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sábado, 15 de noviembre de 2025

Domingo de la 33 Semana del Tiempo Ordinario, C


Comentario por Julio González, S.F.
 
Nos aproximamos al final del año litúrgico y los discursos y mensajes apocalípticos van a ser muy normales en estas dos últimas semanas. La crisis, los hechos y los acontecimientos, que afectan a las vidas de las personas se mezclan con sus emociones, expectativas, miedos y dramas; por eso, las imágenes y los símbolos utilizados en los episodios que proclaman la llegada del final son tan ilustrativos y variados como difíciles de asimilar.
 
Para entender estos episodios con tinte apocalíptico podemos cambiar el anuncio del final del mundo por el anuncio del final de una época, una cultura, unos valores, unas prioridades, etc.
 
¿Que pasaría si un presentador o un periodista anunciara hoy el final del mundo? Seguramente muchos pensaríamos que es una broma. Pero ¿qué pasaría si ese mismo presentador o periodista dijera que nuestra cultura, estilo de vida, forma de gobierno, valores y prioridades, van a desaparecer junto con los políticos, banqueros, hombres de negocios? Entonces, más de uno prestaría atención.
 
Esto nos ayuda a comprender mejor los motivos y el alcance del discurso apocalíptico muy presente en algunos pasajes de la Biblia. Porque el mensaje apocalíptico de Jesús no se refiere tanto al final del mundo cuanto al final de una época con una novedad que alumbrará un nuevo estilo de vida en las personas: un "nacer de nuevo".
 
Este anuncio en lugar de asustarnos debería motivarnos a estar "vigilantes y alerta" porque también nosotros vivimos el final de una época. Observando a los ancianos de mi parroquia me doy cuenta de que una cultura esta expirando y otra cultura está naciendo. Al recordar las historias, experiencias y anécdotas que mis abuelos y padres compartieron conmigo no puedo evitar sentir la nostalgia de un mundo que está finalizando, si es que no ha finalizado ya. El momento histórico que ahora nos toca vivir es similar a una encrucijada, a un cruce de caminos. Algunos quieren dar marcha atrás pero las promesas de Dios no son para iluminar el pasado sino el por-venir. Por eso, el evangelio de hoy es tan importante para todos.
 
Jesús de Nazaret no anuncia solamente el final de una sociedad sino el final de un templo y de una manera de practicar la religión. A Jesús no parece importarle demasiado lo que hacen los soldados romanos y el emperador; su mensaje y enseñanzas se centran en otros individuos, otras instituciones, otros asuntos muy sensibles a la religiosidad y mentalidad de su propio pueblo.

lunes, 12 de diciembre de 2022

¿Qué es la Parusía?


Parousía, en griego παρουσία: “presencia”, “llegada”. Advenimiento glorioso de Jesucristo al fin de los tiempos.

Según el Nuevo Testamento, la resurrección de los muertos acontecerá en un momento temporal determinado. Pablo, después de haber enunciado que la resurrección de los muertos tendrá lugar por Cristo y en Cristo, añade: «Pero cada cual en su rango: Cristo como primicias; luego, los de Cristo en su Venida» (1 Cor 15,23). 

La segunda venida (todavía futura) del Señor en gloria es distinta de la primera venida del Señor en humildad. La manifestación de la gloria (cf. Tit 2,13) y la manifestación de la parusía (cf. 2 Tes 2,8) se refieren a la misma venida. 

El mismo acontecimiento se expresa en el Evangelio de Juan (6,54) con las palabras «en el último día» (cf. Jn 6,39-40). La misma conexión de acontecimientos se da en la descripción de la carta 1 Tes 4,16-17, y es afirmada por la Tradición de los Padres: «A su venida todos los hombres han de resucitar».


jueves, 17 de noviembre de 2022

Significado de Escatología



En castellano, el término escatología puede estar referido a dos cosas completamente diferentes: 

1. Conjunto de creencias referentes al fin de los tiempos: del griego antiguo ἔσχατος (éschatos): 
    "último". 

2. Estudio de los excrementos o materias fecales (del griego antiguo σκώρ, genitivo σκατός).

Debido al sistema de transcripción del griego al castellano, ambos términos (distintos en su idioma de origen, el griego) vienen a coincidir en castellano, sin embargo: 

• En griego, solo el primer término, “ésjatos” (ἔσχατος), comienza con “e”; 
   el segundo término, “skatós” (σκατός), se transcribe sin “e” inicial en otras lenguas europeas, 
   como inglés o francés, no así en castellano. 

• En “ésjatos” (ἔσχατος) hay una “ji” (χ) transcrita en español como c/qu; 
   en “skatós” (σκατός) hay una kappa (κ) transcrita también como “c” en castellano. 
   Por este motivo, en castellano se da este curioso caso de homonimia (= coincidencia en la escritura 
   o en la pronunciación de dos palabras que tienen distinto significado y distinta etimología).

