viernes, 28 de agosto de 2015

DOMINGO DE LA 22 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B

Deuteronomio 4,1-2.6-8
Salmo 14: ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?
Santiago 1,17-18.21b-22.27
Marcos 7,1-8a. 14-15.21-23

Deuteronomio 4,1-2.6-8

En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: "Ahora, Israel, escucha los mandatos y preceptos que te enseño, para que los pongas en práctica y puedas así vivir y entrar a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de tus padres, te va a dar. No añadirán nada ni quitarán nada a lo que les mando: Cumplan los mandamientos del Señor que yo les enseño, como me ordena el Señor, mi Dios. Guárdenlos y cúmplanlos porque ellos son la sabiduría y la prudencia de ustedes a los ojos de los pueblos. Cuando tengan noticias de todos estos preceptos, los pueblos se dirán: 'En verdad esta gran nación es un pueblo sabio y prudente'. Porque, ¿cuál otra nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos como lo está nuestro Dios, siempre que lo invocamos? ¿Cuál es la gran nación cuyos mandatos y preceptos sean tan justos como toda esta ley que ahora les doy?

Salmo 14: ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?

El hombre que procede honradamente
y obra con justicia;
el que es sincero en sus palabras
y con su lengua a nadie desprestigia.
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?

Quien no hace mal al prójimo
ni difama al vecino;
quien no ve con aprecio a los malvados,
pero honra a quienes temen al Altísimo.
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?

Quien presta sin usura y quien no acepta
soborno en perjuicio de inocentes,
ése será agradable a los ojos de Dios eternamente.
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?

Santiago 1,17-18.21b-22.27

Hermanos: Todo beneficio y todo don perfecto viene de lo alto, del creador de la luz, en quien no hay ni cambios ni sombras. Por su propia voluntad nos engendró por medio de la Evangelio  para que fuéramos en cierto modo primicias de sus criaturas. Acepten dócilmente la palabra que ha sido sembrada en ustedes y es capaz de salvarlos. Pongan en práctica esa palabra y no se limiten a escucharla, engañándose a ustedes mismos.  La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre, consiste en visitar a los  huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y en guardarse de este mundo corrompido

Marcos 7,1-8a.14-15.21-23

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: "¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?" (Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar los vasos, las jarras y las ollas). Jesús les contestó: "¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de Mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos! Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres!" Después, Jesús llamó a la gente y les dijo: "Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre".

La importancia de la familia en mi vocación (vídeo)

Agosto 28: SAN AGUSTÍN DE HIPONA (354-430)



















— Los primeros años

Agustín nació en Tagaste el 13 de noviembre de 354. La familia de Agustín no era rica pero sí respetable. El padre, Patricio, era pagano. Mónica consiguió que recibiera la gracia del bautismo y una muerte santa alrededor del año 371.

Agustín tuvo una educación cristiana. Mónica lo inscribió entre los catecúmenos. Una vez, estando muy enfermo, pidió el bautismo pero cuando el peligro pasó declinó el sacramento siguiendo la costumbre de la época.

— Estudios en Tagaste, Madaura y Cartago

Patricio, orgulloso del éxito de Agustín en las escuelas de Tagaste y Madaura, lo envió a Cartago para continuar estudios. Cuando llegó a Cartago a finales del 370, Agustín fue seducido por el libertinaje de otros estudiantes, la gran ciudad, los teatros y su éxito literario.

— Otro estilo de vida

Agustín confesó a Mónica que mantenía una relación con la mujer que dio a luz a su hijo (372). En su debilidad moral, Agustín conservaba cierta dignidad y sentía remordimientos. Desde los diecienueve años tuvo el deseo de romper con aquel estilo de vida.

En 373, una nueva inclinación se manifestó en su vida: leyendo el "Hortensio" se sintió inspirado por la sabiduría que Cicerón elogia en su obra. A partir de entonces, Agustín consideró la retórica como una profesión y la filosofía, léase "sabiduría", como una meta de su vida.

— Maniqueo

Agustín y su amigo Honorato se hicieron maniqueos en 373, seducidos por las promesas de una filosofía libre, sin ataduras a la fe, y porque los maniqueos decían haber descubierto contradicciones en la Sagrada Escritura. El maniqueísmo había sido introducido en África por el persa Mani (215-276).

A Agustín le entusiasmaban las ciencias naturales y los maniqueos decían que la naturaleza no tenía secretos para su obispo, Fausto. Además, el problema del mal era una gran incógnita y al no poder resolverlo Agustín reconoció dos principios opuestos. Adicionalmente, tenía el encanto de la irresponsabilidad moral porque el maniqueísmo negaba el libre albedrío y atribuía el pecado a un principio ajeno.

Agustín leyó los libros de la secta y adoptó sus opiniones. Su proselitismo llevó al error a su amigo Alipio y a Romaniano, el amigo de su padre que pagaba los gastos de Agustín.

— Profesor en Tagaste

Al finalizar sus estudios, Agustín regresó a Tagaste a enseñar gramática. Convencía a sus alumnos y uno de ellos, Alipio, lo siguió en el error. Después recibiría con Agustín el bautismo en Milán y llegaría a ser obispo de Tagaste, su ciudad natal.

— Profesor en Cartago y desvinculación del maniqueísmo

Agustín se fue a Cartago donde continuó enseñando retórica. Aquí su intelecto resplandeció aún más. Ganó un concurso poético y el procónsul Vindiciano le confirió la "corona agonistica".

Por su parte, Mónica deploraba la herejía de Agustín y no lo habría aceptado en su casa si no hubiera sido por el consejo del obispo san Ambrosio quien declaró que "el hijo de tantas lágrimas no puede perecer".

A finalizar su primera obra sobre estética empezó a debilitarse su maniqueísmo. Las enseñanzas de Mani no eran lo pretendían los maniqueos. Agustín siempre permaneció en la secta como "oyente", el grado más bajo de la jerarquía.

Agustín explica su desencanto: destruyen todo y no construyen nada, sus argumentos son flojos cuando debaten con los católicos. Sobre las Escrituras la única respuesta que tienen es "han sido falsificadas". No conocen la naturaleza ni su funcionamiento. Cuando hacía preguntas sobre los movimientos de las estrellas nadie sabía contestarle. "Espera a Fausto", le decían, "él te lo explicará todo". Por fin, Fausto de Mileve, el obispo maniqueo llegó a Cartago. Agustín fue a visitarlo y se encontró con el retórico vulgar e ignorante de sabiduría científica. La ilusión había durado nueve años.

— Encuentro con san Ambrosio de Milán

Agustín sentía atracción por Italia. Como su madre sospechaba su partida y estaba determinada a no separarse de él, se embarcó a escondidas por la noche. Tiene veintinueve años (383).

En Roma abrió una escuela de retórica pero disgustado por las argucias de los alumnos, que le engañaban descaradamente con los honorarios de las clases, solicitó una cátedra vacante en Milán. Cuando visitó al obispo Ambrosio se sintió cautivado por la amabilidad del santo y comenzó a asistir a sus prédicas.

— Últimas crisis antes de la conversión

Antes de abrazar la fe Agustín sufrió una lucha de tres años. Primero se inclinó hacia la filosofía de los académicos con su escepticismo pesimista. Después la filosofía neoplatónica. En Milán, apenas había leído algunas obras de Platón y de Plotinio cuando despertó a la esperanza de encontrar la verdad. Agustín soñaba que él y sus amigos dedicaban la vida a su búsqueda, ajenos a los honores, las riquezas y el placer, acatando el celibato como regla (Confesiones, VI). Era tan solo un sueño porque todavía era esclavo de sus pasiones.

Mónica, que se había reunido con su hijo en Milán, le convenció para que se casara pero la prometida en matrimonio era demasiado joven. Agustín se había separado de la madre de su hijo Adeodato, pero otra ocupó el puesto. Así fue como atravesó un último período de lucha y angustia. Finalmente, la lectura de las Sagradas Escrituras le convenció de que Jesucristo era el único camino a la verdad y a la salvación.

