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miércoles, 16 de agosto de 2023

16 de Agosto: SAN ESTEBAN, PRIMER REY DE HUNGRÍA (975-1038)

SAN ESTEBAN REY DE HUNGRIA
Basílica de san Esteban, Budapest

Nació en Estrigona en el año 975 y murió el 15 de agosto de 1038.

Fue hijo del príncipe húngaro Géza y de Sarolta, hija del jefe tribal húngaro Gyula. Según la tradición, antes de que el futuro monarca húngaro naciese, el protomártir san Esteban se le apareció a su madre Sarolta y le anunció que su hijo sería un gran monarca. Aunque Esteban recibió el nombre pagano de Vajk, una vez que su familia se cristianizó adoptó el nombre de Esteban. Fue bautizado, junto con su padre, por el arzobispo san Adalberto de Praga en el 985.

Un acontecimiento relevante para la familia de Esteban fue la muerte en 995 del duque germano Enrique, el Pendenciero, de Baviera, vecino de la casa húngara y con el mantenían una tensa relación. Cuando el futuro emperador y santo Enrique II reemplazó a su padre las dos familias se acercaron religiosa y políticamente. Geza, el padre de Esteban, consiguió la mano de la hermana de Enrique II, Gisela de Baviera, para su hijo. El matrimonio se llevó a cabo en 996 en la abadía de Scheyern, en suelo germánico.

Disputa por el trono

El primitivo Estado medieval húngaro conocido como el Principado de Hungría consistía en una federación de tribus húngaras dirigidas cada una por un jefe, quienes respondían ante un príncipe. Desde la muerte del gran príncipe Árpád en 907, las tribus siguieron políticas independientes sin obedecer directamente a la figura central.

La familia gobernante que conservó el título fue la Casa de Árpád, los ancestros de Esteban, quienes tenían sus terrenos tribales al noroeste de la actual Hungría. Esto los convirtió en vecinos fronterizos del Sacro Imperio Romano Germánico y motivó al príncipe Géza, padre de Esteban, a acercarse política y religiosamente a la figura del emperador germánico y al papado para poder gozar de mayor estabilidad.

Tras la muerte de Géza, Esteban asumió el poder del principado magiar en 997 según tradición cristiana occidental de la primogenitura, donde el hijo del anterior monarca heredaba la corona.

Sin embargo, el Señor de Somogy, Cupan (también descendiente de Árpad), repudiando la nueva fe y las tradiciones europeas medievales se rebeló contra Esteban. Otras tradiciones locales defendían el senioratus, es decir, el pariente mayor de la familia gobernante heredaba el trono. Se produjo entonces la Rebelión de Cupan en 997.

Cupan aspiraba a tomar por esposa a la reina viuda y no reconocer a Esteban. En consecuencia se produjo un enfrentamiento militar cerca de la actual ciudad húngara de Veszprém, donde Cupan fue derrotado por tropas húngaras y germánicas. Puesto que Gisela, la esposa de Esteban, era de Baviera, vinieron con ella muchos caballeros, clérigos y nobles germánicos, quienes con el caudillo húngaro Csanád comandaron la Batalla de Veszprém contra Cupan.
Cupan fue descuartizado (en el sentido propio de la expresión, es decir, cortado en cuatro pedazos) y sus miembros enviados a las cuatro ciudades más importantes de Hungría: Veszprém, Esztergom, Fehérvár y Gyulafehérvár. Fueron colocados en las puertas de cada ciudad como claro mensaje para aquellos paganos que deseasen retar la autoridad de Esteban y de las nuevas tradiciones.

Primer rey de Hungría e impulsor del cristianismo

En 997 Esteban subió al trono de Hungría. Con el objeto de convertir a Hungría al cristianismo y establecerse a sí mismo como un sólido gobernante, Esteban envió al abad Astrico a Roma para pedirle al papa Silvestre II dignidad real y poder para establecer sedes episcopales. El Papa accedió a sus deseos y se presentó ante él con una corona con la que fue coronado en Gran el 17 de agosto de 1001.

Esteban se convertió oficialmente en un rey cristiano y Hungría pasó a tener el rango de Reino, siendo el segundo reino creado en la Europa central y oriental después de Croacia (Polonia, Bohemia, entre otros, sólo tenían el rango de Principado / Gran Ducado para la fecha).

Muchos obispos y arzobispos sirvieron intelectual y religiosamente al monarca, asistiéndole en la elaboración de leyes, el proceso de cristianización y administración y el desenvolvimiento del orden moral y social.

