aquello era un celo mal entendido, depositaron las cenizas en un mismo sarcófago «para que recibiesen juntos la corona los que juntos habían alcanzado la victoria».

Tal fue la muerte con que el gran obispo dio testimonio de su fe. Aquella serenidad impresionó a todos sus conciudadanos y uno de ellos, testigo de vista, nos ha conservado la emoción en un relato. Es uno de los documentos más venerables de la antigua Iglesia de España.

Fueron las posteriores apariciones de estos tres mártires las que facilitaron que en las ruinas del antiguo anfiteatro se construyera una iglesia paleocristiana dedicada a San Fructuoso. La Iglesia celebra la memoria de estos tres mártires el 20 de enero.

Fuente:
primeroscristianos.com
santopedia.com

domingo, 19 de enero de 2020

Domingo de la 2 Semana del Tiempo Ordinario, Año A

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: 
«Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 
Ése es aquel de quien yo dije: 
"Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, 
porque existía antes que yo."

viernes, 17 de enero de 2020

VIERNES DE LA 2 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año II (Lecturas)

1 Samuel 24,3-21
Salmo 56: Misericordia, Dios mío, misericordia
Marcos 3,13-19

1 Samuel 24,3-21

En aquellos días, Saúl, con tres mil soldados de todo Israel, marchó en busca de David y su gente hacia las Peñas de los Rebecos; llegó a unos apriscos de ovejas junto al camino, donde había una cueva, y entró a hacer sus necesidades. David y los suyos estaban en lo más hondo de la cueva, y le dijeron a David sus hombres:
— Este es el día del que te dijo el Señor: Yo te entrego tu enemigo. Haz con él lo que quieras. Pero él les respondió:
— ¡Dios me libre de hacer eso a mi señor, el ungido del Señor, extender la mano contra él!
Y les prohibió enérgicamente echarse contra Saúl, pero él se levantó sin meter ruido y le cortó a Saúl el borde del manto, aunque más tarde le remordió la conciencia por haberle cortado a Saúl el borde del manto. Cuando Saúl salió de la cueva y siguió su camino, David se levantó, salió de la cueva detrás de Saúl y le gritó:
— ¡Majestad!
Saúl se volvió a ver, y David se postró rostro en tierra rindiéndole vasallaje. Le dijo:
— ¿Por qué haces caso a lo que dice la gente, que David anda buscando tu ruina? Mira, lo estás viendo hoy con tus propios ojos: el Señor te había puesto en mi poder dentro de la cueva; me dijeron que te matara, pero te respeté y dije que no extendería la mano contra mi señor, porque eres el ungido del Señor. Padre mío, mira en mi mano el borde de tu manto: si te corté el borde del manto y no te maté, ya ves que mis manos no están manchadas de maldad, ni de traición, ni de ofensa contra ti, mientras que tú me acechas para matarme. Que el Señor sea nuestro juez. Y que él me vengue de ti; que mi mano no se alzará contra ti. Como dice el viejo refrán: La maldad sale de los malos..., mi mano no se alzará contra ti. ¿Tras de quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién vas persiguiendo? ¡A un perro muerto, a una pulga! El Señor sea juez y sentencie nuestro pleito, vea y defienda mi causa, librándome de tu mano".
Cuando David terminó de decir esto a Saúl, Saúl exclamó:
— Pero ¿es ésta tu voz, David, hijo mío?
Luego levantó la voz, llorando, mientras decía a David:
— ¡Tú eres inocente, y no yo! Porque tú me has pagado con bienes, y yo te he pagado con males; y hoy me has hecho el favor más grande, pues el Señor me entregó a ti y tú no me mataste. Porque si uno encuentra a su enemigo, ¿lo deja marchar por las buenas? ¡El Señor te pague lo que hoy has hecho conmigo! Ahora, mira, sé que tú serás rey y que el reino de Israel se consolidará en tu mano.

Salmo 56: Misericordia, Dios mío, misericordia

Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas,
mientras pasa la calamidad.
R. Misericordia, Dios mío, misericordia

Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí.
Desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme,
enviará su gracia y su lealtad.
R. Misericordia, Dios mío, misericordia

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.
Por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.
R. Misericordia, Dios mío, misericordia

Marcos 3,13-19

En aquel tiempo, Jesús subió a la montaña, llamó a los que quiso, y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges -Los Truenos-; Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, que lo entregó.

17 de enero: San Antonio, Abad

17 de Enero: San Antonio, el grande, por Celestino Hueso SF


San Antonio nació el año catapún en Egipto, en el seno de una familia rica que pronto quedó reducida a él y su hermana pequeña de la que tuvo que cuidar a partir de los veinte años. Como era cristiano de los de verdad, además de hacer el bien a todo el mundo, iba a misa todos los domingos y fiestas de guardar.

Un día escuchó las palabras de Jesús al joven rico “Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo, después sígueme” Al joven rico estas palabras de Cristo lo espantaron y salió escopeteado pero a nuestro santo le hicieron tilín y se fue ipso facto a vender todo lo que pilló y a darlo a los pobres.

A su hermana la colocó en una especie de convento de monjas de la época y él se retiró a una tumba abandonada para vivir como ermitaño. Más tarde se fue al desierto, desde donde acudía a las cárceles y a las minas para atender a los cristianos encerrados en ellas durante la persecución de Maximino.

