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miércoles, 21 de agosto de 2024

Libro de Josué 24,1-33: El pacto de Siquem

Libro de Josué
Capítulo 24

LA GRAN ASAMBLEA DE SIQUEM
Recuerdo de la vocación de Israel

1 Josué reunió a las tribus de Israel en Siquén. 
   Convocó a los ancianos de Israel, a los jefes de familia, a los jueces y escribas, 
   y se presentaron ante el Señor. 
2 Josué habló al pueblo: 
   –Así dice el Señor, Dios de Israel: Al otro lado del río Éufrates vivieron antiguamente sus padres, 
   Téraj, padre de Abrahán y de Najor, sirviendo a otros dioses. 
3 Pero yo tomé a Abrahán, su padre, del otro lado del río, 
   lo conduje por todo el país de Canaán y multipliqué su descendencia dándole a Isaac. 
4 A Isaac le di Jacob y Esaú. A Esaú le di en propiedad la montaña de Seír, 
   mientras que Jacob y sus hijos bajaron a Egipto. 
5 Envié a Moisés y a Aarón para castigar a Egipto con los portentos que hice, 
   y después los saqué de allí. 
6 Saqué de Egipto a sus padres, y llegaron al mar. 
   Los egipcios persiguieron a sus padres con caballería y carros hasta el Mar Rojo; 
7 pero gritaron al Señor, y él puso una nube oscura entre ustedes y los egipcios; 
   después desplomó sobre ellos el mar, cubriéndolos. 
   Sus ojos vieron lo que hice en Egipto. Después vivieron en el desierto muchos años. 
8 Los llevé al país de los amorreos, que vivían en Transjordania; 
   los atacaron y se los entregué; ustedes se apoderaron de sus territorios; 
    y yo se los quité de delante. 
9 Entonces Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, atacó a Israel; 
   mandó llamar a Balaán, hijo de Beor, para que los maldijera; 
10 pero yo no quise oír a Balaán, que no tuvo más remedio que bendecirlos, 
     y los libré de sus manos. 
11 Pasaron el Jordán y llegaron a Jericó. Los jefes de Jericó los atacaron: 
     los amorreos, fereceos, cananeos, hititas, guirgaseos, heveos y jebuseos, pero yo se los entregué; 
12 sembré el pánico ante ustedes, y expulsaron a los dos reyes amorreos 
     no con tu espada ni con tu arco; 
13 y les di una tierra por la que no habían sudado, ciudades que no habían construido 
     y en las que ahora viven; viñedos y olivares que no habían plantado y de los que ahora comen.

Israel elige a Yahvé
 
14 Por lo tanto, teman al Señor y sírvanlo con toda sinceridad; 
     dejen de lado a los dioses que sirvieron sus padres al otro lado del río y en Egipto, 
     y sirvan al Señor. 
15 Y si no están dispuestos a servir al Señor, elijan hoy a quién quieren servir: 
     a los dioses que sirvieron sus padres al otro lado del río 
     o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitan, que yo y mi familia serviremos al Señor. 
16 El pueblo respondió: 
     –¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para ir a servir a otros dioses! 
17 Porque el Señor, nuestro Dios, es quien nos sacó a nosotros 
     y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto, quien hizo ante nuestros ojos 
     aquellos grandes prodigios, nos guardó en todo nuestro peregrinar 
     y entre todos los pueblos que atravesamos. 
18 El Señor expulsó ante nosotros a los pueblos amorreos que habitaban el país. 
     Por eso también nosotros serviremos al Señor: ¡él es nuestro Dios! 
19 Josué dijo al pueblo: 
     –No podrán servir al Señor, porque es un Dios santo, un Dios celoso. 
     No perdonará sus delitos ni sus pecados. 
20 Si abandonan al Señor y sirven a dioses extranjeros, se volverá contra ustedes, 
     y después de haberlos tratado bien, los maltratará y aniquilará. 
21 El pueblo respondió: –¡No! Serviremos al Señor. 
22 Josué insistió: 
     –Son testigos contra ustedes mismos de que han elegido servir al Señor. 
     Respondieron: 
     –¡Somos testigos! 
23 –Entonces dejen de lado los dioses extranjeros que conservan 
     y pónganse de parte del Señor, Dios de Israel. 
24 El pueblo respondió: 
     –Nosotros serviremos al Señor, nuestro Dios, y le obedeceremos. 