Una entrevista con Simpliciano, futuro sucesor de san Ambrosio, en la que contó a Agustín la conversión del famoso retórico neoplatónico Victorino (Confesiones, VIII.1, VIII.2), abrió el camino para el golpe de gracia. A la edad de treinta y tres años Agustín había llegado al final de su peregrinación moral y de fe (septiembre de 386).

— En la soledad de Casiciaco: "Los Diálogos"

Agustín renunció a su cátedra y marchó con Mónica, Adeodato y sus amigos a Casicíaco, la propiedad campestre de Verecundo. Allí se dedicó a la búsqueda de la verdadera filosofía que para él era inseparable del cristianismo.

Estaba familiarizando con la doctrina cristiana y la fusión de la filosofía platónica con los dogmas revelados iba solidificando en su mente. La soledad en Casicíaco hizo realidad su sueño. En su libro "Contra los académicos", Agustín describe la serenidad ideal de Casiciaco que estimula la pasión por la verdad.

Completó la enseñanza de sus amigos con lecturas literarias y conferencias fisosóficas que fueron recopiladas por un secretario y son la base de los "Diálogos".

Licencio recuerda en sus "Cartas" las mañanas y atardeceres filosóficos en los que los temas de las conferencias eran la verdad, la certeza, la verdadera felicidad en la filosofía (De la vida feliz), el orden de la Providencia en el mundo y el problema del mal (De Ordine) y, por último, Dios y el alma (Soliloquios, Acerca de la inmortalidad del alma).

Los "Diálogos" (Casiciaco 286) es una obra filosófica de juventud (Confesiones, IX.4) que contiene la historia de su formación cristiana. El objeto de su filosofía es respaldar la autoridad con la razón y, para Agustín, la gran autoridad es de Cristo. Si Agustín es platónico se debe a que encuentra en ellos interpretaciones que están en armonía con su fe (Contra los académicos, III, c. X). Esta confianza era excesiva pero quien habla en los "Diálogos" ciertamente es cristiano, no platónico.

Agustín nos cuenta los detalles de su conversión, el argumento que lo convenció (la vida y conquistas de los Apóstoles), su progreso en la escuela de san Pablo (ibid., II,II), las conferencias con sus amigos sobre la divinidad de Jesucristo, la conversión que la fe obró en su alma derrotando el orgullo intelectual que los estudios platónicos habían despertado en él (De la vida feliz), la calma gradual de sus pasiones y la resolución de elegir la sabiduría como única compañera (Soliloquios, I, X).

Se puede apreciar la influencia del neoplatonismo en Agustín. Al buscar la armonía entre las dos doctrinas creyó encontrar el cristianismo en Platón o el platonismo en el Evangelio. En sus "Retractaciones", Agustín reconoce que no siempre ha podido evitar este peligro. Así, imaginó haber descubierto en el platonismo la doctrina completa del Verbo y el prólogo entero de San Juan. Sin embargo, desmintió muchas teorías neoplatónicas que al principio lo habían conducido al error. Agustín reprocha a los platónicos que rechacen los puntos fundamentales del cristianismo: "El gran misterio, el la Encarnación del Verbo y el amor humilde". También ignoran la gracia, dice, dando sublimes preceptos de moralidad sin ninguna ayuda para alcanzarlos.

— Bautismo

Agustín anhelaba recibir con el bautismo la gracia divina. En el año 387, al principio de la Cuaresma fue a Milán y con Adeodato y Alipio ocupó su lugar entre los "competentes". Ambrosio lo bautizó el día de Pascua Florida.

Agustín, Alipio y Evodio decidieron retirarse a África. Agustín permaneció en Milán hasta el otoño continuando sus obras: "Acerca de la inmortalidad del alma" y "Acerca de la música".

— Muerte de Mónica



















En el otoño de 387 iba a embarcarse en Ostia cuando Mónica falleció. En las Confesiones, IX, Agustín nos habla de aquel momento descubriéndonos las interioridades de su alma.

— De vuelta a África con el ideal de una vida perfecta

Agustín permaneció en Roma varios meses refutando el maniqueísmo. En agosto del 388 partió hacia África y después de una breve estancia en Cartago regresó a Tagaste. Allí vendió sus bienes y regaló las ganancias a los pobres.

Agustín y sus amigos se retiraron a sus tierras, que ya no le pertenecían, para llevar una vida en común de pobreza, oración y estudio de las Escrituras. El libro de las "LXXXIII cuestiones" es el fruto de las conferencias celebradas en este retiro, en el que también escribió "De Genesi contra Manichaeos", "De Magistro", y "De Vera Religione."

— Sacerdote

Agustín no pensó en ordenarse sacerdote pero mientras oraba en una iglesia en Hippo Regius la gente se congregó a su alrededor aclamándole y rogando al obispo, Valerio, que lo ordenase sacerdote.
Agustín fue ordenado sacerdote en 391 pero volvió a su vida religiosa en Tagaste. Valerio le apoyó poniendo una propiedad eclesiástica a su disposición y permitiendo que estableciera un monasterio. También le pidió que predicara, a pesar de que en África este ministerio estaba reservado a los obispos. Agustín combatió la herejía, especialmente el maniqueísmo con gran éxito. También abolió el abuso de celebrar banquetes en las capillas de los mártires.

El 8 de octubre del año 393 tomó parte en el Concilio Plenario de África, presidido por san Aurelio, obispo de Cartago, y a petición de los obispos dio un discurso que, en su forma completa, sería el tratado de "De Fide et symbolo."

— Obispo de Hipona

Valerio, obispo de Hipona, debilitado por la vejez, obtuvo la autorización de san Aurelio, primado de África, para asociar a Agustín como coadjutor. Agustín se resignó a que Megalio, primado de Numidia, lo consagrara obispo. Tenía cuarenta y dos años y ocupó la sede de Hipona durante treinta y cuatro.

Agustín combinó sus deberes pastorales con las austeridades de la vida religiosa. Transformó su residencia episcopal en monasterio, viviendo en comunidad con sus clérigos quienes se comprometieron a observar la pobreza religiosa.

La casa episcopal de Hipona formó a los fundadores de los monasterios que se extendieron por toda África y a los obispos que ocuparon las sedes vecinas. San Posidio (Vita S. August., XXII) enumera diez amigos de Agustín y discípulos que fueron promovidos al episcopado. Agustín ganó el título de patriarca de los religiosos y renovador de la vida del clero en África.

Agustín predicaba con frecuencia y escribió cartas que divulgaron sus soluciones a los problemas de la época. También influyó con sus enseñanzas en los concilios africanos a los que asistió: Cartago en 398, 401, 407, 419 y Mileve en 416 y 418.

— Controversia maniquea y el problema del mal

Al ser consagrado obispo, el celo que Agustín había mostrado desde su bautismo en acercar a sus antiguos correligionarios a la verdadera Iglesia tomó una forma más paternal:

"Dejad que se encolericen contra nosotros
aquellos que desconocen cuán amargo
es el precio de obtener la verdad…
En cuanto a mí, os mostraría la misma indulgencia
que mis hermanos mostraron conmigo
cuando yo erraba ciego por vuestras doctrinas"
(Contra Epistolam Fundamenti, III).

Entre los acontecimientos más memorables ocurridos durante esta controversia está la victoria que en 404 obtuvo sobre Félix, un doctor de la secta. Félix propagaba sus errores en Hipona y Agustín le invitó a una conferencia pública. Al finalizar, Félix aceptó la derrota y abrazó la fe. Agustín refutó en sus escritos a Mani (397), al famoso Fausto (400), a Secundino (405), y (alrededor de 415) a los fatalistas priscilianistas.

