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lunes, 19 de agosto de 2024

Libro de Josué 8,1-35: Conquista de Ay

Libro de Josué 
LA CONQUISTA DE AY
Eclo 46,2

Capítulo 8
Orden dada a Josué

1 El Señor dijo a Josué: –No temas ni te acobardes. 
    Vete con tu ejército a atacar Ay, que yo te pongo en las manos a su rey, 
    su gente, la ciudad y sus campos. 
2 Trata a la ciudad y a su rey como trataste a Jericó y a su rey. 
   Sólo se llevarán el botín y el ganado. Pon emboscadas al otro lado del pueblo. 
3 Josué y su ejército prepararon el ataque de Ay. 
   Josué escogió treinta mil soldados y los envió durante la noche 
4 con estas instrucciones: –Presten atención, ustedes estarán emboscados detrás del pueblo, 
   pero sin alejarse mucho, manténganse alerta; 
5 yo y los míos nos acercaremos. Cuando el enemigo salga contra nosotros, 
   como la primera vez, huiremos ante ellos; 
6 ellos saldrán detrás, pensando que huimos como la primera vez, 
   y así lograremos alejarlos del pueblo. 
7 Entonces salgan de la emboscada y apodérense de la ciudad –el Señor se las entregará– 
8 y en cuanto la ocupen, la incendiarán. Hagan lo que ha dicho el Señor. Éstas son mis órdenes. 
9 Los despachó, y fueron a ubicarse en el lugar de la emboscada entre Betel y Ay, al oeste de Ay. 
   Josué pasó aquella noche entre la tropa. 
10 Se levantó temprano, pasó revista a la tropa y marchó contra Ay. 
     El iba a la cabeza, con los ancianos de Israel. 
11 Todos los soldados que los acompañaban fueron acercándose a Ay, hasta llegar frente a ella, 
     y acamparon al norte, dejando el valle entre ellos y el pueblo. 
12 Josué había tomado unos cinco mil hombres y los había emboscado entre Betel y Ay, 
     al oeste de la villa. 
13 El grueso del ejército acampó al norte, la retaguardia al oeste de la villa. 
     Josué fue aquella noche hasta la mitad del valle. 

Batalla de Ay

14 Cuando el rey de Ay lo descubrió, despertó a toda prisa a la gente 
     y salió con su ejército a presentar batalla a Israel, en la bajada frente al desierto, 
     sin saber que le habían tendido una emboscada detrás de la ciudad. 
15 Josué y los israelitas cedieron ante ellos y emprendieron la fuga camino del desierto. 
16 Los de Ay salieron gritando tras ellos y persiguieron a Josué, alejándose de la ciudad; 
17 no quedó uno en Ay que no saliera en persecución de los israelitas 
     y por perseguirlos dejaron la ciudad desguarnecida. 
18 El Señor dijo a Josué: –Extiende en dirección de Ay la lanza que llevas en la mano, 
     porque la entrego en tu poder. 
19 Josué extendió en dirección de Ay la lanza que llevaba en la mano, 
     y los de la emboscada salieron corriendo de sus posiciones, entraron en la ciudad, 
     la ocuparon y la incendiaron en seguida. 

Desastre de la gente de Ay

20 Los de Ay se volvieron a mirar y vieron que subía de la ciudad una humareda hasta el cielo 
     y que no tenían escapatoria por ninguna parte, porque los que habían huido hacia el desierto 
     se volvieron contra sus perseguidores. 
21 Ya que Josué y los israelitas, viendo que los de la emboscada habían incendiado la ciudad, 
     por la humareda que subía, se dieron la vuelta y atacaron a los de Ay 
22 y por su parte los de la emboscada salieron de Ay a su encuentro, 
     y así se vieron encerrados entre dos ejércitos israelitas. 
     Israel los derrotó hasta no dejarles un superviviente ni un fugitivo. 
23 Al rey de Ay lo apresaron vivo y se lo llevaron a Josué. 
24 Cuando los israelitas acabaron de matar a todos los de Ay que habían salido a campo abierto 
     en su persecución, haciéndolos caer a todos a filo de cuchillo, hasta el último, 
     se volvieron contra Ay y pasaron a cuchillo a sus habitantes. 
25 Las bajas de aquel día fueron doce mil entre hombres y mujeres, toda gente de Ay. 

