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jueves, 9 de diciembre de 2021

Isaías 39,1-8: Embajada del rey de Babilonia

Isaías 39,1-8:
Embajada del rey de Babilonia


1 En aquel tiempo, Merodac Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y regalos 
   al rey Ezequías cuando se enteró de que se había restablecido de su enfermedad.
2 Ezequías se alegró y enseñó a los mensajeros su tesoro: la plata y el oro, los perfumes y ungüentos, 
   toda la vajilla y cuanto había en sus depósitos. No quedó nada en su palacio y en sus dominios que 
   Ezequías no les enseñase. 
3 Pero el profeta Isaías se presentó al rey Ezequías y le dijo: 
   –¿Qué ha dicho esa gente y de dónde vienen a visitarte?
   Ezequías contestó: –De una tierra lejana han venido a visitarme: de Babilonia.
4 Isaías preguntó: –¿Qué han visto en tu casa?
   Ezequías contestó: –Han visto toda mi casa; no he dejado de enseñarles nada de mis tesoros.
5 Isaías le replicó: –Escucha la Palabra del Señor Todopoderoso: 
6 Mira: llegarán días en que todo lo que hay en tu casa, cuanto atesoraron tus abuelos hasta hoy, 
   se lo llevarán a Babilonia. No quedará nada, dice el Señor. 
7 Y a los hijos que de ti salieron, que tú engendraste, se los llevarán a Babilonia para que sirvan 
   como palaciegos del rey. 
8 Ezequías contestó: –Es favorable la Palabra del Señor que has pronunciado. 
   Porque se decía: Mientras yo viva habrá paz y seguridad.

Isaías 38,9-20: Cántico de Ezequías

Isaías 38,9-20:
Cántico de Ezequías


9 Cántico de Ezequías, rey de Judá, cuando enfermó y sanó de la enfermedad:
10 –Yo pensé: En lo mejor de mis días, tengo que marchar hacia las puertas del abismo; 
    me privan del resto de mis años. 
11 Yo pensé: Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos, ya no miraré a los hombres 
     entre los habitantes del mundo.
12 Levantan y enrollan mi morada como tienda de pastores. Como un tejedor enrollaba yo mi vida, 
     y me cortan la trama. Día y noche me estabas acabando, 
13 sollozo hasta el amanecer. Me quiebras los huesos como un león, día y noche me estás acabando. 
14 Como una golondrina estoy piando, gimo como una paloma. 
     Mis ojos mirando al cielo se consumen: ¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí! 
15 ¿Qué le diré y qué pensaré si él es quien lo hace? Huye de mí el sueño por la amargura de mi alma. 
16 Los que Dios protege, viven, y entre ellos vivirá mi espíritu: me has sanado, me has hecho revivir.
17 La amargura se me volvió paz cuando detuviste mi vida ante la tumba vacía y volviste la espalda 
     a todos mis pecados. 
18 El abismo no te da gracias, ni la muerte te alaba, ni esperan en tu fidelidad los que bajan a la fosa. 
19 Los vivos, los vivos son quienes te dan gracias: como yo ahora. 
     El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.
20 Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas todos nuestros días en la casa del Señor.

Isaías 38,1-8: Enfermedad y sanación de Ezequías

Isaías 38,1-8:
Enfermedad y sanación de Ezequías


1 En aquel tiempo, Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, fue a visitarlo 
   y le dijo: –Así dice el Señor: Haz testamento, porque vas a morir sin remedio.
2 Entonces, Ezequías volvió la cara a la pared y oró al Señor:
3 –Señor, ten presente que he procedido de acuerdo contigo, con corazón sincero e íntegro, 
   y que he hecho lo que te agrada. Y lloró con largo llanto.
4 El Señor dirigió la palabra a Isaías:
5 –Ve y dile a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de tu padre David: 
   He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas. Mira, añado a tus días otros quince años. 
6 Los libraré de las manos del rey de Asiria, a ti y a esta ciudad, y la protegeré. 
21 Isaías ordenó: –Que traigan un ungüento de higos y lo apliquen a la herida para que se sane.
22 Ezequías dijo: –¿Cuál es la señal de que subiré a la casa del Señor?
7 Respondió: –Ésta es la señal del Señor, de que cumplirá el Señor la palabra dada: 
8 En el reloj de sol de Ajaz haré que la sombra retroceda los diez grados que ha avanzado.
   Y desanduvo el sol en el reloj los diez grados que había avanzado.

Isaías 37,30-37: Signo para Ezequías y desenlace

Isaías 37,30-37:
Signo para Ezequías y desenlace


30 Esto te servirá de señal: Este año comerán el grano caído; el año que viene, lo que brote sin sembrar; 
     el año tercero sembrarán y cosecharán, plantarán viñas y comerán sus frutos.
31 De nuevo el resto de la casa de Judá echará raíces por abajo y dará frutos por arriba; 
32 porque de Jerusalén saldrá un resto, los supervivientes, del Monte Sión: 
     ¡el celo del Señor Todopoderoso lo cumplirá! 
33 Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, 
     no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un terraplén; 
34 por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad –oráculo del Señor–. 
35 Yo defenderé a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi siervo.

