lunes, 30 de diciembre de 2013

NAVIDAD: 31 de diciembre

I Juan 2,18-21
Salmo 95: Alégrese el cielo, goce la tierra
Juan 1,1-18

I Juan 2,18-21

Hijos míos, es el momento final. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es el momento final. Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros. En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis. Os he escrito, no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira viene de la verdad.

Salmo 95: Alégrese el cielo, goce la tierra

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su victoria.
R. Alégrese el cielo, goce la tierra

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque.
R. Alégrese el cielo, goce la tierra

Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad.
R. Alégrese el cielo, goce la tierra

Juan 1,1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: "Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."" Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

I Juan 2,18-21: "Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido"

I Juan 2,18-21
Navidad: 31 de diciembre,

Hijos míos, es el momento final. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es el momento final. Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros. En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis. Os he escrito, no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira viene de la verdad.

Lucas 2,36-40: "Había una profetisa, Ana (...) No se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones.

Lucas 2,36-40
Navidad: 30 de diciembre,

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

NAVIDAD: 30 de diciembre (Lecturas)

I Juan 2,12-17
Salmo 95: Alégrese el cielo, goce la tierra
Lucas 2,36-40

I Juan 2,12-17

Os escribo, hijos míos, que se os han perdonado vuestros pecados por su nombre. Os escribo, padres, que ya conocéis al que existía desde el principio. Os escribo, jóvenes, que ya habéis vencido al Maligno. Os repito, hijos, que ya conocéis al Padre. Os repito, padres, que ya conocéis al que existía desde el principio. Os repito, jóvenes, que sois fuertes y que la palabra de Dios permanece en vosotros, y que ya habéis vencido al Maligno. No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo -las pasiones de la carne, y la codicia de los ojos, y la arrogancia del dinero-, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, con sus pasiones. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Salmo 95: Alégrese el cielo, goce la tierra

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor.
R. Alégrese el cielo, goce la tierra

Entrad en sus atrios trayéndole ofrendas,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
R. Alégrese el cielo, goce la tierra

Decid a los pueblos: "El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente."
R. Alégrese el cielo, goce la tierra

Lucas 2,36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

I Juan 2,12-17: "Lo que hay en el mundo -las pasiones de la carne, y la codicia de los ojos, y la arrogancia del dinero-, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, con sus pasiones. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre"

I Juan 2,12-17
Navidad: 30 de diciembre,

Os escribo, hijos míos, que se os han perdonado vuestros pecados por su nombre. Os escribo, padres, que ya conocéis al que existía desde el principio. Os escribo, jóvenes, que ya habéis vencido al Maligno. Os repito, hijos, que ya conocéis al Padre. Os repito, padres, que ya conocéis al que existía desde el principio. Os repito, jóvenes, que sois fuertes y que la palabra de Dios permanece en vosotros, y que ya habéis vencido al Maligno. No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo -las pasiones de la carne, y la codicia de los ojos, y la arrogancia del dinero-, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, con sus pasiones. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

domingo, 29 de diciembre de 2013

ORACIÓN A LA SAGRADA FAMILIA, por el papa Francisco


Jesús, María y José:
a ustedes, Santa Familia de Nazaret,
hoy les dirigimos la mirada con admiración y confianza,
en ustedes contemplamos
la belleza de la comunión en el verdadero amor;
a ustedes le encomendamos todas nuestras familias,
para que se renueven en ellas las maravillas de la gracia.

Santa Familia de Nazaret,
escuela atrayente del santo evangelio:
enséñanos a imitar tus virtudes con una sabia disciplina espiritual,
dónanos la mirada límpida en la que se reconoce la obra de la Providencia
en las realidades cotidianas de la vida

Santa Familia de Nazaret,
custodios fieles del misterio de la salvación:
hagan renacer en nosotros la estima por el silencio,
vuelve a nuestras familias cenáculos de oración
y transfórmalas en pequeñas Iglesias domésticas,
renueva el deseo de la santidad,
apoya la noble fatiga del trabajo, de la educación,
de la escucha, de la comprensión recíproca y del perdón.

Santa Familia de Nazaret,
devuelve a nuestra sociedad la consciencia
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
bien inestimable e insustituible.

Cada familia sea habitación acogedora de bondad y de paz
para los niños y para los ancianos, para quien está enfermo y solo,
para quien es pobre y necesitado.
Jesús, María y José les rezamos con confianza,
y nos ponemos con alegría bajo vuestra protección.

sábado, 28 de diciembre de 2013

"Es la persona la que predica, no el sermón; el sermón es simplemente lo que la persona es", Card. Henry Edward Manning (1808-1892)


Los 10 mandamientos de la celebración dominical











1. Llegaré a la celebración antes de que haya comenzado
2. Me vestiré apropiadamente para compartir y celebrar la fe
3. Sentiré y haré del domingo el día del Señor y de descanso
4. Al entrar en el lugar de la celebración mostraré reverencia
5. Participaré activamente en la celebración de la fe
6. Ayunaré una hora antes de comulgar
7. Al recibir al Señor mostraré reverencia
8. Diré “amén” antes de recibir la hostia
9. Me mostraré agradecido después de haber recibido la hostia
10. No me iré hasta que la misa haya finalizado

Fuente: Arquidiócesis de Santa Fe, New Mexico (USA)

Matanza de los Inocentes, de Miguel de Verdiguier (1706-1796)

MATANZA DE LOS INOCENTES
Miguel de Verdiguier (1706-1796)
Plumilla y aguada grisácea sobre papel verjurado
Museo de Bellas Artes de Córdoba, España

¿Qué fue la matanza de los inocentes?, ¿es histórica?, por Vicente Balaguer

Matanza de los inocentes
La matanza de los inocentes pertenece, como el episodio de la estrella de los Magos, al evangelio de la infancia de San Mateo. Los Magos habían preguntado por el rey de los judíos (Mt 2,1) y Herodes —que se sabía rey de los judíos— inventa una estratagema para averiguar quién puede ser aquel que él considera un posible usurpador, pidiendo a los Magos que le informen a su regreso.

Cuando se entera de que se han vuelto por otro camino, “se irritó mucho y mandó matar a todos los niños que había en Belén y toda su comarca, de dos años para abajo, con arreglo al tiempo que cuidadosamente había averiguado de los Magos” (Mt 2,16).