Huyendo de la comodidad cambió su residencia al monte Cozum frente al mar Rojo, donde se convirtió en el padre de los cenobitas (monjes), pues muchos ermitaños se fueron a vivir cerca de él y Antonio aprovechó para organizarlos, darles unas normas de vida y dirigirlos por el camino del seguimiento de Cristo.

Dice la leyenda dorada que el demonio le declaró la guerra de manera descarada, de tal modo que, una vez se le presentó con la apariencia de la mujer más bella que se pueda imaginar, con poca ropa y menos vergüenza, Antonio le dio calabazas, además de darle con la escoba. El Tiñoso volvió a la carga, convertido esta vez, en un tiparraco de dos metros, más negro que un pecado mortal y más feo que Picio, pero a base de oración y penitencia lo hizo trasponer más allá de todas partes.

La tercera vez que recibió tan indeseable visita, no salió bien parado, porque el tío de los cuernos de cabra vino haciendo un ruido atroz y le dio tal paliza que lo dejó sin sentido. Antonio temió que Jesús le hubiera dejado sólo y fue a pedirle explicaciones “¿Dónde estabas, que el bicho ese casi me mata?” “Siempre a tu lado” fue la respuesta del Señor. Ante semejante valedor el demonio tuvo que retirarse para siempre con la cola entre las piernas.

Nuestro santo vivió más de cien años y la fama de sus milagros alcanzó a los hombres y a los animales que bendecía. De ahí la costumbre de bendecir los animales en este día y también que muchas familias antiguamente criaran un cerdo para repartir su carne a los pobres el día de San Antón. El chanchito a los pies del santo en muchas de sus imágenes tiene también este origen.

Yo llegué a conocer “el cochinillo de San Antón” recorriendo las calles de Villacarrillo con sus orejas cortadas. Se trataba de uno o varios cerdos que se soltaban por el pueblo y eran alimentados con las sobras que le echaban los vecinos. Su carne era repartida entre los más necesitados el 17 de Enero.
Si oís hablar de San Antón, San Antonio Abad, San Antonio del desierto, San Antonio egipcio o San Antonio, el grande, no os arméis líos. Se trata de la misma persona. Nuestro santo de hoy.

+ SOBRE SAN ANTONIO

jueves, 16 de enero de 2020

JUEVES DE LA PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año II (Lecturas)

1 Samuel 4,1-11
Salmo 43: Redímenos, Señor, por tu misericordia
Marcos 1,40-45

1 Samuel 4,1-11

Por entonces se reunieron los filisteos para atacar a Israel. Los israelitas salieron a enfrentarse con ellos y acamparon junto a Piedrayuda, mientras que los filisteos acampaban en El Cerco. Los filisteos formaron en orden de batalla frente a Israel. Entablada la lucha, Israel fue derrotado por los filisteos; de sus filas murieron en el campo unos cuatro mil hombres. La tropa volvió al campamento, y los ancianos de Israel deliberaron: "¿Por qué el Señor nos ha hecho sufrir hoy una derrota a manos de los filisteos? Vamos a Siló, a traer el arca de la alianza del Señor, para que esté entre nosotros y nos salve del poder enemigo". Mandaron gente a Siló, a por el arca de la alianza del Señor de los ejércitos entronizado sobre querubines. Los dos hijos de Elí, Jofni y Finés, fueron con el arca de la alianza de Dios. Cuando el arca de la alianza del Señor llegó al campamento, todo Israel lanzó a pleno pulmón el alarido de guerra, y la tierra retembló. Al oír los filisteos el estruendo del alarido, se preguntaron: "¿Qué significa ese alarido que retumba en el campamento hebreo?" Entonces se enteraron de que el arca del Señor había llegado al campamento, y, muertos de miedo, decían: "¡Ha llegado su dios al campamento! ¡Ay de nosotros! Es la primera vez que nos pasa esto. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de esos dioses poderosos, los dioses que hirieron a Egipto con toda clase de calamidades y epidemias? ¡Valor, filisteos! Sed hombres, y no seréis esclavos de los hebreos como lo han sido ellos de nosotros. ¡Sed hombres, y al ataque!" Los filisteos se lanzaron a la lucha y derrotaron a los israelitas, que huyeron a la desbandada. Fue una derrota tremenda: cayeron treinta mil de la infantería israelita. El arca de Dios fue capturada, y los dos hijos de Elí, Jofni y Finés, murieron.

