sábado, 27 de julio de 2013

17 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Julio González, S.F.

Génesis 18,20-32
Salmo 137: Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste
Colosenses 2, 12-14
Lucas 11,1-13


Génesis 18,20-32

En aquellos días, el Señor dijo:
- La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.
Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán. Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios:
- ¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?
El Señor contestó:
- Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.
Abrahán respondió:
- Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?
Respondió el Señor:
- No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.
Abrahán insistió:
Quizá no se encuentren más que cuarenta.
Le respondió:
- En atención a los cuarenta, no lo haré.
Abrahán siguió:
- Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?
Él respondió:
- No lo haré, si encuentro allí treinta.
Insistió Abrahán:
- Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?"
Respondió el Señor:
- En atención a los veinte, no la destruiré.
Abrahán continuo:
- Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?
Contestó el Señor:
- En atención a los diez, no la destruiré.

Salmo 137: Cuando te invoqué, Señor, 
me escuchaste

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.
R. Cuando te invoqué, Señor, 
me escuchaste

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
R. Cuando te invoqué, Señor, 
me escuchaste

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros, me conservas la vida;
extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo.
R. Cuando te invoqué, Señor, 
me escuchaste

Y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
R. Cuando te invoqué, Señor, 
me escuchaste

Colosenses 2,12-14

Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos. Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.

Lucas 11,1-13

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
— Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.
Él les dijo:
— Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación."
Y les dijo:
— Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle." Y, desde dentro, el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos." Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

— Comentario por el P. Julio González, S.F.

“Señor, enséñanos a orar”, qué bonita petición. De hecho, la persona que dice “Señor, enséñame a orar”, ya está orando porque está oración muestra la confianza, la fe, el deseo, de quien lo pide.

Y Jesús, les enseñó -nos enseñó- el Padrenuestro. Mucho se ha dicho sobre esta oración, pero yo voy a resaltar sus dos primeras palabras: Padre nuestro. Porque esto es lo que hace Jesús en el evangelio de hoy: explicar el significado de las palabras Padre nuestro.

"¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?"

¿Cuántos de ustedes en su oración le han pedido a Jesús: “Enséñame a orar”? ¿Cuántos de ustedes le han pedido el don del Espíritu Santo? Tantas cosas le pedimos a Dios y a veces nos olvidamos de lo más importante, de lo que Dios quiere para nosotros.

También la primera lectura nos habla de Dios a través del Patriarca Abraham. He de reconocer que me entristece escuchar a algunos cristianos predicar sobre un Dios enojado a punto de castigarnos. Porque Abraham hace todo lo contrario. Amparándose en la bondad de algunas personas intercede por todos nosotros.

“Pero si hay cincuenta buenos, no puedes castigarlos”
“Pero si hay treinta buenos, no puedes castigarlos”
“Pero si hay diez buenos, no puedes castigarlos”

Jesús todavía será mejor abogado: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.

Abraham es un hombre de Dios y sabe cómo llegar al corazón de Dios porque Dios tiene un corazón de Padre y Madre. Y nosotros estamos llamados a poner cara, manos, piernas, corazón a este Dios que conocemos por la fe.

Pidamos para que la palabra de Dios nos ayude a interceder los unos por los otros como lo ha hecho Abraham.

DOMINGO DE LA 17 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo C: La oración de Abraham y de Jesús, por Mons. Francisco González, S.F.

Génesis 18,20-32
Salmo 137: Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste
Colosenses 2, 12-14
Lucas 11,1-13


Génesis 18,20-32

En aquellos días, el Señor dijo:
- La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.
Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán. Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios:
- ¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?
El Señor contestó:
- Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.
Abrahán respondió:
- Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?
Respondió el Señor:
- No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.
Abrahán insistió:
Quizá no se encuentren más que cuarenta.
Le respondió:
- En atención a los cuarenta, no lo haré.
Abrahán siguió:
- Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?
Él respondió:
- No lo haré, si encuentro allí treinta.
Insistió Abrahán:
- Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?"
Respondió el Señor:
- En atención a los veinte, no la destruiré.
Abrahán continuo:
- Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?
Contestó el Señor:
- En atención a los diez, no la destruiré.

Salmo 137: Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.
R. Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
R. Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros, me conservas la vida;
extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo.
R. Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste

Y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
R. Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste

Colosenses 2,12-14

Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos. Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.

Lucas 11,1-13

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
— Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.
Él les dijo:
— Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación."
Y les dijo:
— Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle." Y, desde dentro, el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos." Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

— Comentario por Mons. Francisco González, S.F.

Me encanta la primera de las lecturas de este domingo. Abrahán recibe varios títulos, en parte dependiendo de las diferentes misiones que Dios le ha confiado. Hoy le vemos –por decirlo de alguna manera- luchando con Dios, mejor dicho intercediendo ante Dios por las ciudades de Sodoma y Gomorra. Ha habido acusaciones contra ellas y Dios ha decidido visitarlas, y si las acusaciones son verdaderas, Él las destruirá.

Abrahán comienza un regateo con el Señor para salvar a los inocentes, y por extensión a las ciudades. Cuanto más uno lo piensa, da la impresión que la misericordia de Dios hace más caso a la oración del inocente que a la maldad de la multitud. Por eso el Papa gusta decir que el nombre de Dios es misericordia.