El pasaje evoca otros episodios del Antiguo Testamento: también el Faraón había mandado matar a todos los recién nacidos de los hebreos, según cuenta el libro del Éxodo, pero se salvó Moisés, precisamente el que liberó después al pueblo (Ex 1,8-2,10).

San Mateo dice también en el pasaje que con el martirio de estos niños se cumple un oráculo de Jeremías (Jr 31,15): el pueblo de Israel fue al destierro, pero de ahí lo sacó el Señor que, en un nuevo éxodo, lo llevó a la tierra prometiéndole una nueva alianza (Jr 31,31). Por tanto, el sentido del pasaje parece claro: por mucho que se empeñen los fuertes de la tierra, no pueden oponerse a los planes de Dios para salvar a los hombres.

En este contexto se debe examinar la historicidad del martirio de los niños inocentes, del que sólo tenemos esta noticia que nos da San Mateo. En la lógica de la investigación histórica moderna, se dice que «testis unus testis nullus», un solo testimonio no sirve. Sin embargo, es fácil pensar que la matanza de los niños en Belén, una aldea de pocos habitantes, no fue muy numerosa y por eso no pasó a los anales. Lo que sí es cierto es que la crueldad que manifiesta es coherente con las brutalidades que Flavio Josefo nos cuenta de Herodes: hizo ahogar a su cuñado Aristóbulo cuando éste alcanzó gran popularidad (Antigüedades Judías, 15 & 54-56), asesinó a su suegro Hircano II (15, & 174-178), a otro cuñado, Costobar (15 & 247-251), a su mujer Marianne (15, & 222-239); en los últimos años de su vida, hizo asesinar a sus hijos Alejandro y Aristóbulo (16 &130-135), y cinco días antes de su propia muerte, a otro hijo, Antipatro (17 & 145); finalmente, ordenó que, ante su muerte, fueran ejecutados unos notables del reino para que las gentes de Judea, lo quisieran o no, lloraran la muerte de Herodes (17 &173-175).

Fuente: opusdei.es

Matanza de los inocentes, púlpito de la catedral de Pisa

Matanza de los Inocentes, de Cornelis Van Haarlem (1662-1638)

Matanza de los Inocentes, 1590

Matanza de los Inocentes, Pedro Pablo Rubens (1577-1640)

Matanza de los Inocentes, 1618

Matanza de los Inocentes, de Giotto di Bonone (1267-1337)


Degollación de los inocentes, según un manuscrito alemán del siglo X


De la historicidad de la matanza de los inocentes, por Luis Antequera

DEGOLLACIÓN DE LOS INOCENTES
Manuscrito del siglo X
Celebramos hoy el día de los santos inocentes, de los que en realidad, apenas sabemos que, de acuerdo con lo que se dice en el Evangelio, son unos niños a los que el rey Herodes (por cierto “el Grande”, no confundir con el igualmente evangélico Herodes Antipas, su hijo y uno de sus sucesores) hizo matar buscando entre ellos al heredero de la dinastía davídica, de cuyo nacimiento había sido informado por unos magos de Oriente.

La pregunta es: más allá del propio relato mateiano, pues a Mateo debemos el relato de los hechos (ver Mt. 2, 1-16), ¿existe algún indicio de la historicidad del relato?

Para empezar se ha de señalar que ninguno de los otros evangelistas se refiere al episodio ni a ningún otro que se asemeje o avale. Tampoco cabe encontrarlo en ninguna de las fuentes conocidas en las que cabría esperar una referencia al evento: así el Talmud, así Flavio Josefo o incluso Filón de Alejandría.

En descargo de este supuesto “olvido” de la matanza por parte de los historiadores de la época, cabe aducir dos argumentos: el primero, que por holocáustico que el relato de Mateo pueda parecer, la supuesta matanza de infantes apenas habría afectado a una decena de niños como mucho, pues en la ciudad de Belén en la que se produce, en modo alguno podían existir más de diez niños de la edad de la que Mateo dice que tienen sus víctimas; el segundo, que la supuesta matanza no habría sido sino una más, y ni siquiera entre las principales, o la más sangrienta de las cometidas en un reinado como el de Herodes, prolífico en ellas.

Aún así, existen indicios que permiten asociar el relato de Mateo a hechos históricos conocidos. A tal efecto señálese, sólo a modo de ejemplo, que, según señala Flavio Josefo, para que todas las familias judías tuvieran algún motivo para el llanto y consciente de su escasa popularidad, Herodes el Grande, antes de morir, da instrucciones a su hermana Salomé de encerrar en el hipódromo al primogénito de cada una de esas familias y ejecutarlos una vez él fuera enterrado, instrucciones que para fortuna de esos muchachos, Salomé incumplió (ver Antigüedades 17, 6, 5). Si a ello añadimos que la muerte de Herodes se pudo producir muy poco después del nacimiento de Jesús, ya tenemos aquí un dato histórico que está apuntando en la misma dirección del relato mateiano.

Pero es que además, y por cuestiones dinásticas y sucesorias similares a las que Mateo señala en su relato, los dos últimos años de vida de Herodes, es decir, aquéllos que el implacable rey judío coincidió históricamente hablando con Jesús, fueron de una terrible crueldad, haciendo el rey ejecutar a nada menos que a tres de sus hijos, a saber, Alejandro y Aristóbulo dos años antes de morir él, -anótese la fecha porque sería poco más o menos en la que Mateo sitúa su relato- y Antípatro, apenas cinco días antes de abandonar él mismo el mundo.

Dicho todo lo cual, cabe preguntarse cuáles de estos hechos citados tuvieron alguna relación más o menos próxima con los relatos que el evangelista Mateo pone en nuestro conocimiento a través del relato de los que la Iglesia celebra tal día como hoy bajo la advocación de Santos inocentes, los santos más antiguos de la historia del cristianismo.

Una advocación, por otro lado, tan apropiada a los días que corren, en los que una nueva matanza de inocentes se perpetra, con medios y argumentos diferentes pero no por ello menos atroces, aquélla que se produce en los abortorios de todo el mundo y entre ellos, y con particular fruición e intensidad, en los españoles, donde no sólo hemos visto aprobar la tramitación de una Ley de aborto -no la primera por cierto-, sino además, en una de las fotografías más espeluznantes del año, y como con todo acierto ha señalado el arzobispo de Granada Mons. Martínez, aplaudirla.

