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sábado, 7 de septiembre de 2024

Marcos 7,31-37: Curación de un sordomudo


Marcos 7,31-37
Viernes de la 5 Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo I y II

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

SOBRE EL MISMO TEMA:


jueves, 21 de septiembre de 2017

Mateo: 4,18-23: Los primeros discípulos

Los primeros discípulos
Cf. Marcos 1,16-20; Lucas 5,1-11

4:18 Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores.
4:19 Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".
4:20 Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.
4:21 Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.
4:22 Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.

La actividad de Jesús en Galilea
Marcos 1,35-39; Lucas 4,42-44

4:23 Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.
4:24 Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba.
4:25 Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.

SOBRE EL MISMO TEMA:
Dios ha aceptado nuestros límites  

jueves, 9 de febrero de 2017

Marcos 7,31-37: Apertura creciente hacia los demás pueblos

Marcos 7,31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

— Comentario por la Orden Carmelita
"Apertura creciente hacia los demás pueblos"

En el evangelio de hoy, Jesús cura a un sordo que tartamudeaba. Este episodio es poco conocido. En el episodio anterior de la mujer cananea, Jesús supera las fronteras del territorio nacional y acoge a una mujer extranjera que no era del pueblo y con quien estaba prohibido conversar. Esa misma apertura sigue en el evangelio de hoy.

• Marcos 7,31: La región de la Decápolis

“Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis” Decápolis significa, literalmente, Diez Ciudades. Era una región de diez ciudades al sureste de Galilea, cuya población era pagana.

• Marcos 7,31-35: Abrir los oídos y soltar la lengua

Un sordo y tartamudo es llevado ante Jesús. La manera de curarle es diferente. La gente quería que Jesús apenas impusiera las manos sobre él. Pero Jesús va mucho más allá de lo que le piden. Lleva al hombre ante la multitud, coloca los dedos en los oídos y con la saliva le toca la lengua, mira hacia el cielo, da un gemido y dice: “Éffata!”, esto es, “¡Ábrete!” En ese mismo instante, los oídos del sordo se abrieron y el hombre empezó a hablar correctamente. ¡Jesús quiere que la gente abra el oído y suelte la lengua!

• Marcos 7,36-37: Jesús no quiere publicidad 

“Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

El le prohíbe hablar de su curación, pero no lo consigue. Aquel que tiene experiencia de Jesús, lo cuenta a los demás, ¡quiera o no quiera! Las personas que han asistido a la curación empiezan a proclamar lo que han visto y resumen así la Buena Nueva: "Todo lo hace bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos".

Esta afirmación de la gente hace recordar la creación, en la que se dice: “Dios vio que todo era muy bueno.” (Gen 1,31). Y evoca la profecía de Isaías, donde se dice que en el futuro los sordos oirán y los mudos hablarán (Is 29,28; 35,5. cf. Mt 11,5).

— La recomendación de no contar nada a nadie:

A veces, se exagera la atención que el Evangelio de Marcos atribuye a la prohibición de divulgar la curación, como si Jesús tuviera un secreto que hay que conservar. La mayoría de las veces que Jesús hace un milagro, no pide el silencio. Y una vez hasta pide publicidad (Mc 5,19).

Algunas veces, sin embargo, da orden de no divulgar la curación (Mc 1,44; 5,43; 7,36; 8,26), pero ellos obtienen el resultado contrario. Cuanto más prohíbe, tanto más la Buena Nueva se difunde (Mc 1,28.45; 3,7-8; 7,36-37). ¡Prohibir, no sirve de nada! ¡Pues la fuerza interna de la Buena Nueva es tan grande que se divulga por si misma!

— Apertura creciente en el evangelio de Marcos

A lo largo de las páginas del evangelio de Marcos hay una apertura creciente hacia los demás pueblos. Así, Marcos lleva a los lectores y a las lectoras a abrirse a la realidad del mundo alrededor y a superar ideas preconcebidas que impiden la convivencia pacífica entre la gente.

En su paso por la Decápolis, la región pagana, Jesús atiende la súplica de la gente del lugar y cura al sordo tartamudo. No tiene miedo de contaminarse con la impureza de un pagano, pues lo cura tocándole los oídos y la lengua.

Las autoridades de los judíos y los discípulos tienen dificultad en escuchar y entender, sin embargo un pagano era sordo y tartamudo consigue hablar y oír gracias a Jesús que le toca. Recuerda el cántico de Isaías: “El Señor Yahvé me ha abierto el oído y no me resistí” (Is 50,4-5).