Leonardo Castellano en su obra, El Apokalypsis de san Juan, propone lo siguiente: 

¿Por qué "esjatológico" con jota? Hay dos palabras morfológicamente parecidas en español: “escatológico”, que significa pornográfico —de skatós, término griego que significa ‘excremento’— y “esjatológico”, que significa ‘noticia de lo último’ —de ésjaton, 'lo último'— las cuales son confundidas por error o por descuido o ignorancia. Si el buen uso se restaura, mejor, si no, paciencia.
Leonardo Castellani, El Apokalypsis de san Juan (pág. 313). Buenos Aires: Dictio, 1977.

Cada religión tiene su propia visión escatológica según sus creencias. En muchas de ellas, el ser humano trasciende el mundo terrenal y existe por la eternidad en realidades distintas a la vida tal y como es conocida en el presente.

Escatología hebrea

Los acontecimientos del fin del mundo difieren según las distintas escuelas rabínicas. Aunque todos ellos tienen su origen en los mensajes y anuncios proféticos y apocalípticos, sus interpretaciones varían notablemente. 

Algunas tradiciones judías asocian la llegada del Mesías como un signo escatológico mientras que otras tradiciones lo esperan como un evento histórico. Lo mismo ocurre con la restauración Templo de Jerusalén o del pueblo de Israel en la tierra prometida, que pueden ser entendidos como profecías escatológicas o históricas. 

Otros temas frecuentes de la escatología hebrea sujetos a diferentes interpretaciones son: 

• la resurrección de los muertos
• el juicio final
• la nueva creación
• el gobierno divino

Escatología cristiana

La escatología cristiana en principio se parece a la del judaísmo aunque la sobrepasa ampliamente con el Nuevo Testamento y los escritos de los Padres de la Iglesia. La teología cristiana se ha ocupado mucho —especialmente durante el medievo y la Reforma— de los "novísimos", los últimos cuatro estados del ser humano, que son:

Muerte: afecta a todos: «Está establecido para los hombres que mueran una sola vez» (Heb 9,27). 

Juicio: el juicio particular, inmediatamente después de la muerte, y el juicio final, que será universal.

Infierno: el Catecismo de la Iglesia católica afirma su existencia y su eternidad como lugar adonde 
   «las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden [...] inmediatamente después 
   de la muerte» para sufrir las penas o "fuego eterno". El papa Francisco y algunos teólogos no lo 
   consideran un lugar sino un estado de sufrimiento.

Gloria: estado en que las creaturas se unen al Creador, reconociendo en Él la gracia (don) de su 
   existencia y felicidad eternas.

La parusía es otro témino que siempre aparece en la escatología cristiana. Se trata de la segunda venida de Jesucristo (Hebreos 9,28) o advenimiento glorioso (la primera ocurre en Jesús de Nazaret) y el fin de los tiempos. Antes de la parusía se producirá la gran tribulación, en la cual adquirirá especial relevancia el Anticristo (para el escritor de la Primera Carta de San Juan la aparición del Anticristo es señal del fin de los tiempos, con doctrinas que nieguen a Cristo (1 Jn 2,18-23).


martes, 15 de noviembre de 2022

La opción final: ¿Podemos convertirnos después de muertos?

Después de muertos, ¿hay algún periodo en el que el alma separada del cuerpo pueda tomar una "opción final" antes del juicio de Dios? ¿O, como ha sostenido siempre la doctrina católica, ese juicio se produce en el momento del fallecimiento y es en función del estado de nuestra alma en ese instante preciso como se decide nuestro destino eterno?

La cuestión fue estudiada a fondo en 2015 por el monje benedictino Pius Mary Noonan para la tesis con la que se doctoró en teología por el Instituto Santo Tomás de Aquino de Toulouse (Francia). Se editó al año siguiente con el título La opción final en la muerte: ¿realidad o mito?, y recientemente ha salido de imprenta una versión resumida y divulgativa: Mientras sea de día. Prepararse desde ahora para el más allá.

La tesis de la "opción final"

El mes de noviembre nos recuerda que debemos rezar por nuestros difuntos. También nos invita a prepararnos para morir. ¿Por qué lo hacemos? En el mismo momento de nuestra muerte seremos juzgados por Dios, y recibiremos una recompensa que corresponde a la calidad de nuestra vida en la tierra: si morimos en gracia de Dios, nos salvaremos e iremos al cielo para siempre. Pasando, si es necesario, por el purgatorio. Si morimos alejados de Dios por el pecado mortal, estaremos separados de Él para siempre: esta es la condenación eterna del infierno.

La gravedad del juicio solo tiene sentido si el juicio particular que sigue inmediatamente a la muerte es realmente un juicio, es decir, si realmente somos juzgados por los hechos y las palabras de nuestras vidas. Si existiera una especie de "sala de espera" después de la muerte, en la que uno pudiera reevaluar su vida y cambiar la dirección tomada durante la misma, entonces el juicio ya no sería alarmante y, de hecho, no sería un juicio en absoluto, sino que sería una iluminación que permitiría ver con más claridad y añadir un acto final a la propia vida cuando uno ya está muerto. Esto se ha llamado la "opción final". 