Salmo 43: Redímenos, Señor, por tu misericordia

Ahora nos rechazas y nos avergüenzas,
y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y nuestro adversario nos saquea.
R. Redímenos, Señor, por tu misericordia

Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de los que nos rodean.
Nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen muecas las naciones.
R. Redímenos, Señor, por tu misericordia

Despierta, Señor, ¿por qué duermes?;
levántate, no nos rechaces más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y opresión?
R. Redímenos, Señor, por tu misericordia

Marcos 1,40-45

En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: "Si quieres, puedes limpiarme". Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: "Quiero: queda limpio". La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. El lo despidió, encargándoles severamente: "No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés. Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Marcos 1,40-45: Curación de un leproso

Marcos 1,40-45 (Cf. Mateo 8,2-4; Lucas 5,12-16)
Jueves de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II
Domingo de la 6 Semana del Tiempo Ordinario, Año B

En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: "Si quieres, puedes limpiarme". Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: "Quiero: queda limpio". La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. El lo despidió, encargándoles severamente: "No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés. Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

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miércoles, 15 de enero de 2020

Miércoles de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año II (Lecturas)

1 Samuel 3,1-10.19-20
Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
Marcos 1,29-39

1 Samuel 3,1-10.19-20

En aquellos días, el pequeño Samuel servía en templo del Señor bajo la vigilancia de Elí. Por aquellos días las palabras del Señor eran raras y no eran frecuentes las visiones. Un día estaba Elí acostado en su habitación; se le iba apagando la vista y casi no podía ver. Aún ardía la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel y él respondió: "Aquí estoy. Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy; vengo porque me has llamado". Respondió Elí: "No te he llamado; vuelve a acostarte. Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. El se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy, vengo porque me has llamado". Respondió Elí: "No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte".Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy; vengo porque me has llamado".Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho y dijo a Samuel: "Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: Habla Señor, que tu siervo te escucha". Samuel fue y se acostó en su sitio.El Señor se presentó y le llamó como antes: "¡Samuel, Samuel!" El respondió: "Habla, Señor, que tu sirvo te escucha".Samuel crecía, Dios estaba con él, y ninguna de sus palabras dejó de cumplirse; y todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel era profeta acreditado ante el Señor.

Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Yo esperaba con ansia al Señor:
él se inclinó y escuchó mi grito.
Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras
que se extravían con engaños.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y en cambio me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: "Aquí estoy".
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Como está escrito en mi libro:
"Para hacer tu voluntad".
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Marcos 1,29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: "Todo el mundo te busca". El les respondió: "Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido". Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Marcos 1,29-39: La suegra de Simón estaba en cama con fiebre

Marcos 1,29-39
Miércoles de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año III

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.» Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

1,30: La suegra de Simón estaba en cama con fiebre
1:31a: Tres gestos de ternura
1,31b: ...Y se puso a servirles
1,35: Se fue a un lugar retirado a orar    

MARTES DE LA 1 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año II (Lecturas)

1 Samuel 1,9-20
Interleccional, 1Samuel 2: 
Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador
Marcos 1,21-28

1 Samuel 1,9-20

En aquellos días, después de la comida en Siló, mientras el sacerdote Elí estaba sentado en su silla junto a la puerta del templo del Señor, Ana se levantó y, desconsolada, rezó al Señor deshaciéndose en lágrimas e hizo este voto: "Señor de los ejércitos, si te dignas mirar la aflicción de tu esclava, si te acuerdas de mí y no me olvidas, si concedes a tu esclava un hijo varón, se lo ofreceré al Señor para toda la vida y la navaja no pasará por su cabeza". Mientras repetía su oración al Señor, Elí la observaba. Ana hablaba para sus adentros: movía los labios, sin que se oyera su voz. Elí, creyendo que estaba borracha, le dijo: "¿Hasta cuándo vas a seguir borracha? Devuelve el vino que has bebido". Ana respondió: "No es eso, señor; no he bebido vino ni licores; lo que pasa es que estoy afligida y me desahogo con el Señor. No me tengas por una mujer perdida, que hasta ahora he hablado movida por mi gran desazón y pesadumbre".Entonces dijo Elí: "Vete en paz. Que el Señor de Israel te conceda lo que le has pedido". Y ella respondió: "Que tu sierva halle gracia ante ti".La mujer se marchó, comió, y se transformó su semblante. A la mañana siguiente madrugaron, adoraron al señor y se volvieron. Llegados a su casa de Ramá, Elcaná se unió a su mujer, Ana, y el Señor se acordó de ella. Ana concibió, dio a luz un hijo y le puso de nombre Samuel, diciendo: "¡Al Señor se lo pedí!"

Interleccional, 1Samuel 2: 
Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador

Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
R. Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador

Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía.
R. Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.
R. Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador

El levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria.
R. Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador

Marcos 1,21-28

Llego Jesús a Cafarnaúm y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios". Jesús lo increpó: "Cállate y sal de él". El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió.Todos se preguntaron estupefactos: "¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen". Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Marcos 1,21-28: "Enseñanza de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún"

Marcos 1,21-28
Martes de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año III

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:
— ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.
Jesús lo increpó:
— Cállate y sal de él.
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:
— ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Este enseñar con autoridad es nuevo
Tres características que dan autoridad al sacerdote  

lunes, 13 de enero de 2020

LUNES DE LA PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año II (Lecturas)

1 Samuel 1,1-8
Salmo 115: Te ofreceré, 
Señor, un sacrificio de alabanza
Marcos 1, 14-20

1 Samuel 1,1-8

Había un hombre sufita oriundo de Ramá, en la serranía de Efraím, llamado Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de Toju, hijo de Suf, efraimita. Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Fenina; Fenina tenía hijos, y Ana no los tenía. Aquel hombre solía subir todos los años desde su pueblo para adorar y ofrecer sacrificios al Señor de los ejércitos en Siló, donde estaban de sacerdotes del Señor los dos hijos de Elí, Jofní y Finés.Llegado el día de ofrecer el sacrificio, repartía raciones a su mujer Fenina para sus hijos e hijas, mientras que a Ana le daba sólo una ración; y eso que la quería, pero el Señor la había hecho estéril. Su rival la insultaba, ensañándose con ella para mortificarla, porque el Señor la había hecho estéril. Así hacía año tras año; siempre que subían al templo del Señor, solía insultarla así.Una vez Ana lloraba y no comía. Y Elcaná, su marido, le dijo: "Ana, ¿por qué lloras y no comes?, ¿por qué te afliges? ¿No te valgo yo más que diez hijos?"

