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jueves, 8 de diciembre de 2022

¿Estaban los padres de la Iglesia en contra del dogma de la Inmaculada Concepción? por Alex Grandet y José Miguel Arráiz



Pregunta: Un amigo protestante me ha mostrado un artículo donde se muestran citas de los padres de la Iglesia donde ellos negaban que la Virgen María hubiera sido concebida sin pecado. Se las anexo en espera de que me puedan aclarar si esto es cierto y las razones que tenían para hacerlo.

Respuesta: Estimado hermano, antes de comentar las citas que nos envías, te sugiero leer estos dos artículos donde se analiza de manera detallada la historia del dogma de la inmaculada concepción y lo que han dicho los padres de la Iglesia al respecto: Historia del dogma de la inmaculada concepción, por Pascual Rambla, La inmaculada concepción, Enciclopedia Católica

En ellos se explica a detalle cómo fue avanzando la Iglesia en la comprensión de esta verdad de fe, las dificultades que encontró al tratar de conciliar esta doctrina con la universalidad del pecado original y como estas dificultades fueron posteriormente superadas. Ahora entremos a analizar las citas patrísticas que tu amigo protestante te ha suministrado.

San Agustín (354-430)

San Agustín (354-430),obispo de Hipona y doctor de la iglesia combatió la idea de que María hubiera nacido sin mancha del pecado original, en Psalm 34, sermón 3, dice: “María murió por causa del pecado original transmitido desde Adán a todos sus descendientes”. Y en su escrito De Peccatorum Meritis, declara que la carne de María era «carne de pecado» y que María que descendía de Adán, murió a consecuencia del pecado.

Esta cita es falsa. Puede consultarse la exposición del Salmo 34 de san Agustín en Exposition on Psalm 34; y el otro texto citado aquí en De Peccatorum Meritis.

La primera cita que al principio pensamos había sido literalmente inventada, posteriormente comprobamos (gracias al intento que hizo el autor del sitio Web cristianismo-primitivo para reivindicarla) que no es más que una manipulación de otra bastante distinta, que es esta: «Maria ex Adam mortua propter peccatum, Adam mortuus propter».

Si se compara con la cita fraudulenta y manipulada, ni se menciona el pecado original ni se dice que se transmitió a María. Han necesitado aumentar y deformar la frase para adaptarla. Adicionalmente a esto el autor omite que cuando san Agustín disputando con Juliano (un hereje partidario del pelagianismo), es acusado por este de atribuir a María la condición pecadora en virtud de su defensa de la universalidad del pecado original. Juliano rechazaba la doctrina del pecado original mientras que san Agustín la defendía. Juliano argumentaba que san Agustín al defender la doctrina del pecado original estaba afirmando que María era una pecadora.

Decía Juliano: “«Tú entregas a María al diablo por razón del nacimiento», es decir, si afirmas que el pecado original se trasmite por generación natural, María fue súbdita del diablo, porque de esta manera descendió y de este modo fue concebida por sus padres”, a esto san Agustín no concedió que María hubiera sido concebida en pecado sino que respondió: “No consignamos a María al diablo por la condición de su nacimiento –ésta era la acusación-, sino que –esta era la respuesta- la condición del nacimiento fue eliminada por la gracia de la regeneración”, (San Agustín, C. Iul. O. i. 4,122).

También escribió: “Excepción hecha de la santa Virgen María, de la que, por el honor debido al Señor, no tolero en absoluto que se haga mención cuando se habla de pecado…” (San Agustín. De nat. et. gr. 36,42)

Lo más curioso es que a pesar de que la cita es fraudulenta ha sido copiada sin verificar por numerosos sitios protestantes que no se han molestado en verificar la fuente.

Nota: Luego de que se iniciara un debate en Catholic.net sobre esta controversial cita, un apologeta protestante tuvo que reconocer que san Agustín creía que María nunca había cometido pecado en toda su vida, defendiendo solo que él creía que ella había contraido el pecado original. Evidentemente esta confesión ya de por sí dice mucho del pensamiento de Agustín, siglos distante al pensamiento protestante que afirma que María era una «pecadora». Es importante notar que también han sido incapaces de verificar la segunda cita atribuida a san Agustín, donde se dice que María era «carne de pecado» contraria a las mismas palabras de Agustín de que la carne de María era la misma que la de Jesús.

San Ambrosio (340-397)

Ambrosio, doctor de la iglesia y obispo de Milán dice: “Jesús es El solo a quien los brazos del pecado no vencieron; ninguna creatura concebida por el contacto del hombre y la mujer, ha sido exceptuada del pecado original; solo ha sido exceptuado Aquel que fue concebido sin aquel contacto y de una virgen, por obra del Espíritu Santo” (Comentario al Salmo 118). Luego del comentario del Salmo 118 de San Ambrosio nos encontramos que no solo no dice eso, sino todo lo contrario:

“Venid, pues, descubrid a vuestras ovejas, no a través de vuestros sirvientes o empleados, hacedlo por vosotros mismos. Alzadme corporalmente y en la carne, la cual ha caído por Adán. Levantadme no de Sara, sino de María, la Virgen no únicamente incorrupta sino la Virgen a quien la gracia ha hecho intacta, libre de cualquier mancha de pecado”. (Comentario al Salmo 118:22-30).

Eusebio de Cesárea (265-340)

“Ninguno está exento de la mancha del pecado original, ni aun la madre del redentor del mundo. Solo Jesús se hallo exento de la ley del pecado aun cuando halla nacido de una mujer sujeta al pecado”, (Emiss,en Orat.2 de Nativ.). La obra de Harnack «Altchrist. Lit.», en las páginas 554 y siguientes, nos menciona la obra total de Eusebio de Cesárea:

(1) La vida de Pánfilo, (2) Un antiguo Martirologio, (3) Sobre los Mártires de Palestina, (4) La Crónica, (5) Historia Eclesiástica, (6) Vida de Constantino, IV Libros., (7) Contra Hierocles, (8 ) Contra Porfirio, (9) «Præparatio Evangelica», en XV Libros., (10) «Demonstratio Evangelica», (11) «Præparatio Ecclesiastica», (12) «Demonstratio Ecclesiastica», (13) Objeciones y defensa, en II Libros, (14) La Teofanía, (15) Sobre la genealogía de los antiguos, (16) Eusebio narra en la «Vida de Constantino» (IV, 36, 37), como fue comisionado por el emperador a preparar quinces copias de la Biblia para uso de las Iglesias de Constantinopla., (17) Sesiones y Cánones., (18 ) Una edición de la Septuaginta, (19) (a) Interpretación etimológica de vocablos hebreos de las Escrituras; (b) Cronografía de los Patriarcas de Judea; (c) A plan of Jerusalem and the Temple; (d) Sobre los nombres y lugares de las Escrituras., (20) Nomenclatura sobre los nombres de los libros de los Profetas, (21) Comentarios sobre los Salmos, (22) Comentario sobre Isaías., (23 al 28 ) Comentarios sobre diferentes libros de las Escrituras (perdidos), (29) Comentario de San Lucas (perdido), (30) Comentario de la I de Corintios (perdido), (31) Comentario a los hebreos (perdido),(32) Sobre las Discrepancias de los Evangelios, II Libros, (33) Introducción a la teología (Perdido), (34) Apología para Orígenes, (35) «Contra Marcelo, Obispo de Ancira», (36) «Sobre la Teología de la Iglesia» (Solo existen fragmentos) , (37) «Sobre la Fiesta de la Pascua» (perdido), (38 ) Contra los maniqueos (perdido), (39) Dedicación a la Iglesia de Tiro, (40) Carta a Constantino, (41) Sobre la sepultura del Salvador, (42) «De Laudibus Constantini», (43) Plegaria de los Mártires, (44) Tres cartas: (a) A Alejandro de Alejandría (b) A Eufrasio (c) A la Emperatriz Constancia, (45) A la Iglesia de Cesárea,

Como vemos, del largo catálogo de obras de este historiador, no existe nada que pueda abreviarse como «Emiss,en Orat.2 de Nativ.».

Sus obras exegéticas se han perdido en su mayor parte, y ninguna de ellas aluden a una «orat. de Nativ»…en otras palabras, no existe en la obra de Eusebio de Cesárea ni un solo comentario a la Navidad, que imagino es lo que alude la cita, por lo que no podemos asumir que la cita es verdadera.

Tertuliano

Tertuliano, una de las autoridades máximas de la Iglesia Cristiana primitiva, advirtió en contra de esta suposición del nacimiento de María y además sostuvo que después del nacimiento de Cristo, José y María llevaron una vida matrimonial como la de cualquier otra pareja unida ante Dios en santo matrimonio.

Tertuliano es reconocido como un notable escritor eclesiástico muy leído en la Iglesia Católica antes de abrazar la herejía del montanismo y terminar luego fundando su propia secta (los tertulianitas). Llamarlo una de las máximas autoridades de la Iglesia cristiana primitiva es bastante exagerado.
Ahora bien, la cita en cuestión no tiene la fuente, y tampoco hemos encontramos ningún texto donde haga referencia a la inmaculada concepción en ninguna de sus obras. En sus obras rechaza más bien la virginidad de María en y después del parto. Escribe “aunque era virgen cuando concibió, fue mujer cuando dio a luz” (De Carne Christi 23) y por hermanos de Jesús entiende a los hijos de María según la carne. 

Posteriormente otro hereje (Helvidio) le citaría para apoyar su rechazo a la virginidad de María, a lo que san Jerónimo respondió: “Por lo que se refiere a Tertuliano no tengo más que decir que no era hombre de la Iglesia”. Sin embargo no se analiza ahora la posición de los padres de la Iglesia respecto a la virginidad de María, sino sobre la inmaculada concepción y no encontramos que en ese sentido la cita sea verdadera.

Papa Inocencio III

El papa Inocencio III, en el año 1226, dice: “Eva fue formada sin la culpa, y engendro en la culpa; María fue formada en la culpa, y engendro sin la culpa» (De Festo Assump.,Sermón 2).

No he encontrado ni una sola obra de Inocencio III llamada «De Festo Assump» que posea un sermón 2.

El papa Gelasio, en el año 492, escribia: “Corresponde sólo al Cordero Inmaculado el no tener pecado alguno” (Gelassii papae Dicta, Tomo 4,Colosenses). Otra cita bastante sospechosa, porque no existe ni un solo recurso que pruebe tal cita. “Gelasii” no es el nombre de ningún papa y ni siquiera existe esa palabra de forma latinizada.

Tampoco “dicta” existe en algún Diccionario de Latín-español. Lo más parecido a una obra similar es la Dictatus Papae atribuida al Papa Gregorio VII (no al Papa Gelasio) y demás está decir que no dice nada remotamente parecido a lo que la cita afirma.

Anselmo (1033-1109)

Anselmo, arzobispo y doctor de la iglesia escribió (OP.,P.92): “Si bien la concepción de Cristo ha sido inmaculada, no obstante , la misma Virgen de la cual El nació ha sido concebida en la iniquidad y nació con el pecado original, porque ella peco en Adán, así como por el todos pecaron”.

Lo más aproximado a la abreviación «OP. P» de san Anselmo es la obra Opuscula Patrum que es un compendio de Patrología que hizo la ed. Hurter de alemania en 1886 y que en él contiene la obra de san Anselmo llamada Monologium. En dicha obra no aparece en ningún lado lo que se cita en el párrafo anterior.

Papa Sixto IV

El papa Sixto IV, perteneciente a la orden de Scoto, prefirió guardar una prudente distancia en la disputa, e insistir en que «nada ha sido decidido todavía por la Iglesia romana y la sede apostólica». En otras palabras, a casi milenio y medio del nacimiento de María no existía ninguna certeza de que su concepción hubiera sido inmaculada.

Hay que objetar que esta afirmación oculta muchos acontecimientos que de haberlos mencionado mostrarían que ciertamente el papa Sixto IV estaba de acuerdo con la doctrina de la inmaculada concepción de la Virgen, simplemente no quiso hacer una declaración dogmática a este respecto.
El autor de esta cita por ejemplo, no dice que fue precisamente el papa Sixto IV quien emitió un Decreto de 28 de Febrero de 1476 donde adopta la fiesta de la inmaculada concepción para toda la Iglesia Latina y otorgó una indulgencia a todos cuantos asistieran a los Oficios Divinos de la solemnidad (Denzinger, 734). Esto ciertamente era un reconocimiento implícito de su apoyo a la doctrina.

Sixto IV en la Constitución Cum praeexcelsa, el 28 de febrero de 1476:

Cuando indagando con devota consideración, escudriñamos las excelsas prerrogativas de los méritos con que la reina de los cielos, la gloriosa Virgen Madre de Dios, levantada a los eternos tronos, brilla como estrella de la mañana entre los astros…: Cosa digna, o más bien cosa debida reputamos, invitar a todos los fieles de Cristo con indulgencia y perdón de los pecados, a que den gracias al Dios omnipotente (cuya providencia, mirando ab æterno la humildad de la misma Virgen, con preparación del Espíritu Santo, la constituyó habitación de su Unigénito, para reconciliar con su Autor la naturaleza humana, sujeta por la caída del primer hombre a la muerte eterna, tomando de ella la carne de nuestra mortalidad para la redención del pueblo y permaneciendo ella, no obstante, después del parto, virgen sin mancilla), den gracias, decimos, y alabanzas por la maravillosa concepción de la misma Virgen inmaculada y digan, por tanto, las misas y otros divinos oficios instituidos en la Iglesia y a ellos asistan, fin de que con ello, por los méritos e, intercesión de la misma Virgen, se hagan más aptos para la divina gracia.» (Magisterio de Sixto IV)

Sin embargo esto no calmó totalmente las disputas en este tema y entonces publicó en 1483 una constitución en la que penaba con la excomunión a todo aquel cuya opinión fuese acusada de herejía (Grave nimis, 4 de Septiembre de 1483; Denzinger, 735). Reprendía así a quienes predicaban que quienes creían que María había sido concebida sin mancha pecaban gravenente, y también reprendía a quienes acusaran de herejía a los maculinistas siendo que no había pronunciación dogmática a este respecto:

Sixto IV en De la Constitución Grave nimis, de 4 de septiembre de 1483:

A la verdad, no obstante celebrar la Iglesia Romana solemnemente pública fiesta de la concepción de la inmaculada y siempre Virgen María y haber ordenado para ello un oficio especial y propio, hemos sabido que algunos predicadores de diversas órdenes no se han avergonzado de afirmar hasta ahora públicamente en sus sermones al pueblo por diversas ciudades y tierras, y cada día no cesan de predicarlo, que todos aquellos que creen y afirman que la inmaculada Madre de Dios fue concebida sin mancha de pecado original, cometen pecado mortal, o que son herejes celebrando el oficio de la misma inmaculada concepción, y que oyendo los sermones de los que afirman que fue concebida sin esa mancha, pecan gravemente… Nos, por autoridad apostólica, a tenor de las presentes, reprobamos y condenamos tales afirmaciones como falsas, erróneas y totalmente ajenas a la verdad e igualmente, en ese punto, los libros publicados sobre la materia… [pero se reprende también a los que] se atrevieren a afirmar que quienes mantienen la opinión contraria, a saber, que la gloriosa Virgen María fue concebida con pecado original, incurren en crimen de herejía o pecado mortal, como quiera que no está aún decidido por la Iglesia Romana y la Sede Apostólica…

Así, como podrás ver las cosas no son como el autor de la cita intenta dar a entender.

Papa León I

El papa León I, en el año 440,afirmaba: “Sólo el Señor Jesucristo entre los hijos de los hombres nació inmaculado, porque El solo ha sido concebido sin la suciedad y la concupiscencia de la carne” (Sermón 24 de Nativ.Dom.). En el sermón 24 León I no dice lo que se le atribuye, puede verificarlo aquí: Sermón XXIV de la Fiesta de la Natividad.

Allí lo que realmente dice es: “En este Hijo de la Bienaventurada Virgen únicamente produjo una simiente que fue bendita y libre de la culpa de su linaje. Y cada uno participa de este origen espiritual en la regeneración; y cada uno, cuando renace, las aguas del bautismo son como el vientre de la Virgen; por que el mismo Espíritu Santo que llena la fuente, llenó a la Virgen, que el pecado que esta sagrada concepción ha derrocado, puede ser removido por esta agua mística”.

En este texto San León consideraba a María como totalmente llena del Espíritu Santo, y que pone similitud entre el agua del bautismo, liberador del pecado y el vientre de María. La cita que da el autor del artículo realidad corresponde al sermón 25 la cual hemos podido conseguir desde el latín:

Agnoscat igitur catholica fides in humilitate Domini gloriam suam, et de salutis suae sacramentis gaudeat Ecclesia, quae corpus est Christi: quia nisi Verbum Dei caro fieret et habitaret in nobis, nisi in communionem creaturae Creator ipse descenderet, et vetustatem humanam ad novum principium sua nativitate revocaret, regnaret mors ab Adam (Rom. V, 14) usque in finem, et super omnes homines condemnatio insolubilis permaneret, cum de sola conditione nascendi, una cunctis esset causa pereundi. Solus itaque inter filios hominum Dominus Jesus innocens natus est, quia solus sine carnalis concupiscentiae pollutione conceptus. Factus est homo nostri generis, ut nos divinae naturae possimus esse consortes. Originem quam sumpsit in utero virginis, posuit in fonte baptismatis; dedit aquae, quod dedit matri; virtus enim Altissimi et obumbratio Spiritus sancti (Luc. I, 35), quae fecit ut Maria pareret Salvatorem, eadem facit ut regeneret unda credentem. Quid autem sanandis aegris, illuminandis caecis, vivificandis mortuis aptius fuit, quam ut superbiae vulnera humilitatis remediis curarentur? Adam praecepta Dei negligens, peccati induxit damnationem; Jesus factus sub lege reddidit justitiae libertatem. Ille diabolo obtemperans usque ad praevaricationem, meruit ut in ipso omnes morerentur; hic Patri obediens usque ad crucem, fecit ut in ipso omnes vivificarentur. Ille cupidus honoris angelici, naturae suae perdidit dignitatem; hic infirmitatis nostrae suscipiens conditionem, propter quos ad inferna descendit, eo dem in coelestibus collocavit. Postremo illi per elationem lapso dictum est: Terra es, et in terram ibis (Genes. III, 19); huic per subjectionem exaltato dictum est: Sede a dextris meis, donec ponam inimicos tuos scabellum pedum tuorum (Ps. CIX, 1).

La cita en cuestión corresponde a esto:

«Solus itaque inter filios hominum Dominus Jesus innocens natus est, quia solus sine carnalis concupiscentiae pollutione conceptus.»

Sin embargo, san León escribe su homilía, no poniendo su mirada en María, sino atacando la herejía pelagiana. Porque, a pesar de esas palabras, hay una distinción entre «los hijos de los hombres» que el papa menciona, y la Virgen María.

Recordemos también, que en Occidente, la mariología no avanzó en esa época debido a las invasiones bárbaras, por lo que se constriñe a aplicarse en la conservación y difusión de los logros ya obtenidos, entre los pueblos invasores, no en el avance de la teología. Por eso, si leemos a los Padres de esa época, vemos que hay una ambivalencia: por un lado hablan de la universalidad del pecado original de la cual solo Cristo es excluido (para que los bárbaros no cayeron en la herejía de Pelagio), y por otro lado, alaban la singular santidad y pureza de María.

Por ejemplo, Fulgencio, en De ceritate praedest et gratiae Dei, lib 2, cap 2, nos dice prácticamente lo mismo que san León Magno en su Sermón XXV, 5. Pero en otra obra, en Sermo 2, De duplici Nativ Christi, No. 6, no toma reparos en admitir la absoluta santidad de María. En un comentario sobre el Saludo del Ángel a María, él explica con extremada precisión el significado de «llena de gracia», haciéndola prácticamente a lo que hoy se entiende como su inmunidad al pecado original. (Sermo 36, De laudibus Mariae ex partu Salvatoris; PL 65:899C).

Papa Gregorio el Grande (540-604)

El papa Gregorio el Grande, comentando Job 14:4 expresa que Jesucristo es el único que no ha sido concebido de sangre impura y verdaderamente puro en su carne.

La «New Advent Encyclopedia» nos da el siguiente listado de las obras de San Gregorio Grande: «Moralium Libri XXXV»; «Regulae Pastoralis Liber»; «Dialogorum Libri IV»; «Homiliarum in Ezechielem Prophetam Libri II»; «Homiliarum in Evangelia Libri II»; «Epistolarum Libri XIV»; «In Librum Primum Regum Variarum Expositionum Libri VI»; «expositio super Cantica Canticorum»; «Expositio in VII Psalmos Poenitentiales»; «Concordia Quorundam Testimoniorum S. Scripturae»

De todas estas él comenta el libro de Job en Moralium Libri XXXV. Lo que más se aproxima a la cita en cuestión es este texto de dicha obra:

Ver. 4. ¿Quién podrá sacar pureza de lo impuro? Nadie.
70. Él, que solo es puro por Sí mismo, es el que puede limpiar las cosas impuras. El hombre que vive en la carne corruptible, tiene la inmundicia de la tentación impresa en sí, la cual carga desde su nacimiento. Por su concepción, al ser por satisfacción carnal, es impuro. Por eso, el salmista dijo «He aquí que en maldad fui formado y en pecado me concibió mi madre» [Salmo 51, 7]. Tal es la razón por la que es frecuentemente tentado hasta en contra de sus deseos. Por eso es que él está sujeto a las impurezas en su mente, aún cuando se esfuerce contra ellas, porque siendo concebido en impureza, aún incluso después de su purificación, continúa esforzándose por lograr ser mejor de lo que es. Pero quien ha vencido los acechos de las tentaciones ocultas y ha dominado las impurezas del pensamiento, nunca debe atribuir esa pureza a sí mismo, ya que nadie puede purificar algo concebido en simiente impura, salvo Aquel quien Solo es puro por sí mismo. Puesto que según su juicio ya ha alcanzado la pureza, debe poner su mirada hacia el origen de su concepción, y por consiguiente se convenza a sí mismo que por su propia fuerza no tiene ninguna pureza de vida, ya que el comienzo de su existencia fue de forma impura. Pero el significado aquí, puede que el bienaventurado Job se refiriera a la Encarnación del Redentor, ya que este Hombre único en el mundo no fue concebido de semilla impura, Él que entró en el mundo desde el seno de la Virgen, que en nada ha provenido de una concepción impura. Él no procede del hombre y la mujer, sino del Espíritu Santo y de la Virgen María. Solo Él ha resultado ser verdaderamente puro en su carne, Él que fue incapaz de ser afectado por la satisfacción de la carne, siendo que no fue por la satisfacción de la carne que Él vino.

Sin embargo este texto en particular no podría ser utilizado para probar que el papa Gregorio el Grande estaba en contra de la perfecta santidad de María. En primer lugar porque en el texto en cuestión no afirma que ella fuera concebida de semilla impura, sino que Cristo no lo fue. Ni siquiera afirma que solamente él no lo fue. Si nos fijamos también la cita protestante ha sido alterada y se ha cortado lo que sigue, pues habla de la Virgen más adelante:

«Pero el significado aquí, puede que el bienaventurado Job se refiriera a la Encarnación del Redentor, ya que este Hombre único en el mundo no fue concebido de semilla impura, Él que entró en el mundo desde el seno de la Virgen, que en nada ha provenido de una concepción impura. Él no procede del hombre y la mujer, sino del Espíritu Santo y de la Virgen María. Solo Él ha resultado ser verdaderamente puro en su carne, Él que fue incapaz de ser afectado por la satisfacción de la carne, siendo que no fue por la satisfacción de la carne que Él vino.»

Es muy interesante que al hablar de la Concepción de Cristo, san Gregorio menciona juntos al Espíritu Santo y a María. La Concepción de Jesús fue pura…por que procede del Espíritu santo y….de María. Si san Gregorio pensara que María era impura, entonces no la colocaría junto al Espíritu santo ni haría la distinción entre María y las demás mujeres.

Conclusión

Con esto no pretendemos negar que a lo largo de la historia hubiera algunos padres de la Iglesia y escritores eclesiásticos que mostraron sus dudas respecto a la perfecta santidad de María (por ejemplo Santo Tomás de Aquino o San Juan Crisóstomo), ciertamente hubieron disputas en cuanto a este tema tal como lo explica en detalle los dos primeros enlaces que presentamos. Hay que tener en cuenta las dificultades que presentaba armonizar la universalidad del pecado original con la santidad perfecta de María y mientras la Iglesia no se hubiera pronunciado de forma definitiva en este punto el juicio privado en esta materia era permitido.

Sin embargo esperamos que el análisis de estas citas sirva para ser más precavidos, después de todo en internet pulula mucha información falsa, adulterada y muchas veces descontextualizada, y se comete frecuentemente el error de asumir que por estar publicada en la Web es verdadera. El problema se suele incrementar cuando otras personas toman dichas citas y las incorporan en nuevos estudios sin previamente verificarlas, generando así un círculo vicioso distorsionando la historia.

Las citas que nos has enviado aparecen en multitud de páginas de apologética protestante y son frecuentemente utilizadas por foristas protestantes en debates en Internet.

Autor: Alex Grandet
Colaborador: José Miguel Arráiz

sábado, 1 de octubre de 2022

San Jerónimo y el protestantismo


San Jerónimo
por Caravaggio


San Jerónimo, cuya fiesta se celebra el 30 de septiembre, es conocido por los católicos por varias cosas. Muchos conocen al sacerdote del siglo IV como responsable de la Vulgata, la traducción latina de la Biblia, el texto bíblico oficial de la Iglesia Católica durante muchos siglos. Otros conocen su celo por el estilo de vida ascético, primero en el desierto de Siria y después cerca de Belén. Y quizá algunos lo conozcan como uno de los Doctores de la Iglesia en latín, título otorgado por sus prolíficos discursos y comentarios teológicos. Asimismo, pocos saben que a menudo es presentado por algunos protestantes como un «protoprotestante».

No aceptó los libros deuterocanónicos de la Biblia

Quizá el uso más común de san Jerónimo para reforzar la teología protestante es la afirmación de que rechazó los libros deuterocanónicos de la Biblia (Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría de Salomón, Sirácida y Baruc) como algo menos que las Escrituras. Hay algo de verdad en esto; a diferencia de muchos otros padres de la iglesia contemporáneos, san Jerónimo hizo una distinción entre la Biblia hebrea y los «apócrifos», llamando a los libros que no se encuentran en el hebreo como «no canónicos». En su Prefacio a los Libros de Samuel y de los Reyes, san Jerónimo incluye la siguiente declaración:

«Este prefacio a las Escrituras puede servir de introducción "con casco" a todos los libros que pasamos del hebreo al latín, para que podamos estar seguros de que lo que no se encuentra en nuestra lista debe colocarse entre los escritos apócrifos. Por lo tanto, la Sabiduría, que generalmente lleva el nombre de Salomón, y el libro de Jesús, el Hijo de Sirach, y Judith, y Tobías, y el Pastor no están en el canon. El primer libro de los Macabeos he encontrado que es hebreo, el segundo es griego, como se puede demostrar por el propio estilo».

Así, afirman muchos protestantes, san Jerónimo es la prueba de que algunos de los padres más venerables de la Iglesia rechazaron los mismos libros deuterocanónicos que luego rechazaron los reformistas. Sin embargo, los pensamientos de san Jerónimo sobre el deuterocanon en su Vulgata deben cuadrar con sus declaraciones en otros lugares. Por ejemplo, en su Carta a Eustoquio cita el Eclesiástico 13:2: «Porque ¿no dice la Escritura: “No te agobies por encima de tus posibilidades”?».

En otros lugares, Jerónimo también se refiere a Baruc (Carta a Oceanus), a la Historia de Susana (Carta a Paulino) y a la Sabiduría (Carta 51) como Escritura. Además, durante la vida de san Jerónimo (c. 347-420), el canon de las Escrituras aún no estaba resuelto y era objeto de debate, por lo que su opinión no estaba en contradicción explícita con la enseñanza católica. Varios concilios locales -Hipona, Cartago y Roma- afirmaron el deuterocanon como Escritura, pero ninguno fue ecuménico y, por tanto, vinculante para toda la Iglesia.

¿Defensor de la sola fide?

Otros protestantes afirman que san Jerónimo enseñó la sola fide, esa doctrina central del protestantismo según la cual el pecador es justificado por la gracia a través de la sola fe, y que las obras son, por tanto, totalmente no salvíficas. Citarán su In Epistolam Ad Romanos, en el que leemos, en latín, «Ignorantes quod Deus ex sola fide justificat, et justos se ex legis operibus, quam non custodierunt», que se traduce en algo así como: «Siendo ignorantes de que Dios justifica por la sola fe, se consideran justos por las obras de la Ley que no cumplen».

Consideremos la primera cita, en la que se encuentra la frase «sola fide». San Jerónimo se refiere a los judíos fariseos de la época de Cristo, que pretendían justificarse mediante los preceptos mosaicos. Además, las «obras» a las que se refiere son los «sacrificios de la Ley que eran sombras de la verdad» (quae umbra errant veritatis), y no las obras propiamente dichas como las entienden los reformistas protestantes. 

La segunda cita de san Jerónimo afirma que aquellos que con todo su espíritu ponen su fe en Cristo, aunque mueran todavía con el pecado en el alma, vivirán para siempre. Sin embargo, no hay nada exclusivamente protestante en esto: el catolicismo también enseña que las personas que tienen fe, aunque mueran no totalmente purificadas de todo su pecado, ganarán el cielo, siempre que su pecado no sea mortal.

También debemos conciliar las citas anteriores con lo que san Jerónimo enseña en otros lugares, que son más explícitamente católicos. En su Carta a Pammachius, por ejemplo, leemos:

«No creas que tu fe en Cristo es una razón para separarte de ella. Porque “Dios nos ha llamado en paz”. “La circuncisión no es nada y la incircuncisión no es nada, sino la observancia de los mandamientos de Dios”. Ni el celibato ni el matrimonio tienen la menor utilidad sin las obras, ya que incluso la fe, la marca distintiva de los cristianos, si no tiene obras, se dice que está muerta, y en tales términos las vírgenes de Vesta o de Juno, que era constante con un solo marido, podrían pretender ser contadas entre los santos».

Aquí, san Jerónimo enseña que tanto la fe como las obras son necesarias para la salvación. Lo mismo enseña en sus Comentarios a la Epístola a los Gálatas, en los que explica: «Debe notarse que no dice que un hombre, una persona, vive de la fe, para que no se piense que está condenando las buenas obras. Más bien dice que el justo vive de la fe». Así, en el corpus de san Jerónimo vemos una afirmación católica clásica sobre la cooperación de la fe y las obras en la salvación.

Sí, san Jerónimo declaró que «la ignorancia de la Escritura es la ignorancia de Cristo», lo que podría sonar -para los oídos protestantes que presumen de un cierto antibiblicismo en el catolicismo- como una afirmación implícita de la comprensión de la Escritura por parte de los reformadores. Esto no podría estar más lejos de la verdad. Por supuesto que san Jerónimo tenía una alta visión de la Sagrada Escritura - ¡también la Iglesia Católica, de la que san Jerónimo era un miembro obediente! No hay nada exclusivamente protestante en una visión elevada de la Biblia, como demuestran todos los padres de la Iglesia y los concilios ecuménicos de la Iglesia.

Finalmente, cualquier consideración honesta de san Jerónimo debe tener en cuenta la totalidad de su obra, que evidencia una teología no protestante. En su Carta a Heliodoro, declara su creencia en la sucesión apostólica, que los obispos de su época tienen una autoridad que deriva de los apóstoles y de Cristo mismo. Afirma la primacía papal en su Carta al Papa Dámaso, escribiendo: «No sigo a ningún líder más que a Cristo y no comulgo con nadie más que con Vuestra Bendición, es decir, con la cátedra de Pedro. Sé que ésta es la roca sobre la que se ha construido la Iglesia».

Así pues, la concepción de San Jerónimo sobre la autoridad eclesial es decididamente católica.

Fuente: CWR/InfoCatólica

viernes, 30 de septiembre de 2022

Vida de San Jerónimo


San Jerónimo
por Caravaggio


San Jerónimo de Estridón fue un monje del siglo IV, Padre y Doctor de la Iglesia. Buen practicante del ascetismo, inspiró a muchos, especialmente religiosos a seguir el camino de la santidad. San Jerónimo es considerado el patrono de los traductores y de los que se dedican a entender las Escrituras.

Aquilea y Roma

San Jerónimo nació en Estridón, cerca de Dalmacia, entre los años 331 y 347, cuando era parte del Imperio Romano. Estridón pertenecía a la diócesis de Aquilea, la segunda más importante del cristianismo hasta el siglo XVIII, cuando fue disuelto el patriarcado milenario que tenía ahí su sede. La importancia de Aquilea como centro cristiano ayudó a que Jerónimo naciera dentro de una familia creyente, que inculcaba a sus hijos la verdadera fe y las virtudes que se esperan en un buen cristiano.

Muy joven, viajó a Roma donde estudió latín con el gramático más influyente de su época, Elio Donato. A pesar de que la lengua materna de Jerónimo era el ilirio, dominó perfectamente el latín y el griego desde muy temprana edad. Se dice que el joven estudiante memorizaba larguísimos textos de Platón, Homero, Virgilio, Horacio, Tácito y Cicerón.

Conversión y retiro al desierto

La gran capacidad de Jerónimo para el estudio, así como su cómoda situación económica, hicieron que se volviera vanidoso y entregado a los placeres y vicios de la vida mundana. Tras su contacto con san Valeriano, Jerónimo se hizo consciente del error de asentar su vida sobre estas frivolidades. El joven académico decidió retirarse de la ciudad al desierto, como otros ascetas de su tiempo, donde hizo fuertes penitencias en expiación por sus pecados y vida poco cristiana.

En Constantinopla con san Gregorio Nacianceno

En el desierto, san Jerónimo aprendió también el hebreo por la amistad que desarrolló con un monje que había sido judío. Este conocimiento sería clave para su posterior traducción del Antiguo Testamento. Desde su retiro, mantuvo correspondencia con mucha gente, entre ella con el papa san Dámaso I, quien le insistió en la necesidad de ser ordenado sacerdote para servir mejor a Dios. Finalmente aceptó, y pronto fue trasladado a Constantinopla, donde se puso en manos de san Gregorio Nacianceno, quien le guió en el estudio de la Sagrada Escritura.

Secretario del papa Dámaso I

En el año 382, Jerónimo volvió a Roma, donde fue recomendado para ocupar el puesto de secretario del papa san Dámaso, tras haber caído enfermo san Ambrosio de Milán, primer candidato para ocupar la vacante. Gran parte de las funciones de Jerónimo se basaron en la extraordinaria traducción que hizo de la Biblia desde el griego y hebreo al latín, conocida hasta nuestros días como La Vulgata, bautizada así por ser la de uso común para el vulgo.

Durante esos años, se distinguió también como director espiritual de muchas señoras de la aristocracia romana, entre ellas santa Marcela, santa Paula y santa Fabiola de Roma, lo que le causaría muchos problemas por culpa de las habladurías que ésto ocasionaba.

Belén

Gran parte de la predicación de san Jerónimo se basaba en críticas a la élite romana, entregada a vicios y vanidades. Como él había sufrido las mismas frivolidades, hablaba con gran claridad de este tema, lo que le ganó el seguimiento de un grupo de altos cargos del patriciado romano. Al abandonar Roma para establecerse en la cueva de Belén, un gran número de aristócratas romanos vendieron sus bienes y le siguieron, estableciendo un convento para hombres y otro para mujeres en la cercanía de la cueva donde se encontraba el santo.

Desde su cueva, san Jerónimo siguió entregado a los estudios, a la penitencia, así como a la predicación. Sus palabras sirvieron de guía para cientos de hombres y mujeres que han encontrado en él una verdadera inspiración.

Fallecimiento

San Jerónimo murió el 30 de septiembre del año 420 en su cueva de Belén. Aunque no se sabe la fecha exacta de su canonización, es conocido que existió una gran devoción por él desde el momento de su muerte. 

En el año 1295, fue proclamado Doctor de la Iglesia por el papa Bonifacio VIII, y es también considerado uno de los cuatro Padres Latinos de la Iglesia.

En el siglo XIV, surgió en España la Orden de San Jerónimo, que buscaba imitar la vida ascética y de estudios del Doctor y Padre de la Iglesia.

lunes, 15 de agosto de 2022

San Cipriano de Cartago, Obispo y Mártir



En la banda circular de la cúpula de Miguel Angel Buonarroti (Basílica de San Pedro, Vaticano) están incrustadas con mosaicos estas palabras: “Hinc una fides mundo refulget, hinc sacerdotii unitas exhoritur”, "Desde aquí se esparce por el mundo la única y verdadera fe, aquí nace la unidad del sacerdocio". El texto es de san Cipriano y es suficientemente indicativo para que a este Padre de la Iglesia podamos llamarle el "santo de la romanidad": san Cipriano nos enseña a amar más a la Iglesia y al Romano Pontífice y a comprender mejor la grandeza del papado.

Converso, de padres paganos

Cipriano nació en el norte de Africa, quizá en la misma Cartago, en los primeros años del siglo III. Sus padres, paganos adinerados, le procuraron una buena educación, llegando a enseñar retórica con gran éxito. Guiado y aconsejado por el presbítero que Cecilio se convirtió al cristianismo, empezando una nueva vida de catecúmeno ejemplar en la práctica de la austeridad, la continencia y la caridad. Poco después del bautismo entró en las filas del clero, entregando a la Iglesia su patrimonio.

Elección episcopal por aclamación popular
y enfrentamiento con el partido lapsista

Su elección episcopal a la sede cartaginense ocurre en el año 248 ó 249. Fue designado por aclamación popular, según la costumbre de entonces. Y como suele ocurrir en un acto popular, también tuvo oposición. A la elección episcopal de Cipriano se oponía el partido lapsista del clero, encabezado por el sacerdote Novato y por un seglar rico cuyo nombre era Felicísimo. Después, durante su gobierno episcopal, el obispo Cipriano tuvo que enfrentarse a este partido en la cuestión de los "lapsi" y "libeláticos".

Se llamaban libeláticos a los cristianos que para librarse de la persecución se procuraban el libellus de apostasía: un certificado que mostraba haber sacrificado a los dioses, sin haberlo hecho en realidad. Al finalizar la persecución, éstos, lo mismo que los apóstatas, pedían de nuevo ser admitidos en la comunidad cristiana. Para ello se procuraban el apoyo de los confesores que habían padecido cárcel, pidiéndoles el libelli pacis (billetes de paz), para de este modo ser dispensados de la penitencia pública. 

Cipriano mantuvo firme su autoridad episcopal frente a los confesores que concedían el libelli pacis a los libeláticos, haciendo prevalecer su opinión. Para ello reunió en el año 252 un sínodo en Cartago y tomó medidas rigurosas, que consistían en distinguir entre los que habían sacrificado a los ídolos —a los que se impuso penitencia perpetua, admitiéndoles a la reconciliación sólo a la hora de la muerte— y los libeláticos, a los cuales podía admitirse a la comunión después de un período de prueba. Novato y Felicísimo se declararon en rebeldía frente a estas decisiones e iniciaron un cisma local. 

El cisma novacionista

Hasta Cartago llegaron también partidarios de la otra controversia del momento: la de los extremadamente rigoristas del clero romano, partido encabezado por Novaciano, el cual defendía que en ningún caso había que perdonar a los lapsos. Novaciano había conseguido hacerse elegir antipapa en Roma contra Cornelio, produciendo un cisma que tuvo cierta difusión y duración. En Africa, Cipriano combatió enérgicamente el cisma novacionista, sosteniendo al papa Cornelio.

Persecución y martirio

Cipriano rigió la iglesia de Cartago hasta el año 257. Su período pastoral se vio agitado por las persecuciones contra los cristianos, que tuvieron lugar en aquella mitad del siglo. Desde el año 250 hasta la primavera del 51, con motivo de la persecución de Decio, Cipriano tuvo que esconderse. Desde su oculto retiro, no lejano de la sede, gobernó a sus fieles por medio de una intensa actividad epistolar. Pasado el huracán, pudo regresar a su ciudad y allí derrochó su vitalidad y sus energías apostólicas hasta la persecución de Valeriano.

El 30 de agosto de 257 el obispo es llevado al pretorio de Cartago ante el procónsul Aspasio Paterno. Este le hizo la pregunta de ritual: "Los sacratísimos emperadores se han servido escribirme con orden de que a quienes no profesan la religión de los romanos se les obligue a guardar sus ceremonias. Quiero saber si eres de ese número. ¿Qué me respondes?" 

Cipriano confiesa entonces abiertamente su fe: "Soy cristiano y obispo; no conozco más dioses que uno solo, el verdadero Dios, que crió los cielos, la tierra, el mar y cuanto en ellos hay. A este Dios adoramos los cristianos y noche y día rogamos por nosotros mismos, por todos los hombres y también por la salud de los emperadores". 

A este testimonio responde el procónsul con la orden de destierro. Cipriano se ve obligado a salir para Curubi. Allí permanece una temporada hasta que un nuevo procónsul sucede a Paterno: Galerio Máximo. Este ordena a Cipriano que se presente en Utica, residencia del magistrado romano; pero el obispo se niega a esto porque quiere morir en medio de su pueblo. Regresa a Cartago y el procónsul, después de oír nuevamente la confesión de fe hecha por Cipriano el 13 de septiembre, le condena a muerte. A la sentencia proconsular el futuro mártir da por respuesta un Deo gratias

Antes de su ejecución, Cipriano ordena que se den 25 monedas de oro a su verdugo. El día 14 Cipriano fue decapitado delante de una multitud de fieles, que pudieron admirar el ejemplo del santo mártir. Según dice Poncio, Cipriano fue el primer obispo que, después de los apóstoles, tiñó Africa con su sangre.

San Jerónimo comenta que Cipriano fue martirizado el mismo día, aunque no el mismo año, que el papa Cornelio. Este murió en el 252, después de haber sido desterrado a Centocelle, donde recibió de Cipriano cartas de consolación. Ahora la Iglesia nos presenta a los dos santos mártires unidos por la misma fiesta en la liturgia del día 16 de septiembre.


lunes, 21 de febrero de 2022

San Pedro Damián y su Liber Gomorrhianus

 

Liber Gomorrhianus, donde san Pedro Damián
denuncia ciertas costumbres del clero de su tiempo


El papa León IX (1048-1054) inició con mano enérgica la nueva campaña contra la simonía y relajación eclesiástica, para lo cual nombró cardenal-diácono a Hildebrando, quien fue en adelante el alma del movimiento reformador. 

Por su parte, Pedro Damián publicó entonces su obra Libro Gomorriano, en alusión a la ciudad de Gomorra y en contra de las costumbres impuras de su tiempo, que dedicó al papa León IX. Su realismo vivo va encaminado a convencer a los Papas y a todos los dirigentes a poner remedio a tanto mal en las costumbres de los eclesiásticos.

Dice san Pedro Damián: “Si nosotros, por negligencia, dejamos caer en desuso las reglas, las generaciones futuras no podrán volver a la primitiva observancia. Guardémonos de incurrir en semejante culpa y transmitamos fielmente a nuestros sucesores el legado de nuestros predecesores”.

Viaja a Roma con frecuencia, donde ayuda y aconseja a los papas y a su amigo Hildebrando, el futuro Gregorio VII. Esteban IX (1057-1058) le nombra entonces cardenal y obispo de Ostia. Comprometido con la reforma de la Iglesia, no puede permitirse el lujo de residir habitualmente en su eremitorio, donde tiene su corazón, pero se refugia en él en cuanto puede. Ha tenido que dejar el gobierno de Fonte Avellana, pero, esté donde esté, sigue vigilando atentamente como cumplen los ermitaños las normas que les ha dado.

Pedro Damián denunció la infiltración en el clero de su tiempo de conductas homosexuales:

“Ha arraigado entre nosotros cierto vicio sumamente asqueroso y repugnante”, escribía a mediados del siglo XI en su Liber Gomorrhianus. “Si no se lo extirpa cuanto antes con mano dura, está claro que la espada de la cólera divina asestará sus golpes, de un momento a otro, para la perdición de muchos (…). El pecado contra natura repta como un cangrejo hasta alcanzar a los sacerdotes. Y, en ocasiones, como una bestia cruel introducida en el rebaño de Cristo, se desenvuelve con tanta astucia, que más les valdría, a muchísimos, ser apresados por los guardias que, amparados en su estado religioso, ser arrojados con tanta facilidad al férreo yugo de la tiranía del diablo, especialmente cuando media escándalo de tantas personas (…). Y, a no ser que la Santa Sede intervenga cuanto antes con contundencia, cuando queramos poner freno a esta lujuria desenfrenada, ya no habrá quien la detenga”.

El propio santo proponía medidas concretas para atajar el problema: un clérigo o un monje que moleste a los adolescentes o a los jóvenes, o que haya sido sorprendido besándolos o en algún otro comportamiento vergonzoso, sea flagelado públicamente y pierda la tonsura. Después de dejarlo calvo, sea cubierto de escupitajos e inmovilizado con cadenas de fierro, sea dejado en la angustia de la cárcel durante seis meses. Durante el tiempo de vísperas, tres veces por semana coma pan de cebada. Luego, por otros seis meses, bajo la custodia de un padre espiritual, viva segregado en un lugar pequeño, se le ocupe en labores manuales y oraciones. Sométaselo a ayunos y camine siempre vigilado por dos hermanos espirituales, sin permitirse hablar de cosas perversas. No se le permita frecuentar a personas más jóvenes que él. Este sodomita valore profundamente si ha administrado bien sus oficios eclesiásticos, ya que la autoridad sagrada juzga estos ultrajes tan ignominiosos y vergonzosos. Tampoco se deje tentar para que no tenga sexo anal con nadie, ni tampoco entre los muslos, ya que […] será sometido –y justamente– a todas las angustias provocadas por tal comportamiento vergonzoso”.

Fuentes: Aciprensa
      Carlos Esteban