jueves, 23 de marzo de 2017

Lucas 11,23: "Quien no está conmigo, está contra mí"

Lucas 11,23: "Quien no está conmigo, está contra mí"

En otra ocasión, también a propósito de una expulsión del demonio, los discípulos impidieron a un hombre que usara el nombre de Jesús para expulsar un demonio, ya que no era de su grupo. Jesús respondió: “No se lo impidáis porque ¡el que no está contra vosotros está con vosotros!” (Lc 9,50). Parecen dos frases contradictorias, pero no lo son. La frase del evangelio de hoy está dicha contra los enemigos de Jesús. El diálogo es imposible con ellos.

La otra frase la pronuncian los discípulos que pensaban tener el monopolio de Jesús: “¡Quién no está contra vosotros está a favor vuestro!” Mucha gente que no es cristiana práctica el amor, la bondad, la justicia, hasta mejor que los cristianos. No podemos excluirlos. Son hermanos y obreros en la construcción del Reino. Nosotros los cristianos no somos dueños de Jesús, al contrario, ¡Jesús es nuestro dueño!

Lucas 11,14-26: El Reino de Dios y Belzebú

Lucas 11,14-23 (Cf. Mt 9,32-34; Mateo 12,22-24; Mc 3,22-27)
Jueves de la 3 Semana de Cuaresma (Lc 11,14-23)
Viernes de la 27 Semana del Tiempo Ordinario, Año I y II

11:14 Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada,
11:15 pero algunos de ellos decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios".
11:16 Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
11:17 Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
11:18 Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque —como ustedes dicen— yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
11:19 Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
11:20 Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
11:21 Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
11:22 pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
11:23 El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
11:24 Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, piensa: "Volveré a mi casa, de donde salí".
11:25 Cuando llega, la encuentra barrida y ordenada.
11:26 Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio".

SOBRE EL MISMO TEMA:
Reacciones ante la expulsión de un demonio  
Imágenes del Evangelio:

La Cuaresma, Escuela de Formación, por el Card. Antonio Cañizares


No todos los tiempos son iguales. El de Cuaresma, es un tiempo especialmente relevante para los cristianos. Ha tenido, debe seguir teniendo, un hondo significado: reconstruir y consolidar los cimientos y los pilares de nuestro edificio espiritual.

Necesitamos recuperar la Cuaresma. Tal vez, en no pocos, se ha perdido su gran sentido. La secularización de la sociedad y el debilitamiento de la fe en amplios sectores han motivado que palidezca la vivencia genuina de la Cuaresma en la conciencia de nuestras gentes. Sin embargo, sigue con la misma vigencia y actualidad que en otras épocas.

Escuela de formación

La Cuaresma, a lo largo de siglos, ha sido, y debe ser, una escuela para la formación del hombre, para liberarlo de sus cadenas interiores, pasiones y vicios, unificarlo, y fortalecerlo en su vida cristiana por la escucha y meditación de la Palabra más asidua e intensa, por la oración viva y sosegada, por la penitencia y la mortificación, por el ejercicio decidido de obras de caridad y misericordia.

Es tiempo para la educación en la bondad, en la caridad, en el perdón, en la paz, en la reparación del mal realizado, en la esperanza, en la virtud sincera, en la vida nueva. Una verdadera escuela de vida cristiana.

La espiritualidad cuaresmal es penitencial. Lleva consigo exigencias como el ayuno, –del cual queda una obligación reducida a sólo el Miércoles de Ceniza y al Viernes Santo–, o como la abstinencia los viernes cuaresmales; estas exigencias, conviene recordarlo, no están abolidas del todo, y mucho menos está olvidado su espíritu o exigencia personal.

La Cuaresma invita a la oración más frecuente y prolongada: la oración recuerda la necesidad de Dios, de su amor, perdón y ayuda, la necesidad de estar unidos a El.

CONVERSIÓN

La Cuaresma dispone para recibir el sacramento de la penitencia, que, además de ser un acto de humildad y contrición, hacia el que nuestros contemporáneos tienen poco aprecio, es, sobre todo, la acción reconciliadora, de perdón y de gracia restauradora, de Dios en nuestras vidas. Es llamada a cuidar la meditación y el seguimiento amoroso de la Cruz que el cristiano fi el encuentra siempre en su camino.

La palabra clave que resume todo el espíritu cuaresmal es: «conversión». Se trata de un tiempo muy propicio para convertirnos a Dios, volver a Él, y encontrar, de nuevo, la plena comunión con Él, en quien está la felicidad del la vida y la esperanza del hombre, la paz y el amor que lo llena todo y sacia los anhelos más vivos del corazón humano.

Convertirse significa repensar la vida y la manera de situarse ante ella desde Dios, donde está la verdad. Convertirse significa en consecuencia: no vivir como viven todos, ni obrar como obran todos, no sentirse tranquilos en acciones dudosas, ambiguas o malas por el mero hecho de que otros hacen lo mismo; comenzar a ver la propia vida con los ojos de Dios; buscar por consiguiente el bien, aunque resulte incómodo y dificultoso; no apoyarse en el criterio o en el juicio de muchos de los hombres –y aun de la mayoría– , sino sólo en el criterio y juicio de Dios.

El tiempo cuaresmal, con el auxilio de la gracia, lleva a centrar la vida en Dios, a reavivar y fortalecer nuestra experiencia de Él. La fe en Dios es capaz de generar un gran futuro de esperanza y abrir caminos para una humanidad nueva donde se transparente su amor sin límites, especialmente volcado en los pobres, los desheredados y maltrechos de este mundo.

En otras palabras: convertirse implica buscar un nuevo estilo de vida, una vida nueva en el seguimiento de Jesucristo, que entraña aceptar el don de Dios, la amistad y el amor suyo, dejar que Cristo viva en nosotros y que su amor y su querer actúen en nosotros.