En el santo evangelio Lucas nos presenta a Jesús en algo en lo que pasaba bastante tiempo: orando. Al terminar sus discípulos quedaron maravillados de cómo lo hacía y le pidieron: “Señor, enséñanos a orar”.

En mis años de sacerdote bastante gente me han preguntado por alguna clase de libro que les enseñara a orar, una petición digna de alabanza. La gente quiere relacionarse con Dios. Y la verdad es que hay muchos libros que hablan de la importancia de la oración, que explican técnicas, y muchas otras cosas. Cuando buscamos mucha técnica se puede caer en una oración muy impersonal, en recitar lo que otros han dicho, pero no exactamente lo que te sale del corazón. Claro que cuando estamos en oración comunitaria debemos aprender a personalizar y hacer nuestro lo que decimos, pero que queda fortalecido por la voz unida y el corazón ardiente de los hermanos/as.

Jesús les enseña una oración simple, pero profunda, se reconoce a Dios como Padre, origen de la vida, un padre con un profundo sentimiento de madre. Al decir esta oración pedimos que esa familia que lo llama Padre lo glorifique, y que su plan se haga realidad, al expresar nuestro deseo de que “su reino venga”, para que la humanidad sea más humana, más justa, más fraternal, más familia, más hijas e hijos del mismo Padre.

Al Padre, que sabemos nos ama, le pedimos por lo que necesitamos para el futuro, para nuestro continuo viaje hacia Él, y como en la primera lectura queremos que no haya egoísmo que nos separe y por eso la petición del perdón vertical, que nos viene de Él así ayudarnos en ese otro sentido horizontal, el de perdonarnos unos a otros. Y finalmente la última petición. Jesús ha experimentado la tentación, y por eso añade “que el Padre nos ayude a no caer en la tentación que nos separaría tanto del mismo Padre como de los hermanos.

Hoy estamos acostumbrados a la “instantaneidad”, “al ya”, “al ahora mismo”. Esta cultura de rapidez puede afectar nuestra oración, especialmente de intercesión o petición: “Señor esto lo necesito ya”, y nos disgustamos, a veces hasta perdemos la fe en el Señor que no contesta inmediatamente. En la segunda parte de este pasaje evangélico nos pone un ejemplo para enseñarnos la perseverancia, la necesidad del insistir, cuando verdaderamente necesitamos algo.

Jesús, como buen Maestro, nos alienta indicando que debemos confiar en el Padre, como confiamos en el nuestro natural, que hace hasta lo imposible para cuidarnos, que no evita el propio sacrificio para que no carezcamos de lo necesario y por eso nos señala tres acciones que tienen sus consecuencias: pedir, llamad y buscar. Pues al que pide se le da, al que llama se le abrirá y el que busca encontrará.

Estos días hemos visto al Papa de visita en Brasil con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, quien ha tenido palabras de esperanza para todos, para que nadie pierda la confianza en el Señor Jesús. El papa Francisco decía que “no traía plata ni oro, sino lo más precioso que él había recibido: Jesucristo”. “He venido, continuaba, en su nombre, para mantener viva la llama del amor fraterno que arde en todo corazón”. Es ese amor fraterno el que nos hace llamar a Dios Padre, y el reconocerlo como tal, nos recuerda que esa relación con Él crea la gran hermandad que es la humanidad entera.

domingo, 21 de julio de 2013

MIÉRCOLES DE LA 16 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, Año impar (Lecturas)

Exodo 16,1-5.9-15
Salmo 77: El Señor les dio un trigo celeste
Mateo 13,1-9

Exodo 16,1-5.9-15

Toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, entre Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto. La comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: "¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad." El Señor dijo a Moisés: "Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. El día sexto prepararán lo que hayan recogido, y será el doble de lo que recogen a diario." Moisés dijo a Aarón: "Di a la comunidad de los israelitas: "Acercaos al Señor, que ha escuchado vuestras murmuraciones."" Mientras Aarón hablaba a la asamblea, ellos se volvieron hacia el desierto y vieron la gloria del Señor que aparecía en una nube. El Señor dijo a Moisés: "He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios."" Por la tarde, una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron: "¿Qué es esto?" Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: "Es el pan que el Señor os da de comer."

Salmo 77: El Señor les dio un trigo celeste

Tentaron a Dios en sus corazones,
pidiendo una comida a su gusto;
hablaron contra Dios: "¿Podrá Dios
preparar una mesa en el desierto?
R. El Señor les dio un trigo celeste

Pero dio orden a las nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste.
R. El Señor les dio un trigo celeste

Y el hombre comió pan de ángeles,
les mandó provisiones hasta la hartura.
Hizo soplar desde el cielo el levante,
y dirigió con su fuerza el viento sur.
R. El Señor les dio un trigo celeste

Hizo llover carne como una polvareda,
y volátiles como arena del mar;
los hizo caer en mitad del campamento,
alrededor de sus tiendas.
R. El Señor les dio un trigo celeste

Mateo 13,1-9

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: "Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga."

viernes, 19 de julio de 2013

16 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Julio González, S.F.