Al expulsar a los vendedores del templo, Jesús critica el comercio injusto y afirma que el templo tiene que ser casa de oración para todos los pueblos (Mc 11,17). En la parábola de los viñadores homicidas, Marcos hace alusión a que el mensaje se sacará del pueblo elegido, los judíos, y se dará a los demás, a los paganos (Mc 12,1-12). Después de la muerte de Jesús, Marcos presenta la profesión de fe de un pagano a los pies de la cruz. Al citar al centurión romano y su reconocimiento de Jesús como Hijo de Dios, está diciendo que el pagano es más fiel que los discípulos y más fiel que los judíos (Mc 15,39).

La apertura hacia los paganos aparece de forma muy clara en la orden final que Jesús da a los discípulos, después de la resurrección:”Id por todo o mundo, proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15).

Marcos 7:24-30: La fe de la mujer sirofenicia

Marcos 7,24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo:
— Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.
Pero ella replicó:
— Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.
Él le contestó:
— Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija.
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

— Comentario de Marcos 7:24-30
"La fe de la mujer sirofenicia"

• "Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón"

Después de una fuerte controversia con los fariseos y los escribas, Jesús salió de Galilea y se fue a tierras gentiles en la región de Tiro y de Sidón, en Fenicia, un país que ocupaba el litoral mediterráneo entre los montes del Líbano y el mar.

En la semanas siguientes, el Señor pasó bastante tiempo fuera del territorio de Israel. Primero en Fenicia (Mc 7:24), luego en Decápolis (Mc 7:31), y finalmente en Cesarea de Filipo (Mc 8:27). Este periodo resultó en un ministerio muy fructífero entre sus discípulos, que llegaron a reconocerle como "el Cristo" (Mc 8:29). A partir de ese momento, el Señor tomó el camino que le llevaría hasta Jerusalén y allí a la Cruz.

No debemos olvidar el clima de oposición que se respiraba en Galilea contra Jesús. Hacía tiempo que los líderes religiosos lo habían marcado como pecador y habían decidido destruirlo porque quebrantaba sus tradiciones y no se sujetaba a su autoridad. Salir de Galilea era una decisión acertada que evitaría un desenlace precipitado, antes de que sus discípulos hubieran logrado entender quién era realmente Jesús y el significado de su obra en la Cruz.

Viendo el contexto anterior, debemos notar también que Jesús se fue a Tiro y Sidón inmediatamente después de haber enseñado acerca de la limpieza de los alimentos (Mc 7:18-19). Esta distinción entre alimentos limpios e inmundos, era una de las razones fundamentales que impedían el trato entre judíos y gentiles.

Cuando Dios hizo estas prohibiciones en la ley tenía como propósito separar a Israel de las naciones paganas a su alrededor y, sin duda, la prohibición de comer de ciertos alimentos, dificultaría el trato social entre ambos pueblos. Cuando en el pasaje anterior Jesús enseñó que todos los alimentos eran limpios, estaba eliminando también las barreras entre judíos y gentiles.

Sin embargo, esto no era algo que iba a ocurrir inmediatamente. Tenemos que esperar a que Cristo realice la obra de la Cruz y sea anunciado el evangelio a los judíos. Más tarde, ante el reiterado rechazo de los judíos a su Mesías, entonces sí que el evangelio sería llevado a los gentiles. Esto tuvo lugar por primera vez en casa de Cornelio (Hch 10); entonces, Dios tiene que repetir a Pedro ciertas verdades que ya se desprendían de estos pasajes: que Dios había limpiado todos los alimentos (Hch 10:15), y que por lo tanto, también podía entrar en la casa de un extranjero (Hch 10:28).

Podemos decir que otro de los propósitos de Jesús al ir a la región de Tiro y Sidón era el de ilustrar de forma práctica las implicaciones de lo que acababa de decir, preparando así a sus discípulos para su ministerio futuro en relación con los gentiles. Aunque esto sólo podría comenzar una vez que los judíos se hubieran "saciado", lo que parecía que ya estaba empezando a ocurrir tal como manifestaba el creciente rechazo hacia Jesús.

• "Una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo... le rogaba"

El evangelista nos dice que el Señor intentaba pasar desapercibido en la región. La razón para que el Señor no quisiera que se supiera de su estancia allí, tendría que ver seguramente con su propósito de descansar e instruir a sus discípulos lejos del agobio constante de las multitudes.