El anatema y la ruina

26 Josué tuvo extendido el brazo con la lanza hasta que exterminaron a todos los de Ay. 
27 Los israelitas se llevaron sólo el ganado y el botín, como había ordenado el Señor a Josué. 
28 Josué incendió la ciudad, reduciéndola a un montón de escombros, que dura hasta hoy. 
29 Al rey de Ay lo ahorcó de un árbol y lo dejó allí hasta la tarde; 
     al ponerse el sol mandó bajar del árbol el cadáver, 
     lo tiraron junto a la puerta de la ciudad y lo cubrieron con un montón enorme de piedras, 
     que se conserva hasta hoy. 

SACRIFICIO Y LECTURA DE LA LEY SOBRE EL MONTE EBAL
El altar de piedras sin labrar

30 Entonces levantó Josué un altar al Señor, Dios de Israel, en el monte Ebal, 
31 como había mandado Moisés, siervo del Señor, a los israelitas 
     –está escrito en el libro de la ley de Moisés–: un altar de piedras enteras, no labradas a hierro, 
     y ofrecieron sobre él holocaustos y sacrificios de comunión. 

Lectura de la Ley

32 Allí escribió Josué sobre las piedras una copia de la ley 
     que Moisés había escrito en presencia de los israelitas. 
33 Todo Israel, los ancianos, los escribas y los jueces estaban a ambos lados del arca, 
     frente a los sacerdotes levitas portadores del arca de la alianza del Señor. 
     Tanto el extranjero como el nativo: la mitad hacia el monte Garizín, 
     la otra mitad hacia el monte Ebal, 
     como había mandado Moisés, siervo del Señor, 
     cuando bendijo por primera vez al pueblo israelita. 
34 Josué leyó todo el texto de la ley, bendiciones y maldiciones, 
     tal como está escrito en el libro de la Ley. 
35 De cuanto prescribió Moisés no quedó ni una palabra 
     que Josué no leyera ante la asamblea de Israel, 
     incluidos niños, mujeres y los extranjeros que iban con ellos. 

sábado, 24 de febrero de 2024

DOMINGO DE SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA, Ciclo B (Lecturas)

Génesis 22,1-2.9a.10-13.15-18
Salmo 115: Caminaré en presencia del Señor 
en el país de la vida
Romanos 8,31b-34
Marcos 9,2-10


En aquellos días Dios puso a prueba a Abrahán llamándole:
— ¡Abrahán!
Él respondió:
—  Aquí me tienes.
Dios le dijo:
—  Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo en sacrificio, sobre uno de los montes que yo te indicaré.
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí un altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso en el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor gritó desde el cielo:
— ¡Abrahán, Abrahán!
Él contestó:
— Aquí me tienes.
Dios le ordenó:
— No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo.
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:
— Juro por mí mismo —oráculo del Señor—: Por haber hecho eso, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistaran las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.


Salmo 115: Caminaré en la presencia del Señor, 
en el país de la vida

Tenía fe, aun cuando dije:
“Qué desgraciado soy."
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de tus fieles.
R.- Caminaré en la presencia del Señor, 
en el país de la vida

Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
R.- Caminaré en la presencia del Señor, 
en el país de la vida

Cumpliré al Señor mis votos,
en presencia de todo el pueblo;
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti Jerusalén.
R.- Caminaré en la presencia del Señor, 
en el país de la vida



Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con Él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica, ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?



En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les apreció Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:
— Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube:
—  Este es mi Hijo amado; escuchadlo.
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús los mandó:
— No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado y discutían que querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.

sábado, 30 de julio de 2022

Oseas 6,1-6: Retorno pasajero de Israel al Señor

Oseas 6,1-6

Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de él. Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra. "¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra piedad es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de los profetas, os condené con la palabra de mi boca. Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos."