El pacto de Siquén

25 Aquel día Josué selló una alianza con el pueblo y les dio leyes y mandatos en Siquén. 
26 Escribió las cláusulas en el libro de la ley de Dios, agarró una gran piedra y la erigió allí, 
     bajo la encina del santuario del Señor, 
27 y dijo a todo el pueblo: 
    –Miren esta piedra, que será testigo contra nosotros, 
    porque ha oído todo lo que el Señor nos ha dicho. 
    Será testigo contra ustedes para que no renieguen de su Dios. 
28 Luego despidió al pueblo, cada cual a su herencia. 

Muerte de Josué
Jc 2,6-10

29 Algún tiempo después murió Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, a la edad de ciento diez años. 
30 Lo enterraron en el territorio de su herencia, en Timná Séraj, en la serranía de Efraín, 
     al norte del monte Gaas. 
31 Israel sirvió al Señor mientras vivió Josué y durante toda la vida de los ancianos 
     que le sobrevivieron y que habían visto las hazañas del Señor en favor de Israel. 

Los huesos de José
Muerte de Eleazar

32 Los huesos de José, traídos por los israelitas de Egipto, los enterraron en Siquén, 
     en el campo que había comprado Jacob a los hijos de Jamor, padre de Siquén, por cien pesos, 
     y que pertenecía a los hijos de José. 
33 También murió Eleazar, hijo de Aarón. Lo enterraron en Guibeá, población de su hijo Fineés, 
     que la había recibido en propiedad en la serranía de Efraín.


domingo, 17 de marzo de 2024

Hebreos 5,1-10: Jesús, Sumo Sacerdote

1 Porque todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres 
   y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios 
   para ofrecer dones y sacrificios por los pecados;
2 y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, 
   por estar también él envuelto en flaqueza.
3 Y a causa de esa misma flaqueza debe ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo.
4 Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón.
5 De igual modo, tampoco Cristo se apropió la gloria del Sumo Sacerdocio, 
   sino que la tuvo de quien le dijo: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy.
6 Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, a semejanza de Melquisedec.
7 El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas 
   con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, 
   fue escuchado por su actitud reverente,
8 y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia;
9 y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen,
10 proclamado por Dios Sumo Sacerdote a semejanza de Melquisedec.

jueves, 6 de abril de 2023

Exodo 12,1-14: El Cordero Pascual

Exodo 12,1-14: El cordero pascual 
Cf. Esdras 6,19-22 Mateo 26,2; Marcos 14,1; Lucas 2,41; 1 Corintios 5, 7 


1 Dijo Yahveh a Moisés y Aarón en el país de Egipto:
2 "Este mes será para vosotros el comienzo de los meses; será el primero de los meses del año.
3 Hablad a toda la comunidad de Israel y decid: 
   El día diez de este mes tomará cada uno para sí una res de ganado menor por familia, 
   una res de ganado menor por casa.
4 Y si la familia fuese demasiado reducida para una res de ganado menor, 
   traerá al vecino más cercano a su casa, según el número de personas y conforme 
   a lo que cada cual pueda comer.
5 El animal será sin defecto, macho, de un año. Lo escogeréis entre los corderos o los cabritos.
6 Lo guardaréis hasta el día catorce de este mes; 
   y toda la asamblea de la comunidad de los israelitas lo inmolará entre dos luces.
7 Luego tomarán la sangre y untarán las dos jambas y el dintel de las casas donde lo coman.
8 En aquella misma noche comerán la carne. 
   La comerán asada al fuego, con ázimos y con hierbas amargas.
9 Nada de él comeréis crudo ni cocido, sino asado, con su cabeza, sus patas y sus entrañas.
10 Y no dejaréis nada de él para la mañana; lo que sobre al amanecer lo quemaréis.
11 Así lo habéis de comer: ceñidas vuestras cinturas, calzados vuestros pies, 
     y el bastón en vuestra mano; y lo comeréis de prisa. Es Pascua de Yahveh.
12 Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, 
     desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. 
     Yo, Yahveh.
13 La sangre será vuestra señal en las casas donde moráis. 
     Cuando yo vea la sangre pasaré de largo ante vosotros, 
     y no habrá entre vosotros plaga exterminadora cuando yo hiera el país de Egipto.
14 Este será un día memorable para vosotros, 
     y lo celebraréis como fiesta en honor de Yahveh de generación en generación. 
     Decretaréis que sea fiesta para siempre".