Convertirse significa salir de la autosuficiencia, descubrir y aceptar la propia indigencia y necesidad de los otros y de Dios, de su perdón, de su amistad y de su amor; convertirse es tener la humildad de aceptar el amor de Dios, entregado en Jesucristo amor que viene a ser medida y criterio de la propia vida. «Amaos como yo os he amado»: amar con el mismo amor con que Cristo nos ama a todos y a cada uno de los hombres. Necesitamos, con el auxilio de la gracia divina, emprender los caminos de la conversión honda a Dios, vivo y verdadero, revelado y entregado en Jesucristo, que es amor, fuente de verdad, libertad, amor, caridad.

Vivir la Caridad

De manera especial la Cuaresma invita a vivir esta caridad: «la caridad que ama sin límites, que disculpa sin límites y que no lleva cuenta del mal» ( 1 Cor. 13). La conversión nos ha de proyectar hacia la práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano. Éste es un ámbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación pastoral. Es necesario que los hombres vean de modo palpable, a qué grado de entrega puede llegar la caridad hacia los más pobres.

Descubriendo el rostro de Cristo

Si verdaderamente contemplamos y seguimos a Cristo, y en el centro de nuestras vidas está Dios, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que Él mismo ha querido identificarse: los pobres, los hambrientos, los enfermos, los que sufren, los crucificados de hoy (Cf. Mt 25).

Amor a los enemigos

La llamada a la conversión, a vivir en el amor y en la caridad de Cristo, es una invitación a vivir en el perdón, especialmente apremiante siempre y particularmente hoy, en nuestra situación de tanta violencia, de tanta tensión, de tanto rechazo mutuo, de tanta descalificación del contrario o
de quien no está en mi grupo: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, rogad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos ». «La caridad no lleva cuentas del mal».

Para amar así se precisa el coraje de la humilde obediencia al mandato de Jesús. Su palabra no deja lugar a dudas: no sólo quien provoca la enemistad, sino también quien la padece debe buscar la reconciliación. El cristiano debe hacer la paz aun cuando se sienta víctima de aquel que le ha ofendido y golpeado injustamente. El Señor mismo ha obrado así. Él espera que el discípulo le siga, cooperando de este modo a la redención del hermano. En esto, el cristiano sabe que puede contar con la ayuda del Señor, que nunca abandona a quien, frente a las dificultades recurre a Él (Juan Pablo II).

miércoles, 22 de marzo de 2017

JUEVES DE LA 3 SEMANA DE CUARESMA (Lecturas)

Jeremías 7,23-28
Salmo 94,1-2.6-7.8-9:
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón.
Lucas 11,14-23

Jeremías 7,23-28

Así dice el Señor: "Ésta fue la orden que di a vuestros padres: "Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo; caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien." Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente. Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy les envié a mis siervos, los profetas, un día y otro día; pero no me escucharon ni prestaron oído: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres. Ya puedes repetirles este discurso, que no te escucharán; ya puedes gritarles, que no te responderán. Les dirás: "Aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. La sinceridad se ha perdido, se la han arrancado de la boca.""

Salmo 94,1-2.6-7.8-9: 
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras."
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Lucas 11,14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: "Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios." Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: "Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama."

SACRIFICIO

Nuestra interpretación  natural  de lo que significa sacrificio nos lleva a los padecimientos dolorosos, a las ofrendas penitenciales, a la abstinencia de lo que nos gusta, a ofrendas que nos cuestan.

Sin quitar el valor que puedan tener las acciones generosas, el texto sagrado nos abre a una dimensión más amplia de sacrificio cuando dice:

“Acepta nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde, 
como un holocausto de carneros y toros 
o una multitud de corderos cebados. 
Que este sea hoy nuestro sacrificio, 
y que sea agradable en tu presencia: 
porque los que en ti confían 
no quedan defraudados” 
(Dn 3,39-40)

Es posible que nos planteemos los sacrificios como ofrenda para obtener algún beneficio, que hagamos nuestras promesas en cierto trato con Dios, si nos concede lo que le pedimos o para que nos conceda aquello que creemos que necesitamos. Y si no sucede aquello por lo que nos esforzamos y sacrificamos entramos en frustración, en desesperanza, y hasta en crisis de fe.

El salmista llega a reconocer en su oración:

“Los sacrificios no te satisfacen: 
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. 
El sacrificio agradable a Dios 
es un espíritu quebrantado; 
un corazón quebrantado y humillado, 
tú, oh Dios, tú no lo desprecias” 
(Sal 50, 18-20)

Solo el amor purifica la ofrenda de toda especulación egoísta. El camino del seguimiento significa, sin duda, ir detrás de Jesús, que lleva el peso de nuestras culpas; ir cargados con nuestra propia cruz, pero puestos los ojos en Él.

Como diría Santa Teresa de Jesús: “Con tan buen Capitán, que se puso el primero en el padecer, todo se puede sufrir, es amigo verdadero”.

Una madre no suma los desvelos que le causa su hijo por la noche. El que ama espera, aguarda, confía, saber ser gratuito, no lleva cuentas del bien hecho, por muchos sacrificios que le suponga. Por el contrario, en el momento de la prueba es donde se le da la oportunidad de demostrar mayor amor. Así lo comprobamos en los santos.

Cuentan que san Francisco de Asís le pidió a Jesús que le concediera llevar en su cuerpo las llagas de su Pasión, y que el Señor le respondió: “¡Qué loco estás, Francisco!” A lo que respondió el de Asís, “No tanto como Tú, Señor”.

En el camino hacia la Pascua, conscientes del sacrificio de Jesús en favor nuestro, ofrezcamos el sacrificio que le agrada a Dios, que no es otro que el corazón humilde, misericordioso, capaz de perdonar y de confiar en el Señor.

Y surge la plegaria:

“ Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno; 
porque me libraste del peligro, 
y he visto la derrota de mis enemigos” 
(Sal 53,8-9).