En su pensamiento sobre el mal, Agustín proclama que la obra de Dios es buena y la fuente del mal moral es la libertad de las criaturas (De Civitate Dei, XIX.13.2). Defiende el libre albedrío, incluso en el hombre tal y como es. Sus obras contra los maniqueos son una reserva de argumentos en esta controversia todavía en debate.

— Controversia donatista

Mientras en Oriente discutían sobre cristología y la divinidad del Verbo, en Occidente lo hacían sobre el pecado. El dilema era la santidad de la Iglesia; ¿Puede ser perdonado el pecador y dejar que continue siendo miembro de la Iglesia? En África, los debates eran sobre la santidad de la jerarquía. Los obispos de Numidia no habían aceptado la consagración de Ceciliano, obispo de Cartago, de manos de un "traditor" (cisma del 312).

Cuando Agustín llegó a Hipona, el cisma había alcanzado enormes proporciones y se mostraba en tendencias políticas. La Iglesia Africana siguió el ejemplo de Agustín. Al principio buscó restablecer la unidad por medio de conferencias. Inspiró varias medidas conciliadoras en los concilios de África y envió embajadores a los donatistas invitándolos a reintegrarse a la Iglesia o instándoles a enviar diputados a una conferencia (403).

Los donatistas primero respondieron con silencio, luego con insultos y después con violencia. Posidio, obispo de Calamet y amigo de Agustín, se vio forzado a huir. El obispo de Bagaïa fue agredido. Agustín sufrió atentados contra su vida (Carta 88 a Januario, el obispo donatista). Agustín aprobó entonces unas leyes duras aunque nunca deseó que la herejía se castigara con la muerte.

En junio de 411 tuvo lugar una conferencia en Cartago en presencia de 279 obispos donatistas y 286 católicos. Los portavoces de los donatistas eran Petiliano de Constantinopla, Primiano de Cartago y Emérito de Cesarea. Los oradores católicos eran Aurelio y Agustín. Agustín demostró la inocencia de Ceciliano y de su consagrante Félix. En el debate estableció la tesis católica de que la Iglesia terrenal puede, sin perder su santidad, tolerar bajo su palio a los pecadores a fin de convertirlos. El procónsul Marcelino, en nombre del emperador, sancionó la victoria de los católicos. El donatismo decayó y desapareció finalmente con la llegada de los vándalos.

Agustín desarrolló su teoría de la Iglesia tan amplia y magníficamente que merece que se le llame el "Doctor de la Iglesia" además de "Doctor de la Gracia". Möhler (Dogmatik, 351) escribió: "Desde los tiempos de san Pablo no se ha escrito nada sobre la Iglesia que tenga la profundidad y la fuerza de las obras de san Agustín".

Agustín corrigió y perfeccionó las páginas de San Cipriano de Cartago sobre la institución divina de la Iglesia, su autoridad, sus marcas esenciales y su misión en la distribución de la gracia y administración de los Sacramentos.

— Controversia pelagiana

El final de la lucha contra los donatistas coincidió con los comienzos de una disputa teológica que mantuvo ocupado a Agustín hasta su muerte.

África, donde Pelagio y su discípulo Celestio habían buscando refugio después de la toma de Roma por Alarico fue el centro de los primeros desórdenes pelagianos. En 412 un concilio celebrado en Cartago condenó a los pelagianos por sus ataques a la doctrina del pecado original.

Agustín escribió en contra de ellos "De naturâ et gratia" y los concilios celebrados en Cartago y Mileve confirmaron la condena a estos innovadores cuyas tesis se habían impuesto en el sínodo de Diospolis (Palestina); condena que fue confirmada por el papa san Inocencio I (417).

Un segundo período de crisis pelagianas tuvo lugar en Roma. El papa san Zósimo, a quien Celestio había convencido hasta que Agustín tomó cartas en el asunto, condenó a los herejes en 418. A partir de entonces, Agustín contestó a Julián de Eclana, lider del partido pelagiano.

Hacia 426 entró en liza una escuela que se llamó semipelagiana. Sus primeros miembros eran monjes de Hadrumetum en África, a los que siguieron otros de Marsella, dirigidos por Casiano, el famoso abad de San Víctor. Éstos buscaron un punto medio entre Agustín y Pelagio. Defendían que la gracia se debe otorgar a aquellos que la merezcan y negarla a los demás; por lo tanto, la buena voluntad tiene precedencia, pues desea, pide y Dios recompensa. Agustín expuso en "De Prædestinatione Sanctorum" cómo incluso estos primeros deseos de salvación existen en nosotros debido a la gracia de Dios.

— Contra el arrianismo

A los setenta y dos años de edad (426), queriendo ahorrar a su ciudad episcopal la agitación de una elección después de su muerte, hizo que tanto el pueblo como el clero aclamaran la elección del diácono Heraclio como auxiliar y sucesor suyo.

Pero Agustín no pudo descansar (427) por la agitación en Hipona debido a la revuelta del conde Bonifacio. Los ostrogodos, enviados por la emperadora Placidia contra Bonifacio y los vándalos, a quienes llamó después en su ayuda, eran arrianos. Maximino, obispo arriano, entró en Hipona con las tropas imperiales. Agustín defendió la fe en una conferencia pública (428) y en varios escritos. Apenado por la devastación de África se afanó por conseguir una reconciliación entre el conde Bonifacio y la emperatriz.

La paz fue imposible con Genseric, rey vándalo. Vencido Bonifacio, buscó refugio en Hipona donde muchos obispos habían huído en busca de protección. Hipona, bien fortificada, padeció dieciocho meses de asedio.

Agustín continuó refutando a Julián de Eclana pero cuando comenzó el asedio enfermó y al cabo de tres meses falleció el 28 de agosto de 430, en el año septuagésimo octavo año de su vida.

Fuente: Enciclopedia Católica On Line

jueves, 27 de agosto de 2015

27 de agosto: Santa Mónica, madre de san Agustín


MÁS INFORMACIÓN SOBRE SANTA MÓNICA:
por Celestino Hueso, S.F., 

27 de agosto: SANTA MÓNICA, por Celestino Hueso, S.F.


A Santa Mónica, nuestra santa de hoy, también le he tenido siempre un cariño especial y, como veréis, no es para menos. Baste decir que consiguió la conversión de su hijo, su esposo y, algo casi increíble, su suegra. Y no lo digo porque considere que las suegras sean malas, sino porque ésta en concreto, lo era.

Mónica hubiera querido dedicarse a la vida de piedad, pero ya se sabe que en esa época, quienes decidían los casorios eran los padres. Así es que le endosaron un marido, llamado Patricio, que era colérico, borracho, jugador, parrandero y mujeriego a más no poder, y del que tuvo tres hijos. Le hizo pasar las de Caín a la pobre mujer.
¡Eso sí nunca le pegó! ¿Qué cómo se explica?

Santa Mónica decía a sus vecinas, a quienes sí calentaban de tanto en tanto, que cuánto más de mal genio se ponía su esposo más amorosa se ponía ella. Y ya se sabe que, cuando uno no quiere, dos no se pelean.
Consiguió que Patricio se convirtiera poco antes de morir y entonces se dedicó a la suegra que era realmente de armas tomar pero ya se sabe que la santidad lo consigue todo por difícil que parezca.

Le faltaba lo más difícil, su hijo Agustín, que era un calavera y un sinvergüenza de tomo y lomo. Con constancia, oración y lágrimas hizo de él un santo. Pero bueno eso ya es harina de otro costal que explicaremos mañana.

Hoy es Santa Mónica, una gran mujer y gran santa. Felicidades a todas las que llevan este lindo nombre, entre las que cuento también a varias amigas.