Salmo 115: Te ofreceré, Señor, 
un sacrificio de alabanza

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
R. Te ofreceré, Señor, 
un sacrificio de alabanza

Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
R. Te ofreceré, Señor, 
un sacrificio de alabanza

Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo;
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
R. Te ofreceré, Señor, 
un sacrificio de alabanza

Marcos 1,14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios; convertíos y creed la Buena Noticia". Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: "Venid conmigo y os haré pescadores de hombres". Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Marcos 1,14-20: Los primeros discípulos

Marcos 1,14-20
Lunes de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año 1 y 2
Domingo de la 3 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios; convertíos y creed la Buena Noticia". Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: "Venid conmigo y os haré pescadores de hombres". Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Alternativa al sinsentido e inhumanidad
La voz no será silenciada 

13 de enero: San Hilario de Poitiers

SOBRE SAN HILARIO:

13 de Enero: San Hilario, por Celestino Hueso SF


“¿Quién dice la gente que soy yo?”, preguntaba Jesús a sus amigos. “Unos dicen que eres Elías, otros Jeremías o alguno de los profetas”, responden ellos. "Y vosotros ¿Quién decís que soy?”, vuelve a preguntar. Y San Pedro que se sabía el catecismo de pe a pa le dice: “Tú eres el Hijo de Dios”.
Ésta pregunta la sigue haciendo Jesús a los hombres y mujeres de todas las épocas.

Arrio y sus seguidores decían que Jesucristo era el maestro de maestros, un hombre fuera de serie, un modelo para la humanidad, un portento, un supermán de la época, pero que no era Dios.
El problema es que si Cristo no es Dios no ha podido salvar a nadie y nosotros estamos en la olla.

Hilario que se había convertido al cristianismo gracias a sus estudios de filosofía les dijo a los arrianos que naranjas de la china, que estaban equivocados de medio a medio. Y se pasó toda la vida defendiendo que Cristo es al mismo tiempo Dios y hombre. Y que por eso nos salva y nos hace hijos de Dios. ¡Faltaría más! Y lo dijo en un libro gordo sobre la Santísima Trinidad.

Fue obispo de Poitiers, su ciudad natal, y por creer que Cristo es hombre y Dios verdadero y vivir su fe con profundidad, lo tenemos en los altares.

+ SOBRE SAN HILARIO DE POITIERS

domingo, 12 de enero de 2020

martes, 7 de enero de 2020

7 de Enero: San Raimundo de Peñafort

7 de Enero: San Raimundo de Peñafort, por Celestino Hueso SF



Raimundo nació en el castillo de Peñafort cerca de Vilafranca del Penedés, cuando todavía no existía el cava (champán) en aquella región.

Tuvo el mejor de los maestros de su época, San Alberto Magno; y es contemporáneo de los santos Pedro Nolasco, Francisco de Asís, Tomás de Aquino y Antonio de Padua ¡menudo póker!

Se especializó en Derecho en la universidad de Bolonia y allí fue un catedrático de los de aúpa durante muchos años, hasta que el obispo Berenguer de Palou lo llamó a su lado para organizar su diócesis en Barcelona.

Eso no era lo suyo. Él quería ser santo pero pobre; y se hizo fraile dominico. Ni así pudo estar tranquilo. Fue confesor de Papas y de reyes y superior general de la orden de Santo Domingo. Lo dejó todo para impulsar las misiones y colaborar con San Pedro Nolasco y Jaime I en la fundación de los mercedarios para la redención de cautivos.

Cuando el Señor le encontró sitio en el cielo San Raimundo de Peñafort tenía ya 99 años, dedicados todos ellos a alabar a Dios y a servir al prójimo.

+ SOBRE SAN RAMÓN DE PEÑAFORT

lunes, 6 de enero de 2020

7 de enero: San Raimundo de Peñafort



— Patrón de los abogados

Es el santo patrón de los juristas, del Derecho canónico, de los abogados y de los Colegios de Abogados (Cataluña).

— Entre Peñafort y Barcelona

Raimundo nace en el castillo de Peñafort, cerca de Barcelona, hacia el año 1175. Hijo del señor de Peñafort y de su esposa Sara. Joven, ingresa en la comunidad de la catedral de Barcelona para prepararse al presbiterado.

— Bolonia

Hacia los 30 años de edad se traslada a Bolonia para perfeccionar su conocimiento de las ciencias jurídicas. Allí obtiene el doctorado en derecho civil y eclesiástico. En Bolonia conoce a Domingo de Guzmán así como la vida y misión de los dominicos. Pide a su obispo Berenguer de Palou la creación de una comunidad dominicana en Barcelona.

