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lunes, 20 de mayo de 2024

María, Madre de la Iglesia (lecturas de la misa)

MEMORIA DE LA VIRGEN MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA
Lunes después de Pentecostés



Después de que el hombre y la mujer comieron del fruto del árbol prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le preguntó, “¿Dónde estás?” Éste le respondió, “Oí tus pasos en el jardín; y tuve miedo, porque estoy desnudo, y me escondí”. Entonces le dijo Dios, “¿Y quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?” Respondió Adán: “La mujer que me diste por compañera me ofreció del fruto del árbol y comí”. El Señor Dios dijo a la mujer: “¿Por qué has hecho esto?” Repuso la mujer: “La serpiente me engañó y comí.” Entonces dijo el Señor Dios a la serpiente: “Porque has hecho esto,  serás maldita entre todos los animales  y entre todas las bestias salvajes. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; y su descendencia te aplastará la cabeza, mientras tú tratarás de morder su talón”. El hombre le puso a su mujer el nombre de “Eva”, porque ella fue la madre de todos los vivientes.
 
 
Después de la ascensión de Jesús a los cielos, los apóstoles regresaron a Jerusalén desde el monte de los Olivos, que dista de la ciudad lo que se permite caminar en sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron al piso alto de la casa donde se alojaban, Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago (el hijo de Alfeo), Simón el Cananeo y Judas, el hijo de Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con María, la madre de Jesús, con los parientes de Jesús y algunas mujeres.
 
Salmo 87 (86), 1-2. 3 y 5. 6-7
R. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

Él la ha cimentado sobre el monte santo; 
y el Señor prefiere las puertas de Sión 
a todas las moradas de Jacob.
R. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! 

¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Se dirá de Sión: “Uno por uno,  
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado”.
R. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

El Señor escribirá en el registro de los pueblos: 
“Éste ha nacido allí”.
Y cantarán mientras danzan: 
“Todas mis fuentes están en ti”.
R. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre,  la hermana de su madre, María la de Cleofás,  y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería,  Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término,  para que se cumpliera la Escritura, dijo: “Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo  y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo:  “Todo está cumplido”,  e inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua,  para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado,  porque aquel sábado era un día muy solemne,  pidieron a Pilato que les quebraran las piernas  y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno  y luego al otro de los que habían sido crucificados con Jesús. Pero al llegar a él, viendo que ya había muerto,  no le quebraron las piernas,  sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza  e inmediatamente salió sangre y agua.

viernes, 16 de diciembre de 2022

Sobre el nombre de la Virgen de Guadalupe

Historia de la Virgen de Guadalupe española




La palabra “Guadalupe” es, en origen, el nombre de un río, cosa que indica la propia palabra, pues “guad” significa “río” en árabe, y todas las palabras que en español empiezan por “guad”, pueden ser también otra cosa, pero en principio, son siempre el nombre de un río.

En cuanto al nombre del río, es fácil sucumbir a la tentación de explicar que significa “río del lobo”, de “guad” igual a río en árabe, y “lupe” igual a lobo en latín. Más bien parece sin embargo que significa “río escondido”, completamente árabe y no mixtura del árabe y el latín, de “guad al luben”, que significaría eso, “río escondido”

El río acabará dando nombre a una población y a una virgen, ¿pero en qué orden? Pues bien, nos hallamos aquí en un caso clásico de virgen que da nombre a una ciudad, y no de ciudad que da nombre a una virgen.

Quiere la tradición –la tradición es una manera de hacer historia- que la talla de la virgen de Guadalupe se habría realizado en el s. I, en un taller de Palestina abierto por el evangelista Lucas, al que atribuye la tradición no sólo haber pintado el rostro del mismísimo Jesucristo, sino también otras tallas como la de la madrileña Virgen de Atocha.

Sigue la leyenda señalando que “muerto San Lucas, la imagen fue enterrada junto a él y trasladada junto a sus restos desde Acaya (Asía Menor) hasta Constantinopla en el siglo IV. Desde allí el cardenal Gregorio la llevó a Roma (582), siendo elegido Papa en el año 590 con el nombre de Gregorio Magno. Se convierte este papa en el principal devoto de la imagen y el primer artífice de la expansión de la misma en Roma. La imagen se trasladó desde Roma a Sevilla, pues el Papa se la regaló al arzobispo de la ciudad hispalense, san Leandro, en cuya iglesia principal comenzó a venerarse hasta el comienzo de la invasión árabe (711). Un San Leandro que es el hermano de san Isidoro y que es quien consigue la conversión del arriano rey Recaredo, primer rey católico de la monarquía visigótica.