ABRAHAN Y LOS TRES ANGELES (Teofanía de Mambré)
de Bartolomé Esteban Murilo

Génesis 18, 1-10a
Salmo 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Colosenses 1, 24-28
Lucas 10, 38-42

Génesis 18, 1-10a

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: "Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo." Contestaron: "Bien, haz lo que dices." Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: "Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza." Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron. Después le dijeron: "¿Dónde está Sara, tu mujer?" Contestó: "Aquí, en la tienda." Añadió uno: "Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo."

Salmo 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
el que así obra nunca fallará.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

Colosenses 1,24-28

Hermanos: Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos. A éstos ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo.

Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano." Pero el Señor le contestó: "Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán."

— Comentario por el P. Julio González, S.F.

¡Qué maravilla las lecturas que hemos escuchado! Nos hablan de la hospitalidad y del sufrimiento.

Empezamos por la primera y tercera lecturas que tienen en común el gesto de la hospitalidad. Para quienes vivimos en la cultura de la propiedad privada y el no cruce, no pase... estos episodios de bienvenida son buena noticia, son evangelio. Nos hablan de nuestra fe y nos hablan de cómo es Dios.

Se ha dicho que los peregrinos, los que están de paso, los que alguna vez se han perdido, son más solidarios que los que nunca se han puesto en camino. Recordemos que Abraham y Sara han dejado su tierra obedeciendo la llamada de Dios. Son peregrinos. Sienten la dureza del camino. Y estas personas tienden a ser hospitalarias porque comprenden el cansancio de otros peregrinos. Sin embargo, el mensaje de esta primera lectura va mucho más allá. Abraham reconoce en las tres personas a quienes ofrece hospitalidad la presencia de Dios.

Hay que tener mucho amor al prójimo para ver en él a Dios mismo. Más si se trata de unos extraños que en lugar de darnos, ponen a prueba nuestra generosidad. Pues bien, todos los cristianos estamos llamados a seguir el ejemplo de Abraham y Sara.

El evangelio también nos muestra la importancia de ser hospitalarios a través de un episodio que fácilmente hubiera podido convertirse en una discusión. Marta le dice a Jesús: “¡Dile a mi hermana que se levante y haga algo!”

A veces Marta me recuerda a esta sociedad en la que vivimos. Somos capaces de producir más rápido y mucho mejor de lo que lo hicieron nuestros antepasados. Y sin embargo, nos falta lo más importante: escucharnos los unos a los otros. Estar juntos y escuchar a nuestro Dios. Por eso, Jesús le dice a Marta: "Marta, andas nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria."

No quisiera finalizar estos pensamientos sin referirme a la segunda lectura porque nos habla de algo que muchos de nosotros hemos sentido a menudo: el sufrimiento. Ojalá algún día todos nosotros podamos decir lo mismo que dice Pablo: “Hermanos: ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo”.

El sufrimiento no es un castigo o una maldición. Pablo ha descubierto en la pasión —en el sufrimiento de Jesús— el amor incondicional de Dios. Por eso, también nosotros debemos aprender a ofrecer nuestro sufrimiento por los demás, cada domingo, depositándolo sobre el altar, junto al cuerpo y la sangre de Cristo.

Lucas 10,38-42: Betania. por M. Dolors Gaja, M.N.


Lucas 10,38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano." Pero el Señor le contestó: "Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán."

Comentario por M. Dolors Gaja, MN:
"Betania"

En el camino hacia Jerusalén, un alto. Jesús ama el hogar y en Betania tiene “casa propia”, la de sus amigos. Betania quedó para siempre, en la comunidad cristiana, como paradigma de la comunidad que acoge a Jesús. Betania es descanso para el corazón, casa de amistad, mesa compartida, servicio y escucha de la Palabra.

Obviamente, Jesús iba con sus discípulos. Pero en la escena no hay varones, ni siquiera está Lázaro que, como hombre, era el anfitrión. Los comentaristas suelen hablar de Marta – quizá por hallarla en su papel de ama de casa – como de la hermana mayor. De hecho Lucas nos dice que Jesús fue recibido en “casa de Marta”.

Hospitalidad 

Betania encarna el principio básico de la hospitalidad, tan sagrado en Oriente. A Jesús le gusta “ser acogido” y vivir en familia. Acepta con normalidad ser huésped de Zaqueo, de Mateo, de Simón… y  convierte la casa de Pedro en su sede misional. Habría pues que preguntarse hoy si yo acojo a Jesús, si mi vida y mi corazón es para Él lugar de reposo; si mis obras son “plataforma” para difundir el evangelio, si mis afectos y sentimientos son evangelizados con su Palabra. No deja de ser oportuno recordar que a nuestro Dios le gusta andar en familia, sentirse “en casa”.

Juego de miradas 

Imaginemos la escena. Cotidiana, normal. Dos mujeres que aman entrañablemente a Jesús. Una lo sirve, otra lo escucha. Son aspectos del mismo amor, irisaciones de la misma luz. María mira a Jesús, es su centro. Pero Marta, que se desvive por Jesús, mira a María. Y entra, sin darse cuenta, en esa fuente de sufrimiento que para todo corazón es la comparación.