domingo, 10 de julio de 2022

Isaías 1,10-20: Segunda requisitoria

Isaías 1,10-20 
Segunda requisitoria

10 Escuchen la Palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, 
     pueblo de Gomorra.
11 ¿De qué me sirve la multitud de sus sacrificios? –dice el Señor–. Estoy harto de holocaustos 
     de carneros, de grasa de animales cebados; la sangre de novillos, corderos y chivos no me agrada. 
12 Cuando entran a visitarme y pisan mis atrios, ¿quién exige algo de sus manos? 
13 No me traigan más ofrendas sin valor, el humo del incienso es detestable. 
     Lunas nuevas, sábados, asambleas... no aguanto reuniones y crímenes. 
14 Sus solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. 
15 Cuando extienden las manos, cierro los ojos; aunque multipliquen las plegarias, no los escucharé. 
     Sus manos están llenas de sangre.
16 Lávense, purifíquense, aparten de mi vista sus malas acciones. Cesen de obrar mal, 
17 aprendan a obrar bien; busquen el derecho, socorran al oprimido; defiendan al huérfano, 
     protejan a la viuda. 
18 Entonces, vengan, y discutamos –dice el Señor–. Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, 
     se volverán blancos como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana. 
19 Si saben obedecer, comerán lo sabroso de la tierra; 
20 si rehúsan y se rebelan, la espada los comerá. Lo ha dicho el Señor.

SOBRE EL MISMO TEMA:

martes, 7 de diciembre de 2021

Isaías 19,16-25: Conversión de Egipto y Asiria

Isaías 19,16-25:
Conversión de Egipto y Asiria


16 Aquel día los egipcios serán como mujeres: se asustarán y temblarán 
     ante la mano que el Señor Todopoderoso agita contra ellos.
17 Judea será el espanto de Egipto: sólo mencionarla, le producirá terror, 
     por el plan que el Señor Todopoderoso planea contra él. 
18 Aquel día habrá en Egipto cinco ciudades que hablarán la lengua de Canaán 
     y que jurarán por el Señor Todopoderoso; una de ellas se llamará Ciudad del Sol.
19 Aquel día habrá en medio de Egipto un altar del Señor y un monumento al Señor junto a la frontera. 
20 Serán signo y testimonio del Señor Todopoderoso en territorio egipcio. 
     Si claman al Señor contra el opresor, él les enviará un salvador y defensor que los libre.
21 El Señor se manifestará a los egipcios, y ellos reconocerán aquel día al Señor. 
     Le ofrecerán sacrificios y ofrendas, harán votos al Señor y los cumplirán. 
22 El Señor herirá a los egipcios: los herirá y los sanará; 
     ellos volverán al Señor, él los escuchará y los sanará. 
23 Aquel día habrá una calzada de Egipto a Asiria: los asirios irán a Egipto y los egipcios a Asiria; 
     los egipcios con los asirios darán culto a Dios. 
24 Aquel día Israel será mediador entre Egipto y Asiria, será una bendición en medio de la tierra; 
25 porque el Señor Todopoderoso lo bendice diciendo: 
     ¡Bendito mi pueblo, Egipto, y la obra de mis manos, Asiria, y mi herencia, Israel!

viernes, 14 de julio de 2017

Génesis 15,1-21: Alianza con promesas

Gn 15,5-12.17-18
Domingo de la 2 Semana de Cuaresma, ciclo C

15:1 Después de estos sucesos fue dirigida la palabra del Señor a Abram en visión, en estos términos: "No temas, Abram. Yo soy para ti un escudo. Tu premio será muy grande."
15:2 Dijo Abram: "Mi Dios y Señor, ¿qué me vas a dar, si me voy sin hijos...?"
15:3 Dijo Abram: "He aquí que no me has dado descendencia, y un criado de mi casa me va a heredar."
15:4 Mas he aquí que la palabra del Señor le dijo: "No te heredará ése, sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas."
15:5 Y sacándole afuera, le dijo: "Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas." Y le dijo: "Así será tu descendencia." 
15:6 Y creyó él en el Señor, el cual se lo reputó por justicia.   
15:7 Y le dijo: "Yo soy el Señor que te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra en propiedad."
15:8 El dijo: "Señor, Señor, ¿en qué conoceré que ha de ser mía?"
15:9 Díjole: "Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón."
15:10 Tomó él todas estas cosas, y partiéndolas por medio, puso cada mitad enfrente de la otra. Los pájaros no los partió.
15:11 Las aves rapaces bajaron sobre los cadáveres, pero Abram las espantó.
15:12 Y sucedió que estando ya el sol para ponerse, cayó sobre Abram un sopor, y de pronto le invadió un gran sobresalto.
15:13 El Señor dijo a Abram: "Has de saber que tus descendientes serán forasteros en tierra extraña. Los esclavizarán y oprimirán durante cuatrocientos años.     
15:14 Pero yo a mi vez juzgaré a la nación a quien sirvan; y luego saldrán con gran hacienda.
15:15 Tú en tanto vendrás en paz con tus padres, serás sepultado en buena ancianidad.
15:16 Y a la cuarta generación volverán ellos acá; porque hasta entonces no se habrá colmado la maldad de los amorreos."
15:17 Y, puesto ya el sol, surgió en medio de densas tinieblas un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre aquellos animales partidos.
15:18 Aquel día firmó el Señor una alianza con Abram, diciendo: "A tu descendencia he dado esta tierra, desde el río de Egipto hasta el Río Grande, el río Eufrates: 
15:19 los quenitas, quenizitas, cadmonitas,
15:20 hititas, perizitas, refaítas,
15:21 amorreos, cananeos, guirgasitas y jebuseos."