Al producirse la invasión musulmana de la península en el año 711, los sevillanos, para impedir su profanación por los sarracenos, la habrían escondido junto al río Guadalupe, en un lugar de la serranía de las Villuercas.

Así queda la cosa hasta que cinco siglos más tarde, ya en pleno s. XIII, la Virgen se aparece a un vaquero por nombre Gil Cordero, asegurándole que existe una talla de su persona junto al río Guadalupe. Al poco, el pastor pierde una vaca y cuando se la encuentra muerta junto al río Guadalupe, decide desollarla para aprovechar el cuero.

Como era costumbre, antes de hacerlo bendice al animal, haciéndole una señal de la cruz en el vientre, momento en el que la vaca vuelve a la vida. Se le ocurre entonces al pastor que esa debe ser la señal de la Virgen para buscar la imagen de la que le había hablado, excava y efectivamente, la encuentra, levantándose al poco una ermita en el lugar. Ermita que dará lugar a una preciosa ciudad, que recibe por nombre Guadalupe.

Historia de la Virgen de Guadalupe mejicana

Hasta aquí la historia de la Virgen de Guadalupe española. Ahora bien, ¿y la mejicana? ¿Por qué se llama de Guadalupe la virgen que con tanta devoción veneran los mejicanos?

El 9 de diciembre de 1531, en el Cerro del Tepeyac, cerca de la actual Ciudad de Méjico, sólo diez años después de la conquista de Méjico por Hernán Cortés para la corona española, la Virgen se aparece al indígena Juan Diego Cuauhtlatoatzin. Juan Diego tiene 57 años, por lo que no ha nacido cristiano, sino que está recién bautizado y es producto de la evangelización de los misioneros españoles en la región. Es la primera de las hasta cuatro apariciones que Juan Diego recibirá de la Virgen, la cual le ordena cortar unas rosas que acaban de florecer en lo alto del cerro en pleno invierno, y llevarlas al obispo Juan Zumárraga, junto con la petición de que en ese lugar se le edifique un templo.

Cuando Juan Diego muestra al obispo las flores, se aparece milagrosamente la imagen de la Virgen en el ayate —tela confeccionada con fibra de maguey— en la que las portaba. El obispo entonces ordena la construcción de la ermita pedida por la Virgen, en la que Juan Diego vivirá el resto de sus días. Hoy, la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe recibe la visita de unos 20 millones de fieles al año.

En cuanto a la advocación por la que es conocida la Virgen, Nuestra Señora de Guadalupe, aunque controvertida, parece que procedería de una transcripción por semejanza al árabe españolizado “guadalupe” del término náhuatl “quatlasupe”, con la que se presenta la Virgen a Juan Diego, significando “la que aplasta a la serpiente”, de “coala”, serpiente, y “supe” aplastar. Una imagen que transporta inmediatamente al pasaje del Génesis que reza así:

“Enemistad pondré entre ti [la serpiente que representa al Diablo] y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te aplastará la cabeza” (Gn 3,15)

Una mujer que la exégesis cristiana del Libro del Apocalipsis ha identificado como la Virgen María.
Y esta es la manera en que un río bautizado por los árabes como “río escondido”, acaba dando nombre a la imagen de una Virgen en España, ésta a una ciudad española, y luego a una segunda talla de otra virgen a miles de kilómetros de distancia en Méjico por similitud fonética de lo que en árabe significa “río escondido” con lo que en náhuatl significa “la que aplasta a la serpiente”.



jueves, 8 de diciembre de 2022

8 cosas que necesitas saber sobre la Inmaculada Concepción



Este 8 de diciembre la Iglesia celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, doctrina de origen apostólico que fue proclamada dogma por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 con la bula "Ineffabilis Deus". Para entenderlo mejor y saber cómo celebrarlo, te presentamos a continuación ocho cosas que necesitas saber:

¿A quién se refiere la Inmaculada Concepción?

Hay una idea popular que se refiere a la concepción de Jesús por la Virgen María pero no es a este hecho al que se refiere esta solemnidad, sino a la manera especial en la cual fue concebida María. Esta concepción no fue virginal (es decir, que María tuvo un padre humano y una madre humana), pero fue especial y única de otra manera…

¿Qué es la Inmaculada Concepción?

La explicación está en el mismo Catecismo de la Iglesia Católica:

490 Para ser la Madre del Salvador, María fue «dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante». El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como «llena de gracia». En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios.