Autor: Ángel Moreno

PADRE


CITAS BÍBLICAS: 
Corintios  
1 Co 1,1-9 Llegue a ustedes la paz de Dios, nuestro Padre
1 Co 15,24 Cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre
Efesios  
1,3-6.15-18 Bendito sea Dios, Padre de nuestros Señor Jesucristo
   Padre de la gloria
Evangelio de Juan 
2,13-22 No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado
3,31-36 El Padre ama al Hijo
5,17-30 Mi Padre sigue actuando, y yo también
   También llamaba a Dios Padre suyo
   El Hijo no puede hacer nada que no vea hacer al Padre
   El Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace
   El Padre resucita a los muertos y les da vida
   El Padre no juzga a nadie
   Para que todos honren al Hijo como honran al Padre
   El Padre dispone de la vida
6,24-35 Dios, el Padre, ha puesto su sello en él
   Mi Padre os da el verdadero pan del cielo
6,35-40 Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí
   La voluntad de mi Padre
6,41-51 ¿No conocemos a su padre y a su madre?
   Vuestros padres comieron el mana y murieron
6,52-59 El Padre me ha enviado y yo vivo por el Padre
6,60-69 Nadie puede venir a mi si el Padre no se lo concede
8,21-30 No comprendieron que les hablaba del Padre
8,31-42 Hablo de lo que he visto junto a mi Padre 
   Si Dios fuera vuestro Padre me amaríais
10.11-18 Como el Padre me conoce yo conozco al Padre
   El Padre me ama porque doy mi vida
   Este es el mandato que he recibido de mi Padre
10,22-30 Yo y el Padre somos uno
   Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio
10,31-42 Obras buenas por encargo de mi Padre
   A quien el Padre consagró y envió al mundo
   Si no hago las obras de mi Padre no me creáis
12,20-33 El que me sirve será honrado por mi Padre
   ¿Padre, líbrame de esta hora?
12,44-50 El Padre es el que me ha ordenado lo que debo decir
13,1-15 La hora de pasar de este mundo al Padre
14,1-14
   En la casa de mi Padre hay muchas estancias
   Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre
   Muéstranos al Padre y nos basta
   Quien me ha visto a mí ha visto al Padre
   Yo estoy en el Padre, y el Padre en mí
   Me voy al Padre
14,23-29 El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará
   La Palabra que estáis oyendo no es mía sino del Padre
   El Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre
   Si me amárais os alegraríais de que vaya al Padre
   El Padre es más que yo
15,1-8 Mi Padre es el viñador
   La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto
15,9-17 Así como el Padre me ha amado a mí...
   He obedecido los mandamientos de mi Padre
   Lo que oí a mi Padre decir se lo he dado a conocer
   El Padre les dará lo que pidan en mi nombre
16,16-20 Me voy con el Padre
16,23-33 No estoy solo porque está conmigo el Padre
17,1-11 Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo
17,11-19 Padre santo, guárdalos para que sean uno
20,19-31 Como el Padre me ha enviado así os envío yo
Cartas de San Juan 
1 Jn 2,22-28 El Anticristo niega al Padre y al Hijo
1 Jn 3,1-3 Qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos...
1 Jn 4,11-18 El Padre envío a su Hijo para ser el Salvador
Evangelio de Lucas    
2,41-51 Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén
   Tu padre y yo te buscábamos angustiados
   ¿No sabíais que debía estar en la casa de mi Padre?
10,17-24 Te doy gracias, Padre
   Todo me lo ha entregado mi Padre
   Nadie conoce al Hijo sino el Padre
11,1-13 El Padre nuestro 
   Jesús señala al Padre 
   Resumen de todo el Evangelio 
   11,11 ¿Qué padre le da a su hijo una serpiente...
   11,13 El Padre del cielo dará el Espíritu Santo a...
   La segunda parábola profundiza en la categoría de paternidad
15,11-32 Parábola del Padre Misericordioso
24,46-53 Os enviaré lo que mi Padre ha prometido
Evangelio de Marcos  
1,14-20 Dejaron a su padre Zebedeo en la barca y le siguieron
11,11-26 Para que también vuestro Padre del Cielo os perdone
13,24-32 Nadie lo sabe, sólo el Padre
Evangelio de Mateo  
5,38-48 Para que seáis hijos de vuestro Padre celestial
6,1-6 No tendréis recompensa de vuestro Padre celestial
   Tu Padre que ve en lo secreto te lo pagará
   Cierra la puerta y reza a tu Padre
6,7-15 El Padrenuestro 
6,16-18 Tu padre que ve en lo escondido te recompensará
6,24-34 Vuestro Padre del Cielo sabe lo que necesitáis
7,7-12 Vuestro Padre del cielo os dará cosas buenas
7,21.24-27 El que cumple la voluntad de mi Padre
10,16-23 El Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros
   Los padres entregarán a sus hijos
   Se rebelarán los hijos contra sus padres
10,24-33 Me pondré de su parte ante mi Padre del cielo
11,25-27 Nadie conoce al Padre sino el Hijo
12,46-50 El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo
18,1-5.10.12-14 Vuestro Padre del cielo no quiere que se pierda...
18,15-20 Si dos de vosotros se ponen de acuerdo, mi Padre...
19,3-12 Abandonará el hombre a su padre y a su madre
20,17-28 Para quienes lo tiene reservado mi Padre
Génesis 
17,3-9 Serás Padre de una muchedumbre de pueblos 
Hebreos 
1,1-6 Yo seré para él un Padre
12,4-7.11-15 Acepta la corrección porque Dios os trata como a hijos 
Hechos de los Apóstoles
1,1-11 Aguardad a que se cumpla la promesa de mi Padre
   Las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad
Miqueas 
7,1-7 El hijo denigra al Padre 
Romanos 
4,13.16-18.22 Te hago Padre de muchos pueblos
Samuel
2 Sam 7,4-17 Yo seré para él Padre
Salmos  
Como un Padre siente ternura por sus hijos   

LITURGIA DE LA PALABRA: 
Sábado de la 2 Semana de Cuaresma,
Domingo de la 4 Semana de Cuaresma, ciclo C
Domingo de la 24 Semana del Tiempo Ordinario, ciclo C
Miércoles de la 27 Semana del Tiempo Ordinario, Año A

ARTE 
La Paternidad

ARTÍCULOS 
Sobre la paternidad de Dios 
¿Cómo sé si estoy preparado para ser padre/madre? 

lunes, 20 de marzo de 2017

El pan de Egipto y pan de Dios: José y Jesús


Si hay un personaje del Antiguo Testamento que representa proféticamente a Jesús es José, el hijo amado de Jacob.

