jueves, 24 de junio de 2021

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,23-29: El tiempo de la fe

3,23-29: El tiempo de la fe

23 Antes que llegara la fe, estábamos cautivos bajo la custodia de la Ley, 
     en espera de la fe que debía ser revelada. 
24 Así, la Ley fue nuestro preceptor hasta la llegada de Cristo, 
     para que fuéramos justificados por la fe. 
25 Y ahora que ha llegado la fe, ya no estamos sometidos a un preceptor. 
26 Porque todos ustedes, por la fe, son hijos de Dios en Cristo Jesús, 
27 ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo. 
28 Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, 
     porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús. 
29 Y si ustedes pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, 
     herederos en virtud de la promesa.

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,19-22: El papel de la ley

3,19-22: El papel de la Ley

19 Entonces, ¿para qué sirve la Ley? Ella fue añadida para multiplicar las transgresiones, 
     hasta que llegara el descendiente de Abraham, a quien estaba destinada la promesa; 
     y fue promulgada por ángeles, a través de un mediador. 
20 Pero no existe mediador cuando hay una sola parte, y Dios es uno solo. 
21 ¿Eso quiere decir que la Ley se opone a las promesas de Dios? ¡De ninguna manera! 
     Porque si hubiéramos recibido una Ley capaz de comunicar la Vida, 
     ciertamente la justicia provendría de la Ley. 
22 Pero, de hecho, la Ley escrita sometió todo al pecado, para que la promesa se cumpla 
     en aquellos que creen, gracias a la fe en Jesucristo.

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,15-18: La ley y la promesa

3,15-18: La Ley y la promesa

15 Hermanos, quiero ponerles un ejemplo de la vida cotidiana: 
     cuando un hombre hace un testamento en debida forma, nadie puede anularlo o agregarle nada. 
16 Las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. La Escritura no dice: 
     «y a los descendientes», como si se tratara de muchos, sino en singular: y a tu descendencia, 
     es decir, a Cristo. 
17 Ahora bien, les digo esto: la Ley promulgada cuatrocientos treinta años después, 
     no puede anular un testamento formalmente establecido por Dios, 
     dejando así sin efecto la promesa. 
18 Porque si la herencia se recibe en virtud de la Ley, ya no es en virtud de la promesa. 
     Y en realidad, Dios concedió su gracia a Abraham mediante una promesa.

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,10-14: La ley, fuente de maldición

3,10-14: La Ley, fuente de maldición

10 En efecto, todos los que confían en las obras de la Ley están bajo una maldición, 
     porque dice la Escritura: Maldito sea el que no cumple fielmente todo lo que está escrito 
     en el libro de la Ley. 
11 Es evidente que delante de Dios nadie es justificado por la Ley, ya que el justo vivirá por la fe. 
12 La Ley no depende de la fe, antes bien, el que observa sus preceptos vivirá por ellos. 
13 Cristo nos liberó de esta maldición de la Ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, 
     porque también está escrito: Maldito el que está colgado en el patíbulo. 
14 Y esto, para que la bendición de Abraham alcanzara a todos los paganos en Cristo Jesús, 
     y nosotros recibiéramos por la fe el Espíritu prometido.

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,6-9: Los verdaderos hijos de Abraham

3,6-9: Los verdaderos hijos de Abraham

6 Es el caso de Abraham, que creyó en Dios, y esto le fue tenido en cuenta para su justificación. 
7 Reconozcan, entonces, que los verdaderos hijos de Abraham son los que tienen fe. 
8 La Escritura, previendo que Dios justificaría a los paganos por la fe, 
   anticipó esta buena noticia a Abraham, prometiéndole: En ti serán bendecidas todas las naciones. 
9 De esa manera, los que creen son los que participan de la bendición de Abraham, el creyente.

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,1-5: Llamado de atención a los gálatas

3,1-5: Llamado de atención a los gálatas

1 Gálatas insensatos, ¿quién los ha seducido a ustedes, 
   ante quienes fue presentada la imagen de Jesucristo crucificado? 
2 Una sola cosa quiero saber: ¿ustedes recibieron el Espíritu por las obras de la Ley 
   o por haber creído en la predicación? 
3 ¿Han sido tan insensatos que llegaron al extremo de comenzar por el Espíritu, 
   para acabar ahora en la carne? 
4 ¿Habrá sido en vano que recibieron tantos favores? ¡Ojalá no haya sido en vano! 
5 Aquel que les prodiga el Espíritu y está obrando milagros entre ustedes,    
   ¿lo hace por las obras de la Ley o porque han creído en la predicación?

Carta de San Pablo a los Gálatas 2,15-21: El Evangelio de Pablo

2,15-21: El Evangelio de Pablo

15 Nosotros somos judíos de nacimiento y no pecadores venidos del paganismo. 
16 Pero como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, 
     sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe en Cristo 
     y no por las obras de la Ley: en efecto, nadie será justificado en virtud de las obras de la Ley. 
17 Ahora bien, si al buscar nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos 
     pecadores, entonces Cristo está al servicio del pecado. Esto no puede ser, 
18 porque si me pongo a reconstruir lo que he destruido, 
     me declaro a mí mismo transgresor de la Ley. 
19 Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. 
     Yo estoy crucificado con Cristo, 
20 y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, 
     la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí. 
21 Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto inútilmente.