Fuente: religionenlibertad.com

1 Juan 1,5–2,2: "La sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados".

1 Juan 1,5–2,2
28 de diciembre: fiesta de los santos inocentes,

Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras. Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra. Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

28 DE DICIEMBRE: Los Santos Inocentes (Lecturas)

1 Juan 1,5–2,2
Salmo 123: Hemos salvado la vida, 
como un pájaro de la trampa del cazador
Mateo 2,13-18

1 Juan 1,5–2,2

Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras. Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra. Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Salmo 123: Hemos salvado la vida, 
como un pájaro de la trampa del cazador

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.
R/. Hemos salvado la vida, 
como un pájaro de la trampa del cazador

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.
R/. Hemos salvado la vida, 
como un pájaro de la trampa del cazador

La trampa se rompió, y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
R/. Hemos salvado la vida, 
como un pájaro de la trampa del cazador

Mateo 2,13-18

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.» José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven.»

viernes, 27 de diciembre de 2013

Mateo 2,13-15.19-23: "El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo (...) Avisado en sueños, se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno".

Mateo 2,13-15.19-23
28 de diciembre: fiesta de los Santos Inocentes, fiesta de la Sagrada Familia A,

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»  José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.»  Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno.

Colosenses 3,12-21: "Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo (...) Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos. Maridos, amad a vuestras mujeres. Hijos, obedeced a vuestros padres, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos".

Colosenses 3,12-21
Fiesta de la Sagrada Familia A,

Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

Salmo 127: Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos

Fiesta de la Sagrada Familia A,
Salmo 127,1-2.3.4-5
R. Dichosos los que temen al Señor 
y siguen sus caminos

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien.
R. Dichosos los que temen al Señor 
y siguen sus caminos

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa.
R. Dichosos los que temen al Señor 
y siguen sus caminos

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida.
R. Dichosos los que temen al Señor 
y siguen sus caminos

Eclesiástico 3,2-6.12-14: Sobre la familia

Eclesiástico 3,2-6.12-14
Fiesta de la Sagrada Familia A,

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

Francisco abre las misas de Santa Marta a los fieles, por Jesús Bastante


Fue una de las primeras novedades del "huracán Francisco". El Papa decidió seguir viviendo en la Casa Santa Marta -donde se alojaban los cardenales durante el Cónclave- y comenzó a celebrar misas matutinas, cuyos resúmenes han mostrado la ternura y cercanía de una Iglesia en primera persona del plural. Ahora, las misas de Santa Marta se abren a los fieles: desde enero, será posible acudir a las misas del Pontífice.

Así lo ha anunciado este mediodía el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, quien indicó que, dado que el Obispo de Roma no puede hacer la preceptiva visita de un prelado a las parroquias de su diócesis, a partir de enero serán las parroquias las que "visiten" al Papa. Podrán acudir, y participar, en las mismas, grupos de hasta 25 fieles.

La capilla es austera, de techos y paredes color blanco, con pocas figuras de santos. A la derecha un ventanal de baja altura permite el paso de la luz desde un jardín interno con plantas, según relata Notimex.

La misa se celebra en italiano. Tras la lectura del evangelio el Papa da su sermón también en ese idioma. Nunca supera los 10 minutos. Improvisa, sin papeles, sus reflexiones.

Al final se sienta en el fondo de la capilla, para rezar un rato en silencio. Luego se dirige a la puerta donde saluda, uno a uno, a todos participantes.

Fuente: religiondigital.com

jueves, 26 de diciembre de 2013

Juan 20,2-8: "María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo (...) Entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó".

Juan 20,2-8
27 de diciembre: san Juan, apóstol y evangelista

El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

27 DE DICIEMBRE: San Juan, apóstol y evangelista

1 Juan 1,1-4
Salmo 96: Alegraos, justos, con el Señor
Juan 20,2-8

1 Juan 1,1-4

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el  Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa.

Salmo 96,1-2.5-6.11-12
R/. Alegraos, justos, con el Señor

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.
R/. Alegraos, justos, con el Señor

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
R/. Alegraos, justos, con el Señor

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.
R/. Alegraos, justos, con el Señor

Juan 20,2-8

El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

1 Juan 1,1-4: "Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa".

1 Juan 1,1-4
27 de diciembre: san Juan, apóstol y evangelista,

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el  Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa.

Mateo 10,17-22: "Os azotarán en las sinagogas (...) daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles (...) no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros (...) se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará".

Mateo 10,17-22
26 de diciembre, martirio de san Esteban

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

26 DE DICIEMBRE: Martirio de San Estaban (lecturas)


Hechos de los apóstoles 6,8-10;7,54-60
Salmo 30,3cd-4.6 y Sab 16bc-17
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu
Mateo 10,17-22

Hechos de los apóstoles 6,8-10;7,54-60

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.» Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, expiró.

Salmo 30,3cd-4.6 y Sab 16bc-17
R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirigeme y guíame.
R/. A tus manos, Señor, 
encomiendo mi espíritu

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción.
R/. A tus manos, Señor, 
encomiendo mi espíritu

Líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
R/. A tus manos, Señor, 
encomiendo mi espíritu

Mateo 10,17-22

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

Hechos 6,8-10;7,54-60: "Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo (...) Unos cuantos de la sinagoga se pusieron a discutir con Esteban (...) Lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios (...) Veo al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios (...) Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban (...) Cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado".

Hechos 6,8-10;7,54-60
26 de diciembre, martirio de san Esteban,

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.» Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, expiró.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

De las cartas de San Pablo y su orden en el canon cristiano, por Luis Antequera

SAN PABLO ESCRIBIENDO SUS CARTAS
Valentin de Boulogne, s. XVII
Al buen lector del Nuevo Testamento no se le escapa que el orden de las catorce epístolas de San Pablo, colocadas al inicio de todas las epístolas apostólicas y después de los cuatro Evangelios y de los Hechos de los Apóstoles, acostumbra a ser uno muy parecido a éste:

A los Romanos
I a los Corintios
II a los Corintios
A los Gálatas
A los Efesios
A los Filipenses
A los Colosenses
I a los Tesalonicenses
II a los Tesalonicenses
I a Timoteo
II a Timoteo
A Tito
A Filemón
A los Hebreos

Pero pocos saben sin embargo cuáles son los criterios de este orden, que si bien, no es de tipo cronológico, tampoco es arbitrario.