491 A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María «llena de gracia» por Dios (Lc 1,28) había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:

‘... la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano’.

¿Significa esto que María nunca pecó?

Sí. Debido a la forma de redención que se aplicó a María en el momento de su concepción, ella no solo fue protegida del pecado original, sino también del pecado personal. El Catecismo lo explica:

493 Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios «la Toda Santa» (Panaghia), la celebran «como inmune de toda mancha de pecado y como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo». Por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

¿Significa que María no necesitaba que Jesús muriera por ella en la cruz?

No. Lo que hemos citado es que María fue concebida inmaculadamente como parte de su ser «llena de gracia» y así «redimida desde el momento de su concepción» por «una singular gracia y privilegio de Dios Todopoderoso y por virtud de los méritos de Jesucristo, salvador de la raza humana». El Catecismo afirma:

492 Esta «resplandeciente santidad del todo singular» de la que ella fue «enriquecida desde el primer instante de su concepción», le viene toda entera de Cristo: ella es «redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo». El Padre la ha «bendecido [...] con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo» más que a ninguna otra persona creada. Él la ha «elegido en él antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor».

508 De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la Madre de su Hijo. Ella, «llena de gracia», es «el fruto más excelente de la redención»; desde el primer instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida.

María y Eva

Adán y Eva fueron creados inmaculados –sin pecado original o su mancha. Ambos cayeron en desgracia y a través de ellos la humanidad estaba destinada a pecar. Cristo y María fueron también concebidos inmaculados. Ambos permanecieron fieles y a través de ellos la humanidad fue redimida del pecado. Jesús es por tanto el Nuevo Adán y María la Nueva Eva.

El Catecismo señala:

494 … «Ella, en efecto, como dice san Ireneo, ‘por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género humano’. Por eso, no pocos Padres antiguos, en su predicación, coincidieron con él en afirmar ‘el nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe lo desató la Virgen María por su fe’. Comparándola con Eva, llaman a María ‘Madre de los vivientes’ y afirman con mayor frecuencia: ‘la muerte vino por Eva, la vida por María’».

¿Cómo se hace María un ícono de nuestro destino?

Aquellos que mueren en la amistad con Dios y así para ir al Cielo serán liberados de todo pecado y mancha de pecado. Seremos así todos vueltos «inmaculados» (Latin, immaculatus = «intachable») si permanecemos fieles a Dios.

Incluso en esta vida, Dios nos purifica y prepara en santidad y, si morimos en su amistad pero imperfectamente purificados, él nos purificará en el purgatorio y nos volverá inmaculados. Al dar a María esta gracia desde el primer momento de su concepción, Dios nos muestra una imagen de nuestro propio destino. Él nos muestra que esto es posible para los seres humanos a través de su gracia. San Juan Pablo II señaló:

En contemplación de este misterio en una perspectiva mariana, podemos decir que «María, al lado de su Hijo, es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos. La Iglesia debe mirar hacia ella, Madre y Modelo, para comprender en su integridad el sentido de su misión».

«Fijemos, por tanto, nuestra mirada en María, icono de la Iglesia peregrina en el desierto de la historia, pero orientada a la meta gloriosa de la Jerusalén celestial, donde resplandecerá como Esposa del Cordero, Cristo Señor».

¿Era necesario para Dios que María fuera inmaculada en su concepción 
para que pudiera ser Madre de Jesús?

No. La Iglesia sólo habla de la Inmaculada Concepción como algo que era «apropiado», algo que hizo que hizo de María una «morada apropiada» (es decir, una vivienda adecuada) para el Hijo de Dios, no algo que era necesario. Así, en preparación para definir el dogma, el papa Pío IX declaró:

«…y por eso afirmaron (los Padres de la Iglesia) que la misma santísima Virgen fue por gracia limpia de toda mancha de pecado y libre de toda mácula de cuerpo, alma y entendimiento, y que siempre estuvo con Dios, y unida con Él con eterna alianza, y que nunca estuvo en las tinieblas, sino en la luz, y, de consiguiente, que fue aptísima morada para Cristo, no por disposición corporal, sino por la gracia original».

«Pues no caía bien que aquel objeto de elección fuese atacado, de la universal miseria, pues, diferenciándose inmensamente de los demás, participó de la naturaleza, no de la culpa; más aún, muy mucho convenía que como el unigénito tuvo Padre en el cielo, a quien los serafines ensalzan por Santísimo, tuviese también en la tierra Madre que no hubiera jamás sufrido mengua en el brillo de su santidad».