El gran relato de la vida de José, que fue despojado de su túnica, vendido por sus hermanos por 20 monedas, exiliado de su patria, esclavo y encarcelado, tiene una analogía con la vida de Jesús, vendido por treinta monedas, despojado de sus vestidos y de su túnica, encarcelado.

Encontramos entre José y Jesús otra semejanza sorprendente. Nos narra el libro del Génesis que una vez deportado José a Egipto y vendido como esclavo, fue consultado por Faraón sobre un sueño que había tenido, y que gracias a la interpretación que le dio, se acopiaron en graneros grandes cosechas de trigo, que se convirtieron en despensa para los días del hambre, escasez que alcanzó no solo al imperio de Faraón, sino también a Canaán, donde vivía Jacob con sus hijos.

El hambre hizo que los hijos de Jacob acudieran a pedir trigo a Egipto, y fue José quien se convirtió en anfitrión de su familia, sin mostrarles ningún rencor. Este final del relato nos revela cómo circunstancias dolorosas que contempladas en sí mismas desconciertan, se convierten en mediación necesaria para un bien mayor.

Nos parece extraño que tuviera que ser vendido José, hecho esclavo, despojado de su túnica, para convertirse, después, en el provisor de pan para toda su familia. Pero al releer el relato a la luz del Evangelio, comprendemos la dimensión profética de los hechos, cuando contemplamos a Jesús, vejado, vendido, y hasta condenado a muerte, y a la vez convertido en Redentor de todos los hombres, sus hermanos.

Los graneros de Egipto que saciaron a los hijos de Jacob tienen su mejor correspondencia en la multiplicación de panes del Evangelio, y sobre todo en la entrega total que hizo de sí mismo Jesús en la noche de la cena, cuando al partir el pan ácimo, dijo: “Tomad y comed todos de él, porque este es mi cuerpo que se entrega por vosotros”.

He leído una consideración que me ha impresionado, y que aplico de manera especial a la entrega de sí mismo de Jesús al dársenos en el pan santo: “La posibilidad de dar algo sin darse uno a sí mismo en ello es una triste posibilidad humana, no de Dios” (J.A. García). Dios es dándose.

El labrador también se da en el pan partido, cuando lo reparte en la mesa a sus hijos, pero Jesús se nos entrega total y constantemente en la Eucaristía. La donación de sí mismo de Jesucristo para perdón de los pecados y redención de la humanidad es misterio supremo de amor, ofrenda permanente, oblación pascual, sacramento que realiza ante los ojos del Padre y la fe de los creyentes.

Autor: Ángel Moreno
Ciudadredonda.org

19 de marzo: SAN JOSÉ (aunque este año celebramos la Solemnidad de San José hoy, 20 de marzo)

La espiritualidad josefina de san José Manyanet

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San José y Santa Teresa de Ávila, por Monseñor Jaume Pujol


La santa de Ávila dio un gran impulso a la devoción al santo carpintero de Nazaret y después otros autores han ayudado a hacer que la devoción a San José se extendiera a toda la Iglesia.

Santa Teresa de Jesús tenía 27 años, se encontraba postrada en la cama, no podía andar, a veces se arrastraba por el suelo. Llega a tal extremo de gravedad que se la da por muerta. En estas circunstancias recurre a San José y su vida va volviendo a la normalidad poco a poco. Desde este momento la devoción al santo y su familiaridad con él va a marcar su vida. Partiendo de esta realidad escribe: «Tomé por abogado a San José…; y él hizo, como quien es, que pudiese levantarme y andar y no estar tullida» (Libro de la Vida, 6).

Partiendo de esta experiencia tan decisiva en su vida, recomendó la devoción a San José y su poderosa intercesión: «No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer». En sus fundaciones a todas pone su nombre: Monasterio de San José de Ávila, Monasterio de San José de Medina del Campo, y así los de Malagón, Toledo, Sevilla, Salamanca, Segovia, que inauguró el mismo día de San José, el año 1574, etc.

19 de marzo: FIESTA DE SAN JOSÉ (Lecturas)

2 Samuel 7,4-5a.12-14a.16
Salmo 88: Su linaje será perpetuo
Romanos 4,13.16-18.22
Mateo 1,16.18-21.24a

2 Samuel 7,4-5a.12-14a.16

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: "Ve y dile a mi siervo David: "Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.""

Salmo 88: Su linaje será perpetuo

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: "Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad."
R. Su linaje será perpetuo

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
"Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades."
R. Su linaje será perpetuo

Él me invocará: "Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora."
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable.
R. Su linaje será perpetuo

Romanos 4,13.16-18.22

Hermanos: No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: "Te hago padre de muchos pueblos." Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: "Así será tu descendencia." Por lo cual le valió la justificación.

Mateo 1,16.18-21.24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados." Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

SOBRE SAN JOSÉ

sábado, 18 de marzo de 2017

DOMINGO DE LA 3 SEMANA DE CUARESMA, Año C

Lecturas de la Misa  
José y Jesús:
El pan de Egipto y el pan de Dios
Comentario de la Palabra de Dios: 
   por Francisco González, S.F.
   por Francisco González, S.F. 
   por M. Dolors Gaja, MN.

