Desideria es el nombre de uno de los personajes creados por San Jose Manyanet (1833-1901) para ilustrar su espiritualidad y su pensamiento. Desideria puede ser un hombre o una mujer, una persona joven o adulta. Pero Desideria es, ante todo, un espiritu ingenuo, inquieto e infantil, cuyo deseo de aprender y ser feliz parece no tener limites.
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sábado, 8 de octubre de 2022
sábado, 10 de diciembre de 2016
martes, 14 de julio de 2015
7 criterios para saber si una parroquia o comunidad funciona bien, por el obispo Dominique Rey (diocesis de Frejus-Toulon,Francia)
Muchas parroquias y diócesis creen que no les va mal porque aún llenan el templo... pero este criterio es engañoso. ¿Cumple nuestra parroquia, grupo, movimiento o diócesis estos criterios?
Dominique Rey es desde el año 2000 pastor de una diócesis de 1,1 millones de habitantes donde apenas un 5% de la población es practicante, pero que tiene un fuerte avivamiento en vocaciones, clero y comunidades.
Los 7 criterios de la comunidad que "funciona bien":
1) El pastor tiene capacidad de delegar: cuenta con colaboradores formados y recurre a ellos... No intenta ser un hombre-orquesta que lo realiza todo en persona. Eso significa que dedica esfuerzo y recursos a formar a sus colaboradores.
2) El pastor discierne los dones de los demás y les hace dar fruto. En vez de buscar cómo rellenar tal o cual puesto, se pregunta "¿qué dones y carismas tiene mi gente?" y reorganiza la comunidad (grupo, parroquia, diócesis) de acuerdo a esos dones, es decir, de acuerdo a la gente y sus capacidades.
3) La comunidad es gozosa y se nota. El grupo mantiene el entusiasmo. Tiene capacidad de expresión alegre y huye de una estética moralizante. El gozo y la celebración van primero.
4) La comunidad cambia sus estructuras para adaptarlas al régimen de "Nueva Evangelización". El régimen de "Cristiandad" ya pasó y no tiene sentido mantener estructuras organizativas de esa época que no funcionan en la actual.
5) La comunidad cuida la belleza y dignidad de las celebraciones, sobre todo de la eucarística. La Iglesia no puede ganar al mundo en el terreno del mero espectáculo o la diversión, pero puede ofrecer sacralidad, y mucha gente está buscando sacralidad, reverencia y misterio. "Estuve en Estados Unidos estudiando las mega-iglesias protestantes, enormes locales que reunen 30.000 personas cada domingo, con grandes coros... pero hace unos años que van a la baja, porque con el tiempo sus feligreses se aburren. La gente joven hoy busca más sacralidad. Por eso, la belleza y reverencia en la Eucaristía es importantísima".
6) La comunidad se organiza en grupos pequeños, células y grupos de "iglesia en casas". "Son la clave del crecimiento", dijo. A un recién convertido no le puedes invitar directamente a la Misa del domingo, donde será un número anónimo, no entenderá aún la liturgia y le aburrirá. Le has de invitar al grupo pequeño que se reúne en tu casa para rezar, empezar a recibir enseñanzas, charlar, y escuchar sus inquietudes. Alabo el sistema de células de evangelización parroquial iniciadas en la parroquia italiana de San Eustorgio, Milán, hoy extendidas por varios países. También Sentinelle del Mattino utiliza este sistema de células.
7) La comunidad irradia caridad hacia fuera y entre sus miembros. No basta con el servicio de Cáritas, anónimo. Debe ser una relación entre los miembros de la comunidad que se conocen y ayudan mutuamente, y eso se ve desde fuera. Los feligreses no van a la iglesia (o a su ropero, Cáritas o comedor social) como consumidores de servicios, sino como un miembro con lazos afectivos.
Los últimos puntos y el tema de las células y grupos pequeños llevaron al obispo a un desarrollo más detallado.
»La Redemptoris Missio, en su punto 51, habla de comunidades eclesiales de base, que son lo que hoy llamamos células, que sirven para la formación y la evangelización. Son grupos domésticos pequeños que acogen al nuevo creyente y lo van formando.
»No podemos llevarlo aún a la liturgia, que no entiende, ni mucho menos pervertir el rito para hacerlo más acogedor. La respuesta son estos grupos pequeños, que también pueden ser de estudio bíblico, de acogida y acompañamiento, de oración, encaminados a un público especializado...
»El rector de la parroquia ha de velar para que estas células se integren en la parroquia y forma a sus líderes y hace que sigan tratando con alejados de la fe. Cuando la célula crece con más miembros, se divide en dos grupos, y así las células se multiplican.
»La Nueva Evangelización consiste en salir a la calle, pero también en acoger al que viene atraido por la fraternidad que irradia el grupo, como sucede a menudo en los Cursos Alpha, que atraen porque son acogedores".
El Vaticano estudia el modo de evangelizar del pastor Rick Warren, considerado el líder espiritual de EE UU: "Lo primero que tienes que hacer es ir a donde están los peces".
Rick Warren, conocido como "el mayor líder espiritual norteamericano", es un influyente pastor evangélico de 61 años de edad, autor del best-seller "Una vida con propósito", que ha vendido más de 36 millones de ejemplares y su iglesia fue visitada por comisiones del Vaticano para estudiar su eficaz sistema de evangelización. Fue entrevistado por el canal EWTN en su espacio Word Over Live que conduce Raymond Arroyo.
— Un libro de referencia en el mundo evangélico
Rick Warren ha escrito otros libros como "Una Iglesia con propósito" que sigue siendo referencia en la renovación de comunidades evangélicas y parroquias católicas de Estados Unidos, Canadá y América Latina.
Como pastor, fundó la Iglesia de Saddleback en Lake Forest, California, en 1980. Hoy, es una congregación evangélica con un promedio de 22.000 asistentes semanales, un campus de 120 hectáreas y tiene más de 300 ministerios que sirven a prisioneros, CEOs, adictos, familias monoparentales y personas con VIH/SIDA. La congregación del pastor Rick Warren alimenta a 42.000 personas sin hogar: tres comidas al día.
- Una vida con propósito es el libro con mayor venta en el mundo: 36 millones de ejemplares. ¿Cuál es la clave del éxito? ¿Por qué tanta gente ha sido tocada por este libro?
- No hay nada nuevo que no se haya dicho en 2000 años. Simplemente es dicho con frescura y sencillez. Escribirlo me tomó 7 meses, 12 horas diarias. Me levantaba temprano, con ayunos y oración, escribía, y volvía a rescribir. Me hice la pregunta: ¿Cómo se escribe un libro que dura 500 años? Libros como "Imitación de Cristo" de T. de Kempis, "La práctica de la presencia de Dios" del hermano Lawrence, o autores como los Padres del desierto, San Juan de la Cruz, o Santa Teresa de Ávila, etc. ¿Por qué permanecen estos clásicos? Y me di cuenta que para ser intemporal hay que ser eterno.
- ¿Cuál es su secreto para llegar a tanta gente, todos los días, cada semana? ¿Qué es este don de comunicación? Si pudiera descifrarlo, a muchos predicadores les gustaría saber.
- Bueno, Jesús dijo: "los haré pescadores de hombres", y creo que lo primero que tienes que hacer es ir a dónde están los peces. No están en la Iglesia, sino en la plaza. Luego tienes que aprender a pensar como un pez y tienes que saber lo que le gusta comer, etc. Pablo decía "tengo que hacerme judío con los judíos y griego con los griegos para ganarlos a todos para Cristo". Y me digo a mí mismo: cuando estoy en California, me tengo que hacer californiano.
Pero lo más importante es que el amor siempre le llega a la gente. La autenticidad y la humildad siempre llegan. El Papa Francisco es el perfecto ejemplo de ello y está haciendo las cosas muy bien. La gente escuchará lo que tenemos para decir si les gusta lo que ven. El Papa es un hombre muy simbólico: en su primer misa con los enfermos de SIDA, su beso a un hombre deforme, su trato con los niños y los más pobres, su autenticidad y su humildad. Esto es lo que todo el mundo espera ver que los cristianos hagan, eso es lo que hace un cristiano. Vi un titular en el Condado de Orange que me encantó y decía: "Si usted ama al Papa Francisco, usted ama a Jesús".
- Rick Warren es no denominacional, centrado en Cristo. ¿Exclusivamente?
- ¡Si amas a Jesús estás en el mismo equipo!
- Pero es bastante anormal en muchos ámbitos del cristianismo. ¿Cuál cree usted que es el obstáculo a la unidad? Esa unidad por la que Jesús oró y de la que los últimos pontífices han trabajado tanto. ¿Qué cree usted que separa tanto a las comunidades y que las está trayendo a la unidad actualmente?
- Pienso que tenemos que volver a aquella expresión de San Agustín: "En lo esencial, unidad; en lo accesorio, libertad; y en todo, caridad". Creo que la cultura occidental se está volviendo particularmente cada vez más secular y anticristiana. Vemos las libertades religiosas amenazadas por todas partes y cosas por el estilo. Esto realmente incumbe a todos los cristianos, de todas las denominaciones.
Debemos unirnos en lo que tenemos en común. Y cuando digo: ¿usted cree en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo? "sí", ¿cree que Jesucristo murió en la cruz y resucitó? "sí", ¿cree en el cielo y el infierno? "sí", ¿cree que la Biblia es palabra de Dios? "sí". ¡Entonces estamos en el mismo equipo! Puede que no estemos de acuerdo en minucias, pero somos cristianos. ¡Y la gente no se da cuenta cuán grande es la Iglesia! Es la organización más grande del planeta. No tenemos excusas. En el mundo hay 600 millones de budistas, 800 millones de hindúes, 1,5 mil millones de musulmanes; pero hay 2,3 mil millones de personas que dicen: "yo creo que Jesús es quién dijo ser: el Hijo de Dios". Eso significa 1 de cada 3 personas en el mundo es cristiana. La Iglesia es más grande que China.
- ¿Crees que momentos como éste son oportunidades para la unidad entre católicos y evangélicos?
- Seguro que sí. Tenemos tanto en común... La protección de los derechos y libertades religiosas, los nuestros y los de otras creencias con las que no estamos de acuerdo. Por ejemplo: los musulmanes no beben alcohol, y si surgiera una ley que impusiera a un restaurante musulmán servir alcohol, o a una casa de comida judía en Nueva York le obligasen a servir carne de cerdo, yo mismo iría a protestar.
Si imponen una ley que dice que en cada colegio católico se van a distribuir anticonceptivos, yo iría a protestar. Yo voy a estar con usted para defender sus derechos, porque usted tiene derecho a educar a sus hijos según sus concepciones.
- El Vaticano envió recientemente una delegación a su Iglesia en Saddleback, de la Pontificia Academia para la Vida. ¿Qué descubrieron y por qué han venido?
- Sí, había unos 30 obispos de Europa, uno de ellos capacitado por Jean Vanier. Algo interesante, pues mi director espiritual que creció aquí en Saddleback también fue entrenado por Jean Vanier, y esto me emocionó mucho. Pero ellos vinieron por el tema de la "Nueva Evangelización" y Saddleback ha sido muy eficaz en llegar al mundo secularizado.
Nuestra iglesia tiene 34 años, y en ese tiempo hemos bautizado 38.000 adultos. Y estos son conversos, que no tenían ningún trasfondo religioso. Ellos dicen: "No era nada, hasta que llegué a Saddleback".
Hemos encontrado una manera de llegar al mundo secularizado y apoyo totalmente la nueva evangelización de la Iglesia Católica, que básicamente dice: "tenemos que volver a evangelizar a personas que son cristianos de nombre, pero no de corazón".
- Cuando nos conocimos me dijiste: "¡Hey Raymond Arroyo!", y yo no pude creer que veas este programa.
- Sabes, soy un ávido fanático de EWTN. Probablemente lo veo más que cualquier canal cristiano. Me gusta mucho.
- ¿Por qué?
- Porque muestra mucho sobre la historia del cristianismo. Si usted no entiende las raíces de la fe, que Dios ha estado trabajando durante 2000 años, independientemente de la marca del creyente, usted es como una flor cortada, sin raíz.
Uno de mis programas favoritos es la "coronilla de la Divina Misericordia". Me encanta, y cuando he tenido un día muy estresante y vuelvo a casa, Kay y yo, ambos escuchamos. Nos sentamos, nos relajamos y adoramos al Señor. Y en ese tiempo de reflexión, meditación y oración, me siento renovado y restaurado. Lo tengo grabado, y gracias por repetirlo siempre.
- Cuando entré a su oficina, mucho más pequeña y humilde de lo que imaginé, me llamó la atención que tiene tres imágenes de Madre Teresa, Martin Luther King y Billy Graham. ¿Por qué ellos tres?
- Bueno, el que falta es el cuarto: Juan Pablo II. Estas cuatro personas fueron las más influyentes del siglo XX, sin lugar a dudas. Y cada uno de ellos representa las lecciones que he tratado de aprender.
De Madre Teresa tuve el privilegio de escribir el prólogo de un libro sobre su 100 aniversario, y ella me escribió una nota: "Ser santos porque Dios es santo y porque te ama". Madre Teresa enseñó al mundo a ver el rostro de Jesús en los pobres. Que no solo los pobres nos necesitan, sino que nosotros necesitamos de ellos.
Y Dios ha elegido -porque tiene favoritos- a los más pobres. Hay más de 2000 versículos en la Biblia sobre los pobres. Y Dios te dice: "si te ocupas de los pobres, yo me ocuparé de ti y de tus necesidades". Eso me enseñó Madre Teresa.