viernes, 3 de marzo de 2017

Salmo 50,3-4.5-6a.18-19: Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias

Viernes después del Miércoles de Ceniza  
Miércoles de la 1 Semana de Cuaresma
Sábado de la 3 Semana de Cuaresma
Vigilia Pascual

Salmo 50,3-4.5-6a.18-19: 
Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
R. Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
R. Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.
R. Un corazón quebrantado y humillado, 
tú, Dios mío, no lo desprecias

SOBRE EL SALMO 50:
Miserere  

jueves, 2 de junio de 2016

Marcos 12,28b-34: El mandamiento principal

Marcos 12,28b-34
Jueves de la 9 Semana del Tiempo Ordinario, I y II


En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: "¿Qué mandamiento es el primero de todos?" Respondió Jesús: "El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos." El escriba replicó: "Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios." Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: "No estás lejos del reino de Dios." Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.


SOBRE EL MISMO TEMA:

lunes, 4 de abril de 2016

Salmo 39,7-8a.8b-9.10.11: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

25 de marzo: Anunciación del Señor
Salmo 39,7-8a.8b-9.10.11: 
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: "Aquí estoy."
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

"-Como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad."
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

No me he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante la gran asamblea.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

martes, 1 de marzo de 2016

Daniel 3,25.34-43: Acepta nuestro espíritu humilde

Daniel 3,25.34-43

En aquellos días, Azarías se detuvo a orar y, abriendo los labios en medio del fuego, dijo: "Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor. Trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor."

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Acepta nuestro nuestro espíritu humilde"

Se trata de una confesión de los pecados del pueblo, compuesta sin duda en la misma fecha que el Libro de Daniel (persecución de Antíoco, 165 a. d. J.C.), pero inserta después en el texto sagrado.

El que reza suplica a Dios que se cumpla su promesa de hacer de Israel un pueblo numeroso (vv. 36-37). Para que sea eficaz esta oración, es necesario que se pueda hacer al menos en medio de sacrificios litúrgicos o por intermedio de un profeta. Pero ya no hay ni profeta, ni jefe, ni sacrificio en estos tiempos de persecución (v. 38).

¿Quiere decir esto que cualquier oración es vana? Al contrario, el autor de la oración descubre el alcance de sacrificio de la penitencia y de la contrición. La oración del perseguido vale por todos los sacrificios de ovejas y corderos (v. 39). La doctrina del sacrificio espiritual está al mismo nivel, por tanto, que la persecución. El siervo paciente es ya una víctima de sacrificio; los mártires de Antíoco también lo son. Cristo transforma definitivamente la persecución que sufre en sacrificio.

Proceso de purificación:

Dios ha educado progresivamente a su pueblo a que pase de los sacrificios de sangre del comienzo a los sacrificios de oblación espiritual inaugurados por Cristo. Se pueden discernir varias etapas en esta evolución.

La etapa "cuantitativa" en la que los judíos ofrecen un holocausto de tipo pagano, el diezmo y las primicias de sus bienes (Lv 2.; Dt 26. 1-11). Se trata de un sacrificio de ritos, ya que su riqueza y la abundancia de sus bienes se manifiestan incluso en sus sacrificios, asegurándoles una importancia (y, por tanto, un valor religioso) mayor (2 Cr 7,1-7). No obstante, este tipo de sacrificio se desarrolla sin comprometer verdaderamente a los que participan en él; el campesino judío lleva la víctima y el sacerdote la sacrifica según los ritos. Sólo se compromete la víctima..., pero ella lo ignora. Aún estamos lejos del sacrificio ideal en que el sacerdote y la víctima coinciden en una sola persona.