— Miembro de la Orden de Predicadores

Raimundo vuelve a la capital de Cataluña donde, como eminente jurisconsulto, se dedica a la enseñanza del derecho y es árbitro en pleitos y litigios.

Visita con frecuencia la nueva comunidad de hermanos predicadores. El obispo le nombra canónigo de Barcelona. Raimundo lo acepta consagrándose más al retiro, a la celebración de las Horas y a la docencia. Anhela un estilo de vida más evangélico, por eso, a los 47 años, el viernes santo de 1222, renuncia a la canonjía y entra en la Orden de Predicadores. Opta así por una vida de austeridad y trabajo.

— Colaborador en la fundación de la Orden de la Merced

Los mahometanos encarcelan y torturan a cristianos para hacerlos abandonar su fe. En 1223 colabora con Pedro Nolasco, de quien era confesor, y con el rey Jaime I de Aragón en la fundación de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, para liberar a los cristianos cautivos y esclavizados por los musulmanes. Raimundo de Peñafort colabora en la redacción de las Constituciones de la nueva Orden.

— El Código de Derecho Medieval

En 1228 acompañó al legado papal, Jean d'Abbeville, en su visita a los reinos hispánicos para implantar la reforma y decisiones del Concilio de Letrán IV. Con Jean d'Abbeville viajó a Roma en donde alcanzó el rango de capellán y penitenciario (1232) del papa Gregorio IX, quien le encargó la elaboración del Corpus Decretalium o las Decretales, es decir, el Código de Derecho Canónico Medieval. Su publicó en 1234 y junto a los libros posteriores, fue el cuerpo de Derecho canónico que usó la Iglesia Católica hasta la aprobación del Código de Derecho Canónico de 1917.

Como reconocimiento a los servicios prestados, Gregorio IX normalizó la Orden de la Merced, creada por San Pedro Nolasco y apoyada desde sus orígenes por Raimundo de Peñafort. El Papa también quiso premiarle con la concesión del arzobispado de Tarragona, pero cansado y enfermo, lo rechazó para retirarse a un convento, en Barcelona (1236).

Poco tiempo después reinició su actividad. Raimundo parece incansable y colabora en las Cortes de Monzón de 1236, intercede en favor de Jaime I para que no se le excomulgue (1237), favorece la dimisión del obispo de Tortosa y los nombramientos de los obispos de Huesca y Mallorca (reconquistada recientemente); también participa en actividades jurídicas: ejercer de juez o asesor en procesos de herejía y nulidades matrimoniales.

— Tercer Superior General de los dominicos

En 1238, el capítulo general de su orden le confía la revisión de sus Constituciones y en 1239 es elegido tercer general de la orden de los dominicos, sucediendo a Jordano de Sajonia. En ese puesto visita los principales conventos y obtiene bulas papales para el desarrollo de la Orden y la integración de la rama femenina dentro de los dominicos.

En 1240 dimite tras un breve pero intenso período de gobierno, regresando al Convento de Santa Catalina de Barcelona, donde ejerce como inquisidor del Reino y asesor jurídico. Es, además, confesor y consejero del rey Jaime I.

— Pastor y misionero

Raimundo de Peñafort desempeñó una importante acción pastoral y misionera. Fundó un Studium o escuela de lengua árabe en Túnez (1245) y en Murcia (1266) para facilitar la conversión de los musulmanes.

Solicitó a Santo Tomás de Aquino, también dominico, la redacción de un manual apologético, conocido como Summa contra gentiles (1259 - 1261), cuyo fin principal era el de proporcionar argumentos racionales y filosóficos a los predicadores para convertir a judíos y árabes.

— Autor prolífico

Además, es autor de una Summa Iuris Canonici (escrita aproximadamente entre 1218 y 1221), de las Dubitalia cum responsionibus ad quaedam ad Pontificem (primera mitad S. XIII) y de pequeños tratados sobre afinidades y consanguinidades matrimoniales, de casos jurídicos (Summa de casibus poenitentiae) y compilaciones de las Decretales para el uso de los dominicos.

— Muerte y santidad

Falleció el día 6 de enero de 1275 en la ciudad de Barcelona, a los 95 ó 100 años. Se le atribuyen milagros y hechos extraordinarios, de entre los cuales destaca la utilización de su capa como embarcación para llegar a Barcelona desde Sóller. El Concilio de Tarragona de 1279 solicitó su canonización, que aconteció en 1601 por el Papa Clemente VIII, previa beatificación en 1542 por Pablo III.

Su festividad se introdujo en 1671 en el santoral católico para el día 23 de enero, siendo desplazada al 7 de enero (día posterior a su muerte) en 1969.

Sus restos mortales fueron depositados en el Convento de Santa Catalina; en 1838 fueron trasladados a la Catedral de Barcelona. Ocupan la capilla actual desde 1879.