¿Cómo celebramos la Inmaculada Concepción hoy?

En el rito latino de la Iglesia Católica la Solemnidad de la Inmaculada Concepción es el 8 de diciembre y en muchos países es una fiesta de guardar; por tanto el fiel católico debe asistir a Misa.

martes, 6 de diciembre de 2022

Solemnidad de la Inmaculada Concepción: vestiduras litúrgicas azules



La solemnidad de la Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen Maria permite que en algunos lugares puedan usarse vestiduras litúrgicas azules. 

El color azul es un privilegio que tiene España y los países que anteriormente fueron parte de la corona hispana únicamente para el 8 de diciembre. No puede usarse en otras fiestas marianas, donde deben usarse vestiduras blancas (IGMR 346).

Este privilegio se le concedió a España en un decreto por su defensa y propagación de la devoción a la Inmaculada Concepción, ya que los monarcas hispanos no solo pusieron a España bajo el patronazgo de esta advocación sino que pidieron en numerosas ocasiones a los papas que definieran el dogma. (Riguetti, Mario, "Primeros testimonios de la diversidad de los colores litúrgicos", en Los colores litúrgicos, Cuadernos Phase, n. 165, Barcelona, Centre de Pastoral Liturgica, p. 20).

Los papas concedieron especial misa y oficio de este misterio a la corona hispana y a todos sus dominios, al mismo tiempo que el privilegio de usar ornamentos azules en la fiesta y durante su octava y misas votivas.

El privilegio del uso de ornamentos de color azul celeste también se extiende a la órden franciscana por su defensa a la Inmaculada siguiendo las enseñanzas de Duns Scotto. También lo tiene Alemania en algunas festividades de nuestra Señora, y algunas diócesis de Nápoles.

En todos los demás países está terminantemente prohibido, y para enfatizar esta prohibición, el decreto que concede el "privilegio español" ha sido sacado de ediciones posteriores de las misales, no porque haya sido revocado, sino para frustrar la posible pretensión de obtener un permiso similar por parte de cualquier otra diócesis local.

En los lugares en donde no se cuenta con el privilegio del color azul y en las demás conmemoraciones marianas, el celeste puede estar presente en las vestiduras, pero solo como adorno. Es la forma en que lo usa el papa, en Roma. Por ejemplo, así son las vestiduras que ha usado en la solemnidad de la bienaventurada Virgen María Madre de Dios en los últimos nueve años.

viernes, 14 de octubre de 2022


Témporas de Acción de gracias: Oración con ocasión de las cosechas del campo




La celebración de las Témporas de Acción de Gracias y Petición es una antiquísima institución litúrgica vinculada a las cuatro estaciones del año, para reunir a la comunidad, instando a la conversión y a la oración de petición y acción de gracias a Dios con ocasión de las cosechas del campo. 

Hoy día se celebran también en uno o tres días en torno al 5 de octubre con el mismo sentido, implorando la bendición de Dios sobre el trabajo de los hombres,

El arzobispo de Burgos, España, Mons. Iceta ha querido recordar la celebración en esta semana de la memoria litúrgica de las Témporas para recordar su historia y su significado y ha animado a aprovechar «este tiempo de petición, de perdón y de acción de gracias, por los frutos espirituales y humanos recibidos, porque nunca es suficiente ante tanto amor desmedido».

Esta semana hemos celebrado las Témporas de acción de gracias, petición y perdón que la comunidad cristiana ofrece a Dios, una vez terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas.

El día de las Témporas, que nació en Roma y se difundió con la liturgia romana, es una ocasión propicia y muy especial para realizar una oración comunitaria, familiar y fraterna, teniendo presente la manera en que Cristo asume el trabajo humano como un ofrecimiento amoroso al Padre. Porque la manera de cuidar aquello que Dios nos regala es el resultado del amor que nosotros le profesamos. Y así hemos de cuidar la Casa común, solo si dejamos que Dios roce con sus propias manos nuestra alma.

Por medio de esta oración, el Pueblo de Dios agradece los frutos espirituales y humanos recibidos en este tiempo de petición y de acción de gracias. Un gesto en clave de agradecimiento por los frutos de la tierra y por su incansable bendición sobre el trabajo que los hombres y las mujeres del mundo llevan a cabo, en todos y cada uno de los rincones donde, con su buen hacer, plantan la semilla del Evangelio.