martes, 25 de octubre de 2022

Exodo 17,8-16: Victoria sobre los amalecitas

Exodo 17,8-16

8 Vinieron los amalecitas y atacaron a Israel en Refidim.
9 Moisés dijo a Josué: "Elígete algunos hombres, y sal mañana a combatir contra Amalec. 
   Yo me pondré en la cima del monte, con el cayado de Dios en mi mano."
10 Josué cumplió las órdenes de Moisés, y salió a combatir contra Amalec.
     Mientras tanto, Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte.
11 Y sucedió que, mientras Moisés tenía alzadas las manos, prevalecía Israel; 
     pero cuando las bajaba, prevalecía Amalec.
12 Se le cansaron las manos a Moisés, y entonces ellos tomaron una piedra y se la pusieron debajo; 
     él se sentó sobre ella, mientras Aarón y Jur le sostenían las manos, uno a un lado y otro al otro. 
     Y así resistieron sus manos hasta la puesta del sol.
13 Josué derrotó a Amalec y a su pueblo a filo de espada.
14 Yahveh dijo Moisés: "Escribe esto en un libro para que sirva de recuerdo, 
     y haz saber a Josué que yo borraré por completo la memoria de Amalec de debajo de los cielos."
15 Después edificó Moisés un altar, al que puso por nombre Yahveh Nissí
16 diciendo: "La bandera de Yahveh en la mano; 
     Yahveh está en guerra con Amalec de generación en generación."

sábado, 15 de octubre de 2022

DOMINGO DE LA 29 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo C (Lecturas)

Exodo 17:8-13
Salmo 121: El Auxilio me viene del Señor 
que hizo el cielo y la tierra
2Timoteo 3:14-4:2
Lucas 18:1-8


Los amalecitas vinieron a Refidín y atacaron a los israelitas. Entonces Moisés le ordenó a Josué:
— Escoge algunos de nuestros hombres y sal a combatir a los amalecitas. Mañana yo estaré en la cima de la colina con la vara de Dios en la mano.
Josué siguió las órdenes de Moisés y les presentó batalla a los amalecitas. Por su parte, Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima de la colina. Mientras Moisés mantenía los brazos en alto, la batalla se inclinaba en favor de los israelitas; pero cuando los bajaba, se inclinaba en favor de los amalecitas. Cuando a Moisés se le cansaron los brazos, tomaron una piedra y se la pusieron debajo para que se sentara en ella; luego Aarón y Jur le sostuvieron los brazos, uno el izquierdo y otro el derecho, y así Moisés pudo mantenerlos firmes hasta la puesta del sol. Fue así como Josué derrotó al ejército amalecita a filo de espada.

Salmo 120: El auxilio me viene del Señor, 
que hizo el cielo y la tierra

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
R. El auxilio me viene del Señor, 
que hizo el cielo y la tierra

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa el guardián de Israel.
R. El auxilio me viene del Señor, 
que hizo el cielo y la tierra

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
R. El auxilio me viene del Señor, 
que hizo el cielo y la tierra

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
R. El auxilio me viene del Señor, 
que hizo el cielo y la tierra

2 Timoteo 3:4–4:2

Pero tú, permanece firme en lo que has aprendido y de lo cual estás convencido, pues sabes de quiénes lo aprendiste. Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra. En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar.


Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse. Les dijo:
— Había en cierto pueblo un juez que no tenía temor de Dios ni consideración de nadie. En el mismo pueblo había una viuda que insistía en pedirle: "Hágame usted justicia contra mi adversario." Durante algún tiempo él se negó, pero por fin concluyó: "Aunque no temo a Dios ni tengo consideración de nadie, como esta viuda no deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia, no sea que con sus visitas me haga la vida imposible."
Continuó el Señor:
— Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Les digo que sí les hará justicia, y sin demora. No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?


SOBRE LAS LECTURAS DE ESTE DOMINGO:

sábado, 23 de julio de 2022

Números 33,37-49: De Cades a Moab

Números 33,37-49:
De Cades a Moab

37 Partieron de Cades y acamparon el monte Hor, en los límites de Edom.
38 El sacerdote Aarón, por orden del Señor, subió al monte Hor y allí murió, 
     el primer día del quinto mes, cuarenta años después que los israelitas salieron de Egipto.
39 Cuando murió en el monte Hor, Aarón tenía ciento veintitrés años.
40 El cananeo, rey de Arad, que habitaba en el Négueb, en el país de Canaán, 
     recibió entonces la noticia de la llegada de los israelitas.
41 Luego partieron del monte Hor y acamparon en Salmoná.
42 Partieron de Salmoná y acamparon en Punón.
43 Partieron de Punón y acamparon en Obot.
44 Partieron de Obot y acamparon sobre el territorio de Moab, en Iyé Ha Abarím.
45 Partieron de Iyím y acamparon en Dibón Gad.
46 Partieron de Dibón Gad y acamparon en Almón Diblataim.
47 Partieron de Almón Diblataim y acamparon en las montañas de Abarím, frente al Nebo.
48 Partieron de las montañas de Abarím y acamparon en las estepas de Moab, junto al Jordán, 
     a la altura de Jericó.
49 Acamparon junto al Jordán, desde Bet Ha Iesimot hasta Abel Sitím, en las estepas de Moab.