Hay muchas ideas de este tipo que circulan entre los cristianos. Sin embargo, no tienen nada que ver con la fe católica. Son una ilusión inspirada en filosofías paganas y muestran una falta de responsabilidad ante la dificultad de vivir de forma verdaderamente cristiana.

Todo está en juego en este mundo

Según toda la tradición católica (claramente resumida en el Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1021-1022 y 1051), la gracia se da en esta vida por medio de la Iglesia y sus sacramentos, para encontrar a Dios y vivir en su amistad. Es en este mundo, y solo en este mundo, donde uno merece ver a Dios o perderlo. Hay que tomar al pie de la letra estas palabras de san Pablo: 

"Porque todos tenemos que comparecer ante el tribunal de Cristo 
para recibir cada cual por lo que haya hecho mientras tenía este cuerpo, 
sea el bien o el mal" (2 Cor 5,10). 

Es por las acciones realizadas en el cuerpo por las que seremos juzgados. De hecho, el juicio es sobre nuestras acciones humanas, y solo el binomio cuerpo/alma es capaz de realizar acciones humanas. En otras palabras, solo los actos realizados en la carne pueden ser recompensados por Dios, para bien o para mal.

En el cristianismo, por tanto, es imposible concebir la opción de salvarse mediante una decisión que se tomaría cuando uno ya está muerto, y esto es lo que se entiende por el término "opción final". Por esta razón, cualquiera que sugiera que es posible convertirse después de la muerte se opone a la fe católica.

Ciertamente, la gracia de Dios puede alcanzarnos hasta el último momento de la vida y, a veces, la persona que la recibe ya no es capaz de manifestar sentimientos externos de conversión. Por eso rezamos por todos los difuntos, aunque no hayan dado ninguna señal de arrepentimiento o de conversión a la verdadera fe antes de su muerte. Sin embargo, no debemos olvidar que, según los santos, las conversiones en el lecho de muerte son raras y difíciles.

San Alfonso de Ligorio escribe: "El Señor no dice que nos preparemos cuando llegue la muerte, sino que estemos preparados para esa hora; en efecto, el tiempo de la muerte es un tiempo de confusión en el que es moralmente imposible prepararse bien para comparecer en el juicio y obtener una sentencia favorable" (Camino de salvación).

Y fray Luis de Granada saca esta conclusión: "En general... a una mala vida le seguirá una mala muerte, así como una buena muerte será la consecuencia de una buena vida... Esta es una verdad que se encuentra en cada página de las Escrituras... Este es el resumen de toda la filosofía cristiana" (Guía para pecadores 1,3). En efecto, la palabra de Dios nos dice: "Si un árbol cae, ya sea en el sur o en el norte, el árbol permanece donde cayó" (Ec 11,3). 

Santo Tomás explica: "Cada uno será en el juicio tal como cuando salió de la vida. Por tanto, debemos velar para que en el momento de la muerte seamos hallados dignos" (Comentario sobre los Hebreos, cap. 10).

El mensaje que esta enseñanza pretende transmitir es sencillo: nuestras acciones humanas nos moldean y nos preparan para la eternidad. Cada acción, aquí y ahora, puede dejar una marca en nosotros que nunca se borrará. Las decisiones que tomamos en este mundo realmente cuentan, porque determinan nuestra eternidad. 

El cardenal Journet explica el porqué de esta situación: "El paso de aquí a allá es un paso a nivel. Las riquezas del cielo se anticipan en las de la gracia; las privaciones del infierno se anticipan en las del pecado mortal. Quien comprenda el misterio del pecado mortal habrá comprendido el misterio del infierno que lo eterniza" (El Mal, Ensayo teológico).

La conclusión que podemos sacar de esta verdad la resume san Benito en tres enjundiosas fórmulas: "Temer el día del juicio. Tener la muerte ante nuestros ojos cada día, como si estuviera a punto de sorprendernos. Velar por las acciones de uno en cada momento de su vida" (Regla, cap. 4). No dejemos nuestra conversión para mañana, porque no sabemos si tendremos un mañana. Si es necesario, vayamos a confesarnos. El Señor nos ama. No le hagamos esperar.

sábado, 12 de noviembre de 2022

"Ha de venir a juzgar a vivos y muertos" en el Catecismo de la Iglesia Católica

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA 
Primera parte: La profesión de fe
Segunda sección: La profesión de la fe cristiana
Capítulo segundo: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
Artículo 7: “Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y a muertos”

I. Volverá en gloria

Cristo reina ya mediante la Iglesia ...

668 "Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos" (Rm 14,9). La Ascensión de Cristo al Cielo significa su participación, en su humanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo. Jesucristo es Señor: posee todo poder en los cielos y en la tierra. El está "por encima de todo principado, potestad, virtud, dominación" porque el Padre "bajo sus pies sometió todas las cosas" (Ef 1,20-22). Cristo es el Señor del cosmos (cf. Ef 4,10; 1 Co 15,24.27-28) y de la historia. En Él, la historia de la humanidad e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación (Ef 1,10), su cumplimiento transcendente.