La reacción de los profetas contra este tipo de sacrificio que deja de lado la actitud espiritual y moral, será violenta, pero estéril, a menudo (Am 5,21-27; Jr 7,1-15; Is 1,11-17; Os 6,5-6). Será necesario esperar el exilio para que tomen forma las primeras realizaciones de un sacrificio espiritual.

En efecto, en el sacrificio de expiación, tipo de sacrificio que aparece sobre todo en esta época (Nm 29,7-11), el aspecto cuantitativo desaparece para dar paso a una expresión más marcada de los sentimientos de humildad y pobreza. El esfuerzo más claro para esta espiritualización se notará sobre todo en los salmos (Sal 39/40,7-10; 50/51,18-19; 49/50; Jl 1,13-14; Dn 3,37-43) Poco a poco, se llega a tener conciencia de que el sentimiento personal constituye la esencia del sacrificio. El sacrificio del Siervo paciente será el tipo de sacrificio del futuro (Is 53. 1-10).

Jesús tiene claramente este último punto de vista. Son su obediencia y su pobreza las que constituyen la materia de su sacrificio (Hb 2. 17-18; Rm 5. 19; Hb 10. 5-7; Mt 27. 38-60; Lc 18. 9-14). También hace de ello su oblación, al igual que la oblación del Siervo que sufre (Jn 13. 1-5; Lc 22. 20; 23. 37; Mt 26. 3-5).

A su vez, este sacrificio del cristiano sigue la línea del sacrificio de Cristo; una vida de obediencia y de amor que, por su asociación con Cristo, tiene valor litúrgico (Rm 12. 1-2; Hb 9. 14). Tenemos que recordarnos continuamente que un culto que no sea la expresión de un "sacrificio espiritual" así perdería su sentido radicalmente. 

lunes, 29 de febrero de 2016

Daniel 3,25.34-43: Oración de Azarías

Daniel 3,25.34-43
Martes de la 3 Semana de Cuaresma

En aquellos días, Azarías se detuvo a orar y, abriendo los labios en medio del fuego, dijo: "Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor. Trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor."

SOBRE EL MISMO TEMA:
Acepta nuestro espíritu humilde     

martes, 23 de febrero de 2016

Salmo 49: Un culto sin justicia y un culto con justicia

Salmo 49: Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños.
R. Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?
R. Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.
R. Al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios

— Comentario por Reflexiones Católicas  
"Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios" 

Es un salmo de denuncia profética. Un profeta ve lo que está sucediendo, no se calla y proclama su denuncia en nombre de Dios. En este tipo de salmos se suele emplear un lenguaje duro, típico de los profetas vinculados a causas populares. Estos profetas estaban normalmente ligados a grupos populares de la periferia y del campo, convirtiéndose en sus portavoces.

Este salmo presenta el desarrollo de un juicio, con su juez, sus oyentes, los testigos, el acusado y la acusación (falta la sentencia). Consta de tres partes —1-6; 7-21; 22-23—, que pueden, a su vez, dividirse en unidades menores.

Primera parte (1-6):

Tenemos la apertura solemne de la sesión del juicio. El Juez se llama «el Señor», y es presentado de forma espectacular; precedido por un fuego devorador y rodeado por una violenta tempestad (3). Es el Dios de la Alianza sellada en el monte Sinaí. El fuego y la tempestad en muchas ocasiones son, en la Biblia, elementos teofánicos (es decir; signos de la manifestación de Dios).

La tierra entera está convocada a este juicio (4a; véase Dt 30,19). ¿Qué es lo que va a suceder? El juicio del pueblo de Dios (4b), de aquellos que sellaron con él una alianza (5). Dios mismo (cielo) va a juzgar y a proclamar una sentencia (6); en este proceso, el Señor va a ser declarado inocente y el pueblo, la otra parte de la alianza, culpable. Tenemos que recordar, desde ahora, que no se pronuncia la sentencia. En el fondo, Dios espera la conversión de su socio en el pacto.