Juan 4,5-42: Encuentro de Jesús con la samaritana

Juan 4,5-42
Domingo de la 3 Semana de Cuaresma, Año C

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
— Dame de beber.
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
— ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?
Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó:
— Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
— Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contestó:
— El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice:
— Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.
Él le dice:
— Anda, llama a tu marido y vuelve.
La mujer le contesta:
— No tengo marido.
Jesús le dice:
— Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
La mujer le dice:
— Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dice:
— Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice:
— Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.
Jesús le dice:
— Soy yo, el que habla contigo.
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo:
— ¿Qué le preguntas o de qué le hablas?
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
— Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
— Maestro, come.
Él les dijo:
— Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.
Los discípulos comentaban entre ellos:
— ¿Le habrá traído alguien de comer?
Jesús les dice:
— Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho." Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
— Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

SOBRE EL MISMO TEMA:  
por Francisco González, S.F.
por Francisco González, S.F. 
por M. Dolors Gaja, MN.
Imágenes del Evangelio:


SALMO 95 (94)

SALMO 95 (94)
Cantemos alegres al Señor

Invitación a la alabanza
95:1 ¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
95:2 ¡Lleguemos hasta él dándole gracias,
aclamemos con música al Señor!
95:3 Porque el Señor es un Dios grande,
el soberano de todos los dioses:
95:4 en su mano están los abismos de la tierra,
y son suyas las cumbres de las montañas;
95:5 suyo es el mar, porque él lo hizo,
y la tierra firme, que formaron sus manos.
95:6 ¡Entren, inclinémonos para adorarlo!
¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
95:7 Porque él es nuestro Dios,
y nosotros, el pueblo que él apacienta,
las ovejas conducidas por su mano.

Exhortación a la fidelidad
Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
95:8 "No endurezcan su corazón como en Meribá,
como en el día de Masá, en el desierto,
95:9 cuando sus padres me tentaron y provocaron,
aunque habían visto mis obras.
95:10 Cuarenta años me disgustó esa generación,
hasta que dije:
'Es un pueblo de corazón extraviado,
que no conoce mis caminos'.
95:11 Por eso juré en mi indignación:
'Jamás entrarán en mi Reposo'".

SOBRE EL SALMO 95 (94):
Himno de alabanza y denuncia profética
Liturgia de la Palabra:  
94,1-2.6-7.8-9

Salmo 94,1-2.6-7.8-9: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: no endurezcáis vuestro corazón

Domingo de la 3 Semana de Cuaresma, Año C
Jueves de la 3 Semana de Cuaresma

Salmo 94,1-2.6-7.8-9: 
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras."
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón 

SOBRE EL SALMO 95 (94)  

DOMINGO DE LA 3 CUARESMA, Año A (Lecturas)

Exodo 17,3-7
Salmo 94,1-2.6-7.8-9
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón
Romanos 5, 1-2.5-8
Juan 4,5-42

Exodo 17,3-7

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés: "¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?" Clamó Moisés al Señor y dijo: "¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen." Respondió el Señor a Moisés: "Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo." Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: "¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?"

Salmo 94,1-2.6-7.8-9:
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Venid, aclaremos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras."
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: 
No endurezcáis vuestro corazón

Romanos 5, 1-2.5-8

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.En efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atreviera uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

Juan 4,5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
— Dame de beber.
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
— ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?
Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó:
— Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
— Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contestó:
— El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice:
— Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.
Él le dice:
— Anda, llama a tu marido y vuelve.
La mujer le contesta:
— No tengo marido.
Jesús le dice:
— Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
La mujer le dice:
— Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dice:
— Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice:
— Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.
Jesús le dice:
— Soy yo, el que habla contigo.
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo:
— ¿Qué le preguntas o de qué le hablas?
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
— Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
— Maestro, come.
Él les dijo:
— Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.
Los discípulos comentaban entre ellos:
— ¿Le habrá traído alguien de comer?
Jesús les dice:
— Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho." Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
— Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

Lucas 15,1-32: Parábolas de la misericordia de Dios

Parábolas de la misericordia de Dios
15:1 Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
15:2 Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
15:3 Jesús les dijo entonces esta parábola:
15:4 "Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?
15:5 Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría,
15:6 y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido".
15:7 Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse".

La moneda perdida y encontrada (Cf. Mt 18,12-14)
Jueves de la 31 Semana del Tiempo Ordinario I y II

15:8 Y les dijo también: "Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?
15:9 Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido".
15:10 Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte".

SOBRE EL MISMO TEMA:
Claves de lectura
por el papa Francisco

El padre misericordioso
Sábado de la 2 Semana de Cuaresma,
Domingo de la 4 Semana de Cuaresma, ciclo C
Domingo de la 24 Semana del Tiempo Ordinario, ciclo C (15,1-32)

15:11 Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos.
15:12 El menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte de herencia que me corresponde". Y el padre les repartió sus bienes.
15:13 Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
15:14 Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
15:15 Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
15:16 Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
15:17 Entonces recapacitó y dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
15:18 Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
15:19 ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros".
15:20 Entonces partió y volvió a la casa de su padre.
Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
15:21 El joven le dijo: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo".
15:22 Pero el padre dijo a sus servidores: "Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
15:23 Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
15:24 porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado". Y comenzó la fiesta.
15:25 El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
15:26 Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso.
15:27 Él le respondió: "Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo".
15:28 Él se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
15:29 pero él le respondió: "Hace tantos años que te sirvo, sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
15:30 ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!"
15:31 Pero el padre le dijo: "Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
15:32 Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado"".

SOBRE EL MISMO TEMA:   

SÁBADO DE LA 2 SEMANA DE CUARESMA (Lecturas)

Miqueas 7,14-15.18-20
Salmo 102: El Señor es compasivo y misericordioso
Lucas 15,1-3.11-32

Miqueas 7,14-15.18-20

Señor, pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza, en medio del Carmelo. Pastarán en Basán y Galaad, como en tiempos antiguos; como cuando saliste de Egipto y te mostraba mis prodigios. ¿Qué Dios como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad? No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos. Serás fiel a Jacob, piadoso con Abrahán, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos.