Rey compasivo con los pobres y religioso

Esteban promovió la construcción de abadías, claustros, monasterios e iglesias y terminó otros como la abadía de Pannonhalma, cuya construcción fue iniciada por su padre.

La edificación más importante fue la basílica de Székesfehérvár en la que cabían 9000 personas. Ésta se convirtió en la basílica de coronación húngara y el lugar donde fueron enterrados casi tres decenas de monarcas húngaros.

Hacia 1016, Esteban abrió los caminos por tierra a Jerusalén para que los peregrinos pudiesen viajar hasta Tierra Santa (estas misma via a través de Hungría será utilizada por los ejércitos de la Primera Cruzada, de la Segunda y Tercera, así como por millones de peregrinos).

Esteban ordenó la fundación de una residencia en Roma y otra en Jerusalén para que los húngaros pudieran hospedarse en caso de ir de peregrinación. También fundó hospicios para peregrinos en Roma, Ravenna y Constantinopla.

Era amigo personal de San Bruno de Querfurt y mantenía correspondencia con el Abad San Odilo de Cluny.

Últimos años

Los últimos años de su vida los pasó enfermo y enfrentándose a problemas familiares. El 2 de septiembre de 1031, cuando su único hijo, san Emerico, perdió la vida en una cacería, se desvaneció su esperanza de transferir los reinos de gobierno a las manos de un piadoso príncipe cristiano. Entonces, se produjo una querella entre sus numerosos sobrinos que aspiraban a la sucesión, tomando parte algunos de ellos en una conspiración contra su vida.

Canonización

Esteban fue enterrado junto a su hijo en Stuhlweissenburg y ambos fueron canonizados en 1083 por el papa Gregorio VII, a petición del rey hungaro san Ladislao I. San Estebán fue el primer rey canonizado como santo sin haber sido mártir. Su fiesta se celebra el 16 de agosto.
 



Su mano derecha incorrupta es atesorada en la basílica de San Esteban, Budapest, como la reliquia más sagrada en Hungría.

domingo, 23 de abril de 2023

Hechos 6,8-15: Arresto de Esteban

Hechos 6,8-15


En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Indujeron a unos que asegurasen: "Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios." Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, agarraron a Esteban por sorpresa y lo condujeron al Sanedrín, presentando testigos falsos que decían: "Este individuo no para de hablar contra el templo y la Ley. Le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá el templo y cambiará las tradiciones que recibimos de Moisés." Todos los miembros del Sanedrín miraron a Esteban, y su rostro les pareció el de un ángel.

SOBRE EL MISMO TEMA:

jueves, 9 de junio de 2022

Hechos 22,1-21: Discurso de Pablo a los judíos de Jerusalén

Hechos 22,1-21: Discurso de Pablo a los judíos de Jerusalén

1 —Hermanos y padres, escuchen mi defensa. 
2 Al oír que les hablaba en hebreo, se estuvieron más quietos. Él dijo:

Hechos 22,3-16
25 de enero: Fiesta de la Conversión de San Pablo

3 —Soy judío, natural de Tarso de Cilicia, aunque educado en esta ciudad, instruido con toda exactitud 
   en la ley de nuestros antepasados, a los pies de Gamaliel, entusiasta de Dios como lo son todos 
   ustedes actualmente.
4 Yo perseguí a muerte a quienes seguían ese Camino, arrestando y metiendo en la cárcel a hombres y 
    mujeres, 
5 como pueden atestiguarlo el sumo sacerdote y el senado en pleno. De ellos recibí carta para los 
   hermanos y me puse en camino hacia Damasco para arrestar a los de allí y conducirlos a Jerusalén 
   para que fuesen castigados. 
6 Yendo de camino, cerca ya de Damasco, hacia el mediodía, de repente una luz celeste, intensa, 
   resplandeció en torno a mí. 
7 Caí en tierra y escuché una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 
8 Contesté: ¿Quién eres, Señor? Contestó la voz: Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues. 
9 Los acompañantes veían la luz, pero no oían la voz del que hablaba conmigo. 
10 Yo le dije: ¿Qué debo hacer, Señor? Contestó el Señor: Levántate y ve a Damasco; allí te dirán lo 
     que debes hacer. 
11 Como no veía, deslumbrado por el brillo de aquella luz, los acompañantes me llevaron de la mano 
     y así llegué a Damasco. 
12 Un tal Ananías, hombre piadoso y observante de la ley, de buena reputación entre todos los judíos 
     de la ciudad, 
13 vino a visitarme, se presentó y me dijo: Hermano Saulo, recobra la vista. 
     En aquel momento pude verlo a él. 
14 Me dijo: El Dios de nuestros padres te ha destinado a conocer su designio, a ver al Justo 
     y a escuchar directamente su voz; 
15 porque serás su testigo ante todo el mundo de lo que has visto y oído. 
16 Por tanto no tardes: bautízate y lávate de los pecados invocando su nombre.