MÁS INFORMACIÓN SOBRE SANTA MÓNICA:
Madre de San Agustín (vídeo) 

JUEVES DE LA 21 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

1Tesalonicenses 3,7-13
Salmo 89,3-4.12-13.14.17
Mateo 24,42-51

1Tesalonicenses 3,7-13

En medio de todos nuestros aprietos y luchas, vosotros, con vuestra fe, nos animáis; ahora nos sentimos vivir, sabiendo que os mantenéis fieles al Señor. ¿Cómo podremos agradecérselo bastante a Dios? ¡Tanta alegría como gozamos delante de Dios por causa vuestra, cuando pedimos día y noche veros cara a cara y remediar las deficiencias de vuestra fe! Que Dios, nuestro Padre, y nuestro Señor Jesús nos allanen el camino para ir a veros. Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.

Salmo 89,3-4.12-13.14.17

R. Sácianos de tu misericordia, Señor, 
y estaremos alegres

Tú reduces al hombre a polvo, diciendo:
«Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó;
una vela nocturna.
R. Sácianos de tu misericordia, Señor, 
y estaremos alegres

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.
R. Sácianos de tu misericordia, Señor, 
y estaremos alegres

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
R. Sácianos de tu misericordia, Señor, 
y estaremos alegres

Mateo 24,42-51

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues, dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, mandándolo a donde se manda a los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

miércoles, 26 de agosto de 2015

Jesús y su familia en los evangelios. "El modelo de Jesús es la alternativa a la familia patriarcal", por Evaristo Villar

Se habla de la "familia cristiana" como institución que prolonga la familia modélica de Jesús. Pero, a la luz de los evangelios, ¿fue tan modélica la familia de Jesús?

1. El conflicto en la familia de Jesús

Entre la extrañeza por las obras que hace y el poco aprecio de sus paisanos por la humildad de su origen, los tres evangelios sinópticos dejan constancia de la familia de Jesús: "¿No es este el carpintero [Mt 13,55 dice "el hijo del carpintero, y Lc 4, 22, del "hijo de José"], el hijo de María y hermano de Santiago y José, de Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas con nosotros", Mc 6,3?1

Contrariamente a la aparente "armonía familiar", los evangelios sinópticos, más pegados al tiempo real de Jesús, dan algunas noticias sobre el comportamiento de la familia de Jesús antes de la pascua. Y no son precisamente apologéticas. Reflejan grandes tensiones entre Jesús y sus familiares. Una relación nada armónica que va desde el escepticismo que refleja el evangelio de Juan ("es que ni siquiera sus hermanos creían en él", Jn 7,5) hasta el conflicto, como veremos a continuación.

La escena que cuenta Marcos (Mc 3,21-31), seguido de Mateo y de Lucas, es paradigmática. Jesús está en casa de Pedro y una multitud, descontenta ("no podían ni comer") se apiña a su entorno. Pero "al enterarse los suyos se pusieron en camino para echarle mano, pues decían que había perdido el juicio... Llegó su madre con sus hermanos y, quedándose fuera, lo mandaron llamar".

La fama de la familia, en especial de María, su madre, está en entredicho. "El hijo sensato, como rezaba el refrán popular, es alegría del padre, pero el hijo necio es pena para la madre" (Prov 10,1). En una sociedad agraria como aquella, el reconocimiento de la madre está en el número y valía de hijos varones; pero el fracaso de estos acarrea también el fracaso de la madre. Por esta razón han venido su madre y sus hermanos para retornarlo a la cordura familiar.

Entre la multitud, sentada en semicírculos a los pies de Jesús, alguien le pasa el aviso: "Tu madre y tus hermanos te buscan ahí fuera". Ni siquiera entran para no hacerse cómplices de sus extravíos. Jesús reacciona con una pregunta: "¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?" A nadie, y menos a su madre, le podía dejar buen estómago esta respuesta. Si no fuera por la aclaración que, después de observar la reacción del auditorio, él mismo hace, cabría pensar en una grave desconsideración con su familia. Pero no parece ser esa la intención de Jesús. En su respuesta deja claro que lo que más profundamente vincula a los seres humanos no es el origen, sino la participación en el mismo proyecto. "Mi madre y mis hermanos, dice, son quienes se ponen en camino para hacer lo que Dios anhela". La participación en el Reino de Dios, viene a decir, no se funda tanto en la sangre o la carne, representada allí por su madre y hermanos, cuanto en el proyecto de fraternidad que constituye a la gente en hermanos y hermanas.

Reforzando esta escena emblemática de la casa de Pedro -pero ahora sin la presencia de los familiares directos- está esta otra que narra exclusivamente Lucas en 11, 27-28. Es notorio que el establishment judío no soporta de buen grado la transformación física y mental de la gente que sigue y oye los discursos de Jesús. El poder oficial le acusa de magia por la terapia que practica y le exige señales del cielo para acreditar el origen divino de sus poderes. En estas, una mujer que lo viene siguiendo y conoce la esperanza que infunde en las masas, grita mirando a Jesús y contra la ceguera de los dirigentes: "Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron". Jesús no la desmiente, pero aclara en seguida que la dicha, aun de esa madre afortunada, no está tanto en la vinculación natural con él, sino en la fidelidad de ambos al proyecto global de Dios: "Dichosos, mejor, los que escuchan el mensaje de Dios y lo cumplen".

2. Apuntando directamente a las causas

El extraño comportamiento de Jesús con su madre y sus hermanos apunta directamente a las causas: su modelo de familia, como luego veremos, no coincide con el que ellos representan. El de Jesús es justamente la alternativa a la familia patriarcal. Veamos algunos ejemplos:

- El referente a la paz y la espada, en Lc 12 51-53: "¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? Os digo que paz no, sino división. Porque, de ahora en adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; se dividirá padre contra hijo e hijo contra padre, madre contra hija e hija contra madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra".

La decisión a favor o en contra de Jesús está causando, en las comunidades de Lucas, una división profunda en el seno de las familias. No hay paz, sino guerra porque se están enfrentando dos proyectos alternativos, el de la verticalidad patriarcal y el de horizontalidad del proyecto de Jesús. Y todo esto se manifiesta tanto en el conflicto generacional que enfrenta a los hijos con los padres como en el conflicto de género que rompe la dependencia de las mujeres frente a los varones.

- Odiar a la propia familia (Lc 14, 26). La expresión, para nuestra sensibilidad, resulta hiriente. No nos está permitido odiar a nadie y menos a la propia familia. Tampoco encaja bien en el pensamiento real de Jesús. Este aparece certeramente expresado en este dicho a propósito de los enemigos: "Os han enseñado que se mandó: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos" (Mt 5, 43).

Los paralelismos con otros lugares del Antiguo y Nuevo Testamento han inclinado a los exégetas a traducir el verbo griego "miseo" (odiar) por "amar menos" o "amar más" (como en Mt 10,37). Las nuevas Biblias castellanas entienden adecuadamente la opción alternativa por el seguimiento de Jesús al traducir este semitismo por "preferir": "Si uno quiere ser de los míos y no me prefiere a su padre y a su madre...". Superado este semitismo, estamos, como en el dicho anterior sobre la paz y la espada, ante la doble ruptura generacional y de género. Ante el peligro de convertir la familia en gueto privilegiado y clasista, excluyente de los extraños y frecuente foco de egoísmo colectivo y posesivo, Jesús ofrece un proyecto de familia abierta, levantada sobre la gratuidad y la universalidad

- El divorcio o la igualdad del hombre y la mujer (Mc 10,11; Mt 19,8; Lc 16,18). Los tres evangelios sinópticos reflejan este dicho de Jesús. Pero, mientras Marcos lo acomoda a la mentalidad grecorromana, más liberal, Lucas se mantiene más pegado a la tradición androcéntrica judía: "Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con una repudiada comete adulterio". 

Jesús no se opone a la legislación judía que convierte al divorcio en privilegio del varón. En este contexto jurídico, contra el que Jesús reacciona, se rompe el proyecto ideal del Génesis 2, 24 que apunta a la constitución, desde el amor, de un solo ser sin sometimientos ni dominios en la pareja. La ley judía está siendo injusta porque deshumaniza a la mujer y a toda la familia sometiéndolos al dominio del patriarca. El conflicto, una vez más, surge entre la igualdad que propugna el Reino y el sometimiento que vige en la familia patriarcal, reflejo, a su vez, del dominio de la clase dominante sobre el pueblo.