En la segunda parte (7-21): 

El Señor acusa. Se dirige a su pueblo, contra el que va a dar testimonio (7). ¿En qué consiste su acusación? Tiene dos partes; 8-16 y 17-21. En la primera (8-16) Dios no tiene nada que objetar a propósito de los sacrificios y del culto que se celebran en el templo. Por lo visto, funcionan a las mil maravillas, pero Dios, el compañero de la Alianza, está descontento. Este salmo reconoce que Dios no necesita sacrificios ni se alimenta de ellos. ¿Qué es lo que espera, entonces, de su pueblo? «Ofrece a Dios un sacrificio de confesión, y cumple tus votos al Altísimo. Invócame en el día de la angustia: yo te libraré y tú me darás gloria» (14-15).

La segunda parte de la acusación (16-21) es más concreta, y muestra por qué el socio del pueblo en la Alianza ha convocado un juicio y hace su acusación. Está indignado porque las relaciones sociales están totalmente corrompidas. Se dirige al malvado (16a) y hace desfilar delante de él una serie de transgresiones contra la fraternidad: violación de la propiedad (robo, 18a), de la integridad familiar (adulterio, l8b) y de la vida fraterna (calumnias o falsos testimonios en los tribunales, 20).

Se incumplen tres mandamientos, lo que rompe la Alianza. Es inútil querer disimular las injusticias por medio de sacrificios y celebraciones. Dios se siente herido cuando perjudicamos al hermano. Por eso no se calla, acusa y se lo echa todo en cara (21). Nótese que no se mencionan los mandamientos referentes a Dios: no tener otros dioses, etc. Sólo se recuerdan los tres mandamientos que hablan de las relaciones interpersonales.

La tercera parte (22-23): 

Es una especie de conclusión caracterizada por el deseo de conversión o por una invitación abierta a convertirse. A estas alturas cabría esperar la sentencia. Pero quien espera es Dios, el compañero de la Alianza que ha sido lesionado por la violencia ejercida contra el hermano. No olvidarse de Dios significa restablecer la justicia (22a), y al que sigue el buen camino, Dios le hará ver la salvación (23).

Este salmo nació en el seno de los grupos proféticos descontentos con la falsedad del culto (véase, por ejemplo, Is 58; Am 7,10- 17). En el templo, hermosas celebraciones, muchos sacrificios...; en las relaciones sociales, injusticias, violencia, explotación.

Uno de estos profetas tuvo la valentía de denunciar estas cosas, asumiendo el riesgo que ello suponía, en el lugar en que se producían: e1 templo de Jerusalén. Y está tan seguro de lo que dice, que llega incluso a afirmar que quien acusa no es él, sino el Señor. Esto vale sobre todo para Israel pero, en cierto modo, todo el inundo está llamado a reflexionar (1). La naturaleza entera participa de este proceso.

La Alianza entre Dios e Israel tenía como objetivo construir una sociedad fraterna. Y los mandamientos eran los instrumentos y herramientas para su construcción. El culto representaba la celebración festiva en que se conmemoraban las conquistas en el campo de la justicia, la libertad y la fraternidad. Cuando la sociedad engendra opresión, injusticia y muerte, ya no queda nada que conmemorar o festejar. Y el mayor de los crímenes consistiría en echarle las culpas a Dios. Este salmo declara inocente a Dios y responsabiliza al pueblo de la situación. Pretender engañar a Dios con sacrificios y celebraciones es tanto como querer cubrir el sol con un cedazo. Dios no se deja sobornar y sus siervos, los profetas, tampoco.

Este salmo, por tanto, presenta el conflicto existente entre un culto sin justicia y el culto con justicia, muy en la línea de los profetas auténticos.

Es evidente que detrás de este salmo está el Dios de la Alabanza. Este Dios se siente ofendido cuando hay injusticias, lo que indica que es el aliado de los débiles, de los humildes y de los tratados injustamente. Pone de manifiesto que la injusticia rompe la Alianza y, en estas circunstancias, es inútil tratar de sobornarlo con sacrificios o pretender cargarle con la responsabilidad. El culto que se le tributa, si no viene acompañado por la práctica de la justicia, es falso e inútil. No obstante como compañero de la Alianza, espera que Israel, su aliado, lo entienda y cumpla con su misión histórica.

Dios no pide nada para sí. Si queremos agradarle, el mejor camino es la práctica de la justicia y de la fraternidad. 