Pero también, por que como más adelante va a señalar, no había llegado todavía el tiempo de abrir plenamente la puerta a los gentiles en tanto que los judíos no se hubieran saciado. Sin embargo, todos sus esfuerzos por esconderse resultaron inútiles, porque su fama se había extendido en este territorio pagano, y una mujer escuchó de su presencia y fue hasta donde estaba.

Sobre esta mujer no sabemos casi nada, porque como ya nos tiene acostumbrados Marcos, él omite cualquier detalle que no tenga relevancia para el fin que persigue. Sin embargo, sí nos dice que era una mujer griega y sirofenicia de nación, es decir, que era fenicia y que hablaba griego. Por lo tanto, desde el punto de vista judío, era una pagana, o tal como Mateo la describe, "una mujer cananea" (Mt 15:22).

• "Y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio"

Otro detalle que Marcos nos proporciona es que tenía una hija endemoniada. Ella vino a Jesús pidiéndole ayuda porque lo que más amaba en el mundo estaba bajo el control del diablo.
Observemos también que la mujer no estaba rogando por sí misma, sino para conseguir una bendición a favor de su hija, dándonos un buen ejemplo de lo que debe ser la obra de intercesión que los padres debemos llevar a cabo por nuestros hijos.

Percibimos su insistencia y constancia en sus ruegos. Según Mateo, ella seguía a Jesús y sus discípulos dando voces, lo que llegó a ser del desagrado de los discípulos (Mt 15:23). Pero esta insistencia no surgía únicamente por el dolor y la ansiedad que sentía por el estado de su hija, sino que también manifestaba una fe sólida en el Señor Jesús, y por supuesto, una intercesión tan ferviente no había de quedar sin contestación.

• "Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos"

Cualquier judío conocía la historia de Israel y los problemas que los cananeos les habían causado desde los días de Josué. Además, la ley judía separaba a los judíos de los gentiles. En el mismo templo se levantaba un gran muro para evitar que los gentiles entraran en los atrios de los judíos, avisando de la pena de muerte en el caso de que lo hicieran.

¿Derribaría Jesús esta pared de separación intermedia y eliminaría la distancia espiritual que había entre judíos y gentiles? Pablo dijo años después que por medio de su obra en la cruz, Cristo había conseguido precisamente eso (Ef 2:11-22). Ahora veremos que en su trato con esta mujer cananea ya anticipó el deseo del corazón del Señor de bendecir a los gentiles por el Evangelio y recogerlos en un solo redil junto a los judíos (Jn 10:16). Nunca fue el deseo de Dios que sus bendiciones quedaran limitadas sólo a los judíos, y notemos cómo Jesús dejó entreabierta esta puerta cuando le dijo a la mujer "deja primero que se sacien los hijos".

Pero aunque Jesús era el salvador universal, esta salvación debía producirse sobre la base de un orden riguroso: los judíos primero y después los gentiles. Pablo trató en Romanos la prioridad que concernía a Israel en el plan universal de salvación: "Al judío primeramente, y también al griego" (Ro 1:16). Y Cristo, en su ministerio terrenal se limitó principalmente a ser "siervo de la circuncisión, para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres" (Ro 15:8).

Y lo mismo mandó a sus discípulos cuando los envió a predicar: (Mt 10:5-6) "A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel".

Cuando consideramos estos principios establecidos por las Escrituras, podemos entender la contestación del Señor a la mujer, que si bien parecía un tanto dura, definía correctamente la posición de los gentiles frente al Reino de Dios antes de la Cruz.

Como explica el apóstol Pablo a los efesios, "los gentiles estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo" (Ef 2:12-13).

• "No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos"

En un principio, la respuesta del Señor podía parecer de los más descorazonadora. Jesús usa una ilustración para explicar la situación a la mujer: Los "hijos", en referencia a los israelitas, eran los que estaban sentados a la mesa y tenían el privilegio de disfrutar del ministerio terrenal del Señor. Los "perrillos" eran por lo tanto los gentiles, quienes aún no habían sido admitidos al regio festín.