17 Cuando volví a Jerusalén, estando en oración en el templo, caí en éxtasis 
18 y vi al Señor que me decía: Sal pronto de Jerusalén, porque no van a aceptar tu testimonio acerca 
     de mí.
19 Repliqué: Señor, ellos saben que yo arrestaba a los que creían en ti y los azotaba en las sinagogas. 
20 También que, cuando se derramaba la sangre de tu testigo Esteban, yo estaba allí, aprobando 
     y guardando la ropa de los que lo mataban. 
21 Él me dijo: Ve, que yo te envío a pueblos lejanos.

jueves, 16 de agosto de 2018

Hechos 7,1-53: Discurso de Esteban

Discurso de Esteban
7:1 El Sumo Sacerdote preguntó a Esteban: "¿Es verdad lo que estos dicen?"
7:2 Él respondió: "Hermanos y padres, escuchen: El Dios de la gloria se apareció a nuestro padre Abraham, cuando aún estaba en la Mesopotamia, antes de establecerse en Jarán,
7:3 y le dijo: "Abandona tu tierra natal y la casa de tu padre y ve al país que yo te indicaré".
7:4 Abraham salió de Caldea para establecerse en Jarán. Después de la muerte de su padre, Dios le ordenó que se trasladara a este país, donde ustedes ahora están viviendo.
7:5 Él no le dio nada en propiedad, ni siquiera un palmo de tierra, pero prometió darle en posesión este país, a él, y después de él a sus descendientes, aunque todavía no tenía hijos.
7:6 Y Dios le anunció que sus descendientes emigrarían a una tierra extranjera, y serían esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años.
7:7 Pero yo juzgaré al pueblo que los esclavizará —dice el Señor— y después quedarán en libertad y me tributarán culto en este mismo lugar.
7:8 Le dio luego la alianza sellada con la circuncisión y así Abraham, cuando nació su hijo Isaac, lo circuncidó al octavo día; Isaac hizo lo mismo con Jacob, y Jacob con los doce patriarcas.
7:9 Los patriarcas, movidos por la envidia, vendieron a su hermano José para que fuera llevado a Pero Dios estaba con él
7:10 y lo salvó de todas sus tribulaciones, le dio sabiduría, y lo hizo grato al Faraón, rey de Egipto, el cual lo nombró gobernador de su país y lo puso al frente de su casa real.
7:11 Luego sobrevino una época de hambre y de extrema miseria en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y nuestros padres no tenían qué comer.
7:12 Jacob, al enterarse de que en Egipto había trigo, decidió enviar allí a nuestros padres. Esta fue la primera visita.
7:13 Cuando llegaron por segunda vez, José se dio a conocer a sus hermanos, y el mismo Faraón se enteró del origen de José.
7:14 Éste mandó llamar a su padre Jacob y a toda su familia, unas setenta y cinco personas.
7:15 Jacob se radicó entonces en Egipto, y allí murió, lo mismo que nuestros padres.
7:16 Sus restos fueron trasladados a Siquém y sepultados en la tumba que Abraham había comprado por una suma de dinero a los hijos de Emor, que habitaban en Siquém.
7:17 Al acercarse el tiempo en que debía cumplirse la promesa que Dios había hecho a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto,
7:18 hasta que vino un nuevo rey que no sabía nada acerca de José.
7:19 Este rey, empleando la astucia contra nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres y los obligó a que abandonaran a sus hijos recién nacidos para que no sobrevivieran.
7:20 En ese tiempo nació Moisés, que era muy hermoso delante de Dios. Durante tres meses fue criado en la casa de su padre,
7:21 y al ser abandonado, la hija del Faraón lo recogió y lo crió como a su propio hijo.
7:22 Así Moisés fue iniciado en toda la sabiduría de los egipcios y llegó a ser poderoso en palabras y obras.
7:23 Al cumplir cuarenta años, sintió un vivo deseo de visitar a sus hermanos, los israelitas.
7:24 Y como vio que maltrataban a uno de ellos salió en su defensa, y vengó al oprimido matando al egipcio.
7:25 Moisés pensaba que sus hermanos iban a comprender que Dios, por su intermedio, les daría la salvación. Pero ellos no lo entendieron así.
7:26 Al día siguiente sorprendió a dos israelitas que se estaban peleando y trató de reconciliarlos, diciéndoles: "Ustedes son hermanos, ¿por qué se hacen daño?"