El antiguo Misal de san Pío V nos recuerda que las Témporas eran una herencia del cómo se vivía el quehacer cotidiano en el mundo rural. En este sentido, el papa emérito Benedicto XVI aseguraba que, según la tradición de la Iglesia, las Témporas «representan una tradición peculiar de la Iglesia de Roma: sus raíces se encuentran, por una parte, en el Antiguo Testamento -- donde, por ejemplo, el profeta Zacarías habla de cuatro tiempos de ayuno a lo largo del año--, y por otra, en la tradición de la Roma pagana, cuyas fiestas de la siembra y de la recolección han dejado su huella en estos días» (15-III-2014).

Aferrados a este recuerdo, que conmemora la importancia de cada cosecha, de cada fruto o de cada esfuerzo en pos de un mundo mejor y más justo, al celebrar estos días «recibimos el año de manos del Señor», insiste el Papa emérito. De esta forma, «confiamos a su bondad siembras y cosechas, dándole gracias por el fruto de la tierra y de nuestro trabajo».

San Pablo aseguraba que «la creación en anhelante espera aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios» (Rom 8,19). Y, por medio de esta celebración de acción de gracias, queda reflejado tal deseo. Pero no sin nuestra plegaria, nuestro esfuerzo y nuestro compromiso de cada día, en cada témpora y en cada lugar.

E igual que cada cosecha es un momento propicio para agradecer los frutos recolectados, lo mismo hemos de hacer con las gracias que Dios nos da. Y porque la gratitud es la expresión más noble de un sentimiento humano, aquel que no sabe ser agradecido será eternamente pobre. Y nosotros, por ser hijos de Dios, ya tenemos en nuestras manos la más grande de las ofrendas: «Todo es vuestro; pero vosotros sois de Cristo, y Cristo, de Dios» (1 Cor 3, 22-23).

Estos días, como el pueblo israelita en el Antiguo Testamento cuando le pedía a Yahvé su protección, vivamos de manera especial la petición, el perdón y la acción de gracias. Sin olvidar la justicia social y la dignidad del trabajo humano como centro de cualquier tarea.

La vida de Jesús era una continua acción de gracias al Padre. Y tal como Él nos enseñó, nosotros debemos humildemente pedir para que se nos dé, buscar para encontrar y llamar para que se nos abra (cf. Mt 7,7-12).

Ponemos en las manos de la Virgen María este tiempo de petición, de perdón y de acción de gracias, por los frutos espirituales y humanos recibidos, porque nunca es suficiente ante tanto amor desmedido. Seamos, a tiempo y a destiempo, colaboradores de la obra creadora de Dios (cf. Gn 1, 28), sabiendo que Él --como Padre que no abandona a ninguno de sus hijos-- nos otorga su favor, su misericordia y su amor.

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga

Mons. Iceta

+ SOBRE LAS TÉMPORAS DE ACCIÓN DE GRACIAS Y PETICIÓN

jueves, 8 de septiembre de 2022

Historia y orígenes de la fiesta de la Natividad de María



La Iglesia celebra el día del nacimiento de la Virgen María cada 8 de setiembre. El Evangelio no nos da datos del nacimiento de María, pero hay varias tradiciones apócrifas que nos lo tratan de explicar. Algunas, considerando a María descendiente de David, señalan su nacimiento en Belén. Otras, como la griega y armenia, señalan Nazareth como ciudad donde nació María.

Historia y orígenes de la fiesta

La celebración de la fiesta de la Natividad de María es conocida en Oriente desde el siglo VI. Fue fijada el 8 de septiembre, día con el que se abre el año litúrgico bizantino, el cual se cierra con la Dormición, en agosto. 

En Occidente fue introducida hacia el siglo VII y era celebrada con una procesión y letanías que impulsó el papa Sergio I, y que finalizaba en la Basílica de Santa María la Mayor con la celebración de la Misa.

No se trata, como en las fiestas de la Asunción y de la Inmaculada, de un dogma, sino de una conmemoración.

La casa natal de María

Los orígenes de esta fiesta están en Oriente y probablemente en Jerusalén. En el siglo V existía en Jerusalén el santuario mariano situado junto a los restos de la piscina Probática, o sea, de las ovejas. Debajo de la iglesia románica, levantada por los cruzados, que aún existe (Basílica de Santa Ana) se hallan los restos de una basílica bizantina y unas criptas excavadas en la roca que parecen haber formado parte de una vivienda que se ha considerado como la casa natal de la Virgen.

Esta tradición, fundada en apócrifos muy antiguos como el Protoevangelio de Santiago del siglo II, se vincula con la convicción expresada por muchos autores acerca de que Joaquín, el padre de María, fuera propietario de rebaños de ovejas. Estos animales eran lavados en dicha piscina antes de ser ofrecidos en el templo.