3. La alternativa de Jesús o la familia Dei

El tipo de familia que propone Jesús es una respuesta crítica y, a la vez, una propuesta alternativa al modelo patriarcal vigente. Surge como reacción espontánea a la provocación ética que está generando la realidad sociopolítica y religiosa de la Galilea de su tiempo. Una realidad impuesta desde el poder que está dejando fuera de las instituciones oficiales a mucha gente. No podía ser nunca bueno un sistema que ignora y excluye a la mayoría social. Y la familia androcéntrica y patriarcal, que reproduce en el espacio doméstico este mismo desajuste social, es, por este motivo, rechazable.

Su propuesta o tipo de familia que Jesús propone y pone él mismo en marcha se concentra en lo que él mismo consideraba la familia Dei. En esquema, se reduce a las dos claves siguientes:

Frente a la familia patriarcal fundada sobre la propiedad de los bienes y de las personas que se convierte en un sistema cerrado, excluyente y posesivo, el nuevo proyecto se levanta sobre la sociabilidad y la gratuidad de los bienes y las personas, abierto a la inclusión y la universalidad. Y frente a la verticalidad que se impone desde arriba y reproduce el viejo (des)orden de autarquía y sumisión, Jesús propone un nuevo tipo desde abajo que se levanta desde la autonomía e igualdad de todos los miembros. Al poder monárquico y absoluto de la figura del padre que todo lo somete y domina se opone la toma de conciencia de la igual dignidad desde la que todas y todos son hermanos: "Vosotros, en cambio, no llaméis a nadie "padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro "Padre": el del cielo" (Mt 23, 9).

De entre la multitud de gente que lo seguía, algunas personas se comprometen con el nuevo modelo. Provienen des distintas situaciones. Un colectivo amplio lo constituyen los que nada tienen, víctimas del sistema; otros lo hacen por vocación.

El primer grupo lo constituyen los que Holl calificó de "malas compañías", es decir, los pobres y mendigos, los sin hogar y sin tierra, desarraigados y siempre en camino. Entre los segundos se cuentan los que, por opción, han dejado casa, hacienda o familia. Unos y otros van creando en torno a Jesús círculos de pertenencia de forma espontánea, desde los "meros oidores de su palabra" y los discípulos y discípulas que lo siguen de forma itinerante entre las aldeas hasta los mismos labradores que ponen su casa y sus bienes a disposición de lo que anuncia un nuevo estilo de vida, el del Reino de Dios.

Una reflexión final

Pretender trasladar la realidad de hoy al evangelio y querer descubrir en él la presencia explícita de todos y cada uno de los tipos de convivencia que hoy se dan, es, quizás, demasiado artificial. Pero tampoco sería correcto dejar tanta vida fuera del evangelio.

Hay, a mi modo de ver, dos instancias desde las que todos estos tipos de familia entran por la puerta grande en la nueva Familia de Jesús o Familia Dei: desde la situación de exclusión, rechazo y marginación de la que-si no jurídicamente en algunos países- están siendo objeto sociopolítica y religioso-culturalmente en la "buena sociedad" y en las viejas iglesias. Son ellos hoy aquellas "malas compañías" de las que quiso rodearse Jesús en su día. Esto en primer lugar. Y, luego, desde el principio del amor, omnipresente en todos los rincones de los evangelios. También hoy se puede oír la propuesta de Jesús: "Amadlos como yo los he amado".

Fuente: religiondigital.com

26 de agosto: Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, por Celestino Hueso, S.F.


Celebramos hoy a una gran santa que, además, me cae simpatiquísima por varias razones como su entrega, su piedad y su generosidad, pero ante todo porque se supo preocupar de los ancianos.

Desafortunadamente, en este mundo, cuando falta el fuego del amor cristiano, con demasiada frecuencia se valora a las personas según sean más o menos útiles. Que la persona es útil, fenomenal, todo sobre ruedas, que envejece y ya no puede con su alma… a quitársela de encima o a renegar.

Yo he oído decir a un hijo, refiriéndose a su madre, “¿cuándo será que estira la pata esta vieja asquerosa que solo sirve para comer y dar trabajo?” Imaginaos cual sería la suerte de los ancianos pobres en el siglo XVIII.

Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars se preocupó de ellos y vivió para ellos, fundando la Congregación de Hermanitas de los Ancianos Desamparados, que tanto bien ha hecho y sigue haciendo en nuestro mundo.

La segunda cosa en la que coincido plenamente con que ella es en sus disposiciones con respecto a procesos de canonización. Siempre dijo y, además, lo dejó escrito, que no quería que se gastara ni un euro en causas de canonización de nadie, que el santo está en el cielo, canonizado o sin canonizar, y que es mucho más cristiano utilizar el dinero para atender a los ancianos.

Su propia canonización llegó gracias a la voluntad del pueblo de Dios que la pidió tal como se hacía en los primeros tiempos de la Iglesia.

Mateo 23,27-36: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!"

Mateo 23,27-32
Miércoles de la 21 Semana del Tiempo Ordinario, Año I (23,27-32)

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: "Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas"! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!"
23:33 ¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo podrán escapar a la condenación de la Gehena?
23:34 Por eso, yo voy a enviarles profetas, sabios y escribas; ustedes matarán y crucificarán a unos, azotarán a otros en las sinagogas, y los perseguirán de ciudad en ciudad.
23:35 Así caerá sobre ustedes toda la sangre inocente derramada en la tierra, desde la sangre del justo Abel, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, al que ustedes asesinaron entre el santuario y el altar.
23:36 Les aseguro que todo esto sobrevendrá a la presente generación.

MIÉRCOLES DE LA 21 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

I Tesalonicenses 2,9-13
Salmo 138: Señor, tú me sondeas y me conoces
Mateo 23,27-32

I Tesalonicenses 2,9-13

Recordad, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios. Vosotros sois testigos, y Dios también, de lo leal, recto e irreprochable que fue nuestro proceder con vosotros, los creyentes; sabéis perfectamente que tratamos con cada uno de vosotros personalmente, como un padre con sus hijos, animándoos con tono suave y enérgico a vivir como se merece Dios, que os ha llamado a su reino y gloria. Ésta es la razón por la que no cesamos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros, los creyentes.

Salmo 138: Señor, tú me sondeas y me conoces

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro.
R. Señor, tú me sondeas y me conoces

Si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.
R. Señor, tú me sondeas y me conoces

Si digo: "Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí",
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.
R. Señor, tú me sondeas y me conoces

Mateo 23,27-32

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: "Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas"! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!"

martes, 25 de agosto de 2015

Orar por los condenados en el infierno, por Martín Gelabert, O.P.


En ocasiones los predicadores exhortan a sus oyentes a orar por los pecadores. Quizás sería bueno preguntarse qué hay detrás de este tipo de recomendaciones. Porque todos somos pecadores. Pero, normalmente, cuando se pide que oremos por los pecadores se suele pensar en aquellas personas alejadas de la Iglesia que supuestamente viven, piensan y actúan de forma reprobable y muy distinta a cómo lo hacemos nosotros. Cada uno sabrá cuales son sus presupuestos no explicitados. En todo caso, no sería conveniente que nuestra plegaria por los pecadores estuviera cargada de un rechazo hacia ellos. ¿Quizás san Pablo atisbaba este peligro cuando recomendaba a Timoteo que la oración “por todos los seres humanos” fuera “sin ira ni malas intenciones” (1 Tim 2,8)? Pecadores, insisto, somos todos. En este sentido, todos necesitamos orar por nosotros mismos y los unos por los otros. Para que nuestra vida sea una continúa conversión a Dios.