Desenlace

36 Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio 
     a ciento ochenta y cinco mil hombres; por la mañana, al despertar, los encontraron cadáveres.
37 Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se volvió a Nínive, y se quedó allí. 
38 Y un día, mientras estaba postrado en el templo de su dios Nisroc, sus hijos Adramélec y Saréser 
     lo mataron con la espada, y escaparon al territorio de Ararat. Y le sucedió en el trono su hijo Asaradón.

Isaías 37,21-29: Respuesta de Isaías

Isaías 37,21-29:
Respuesta de Isaías


21 Isaías, hijo de Amós, mandó decir a Ezequías: –Así dice el Señor, Dios de Israel: 
     He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria. 
22 Ésta es la sentencia que el Señor pronuncia contra él: Te desprecia y se burla de ti la doncella, 
     la ciudad de Sión: menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén.
23 ¿A quién has ultrajado e insultado, contra quién has alzado la voz y levantado tus ojos a lo alto?      
     ¡Contra el Santo de Israel!
24 Por medio de tus servidores has ultrajado al Señor: Con mis numerosos carros yo he subido 
     a las cimas de los montes, a las cumbres del Líbano; he talado la estatura de sus cedros 
     y sus mejores cipreses; llegué hasta la última cumbre, hasta lo más denso de su bosque. 
25 Yo excavé pozos y bebí aguas extranjeras; sequé bajo la planta de mis pies todos los canales 
     de Egipto. 
26 –¿No lo has oído? Desde antiguo lo decidí, en tiempos remotos lo preparé, y ahora lo realizo; 
      por eso tú reduces las ciudades fortificadas a montones de escombros.
27 Sus habitantes, faltos de fuerza, con la vergüenza de la derrota, fueron como hierba del campo, 
     como verde de los prados, como grama de las azoteas marchitada antes de crecer.
28 Sé cuándo te sientas y te levantas, cuándo entras y sales; 
29 porque te agitas contra mí y tu arrogancia sube a mis oídos, te pondré mi argolla en la nariz
     y mi freno en el hocico, y te llevaré por el camino por donde viniste.

Isaías 37,14-20: Oración de Ezequías

Isaías 37,14-20:
Oración de Ezequías


14 Ezequías tomó la carta de manos de los mensajeros y la leyó: 
15 después subió al templo, la desplegó ante el Señor y oró:
16 Señor Todopoderoso, Dios de Israel, sentado sobre querubines: 
     tú solo eres el Dios de todos los reinos del mundo, tú hiciste el cielo y la tierra. 
17 Presta oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira.
     Escucha el mensaje que ha enviado Senaquerib para ultrajar al Dios vivo. 
18 Es verdad, Señor: los reyes de Asiria han asolado todas las naciones y sus territorios, 
19 han quemado todos sus dioses –porque no son dioses, sino hechura de manos humanas, 
     leño y piedra– y los han destruido. 
20 Ahora, Señor, Dios nuestro, sálvanos de su mano, para que sepan todos los reinos del mundo 
     que tú sólo, Señor, eres Dios.

Isaías 37,8-13: Segunda versión de la embajada

Isaías 37,8-13:
Segunda versión de la embajada


8 El copero mayor regresó y encontró al rey de Asiria combatiendo contra Alba,
   porque había oído que el rey se había retirado de Laquis 
9 al recibir la noticia de que Tajarca, rey de Nubia, había salido para luchar contra él, 
   Senaquerib envió de nuevo mensajeros a Ezequías a decirle:
10 –Digan a Ezequías, rey de Judá: Que no te engañe tu Dios, en quien confían, 
     pensando que Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria. 
11 Tú mismo has oído cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países, exterminándolos,
     ¿y tú te vas a librar? 
12 ¿Los salvaron a ellos los dioses de los pueblos que mis predecesores destruyeron: 
      Gozán, Jarrán, Résef y los adanitas de Telasar?
13 ¿Dónde están el rey de Jamat, el rey de Arpad, el rey de Sefarvaín, de Hená y de Avá?

