viernes, 30 de septiembre de 2016

30 de septiembre: San Jerónimo, por Celestino Hueso, S.F.

Nuestro santo de hoy nació en Dalmacia. Se trata, pues de un dálmata, pero no de los ciento uno. Su nombre es Jerónimo.

Perteneciente a una familia adinerada y con una inteligencia superior aprendió pronto varios idiomas. Le fascinaba el latín y se dedicó a aprender de memoria a Cicerón, Virgilio y otros autores de la antigüedad hasta que una noche tuvo un sueño del que no podemos dudar porque lo narra él mismo. Se encontró a las puertas del cielo y allá salió a recibirlo Jesucristo que le preguntó quién era. Él respondió “soy Jerónimo y soy católico” a lo que replicó Jesús “¿católico de qué? ¡Si no lees más que escritos paganos! Borradlo de la lista”

Se despertó asustado y convertido y se retiró al desierto para hacer penitencia, pero allí no le fue nada bien porque, entre serpientes, escorpiones y penalidades, en lugar de santos pensamientos se imaginaba que estaba en las bacanales romanas. Así que dejó el desierto y volvió a Roma. Allí fue secretario del Papa San Dámaso e hizo su trabajo más famoso, traducir la Biblia al latín. Es la famosa Vulgata que ha usado la Iglesia por más de quince siglos.

También tuvo que abandonar Roma porque, con sus predicaciones, se echó muchos enemigos, y total porque decía que las mujeres tenían tres manos, a saber, la izquierda, la derecha y una mano de pintura y que a las familias ricas sólo les interesaba que sus hijas fueran hermosas como terneras y sus hijos fuertes como burros y que los ricos parecían marranos cebados.

Total que se fue a Belén a vivir en una gruta al lado del pesebre donde nació Jesús. Allá pasó 35 años haciendo el bien y mucha penitencia hasta que fue llamado en serio al Reino de los Cielos y al llegar pudo comprobar que su nombre no había sido borrado, estaba escrito con letras de oro en el libro de la vida.

Felicidades a los Jerónimo.

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