Isaías 1,10.16-20: Aprendan a obrar bien, busquen el derecho

Isaías 1,10.16-20

Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: "Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid y litigaremos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana. Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis; si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá. Lo ha dicho el Señor."

— Comentario por Reflexiones Católicas
"Aprendan a obrar bien, busquen el derecho" 

Obrar el bien y buscar la justicia, haciendo propia la causa de los pobres, será lo que manifestará si el hombre desea verdaderamente volver al Señor, arrepentido de sus pecados.

Este oráculo se remonta a los primeros años del ministerio del profeta Isaías (¿antes del 735?) y arremete, en el estilo colorista de Amós (Am 5,14-21), contra la hipocresía religiosa del pueblo.

Cabe suponer que este oráculo fue pronunciado en el curso de una celebración litúrgica (v. 13), sin duda en el momento en que se elevaba el humo de los sacrificios (v.11), mientras la multitud adoptaba la actitud de los orantes (v. 15).

El pueblo elegido piensa que proporciona un placer a Yavhé al pisar en gran número los patios de su templo y llevando ofrendas tan opulentas. Pero la impureza moral de quienes ofrecen esos sacrificios resulta tan repugnante que Yavhé no puede realmente tolerar esa religión sin fe.

Pero hay una posibilidad de que Dios acepte ese culto: que el pueblo se convierta dando acogida a los pobres y haciéndoles partícipes de la opulencia de los sacrificios de los que Yavhé prescindiría con gusto (vv. 16-18). El oráculo termina con una amenaza (v. 19) basada también en el concepto de la retribución temporal: o la obediencia y la abundancia, o la rebelión y el castigo.

La reforma litúrgica acometida por el Concilio Vaticano II muestra hasta qué punto el culto -en la conciencia de muchos- estaba aún en el plano de una religión sin fe. Buen número de cristianos -practicantes estacionales- tenía conciencia de cumplir así con Dios y estar después despreocupado por un buen espacio de tiempo; aceptaban fácilmente que esos deberes están representados por ritos pintorescos e incomprensibles: era el tributo que había que pagar a Dios para que proteja y bendiga su vida.

Pues bien: la reforma, cercenando los ritos, aligerando la ceremonia, empobreciéndola incluso en cierto sentido, llega a proponer ritos que no tendrán otra consistencia que la fe y la vida concreta de quienes los realizan y el encuentro entre Dios y el hombre. Y esa repentina desnudez del rito, su despojo hasta su reducción a la actitud y al intercambio sublevan a quienes hasta ahora podían ocultar sus sentimientos reales y escudarse con la participación en los sacramentos. En adelante el rito traducirá mejor la conversión personal y la de la comunidad; pero no podrá hacerlo sino respetando más el desenvolvimiento de cada conciencia, los medios vivenciales en que se manifiesta, las piedras de choque socio-culturales de la fe.

El profeta exhorta a cambiar de conducta y señala en qué consiste la verdadera religión: en obras de amor sincero: hacer el bien, defender al oprimido... todo lo que hemos visto en varios textos de Isaías durante la semana de ceniza.

Este peligro también lo tenemos nosotros: que nuestro culto a Dios esté situado en el plano de una religión sin fe. El rito, el culto, debe traducir siempre la conversión personal y la de la comunidad.

Fuente: Reflexiones Catolicas

lunes, 18 de enero de 2016

1 Samuel 15,16-23: Obedecer vale más que un sacrificio, por Fr. Jesús Duque O.P.

1 Samuel 15,16-23  

En aquellos días, Samuel dijo a Saúl:
— Déjame que te cuente lo que el Señor me ha dicho esta noche.
Contestó Saúl:
— Dímelo.
Samuel dijo:
— Aunque te creías pequeño, eres la cabeza de las tribus de Israel, porque el Señor te ha nombrado rey de Israel. El Señor te envió a esta campaña con orden de exterminar a esos pecadores amalecitas, combatiendo hasta acabar con ellos. ¿Por qué no has obedecido al Señor? ¿Por qué has echado mano a los despojos, haciendo lo que el Señor reprueba?
Saúl replicó:
— ¡Pero si he obedecido al Señor! He hecho la campaña a la que me envió, he traído a Agag, rey de Amalec, y he exterminado a los amalecitas. Si la tropa tomó del botín ovejas y vacas, lo mejor de lo destinado al exterminio, lo hizo para ofrecérselas en sacrificio al Señor tu Dios en Guilgal".
Samuel contestó:
— ¿Quiere el Señor sacrificios y holocaustos o quiere que obedezcan al Señor? Obedecer vale más que un sacrificio; ser dócil, más que grasa de carneros. Pecado de adivinos es la rebeldía, crimen de idolatría es la obstinación. Por haber rechazado al Señor, el Señor te rechaza hoy como rey".