Billy Graham fue uno de mis nueve mentores, y todos han pasado al cielo excepto él, que tiene 95 años. Billy Graham me enseñó a ser un ciudadano cristiano. Me enseñó como relacionarme con personas de diferentes creencias y líderes mundiales. Me enseñó también acerca de cómo mantener la integridad moral, y la asociación Billy Graham creó una lista de 33 cosas que "no voy a hacer". Copié esa lista, la amplié y hace 33 años que en mi equipo todos la firman.
Martin Luther King, Madre Teresa y Billy Graham, cada uno de ellos enseña humildad, integridad, generosidad. Enseñan valores y están dispuestos a sufrir por la fe.
- ¿Te resulta difícil ser identificado con el título "Pastor nortemericano"? ¿Hay un peso por ese apodo día y noche?
- No significa nada para mí. Lo que la gente quiere decir depende de ellos. Lo que realmente me importa es el individuo y si tengo algo de notoriedad, que sirva para influir en la gente y llevarla a Jesús. De eso se trata.
Cuando escribí "Una vida con propósito", quería empezar con una declaración contracultural, y elegí la frase: "No se trata de ti". Y eso es como una bofetada en la cara en esa generación del "yo". Hoy todo es "acerca de ti": ¿cómo me veo? ¿cómo me siento?, lo que quiero hacer con mi vida, con mi cuerpo, con mi tiempo, con mi dinero, etc. Así que elegí la frase de la marcha hacia adelante: "No se trata de ti". Es realmente lo más contracultural que se puede decir: "No se trata de ti".
Lo que no sabía es que iba a ser probado con esa frase yo mismo. Y a menudo tengo que decir 8 o 9 veces al día: "no se trata de ti". Cuando soy criticado injustamente: "no se trata de ti", cuando soy elogiado: "no se trata de ti", cuando la gente me malinterprete: "no se trata de ti", cuando la gente me pregunta cuál es mi motivación, digo: "No se trata de ti". No tenía idea cuantas veces sería probado en mi vida sobre lo que escribí.
- ¿Estás arrepentido de lo que escribiste?
- No. absolutamente no.
- Gracias, Rick Warren.
(Traducción de Miguel Pastorino)
Fuente: religionenlibertad.com
miércoles, 10 de septiembre de 2014
¿Para cuándo iglesias portaaviones?, por José Alberto Barrera
Doug Spada, fundador de Worklife, una organización cristiana que promueve la vivencia de la fe en el trabajo secular, describe un nuevo paradigma de iglesias consistente en pasar de ser cruceros a portaaviones.
La idea es simple, estamos acostumbrados a las iglesias crucero, en donde la gente viene a recibir, pero la verdadera esencia de la iglesia es salir, por lo que la cuestión es si somos capaces de cambiar y convertirnos en portaaviones.
Dicho de otra manera, una conversión pastoral como la que nos pide la Iglesia en este momento, requiere de un cambio de paradigma.
¿Cuál ha sido el paradigma reinante hasta hace nada? : pues que la iglesia existe para santificar. Como me decía un vicario general: a mi me educaron para santificar, no para evangelizar.
Bajo este modelo la mejor de las parroquias es la que más gente acomoda un domingo, y la mejor de las experiencias religiosas es la que sucede cuando todo el mundo se dedica a rezar. Pero como dice por activa y por pasiva Rick Warren, el éxito de una iglesia se mide no por la gente que acomoda el domingo, sino por la gente que envía.
En el pasado Sínodo para la Nueva Evangelización, el cual el papa Benedicto XVI abrió con una homilía en la que afirmó el retorno al paradigma primigenio: “la iglesia existe para evangelizar”, se pudo observar la convivencia de estos dos paradigmas en la Iglesia.
Para algunos padres sinodales la Nueva Evangelización era simplemente santificar más y mejor, abrir más las iglesias, confesar más, decir más misas, etc,etc. Es normal que la gente opere bajo los parámetros en los que ha sido educada, y escuchando cosas así yo me pregunto hasta qué edad puede uno cambiar de paradigma en esta vida. A mi me gustaría conservar la frescura siempre y no ser esclavo de mi propio carisma, de mi formación, o de mis costumbres, para llegado el momento poder seguir adaptándome al cambio constante que pide Dios (“he aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,15)
¿En qué consiste el cambio de paradigma entonces?
El papa Francisco habla de una iglesia en salida, una iglesia en las periferias, una conversión pastoral...yo creo que no hemos asimilado todavía ni el 10% de lo que conlleva un cambio así. El paradigma es pasar de una iglesia de llegada, a una de salida. El paradigma es la evangelización.
Si asimiláramos lo que significa una iglesia en salida empezaríamos a cerrar parroquias, liberar sacerdotes de la santificación para que se dediquen a la evangelización, promover piedras vivas en vez de edificios, liberar laicos y discipular conversos.
Hay diócesis que ya lo hacen, pero es muy diferente hacerlo por necesidad, por la fuerza de los hechos cuando viene la insostenibilidad humana o económica, que hacerlo porque tenemos visión de conjunto.
Uno no construye un portaaviones con los restos de un crucero desarbolado y sin apenas tripulación cuando ya se ha quedado sin gente. Para hacer un gran buque hacen falta planes, hacen falta obreros, hace falta inversión. Hay que formar gente que sepa hacer algo distinto a navegar, hay que traer gente de otras ramas del ejército como son los pilotos de avión que en principio no estaban diseñados para estar en el mar. Hay que pensar en soluciones nuevas, protagonistas nuevos, y entender que el portaaviones está en función de salir fuera porque su razón de ser es convertirse en una base flotante que responda con movilidad a las cambiantes necesidades estratégicas.
Los portaaviones son una inversión a medio y largo plazo, y no simplemente una operación de maquillaje de un crucero a corto plazo. Porque el crucero ni tiene la eslora, ni la capacidad, y por más que queramos reconvertir a la Nueva Evangelización estructuras caducas que no fueron diseñadas para ella sino para santificar, aunque la mona se vista de seda, en mona se queda.
La idea de un nuevo paradigma es de lo más sugerente, porque nos da la clave explicativa necesaria a nivel de visión para realizar los cambios consecuentes. Como dice la Escritura “donde no hay visión, el pueblo perece” (Prob. 29,18).
Cuanto antes entendamos que el Papa que tenemos no es una improvisación, sino que es la culminación de un cambio de paradigma que se remonta a la Lumen Gentium y tiene como carta magna la Evangelli Nuntiandii, más pronto podremos pasar del paradigma a sus consecuencias y entender que una iglesia en salida no es simplemente salir de excursión del crucero a pescar más pasajeros.
Cada vez me convenzo más de que el mayor enemigo de la evangelización somos nosotros mismos. Ni la agresiva cultura secular, ni la persecución, ni la falta de recursos. Es nuestra propia cortedad de miras, la falta de radicalidad y consecuencia, la simple falta de escucha de lo que la Iglesia está diciendo.
Somos como esas señoras que lo acumulan todo, no queremos descartar nada, y no somos capaces de entender lo que el cambio de paradigma nos propone porque simplemente estamos demasiado ocupados haciendo mil cosas que objetivamente no evangelizan. Y vaya si nos duelen prendas a la hora de deshacernos de ellas. Nos dan insatisfacción, pero no somos capaces de tirarlas por la borda.
Hay gente meritoria, sí, que empieza a operar un crucero con mentalidad de portaaviones. Hacen sus dos o tres excursiones evangelizadoras, pero esencialmente siguen trabajando para un crucero. Es verdad que no es culpa de ellos, muchas veces es dónde les han puesto, y no está en su mano vender diez cruceros y comprarse un portaaviones nuevo. Pero eso no les exime de la responsabilidad de hacer ver a sus superiores que no están trabajando en el paradigma adecuado, el que les pide la superioridad más alta.
En fin…¿para cuándo parroquias portaaviones? ¿Para cuando una pastoral bajo un paradigma postmoderno y a la vez eterno? ¿Cuándo empezaremos a valorar las parroquias por la gente que envían, no por la gente que acomodan? ¿Cuándo y cómo veremos la Nueva Evangelización despegar como un proyecto sólido a medio plazo que dé los pasos necesarios y no como una operación “vamos todos a la calle” de una tarde al mes?
Ha llovido mucho desde el sueño de don Bosco sobre la nave de la iglesia...si tuviéramos mil don boscos hoy en día, ¿qué tipo de barco sería aquel con el que soñarían para representar la nave de la Iglesia?
Fuente: comunionenlibertad.com
viernes, 5 de septiembre de 2014
Para renovar las parroquias: expulsar okupas y crear expectativas altas, por el P. Mallon
— Una perspectiva global y parroquial
Mallon es un pastor con una perspectiva peculiar para la renovación espiritual y pastoral de las parroquias. Es miembro de la directiva internacional de Cursos Alpha, asesor de la Renovación Carismática en Canadá, presentador televisivo en la EWTN, director de pastoral vocacional de su diócesis y miembro de su consejo presbiteral, ha elaborado un curso para recién convertidos llamado Cristianismo 2.0 y ha puesto en marcha una parroquia casi desde cero, Saint Benedict en Halifax (www.saintbenedict.ca), donde la Nueva Evangelización es la “meta y ADN de todo lo que se hace”.
— Tres ideas clave: evangelizar es hacer discípulos
Mallon trajo varias ideas clave para todos aquellos interesados en que la Iglesia sea evangelizadora:
1- La Iglesia es para evangelizar: esa es su identidad; si hay cosas en una parroquia o comunidad que dificultan que sea evangelizadora, deben quitarse. Tener claro que la identidad es evangelizar ayuda a tomar decisiones difíciles (como expulsar grupos que ocupan locales parroquiales y no sirven a la evangelización)
2- La misión de la Iglesia es “id y haced discípulos”; para hacer discípulos, se necesitan líderes, que deben ser discipulados.
3- Para conseguir líderes y discípulos hay que cambiar estructuras: realizar toda una conversión pastoral. Es posible sólo teniendo clara la identidad de la iglesia.
“He sido cura durante 17 años y párroco durante 14 años. Quiero ver renovación no solo en la Iglesia en general sino en nuestras parroquias, que la vida de fe que vemos a menudo en los movimientos se vea en las parroquias. Durante 14 años de párroco trabajé por eso y cometí muchos errores y aprendí cosas”, explicó en el ENE.
Hace 4 años a Mallon se le encargó la parroquia de Saint Benedict, que aún estaba a medio construir, y reunía la feligresía de otras tres parroquias que se cerraban. El cura escocés pidió permiso al obispo para hacer “un laboratorio pastoral”. El obispo le dijo: “pónmelo por escrito”. Lo leyó, dijo sí… y empezó la experiencia.
— Con identidad clara: expulsar a los okupas
En la experiencia de Mallon de haber intentado renovar parroquias antes, uno de los grandes problemas era la falta de identidad evangelizadora: pasó por 3 parroquias, y todas ellas tenían los locales tan ocupados con actividades no evangelizadoras –scouts poco católicos, ligas de jugadores de cartas que no iban a misa, deportes- que no se podían realizar las actividades necesarias para evangelizar, de primer anuncio (como Cursos Alpha) o de discipulado.
Al principio, Mallon era renuente a expulsar estas actividades de los locales, pero después reflexionó sobre la expulsión de los mercaderes del Templo. Recordó que Dios había dado un mandato: “Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos”… pero en el Templo de Jerusalén no podían entrar todos los pueblos, excepto al atrio de los gentiles, donde no se podía orar porque estaba lleno de mercaderes, animales, cosas mundanas…
— Cuatro mandatos de Cristo Resucitado
Jesús resucitado manda 4 cosas a sus discípulos: “Id, haced discípulos, bautizad, enseñad”. De estas cuatro cosas, dice Mallon, la central, incluso gramaticalmente, es “Haced discípulos”. “Sí que vamos, enseñamos y bautizamos… pero damos poco fruto porque no hacemos discípulos”.
Para él, el ciclo “virtuoso”, marcado por Jesús y eficaz en la práctica es:
1º- Hacer discípulos (cristianos a los pies de su Maestro)
2º- Ellos renuevan la Iglesia (cambiando las estructuras necesarias)
3º- Eso genera misioneros y apóstoles
4º- Los misioneros salen a evangelizar y generan discípulos…
“A dos minutos caminando desde mi casa en Halifax está el cementerio donde enterraron las víctimas del Titanic", explicó el párroco. "Del Titanic bajaron 18 barcas… con 472 espacios sin utilizar, barcas de rescate medio vacias. Quedaron 1.500 personas flotando en el agua, que tardaron 5 minutos en morir de hipotermia, pero los de las lanchas de rescate no hicieron nada por recogerlos. La Iglesia no es el Titanic, la Iglesia es las barcas de rescate. Si llega alguien nadando le dejamos subir, pero eso no basta, porque Jesús nos manda “ir”.
— Contra el minimalismo y el clericalismo
Para Mallon, la herejía del pelagianismo hoy se concreta en la cultura católica del “cumplir”, que es un “cumplir lo mínimo” y pensar que eso salva. Es toda una cultura del minimalismo “que es lo que mata a nuestra iglesia”. Por el contrario la Biblia pide un amor apasionado y desmedido entre Dios y su Esposa, Dios y los hombres: “Yo soy tuyo y tú eres mío”, citó.
Otro problema que señala es el clericalismo, que define como “la apropiación por parte del clero de lo que es propio de todos los bautizados”, como por ejemplo evangelizar, la llamada universal a la misión y a la santidad.
“El clericalismo aísla al clero y deja inmaduro al laicado”, denuncia Mallon. “Un buen padre desea hijos maduros. Y un clero aislado cae con facilidad en la soledad y el abuso de poder, algo que está en la raíz de muchos abusos”.
— 10 valores que cambian la parroquia
Con estas bases, Mallon planteó 10 valores para renovar las parroquias
1- El fin de semana debe ser prioritario: “hagamos que el fin de semana sea la mejor experiencia para nuestros fieles”… hasta desbancar a otras propuestas.