Pues bien, en este orden que se propone y que siguen muchas biblias editadas, las cartas paulinas se ordenan de acuerdo con los siguientes criterios:

1.- Las colectivas, también llamadas doctrinales, por delante de las individuales, llamadas también pastorales.

2.- En cada uno de los dos grupos, las más largas primero, las más cortas después: un orden que no debemos considerar tan extraño, y que es el mismo que siguen, por ejemplo, las 114 suras del Corán, excepción hecha de la llamada Exordio (=introducción, preámbulo), colocada al inicio.

Y con dos excepciones. La primera, cuando hay dos cartas dirigidas a un mismo sujeto (Corintios, Tesalonicenses y Timoteo), caso en el cual, la escrita en primer lugar va delante de la segunda, sea o no sea más larga, y ésta queda emplazada inmediatamente detrás de aquélla, sea o no más larga que la que le sigue.

La segunda, la relativa a la Carta a los Hebreos, sobre la que pende siempre la sospecha de su real autoría paulina, y que aunque hoy sí esté considerada como parte del canon, no siempre lo estuvo, razón por la que, quizás, suele ser colocada al final.

Del orden cronológico de las epístolas paulinas, por Luis Antequera

SAN PABLO ESCRIBIENDO SUS CARTAS
Valentin de Boulogne, s. XVII

Ciñéndome a lo que establecen los exégetas de la Biblia de Jerusalén en la tabla cronológica que aportan al final de su edición, éste podría ser el orden y su año de emisión:

Primera Carta a los Tesalonicenses, epístola del año 51, una fecha que la convertiría en el texto probablemente más antiguo de todo el Canon del Nuevo Testamento, honor que podría disputar con el Evangelio de Marcos o con la posible versión aramea del de Mateo. Se habría escrito durante la estancia de Pablo en Corinto.

Segunda Carta a los Tesalonicenses, mismo año 51, naturalmente algo posterior, remitida también desde Corinto.

Carta a los Filipenses, escrita hacia finales del año 56, escrita en Efeso.

Primera Carta a los Corintios, hacia la Pascua del año 57, remitida como la anterior desde Efeso.

Segunda Carta a los Corintios, también del año 57 hacia el final, probablmente remitida desde Efeso.

Carta a los Gálatas, también a finales del 57 o a principios del 58, o poco antes de la Segunda a los Corintios o poco después.

Carta a los Romanos, en el mismo invierno del 57-58, poco después de la dirigida a los Gálatas, también desde Efeso.

Cartas a los Colosenses, a los Efesios y a Filemón, entre los años 61 y 63, con Pablo en Roma, remitidas pues desde la capital del Imperio.

Primera Carta a Timoteo, en el año 65 desde Macedonia.

Carta a Tito, en el mismo año y desde el mismo lugar.

Carta a los Hebreos, hacia el año 67, remitida probablemente desde Roma.

Segunda Carta a Timoteo, también desde Roma y en el 67, inmediatamente antes de ser decapitado.

¿Sabe Vd por qué Mateo es el primer Evangelio, Marcos el segundo, Lucas el tercero y Juan el cuarto?, por Luis Antequera

LOS CUATRO EVANGELISTAS
Pedro Pablo Rubens
Sobradamente conocido de cualquiera medianamente familiarizado con las cosas de la religión cristiana es que el orden en el que el canon presenta los cuatro libros evangélicos es el que emplaza a Mateo el primero, sigue con Marcos y con Lucas y termina con Juan. Tanto así que si a uno le hablan del primer evangelio perfectamente sabe que su interlocutor se refiere a Mateo; que si le hablan del segundo se refiere a Marcos; que si le hablan del tercero se refiere a Lucas; y que si le hablan del cuarto se refiere a Juan. Ahora bien, todo esto ¿por qué es así?

Lo primero que ha de decirse es que no siempre lo fue, que no siempre se siguió el orden que hoy damos por canónico.

En la literatura cristiana primitiva, se identifican no menos de ocho órdenes diferentes, que suelen girar en torno al lugar que se otorga al Evangelio de Juan. Se ha tendido también a colocar entre los sinópticos a Lucas en primer lugar, lo que bien puede obedecer a esa manera tan utilizada de clasificar documentos que consiste en ordenarlos según su longitud, siendo así que de los tres sinópticos, el de Lucas es el evangelio más largo, no digamos si, como también se hace en ocasiones, se le incorporan los Hechos de los Apóstoles, debidos a la misma pluma. Una manera de ordenar que en absoluto es ajena a otras colecciones, y así, tiene mucho que ver en el orden en el que se ordenan las Cartas de Pablo, y hasta en aquél utilizado en el Corán, cuyas 114 suras se ordenan, con alguna salvedad, de más larga a más corta.

Lo segundo que debe decirse es que aunque en algunos momentos y algunos autores hayan podido sostener que el orden en que citamos los evangelios es aquél en el que fueron escritos en el tiempo, el estado actual de la exegética dista mucho de aceptar que ello sea así.

Una cosa es indudable: si el orden canónico actual se halla consagrado lo es por haber sido el utilizado por San Jerónimo en su traducción de la llamada “Biblia Vulgata” encargada por el papa San Dámaso y terminada hacia el año 382, la cual, más allá de su extendida tradición, es la declarada canónica en el Concilio de Trento.

Pero no es desde luego Jerónimo de Estridón el primero que utiliza dicho orden, que él acepta precisamente por formar parte de una tradición muy consolidada.