Números 33,1-4: Las etapas del Éxodo: la salida de Egipto

Números 33,1-4:
Las etapas del Éxodo: la salida de Egipto

1 Estas son las etapas que recorrieron los israelitas cuando salieron de Egipto, 
   agrupados por regimientos, bajo la conducción de Moisés y Aarón.
2 Moisés consignó por escrito el punto inicial de cada etapa, por orden del Señor. 
   Los puntos iniciales de cada etapa fueron los siguientes:
3 El día quince del primer mes –el día siguiente a la Pascua– 
   los israelitas partieron de Ramsés. Salieron triunfalmente, a la vista de todo Egipto,
4 mientras los egipcios enterraban a sus primogénitos, que el Señor había herido de muerte, 
   dando así un justo escarmiento a sus dioses.

Números 27,12-23: Josué constituido jefe de la comunidad

Números 27,12-23:
Josué constituido jefe de la comunidad

12 Luego el Señor dijo a Moisés: 
     «Sube a esta montaña de los Abarím y contempla la tierra que he dado a los israelitas.
13 Una vez que la hayas contemplado, irás a reunirte con los tuyos, lo mismo que tu hermano Aarón.
14 Porque en el desierto de Sin, cuando la comunidad promovía una querella, 
     ustedes se rebelaron contra la orden de manifestar mi santidad 
     a los ojos de ellos por medio del agua». 
     Se trata del agua de Meribá de Cades, en el desierto de Sin.
15 Entonces Moisés dijo al Señor:
16 «Que el Señor, el Dios que anima a todo viviente, ponga al frente de esta comunidad a un hombre
17 que la guíe en todos sus pasos y al que ellos obedezcan en todo. 
     Así la comunidad del Señor no estará como una oveja sin pastor.
18 El Señor respondió a Moisés: «Toma a Josué, hijo de Nun, que es un hombre animado por el espíritu, 
     e impone tu mano sobre él.
19 Luego lo presentarás al sacerdote Eleazar y a toda la comunidad, 
     para transmitirle tus órdenes en presencia de ellos,
20 y le comunicarás una parte de tu autoridad, a fin de que toda la comunidad de los israelitas 
    le preste obediencia.
21 Josué deberá presentarse al sacerdote Eleazar, que consultará para él las decisiones del Urim, 
     delante del Señor. El y toda la comunidad de los israelitas harán todo conforme a estas decisiones».
22 Moisés hizo lo que el Señor le había ordenado: 
     tomó a Josué y lo presentó ante el sacerdote Eleazar y ante toda la comunidad.
23 Luego impuso su mano sobre él y le transmitió sus órdenes, 
     como el Señor lo había ordenado por medio de Moisés.

Números 26,57-62: El censo de los levitas

Números 26,57-62:
El censo de los levitas

57 Este es el censo de los clanes de los levitas: 
     De Gersón, el clan de los gersonitas; 
     de Quehat, el clan de los quehatitas; 
     de Merarí, el clan de los meraritas.
58 Estos son los clanes de Leví: el clan de los libnitas, el clan de los jebronitas, el clan de los majlitas, 
     el clan de los musitas y el clan de los coreítas. Quehat fue padre de Amram.
59 La esposa de Amram se llamaba Ioquébed, hija de Leví, la cual nació en Egipto. 
     Los hijos que ella dio a Amram fueron Aarón, Moisés y Miriam, la hermana de estos.
60 A Aarón le nacieron Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar.
61 Pero Nadab y Abihú murieron al ofrecer un fuego profano delante del Señor.
62 En el censo se registró un total de 23.000 levitas varones, mayores de un mes. 
     Ellos no figuraron en el censo de los demás israelitas, 
     porque no se les había asignado una propiedad hereditaria entre los israelitas.

jueves, 21 de julio de 2022

Números 20,22-29: La muerte de Aarón

Números 20,22-29:
La muerte de Aarón

22 Toda la comunidad partió de Cades y los israelitas llegaron al monte Hor.
23 En el monte Hor, que está en la frontera de Edom el Señor dijo a Moisés y a Aarón:
24 «Que Aarón vaya a reunirse con los suyos, porque él no entrará en la tierra que yo di a los israelitas, 
     ya que ustedes se rebelaron contra mis órdenes junto a las aguas de Meribá.
25 Toma a Aarón y a su hijo Eleazar, y llévalos al monte Hor.
26 Allí despojarás a Aarón de sus vestiduras y se las pondrás a su hijo Eleazar. 
     Entonces Aarón se reunirá con los suyos, porque allí morirá».
27 Moisés hizo lo que el Señor le había mandado: 
     él, Aarón y su hijos Eleazar subieron al monte Hor a la vista de toda la comunidad.
28 Luego Moisés quitó las vestiduras a Aarón y se las puso a su hijo Eleazar. 
     Aarón murió en la cima de la montaña. Cuando Moisés y Eleazar bajaron de la montaña,
29 toda la comunidad supo que Aarón había muerto. Y todo Israel lloró a Aarón durante treinta días.