El Libro del Apocalipsis (4): Carta a la Iglesia de Éfeso

El Libro del Apocalipsis (3): el prólogo


El LIbro del Apocalipsis: el prólogo (2)


6 de enero: Epifanía del Señor

sábado, 4 de enero de 2020

2 DOMINGO DESPUES DE NAVIDAD (Lecturas)

Eclesiástico 24,1-2.8-12
Salmo 147,12-13.14-15.19-20
R/. La Palabra se hizo carne 
y acampó entre nosotros
Efesios 1,3-6.15-18
Juan 1,1-18

Eclesiástico 24,1-2.8-12

La sabiduría se alaba a sí misma, se gloría en medio de su pueblo, abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de sus Potestades. En medio de su pueblo será ensalzada, y admirada en la congregación plena de los santos; recibirá alabanzas de la muchedumbre de los escogidos y será bendita entre los benditos. El Creador del universo me ordenó, el Creador estableció mi morada: «Habita en Jacob, sea Israel tu heredad.» Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y no cesaré jamás. En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto y en Sión me establecí; en la ciudad escogida me hizo descansar, en Jerusalén reside mi poder. Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad, y resido en la congregación plena de los santos.

Salmo 147,12-13.14-15.19-20
R/. La Palabra se hizo carne 
y acampó entre nosotros

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.
R/. La Palabra se hizo carne 
y acampó entre nosotros

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz.
R/. La Palabra se hizo carne 
y acampó entre nosotros

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.
R/. La Palabra se hizo carne 
y acampó entre nosotros

Efesios 1,3-6.15-18

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por eso yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

Juan 1,1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado ha conocer. 

jueves, 2 de enero de 2020

3 de enero: Del Nombre de Jesús

2 de enero: Santos Basilio Magno y Gregorio Nacienceno


Basilio Magno o Basilio de Cesarea:  
   Vida de san Basilio Magno
   Obispo y Doctor de la Iglesia
   por Benedicto XVI
   por Celestino Hueso SF

Gregorio Nacianceno:
   Vida de san Gregorio Nacianceno  

2 de Enero: Santos Basilio y Gregorio Nacianceno, por Celestino Hueso SF

Hoy celebramos a dos grandes santos de la Iglesia Griega. Si uno es nieto de Santa Macrina, hijo de San Basilio y Santa Emelia y hermano de San Gregorio de Nisa, Santa Macrina y San Pedro de Sebaste, no le queda mas remedio que ser santo. Basilio lo es y de los más importantes de la Iglesia griega. Fue monje y redactó una regla que lo convirtió en el Padre del monacato oriental. Pasó a la historia con el nombre de San Basilio el grande.

Junto con él celebramos a otra gran luminaria de la Iglesia, San Gregorio Nacianceno su gran amigo. También fue religioso y obispo, pero lo suyo era el estudio, la poesía y la oración. Renunció a su sede de Constantinopla para volver a su pueblo a vivir escondido en Dios a través de una vida religiosa tan profunda como sus escritos teológicos.

Basilio y Gregorio fueron los dos grandes sabios rivales de la época. No se pelearon nunca porque además de en ciencia, rivalizaban sobre todo en santidad y cada uno disfrutaba de lo lindo realzando ante el mundo las virtudes y conocimientos del otro.

Felicidades a quienes llevan uno de estos bonitos nombres.

+ SOBRE LOS SANTOS BASILIO Y GREGORIO

miércoles, 1 de enero de 2020

1 de enero: Santa María, Madre de Dios

¿Cómo puede Dios ser hijo de una mujer?

La Maternidad divina es el don más grande de María; es también aquel al cual se ordenan y del cual nacen los demás dones marianos. La expresión “Madre de Dios” es fácilmente comprensible: es la relación que surge en la mujer que ha dado a luz a un hijo; sin embargo, no puede menos de suscitar asombro y maravilla: ¿cómo puede Dios ser hijo de una mujer?

El dogma católico afirma que la Virgen María es verdadera Madre de Dios por haber engendrado y dado a luz a Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Este dogma, lo mismo que el dogma de la Encarnación, entra en la categoría del misterio; la teología católica, al intentar penetrarlo, no pretende que desaparezca el velo que lo encubre.

La Maternidad divina
en las Sagradas Escrituras


Si el Mesías, que anuncia el Antiguo Testamento., aparece con cualidades divinas, la mujer que le acompaña en muchos textos, como «madre», habría que reconocerla como madre de un Mesías que es Dios. La literatura veterotestamentaria, sin embargo, no explícita esa conclusión.

No es extraño que en los textos del Antiguo Testamento no se encuentre la declaración explícita sobre la maternidad divina. Ésta será posible con la plenitud de la Revelación, es decir, en el Nuevo Testamento. Aquí es necesario reconocer que la expresión “Madre de Dios” no es bíblica (luego veremos su origen), pero su contenido sí.

Más aún, hay expresiones que son equivalentes, “Mater Domini” (Lc 1,43), ya que aunque “Señor” indica sólo un título mesiánico, en el contexto lucano en que aparece, y, sobre todo, en el ambiente de las tradiciones neotestamentarias, significa y se aplica al Cristo precisamente como Dios. Esa expresión, en boca de Isabel —“Mater Domini”— es el modo hebreo de decir Madre de Dios.

Santo Tomás se planteaba la objeción de que en la Sagrada Escritura no se encuentra el título “Madre de Dios”; y sí sólo los de “Madre del Señor” y “Madre del niño”, y respondía:

«… ésa fue la objeción de Nestorio: que se resuelve porque, aunque no se encuentre expresamente en la Escritura que María sea Madre de Dios, sí que se encuentra expresamente que Jesucristo es verdadero Dios… y que María es madre de Jesucristo… De donde se sigue necesariamente, de las palabras de la Escritura, que sea Madre de Dios» (Sum. Th. 3, q35 a4).