669 Como Señor, Cristo es también la cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo (cf. Ef 1,22). Elevado al cielo y glorificado, habiendo cumplido así su misión, permanece en la tierra en su Iglesia. La Redención es la fuente de la autoridad que Cristo, en virtud del Espíritu Santo, ejerce sobre la Iglesia (cf. Ef 4,11-13). "La Iglesia, o el reino de Cristo presente ya en misterio"(LG 3), "constituye el germen y el comienzo de este Reino en la tierra" (LG 5).

670 Desde la Ascensión, el designio de Dios ha entrado en su consumación. Estamos ya en la "última hora" (1 Jn 2,18; cf. 1 P 4,7). "El final de la historia ha llegado ya a nosotros y la renovación del mundo está ya decidida de manera irrevocable e incluso de alguna manera real está ya por anticipado en este mundo. La Iglesia, en efecto, ya en la tierra, se caracteriza por una verdadera santidad, aunque todavía imperfecta" (LG 48). El Reino de Cristo manifiesta ya su presencia por los signos milagrosos (cf. Mc 16, 17-18) que acompañan a su anuncio por la Iglesia (cf. Mc 16, 20).

... esperando que todo le sea sometido

671 El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado "con gran poder y gloria" (Lc 21,27; cf. Mt 25,31) con el advenimiento del Rey a la tierra. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal (cf. 2 Ts 2,7), a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por la Pascua de Cristo. Hasta que todo le haya sido sometido (cf. 1 Co 15,28), y "mientras no [...] haya nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios" (LG 48). Por esta razón los cristianos piden, sobre todo en la Eucaristía (cf. 1 Co 11,26), que se apresure el retorno de Cristo (cf. 2 P 3,11-12) cuando suplican: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22,20; cf. 1 Co 16,22; Ap 22,17-20).

672 Cristo afirmó antes de su Ascensión que aún no era la hora del establecimiento glorioso del Reino mesiánico esperado por Israel (cf. Hch 1,6-7) que, según los profetas (cf. Is 11,1-9), debía traer a todos los hombres el orden definitivo de la justicia, del amor y de la paz. El tiempo presente, según el Señor, es el tiempo del Espíritu y del testimonio (cf Hch 1,8), pero es también un tiempo marcado todavía por la "tribulación" (1 Co 7,26) y la prueba del mal (cf. Ef 5,16) que afecta también a la Iglesia (cf. 1 P 4,17) e inaugura los combates de los últimos días (1 Jn 2,18; 4,3; 1 Tm 4,1). Es un tiempo de espera y de vigilia (cf. Mt 25,1-13; Mc 13,33-37).

El glorioso advenimiento de Cristo, esperanza de Israel

673 Desde la Ascensión, el advenimiento de Cristo en la gloria es inminente (cf Ap 22, 20) aun cuando a nosotros no nos "toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad" (Hch 1, 7; cf. Mc 13, 32). Este acontecimiento escatológico se puede cumplir en cualquier momento (cf. Mt 24, 44: 1 Ts 5, 2), aunque tal acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder estén "retenidos" en las manos de Dios (cf. 2 Ts 2, 3-12).

674 La venida del Mesías glorioso, en un momento determinado de la historia (cf. Rm 11, 31), se vincula al reconocimiento del Mesías por "todo Israel" (Rm 11, 26; Mt 23, 39) del que "una parte está endurecida" (Rm 11, 25) en "la incredulidad" (Rm 11, 20) respecto a Jesús . San Pedro dice a los judíos de Jerusalén después de Pentecostés: "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus profetas" (Hch 3, 19-21). Y san Pablo le hace eco: "si su reprobación ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de entre los muertos?" (Rm 11, 5). La entrada de "la plenitud de los judíos" (Rm 11, 12) en la salvación mesiánica, a continuación de "la plenitud de los gentiles (Rm 11, 25; cf. Lc 21, 24), hará al pueblo de Dios "llegar a la plenitud de Cristo" (Ef 4, 13) en la cual "Dios será todo en nosotros" (1 Co 15, 28).

La última prueba de la Iglesia

675 Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18,8; Mt 24,12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21,12; Jn 15,19-20) desvelará el "misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Ts 2,4-12; 1Ts 5,2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2,18.22).

676 Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico: incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma política de un mesianismo secularizado, "intrínsecamente perverso" (cf. Pío XI, carta enc. Divini Redemptoris, condenando "los errores presentados bajo un falso sentido místico" "de esta especie de falseada redención de los más humildes"; GS 20-21).

677 La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (cf. Ap 19,1-9). El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13,8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap 20,7-10) que hará descender desde el cielo a su Esposa (cf. Ap 21,2-4). El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final (cf. Ap 20,12) después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf. 2 P 3,12-13).

II. «Para juzgar a vivos y muertos»

678 Siguiendo a los profetas (cf. Dn 7,10; Jl 3,4; Ml 3,19) y a Juan Bautista (cf. Mt 3,7-12), Jesús anunció en su predicación el Juicio del último Día. Entonces, se pondrán a la luz la conducta de cada uno (cf. Mc 12,38-40) y el secreto de los corazones (cf. Lc 12 1-3; Jn 3,20-21; Rm 2,16; 1 Co 4,5). Entonces será condenada la incredulidad culpable que ha tenido en nada la gracia ofrecida por Dios (cf Mt 11,20-24; 12,41-42). La actitud con respecto al prójimo revelará la acogida o el rechazo de la gracia y del amor divino (cf. Mt 5, 22; 7,1-5). Jesús dirá en el último día: "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25,40).