7:27 Pero el que maltrataba a su compañero rechazó a Moisés y le dijo: "¿Quién te ha nombrado jefe o árbitro nuestro?
7:28 ¿Acaso piensas matarme como mataste ayer al egipcio?"
7:29 A oír esto, Moisés huyó y fue a vivir al país de Madián, donde tuvo dos hijos.
7:30 Al cabo de cuarenta años se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, en la llama de una zarza ardiente.
7:31 Moisés quedó maravillado ante tal aparición y, al acercarse para ver mejor, oyó la voz del Señor que le decía:
7:32 "Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob". Moisés, atemorizado, no se atrevía a mirar.
7:33 Entonces el Señor le dijo: "Quítate las sandalias porque estás pisando un lugar sagrado.
7:34 Yo he visto la opresión de mi Pueblo que está en Egipto, he oído sus gritos de dolor, y por eso he venido a librarlos. Ahora prepárate, porque he decidido enviarte a Egipto".
7:35 Y a este Moisés, a quien ellos rechazaron diciendo: ¿Quién te ha nombrado jefe o árbitro nuestro? Dios lo envió como jefe y libertador con la ayuda del ángel que se apareció en la zarza.
7:36 Él los liberó, obrando milagros y signos en Egipto, en el Mar Rojo y en el desierto, durante cuarenta años.
7:37 Y este mismo Moisés dijo a los israelitas: Dios suscitará de entre ustedes un profeta semejante a mí.
7:38 Y cuando el pueblo estaba congregado en el desierto, él hizo de intermediario en el monte Sinaí, entre el ángel que le habló y nuestros padres, y recibió las palabras de vida que luego nos comunicó.
7:39 Pero nuestros padres no sólo se negaron a obedecerle, sino que lo rechazaron y, sintiendo una gran nostalgia por Egipto,
7:40 dijeron a Aarón: "Fabrícanos dioses que vayan al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a ese Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto".
7:41 Entonces, fabricaron un ternero de oro, ofrecieron un sacrificio al ídolo y festejaron la obra de sus manos.
7:42 Pero Dios se apartó de ellos y los entregó al culto de los astros, como está escrito en el libro de los Profetas: Israelitas, ¿acaso ustedes me ofrecieron víctimas y sacrificios durante los cuarenta años que estuvieron en el desierto?
7:43 Por el contrario, llevaron consigo la carpa de Moloc y la estrella del Dios Refán, esos ídolos que ustedes fabricaron para adorarlos. Por eso yo los deportaré más allá de Babilonia.
7:44 En el desierto, nuestros padres tenían la Morada del Testimonio. Así lo había dispuesto Dios, cuando ordenó a Moisés que la hiciera conforme al modelo que había visto.
7:45 Nuestros padres recibieron como herencia esta Morada y, bajo la guía de Josué, la introdujeron en el país conquistado a los pueblos que Dios iba expulsando a su paso. Así fue hasta el tiempo de David.
7:46 David, que gozó del favor de Dios, le pidió la gracia de construir una Morada para el Dios de Jacob.
7:47 Pero fue Salomón el que le edificó una casa,
7:48 si bien es cierto que el Altísimo no habita en casas hechas por la mano del hombre. Así lo dice el Profeta:
7:49 El cielo es mi trono, y la tierra la tarima de mis pies. ¿Qué casa me edificarán ustedes,  dice el Señor, o dónde podrá estar mi lugar de reposo?
7:50 ¿No fueron acaso mis manos las que hicieron todas las cosas?
7:51 ¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres.
7:52 ¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y asesinado por ustedes,
7:53 los que recibieron la Ley por intermedio de los ángeles y no la cumplieron".

martes, 12 de abril de 2016

Hechos 8,1b-8: Persecución contra la Iglesia. Felipe en Samaria

Hechos 8,1b-8
Miércoles de la 3 Semana de Pascua

Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaría. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Saulo se ensañaba con la Iglesia; penetraba en las casas y arrastraba a la cárcel a hombres y mujeres. Al ir de un lugar para otro, los prófugos iban difundiendo el Evangelio. Felipe bajó a la ciudad de Samaría y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Hechos 7,51-8,1a: Lapidación de Esteban