Números 20,1-13: La muerte de Miriam. El agua brotada de la roca

Números 20,1-13:
La muerte de Miriam. El agua brotada de la roca

1 En el primer mes, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, 
   y el pueblo se estableció en Cades. Allí murió y fue enterrada Miriam.
2 Como la comunidad no tenía agua, se produjo un amotinamiento contra Moisés y Aarón.
3 El pueblo promovió una querella contra Moisés diciendo: 
   «¡Ojalá hubiéramos muerto cuando murieron nuestros hermanos delante del Señor!
4 ¿Por qué trajeron a este desierto a la asamblea del Señor, para que muriéramos aquí, 
   nosotros y nuestro ganado?
5 ¿Por qué nos hicieron salir de Egipto, para traernos a este lugar miserable, donde no hay sembrados, 
   ni higueras, ni viñas, ni granados, y donde ni siquiera hay agua para beber?
6 Moisés y Aarón, apartándose de la asamblea, fueron a la entrada de la Carpa del Encuentro 
   y cayeron con el rostro en tierra. Entonces se les apareció la gloria del Señor,
7 y el Señor dijo a Moisés:
8 «Toma el bastón y convoca a la comunidad, junto con tu hermano Aarón. 
   Después, a la vista de todos, manden a la roca que dé sus aguas. 
   Así harás para ellos agua de la roca y darás de beber a la comunidad y a su ganado».
9 Moisés tomó el bastón que estaba delante del Señor, como él se lo había mandado.
10 Luego Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés lees dijo: 
     «¡Escuchen, rebeldes! ¿Podemos hacer que brote agua de esta roca para ustedes?».
11 Y alzando su mano, golpeó la roca dos veces con el bastón. 
     El agua brotó abundantemente, y bebieron la comunidad y el ganado.
12 Pero el Señor dijo a Moisés y a Aarón: 
     «Por no haber confiado lo bastante en mí para que yo manifestara mi santidad ante los israelitas, 
     les aseguro que no llevarán a este pueblo hasta la tierra que les he dado».
13 Estas son las aguas de Meribá –que significa «Querella»– donde los israelitas promovieron una 
     querella contra el Señor y con las que él manifestó contra el Señor y con las que él manifestó su 
     santidad.

Números 19,1-10: El rito para la preparación del agua lustral

Números 19,1-10: 
El rito para la preparación del agua lustral

1 El Señor dijo a Moisés y Aarón:
2 Esta es una prescripción de la ley que promulgó el señor: 
   Di a los israelitas que te traigan una vaca roja, sin ningún defecto ni imperfección, 
   y que nunca haya estado bajo el yugo.
3 Ustedes se la entregarán al sacerdote Eleazar. 
   Luego será sacada fuera del campamento y degollada en su presencia.
4 El sacerdote Eleazar recogerá con el dedo un poco de sangre y hará siete aspersiones 
   hacia la Carpa del Encuentro.
5 Después la vaca será quemada a la vista de él: 
   se deberá quemar el cuero, la carne, la sangre e incluso los excrementos,
6 Entonces el sacerdote tomará un trozo de madera de cedro, 
   un ramillete de hisopo y una cinta de púrpura roja y los arrojará en el fuego donde se queme la vaca.
7 En seguida lavará su ropa y se bañará con agua; 
   después podrá entrar de nuevo en el campamento, pero será impuro hasta la tarde.
8 El que haya quemado la vaca lavará su ropa, se bañará con agua y será impuro hasta la tarde.
9 Un hombre que no haya incurrido en impureza recogerá las cenizas de la vaca 
   y las depositará fuera del campamento, en un lugar puro. 
   Así la comunidad de los israelitas las tendrá reservadas para preparar el agua lustral, 
   que se usará en el rito de purificación.
10 El que recoja las cenizas de la vaca deberá lavar su ropa y será impuro hasta la tarde. 
     Este es un decreto irrevocable para los israelitas y para los extranjeros que vivan entre ellos.