Marta compara su quehacer con el “quehacer” – que también lo es– de María. Las comparaciones son siempre fuente de descontento. Porque, además, cuando hay comparación, uno tiende a imponer una visión o carisma.  Desde el momento que Marta ha comenzado a mirar a María ha nacido en ella un monólogo interior de refunfuño que acaba –como pasa con esas cosas– por verbalizarse: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»

Probablemente si María se hubiera ofrecido a ayudar a Marta ésta la hubiera despachado de su lado con un “quita, quita, que ya me apaño yo sola y además acabo antes”. Marta no quiere ayuda, no la precisa. Además, para ella es un honor y un orgullo agasajar al huésped. Pero la inquietud ha entrado en su corazón desde que ha dejado de mirar a Jesús para “mirar” qué hace su hermana.

Imagen de la Iglesia 

San Ambrosio decía que “no hay sólo una manera de ser santos”. La Iglesia se enriquece con los distintos carismas y todos son necesarios. El servicio y la contemplación pueden “parecer” distintos pero el servicio sólo es válido si nace de la contemplación y ésta sólo es fiable si lleva a la acción. Contemplativos en la acción.

No obstante algún comentarista ve en las dos hermanas la representación del Israel de los tiempos post-pascuales. María, sentada a los pies de Jesús como discípula –algo absolutamente inusual– encarnaría la apertura de Israel a la novedad que trajo Jesús. En ese sentido, y sólo en ese, se entiende el elogio de Jesús: sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

Cuando Lucas escribe esto la iglesia naciente anda a la greña: judeo-cristianos y cristianos venidos del paganismo se miran unos a otros en lugar de centrar la mirada sólo en Jesús. El Maestro deja clara la norma: sólo quien le escucha puede llamarse discípulo.

De transfondo, Nazaret 

A Jesús nunca se le ocurrió lo que durante siglos han alimentado comentaristas al hablar del evangelio: que un tipo de vida –la consagrada frente a la laical, la contemplativa frente a la activa…- fuera mejor que otra.

No pudo ocurrírsele porque Él vivió en Nazaret, con su madre, la fusión perfecta del “lado marta” y el “lado maría” que quizá todos tenemos. María es la mujer perfecta, la que une en sí toda forma de santidad: Ella es primacía de la Palabra y del Servicio. Por eso es Madre y Figura de la Iglesia.

Lucas 10,38-42: Sentarse a los pies de Jesús, por Mons. Francisco González, S.F.

Lucas 10,38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano." Pero el Señor le contestó: "Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán."

Comentario por Mons. Francisco González, SF.

Hoy nos encontramos con otro pasaje fabuloso: Jesús con sus amistades, y éstas son dos mujeres. Da la impresión como que ha dejado que sus apóstoles marchen hacia delante mientras él visita a esta familia que tanto ama. Sólo están las dos hermanas, Marta y María. Marta, tal vez la mayor y más responsable se dedica completamente al ejercicio de la hospitalidad, a preparar todo para que a Jesús no le falte nada, pues después de tanto caminar, de no siempre tener una comida digna, e ir corriendo de un lugar a otro, Marta "se afana", para que todo esté en orden y no falte de nada.

Todo este trajín le crea angustia y echa unas miradas a su hermana María, que sentada a los pies del Maestro, lo único que hace es escucharle, sin poner atención a su hermana mayor. Finalmente Marta, y en esto yo veo el gran amor entre todos ellos, critica a Jesús su indiferencia, pues aunque la ve trabajando con tanto empeño, no sugiere a la joven que se levante y ayude a la hermana.

Jesús responde repitiendo el nombre dos veces: "Marta, Marta: andas inquieta, nerviosa, preocupada por tantas cosas, y la verdad es que no hay necesidad de tanto. María ha elegido escuchar la palabra, escucharme a mí, como una buena discípula...ha sabido elegir lo mejor y nadie se lo quitara".

El comentario e interpretación de estas palabras de Jesús han llenado centenares, miles de páginas en especial defendiendo algo que no me parece correcto, y es esa opinión que basada en este pronunciamiento del Maestro defienden algunos que nos han querido decir que la contemplación es mejor que la acción, cuando lo más probable es que ambas son aspectos diferentes de una misma realidad.

Jesús no critica el trabajo o la virtud de la hospitalidad que Marta está demostrando, pero sí que le anima a ver desde otra perspectiva todo lo que está haciendo, para que eso no le cause fatiga y mal humor, cuando debería estar disfrutando de la presencia del amigo que ha venido a visitarles. La comida y la mesa bien puesta es importante, pero no tanto como las personas que se sientan a la misma.

Jesús alaba a María pues ha elegido darle a Él toda la atención, escuchando e interiorizando toda palabra que Él pronuncia, de hecho Él es la Palabra, y al escucharla le está aceptando a Él, como una verdadera discípula, algo muy nuevo en aquellos momentos de la historia ya que las mujeres no se sentaban a los pies del maestro a escucharle.

Lo que cada una de las hermanas está haciendo, al ponerlas juntas se podría llamar, como ya algún santo lo ha hecho, "contemplación en la acción".