2- Hospitalidad y acogida: absolutamente esencial
3- Música que eleve: sea tradicional o moderna, ha de elevar el alma
4- Homilías transformadoras: que no sean solo informativas
5- Que la comunidad sea real, significativa: los feligreses han de conocer a los miembros de su comunidad, tratarse con ellos, verlos importantes… eso se suele conseguir con grupos pequeños
6- Que cada feligrés sepa lo que la parroquia espera de él: “en las organizaciones sanas cada uno sabe lo que se espera de él”
7- Detectar las fortalezas y talentos y usarlos: en vez de detectar agujeros en la estructura y llenarlos (“necesito a cualquier para hacer catequesis de niños”), se ha de detectar las capacidades de la gente y ponerlas a rendir para el Reino de Dios.
8- Usar comunidades pequeñas; cuanto más grande eres, más pequeño necesitas ser: en el caso real de Saint Benedict “tenemos 250 parroquianos en grupos que se reúnen en casas”.
9- Experiencia del Espíritu Santo: cultivar sin miedo sus dones y carismas
10- Cultura del invitar: “si los parroquianos ya están realizando los otros 9 puntos, este les saldrá de forma natural”, comenta Mallon.
— Hablando con sacerdotes
Mallon dio más detalles en un encuentro especial en el ENE orientado para sacerdotes. Ante unos 30 sacerdotes, Mallon explicó que el Documento de Aparecida, redactado por Jorge Mario Bergoglio y que debe orientar la evangelización y prioridades de la Iglesia en América, y perfectamente aplicable a Europa, llama a una “conversión pastoral” y usa 121 veces el concepto “discípulos misioneros”.
“En Aparecida por primera vez en la Iglesia se desarrolla un plan pastoral usando investigaciones y estudios que analizan por qué los católicos dejan la Iglesia y se van a los evangélicos y otros grupos religiosos. Lo explica en los párrafos 225-226”.
— Las 4 causas por las que dejan el catolicismo
La gente no deja la Iglesia Católica por razones teológicas sino vivenciales, por 4 cosas que la Iglesia Católica predica pero no practica en muchos sitios:
- La gente busca la experiencia religiosa, el encuentro personal con Cristo
- La gente busca vida de comunidad que no encontraba en la Iglesia Católica
- La gente busca formación doctrinal y bíblica que no encontraba en su parroquia
- La gente quería sentir un compromiso misionero en toda la comunidad, algo que no encontraron en la Iglesia Católica
En Aparecida, como respuesta se insiste: “el encuentro con Jesucristo debe ser constantemente renovado por el testimonio personal, la proclamación del kerygma y la acción misionera de la comunidad”.
— La importancia del kerigma
El kerigma es el primer anuncio y la verdad central del Evangelio: Dios, que nos ama, nos ha enviado a su Hijo, que ha muerto y ha resucitado por salvarnos y darnos el perdón y el poder del Espíritu Santo.
Esto, dice Mallon remitiéndose a Aparecida, debe impregnar toda la pastoral, porque “el kerigma no es solo una etapa sino el leitmotiv de un proceso que culmina en la madurez del discípulo de Jesucristo; sin el kerigma, los otros aspectos están condenados a la esterilidad”.
“En mi parroquia estamos enseñando a todos nuestros parroquianos a hablar de cómo Jesús ha cambiado su vida; los católicos han de pensar que esto es normal. Al principio te dicen que les hace sentir incomodo pero en 4 años ya se normaliza. Nuestro boletín personal tiene testimonios de fe y conversión. En Alpha y otros programas decimos: “escribe tu testimonio”. Se dan testimonios también en misa, o entrevisto a testimonios durante la homilía. Se dan testimonios en grupos pequeños. Convocamos desayunos, a veces solo de hombres, o solo de mujeres, para dar testimonios. Proclamamos el kerigma en bodas, funerales y misas de domingo”, va enumerando Mallon.
— 5 sistemas de la vida eclesial: a examen
El padre Mallon también analizó los 5 “sistemas” en la vida eclesial:
- el culto
- el servicio o ministerio
- la comunidad o fraternidad
- el discipulado
- la evangelización
“Hoy en la mayoría de las parroquias hay un poco de lo primero, algo de lo segundo, casi nada de lo tercero –sustituido por actividades culturales-, absolutamente nada de lo cuarto y nada o casi nada de lo quinto; de hecho, se hacen las cuatro primeras cosas y las llaman a todas evangelización para no hacer evangelización real; en realidad, si llamas evangelización a todo, al final nada lo es”, denuncia Mallon.
— Él detalló más esos 5 puntos:
El culto:
“Para nosotros el núcleo del culto es la liturgia, lo que Dios hace por nosotros, su entrega eterna del Hijo de Dios al Padre, en el Cenáculo, la Cruz y el Cielo… Pero el culto también debería elevar los corazones hacia Dios, por ejemplo con himnos de alabanza. Si alabamos “sin sentir” a veces es también un buen culto, el mejor, como cuando somos fieles en el matrimonio y actuamos con amor en momentos que no nos apetece…”
El ministerio:
“Significa servir, dentro y fuera de la iglesia, porque el Hijo del Hombre vino a servir, no a ser servido. Todo ministerio interno debería ayudar a salir afuera, ser misional. Una parroquia muy ocupada y que parezca ir bien, si no es misionera, en realidad no es buena, solo hace mantenimiento”.
Comunidad:
“En griego es koinonía, implica saberse conocido, amado, acompañado por los hermanos”; requiere de grupos pequeños, que se conozcan y apoyen
Discipulado:
“Es equipar a los santos –como dice Efesios 4, 9-12; San Pablo dice que se esfuerza por “presentaros a todos maduros-perfectos para Cristo”, no es tanto una perfección absoluta como un alcanzar la madurez, la completitud…
Evangelización:
“Es la proclamación explícita de Jesús… Muchos dicen que evangelizan ‘con su vida’ pero ya Pablo VI explicaba que tarde o temprano el testimonio de vida debe dar paso a la palabra, hay que mencionar a Jesús… no hay evangelización si no se proclama el Nombre, persona, obras de Jesucristo. Sin proclamación explícita no es evangelización. Será, como mucho, pre-evangelización. Lo de “evangeliza sin parar y si es necesario usa palabras” que se atribuye a Francisco de Asís no sale en realidad en ninguno de sus textos.
— El pastor y las ovejas ninja
Mallon, hablando a los curas reunidos en el ENE, les comentó que “el pastoreo implica alimentar a las ovejas y cuidarlas y protegerlas de los lobos, y últimamente nos dedicamos más a enterrarlas y a cuidar algunas, en vez de alimentarlas a todas. Una noche soñé que yo predicaba y decía algo absurdo: “¡Estamos llamados a hacer ovejas-ninja, no pasivas!”. Cuando desperté me pregunté de donde vendría la idea… pero me gustó. ¡Hagamos ovejas ninja! Son ovejas altamente entrenadas, con muchas habilidades, y eso prediqué.”
Para Mallon, las “ovejas ninja” es a lo que se refiere Evangelii Gaudium 15 (“un ministerio pastoral decididamente misionero”) y Evangeliun Gaudium, 120 (“discipulado”).
Para “hacer ovejas ninja” en Saint Benedict Mallon estableció dos pasos:
Primero: conseguir el impulso inicial, creando expectación en los parroquianos
Segundo: ser estratégico, y atender procesos (más que programas)
— Cómo crear el impulso
“Hemos dedicado los 4 primeros años a crear el impulso, crear la expectación, el deseo… y ahora vamos a por lo estratégico”, explicó.
“Para crear el impulso decimos a la gente: mira, en esta parroquia esperamos que seas un discípulo… “. La parroquia puede ser “exigente”, pedir mucho al parroquiano, porque también el parroquiano espera mucho de la parroquia. La parroquia es muy acogedora porque va a ser muy exigente.
El parroquiano va a aprender tener altas expectativas:
- En la alabanza: música, emoción, elevación espiritual…
- En el estar y sentirse conectado con la gente, los hermanos, Dios
- En el crecer personalmente
- En el servicio
- En el dar (también económicamente… “sin pagar no hay empleados, y son necesarios para el cambio”, dice Mallon).
Decía Miguel Ángel, el artista renacentista: “nuestro peligro es tener expectaciones demasiado bajas y alcanzarlas”. Ese es, según Mallon, el problema de las parroquias. Mallon recuerda que en la parábola de los talentos el Amo esperaba un fruto elevado de su inversión, del uso de los talentos. “Si la Iglesia no crece es que no está sana”, sentencia.
— Senescalía: sé generoso, Dios te lo prestó
El impulso inicial para transformar una parroquia llega predicando insistentemente que “lo que tenemos cada uno –tiempo, dinero, salud, talentos- no es nuestro, solo se nos ha prestado para que los administremos para Dios”, somos senescales o administradores de Dios”.
Mallon explica el fruto de insistir a los parroquianos en esta cultura de la “senescalía”, del ser administradores de Dios: “Nuestra colecta pasó de 10.000 dólares cada domingo a 25.000 a la semana”.
Pero, ¿cómo se consiguen esas cifras de donativos, que permiten contratar personal y dedicar recursos a la música, la misión, la evangelización…? Con 3 campañas anuales durante 4 años:
- Una sobre “administración del tiempo”: se fomenta el dar tiempo para servir, con testimonios, un librito con programas de discipulado, un festival para mostrar los ministerios parroquiales y una llamada visible: “sube ahora y elige en qué te comprometes”, con cada feligrés levantándose y entregando una tarjeta ante el altar con su compromiso
- Otra campaña similar sobre los talentos y el servicio;
- Y una tercera sobre “como administrar tus tesoros”, con testimonios y predicaciones 5 semanas al año sobre donaciones y generosidad
En 4 años se consigue el “impulso inicial” en la parroquia: “un 45% de nuestros feligreses han asumido esta cultura ya, una cultura de evangelización y discipulado, con vidas cambiadas; ahora pasan mil cosas a todas horas en la parroquia y los feligreses se pelean por las salas y locales aunque son muchos, porque hay muchos servicios en marcha”.
— Procesos, no proyectos
Tras la fase inicial basada en crear expectativas viene la fase estratégica, que depende necesariamente de tener “discípulos misioneros”. ¿Cómo define Mallon a un discípulo misionero (que debería ser lo estándar y normal de un cristiano maduro y adulto en una parroquia)?
El discípulo misionero es un feligrés que:
- Tiene relación personal con Jesús
- Puede compartir su fe con otros, hablar de ella
- Está abierto a los dones del Espíritu Santo y los usa
- Conoce las Escrituras
- Conoce teología básica
- Es de oración diaria
- Acude al menos a la misa dominical
- Se confiesa
- Puede orar espontáneamente
- Puede orar en voz alta si se le pide
- Ve su vida como un campo de misión
En esta fase ya no importan tanto los programas (cosas que hay que hacer) como los procesos (cambios que la gente vive).
“Ofrecíamos 60 programas 90 veces al año”, comenta Mallon. “A mí me gustaba pero mi personal se frustraba y eso no era estratégico. Ahora hemos reducido las opciones mucho y ofrecemos procesos, cosas que cambian a la gente”.
— El poder de tener visión
Todo esto parecen teorías locas si no hay una visión apasionada detrás. Mallon cita a Bill Hybels que define “la visión” como “una visión del futuro que produce pasión”. Es el fuego de Jeremías 20,9 (“un fuego ardiente”) y de Juan 2,17 (“el celo de tu casa me consume”).
“La visión es como poner un cartel en tu autocar con la ciudad donde vas; si tu parroquia no tiene visión, no va a ningún sitio, es un autocar parado. El primer paso es decir: hay que moverse. El segundo es la visión: a dónde vamos”, comenta Mallon.
En Evangelii Gaudium, el Papa Francisco habla así: “Tengo un sueño, una opción misionera, un impulso misionero capaz de cambiarlo todo… Tiempos y horarios, lenguajes y estructuras” También Martin Luther King dijo: “tengo un sueño”, y no “tengo un plan”.
“Los sueños son lo que inspira a la gente, si tienes un sueño, una visión, la gente te seguirá; si tienes sólo un plan, no. La falta de financiación nunca es un problema de dinero, sino de visión; la falta de unidad en la Iglesia también es un problema de falta de visión”.
Por eso Mallon dice a los sacerdotes y párrocos y líderes cristianos: “Id a la capilla, preguntad al Señor cual es vuestra visión, la imagen futura que os apasiona, sin la que no podrás liderar”.
Para Mallon, la Iglesia es como un campo deportivo donde los laicos son los jugadores, el cura es el entrenador y el mundo es espectador asombrado… El cura cumple la palabra de San Pablo: “Equipar a los santos –los creyentes- para el trabajo del ministerio, para edificar el cuerpo de Cristo”.
“¿Cuáles son las personas clave de tu diócesis, zona, etc… con influencia? ¡Comparte con ellos tu visión, con unos 20 de ellos! Anímalos a ver si se suben al bus. No solo los que te caigan bien: alguien que no te cae bien puede entender y contagiar tu visión”, propone Mallon.
— Insistir con la visión lo que haga falta
“Yo tengo 2 diáconos y un compañero sacerdote en la parroquia; cada tres fines de semana yo predico una homilía dominical sobre la visión, sobre a dónde debe ir la parroquia, por qué hacemos lo que hacemos… En 4 años insistiendo, así consigues contagiar la visión. Debes apelar a lo que afecta a la gente. A los feligreses les digo: “¿Os gusta que vuestros hijos y nietos dejen de ir a misa, que no bauticen a sus hijos, que no se casen…?” Eso preocupa mucho a los fieles. Y les digo: vamos a hacer algo distinto para cambiarlo”.