Números 18,25-32: Los diezmos

Números 18,25-32:
Los diezmos

25 El Señor dijo a Moisés:
26 Habla en estos términos a los levitas: 
     Cuando ustedes reciban de los israelitas los diezmos que yo les asigné como herencia, 
     reservarán la décima parte como una ofrenda para el Señor:
27 esto les será tenido en cuenta a título de contribución. 
     Como se hace con el trigo de la era y el mosto del lagar,
28 también ustedes pondrán aparte para el Señor una ofrenda tomada de los diezmos 
     que reciban de los israelitas, y se la entregarán al sacerdote Aarón, 
     en calidad de ofrenda reservada al Señor.
29 De los dones que reciban, reservarán las ofrendas debidas al Señor: 
     la mejor porción de cada cosa, o sea, la parte que debe ser consagrada.
30 Diles también: Una vez que hayan reservado la mejor parte 
     –que les será tenida en cuenta como el trigo de la era y el mosto del lagar–
31 ustedes y sus familias podrán comerla en cualquier lugar, 
     porque esa es su recompensa por los servicios que prestan en la Carpa del Encuentro.
32 Así, si ustedes reservan la mejor parte, no cargarán con un pecado, 
     no profanarán los dones sagrados de los israelitas ni morirán.

Números 18,20-24: Los derechos de los levitas

Números 18,20-24:
Los derechos de los levitas

20 Y el Señor dijo a Aarón: 
     Tú no recibirás una herencia en el territorio de los israelitas ni tendrás una parte entre ellos: 
     yo soy tu parte y tu herencia.
21 Yo doy como herencia a los levitas todos los diezmos de Israel, 
     a cambio de los servicios que prestan en la Carpa del Encuentro.
22 De ahora en adelante, los israelitas no se acercarán a la Carpa del Encuentro, 
     porque cargarían con un pecado y morirían.
23 Sólo los levitas prestarán servicios en ella y cargarán con sus propias faltas. 
     Este es un decreto válido para siempre, a lo largo de las generaciones. 
     Pero no tendrán una herencia entre los israelitas,
24 porque yo les doy como herencia los diezmos que los israelitas pondrán aparte como una ofrenda 
     para el Señor. Por eso dije, refiriéndome a ellos, que no tendrán una herencia entre los israelitas.

Números 18,8-19: Los derechos de los sacerdotes

Números 18,8-19:
Los derechos de los sacerdotes

8 El Señor dijo a Aarón: Yo te encomiendo el cuidado de mis ofrendas, es decir, 
   de los dones sagrados de los israelitas. Te entrego todo eso, a ti y a tus hijos, 
   como algo que les es debido, como un derecho irrevocable.
9 Esto es lo que te corresponde de los sacrificios más santos, de las ofrendas quemadas. 
   Todas las ofrendas que me presentan como sacrificios santísimos, a saber, todas las oblaciones, 
   los sacrificios por el pecado y los sacrificios de reparación, serán para ti y para tus hijos.
10 Tú participarás de los dones más santos. 
     Sólo los varones podrán comerlos y deberás tratarlos como algo sagrado.
11 También será para ti lo que se toma de las ofrendas de los israelitas 
     para ser ofrecido con el gesto de presentación. 
     Yo te lo doy, a ti, a tus hijos y a tus hijas, como derecho irrevocable: 
     podrán comerlo todos los miembros de tu casa que sean puros.
12 Yo te doy lo mejor del aceite, del vino y del trigo, 
     o sea las partes escogidas que los israelitas presentan al Señor.
13 Las primicias de los productos de la tierra, que ellos ofrecen al Señor, serán para ti: 
     podrán comerlas todos los miembros de tu casa que sean puros.
14 Todo lo que ha sido consagrado al exterminio total en Israel será para ti.
15 También lo serán los primogénitos, tanto de hombres como de animales, ofrecidos al Señor. 
     Pero harás rescatar los primogénitos de los hombres y los primogénitos de los animales impuros.
16 Los harás rescatar dentro del mes de su nacimiento, 
     tomando como precio por el rescate cinco siclos –en siclos de Santuario– 
     que equivalen a veinte gueras.
17 Los primogénitos del ganado mayor y menor no podrán ser rescatados porque están consagrados. 
     Por eso, derramarás su sangre contra el altar y harás arder su grasa como ofrenda que se quema 
     con aroma agradable al Señor.
18 La carne, en cambio, será para ti, lo mismo que la ofrenda de presentación y la pata derecha.
19 Yo te doy todas las ofrendas que los israelitas ponen aparte para el Señor. 
     Te las doy a ti, a tus hijos y a tus hijas, como derecho irrevocable. 
     Esta será una alianza de sal –una alianza eterna– para ti y tu descendencia, delante del Señor.