Salmo 102: El Señor es compasivo y misericordioso

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
R. El Señor es compasivo y misericordioso

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.
R. El Señor es compasivo y misericordioso

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
R. El Señor es compasivo y misericordioso

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
R. El Señor es compasivo y misericordioso

Lucas 15,1-3.11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: "Ése acoge a los pecadores y come con ellos." Jesús les dijo esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.""

viernes, 17 de marzo de 2017

VIERNES DE LA 2 SEMANA DE CUARESMA (Lecturas)

Génesis 37,3-4.12-13a.17b-28
Salmo 104,16-17.18-19.20-21: 
Recordad las maravillas que hizo el Señor
Mateo 21,33-43.45-46

Génesis 37,3-4.12-13a.17b-28

José era el preferido de Israel, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo. Sus hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Israel dijo a José: "Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquén; ven, que te voy a mandar donde están ellos." José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron desde lejos. Antes de que se acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros: "Ahí viene el de los sueños. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños." Oyó esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo: "No le quitemos la vida." Y añadió: "No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí en la estepa; pero no pongáis las manos en él." Lo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre. Cuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica con mangas, lo cogieron y lo echaron en un pozo vacío, sin agua. Y se sentaron a comer. Levantando la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma, bálsamo y resina de Galaad a Egipto. Judá propuso a sus hermanos: "¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pondremos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra." Los hermanos aceptaron. Al pasar unos comerciantes madianitas, tiraron de su hermano, lo sacaron del pozo y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas. Éstos se llevaron a José a Egipto.

Salmo 104,16-17.18-19.20-21:
Recordad las maravillas que hizo el Señor

Llamó al hambre sobre aquella tierra:
cortando el sustento de pan;
por delante había enviado a un hombre,
a José, vendido como esclavo.
R. Recordad las maravillas que hizo el Señor

Le trabaron los pies con grillos,
le metieron el cuello en la argolla,
hasta que se cumplió su predicción,
y la palabra del Señor lo acreditó.
R. Recordad las maravillas que hizo el Señor

El rey lo mandó desatar,
el señor de pueblos le abrió la prisión,
lo nombró administrador de su casa,
señor de todas sus posesiones.
R. Recordad las maravillas que hizo el Señor

Mateo 21,33-43.45-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?" Le contestaron: "Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos." Y Jesús les dice: "¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos." Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Desierto


La imagen del desierto trae a la mente la maldición primera, cuando Dios expulsó a Adán y a Eva del jardín del Edén y tuvieron que habitar en tierra esteparia de espinos y abrojos.

El desierto, sobre todo, nos evoca la travesía del Pueblo de Dios durante cuarenta años, desde la tierra de esclavitud a la tierra de la promesa.

En un primer impacto, el término “desierto” puede traer la resonancia de la maldición, como dice el profeta: “Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita” (Jer 17,5-6).

Pero si se permanece en el ámbito de la soledad y del silencio del desierto, cabe también una experiencia posterior: “«Por eso, yo la persuado, la llevo al desierto, le hablo al corazón, le entrego allí mismo sus viñedos, y hago del valle de Acor una puerta de esperanza. Allí responderá como en los días de su juventud, como el día de su salida de Egipto. Aquel día —oráculo del Señor— me llamarás “esposo mío”, y ya no me llamarás “mi amo” (Os 2,16-18).

El desierto es lugar de tentación, donde se robustece la voluntad, se forja el discípulo, se enamora el alma, se gusta el éxtasis de la belleza suprema, la que se desvela en el corazón, sin razón aparente. El desierto es el lugar de la Palabra, el ámbito de la escucha interior, donde la persona se conoce a sí misma y llega a percibir por un lado el propio límite, y por el otro, la providencia divina que provee el agua y el pan necesarios para resistir en la contienda.

Cuando se tiene la suerte de contemplar un paisaje desértico, extraña  la belleza de la aridez y del vacío, la presencia invisible que guarda, cuando el corazón recibe la visita del Misterio, el beso secreto del que lo llena todo, lo penetra todo. Es como si la tierra no necesitara más ropaje, y su desnudez, sin pudor, fuera el espacio esponsal.

Si te atreves a ir al desierto, hazlo con el bordón de la oración y de la Palabra. Te aseguro que percibirás dentro de ti la voz que enamora, y te convertirás en testigo del milagro que transforma el desierto en jardín, donde el Señor pronuncia tu nombre secreto, en el que está contenida la llamada identificativa de tu vida.

Autor: Ángel Moreno
ciudadredonda.org

La Cuaresma y el Bautismo


Toda la Cuaresma apunta a la Noche de Pascua, cuando se bautizan los catecúmenos y todos los bautizados renovamos de manera solemne las promesas bautismales.

En el transcurso de la cuarentena, en varios momentos, las lecturas bíblicas evocan de manera simbólica el bautismo. Siempre que aparece alguna escena con referencias al agua y a la purificación se puede interpretar desde la perspectiva bautismal.

El profeta Isaías inicia sus llamadas a la conversión justamente con la referencia a la necesidad de lavarse como gesto purificador: “Lavaos, purificaos, apartad de mi vista | vuestras malas acciones. | Dejad de hacer el mal”.

El salmo penitencial por excelencia cita expresamente el rito de la purificación: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, | por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, | limpia mi pecado” (Sal 50).

Juan Bautista predicaba un bautismo de penitencia a la manera de los ritos purificadores de los profetas. Por el bautismo de Jesús las aguas quedan purificadas, y ahora quienes recibimos la gracia sacramental, no solo quedamos limpios de culpa, sino que además nos convertimos en hijos de Dios.