Hechos 7,51-8,1a
Martes de la 3 Semana de Pascua

En aquellos días, Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas: "¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado." Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: "Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios." Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: "Señor Jesús, recibe mi espíritu." Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado." Y, con estas palabras, expiró. Saulo aprobaba la ejecución.

lunes, 11 de abril de 2016

Hechos 6,8-15: Francisco denuncia a quienes, utilizando la Palabra de Dios, juzgan "contra la Palabra de Dios"

Hechos 6,8-15

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Indujeron a unos que asegurasen: "Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios." Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, agarraron a Esteban por sorpresa y lo condujeron al Sanedrín, presentando testigos falsos que decían: "Este individuo no para de hablar contra el templo y la Ley. Le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá el templo y cambiará las tradiciones que recibimos de Moisés." Todos los miembros del Sanedrín miraron a Esteban, y su rostro les pareció el de un ángel.

— Comentario por el papa Francisco
"Francisco denuncia a quienes, utilizando la Palabra de Dios, juzgan «contra la Palabra de Dios"

Francisco denuncia a quienes, utilizando la Palabra de Dios, juzgan «contra la Palabra de Dios». De San Esteban a Judas: Francisco puso varios ejemplos de la hipocresía y el cinismo de quienes aman más la letra de la ley que la ley misma.

Los doctores de la ‘letra’ juzgan a los demás usando la Palabra de Dios, contra la Palabra de Dios, y cierran su corazón a la profecía, porque a ellos no les interesa la vida de las personas sino solamente los esquemas hechos de leyes y de palabras. Lo indicó este lunes el papa Francisco en la homilía de su misa diaria en la capilla de la Casa Santa Marta, según informa Zenit.

El Santo Padre parte de la Primera Lectura, de los Actos de los Apóstoles, donde los doctores de la Ley calumnian a Esteban porque no logran “resistir a la sabiduría y al Espíritu” con la cual él habla. Así instigan a falsos testimonios para que denuncien haberle escuchado decir “palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios”.

Porque “el corazón cerrado a la verdad de Dios, permanece agarrado solamente a la verdad de la ley”, y precisa que “más que de la ley, de la letra”, y no encuentran otra salida que la mentira, el falso testimonio y la muerte”.

Jesús ya les había reprendido por esta actitud, porque “sus padres habían asesinado a los profetas” y ellos ahora, construían monumentos a aquellos profetas”, con una respuesta más cínica que hipócrita.

Pero el corazón "está cerrado a la Palabra de Dios, está cerrado a la verdad, está cerrada a la Palabra de Dios, al mensaje de Dios que lleva a la profecía, para conducir hacia adelante al pueblo de Dios”.

El Pontífice confiesa que le duele leer los versículos del Evangelio que narran cuando Judas, arrepentido, va delante de los sacerdotes y asevera: “He pecado”, y quiere devolver las monedas. Ellos responden que no les importa, y Judas va a colgarse. Y los doctores cuando hablan no se preocupan por el hombre sino por las monedas, porque como son a precio de sangre no pueden entrar en el Templo… “la regla tal, tal, tal… los doctores de la letra”.

No les importa ni la vida de una persona, ni el arrepentimiento de Judas: “Solo le importan los esquemas de la Ley y las muchas palabras y cosas que han construido”.

“Esteban –afirma el Santo Padre– termina como todos los profetas, como Jesús. Y esto se repite en la historia de la Iglesia”.

“La historia nos habla de mucha gente que fue asesinada, juzgada, aun siendo inocente: juzgada con la Palabra de Dios, contra la Palabra de Dios. Pensemos en la caza de brujas, o en Santa Juana de Arco, y todos aquellos que fueron quemados, condenados porque no se ajustaron según los jueces, a la Palabra de Dios”.

Y Jesús es el modelo que por ser fiel y haber obedecido a la Palabra del Padre, termina en la cruz. Con mucha ternura Jesús dice a los discípulos de Emaus: “Oh, insensatos y flojos de corazón”.

El Papa concluye proponiendo que hoy pidamos al Señor, que con la misma ternura mire las pequeñas y grandes insensateces de nuestro corazón, nos acaricie y nos diga: ‘oh insensato y lento de corazón’ e “empiece a explicarnos las cosas”.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Hechos 6,8-10;7,54-60: "Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo (...) Unos cuantos de la sinagoga se pusieron a discutir con Esteban (...) Lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios (...) Veo al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios (...) Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban (...) Cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado".

Hechos 6,8-10;7,54-60
26 de diciembre, martirio de san Esteban,

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.» Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, expiró.