Primeros testimonios

El primer testimonio de la fiesta es un himno de Román el Melodo (año 560). Y para san Andrés de Creta (740) esta fiesta es ya una antigua tradición.

En Occidente se introdujo en el siglo VII. El Liber Pontificalis hace referencia a la procesión ordenada por Sergio I y. además, tenemos el testimonio de los sacramentarios romanos a partir del Gelasiano antiguo.

La fiesta se propagó muy lenta y desigualmente en Occidente: en Milán en tiempo de Beroldo (1124) era desconocida aunque ya aparezca en los Martirologios. Pero en el Concilio de Reims (630) se prescribe como día festivo. 

A partir del siglo XI-XII se halla generalmente establecida. La Octava fue debida a un voto de los cardenales en el difícil cónclave de 1241 y el papa Gregorio XI añadió la Vigilia en 1378.

Es la fiesta patronal de muchos santuarios y pueblos. En los nuevos libros litúrgicos promulgados por el papa Pablo VI, la fiesta fue revalorizada y se le añadieron dos himnos: uno de autor anónimo del siglo X y otro de san Pedro Damián.

La fiesta contiene la alegría de un anuncio premesiánico.  Esta celebración, como enseña san Andrés de Creta es “el principio de las festividades y sirve como puerta hacia la gracia y la verdad.” 

San Juan Damasceno escribió de ella: “El día de la natividad de la Madre de Dios es festividad de alegría universal, pues a través de Ella se renovó todo el género humano, y la aflicción de la madre Eva se convirtió en alegría” (homilía que pronunció un 8 de septiembre en la Basílica de Santa Ana).

miércoles, 7 de septiembre de 2022

8 de Septiembre: Natividad de la Virgen, por Celestino Hueso SF



Hoy celebra la Iglesia el nacimiento de la Virgen María y también las llamadas “Vírgenes encontradas” que son todas aquellas advocaciones de la Virgen cuya imagen había sido escondida para preservarla  de los actos vandálicos de los enemigos de la fe y que fueron encontradas generalmente por un pastorcillo o gente del campo en general.

Entre ellas, tenemos la Virgen de Tíscar, la Fuensanta, la de Gracia, Meritxell, Nazaret, Núria, del Pino, de los Llanos, de los Afligidos, Covadonga, Guadalupe (la original, la extremeña) el Puig, Montiel, la Caridad del Cobre, la Victoria, De la Luz… 

Algunas de ellas tienen una celebración propia como la de La Cabeza, Montserrat, Aránzazu, la Candelaria o la Bien Aparecida.

A todas se las celebra hoy, tal vez, porque el hecho de ser encontradas puede considerarse como un nuevo nacimiento.

Del nacimiento de la Virgen los evangelios no dicen ni una palabra. Eso sí, hay una leyenda muy antigua y preciosa que nos hace saber que Joaquín y Ana, sus padres, formaban un matrimonio de bandera. Eran lo mejor de lo mejor en el mundo judío. Honrados y creyentes a carta cabal.

No eran felices del todo porque llevaban veinte años casados y no habían podido tener un solo hijo. Pero su confianza en el Señor era tan grande como su fe. Cada día le pedían a mi Dios que, si era su voluntad, les concediera la gracia de ser padres. Por su parte, se comprometían a consagrar a Dios el hijo que les naciera.

Un buen día, al entrar Joaquín en el templo, el sumo sacerdote que tenía malas pulgas, lo echó a cajas destempladas “Vete de aquí, desgraciado – le dijo - ¡A saber qué habrás hecho para que Dios te haya dejado seco lo mismo que a tu mujer!”

Nuestro viejito se retiró a un rincón con las orejas gachas, y se puso a llorar como una magdalena.
“Joaquín,  alza la cabeza y no llores más - le dijo un ángel - Has de saber que Ana, tu esposa va a dar a luz una niña como un sol. Será la más hermosa de las mujeres. No ganará concursos de belleza porque no la vamos a apuntar a ninguno, pero desde ya tiene ganado el primer puesto en el corazón de Dios. 
¡Ah! Ponle por nombre María porque está llamada a ser la señora de la creación”.

A Joaquín le faltó tiempo para ir a contárselo a su esposa, dando brincos de alegría; pero el ángel fue más rápido y cuando él llegó, Ana ya sabía que iba a ser madre de la bendita entre las mujeres y abuela del fruto de su vientre que iba a ser Jesús.