En el rito bautismal, sobre todo cuando se hace por inmersión, como en la iglesia Ortodoxa, se simboliza el nuevo nacimiento, pues el nuevo cristiano participa de los méritos de la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

El bautismo nos introduce en la corriente de la gracia que brota del costado del Salvador, nos limpia y perdona los pecados, nos concede pertenecer a la familia de Dios, nos agrega a la comunión de todos los santos, nos injerta en el árbol frondoso de la Iglesia, nos permite sentarnos a la mesa de los hijos de Dios, nos reviste con el traje de gala, con el vestido sagrado, nos unge y cristifica, nos abre los ojos de la fe, nos permite gustar la pertenencia a la comunidad de los fieles y formar parte del Pueblo de Dios, nos convierte en templos santos, en personas habitadas por el Espíritu Santo. Por la gracia bautismal no es pretencioso llamar a Dios “¡Papá!”

El bautismo nos da hermanos en la fe y la vocación a la santidad. Gracias al sacramento de iniciación nos identificamos como discípulos de Jesús, y nos convertimos en testigos de su resurrección. Es un privilegio inmerecido haber sido bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; con ello se nos ha hecho capaces de recibir, según el don que se nos otorga, la confirmación en la fe, el pan santo, el ministerio ordenado, la consagración personal o el vínculo matrimonial.

Autor: Ángel Moreno
ciudadredonda.org

¿Por qué cuaresma y no "quincuesma" o "sexesma"?


Cabe preguntarse el porqué de que este período de reflexión y penitencias dure cuarenta días y no quince, veinte o sesenta. La respuesta es siempre la misma: lo que la Iglesia y los cristianos conmemoramos son los cuarenta días de oración que Jesucristo llevó a cabo en el desierto, aunque en su ministerio, dicho período no sea prepascual, dado que el el ciclo que recogen los evangelistas sinópticos que mencionan dicho retiro al desierto (Juan no lo hace) viene a durar un año, empieza con la retirada al desierto y termina con la Pascua, en la que Jesús es crucificado.

El evento, como se ha dicho, lo recogen tres de los cuatro evangelistas. Marcos (que, como se sabe, no escribe evangelio de la infancia) lo hace de manera muy sucinta, al pincipio mismo de su Evangelio:

“A continuación, el Espíritu le empuja al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían” (Mc 1,12-13)

Mateo y Lucas, al recoger un evangelio de la infancia, emplazan el episodio más adelante y le dedican un relato mucho más descriptivo:

“Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan’. Jesús le respondió: ‘Está escrito: No sólo de pan vive el hombre’.
   Llevándole luego a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo el diablo: ‘Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque me la han entregado a mí y yo se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya’. Jesús le respondió: ‘Está escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto’.
   Le llevó después a Jerusalén, le puso sobre el alero del Templo y le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden. Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna’. Jesús le respondió: ‘Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios’. Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta el tiempo propicio” (Lc 4,1-13, muy parecido a Mt 4,1-9).

Pero la pregunta continúa sin respuesta, ¿por qué cuarenta?

Lo cierto es que el cuarenta es la cifra bíblica por antonomasia. Sin salir de los evangelios, cuarenta no son sólo los días que Jesús pasa ayunando y orando en el desierto. Son también los que va a pasar con sus discípulos en el mundo antes de ascender a los cielos una vez resucitado, dato que justo es reconocer, solo aporta Lucas y, por cierto, no en su Evangelio, sino en los Hechos de los Apóstoles:

“A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles pruebas de que vivía, dejándose ver de ellos durante cuarenta días y hablándoles del Reino de Dios” (Hch 1,3)

Donde de nuevo, más que de un período prepascual como el que celebramos los cristianos, nos hallamos es justo ante lo contrario, ante un período postpascual.

No es la única referencia evangélica a los cuarenta. Aunque no haga mención expresa del tema, cuarenta son también los días que necesita María para purificarse del parto de Jesús:

“Cuando se cumplieron los días en que debían purificarse, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor” (Lc. 2, 22-23).

Pero no solo en el Nuevo Testamento la cifra del cuarenta adquiere relevancia: es que no menor es la que registra en el Antiguo Testamento, y así, cuarenta son los días que dura el diluvio universal:

“Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre la faz del suelo todos los seres que hice” (Gn 7,4)

Cuarenta los días que permanece Moisés en el monte:

“Moisés penetró en la nube y subió al monte. Moisés permaneció en el monte cuarenta días y cuarenta noches” (Ex 24,18).

Cuarenta los que tarda Elías en alcanzar el monte Horeb:

“Se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb” (1Re 19,8).

Y cuarenta son también los años que el pueblo judío vaga errante por el desierto del Sinaí cuando abandona Egipto

“Los israelitas comieron el maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada. Lo comieron hasta que llegaron a los confines del país de Canaán” (Ex 16,35).

Fuente: Luis Antequera
religionenlibertad.com

17 de marzo: SAN PATRICIO


En días como este 17 de marzo, precisamente, es cada vez más conocida una celebración de patente muy «british»: la de su patrón, San Patricio. Es casi imposible no haber oído hablar de este personaje y de su relación con el color verde. Pero… ¿Quién era y cómo logró convertirse en uno de los hombres más importantes de Irlanda? Hoy, aprovechando la fecha que marca el calendario, te lo explicamos.

«Mojando tres dedos, después de haber hecho oración, las ruzió en forma de Cruz, al punto de que retiró la corriente durante una inundación».Como suele ocurrir cuando se recurre a las fuentes clásicas para narrar la vida de los santos, la historia de Patricio (Patrick) se encuentra entre la realidad y la leyenda.

Las principales fuentes afirman que el momento exacto de su nacimiento es difícil de determinar, aunque se suele ubicar su llegada al mundo entre los años 385 y 387. Esta última fecha es señalada por los sacerdotes John Trigilio y Kenneth Brighenti en sus diferentes textos sobre la Fe Católica (entre ellos, el original–aunque no por ello menos didáctico- libro «Catolicismo para Dummies»).