Isaías 37,1-7: Recurso a Isaías

Isaías 37,1-7:
Recurso a Isaías


1 Cuando el rey Ezequías oyó esto, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal 
   y se dirigió al templo del Señor, 
2 y despachó a Eliacín, el mayordomo de palacio; a Sobná, el secretario, 
   y a los sacerdotes más ancianos, vestidos de sayal, para que fueran a decirle al profeta Isaías, 
   hijo de Amós: 
3 –Así dice Ezequías: Hoy es un día de angustia, de castigo y de vergüenza; 
   los hijos llegan al parto, y no hay fuerza para darlos a luz. 
4 Ojalá oiga el Señor las palabras del copero mayor, a quien su señor, el rey de Asiria, 
   ha enviado para ultrajar al Dios vivo, y castigue las palabras que el Señor, tu Dios, ha oído. 
   Reza por el resto que todavía subsiste. 
5 Los ministros del rey Ezequías se presentaron a Isaías 
6 y él les respondió: –Digan a su señor: Así dice el Señor: No te asustes por esas palabras que has oído, 
   por las blasfemias de los criados del rey de Asiria. 
7 Yo mismo les meteré un espíritu, y cuando oiga ciertas noticias, se volverá a su país, 
   y en su país lo haré morir a espada.

Isaías 36,1-22: Invasión de Senaquerib

Isaías 36,1-22:
Invasión de Senaquerib


1 El año catorce del reinado de Ezequías, Senaquerib, rey de Asiria, subió contra las ciudades 
   fortificadas de Judá y las conquistó. 
2 Desde Laquis el rey de Asiria despachó al copero mayor para que fuera con un fuerte destacamento 
   a Jerusalén, al rey Ezequías. El copero mayor se detuvo ante el canal del Estanque de Arriba, 
   junto al camino del Campo del Tintorero. 
3 Salieron a recibirlo Eliacín, hijo de Jelcías, mayordomo de palacio; Sobná, el secretario, 
   y Yoaj, el canciller, hijo de Asaf. 
4 El copero mayor les dijo: –Digan a Ezequías: Así dice el emperador, el rey de Asiria: 
   ¿En qué fundas tu confianza? 
5 Tú piensas que la estrategia y la valentía militares son cuestión de palabras. 
   ¿En quién confías para rebelarte contra mí? 
6 ¿Te fías de ese bastón de caña quebrada que es Egipto? Al que se apoya en él se le clava en la mano 
   y se la atraviesa. Eso es el faraón para los que confían en él. 
7 Y si me replicas: Confiamos  en el Señor, nuestro Dios, ¿no es éste el Dios cuyos lugares de culto 
   y altares ha suprimido Ezequías, exigiendo a Judá y a Jerusalén que se postren solamente ante ese 
   altar? 
8 Por tanto, haz una apuesta con mi señor, el rey de Asiria, y te daré dos mil caballos, 
   si es que tienes quien los monte. 
9 ¿Cómo te atreves a desairar a uno de los últimos siervos de mi señor, el rey de Asiria, 
   confiando en que Egipto te proporcionará carros y jinetes? 
10 ¿Te crees que he subido a devastar este país sin contar con el Señor? 
     Fue el Señor quien me dijo que subiera a devastar este país. 
11 Eliacín, Sobná y Yoaj dijeron al copero mayor: –Por favor, háblanos en arameo, que lo entendemos; 
     no nos hables en hebreo ante la gente que está en las murallas.
12 Pero el copero les replicó: –¿Crees que mi Señor me ha enviado para que les comunique a ti y a tu 
     señor este mensaje? También es para los hombres que están en la muralla, y que con ustedes 
     tendrán que comer su excremento y beber su orina. 
13 E irguiéndose el copero mayor, gritó bien fuerte en hebreo: 
     –Escuchen las palabras del emperador, rey de Asiria:
14 Así dice el rey: que no los engañe Ezequías, porque no podrá librarlos. 
15 Que Ezequías no los haga confiar en el Señor, diciendo: 
     El Señor nos librará y no entregará esta ciudad al rey de Asiria. 
16 No hagan caso a Ezequías, porque esto dice el rey de Asiria: ríndanse y hagan la paz conmigo, 
     y cada uno comerá de su viña y su higuera y beberá de su pozo; 
17 hasta que llegue yo, para llevarlos a una tierra como la de ustedes, 
     tierra de grano y de vino nuevo, tierra de pan y de viñas.
18 Que no los engañe Ezequías, diciendo: El Señor nos librará. ¿Acaso los dioses de las naciones 
     libraron a sus países de la mano del rey de Asiria? 
19 ¿Dónde están los dioses de Jamat y Arpad, dónde los dioses de Sefarvaín? 
     ¿Han librado a Samaría de mi poder? 
20 ¿Qué dios de esos países ha podido librar sus territorios de mi mano? 
     ¿Y va el Señor a librar a Jerusalén de mi mano?
21 Ellos callaron y no le respondieron palabra. Tenían orden del rey de no responder. 
22 Entonces Eliacín, hijo de Jelcías, el mayordomo de palacio, Sobná, el secretario, 
     y Yoaj el canciller, hijo de Asaf, se presentaron al rey Ezequías con las vestiduras rasgadas 
     y le comunicaron las palabras del copero mayor.