679 Cristo es Señor de la vida eterna. El pleno derecho de juzgar definitivamente las obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo como Redentor del mundo. "Adquirió" este derecho por su Cruz. El Padre también ha entregado "todo juicio al Hijo" (Jn 5,22; cf. Jn 5,27; Mt 25,31; Hch 10,42; 17,31; 2 Tm 4,1). Pues bien, el Hijo no ha venido para juzgar sino para salvar (cf. Jn 3,17) y para dar la vida que hay en él (cf. Jn 5,26). Es por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a sí mismo (cf. Jn 3,18; 12,48); es retribuido según sus obras (cf. 1 Co 3,12- 15) y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Espíritu de amor (cf. Mt 12,32; Hb 6,4-6; 10,26-31).

Resumen

680 Cristo, el Señor, reina ya por la Iglesia, pero todavía no le están sometidas todas las cosas de este mundo. El triunfo del Reino de Cristo no tendrá lugar sin un último asalto de las fuerzas del mal.

681 El día del Juicio, al fin del mundo, Cristo vendrá en la gloria para llevar a cabo el triunfo definitivo del bien sobre el mal que, como el trigo y la cizaña, habrán crecido juntos en el curso de la historia.

682 Cristo glorioso, al venir al final de los tiempos a juzgar a vivos y muertos, revelará la disposición secreta de los corazones y retribuirá a cada hombre según sus obras y según su aceptación o su rechazo de la gracia.

Lucas 21,5-19: "En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo"

Lucas 21,5-19
Martes de la 34 Semana del Tiempo Ordinario I y II (21,5-11)
Miércoles de la 34 Semana del Tiempo Ordinario I y II (21,12-19)

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: "Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido. "Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? "Él contesto: "Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "El momento está cerca; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida. "Luego les dijo: "Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas."


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jueves, 28 de julio de 2022

Mateo 13:44-53, El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo

Mateo 13:44-53


La parábola del tesoro
Miércoles de la 17 Semana del Tiempo Ord., Año I I y II (13,44-46)

44 El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, 
     lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

La parábola de la perla

45 El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;
46 y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

La parábola de la red
Jueves de la 17 semana del Tiempo Ord., Año I y II (13,47-53)

47 El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.
48 Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, 
     recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
49 Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos,
50 para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Conclusión

51 ¿Comprendieron todo esto?" "Sí", le respondieron.
52 Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos 
     se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".
53 Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí

jueves, 2 de diciembre de 2021

Isaías 2,1-5: Sión, centro del reino escatológico

Isaías 2,1-5: 
Sión, centro del reino escatológico
Primer Domingo de Adviento, Año A


1 Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén:
2 Al final de los tiempos estará firme el monte de la casa del Señor, sobresaliendo entre los montes, 
   encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán las naciones, 
3 caminarán pueblos numerosos. Dirán: Vengan, subamos al monte del Señor, 
   a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas, 
   porque de Sión saldrá la ley; de Jerusalén, la Palabra del Señor. 
4 Será el árbitro entre las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados;
   de las lanzas, hoces. No alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra. 
5 Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Mateo 24,1-3: Anuncio de la destrucción del Templo

Mateo 24,1-3: Anuncio de la destrucción del Templo
Mc 13,1-4; Lc 21,5-7

24:1 Jesús salió del Templo y, mientras iba caminando, sus discípulos se acercaron a él para hacerle notar las construcciones del Templo.
24:2 Pero él les dijo: "¿Ven todo esto? Les aseguro que no quedará aquí piedra sobre piedra: todo será destruido".
24:3 Cuando llegó al monte de los Olivos, Jesús se sentó y sus discípulos le preguntaron en privado: "¿Cuándo sucederá esto y cuál será la señal de tu Venida y del fin del mundo?"

viernes, 11 de noviembre de 2016

Lucas 17,26-37: El día del Hijo del hombre

Lucas 17,26-37
Viernes de la 32 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejaran." Ellos le preguntaron: "¿Dónde, Señor?" Él contestó: "Donde se reunen los buitres, allí está el cuerpo."

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Claves de lectura  

lunes, 15 de febrero de 2016

Mateo 25,31-46, La tercera venida, por M. Dolors Gaja, MN

Mateo 25,31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis." Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo." Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

— Comentario por M. Dolors Gaja, MN.

La parábola de hoy es conocida como “el juicio final” y pertenece al sermón escatológico de Jesús en el evangelio de Mateo.

LA VENIDA EN LA GLORIA

Tradicionalmente se ha hablado de tres venidas de Cristo.

La primera, su Encarnación, su vida entre nosotros;
la segunda, el encuentro personal que tiene lugar en la muerte;
y la tercera, la venida gloriosa en la cual todos verán la salvación de Dios y mirarán al que traspasaron» […] «en gloria y majestad» y, en ella, Cristo «aparecerá como nuestra vida».