Marta nos da una lección: abrir las puertas y hacer que los que nos visitan se encuentren como en su propia casa, lo que solemos expresar con nuestro: "Mi casa es tu casa". María nos da la gran lección de escuchar al Maestro para, al dejarnos penetrar por su palabra, nos vayamos acercando a Él más y más hasta convertirnos en verdaderos seguidores.

En nuestras iglesias y salones parroquiales se menciona muchos nombres de famosos teólogos, filósofos, santos de una época u otra. Tal vez necesitemos fijarnos más y más en esa posición y actitud de María: Sentarnos a los pies del Señor y escucharle con todas nuestras facultades.

Estamos en medio de la nueva evangelización, y con la mejor voluntad estamos dispuestos a hablar y más hablar, de salir a las calles a proclamar y explicar lo que es la nueva evangelización, lo cual es un ministerio que merece nuestra atención, pero no olvidemos de callarnos de vez en cuando y sentarnos a los pies de Jesús para escucharle a Él, a ese Jesús "que tiene palabras de vida eterna".

Oremos y trabajemos por una Iglesia que es y ofrece hospitalidad. Trabajemos y oremos por una Iglesia que se sienta a los pies de Jesús, escucha la Palabra de Jesús y se convierte en heraldo de la misma, con palabras y con obras.

16 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C (Lecturas)

Génesis 18, 1-10a
Salmo 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Colosenses 1, 24-28
Lucas 10, 38-42

Génesis 18, 1-10a

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: "Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo." Contestaron: "Bien, haz lo que dices." Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: "Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza." Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron. Después le dijeron: "¿Dónde está Sara, tu mujer?" Contestó: "Aquí, en la tienda." Añadió uno: "Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo."

Salmo 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
el que así obra nunca fallará.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

Colosenses 1,24-28

Hermanos: Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos. A éstos ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo.

Lucas 10,38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano." Pero el Señor le contestó: "Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán."

jueves, 18 de julio de 2013

La doctrina social de la Iglesia y el capitalismo. Actitudes de los papas por Agustín Ortega , Centro Loyola e ISTIC (artículo resumido)


Ha causado revuelo el mensaje moral y social de la iglesia, en este caso, del papa Francisco sobre "el capitalismo salvaje como causante de la crisis"(21 de Mayo 2013, Roma).

No es la primera vez que un papa crítica el capitalismo. En 1931, en el contexto de la grave crisis de 1929, Pío XI decía sobre el capitalismo: "Hemos examinado la economía actual y la hemos encontrado plagada de vicios" (Quadragesimo Anno, n. 28). Esta enseñanza la profundizaría Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio, en el año 1967.

Como señalan estudiosos de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), la Iglesia ha criticado los sistemas injustos. Muchas veces se ha manipulado esta DSI. La iglesia se ha opuesto a los principios del comunismo y también del capitalismo.

En la encíclica social de Juan Pablo, en 1991, la Centesimus Annus (CA), se tergiversó un pasaje, (el n. 42), para decir que el papa justificaba el capitalismo. Nada más lejos de la realidad. Algunos mezclaron cosas como que la iglesia y el papa acepta la economía de libre mercado —que es cierto—, confundiendo esta libertad económica con el capitalismo, que es muy distinto.

Juan Pablo II, en el n. 42 de la CA, se resiste a identificar capitalismo con economía libre. Al final del n. 42, Juan Pablo II se opone al capitalismo y a su fanatismo de mercado. Aunque haya fracasado el comunismo, que según el papa es un capitalismo de estado, Juan Pablo II no acepta tampoco el capitalismo como alternativa (CA 35).

El capitalismo es inhumano porque da prioridad a las cosas sobre las personas y margina a los pobres (CA 34). El papa Juan Pablo II denuncia que la ideología liberal-burguesa antepone el individualismo a la dignidad del ser humano (CA 33, 35 y 42).

Benedicto XVI sigue el mismo camino y nos dice que "tanto el capitalismo como el marxismo prometieron encontrar el camino para crear de estructuras justas y afirmaron que éstas, una vez establecidas, funcionarían por sí mismas. Esta promesa ideológica se ha demostrado que es falsa" (Aparecida, 4).

En su último Mensaje de la Paz, Benedicto XVI denunciaba el descontrol del capitalismo, hoy sobre todo financiero, que causa "alarma por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista" (n. 1). El papa clamaba por "un nuevo modelo económico, ya que el que ha prevalecido en los últimos decenios valora a las personas sólo por su capacidad de responder a las exigencias de la competitividad" (n. 5). El Catecismo de la Iglesia rechaza el capitalismo ya que promueve "el individualismo y la primacía de la ley de mercado sobre el trabajo humano" (n. 2425).

Los principios y valores de la DSI van en contra del capitalismo. La DSI enseña que no se puede vivir en la codicia y en la riqueza. La solidaridad no es solo compartir y distribuir lo superfluo, lo que nos sobra, sino incluso lo que necesitamos para vivir, como nos recuerda el Vaticano II (GS 69) y Juan Pablo II (SRS 31).

El individualismo neo-liberal es una falsificación de la libertad cristiana, la cual consiste en comprometerse por la solidaridad con los pobres. La economía y el mercado se deben situar en el marco moral del bien común, la solidaridad y la justicia con los pobres (Catecismo, 2425).

