domingo, 31 de marzo de 2013

Cristo se aparece a María Magdalena (1507)
Cornelisz van Oostsanen, Jacob (1472-1533)
Staatliche Museen, Kassel (Germany)

RESURRECCIÓN: Cristo se aparece a María Magdalena, de Rembrandt

Cristo se aparece  María Magdalena (1638)
Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669)
Barroco centroeuropeo
Óleo sobre tabla 61x49.5 cm
Museo de Buckingham

RESURRECCIÓN: Cristo se aparece a María Magdalena, de Nicolás Poussin

Cristo de aparece a María Magdalena (1653)
Nicolás Poussin
Barroco francés, óleo sobre tabla 47x39 cm
Museo del Prado, Madrid (España)

RESURRECIÓN: Cristo de aparace a María Magdalena, de Alonso Cano

Cristo se aparece a María Magdalena (1546)
Alonso Cano (1601-1661)
Museo de Bellas Artes de Budapest, Hungría.

RESURRECCIÓN: Jesús se aparece a María Magdalena, de Lavinia Fontana

Cristo se aparece a María Magdalena (1581)
Lavinia Fontana
Galería de los Uffizi, Florencia (Italia)

RESURRECCIÓN: Noli me tangere (No me toques) de Giotto

Noli me tangere (1304-1306)
Giotto di Bondone
Capella degli Scrovegni all'Arena, Padua (Italia)

sábado, 30 de marzo de 2013

Resurrección de Cristo, de Tintoretto

Resurrección de Cristo (1579-1581)
Jacopo Tintoretto
Oleo manierista del Renacimiento tardío
Scuola Grande di San Rocco, Venecia

viernes, 29 de marzo de 2013

Crucifixión, de Andrea Mantegna

Crucifixión (1457-59)
Andrea Mantegna
Louvre, Paris (Francia)

Cristo Crucificado, de Velazquez

Cristo Crucificado (1632)
Diego Velázquez
Museo del Prado, Madrid (España)

Crucifixión, de Botticelli

Crucifixión (1497)
Sandro Botticeli
University of Harvard, Cambridge (USA)

Crucifixión, de Giovanni Bellini

Crucifixión (1455)
Giovanni Bellini
Venecia, Italia

Crucifixión, de Giovanni Bellini

Crucifixión (1501-1503)
de Giovanni Bellini
Civico Museo Ferrer, Venecia

jueves, 28 de marzo de 2013

La Última Cena, de Leonardo da Vinci

La Última Cena (1495-97), de Leonardo da Vinci

La Útima Cena, de John A. Swanson

La Última Cena, de John A. Swanson

LAVATORIO DE LOS PIES, de John A. Swanson

Lavatorio de los pies, de John A. Swanson

LA ÚLTIMA CENA, de Tintoretto

La Última Cena (1592-1594), de Tintoretto

LAVATORIO DE LOS PIES, de Tintoretto

Lavatorio de los pies (1848-49), Jacopo Robusti Tintoretto
Museo del Prado, Madrid, España

LAVATORIO DE LOS PIES, de Duccio Di Buoninsegna

Lavatorio de los pies 1308-1311, Duccio Di Buoninsegna
Museo dell' Opera del Duomo, Siena, Italia

LAVATORIO DE LOS PIES, de Ford Madox Brown

Lavatorio de los pies, de Ford Madox Brown (1848-49)

miércoles, 27 de marzo de 2013

BESO DE JUDAS, de Gustavo Dore

Beso de Judas, Grabado de Gustavo Dore (1866)

BESO DE JUDAS, Fresco Bizantino 1212

Beso de Judas, Fresco Bizantino,
Iglesia de San Juan de la Cruz, Capadocia, Turquia

BESO DE JUDAS, Anónimo del siglo XII

Beso de Judas, Anónimo del siglo XII

BESO DE JUDAS, Escuela Bizantina

Beso de Judas, Escuela Bizantina
Ravena, Italia

BESO DE JUDAS de Jean Bourdichon

Beso de Judas, de Jean Bourdichon
Siglo XV

BESO DE JUDAS de Thomas Couture

Beso de Judas de Thomas Couture, 1840

BESO DE JUDAS, de Caravaggio

Michelangelo Merisi da Caravaggio (1602)
National Gallery, Dublin, Irlanda

BESO DE JUDAS, de Fra Angelico


Fra Angelico utilizó el modelo expuesto en una de las celdas del convento de San Marcos para pintar este episodio de la vida de Jesús. En el centro de la composición el beso traidor de Judas Iscariote, que aparece con la aureola de color oscuro. A la derecha, los apóstoles testigos de la traición: Santiago, Pedro y Juan. A la izquierda, el grupo de soldados y dos sacerdotes, en el suelo ante Jesús. 