A los nueve meses justos nació la niña María y era un primor tal como el ángel había anunciado.

Cuando tenía tres años la destetaron y se fueron al templo a cumplir su promesa. La colocaron en el primero de los quince escalones de acceso y, en un santiamén, ella solita los subió todos tan campante con un desparpajo que dejó a todos con la boca abierta.

El resto de la historia ya lo explicaré otro día porque hoy lo que celebramos es el Nacimiento de la Virgen María.

Felicidades también a las Natis y buenos días.

Del nacimiento de la Virgen María, por Luis Antequera


Nacimiento de la Virgen María
Bartolomé Estaban Murillo


El interés de los cristianos por los orígenes y nacimiento de la Virgen María es muy temprano en la vida de la Iglesia, tanto que el que es uno de los primeros apócrifos y el más importante de ellos por su interrelación con la tradición cristiana, el Protoevangelio de Santiago, que muchos fechan en tiempos tan iniciales como el s. II, ya se refiere al tema en su primer capítulo.
 
Recoge el Protoevangelio la historia de san Joaquín y santa Ana, padres de María, y por lo que hace al nacimiento concreto de la madre de Jesús dice lo siguiente:

“Y se le cumplió a Ana su tiempo y el mes noveno alumbró. 
Y preguntó a la comadrona: “¿qué es lo que he dado a luz?”. 
Y la comadrona respondió: “Una niña”. 
Entonces Ana exclamó: “Mi alma ha sido hoy enaltecida”. 
Y reclinó a la niña en la cuna. 
Habiéndose transcurrido el tiempo marcado por la ley, Ana se purificó, 
dio el pecho a la niña y le puso por nombre María” 
(Prot. 1,5)

Cosa distinta es que el evento fuera objeto de una festividad concreta, circunstancia que no debió ocurrir antes del Concilio de Éfeso, tercero de los ecuménicos, del año 431, el cual consagra el Theotokos, o dogma por el que María es la madre no sólo es la madre del Cristo (Kristothokos), sino también de Dios (Theotokos), y a partir del cual se produce la verdadera proyección del culto mariano.

Datan de ese momento toda una generación de apócrifos que inician su relato con el nacimiento de María. Así por ejemplo el llamado Pseudo-Mateo, el Libro de la Infancia del Salvador y, sobre todo, el específicamente denominado Libro sobre la Natividad de María, que aunque basado en el relato de san Jerónimo, podría ser una adaptación bastante posterior, en todo caso generosamente acogida en la Leyenda Aurea de Jacobo de la Vorágine.

En el entorno geográfico sirio aparece el más antiguo documento que refleja la conmemoración de la fiesta: el Himno de San Romano, compuesto entre los años 536 y 556 y basado, precisamente, en el Protoevangelio de Santiago. En cuanto al autor, Romano es un sirio nacido en Emesa, diácono de Berytus y posteriormente de la iglesia Blachernae en Constantinopla. Algo más tarde, a comienzos del s. VIII, san Andrés de Creta predica una serie de sermones relacionados con la fiesta.

En cuanto a la elección del 8 de septiembre, en Francia, concretamente en Angers, existe la tradición de que la habría instituído san Maurilio con ocasión de la irrupción en la noche de un 8 de septiembre, hacia el año 430, de unos ángeles cantando en el cielo porque era el día del nacimiento de la Virgen. 

El Sacramentario Gelasiano del s. VII, y el Sacramentario Gregoriano, algo posterior, demuestran que se celebraba ya para el s. VII. La fiesta aparece también en el Calendario de Sonnato, Obispo de Reims entre el 614 y el 631, pero el Obispo de Chartres, san Fulberto, se refiere a ella en 1028 como de reciente institución, todo lo cual demuestra que no fue de igual implantación en todas las iglesias europeas. El papa Sergio I (687-701) prescribe una letanía y una procesión para la fiesta, y el papa Inocencio IV instituye la octava en 1243.