Carta de San Pablo a los Gálatas 2,11-14: El incidente de Antioquía

2,11-14: El incidente de Antioquía

11 Pero cuando Cefas llegó a Antioquía, yo le hice frente porque su conducta era reprensible. 
12 En efecto, antes que llegaran algunos enviados de Santiago, él comía con los paganos, 
     pero cuando estos llegaron, se alejó de ellos y permanecía apartado, 
     por temor a los partidarios de la circuncisión. 
13 Los demás judíos lo imitaron, y hasta el mismo Bernabé se dejó arrastrar por su simulación. 
14 Cuando yo vi que no procedían rectamente, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas delante 
     de todos: «Si tú, que eres judío, vives como los paganos y no como los judíos, ¿por qué obligas 
     a los paganos a que vivan como los judíos?».

Carta de San Pablo a los Gálatas 2,6-10: La decisión de los Apóstoles

2,6-10: La decisión de los Apóstoles

6 En cuanto a los dirigentes no me interesa lo que hayan sido antes, porque Dios no hace acepción 
   de personas no me impusieron nada más. 
7 Al contrario, aceptaron que me había sido confiado el anuncio del Evangelio a los paganos, así 
   como fue confiado a Pedro el anuncio a los judíos. 
8 Porque el que constituyó a Pedro Apóstol de los judíos, 
   me hizo también a mí Apóstol de los paganos. 
9 Por eso, Santiago, Cefas y Juan considerados como columnas de la Iglesia reconociendo el don que 
    me había sido acordado, nos estrecharon la mano a mí y a Bernabé, en señal de comunión, 
    para que nosotros nos encargáramos de los paganos y ellos de los judíos. 
10 Solamente nos recomendaron que nos acordáramos de los pobres,
     lo que siempre he tratado de hacer.

Carta de San Pablo a los Gálatas 2,1-5: La asamblea de Jerusalén

2,1-5: La asamblea de Jerusalén

1 Al cabo de catorce años, subí nuevamente a Jerusalén con Bernabé, llevando conmigo a Tito.
2 Lo hice en virtud de una revelación divina, y les expuse el Evangelio que predico entre 
   los paganos, en particular a los dirigentes, para asegurarme que no corría o no había corrido en 
   vano. 
3 Pero ni siquiera Tito, que estaba conmigo y era de origen pagano, fue obligado a circuncidarse, 
4 a pesar de los falsos hermanos que se habían infiltrado para coartar la libertad que tenemos 
   en Cristo Jesús y reducirnos a la esclavitud. 
5 Con todo, ni por un momento les hicimos concesiones, a fin de salvaguardar para ustedes 
   la verdad del Evangelio.

Carta de San Pablo a los Gálatas 1,18-24: Pablo en Jerusalén

1,18-24: Pablo en Jerusalén

18 Tres años más tarde, fui desde allí a Jerusalén para visitar a Pedro, y estuve con él quince días. 
19 No vi a ningún otro Apóstol, sino solamente a Santiago, el hermano del Señor. 
20 En esto que les escribo, Dios es testigo de que no miento. 
21 Después pasé a las regiones de Siria y Cilicia. 
22 Las Iglesias de Judea que creen en Cristo no me conocían personalmente, 
23 sino sólo por lo que habían oído decir de mí: «El que en otro tiempo nos perseguía, 
     ahora anuncia la fe que antes quería destruir». 
24 Y glorificaban a Dios a causa de mí.

Carta de San Pablo a los Gálatas 1,10-17: La elección de Pablo

1,10-17: La elección de Pablo

10 ¿Acaso yo busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Piensan que quiero congraciarme 
     con los hombres? Si quisiera quedar bien con los hombres, no sería servidor de Cristo. 
11 Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, 
     porque 
12 yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. 
13 Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: 
     cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba, 
14 y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, 
     en mi exceso de celo por las tradiciones paternas. 
15 Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, 
     se complació 
16 en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, 
     sin consultar a ningún hombre 
17 y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después 
     regresé a Damasco.

Carta de San Pablo a los Gálatas: 1,1-9: Saludo inicial, el único Evangelio de Cristo

1,1-6: Saludo inicial

1 Pablo, Apóstol  no de parte de hombres ni por la mediación de un hombre, 
   sino por Jesucristo y por Dios Padre que lo resucitó de entre los muertos  
2 y todos los hermanos que están conmigo, saludamos a las Iglesias de Galacia. 
3 Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, 
4 que se entregó por nuestros pecados para librarnos de este mundo perverso, 
   conforme a la voluntad de Dios, nuestro Padre, 
5 a quien sea la gloria para siempre. Amén.

1,6-9: El único Evangelio de Cristo

6 Me sorprende que ustedes abandonen tan pronto al que los llamó por la gracia de Cristo, 
   para seguir otro evangelio. 
7 No es que haya otro, sino que hay gente que los está perturbando 
   y quiere alterar el Evangelio de Cristo. 
8 Pero si nosotros mismos o un ángel del cielo les anuncia un evangelio distinto 
   del que les hemos anunciado, ¡que sea expulsado! 
9 Ya se lo dijimos antes, y ahora les vuelvo a repetir: el que les predique un evangelio distinto 
   del que ustedes han recibido, ¡que sea expulsado!