Ahora bien, si una personalidad cristiana, respetable y prestigiosa, nos invitase a orar por los condenados en el infierno, probablemente la sorpresa sería mayúscula.

Los pecadores aún tienen una posibilidad de convertirse. Los condenados ya han llegado al final de su carrera y su rechazo de Dios se diría que es definitivo. No hay vuelta atrás para ellos. Ni por parte suya, ni por parte de Dios. ¿Qué podría significar orar por los condenados? ¿Un deseo de cambiar la voluntad irrevocable de Dios? Orar por los condenados, ¿no sería esto un acto de rebeldía contra Dios, un acto que necesariamente debería desagradar a Dios y, por tanto, un poner en peligro la propia salvación?

¿Y si eso de orar por los condenados fuese una expresión límite que uniese al orante con un Dios cuya misericordia no excluye a nadie? Si Dios tiene esa misericordia hasta el extremo, ¿no debemos tenerla también nosotros? La Iglesia ha canonizado a muchas personas. No ha condenado a ninguna. Y en cada Eucaristía la Iglesia ora por todos sin excepción. La oración es expresión de la esperanza. Orar por todos es esperar que Dios, por los caminos que sólo él sabe, puede llevar a todos y cada uno hacia sí. Una esperanza así manifestaría la oración por los condenados. Por los que, según los criterios humanos podrían estar condenados. Pero los criterios de Dios no siempre coinciden con los de los humanos.

De un santo de prestigio, que vivió con intensidad la misericordia, un hombre que lloraba cada vez que pensaba que alguien podía vivir alejado de Dios, un hombre que oraba por todos sin excepción, de este santo dice uno de los testigos de su canonización que oraba por los condenados en el infierno. ¿Y a pesar de eso le canonizaron? ¿No hubiera sido mejor que lo condenasen por hereje? ¿O al menos por ingenuo, o por perder el tiempo importunando a Dios con cosas imposibles? Claro que, como le dijo el ángel a María, nada hay imposible para Dios. Pues lo canonizaron. Su nombre: Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores.

Mateo 23,23-26: "Lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe"

Mateo 23,23-26
Martes de la 21 Semana del Tiempo Ordinario, Año I

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera."

MARTES DE LA 21 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

I Tesalonicenses 2,1-8
Salmo 138: Señor, tú me sondeas y me conoces
Mateo 23,23-26

I Tesalonicenses 2,1-8

Sabéis muy bien, hermanos, que nuestra visita no fue inútil. A pesar de los sufrimientos e injurias padecidos en Filipos, que ya conocéis, tuvimos valor -apoyados en nuestro Dios- para predicaros el Evangelio de Dios en medio de fuerte oposición. Nuestra exhortación no procedía de error o de motivos turbios, ni usaba engaños, sino que Dios nos ha aprobado y nos ha confiado el Evangelio, y así lo predicamos, no para contentar a los hombres, sino a Dios, que aprueba nuestras intenciones.Como bien sabéis, nunca hemos tenido palabras de adulación ni codicia disimulada. Dios es testigo. No pretendimos honor de los hombres, ni de vosotros, ni de los demás, aunque, como apóstoles de Cristo, podíamos haberos hablado autoritariamente; por el contrario, os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos. Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor.

Salmo 138: Señor, tú me sondeas y me conoces

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
R. Señor, tú me sondeas y me conoces

No ha llegado la palabra a mi lengua, / y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.
R. Señor, tú me sondeas y me conoces

Mateo 23,23-26

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera."

sábado, 22 de agosto de 2015

¿Fue El Padre Pío crucificado como Jesús?, por José María Zavala, historiador


Por expreso deseo del Papa Francisco, el cuerpo incorrupto del Padre Pío será expuesto para todos los públicos en la Basílica de San Pedro del 8 al 14 de febrero de 2016, en pleno Año de la Misericordia.

Y entre tanto, muchos se preguntarán aún en España quién era San Pío de Pietrelcina (1887-1968), tal vez el santo más venerado hoy en Italia y, desde luego, el único sacerdote estigmatizado en toda la historia de la Iglesia.

A propósito de sus estigmas en manos, pies y costado durante cincuenta años consecutivos, sangrantes a diario, a los que el Padre Pío aludía enigmático como «el secreto del Rey», tuve el privilegio de consultar en su día los informe médicos conservados en el proceso de canonización para componer mi libro «Padre Pío» (LibrosLibres), con diez ediciones ya en España y traducciones a varios idiomas, incluido el italiano.

Las primeras señales del prodigio aparecieron a finales de 1910, a la edad de 23 años. Lo sabemos por una carta a su entonces director espiritual, padre Benedetto, datada el 8 de septiembre del año siguiente. Pero los estigmas no se hicieron visibles hasta ocho años después, desde la tarde del 5 de agosto de 1918. Sólo la obediencia debida a su director le hizo revelar finalmente el fenómeno que tanto le avergonzaba, por considerarse indigno de llevar las mismas heridas que Jesucristo. En cuanto trascendió «el secreto del Rey» sus enemigos se apresuraron a calumniarle, aduciendo que los falsos estigmas eran producto de la histeria del fraile, cuando no fruto de la sugestión e incluso de la autolesión, unidas al fanatismo, el desequilibrio mental o la mala fe.

Muy pronto, el convento de San Giovanni Rotondo, donde vivió el Padre Pío los últimos 52 años de su vida, se convirtió en el principal observatorio médico del planeta.

— Examen médico

Luigi Romanelli fue el primer médico que visitó el convento para examinar al fraile en mayo y julio de 1919. En octubre, estuvo allí el doctor Giorgio Festa, que repitió la visita en julio de 1920, acompañado de Romanelli. Precisamente este último, director del hospital civil de Barletta, describía con gran precisión visual los estigmas en las manos del Padre Pío: «En las regiones palmares de ambas manos, y propiamente al nivel del tercer metacarpo, se aprecia a simple vista una pigmentación de la piel de color rojo vinoso en una superficie del tamaño de una moneda de bronce de cinco centavos en la mano derecha y de dos centavos en la mano izquierda. Los contornos aparecen con leves franjas, de forma casi circular. Observándolos con cuidado, se aprecia en esa zona de la piel un epitelio, o más bien una membrana reluciente, algo levantada en el centro... Aplicando el pulgar en la palma de la mano y el índice en el dorso, y haciendo presión, que resulta muy dolorosa, se tiene la percepción exacta del vacio existente entre ambos dedos».

Respecto a las heridas en los pies, Romanelli anotaba en su informe: «Sobre el dorso de ambos pies se advierte una zona circular, del tamaño de una moneda de cinco centavos, recubierta también de una membrana de color rojo vivo... Tras palparla, se comprueba que la membrana es también elástica y permite apreciar el vacío subyacente. En las regiones plantares se perciben idénticas zonas y características. Comprimiéndolas al mismo tiempo, ya sea la región dorsal o plantar, se aprecia el vacío existente, así como el pie perforado».

Tras detallar también la llaga del costado, Luigi Romanelli concluía, rotundo, su informe: «Se excluye que la etiología de las lesiones del Padre Pío sea de origen natural sino que el agente productor debiera buscarse, sin temor a equivocarnos, en lo sobrenatural, ya que el hecho constituye por sí mismo un fenómeno inexplicable sólo desde la ciencia humana».

A idéntica conclusión llegó el doctor Giorgio Festa; lo mismo que su homólogo Andrea Cardona, quien en 1968, tras reconocer al Padre Pío, manifestó: «En ambas manos he hallado orificios del diámetro aproximado de uno y medio centímetros, respectivamente, que atravesaban las palmas de un lado a otro, filtrándose por ellos la luz; con la presión, las yemas de mis dedos índice y pulgar se tocaban».