Contagiar la visión significa que muchas reuniones deben sustituirse o eliminarse para insistir en la visión: es inevitable, igual que es inevitable que el piloto no sirva bebidas y lo deje a las azafatas: el piloto sabe donde hay que ir y se dedica a ello.
“El 90% de las personas que vienen a mí en la parroquia quieren que haga algo por ellos… pero así no puedo hacer funcionar la visión; hay que tomar decisiones duras, quizá ser menos accesible a la gente, si así conseguimos difundir la visión. Claro, en cuanto actúes y muevas el autobús muchos te gritarán, regañaran y se quejarán al obispo, incluso al Papa. Habrá cartas de anónimos que protestan y dicen representar al 90% de la parroquia. Pero hay que tener clara tu identidad, tu visión y perseverar”, dice Mallon a las treintena de curas españoles que toman nota.
Mallon remite a Evangelii Gaudium 85: “Contra la tentación del pesimismo y derrotismo, el Papa pide coraje y celo, porque nadie va a la batalla sin creer en la victoria”.
— 7 consejos para lograr procesos de cambio
Y por último da 7 consejos para la fase estratégica:
1. Equipo de liderazgo que funcione: la función de un consejo pastoral –excepto en iglesias muy pequeñas- debe ser la visión, saber dónde vamos y contagiarlo y desarrollar la estrategia. “Nada de hablar de qué color pintas las paredes. Si tienes gente buena, santa e inteligente… escúchales, liderad juntos”, propone Mallon.
2. Desarrollar una declaración de visión de la parroquia, la visión que tienes en tu corazón… en comunión con la del obispo, se supone. “Pero hay obispos sin visión. Los hay que son maestros, o gestores, pero no tienen visión ni liderazgo”.
3. Haz una declaración de propósitos en UNA frase, que será la brújula de la misión. La parroquia de Saint Benedict tiene esta frase: “Ser catalizador de la renovación de la Iglesia”. O podría ser: “Crear discípulos misioneros”.
4. Evalúa los 5 sistemas de la vida parroquial (ver arriba)
5. Crea un plan de 5 años con objetivos mesurables… Muchos curas infravaloran lo que se puede hacer en 3 años y en cambio sobrevaloran lo que se puede hacer en un año.
6. Fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas… 4 cosas a evaluar en nuestro plan para la parroquia
7. Todo esto no es algo que el párroco pueda controlar con detalle. “Si eres maniático del control matarás la obra de Dios. No debes ser micromanager, un pastor micromanager vuelve loco a la gente y luego no funcionará casi nada. Prefiero un porcentaje de incorrección a un 0% de crecimiento. Yo no controlo los 90 ministerios de mi parroquia, sus 60 programas de formación. Yo solo imparto uno. Tenemos 10 grandes grupos de conexión en casa y no voy a ninguno. Los fieles rinden ante su equipo y los equipos ante mí. Hay que rendir cuentas, basarse en la subsidiariedad”.
— Pensar a lo grande: es para Dios
¿Todo esto es muy ambicioso para un párroco cualquiera en España o Hispanoamérica, para un catequista, para un responsable de grupo católico?
A eso Mallon responde que a Dios no le bastaba con reunir las tribus de Israel, que a Isaías le dio una visión de todos los pueblos adorando al Dios de Israel, una visión desmedida.
“Si tu visión no es tan grande como aterrorizarte quizá es insultante para Dios. ¿Crees que Dios puede cambiar el mundo a través de ti? Él dice: mi Gracia te basta. María dice: el Poderoso ha hecho obras grandes en mí. ¿Esperas que Dios haga cosas grandes? Si tu visión es factible por meros esfuerzos tuyos no necesitas la fe. Ha de ser una visión loca y grande que requiera la fe. Se nos ha encomendado ser testigos…¡hasta los confines de la Tierra!”, concluye Mallon.
lunes, 18 de agosto de 2014
Traer gente a la iglesia vs. traer la iglesia a la gente, por José Alberto Barrera Marchessi
¿Se han dado cuenta de que el 95% de las actividades que llamamos de Nueva Evangelización consisten en traer a la gente a la iglesia?
Ya sea en una evangelización nocturna, haciendo unas misiones populares, o predicando desde el púlpito a los que ya están dentro, parece que todo se trata en traer a la gente a lo nuestro.
Obviemos el hecho de que vamos hacia una iglesia tipo síndrome de Mr. Bean y Amo a Laura que empiezan a ser una triste realidad descrita profécticamente por la parodia, en vez de una mofa malintencionada que deforma una realidad pujante.
Lo cierto es que aunque fuéramos la más atractiva de las iglesias, con las más atractivas de las personas dentro, todavía habría algo mal planteado en una evangelización que se concibe como traer a los de fuera adentro de la Iglesia.
Si el papa nos pide ser una Iglesia en salida, ¿cómo es que seguimos siendo una iglesia de llegada? ¿Cómo podemos dormir tranquilos con una oveja en el redil teniendo noventa y nueve fuera? ¿En qué mente cabe pensar que una parroquia de éxito es la que acomoda más gente el domingo y no la que más gente envía?
Seguimos pensando que el éxito de la evangelización es que la gente vuelva a la iglesia, y así nos va.
Una iglesia que no hace primero una operación de autoevaluación, la que nos pedían los lineamenta y deja abierta la Evangelii Gaudium, difícilmente se puede poner a evangelizar porque en el mejor de los casos traerá a la gente de visita pero en absoluto estará en condiciones de dar nada sustancioso porque le falta lo más fundamental, ya que está inmersa en una crisis de fe e identidad.
Resuelto el problema de fe e identidad, no hay que lanzarse precipitadamente a evangelizar. Una Iglesia que vive en un desfase más que evidente con la cultura dominante (como explicó Mons. Dominique Rey en Manresa) debe preguntarse primero si sus edificios, espacios y simbologías están codificados en unas claves culturales inteligibles para los sujetos a los que pretende llegar.
Más allá de los espacios están las piedras vivas que harán la evangelización. Una iglesia que se ocupa en misiones, planes y proyectos de pastoral sin preocuparse por el hecho de no tener a las personas adecuadas para llevarlos a cabo, ni sostener e invertir en las que sí que podrían hacerlo, será el enésimo papel mojado que no tendrá resultados y del cual ni siquiera se hará revisión.
Como ven el problema es mucho más complejo que la dicotomía del título, traer a la gente a la iglesia, versus traer la iglesia a la gente.
No basta con salir de mentirijillas para traer gente dentro. Tampoco sería suficiente salir de corazón, a tumba abierta, y perderse por los caminos del mundo para acabar secularizados como les pasó a tantos en el postconcilio.
Hace falta redescubrir nuestra identidad más profunda en Cristo, la que nos edifica como Iglesia y nos hace misioneros una vez que hemos sido hechos discípulos.
Yo sé que esto no es fácil de entender ni de digerir.
Si queremos llegar afuera, primero tendremos que llegar adentro, al núcleo de la fe, a la experiencia primera, a Jesucristo. Es pura lógica: si no estamos dando a Jesucristo, la primera pregunta es si acaso no será que no lo tenemos suficientemente agarrado, y más nos vale asirnos de su orla si queremos ir a algún lado.
Si queremos llegar a los de fuera no podemos pretender que entren en una casa, la de la evangelización, el discipulado y la misión, que lleva años sin limpiarse, sin renovarse, y cuyas maneras y cuyo liderazgo son los que nos han llevado a la crisis actual.
Si queremos llegar a los de fuera tendremos que arriesgarnos a salir fuera nosotros también, ponernos de reformas y quedarnos en la calle mientras tanto, a ver si en el proceso se nos quitan algunas de las adherencias y anquilosidades que se nos han generado a base de llevar tanto tiempo dentro.
En definitiva, hace falta una iglesia afuera, en salida, que se reencuentre consigo misma en las periferias, no una iglesia autorreferencial y nostálgica de tiempos mejores donde traer a los cuatro despistados que aún se prestan a pisar una reliquia del pasado.
Y aunque parezca paradójico, el día en que hagamos esto, será cuando se vuelvan a llenar las iglesias, cuando a ellas lleguen conversos, y no simples turistas, pseudoevangelizados o despistados anacrónicos, que parece que es lo único que conseguimos atraer hoy en día.
Porque ojo, no es lo mismo traer a alguien a la iglesia con minúsculas, que traer a alguien a la Iglesia con mayúsculas.
Lo primero puede ser traer a alguien a un edificio, a un grupo pío, a una actividad o una celebración; lo segundo es traer a una persona de la vida a la muerte, de la condenación del pecado a la salvación en Cristo...y para eso existe la Iglesia, para dar vida y darla en abundancia...y eso en una palabra es la evangelización.
Fuente: religionenlibertad.com
sábado, 21 de junio de 2014
jueves, 28 de noviembre de 2013
La Alegría del Evangelio, n. 69: Sobre la piedad popular
La Alegría del Evangelio
(Exhortación Apostólica del papa Francisco)
24 de noviembre, 2013
Es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio. En los países de tradición católica se tratará de acompañar, cuidar y fortalecer la riqueza que ya existe, y en los países de otras tradiciones religiosas o profundamente secularizados se tratará de procurar nuevos procesos de evangelización de la cultura, aunque supongan proyectos a muy largo plazo. No podemos, sin embargo, desconocer que siempre hay un llamado al crecimiento. Toda cultura y todo grupo social necesitan purificación y maduración. En el caso de las culturas populares de pueblos católicos, podemos reconocer algunas debilidades que todavía deben ser sanadas por el Evangelio: el machismo, el alcoholismo, la violencia doméstica, una escasa participación en la Eucaristía, creencias fatalistas o supersticiosas que hacen recurrir a la brujería, etc. Pero es precisamente la piedad popular el mejor punto de partida para sanarlas y liberarlas.
(Exhortación Apostólica del papa Francisco)
24 de noviembre, 2013
Es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio. En los países de tradición católica se tratará de acompañar, cuidar y fortalecer la riqueza que ya existe, y en los países de otras tradiciones religiosas o profundamente secularizados se tratará de procurar nuevos procesos de evangelización de la cultura, aunque supongan proyectos a muy largo plazo. No podemos, sin embargo, desconocer que siempre hay un llamado al crecimiento. Toda cultura y todo grupo social necesitan purificación y maduración. En el caso de las culturas populares de pueblos católicos, podemos reconocer algunas debilidades que todavía deben ser sanadas por el Evangelio: el machismo, el alcoholismo, la violencia doméstica, una escasa participación en la Eucaristía, creencias fatalistas o supersticiosas que hacen recurrir a la brujería, etc. Pero es precisamente la piedad popular el mejor punto de partida para sanarlas y liberarlas.
jueves, 7 de noviembre de 2013
martes, 21 de mayo de 2013
domingo, 21 de abril de 2013
FRANCISCO SOBRE LA IGLESIA: "Prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma".
Carta del Papa Francisco a la
105º Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina
Queridos Hermanos:
Van estas líneas de saludo y también para excusarme por no poder asistir debido a “compromisos asumidos hace poco” (¿Suena bien?) Estoy espiritualmente junto a Ustedes y pido al Señor que los acompañe mucho en estos días.
Les expreso un deseo: Me gustaría que los trabajos de la Asamblea tengan como marco referencial al Documento de Aparecida y “Navega mar adentro”. Allí están las orientaciones que necesitamos para este momento de la historia. Sobre todo les pido que tengan una especial preocupación por crecer en la misión continental en sus dos aspectos: misión programática y misión paradigmática. Que toda la pastoral sea en clave misionera. Debemos salir de nosotros mismos hacia todas las periferias existenciales y crecer en parresía.
Una Iglesia que no sale, a la corta o a la larga, se enferma en la atmósfera viciada de su encierro. Es verdad también que a una Iglesia que sale le puede pasar lo que a cualquier persona que sale a la calle: tener un accidente. Ante esta alternativa, les quiero decir francamente que prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma. La enfermedad típica de la Iglesia encerrada es la autorreferencial; mirarse a sí misma, estar encorvada sobre sí misma como aquella mujer del Evangelio. Es una especie de narcisismo que nos conduce a la mundanidad espiritual y al clericalismo sofisticado, y luego nos impide experimentar “la dulce y confortadora alegría de evangelizar”.
Les deseo a todos Ustedes esta alegría, que tantas veces va unida a la Cruz, pero que nos salva del resentimiento, de la tristeza y de la soltenoría clerical. Esta alegría nos ayuda a ser cada día más fecundos, gastándonos y deshilachándonos en el servicio al santo pueblo fiel de Dios; esta alegría crecerá más y más en la medida en que tomemos en serio la conversión pastoral que nos pide la Iglesia.
Gracias por todo lo que hacen y por todo lo que van a hacer. Que el Señor nos libre de maquillar nuestro episcopado con los oropeles de la mundanidad, del dinero y del “clericalismo de mercado”. La Virgen nos enseñará el camino de la humildad y ese trabajo silencioso y valiente que lleva adelante el celo apostólico.
Les pido, por favor, que recen por mí, para que no me la crea y sepa escuchar lo que Dios quiere y no lo que yo quiero. Rezo por Ustedes.
Un abrazo de hermano y un especial saludo al pueblo fiel de Dios que tienen a su cuidado. Les deseo un santo y feliz tiempo pascual.
Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.
Fraternalmente,
Vaticano, 25 de marzo de 2013
sábado, 6 de abril de 2013
2 DOMINGO DE PASQUA, C
Hechos 5:12-16
Salmo 118: “Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia”
Apocalipsis 1:9-13, 17-19
Juan 20,19-31
Hechos 5:12-16
Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor. La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno. Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban.
Salmo 118: Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.
R. Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
R. Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.
R. Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia
Apocalipsis 1:9-13, 17-19
Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios, y haber dado testimonio de Jesús. Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía: "Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias de Asia." Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho. Al verlo, caí a sus pies como muerto. Él puso la mano derecha sobre mí y dijo: "No temas: Yo soy el primero y el Último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde."