Números 18,1-7: Los deberes de los sacerdotes y de los levitas

Números 18,1-7:
Los deberes de los sacerdotes y de los levitas

1 El Señor dijo a Aarón: Tú, tus hijos y tu casa paterna, cargarán con las faltas contra el Santuario; 
   pero tú y tus hijos solamente cargarán con las faltas contra el ejercicio del sacerdocio.
2 También asociarás a tus hermanos de la tribu de Leví –tu tribu paterna– 
   para que colaboren contigo y te sirvan como ministros, a ti y a tus hijos, en la Carpa del Testimonio.
3 Ellos desempeñarán tareas para ti y para toda la Carpa, 
   pero no tendrán ningún contacto con los utensilios del Santuario o con el altar, 
   no sea que mueran ellos y ustedes.
4 Deberán colaborar contigo y ejecutar las tareas de la Carpa del Encuentro, 
   prestando toda clase de servicios. Ningún extraño se acercará a ustedes
5 mientras realizan las funciones del Santuario o del altar, 
   para que la ira del Señor no se vuelva a desatar contra los israelitas.
6 Yo elijo a tus hermanos –los descendientes de Leví– entre todos los israelitas: 
   ellos han sido puestos a disposición de ustedes, como dedicados al Señor, 
   para prestar servicios en la Carpa del Encuentro.
7 Tú y tus hijos, en cambio, ejercerán las funciones sacerdotales en todo lo concerniente al altar 
   y a lo que está detrás del velo. Yo hago del sacerdocio de ustedes un servicio de dedicación: 
   el extraño que se acerque será castigado con la muerte.

Números 17,16-28: La vara de Aarón

Números 17,16-28:
La vara de Aarón

16 Y el Señor dijo a Moisés:
17 «Manda a los israelitas que todos los jefes de las familias patriarcales 
     te entreguen cada uno una vara: deberán ser doce en total. 
     Tú escribirás el nombre de cada uno en su propia vara;
18 y en la de Leví escribirás el nombre de Aarón, ´
     porque tendrá que haber una sola vara por cada jefe de familia.
19 Luego las pondrás en la Carpa del Encuentro, delante del Arca del Testimonio, 
     donde yo me encuentro con ustedes.
20 La vara del hombre que yo elija florecerá, 
     y así acallaré las incesantes protestas que los israelitas levantan contra ustedes».
21 Moisés transmitió esta orden a los israelitas, y todos los jefes de las familias patriarcales 
     le entregaron una vara cada uno: eran doce en total. Entre ellas estaba la vara de Aarón.
22 Moisés las depositó delante del Señor, en la Carpa del Testimonio,
23 y al día siguiente, cuando fue a la Carpa del Testimonio, 
     la vara de Aarón –correspondiente a la familia de Leví– 
     estaba florecida: había dado brotes, flores y almendros.
24 Entonces Moisés sacó de la presencia del Señor todas las varas, y las presentó a los israelitas: 
     ellos las identificaron y cada uno recuperó la suya.
25 Luego el Señor dijo a Moisés: «Vuelve a colocar la vara de Aarón delante del Arca del Testimonio, 
     como un signo para los rebeldes. Así alejarás de mí sus protestas, 
     y no serán castigados con la muerte».
26 Moisés hizo exactamente lo que el Señor le había ordenado.
27 Pero los israelitas dijeron a Moisés: «¡Vamos a morir! ¡Todos estamos perdidos!
28 ¡El que se acerque a la Morada del Señor morirá! ¿Tendrá que morir hasta el último de nosotros?».

Números 17,6-15: Nuevo castigo de Dios contra el pueblo e intercesión de Aarón

Números 17,6-15: 
Nuevo castigo de Dios contra el pueblo e intercesión de Aarón

6 Al día siguiente, toda la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón, diciendo: 
   «Ustedes han provocado una mortandad en el pueblo del Señor».
7 Como la comunidad se amotinaba contra ellos, Moisés y Aarón se volvieron 
   hacia la Carpa del Encuentro, y vieron que la nube la cubría 
   y que la gloria del Señor se había aparecido.
8 Entonces fueron a la Carpa del Encuentro, y cuando estuvieron frente a ella,
9 el Señor dijo a Moisés:
10 «Apártense de esta comunidad, porque la voy a exterminar en un instante». 
     Ellos cayeron con el rostro en tierra, y Moisés dijo a Aarón:
11 «Toma el incensario, coloca en el fuego del altar y échale incienso, 
     En seguida ve adonde está la comunidad y practica el rito de expiación en favor de ellos. 
     Porque la ira del Señor se ha desatado y ha comenzado la plata».
12 Aarón tomó el incensario, como se lo había mandado Moisés, 
     y fue corriendo a ponerse en medio de la asamblea, donde ya había comenzado la plaga».
13 Luego se quedó de pie entre los muertos y los vivos, y cesó la plaga.
14 Los muertos a causa de la plaga fueron catorce mil setecientos, 
     sin contar los que ya habían muerto a causa de Coré.
15 Entonces Aarón volvió a la entrada de la Carpa del Encuentro, donde estaba Moisés, 
     porque la plaga ya había cesado.