Jesús describe esta tercera venida con lenguaje solemne; su tono es distinto de aquel al que nos tiene habituados.

EL JUICIO

La venida de Cristo es, al mismo tiempo, juicio sobre nuestra vida. Aparece ya el Jesús que conocemos, el que habla de pastores, ovejas y cabritos. El lenguaje de Jesús tenía la gracia de concretar aquello que pudiera ser una abstracción. Porque el juicio va a ser sobre cosas muy concretas: dar de beber, vestir, visitar…

Son acciones concretas que podemos entender. Y es el tema de nuestro examen final: el amor traducido en obras.

El reino que se nos ha prometido desde toda la eternidad gira en torno a dos verbos: venid, apartaos.

La definición de aquello que en lenguaje catequético hemos llamado cielo no es otra cosa que la cercanía total y para siempre con Cristo: hoy estarás conmigo en el paraíso.

El castigo eterno es lejanía de Dios…

UN DIOS QUE VIVE EN LOS PEQUEÑOS

El Jesús del Juicio final es muy distinto al que nos pinta Miguel Ángel. Él nos habla de todas las carencias del mundo (comida, techo, salud…) y hace un repaso a la realidad que hemos configurado.
El examen va a girar no en torno a lo que hemos hecho mal sino en torno al pecado de omisión ante la injusticia del mundo, ante la necesidad del hermano.

¿Cómo reacciono yo? Unos y otros son valorados por tener – o no – un corazón misericordioso como el del Padre. El juicio será si me parezco o no a Dios, si soy su imagen.

Ni los salvados ni los condenados se han percatado de que estaban atendiendo a Dios mismo. Los dos grupos quedan desconcertados y preguntan lo visto: ¿Cuándo fue eso?

Resulta pues un juicio simplemente ético. Es la respuesta positiva a la pregunta de Caín: ¿Acaso soy yo guardián de mi hermano?

En esta parábola Jesús deja claro que sí, que todos somos responsables de los otros y que de eso se nos va a pedir cuentas. Es un juicio “laico” en el que no se pregunta por la fe (por otra parte impensable en tiempos de Jesús no tener fe) sino por el amor.

Si sabemos las preguntas del “examen”…¿por qué no prepararnos?

viernes, 27 de noviembre de 2015

Lucas 21,29-33: Clave de lectura

Lucas 21,29-33   

En aquel tiempo, puso Jesús una parábola a sus discípulos: "Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que el verano está cerca. Pues, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Os aseguro que antes que pase esta generación todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán."

— Clave de lectura

El evangelio de hoy nos trae las recomendaciones finales del discurso apocalíptico. Jesús insiste en dos puntos:

(a) en la atención que hay que dar a los signos de los tiempos (Lc 21,29-31)
(b) en la esperanza, fundada en la palabra de Jesús, que expulsa el miedo y la desesperanza (Lc 21,32-33).

• Lucas 21,29-31: Mirad la higuera y todos los árboles

Jesús manda mirar la naturaleza: "Mirad la higuera y todos los demás árboles. Cuando veis que echan brotes, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que el Reino de Dios está cerca”.

Jesús pide que la gente contemple los fenómenos de la naturaleza para aprender de ellos cómo leer e interpretar las cosas que están aconteciendo en el mundo. Los brotes en la higuera son una señal evidente de que el verano está llegando. Así también aquellas siete señales son la prueba de que “¡el Reino de Dios está cerca!” Hacer este discernimiento no es fácil.

Una persona sola no se da cuenta del mensaje. Es reflexionando juntos en comunidad que la luz aparece. Y la luz es ésta: experimentar en todo lo que acontece una llamada a no encerrarse en el momento presente, sino mantener el horizonte abierto y percibir en todo una flecha que apunta más allá, hacia el futuro.

Pero la hora exacta de la llegada del Reino nadie la sabe. En el evangelio de Marcos, Jesús llega a decir: "Cuanto a ese día o a esa hora, nadie la conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre." (Mc 13,32).

• Lucas 21,32-33: “Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”

Esta palabra de Jesús evoca la profecía de Isaías que decía: "Toda carne es hierba y toda su gloria como flor del campo. Sécase la hierba, marchítase la flor cuando pase sobre ella el soplo de Yahvé. Sécase la hierba, marchítase la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre” (Is 40,7-8). La palabra de Jesús es la fuente de nuestra esperanza. ¡Lo que dice acaecerá!

• La venida del Mesías y el fin del mundo

Mucha gente vive preocupada con el fin del mundo. Algunos se basan en una lectura errada y fundamentalista del Apocalipsis de Juan, y llegan a calcular la fecha exacta del fin del mundo. En el pasado, a partir de los “mil años” mencionados en el Apocalipsis (Ap 20,7), la gente solía repetir: “¡El año 1000 pasó, pero el 2000 no pasará!” Por esto, en la medida en que se iba acercando el año 2000, muchos quedaban preocupados. Pero el año 2000 pasó y ¡el fin del mundo no llegó!