La tradición patrística y el Magisterio
de los primeros Concilios ecuménicos


«Nuestro Dios, Jesucristo, fue llevado en el seno por María», dice san Ignacio de Antioquía a principio del s. II (Ad Ephesios, 18,2). Y una fórmula primitiva del Símbolo Apostólico ya contiene la siguiente declaración: «Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que nació de María Virgen por obra del Espíritu Santo» (Denz.Sch. 3).

Los textos y las declaraciones sobre la Maternidad divina, es decir, sobre Cristo Dios y hombre en cuanto hijo de María, son innumerables en la Patrística anterior al Concilio de Éfeso (431), por eso, más interesante es la aparición del vocablo griego “Theotokos” que ese Concilio definió. Nestorio rechazó ese término por haber sido utilizado por los herejes antitrinitarios: Apolinar, Arrio y Eunomio; y en su obra El libro de Heráclides de Damasco desafía a san Cirilo a presentar un solo lugar de los Padres o de los Concilios ortodoxos que lo utilizaran.

Nestorio no tiene razón ni siquiera desde el punto de vista historiográfico. La crítica ha establecido que el título “Theotokos” existía por lo menos un siglo antes de Éfeso. Así la oración “Sub tuum praesidium”, que hay que datar de finales del s. III, dice:

«Bajo tu amparo nos acogemos, Theotokos…». Teodoreto, en su Historia Eclesiástica, nos ha trasmitido un texto de Alejandro de Alejandría, del año 325, en que se dice: «Nuestro Señor Jesucristo llevó verdaderamente, y no en apariencia, un cuerpo tomado de la Theotokos» (I,3: PG 82,908A).

Utilizan también el título san Atanasio (m. 373), Dídimo el Ciego (m. 398), Eusebio de Cesarea (m. 340), san Cirilo de Jerusalén (m. 396), san Basilio (m. 379), san Gregorio Nacianceno (m. 389), san Gregorio de Nisa (m. 394), etc.

Entre los latinos, san Ambrosio (m. 397) es el primero que utiliza la correspondiente traducción latina Mater Dei: «Quid nobilius Mater Dei» (De Virg. 1,2,7: PL 16,22013). El uso de la expresión no estaba, sin embargo, aún consagrado a Occidente; san Jerónimo (m. 420) nunca emplea las expresiones Mater Dei, ni Deipara, y lo mismo sucede con san Agustín.

En las discusiones en torno al Concilio de Éfeso, que trapasarón las barreras arquitectónicas del templo donde tenían lugar las reuniones, se advierte en seguida que los títulos Christotokos, Anthropotokos, Theotokos, están vinculados a las más graves cuestiones de Cristología. El vocablo Theotokos (=Deipara, Deigenitrix) se convierte en una tessera lidei.

El Concilio de Éfeso concluye con una condenación de Nestorio como hereje y una aprobación de la Carta de san Cirilo a Nestorio, en la que se dice:

«… Porque no nació primeramente un hombre vulgar, de la Santa Virgen, y luego descendió sobre él el Verbo; sino que, unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de la propia carne… De esta manera (los Santos Padres) no tuvieron inconveniente en llamar Theotokos a la santa Virgen» (Acta Conciliorum oecumenicorum, 1,1,1,25 ss.).

Con ello el dogma de la Maternidad divina quedaba fijado y el mismo Concilio podía establecer que el título no tiene un sentido meramente figurado sino real y propio (Denz.Sch. 427). Más tarde el error adopcionista  renovará un nestorianismo suavizado; pero ya en nada afectará a un dogma, que, bien establecido en Éfeso, se ha conservado inalterable en toda la tradición católica y también en otras confesiones cristianas.

Implicaciones de la Maternidad divina de María

De la Maternidad divina surgen unas relaciones únicas entre María y las Personas de la Santísima Trinidad. En la gracia propia de la Maternidad divina, las tres divinas Personas llenan el ser de María: el Padre se dona, el Hijo es enviado por el Padre, y el Espíritu Santo por los dos. Pero no se produce ni una filiación natural que es exclusiva de Cristo; ni una filiación adoptiva, porque la misión del Espíritu Santo en María no es la de conformar a María con el Hijo. Lo que se realiza, en verdad, es una maternidad divina: el Hijo y, a través del Hijo, el Espíritu Santo, configuran a María con el Padre; donándose éste en su propia nocionalidad de tal.

Autor: Joaquín M. Alonso

+  SOBRE MARÍA, MADRE DE DIOS

¿Cómo llegó María a ser reconocida en la Iglesia como la Madre de Dios?

por Zurbarán

La Solemnidad de Santa María Madre de Dios es la primera fiesta mariana que apareció en la Iglesia Occidental. Se comenzó a celebrar en Roma hacia el siglo VI, probablemente junto con la dedicación –el 1 de enero– del templo “Santa María Antigua” en el Foro Romano, una de las primeras iglesias marianas de Roma.