Juan 20,19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros." Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos." Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor." Pero él les contesto: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo." A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: "Paz a vosotros." Luego dijo a Tomás: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente." Contestó Tomás: "¡ Señor mío y Dios mío!" Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto." Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Comentario por Mons. Francisco González, S.F.
Llevamos ya una semana de aleluya y gloria y campanas y campanillas. La sagrada liturgia no invita, ni fuerza a la alegría. Mas, hay motivos y serios para estar alegres: Jesús ha resucitado. De otro lado, continúa habiendo todavía muchos crucificados, lo que explica que la alegría sea un tanto opaca, pues es el mismo Señor quien nos ha dicho: “Cuando se lo hiciste a uno de estos mis pequeños, a mí me lo hicistéis”. Claro que cuando ponemos a Dios como centro de nuestra vida, los que sufren tendrán más posibilidad, mayor esperanza de resurrección.
La lectura del santo evangelio para este segundo domingo de Pascua, está tomada de San Juan. Un pasaje bello que nos puede hacer pensar, pues lo que ocurrió en aquel entonces, debe afectar y es una enseñanza para nuestra vida personal y de la Iglesia en el ahora.
Es al anochecer, del primer día, estando los discípulos escondidos en una casa con las puertas cerradas. Estaban pasando mucho miedo.
Fuera y dentro hay oscuridad, hay miedo, están encerrados. La nota de esperanza es que es el primer día, es un nuevo comienzo. Ha llegado el momento de que se cumpla la promesa: Y en esto entró Jesús, se puso en medio de ellos y les dijo: Paz a vosotros.
Inmediatamente les dio la prueba de quien era, por si había alguna duda: les mostró las manos y el costado, lo cual transformó su estado de ánimo, pues se llenaron de alegría. Todos aquellos rumores que corrieron durante el día de que algunos lo habían visto, etcétera, ahora llenó de gozo a todos los discípulos que estaban en casa.
Allí estaban la mayoría de los apóstoles, otros eran discípulos, habría mujeres que habían seguido al maestro. La mayoría se habían sentido llamados por este Jesús para seguirle, y así lo habían hecho. Pero también le habían abandonado, como leíamos en los relatos de la Pasión, y Jesús no les recuerda nada de eso, incluso les da su Espíritu, para que puedan continuar la misión que el Padre le había confiado a Él. ¡Qué extraordinario es el Maestro! Siempre mirando al futuro, un futuro lleno de esperanza y deja de lado la traición, el abandono, las negaciones. Sólo sabe decirles: Paz a vosotros. Una paz que verdaderamente necesitaban y que por sí solos no podían conseguir, pues no se habían olvidado de su comportamiento, pero ahora Jesús les dice que lo importante está por delante, e invita a todos ellos y a Tomás, que no estaba presente en la primera visita, a creer sin haber visto.
Tomás después de resistirse a creer y exigir pruebas antes de que él acepte lo que sus compañeros le aseguran haber visto, cae rendido ante Jesús, hacienda una maravillosa profesión de fe, incluso sin haber tocado la prueba que Jesús le ofrecía: ¡Señor mío y Dios mío!, pues lo importante no era esa prueba física, sino la misma persona y actitud del Maestro hacia él.
Según pasan los días nos vamos adentrando más y más en la nueva evangelización. Se habla y escribe constantemente sobre el tema. Echando una mirada hacia el pasado tratamos de encontrar a los culpables de la secularización de la sociedad antes cristiana. Es posible que la Iglesia no haya dado todo lo que debía haber dado en el campo de la catequesis, algo que ahora se quiere remediar. Todo lo cual puede ser verdad, pero tal vez hay otra razón por qué muchos han dejado de lado sus Iglesias. Posiblemente no hemos mostrado esa “paz y alegría” que nos da el Resucitado, nos hemos vuelto tristes, no gozamos de la paz interior que solo viene de Dios.
Damos la impresión a veces de estar cansados, de vivir nuestra fe forzados por unos u otros, y nos hemos olvidado de que Dios es quien nos ha dado la libertad, Él es el que nos guía hacia “la tierra prometida”, lo cual nos trae como consecuencia la paz y la alegría que experimentaron el primer día aquellos discípulos acobardados, ignorantes y miedosos, una vez que vieron al Resucitado.
Siguiendo el ejemplo de nuestros primeros hermanos en la fe, debemos abrir las puertas y dejar que el Espíritu del Señor penetre todo nuestro ser y quedemos transformados en evangelizadores, cuya “vivencia” del Resucitado, sea el altavoz que proclame el mensaje de Cristo, al mismo tiempo que aunque no pertenezcamos a este mundo, sí vivimos en Él, y estamos llamados a entrar en diálogo fraterno trabajando todos juntos por el Reino de Dios.
Salmo 118: “Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia”
Apocalipsis 1:9-13, 17-19
Juan 20,19-31
Hechos 5:12-16
Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor. La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno. Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban.
Salmo 118: Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.
R. Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
R. Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.
R. Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia
Apocalipsis 1:9-13, 17-19
Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios, y haber dado testimonio de Jesús. Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía: "Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias de Asia." Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho. Al verlo, caí a sus pies como muerto. Él puso la mano derecha sobre mí y dijo: "No temas: Yo soy el primero y el Último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde."
Juan 20,19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros." Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos." Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor." Pero él les contesto: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo." A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: "Paz a vosotros." Luego dijo a Tomás: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente." Contestó Tomás: "¡ Señor mío y Dios mío!" Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto." Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Comentario por Mons. Francisco González, S.F.
Llevamos ya una semana de aleluya y gloria y campanas y campanillas. La sagrada liturgia no invita, ni fuerza a la alegría. Mas, hay motivos y serios para estar alegres: Jesús ha resucitado. De otro lado, continúa habiendo todavía muchos crucificados, lo que explica que la alegría sea un tanto opaca, pues es el mismo Señor quien nos ha dicho: “Cuando se lo hiciste a uno de estos mis pequeños, a mí me lo hicistéis”. Claro que cuando ponemos a Dios como centro de nuestra vida, los que sufren tendrán más posibilidad, mayor esperanza de resurrección.
La lectura del santo evangelio para este segundo domingo de Pascua, está tomada de San Juan. Un pasaje bello que nos puede hacer pensar, pues lo que ocurrió en aquel entonces, debe afectar y es una enseñanza para nuestra vida personal y de la Iglesia en el ahora.
Es al anochecer, del primer día, estando los discípulos escondidos en una casa con las puertas cerradas. Estaban pasando mucho miedo.
Fuera y dentro hay oscuridad, hay miedo, están encerrados. La nota de esperanza es que es el primer día, es un nuevo comienzo. Ha llegado el momento de que se cumpla la promesa: Y en esto entró Jesús, se puso en medio de ellos y les dijo: Paz a vosotros.
Inmediatamente les dio la prueba de quien era, por si había alguna duda: les mostró las manos y el costado, lo cual transformó su estado de ánimo, pues se llenaron de alegría. Todos aquellos rumores que corrieron durante el día de que algunos lo habían visto, etcétera, ahora llenó de gozo a todos los discípulos que estaban en casa.
Allí estaban la mayoría de los apóstoles, otros eran discípulos, habría mujeres que habían seguido al maestro. La mayoría se habían sentido llamados por este Jesús para seguirle, y así lo habían hecho. Pero también le habían abandonado, como leíamos en los relatos de la Pasión, y Jesús no les recuerda nada de eso, incluso les da su Espíritu, para que puedan continuar la misión que el Padre le había confiado a Él. ¡Qué extraordinario es el Maestro! Siempre mirando al futuro, un futuro lleno de esperanza y deja de lado la traición, el abandono, las negaciones. Sólo sabe decirles: Paz a vosotros. Una paz que verdaderamente necesitaban y que por sí solos no podían conseguir, pues no se habían olvidado de su comportamiento, pero ahora Jesús les dice que lo importante está por delante, e invita a todos ellos y a Tomás, que no estaba presente en la primera visita, a creer sin haber visto.
Tomás después de resistirse a creer y exigir pruebas antes de que él acepte lo que sus compañeros le aseguran haber visto, cae rendido ante Jesús, hacienda una maravillosa profesión de fe, incluso sin haber tocado la prueba que Jesús le ofrecía: ¡Señor mío y Dios mío!, pues lo importante no era esa prueba física, sino la misma persona y actitud del Maestro hacia él.
Según pasan los días nos vamos adentrando más y más en la nueva evangelización. Se habla y escribe constantemente sobre el tema. Echando una mirada hacia el pasado tratamos de encontrar a los culpables de la secularización de la sociedad antes cristiana. Es posible que la Iglesia no haya dado todo lo que debía haber dado en el campo de la catequesis, algo que ahora se quiere remediar. Todo lo cual puede ser verdad, pero tal vez hay otra razón por qué muchos han dejado de lado sus Iglesias. Posiblemente no hemos mostrado esa “paz y alegría” que nos da el Resucitado, nos hemos vuelto tristes, no gozamos de la paz interior que solo viene de Dios.
Damos la impresión a veces de estar cansados, de vivir nuestra fe forzados por unos u otros, y nos hemos olvidado de que Dios es quien nos ha dado la libertad, Él es el que nos guía hacia “la tierra prometida”, lo cual nos trae como consecuencia la paz y la alegría que experimentaron el primer día aquellos discípulos acobardados, ignorantes y miedosos, una vez que vieron al Resucitado.
Siguiendo el ejemplo de nuestros primeros hermanos en la fe, debemos abrir las puertas y dejar que el Espíritu del Señor penetre todo nuestro ser y quedemos transformados en evangelizadores, cuya “vivencia” del Resucitado, sea el altavoz que proclame el mensaje de Cristo, al mismo tiempo que aunque no pertenezcamos a este mundo, sí vivimos en Él, y estamos llamados a entrar en diálogo fraterno trabajando todos juntos por el Reino de Dios.
viernes, 25 de enero de 2013
DOMINGO DE LA 3 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C, por Mons. Francisco González, S.F.
Nehemías 8,2-4.5-6.8-10
Salmo 18
1 Corintios 12,12-30
Lucas 1,1-4; 4,14-21
Nehemías 8,2-4.5-6.8-10
En aquellos días, el sacerdote Esdrás, trajo el libro a la asamblea de hombres y mujeres y de todos los que podían comprender. Era mediados del mes séptimo. Leyó el libro, en la plaza de la puerta del agua, desde el amanecer hasta el mediodía, en presencia de hombres, mujeres y a los que tenían uso de razón; y todo el pueblo estaba atento al libro de la ley. Esdras, el sacerdote, estaba de pie sobre un estrado de madera, que habían hecho para el caso. Esdrás abrió el libro a vista de todo el pueblo, pues se hallaba en un puesto elevado, y cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. Esdrás pronunció la bendición del Señor Dios grande y el pueblo entero alzando las manos respondió: "Amén", Amén"; se inclinó y se postró rostro a tierra ante el Señor. Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el Gobernador, Esdras, el sacerdote y letrado, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero:
– Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo no lloréis: (Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la ley.)
Y añadieron:
– Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo del Señor es vuestra fortaleza.
Salmo 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
La Ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón
Señor, roca mía, redentor mío.
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
1 Corintios 12,12-30
Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, con un solo cuerpo, así también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Si el pie dijera. "No soy mano, luego no formo parte del cuerpo", dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: "No soy ojo, luego no formo parte del cuerpo", ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿como oiría? Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería? Pues bien. Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso. Si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: "no te necesito"; y la cabeza no puede decir a los pies: "no os necesito". Más aún, los miembros que parecen más débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más. Los menos decentes, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan. Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los más necesitados. Así no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos le felicitan. Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro. Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas, el don de interpretarlas ¿Acaso son todos apóstoles?, ¿o todos son profetas?, ¿o todos maestros?, ¿o hacen todos milagros?, ¿tienen todos don para curar?, ¿hablan todos en lenguas o todos las interpretan?
Lucas 1,1-4; 4,14-21
Ilustre Teófilo, muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la Palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan. Fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
– “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor".
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba, y se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:
– Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír.
Comentario de Mons. Francisco González, S.F.
Obispo Auxiliar de Washington, D.C.
La primera lectura nos habla de Nehemías, gobernador de Jerusalén, del sacerdote Esdras y de los levitas que durante toda una mañana en la plaza del Templo han estado proclamando y explicando el Libro, o sea la Ley a la cual el pueblo entero ha respondido con un profundo y comprometido: “Amén, Amén”. Este día fue declarado sagrado, pues comienza una nueva alianza.
En la segunda lectura nos presenta un aspecto de la comunidad de Corinto, una ciudad importante, viva, donde se encuentra de todo. La comunidad de creyentes tiene grandes obras y muestra sus virtudes, aunque también sus deficiencias y una, principal, es la división que existe. Pablo nos recuerda la diversidad que debe existir, dentro de la unidad, que no quiere decir uniformidad. Él usa la metáfora del cuerpo, compuesto de tantos miembros, unidos entre sí para la vida saludable del mismo.
Así la Iglesia, donde los miembros todos han sido bautizados en un mismo Espíritu, creador de la unidad. Sí a un cuerpo que aglutina la diversidad de sus miembros, y no a la uniformidad que destruye la variedad de dones, no a la división que destroza la armonía del cuerpo.
Estamos viviendo en la Iglesia momentos extraordinarios y de gran oportunidad. Sí, lo mismo que en Corinto encontramos divisiones, no todos parecen seguir el mismo Espíritu. A veces damos la impresión de que en vez de escucharle y dejarnos guiar por Él, le decimos cómo queremos ser conducidos y hacia donde orientamos nuestra meta u objetivo personal. Nos lamentamos que la Iglesia está sufriendo ataques de unos u otros, de fuera y de dentro. Y aunque todo eso es verdad, creo que nuestra gran preocupación, no es necesariamente lo que la gente dice de la Iglesia, sino lo que Cristo dice de la misma y a la misma.
La lectura evangélica para este tercer domingo del Tiempo Ordinario consta de dos capítulos distintos. La primera parte es el comienzo del evangelio donde Lucas presenta su obra a Teófilo, dándole una explicación de cómo ha conseguido la información, a quienes ha consultado, la forma en la que se ha asegurado de lo que ha recogido, y el orden de la exposición de todo lo averiguado.
La segunda parte, que proviene del capítulo cuarto, es como el discurso programático de su futuro ministerio, algo de gran importancia, según mí entender, ya que estamos envueltos en este esfuerzo extraordinario de la llamada “Nueva Evangelización”.
Evangelio significa “Buena Nueva, Buena Noticia”, y esa cosa Buena es sin lugar a dudas la persona de Cristo. El evangelista nos ha presentado la infancia de Jesús, el ministerio de Juan el Bautista, incluido el Bautismo de Jesús, su genealogía y las tentaciones. Hoy, siguiendo al Maestro, le acompañamos a Galilea, a su pueblo, donde como ha hecho con frecuencia, va a la sinagoga, donde le entregan el rollo del profeta Isaías y elige el pasaje con el que explica lo que será su trayectoria.
Primero de todo anuncia que ha sido elegido, ungido por el Espíritu del Señor, con el propósito de dar la Buena Noticia. Uno cabe preguntarse: ¿A quién le va a dar esa buena noticia? Él mismo señala a cuatro grupos de personas: a los pobres, a los cautivos, a los ciegos y a los oprimidos. Algunos tal vez echen de menos que no diga nada a los del Templo, o a los pecadores, o a los opresores del pueblo.
La Buena Noticia es consolación para los pobres, es libertad para los cautivos y a los oprimidos, es vista a los ciegos. Todos ellos son gente que sufre, y en la mayoría de los casos porque los otros, los poderosos, políticos, líderes de un tipo u otro están muy interesados en su propio beneficio, en su bienestar. Se podría decir que ellos no están interesados en la Buena Noticia de Cristo, ya que el aceptarla exige un cambio, un cambio que nos lleve a trabajar por una humanidad en solidaridad, por una humanidad dedicada a paliar el sufrimiento del ser humano, humanidad que vive en la libertad de los hijos/as de Dios.
Ojalá que la evangelización no sea simplemente o únicamente doctrina, sino fe viva, capaz de mover, de remover las montañas del egoísmo, el gran impedimento para “allanar los caminos del Señor”.
Salmo 18
1 Corintios 12,12-30
Lucas 1,1-4; 4,14-21
Nehemías 8,2-4.5-6.8-10
En aquellos días, el sacerdote Esdrás, trajo el libro a la asamblea de hombres y mujeres y de todos los que podían comprender. Era mediados del mes séptimo. Leyó el libro, en la plaza de la puerta del agua, desde el amanecer hasta el mediodía, en presencia de hombres, mujeres y a los que tenían uso de razón; y todo el pueblo estaba atento al libro de la ley. Esdras, el sacerdote, estaba de pie sobre un estrado de madera, que habían hecho para el caso. Esdrás abrió el libro a vista de todo el pueblo, pues se hallaba en un puesto elevado, y cuando lo abrió, el pueblo entero se puso de pie. Esdrás pronunció la bendición del Señor Dios grande y el pueblo entero alzando las manos respondió: "Amén", Amén"; se inclinó y se postró rostro a tierra ante el Señor. Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el Gobernador, Esdras, el sacerdote y letrado, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero:
– Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo no lloréis: (Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la ley.)
Y añadieron:
– Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo del Señor es vuestra fortaleza.
Salmo 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
La Ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón
Señor, roca mía, redentor mío.
R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
1 Corintios 12,12-30
Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, con un solo cuerpo, así también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Si el pie dijera. "No soy mano, luego no formo parte del cuerpo", dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: "No soy ojo, luego no formo parte del cuerpo", ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿como oiría? Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería? Pues bien. Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso. Si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: "no te necesito"; y la cabeza no puede decir a los pies: "no os necesito". Más aún, los miembros que parecen más débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más. Los menos decentes, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan. Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los más necesitados. Así no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos le felicitan. Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro. Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas, el don de interpretarlas ¿Acaso son todos apóstoles?, ¿o todos son profetas?, ¿o todos maestros?, ¿o hacen todos milagros?, ¿tienen todos don para curar?, ¿hablan todos en lenguas o todos las interpretan?
Lucas 1,1-4; 4,14-21
Ilustre Teófilo, muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la Palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan. Fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
– “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor".
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba, y se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:
– Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír.
Comentario de Mons. Francisco González, S.F.
Obispo Auxiliar de Washington, D.C.
La primera lectura nos habla de Nehemías, gobernador de Jerusalén, del sacerdote Esdras y de los levitas que durante toda una mañana en la plaza del Templo han estado proclamando y explicando el Libro, o sea la Ley a la cual el pueblo entero ha respondido con un profundo y comprometido: “Amén, Amén”. Este día fue declarado sagrado, pues comienza una nueva alianza.
En la segunda lectura nos presenta un aspecto de la comunidad de Corinto, una ciudad importante, viva, donde se encuentra de todo. La comunidad de creyentes tiene grandes obras y muestra sus virtudes, aunque también sus deficiencias y una, principal, es la división que existe. Pablo nos recuerda la diversidad que debe existir, dentro de la unidad, que no quiere decir uniformidad. Él usa la metáfora del cuerpo, compuesto de tantos miembros, unidos entre sí para la vida saludable del mismo.
Así la Iglesia, donde los miembros todos han sido bautizados en un mismo Espíritu, creador de la unidad. Sí a un cuerpo que aglutina la diversidad de sus miembros, y no a la uniformidad que destruye la variedad de dones, no a la división que destroza la armonía del cuerpo.
Estamos viviendo en la Iglesia momentos extraordinarios y de gran oportunidad. Sí, lo mismo que en Corinto encontramos divisiones, no todos parecen seguir el mismo Espíritu. A veces damos la impresión de que en vez de escucharle y dejarnos guiar por Él, le decimos cómo queremos ser conducidos y hacia donde orientamos nuestra meta u objetivo personal. Nos lamentamos que la Iglesia está sufriendo ataques de unos u otros, de fuera y de dentro. Y aunque todo eso es verdad, creo que nuestra gran preocupación, no es necesariamente lo que la gente dice de la Iglesia, sino lo que Cristo dice de la misma y a la misma.
La lectura evangélica para este tercer domingo del Tiempo Ordinario consta de dos capítulos distintos. La primera parte es el comienzo del evangelio donde Lucas presenta su obra a Teófilo, dándole una explicación de cómo ha conseguido la información, a quienes ha consultado, la forma en la que se ha asegurado de lo que ha recogido, y el orden de la exposición de todo lo averiguado.
La segunda parte, que proviene del capítulo cuarto, es como el discurso programático de su futuro ministerio, algo de gran importancia, según mí entender, ya que estamos envueltos en este esfuerzo extraordinario de la llamada “Nueva Evangelización”.
Evangelio significa “Buena Nueva, Buena Noticia”, y esa cosa Buena es sin lugar a dudas la persona de Cristo. El evangelista nos ha presentado la infancia de Jesús, el ministerio de Juan el Bautista, incluido el Bautismo de Jesús, su genealogía y las tentaciones. Hoy, siguiendo al Maestro, le acompañamos a Galilea, a su pueblo, donde como ha hecho con frecuencia, va a la sinagoga, donde le entregan el rollo del profeta Isaías y elige el pasaje con el que explica lo que será su trayectoria.
Primero de todo anuncia que ha sido elegido, ungido por el Espíritu del Señor, con el propósito de dar la Buena Noticia. Uno cabe preguntarse: ¿A quién le va a dar esa buena noticia? Él mismo señala a cuatro grupos de personas: a los pobres, a los cautivos, a los ciegos y a los oprimidos. Algunos tal vez echen de menos que no diga nada a los del Templo, o a los pecadores, o a los opresores del pueblo.
La Buena Noticia es consolación para los pobres, es libertad para los cautivos y a los oprimidos, es vista a los ciegos. Todos ellos son gente que sufre, y en la mayoría de los casos porque los otros, los poderosos, políticos, líderes de un tipo u otro están muy interesados en su propio beneficio, en su bienestar. Se podría decir que ellos no están interesados en la Buena Noticia de Cristo, ya que el aceptarla exige un cambio, un cambio que nos lleve a trabajar por una humanidad en solidaridad, por una humanidad dedicada a paliar el sufrimiento del ser humano, humanidad que vive en la libertad de los hijos/as de Dios.
Ojalá que la evangelización no sea simplemente o únicamente doctrina, sino fe viva, capaz de mover, de remover las montañas del egoísmo, el gran impedimento para “allanar los caminos del Señor”.
sábado, 12 de enero de 2013
LA NUEVA EVANGELIZACIÓN PASA POR UNA PARROQUIA DE ''ROSTRO NUEVO'' capaz de acompañar en la fe y en el mundo personal y afectivo a la gente.
Identidad teológico-pastoral
de la Nueva Evangelización
No es posible realizar la Nueva Evangelización sin abrirse a la acción del Espíritu Santo pues Él es quien otorga los carismas para el anuncio de Jesucristo y el servicio a la sociedad como discípulos de Jesús. El Espíritu es quien hace realidad la alegría y el gozo con el que hay que evangelizar.
Sin una eclesiología, es decir, sin un modo de autocomprensión y de ser y estar en el mundo contemporáneo que profundice la enseñanza del Concilio Vaticano II, la Iglesia no podrá empeñarse en una nueva evangelización.
Es fundamental definir la relación “Iglesia-mundo actual”. De no hacerlo, seguiríamos dando la impresión de “institución”, y no de asamblea reunida en torno a Jesucristo, donde todo lo humano tiene cabida. Es esta comunidad de fe y de discípulos misioneros al servicio del mundo (diakonía), la que recibió la misión de anunciarlo.
Una conveniente eclesiología va de la mano con un profundo examen de conciencia de la Iglesia respecto de si misma. No hablamos de Nueva Evangelización sólo porque los otros han cambiado. Es hora de preguntarnos: ¿qué pecados tiene la Iglesia que nos han llevado a una Nueva Evangelización? Un status questionis [estado de la cuestión] sobre la Iglesia en sí misma y su lugar en el mundo es imprescindible a la hora de una nueva evangelización.
La comunión es la fuente y el fruto de la nueva evangelización, porque Dios trino, de quien procede la Iglesia y a quien la Iglesia tiene que anunciar, es relación y comunión y, además, porque hoy vivimos en una sociedad particularmente individualista. Esta comunión trinitaria es la que hace realidad la comunión efectiva entre nosotros y es de aquí de donde debe brotar la misión. Esto también es esencialmente trinitario.
Algunos contenidos, sujetos, destinatarios y estilo
de la Nueva Evangelización
La fuente de la nueva evangelización es Dios Trino. Quién evangeliza es Dios Padre, quien por amor, conduce su designio salvador para la humanidad; es Dios Hijo, quien con su misterio pascual es oferta de gracia y verdad; es el Espíritu Santo, quien hace posible la comunión con Dios salvador en el seno de la Iglesia y el corazón de los creyentes; el Espíritu es quien acompaña y sustenta a los evangelizadores.
La nueva evangelización tiene por contenido el anuncio por la palabra y el testimonio de Cristo Resucitado, vivo, cercano, fuente de amor. Este anuncio y testimonio tiene que llevar al encuentro personal con Él y, en Él, con el Padre.
a) Familia
La familia es un ámbito de primera importancia cuando se piensa en qué hay que evangelizar (destinatario), pero también cuando se piensa en quién tiene que evangelizar (sujeto). Dentro de la familia, los niños son los primeros destinatarios de la evangelización de padres evangelizados.
b) Catequistas
Es indispensable valorar y fortalecer la labor de los catequistas y de la catequesis. Con catequistas bien formados se puede desarrollar una catequesis que se entienda y practique como proceso de discipulado, es decir, como una real experiencia de fe en el seguimiento del Señor. Para este proceso se requieren formas inteligibles (lenguajes) de dirigirse a la gente de hoy considerando sus anhelos y culturas.
c) Fieles laicos
Sin la función evangelizadora de los fieles laicos en su ámbito propio, que es la gestión de la vida familiar, social, política, económica y cultural, no habrá nueva evangelización. Pero éstos requieren una formación integral y el reconocimiento efectivo de que son corresponsables en la tarea del Reino.
La vocación y misión de los laicos requiere una profunda reflexión sobre su inserción en el mundo, sobre todo en los nuevos areópagos, y de su participación en la Iglesia. Al respecto, habría que revisar qué servicios eclesiales habría que confiar a los laicos teniendo en cuenta la Nueva Evangelización y los nuevos escenarios.
El estilo de la nueva evangelización es un testimonio alegre, atrayente y audaz de la fe; por tanto, el nuevo estilo de evangelizar no se caracteriza por “imponer”, sino por “atraer”.
Evangeliza una Iglesia pobre que renueva su opción por los pobres y marginados, como Cristo Jesús, pues ellos, son destinatarios privilegiados de la salvación. “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
d) Especial atención al lenguaje que utilizamos
El lenguaje, como mediación para comunicar la buena nueva de Jesucristo, requiere una atención especial. Se hace necesario un examen de conciencia sobre nuestro uso del lenguaje y si somos capaces o no de expresarnos en un mundo donde hay nuevos lenguajes. Nuestro lenguaje peca de clericalismo.
e) La parroquia
La renovación de la Iglesia particular y, en ella, la renovación de la parroquia, para replantearla como casa y escuela de comunión, lugar eclesial de espiritualidad y donde se aprende la comunión y la corresponsabilidad en la misión de la Iglesia, con mayor razón hoy, cuando se diluye la persona y aparece el individuo o la masa.
La nueva evangelización pasa por una parroquia de “rostro nuevo”, capaz de acompañar en la fe y en el mundo personal y afectivo a la gente, de lo que más se carece hoy en nuestra sociedad.
Las parroquias debieran ser una red de comunidades eclesiales que, en sus concretos contextos, sustenten la fe en Cristo Jesús y su seguimiento y, por lo mismo, el crecimiento en la dimensión humana integral. Estos “cuerpos eclesiales” (las parroquias y sus comunidades) son los llamados a mostrar al Señor resucitado, que da vida y sentido a la existencia. Quizás el problema más acuciante de la Nueva Evangelización es la constitución y acompañamiento de estas pequeñas comunidades eclesiales.
Fuente:
XIII ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS (Vaticano, 7-28 de OCTUBRE 2012) Presentación de monseñor Santiago Jaime Silva Retamales, obispo titular de Bela, auxiliar de Valparaíso, Chile, secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
de la Nueva Evangelización
No es posible realizar la Nueva Evangelización sin abrirse a la acción del Espíritu Santo pues Él es quien otorga los carismas para el anuncio de Jesucristo y el servicio a la sociedad como discípulos de Jesús. El Espíritu es quien hace realidad la alegría y el gozo con el que hay que evangelizar.
Sin una eclesiología, es decir, sin un modo de autocomprensión y de ser y estar en el mundo contemporáneo que profundice la enseñanza del Concilio Vaticano II, la Iglesia no podrá empeñarse en una nueva evangelización.
Es fundamental definir la relación “Iglesia-mundo actual”. De no hacerlo, seguiríamos dando la impresión de “institución”, y no de asamblea reunida en torno a Jesucristo, donde todo lo humano tiene cabida. Es esta comunidad de fe y de discípulos misioneros al servicio del mundo (diakonía), la que recibió la misión de anunciarlo.
Una conveniente eclesiología va de la mano con un profundo examen de conciencia de la Iglesia respecto de si misma. No hablamos de Nueva Evangelización sólo porque los otros han cambiado. Es hora de preguntarnos: ¿qué pecados tiene la Iglesia que nos han llevado a una Nueva Evangelización? Un status questionis [estado de la cuestión] sobre la Iglesia en sí misma y su lugar en el mundo es imprescindible a la hora de una nueva evangelización.
La comunión es la fuente y el fruto de la nueva evangelización, porque Dios trino, de quien procede la Iglesia y a quien la Iglesia tiene que anunciar, es relación y comunión y, además, porque hoy vivimos en una sociedad particularmente individualista. Esta comunión trinitaria es la que hace realidad la comunión efectiva entre nosotros y es de aquí de donde debe brotar la misión. Esto también es esencialmente trinitario.
Algunos contenidos, sujetos, destinatarios y estilo
de la Nueva Evangelización
La fuente de la nueva evangelización es Dios Trino. Quién evangeliza es Dios Padre, quien por amor, conduce su designio salvador para la humanidad; es Dios Hijo, quien con su misterio pascual es oferta de gracia y verdad; es el Espíritu Santo, quien hace posible la comunión con Dios salvador en el seno de la Iglesia y el corazón de los creyentes; el Espíritu es quien acompaña y sustenta a los evangelizadores.
La nueva evangelización tiene por contenido el anuncio por la palabra y el testimonio de Cristo Resucitado, vivo, cercano, fuente de amor. Este anuncio y testimonio tiene que llevar al encuentro personal con Él y, en Él, con el Padre.
a) Familia
La familia es un ámbito de primera importancia cuando se piensa en qué hay que evangelizar (destinatario), pero también cuando se piensa en quién tiene que evangelizar (sujeto). Dentro de la familia, los niños son los primeros destinatarios de la evangelización de padres evangelizados.
b) Catequistas
Es indispensable valorar y fortalecer la labor de los catequistas y de la catequesis. Con catequistas bien formados se puede desarrollar una catequesis que se entienda y practique como proceso de discipulado, es decir, como una real experiencia de fe en el seguimiento del Señor. Para este proceso se requieren formas inteligibles (lenguajes) de dirigirse a la gente de hoy considerando sus anhelos y culturas.
c) Fieles laicos
Sin la función evangelizadora de los fieles laicos en su ámbito propio, que es la gestión de la vida familiar, social, política, económica y cultural, no habrá nueva evangelización. Pero éstos requieren una formación integral y el reconocimiento efectivo de que son corresponsables en la tarea del Reino.
La vocación y misión de los laicos requiere una profunda reflexión sobre su inserción en el mundo, sobre todo en los nuevos areópagos, y de su participación en la Iglesia. Al respecto, habría que revisar qué servicios eclesiales habría que confiar a los laicos teniendo en cuenta la Nueva Evangelización y los nuevos escenarios.
El estilo de la nueva evangelización es un testimonio alegre, atrayente y audaz de la fe; por tanto, el nuevo estilo de evangelizar no se caracteriza por “imponer”, sino por “atraer”.
Evangeliza una Iglesia pobre que renueva su opción por los pobres y marginados, como Cristo Jesús, pues ellos, son destinatarios privilegiados de la salvación. “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
d) Especial atención al lenguaje que utilizamos
El lenguaje, como mediación para comunicar la buena nueva de Jesucristo, requiere una atención especial. Se hace necesario un examen de conciencia sobre nuestro uso del lenguaje y si somos capaces o no de expresarnos en un mundo donde hay nuevos lenguajes. Nuestro lenguaje peca de clericalismo.
e) La parroquia
La renovación de la Iglesia particular y, en ella, la renovación de la parroquia, para replantearla como casa y escuela de comunión, lugar eclesial de espiritualidad y donde se aprende la comunión y la corresponsabilidad en la misión de la Iglesia, con mayor razón hoy, cuando se diluye la persona y aparece el individuo o la masa.
La nueva evangelización pasa por una parroquia de “rostro nuevo”, capaz de acompañar en la fe y en el mundo personal y afectivo a la gente, de lo que más se carece hoy en nuestra sociedad.
Las parroquias debieran ser una red de comunidades eclesiales que, en sus concretos contextos, sustenten la fe en Cristo Jesús y su seguimiento y, por lo mismo, el crecimiento en la dimensión humana integral. Estos “cuerpos eclesiales” (las parroquias y sus comunidades) son los llamados a mostrar al Señor resucitado, que da vida y sentido a la existencia. Quizás el problema más acuciante de la Nueva Evangelización es la constitución y acompañamiento de estas pequeñas comunidades eclesiales.
Fuente:
XIII ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS (Vaticano, 7-28 de OCTUBRE 2012) Presentación de monseñor Santiago Jaime Silva Retamales, obispo titular de Bela, auxiliar de Valparaíso, Chile, secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
viernes, 21 de diciembre de 2012
''EVANGELIZAR A TRAVÉS DE LA ALEGRÍA'', por el P. Raniero Cantalamessa, OFMCap.
El Papa ha invitado a la Iglesia a hacer de este año [2012-2013, Año de la Fe] una oportunidad para redescubrir "la alegría del encuentro con Cristo", la alegría de ser cristianos.
Haciéndome eco de esta exhortación, voy a hablar de cómo evangelizar a través de la alegría. Lo hago permaneciendo lo más posible, en relación al tiempo litúrgico [Adviento] que vivimos, de modo que sirva también como preparación para la Navidad.
1. La alegría escatológica
En los "evangelios de la infancia", Lucas ha conseguido no solo presentarnos los hechos y los personajes sino también recrear la atmósfera y el estado de ánimo en que se vivieron esos acontecimientos. Uno de los elementos más evidentes de este mundo espiritual es la alegría. La piedad cristiana no se equivocó cuando llamó a los hechos de la infancia de Jesús, los «misterios gozosos», misterios de la alegría.
En Zacarías, el ángel promete que habrá "alegría y gozo" por el nacimiento de su hijo y que muchos "se alegrarán" por él (cf. Lc. 1, 14). Hay una palabra griega que volverá a aparecer en la boca de varios personajes y es el término agallìasis, que significa "la alegría escatológica por la irrupción del tiempo mesiánico."
Ante el saludo de María, la criatura "exultó de alegría" en el vientre de Isabel (Lc. 1, 44), preanunciando, por lo tanto, la alegría del "amigo del esposo" por la presencia del novio (Jn. 3, 29s) .
La nota alcanza un primer alto en el grito de María: "¡Mi espíritu se alegra (egallìasen) en Dios!" (Lc. 1, 47); se extiende a través de la alegría calma de los amigos y de los parientes en torno a la cuna del Precursor (cf. Lc. 1, 58), para finalmente explotar con toda su fuerza, en el nacimiento de Cristo, en el grito de los ángeles a los pastores: "Les anuncio una gran alegría" (Lc. 2, 10).
No se trata solo de algunas referencias dispersas de alegría, sino de un ímpetu de alegría calma y profunda que atraviesa los "evangelios de la infancia" de principio a fin, y se expresa de muchas maneras: en el impulso con el que María se levanta para ir donde Isabel y de los pastores para ir a ver al Niño, en los gestos humildes y típicos de la alegría, que son las visitas, los augurios, los saludos, las felicitaciones, los regalos.
Pero, sobre todo, se expresa en el estupor y en la gratitud conmovida de estos protagonistas: "¡Dios ha visitado a su pueblo! [...] ¡Se ha acordado de su santa alianza. Lo que todos los fieles habían pedido --que Dios recuerde sus promesas--, ¡ya sucedió! Los personajes de los "evangelios de la infancia" parecen moverse y hablar en la atmósfera del sueño cantado en el Salmo 126, el salmo de la vuelta del exilio:
"Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones.
Hasta los mismos paganos decían:
«¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!».
¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría! "
María hace suya la última expresión de este salmo, cuando exclama, "Ha hecho en mi favor cosas grandes, el Todopoderoso". Estamos ante el ejemplo más puro de la "sobria embriaguez" del Espíritu. La suya es una verdadera embriaguez espiritual, pero es sobria. No se exaltan, no se preocupan en tener un puesto más o menos importante en el incipiente Reino de Dios. No se preocupan siquiera en ver el final; Simeón, de hecho, dice que el Señor ahora puede dejarlo incluso ir en paz, que desaparezca. Lo que importa es que la obra de Dios avance, no importa si con ellos o sin ellos.
2. De la liturgia a la vida
Pasemos ahora de la Biblia y de la liturgia a la vida, a la cual se dirige siempre la palabra de Dios. La intención del evangelista Lucas no es solo de narrar, sino también de involucrar a la audiencia y atraerla, como a los pastores, a una alegre procesión a Belén. "Quien lee estas líneas –dice un exegeta moderno–, está llamado a compartir la alegría; solo la comunidad concelebrante de los creyentes en Cristo, y de sus fieles, puede estar a la altura de estos textos."
Esto explica por qué los evangelios de la infancia tienen tan poco que decir a quien busca en ellos sólo la historia y tienen en cambio tanto que decir a quien busca en ellos también el significado de la historia, como hace el santo padre en su último volumen sobre Jesús.
Hay muchos hechos que acaecieron pero no son “históricos” en el sentido mas alto del término, porque no han dejado traza en la historia, no han creado nada. Los hechos relativos al nacimiento de Jesús son hechos históricos en el sentido más fuerte, porque no sólo acaecieron, sino que incidieron, y en modo determinante, en la historia del mundo.
Regresamos al tema de la alegría. ¿De dónde nace la alegría? La fuente última de la alegría es Dios, la Trinidad. Pero nosotros estamos en el tiempo y Dios está en la eternidad; ¿cómo puede fluir la alegría entre estos dos planos así distantes?
De hecho, si escudriñamos mejor la Biblia, descubrimos que la fuente inmediata de la alegría está en el tiempo: es el actuar de Dios en la historia. ¡Dios que actúa! En el punto donde "cae" una acción divina, se produce como una vibración y una ola de alegría que se extiende, después, por generaciones, incluso –en el caso de las acciones dadas por la revelación–, para siempre.
La acción de Dios es un milagro que llena de maravilla el cielo y la tierra: "¡Alégrate cielo; Yahvé lo ha hecho! --dice el profeta--, ¡clamen , profundidades de la tierra!" (Is. 44, 23; 49, 13). La alegría que viene del corazón de María y de los otros testigos de los inicios de la salvación, se basa toda ella en este motivo: ¡Dios ha auxiliado a Israel! ¡Dios ha actuado! ¡Ha hecho cosas grandes!
¿Cómo puede, esta alegría por la acción de Dios, alcanzar a la Iglesia de hoy y contagiarla? Lo hace, en primer lugar, a través de la memoria, en el sentido de que la Iglesia "recuerda" las maravillas de Dios en su favor. La Iglesia está invitada a hacer suyas las palabras de la Virgen, "Ha hecho en mi favor cosas grandes, el Todopoderoso". El Magnificat es el cántico que María cantó primero, como corifea, y ha dejado a la Iglesia que la prolongue por los siglos. ¡Grandes cosas ha hecho, en realidad, el Señor por la Iglesia, en estos veinte siglos!
Tenemos, en cierto sentido, más razones objetivas para regocijarnos, de las que tenían Zacarías, Simeón, los pastores y, en general, toda la Iglesia primitiva. Esta comenzó "esparciendo la semillapara la siembra", como lo dice el Salmo 126 mencionado anteriormente; había recibido las promesas: "¡Yo estoy con ustedes!" y los encargos: "¡Vayan por todo el mundo!". Nosotros hemos visto el cumplimiento. La semilla creció, el árbol del Reino se ha hecho inmenso. La Iglesia de hoy es como el sembrador que "vuelve con alegría, trayendo sus gavillas".