La misma problemática estaba viva en las comunidades cristianas de los primeros siglos. Ellas vivían en la expectativa de la venida inminente de Jesús. Jesús vendría a realizar el Juicio Final para terminar con la historia injusta del mundo acá abajo e inaugura una nueva fase de la historia, la fase definitiva del Nuevo Cielo y de la Nueva Tierra.

Pensaban que esto ocurriría dentro de una o dos generaciones. Mucha gente estaría con vida todavía cuando Jesús iba a aparecer glorioso en el cielo (1Ts 4,16-17; Mc 9,1). Y había hasta personas que habían dejado de trabajar, porque pensaban que la venida fuera cosa de pocos días o de semanas (2Tes 2,1-3; 3,11). Así pensaban.

Pero hasta ahora, la venida de Jesús ¡todavía no ha ocurrido! ¿Cómo entender esta demora? En las calles de la ciudad, la gente ve pintadas en las paredes las palabras ¡Jesús volverá! ¿Viene o no viene? ¿Y cómo será su venida? Muchas veces la afirmación “Jesús volverá” es usada para dar miedo a las personas y obligarlas a ir a una determinada iglesia.

En el Nuevo Testamento, el retorno de Jesús es siempre motivo de alegría y de paz. Para los explotados y oprimidos, la venida de Jesús es una Buena Noticia. ¿Cuándo vendrá? Entre los judíos, las opiniones eran muy variadas. Los saduceos y los herodianos decían: “¡Los tiempos mesiánicos llegaron ya!” Pensaban que su bienestar durante el gobierno de Herodes fuera expresión del Reino de Dios. Por esto, no querían cambio y estaban en contra de la predicación de Jesús que convocaba a la gente para cambiar y convertirse.

Los fariseos decían: “¡La llegada del Reino va a depender de nuestro esfuerzo en la observancia de la ley!” Los esenios decían: “El Reino prometido llegará sólo cuando hayamos purificado el país de todas las impurezas”.

Entre los cristianos había la misma variedad de opiniones. Algunos de la comunidad de Tesalónica en Grecia, apoyándose en la predicación de Pablo, decían: “¡Jesús volverá!” (1 Tes 4,13-18; 2 Tes 2,2). Pablo responde que no era tan simple como se lo imaginaban. Y a los que habían dejado de trabajar decía: “¡Quien no quiere trabajar, que no coma!” (2Tes 3,10).

Probablemente se trataba de gente que a la hora del almuerzo iba a mendigar comida a casa del vecino. Los cristianos opinaban que Jesús volvería después que el evangelio fuera anunciado al mundo entero (Hechos 1,6-11). Y pensaban que cuanto mayor fuera el esfuerzo de evangelizar, más rápidamente vendría el fin del mundo. Otros, cansados de esperar, decían: “¡No volverá!” (2 Pd 3,4). Otros basándose en las palabras de Jesús, decían con acierto: “¡Ya está en medio de nosotros!” (Mt 25,40).

Hoy pasa lo mismo. Hay gente que dice: “Como van las cosas, está bien tanto en la Iglesia como en la sociedad”. No quieren cambios. Otros esperan el retorno inmediato de Jesús. Otros piensan que Jesús volverá por medio de nuestro trabajo y anuncio. Para nosotros, Jesús está en medio de nosotros (Mt 28,20). El ya está de nuestro lado en la lucha por la justicia, por la paz, por la vida. Pero la plenitud no ha llegado todavía. Por esto, esperamos con firme esperanza la liberación total de la humanidad y de la naturaleza (Rom 8,22-25).

Fuente: ocarm.org

domingo, 15 de noviembre de 2015

Marcos 13,24-32: "El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán"

Marcos 13,24-32
Domingo de la 33 Semana del Tiempo Ordinario, Año B

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

SOBRE EL MISMO TEMA:
por Francisco González, S.F. 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Lucas 17,26-37: Claves de lectura, por la Orden Carmelita

Lucas 17,26-37 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejaran." Ellos le preguntaron: "¿Dónde, Señor?" Él contestó: "Donde se reunen los buitres, allí está el cuerpo."

— Comentario por la Orden Carmelita
Claves de lectura

El evangelio de hoy sigue la reflexión sobre la llegada del fin de los tiempos y trae palabras de Jesús sobre cómo preparar la llegada del Reino. Era un asunto candente, que en aquel tiempo, causaba mucha discusión.

Quien determina la hora de la llegada del fin es Dios. Pero el tiempo de Dios (kairós) no se mide por el tiempo de nuestro reloj (chronos). Para Dios, un día puede ser igual a mil años, y mil años igual a un día (Sal 90,4; 2Pd 3,-8). El tiempo de Dios corre de forma invisible dentro de nuestro tiempo, pero es independiente de nosotros y de nuestro tiempo. Nosotros no podemos interferir en el tiempo, pero debemos estar preparados para el momento en que la hora de Dios se hizo presente en nuestro tiempo. Puede ser hoy, puede ser de aquí a mil años. Lo que da seguridad, no es saber la hora del fin del mundo, sino la certeza de la presencia de la Palabra de Jesús presente en la vida. El mundo pasará, pero su palabra no pasará jamás (Cf. Is 40,7-8).