Resultaba imposible explicar así fenómenos sobrenaturales a la exclusiva luz de la ciencia; igual que sucedía con otros carismas con los que Jesús adornó al Padre Pío: bilocación, introspección de conciencias o profecía. En el proceso de canonización se amontonan centenares de testimonios documentados que dan fe hoy de todos y cada uno de ellos.

— La burda treta de Gemelli

Para enturbiar la verdad, el padre Agostino Gemelli arrojó sus propias cartas marcadas al cesto del oprobio. Curiosamente, pertenecía a la Orden de Hermanos Menores Franciscanos y unía a su condición de médico, las de rector de la Universidad Católica de Milán, consejero del Santo Oficio y amigo personal de Pío XI. Gemelli, precisamente, escribió un tratado para demostrar que todos los estigmatizados, a excepción de San Francisco de Asís y de Santa Catalina de Siena eran poco más o menos que unos farsantes. Y, naturalmente, el Padre Pío figuraba, a su juicio, entre ellos. Gemelli osó entonces entregar al Pontífice un informe denigratorio sobre el Padre Pío... ¡sin haber examinado sus estigmas! Al contrario que Romanelli y Festa, quienes, tras estudiarlos minuciosamente, desenmascararon finalmente a Gemelli. La autosugestión era un camelo: no por creer que fuera un buey, al Padre Pío iban a salirle cuernos en la cabeza.

Fuente: larazon.es

DOMINGO DE LA 21 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo B (Lecturas)

Josué 24,1-2a.15-17.18b
Salmo 33: Gustad y ved, que bueno es el Senor
Efesios 5,21-32
Juan 6,60-69

Josué 24,1-2a.15-17.18b

En aquellos días, Josué reunió a las tribus de Israel en Siquén. Convocó a los ancianos de Israel, a los cabezas de familia, jueces y alguaciles, y se presentaron ante el Señor. Josué habló al pueblo: «Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis; yo y mi casa serviremos al Señor.» El pueblo respondió: «¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!»

Salmo 33: Gustad y ved, que bueno es el Señor

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
R. Gustad y ved, que bueno es el Señor

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
R. Gustad y ved, que bueno es el Señor

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra fe sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
R. Gustad y ved, que bueno es el Senor

Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.
R. Gustad y ved, que bueno es el Señor

La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.
R. Gustad y ved, que bueno es el Señor

Efesios 5,21-32

Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres corno Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

Juan 6,60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.»Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

jueves, 20 de agosto de 2015

Mateo 22,1-14: "¿Cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?"

Mateo 22,1-14
Jueves de la 20 Semana del Tiempo Ordinario, Año I
Domingo de la 28 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo A

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

SOBRE EL MISMO TEMA:  
por M.Dolors Gaja, MN.

JUEVES DE LA 20 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Jueces 11,29-39a
Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
Mateo 22,1-14

Jueces 11,29-39a

En aquellos días, el espíritu del Señor vino sobre Jefté, que atravesó Galaad y Manasés, pasó a Atalaya de Galaad, de allí marchó contra los amonitas, e hizo un voto al Señor: "Si entregas a los amonitas en mi poder, el primero que salga a recibirme a la puerta de mi casa, cuando vuelva victorioso de la campaña contra los amonitas, será para el Señor, y lo ofreceré en holocausto." Luego marchó a la guerra contra los amonitas. El Señor se los entregó; los derrotó desde Aroer hasta la entrada de Minit (veinte pueblos) y hasta Pradoviñas. Fue una gran derrota, y los amonitas quedaron sujetos a Israel.Jefté volvió a su casa de Atalaya. Y fue precisamente su hija quien salió a recibirlo, con panderos y danzas; su hija única, pues Jefté no tenía más hijos o hijas. En cuanto la vio, se rasgó la túnica, gritando: "¡Ay, hija mía, que desdichado soy! Tú eres mi desdicha, porque hice una promesa al Señor y no puedo volverme atrás." Ella le dijo: "Padre, si hiciste una promesa al Señor, cumple lo que prometiste, ya que el Señor te ha permitido vengarte de tus enemigos." Y le pidió a su padre: "Dame este permiso: déjame andar dos meses por los montes, llorando con mis amigas, porque quedaré virgen." Su padre le dijo: "Vete." Y la dejó marchar dos meses, y anduvo con sus amigas por los montes, llorando porque iba a quedar virgen. Acabado el plazo de los dos meses, volvió a casa, y su padre cumplió con ella el voto que había hecho.

Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: "Aquí estoy."
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Como está escrito en mi libro-
"para hacer tu voluntad."
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Mateo 22,1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda."Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos."

martes, 18 de agosto de 2015

El Camino de Santiago y de todas las religiones


MARTES DE LA 20 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año I (Lecturas)

Jueces 6,11-24a
Salmo 84: El Señor anuncia la paz a su pueblo
Mateo 19,23-30

Jueces 6,11-24a

En aquellos días, el ángel del Señor vino y se sentó bajo la encina de Ofrá, propiedad de Joás de Abiezer, mientras su hijo Gedeón estaba trillando a látigo en el lagar, para esconderse de los madianitas. El ángel del Señor se le apareció y le dijo: "El Señor está contigo, valiente." Gedeón respondió: "Perdón, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha venido encima todo esto? ¿Dónde han quedado aquellos prodigios que nos contaban nuestros padres: "De Egipto nos sacó el Señor"? La verdad es que ahora el Señor nos ha desamparado y nos ha entregado a los madianitas." El Señor se volvió a él y le dijo: "Vete, y con tus propias fuerzas salva a Israel de los madianitas. Yo te envío." Gedeón replicó: "Perdón, ¿cómo puedo yo librar a Israel? Precisamente mi familia es la menor de Manasés, y yo soy el más pequeño en casa de mi padre." El Señor contestó: "Yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre." Gedeón insistió: "Si he alcanzado tu favor, dame una señal de que eres tú quien habla conmigo. No te vayas de aquí hasta que yo vuelva con una ofrenda y te la presente." El Señor dijo: "Aquí me quedaré hasta que vuelvas."Gedeón marchó a preparar un cabrito y unos panes ázimos con media fanega de harina; colocó luego la carne en la cesta y echó el caldo en el puchero; se los llevó al Señor y se los ofreció bajo la encina. El ángel del Señor le dijo: "Coge la carne y los panes ázimos, colócalos sobre esta roca y derrama el caldo." Así lo hizo. Entonces el ángel del Señor alargó la punta del cayado que llevaba, tocó la carne y los panes, y se levantó de la roca una llamarada que los consumió. Y el ángel del Señor desapareció. Cuando Gedeón vio que se trataba del ángel del Señor, exclamó: "¡Ay Dios mío, que he visto al ángel del Señor cara a cara!" Pero el Señor le dijo: "¡Paz, no temas, no morirás!" Entonces Gedeón levantó allí un altar al Señor y le puso el nombre de "Señor de la Paz".

Salmo 84: El Señor anuncia la paz a su pueblo

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
"Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón."
R. El Señor anuncia la paz a su pueblo

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.
R. El Señor anuncia la paz a su pueblo

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.
R. El Señor anuncia la paz a su pueblo

Mateo 19,23-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios." Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: "Entonces, ¿quién puede salvarse?" Jesús se les quedó mirando y les dijo: "Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo." Entonces le dijo Pedro: "Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?" Jesús les dijo: "Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros."

sábado, 15 de agosto de 2015

DOMINGO DE LA 20 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B por José Antonio Pagola

Proverbios 9,1-6
Salmo 33
Efesios 5,15-20
Juan 6,51-58


Proverbios 9,1-6

La Sabiduría se ha construido su casa plantando siete columnas, ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado a sus criados para que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad: «Los inexpertos que vengan aquí, quiero hablar a los faltos de juicio: "Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia."»

Salmo 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor.
¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Efesios 5,15-20

Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos. Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu. Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor. Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Juan 6,51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron;,el que come este pan vivirá para siempre.»