Por lo que hace a otras adscripciones cristianas, la Iglesia Griega celebra la fiesta el 12 de septiembre y la Iglesia Copta el 1 de mayo.

sábado, 6 de agosto de 2022

La Transfiguración del Señor, Año B (lecturas de la misa)

Daniel 7,9-10.13-14
Salmo 96: El Señor reina altísimo sobre toda la tierra
2Pedro 1,16-19
Marcos 9,2-10


Daniel 7,9-10.13-14

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Salmo 96:
El Señor reina altísimo sobre toda la tierra

El Señor reina, la tierra goza, 
se alegran las islas innumerables. 
Tiniebla y nube lo rodean, 
justicia y derecho sostienen su trono. 
R. El Señor reina altísimo sobre toda la tierra

Los montes se derriten como cera 
ante el dueño de toda la tierra; 
los cielos pregonan su justicia, 
y todos los pueblos contemplan su gloria. 
R. El Señor reina altísimo sobre toda la tierra

Porque tú eres, Señor, 
altísimo sobre toda la tierra, 
encumbrado sobre todos los dioses. 
R. El Señor reina altísimo sobre toda la tierra


Pedro 1,16-19

Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto.» Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.



En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, corno no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»  Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

Fiesta de la Transfiguración del Señor, Año C (lecturas de la misa)

Daniel 7,9-10.13-14
Salmo 96: Reina el Señor, alégrese la tierra
2 Pedro 1,16-19
Lucas 9,28b-36


Daniel 7,9-10.13-14

Yo, Daniel, tuve una visión nocturna: Vi que colocaban unos tronos y un anciano se sentó. Su vestido era blanco como la nieve, y sus cabellos, blancos como lana. Su trono, llamas de fuego, con ruedas encendidas. Un río de fuego brotaba delante de él. Miles y miles lo servían, millones y millones estaban a sus órdenes. Comenzó el juicio y se abrieron los libros. Yo seguí contemplando en mi visión nocturna y vi a alguien semejante a un hijo de hombre, que venía entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano de muchos siglos y fue introducido a su presencia. Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino. Y todos los pueblos y naciones de todas las lenguas lo servían. Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno, y su reino jamás será destruido.
 

Salmo 96
R. (1a y 9a) Reina el Señor, alégrese la tierra

Reina el Señor, alégrese la tierra;
cante de regocijo el mundo entero.
Tinieblas y nubes rodean el trono del Señor
que se asienta en la justicia y el derecho. 
R. Reina el Señor, alégrese la tierra

Los montes se derriten como cera 
ante el Señor de toda la tierra.
Los cielos pregonan su justicia,
su inmensa gloria ven todos los pueblos. 
R. Reina el Señor, alégrese la tierra

Tú, Señor, altísimo,
estás muy por encima de la tierra
y mucho más en alto que los dioses. 
R. Reina el Señor, alégrese la tierra


2 Pedro 1,16-19

Hermanos: Cuando les anunciamos la venida gloriosa y llena de poder de nuestro Señor Jesucristo, no lo hicimos fundados en fábulas hechas con astucia, sino por haberlo visto con nuestros propios ojos en toda su grandeza. En efecto, Dios lo llenó de gloria y honor, cuando la sublime voz del Padre resonó sobre él, diciendo: “Éste es mi Hijo amado, en quien yo me complazco”. Y nosotros escuchamos esta voz, venida del cielo, mientras estábamos con el Señor en el monte santo. Tenemos también la firmísima palabra de los profetas, a la que con toda razón ustedes consideran como una lámpara que ilumina en la oscuridad, hasta que despunte el día y el lucero de la mañana amanezca en los corazones de ustedes.


En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño, y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:
—«Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:
—«Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle».
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

domingo, 10 de julio de 2022

Isaías 1,10-20: Segunda requisitoria

Isaías 1,10-20 
Segunda requisitoria

10 Escuchen la Palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, 
     pueblo de Gomorra.
11 ¿De qué me sirve la multitud de sus sacrificios? –dice el Señor–. Estoy harto de holocaustos 
     de carneros, de grasa de animales cebados; la sangre de novillos, corderos y chivos no me agrada. 
12 Cuando entran a visitarme y pisan mis atrios, ¿quién exige algo de sus manos? 
13 No me traigan más ofrendas sin valor, el humo del incienso es detestable. 
     Lunas nuevas, sábados, asambleas... no aguanto reuniones y crímenes. 
14 Sus solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. 
15 Cuando extienden las manos, cierro los ojos; aunque multipliquen las plegarias, no los escucharé. 
     Sus manos están llenas de sangre.
16 Lávense, purifíquense, aparten de mi vista sus malas acciones. Cesen de obrar mal, 
17 aprendan a obrar bien; busquen el derecho, socorran al oprimido; defiendan al huérfano, 
     protejan a la viuda. 
18 Entonces, vengan, y discutamos –dice el Señor–. Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, 
     se volverán blancos como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana. 
19 Si saben obedecer, comerán lo sabroso de la tierra; 
20 si rehúsan y se rebelan, la espada los comerá. Lo ha dicho el Señor.

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