Lucas 17,26-29: Como en los días de Noé y de Lot

La vida corre normalmente: comer, beber, casarse, comprar, vender, plantar, construir. La rutina puede envolvernos de tal forma que no conseguimos pensar en otra cosa, en nada más. Y el consumismo contribuye a aumentar en muchos de nosotros esta total desatención a la dimensión más profunda de la vida. Dejamos entrar la polilla en la viga de la fe que sustenta el tejado de nuestra vida. Cuando la tormenta derriba la casa, muchos dan la culpa al carpintero: “¡Mal servicio!”

En realidad, la causa de la caída fue nuestra prolongada desatención. La alusión a la destrucción de Sodoma como figura de lo que va a suceder al final de los tiempos, es una alusión a la destrucción de Jerusalén de parte de los romanos en el año 70 dC (cf Mc 13,14).

Lucas 17,30-32: Así será en los días del Hijo del Hombre

Difícil para nosotros imaginar el sufrimiento y el trauma que la destrucción de Jerusalén causó en las comunidades, tanto de los judíos como de los cristianos. Para ayudarlas a entender y a enfrentar el sufrimiento, Jesús usa comparaciones sacadas de la vida: “Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y, de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás”. La destrucción vendrá con tal rapidez que no merece la pena bajar a la casa para buscar algo dentro (Mc 13,15-16). “Acordaos de la mujer de Lot” (cf. Gén 19,26), esto es, no miréis atrás, no perdáis tiempo, tomad la decisión e id adelante: es cuestión de vida o de muerte.

Lucas 17,33: Perder la vida para ganar la vida

Sólo se siente realizada la persona que es capaz de darse enteramente a los demás. Pierde la vida la que la conserva sólo para sí. Este consejo de Jesús es la confirmación de la más profunda experiencia humana: la fuente de la vida está en la entrega de la vida. Dando, se recibe. “En verdad os digo: el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo. Pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24).

Lo importante es la motivación que añade el evangelio de Marcos: “Por mí y por el Evangelio” (Mc 8,35). Al decir que nadie es capaz de conservar su vida con su propio esfuerzo, Jesús evoca el salmo donde se dice que nadie es capaz de pagar el precio del rescate de la vida: “Nadie puede rescatar al hombre de la muerte, nadie puede dar a Dios su rescate; pues muy caro es el precio de rescate de la vida, y ha de renunciar por siempre continuar viviendo indefinidamente sin ver la fosa”. (Sal 49,8-10).

Lucas 17,34-36: Vigilancia

“Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: al uno tomarán y al otro le dejarán; habrá dos mujeres moliendo juntas: a una la tomarán y a la otra la dejarán.” Evoca la parábola de las diez vírgenes. Cinco eran prudentes y cinco necias (Mt 25,1-11).

Lo que importa es estar preparado/a. Las palabras: “Una la tomarán y otra la dejarán” evocan las palabras de Pablo a los Tesalonicenses (1Tes 4,13-17), cuando dice que en la venida del Hijo seremos arrebatados al cielo junto con Jesús.

Lucas 17,37: ¿Dónde y cuándo? 

“Los discípulos preguntaron: "¿Señor, dónde ocurrirá esto?" Jesús respondió: "Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres". Respuesta enigmática.

Algunos piensan que Jesús evoca la profecía de Ezequiel, retomada en el Apocalipsis, en la cual el profeta se refiere a la batalla victoriosa final contra los poderes del mal. Las aves de rapiña o los buitres serán invitadas a comer la carne de los cadáveres (Ez 39,4.17-20; Ap 19,17-18). Otros piensan que se trata del valle de Josafat, donde tendrá lugar el juicio final según la profecía de Joel (Joel 4,2.12). Otros piensan que se trata simplemente de un proverbio popular que significaba más o menos lo mismo que dice nuestro proverbio: “¡Cuando el río suena, agua lleva!”

martes, 29 de julio de 2014

Juan 11,19-27: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano (...) Tu hermano resucitará (...) Sé que resucitará en la resurrección del último día (...) Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá (...) ¿Crees esto? Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios"

Juan 11,19-27
Fiesta de Santa Marta,

En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá." Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará." Marta respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día." Jesús le dice: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?" Ella le contestó: "Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo."

sábado, 30 de noviembre de 2013

Isaías 2,1-5: "Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos (...) De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor".

Isaías 2,1-5
Primer Domingo de Adviento, A

Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén: Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor.» Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Lucas 21,20-28: "Jesús a sus discípulos: Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción (...) Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora (...) Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes".

Lucas 21,20-28
Jueves de la 34 Semana del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación."

viernes, 15 de noviembre de 2013

Lucas 21,5-19: "Cuidado con que nadie os engañe (...) Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida (...) Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio".

Lucas 21,5-19
33 Domingo del Tiempo Ordinario, C

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: "Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido." Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?" Él contesto: "Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "El momento está cerca; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida." Luego les dijo: "Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas."