sábado, 14 de julio de 2018

Marcos 6,7-13: Una nueva comunidad, por la Orden Carmelita

Marcos 6,7-13

Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

— Comentario por la Orden Carmelita

El Evangelio de hoy continúa el de ayer. El paso por Nazaret fue doloroso para Jesús. Fue rechazado por su misma gente (Mc 6,1-5). Lo que antes era su comunidad, ahora ha dejado de serlo. A partir de este momento, Jesús empieza a andar por los poblados de Galilea para anunciar la Buena Nueva (Mc 6,6) y a enviar a los doce en misión.

En los años 70, época en la que Marcos escribe su evangelio, las comunidades cristianas vivían una situación difícil. Humanamente hablando, no había futuro para ellas. En el 64, Nerón empezó a perseguir a los cristianos. En el 65, estalló la rebelión de los judíos de Palestina contra Roma. En el 70, Jerusalén fue totalmente destruida por los romanos. Por eso, la descripción del envío de los discípulos, después del conflicto en Nazaret, era fuente de luz y de ánimo para los cristianos.

• Marcos 6,7: El objetivo de la Misión

El conflicto creció y tocó de cerca a Jesús. ¿Cómo reacciona? De dos maneras.

a) Ante la cerrazón de la gente de su comunidad, Jesús deja Nazaret y empieza a recorrer los poblados de los alrededores (Mc 6,6).

b) Expande la misión e intensifica el anuncio de la Buena Nueva llamando a otras personas para implicarlas en la misión. “Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos”.

Los discípulos participan de la misión de Jesús. No pueden ir solos, sino que deben ir de dos en dos, pues dos personas representan mejor la comunidad que una sola, y se pueden ayudar mutuamente. Reciben poder sobre los espíritus impuros, esto es, deben aliviar el sufrimiento de la gente y, a través de la purificación, deben abrir las puertas de acceso directo a Dios.

• Marcos 6,8-11: Actitudes en la misión

Las recomendaciones son sencillas: “Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino:”Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas.» Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.". Y ellos se fueron.

Es el comienzo de una nueva etapa. Ahora ya no es sólo Jesús, sino todo el grupo va a anunciar la Buena Nueva de Dios al pueblo. Si la predicación de Jesús ya causaba conflicto, cuanto más ahora, con la predicación de todo el grupo. Si el misterio ya era grande, ahora va a ser mayor aún con la misión intensificada.

• Marcos 6,12-13: El resultado de la misión

“Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban”. Anunciar la Buena Nueva, provocar la conversión o mudanza en las personas y aliviar el dolor de la gente, curando las dolencias y expulsando los males.

El envío de los discípulos en Misión:

En el tiempo de Jesús había otros movimientos de renovación. Por ejemplo, los esenios y los fariseos. Ellos también buscaban una nueva manera de vivir en comunidad y tenían a sus misioneros (Cf. Mt 23,15). Pero cuando iban en misión, iban prevenidos. Llevaban bolsa y dinero para cuidar de su propia comida. Desconfiaban de la comida de la gente porque no era siempre ritualmente “pura”.

Al contrario de los otros misioneros, los discípulos y las discípulas de Jesús reciben recomendaciones diferentes que ayudan a entender los puntos fundamentales de la misión de anunciar la Buena Nueva, que reciben de Jesús y que es también nuestra misión:

a) Debían ir sin nada

No podían llevar nada, ni bolsa, ni cintura, ni bastón, ni pan, ni sandalias, ni tener dos túnicas. Esto significa que Jesús nos obliga a confiar en la hospitalidad. Pues aquel que va sin nada, va porque confía en la gente y cree que la gente va a recibirlo. Con esta actitud criticaban las leyes de exclusión, enseñadas por la religión oficial, y por medio de la nueva práctica, mostraban que tenían otros criterios de comunidad.

b) Debían comer lo que la gente les daba

No podían vivir separados con su propia comida, sino que debían sentarse con los demás, en la mesa (LC 10,8). Esto significa que, en el contacto con la gente, no debían tener miedo a perder la pureza tal como era enseñada en la época. Con esta actitud criticaban las leyes de la pureza en vigor y por medio de la nueva práctica, mostraban que tenían otro acceso a la pureza, esto es, a la intimidad con Dios.

c) Debían quedarse hospedados en la primera casa en que fueran acogidos

Debían convivir de manera estable y no andar de casa en casa. Debían trabajar como todo el mundo y vivir de lo que recibían en cambio, “pues el obrero merece su salario” (Lc 10,7). Con otras palabras, ellos debían participar de la vida y del trabajo de la gente y la gente los acogería en su comunidad y compartiría con ellos su comida. Significa que debían confiar en el compartir.

d) Debían sanar a los enfermos, curar a los leprosos y expulsar los demonios (Lc 10,9; Mc 6,7.13; Mt 10,8). Debían ejercer la función de “defensor” (goêl) y acoger para dentro del clan, dentro de la comunidad, a los que vivían excluidos. Con esta actitud criticaban la situación de desintegración de la vida comunitaria y apuntaban hacia salidas concretas.

EL REINO DE DIOS

Estos eran los cuatro puntos básicos que debían animar la actitud de los misioneros y de las misioneras que anunciaban la Buena Nueva de Dios en nombre de Jesús: hospitalidad, comunión alrededor de la mesa, compartir con los excluidos y acogerlos.

Una vez que hubiesen cumplido con esas cuatro exigencias, tenían que gritar a los cuatro vientos: “¡El Reino ha llegado!” (cf. Lc 10,1-12; 9,1-6; Mc 6,7-13; Mt 10,6-16). Pues el Reino de Dios que Jesús nos reveló no es una doctrina, ni un catecismo, ni una ley.

El Reino de Dios acontece y se hace presente cuando las personas, motivadas por su fe en Jesús, deciden vivir en comunidad para, así, dar testimonio y revelar a todos que Dios es Padre y Madre y que, por consiguiente, nosotros, los seres humanos, somos hermanos y hermanas, del Reino, del amor de Dios como Padre, que nos hace a todos hermanos y hermanas.

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DOMINGO DE LA 15 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B

¿Eres “nestoriano” o “monofisita”? por Hilari Raguer, OSB

Ese credo que recitamos de corrido lo forjaron los primeros concilios ecuménicos a martillazos, condenando herejes a derecha y a izquierda.

A veces los que habían triunfado en un concilio se excedían en su interpretación y otro concilio tenía que dar un golpe de timón en sentido contrario. Esto no son “cuestiones bizantinas”, sino que tiene mucha actualidad, como trataré de explicar.

El primer concilio ecuménico, el de Nicea del 325 proclamó la fe en un solo Dios en tres personas y condenó la herejía de Arrio, que negaba la divinidad de Jesucristo, que él tenía por una criatura de Dios (“engendrado, no creado”, decimos en el credo).

El Concilio I de Constantinopla (381) reafirmó la condena de Nicea al arrianismo pero también el error opuesto, de Sabelio, que sostenía que Padre, Hijo y Espíritu Santo no son tres personas, sino tres aspectos o modalidades del único Dios. De estos dos primeros concilios procede el credo “nicenoconstantinopolitano” que decimos en la misa.

El Concilio de Éfeso del 431 tuvo por protagonista al patriarca de Alejandría, Cirilo, que proclamaba a María Madre de Dios (“theotókos” en griego, “Dei genitrix” en latín), y condenó al patriarca de Constantinopla Nestorio, que creía que María era solo madre de la humanidad de Jesucristo, y por lo tanto no era Madre de Dios.

Al reconocer a María como verdadera Madre de Dios, Éfeso afirmaba que en Jesucristo hay dos naturalezas pero una sola persona humano-divina, y María, al ser madre de la única persona de Jesucristo, es madre de Jesucristo hombre y Dios.

Eutiques, archimandrita (=superior) de un monasterio de Constantinopla, era ferviente seguidor de Cirilo de Alejandría, y por lo tanto de la doctrina de la “theotókos”, María Madre de Dios, pero se excedió en esta dirección y sostenía que, después de la unión de las dos naturalezas en la única persona de Jesucristo, la naturaleza humana había quedado absorbida por la divina y por lo tanto solo quedaba una naturaleza, la divina, y así Jesucristo no sería propiamente humano. Era el “monofisismo”, “mia physis”, una naturaleza. El sucesor de Cirilo en Alejandría, el patriarca Dióscuro, logró con sus intrigas que el emperador Teodosio II convocara otro sínodo, también en Éfeso, que aprobó su tesis. Por los procedimientos ilegítimos aquella asamblea no fue reconocida y se la conoce como “el latrocinio de Éfeso”.

El Concilio de Calcedonia (451) puso las cosas en su sitio. Fue el más participado (unos 600 obispos) y el mejor documentado. De occidente solo estuvieron los cinco legados pontificios, pero el papa san León el Grande exigió que se les confiriera la presidencia y envió un documento, el “tomus ad Flavianum”, que precisaba la recta doctrina, con la subsistencia de ambas naturalezas en un única persona.

En la actual Liturgia de las Horas se conservan, en la solemnidad de María, Madre de Dios, unas antífonas de estilo oriental de gran inspiración poética y a la vez profundidad teológica, que resumen la doctrina de los cuatro primeros concilios.

La del cántico de Zacarías, en las Laudes, dice: “Hoy se nos ha manifestado un gran misterio: en Cristo se han unido dos naturalezas, Dios se ha hecho hombre y, sin dejar de ser lo que era, ha asumido lo que no era, sin sufrir mezcla ni división”. En latín: “non commixtionem passus neque divisionem”. “Sin mezcla”, contra los monofisitas; “sin división”, contra los nestorianos.

León XIII recordó la doctrina de su predecesor san León I en un delicado momento político del catolicismo español. Superando la práctica secular de “la unión del trono y el altar”, apoyó a la monarquía liberal de la Restauración y concertó con ella el concordato del 1851. Los católicos españoles se dividieron entonces entre los que querían mantener la “integridad” (y por eso se llamaron integristas) de la tradicional identificación de la religión con la monarquía absoluta y los que se abrían a la democracia constitucional y parlamentaria, y por eso los primeros los tachaban de “mestizos” o medio infieles. De esta división vinieron las tres guerras carlistas.

En 1882 León XIII trató de poner paz con su encíclica “Cum multa”, que sigue siendo actual. Condenó dos errores opuestos en el modo de entender la relación de la religión y la política: el de los que las separaban totalmente (liberales) y el de los que las confundían (integristas). Aplicando la doctrina de los cuatro primeros concilios, resumida en aquella antífona antes citada, decía que así como hay que evitar “el impío error” de querer gobernar una nación sin tener en cuenta a Dios, “así también hay que huir de la equivocada opinión de los que mezclan y casi identifican la religión con algún partido político, hasta el punto de tener poco menos que por separados del catolicismo a los que pertenecen a otro partido”. León XIII fracasó entonces en España: cada bando sostuvo que la encíclica les daba la razón.

Terminaré con una aplicación de la doctrina de los cuatro grandes concilios a la vida cristiana de todos los tiempos; también al nuestro. Sin caer en ninguna de las herejías opuestas condenadas, los cristianos pueden adoptar estilos de piedad y de actividad que insistan más en la divinidad de Jesús o en su humanidad. Pueden ser más “espirituales” y dedicarse intensamente a la contemplación, o más “humanos” y trabajar más por las implicaciones temporales del evangelio, pero siempre han de mantener un mínimo esencial de la otra tendencia.

En la vida religiosa se habla de congregaciones de vida contemplativa y de vida activa, pero todas son algo mixtas. Un cartujo, dado a la contemplación, ha de tener un mínimo de caridad, hacia sus hermanos de comunidad y hacia los que se le acerquen; no puede despacharlos diciendo que le estorban en sus oraciones. Y un sacerdote o una religiosa entregados al servicio de los más desvalidos han de tener un mínimo de oración. Lo mismo un sacerdote de gran actividad pastoral: no podrá hablar “de” Dios” si no habla “con” Dios.

En el Vaticano II la minoría conservadora o inmovilista se aferraba a las verdades eternas y se oponía a las reformas (“monofisitas”), mientras la mayoría en la línea de Juan XXIII insistía en la necesidad de adaptarse a la mentalidad y los problemas de nuestro tiempo y se tradujo en le “opción preferencial por los pobres” (“nestorianos”). La asamblea del CELAM de Medellín del 1968, aplicando y ampliando la doctrina del Vaticano II, hizo pasar a la Iglesia de América Latina de la tendencia tradicional “monofisita” a la “nestoriana”. De ahí nació la teología de la liberación. Pero el padre de esta escuela, Gustavo Gutiérrez, en su libro emblemático “Teología de la liberación” (1972), insiste en la necesidad de la contemplación y la mística (dimensión divinizante o “monofisita”).

Finalmente, hablando siempre en sentido amplio de aquellas herejías, me atreveré preguntar si la Virgen María era “monofisita” o “nestoriana”. Ella tuvo un perfecto equilibrio, porque si con su total dedicación a su Hijo tendía a “monofisita”, en el cántico que resume su espiritualidad, el Magníficat, se declara esclava del Señor pero opta plenamente por los pobres.

Nuestra devoción mariana puede seguir una u otra tendencia. Una devoción mariana “monofisita” la espiritualiza tanto que casi hace de María un extraterrestre, un cromo, sin relación alguna con la Iglesia y el mundo (pienso en cierta imaginería y en algún medio de comunicación mariano). En cambio la devoción “nestoriana” extrema no insiste en su virginidad y aun la niega, y ve a María como la mujer fuerte, que comparte los problemas del pueblo; como una mujer palestina de Gaza.
Y tú: ¿te sientes “nestoriano” o “monofisita”?

Marcos 6,7-13: Misión de los Doce

Marcos 6,7-13
Jueves de la 4 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II
Domingo de la 15 Semana del Tiempo Ordinario, ciclo B

Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

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Imágenes del Evangelio  

Mc 6,7-13: Curar y liberar, por el P. José Antonio Pagola


¿Cuál fue realmente la intención de Jesús al enviar a sus discípulos a prolongar su tarea evangelizadora?

El relato de Marcos deja claro que solo Jesús es la fuente, el inspirador y el modelo de la acción evangelizadora de sus seguidores. No harán nada en nombre propio. Son «enviados» de Jesús. No se predicarán a sí mismos: solo anunciarán su Evangelio. No tendrán otros intereses: solo se dedicarán a abrir caminos al reino de Dios.

No habrá nueva evangelización si no hay nuevos evangelizadores, y no habrá nuevos evangelizadores si no hay un contacto más vivo, lúcido y apasionado con Jesús. Sin él haremos todo menos introducir su Espíritu en el mundo.

Al enviarlos, Jesús no deja a sus discípulos abandonados a sus fuerzas. Les da su «poder», que no es un poder para controlar, gobernar o dominar a los demás, sino su fuerza para «expulsar espíritus inmundos», liberando a las personas de lo que las esclaviza, oprime y deshumaniza.

Los discípulos saben muy bien qué les encarga Jesús. Nunca lo han visto gobernando a nadie. Siempre lo han conocido curando heridas, aliviando el sufrimiento, regenerando vidas, liberando de miedos, contagiando confianza en Dios. «Curar» y «liberar» son tareas prioritarias en la actuación de Jesús. Darían un rostro radicalmente diferente a nuestra evangelización.

Jesús los envía con lo necesario para caminar. Según Marcos, solo llevarán bastón, sandalias y una túnica. No necesitan de más para ser testigos de lo esencial. Jesús los quiere ver libres y sin ataduras; siempre disponibles, sin instalarse en el bienestar; confiando en la fuerza del Evangelio.

Sin recuperar este estilo evangélico no hay «nueva etapa evangelizadora». Lo importante no es poner en marcha nuevas actividades y estrategias, sino desprendernos de costumbres, estructuras y servidumbres que nos están impidiendo ser libres para contagiar lo esencial del Evangelio con verdad y sencillez.

En la Iglesia hemos perdido ese estilo itinerante que sugiere Jesús. Su caminar es lento y pesado. No sabemos acompañar a la humanidad. No tenemos agilidad para pasar de una cultura ya pasada a la cultura actual. Nos agarramos al poder que hemos tenido. Nos enredamos en intereses que no coinciden con el reino de Dios. Necesitamos conversión.

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Mc 6,7-13: Les envió de dos en dos, por el P. Raniero Cantalamessa, OFM


«Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón; ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino “Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas”...».

Los estudiosos de la Biblia nos explican que, como de costumbre, el evangelista Marcos, al referir los hechos y las palabras de Cristo, tiene en cuenta la situación y necesidades de la Iglesia en el momento en el que escribe el Evangelio, esto es, después de la resurrección de Cristo. Pero el hecho central y las instrucciones que en este pasaje da Cristo a los apóstoles se refieren al Jesús terreno.

Es el inicio y como las pruebas generales de la misión apostólica. Por el momento se trata de una misión limitada a los pueblos vecinos, esto es, a los compatriotas judíos. Tras la Pascua esta misión será extendida a todo el mundo, también a los paganos: «Id por todo el mundo y predicad la Buena Nueva a toda la creación» [Mc 16,15. Ndt.].

Este hecho tiene una importancia decisiva para entender la vida y la misión de Cristo. Él no vino para realizar una proeza personal; no quiso ser un meteorito que atraviesa el cielo para después desaparecer en la nada. No vino, en otras palabras, sólo para aquellos pocos miles de personas que tuvieron la posibilidad de verle y escucharle en persona durante su vida. Pensó que su misión tenía que continuar, ser permanente, de manera que cada persona, en todo tiempo y lugar de la historia, tuviera la posibilidad de escuchar la Buena Nueva del amor de Dios y ser salvado.

Por esto eligió colaboradores y comenzó a enviarles por delante a predicar el Reino y curar a los enfermos. Hizo con sus discípulos lo que hace hoy con sus seminaristas un buen rector de seminario, quien, los fines de semana, envía a sus muchachos a las parroquias para que empiecen a tener experiencia pastoral, o les manda a instituciones caritativas a que ayuden a cuantos se ocupan de los pobres para que se preparen a la que un día será su misión.

La invitación de Jesús «¡Id!» se dirige en primer lugar a los apóstoles, y hoy a sus sucesores: el Papa, los obispos, los sacerdotes. Pero no sólo a ellos. Éstos deben ser las guías, los animadores de los demás, en la misión común. Pensar de otro modo sería como decir que se puede hacer una guerra sólo con los generales y los capitanes, sin soldados; o que se puede poner en pie un equipo de fútbol sólo con un entrenador y un árbitro, sin jugadores.

Tras este envío de los apóstoles, Jesús, se lee en el Evangelio de Lucas, «designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir» (Lc 10,1). Estos setenta y dos discípulos eran probablemente todos los que Él había reunido hasta ese momento, o al menos todos los que le seguían con cierta continuidad. Jesús, por lo tanto, envía a todos sus discípulos, también a los laicos.

La Iglesia del post-Concilio ha asistido a un florecimiento de esta conciencia. Los laicos de los movimientos eclesiales son los sucesores de esos 72 discípulos... La vigilia de Pentecostés brindó una imagen de las dimensiones de este fenómeno con esos cientos de miles de jóvenes llegados a la Plaza de San Pedro para celebrar con el Papa las Vísperas de la Solemnidad. Lo que más impresionaba era el gozo y el entusiasmo de los presentes. Claramente para esos jóvenes vivir y anunciar el Evangelio no era un peso aceptado sólo por deber, sino una alegría, un privilegio, algo que hace la vida más bella de vivir.

El Evangelio emplea sólo una palabra para decir qué debían predicar los apóstoles a la gente («que se convirtieran»), mientras que describe largamente cómo debían predicar. Al respecto, una enseñanza importante se contiene en el hecho de que Jesús les envía de dos en dos. Eso de ir de dos en dos era habitual en aquellos tiempos, pero con Jesús asume un significado nuevo, ya no sólo práctico. Jesús les envía de dos en dos –explicaba San Gregorio Magno— para inculcar la caridad, porque menos que entre dos personas no puede haber ahí caridad. El primer testimonio que dar de Jesús es el del amor recíproco: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13, 35).

Hay que estar atentos para no interpretar mal la frase de Jesús sobre el marcharse sacudiéndose también el polvo de los pies cuando no son recibidos. Éste, en la intención de Cristo, debía ser un testimonio «para» ellos, no contra ellos. Debía servir para hacerles entender que los misioneros no habían ido por interés, para sacarles dinero u otras cosas; que, más aún, no querían llevarse ni siquiera su polvo. Habían acudido por su salvación y, rechazándoles, se privaban a sí mismos del mayor bien del mundo.

Es algo que también hay que recalcar hoy. La Iglesia no anuncia el Evangelio para aumentar su poder o el número de sus miembros. Si actuara así, traicionaría la primera el Evangelio. Lo hace porque quiere compartir el don recibido, porque ha recibido de Cristo el mandato: «Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis».

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DOMINGO 15º DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo B (Lecturas)

Amós 7,12-15
Salmo 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia 
y danos tu salvación
Efesios 1,3-14
Marcos 6,7-13

Amós 7,12-15

En aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, a Amós: «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país.»  Respondió Amós: «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo de Israel."»

Salmo 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia 
y danos tu salvación

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia 
y danos tu salvación

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia 
y danos tu salvación

El Señor nos dará lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia 
y danos tu salvación

Efesios 1,3-14

Bendito sea Dios, Padre nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Y también vosotros, que habéis escuchado la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, en el que creísteis, habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual es prenda de nuestra herencia, para liberación de su propiedad, para alabanza de su gloria.

Marcos 6,7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.» Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

sábado, 7 de julio de 2018

DOMINGO DE LA 14 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B

Marcos 6,1-6: Visita de Jesús a Nazaret

Marcos 6,1-6 (Cf. Mt 13,54-58; Lc 4,16-30)
Miércoles de la 4 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II
Domingo de la 14 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo B

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: "¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?" Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: "No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa." No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

SOBRE EL MISMO TEMA:
   Nadie es profeta en su tierra
   La curación de la Fe
   por la Orden Carmelita
Sobre los hermanos de Jesús:
   ¿Quiénes eran los hermanos de Jesús?
   Los hermanos de Jesús
   Sobre los hermanos de Jesús  

Mc 6,1-6: Nadie es profeta en su tierra, por el P. Raniero Cantalamessa, OFM

Cuando ya se había hecho popular y famoso por sus milagros y su enseñanza, Jesús volvió un día a su lugar de origen, Nazaret, y como de costumbre se puso a enseñar en la sinagoga. Pero esta vez no suscitó ningún entusiasmo, ningún ¡Hosanna!

Más que escuchar cuanto decía, la gente se puso a hacer consideraciones ajenas: «¿De dónde ha sacado esta sabiduría? No ha estudiado; le conocemos bien; es el carpintero, ¡el hijo de María!». «Y se escandalizaban de Él», o sea, encontraban un obstáculo para creerle en el hecho de que le conocían bien.

Jesús comentó amargamente: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio». Esta frase se ha convertido en proverbial en la forma abreviada: Nemo propheta in patria, nadie es profeta en su tierra.

El pasaje evangélico nos lanza también una advertencia implícita que podemos resumir así: ¡atentos a no cometer el mismo error que cometieron los nazarenos! En cierto sentido, Jesús vuelve a su patria cada vez que su Evangelio es anunciado en los países que fueron, en un tiempo, la cuna del cristianismo.

Nuestra Italia, y en general Europa, son, para el cristianismo, lo que era Nazaret para Jesús: «El lugar donde fue criado» (el cristianismo nació en Asia, pero creció en Europa, ¡un poco como Jesús había nacido en Belén, pero fue criado en Nazaret!). Hoy corren el mismo riesgo que los nazarenos: no reconocer a Jesús. La carta constitucional de la nueva Europa unida no es el único lugar del que Él es actualmente «expulsado»...

El episodio del Evangelio nos enseña algo importante. Jesús nos deja libres; propone, no impone sus dones. Aquel día, ante el rechazo de sus paisanos, Jesús no se abandonó a amenazas e invectivas. No dijo, indignado, como se cuenta que hizo Publio Escipión, el africano, dejando Roma: «Ingrata patria, ¡no tendrás mis huesos!». Sencillamente se marchó a otro lugar. Una vez no fue recibido en cierto pueblo; los discípulos indignados le propusieron hacer bajar fuego del cielo, pero Jesús se volvió y les reprendió (Lc 9,54).

Así actúa también hoy. «Dios es tímido». Tiene mucho más respeto de nuestra libertad que la que tenemos nosotros mismos, los unos de la de los otros. Esto crea una gran responsabilidad. San Agustín decía: «Tengo miedo de Jesús que pasa» (Timeo Jesum transeuntem). Podría, en efecto, pasar sin que me percate, pasar sin que yo esté dispuesto a acogerle.

Su paso es siempre un paso de gracia. Marcos dice sintéticamente que, habiendo llegado a Nazaret en sábado, Jesús «se puso a enseñar en la sinagoga». Pero el Evangelio de Lucas especifica también qué enseñó y qué dijo aquel sábado. Dijo que había venido «para anunciar a los pobres la Buena Nueva, para proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos; para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lucas 4,18-19).

Lo que Jesús proclamaba en la sinagoga de Nazaret era, por lo tanto, el primer jubileo cristiano de la historia, el primer gran «año de gracia», del que todos los jubileos y «años santos» son una conmemoración.

DOMINGO DE LA 14 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B (Lecturas)

Ezequiel 2,2-5
Salmo 122: Nuestros ojos están en el Señor,
esperando su misericordia
2 Corintios 12,7b-10
Marcos 6,1-6

Ezequiel 2,2-5

En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie, y oí que me decía: «Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envío para que les digas: "Esto dice el Señor." Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.»

Salmo 122: Nuestros ojos están en el Señor,
esperando su misericordia

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores.
R. Nuestros ojos están en el Señor,
esperando su misericordia

Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.
R. Nuestros ojos están en el Señor,
esperando su misericordia

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.
R. Nuestros ojos están en el Señor,
esperando su misericordia

2 Corintios 12,7b-10

Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.» Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Marcos 6,1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.» No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

miércoles, 4 de julio de 2018

4 de julio: Santa Isabel de Portugal

Santa Isabel de Portugal, por Celestino Hueso SF


Es hija del rey Pedro III de Aragón, nieta de Jaime I y biznieta del emperador Federico II. Precisamente le pusieron por nombre Isabel en honor de su tía abuela Santa Isabel de Hungría.

Se convirtió en reina de Portugal al casarla, con tan solo 12 años de edad, con el rey Dionisio, que, por cierto, era un sinvergüenza de siete suelas, bruto como un arado y más infiel que un gallo en un gallinero. Ya podéis imaginar que eso de “vives como una reina” no se le puede aplicar a Santa Isabel.

Ella por su parte destacó desde muy niña por su piedad, austeridad y caridad, apoyada en la oración. Si hemos de creer a la Leyenda Dorada, rezaba el oficio divino desde los ocho años de edad y, siendo ya reina, ayunaba durante la cuaresma de la Asunción y de los ángeles, en Adviento y tres días semanales, muchas veces a pan y agua. Ella se mortificaba pero para los pobres todo le parecía poco.

Dice la misma leyenda que un día, un paje mala uva acusó a nuestra santa ante el rey de serle infiel con otro paje. El rey se propuso dar un castigo ejemplar que sirviera de escarmiento a quienes pudieran tener ideas semejantes y ordenó al jefe de su cantera que echara en el horno al primero que llegara preguntándole si ya había cumplido el encargo del rey. A continuación, envió al paje bueno a preguntar.

El sirviente iba más tranquilo que unas pascuas a cumplir con la orden recibida pero, al pasar por delante de una iglesia, oyó la campanilla de la consagración y, siguiendo los buenos consejos recibidos de la reina Isabel, entró en el templo, dispuesto a quedarse hasta que terminara la misa; pero seguramente era el día de los Fieles Difuntos y hubo tres misas seguidas, con lo que se retrasó un pelín más de lo esperado.

Mientras tanto, el rey, impaciente por saber el resultado de su plan, y como en ese tiempo aún no se había inventado el celular, envió al paje mala uva y bocón a preguntar si ya se había cumplido el encargo del rey. Oír eso el “canterano” y zampar de cabeza al chismoso en el horno todo fue una. El rey Dionisio se convirtió al instante, viendo la mano de Dios en este hecho.

Yo creo que, más bien, fue la piedad, generosidad, docilidad y humildad de Isabel lo que consiguió dulcificar un tanto el carácter del rey y pudo dedicarse ella a las buenas obras entre las que destacan la construcción de hogares para huérfanos y residencias para la tercera edad, una escuela, conventos y casas de oración. También tenía la costumbre de prestar sus vestidos e incluso la corona para que los pudieran lucir las jóvenes pobres el día de su boda.

Tuvo dos hijos: Alfonso que sería rey de Portugal y Constanza, reina de Castilla.

El 4 de Julio, desde el Convento de las Clarisas, partió para un nuevo reino, el de la paz, la justicia, la verdad y la vida, el Reino de los Cielos.

Felicidades a las Isabeles, especialmente a mi madre que lo estará leyendo desde el Cielo.

Buenos días.

martes, 3 de julio de 2018

3 de julio: SANTO TOMÁS, Apóstol

Santo Tomás, Apóstol, por Celestino Hueso, SF


Casi siempre que hablamos de Santo Tomás lo recordamos como el Apóstol de la poca fe, aquél que dudó de la resurrección de Cristo. Y recordamos la famosa frase “si no veo en sus manos las señales de los clavos, si no meto mi mano en la herida de su costado, no creo” (cosa que, por otra parte exigían todos. Basta mirar los relatos de las apariciones y veremos a Jesús mostrando las llagas cada dos por tres).

Fijándonos en la paja se nos escapa lo mejor de sus intervenciones en el Evangelio, porque Santo Tomás interviene en tres ocasiones, mostrándose siempre como un hombre decidido, sincero y fiel hasta la muerte. En el relato que recordamos, su sinceridad hace posible una de las afirmaciones más esperanzadoras para todos nosotros “Dichosos los que creen sin haber visto.”

La primera intervención de Tomás ocurre cuando Jesús decide subir a Jerusalén por última vez, aunque le habían amenazado de muerte. Los discípulos quieren convencerle de que ir allá es de locos, entonces aparece nuestro santo para decir “vayamos nosotros también y muramos con él”, mostrando su valor y dejando claro que, pase lo que pase, no quiere alejarse del Señor jamás.

Finalmente, en la última cena, Jesús afirma “Y donde yo voy ya sabéis el camino” y Santo Tomás replica “no sabemos a dónde vas, cómo vamos a saber el camino” ¡vamos! Algo así como “¡tienes cosas de peón caminero! ¿Crees que somos adivinos?” Jesús responderá con la más linda de las afirmaciones “yo soy el camino y la verdad y la vida.”

Según la antigua tradición, Santo Tomás estuvo predicando en Persia y en la India, donde mostró que el “vayamos y muramos con él” no era una fanfarronada para quedar bien, pues recibió la corona del martirio el 3 de Julio del año 72.

lunes, 2 de julio de 2018

Benedicto XVI sobre el apóstol Tomás


Queridos hermanos y hermanas:

Prosiguiendo nuestros encuentros con los doce Apóstoles elegidos directamente por Jesús, hoy dedicamos nuestra atención a Tomás. Siempre presente en las cuatro listas del Nuevo Testamento, es presentado en los tres primeros evangelios junto a Mateo (cf. Mt 10,3; Mc 3,18; Lc 6,15), mientras que en los Hechos de los Apóstoles aparece junto a Felipe (cf. Hch 1,13).

Su nombre deriva de una raíz hebrea, «ta'am», que significa «mellizo». De hecho, el evangelio de san Juan lo llama a veces con el apodo de «Dídimo» (cf. Jn 11,16; 20,24; 21,2), que en griego quiere decir precisamente «mellizo». No se conoce el motivo de este apelativo.

El cuarto evangelio, sobre todo, nos ofrece algunos rasgos significativos de su personalidad. El primero es la exhortación que hizo a los demás apóstoles cuando Jesús, en un momento crítico de su vida, decidió ir a Betania para resucitar a Lázaro, acercándose así de manera peligrosa a Jerusalén (cf. Mc 10, 32). En esa ocasión Tomás dijo a sus condiscípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él» (Jn 11, 16). Esta determinación para seguir al Maestro es verdaderamente ejemplar y nos da una lección valiosa: revela la total disponibilidad a seguir a Jesús hasta identificar su propia suerte con la de él y querer compartir con él la prueba suprema de la muerte.

En efecto, lo más importante es no alejarse nunca de Jesús. Por otra parte, cuando los evangelios utilizan el verbo «seguir», quieren dar a entender que adonde se dirige él tiene que ir también su discípulo. De este modo, la vida cristiana se define como una vida con Jesucristo, una vida que hay que pasar juntamente con él. San Pablo escribe algo parecido cuando tranquiliza a los cristianos de Corinto con estas palabras: «En vida y muerte estáis unidos en mi corazón» (2 Co 7, 3). Obviamente, la relación que existe entre el Apóstol y sus cristianos es la misma que tiene que existir entre los cristianos y Jesús: morir juntos, vivir juntos, estar en su corazón como él está en el nuestro.

Una segunda intervención de Tomás se registra en la última Cena. En aquella ocasión, Jesús, prediciendo su muerte inminente, anuncia que irá a preparar un lugar para los discípulos a fin de que también ellos estén donde él se encuentre; y especifica: «Y adonde yo voy sabéis el camino» (Jn 14,4). Entonces Tomás interviene diciendo: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» (Jn 14, 5). En realidad, al decir esto se sitúa en un nivel de comprensión más bien bajo; pero esas palabras ofrecen a Jesús la ocasión para pronunciar la célebre definición: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6).

Por tanto, es en primer lugar a Tomás a quien se hace esta revelación, pero vale para todos nosotros y para todos los tiempos. Cada vez que escuchamos o leemos estas palabras, podemos ponernos con el pensamiento junto a Tomás e imaginar que el Señor también habla con nosotros como habló con él.

Al mismo tiempo, su pregunta también nos da el derecho, por decirlo así, de pedir aclaraciones a Jesús. Con frecuencia no lo comprendemos. Debemos tener el valor de decirle: no te entiendo, Señor, escúchame, ayúdame a comprender. De este modo, con esta sinceridad, que es el modo auténtico de orar, de hablar con Jesús, manifestamos nuestra escasa capacidad para comprender, pero al mismo tiempo asumimos la actitud de confianza de quien espera luz y fuerza de quien puede darlas.

Luego, es muy conocida, incluso es proverbial, la escena de la incredulidad de Tomás, que tuvo lugar ocho días después de la Pascua. En un primer momento, no había creído que Jesús se había aparecido en su ausencia, y había dicho: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré» (Jn 20, 25). En el fondo, estas palabras ponen de manifiesto la convicción de que a Jesús ya no se le debe reconocer por el rostro, sino más bien por las llagas. Tomás considera que los signos distintivos de la identidad de Jesús son ahora sobre todo las llagas, en las que se revela hasta qué punto nos ha amado. En esto el apóstol no se equivoca.

Como sabemos, ocho días después, Jesús vuelve a aparecerse a sus discípulos y en esta ocasión Tomás está presente. Y Jesús lo interpela: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente» (Jn 20, 27). Tomás reacciona con la profesión de fe más espléndida del Nuevo Testamento: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20, 28). A este respecto, san Agustín comenta: Tomás «veía y tocaba al hombre, pero confesaba su fe en Dios, a quien ni veía ni tocaba. Pero lo que veía y tocaba lo llevaba a creer en lo que hasta entonces había dudado» (In Iohann. 121, 5). El evangelista prosigue con una última frase de Jesús dirigida a Tomás: «Porque me has visto has creído. Bienaventurados los que crean sin haber visto» (Jn 20,29).

Esta frase puede ponerse también en presente: «Bienaventurados los que no ven y creen». En todo caso, Jesús enuncia aquí un principio fundamental para los cristianos que vendrán después de Tomás, es decir, para todos nosotros. Es interesante observar cómo otro Tomás, el gran teólogo medieval de Aquino, une esta bienaventuranza con otra referida por san Lucas que parece opuesta: «Bienaventurados los ojos que ven lo que veis» (Lc 10,23). Pero el Aquinate comenta: «Tiene mucho más mérito quien cree sin ver que quien cree viendo» (In Johann. XX, lectio VI, § 2566).

En efecto, la carta a los Hebreos, recordando toda la serie de los antiguos patriarcas bíblicos, que creyeron en Dios sin ver el cumplimiento de sus promesas, define la fe como «garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven» (Hb 11,1).

El caso del apóstol Tomás es importante para nosotros al menos por tres motivos: primero, porque nos conforta en nuestras inseguridades; en segundo lugar, porque nos demuestra que toda duda puede tener un final luminoso más allá de toda incertidumbre; y, por último, porque las palabras que le dirigió Jesús nos recuerdan el auténtico sentido de la fe madura y nos alientan a continuar, a pesar de las dificultades, por el camino de fidelidad a él.

El cuarto evangelio nos ha conservado una última referencia a Tomás, al presentarlo como testigo del Resucitado en el momento sucesivo de la pesca milagrosa en el lago de Tiberíades (cf. Jn 21, 2). En esa ocasión, es mencionado incluso inmediatamente después de Simón Pedro: signo evidente de la notable importancia de que gozaba en el ámbito de las primeras comunidades cristianas. De hecho, en su nombre fueron escritos después los Hechos y el Evangelio de Tomás, ambos apócrifos, pero en cualquier caso importantes para el estudio de los orígenes cristianos.

Recordemos, por último, que según una antigua tradición Tomás evangelizó primero Siria y Persia (así lo dice ya Orígenes, según refiere Eusebio de Cesarea, Hist. eccl. 3, 1), y luego se dirigió hasta el oeste de la India (cf. Hechos de Tomás 1-2 y 17 ss), desde donde después el cristianismo llegó también al sur de la India. Con esta perspectiva misionera terminamos nuestra reflexión, deseando que el ejemplo de Tomás confirme cada vez más nuestra fe en Jesucristo, nuestro Señor y nuestro Dios.

Sobre el Apóstol TOMÁS


Tomás llamado Dídimo. En aquel tiempo muchas personas en Israel tenían dos nombres: uno en hebreo y otro en griego. Tomás, es el nombre hebreo del apóstol, mientras que en griego es "Dídimo", que significa: el gemelo.

La tradición dice que el apóstol Tomás fue martirizado proclamando el evangelio en la India el 3 de julio del año 72. Antes lo había proclamado en Persia.

En los evangelios sinópticos

En los evangelios sinópticos y en los Hechos de los Apóstoles, Tomás aparece en la lista de los apóstoles (Mateo 10:3, Marcos 3:18, Lucas 6:15), pero no se da más información acerca de él.

Tomás en el evangelio de Juan

El evangelio según san Juan narra tres episodios donde la presencia del apóstol Tomás es relevante:

a) Primer episodio:

Jesús se dirige por última vez a Jerusalén. Los discípulos tienen miedo de lo que pueda suceder y le dicen: "Los judíos quieren matarte y ¿vuelves allá? Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás: Vayamos también nosotros y muramos con Él" (Jn 11:16).

b) Segundo episodio:

Durante la cena pascual, Jesús dice a los apóstoles: "A donde yo voy, ya sabéis el camino". Tomás le responde: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" (Jn 14:15). Le dice Jesús: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí".

Jesús menciona tres cosas muy importantes: el Camino, la Verdad y la Vida. Todo israelita quería encontrar el camino para llegar a la santidad, la verdad y la vida verdadera. Por su experiencia en el desierto sabían que si equivocaban el camino morirían. Jesús les dice que él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Si preguntamos: ¿Dónde está el hospital más cercano? Tal vez escuchemos algo parecido a esto: “Siga por esta calle y después de tres cruces tome la calle de la derecha. Entonces, verá el hospital”. De esta persona debemos fiarnos. Pero si nos dice: "Sígame, que yo voy para allá", entonces nuestra tranquilidad es total. Jesús nos dijo cuál era el camino para llegar y, al mismo tiempo: "Yo voy para allá, síganme".

c) Tercer episodio:

Tomás no estaba con los apóstoles en la primera aparición de Jesús (Jn 20:24). Los discípulos le dicen: "Hemos visto al Señor". Tomás les contesta: "Si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré".

Ocho días después estaban los discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presentó Jesús y dijo a Tomás: "Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente". Tomás le contesta: "Señor mío y Dios mío". Jesús le dijo: "Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver".

Escritos atribuidos al apóstol Tomás

En los primeros dos siglos de la era cristiana circularon varios escritos atribuidos al apóstol Tomás. El más importante de todos ellos es el Evangelio de Tomás, apócrifo descubierto en 1945 en Nag Hammadi.

El Evangelio de Tómás, según las fuentes patrísticas, debió ser escrito entre el 50 dc y el siglo terceero. Es un conjunto de 114 dichos de Jesús, en sus conversaciones con los discípulos. El evangelio de Tomás hace hincapié en que el reino de Dios está dentro de nosotros:

"Si vuestros guían os dicen que Reino está en el cielo, los pájaros os precederán.
Si os dicen que está en el mar, entonces los peces os precederán.
El Reino está dentro de vosotros y fuera de vosotros.”

“Cuando os lleguéis a conocer, entonces seréis conocidos
y sabréis que vosotros sois los hijos del padre viviente”

El evangelio de Tomas fue declarado hereje, principalmente porque invitaba a que nos relacionaramos con Dios directamente a través de nuestro interior.

Tuvo amplia difusión otro apócrifo, el llamado Evangelio del Pseudo Tomás -no confundir con el anterior-, escrito probablemente a finales del siglo II, tal vez en Siria, que forma parte del grupo de los apócrifos de la infancia.

En el texto gnóstico del siglo III Pistis Sophia, Tomás es citado como uno de los tres testigos encargados de transmitir las enseñanzas de Jesús, junto a los apóstoles Felipe y Mateo, lo que parece demostrar que estaba bastante difundida su inclusión entre los evangelistas.

Evangelizador de Oriente:

Se atribuye a Tomás la evangelización de Oriente. Tiene una gran importancia tanto en Siria como en la India.

1. Tomás en Siria

Tomás tiene un importante papel en la leyenda del rey Abgar de Edesa, ya que envió a Tadeo (no confundir con el apóstol Judas Tadeo) a predicar en Edesa después de la Ascensión de Cristo (Eusebio de Cesarea, Historia ecclesiae 1.13; III.1; Efrén el Sirio relata también esta leyenda.) En la década de 380, la monja Egeria describió su visita en una carta dirigida a su comunidad de religiosas en Occidente (Itineraria Egeriae):

"Llegamos a Edesa, en nombre de Cristo Nuestro Señor, y, a nuestra llegada, reparamos inmediatamente en la iglesia y monumento de Santo Tomás. Allí, según la costumbre, se reza y se hacen las otras cosas que se acostumbra a hacer en los lugares santos; leímos también algunas cosas acerca de Santo Tomás. La iglesia de allí es muy grande y hermosa, y de nueva construcción, un lugar muy a propósito como casa de Dios, y, como había muchas cosas que yo deseaba ver, fue necesario permanecer allí durante tres días".

2. Tomás en la India

Eusebio de Cesarea (Historia Ecclesiastica, III.1) cita un texto de Orígenes, que vivió en la primera mitad del siglo III, en el que afirma que Tomás fue el apóstol de los partos. Sin embargo, Tomás es más conocido como evangelizador de la India (al este de Partia), según se relata en los Hechos de Tomás (hacia 200). En Edessa, donde se veneran sus reliquias, el poeta Efrén el Sirio (muerto en 373) escribió un himno, en que el diablo exclama:

...¿En qué lugar escaparé del justo?
Incité a la Muerte a que acabase con los Apóstoles,
para escapar así a sus golpes.
Pero ahora se me golpea aún más duramente:
el Apóstol del que escapé en la India
me ha alcanzado en Edessa;
aquí y allí me encuentro con el mismo.
Allí donde yo voy está él: aquí y allí lo encuentro,
para mi desgracia.

Se han conservado varios himnos al apóstol Tomás, atribuidos a Efrén el Sirio, en códices de los siglos VIII y IX, que transmiten la tradición según la cual los restos de Tomás fueron llevados a Edessa desde la India por un mercader. Las reliquias, según la citada tradición, obraron milagros tanto en la India como en Edessa.

Las diversas denominaciones de los modernos Cristianos de Santo Tomás creen, según una tradición no escrita que según ellos se remonta a finales del siglo II, que Tomás desembarcó en Kodungallur en el año 52, y fundó las iglesias popularmente conocidas como 'Ezharappallikal' (Siete Iglesias y Media). Estas iglesias eran las de Kodungallur, Kollam, Niranam, Nilackal (Chayal), Kokkamangalam, Kottakkayal (Paravoor), Palayoor (Chattukulangara) y Thiruvithamkode (la media iglesia).

Los Hechos de Tomás describen, en su capítulo 17, la visita de Tomás al rey Gondofares, en el norte de la India. Según este texto (capítulos 2 y 3), Tomás viajó a la India por mar. Que tales viajes eran posibles es conocido a través de textos como el Periplo del Mar Eritreo. En 1872 se descubrió que el rey Gondofares había existido realmente, y había reinado entre los años 21 y 47. Posiblemente, el autor de los Hechos de Tomás manejó datos históricos fidedignos en lo referente a la India; esto, no obstante, no constituye prueba alguna de historicidad en lo referente al supuesto viaje del apóstol.
Según la tradición, Tomás sufrió martirio en la India el 3 de julio del año 72. Por esa razón su festividad se celebra el 3 de julio.

PATRONAZGOS

La incredulidad de santo Tomás le valió ser el patrón de los jueces quienes, a causa de su profesión, tienen la obligación de mostrarse desconfiados y de hacer la crítica de los testimonios.

También es el patrón de los arquitectos, albañiles, agrimensores, carpinteros de obra y canteros. Este patronazgo se debe a un pasaje de la leyenda de Tomás en la India, en el cual se le confiaron unos fondos destinados a edificar un palacio para un rey, y Tomás le edificó un palacio celestial, distribuyendo el dinero entre los pobres.

Se le atribuía curar las afecciones oculares, porque Cristo le había curado la ceguera de corazón.

ICONOGRAFÍA

Sus atributos característicos son el cinturón de la Virgen, una escuadra de arquitecto y la lanza que fue el instrumento de su martirio. A partir del siglo XVII la escuadra prácticamente desaparece.

Las escenas más frecuentemente representadas son la de su incredulidad ante la aparición de Cristo resucitado, aquella en que recibe el cinturón de la Virgen y los distintos prodigios obrados en la India.

El tema del cinturón de la Virgen es la continuación de su incredulidad. Como dudara también de la resurrección de María, ésta deja caer su cinturón desde el cielo.

sábado, 30 de junio de 2018

DOMINGO DE LA 13 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B

"Tu fe te ha curado"

"La niña no está muerta, está dormida"

Lecturas de la Misa  
   Mc 5,21-43
Comentarios:  
   Francisco González, SF  

DOMINGO DE LA 13 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B (Lecturas)

Sabiduría 1,13-15; 2,23-24
Salmo 29,2.4-6.11-12a.13b
2 Corintios 8,7.9.13-15
Marcos 5,21-43

Sabiduría 1,13-15; 2,23-24

Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera. Las creaturas del mundo son saludables; no hay en ellas veneno mortal. Dios creó al hombre para que nunca muriera, porque lo hizo a imagen y semejanza de sí mismo; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan quienes le pertenecen.

Salmo 29,2.4-6.11-12a.13b: 
Te alabaré, Señor, eternamente

Te alabaré, Señor, pues no dejaste que
se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte
y a punto de morir, me reviviste.
R. Te alabaré, Señor, eternamente

Alaben al Señor quienes lo aman,
den gracias a su Nombre, porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde; por la mañana, el júbilo.
R. Te alabaré, Señor, eternamente

Escúchame, Señor, y compadécete;
Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente.
R. Te alabaré, Señor, eternamente

2 Corintios 8,7.9.13-15

Hermanos: Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, palabra, en sabiduría, en diligencia para todo y en amor hacia nosotros, distínganse también ahora por su generosidad. Bien saben lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para que ustedes se hicieran ricos con su pobreza. No se trata de que los demás vivan tranquilos, mientras ustedes están sufriendo. Se trata, más bien, de aplicar durante nuestra vida una medida justa; porque entonces la abundancia de ustedes remediará las carencias de ellos, y ellos, por su parte, los socorrerán a ustedes en sus necesidades. En esa forma habrá un justo medio, como dice la Escritura: Al que recogía mucho, nada le sobraba; al que recogía poco, nada le faltaba.

Marcos 5,21-43

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada. Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de El, se volvió hacia la gente y les preguntó: "¿Quién ha tocado mi manto?" Sus discípulos le contestaron: "Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’" Pero El seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo; "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas. Basta que tengas fe". No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de El. Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: "¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

30 de junio: PROTOMÁRTIRES DE ROMA

Oración por la intercesión de los santos mártires de la Iglesia de Roma


Señor, Dios nuestro, 
que santificaste los comienzos de la Iglesia romana 
con la sangre abundante de los mártires, 
concédenos que su valentía en el combate 
nos infunda el espíritu de fortaleza 
y la santa alegría de la victoria.

Por nuestro Señor Jesucristo.

30 de Junio: Protomártires de Roma, por Celestino Hueso, SF


Celebramos en este día a los primeros mártires de la Iglesia de Roma, aquellos que padecieron por Cristo debido a que, como nos cuenta Cornelio Tácito, “Como corrían voces que el incendio de Roma había sido doloso, Nerón presentó como culpables, castigándolos con penas excepcionales, a los que, odiados por sus abominaciones, el pueblo llamaba cristianos.”

O sea que pagaron los platos rotos de la locura y estupidez del emperador de turno que supo aprovechar en su favor las calumnias que corrían sobre los cristianos, como nos explica el mismísimo Tertuliano “atribuyen a los cristianos cualquier calamidad pública, cualquier flagelo.

Si las aguas del Tíber se desbordan e inundan la ciudad, si por el contrario el Nilo no se desborda ni inunda los campos, si hay sequía, si carestía, peste, terremoto… la culpa es toda de los cristianos, que desprecian a los dioses. Y por todas partes se grita: ¡Los cristianos a los leones!”

Son muchos los cristianos que alcanzaron a llegar a la Gloria del Cielo en esta persecución. Recordemos que los más destacados son San Pedro y San Pablo, cuya fiesta celebrábamos ayer.

domingo, 24 de junio de 2018

24 de junio: Natividad de San Juan Bautista

La voz que clama en el desierto, De los Sermones de san Agustín

24 de junio, Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista

San Juan Bautista es el único santo que se conmemora el día de su nacimiento, porque fue santificado en el vientre de su madre por la visita del Salvador. Su nacimiento es motivo de inmensa alegría para la humanidad por el anuncio que trae de la próxima Redención.

— De los Sermones de san Agustín, obispo:
La voz del que clama en el desierto.


La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo.

Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo y sacar provecho de él.

Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una jovencita virgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe. Esto es, en resumen, lo que intentaremos penetrar y analizar; y, si el poco tiempo y las pocas facultades de que disponemos no nos permiten llegar hasta las profundidades de este misterio tan grande, mejor os adoctrinará aquél que habla en vuestro interior, aun en ausencia nuestra, aquél que es el objeto de vuestros piadosos pensamientos, aquél que habéis recibido en vuestro corazón y del cual habéis sido hechos templo.

Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegan hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre.

Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado.

Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de aquel a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz.

Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: Dinos quién eres. Y él respondió: Yo soy la voz del que clama en el desierto. Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que existía ya al comienzo de las cosas. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.

(Sermón 293, 1-3: PL 38, 1327-1328)

sábado, 23 de junio de 2018

SÁBADO DE LA SEMANA 11 DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo II (Lecturas)

2 Crónicas 24,17-25
Salmo 88,4-5.29-30.31-32.33-34:
Le mantendré eternamente mi favor
Mateo 6,24-34

2 Crónicas 24,17-25

Cuando murió Yehoyadá, las autoridades de Judá fueron a rendir homenaje al rey, y éste siguió sus consejos; olvidando el templo del Señor, Dios de sus padres, dieron culto a las estelas y a los oídos. Este pecado desencadenó la cólera de Dios contra Judá y Jerusalén. Les envió profetas para convertirlos, pero no hicieron caso de sus amonestaciones. Entonces el espíritu de Dios se apoderó de Zacarías, hijo del sacerdote Yehoyadá, que se presentó ante el pueblo y le dijo: "Así dice Dios: ¿Por qué quebrantáis los preceptos del Señor? Vais a la ruina. Habéis abandonado al Señor, y él os abandona." Pero conspiraron contra él y lo lapidaron en el atrio del templo por orden del rey. El rey Joás, sin tener en cuenta los beneficios recibidos de Yehoyadá, mató a su hijo, que murió diciendo: "¡Que el Señor juzgue y sentencie!" Al cabo de un año, un ejército de Siria se dirigió contra Joás, penetró en Judá, hasta Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y envió todo el botín al rey de Damasco. El ejército de Siria era reducido, pero el Señor le entregó un ejército enorme, porque el pueblo había abandonado al Señor, Dios de sus padres. Así se vengaron de Joás. Al retirarse los sirios, dejándolo gravemente herido, sus cortesanos conspiraron contra él para vengar al hijo del sacerdote Yehoyadá. Lo asesinaron en la cama y murió. Lo enterraron en la Ciudad de David, pero no le dieron sepultura en las tumbas de los reyes.

Salmo 88,4-5.29-30.31-32.33-34:
Le mantendré eternamente mi favor

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
"Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades."
R. Le mantendré eternamente mi favor

"Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo."
R. Le mantendré eternamente mi favor

"Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis mandatos."
R. Le mantendré eternamente mi favor

"Castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus culpas;
pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad."
R. Le mantendré eternamente mi favor

Mateo 6,24-34

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso al segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: no estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan, y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y yo os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.

viernes, 22 de junio de 2018

22 de junio (1901): Aprobación Pontificia de los Hijos de la Sagrada Familia, por Juan David Tobón, SF





Con motivo de la Aprobación Pontificia de los Hijos de la Sagrada Familia, la Revista de La Sagrada Familia dedicó en agosto de 1901 un número especial, caracterizado por un espíritu profundo de gratitud a Dios por el carisma inspirado por el Espíritu Divino, a su Iglesia por acoger el nuevo don fundacional en su regazo maternal y al Santo Padre León XIII, por que su autoridad apostólica reconoce que la lectura que nuestro Fundador y Padre San José Manyanet realizó del Evangelio en Clave Nazareno-familiar, constituye un camino seguro hacia el Cielo.

Hoy, al celebrar el 117 aniversario de nuestra Aprobación Pontificia, pidamos a Dios por nuestra constante conversión, nuestra fidelidad y perseverancia. Una efeméride para renovar nuestro "Sentire cum Ecclesia". Felicidades en JMJ. #josocmanyanet

sábado, 16 de junio de 2018

El Consejo de Pastoral y de Economía de la Parroquia

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DOMINGO DE LA 11 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año B (Lecturas)

Ezequiel 17,22-24
Salmo 91:  Es bueno darle gracias, Señor
2 Corintios 5,6-10
Marcos 4,26-34

Ezequiel 17,22-24

Esto dice el Señor Dios: Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel; para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.

Salmo 91: Es bueno darle gracias, Señor

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad.
R. Es bueno darle gracias, Señor

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano;
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios.
R. Es bueno darle gracias, Señor

En la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.
R. Es bueno darle gracias, Señor.

2 Corintios 5,6-10

Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.

Marcos 4,26-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha". Les dijo también: "¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra". Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

Marcos 4,26-34: Parábola de la semilla y del grano de mostaza

Marcos 4,26-34
Viernes de la 3 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II
Domingo de la 11 Semana del Tiempo Ordinario, ciclo B

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha". Les dijo también: "¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra". Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

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