El destino universal de los bienes está por encima de la propiedad privada, que es para todos y tiene un carácter social, como nos enseña el Vaticano II (GS 69) y Juan Pablo II (LE 14). De ahí una clave esencial de la DSI, como es el trabajo y un salario digno para las personas y sus familias (LE 19) porque el trabajo, la realización y dignidad del trabajador tiene prioridad sobre el capital (beneficio, medios de producción..., LE 13).

La economía financiera especulativa y usurera es inmoral, con sus créditos e intereses abusivos y nada éticos. Por eso, debe dejar paso a una economía que sirva al trabajo, al empleo y al desarrollo integral, como ya manifestaba León XIII (RN 1), Juan Pablo II (CA 43), el reciente compendio de DSI (369-72) y continuaría enseñando Benedicto XVI (CIV 65).

La DSI pertenece a la misión evangelizadora de la iglesia, a la enseñanza de la iglesia sobre el ser humano. La DSI no es solo una teoría o enseñanza sino un estimulo en el compromiso por el bien común y la justicia con los pobres. Los pobres son los principales protagonistas de la misión, tal como nos enseña la tradición de la iglesia, el Vaticano II (LG 8, AA 8) y los obispos españoles (IP 9 y 132). La vida y dignidad de toda persona se enraíza en el Dios Trinitario. La Trinidad es la fuente y modelo de solidaridad, de compromiso por el bien común, la paz y la justicia con los pobres.

Es posible otro mundo si creemos en la esperanza. Si los cristianos, tenemos fe en la Pascua y Resurrección de Jesús, en la vida eterna. Si seguimos a Jesús acogiendo el don de su salvación liberadora en el amor fraterno, en la paz y la justicia que se anticipa ya en la historia y que vencerá a toda injusticia, mal y muerte.

Como testimoniaron lo santos y testigos de la fe, como nos testificaron todos estos queridos Papas, sucesores de Pedro, hasta llegar al Papa Francisco, Pastor y Profeta del Pueblo de Dios.

sábado, 13 de julio de 2013

15 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Julio González, S.F.


Deuteronomio 30,10-14
Salmo 68: Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón
Colosenses 1,15-20
Lucas 10,25-37

Deuteronomio 30,10-14

Moisés habló al pueblo, diciendo: "Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el código de esta ley; conviértete al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma. Porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; no está en el cielo, no vale decir: "¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?"; ni está más allá del mar, no vale decir: "¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?" El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo."

Salmo 68: Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

Mi oración se dirige a ti, Dios mío,
el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión,
vuélvete hacia mí.
R. Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
R. Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
R. Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella.
R. Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

Colosenses 1,15-20

Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Lucas 10,25-37

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
— Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
Él le dijo:
— ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?
Él contestó:
— Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.
Él le dijo:
— Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.
Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:
— ¿Y quién es mi prójimo?
Jesús dijo:
— Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él, y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?
Él contestó:
— El que practicó la misericordia con él.
Díjole Jesús:
— Anda, haz tú lo mismo.

— Comentario de Julio González, S.F.

Hemos escuchado en la primera lectura: “El mandamiento del Señor está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo.” Y bien, hermanos y hermanas: si el Señor se pone a escuchar nuestro corazón, ¿qué oirá en él? ¿qué encontrará?

En la Biblia, el corazón de la persona es donde se fraguan las decisiones, por eso os vuelvo a hacer la misma pregunta: si el Señor escucha nuestro corazón, ¿qué encontrará en él?

Ustedes hacen limpieza de sus hogares. Si no hiciéramos limpieza del hogar llegaría un momento en que sería imposible (inhumano) vivir en él. Y después de haber hecho limpieza uno se siente mejor. Vuelve a ver las cosas que realmente son importantes porque las que no lo son ya no están alli, ya no molestan.

¿Y nuestro corazón? ¿Hacemos limpieza de vez en cuando? ¿Y después de haber hecho limpieza...? Os hago la misma pregunta por tercera vez: si el Señor escucha nuestro corazón, ¿qué encontrará en él?

El evangelio de hoy nos ayuda a descubrir lo esencial de nuestra fe a partir de la pregunta que el maestro de la ley hace a Jesús: “¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” La ley no le ha ayudado a descubrir quién es su prójimo, o tal vez en su corazón había tantas cosas estorbando a la conciencia que ya no sabía distinguir quién era su prójimo y quién no lo era. Esto también nos puede pasar a nosotros: que haya tantas cosas en nuestro corazón que no podamos distinguir lo que es verdaderamente importante de lo que no lo es.

Pidamos que la Palabra de Dios nos devuelva un corazón humilde, sencillo, para que el Espíritu de Dios, y también el prójimo, se sienta bienvenido, a gusto, a nuestro lado.

15 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C (Lecturas)

Deuteronomio 30,10-14
Salmo 68: Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón
Colosenses 1,15-20
Lucas 10,25-37

Deuteronomio 30,10-14

Moisés habló al pueblo, diciendo: "Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el código de esta ley; conviértete al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma. Porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; no está en el cielo, no vale decir: "¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?"; ni está más allá del mar, no vale decir: "¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?" El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo."