Fra Angélico sigue el Evangelio de San Juan, que narra de esta manera la traición de Judas Iscariote. Al igual que en otros episodios, la escena es explicada en dos rollos de pergamino que limitan la imagen por arriba y en su base.

BESO DE JUDAS, por Giotto

Capilla de los Scrovegni, Padua, Italia

El Beso de Judas, de Giotto di Bondonne, tiene una multitud de personajes sacados del Evangelio de Mateo 26,49. El personaje central con la aureola es Jesús. El que se inclina sobre él, con un manto amarillo, para darle un beso, es Judas, uno de los doce discípulos, pero no es un beso cariñoso sino la señal que había dado a la turba enviada por los sacerdotes y los ancianos del pueblo para prender a Jesús.

Este es el instante que refleja Giotto, incluyendo el momento en el que Pedro, a la izquierda con aureola y cuchillo, corta la oreja a un siervo de los sacerdotes, a lo que Jesús responde: "Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomaren espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Cómo, pues, se cumplirían las Escrituras, que así conviene que sea hecho?"

martes, 19 de marzo de 2013

SEMINOLE ST. JOSEPH AND BOY JESUS (painting) by John Giuliani


NAVAJO SAINT JOSEPH AND CHILD (painting) by John Giuliani


LAKOTA JOSEPH AND CHILD (painting) by John Giuliani


SAN JOSÉ CON SU HIJO (escultura) de John Collier




José está enseñando a su hijo a ser carpintero. Se apresura a su trabajo y el joven Jesús trata de seguir el ritmo de sus zancadas. El niño lleva los clavos para su padre terrenal y le da uno para su inspección. La escultura se instaló en el vestíbulo del Hospital St. Joseph en St. Paul, Minnesota, USA.

SAN JOSE (Escultura), de John Collier



SAN JOSÉ es el santo patrono de la capilla en la que reside la escultura y también es el patrono de los trabajadores, en honor a los que murieron en Nueva York el 11 de Septiembre del 2001, los que sobrevivieron, los que trabajaban en las tareas de recuperación y todos aquellos familiares y amigos que sufrieron los acontecimientos de ese día. La imagen es de bronce y tiene cinco pies de altura. Ground Zero Memorial.

EL ÁRBOL DE LA VIDA, por John Collier




“Estoy interesado en el paralelismo de las historias que aparentemente son diferentes entre sí pero que en la Biblia forman parte de una única historia. 

En el Génesis hay dos árboles llamados el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal y el Árbol de la Vida. Bajo el primer árbol estaba la primera mujer, Eva. Junto al árbol está también la fuente de nuestros problemas, el tentador. El segundo árbol es el Árbol de la Vida, y si usted come de su fruta vivirá para siempre. 

Nos situamos ahora en el Calvario, donde el segundo Adán, la fuente de la vida, es clavado en el árbol (cruz) mientras que la segunda Eva se halla a los pies del árbol. Ahora podemos entender el relato del Génesis mucho mejor: ahí está la cruz transformada por el sacrificio de Cristo en el nuevo Árbol de la Vida, y si comemos de su fruta viviremos para siempre.

En mi escultura el Árbol de la Vida está unida a la Cruz, y aunque lo que se representa no es literalmente cierto, espero que por lo menos comunique la verdad sobre el Génesis y el Calvario. Usted verá que los clavos son muy largos, como si fueran una rama más. Dios tiene que luchar para permanecer en la Cruz. Al lado del Árbol de la Vida crece una higuera que simboliza la presencia de María

Sagrado Corazón Co-Catedral, Charleston, West Virginia. Bronce, 100 centímetros de altura.

St. JOSEPH AND THE CHILD JESUS, by John Collier


Joseph dressed as a carpenter with the Child Jesus standing beside him. Jesus holds a plumb line to say that He, as the Plumb Line, is a fixed point against which all else can be measured.

viernes, 15 de marzo de 2013

5 DOMINGO DE CUARESMA, C


Isaías 43, 16-21
Salmo 125: El Señor ha estado grande con nosotros, 
y estamos alegres
Filipenses 3, 8-14
Juan 8, 1-11


Isaías 43, 16-21

Así dice el Señor, que abrió camino en el mar y senda en las aguas impetuosas; que sacó a batalla carros y caballos, tropa con sus valientes; caían para no levantarse, se apagaron como mecha que se extingue. "No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo. Me glorificarán las bestias del campo, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza."

Salmo 125: El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
R. El Señor ha estado grande con nosotros, 
y estamos alegres

Hasta los gentiles decían:
"El Señor ha estado grande con ellos."
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.
R. El Señor ha estado grande con nosotros, 
y estamos alegres

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
R. El Señor ha estado grande con nosotros, 
y estamos alegres

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.
R. El Señor ha estado grande con nosotros, 
y estamos alegres

Filipenses 3, 8-14

Hermanos: Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la de la Ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos. No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo Jesús lo obtuvo para mí. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.

Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?" Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra." E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó sólo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?" Ella contestó: "Ninguno, Señor." Jesús dijo: "Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más."

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.,
Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

Estamos en el quinto domingo de Cuaresma, con el próximo comenzaremos la Semana Santa. Todas estas semanas hemos estado reflexionando, de una manera u otra, acerca de la conversión, del cambio radical.

Las lecturas de hoy, incluido el evangelio, que hoy lo tomamos de San Juan en vez de San Lucas, tienen como común denominador lo nuevo, el mirar hacia delante.

En la primera lectura, que está tomada del "Segundo Isaías" disfrutamos del poeta/profeta quien recuerda a los que han regresado del exilio, lo que Dios hizo al sacarlos de Egipto, al arrancarlos de la esclavitud para hacerlos libres. El Señor les pregunta si se acuerdan del pasado de los prodigios que había hecho por ellos y les anuncia que mucho más maravilloso será este nuevo éxodo.

El agua en el desierto y páramo podría muy bien recordarnos las aguas bautismales que nos dan nueva vida. Por lo tanto, les dice que es mejor olvidarse del pasado porque ahora verán cosas nuevas, una transformación general donde el pueblo dejará ya de lamentarse y llorar y se dedicarán a cantar alabanzas al Señor.

Nuestro Señor es Señor del éxodo, nosotros somos pueblo del éxodo, estamos llamados a constantemente salir de la esclavitud del pecado y entrar en la liberación de la “tierra prometida” que es la relación íntima y formal con el Cristo que nos salva.

Después de estas cuatro semanas desde el Miércoles de Ceniza cuando se nos volvía a llamar una vez más a la liberación/conversión, ¿dónde me encuentro yo? ¿soy persona del éxodo, de la salida de mi pecado hacia la vida nueva de la Pascua que se nos acerca?

San Pablo (2º lectura) confiesa “no considerarse perfecto” pero sí que está siguiendo su carrera para alcanzar a Cristo Jesús. La verdad es que Cristo ya lo alcanzó a él y por eso para Pablo todo lo que tiene lo considera basura y lo deja con tal de “ganar a Cristo”. Yo y tú hermano/a tal vez estemos fuertemente abrazados a todas esas otras cosas que Pablo considera pérdidas, quizás nos encontremos encadenados por nuestras actitudes, vicios, defectos y pecados: ¿cuándo nos vamos a levantar de una vez para siempre y salir de nuestro egipto de esclavitud?

Nuestro evangelio para el día de hoy, aunque está tomado de San Juan, tiene todas las características del evangelista Lucas: el perdón, tema lucano como pudimos ver el domingo pasado.

Hoy vemos a Jesús que después de pasar la noche en el monte de los Olivos ha regresado al área del Templo de Jerusalén y allí le han presentado una mujer “sorprendida en adulterio”. Es extraño que siendo la consecuencia principal de un acto como éste la “pérdida del honor y la vergüenza del esposo” que éste no aparezca en ningún sitio. ¿Quiso él, como se pregunta John J. Pilch, deshacerse de ella permanentemente porque tenía celos de ella, o fueron sus enemigos quienes le pusieron la trampa para hacerle quedar mal? No lo sabemos, lo que sí sabemos es que se la trajeron a Jesús para que Él emitiera juicio y así, tanto los maestros de la Ley como los fariseos poder acusar a Jesús.

Jesús buen conocedor de las costumbres de los pueblos mediterráneos, se inclina y comienza a escribir en la tierra, para indicarles que no está interesado en su trama, y así, cuando uno por uno se han ido Jesús tranquiliza a la mujer, asegurándole que Él no la condena y le invita a ser mujer del éxodo, mujer que abandonando su pecado encuentra la verdadera libertad.

Jesús no viene a condenar, sino a salvar. El perdón y la misericordia de Dios es lo que verdaderamente debe darnos esperanza a todos los que hemos caído. Lo que sí pide es sinceridad de nuestra parte, voluntad de seguirlo, aceptación de su guía.

¿Qué diremos de todos esos que sin más ni menos se consideran “agentes de Dios”, que llevan los pecadores a la presencia del Señor, no buscando la sanación y reconciliación, sino algo así como la propia gloria, el hundimiento de los demás y el puesto de paladines del bien y la ortodoxia?

“El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”, Sal. 125.

viernes, 8 de marzo de 2013

4 DOMINGO DE CUARESMA, C


Josué 5,9a.10-12
Salmo 33
2 Corintios 5,17-21
Lucas 15,1-3.11-32


Josué 5,9a.10-12

En aquellos días, el Señor dijo a Josué: "Hoy os he despojado del oprobio de Egipto." Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó. El día siguiente a la Pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes ázimos y espigas fritas. Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los israelitas ya no tuvieron maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.