La antigüedad de la celebración mariana se constata en las pinturas con el nombre de “María, Madre de Dios” (Theotókos) que han sido encontradas en las Catacumbas o antiquísimos subterráneos que están cavados debajo de la ciudad de Roma, donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Misa en tiempos de las persecuciones.

Más adelante, el rito romano celebraba el 1 de enero la octava de Navidad, conmemorando la circuncisión del Niño Jesús.

Reformas litúrgicas

Tras desaparecer la antigua fiesta mariana, en 1931, el Papa Pío XI, con ocasión del XV centenario del concilio de Éfeso (431), instituyó la fiesta mariana para el 11 de octubre, en recuerdo de este Concilio, en el que se proclamó solemnemente a Santa María como verdadera Madre de Cristo, que es verdadero Hijo de Dios; pero en la última reforma del calendario –luego del Concilio Vaticano II– se trasladó la fiesta al 1 de enero, con la máxima categoría litúrgica, de solemnidad, y con título de Santa María, Madre de Dios. De esta manera, encuentra un marco litúrgico más adecuado en el tiempo de la Navidad del Señor y, al mismo tiempo, los católicos empezamos el año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María.

El Concilio de Éfeso (431)

En el año de 431, Nestorio se atrevió a decir que María no era Madre de Dios, afirmando: “¿Entonces Dios tiene una madre? Pues entonces no condenemos la mitología griega que les atribuye una madre a los dioses”.

Ante ello, se reunieron los 200 obispos en Éfeso –la ciudad donde la Santísima Virgen pasó sus últimos años–. Su declaración fue: “La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”.

Acompañados por el gentío de la ciudad que los rodeaba portando antorchas encendidas hicieron una procesión cantando: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

San Cirilo de Alejandría resaltó: “Se dirá: ¿la Virgen es madre de la divinidad? A eso respondemos: el Verbo viviente, subsistente, fue engendrado por la misma substancia de Dios Padre, existe desde toda la eternidad... Pero en el tiempo él se hizo carne, por eso se puede decir que nació de mujer”.

Madre del Niño Dios

“He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Es desde ese fiat, “hágase”, que Santa María respondió firme y amorosamente al Plan de Dios; gracias a su entrega generosa Dios mismo se pudo encarnar para traernos la Reconciliación, que nos libra de las heridas del pecado.

La doncella de Nazaret, la llena de gracia, al asumir en su vientre al Niño Jesús, la Segunda Persona de la Trinidad, se convierte en la Madre de Dios, dando todo de sí para su Hijo; vemos pues que todo en ella apunta a su Hijo Jesús.

Es por ello, que María es modelo para todo cristiano que busca día a día alcanzar su santificación. En nuestra Madre Santa María encontramos la guía segura que nos introduce en la vida del Señor Jesús, ayudándonos a conformarnos con Él y poder decir como el Apóstol “vivo yo más no yo, es Cristo quien vive en mí”.

Madre de Dios Hijo, por Cándido Pozo, SJ

La relación fundamental de María con respecto a su Hijo Jesús es la de su Maternidad. Encontramos la fórmula del Concilio de Éfeso, definida en el año 431: María es Madre de Dios (Theotokos), como no dudaron los Santos Padres en llamarla. Así la invocaban los fieles ya antes de ese Concilio, en el sigo IV y quizás en el III.

En un papiro han llegado hasta nosotros las palabras de la más antigua oración mariana que se rezó en la Iglesia y que contiene el título de Madre de Dios aplicado a María:

Bajo tu misericordia nos refugiamos, 
¡oh Madre de Dios!; 
no desprecies nuestras súplicas en la necesidad, 
sino líbranos del peligro, sola pura, sola bendita. 

La oración es muy significativa. Por la relación de Madre que María tiene con Jesús, se comprende la singular eficacia de su intercesión. A esto se debe que los fieles, ya en los primeros siglos, acudieran a Ella confiadamente en su necesidad e indigencia.

Pero, incluso antes de fijar la atención en la importancia intercesora que se deriva de que María es Madre de Dios, convendría subrayar el relieve teológico de primer plano que el título encierra.

Frente a Nestorio, san Cirilo de Alejandría y el Concilio de Éfeso comprendieron que lo que estaba en juego era el dogma fundamental del cristianismo: que Jesús es Persona divina; que no hay en Él sino un único sujeto último de responsabilidad, que es la Persona del Logos. Ello permite decir con verdad que Dios (y no sólo un hombre) por nosotros ha padecido, ha sido crucificado e incluso ha sufrido la muerte. Es impresionante que para garantizar esta verdad se recurriera a un título mariano: la Santísima Virgen es la Madre de Dios.

Finalmente, conviene no olvidar que la Maternidad de María con respecto al Hijo de Dios asocia su existencia a la de su Hijo. Ella es la Madre santísima de Dios, que tomó parte en los misterios de Cristo. Ella es la Nueva Eva asociada a Cristo, el Nuevo Adán, según una temática que comenzó a desarrollarse en la Iglesia a partir del siglo II. Si la primera Eva dialogó con el demonio, desobedeció a Dios y trajo sobre el mundo muerte y ruina, María, la Nueva Eva, dialoga con el Ángel, obedece a Dios y trae al mundo al Salvador y, con Él, la salvación.

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