Por lo tanto, Jesús se estaba refiriendo a la "hijita" de esta mujer como un "perrillo". ¿No podía ser interpretado esto como algo ofensivo? Es cierto que los judíos se referían despectivamente a los gentiles como "perros". Pero Jesús usó un diminutivo, "perrillos", seguramente en sentido cariñoso. Y así lo debió entender la mujer, porque no sólo no se sintió ofendida ni desechada por ello, sino que en la forma en que se lo dijo Jesús, encontró fuerzas para seguir haciendo su petición.

• "Pero aun los perrillos debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos"

La mujer entendió y aceptó sin quejas ni disputas la posición de precedencia que el pueblo judío tenía frente a los pactos y promesas de Dios. Así que, en lugar de enojarse por las palabras de Cristo, vio en ellas una puerta abierta para volver a presentar su súplica a favor de su hija.

En cualquier caso, no deja de asombrarnos que esta mujer suplicaba por unas migajas de pan, mientras que los judíos rechazaban el verdadero pan que había descendido del cielo (Jn 6:35-36).

En este punto podemos preguntarnos por qué el Señor mostró una aparente falta de disposición para atender a esta mujer inmediatamente. Porque es evidente que en esta ocasión Jesús se hizo de rogar mucho más que en el resto de los casos en que las personas necesitadas venían a él en busca de ayuda.

Lo que podemos apreciar, es que éste fue el medio por el que el Señor sacó a relucir la fe de esta mujer gentil, que contrastaba fuertemente con la maldad de los judíos, que a pesar de la luz que tenían, seguían siendo duros y rebeldes. Pero no sólo de los judíos rebeldes, sino también de los propios discípulos. Notemos que el Señor sigue usando el pan en sus ilustraciones, y en esta ocasión, una mujer pagana logra entender que unas migajas de ese pan pueden satisfacer plenamente todas sus necesidades espirituales. Por contraste, los discípulos, después de haber presenciado cómo el Señor multiplicaba unos pocos panes para dar de comer a una multitud de judíos, todavía no lograban entender el significado de este milagro porque sus corazones estaban endurecidos (Mc 6:52).

Por lo tanto, podemos apreciar la fe de esta mujer como una auténtica joya, de hecho, una joya casi única. Sin apenas evidencias, el concepto tan elevado que esta mujer tenía de la provisión de la gracia del Señor, nos deja admirados.

Por la narración de Mateo sabemos que el Señor quedó maravillado ante semejante fe en una mujer gentil: (Mt 15:28) "¡Oh mujer!, ¡grande es tu fe!". Ella había captado correctamente el corazón de Dios.

• "Entonces le dijo: Por esta palabra, vé; el demonio ha salido de tu hija"

El pasaje nos ha mostrado que los gentiles desde lo profundo de sus corazones clamaban a Dios. Por lo tanto, aunque Cristo se dirigía a los judíos, de ninguna forma les estaba ofreciendo exclusividad.

Fue la fe de la mujer la que logró eliminar todas las barreras para llegar al corazón mismo de Dios. Este es un claro ejemplo del hecho de que ningún alma hambrienta y humilde, que se acerca a la mesa abundante del Señor quedará sin saciar. Pero es necesaria la fe.

El Señor sanó a la niña a distancia, por medio de su palabra. Esto sirvió para que la mujer mostrara nuevamente la calidad de su fe: con una plena confianza en la palabra del Señor, regresó a su casa. Y por supuesto, su fe no fue defraudada, sino que cuando llegó, comprobó que efectivamente una migaja de la mesa del Señor había sido suficiente provisión para su gran necesidad.

Así que, si una mujer pagana usó el poco conocimiento que tenía del Señor con tantos resultados, ¿cuánto más se requiere de nosotros que hemos recibido privilegios mucho mayores?

— Conclusiones

Al terminar este estudio podemos reflexionar sobre cuáles son los requisitos para conseguir estas "migajas" del Señor.

- Una comprensión adecuada tanto del poder como del amor del Señor.
- Insistencia en la oración.
- Y sobre todo, una fe capaz de vencer todas las pruebas.

Este incidente nos trae a la memoria también a otra mujer necesitada que vivió en "Sarepta de Sidón" en los tiempos del profeta Elías. El relato lo podemos encontrar en (1 R 17:8-16) y nos recuerda cómo Elías fue enviado a aquella región después de anunciar una gran sequía sobre Israel como juicio de Dios por haber rechazado su palabra. En cambio, aquella mujer gentil confió en la palabra del profeta y no le faltó el pan durante todo el tiempo en que Israel pasaba hambre.