Salmo 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y lo salva de sus angustias.
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

2 Corintios 5, 17-21

Hermanos: El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.

Lucas 15,1-3.11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: "Ése acoge a los pecadores y come con ellos." Jesús les dijo esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."

Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. " Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contesto: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.""

Comentario de Mons. Francisco González, S.F.,
Obispo Auxiliar de Washington, D.C.

Estamos ya en el cuarto domingo, en la segunda parte de la Santa Cuaresma. La semana pasada habíamos reflexionado un poco sobre la misericordia de Dios y, también, la necesidad de una conversión, de una conversión que nunca acaba, de una forma especial, el evangelio nos recuerda el mismo tema: "Volver a la casa del padre". El primer domingo se nos hablaba del comienzo, las tentaciones y del final; la transfiguración, en el segundo. Los domingos restantes se nos habla de temas sacramentales. En este cuarto domingo tenemos un tema muy propio del evangelio de San Lucas: la misericordia divina.

En la primera lectura nos encontramos a Josué y el pueblo elegido celebrando la Pascua por primera vez en la Tierra Prometida. Se purifica la memoria del pasado, las infidelidades del pueblo en el desierto y ahora se renueva la Alianza, ofreciendo los frutos de la Nueva Tierra, de la nueva vida.

En la segunda lectura Pablo recuerda a la comunidad de Corinto de que han sido reconciliados con Dios en Cristo Jesús. Todo lo viejo, todo lo anterior queda ya superado, pues unidos a Cristo somos criaturas nuevas. Nosotros también, por el bautismo que hemos recibido participamos de la muerte y resurrección del Señor, pues morimos al pecado y recibimos la vida nueva: la vida divina.

Dentro de muy pocos días algunas de nuestras amistades van a ser bautizadas o van a ser admitidas en plenitud a nuestra comunidad eclesial. Tal vez la mayoría de nosotros ya hace tiempo que fuimos bautizados y nuestros padres y padrinos hicieron unas promesas en nuestro nombre. En unas pocas semanas se nos va a invitar a que NOSOTROS MISMOS renovemos esas promesas de renuncia a Satanás y al pecado: ¿Cuál es nuestra respuesta VERDADERA a esa invitación? ¿Es pura palabra o es una respuesta firme y sin equívocos al Dios que nos invita a la CONVERSIÓN constante?

En la parábola que hoy nos presenta el evangelio, Jesús está comiendo con publicanos y pecadores públicos. Los líderes del pueblo, tanto religiosos como políticos, no ven con buenos ojos que todo un señor, profeta y maestro le llamen algunos, se mezcle con semejante chusma.

Jesús les propone tres parábolas: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo perdido. En estas tres parábolas hay un cierto denominador común: pérdida, búsqueda/encuentro y celebración.

En las dos primeras y que no leemos en este domingo, el aspecto de celebración, a decir verdad, me parece un tanto exagerado. Ese de que la señora de la casa llame a todas las vecinas para decirles que ha encontrado la moneda que había perdido o que el pastor que ha encontrado la oveja perdida tenga que reunir a todos los pastores que están por los apriscos cuidando a sus ovejas, pues a mí me parece un poco exagerado y como si el pastor y la buena señora no las tuvieran todas consigo. Sin embargo, cuando nos damos cuenta de que Jesús está hablando de Dios, debemos admitir que Él está tan locamente enamorado de nosotros, que no le importa hacer el ridículo con tal de recuperar a todos y cada uno de los extraviados.

La parábola del “Hijo Pródigo” se entiende mucho mejor cuando nos damos cuenta de todo ese amor rebosante que Dios siente por todos nosotros, que no le importa lo que digan los vecinos, su interés está en que el hijo “perdido y muerto” ha “resucitado y se le ha encontrado”.

Esta parábola del “Hijo Prodigo” está situada en el medio de lo que conocemos en San Lucas como "El viaje a Jerusalén" (9, 51 a 19, 28). Jesús va camino de la Ciudad Santa y durante el trayecto instruye a los discípulos y de una forma especial durante las cuatro comidas en las que Jesús participa, habla, podríamos decir, de lo que la futura iglesia, peregrina siempre, debe hacer (E. LaVerdier). En éste, su curso de formación de los discípulos, hace como un alto, una pausa, para hablar del Padre y así nos encontramos con el pasaje que hoy nos presenta la liturgia.

Por nuestra parte recordemos que la CONVERSIÓN, de la que tanto se habla hoy en día, es “una decisión viva/activa, consciente y expresada en la acción”, realizada desde lo más profundo del corazón.