Números 17,1-5: Los incensarios de los rebeldes

Números 17,1-5:
Los incensarios de los rebeldes

1 El Señor dijo a Moisés:
2 «Manda a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, que retire los incensarios de en medio de las brasas 
   y que desparrame el fuego en otra parte, porque esos incensarios han sido santificados.
3 Retiren los incensarios de aquellos que murieron por haber pecado, 
   y hagan con ellos láminas de metal para recubrir el altar. 
   Porque al ser usados para ofrecer incienso delante del Señor, quedaron santificados. 
   Así servirán de signo para los israelitas».
4 El sacerdote Eleazar tomó los incensarios de bronce que habían usado para la ofrenda 
   los que murieron carbonizados, y los mandó martillar hasta convertirlos en láminas 
   para recubrir el altar.
5 Estas debían recordar a los israelitas que ningún extraño 
   –alguien que no fuera descendiente de Aarón– 
   podía atreverse a ofrecer incienso delante del Señor, 
   a fin de no correr la misma suerte que Coré y sus secuaces, 
   según lo había predicho el Señor por medio de Moisés.

Números 16,16-35: El castigo de los rebeldes

Números 16,16-35:
El castigo de los rebeldes

16 Entonces Moisés dijo a Coré: «Tú y tus secuaces comparecerán mañana delante del Señor, 
     y también comparecerá Aarón.
17 Cada uno de ustedes tomará su incensario, le pondrá incienso y lo ofrecerá al Señor: 
     serán doscientos cincuenta incensarios en total. También tú y Aarón llevarán cada uno el suyo».
18 Cada uno tomó su incensario, le puso fuego y le echó incienso. 
     Luego ocuparon sus puestos a la entrada de la Carpa del Encuentro, junto con Moisés y Aarón.
19 Y una vez que Coré convocó contra ellos a toda la comunidad, 
     a la entrada de la Carpa del Encuentro, la gloria del Señor se apareció a toda la comunidad,
20 y el Señor dijo a Moisés y a Aarón:
21 «Sepárense de esta comunidad, porque los voy a exterminar en un instante».
22 Pero ellos cayeron con el rostro en tierra y exclamaron: 
     «Dios, tú que das el aliento a todos los vivientes, 
     ¿te vas a irritar contra toda la comunidad cuando el que peca es uno solo?».
23 El Señor dijo a Moisés:
24 «Habla en estos términos a la comunidad: 
     "Aléjense de los alrededores de la Morada de Coré, Datán y Abirón"».
25 Moisés se levantó, fue adonde estaban Datán y Abirón, seguido de los ancianos de Israel,
26 y dijo a la comunidad: «Apártense de las carpas de estos hombres perversos 
     y no toquen nada de lo que les pertenece, porque de lo contrario también ustedes 
     serán exterminados a causa de sus pecados».
27 Y todos se separaron de las moradas de Coré, Datán, y Abirón. Datán y Abirón, por su parte, 
     salieron y se pusieron de pie a la entrada de sus carpas, junto con sus mujeres, 
     sus hijos y sus pequeños.
28 Moisés dijo: «En esto conocerán que ha sido el Señor el que me envió a hacer estas cosas, 
     y que no es un capricho mío:
29 si estos hombres mueren de muerte natural y su suerte es igual a la de todos los hombres, 
     no ha sido el Señor el que me envió.
30 Pero si el Señor realiza algo inusitado –si la tierra abre sus fauces para tragarlos 
     con todos sus bienes y ellos bajan vivos al Abismo– ustedes sabrán que esta gente 
     ha despreciado al Señor».
31 Apenas Moisés terminó de pronunciar estas palabras, el suelo se partió debajo de sus pies,
32 la tierra abrió sus fauces y los tragó junto con sus familias, con toda la gente de Coré 
     y con todos sus bienes.
33 Ellos bajaron vivos al Abismo, con todo lo que les pertenecía. 
     La tierra los cubrió y desaparecieron de en medio de la asamblea.
34 Al oír sus gritos, todos los israelitas que estaban cerca de ellos huyeron, diciendo: 
     «¡Que no nos trague la tierra!».
35 Luego bajó fuego del Señor y consumió a los doscientos cincuenta hombres 
     que habían ofrecido incienso.