jueves, 8 de diciembre de 2016

Breve historia de la fiesta de la Inmaculada Concepción, por M. Dolors Gaja, MN.


Este domingo coincide con la fiesta de la Inmaculada Concepción y España, que fue gran defensora del dogma y desempeñó un papel importante en la declaración de éste, ha solicitado poder celebrar la fiesta de María.

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, atendiendo a la solicitud de la Conferencia Episcopal Española, ha dispensado para el presente año 2013 de la observancia de las normas litúrgicas que imponen el traslado de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción al lunes siguiente, por lo que en España se celebra este domingo dicha Solemnidad.

En el resto del mundo la Inmaculada se celebra este lunes. Vaya por delante que no me parece correcto anteponer una fiesta mariana –por mucho que históricamente la sintamos “nuestra”– a la unidad universal que da la liturgia al celebrar siempre la Resurrección de Cristo el domingo.

Aprendí, con buenos biblistas, que ninguna fiesta es superior al domingo. Así que, aunque en España parece que ha ganado lo afectivo, teológicamente no deja de ser un absurdo anteponer la fiesta de la Virgen a la Resurrección de Cristo. Por otra parte, lo que se considera “un privilegio” no deja de ser un  gesto que nos aleja de la unidad con nuestros hermanos de otras confesiones…

El día 7, en España se celebran numerosas “Vigilias de la Inmaculada”. Estos actos marianos se vienen haciendo ininterrumpidamente desde el año 1947, cuando fueron instaurados por el padre Tomás Morales, actualmente en proceso de canonización en Roma. Y no sólo han cuajado sino que se han popularizado y extendido.

Desde el tiempo de los visigodos

La Inmaculada ya era defendida por los reyes visigodos y fueron muchos, después de Wamba, los que la defendieron o convirtieron en su escudo. Los reyes y el pueblo crearon cofradías antes del s. XV. La más antigua es la de Girona, en 1330. En el siglo XVI se revitalizará la devoción a la Inmaculada.

Los franciscanos contribuyeron enormemente a la piedad popular y extensión de la devoción a “la Pura y Limpia Concepción de María”. En España se extendió la costumbre de entrar en las casas salundando con la expresión “Ave María Purísima” que era contestada desde dentro con un “Sin pecado concebida”.

En Catalunya muchas casas colocaron grabados en las entradas con la leyenda “Ningú passi aquest portal, sense confessar ben alt, que Maria es concebuda sens pecat original”. Se mantiene este saludo al ir a confesarnos pues al reconocernos pecadores hacemos memoria de aquella que no tuvo pecado.

Desde 1644 la Inmaculada fue fiesta de guardar en España. En 1708 lo fue en toda la Iglesia. En España el día 8 de diciembre los sacerdotes visten casulla azul celeste como agradecimiento de la Santa Sede por la contribución a la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción que hizo este país. Fueron muchos los teólogos y muchas las legaciones españolas enviadas por los reyes a Roma para solicitar la declaración del dogma. Por eso Pío IX quiso que el monumento a la Inmaculada, después de su definitiva promulgación, se levantara en la romana Plaza de España.

Fue el Papa Pío IXquien definió el dogma de la Concepción Inmaculada de María. el 1 de julio de 1848 nombró una comisión de teólogos para examinar la posibilidad y la oportunidad de la definición y dirigía a todos los obispos del mundo la encíclica “Ubi primum nullis”, a fin de pedir el parecer de todo el episcopado católico sobre la oportunidad de tal dogma (el último que hemos conocido). Las respuestas favorables de los obispos a la encíclica fueron 546 —de un total de 603— es decir, más del 90%. Un obispo de Hispanoamérica respondió:«Los americanos, con la fe católica, hemos recibido la creencia en la preservación de María».

El 8 de diciembre de 1854, en la capilla Sixtina, donde estaban reunidos 53 cardenales, 43 arzobispos y 99 obispos, llegados de todo el mundo, tuvo inicio una gran procesión litúrgica que se dirigió hacia el altar de la Confesión, en la basílica del Vaticano, donde Pío IX celebró la Misa solemne. La Basílica estaba atestada de gente. Después del evangelio y tras el canto del Veni Creator, el Papa promulgó el dogma. A continuación, se entonó el Te Deum, mientras un cañonazo  desde el Castillo de Sant’Angelo daba la señal para que las iglesias de Roma y de toda la cristiandad tocaran las campanas durante una hora.

La definición del dogma de la Inmaculada Concepción suscitó un extraordinario entusiasmo en el mundo católico y reveló la vitalidad de la fe católica.

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