Dicho orden es ya el que nos encontramos por ejemplo en el antiquísimo Canon de Muratori, y en autores tan importantes como San Ireneo, San Gregorio Nazianceno, San Atanasio, y también, en los manuscritos más antiguos que han llegado íntegros a nuestros días: el Códice Vaticano y el Códice Sinaítico. Siempre desde la creencia de que, según se ha dicho más arriba, ése era el orden en el que habían sido escritos. Así lo explica con toda claridad Eusebio de Cesarea en su “Historia Eclesiástica” quien basa su argumento, como vamos a ver, en la autoridad de Ireneo de Lyon (pinche aquí si desea conocer más sobre la vida y obra de este importantísimo autor de la patrística cristiana):

“Puesto que al dar comienzo a la obra hicimos promesa de citar oportunamente las palabras de los antiguos presbíteros y escritores eclesiásticos, en las cuales nos han transmitido por escrito las tradiciones llegados hasta ellos acerca de las Escrituras canónicas, y como quiera que Ireneo era uno de ellos, citemos también sus palabras, y en primer lugar, las que se refieren a los sagrados evangelios. Son las siguientes: “Mateo publicó entre los hebreos, en su lengua propia, un Evangelio también escrito, mientras Pedro y Pablo estaban en Roma evangelizando y poniendo los cimientos de la Iglesia. Después de la muerte de éstos, Marcos, el discípulo e intérprete de Pedro, nos transmitió por escrito, él también, lo que Pedro había predicado. Y Lucas, por su parte, el seguidor de Pablo, puso en un libro el Evangelio que éste había predicado. Finalmente Juan, el discípulo del Señor, el que se había reclinado sobre su pecho, también él publicó el Evangelio, mientras moraba en Efeso en Asia”. Esto es lo que se dice en el libro tercero antes mencionado [nota del autor: el “Adversus haereses”, “Contra las herejías”]”.

Del canon de los escritos del Nuevo Testamento y su formación, por Luis Antequera

A lo que damos en llamar “libros canónicos del Nuevo Testamento”  está compuesto por veintisiete textos, a saber:

- Los cuatro Evangelios, esto es, San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan.

- Los Hechos de los Apóstoles de San Lucas.

- Las catorce Cartas de San Pablo: Romanos, Primera a los Corintios, Segunda a los Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, Primera a los Tesalonicenses, Segunda a los Tesalonicenses, Primera a Timoteo, Segunda a Timoteo, Tito, Filemón y Hebreos.

- Las siete Cartas Católicas a saber, dos de San Pedro, tres de San Juan, una de Santiago y una de San Judas.

- El Apocalipsis de San Juan.

Todavía entre los textos canónicos tiende a realizarse una nueva clasificación: la que diferenciaría entre textos deuterocanónicos y textos protocanónicos.

Son los textos deuterocanónicos (del griego deutero=nuevo, y canónicos):

  • la Epístola de Pablo a los Hebreos, 
  • la Epístola de Santiago, 
  • la Segunda de Pedro, 
  • la Segunda y la Tercera de Juan, 
  • la Epistola de Judas
  • el Apocalipsis, cuya autoría, que no su contenido, es menos clara para la Iglesia.


Son los textos protocanónicos (del griego protos=primero y canónicos), todos los demás, en realidad los mejor conocidos por los cristianos, a saber:

  • los cuatro Evangelios, 
  • los Hechos de los Apóstoles,
  • todas las Cartas de Pablo menos Hebreos.

Dos hechos caracterizan la relación de estos textos con la primera comunidad cristiana.

Primero, que probablemente hasta el s. III los del Nuevo Testamento no superan en importancia a los del Antiguo.

Segundo, que no eran de hecho los únicos, es decir, que existía verdadera profusión de escritos que narraban el ministerio y la pasión de Jesucristo, hasta el punto de que cada una de las iglesias locales sentía predilección por uno diferente. Bien revelador a estos efectos, es el comienzo del Evangelio de Lucas, donde leemos: “Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros [...]” (Lc. 1, 1).

Ante tal profusión de obras, ante los diferentes contenidos que cada texto aporta, y con la aparición de las primeras herejías y la amenaza de ruptura del tronco común, empieza a tomar cuerpo hacia mediados del s. II, la idea de seleccionar una serie de textos considerados los verdaderos.

Curioso que el primer planteamiento en este sentido, parta de Marción cuyas propuestas acaban tenidas por heréticas, el cual propone un corpus compuesto de un Evangelio, el de Lucas, amputado de sus “impurezas” judaicas, y un Apostólico, compuesto por una colección de epístolas paulinas.

El Canon de Muratori desglosa el conjunto de libros que la Iglesia da por canónicos en torno al año 180, recogiendo los cuatro evangelios clásicos, los Hechos de los Apóstoles y trece epístolas paulinas, es decir, el núcleo duro de lo que ha llegado a nuestros días como canon.

Entre estos primeros cánones, ajenos todavía a la jerarquía eclesiástica, se pueden citar los concedidos para Africa (359), para Frigia (363), para Egipto (367) y también el otorgado por el Concilio de Cartago (397).

El Papa San Gelasio I (492-496) marca un punto de no retorno en lo relativo a la fijación de un canon, al firmar el primer decreto papal que diferencia entre textos canónicos y textos apócrifos, entre lecturas recomendadas y lecturas heréticas. Y el Concilio de Trento (1545-1563), en el Decreto sobre las Escrituras canónicas, de 8 de abril de 1546, menciona los veintisiete textos del Nuevo Testamento que los católicos deben dar por canónicos.

Fuente: religionenlibertad.com

Establecido el canon de la Biblia, ¿cuál es la versión "oficial" de la Biblia?, por Luis Antequera

SAN JERÓNIMO DE ESTRIDÓN
Caravaggio (1607)
Cuando se habla de los textos que la Iglesia tiene por canónicos, es decir, que forman parte del canon o, por así decir, oficiales, dos son las cuestiones que se nos plantean. La primera, cuáles son los textos que forman parte de ese canon, una cuestión que la Iglesia empieza a dirimir desde los primeros momentos de la historia. La segunda no es menos importante, y consiste en determinar cuál es la versión canónica de esos textos canónicos.

Esta segunda cuestión no la aborda la Iglesia pronto, sino que se plantea y se resuelve definitivamente (o cuasidefinitivamente, como tendremos ocasión de ver) en un solo acto: el Concilio de Trento, acontecido entre el 13 de diciembre de 1545 y el 4 de diciembre de 1563, es decir casi dieciocho enteros años.