Salmo 68: Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

Mi oración se dirige a ti, Dios mío,
el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión,
vuélvete hacia mí.
R. Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
R. Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
R. Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella.
R. Humildes, buscad al Señor, 
y revivirá vuestro corazón

Colosenses 1,15-20

Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Lucas 10,25-37

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
— Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
Él le dijo:
— ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?
Él contestó:
— Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.
Él le dijo:
— Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.
Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:
— ¿Y quién es mi prójimo?
Jesús dijo:
— Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él, y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?
Él contestó:
— El que practicó la misericordia con él.
Díjole Jesús:
— Anda, haz tú lo mismo.

sábado, 6 de julio de 2013

14 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Julio González, S.F.

Isaías 66,10-14c
Salmo 65: Aclamad al Señor, tierra entera
Gálatas 6,14-18
Lucas 10,1-12.17-20

Isaías 66,10-14c

Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto. Mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes. Porque así dice el Señor: "Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados. Al verlo, se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado; la mano del Señor se manifestará a sus siervos."

Salmo 65: Aclamad al Señor, tierra entera

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre;
cantad himnos a su gloria; decid a Dios:
"¡Qué temibles son tus obras!"
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente.
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi suplica,
ni me retiró su favor.
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Gálatas 6,14-18

Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino una criatura nueva. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios. En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Lucas 10, 1-12.17-20

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
— La mies es abundante y los obr eros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios." Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: "Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios." Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.
Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron:
— Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.
Él les contestó:
— Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.


— Comentario por Julio González, SF.

Las lecturas que acabamos de escuchar nos recuerdan que nuestra fe no está pensada para unos pocos. El Señor no vino a instruir, a reunir, a sanar, a un grupo de escogidos sino a toda la humanidad.

Por eso, cuando el profeta Isaías nos dice en la primera lectura: “Festejad a Jerusalén, gozad con ella, os saciaréis de sus consuelos...” Isaías sabe que la ciudad santa de Jerusalén no pertenece a una nación, a un reino, a una cultura, sino que en Jerusalén se congregarán todas las naciones, todos los reinos, todas las culturas.

Cuando Lucas nos dice en el evangelio: “Designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él”, Lucas nos vuelve a recordar que el evangelio no está pensado solo para unos pocos, sino para que todos, ¡tooooodos!, tengamos cabida en él.

Sí también usted, que tal vez no se encuentra hoy en su mejor momento y la depresión, la enfermedad, la tristeza, o tal vez, el rencor, la envidia, el orgullo, están sembrando el desánimo y la duda en su corazón.

Jesús conoce nuestros sufrimientos y nuestras tentaciones. Por eso, ya nos ha avisado: “Mirad que os envió como corderos en medio de lobos”. Al decir esto, Jesús no piensa solamente en los doce sino en los setenta y dos, es decir, en todos nosotros.

Tal vez, nuestra mayor tentación sea la de querer ser lobos..., es normal. Vivimos en un mundo en el que los lobos parecen ser los ganadores y los corderos parecen ser los perdededores. Sin embargo, Jesús —nuestra fe—  no puede ser alimento para lobos, serpientes o escorpiones.

Oremos para que la palabra de Dios ilumine este Día del Señor y nos prepare para entrar en comunión con él a lo largo de la semana.

14 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C, por Mons. Francisco González, S.F.

Isaías 66,10-14c
Salmo 65: Aclamad al Señor, tierra entera
Gálatas 6,14-18
Lucas 10,1-12.17-20

Isaías 66, 10-14c

Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto. Mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes. Porque así dice el Señor: "Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados. Al verlo, se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado; la mano del Señor se manifestará a sus siervos."

Salmo 65: Aclamad al Señor, tierra entera

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre;
cantad himnos a su gloria; decid a Dios:
"¡Qué temibles son tus obras!"
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente.
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi suplica,
ni me retiró su favor.
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Gálatas 6,14-18

Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino una criatura nueva. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios. En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Lucas 10,1-12.17-20

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
— La mies es abundante y los obr eros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios." Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: "Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios." Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.
Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron:
— Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.
Él les contestó:
— Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.


— Comentario por Mons. Francisco González, S.F.

En la primera lectura de hoy, nos encontramos al final del libro del profeta Isaías. Ahí se nos habla de Jerusalén en la que sus habitantes van a encontrar alegría, consuelo, esperanza y sobre la que Dios va a mandar un río de paz. Este es un pasaje de gran consolación para todos nosotros. Jerusalén es para su gente "la madre que acaricia a sus hijos, que los consuela". La Iglesia también es nuestra madre donde podemos y debemos encontrar la salvación, pero no olvidemos que tanto en la Iglesia como en Jerusalén, el causante de todo ese bien, de todas esas bendiciones es Dios mismo, no nosotros.

¡Qué bueno si en nuestras iglesias, si en nuestras parroquias, supiéramos vivir disfrutando de esa paz verdadera que Cristo ofreció y dio a los apóstoles después de la Resurrección¡ Y que el profeta Isaías anunció: Yo voy a hacer correr hacia ella (Jerusalén/Iglesia), como un río, la paz.