No hay tanta controversia al hacer referencia a la tierra que vio su alumbramiento ya que, en este caso, se suele asumir que fue Kilpatrick (en Dumbarton, Escocia).

Las fuentes más fabulosas (entre las que destaca la obra «Flos santorum» o «Libro de la vida de los santos») coinciden con las históricas en que el padre del pequeño era un oficial romano llamado Calfurnio y su madre una tal Conquesa.

El pequeño Patrick creció trabajando en el campo, aunque también adoraba instruirse en el arte de las letras. Poco más se sabe de su juventud, aunque –como santo que fue posteriormente- se ha creado una leyenda a su alrededor que afirma que, durante sus primeros años de vida, era de capaz de llevar a cabo milagros tan curiosos como los realizados por Moisés. Así se afirma, al menos, en «Flos Santorum»: «Mojando el niño tres dedos en las aguas, después de haber hecho oración las ruzió en forma de Cruz en honra de la Santísima Trinidad, al punto de que retiró la corriente durante una inundación».

De Irlanda a Francia

Andase lo que andase haciendo Patrick, a los 16 años su vida se fue a pique cuando fue raptado por piratas y, posteriormente, tuvo que pasar por el trauma de ser vendido como esclavo en Irlanda. Aquello le granjeó pasar seis años en las verdes campiñas de los «leprechauns», lo que le permitió empaparse del idioma y las creencias de la zona.

Nuevamente, el devenir del futuro santo es en este punto intrigante. Y es que, en el libro que posteriormente escribió («Confesiones») afirma que, durante su tiempo de cautiverio, estuvo continuamente rezando para que Dios le desvelase qué podía hacer.

«Cien veces al día, y otras tantas de noche, se hincaba de rodillas a hacer oración. Su sustento eran las hierbas del campo y otros manjares groseros, creciendo siempre en espíritu», se explica en «Flos santorum».

Así fue como, un día, decidió que tenía que escapar y caminar cientos de kilómetros hasta la costa, donde sabía que le esperaba un barco dispuesto a sacarle de allí. Para su suerte, así sucedió, por lo que puso rumbo a Francia.

¿Qué hizo Patrick en sus primeras horas de libertad? Al parecer, se puso bajo las órdenes del obispo de San Germán con el objetivo de iniciarse en la vida monástica. «En Francia fue educado en un monasterio, seguramente en la isla de Lerins», explica Louis de Wohl en «Fundada sobre roca: historia breve de la Iglesia».

Ya sacerdote, nuestro protagonista viajó hasta Roma, donde el Papa Celestino I le consagró obispo y le conminó a volver a Irlanda para predicar sus creencias y acabar con las de los druidas. Una misión que el joven religioso aceptó de buen agrado.

«Cuando el feroz obispo soldado Germanos de Auxerre fue despachado a Gran Bretaña para que manejara allí el movimiento de Pelagio [una creencia considerada como hereje por la Iglesia], Patricio le acompañó como parte de su séquito» explica, en este caso, Alexei Kondratiev en su obra «Rituales celtas».

En palabras de este experto, aquel viaje pudo ser una prueba para saber si, tras tantos años viviendo en la zona, Patrick era realmente un seguidor del catolicismo. Y vaya si lo demostró. Así lo afirma Umberto Eco en su texto «La edad media: bárbaros», donde explica que nuestro protagonista se centró absolutamente en su labor misionera (lo que le impidió dejar más allá de algunos pequeños escritos).

Trabajando por la Iglesia

Una vez de regreso en Irlanda, Patrick inició su labor evangelizadora luchando contra las creencias de la zona (representadas principalmente en los druidas o «sacerdotes paganos»). Según se dice, pasó sus días en una cueva apartada que fue conocida como el «Purgatorio de San Patricio» por las penurias que sufría en ella.

Con todo, y a pesar de que no era muy ducho en el latín (se definía a sí mismo como «burdo y escaso conocedor de esta lengua»), inició a los habitantes de la zona en dicha religión. «San Patricio se esforzó por conciliar la necesidad de leer y comprender las Sagradas Escrituras con la exigencia de dar una forma certera a la organización eclesiástica y difundir la práctica litúrgica», añade Eco.

Tras regresar a Roma para dar cuenta de su labor, fundó varias iglesias en Francia. No le resultó fácil, pues los franceses andaban también escasos de latín, y fue un esfuerzo extra hacerles llegar su mensaje.

La tradición nos dice que Patrick explicaba a sus crecientes seguidores los misterios de la Santísima Trinidad usando un trébol de tres hojas (ya que, al igual que él, un único «tallo» se dividía en Padre, Hijo y Espíritu Santo).

También se afirma que acabó (literalmente) con las víboras de Irlanda y que fundó una iglesia en la que luchaba habitualmente contra los pequeños duendes que invocaban contra él los druidas paganos (esta última parte, totalmente fabulosa). En todo caso, pasó unas tres décadas evangelizando la región, fundando monasterios y nombrando sacerdotes. Así, logró convertirse en todo un «patrón» de la zona.

Tras regresar a Roma para dar cuenta de su labor, fundó varias iglesias en Francia. Finalmente, acabó sus días en este mundo un 17 de marzo de un año indeterminado. Las fechas que se barajan son –atendiendo a las fuentes consultadas- el año 460 (de Wohl); el 461 (Eco) o, según otros, después de la década de los 90 de ese siglo. Los escritos más clásicos afirman incluso que llegó a atesorar la friolera de más de un siglo de vida. En todo caso, cuando Irlanda (o EEUU, debido a la ingente cantidad de inmigrantes de la zona) celebran San Patricio, están celebrando su evangelización.

Autor: Manuel P. Villatoro
ABC Historia

COMPADECER y COMPASIÓN

EL BUEN SAMARITANO, por Luca Giordano (1634-1705)
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