¡Cuántas gracias, cuántos santos, cuánta sabiduría de doctrina y riqueza de instituciones, cuánta salvación obrada en ella y por ella! ¿Cuál palabra de Cristo no ha encontrado su perfecto cumplimiento? Ha encontrado cierto cumplimiento la palabra: "En el mundo tendrán tribulación" (Jn. 16, 33), pero también la ha encontrado las palabras: "Las puertas del infierno no prevalecerán" (Mt. 16, 18).
¿Con derecho puede la Iglesia hacer suyo, ante las filas sinnúmero de sus hijos, la maravilla de la antigua Sión y decir: “¿Quién me ha dado a luz a estos? Yo no tenía hijos y era estéril; ¿y a estos quién los crió?" (Is. 49, 21). ¿Quién, mirando hacia atrás con los ojos de la fe, no ve cumplidas perfectamente en la Iglesia las palabras proféticas dirigidas a la nueva Jerusalén, reconstruida después del exilio?: "Alza los ojos en torno y mira: todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos vienen de lejos [...]. Tus puertas, siempre abiertas, [...] para que entren a ti las riquezas de los pueblos" (Is. 60, 4.11).
¡Cuántas veces la Iglesia ha tenido que ampliar, en estos veinte siglos --aunque si no siempre, sí ha sucedido con prontitud y sin resistencia--, el "espacio de su tienda", es decir, la capacidad de acoger, para dejar entrar la riqueza humana y cultural de los diversos pueblos! Para nosotros, hijos de la Iglesia que nos nutrimos "por la abundancia de su pecho", se nos dirige la invitación del profeta a alegrarnos por la Iglesia, a "llenarnos de alegría por ella", después de haber asistido a su duelo (cf. Is. 66,10).
La alegría por la acción de Dios llega, por lo tanto a nosotros, los creyentes de hoy, a través de la memoria, porque vemos las grandes cosas que Dios ha hecho por nosotros en el pasado. Pero nos llega también de otra manera no menos importante: a través de la presencia, ya que constatamos que incluso ahora, en el presente, Dios está obrando entre nosotros, en la Iglesia.
Si la Iglesia quiere encontrar, en medio de todas las angustias y las tribulaciones que la afligen, la vía del coraje y de la alegría, debe abrir bien los ojos sobre lo que Dios está haciendo hoy en ella. El dedo de Dios, que es el Espíritu Santo, está escribiendo todavía en la Iglesia y en las almas y está escribiendo historias maravillosas de santidad, de tal manera que un día –cuando desaparezca todo lo negativo y el pecado–, harán, tal vez, ver a nuestro tiempo con asombro y santa envidia.
¿Actuando así, cerramos quizá los ojos a los tantos males que afligen a la Iglesia y a las traiciones de tantos de sus ministros? No, pero desde el momento en que el mundo y sus medios de comunicación no destacan, de la Iglesia, sino estas cosas, es bueno por una vez elevar la mirada y ver también su lado luminoso, su santidad.
En cada época –incluso en la nuestra–, el Espíritu dice a la Iglesia, como en la época del Deuteroisaías: "Pues desde ahora te cuento novedades , secretos que no conocías; cosas creadas ahora, no antes, que hasta ahora no habías oído" (Is. 48, 6-7).
¿No es una "cosa nueva y secreta", este poderoso aliento del Espíritu que reanima el pueblo de Dios y despierta en medio de este, carismas de todo tipo, ordinarios y extraordinarios? ¿Este amor por la palabra de Dios? ¿Esta participación activa de los laicos en la vida de la Iglesia y en la evangelización? ¿El compromiso constante del magisterio y de tantas muchas organizaciones en favor de los pobres y de los que sufren, y el deseo de reparar la unidad rota del Cuerpo de Cristo? ¿En qué época pasada, la Iglesia ha tenido una serie de papas doctos y santos como desde hace un siglo y medio a hoy, y tantos mártires de la fe?
3. Una relación diferente entre la alegría y el dolor
Del plano eclesial pasamos al plano existencial y personal. Hace unos años hubo una campaña promovida por el ala del ateísmo militante, cuyo eslogan publicitario, publicado en el transporte público de Londres, decía: "Probablemente Dios no existe. Así que deja de atormentarte y disfruta de la vida": “There’s probably no God. Now stop worrying and enjoy your life”.
El elemento más insidioso de este slogan no es la premisa "Dios no existe" (que debe ser probado), sino la conclusión: "¡Disfruta de la vida!". El mensaje subyacente es que la fe en Dios impide disfrutar de la vida, es enemiga de la alegría. ¡Sin este habría más felicidad en el mundo! Tenemos que dar una respuesta a esta insinuación que mantiene alejados de la fe sobre todo a los jóvenes.
Jesús ha obrado, en el plano de la alegría, una revolución de la que es difícil exagerar el alcance y que puede ser de gran ayuda en la evangelización. Es una idea que creo ya haber dicho en este mismo lugar, pero el tema lo requiere. Hay una experiencia humana universal: en esta vida placer y dolor se suceden con la misma regularidad con la que, cuando al alzarse una ola en el mar, le sigue una disminución y un vacío que succiona al náufrago. "Un no sé qué de amargo –escribió el poeta pagano Lucrecio–, surge del íntimo mismo de cada placer y nos angustia en medio de las delicias".
El uso de drogas, el abuso del sexo, la violencia homicida, proporcionan la embriaguez del placer, pero conducen a la disolución moral, y a menudo también física, de la persona. Cristo ha invertido la relación entre el placer y el dolor. El "por el gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo" (Hb. 12,2). Ya no es un placer que termina en sufrimiento, sino un sufrimiento que lleva a la vida y a la alegría. No se trata solo de una diferente sucesión de las dos cosas; es la alegría, de este modo, la que tiene la última palabra, no el sufrimiento, y una alegría que durará para siempre. "Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y la muerte no tiene ya señorío sobre él" (Rm. 6,9). La cruz termina con el Viernes Santo, la dicha y la gloria del Domingo de Resurrección se extienden para siempre.
Esta nueva relación entre sufrimiento y placer se refleja incluso en la forma de referirse al tiempo en la Biblia. En el cálculo humano, el día empieza con la mañana y termina de noche; para la Biblia comienza con la noche y termina con el día: "Y fue la tarde y fue la mañana del primer día", dice el relato de la creación (Gn. 1,5). Incluso en la liturgia, la solemnidad comienza con las vísperas de la vigilia. ¿Qué quiere decir esto? Que sin Dios, la vida es un día que termina en la noche; con Dios, es una noche (a veces una "noche oscura"), pero termina en el día, y un día sin ocaso.
Pero hay que evitar una fácil objeción: ¿la alegría es por lo tanto solo después de la muerte? ¿Esta vida no es, para los cristianos, más que un "valle de lágrimas"? Al contrario, ninguno experimenta en esta vida la verdadera alegría como los verdaderos creyentes. Se dice que un día un santo clamó a Dios: "¡Basta con la alegría! Mi corazón no la puede contener más". Los creyentes, exhorta el Apóstol, son "spe gaudentes", gozosos en la esperanza (Rm. 12, 12), que no significa solo que "esperan ser felices" (por supuesto, en el más allá), sino también que "son felices de esperar", felices ya ahora, gracias a la esperanza.
La alegría cristiana es interior; no viene desde fuera, sino desde dentro, como algunos lagos alpinos que se alimentan, no por un río que fluye desde el exterior, sino a partir de una fuente de agua que brota desde su mismo fondo. Nace del actuar misterioso y presente de Dios en el corazón humano en gracia. Puede hacer por lo tanto, que se abunde de alegría incluso en los sufrimientos (cf. 2 Co. 7, 4). Es "fruto del Espíritu" (Ga. 5, 22; Rm. 14, 17) y se expresa en la paz del corazón, plenitud de sentido, capacidad de amar y de ser amado, y por encima de todo, en la esperanza, sin la cual no puede haber alegría.
En 1972, el Consejo de Europa, a propuesta de Herbert von Karajan, adoptó como himno oficial de la Europa unida el Himno a la Alegría que concluye la Novena Sinfonía de Beethoven. Este es sin duda uno de los picos de la música mundial, pero la alegría que allí se canta es una alegría deseada, no realizada; es un grito que se eleva desde el corazón humano, más que una respuesta a la misma.
En el himno de Schiller, que inspiró la letra del mismo, se leen palabras inquietantes: "Aquellos que han tenido la dicha de tener un amigo o una buena esposa, que ha conocido, aunque sea por una hora, qué cosa es el amor, estos se acerquen entonces; pero quien no ha sabido nada de todo esto, mejor que se aleje, llorando, de nuestro círculo". Como se puede ver, la alegría que los hombres "beben de los pechos de la naturaleza" no es para todos, sino solo para algunos privilegiados de la vida.
Estamos lejos del lenguaje de Jesús que dice: "Vengan a mí todos los que estan fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso" (Mt. 11, 28). El verdadero himno cristiano a la alegría es el Magnificat de María. Este habla de una exultanza (agalliasis) del espíritu por lo que Dios ha hecho en ella, y lo hace para todos los humildes y los hambrientos de la tierra.
4. Testimoniar la alegría
Esta es la alegría de la que tenemos que dar testimonio. El mundo busca la alegría. "Al solo escucharla nombrar --escribe san Agustín--, todos se alzan y te miran, por así decirlo, a las manos, para ver si eres capaz de dar algo a su necesidad".
Todos queremos ser felices. Es lo que es común a todos, buenos y malos. Quien es bueno, es bueno para ser feliz; quién es malo no sería malo sino esperase del poder, para así, ser feliz. Si todos amamos la alegría es porque, de alguna manera misteriosa, la hemos conocido; si en realidad no la hubiésemos conocido --si no fuésemos hechos por ella--, no la amaríamos. Este anhelo de la alegría es el lado del corazón humano naturalmente abierto a recibir el mensaje alegre.
Cuando el mundo llama a la puerta de la Iglesia –incluso cuando lo hace con violencia y con ira–, es porque busca la alegría. Los jóvenes sobretodo buscan la alegría. El mundo a su alrededor es triste. La tristeza, por así decirlo, nos toma de la garganta, en la Navidad más que en el resto del año. No es una tristeza que depende de la falta de bienes materiales, porque es mucho más evidente en los países ricos que en los pobres.
En Isaías leemos estas palabras, dirigidas al pueblo de Dios: "Dicen sus hermanos que los odian, que los rechazan a causa de mi Nombre: que Yahvé muestre su gloria y participemos de su alegría" (Is. 66, 5). El mismo desafío enfrenta silenciosamente al pueblo de Dios, aún hoy. Una Iglesia melancólica y temerosa no estaría, por lo tanto, a la altura de su tarea; no podría responder a las expectativas de la humanidad y especialmente de los jóvenes.
La alegría es el único signo que incluso los no creyentes son capaces de percibir y que puede meterlos seriamente en crisis. No tanto los argumentos y los reproches. El testimonio más hermoso que una esposa puede dar a su marido es un rostro que muestre la alegría, porque eso dice, por sí mismo, que él ha sido capaz de llenar su vida, de hacerla feliz. Este es también el testimonio más hermoso que la Iglesia puede prestar a su Esposo divino.
San Pablo, dirigiéndole a los cristianos de Filipos aquella invitación a la alegría que da el tono a toda la tercera semana de Adviento: "Estén siempre alegres en el Señor; se los repito, estén alegres". explica también cómo se puede ser testigo, en la práctica, de esta alegría: "Que su afabilidad sea conocida de todos los hombres" (Flp. 4, 4-5). La palabra "afabilidad" traduce aquí un término griego (epieikès), que indica todo un conjunto de actitudes conformado de misericordia, indulgencia, capacidad de saber ceder, de no ser obstinado. (¡Es la misma palabra de la que se deriva la palabra epicheia, usada en el derecho!).
Los cristianos dan testimonio, por lo tanto, de la alegría cuando ponen en práctica estas disposiciones; cuando, evitando cualquier amargura e inútil resentimiento en el diálogo con el mundo y con los demás, saben irradiar confianza, imitando de esta forma, a Dios, que hace llover su agua también sobre los injustos. Quien es feliz, por lo general, no es amargo, no siente la necesidad de puntualizar todo y siempre; sabe relativizar las cosas, porque conoce de algo que es aún más grande. Pablo VI, en su Exhortación apostólica sobre la alegría, escrita en los últimos años de su pontificado, habla de una "visión positiva sobre las personas y sobre las cosas, fruto de un espíritu humano iluminado y del Espíritu Santo."
Incluso dentro de la Iglesia, no solo hacia los que están fuera, existe una necesidad imperiosa del testimonio de la alegría. San Pablo dijo de sí mismo y de los demás apóstoles: "No es que pretendamos dominar por encima de su fe, sino que contribuimos a su gozo" (2 Co. 1, 24). ¡Qué maravillosa definición de la tarea de los pastores de la Iglesia! Colaboradores de la alegría: aquellos que infunden seguridad a las ovejas del rebaño de Cristo, los capitanes valientes, con su sola mirada tranquila, alientan a los soldados implicados en la lucha.
En medio de las pruebas y los desastres que afligen a la Iglesia, sobre todo en algunas partes del mundo, los pastores pueden repetir, incluso hoy en día, esas palabras que Nehemías, un día, después del exilio, dirigió al pueblo de Israel abatido y en llanto: "No estén tristes ni lloren [...], porque la alegría de Yahvé es su fortaleza" (Ne 8, 9-10).
Que la alegría del Señor, Santo Padre, venerables padres, hermanos y hermanas, sea realmente, nuestra fuerza, la fuerza de la Iglesia. ¡Feliz Navidad!
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