— Comentario por Fr. Jesús Duque O.P., Convento de San Jacinto, Sevilla, España.
“Obedecer vale más que un sacrificio” 

El reinado de Saúl no tiene un final aseado, y nuestro texto así lo acredita, quizá preparando el terreno para el esplendor de David, el sucesor.

Ante el profeta, el rey se justifica con sus múltiples y exitosas campañas bélicas, con el botín logrado y con su exhibición de poder al exterminar a pueblos idólatras, en tanto que Yahvé sólo espera de él fidelidad y obediencia, respeto y confianza. El profeta hace ver al rey que prefiere verlo orientado hacia el verdadero protector de su pueblo, Yahvé, que multiplicando ofrendas y holocaustos que poco o nada le dicen de la calidad cordial del rey y del pueblo.

Y sea cual fuere el devenir de los dirigentes del pueblo de Israel, lo que el profeta pone de relieve es que es el Señor quien dirige y ama a su pueblo.

1 Samuel 15,16-23: Saúl rechazado por el Señor

1 Samuel 15,16-23
Lunes de la 2 Semana del Tiempo Ordinario, Año II  

En aquellos días, Samuel dijo a Saúl:
— Déjame que te cuente lo que el Señor me ha dicho esta noche.
Contestó Saúl:
— Dímelo.
Samuel dijo:
— Aunque te creías pequeño, eres la cabeza de las tribus de Israel, porque el Señor te ha nombrado rey de Israel. El Señor te envió a esta campaña con orden de exterminar a esos pecadores amalecitas, combatiendo hasta acabar con ellos. ¿Por qué no has obedecido al Señor? ¿Por qué has echado mano a los despojos, haciendo lo que el Señor reprueba?
Saúl replicó:
— ¡Pero si he obedecido al Señor! He hecho la campaña a la que me envió, he traído a Agag, rey de Amalec, y he exterminado a los amalecitas. Si la tropa tomó del botín ovejas y vacas, lo mejor de lo destinado al exterminio, lo hizo para ofrecérselas en sacrificio al Señor tu Dios en Guilgal".
Samuel contestó:
— ¿Quiere el Señor sacrificios y holocaustos o quiere que obedezcan al Señor? Obedecer vale más que un sacrificio; ser dócil, más que grasa de carneros. Pecado de adivinos es la rebeldía, crimen de idolatría es la obstinación. Por haber rechazado al Señor, el Señor te rechaza hoy como rey".

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Abrid el corazón a la novedad del Espíritu
Obedecer vale más que un sacrificio

domingo, 10 de enero de 2016

1 Samuel 1,1-8: Tristeza de Ana porque "el Señor la habia hecho estéril"

1 Samuel 1,1-8
Lunes de la 1 Semana del Tiempo Ordinario, Año II

Había un hombre sufita oriundo de Ramá, en la serranía de Efraím, llamado Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de Toju, hijo de Suf, efraimita. Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Fenina; Fenina tenía hijos, y Ana no los tenía. Aquel hombre solía subir todos los años desde su pueblo para adorar y ofrecer sacrificios al Señor de los ejércitos en Siló, donde estaban de sacerdotes del Señor los dos hijos de Elí, Jofní y Finés. Llegado el día de ofrecer el sacrificio, repartía raciones a su mujer Fenina para sus hijos e hijas, mientras que a Ana le daba sólo una ración; y eso que la quería, pero el Señor la había hecho estéril. Su rival la insultaba, ensañándose con ella para mortificarla, porque el Señor la había hecho estéril. Así hacía año tras año; siempre que subían al templo del Señor, solía insultarla así. Una vez Ana lloraba y no comía. Y Elcaná, su marido, le dijo: "Ana, ¿por qué lloras y no comes?, ¿por qué te afliges? ¿No te valgo yo más que diez hijos?"

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Orígenes del profeta Samuel