Pues bien en la sesión IV celebrada en 8 de abril de 1546, el Concilio emite el Decreto sobre la edición y uso de la Sagrada Escritura, en el que dicta:

“Si se declara qué edición de la Sagrada Escritura se ha de tener por auténtica entre todas las ediciones latinas que corren, establece y declara, que se tenga por tal en las lecciones públicas, disputas, sermones y exposiciones, esta misma antigua edición Vulgata, aprobada en la Iglesia por el largo uso de tantos siglos; y que ninguno, por ningún pretexto, se atreva o presuma desecharla”.

Momento a partir del cual sólo quedará determinar cuál es la versión oficial de la Biblia Vulgata, una cuestión que no ha dejado de dar algún problema, -razón por la que decíamos arriba que la cuestión se soluciona “cuasidefinitivamente”-, y a la que dedicaremos algún espacio en un próximo futuro.

Por hoy y para terminar, apenas recordar que la Biblia Vulgata no es otra cosa que la traducción al latín de la Biblia griega realizada en el año 382 d.C. por Jerónimo de Estridón, San Jerónimo, previo encargo del gran papa español Dámaso I. Deriva su nombre de la locución “vulgata editio”, edición para el pueblo.

Fuente: religionenlibertad.com

Del Códice Amiatinus, la más antigua reproducción de la Biblia Vulgata llegada a nuestros días, por Luis Antequera



Declarando oficial lo que era ya una tradición muy antigua, la lectura de la Biblia en la versión conocida como “la Vulgata” que San Jerónimo termina en el año 382 producto de traducir al latín la versión griega que llegó a sus manos, el Concilio de Trento ponía punto final a las discrepancias entre las distintas versiones evangélicas y de los otros textos canónicos que circulaban por el mercado.

Puestos a poner los puntos sobre las íes aún quedaría otra cuestión por resolver: sí, muy bien, la Vulgata, ¿pero qué Vulgata, qué versión o qué reproducción concreta de la Vulgata?

Y es que la Vulgata, al igual que cualquier otra versión evangélica o no, tiene sus copias, y ninguna copia está exenta de tener sus discrepancias con el original y con las otras copias. Y ello, aún a pesar de la atención exquisita, la delicadeza y el amor que los monjes copistas ponían en la realización de cada uno de los ejemplares. Pues bien, la cuestión de la copia oficial de la versión oficial no la resolvió nunca el Concilio de Trento, que se limitó a decretar que en adelante la versión oficial de la Biblia era la Vulgata.

Así las cosas, me ha parecido un tema interesante conocer cuál es la biblia vulgata más antigua que ha llegado a nuestros días, y la respuesta a la pregunta es clara: la conocida como Códice Amiatinus, considerado también una copia muy ajustada y correcta de la obra del santo de Estridón, aunque le falte el libro del profeta Baruc.

Como su propio nombre indica, tiene forma de códice (encuadernado como un libro, por contraposición al sistema de rollo utilizado por los judíos y abandonado muy pronto por los cristianos), en un tomo de 1.029 hojas de pergamino, de 50 x 34 centímetros de tamaño y un peso de nada menos que 34 kilos, con un formato muy bello y ricamente ornamentado. Está escrito a dos columnas de bella letra uncial, caracterizada por su gran tamaño y el uso de mayúsculas, y sin signos de puntuación.

El códice aparece en el s. IX en la Abadía del Salvador, cerca de Siena, en el Monte Amiata al que debe su nombre, donde permanece hasta que con la demolición en 1786 del monasterio, es trasladado a la Biblioteca Laurentina de Florencia, donde hoy se custodia semejante tesoro de la exégesis y de la bibliología.

Su lugar de origen ha producido un intenso debate, que está relacionado con la interpretación de la presentación de la obra que se contiene en ella misma. Aunque según el bibliotecario Angelo Maria Bandini su autor sería el abad Servandus amigo de San Benito de Nursia, en cuyo caso habría sido producido en Monte Cassino hacia el año 540, más aceptada es la teoría según la cual, habría sido realizado en el reino anglosajón de Norteumbría, capital York, en el s. VIII, aunque eso sí, por un copista italiano que habría copiado un ejemplar igualmente italiano, y sería un regalo del abad de Monkwearmouth-Jarrow, San Ceolfrido, al Papa Gregorio II (715-731). Encargado por el abad en el año 692, la necesidad de los hasta dos mil corderos que la elaboración del pergamino sobre el que está escrito podría haber conllevado, así como el laborioso trabajo de su delicada confección, hará que su composición demore muchos años, tantos como un cuarto de siglo. De hecho, llevando la copia a Roma en el año 716, es que se habría producido la muerte del abad Ceolfrido.

Fuente: religionenlibertad.com

martes, 24 de diciembre de 2013

EL NACIMIENTO DE DIOS, por san Juan de la Cruz

NATIVIDAD de Lorenzo Lotto

















Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado
de su tálamo salía
abrazado con su esposa,
que en sus brazos la traía;
al cual la graciosa Madre
en un pesebre ponía
entre unos animales
que a la sazón allí había.
Los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,
festejando el desposorio
que entre tales dos había.
Pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía;
que eran joyas que la esposa
al desposorio traía.
Y la Madre estaba en pasmo
el que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría;
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía.

San Juan de la Cruz (1542-1591)

BENDICIÓN DEL PESEBRE















Oh Dios, Padre nuestro,
que tanto amaste al mundo
que nos has entregado a tu Hijo Jesús,
nacido de la virgen María,
para salvarnos y llevarnos de nuevo a ti,
te pedimos que con tu bendición
estas imágenes del nacimiento
nos ayuden a celebrar la Navidad con alegría
y a ver a Cristo presente
en todos los que necesitan nuestro amor.

Te lo pedimos en el nombre de Jesús,
tu Hijo amado,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

La calenda de Navidad, por José Antonio Doménech Corral



Calenda es término latino (escrito kalenda) que junto con las "nonas" y los "ictus" formaban, en el calendario romano creado en el año 47 por el emperador Julio César, los tres puntos de referencia de cada mes para señalar la fecha que sucedían los acontecimientos. Con el calendario juliano terminaba la anarquía de los calendarios utilizados hasta entonces, en los que algunos constaban de diez meses y otros de trece.