Comentario de José Antonio Pagola:
ALIMENTARNOS DE JESÚS

Según el relato de Juan, una vez más los judíos, incapaces de ir más allá de lo físico y material, interrumpen a Jesús, escandalizados por el lenguaje agresivo que emplea: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?". Jesús no retira su afirmación sino que da a sus palabras un contenido más profundo.

El núcleo de su exposición nos permite adentrarnos en la experiencia que vivían las primeras comunidades cristianas al celebrar la eucaristía. Según Jesús, los discípulos no solo han de creer en él, sino que han de alimentarse y nutrir su vida de su misma persona. La eucaristía es una experiencia central en los seguidores de Jesús.

Las palabras que siguen no hacen sino destacar su carácter fundamental e indispensable: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida". Si los discípulos no se alimentan de él, podrán hacer y decir muchas cosas, pero no han de olvidar sus palabras: "No tenéis vida en vosotros".

Para tener vida dentro de nosotros necesitamos alimentarnos de Jesús, nutrirnos de su aliento vital, interiorizar sus actitudes y sus criterios de vida. Este es el secreto y la fuerza de la eucaristía. Solo lo conocen aquellos que comulgan con él y se alimentan de su pasión por el Padre y de su amor a sus hijos.

El lenguaje de Jesús es de gran fuerza expresiva. A quien sabe alimentarse de él, le hace esta promesa: "Ese habita en mí y yo en él". Quien se nutre de la eucaristía experimenta que su relación con Jesús no es algo externo. Jesús no es un modelo de vida que imitamos desde fuera. Alimenta nuestra vida desde dentro.

Esta experiencia de "habitar" en Jesús y dejar que Jesús "habite" en nosotros puede transformar de raíz nuestra fe. Ese intercambio mutuo, esta comunión estrecha, difícil de expresar con palabras, constituye la verdadera relación del discípulo con Jesús. Esto es seguirle sostenidos por su fuerza vital.

La vida que Jesús transmite a sus discípulos en la eucaristía es la que él mismo recibe del Padre que es Fuente inagotable de vida plena. Una vida que no se extingue con nuestra muerte biológica. Por eso se atreve Jesús a hacer esta promesa a los suyos: "El que come este pan vivirá para siempre".

Sin duda, el signo más grave de la crisis de la fe cristiana entre nosotros es el abandono tan generalizado de la eucaristía dominical. Para quien ama a Jesús es doloroso observar cómo la eucaristía va perdiendo su poder de atracción. Pero es más doloroso aún ver que desde la Iglesia asistimos a este hecho sin atrevernos a reaccionar. ¿Por qué?

DOMINGO DE LA 20 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B, por Francisco González, S.F.

Proverbios 9,1-6
Salmo 33
Efesios 5,15-20
Juan 6,51-58


Proverbios 9,1-6

La Sabiduría se ha construido su casa plantando siete columnas, ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado a sus criados para que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad: «Los inexpertos que vengan aquí, quiero hablar a los faltos de juicio: "Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia."»

Salmo 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor.
¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Efesios 5,15-20

Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos. Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu. Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor. Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Juan 6,51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Comentario de Mons. Francisco González, S.F
Obispo auxiliar de Washington, D.C.


En la primera lectura encontramos la Sabiduría que se nos presenta personificada e invitándonos al banquete que ha preparado. ¿A quién invita? Me inclino a decir que a todos, pero de una forma especial a los inexpertos, a los faltos de juicio, pues ellos carecen de esa gran virtud, que es la prudencia, y pueden gastar su vida, o buscar el alimento que verdaderamente no da la vida que vale la pena vivirla. En el banquete preparado por la Sabiduría hay el pan y vino que nos dan el sustento, el alimento que hace posible podamos vivir nuestra vida en plenitud.

En la segunda lectura Pablo, el gran Apóstol, exhorta a los Efesios y a todo el mundo a ser sensatos, a ser prudentes, como se nos decía en la primera lectura. Hoy estamos sufriendo una crisis que afecta a la mayoría de la gente, y como siempre y de una manera más profunda a los más necesitados. Tal vez los llamados expertos han buscado la ganancia en sus cuentas, y han aconsejado inversiones que estaban condenadas al fracaso, haciendo que los "no expertos" les entregaran su dinerito, y así estos últimos han perdido "su dinerito", y los que ya tenían han aumentado "su dinerazo".

"Sabed comprar, les decía el Apóstol, y no os emborrachéis con vino que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu", del Espíritu en mayúscula, que es el que da del bueno, como el que sirve la Sabiduría a los que se han acercado al banquete que ella ha preparado.

El evangelio, ya llevamos cuatro domingos seguidos reflexionando sobre el capítulo VI de San Juan, se conecta muy bien con las dos lecturas anteriores de este vigésimo domingo del Tiempo Ordinario.

En nuestra vida tenemos prioridades, hay algunas cosas que las consideramos más importantes que otras, lo cual es muy lógico, aunque a veces la lógica desaparece al discernir las prioridades. Cuando uno carece de las virtudes mencionadas en el libro de la Sabiduría y la carta a los Efesios, o sea la prudencia y sensatez, cae en la trampa de lo que puede ser simplemente atractivo, sin ningún otro valor, o eligiendo lo que es bueno, usa medios que no ayudan a conseguirlo.

En nuestro cotidiano vivir ponemos por encima de todo la buena salud, pues sin ella es difícil disfrutar de la vida. El Señor en el pasaje evangélico de esta Liturgia de la Palabra nos habla de dónde nos viene la formula para que nuestra vida sea saludable, para que podamos vivir satisfechos: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que como de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo". Más adelante vuelve a insistir el Señor: "Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros".

"Comer su carne y beber su sangre", esa Comunión que verdaderamente nos da vida, esa Comunión que algunos Padres de la Iglesia, como San Ignacio de Antioquia en una de sus cartas la describe llamándola "medicina de la inmortalidad, antídoto para no morir, sino para vivir siempre en Jesucristo". Por eso, como nos recuerda un autor moderno, al comulgar tenemos que recordar que "esa carne fue entregada y esa sangre fue derramada" para la salvación del género humano, y que nosotros en imitación del Señor, salimos a dar, entregar y derramar nuestra vida a favor de nuestros hermanos, de esa forma habrá vida, y la podremos disfrutar en plenitud.

En este pasaje evangélico encontramos una invitación que se nos hace para orar y trabajar para poder llevar no sólo esa Comunión por el mundo entero, sino también añadir el pan material, la harina, el arroz, el agua potable, las medicinas que puede servir para quitar el hambre a tantos millones de personas; para llevar la educación a tantos millones de personas que podrían mejorar ellas mismas su vida a través de los conocimientos adquiridos.

Todo eso y mucho más podríamos conseguir si sentándonos en el banquete que nos ofrece la Sabiduría cambiáramos nuestra falta de juicio por la prudencia; si sabiendo comprar lo que es importante nos dejáramos llenar del Espíritu: si comiendo Su carne y bebiendo Su sangre aprendiéramos a ofrecernos a favor del prójimo para su bien, para que pudiera disfrutar su vida a plenitud.

Juan 6,52-59: Discurso sobre el pan de vida

Juan 6,52-59
Viernes de la 3 Semana de Pascua
Domingo de la 20 Semana del Tiempo Ordinario, Año B

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?" Entonces Jesús les dijo: "Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre." Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

SOBRE EL MISMO TEMA: 
por Francisco González, SF.
por Jose Antonio Pagola

DOMINGO DE LA 20 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B

Proverbios 9,1-6
Salmo 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor
Efesios 5,15-20
Juan 6,51-58

Proverbios 9,1-6

La Sabiduría se ha construido su casa plantando siete columnas, ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado a sus criados para que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad: «Los inexpertos que vengan aquí, quiero hablar a los faltos de juicio: "Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia."»

Salmo 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor.
¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor

Efesios 5,15-20

Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos. Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu. Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor. Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Juan 6,51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron;,el que come este pan vivirá para siempre.»