En el Santo Evangelio de hoy seguimos a Jesús en su subida a Jerusalén. Si el domingo pasado vimos como instruía a sus discípulos acerca de las condiciones de su seguimiento, hoy nos habla de la paz. Cuando manda a los setenta y dos discípulos, les manda que saluden: "Paz en esta casa". Porque no hay otra alternativa, al anunciar el Reino de Dios hay que hacerlo desde la perspectiva de la paz, pues eso es lo que nos trae: paz.

Este es el segundo envío que hace Jesús. En el primero los doce apóstoles (representando el primer pueblo de Dios) predican a ese mismo pueblo. Ahora son setenta y dos, tal vez para indicar la universalidad del mensaje, pues como leemos en Gn.10, setenta era, según la enseñanza judía, el número de las naciones paganas. Jesús busca la salvación de todo el mundo, o sea, del mundo judío y del mundo pagano.

"Pidan, decía Jesús, al dueño de la cosecha que envíe obreros". Pedir o rogar es una actitud que, en sí misma, ya reconoce una necesidad. Hoy se nos pide que recemos por la nueva evangelización y por el aumento de las vocaciones (obreros y obreras), al sacerdocio y vida religiosa. Hoy, como entonces, no solamente los apóstoles (obispos y sus colaboradores inmediatos, los sacerdotes) son enviados a predicar "la buena nueva", sino también los seglares (los setenta y dos discípulos). Hoy, como entonces, el evangelizador debe entender que es enviado "como cordero entre lobos".

Hoy, como entonces, el evangelizador debe apoyarse en el poder de Dios y no tanto en su propio valor. Hoy, como entonces, el predicador evangélico se verá rechazado por los valores del mundo de nuestros días. Hoy, como entonces, los verdaderos discípulos podrán volver de su misión con la gran alegría de haber anunciado el evangelio, aunque a veces traigan en sus cuerpos las marcas de las heridas. Hoy, como ayer, los discípulos deben regocijarse de que "sus nombres están escritos en los cielos".

El discípulo que se precia como tal, debe sentirse orgulloso, al estilo de Pablo (2º lectura), de estar crucificado con Cristo. Por la cruz ha empezado una nueva creación y de la cruz proviene la paz y la misericordia de Dios.

Por el bautismo que hemos recibido tenemos una vocación, se nos ha confiado una misión: el Reino de Dios. No perdamos tiempo conversando con las distracciones que nos impiden anunciarlo a voz en grito.

14 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, C (Lecturas)

Isaías 66,10-14c
Salmo 65: Aclamad al Señor, tierra entera
Gálatas 6,14-18
Lucas 10,1-12.17-20

Isaías 66,10-14c

Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto. Mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes. Porque así dice el Señor: "Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados. Al verlo, se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado; la mano del Señor se manifestará a sus siervos."

Salmo 65: Aclamad al Señor, tierra entera

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre;
cantad himnos a su gloria; decid a Dios:
"¡Qué temibles son tus obras!"
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente.
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi suplica,
ni me retiró su favor.
R. Aclamad al Señor, tierra entera

Gálatas 6,14-18

Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino una criatura nueva. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios. En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Lucas 10,1-12. 17-20

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
— La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios." Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: "Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios." Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.
Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron:
— Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.
Él les contestó:
— Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

jueves, 4 de julio de 2013

El papa Francisco invitó a cenar a 200 mendigos en el Vaticano


El pasado lunes, Francisco invitó a cenar a unos 200 mendigos que fueron recibidos y atendidos en su nombre, por el Presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, el Cardenal Giuseppe Bertello.

Según informó el 3 de julio el diario de la Santa Sede, L'Osservatore Romano, la autoridad vaticana acompañó durante la velada a los invitados, con quienes intercambió palabras, impresiones, y vivencias personales.

"Les doy la bienvenida en nombre del Papa. Como saben, ésta es su casa y se alegra porque nos acompañen aquí", dijo el Cardenal Bertello a los mendigos antes de servir la cena.

La velada se desarrolló en la plaza situada dentro de los jardines ante la réplica de la Gruta de la Virgen de Lourdes. La cena fue organizada por el Círculo de San Pedro, y es parte de una de las tantas que la organización vaticana gestiona durante todo el año en el centro de acogida nocturno que dirigen en la ciudad de Roma "como signo concreto de la caridad del Papa".

Los comensales llegaron a bordo de cuatro autobuses, y fueron asistidos por 122 socios de Círculo de San Pedro. Los mendigos que tomaron asiento son algunos de los muchos a los que el Círculo de San Pedro ayuda a vivir dignamente cada día mediante la provisión de un plato de comida, una cama, un techo bajo el que dormir, y ropas para vestirse.

El menú fue cocinado por un equipo de chefs llegados de Nápoles, conocidos en Italia por la calidad de su cocina, y los socios del Círculo hicieron de camareros y sirvieron las mesas ayudados por sus mujeres y sus hijos. Además, la Banda del Cuerpo de Gendarmería tocó un largo repertorio y la música también formó parte de esta singular noche.

Antes de concluir, los voluntarios entregaron a cada uno de los huéspedes un paquete con productos de pastelería, fruta fresca y un Rosario.