En este calendario juliano figuraba enero (en latín ianuarius) como primer mes del año. Y de aquí derivó, en un principio, que las importantes fiestas romanas de ese mes tomaran el nombre de ianuariae; y más tarde, que toda fiesta importante recibiera el calificativo de kalenda cualquiera que fuera el mes de su celebración.

El cristianismo también se inclinó por adoptar el calendario juliano, renombrando sus principales fiestas. Entre ellas la Natividad de Jesús, en la que introdujo la ceremonia que denominó la calenda de Navidad; pero reconociendo en sus libros litúrgicos que este nuevo término provenía del pagano calendario romano.

El término kalenda fue bien acogido por los fieles cristianos ya que les sugería la importancia de la festividad. Este añadido a la ceremonia navideña consistía en que, al comienzo de la misa del día 25 de diciembre -siglos más tarde de la misa a medía noche del 24- un cantor de potente voz interpretaba lo que en la música gregoriana de la iglesia se denomina lectio, y cuya letra desgranaba los motivos de la fiesta.

Este canto alcanzó su época más esplendorosa en el Medievo; y aunque en sus orígenes fue composición para intérprete solista, con el tiempo alcanzó a ser tema elegido de famosos músicos polifonistas cuyas obras ocupan en estas fechas todos los programas de los conciertos navideños.

Un ejemplo, la admirable y majestuosa "Calenda de Navidad" a tres voces mixtas y órgano, del apodado "la perenne voz de Navidad", Miguel Bernal (1910-56), por sus mundialmente famosos villancicos.

Desde hace pocos años, parece que en los músicos eclesiásticos ha despertado su añoranza, impulsándoles a componer modernas versiones que han logrado introducir en las misas de Nochebuena de algunos templos. Es el caso del sacerdote y músico valenciano José Blasco Aguilar, canónigo de la catedral de Segorbe. A él se debe una muy bella "Calenda de Navidad" para solista, a modo de pregón en la parte narrativa; y con intervención de coro a tres voces mixtas con acompañamiento de órgano, en el momento de proclamarse que Jesús "nace de la Virgen María en Belén de Judá, hecho hombre".

Obra por la que se han interesado varias iglesias, incluso desde Santander (España), solicitando a su autor copias de la partitura para abrir con ella la tradicional "misa del gallo". Prueba del renacimiento de la calenda.

CALENDA DE NAVIDAD

NATIVIDAD, por GIOTTO DI BONDONE (1267-1337)
















CALENDA DE NAVIDAD

Les anunciamos, hermanos, una buena noticia,
una gran alegría para todo el pueblo,
escúchenla con el corazón lleno de gozo.

Habían pasado miles de años desde que,
al principio, Dios creó el cielo y la tierra,
e hizo el hombre a su imagen y semejanza,
y miles de años desde que cesó el diluvio,
y Dios hizo resplandecer el arco iris, signo de la alianza
que estableció entre Él y las generaciones futuras.

En en año 752 de la fundación de Roma,
en el año 42 del imperio de Octavio Augusto,
mientras en toda la tierra reinaba la paz,
en la sexta edad del mundo, hace dos mil años,
en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel
ocupado entonces por los romanos,
en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada,
de María virgen, esposa de José,
de la casa y familia del rey David,
nació Jesús, Dios eterno,
Hijo de Dios y hombre verdadero,
llamado Emmanuel, Mesías y Cristo,
el salvador anunciado por todos los profetas.

Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros.
Nosotros hemos visto su gloria,
la gloria del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y verdad.

Juan 1,1-18: "En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios (...) Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo de la luz (...) A cuantos la recibieron les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios (...) La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros (...) De su plenitud hemos recibido gracia tras gracia. La Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Juan 1,1-18
Misa del día de Navidad, Navidad: 31 de diciembre, 2 Domingo de Navidad,

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: "Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."" Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

MISA DEL DÍA DE NAVIDAD (Lecturas)

Isaias 52,7-10
Salmo 98: Los confines de la tierra 
han contemplado la victoria de nuestro Dios
Hebreos 1,1-6
Juan 1,1-18

Isaías 52,7-10

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: "Tu Dios es rey"! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Salmo 97: Los confines de la tierra 
han contemplado la victoria de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
R. Los confines de la tierra 
han contemplado la victoria de nuestro Dios

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.
R. Los confines de la tierra 
han contemplado la victoria de nuestro Dios

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad.
R. Los confines de la tierra 
han contemplado la victoria de nuestro Dios

Tañed la cítara para el Señor
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.
R. Los confines de la tierra 
han contemplado la victoria de nuestro Dios

Hechos 1,1-6

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado que los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: "Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado", o: "Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo"? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: "Adórenlo todos los ángeles de Dios."

Juan 1,1-18

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: "Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."" Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

Hechos 1,1-6: "En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo (...) Habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas (...) Más encumbrado que los ángeles (...) Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado (...) Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo (...) Al introducir en el mundo al primogénito, dice: Adórenlo todos los ángeles de Dios.

Hechos 1,1-6
Misa del día de Navidad,

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado que los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: "Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado", o: "Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo"? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: "Adórenlo todos los ángeles de Dios."

Isaías 52,7-10: "¡Qué hermosos son los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva!"

Isaías 52,7-10
Misa del día de Navidad,

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: "Tu Dios es rey"! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Lucas 2,1-14: "José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada (...) En esa región acampaban unos pastores (...) Se les apareció el Ángel del Señor (...) Sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: No teman, les traigo una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor (...) ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!"

Lucas 2,1-14
Misa de la medianoche de Navidad,

En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.

En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!»

NATIVIDAD DEL SEÑOR: MISA DE MEDIANOCHE (Lecturas)

Isaías 9, 1-3. 5-6
Salmo 95: Hoy nos ha nacido un Salvador,
que es el Mesías, el Señor.
Tito 2, 11-14
Lucas 2,1-14

Isaías 9, 1-3. 5-6

El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín. Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián. Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz.» Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.

Salmo 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13
R. Hoy nos ha nacido un Salvador,
que es el Mesías, el Señor.

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre.
R. Hoy nos ha nacido un Salvador,
que es el Mesías, el Señor.

Día tras día, proclamen su victoria,
anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.
R. Hoy nos ha nacido un Salvador,
que es el Mesías, el Señor.

Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque.
R. Hoy nos ha nacido un Salvador,
que es el Mesías, el Señor.

Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad.
R. Hoy nos ha nacido un Salvador,
que es el Mesías, el Señor.

Tito 2, 11-14

La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús. El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien.

Lucas 2,1-14

En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!»

Tito 2,11-14: "La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado"

Tito 2, 11-14
Misa de la Medianoche de Navidad,

La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús. El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien.

Isaías 9,1-3.5-6: "Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia (...) Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado (...) Príncipe de la paz (...) habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino (...) El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto".

Isaías 9,1-3. 5-6
Misa de la medianoche de Navidad,

El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín. Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián. Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz.» Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.

MISA DE LA VIGILIA DE NAVIDAD (Lecturas)

Isaías 62,1-5
Salmo 88: Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Hechos de los Apóstoles 13,16-17. 22-25
Mateo 1,1-25

Isaías 62,1-5

Por amor a Sión no me callaré y por amor a Jerusalén no me daré reposo, hasta que surja en ella esplendoroso el justo y brille su salvación como una antorcha. Entonces las naciones verán tu justicia, y tu gloria todos los reyes. Te llamarán con un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona de gloria en la mano del Señor y diadema real en la palma de su mano. Ya no te llamarán “Abandonada”, ni a tu tierra, “Desolada”; a ti te llamarán “Mi complacencia” y a tu tierra, “Desposada”, porque el Señor se ha complacido en ti y se ha desposado con tu tierra. Como un joven se desposa con una doncella, se desposará contigo tu hacedor; como el esposo se alegra con la esposa, así se alegrará tu Dios contigo.

Salmo 88:
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor

Un juramento hice a David mi servidor,
una alianza pacté con mi elegido:
‘Consolidaré tu dinastía para siempre
y afianzaré tu trono eternamente.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor

El me podrá decir: ‘Tú eres mi padre,
el Dios que me protege y que me salva’.
Yo jamás le retiraré mi amor
ni violaré el juramento que le hice”.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor

Señor, feliz el pueblo que te alaba
y que a tu luz camina,
que en tu nombre se alegra a todas horas
y al que llena de orgullo tu justicia.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor

Hechos de los Apóstoles 13, 16-17. 22-25

Al llegar Pablo a Antioquía de Pisidia, se puso de pie en la sinagoga y haciendo una señal para que se callaran, dijo: “Israelitas y cuantos temen a Dios, escuchen: el Dios del pueblo de Israel eligió a nuestros padres y engrandeció al pueblo, cuando éste vivía como forastero en Egipto. Después los sacó de ahí con todo poder. Les dio por rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, quien realizará todos mis designios. Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un salvador: Jesús. Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia, y hacia el final de su vida, Juan decía: ‘Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias’ ”.

Mateo 1,1-25

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró de Tamar a Fares y a Zará; Fares a Esrom, Esrom a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró de Rajab a Booz; Booz engendró de Rut a Obed, Obed a Jesé, y Jesé al rey David.

David engendró de la mujer de Urías a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abiá, Abiá a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatam, Joatam a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías a Manasés, Manasés a Amón, Amón a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos,durante el destierro en Babilonia.

Después del destierro en Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquim, Eliaquim a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

De modo que el total de generaciones desde Abraham hasta David, es de catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, es de catorce, y de la deportación a Babilonia hasta Cristo, es de catorce.

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa. Y sin que él hubiera tenido relaciones con ella, María dio a luz un hijo y él le puso por nombre Jesús.

Mateo 1,1-25: Genealogía de Jesucristo

Mateo 1,1-25
Misa de la Vigilia de Navidad,

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró de Tamar a Fares y a Zará; Fares a Esrom, Esrom a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró de Rajab a Booz; Booz engendró de Rut a Obed, Obed a Jesé, y Jesé al rey David.

David engendró de la mujer de Urías a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abiá, Abiá a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatam, Joatam a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías a Manasés, Manasés a Amón, Amón a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos,durante el destierro en Babilonia.

Después del destierro en Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquim, Eliaquim a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

De modo que el total de generaciones desde Abraham hasta David, es de catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, es de catorce, y de la deportación a Babilonia hasta Cristo, es de catorce.

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa. Y sin que él hubiera tenido relaciones con ella, María dio a luz un hijo y él le puso por nombre Jesús.

Hechos de los Apóstoles 13,16-17.22-25: "Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un salvador: Jesús. Juan preparó su venida"

Hechos de los Apóstoles 13, 16-17. 22-25
Misa de la vigilia de la Navidad,

Al llegar Pablo a Antioquía de Pisidia, se puso de pie en la sinagoga y haciendo una señal para que se callaran, dijo: “Israelitas y cuantos temen a Dios, escuchen: el Dios del pueblo de Israel eligió a nuestros padres y engrandeció al pueblo, cuando éste vivía como forastero en Egipto. Después los sacó de ahí con todo poder. Les dio por rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, quien realizará todos mis designios. Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un salvador: Jesús. Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia, y hacia el final de su vida, Juan decía: ‘Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias’ ”.

Isaías 62,1-5: "Como un joven se desposa con una doncella, se desposará contigo tu hacedor; como el esposo se alegra con la esposa, así se alegrará tu Dios contigo".

Isaías 62,1-5
Misa de la vigilia de Navidad,

Por amor a Sión no me callaré y por amor a Jerusalén no me daré reposo, hasta que surja en ella esplendoroso el justo y brille su salvación como una antorcha. Entonces las naciones verán tu justicia, y tu gloria todos los reyes. Te llamarán con un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona de gloria en la mano del Señor y diadema real en la palma de su mano. Ya no te llamarán “Abandonada”, ni a tu tierra, “Desolada”; a ti te llamarán “Mi complacencia” y a tu tierra, “Desposada”, porque el Señor se ha complacido en ti y se ha desposado con tu tierra. Como un joven se desposa con una doncella, se desposará contigo tu hacedor; como el esposo se alegra con la esposa, así se alegrará tu Dios contigo.

Lucas 1,67-79: "Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos"

Lucas 1,67-79
24 de diciembre (Adviento)

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: "Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz."

II Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16:

II Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16
24 de diciembre (Adviento)

Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: "Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda." Natán respondió al rey: "Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo." Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor: "Ve y dile a mi siervo David: "Esto dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Yo te saqué de los ariscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.""